15 de febrero de 2014

Los crustáceos son seres sintientes



«Experimentamos conductas básicas como comer, beber o emparejarnos como placenteras porque sirven para sobrevivir y reproducirnos. Y no sólo los humanos sino prácticamente todos los animales.» ~ Pablo Malo

Según relata Igor Sanz en su artículo "¿Qué sabes de los crustáceos?":
«¿Y qué hay en cuanto a su capacidad de sentir? ¿Sienten dolor los crustáceos? Pues aunque pueda parecer una pregunta absurda, lo cierto es que hace unos años una parte de la comunidad científica entró en debate en torno a este tema. 
El caso comenzó en Noruega, cuando el gobierno solicitó a la Escuela de Veterinaria y Ciencia de Oslo que estudiara la capacidad de sentir dolor de las langostas en respuesta al deseo de aplicar nuevas leyes de protección animal en dependencia del grado de dolor. Al final, dicha escuela, por boca del biólogo Wenche Farstad, concluyó que debían “sentir algo, pero no dolor”, y que lo que parecía dolor, “tan sólo eran reflejos”. Ante esto, no sólo reaccionó el movimiento por lo derechos de los animales no humanos, sino también algunos miembros de la comunidad científica, que llevaron a cabo nuevas pruebas y llegaron a una resolución radicalmente distinta. 
Robert Elwood, experto en comportamiento animal de la Queen’s University de Belfast, por ejemplo, concluyó que las “reacciones” de las que hacía mención Farstad eran “consistentes con la interpretación de la experiencia del dolor”, mientras que el neurobiólogo Tom Abrams afirmaba que “poseen una extensa colección de sentidos” y que no tenía ninguna duda de que “pueden sentir dolor”. 
En la misma línea se pronunciaron Jelle Atema, bióloga marina del laboratorio Biológico Marino de Woods Hole, en Massachusstes, o el Dr. Jaren G. Horsley, zoólogo experto en invertebrados y que ha estudiado a los crustáceos durante varios años, quien aseguró que “poseen un sofisticado sistema nervioso que, entre otras cosas, les permite percibir y sentir acciones que los lastimen”. Horley, de hecho, opinaba que los crustáceos podían incluso llegar a un mayor grado de sufrimiento que los humanos al no contar “con un sistema nervioso autonómico que entraría en estado de shock”, con lo que el dolor y el sufrimiento en tal caso se alargan hasta que “el sistema nervioso es destruido”.»
Las evidencias con las que contamos acerca de la sintiencia en crustáceos no son menores ni más débiles que las evidencias que tenemos de que los humanos pueden sentir. Dado que sentir es un fenómeno puramente subjetivo y sólo tenemos experiencia de nuestra sintiencia individual, la única garantía objetiva para saber si otros animales –humanos o nohumanos– sienten sería el diseño y funcionamiento del sistema nervioso, así como la conducta externa.

Así se expone en recientes estudios como el publicado en la revista New Scientist:
«Tradicionalmente se creía que los crustáceos no sentían dolor al ser echados al fuego para ser cocidos, una creencia que permitía echarlos a la sartén sin ningún remordimiento. Sin embargo, un reciente estudio ha afirmado que esto no ocurre así, y que, contrariamente a lo que se pensaba, estos crustáceos sí sienten dolor.  
Esta suposición tradicional se veía afirmada por las conclusiones extraídas de una serie de investigaciones noruegas, las cuales afirmaban que estos animales no sentían dolor, puesto que sus sistemas nerviosos aún no están lo suficientemente desarrollados como para ello. 
¿Pero dónde quedaba en la mente de estos científicos el hecho de que el dolor es crucial para la evolución ya que permite que los animales eviten las experiencias dañinas que pueden llegar a eliminar su especie? Aparentemente en ningún lado.
Siguiendo esta premisa casi de sentido común, Robert Elwood y su equipo de científicos de la Universidad de Belfast experimentó con las antenas de 144 gambas, echándoles ácido acético [ácido del vinagre], y comprobando que al echarles este elemento, las gambas comenzaban a frotar las antenas afectadas y no las otras. 
Esto es un indicador de que las gambas sentían dolor en estas antenas, puesto que esta conducta es típica de los animales cuando están afectados. 
Según Richard Chapman, científico de la Universidad de Utah, los animales tienen receptores que permiten detectar sustancias irritantes. Por lo tanto, si todos los animales poseen la misma cualidad, ¿por qué no han de tenerla los crustáceos?"»
El profesor Bob Elwood, de la Universidad Queens de Belfast, afirma:
«No sé lo que pasa por la mente de un cangrejo, pero puedo afirmar que la forma en la que reacciona va más allá de un reflejo directo y se ajusta a todos los criterios del dolor.»
Todas las investigaciones acaban concluyendo en términos muy similares:
«"Ha existido un largo debate respecto a si los crustáceos como los cangrejos, las langostas o los camarones sienten dolor". "Esta investigación demuestra que no se trata de un simple acto reflejo, sino que los cangrejos calibran su necesidad de encontrar un caparazón de calidad con la necesidad de evitar estímulos dolorosos"»
De todos modos, me gustaría señalar un punto importante al respecto: la capacidad de sentir no se limita ni se reduce a la capacidad de sentir dolor. Sentir es ser consciente de experiencias subjetivas. Aunque el dolor es una sensación habitual inherente en los seres con sistema nervioso. Se puede sentir sin tener que sentir necesariamente dolor –aunque los crustáceos efectivamente sienten dolor. Por eso hablamos de los sentidos: ver, oír, oler, saborear, tocar,... Las experiencias subjetivas abarcan más sensaciones que el dolor –y el placer.

De acuerdo a un artículo publicado en la revista Science:
«Los estomatópodos o langostas mantis son crustáceos conocidos por sus llamativos patrones corporales de color y fluorescencia, por ser extremadamente veloces y porque tienen personalidades muy diferentes. Algunos se comportan de forma extremadamente agresiva, mientras que otros son más curiosos e interactivos. 
Los seres humanos tienen una visión basada en tres conos o células sensibles a los colores primarios: rojo, verde y azul [sistema RGB, por las siglas en inglés]. Por este motivo, el cerebro determina los colores de los objetos comparando la excitación relativa que recibe de estas tres entradas de color en el ojo. 
Lo que sugiere el estudio es que estos crustáceos pierden parte de su habilidad para discriminar entre colores –por ejemplo, podrían no ser capaces de diferenciar entre naranja claro y amarillo oscuro– pero reconocen rápidamente los colores básicos sin comparar longitudes de onda del espectro visible en su cerebro. 
El resto de los animales, incluidas las aves, monos, ranas y peces, también interpretan los colores de su mundo de esta manera.»
Sabemos que los crustáceos pueden ver, y asimismo pueden oír, pueden oler,... Pero resulta que todavía existe controversia sobre si sienten o no: sobre si son seres conscientes. Entonces se da el absurdo de suponer que ellos pueden ver pero no son conscientes de que ven; ellos oyen pero pudiera ser que no son conscientes del sonido. Esto no tiene sentido.

Los demás animales poseen un sistema nervioso centralizado y actúan claramente como si fueran conscientes, sin embargo la comunidad científica no reconoce unánimemente todavía que todos ellos sean seres conscientes. Si bien, toda la investigación claramente señala que las especies invertebradas pueden experimentar un estado emocional complejo similar al de los vertebrados.

Hasta el momento sólo se acepta de forma consensuada que mamíferos y aves son individuos conscientes [Declaración de Cambridge]. Sin embargo todavía no hay un reconocimiento unánime acerca de la conciencia en otros grupos de animales como son los reptiles y los peces, a pesar de que las evidencias son tan numerosas y consistentes como en el caso de aves y mamíferos. La controversia es mayor en el caso de los insectos, pero de nuevo, todos los estudios indican con mayor o menos claridad que ellos también son seres sintientes.

El prejuicio del antropocentrismo nos conduce al absurdo de reconocer que otros animales pueden sentir –oyen, ven, sufren, disfrutan y en general actúan claramente como si fueran conscientes– al mismo tiempo decimos no tener claro si realmente sienten, si son conscientes, simplemente porque su cerebro o su sistema nervioso es diferente del nuestro humano.

Si otros animales pueden sentir entonces tienen que tener, al menos, una conciencia básica: un yo que experimenta las percepciones procesadas. La sensación implica conciencia: alguien-siente-algo. Esto es la subjetividad –la existencia de un "yo". Y éste es el único requisito necesario para ser considerado persona.

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