17 de marzo de 2021

El culto a la Humanidad


«Nuestro comportamiento frente a otros animales puede ser interpretado como reflejo de la egolatría en la que los seres humanos podemos llegar a caer y se plasma por ejemplo en cómo actuamos ante otros  seres vivos;  los  amamos  y  admiramos como  parte  de la  naturaleza, abstracción con  la  que  nos referimos  a  todo aquello  que  ni  nuestra mano  ni  nuestro espíritu  ha llegado a alterar, pero también los cazamos, los tenemos de compañía, experimentamos con ellos, los extinguimos... Los tratamos como si estuvieran a nuestra disposición.» Elsa Gonzáles Aimé

El antropocentrismo significa esencialmente la idea de que el ser humano es el centro de toda la existencia. Esta idea también puede adoptar la forma de un pensamiento religioso, aunque el antropocentrismo no sea una religión propiamente dicha ni tiene que tener relación directa con ella. Sin embargo, el propósito de este ensayo pretende explicar que hay algunas extensiones del antropocentrismo que podrían categorizarse dentro de la categoría de religión.

El antropocentrismo no es una religión en sí misma pero sí que puede adoptar un sentido religioso. Según explica el escritor Clemente García Novella:

«El antropocentrismo religioso, es decir, ese considerar al ser humano como el centro del universo, como si todo girara en torno a nosotros, y ese considerarnos superiores en todos los aspectos al resto de las criaturas

El antropocentrismo no tiene por qué ser religioso. Pero sí que hay versiones del antropocentrismo que podrían entrar dentro de la categoría de religión.

En su versión más elemental, el antropocentrismo asume un carácter tribalista, que se basa en un sentimiento de pertenencia a cierto grupo privado excluyendo a todos los demás individuos, de forma análoga a la de otras mentalidades discriminatorias como el racismo. Esta característica no es incompatible con el antropocentrismo religioso.

Hay una versión del antropocentrismo que puede cumplir los requisitos básicos que son propios de una forma de pensar y de ver la vida para ser considerada peculiarmente como religiosa. Considero que estos requisitos serían:

* Es fundamentalmente dogmático, es decir, se sostiene en creencias que no se pueden demostrar de manera empírica ni lógica. Más aún, ni siquiera se podrían demostrar, pues sobrepasan lo que puede ser conocido por la experiencia sensitiva y las leyes lógicas que rigen nuestro conocimiento.

* Es de carácter sobrenatural. Esto es, afirma la existencia de entes que trascenderían la realidad natural que nosotros conocemos. Quienes creen que el ser humano es un ser especial suelen alegar que éste posee algún tipo de esencia o cualidad de la que los demás animales carecen [alma, espíritu]; la cual sin embargo no se puede demostrar que exista como tal en la realidad, sino que pertenece a algún supuesto orden superior que va más allá de esta existencia  material conocida.

* Es una creencia salvífica que le da un sentido concreto a la vida, organizándola de cierto modo y que condiciona la conducta de quien asume esa creencia, imponiéndole ciertos rituales y comportamientos orientados a lograr algún tipo de salvación personal. La creencia religiosa no se mantiene por razonamientos lógicos o experiencias vitales de algún tipo sino que necesita ser mantenida por fe y adoctrinamiento sistemático.

Por tanto, religión sería cualquier sistema de creencia que esté asentado en dogmas  basados en postulados irracionales que no se pueden demostrar y que son de carácter sobrenatural, que pertenecen a otro supuesto orden de existencia diferente de la realidad que conocemos, y que pretenden ritualizar la vida de los creyentes con vistas a lograr alguna clase de salvación. Para hablar de religión entendemos se tendrían que cumplir al menos estas tres características básicas.

El elemento esencial que otorga su singularidad al concepto de religión es el concepto de divinidad. Esto  diferencia a la religión de cualquier otra ideología. La divinidad no tiene que ser necesariamente una entidad personal, un dios concreto, sino que también puede ser un fenómeno como, por ejemplo, el nirvana o el paraíso o el espíritu universal.

El antropocentrismo religioso tiene como dogma central la idea de que los humanos somos una especie elegida y que nuestra supuesta superioridad nos legitima en someter a otros animales para satisfacer nuestros deseos. El antropocentrismo coloca una idealización del ser humano en el lugar en donde otras religiones colocan a un dios.

Algunos autores sostienen que las religiones serían en realidad un antropocentrismo disfrazado, en la línea de lo que explicaba el filósofo Ludwig Feuerbach. Si bien Feuerbach no defiende el ateísmo, sino más un antropoteísmo. El antropocentrismo religioso señala que el ser humano es único y que trasciende la animalidad. La humanidad tiene un destino divino, espiritual, transcendente, y de este modo el antropocentrismo se convierte en un fenómeno religioso que coloca la noción de ser humano en el lugar en el que antes se colocaba la figura de un dios.

En favor de esa entidad especial que es la humanidad se sacrifican forzosamente la vida de millones de otros animales para beneficio de los individuos que estamos englobados bajo la categorías de humanos. Esclavizamos y masacramos a otros animales en granjas, mataderos, laboratorios,... Al igual que antaño se sacrificaban seres humanos en beneficio de los dioses.

Hay que tener en cuenta que «la humanidad» no existe objetivamente como tal. Se trata de una abstracción conceptual que realizamos a partir de las semejanzas de un grupo de animales a los que catalogamos como humanos. Así es como se establece el concepto de especie. Pero la especie no existe objetivamente; es una mera noción intelectual. Lo que existen son individuos reales que son englobados dentro de ese concepto de humanidad, que a su vez forma parte del concepto de especie.

Por tanto, podemos entender la explotación de los seres humanos sobre los demás animales como una forma de opresión de un grupo sobre otro, al igual que sucede con la opresión entre seres humanos, o también podemos analizar el antropocentrismo desde un punto de vista religioso, como la rendición culto a esa entidad que es *la humanidad*. Así, desde esta perspectiva, podremos ver cómo el antropocentrismo, en cierto modo, ha sustituido a la tradicional religión teológica por otro tipo de religión que en este caso sería antropológica.

El culto a la humanidad cree que la condición humana es esencialmente diferente y superior a la de otros animales y que el ser humano está legitimado en disponer a su antojo de quienes no son humanos, sólo porque tiene ese poder. Este culto puede encontrarse como idea en diversos autores, desde Pico della Mirandola hasta Comte pasando por Feuerbach. Como práctica puede encontrarse en los sacrificios de los mataderos y laboratorios.

Los animales son sacrificados para beneficio de la humanidad en mataderos y laboratorios, entre otros sitios, igual que antaño se sacrificaban humanos y otros animales en beneficio de determinados dioses. Y de la misma manera que consumir hostias en el catolicismo es una parte ritual de esta religión, el consumo de carne animal forma parte de un rito de culto a la Humanidad.

Este antropocentrismo religioso no existe como una doctrina. Se trata más bien una idea, un prejuicio, una noción que atraviesa nuestra cultura. Sin embargo, algunos autores expusieron pensamientos en favor del antropocentrismo que claramente indican una dimensión religiosa. Uno de los más notorios fue Auguste Comte que propuso explícitamente un culto a la humanidad, como sustitutivo de la religión teocéntrica tradicional. Al respecto, criticaba Jean-Paul Sartre:

«Y no debemos creer que hay una humanidad a la que se pueda rendir culto, a la manera de Augusto Comte. El culto de la humanidad conduce al humanismo cerrado sobre sí, de Comte, y hay que decirlo, al fascismo. Es un humanismo que no queremos.»


El culto a la Humanidad puede ser considerado como un culto religioso que proclama que el ser humano es el ser superior y más excelso del universo y que todo gira en torno a él, y que todo debe estar supeditado a él. Así lo explicaba Max Stirner:

«El temor a Dios propiamente dicho está desde hace largo tiempo quebrantado, y la moda es un ateísmo más o menos consciente que exteriormente se reconoce en un abandono general de los ejercicios del culto. Pero se ha trasladado al Hombre todo lo que se ha quitado a Dios, y el poder de la humanidad ha aumentado con todo lo que la piedad ha perdido en importancia: el Hombre es el dios de hoy, y el temor al Hombre ha tomado el lugar del antiguo temor a Dios.»

Del mismo modo que ciertas versiones del racismo rinden culto a la raza; el antropocentrismo religioso rinde culto a la humanidad. Para ello, posicionamos la humanidad como un ente que está por encima de cualquier otra consideración; por encima todos los demás animales; y sacrificamos todo, destruimos todo, para beneficiar y satisfacer los deseos de la humanidad, su ansia de dominación y sumisión a su voluntad.

Un motivo que expone el culto a los dioses se basa en el hecho de que son seres superiores. Es decir, son muy poderosos y nos dominan y pueden hacer con nosotros lo que quieran. Análogamente, los humanos tienen el poder de dominar y destruir a los demás animales; y es por eso que consideramos justificado que los dominemos y destruyamos.

Del mismo modo que Abraham debía estar dispuesto a sacrificar a su único hijo Isaac para satisfacer a su dios, nosotros tenemos que estar dispuestos a sacrificar a inocentes, a los animales no humanos, para cumplir los deseos de acatamiento y sumisión a la voluntad de la Humanidad.

La idea esencial que estructura el racismo es esencialmente idéntica a la ideología que sostiene el especismo. Sólo hay que intercambiar la raza por la especie para que apenas haya alguna diferencia. Ambas formas de pensar se basan en la idea de que un grupo de individuos semejantes tiene alguna característica, como la inteligencia, que otros no tienen, y eso les da derecho a dominar y destruir a individuos diferentes a ellos. El racismo puede asimismo adoptar también una dimensión religiosa.

En el «Mein Kampf», Adolf Hitler afirmaba que los arios eran los más inteligentes de los humanos y por eso tenían derecho a dominar y destruir al resto de humanos por mandato divino. Para el pensamiento nazi, Dios no es una entidad personal transcendente sino una suerte de espíritu eterno que se desarrolla en el mundo material fomentando formas biológicas cada vez más complejas y sofisticadas con el objetivo de alcanzar un dominio de la naturaleza y alcanzar en un futuro lejano un estado de poder absoluto en el universo. Esta doctrina, que ya estaba prevista en el pensamiento del filósofo Hegel, quien defendía un panteísmo evolutivo, ha sido continuada modernamente por pensadores neonazis como William Luther Pierce.

Ahora sólo tenemos que cambiar la raza aria por la especie humana para describir la idea central que forma parte del culto a la Humanidad.

No sólo el planteamiento es muy semejante sino también el discurso que trata de avalarlo. Hitler usaba algunos argumentos para defender su posición que son prácticamente idénticos a los que encontramos en los defensores del antropocentrismo. Un ejemplo:

«Fue después de la esclavización de pueblos vencidos cuando comenzó a afectar también a los animales el mismo destino y no viceversa, como muchos suponen; pues, primero fue el vencido quién debió tirar del arado y sólo después de él vino el caballo.  Únicamente los locos pacifistas pueden ser capaces de considerar esto como un signo de iniquidad humana, sin darse cuenta de que ese proceso evolutivo debió realizarse para llegar al final a aquel punto desde el cual los apóstoles pacifistas propagan hoy sus disparatadas concepciones.» [Mein Kampf, capítulo 11]

¿No nos recuerda esto a cuando nos dicen que los veganos no tenemos derecho a criticar el antropocentrismo porque la humanidad consiguió progresar materialmente gracias a que explotó y esclavizó a los demás animales?

Por cierto, la tesis defendida por Hitler que postula que primero se esclavizó a los humanos y después a los animales contradice las evidencias de la arqueología y historiografía. En realidad, ocurrió más bien al revés, tal y como explica el historiador Charles Patterson. En primer lugar, los humanos secuestraron a animales que vivían libremente en la naturaleza para convertirlos en herramientas domésticas; luego se aplicó el mismo régimen a seres humanos que habían caído prisioneros durante rapiñas y cruces bélicos.

Tal vez ha resultado una ingenuidad pensar que los humanos adoraran a dioses durante milenios y de repente dejaran de hacerlo, porque lo que ha sucedido más bien es que han cambiado unos por otros más sutiles o se han puesto a sí mismos en su lugar.

Algunos defensores de la religión suelen alegar injustificadamente que si prescindimos de la religión acabaremos cayendo en el caos y la anarquía destructiva. Del mismo modo, quienes defienden el antropocentrismo suelen apelar también al miedo; alegando que si eliminamos el antropocentrismo pondremos en peligro nuestra existencia. Pero al igual que librarnos de la religión no conduce necesariamente a la destrucción, tampoco rechazar este especismo pone en riesgo nuestra supervivencia y calidad de vida.

Como aclaré al comienzo, el antropocentrismo puede existir y existe sin una perspectiva religiosa. Aquí sólo he pretendido describir muy concisamente una dimensión concreta que puede adoptar el antropocentrismo.

Sobre la relación entre religión y especismo también puede leerse el interesante análisis que Igor Sanz publicó en su blog.

1 comentario:

  1. Por fin encuentro a una persona que piensa y vive como yo.
    Gracias por tu blog.

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