17 de septiembre de 2014

Diez mitos del neo-bienestarismo




En esta ocasión, quisiera compartir un artículo del año 2011 escrito por el activista vegano Dan Cudahy, y titulado "Ten Myths of New Welfarism" ["Diez mitos del neo-bienestarismo"], en el que responde a una serie de acusaciones por parte de los modernos partidarios del bienestarismo contra los abolicionistas veganos y nuestro planteamiento activista.

Un simple aclaración para quienes aún no distingan bien entre ambas posturas:

El bienestarismo es la ideología que considera exclusivamente como característica relevante el hecho de que a los animales les importa evitar el sufrimiento y disfrutar de un cierto bienestar —de ahí su nombre—e ignora cualquier otro posible interés como inexistente o secundario. De esa ideología se deriva una estrategia puramente reformista que, a través de regulaciones legales, busca mimizar el sufrimiento de los no-humanos que viven sometidos a nuestra esclavitud.

Los nuevos bienestaristas son partidarios modernos de esta ideología pero que han replanteado sus objetivos y su estrategia. Por ejemplo: a diferencia del bienestarismo tradicional, los nuevos bienestaristas ya no se conforman sólo con regular sino que se inclinan a menudo por prohibir determinadas formas de explotación. Incluso algunos afirman que su objetivo final sería acabar con la explotación animal, pero entienden que la forma efectiva de conseguirlo es mediante una sucesiva aprobación de leyes que progresivamente vayan haciendo desaparecer, una por una, cada actividad de explotación. Aparte, otro rasgo que los diferencia de los bienestaristas clasicos está en que muchos también son vegetarianos o incluso se consideran "veganos" en el sentido de que no consumen animales en su vida privada, sin embargo no consideran que el veganismo sea un imperativo moral sino que dicen que es meramente otra forma más de "reducir el sufrimiento".

Los abolicionistas rechazan la postura bienestarista tanto el plano teórico como en el práctico. Por un lado, reconocemos que los animales no humanos no tienen sólo un interés en evitar el sufrimiento, o en disfrutar de un bienestar, sino que ellos también tienen un interés genuino en vivir —en conservar su vida y continuar existiendo— y asimismo poseen asimismo un interés en ser libres —esto es, en no estar sometidos a la voluntad de otros). Es por esto que rechazan como principio cualquier forma de explotación sobre ellos, y por eso son veganos. Por otra parte, los abolicionistas consideran que la vía ética y efectiva para lograr la abolición, en el contexto actual, es el activismo educacional por la difusión del veganismo, y que las regulaciones legales de la esclavitud, además que son son inmorales, no ayudan en nada a abolir dicha esclavitud; más bien al contrario, la regulación del "bienestar animal" refuerza y perpetúa la explotación sobre los animales.

Todo esto que acabo de exponer es sólo un muy sintetizado resumen. Quien quiera informarse más detalladamente sobre los puntos mencionados, puede acudir a la obra de Gary Francione, quien ha analizado esta problemática de forma muy específica en su trabajo teórico.

El texto lo ha traducido Igor Sanz y espero que sirva de ayuda para comprender esta importante cuestión. De nuestra elección entre una postura bienestarista y una postura abolicionista depende el futuro de incontables millones de personas: los no-humanos.

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Diez mitos del neo-bienestarismo

Dan Cudahy

Marzo 2011

MITO 1:

"Los abolicionistas son indiferentes al sufrimiento de los animales."

Corolario del Mito 1:

"Los abolicionistas quieren que el resto de animales sufran tanto como sea posible para motivar así a más gente hacia el veganismo."

Hechos y explicación 1:

Los abolicionistas nos preocupamos por el sufrimiento de los no-humanos al menos en la misma medida, y probablemente más, que los neobienestaristas. Estamos de acuerdo en que menos sufrimiento es mejor que más sufrimiento. Nosotros simplemente negamos, desde un punto de vista racional y empírico, que el sufrimiento de los animales pueda ser significativamente reducido mediante reformas y campañas bienestaristas en tanto sigan siendo considerados como propiedades legales y mercancías económicas. [Para comprobar la abrumadora evidencia que apoya esta afirmación empírica, [léase Animals, Property, and the Law”]. Como evidencia adicional sirve el hecho indiscutible de que las reformas por el bienestar social eran tan inútiles en la prevención o incluso reducción de la tortura y los asesinatos de los esclavos humanos en la América del siglo XIX como lo son hoy para los no-humanos. Negar esto es negar la severa tortura y los asesinatos que fueron tan frecuentes dentro de la esclavitud humana en América hasta que los esclavos fueron emancipados completamente.

Los abolicionistas sostenemos que es la educación vegana donde deben ser dirigidos tantos recursos como sea posible, lo cual servirá para: [1] aumentar la población vegana, lo que permitirá finalmente el desarrollo de una base política abolicionista; y [2] aumentar la atención y la preocupación acerca de los animales en general como seres sintientes.

Contrariamente al corolario del Mito 1, los abolicionistas consideramos que los animales [humanos y nohumanos] son perjudicados no sólo por el sufrimiento, sino también en la explotación y las muertes sin dolor. En otras palabras, los abolicionistas creemos que debe motivarse a la gente hacia el veganismo por la sencilla razón de que la explotación y las muertes innecesarias son un completo error, y el 99,999% del uso de animales es innecesario. Es el mismo argumento empleado en contra de la esclavitud humana; y sólo el especismo, igual que el racismo en el caso de la esclavitud humana ocurrida en diversas sociedades, es el que nos deja moralmente ciegos ante la atrocidad de la explotación y la masacre.

MITO 2:

"Dado que los países con las mejores leyes de bienestar animal son a su vez quienes más veganos cuentan, las leyes de bienestar animal —y sus reformas y campañas— consiguen que las personas se hagan veganas."

Hechos y explicación 2:

El Mito 2 coloca al vagón tirando de la locomotora en lugar de la locomotora tirando del vagón. La educación vegana causa: [1] nuevos veganos; y [2] aumenta la atención y la preocupación hacia los animales en general como seres sintientes. Tal aumento de la atención y la preocupación provoca indirectamente más campañas, más regulaciones y más trucos propagandísticos de la industria del bienestar animal.

MITO 3:

"Los abolicionistas están “seducidos por una teoría”."

Hechos y explicación 3:

Todos los defensores de la justicia social guían sus acciones en base a una teoría, aun sin tener en cuenta la validez de la teoría, y sin importar si tales defensores son siquiera conscientes de que la están siguiendo. Resulta bastante irónico leer diatribas bienestaristas en contra de los abolicionistas, y nuestra teoría, acusándonos de estar “seducidos” por ella, estando ellos al mismo tiempo absortos en el seguimiento y la defensa de su nueva teoría bienestarista, aunque no sean, por lo visto, lo suficientemente conscientes de ello.

Así pues, seamos honestos: todos tenemos una teoría, y la misma acusación a alguien de estar “seducido” por una teoría resulta una clara demostración de que se está “seducido” por la teoría opuesta. La pregunta pertinente es: ¿Cuál de las dos teorías incompatibles es correcta y eficaz? Y aún más importante: ¿Por qué? ¿Qué razones tenemos para aceptar una teoría por encima de la contraria? ¿Qué evidencias tenemos para elegir una en lugar de la otra?

Como demuestran muchos ensayos de éste y otros blogs abolicionistas [ver: 1, 2, 3, 4, 5, 6] contamos con muchas razones, y muchas más evidencias aún, para creer en las siguientes afirmaciones: [1] El neobienestarismo ha sido un absoluto fracaso durante más de 30 años —y más de 200 años de bienestarismo tradicional; y [2] si existe alguna posibilidad de reducir significativamente el sufrimiento y, finalmente, poner fin a la explotación animal, será mediante el permanente crecimiento de un movimiento abolicionista enfocado en una educación vegana, no-violenta y creativa. El porqué los bienestaristas —que dicen querer reducir el sufrimiento y ayudar a poner fin a la explotación animal— se oponen tan firmemente a destinar el mayor número de recursos posibles en la educación vegana, no-violenta y creativa es algo difícil de entender.

MITO 4:

"La educación vegana abolicionista es un “todo o nada”."

Hechos y explicación 4:

Nunca he conocido a nadie, salvo los líderes corporativistas del movimiento bienestarista, que perciba la educación vegana abolicionista como un “todo o nada”. De hecho, mi experiencia en la comunicación con el público ajeno al movimiento me ha demostrado que la educación vegana abolicionista conduce a una mayor preocupación por el problema —con la rara excepción de sádicos y psicópatas. Si tal labor, enfocada hacia una educación vegana abolicionista, conduce a un nuevo vegano, o a una simple mayor preocupación por los animales nohumanos, es algo que depende de la persona, pero casi nunca se traduce en “nada”. Me estoy basando en mis años de experiencia, pero la afirmación de que la educación vegana abolicionista conduce a “vegano o nada” me parece sencillamente ridícula.

MITO 5:

"Al criticar las reformas bienestaristas, los abolicionistas impiden de hecho las futuras reformas de bienestar animal." O peor aún en el caso de los neobienestaristas, para quienes los abolicionistas somos una amenaza frente al potencial de hacer dinero de las asociaciones de la industria bienestarista.

Hechos y explicación 5:

En tanto que haya no-veganos, seguirá habiendo preocupación por las reformas bienestaristas en torno a la tortura y el asesinato de animales. Y mientras haya preocupación por dicho bienestar, habrá campañas bienestaristas e intentos de reformas de la esclavitud de los no-humanos. El bienestarismo es un fenómeno simbiótico de la moderna explotación institucionalizada sobre humanos y no-humanos. Es decir, el bienestarismo necesita y se alimenta de la explotación institucionalizada, y la explotación institucionalizada necesita y se alimenta del bienestarismo.

MITO 6:

"Los abolicionistas [1] son perezosos; [2] “no hacen nada”; y/o [3] sólo actúan a través de internet."

Hechos y explicación 6:

Declaraciones generales como la del Mito 6 no son más que una demostración de los prejuicios y la ignorancia de algunos bienestaristas hacia la mayoría o todos los abolicionistas, motivados por su resentimiento y desacuerdo personal.

Veamos lo que resulta tomando como cierto que “todos o la mayoría de los abolicionistas son perezosos; no hacen nada; y/o se limitan sólo a actuar por la red”. Hmmm… dado el creciente número de abolicionistas en los últimos cuatro años, y dada la fuerte respuesta bienestarista a los “perezosos abolicionistas que no hacen nada”, parece que la teoría abolicionista, aunque sólo estuviera “centrada en internet”, es !increíblemente poderosa!

La verdad es que no se hubiera podido lograr el crecimiento conseguido por el enfoque abolicionista en los últimos cuatro años con una “débil teoría” y contando para su promoción sólo o en su mayor parte con “perezosos que no hacen nada”. Para el éxito cosechado en estos últimos cuatro años se precisa de una fuerte teoría y activistas eficaces.

MITO 7:

"Las campañas y reformas bienestaristas elevan el costo de la producción."

Hechos y explicación 7:

Las medidas de "bienestar animal" propuestas por organizaciones como HSUS y PeTA —como los huevos camperos, las muertes "humanitarias" o la eliminación de jaulas en batería— son presentadas a la industria por parte de HSUS y PeTA como formas de mejorar la eficacia económica en la explotación intensiva. Es decir, grupos como HSUS y PeTA actúan como consultores de la industria en materia de bienestar y eficacia económica. De hecho, muchos estudios —algunos financiados por la propia industria— muestran que las medidas de bienestar propuestas no sólo cubren el costo eventual de su aplicación, sino que resultan sumamente rentables a partir de entonces.

Además, estas medidas de bienestar representan un gran reclamo publicitario, ya que la industria puede así asegurar que los animales nohumanos viven vidas mucho mejores de lo que son en realidad. Y a medida que la industria va poco a poco instaurando estos cambios, HSUS y PeTA también pueden gritar “!Victoria!” a sus socios y seguidores. HSUS y PeTA incluso alaban públicamente a la industria por la aplicación de estas medidas, difundiendo entre los consumidores la idea de que todo está bien. De esta manera, la industria gana; los consumidores ganan; !HSUS y PeTA ganan! ¿Los animales? Bueno, siguen siendo masacrados a razón de 56 mil millones al año. Si alguien piensa que podemos matar a cerca de mil millones de individuos por semana —más de 100 millones diarios— sin causar un sufrimiento masivo, se está engañando a sí mismo. No importa cómo se cría y asesina a las víctimas.

Junto con los señalados beneficios que la industria recibe del bienestarismo, las regulaciones fortalecen aún más la industria añadiendo estratos de trabajo en la inspección y la burocracia, legalizando y politizando la institución. La industria pasa entonces a estar más arraigada y a ser políticamente más poderosa que nunca.

Considerando seriamente la realidad de los puntos anteriores, lo único que puede erosionar y amenazar la industria es un movimiento vegano abolicionista viable. No obstante, para ser viable, según indican los politólogos, un movimiento vegano abolicionista debería representar al menos el 20%, si no el 30% o más, de la población de un país o sociedad. En este momento, los veganos abolicionistas, por más que estén creciendo en número rápidamente, representan sólo una pequeña fracción de entre los autodenominados veganos, y los propios veganos en su totalidad no representan un número significativo ni siquiera a la vista de las más optimistas encuestas y al margen de los errores estadísticos. El bienestarismo, por su parte, tiene a casi todo el resto de la sociedad de su parte, incluyendo a la propia industria de la explotación, a pesar de su pretendida resistencia a las regulaciones forzadas.

No pintan bien las cosas para los animales por no decir algo peor, cuando incluso los propios veganos se oponen a dedicar más recursos a la educación vegana abolicionista.

MITO 8:

"Los abolicionistas son “divisivos” y generan “luchas internas”."

Hechos y explicación 8:

La acusación de “divisionismo” [o “separatismo”] por parte de los defensores del bienestarismo de los últimos 30 años no es más un intento de sofocar el desacuerdo. Los abolicionistas no son más “divisivos” que los neobienestaristas.

MITO 9:

"Todos estamos en el mismo bando, pero los abolicionistas causan “luchas internas”."

Hechos y explicación 9:

En primer lugar, el abolicionismo y el neobienestarismo son dos filosofías profundamente diferentes y sus defensores participan en actividades enfocadas igualmente de manera completamente distinta. Esto significa que no es cierto que estemos en el mismo bando. Y puesto que no estamos en el mismo bando, no puede haber una “lucha interna”.

En segundo lugar, el desacuerdo no significa enfrentamiento, el desacuerdo significa sencillamente desacuerdo.

MITO 10:

"Los abolicionistas americanos del siglo XIX eran como los neobienestaristas, no como los abolicionistas actuales."

Hechos y explicación 10:

Los abolicionistas americanos del siglo XIX eran como los abolicionistas actuales, no como los neobienestaristas. De lo contrario, aún hoy podríamos tener esclavitud humana legal en Estados Unidos. Sí, había muchas personas que se oponían rotundamente al abolicionismo, y muchos de los debates actuales son una repetición de los debates de hace 180 años; pero fueron los abolicionistas quienes pidieron el fin de la esclavitud, no su regulación y mantenimiento. Fue gente como William Lloyd Garrison la más similar a los abolicionistas de hoy en día; personas que han sido reconocidas por llevar a la sociedad lejos de la esclavitud.

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12 de septiembre de 2014

El acoso como forma de activismo



«Si vamos a hacer progresos hacia una mayor aceptación del veganismo, debemos educar. Y debemos educar de un modo no violento, sin confrontación, que tenga en cuenta el contexto social y cultural en el que vivimos. Esto no significa que el uso de los animales no sea un ultraje moral; significa solamente que nuestros esfuerzos para educar acerca del mismo debe tener en cuenta la visión que la vasta mayoría de los humanos tienen de la cuestión.» ~ Gary L. Francione

Quien me esté leyendo en estos momentos quizás ya haya visto una campaña activista que se está difundiendo en las redes sociales y que consiste en que un activista, o un grupo de activistas, vaya a acosar a la gente preferentemente en restaurantes o mercados gritando lemas sobre liberación animal. Las iniciativas están enmarcadas dentro de la estrategia de la denominada "acción directa". Si alguien no sabe a lo que me refiero, puedo comprobarlo en este vídeo:



Mi opinión es que ésa no es la forma correcta de concienciar a la gente. Ese tipo de acciones sólo causan confrontación. Nadie se ha concienciado nunca a partir de que alguien le comenzara a acosar y gritar en un restaurante. Hacer esto es un desfogue inútil para los animales. 

Quizás esto ayude a los activistas a descargar su propia tensión personal, que puede ser mucha si piensan constantemente en los horrores de la explotación animal, pero el acto como tal no tiene ningún valor educativo.

Entré a discutir con otros activistas, sobre este tema en particular en varios foros y ante mis críticas, los partidarios de este tipo de acciones me expusieron algunos argumentos realmente curiosos. 

Por ejemplo, me dijeron que:
"Nadie puede saber cuáles son las formas efectivas de concienciar a las personas".
 ¿En serio? ¿No lo podemos saber? Eso puede decirlo alguien que ha tenido noticias sobre la psicología de la comunicación.

A mi me parece sí lo sabemos. Por ejemplo, lo sabemos escuchando las historias de la gente que se ha hecho vegana. Para quien desee escucharlas, claro. Nadie jamás ha dicho: "Me conciencié porque un desconocido se puso a gritarme en un restaurante. Oh, sí, eso fue lo que realmente me motivó.". Nadie cuenta nunca nada parecido porque eso no funciona. Ni en esta cuestión ni con ninguna otra. Suponer lo contrario creo que evidencia un desconocimiento sobre la psicología humana.

En muchos de los comentarios que he leído se destacaba mucho la "pasión" y la "entrega" de los activistas. Al parecer la mayoría ni siquiera le daba importancia a valorar si lo que se hacen es correcto, o si es útil para concienciar, sino que se trata de una cuestión de descarga emocional.

Si alguien pretende concienciar no se centrará en que aporta mucha "pasión" y "entrega", sino que pensaría en cómo actuar para conseguir un efecto educacional; y valoraría su conducta de acuerdo a criterios de ética y de efectividad y no a valoraciones emocionales. Por tanto, lo que los activistas hacen en ese caso es expresar sobre todo sus sentimientos, sin importar si lo que lo hacen es éticamente correcto ni cuál es el efecto que tiene en otros.

Los estudios sobre psicología muestran que la gente no se conciencia sobre un mensaje cuando es agredida o cuando es deliberadamente molestada por las personas que pretenden defender dicho mensaje. Cuando se sienten agredidas, las personas reaccionan de forma defensiva y hostil contra quienes ven como sus agresores. Es decir, todo lo contrario de la empatía y la reflexión que requieren la concienciación moral. 

Esto que señalo no es una simple generalización sino que es la forma predominante y habitual en que funciona nuestra psicología. Claro que puede que haya alguien sadomasoquista que reaccione al contrario, y le guste que le agredan o que le acosen, pero se trataría de una excepción.

No nos hace falta conocer a cada individuo del planeta para saber que por lo general nadie se conciencia a raíz de que alguien se pusiera a gritarle o intentara arruinarle el día acosándolo mientras comía. Todos tenemos igualmente unas pautas generales de personalidad. Y una de esas pautas es que nos reaccionamos bien cuando otra persona pretende deliberadamente molestarnos mientras estamos intentando disfrutar o relajarnos. No sólo a los humanos sino también a todos los animales en general no nos gusta que nos traten así. Esto es un hecho. Los vídeos del activimos agresivo apoyan esta idea comprobando la reacción negativa de la gente.

Alguien podría alegar que yo no puedo saber si ese tipo de activismo funciona porque no conozco directamente a cada persona humana del mundo, pero eso sería como señalar que yo no puedo saber si todos los animales sienten porque no conozco personalmente a cada uno de ellos y no puedo saber directamente si cada uno realmente siente. Ésa es una excusa que se suele usar para evitar el razonamiento lógico y las evidencias empíricas que nos aporta la ciencia sobre la sintiencia en los demás animales. Es un relativismo falaz que pretende evadir el hecho de que sabemos perfectamente que los humanos no empatizan con otras individuos, ni su mensaje, si sienten agredidos o acosados por ellos. Esto es un promedio constante de la naturaleza humana. Ahora bien, que ignoremos, o queramos ignorar, los conocimientos más básicos, comunes y evidentes sobre psicología humana no significan que esos hechos no existan; sólo significa que no nos interesa reconocerlos para así evadir la crítica.

¿En qué se basaría alguien para suponer positivamente que ese tipo de activismo tiene algún efecto de concienciación? Nadie me respondió sobre este punto. A mi modo de ver, los activistas que actúan de esa manera no buscan concienciar a la gente sino que más bien pretenden expresar su rabia sin importarles mucho las consecuencias.

Me imagino que la gente que me está leyendo en este momento estará de acuerdo en que cuando van a un restaurante, a intentar disfrutar de su tiempo libre, lo que menos desean es que de repente les salte sorpresivamente un activista enfrente suyo a gritarles sin parar que están, por ejemplo, contaminando el planeta con su consumo y así arruinarles la comida que pretendían disfrutar tranquilamente. ¿Eso os ayudaría a empatizar con su causa?

Alguien me señaló que la gente en general siempre se molesta o se enfada cuando los veganos damos nuestro mensaje. Eso puede ser cierto en parte para algunas personas pero no era ese punto el que yo estaba criticando.

Una cosa es que el contenido del mensaje vegano pueda no ser bien recibido por la gente puesto que choca con los hábitos adquiridos y con el prejuicio especista que casi todo el mundo tiene asumido. Ahora bien, otra cosa muy distinta es que nosotors deliberadamente pretendamos incordiar, molestar o acosar a otras personas.

Una cosa es que alguien se ofenda por el simple hecho de que manifiestamos que los animales merecen respeto. Y otra cosa muy diferente es que alguien se moleste conmigo porque literalmente le estoy gritando en su cara que los animales merecen igual respeto. Una cosa es el contenido y otra es la forma. En este caso concreto, yo critico la forma en que se da el mensaje, y no tanto el contenido.

Me han advertido que en estos actos los activistas no agreden físicamente a nadie ni usan lenguaje insultante. Puede ser cierto. No he visto todos los vídeos. Pero aún siendo así, esto no quiere decir que su conducta no sea violenta. 

Reflexionemos de nuevo sobre ello: ¿Los activistas están haciendo aquello que consideran moralmente correcto? ¿Tratan a los demás como desean ellos ser tratados? ¿Ellos están actuando de forma deliberada para dar un mensaje que la gente pueda comprender y asimilar? ¿O más bien actúan solamente para expresar y descargar sus emociones sobre la gente a la que se dirigen? 

Si nos sentimos mal y usamos a alguien sin su consentimiento para volcar nuestros sentimientos sobre él, entonces lo estamos utilizando como un simple medio para conseguir nuestros fines, despreciando la voluntad y los intereses de la otra persona. Esto es una forma de violencia violencia, aunque no hubiera agresión física de por medio, y es una contradicción flagrante con la idea que fundamenta el veganismo y la filosofía de los Derechos Animales.

En definitiva, lo que esos activistas están haciendo es muy cuestionable tanto desde el punto de vista ético como desde el punto de vista práctico, y considero que lo único que se consigue así es incomodar y violentar a la gente, y nadie se conciencia de ese modo

Por supuesto, si yo me equivoco a este respecto entonces está claro que lo debemos hacer todos es salir a la calle a gritar y acosar a la gente, porque esto seguro que cambia la situación de los animales. Oye, ¿por qué no empezamos por hacerlo también con todos nuestros familiares y amigos a la hora de comer? ¿O sólo vale con desconocidos?

Pero si estoy en lo cierto, entonces en lugar de perder el tiempo con ese tipo de acciones, actuaremos de forma racional, haciendo activismo educacional y no-violento, para conseguir informar y ayudar a la gente a tomar conciencia y cambiar sus hábitos de vida, de forma dialogante. 

Claro que tal vez eso no es tan divertido ni excitante como ponerse a gritar en medio de un restaurante. Cualquiera que en alguna ocasión haya reflexionado honestamente sobre su propio activismo se habrá dado cuenta de que a veces tendemos a hacer simplemente lo que nos gusta por encima de otros criterios.

Los activistas no tenemos por qué demostrar a nadie lo mucho que nos importan los animales, el ansia de justicia que anhelamos, con demostraciones públicas de nuestros sentimientos. Alguna gente pensará: "Oh, sí, se ve que les importan mucho los animales" y seguirán con sus vidas. Eso en el mejor de los casos. En el peor caso, pensarán que estamos locos, porque ni siquiera comprenden lo que defendemos. Lo que deberíamos hacer, si de verdad queremos un cambio real, es enfocar toda esa energía en educar, en concienciar, en dialogar.

Algunos me acusan de que al parecer me importa más el bienestar de la gente que el sufrimiento de los demás animales y la explotación que se comete contra ellos. Pero esto no es cierto. Precisamente porque ante todo me preocupan las víctimas, y quiero remediar la injusticia que cometemos contra ellos, es el motivo por el que analizo cuál sería la forma correcta y efectiva de lograr el final de la explotación especista. Porque entiendo que sólo así, y no dejándonos llevar por las emociones, es como podemos encontrar y aplicar la solución a este grave problema. 

Aquella acusación me parece análoga a la que nos dirigen a menudo diciendo que "nos importan más los animales que los seres humanos". Eso tampoco es cierto, claro. A los que asumimos y defendemos los Derechos Animales nos importan moralmente todos los seres sintientes por igual. Son las personas que no conocen o que rechazan la ética de Derechos Animales quienes dan preferencia a unas sobre otras, por el mero hecho de pertenecer a una especie determinada. Los activistas veganos pretendemos precisamente defender la igualdad, no la jerarquía de nadie sobre nadie, y que el respeto básico se aplique a todos por igual.

También me han advertido que no debería criticar el activismo de otras personas. Como si el mero hecho de hacer activismo automáticamente les diera la prerrogativa de no ser criticados en sus acciones, como si estuvieran en una especie de burbuja que no debemos romper, como si el simple hecho de hacer algo con "pasión" y "entrega" te legitimara en actuar simplemente según te parezca oportuno sin atender a ningún criterio o norma. Los defensores de la tauromaquia también alegan a menudo que lo que hacen está motivado por la "pasión" y la "entrega" que sienten. ¿Significa eso pues que no debemos criticar lo que hacen?

El activismo que contradice la ética, o que se demuestra inefectivo, merece, como mínimo, ser criticado. Criticar el activismo no es contraproducente, como aseveran algunos. Lo contraproducente es creer que "cualquier cosa puede valer" sin tener ninguna base o criterio racional que lo fundamente. Eso es actuar de forma arbitraria. Eso  que es contraproducente.

Gritar a la gente en un restaurante —o en cualquier otro sitio—  es contraproducente, pues no sirve para concienciar y sólo provoca que piensen que estás loco. Sin embargo, los activistas no están locos. Sólo sucede que a menudo no reflexionan sobre cómo están actuando. Su ferviente deseo de ayudar a las víctimas sobrepasa en ocasiones su responsabilidad de analizar razonadamente los actos que realizan.


No es coherente que pidamos a la gente que reflexionen sobre sus hábitos y su conducta si nosotros no estamos dispuestos a hacer exactamente lo mismo en nuestra conducta. Que defendamos lo que es justo no implica que todo lo que intentemos realizar para defender la justicia sea también justo. Los fines no justifican los medios. Tanto los medios como los fines deben ajustarse, por coherencia, a un mismo criterio ético. 

Por cierto me resulta curioso que personas que participan en foros digan que debatir es "perder el tiempo" y que lo que hay que hacer es actuar sin más. Pienso se equivocan —además de entrar en contradicción puesto que ellos dedican tiempo a debatir en foros— porque emplear parte de nuestro tiempo a reflexionar sobre lo que estamos haciendo no es perder el tiempo. Si no pensamos en lo que hacemos entonces sí que es probable que acabemos malgastando nuestra energía en acciones que no funcionan y que incluso contradicen los principios que decimos defender. 

A la hora de hacer activismo, pensemos en si fuéramos nosotros quienes ignoráramos el problema del especismo y la explotación de los animales, y cómo nos gustaría que otros nos trataran a la hora de concienciar sobre ello.


Considero que estas reflexiones valdrían en general para criticar cualquier tipo de activismo que se realice en forma similar.

Sobre el tema específico de la comunicación ya expuse un análisis en el ensayo: «La comunicación es una cuestión moral». Pueden leerlo si desean un análisis más completa de cómo entiendo que debería ser una comunicación ética a la par que efectiva. 

«El fin de los Derechos Animales es respetuoso; el camino hacia tal fin debe ser respetuoso con los humanos y los demás animales. Mi recomendación a los activistas es que siempre trabajen como si tuviesen 24 horas para mostrar al público la mejor forma posible de activismo pro-derechos animales.» ~ Lee Hall

3 de septiembre de 2014

Tres conceptos: compasión, empatía y simpatía




Hay tres términos que aparecen de forma más o menos frecuente dentro del contexto moral: empatía, compasión y solidaridad. En esta nota pretendo exponer una breve aclaración al respecto.

En primer lugar, la compasión haría referencia simplemente al hecho de sentir pena o tristeza a causa de lo que a otros les ocurre cuando padecen algún sufrimiento. Es una emoción. Nos sentimos mal al ver que otros padecen ciertos males, pero lo que nos importa es lo que nosotros sentimos. Nosotros queremos que alguien deje de sufrir porque esa escena nos hace sufrir a nosotros.

En efecto, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la compasión de la siguiente manera:
«Sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias.»
Por otra parte, la empatía se trata de un fenómeno distinto. La empatía significa colocarnos imaginariamente en el lugar de otros individuos y sentir como si fuéramos ellos. Y no abarca sólo el sufrimiento sino todos los aspectos sensitivos del individuo.

Así define el diccionario de la Real Academia el concepto de empatía:
«Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.»
La empatía es en realidad un razonamiento. No es un sentimiento. Se basa en la lógica (A=A) y la inteligencia interpersonal. La empatía es una manifestación innata de nuestra capacidad moral junto con el sentido de justicia.

Empatizar es colocarse imaginadamente en el lugar de los otros individuos que no son yo. Pensar o imaginar es un producto del razonamiento, no de la emoción. Un razonamiento básico que se ha comprobado que está presente no sólo en humanos sino también en los demás mamíferos —sin excluir por ello a otros animales que no sean mamíferos. La empatía no excluye las emociones ni los sentimientos, pero no se basa en ellas, a diferencia de la compasión que es una expresión puramente emotiva.

Por eso señala Steven Pinker que: 
«La causa de los derechos animales está basada en la razón pura, en la pura empatía.»
Compasión no es empatía porque la compasión significa que yo sufro por algo que percibo exteriormente y que me provoca reaccionar emocionalmente, pero sin razonamiento. Es decir, si yo veo como asesinan a una vaca y eso me hace sufrir a mí, esto no implica necesariamente que yo deduzco que ella sufra. Simplemente me provoca sufrimiento a mí, porque es algo desagradable. Por eso, se puede sentir compasión por seres no-sintientes. Y por eso mucha gente se siente mal al ver vídeos de mataderos pero no se imagina en el lugar de las víctimas. Si lo hicieran tendrían que verse abocados a querer dejar de participar en la explotación animal.

En cambio, la empatía no implica que yo sufra al ver a una vaca en el matadero, sino que implica que yo comprendo que ella sufre, que ella no quiere morir, que quiere escapar de la muerte y el encierro a la que la han sometido. Y esa comprensión me pone imaginariamente en su lugar superando así la individuación que nos separa y singulariza a los seres sintientes. Trasciendo nuestra singularidad mediante el pensamiento para darme cuenta de que todos somos iguales en el hecho mismo de sentir. Esto es la empatía, sin la cual no podría haber ética. Por eso, los psicópatas —los incapacitados para la empatía— no pueden comportarse moralmente aunque son capaces de comprender la ética y actuar de acuerdo a ella por inercia educativa o por presión social de otros, pero nunca por sí mismos, porque realmente deseen hacerlo.

A mi modo de ver, la compasión no requiere de razonar, pues simplemente requiere que percibir algo te desagrade hasta el punto de provocarte tristeza o angustia. No habría ningún razonamiento ahí. Por ejemplo, alguien puede sentir compasión por un árbol porque le desagrada ver como lo talan y destruyen. Es decir, padeces con la situación de algo que percibes —com-pasión: "sentir con". Ese padecer está ligado con una circunstancia o acción concreta. Es diferente del hecho de sentir por algo que nos sucede a nosotros: una herida o un infortunio. 


Compadecernos a nosotros mismos sería, pues, sufrir por el hecho de que sufrimos. Para ello es no es necesario pensar ni razonar al respecto. Es un fenómento puramente emotivo. Otra cosa distinta es que determinados pensamientos provoquen a su vez compasión. Pero la compasión en sí misma no es un razonamiento sino un proceso emocional.

En cambio, empatizar es ponerse en el lugar de otros: em-patizar ["sentir en"]. Si bien, se trata de algo imaginado, y no quiere decir que seamos capaces efectivamente de estar en realidad en el lugar de otros. Esto es imposible. Cada conciencia individual es singular y no se pueden fundir o sustituir. La empatía tampoco es "telepatía", dado que la telepatía no existe. Empatizar es imaginar. Pero no imaginar fantasías, sino deducir con nuestro pensamiento 
lo que se supone que otro individuo realmente siente, a partir de nuestra propia experiencia y de las evidencias con que contamos. Esto lo deducimos a partir de su conducta, su lenguaje y lo que sabemos sobre su personalidad. Así lo resumeel escritor Ramin Jahanbegloo:
«La empatía, al contrario que la simpatía o la compasión, exige que el individuo comparta, indirectamente, los pensamientos y los sentimientos de los otros y que se convierta temporalmente en el otro.»
Sabemos que los otros animales sienten y tienen intereses, por tanto, para respetarlos tenemos que empatizar y, de ese modo, comprender que no quieren que los sometamos, matemos o dañemos. Sin la empatía no sería posible. El mero hecho de saber algo no nos conduce a actuar aunque sepamos que es lo correcto. Sin una identificación con los otros individuos no podemos actuar éticamente. Por eso mucha gente no se hace vegana a pesar de saber que es lo correcto y razonable. Por falta o carencia de empatía. Los biólogos y etólogos saben bien de las vidas subjetivas de otros animales pero eso no les lleva necesariamente a ser veganos porque no han aplicado la empatía.

No sabemos realmente como ven el mundo los otros animales aunque la ciencia ha alcanzado progresos importantes sobre este asunto. No sabemos exactamente cómo se siente al ser un pez, una salamandra, un cangrejo o una abeja. Pero sabemos que sienten, y a partir de esa noción básica empatizamos con ellos, sin necesidad de tener que saberlo todo acerca de su experiencia consciente.

Debo añadir que aunque la compasión y la empatía, a mi modo de ver, serían radicalmente diferentes, podemos pasar de una a otra de forma ambivalente. No nos quedamos en una u otra de forma permanente y excluyente. Y tal vez por eso nos cueste distinguirlas.


Por tanto, de acuerdo a este análisis, resulta que la compasión es solipsista y nunca altruista. Los compasivos pretenden a menudo creer que hacen cosas "por los demás" pero en verdad sólo lo hacen por sí mismos. Para aliviarse ellos, para no sufrir ellos. La compasión es lo que motiva la caridad.

Un criminal puede sentir compasión por sus víctimas, pero nunca empatía. La empatía le pondría en el mismo lugar que sus víctimas —y esto le obligaría a abandonar su crimen. He ahí la diferencia radical. La compasión es a menudo aliada de la injusticia. 

La empatía implica igualdad, pues se basa en una identificación entre ambos individuos, mientras que la compasión acepta la jerarquía. Por eso pienso que debemos reivindicar la empatía —junto a la igualdad— pero no la compasión, pues esta última se atiene exclusivamente a las emociones y no cuestiona la injusticia subyacente al contexto.

El compasivo quiere reducir su propio sufrimiento que le genera determinada situación en la que otros supuestamente sufren. Es análoga a la simpatía, aunque ésta se refiere a la alegría y el placer. En ambos casos, no hay igualdad entre los individuos dado que al compasivo lo que le importa es reducir su propio sufrimiento personal, sin que eso implique necesariamente hacer nada por aliviar el sufrimiento de los demás. Un ejemplo de esto son las etiquetas de explotación "humanitaria" y "compasiva" que la industria de explotación animal ha creado para aliviar la conciencia de sus consumidores. Por eso, la compasión es compatible con toda clase de crímenes.

En cambio, la práctica de la empatía se refiere no sólo al sufrimiento sino a todo lo que implica la conciencia sensitiva del individuo, a sus intereses y su individualidad. Además, la empatía se produce por definición en un plano de igualdad entre los individuos. La empatía implica poner nuestros intereses al mismo nivel que los de los otros, ni por encima ni por debajo. No hay subordinación, como ocurre en el caso de la compasión. Claro que la empatía tiene que ser corregida por el principio de igualdad para no caer en discriminaciones injustas. Por ejemplo, si alguien siente empatía sólo por los humanos está vulnerando el principio de igualdad.

La empatía y la compasión no sólo son diferentes fenómenos sino que apenas se parecen si uno reflexiona sobre ello.
 

Ahora bien, aunque la empatía es una forma de pensamiento mediante la que comprendemos la moral; pero no equivale a ésta. De la misma manera que la inteligencia nos permite ser morales; pero la inteligencia no equivale necesariamente a moralidad. Son dos cosas distintas. A mi modo de ver, el problema no es la apelación a la empatía sino que se confunda la empatía como sinónimo de ética.

La ética es ese ámbito peculiar en el que actuamos en favor de los demás igual que si fuéramos nosotros mismos, pero no por beneficio, porque nos beneficie a nosotros, sino porque es lo justo, lo correcto, de acuerdo a la misma razón, a la lógica que es inherente a nuestro intelecto. Esto es la facultad moral o sentido moral. Porque, de acuerdo a la razón, todos somos iguales en tanto que todos somos sujetos, somos un yo. Sólo hay ética cuando comprendemos e interiorizamos este conocimiento. Podría decirse aquello de "todos somos uno" pero esto ya sería mística y no ética, y se perdería de vista el hecho de que aunque todos seamos igualmente un yo, seguimos siendo empíricamente individuos singulares y diferentes.

La ética es adecuar nuestra conducta a la razón como fin en sí misma y no como un medio para conseguir un otro fin: razón instrumental. Ahora bien, si efectivamente tenemos una facultad inherente para comportarnos moralmente, entonces no tenemos que disponer de una noción abstracta de ética para actuar por motivos éticos. Aunque, sin duda, la reflexión puede ayudarnos a comprender e interiorizar las nociones de índole moral.

Por último, hay otro concepto distinto al que podríamos denominar como simpatía. Aunque no me refiero al uso coloquial del término simpatía para expresar que alguien nos resulta agradable o "simpático". Esa simpatía es la que fundamenta la actitud de solidaridad.

Si acudimos de nuevo al diccionario de la Real Academia nos encontraremos con que simpatía significa etimológicamente "comunidad de sentimientos", y también podremos comprobar que la solidaridad es la "adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros." En cierto modo, podemos ver la simpatía como una extensión o variación de la empatía.

Es decir, la solidaridad consiste en actuar favorablemente para el beneficio de los intereses de los individuos. Mientras que la justicia motivada por la empatía y la igualdad se refiere a respetar a los individuos y sus intereses legítimos —y a actuar para proteger ese respeto debido— lo que la solidaridad pretende no se basa en el respeto sino en la asistencia para la satisfacción de los deseos de otros individuos. 


A menudo se confunde el principio de igualdad con el de solidaridad. Por ejemplo: la redistribución social de la riqueza es solidaridad; no igualdad. Precisamente por lo que no hay igualdad de riqueza es por lo que se considera necesario o pertinente repartirla. La solidaridad pretende fomentar una sociedad en donde haya igualdad de condiciones, pero no es una igualdad originaria. El principio de igualdad se basa en reconocer una igualdad que es auto-existente y no creada por nosotros.

Si bien es cierto que a menudo la solidaridad está motivada por un sentimiento moral del altruismo [empatía] no es sin embargo un principio de obligación moral. Puede ser una obligación derivada a partir de la responsabilidad de nuestras acciones pero no un deber moral en sí mismo. 

En resumen: 
1) La compasión es una expresión de naturaleza emocional que además presupone jerarquía o desigualdad entre el compasivo y el compadecido. La compasión conduce a la caridad.
2) La empatía es un razonamiento de identificación con otros individuos que nos conduce a comprender el principio ético de igualdad. 
3) La simpatía se basa en una inclinación de querer beneficiar las necesidades y deseos de otros individuos.  
Por supuesto, estos conceptos requieren un desarrollo muchísimo más extenso y detallado. Aquí expongo sólo un conciso esbozo para intentar evitar la confusión entre ellos.

Estas aclaraciones no son una mera disquisición lingüística o semántica sino que son delimitaciones conceptuales necesarias para analizar la realidad y establecer juicios morales.

El lenguaje debería tener siempre un referente objetivo, y no estar sujeto al capricho de los arbitrarios gustos personales de cada uno. De otro modo, ¿cómo podríamos entendernos entre nosotros? ¿Cómo podríamos comunicar nuestras ideas y sentimientos? ¿Cómo podríamos llegar a acuerdos comunes y de beneficio mutuo? Sin un lenguaje objetivo, estamos condenados a la incomprensión.

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