17 de enero de 2015

El veganismo no es un sacrificio




En este ensayo pretendo ofrecer una concisa argumentación en contra de esa errónea idea que dice que el veganismo es un "sacrificio".

Hay personas que consideran que el veganismo es un ejercicio de auto-negación y de auto-sacrificio, pero comprobaremos que la verdad es justamente al contrario.

El diccionario define sacrificio como "la entrega o la destrucción de algo preciado o deseado en beneficio de otra cosa que se estima de mayor valor". Este concepto implica que aquello valioso o deseado que se entrega pertenece a la persona que realiza el sacrificio. Por tanto, no puede ser un sacrificio legítimo el entregar la posesión de otra persona, que no es nuestra.

Considerar que el veganismo es un sacrificio es consecuencia de creer que tenemos derecho a utilizar a otros animales para satisfacer nuestras necesidades y deseos. Esta creencia proviene directamente del prejuicio que representa el especismo.

Utilizar a otros animales y consumir productos de origen animal es un acto injusto que implica violencia hacia seres inocentes. Nosotros forzamos a los demás animales para que sus intereses queden supeditados y anulados en favor de los nuestros. Si esto se puede denominar como un sacrificio, se trata sin duda de un sacrificio forzado.

Sin embargo, el veganismo no puede ser un sacrificio porque no se trata acerca de perder algo que es nuestro sino que se trata acerca de respetar las vidas y la libertad de los demás animales. ¿Qué argumento tenemos para justificar nuestra dominación sobre los animales no humanos? Ninguno que sea razonable.

No podemos justificar éticamente la explotación que ejercemos sobre otros animales. Es así de simple. Lo hacemos sólo porque podemos someterlos, ellos no se pueden defender, y porque obtenemos un beneficio de ello. Lo mismo podríamos decir de cualquier abuso o crimen cometido contra seres humanos.

Dicho en pocas palabras: no es un sacrificio dejar algo que nunca fue legítimamente nuestro en primer lugar.

No es razonable la idea de que obedecer la ética es un sacrificio. Evitar la esclavitud, la violación o el asesinato nunca se considera un sacrificio. Porque no tenemos derecho a esclavizar, a violar o a asesinar a alguien. Cuando evitamos dañar la vida o la libertad de otro ser sintiente no es un sacrificio por nuestra parte. No entregamos ni perdemos nada que sea legítimamente nuestro.

Hay otras razones por las cuales el veganismo no se puede considerar un sacrificio.

Por ejemplo, alguien puede creer que ser vegano es difícil, pero tal y como el profesor Gary Francione explica, el veganismo no es un sacrificio porque es fácil llevarlo a la práctica:
«Me hice vegano hace 24 años. No era particularmente difícil por aquel entonces pero es absolutamente absurdo calificar el veganismo como difícil hoy en día. Es fácil ser vegano. Por supuesto que estás más limitado a la hora de ir a restaurantes, sobre todo si no vives en una ciudad grande o cerca de ella, pero si este inconveniente es demasiado para ti y te evita el hecho de ser vegano, eso se debe probablemente a que no te estás tomando en serio la cuestión.»
La práctica del veganismo es saludable, por lo que no se sacrifica la salud de nadie. La Academia de Nutrición y Dietética avala la viabilidad de una alimentación sin sustancias de origen animal:
«Es la postura de la Asociación Americana de Dietética que las dietas vegetarianas adecuadamente planificadas, incluidas las dietas totalmente vegetarianas o veganas, son saludables, nutricionalmente adecuadas, y pueden proporcionar beneficios para la salud en la prevención y en el tratamiento de ciertas enfermedades. Las dietas vegetarianas bien planificadas son apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluyendo el embarazo, la lactancia, la infancia, la niñez y la adolescencia, así como para deportistas.»
Los veganos tampoco sacrifican el placer de su paladar. Una dieta vegetal puede incluir toda clase de frutos, verduras, cereales y legumbres de todas las partes del mundo. Hay literalmente miles de sabrosas recetas veganas que podemos descubrir. También hay productos como carnes vegetales y quesos vegetales, helados y todo tipo de delicias culinarias. Cada vez aparecen más y más productos aptos para veganos en las tiendas y mercados. Puede llevar algún tiempo conocer todos los productos veganos pero, como cualquier cambio de rutina, sólo requiere un breve tiempo de ajuste.

Los veganos no nos perdemos nada o casi nada en cuestión de disfrute, salud y gastronomía, pero lo más importante de todo es reconocer que el veganismo no es un sacrificio porque no es un sacrificio devolver aquello que nunca nos perteneció.




Este texto está directamente inspirado en un artículo escrito por la activista norteamericana Doris Lin, quien me sugirió personalmente que escribiera mi propio texto basado en el suyo en lugar de hacer una simple traducción. Desde aquí le agradezco sus palabras y su amabilidad.

4 de enero de 2015

Bob Torres y la cuestión del especismo



En esta entrada me gustaría exponer una reseña crítica del libro "Making A Killing" de Bob Torres que ha sido recientemente traducido al español.

Personalmente sugiero leer primero la obra antes de consultar esta reseña. Pero que cada uno decida libremente por sí mismo. Quien decida leer primero la reseña espero al menos que le motive finalmente a leer el libro.

A lo largo del artículo citaré algunas páginas de la edición española que señalo entre corchetes: [...]

No voy a comentar aquí a todas las cuestiones que Torres deja más bien planteadas que respondidas ni tampoco voy señalar las muchas virtudes que contiene la obra, tanto el contenido como en el estilo. En este ensayo me centraré solamente en unos puntos muy concretos y controvertidos desde una perspectiva crítica.

Marxismo, anarquismo y veganismo

Nos encontramos con un texto que intenta nada menos que explicar el problema en nuestra relación con los animales no humanos y proponer una solución al respecto. El autor construye su postura tratando de compaginar al mismo tiempo tres vectores principales: la teoría marxista, la filosofía política del anarquismo social y la ética del veganismo. Esta empresa va a conllevar ciertas dificultades como veremos.

En primer lugar, es imposible resumir el marxismo en unas pocas líneas pero sintetizando lo más basico podemos decir que el marxismo es una teoría fundamentada filosóficamente en el materialismo dialéctico, la cual considera que toda la dinámica social es el resultado de las condiciones materiales y que el proceso histórico es consecuencia de la lucha de clases. Toda la historia humana se reduce a que un grupo minoritario se hace con el poder económico y de ese modo se aprovecha de la mayoría social a la explota en su beneficio. El marxismo concluye que este conflicto sólo se podrá resolver aboliendo la sociedad de clases en favor de una nueva sociedad igualitaria donde ya no sea posible la explotación del hombre por el hombre.

Se podrá comprobar que ese análisis recuerda mucho a la relación tradicional entre seres humanos y animales nohumanos. Aquí los humanos someten y explotan para su beneficio a los no-humanos. Hay un artículo del profesor Renzo Llorente en el que explica cómo se podría aplicar el análisis marxista sobre el problema del especismo y la explotación animal.

Hay que tener en cuenta que estar de acuerdo, al menos en parte, con el análisis marxista no conduce necesariamente al socialismo ni al comunismo. El socialismo de tipo comunista es una solución que Marx —y muchos otros— escogió como solución al problema que denuncia en su teoría. Pero hay otras soluciones que pretenden igualmente disolver la explotación del hombre por el hombre. Una de ellas es el anarquismo y otra sería, por ejemplo, la socialdemocracia.

Por otro lado, también contamos con la posibilidad de coincidir con el diagnóstico que presenta el marxismo y al mismo tiempo estar a favor de la opresión de una clase sobre otra, claro. De la misma manera que hay personas que reconociendo el especismo como injusticia siguen igualmente estando a favor de la explotación sobre los demás animales.

El anarquismo sería, esencialmente, la idea de que la organización social no debe ser sostenida ni promovida por ninguna autoridad o poder externo a la voluntad de los participantes —ya se trate del Estado o algo similar— y que los individuos deben poder asociarse libre y voluntariamente. El anarquismo social que asume Bob Torres parece ser un tipo específico de anarquismo que coincidiría puntualmente con el socialismo en proponer una organización donde predomine lo colectivo sobre lo individual y en donde haya una distribución de bienes lo más igualitaria posible.

Este rechazo a la explotación es una coincidencia que confluye con el tercer elemento de la posición de Bob Torres: el veganismo. El veganismo es el rechazo la explotación de los animales nohumanos por parte del hombre. Los veganos que sean también marxistas y/o anarquistas dirán que su rechazo a la explotación animal tiene el mismo origen que su rechazo a la explotación humana. No obstante también se puede rechazar radicalmente ambas opresiones sin tener que ser marxista ni anarquista.

Más adelante, analizaremos si, tal y como propone Torres, la teoría marxista y la política anarquista pueden servir de ayuda para entender y solucionar la opresión especista que padecen los animales no humanos. Y asimismo valoraremos la pertinencia de relacionar el veganismo con esta concreta filosofía política.

La recepción del veganismo en el contexto político progresista

Bob Torres señala en su libro algunos problemas que inciden directamente en la posibilidad de acabar con la explotación especista. Uno de ellos es la aparente dificultad que tiene la gente de ideas progresistas para comprender o aceptar el veganismo.

¿Cómo es que tantas personas que dicen estar en contra de la injusticia, y a favor de la igualdad, no parezcan darse cuenta de que la opresión sobre los demás animales es un error tan grave como cualquier discriminación injusta cometida contra seres humanos?

En palabras de Torres: "Muchos (pero no todos) en el amplio espectro de la izquierda, desde demócratas progresistas hasta marxistas, parecen dispuestos a aceptar lo que ellos consideran la jerarquía de las especies, mientras que a la vez trabajan por la desaparición de otras jerarquías (de clase, raza, género, o incluso de nacionalidad)." [201]

A pesar de que es un hecho que gran parte de la población humana mundial sigue sin tener conciencia del problema del especismo, podemos ver que al menos dentro del contexto occidental cada vez más gente toma conciencia de que los demás animales son seres sintientes, que no tenemos necesidad de explotarlos para vivir y que tenemos a nuestra disposición otras opciones que nos aportan calidad de vida sin tener que esclavizar a otros animales. Una creciente parte de la población está abandonando el consumo de animales. No obstante, el número de veganos no se ha disparado tan espectacularmente como tal vez cabría esperar. La cantidad de veganos va aumentando, sí, pero a un ritmo muy progresivo y gradual. En algunos países llegamos al 5% de la población, en el mejor de los casos. Esto tiene que tener alguna explicación, más allá de apelar a la ignorancia total.

A mi modo de ver, una razón que explique esta situación puede estar en que la cultura y la educación fomentan un tipo de mentalidad que precisamente está diseñada para excluir expresamente a los no-humanos de la consideración moral o para considerarlos inferiores a los humanos; y los progresistas han sido educados en los mismos prejuicios especistas que el resto de la gente.

También podemos advertir que los el activismo animalista, incluso aquellos más conscientes del especismo, no se han dedicado a concienciar sobre la explotación animal desde una perspectiva igualitaria sino que en su mayor parte se dedican a promover la reforma de la esclavitud de los no-humanos para conseguir jaulas más grandes o centran sus esfuerzos intentar prohibir algunas actividades muy concretas y minoritarias de explotación animal —las campañas monotemáticas— que dejan intacto al 99.99% restante y no sirven en absoluto para concienciar ni erradicar el prejuicio del especismo.

Sin embargo, todo esto sólo explica las cosas hasta cierto punto. Bob Torres tampoco investiga mucho al respecto en su libro en esta línea.

Dejando a un lado todas las explicaciones anteriores, yo postulo que un posible motivo por el cual la concienciación contra el especismo no ha calado dentro del ámbito político progresista estaría en reconocer que mucha gente que defiende ideologías progresistas, o de izquierdas, no lo hace por sentido moral, por ética o justicia, sino por mero egoísmo o por puro tribalismo. Sería por esto que no quieren reconocer la injusticia del especismo e incluso se burlan y oponen a ello; porque los demás animales no forman parte de su grupo y liberarlos no les aporta ningún beneficio a ellos. Si defienden políticas progresistas o igualitarias o de izquierdas, es porque entienden que eso es lo que más les beneficia egoístamente a ellos, aunque el lenguaje que utilicen se base en nociones abstractas de justicia.

En algunos aspectos fundamentales seguimos siendo una sociedad que en el fondo no es más que una forma sofisticada de tribu. Es una característica inherente del pensamiento tribal el dar prioridad a los intereses de los miembros de nuestro grupo por encima de los de otros individuos que no forman parte de ella, especialmente cuando entran en conflicto entre ellos.

Este instinto tribal estaría, por tanto, detrás de la causa psicológica que potencia no sólo el especismo sino también el racismo, el sexismo y el nacionalismo y demás prejuicios que discriminan a los individuos según el grupo al que pertenezcan.

Podrían haber más causas y yo solamente habría mencionado algunas de ellas.

Sin embargo, la explicación que aporta Bob Torres al respecto no coincide y difiere de lo que yo aquí acabo exponer y no se basa en ninguno de los motivos anteriores citados. Su teoría se basa en apelar al papel predominante de estructuras socio-económicas que son las que determinan o condicionan el pensamiento y la conducta de los individuos.

La cuestión del capitalismo

Quien haya leído el texto habrá notado necesariamente la sistemática denuncia que Bob Torres hace recaer sobre el capitalismo. Esto es uno de los fundamentos principales de su exposición.

El conflicto entre la perspectiva que defiende Torres y el capitalismo reside primeramente en que el capitalismo acepta que la economía se rija por el beneficio privado mientras que el anarquismo social considera que la producción y reparto de todos los bienes deben estar planificados colectivamente para beneficiar a todos los miembros de la comunidad. Esto último se asemeja mucho al socialismo, salvo por la peculiaridad de que el anarquismo rechaza la institución del Estado y aboga porque la gestión se realice de forma autónoma y directa entre los mismos individuos.

Sin embargo, debo señalar al respecto que la idea que Torres tiene del capitalismo no me parece una noción apropiada sino que está sesgara respecto de lo que el capitalismo sería en realidad. El capitalismo del que habla Torres es equivalente a la idea de que "todo se puede comprar y vender". Pero esto no sería capitalismo. Si nos atenemos a la definición de lo que significa el capitalismo veremos que se trata un sistema ecónomico basado en los derechos individuales y el libre comercio de mercancías. El capitalismo no es ese simple mercantilismo libertino que Torres presenta y que, según él, conlleva necesariamente la explotación de personas.

El capitalismo presupondría, para empezar, que las personas [humanas en este caso] tienen derechos, y no solamente derecho a la propiedad privada, y que la manera de intercambiar servicios es el intercambio voluntario mediante el comercio. El comercio excluye por definición el uso de la violencia o la coacción. Esto último no sería comercio sino extorsión o servidumbre. Así que no se entiende bien cómo deducimos que el capitalismo promueve, como tal, la explotación de personas cuando su base ideológica no asume tal cosa. 

Ahora bien, es un hecho que en efecto dentro de los sistemas capitalistas hay explotación de personas, pero esto no sería algo inherente al propio capitalismo sino un abuso contra los derechos individuales que sucede en todos los sistemas económicos que hayan existido. Encontramos esa explotación en las sociedades humanas que funcionaban hace ya diez mil años. La reconocida existencia milenaria de la esclavitud es una evidente prueba de ello. Asimismo, la explotación de seres humanos la encontramos también en sociedades modernas donde se impuso el socialismo en un modo u otro.

Entonces ¿el problema es el capitalismo o lo es más bien la idea de que los humanos son mercancías o meros recursos?

Algunos teóricos como el profesor Michael Sandel consideran que el problema en el capitalismo no es que tengamos una economía de mercado sino que nos convirtamos en una sociedad de mercado. La confusión entre economía y valores éticos sería, por tanto, lo que provoca o favorece la mercantilización de personas.

El capitalismo ideológicamente no considera que los humanos sean mercancías sino que son individuos con derechos que deben comerciar entre ellos libres de coacción. Si recordamos que la explotación de humanos existe desde hace miles de años podremos deducir que la causa de la opresión no puede estar en el capitalismo como idea o como sistema.

Después podremos analizar los posibles errores o defectos que el capitalismo implica o provoca, pero es imposible hacer tal cosa si antes no sabemos de qué estamos hablando o nos inventamos las definiciones de los conceptos a nuestro capricho.

El mismo escrutinio podemos aplicar a la cuestión de la explotación sobre los animales no humanos. ¿Es el capitalismo un sistema que causa intrínsecamente la explotación especista? Tenemos motivos fundados para ponerlo en duda. De hecho, el propio Bob Torres reconoce que "es cierto que la explotación animal podría existir sin que haya capitalismo" [36] aunque acusa al capitalismo de haber agravado la explotación al intentar maximizar el beneficio de las mercancías. 

Obviamente, si vivimos en un sistema que procura rentabilizar los beneficios que se obtienen de las mercancías y consideramos que los animales nohumanos pueden ser tratados como mercancías entonces estos animales sufrirán las consecuencias que se deriven de esa situación. !Obviamente! Pero ése no es el problema de fondo. El problema aparece con la idea de considerar que los no-humanos son mercancías; y no con el concepto de rentabilidad económica. De hecho, Torres comprende esto perfectamente y por eso señala que "nuestro activismo debe golpear al sistema en su raíz, atacando la consideración de propiedad de los animales y su modificación [reforma] en vez de esperar que un sistema sin ética decida cambiarse a sí mismo cuando se le pida." [183] Por tanto, el problema central sería la cosificación de los animales no humanos; no el concepto de rentabilidad económica.

En todo el libro percibo esta permanente contradicción entre el planteamiento vegano/abolicionista que considera que el problema de la explotación de los animales nohumanos está originado por su condición de propiedad —la idea de que los no-humanos existen para ser recursos de los humanos— y el planteamiento del anarquismo social que afirma que la raíz de todos los problemas está en el capitalismo, la jerarquía y el poder. No son perspectivas similares porque una cosa es considerar que los seres sintientes no deben ser propiedad y otra muy distinta es defender que la noción de propiedad privada es intrínsecamente inmoral o injusta.

A pesar de que Torres afirma que "es necesario un movimiento que desafíe radicalmente la jerarquía y la dominación a todos los niveles del orden social, y que reconozca la vida mutua que todos compartimos. El anarquismo social ofrece las bases de este movimiento, tanto teóricas como prácticas." [209] Lo cierto es que el anarquismo social no rechaza como doctrina la cosificación de los no-humanos y, por tanto, aceptar esta ideología por sí misma no supondría ningún avance respecto de la opresión que padecen los demás animales.

Alguien puede defender con argumentos que la forma justa de organizarnos colectivamente entre seres humanos es el anarquismo social; pero lo que en ningún caso sería correcto ni razonable es creer que la explotación especista se verá mínimamente amenazada por la asunción del anarquismo.

Si abandonamos el capitalismo podría ocurrir tal vez que hubiera circunstancialmente menos animales nohumanos explotados —como consecuencia de abandonar el libre mercado— pero eso no reduciría ni un ápice el prejuicio del especismo y el arraigo social de la explotación animal.

Otro autor y también defensor del anarquismo social señala que «incluso siendo anarquista, no se es mágicamente feminista, antirracista o anti-homófoba.» E igualmente podríamos añadir que el anarquismo no implica el rechazo al especismo sino todo lo contrario. El anarquismo, al igual que casi todo el resto de ideologías humanas, está basado implícitamente en el antropocentrismo.

Se puede estar en contra del capitalismo y al mismo tiempo entender también que las opresiones no existen sino como consecuencia directa de nuestros prejuicios. Y que, por tanto, si las estructuras sociales, políticas y económicas reflejan estos prejuicios se debe a que nosotros las hemos creado así de acuerdo a nuestra mentalidad.

Por todo ello, no puedo estar de acuerdo con la idea de que el capitalismo provoca el especismo y la explotación animal. Mi posición al respecto la expuse con detalle en un ensayo anterior).

Aparte de la propia clarificación de conceptos; he considerado importante señalar todo esto por una simple razón: si creemos que la causa de un problema está en el capitalismo pero resulta que la causa es en realidad otra distinta lo que sucederá es que nos abocaremos a intentar soluciones que no solucionen nada al final.

En los sistemas no-capitalistas, los animales no humanos han sido cosificados y explotados exactamente igual que en los capitalistas. A ellos no les afecta el modo en que los humanos decidamos organizarnos políticamente entre nosotros mientras sigamos consideranos que son seres inferiores que existen para ser usados como recursos por nosotros.

Tampoco comparto la perspectiva —defendida también por Bob Torres en su libro— que apunta a que si bien el capitalismo pudiera no ser la causa de la explotación especista igualmente sí favorece la cosificación de los no-humanos. Pero entiendo que esto tampoco sería acertado. Creo que este planteamiento confunde la forma con el contenido.

Es cierto que el capitalismo, por su propia estructura, ayuda eficientemente a propagar cualquier idea o producto que tenga demanda económica. Si hay demanda de explotación animal, el capitalismo será una herramienta que sirva para satisfacer dicha demanda, por supuesto. Pero no hay ningún elemento intrínseco al propio capitalismo que diga que debemos explotar a los animales no humanos. Es por esto que millones de veganos en todo el mundo vivimos perfectamente en sistemas capitalistas. Y no sólo vivimos en este contexto sino que incluso el propio capitalismo ayuda en el otro sentido a que el veganismo sea más fácil de llevar a la práctica.

A pesar de todo, debo señalar que Torres tiene mucha razón cuando denuncia que el veganismo a menudo se convierte en un mero "estilo de vida" que pierde su necesaria dimensión activista [página 233]. Muchos veganos parecen interesados simplemente en consumir productos veganos que en cambiar la sociedad hacia la abolición de la explotación animal. Está bien que tratemos de ser coherentes con nuestros ideales, pero esto se tiene que reflejar también en un activismo social y no sólo en la vida individual. Y todos podemos hacer activismo de una manera u otra, aportando lo que sabemos y podemos para difundir el veganismo.

Por tanto, el capitalismo sería un elemento moralmente neutro y una herramienta que —al igual que la tecnología— puede servir para hacer el bien o para hacer el mal. La manera en que lo usemos dependerá de nuestras creencias, nuestras actitudes y nuestras decisiones. Quizás haya mejores formas de organizarnos económicamente que la que el capitalismo propone, pero no me parece que la culpa de nuestra inmoralidad la tenga el capitalismo. La tenemos nosotros.

La estructura como explicación: el estructuralismo

En varios lugares del libro nos encontramos con la defensa de esta idea: las acciones de los seres humanos no están condicionadas por su psicología o sus creencias sino que están determinadas por los sistemas estructurales —económicos y políticos— en los que están inmersos. Además, estos sistemas tienen una dinámica inherente y autónoma que no depende de las acciones individuales. Esta noción, como apunta el propio autor, está directamente sacada de la obra de David Nibert —que a su vez la extrae de Karl Marx.

A partir de esa premisa, Nibert deduce que el especismo, o cualquier otro prejuicio discriminatorio similar, no sería entonces la causa de la opresión sino que es la existencia de la opresión la que crea posteriormente el prejuicio con el fin de intentar legitimar la opresión ya existente. Por tanto, lo que determina la existencia de la opresión, según Nibert, es una estructura material de dominación de un colectivo sobre otro. Las idelogías surgen posteriormente como excusa o herramienta de adoctrinación para perpetuar esa dinámica de opresión.

Esa teoría, a la que denonimaremos estructuralismo, me resulta problemática por las siguientes razones:

Primero; no resulta nada fácil explicar ni comprender de qué modo la opresión podría suceder si previamente no hay un prejuicio discriminatorio que permita o induzca a que dicha opresión se produzca.

Alguien podría alegar que podemos cometer males sin tener ninguna conciencia de ello. Pero entonces no estaríamos cometiendo ningún mal desde el punto de vista ético. Si no hay ninguna conciencia moral, no puede haber falta moral. Podemos cometer errores morales por falta de reflexión, o por haber sido engañados o adoctrinados, pero si incurrimos en un mal se debe a que tenemos una conciencia moral que nos lo advierte y nos hace responsables de nuestros actos. Aunque decir simplemente que somos ignorantes no justifica ni excusa lo que hacemos, puesto que si somos responsables entonces debemos reflexionar y averiguar en todo momento acerca de la moralidad de nuestras acciones. Esto mismo era lo que Sócrates pretendía en su época y por lo que se le considera el padre filosófico de la ética.

Sin conciencia moral no puede haber análisis ni juicio moral. Ahora bien, suena razonable suponer que, en gran parte, la opresión que ejercemos sería consecuencia inercial de prácticas anteriores a que los humanos tuviéramos conciencia moral. Y podemos comprobar ciertamente que en la conducta de los animales no humanos —los cuales carecen de responsabilidad moral— vemos comportamientos que objetivamente corresponden con aquellos acciones que consideramos inmorales: canibalismo, violación sexual, infanticidio.

En todo caso, sea como fuere que surgiera originariamente la opresión sobre los demás animales, la cuestión es que la ideología constituye un elemento decisivo en la existencia de dicha opresión. Y esto es algo que Nibert (y Torres) reconoce, a pesar de que en su teoría estructuralista no son las ideas las que causan las conductas sino que son las condiciones materiales (las estructuras socio-económicas) las que determinan los comportamientos. 

Sin embargo, lo que el estructuralismo no explica es que si las ideas son meras consecuencias entonces ¿a partir de qué criterio material podemos valorar la diferencia entre opresión y libertad? ¿Cómo podemos diferenciar entre el bien y el mal sin recurrir a ideas independientes de la condición material? Esa teoría simplemente no lo explica. Ningún autor que yo conozco explica este punto dentro del marco ideológico del estructuralismo. Y esto es algo que entiendo que debe ser explicado o de lo contrario caeríamos en la arbitrariedad.

Segundo; si es cierto que los prejuicios son meras excusas más o menos sofisticadas —y no la verdadera causa— para mantener el status quo por parte de quienes dirigen y se benefician de la estructura social entonces no se comprende cómo explicaríamos el hecho que muchos de nosotros rechacemos activamente esos prejuicios a pesar de que estamos inmersos en el mismo sistema estructural que los demás y nos beneficiamos de él igualmente. ¿No contradice este hecho de manera flagrante la tesis estructuralista?

La tesis estructuralista no puede explicar por qué algunos de nosotros hemos cambiado de mentalidad y, sobre todo, de conducta a pesar de que estábamos inmersos en las mismas dinámicas sociales que el resto y a pesar de que la explotación especista nos beneficiaba por el mero hecho de ser humanos. Pienso que nos encontramos ante una objeción de peso.

Hay pues una muy evidente contradicción en esto: si nuestras ideas son mera consecuencia de nuestro estatus social o económico, y nuestra mentalidad sólo existe como medio de apoyo a este estatus, entonces resultaría imposible explicar de qué forma se ha producido la crítica y el rechazo por parte de algunos de sus propios integrantes que se benefician de ello. Especialmente cuando vemos que se trata una crítica fundamentada en ideales éticos y morales, y no sólo económicos o materiales.

Aparte de ese punto, tampoco me parece razonable la tesis de que la ideología es una mera excusa, puesto que si lo que hacemos no está causado por ideas sino por sólo estructuras socio-económicas ¿para que necesitamos ideologías entonces? Incluso aunque digamos que la ideología es una herramienta de adoctrinamiento, la necesidad de este adoctrinamiento precisamente indicaría que los individuos no sólo nos movemos motivados por condicionamientos materiales sino que las ideas también tienen su importancia propia y singular como causa de nuestra conducta.

Tercero; la noción de que las estructuras políticas y económicas pueden existir por sí solas resulta, como mínimo, confusa.

Escribe Bob Torres que "si dejáramos de ser sexistas de forma inmediata, perduraría el sexismo del sistema que devalúa el trabajo de las mujeres" [33]. Y asimismo él asegura que con el racismo y el especismo sucede exactamente lo mismo.

Pero no se explica cómo puede ser que, aunque todos dejáramos de ser racistas, sexistas o especistas, el sistema estructural opresor pudiera seguir funcionando y manteniendo dinámicas racistas, sexistas o especistas por sí mismo, independientemente de los individuos. Eso no parece tener ningún sentido. 

Bajo mi punto de vista, la realidad sería justamente al contrario: si de verdad rechazamos dichos prejuicios entonces todas las estructuras sociales que surgieron motivadas por esas ideologías deberían desaparecer como consecuencia directa y ser sustituidas por otras diferentes. Los sistemas no existen por sí mismos, como si fueran entes que tienen personalidad propia, sino que son consecuencia directa de los individuos actuando de forma conjunta y organizada.

Señala Torres que "para que se produzcan cambios en el entramado de la opresión es necesario que se modifique la ideología y la estructura social, y no es suficiente con cambios en el comportamiento individual" [27]. Esta aseveración puede muy bien ser cierta, pero considero para que haya cambios en la estructura social y económica, primero tiene que haber cambios y acciones a nivel específicamente individual que se vayan extendiendo y vayan consiguientemente modificando la dinámica de la sociedad y haciendo presión para conseguir luego cambios reales a nivel político. Hay un orden de gradación que comienza en el individuo para a continuación saltar al nivel de la sociedad —colectivo de individuos que comparten y colaboran en un mismo contexto— y después al orden económico y político

Es razonable prever que, incluso a pesar de un cambio social masivo, la inercia podría mantener determinados aspectos de los prejuicios superados durante algún tiempo, pero considero que los iríamos eliminando de forma progresiva. Entiendo que nadie sensato puede suponer que los entramados sociales desaparecen así tal cual de un día para otro. Incluso los cambios sociales que aparecen repentinos —como parece repentino el recién nacido que surge del seno de su madre— son en realidad el producto desencadenado por una larga gestación previa.

Podemos aceptar la idea de que los sistemas estructurales sirven, entre otras cosas, para inculcar y perpetuar determinadas ideas y hábitos, también en favor de prácticas opresivas. Esto es algo más o menos evidente. Para eso fueron creados por los individuos: para transmitir creencias y comportamientos. Pero asumir una teoría extrañamente materialista que considera que, una vez surgidos, esos sistemas son como entidades auto-existentes que tienen vida propia —independiente de la voluntad de los individuos, de sus creencias y acciones— es un postulado que sólo plantea interrogantes sin solución y ninguna explicación razonable.

Una última objeción sería que la teoría materialista/estructuralista no tiene en cuenta otros factores importantes y decisivos como son la biología y la hipótesis de que nuestra conducta está motivada y condicionada por rasgos biológicos inherentes a nuestra naturaleza como seres vivos y animales. Por eso, el estructuralismo se convierte en una postura reduccionista que ignora injustificadamente las aportaciones que la ciencia deduce en el estudio empírico de la fisiología y de la conducta.

Conclusión

En cualquier caso, el libro de Bob Torres es una fuente de información valiosa y de la que considero que se puede sacar mucho provecho, sin necesidad de tener que estar de acuerdo obligadamente con todos sus planteamientos y conclusiones.

De todos modos, debo señalar que el texto no da en absoluto la impresión de estar destinado a un público general sino que parece dirigido expresamente a marxistas, a anarquistas de izquierdas y a veganos —o personas que estén muy familiarizadas con estas doctrinas. No obstante creo que es una obra que se podría recomendar a todo el mundo que tenga un sincero interés en estas cuestiones.

Aunque este artículo está centrado en mis desacuerdos con la postura de Bob Torres, a lo largo de mi lectura también he notado muchos puntos que considero bien acertados. Por mencionar algunos:

■ La idea de que el problema esencial en nuestra visión de los animales no humanos reside en que los consideramos como nuestra propiedad;

■ La denuncia sobre organizaciones que dicen ser activistas pero que en realidad se han convertido en negocios destinados a recaudar dinero.

■ La defensa del activismo educacional como principal respuesta y solución ante la injusticia del especismo y la explotación de los no-humanos.

Los citados temas están entre los habituales de este blog y coincido en gran medida con la exposición de Torres al respecto. 

En definitiva, tenemos que leer para informarnos, para reflexionar críticamente, y no para estar anticipadamente de acuerdo con todo lo que leemos. Si sólo leemos aquello que ya sabemos que coincide con nuestras ideas entonces nunca aprenderemos cosas nuevas ni progresaremos en el conocimiento. Lo mismo que si rechazamos todo aquello que contradiga nuestras creencias previas. Por esto, entre otras cosas, este libro bien merece una lectura atenta.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...