«Los cambios fundamentales en las sociedades son muchas veces etiquetados como impracticables o contrarios a la naturaleza humana. […] Pero los cambios fundamentales claramente pueden hacerse, estamos rodeados de ellos. En los dos últimos siglos, la esclavitud que estuvo con nosotros durante miles de años ha sido casi completamente eliminada en una rápida revolución mundial. La mujer, sistemáticamente maltratada durante milenios, está gradualmente recuperando el poder político y económico que tradicionalmente se le negaba.» Carl Sagan
Esta nota está dedicada a un gran científico y excepcional divulgador de la ciencia, Carl Sagan, cuyo trabajo siempre he admirado mucho desde que era niño y vi el documental Cosmos en televisión. En general, recomiendo su obra a cualquier persona interesada en la ciencia, en el escepticismo racional y el pensamiento crítico en general
¿Por qué mencionar a Sagan en un blog de temática vegana y filosofía moral? Veamos por qué.
Durante gran parte de su trayectoria, Carl Sagan ha cuestionado la racionalidad del antropocentrismo y en ocasiones ha clamado porque extendamos nuestra consideración moral hacia otros animales. Estos últimos años que he estado releyendo sus libros he tenido la ocasión de apreciar algunas reflexiones bastante acertadas.
«Algunas costumbres de nuestra era serán consideradas sin duda bárbaras por generaciones posteriores: quizá nuestra insistencia en que los niños pequeños e incluso bebés duerman solos y no con sus padres; o quizá la excitación de pasiones nacionalistas como medio de conseguir la aprobación popular y alcanzar un alto cargo político; o permitir el soborno y la corrupción como medio de vida; o tener animales domésticos; o comer animales y enjaular chimpancés; o penalizar el uso de euforizantes para adultos; o permitir que nuestros hijos crezcan en la ignorancia.»
Sagan fue bastante crítico con la vivisección, especialmente en el caso de los primates no humanos, lo que le llevó a apoyar el Proyecto Gran Simio. Se daba cuenta de que había una fuerte arbitrariedad en la exclusión de otros animales de la comunidad moral. En Los Dragones del Edén podemos leer:
«Si los chimpancés son criaturas que tienen conciencia de sus actos, capaces de realizar abstracciones, ¿por qué no poseen lo que hasta hoy se ha dado en llamar un estatuto de los derechos humanos? ¿Qué grado de inteligencia ha de alcanzar un chimpancé para que su muerte se catalogue jurídicamente como un asesinato?»
El problema es que a pesar de advertir el error del antropocentrismo no por ello Sagan estaba exento de caer en ese antropocentrismo o chovinismo humano que él mismo denunciaba. Poco después argumentaba:
«Es indudable que la humanidad de un ser no viene determinada por el hecho de que sea capaz de sentir dolor o emociones intensas, ya que entonces deberíamos extender ese criterio a los animales a los que damos muerte gratuitamente.»
Esto es lo que en teoría de la argumentación se conoce como falacia ad hoc. En este caso, se rechaza que la sensibilidad sea el criterio de consideración moral puesto que de aceptar ese criterio supondría rechazar el antropocentrismo moral que ya tenemos inculcado previamente y tendríamos que incluir en la comunidad moral al resto de animales sintientes. Como el propio Sagan escribe un poco más adelante en relación a otra cuestión:
«Bien sea por una especie de chovinismo humano, bien por un antropocentrismo moral mal entendido, muchos sujetos no acaban de aceptar esa posibilidad.»
«Los hombres —que esclavizan y castran a otros animales, hacen experimentos en ellos, y los convierten en filetes— tienen una tendencia comprensible a imaginar que los animales no sienten dolor.
Es esencial que exista una distinción clara entre hombres y 'animales' para poder doblegarlos a nuestra voluntad , conseguir que trabajen para nosotros, llevarlos puestos, comerlos... sin ningún sentimiento de culpa o de pena.
Estos seres, podemos decir, no son como nosotros. Un abismo insalvable ha desempeñado así una función práctica aparte de halagar los egos humanos. La formulación que Darwin dio a esta respuesta fue: "No deseamos considerar como iguales a aquellos animales que hemos convertido en nuestros esclavos.»
A pesar de todo, Sagan nunca asumió que los demás animales fueran respetados desde la igual consideración, sino que abogó por una explotación 'humanitaria'. No obstante, el hecho de que reflexionara públicamente sobre ello, en una época en que todavía la cuestión animalista apenas estaba presente, le aporta un especial interés a su obra y es otro rasgo que acrecienta la peculiaridad de su legado.
En el tramo final de su vida, mientras afrontaba su grave enfermedad, reflexionaba sobre la cuestión moral de los animales en un artículo recopilado en el libro «Miles de Millones»:
«En mis textos he tratado de mostrar cuan estrechamente emparentados estamos con otros animales, qué cruel es infligirles dolor y qué bancarrota moral significa matarlos para, por ejemplo, fabricar lápices de labios.
Aun así, como señaló el doctor Thomas al recibir su premio Nobel: «El injerto de médula no podría haber logrado aplicación clínica sin la investigación en animales, primero con roedores endógamos y luego con especies exógamas, sobre todo el perro.» Esta cuestión me crea un gran conflicto, ya que de no haber sido por la investigación con animales hoy no estaría vivo.»
Ahora bien, es muy cuestionable concluir que utilizar a otros animales sea necesario e inevitable. Es un hecho que existen muchas técnicas de investigación y terapia que no implican usar a los animales no humanos.
Además, si la necesidad justificara usar animales en experimentos entonces justificaría igualmente hacer lo mismo con seres humanos. Si alguno de nosotros necesitáramos un trasplante para poder seguir viviendo y no existiera otra forma de conseguir el órgano que necesitamos para continuar con vida que matando a otro humano que no tiene culpa de nuestra situación ¿estaría justificado que lo hiciéramos? Por supuesto que no. Nuestro interés en vivir no puede estar por encima del interés en vivir de otros. En esto consiste el principio de gualdad que fundamenta la ética.
Por otro lado, no hay una justificación moral que nos legitime a usar a otros animales sin su consentimiento para satisfacer nuestros deseos y necesidades. Cualquier razón que aleguemos valdrá igualmente para actuar de la misma manera sobre otros seres humanos. ¿Por qué aplicar un criterio moral diferente para los humanos y otro para los animales? Sólo podemos apelar a un prejuicio especista para discriminar entre humanos y otros animales que sienten y tienen nuestros mismos intereses básicos.
En fin, tal vez sirva esta nota para promover la obra de Sagan, y hacer ver que la ciencia y el pensamiento racional no se oponen al veganismo sino que, al contrario, la razón y la ciencia apoyan la ética de Derechos Animales.