28 de junio de 2017

Sobre el festival de Yulin




Por si alguien no lo conoce todavía, debo señalar que el festival de Yulin es una celebración que se realiza anualmente en la ciudad china de Yulin, en el que matan a miles de perros para ser consumidos como carne. Por si alguien no se lo sospechaba, se trata de una celebración que ha provocado numerosas reacciones de rechazo; especialmente en el mundo occidental, en el que comer perros se considera un tabú social. Pese a la masiva oposición social que ha provocado, el festival se ha vuelto a realizar este año.

Esta situación me provoca al menos dos cuestiones: [1] ¿Por qué se considera que está mal utilizar a perros de comida? y [2] ¿Lo que hacen en Yulin es diferente de lo que hace el resto del mundo cada día?

Los defensores del festival de Yulin defienden la práctica como una expresión cultural y argumentan que el consumo de perros no es diferente de comer cerdos, vacas o pollos. Debo reconocer que ambos puntos son empíricamente correctos. Comer animales en general, y comer perros en particular, es una costumbre cultural. Así como también comer perros no se diferencia en ningún aspecto significativo de usar a cualquier otro animal de comida; al igual que no hay una diferencia significativa entre comer vacas marrones y comer vacas negras. Otra cosa distinta es que ninguno de estos dos hechos justifique moralmente utilizar a los perros de comida en particular, o a los animales de comida en general.

Cultura es toda la información transmitida por aprendizaje social, lo cual incluye ideas y costumbres de todo tipo. Ahora bien, que algo forme parte del acervo cultural de una comunidad no significa que sea moralmente aceptable. Sabemos de diversas prácticas culturales, cuyas víctimas son humanas, pero que son ampliamente rechazadas en nuestra sociedad, como, por ejemplo, la ablación de las mujeres. El solo hecho de que una actividad forme parte de una cultura, o se trate de una práctica tradicional, no puede servir como justificación moral. Señalar que algo es cultura, o es tradición, es un enunciado meramente descriptivo. Sería como decir que tal cosa es redonda o que es roja. No es ni siquiera un argumento razonado. ¿Si entendemos que ese tipo de apelación no sirve para justificar abusos contra seres humanos por qué pensamos que puede valer para justificar abusos contra los otros animales?

A menudo se dice que "no podemos comparar a un animal con un ser humano". Lo cual ya de por sí no es un argumento sino una petición de principio que debe ser justificada. ¿Por qué se supone que no podemos compararlos? Entre humanos y otros animales existen evidentes diferencias, claro, ¿pero esas diferencias justifican una diferencia de trato moral? Entre seres humanos también encontramos notables diferencias. Pueden ser diferencias físicas como el aspecto, la forma o el tamaño; o diferencias mentales como la inteligencia o la capacidad de comunicación. Pero, ¿alguna de estas diferencias justifica una diferente consideración moral? ¿Hay alguna diferencia física o mental que justifique que determinados individuos humanos puedan ser tratados como objetos y recursos? Si no fuera así, ¿por qué razón dicha diferencia justificaría tratar a los individuos no humanos como objetos y recursos?

A un nivel básico de consideración moral, separar entre humanos y otros animales es una discriminación arbitraria. Esta discriminación se presupone por tradición, porque "siempre se ha hecho así", y porque consideramos que los humanos son de nuestro grupo, pero los otros animales no son humanos así que no son de nuestro grupo. Tradición y tribalismo, en definitiva. Sin embargo, sabemos que esos criterios no se sostienen racionalmente. Tribu y tradición son los mismos criterios que se han usado para intentar justificar toda clase de opresiones y crímenes. Por un lado, decimos que ellos "no son de los nuestros", así que podemos hacerles daño. Por otro lado, decimos que "siempre se ha hecho así" y por eso está bien hacerles daño, sólo porque llevamos cometiendo ese daño desde hace mucho tiempo.

Si la especie no es un criterio relevante, ¿qué característica relevante debe tener un ser para que reconozcamos que merece consideración moral? La respuesta es simple: la capacidad de sentir. Llamamos sentir a la capacidad de tener experiencias subjetivas; esto es, sensaciones, emociones, deseos, sentimientos. Esta capacidad conlleva necesariamente la existencia de un yo que percibe de forma consciente dichas experiencias. A la sintiencia podemos denominarla también conciencia sensorial —o conciencia sensitiva. Así, podemos decir que todo ser dotado de sensación posee subjetividad y, al mismo tiempo, que posee conciencia de sí mismo y de sus propias experiencias. Por esto todo los seres sintientes son también seres conscientes.

Todos consideramos que es moralmente erróneo infligir daño y sufrimiento a los animales sin una razón que lo justificara. ¿Por qué? Porque son seres conscientes. Ellos tienen conciencia de lo que les sucede y lo que les sucede les importa. Los animales valoran su propia supervivencia y bienestar. Hacer daño a una piedra o a una planta no puede ser moralmente objetable en sí mismo en tanto que ni las piedras ni las plantas poseen conciencia. Los seres que carecen de un sistema nervioso no pueden generar sensaciones, así que hacerles daño no incurre en una infracción moral, salvo que afectara a los intereses de seres que sí pueden sentir.

Si comprendemos que la posesión de sintiencia o percepción consciente es el único criterio necesario y suficiente para ser incluido en la comunidad moral entonces también podemos comprender que utilizar la noción de la especie para atribuir una discriminación o una diferente consideración moral sería un procedimiento arbitrario como lo sería utilizar la noción de raza o la de sexo. En todos estos casos existe un prejuicio o actitud sesgada favorable a los intereses de los miembros de un grupo en detrimento de los de otros. Este procedimiento basado en el criterio de la especie es lo que denominamos especismo. Así pues, no importa si nuestras víctimas son perros, vacas, cerdos, gallinas, peces o abejas. Sólo importa que todos ellos son seres dotados de sensación.

Bien, si todo este razonamiento es correcto entonces resulta que no sólo es moralmente erróneo el consumo de carne de perro, sino también el consumo de vacas, cerdos, gallinas, peces y cualquier otro animal sintiente. Esto quiere decir también que nuestra sociedad se dedica a celebrar un constante festival de Yulin. Utilizamos y matamos animales cada día para convertirlos en comida, sólo por placer y por tradición. No necesitamos utilizar a los otros animales para poder alimentarnos, así como tampoco para vestirnos ni entretenernos. No se trata en primer lugar de si les causamos más o menos sufrimiento. Se trata de que cualquier mínimo daño o sufrimiento que les causáramos por este motivo no se puede excusar apelando a la necesidad y choca con la idea de que no debemos hacer daño a los animales injustificadamente.

Nuesto sentido moral es una capacidad innata y se desarrolla mediante la experiencia y la educación. Este sentido moral nos permite reconocer que otros seres poseen conciencia y tienen intereses. Que esos seres tenga un aspecto, tamaño y forma diferente al nuestro no es lo relevante. Que esos seres no sean humanos no justifica tener una nula o diferente consideración hacia ellos. Por esto el veganismo es una cuestión de ética elemental. El veganismo es reconocer que los demás animales son sujetos y no deben ser tratados como objetos —ellos merecen consideración moral, es decir, que su individualidad y sus intereses básicos no deben ser vulnerados ni sacrificados por motivos utilitarios.

Nuestra oposición al festival de Yulin, siempre que sea razonada, nos conduce necesariamente al veganismo. La razón moral que justifica la condena de esta actividad conlleva que debemos rechazar todo uso de animales. El uso de animales significa hacer daño innecesario a los animales. El uso de animales implica tratar a sujetos como si fueran objetos. El uso de animales viola el principio de igualdad al supeditar la voluntad y los intereses de los otros animales en nuestro provecho. La utilización de animales para propósitos humanos no se puede ajustar a ningún principio moral.

Asimismo, pienso que este razonamiento habría que aplicarlo al activismo y debería llevarnos a comprender que la denuncia del festival de Yulin es una campaña injusta en tanto que discrimina al resto de animales que también son cosificados y explotados. No sólo los perros son utilizados de comida. Cualquier iniciativa que llevemos a cabo para ayudar a los animales debería partir de asumir el veganismo como principio moral e incorporar esta base moral a sus acciones.


13 de junio de 2017

La dieta vegana: qué es y qué no es




¿Qué es una dieta vegana? Una dieta vegana es aquella dieta que, como su propio nombre ya nos indica, sigue el principio del veganismo, es decir, el principio moral de que no debemos utilizar a los animales como medios para los fines humanos. Esto es la dieta vegana y no es ninguna otra cosa más.

Puede suceder que una persona adopte una dieta completamente vegetal por motivo de salud o de preferencia personal, pero esto no equivale a que esté llevando una dieta vegana. La dieta vegana es circunstancialmente vegetal en su contenido, pero no es este contenido lo que la hace vegana. 

La dieta vegana se refiere a la alimentación que llevan los veganos, es decir, aquellos que rechazan moralmente la explotación de los animales. Lo que la hace vegana en realidad es el hecho de seguir este principio moral, y no sólo el hecho de que sea completamente vegetal en su contenido. Si se diera el caso de que pudiéramos alimentarnos de alguna manera saludable excluyendo el uso de animales y al mismo tiempo sin necesidad de consumir vegetales entonces estaríamos llevando una dieta vegana.

Por tanto, si comemos sólo vegetales porque nos oponemos a la utilización de animales como una cuestión de principio moral entonces estamos llevando una dieta vegana. Pero si comemos sólo vegetales porque creemos que es mejor para nuestra salud, o por una simple cuestión de preferencia personal, entonces no estamos llevando una dieta vegana.

Siguiendo el mismo criterio podemos hablar de ropa vegana, cosmética vegana o de filosofía vegana. El veganismo es un principio ético que se aplica a todos los ámbitos de la vida. El veganismo se opone a que los animales sean tratados como medios para fines humanos y promueve que sean liberados de la esclavitud a la que los hemos sometido.

30 de mayo de 2017

Harambe y la cuestión del especismo



En esta fecha ya se ha cumplido un año de la muerte del gorila Harambe, al que dispararon letalmente en un zoológico, en el que lo tenían encerrado, con la excusa de que podría haber hecho daño a un niño que cayó por accidente al foso en el que habitaba el gorila. Su muerte provocó un gran clamor popular que consideraba que la acción fue desproporcionada e injustificada.

Harambe no hizo nada para provocar este conflicto. Él fue una víctima más. Somos nosotros quienes casi siempre provocamos los conflictos con otros animales. Harambe no atacó a nadie. No hizo nada aparte de ser víctima de la explotación animal. Nosotros provocamos esta situación. Nosotros provocamos los conflictos con otros animales, y luego les hacemos pagar por ello cuando surge algún problema.

Si atendemos a la cuestión de la seguridad del niño, podemos plantearnos qué decisión se habría tomado si el niño hubiera caído a un foso con presos humanos caracterizados como especialmente violentos y peligrosos. En última instancia, se podría decidir matar a los presos humanos que supusieran una amenaza para el niño si no se encontrara otra forma de rescatarlo. Esto es, la especie es irrelevante a la hora de tomar esta decisión. De hecho, la especie no es más relevante que la raza o el sexo cuando se trata de la consideración moral.

Sin embargo, muchos quisieron plantear este dilema como una oposición entre la vida humana y la vida animal, y como una excusa para intentar justificar que los humanos tienen derecho a someter y agredir a los demás animales para obtener un beneficio de ello. 

El pensamiento antropocentrista afirma que en cualquier supuesto caso de conflicto debemos elegir la vida humana y esto conlleva que, por tanto, los humanos están legitimados en explotar a los demás animales. Ahora bien, sucede que ni aquella premisa está justificada —pues habría que razonar en primer lugar por qué los humanos tienen un mayor valor moral más que otros animales—  ni dicha premisa nos conduce lógicamente a la conclusión referida.

No hay una característica que sea compartida universalmente por todos los seres humanos. Esto es a lo que denominamos como el argumento de los casos marginales: ya fuera la capacidad de sentir o la capacidad de pensar o de razonar, o cualquier otra, siempre habrá algunos seres humanos que no la posean. Además, ninguna de estas características es exclusiva de los humanos. Por ejemplo, los otros animales poseen la capacidad de sentir. Son seres que tienen experiencias subjetivas. También contamos con claras evidencias de que ellos piensan y razonan. Pero esto último no es requisito necesario para ser sujeto de consideración moral.

Nos encontramos en una situación en la que ya hemos sometido a los demás animales a nuestro dominio y sólo después de esto comenzamos a preguntarnos sobre la ética en nuestra relación con ellos. Pero esta reflexión está viciada en su raíz porque parte de la base de que los demás animales son seres moralmente inferiores y existen para servirnos a los humanos. Partiendo de esta base, de este prejuicio, los animales no humanos siempre acaban perdiendo frente a los intereses humanos. Cualquier interés mínimamente significativo que tengan los humanos prevalecerá siempre frente a los intereses básicos de los otros animales. La decisión ya estaba tomada de antemano y la controversia se torna superficial.

Así la reflexión más fundamental no reside en preguntarnos por qué mataron a Harambe sino por qué estaba Harambe viviendo encerrado en un zoo para servir de entretenimiento a los humanos. Esta cuestión debería conducirnos a comprender que los animales no humanos son considerados y tratados como propiedad humana; lo cual es una situación equivalente a la esclavitud. Esto explicaría por qué lo mataron y por qué estaba encerrado en un zoo: todos los animales no humanos están sometidos a la condición de propiedad humana. Ahora bien, si aceptamos que los animales tienen un valor moral entonces esta idea exige que evitemos vulnerar su personalidad y sus intereses por razones instrumentales.

Harambe tenía un peso físico mayor que el de un humano, o el de una gallina, o el de una abeja, pero no poseía un mayor peso moral. Cualquier ser consciente tiene igual valor moral a otro ser consciente. Todos los seres dotados de sensación tienen un mismo interés en proteger su propia existencia y evitar el daño. ¿Qué argumento justificaría discriminar entre ellos? Si el valor moral radica en la existencia de la conciencia entonces no habría razón para discriminar y jerarquizar entre seres conscientes. Todos ellos son sujetos que poseen los mismos intereses básicos. Obviamente hay algunas diferencias físicas y mentales entre ellos, y algunos poseen intereses que otros no tienen —por ejemplo, los bebés y los animales carecen del interés en participar en política— pero no es una diferencia que sirva para justificar una diferente consideración moral cuando se trata de proteger sus intereses básicos, comenzando por su derecho fundamental a no ser propiedadel cual los protege de ser tratados como simples medios para nuestros fines.

Ahora bien, supongamos que alguien no puede aceptar la idea del igual valor moral de todos los seres conscientes. Supongamos que no puede asumirla todavía porque está demasiada alejada de su mentalidad. Bien, hay otro enfoque más elemental que nos permite comprender por qué la utilización de animales es un error moral. Todos asumimos la idea de que está mal hacer daño innecesariamente a los animales. Este enfoque —que aquí denominamos enfoque humanitario— no niega que la vida humana pueda tener un mayor valor que la vida de los otros animales, pero sí niega que sea aceptable infligir alguna clase de daño a los animales sin una necesidad real para nuestra supervivencia que lo justifique.  

Si aceptamos la idea de que todos los seres sintientes merecen el mismo respeto básico entonces no podemos justificar moralmente su explotación —no debemos tratarlos como si sólo tuvieran un valor instrumental. Pero si todavía no estamos preparados para asimilar aquella idea, al menos podemos atender a nuestra intuición moral que nos dice que no está bien infligir daño a los animales sin necesidad. No hay un sentido significativo del concepto de necesidad que justifique utilizar a los animales para comida, para vestimenta o para entretenimiento. No necesitamos utilizar a los animales para nuestra supervivencia.

Si ni siquiera estamos dispuestos a aceptar el enfoque humanitario, y aplicarlo con coherencia en nuestra vida cotidiana, esto significa que nuestra idea de la relación con los demás animales consiste en que podemos hacerles cualquier cosa siempre que nos beneficie de alguna manera. Por tanto, a este nivel no habría ninguna diferencia moral entre nosotros y quienes torturan animales por placer. Ambos causamos daño a los animales sólo por nuestro capricho.

Millones de animales son utilizados y matados cada día en las granjas y los mataderos de todo el mundo, y en otros centros y actividades de explotación animal. Toda esta violencia cometida contra animales —que no se diferencian de Harambe en el hecho de que son seres seres conscientes— es innecesaria, es moralmente injustificable, y es algo que podríamos detener ahora mismo sólo con tomar la decisión de dejar de consumir productos de origen animal y haciéndonos veganos.

20 de mayo de 2017

El puente




A menudo se alega que necesitamos un puente entre el veganismo y la gente, porque el veganismo resulta demasiado "radical" para la mayoría.

Para establecer este puente se apela a diversas entidades: el vegetarianismo, el bienestarismo, la salud personal, la preocupación por el medio ambiente, el reducetarianismo, las campañas monotemáticas.

Pero ocurre que esos enfoques padecen de graves defectos morales y prácticos.

El hecho de que necesitáramos un puente para conectar a la gente con el veganismo no equivale a que cualquier cosa valga de puente. Si no cumple con un criterio moral mínimo, entonces no vale. Y, además, si no conduce necesariamente a poner en práctica el veganismo tampoco vale.

Esto significa que ninguna de las entidades mencionadas anteriormente puede valer, porque ninguna de ellas respeta un criterio moral por sí misma ni conduce a la práctica del veganismo. 


En el blog he tratado sobre los errores implícitos en esos enfoques y para quien desee una explicación más extensa al respecto pondré unos enlaces al final de este artículo, pero antes permítanme que continúe con mi argumentación.

¿Habría alguna opción viable para crear un puente? Sí, la hay. Ese puente es el enfoque humanitario. Este enfoque fue propuesto por el profesor Gary L. Francione.

Hay un principio humanitario que dice no debemos infligir daño, sufrimiento o muerte a los animales cuando no hubiera una necesidad suficiente que lo justificara. Este principio forma parte de la moralidad convencional que prácticamente todo el mundo asume de forma intuitiva.

Ocurre que si aplicamos ese principio de forma coherente nos conduce a la práctica del veganismo, porque todos los usos de animales son dañinos para ellos y porque actualmente casi todos los usos de animales son innecesarios. Es decir, son sustituibles o eliminables sin que esto perjudique a nuestra supervivencia y calidad de vida. 

He dicho casi porque podría haber alguna excepción, por ejemplo, en la investigación médica. Pero incluso en este ámbito se puede alegar que ya existen medios sustitutivos que sólo necesitan de más financiación y desarrollo para ser plenamente operativos. Así que es una supuesta necesidad cuestionable. 

Si bien resulta insuficiente para adecuarse como un principio ético porque la noción de necesidad  puede variar según la circunstancia, a diferencia de los otros enfoques, el enfoque humanitario no contradice la ética. El enfoque humanitario no discrimina entre especies, no discrimina entre usos de animales, y no postula que el daño injustificado se puede "reducir" en lugar de eliminarlo. El enfoque humanitario se basa en tener consideración por los animales, por ellos mismos, por su valor moral. Así que carece de los defectos de los otros enfoques mencionados.

Sin embargo, el enfoque humanitario no llega a ser un principio ético porque aceptaría el uso de animales en determinadas circunstancias extremas de supervivencia. Por tanto, sería más bien un principio proto-moral. El enfoque humanitario nos deja pues en la entrada de la ética; por eso es un puente. Pero sólo llegamos a la ética cuando entendemos que explotar a seres sintientes no se justifica en ninguna circunstancia y nos comportamos de esta manera.

¿Si alguien no aceptara siquiera el enfoque humanitario entonces cómo podría aceptar un requisito moral más estricto? No es posible. Si alguien considera que está bien dañar a los animales sólo por placer o por costumbre, entonces no es posible que asuma que los animales poseen un valor moral inherente que implica que está mal utilizarlos en cualquier modo y para cualquier propósito.

Tengo la impresión que muchos accedimos al veganismo a través de esta intuición moral humanitaria. Más aún, en cuestiones prácticas tenemos a veces que seguir ateniéndonos a este enfoque porque en tanto que vivimos en esta sociedad especista resulta imposible no involucrarnos en una cierta participación en la explotación animal, aunque fuera de una manera accidental o indirecta, sin poner en grave riesgo nuestra propia vida y salud.

Otra ventaja del enfoque humanitario es que resulta intuitivamente comprensible para todo el mundo. No es necesario comprender nuevas ideas como el principio de igualdad o la noción de valor inherente o el concepto de derechos subjetivos. Estas ideas son ajenas a la mayoría de la gente, porque no se enseñan en la educación pública y se mantienen exclusivas al contexto académico superior.

Por supuesto que es lícito difundir el veganismo directamente —explicando que los animales tienen un valor moral inherente que exige que bajo ninguna circunstancia sean tratados bajo un criterio instrumental— pero si el contexto resulta reacio a este enfoque entonces tenemos la opción de apelar a aquel principio humanitario.

El enfoque humanitario no está exento de defectos, porque el concepto positivo de necesidad puede estar sujeto a cierta controversia, pero si aceptamos que la costumbre, la tradición, el placer, la diversión, o la comodidad, no entran dentro de la categoría de necesidad, entonces el enfoque humanitario nos conduce necesariamente a dejar de utilizar animales, en todos los ámbitos.

Entiendo que una vez que nos tomamos en serio este principio humanitario estaríamos ya preparados para asumir y poner en práctica el veganismo. Mi recomendación a los activistas es que apelen a este enfoque para tender un puente entre el veganismo y la gente, y que, por favor, abandonen el apoyo a los otros enfoques, por ser inmorales e ineficaces para conducirnos al veganismo.




Para comprender el problema con el enfoque vegetariano se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2] y [3]

Para comprender el problema con el enfoque bienestarista se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2]

Para comprender el problema con el enfoque basado en la salud personal se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2]

Para comprender el problema con el enfoque medioambiental se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2]

Para comprender el problema con el enfoque reducetariano se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2]

Para comprender el problema con las campañas monotemáticas se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2] y [3]

Para una exposición del enfoque humanitario por parte del profesor Gary Francione se puede consultar el artículo «Veganismo Sin Derechos Animales» y también mi propia exposición al respecto en el artículo «Contradicción».

12 de mayo de 2017

«Cada Vez Más Vigente»




«Cada Vez Más Vigente»
Claudia Adorno Jacquet
16 de abril de 2015

"Cuando en un país civilizado el ridículo falla al intentar matar un movimiento es entonces cuando éste comienza a ganar respeto." - Mahatma Gandhi

Tuve la posibilidad de participar de un debate sobre alimentación vegana y durante el mismo pude aclarar que ser vegano no es una dieta, ni una moda, ni es “cool” ni es “new age”. Es una postura ética que rechaza toda forma de explotación hacia los animales, que se expresa en la acción a través de una alimentación libre de ingredientes de origen animal, no se usan prendas de este tipo, ni productos que hayan sido testeados en animales y no se asiste a espectáculos en donde se los utilice como entretenimiento.

Me llamaron "extremista".

Pregunto, ¿por qué la palabra extremista es vista como algo negativo? Yo estoy extremadamente en contra de cualquier tipo de opresión a los seres sintientes, estoy extremadamente en contra de la opresión a las mujeres y extremadamente en contra del abuso a los niños.

O se está a favor de la opresión o se está en contra. No hay término medio. Y ante hechos de injusticia y de abusos sistemáticos es necesario tomar posturas extremas.

Me llamaron "fanática".

El fanatismo, según la RAE es defender con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias y opiniones. Los que estamos a favor de los derechos de los animales, nos basamos en hechos, no en dogmas o en creencias infundadas. Hacemos una denuncia constante de una realidad que ocurre segundo a segundo sobre seres con capacidad de sentir dolor.

La causa por los derechos de los animales no puede ser equiparada sin caer en la ridiculez y en la ignorancia, a la religión, porque se sustenta en un axioma tan evidente como lo es el sufrimiento y la explotación de los animales no humanos. Ese es un hecho claro y notorio.

Mientras los ataques sean hacia mi persona, con adjetivos descalificativos personales, los recibo con la completa seguridad de que si se recurre a eso es porque no pueden atacar la causa.

Y la causa es más que una sola persona, este movimiento por los derechos de los animales es algo imparable. Es un camino de evolución sin retorno. El ordenamiento jurídico es un sistema dinámico y la tendencia mundial es que el reconocimiento de los derechos morales de los animales llegará tarde o temprano.

Muchas veces fantaseo con la época en la que la lucha por los derechos de las mujeres y de los de raza negra era incipiente, y estoy segura de que sus pioneros también fueron tratados de extremistas y fanáticos. Eso ocurre siempre que se quiere quebrar un sistema establecido. Los avances en el reconocimiento de los derechos de cualquier segmento desprotegido se dieron luego de muchos reveses.

Muchos me cuestionan, qué hago defendiendo algo que no voy poder cambiar. Y siempre respondo, que aunque no lo pueda cambiar, aunque no llegue a ver el cambio, no voy a estar nunca más del lado opresor.

¿Y vos, de qué lado elegís estar?


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Claudia Adorno Jacquet es abogada y presidenta de Veganos del Paraguay


30 de abril de 2017

El verdadero coste del bienestarismo



En el blog animalista El Caballo de Nietzsche se publicó recientemente un artículo titulado «El verdadero (y espantoso) coste de la ganadería industrial» redactado por Ruth Toledano, y en el cual se reseña un libro escrito por Philip Lymbery, vicepresidente de una asociación llamada Compassion In World Farming; una asociación que defiende que "una ganadería diferente y mejor es posible." El artículo de Toledano es nada más que una constante alabanza y promoción de dicho libro, y sin apenas un atisbo de crítica por ninguna parte, hasta que llegamos al final del artículo en el que afirma que:
"Desde una perspectiva antiespecista, estas medidas no son suficientes, pues perpetúan la consideración de los animales como recursos al servicio humano. Pero lo cierto es que evitarían mucho sufrimiento a muchos individuos en el camino de la abolición de la explotación especista. Si, además, el negocio deja de ser rentable para los productores de carne, si los beneficios no son tan elevados a causa de la obligación de implantar ciertas medidas, muchos productores abandonarán y muchos serán los millones de animales que, en mayor o menor medida, se verán beneficiados. Por eso los ganaderos son los principales enemigos del bienestarismo. Merece la pena pensar en ello."
¿No resulta sorprendente que alguien que diga adoptar "una perspectiva antiespecista" que rechaza "la consideración de los animales como recursos al servicio humano" alabe y promueve un libro que defiende explícitamente el especismo y la explotación de los animales?

Hasta cierto punto, pareciera que la autora atisba que habría cierta incoherencia en este punto. Para intentar justificar su postura alega tres argumentos: [1] el bienestarismo reduce el sufrimiento, [2] el bienestarismo destruye la industria de explotación animal, [3] el bienestarismo favorece que la gente deje de consumir animales.

Como veremos a continuación, no contamos con ninguna prueba objetiva que sostenga esos argumentos, mientras que al mismo tiempo aparecen evidencias que los rebaten.

En primer lugar; Toledano no aporta evidencia que pueda explicar de qué manera esta reforma bienestarista "evitaría mucho sufrimiento a muchos individuos". Aunque el mundo decidiera seguir las directrices expuestas en el libro de Lymbery —y se retornara a un modelo ganadero extensivo— esto no equivale a que disminuya el número de animales explotados para alimentos y sólo supondría, en el mejor de los casos, un cierto descenso en el número de mamíferos y aves esclavizados en granjas. Pero esto no se aplicaría para otros animales como los peces e insectos, que también son utilizados y matados para comida.

Sin embargo, es importante señalar que aunque cambiando el modelo ganadero se redujera el número de animales expxlotados, la idea de "reducir el sufrimiento" no es un criterio moral ni sirve para justificar la violación de los derechos de los individuos. Los animales poseen un valor inherente que no se debe vulnerar por razones instrumentales. Promover que los animales sean utilizados de cierta manera porque supuestamente así "sufren menos" sería análogo a promover que las mujeres fueran violadas de cierta manera porque de esta manera concreta "sufrirían menos" que siendo violadas en otra forma. Desde una perspectiva moral, no hay ninguna razón que justifique utilizar a otros individuos sin su consentimiento y vulnerando sus intereses básicos. Tampoco la hay obviamente para apoyar medidas que consistan en utilizarlos y vulnerar sus intereses.

Si alguien promoviera una campaña a favor de que se violara a las mujeres usando cloforormo con la excusa de que esta medida "reduce el sufrimiento" entenderíamos que se trata de una campaña inmoral que viola los derechos de las mujeres. Sin embargo, cuando el mismo tipo de iniciativa se pretende aplicar sobre los animales no humanos entonces los animalistas lo consideran aceptable alegando que esto supuestamente "reduce el sufrimiento". Se trata de un evidente caso de especismo: no se aplica la misma consideración moral a los otros animales por el solo hecho de que no sean humanos. Estoy seguro de que Toledano nunca apoyaría aquella iniciativa sobre las mujeres, pero sí lo hace cuando se trata de otros animales, a pesar de que se califica de "antiespecista". Diría que algo no cuadra aquí.

Es decir, la autora afirmar adoptar una "perspectiva antiespecista" al mismo tiempo que asume un criterio claramente especista. Trata a los animales no humanos bajo un criterio moral que nunca aceptaría aplicar a los seres humanos. ¿Acaso Toledano apoyaría una iniciativa para violar a las mujeres de forma "humanitaria"? Las mujeres son discriminadas y agredidas diariamente por el patriarcado; al igual que los no-humanos son discriminados y agredidos por el antropocentrismo. La única diferencia es la especie.

En segundo lugar, ¿qué veracidad contiene la afirmación de que las medidas bienestaristas perjudican a la industria de explotación animal y que "los ganaderos son enemigos del bienestarismo" tal y como afirma Ruth Toledano?

Si consultamos en qué consiste realmente comprobaremos que el "bienestar animal" es una creación de la propia industria que explota animales con el fin de favorecer la existencia y desarrollo de su actividad. Así es como lo explican todos los expertos profesionales en el tema:
«El bienestar animal se entiende como el factor más importante para que los animales alcancen el mejor estado de salud posible y es esencial para que manifiesten en forma racional un máximo beneficio económico. Los momentos críticos a tener en cuenta son el manejo del animal a campo, su transporte del campo al frigorífico y su manejo en el momento de la faena. Algunos de estos momentos dependen del productor y otros de terceros. Un buen manejo en todos estos puntos se traduce en un beneficio económico. En cambio un mal manejo en cualquiera de estos eslabones de la cadena provoca un impacto económico negativo en los cortes carniceros ya sea por su menor valor o por su descarte.»
Por ejemplo, según la veterinaria Blanca Heras Mateo, "la normativa de bienestar animal aporta importantes beneficios a los ganaderos":
«La puesta en marcha de medidas de bienestar animal en las explotaciones conlleva numerosas ventajas, no solo para el animal, sino también para el ganadero. No se pueden ver a corto plazo pero está demostrado mediante estudios científicos que mejoran la productividad y la calidad de los productos. Además, en los animales mejora su resistencia a las enfermedades», asegura la experta. Todo ello se debe a que tienen más espacio y libertad de movimientos, mejor ventilación... Además, los animales se juntan en grupos o manadas como si estuvieran en su hábitat natural, con zonas de alimentación, de descanso, con objetos de juego o entretenimiento...»
Esto es, las medidas de "bienestar animal" sirven para mejorar la calidad y eficiencia económica de la industria de explotación animal; así como para aliviar la conciencia moral de sus consumidores, evitando así que se inclinen por dejar de consumir animales. Esto significa que apoyando el "bienestar animal" favorecemos que los animales sigan siendo considerados recursos económicos y que sigan siendo explotados.

Todas las fuentes oficiales que he consultado al respecto exponen exactamente lo contrario de lo que se afirma en el artículo de Ruth Toledano. Esto es, el "bienestar animal" favorece la continuación de la explotación de los animales. Todas las asociaciones profesionales que apoyan la explotación animal así lo argumentan, sin excepción. ¿Podría alguien quizás explicarme de dónde se sacó Toledano que el "bienestar animal" perjudica a la ganadería?

Ni siquiera Lymbery defiende en su libro que él pretenda acabar con la industria que utiliza a los animales de comida. Lymbery defiende explícitamente que usemos a los animales para servirnos de comida y lo único que critica es la industrialización actual de la ganadería.

En el artículo de Ruth Toledano se argumenta que las medidas de "bienestar animal" perjudican a la industria de explotación animal y que la conducen a su extinción. Pero los hechos nos muestran justamente lo contrario. Gracias a estas medidas, la explotación animal industrializada mejora la calidad de sus productos y la eficiencia económica de su producción, por ejemplo, evitando los accidentes labores y las pérdidas económicas que se derivan de un manejo deficiente de los animales esclavizados. A poco que investiguemos nos daremos cuenta de que la realidad es todo lo opuesto a lo que afirma Toledano.

No tenemos pruebas objetivas que demuestren que esas medidas reduzcan significativamente el sufrimiento de los animales explotados. En cambio, sí parece que al promover el bienestarismo lo que favorecemos en realidad es que aumente el sufrimiento porque apoyamos que la explotación de los animales continúe, y se refuerce, en lugar de detenerse.

Una de dos: o la autora ha cometido la negligencia de no haberse informado sobre en qué consiste realmente el "bienestar animal", acudiendo a las fuentes pertinentes, o nos está pretendiendo engañar. En principio, no veo más opciones.

Después de "reducir el sufrimiento" y de "perjudicar a la industria", el último argumento señala que las reforma bienestaristas fomentan la conciencia moral y motivan a que la gente abandone progresivamente el consumo de animales. No obstante, los estudios realizados al respecto no indican nada parecido.

Según ciertas encuestas, la mayoría de la gente que deja de comer animales regresa al consumo de animales al poco tiempo. ¿Por qué sucede esto? Parece ser que los primeros motivos para abandonar el consumo de animales suelen ser la preocupación por la salud y también por las condiciones en que son explotados los animales. El problema es que la gente se acaba dando cuenta de que uno puede estar sano sin abandonar el consumo de productos de origen animal —como así lo explica la nutricionista Ginny Messina— y por otro lado creen que nuestra obligación moral sólo nos requiere reformar las condiciones en que los animales son explotados para "mejorar su bienestar", que es precisamente lo que defiende el libro que alaba Ruth Toledano. Si creemos que el problema moral no es el uso de animales en sí mismo sino que sólo lo es las condiciones en que los animales son utilizados entonces lo que habría que hacer es reformar estas condiciones pero no dejar de utilizar a los animales.

A los consumidores les preocupa el sufrimiento de los animales que consumen. Para evitar que esa preocupación derive en un cuestionamiento y rechazo al consumo de animales, las organizaciones bienestaristas asesoran a la industria de explotación animal para lograr una reforma que permita publicitar que los animales ya no sufren —o que sufren menos— y así lograr que la explotación de los animales continúe indefinidamente. A esas organizaciones las llaman "defensores de los animales."

El bienestarismo no sirve desde el punto de vista práctico para conseguir que la gente erradique su consume de animales; ni tampoco lo pretende. Aparte de de que en muchos casos, la gente que abandona el consumo de carne sigue consumiendo peces —que la mayoría no considera "carne"— así como lácteos, huevos y miel. Dejar de consumir carne pero seguir consumiendo peces, así como lácteos, huevos o miel en su lugar, no hace ninguna diferencia para los animales. El enfoque vegetariano es un error. Todos los usos de animales son dañinos, innecesarios y moralmente injustificables. No hay ninguna razón para privilegiar de alguna manera el consumo de carne.

En conclusión, no veo que ninguno de los argumentos esgrimidos para defender el bienestarismo se puedan considerar válidos: [1] el bienestarismo no reduce el sufrimiento que provoca la explotación animal, [2] el bienestarismo no perjudica a la industria de explotación animal y [3] el bienestarismo no consigue que la gente abandone el hábito de consumir animales.

Ruth Toledano termina su artículo de esta forma:
«En cualquier caso, La carne que comemos es un libro que resulta de gran interés a quienes hemos llegado a un veganismo ético, por cuanto aporta muy valiosos datos. Pero, sobre todo, es un libro para todas aquellas personas que siguen consumiento carne, embutidos, huevos o productos lácteos sin tener toda la información necesaria para saber qué están comiendo, de dónde procede, qué rastro ha dejado en su proceso y qué efectos tiene en su salud. Lymbery les ofrece toda esa información. Y, con ella, la posibilidad también de ser más compasivos.»
Bien, yo no creo que la autora haya llegado al "veganismo ético" dado que lo que defiende se opone radicalmente a la ética del veganismo. El veganismo es un principio ético que rechaza la explotación de los animales. No comprendo qué se supone que Ruth Toledano entiende por "veganismo ético", pero si por veganismo entendemos el rechazo moral a la explotación animal entonces resulta que Toledano defiende en su texto que los animales sean explotados de forma "humanitaria". Defiende todo lo opuesto a la posición vegana acerca de los animales. ¿Cómo se explica esto? Una explicación sería que Toledano adopta una posición que en filosofía moral se conoce como consecuencialismo. Esto es, el rechazo al uso de animales no lo considera un principio sino un objetivo. Para llegar a ese objetivo se considera que cualquier medio pudiera ser válido, siempre que sea empleado con vistas a conseguir dicho objetivo. El consecuencialista cree que "el fin justifica los medios".

Aun si nos atenemos sólo a los efectos prácticos, la posición bienestarista no está ayudando a que los intereses de los animales sean respetados y está perjudicando gravemente a la difusión del veganismo. Como acabamos de ver, la reforma del "bienestar animal" es una ayuda para la continuación de la explotación animal y nada nos indica que de alguna manera pudiera servir para terminar con el uso de animales.

El veganismo defiende que dejemos de pensar en los animales como objetos y recursos para nuestro beneficio
. En cambio, el bienestarismo mantiene la visión de los animales como cosas que "sufren y disfrutan" —que lo único que importa es el dolor y el placer— y que ellos no tienen derechos inalienables que debemos respetar en cualquier caso; comenzando por el derecho fundamental a no ser propiedad. Uno no puede asumir ni defender las dos posturas al mismo tiempo.

Los defensores de la explotación animal pueden cuestionar si los animales son "maltratados" o "torturados"; pero lo que no pueden cuestionar es que los animales son utilizados. Aparte del hecho de que no sean humanos, tampoco se podría cuestionar que los animales son esclavizados, es decir, tratados como propiedad. Y ésta es precisamente la cuestión principal de fondo. Los grupos bienestaristas siguen promoviendo la idea de que el problema no es el uso de animales sino que sólo está en la forma y las condiciones en que los utilizamos. Yo deduzco que a Toledano sólo le importa el sufrimiento pero no asume como principio moral que los animales son individuos con derechos inherentes. Por mucho que se autodenomine "antiespecista", su posición es especista.

El efecto del bienestarismo provoca es el de conseguir que la gente se muestre más reacia a escuchar el mensaje del veganismo. El bienestarismo promueve que no debemos dejar de explotar animales sino que sólo hay que reducir su sufrimiento o reformar las condiciones de explotación. !Los propios "defensores de los animales" avalan esta postura! El artículo de Toledano alimenta la idea de que está bien explotar animales siempre que "reduzcamos su sufrimiento".

En conclusión, el panfleto de Ruth Toledano no es más que otro enésimo caso en el que los animalistas promueven que los animales sean explotados y que lo sean además en una manera en que la gente se sienta con la conciencia tranquila al consumirlos porque de esa manera supuestamente se "reduce el sufrimiento".

Toledano dice adscribirse al "veganismo ético" mientras que al mismo tiempo lo que promueve en realidad es el bienestarismo y la explotación de los animales. Pienso que debería replantearse profundamente cuáles son sus verdades convicciones, porque todo lo que ha argumentado en su texto contradice de manera flagrante el ideal ético del veganismo. A pesar de que dice que está en contra de la consideración de los animales como recursos, ella está utilizando a los animales como recursos para "reducir el sufrimiento", en lugar de defender que ellos tienen un derecho fundamental a no ser utilizados en ninguna forma o modo, incluso aunque al hacerlo se consiguiera supuestamente "reducir el sufrimiento".

El veganismo señala que el problema moral es el uso de animales en sí mismo, pero muchos animalistas siguen difundiendo que el problema estaría sólo en la manera concreta en que los utilizamos —en si les causamos mucho sufrimiento al usarlos para nuestros propósitos.

Podríamos conseguir que la gente deje de explotar animales difundiendo el veganismo. Sin embargo, promoviendo el bienestarismo perpetuamos la cosificación sobre los animales. La gente que deje de consumir animales por motivos bienestaristas volverá a consumirlos cuando crea que las condiciones de explotación hayan mejorado, que es exactamente lo que está sucediendo, tal y como indican las encuestas. La industria de explotación animal —en colaboración con los grupos bienestaristas— está emprendiendo una reforma a nivel global para "mejorar el bienestar de los animales" y así conseguir que la gente deje de preocuparse por "la crueldad" que padecen estos animales y pueda consumir productos de la explotación animal con la conciencia tranquila. Ruth Toledano ha aportado su grano de arena a ese objetivo; y no al de conseguir que los animales dejen de ser explotados.

Me parece irónico que algunos activistas aleguen en los debates que la gente es reacia a escuchar el mensaje del veganismo y que al mismo tiempo esos mismos activistas promueven un enfoque que sirve precisamente para poder ignorar ese mensaje apelando al bienestarismo.

Pienso que la gente en general adoptaría otra actitud diferente respecto del veganismo si todos los activistas diéramos un mensaje claro y explícito en favor del veganismo como principio moral y en contra de la explotación animal —en contra del bienestarismo. Comenzando por aquellos que dicen ser veganos pero que luego en su activismo apoyan más bien lo contrario de lo que el veganismo defiende.


16 de abril de 2017

Nuestras excusas para explotar animales


En un artículo de la revista Investigación & Ciencia titulado «La paradoja de comer carne», escrito por Marta Zaraska, se expone la paradoja de que la gran mayoría de la gente está de acuerdo en que no debemos hacer daño a los animales sin necesidad, o sin una razón suficiente que lo justifique, pero al mismo tiempo participan en actividades que implican dañar intencionadamente a los animales y que no se pueden excusar apelando a la necesidad ni tampoco se pueden justificar desde un criterio moral.

Para intentar explicar esta paradoja, Zaraska recurre al análisis psicológico, en concreto señala el fenómeno conocido como disonancia cognitiva:
«Las personas que comen animales pero que también los aman y no quieren hacerles daño experimentan disonancia cognitiva, un estado de tensión que se origina al mantener o actuar conforme a creencias mutuamente incompatibles. 
Aunque la solución más fácil para vencer la disonancia cognitiva sería cambiar de comportamiento, el vegetarianismo constituye una opción minoritaria. La mayoría de los amantes de los animales encuentran otros caminos para superar el dilema. 
Estrategias psicológicas como la evitación, la disociación y el cambio de conducta percibido permiten que muchas personas dejen atrás su angustia y coman carne.»
Un lector, llamado Dough Griffith, expuso un comentario de respuesta en la misma revista que decía así:
«La lectura del artículo «La paradoja de comer carne» [por Marta Zaraska, Mente y Cerebro n.o 81, 2016] me ha parecido bastante interesante, sobre todo la información relacionada con las técnicas que empleamos los carnívoros para reducir nuestro dilema cognitivo respecto a los animales que cuidamos en casa. Creo, sin embargo, que la autora ha omitido una estrategia que yo empleo. En concreto, se trata de plantearse que esos animales no estarían vivos si no fuera por los consumidores de productos cárnicos. Su vida y su carne se perderían si no nos los comiéramos. Por otra parte, está claro que la crianza y matanza de estos animales deben estar estrictamente reguladas, no solo para que su corta vida sea más confortable, sino también para proteger la salud de los humanos.»
Me pareció que podría ser esclarecedor exponer algunas observaciones al respecto de este comentario.

En primer lugar, Griffith dice que "esos animales no estarían vivos si no fuera por los consumidores de productos cárnicos. Su vida y su carne se perderían si no nos los comiéramos." Pero esto es exactamente lo mismo que argumentar que estaría bien criar a seres humanos para usarlos de comida porque si no los hubiéramos criado para esto entonces ellos no habrían existido en primer lugar. ¿Esto es un argumento razonable?

Si un determinado argumento no puede justificar el canibalismo entonces tampoco puede justificar el consumo de animales. La diferencia de especie no establece una diferencia más relevante moralmente que la diferencia de raza o de sexo. Decir que no vamos a aplicar el mismo criterio moral a otros individuos porque no pertenecen a la especie humana es análogo a decir que no vamos a aplicar el mismo criterio moral a otros individuos porque no pertenecen a la raza blanca o porque no pertenen al sexo masculino.

Los otros animales son seres conscientes con voluntad e intereses propios. Aunque no sean humanos, ellos tienen el mismo interés básico que tenemos nosotros en continuar existiendo y evitar el daño. ¿Por qué individualidad y sus intereses deberían ser discriminados por el simple hecho de ser de otra especie? No encontramos ningún argumento razonable que pueda justificar una discriminación moral.

En segundo lugar, Griffith afirma que "está claro que la crianza y matanza de estos animales deben estar estrictamente reguladas, no solo para que su corta vida sea más confortable, sino también para proteger la salud de los humanos." Pero este argumento ya parte de dar por supuesto que el uso de animales es moralmente aceptable en sí mismo. ¿Aceptaríamos que alguien propusiera regular el canibalismo para mejorar las condiciones en que son utilizados los humanos destinados al consumo alimenticio? Ya señalamos anteriormente que el uso de animales para comida no se puede intentar justificar sin al mismo tiempo hacer lo mismo con el canibalismo. Una supuesta mejora las condiciones en que hacemos algo malo no consigue que este mal se convierta en un bien.

En verdad, no necesitamos consumir animales para estar sanos, así que la necesidad no puede servir de excusa. No necesitamos consumir sustancias que procedan de otros animales para tener buena salud y calidad de vida. Esto significa que cualquier daño y sufrimiento que les causemos por este motivo resulta innecesario. Si estamos en contra de infligir daño innecesario a los animales entonces, por coherencia, deberíamos dejar de consumirlos.

Ocurre que desde la infancia nos inculcan la creencia de que los demás animales son "seres inferiores" que existen para servirnos de recursos. Cuando se nos cuestiona esta creencia entonces buscamos excusas para intentar convencernos de que nuestra actitud especista es necesaria y moralmente aceptable, aunque sin importarnos demasiado si esas excusas se ajustan la lógica y los hechos. Todos los argumentos esgrimidos hasta ahora para intentar justificar el uso de animales están basados en errores de lógica o en datos erróneos.

Como acertadamente señala Zaraska en su artículo, en lugar de razonar la mayoría de la gente prefiere racionalizar cuando se trata sobre la moralidad en el uso de animales.

Si defendemos el uso de animales no lo hacemos porque hayamos llegado a esta conclusión racionalmente, sino que primero fuimos educados para habituarnos a cosificar y consumir a los animales y sólo después intentamos justificar este hábito adquirido cuando alguien lo cuestiona.

31 de marzo de 2017

No, regular la esclavitud no es lo correcto

Éste es el tipo de explotación sobre los conejos que Anima Naturalis y el resto de grupos bienestaristas están apoyando como alternativa "humanitaria".

Este ensayo es mi respuesta a un artículo de Andrea Padilla —que es miembro del grupo Anima Naturalis— titulado "¿Hacer lo correcto por los conejos" en el que defiende la regulación de la explotación de conejos para servir de comida.

En este artículo la autora plantea la siguiente cuestión, que no es precisamente nueva:
«¿Regular la explotación de animales usados para consumo, mediante políticas de bienestar, es un camino aceptable para proteger los intereses de los animales o va en detrimento del fin último que es su liberación?»
Padilla defiende la regulación de esta explotación y nos explica los motivos de su postura alegando que:
«Cuando observo las miserables vidas de los conejos explotados por su carne, su pelo y su piel, y pienso, a la vez, en la condición humana mayoritariamente egoísta, banal y caprichosa, lejana aún de una conciencia que la lleve a poner fin a prácticas como estas, la respuesta a aquel dilema me resulta casi obvia. Prefiero avanzar en bienestar, aquí y ahora, en beneficio de los conejos –únicos que padecen en carne propia la maldita explotación– y no estancarme en un propósito que, de momento, resulta más teórico que posible.»
En primer lugar: ¿qué prueba presenta de que estas medidas "avanzan en su bienestar"? Se puede resumir en una palabra: ninguna. Cuando digo ninguna quiero decir ninguna. Nada. Ni en este artículo ni en ningún otro que defienda la regulación del "bienestar animal". Esto es una petición de principio que los bienestaristas no tienen interés siquiera en intentar demostrar. De hecho, tengo la impresión de que ni se han molestado en averiguar si lo que dicen se ajusta a los hechos. La tesis de que esta medida beneficia a los animales aún está por demostrar. Pero ellos lo afirman como si fuera un hecho, pero no lo es.

¿Es cierto que el propósito de liberarlos "es más teórico que posible"? Tal vez no es posible liberar a los animales ahora mismo porque los animalistas llevan dos siglos asumiendo el bienestarismo y empleando sus recursos en reformar la explotación animal y en campañas monotemáticas que marginan el veganismo. Es evidente que si nunca actuamos para conseguir la liberación de los animales entonces nunca llegará el momento de liberar a los animales de la opresión. Es un círculo vicioso. Alegar que los animales no pueden ser liberados ahora no justifica que no trabajemos ahora por liberarlos. El enfoque bienestarista no sirve para que termine la explotación de los animales.

¿Y si usamos el argumento de Padilla en el contexto humano? Por ejemplo, aceptemos que la violencia machista no va a terminar a corto plazo y que el objetivo de abolirla es "más teórico que posible". ¿Justifica esto que promovamos medidas para regular la violencia contra las mujeres con la excusa de "hacer su vida menos miserable"? ¿Es aceptable promover leyes que promueven las agresiones contra las mujeres? Aparte de lo cuestionable que supone creer que esto podría aliviar la miseria de las víctimas, en lugar de más bien fomentarla, estamos faltando al respeto más elemental que merecen las personas y estamos apoyando la violencia contra ellas. Podríamos plantear el mismo caso si se tratara de niños. Entonces, ¿por qué juzgar la situación de forma diferente sólo porque los agredidos no sean humanos? 


Por otro lado, podemos notar que en el propio artículo de Padilla no se explica en ningún momento que los humanos no necesitamos consumir animales y que tratarlos como recursos es injusto. No explica nada al respecto. Si no explicamos a la gente que consumir animales es injusto e innecesario entonces nunca dejarán de consumirlos. Lo más importante del asunto no lo menciona siquiera. Al parecer se le olvidó explicar el punto principal de la cuestión porque tenía toda su atención centrada en buscar excusas para defender el bienestarismo. Entiendo que resulta contradictorio argumentar que está mal utilizar a los animales si al mismo tiempo está apoyando una medida que consiste en utilizar a los animales.

Ante la falta de datos, evidencias, o argumentos razonados, Padilla prefiere acudir a la retórica rayana en la demagogia:
«¿Con qué cara le diría a uno de los miles de millones de animales que sufren ahora mismo que no apoyé una moción para que su explotación se diera en condiciones menos dramáticas porque mi propósito es la plena liberación de todos los animales? ¿No sería esto de, algún modo, decirle que él como individuo no cuenta pero sí, en cambio, los de las generaciones futuras de su especie? ¿O restarle importancia a la realidad pura y dura de su sufrimiento por una aspiración que, aunque justa, parece imposible de materializarse en el inmediato futuro?»
Podemos darle la vuelta a esta retórica planteando la cuestión de otro modo:

¿Con qué cara le diríamos a los animales que siguen explotados en el futuro que no centramos todos nuestros esfuerzos en promover el veganismo y conseguir que el uso de animales desaparezca como actividad institucionalizada? ¿No es esto decirle que nos los respetamos como individuos y que estamos usando su desgracia para conseguir socios y donaciones económicas? ¿No es esta actitud bienestarista la que ha favorecido que la explotación animal continúe de manera indefinida en lugar de desaparecer progresivamente mediante la difusión del veganismo?

Ya puestos a fantasear en la línea de Padilla podríamos imaginar que un animal esclavizado pudiera hablar y nos dijera: "Me da igual todo lo demás; sólo quiero que haga lo posible por reducir un poco mi sufrimiento aunque eso conlleve ignorar el deber de abolir la esclavitud." Bueno, esto no es lo relevante. Lo que él dijera no determina un criterio moral sólo porque lo diga. Además, otro individuo animal podría opinar otra cosa completamente distinta. ¿A cuál hacer caso a la hora de determinar nuestros patrones morales y guías de conducta? En todo caso, debo aclarar que ninguno de nosotros somos la voz de los animales. Ellos no nos han nombrado sus portavoces ni nos han comunicados sus opiniones. Así que sólo expresamos nuestras ideas y no somos depositarios de la voluntad de los animales, por mucho que Padilla fantasee con que sí lo es.

Padilla parece ignorar, u ocultar, que a los animales que están siendo explotados ahora en el presente no les afectan estas medidas. Aparte de asumir sin pruebas que esto mejora el bienestar de los animales, también habla sobre estas medidas cómo si fueran de implementación inmediata. Más aún, defiende que aplicarlas de alguna manera nos conduciría a la desaparición de esta explotación: 
«Ver desaparecidas las prácticas violentas que se ejercen sobre los animales es, por supuesto, el justo derrotero de la lucha por su defensa y protección. Pero en nombre de este fin, no deberíamos negarles la posibilidad de llevar vidas menos miserables. Su interés en no sufrir por causas evitables es un asunto tan serio, incluyéndonos, que debería alinearnos en la búsqueda de medidas que nos acercaran, lo más pronto posible, a su realización.»
Padilla afirma que las medidas bienestaristas hacen que las vidas de los animales explotados sean "menos miserables" y que además estas medidas favorecen de algún misterioso modo que se termine su explotación. Bien, yo considero que esas proposiciones carecen de conexión con la realidad.

¿La regulación de la explotación de vacas, cerdos, pollos, peces y otros animales ha conducido de alguna manera a hacer desaparecer dicha explotación? Es evidente que no. ¿Cómo deducen los bienestaristas que regular la explotación de conejos hará desaparecer su explotación? No hay pruebas de que regular la explotación animal conduzca o favorezca a su desaparición. Si no sale rentable explotar conejos entonces se explotará a otros animales cuya producción sí sea rentable. Esta regulación no evita la explotación de un solo individuo. Si el consumo de cadáveres de conejos se encareciera circunstancialmente entonces la gente buscará consumir a otros animales, como los pollos o los atunes, cuya explotación es más económica. Es decir, incluso si al final hubiera menos conejos explotados esto no conduce ni equivale a que haya menos animales explotados.

La perspectiva bienestarista tiende a aliarse con el especismo, y lo que sucede cuando te centras en determinada especie es que el resto de animales que no son de esa especie resultan ignorados. Sólo bajo este sesgo especista puede alguien creer erróneamente que una posible reducción del número de conejos explotados se traduciría en una reducción global del número de animales explotados.

¿Qué es lo que dice el texto del informe en el cual se basa la propuesta apoyada por los grupos bienestaristas? Bueno, aquí tenemos un párrafo muy explicativo:
«En el presente informe y en el documento de trabajo que le ha precedido el ponente formula varias recomendaciones que cabe resumir como sigue: en la cunicultura es indispensable abandonar gradualmente la utilización de las jaulas en batería y de alambre en entorno árido y  pasar a métodos alternativos como los sistemas de cría en parque que prevén un espacio suficiente por conejo y la cría de los conejos en grupos. Los ganaderos que realicen esta conversión deberían recibir apoyo con cargo a los programas de desarrollo rural de la PAC. Los sistemas para la cría de conejos deberían contar con plataformas o superficies elevadas similares y una cantidad suficiente de materiales de enriquecimiento. Además, los tiempos de transporte deberían ser lo más limitados posible, debido a la sensibilidad de la especie, y se debería alimentar a los conejos antes del transporte y proporcionarles acceso a agua y comida en la medida adecuada durante el transporte. Las cajas y jaulas para el transporte deberían  permitir a los animales adoptar posturas normales. Por último, se debería aturdir por completo a los conejos antes de proceder al sacrificio, garantizándose que no experimenten sufrimiento, dolor o estrés. El sacrificio debería realizarse sin que exista riesgo alguno de que el animal aturdido recobre la consciencia.»
Éste es el sistema de jaulas de baterías que condena la propuesta:


Y éste es el nuevo sistema mejorado de la propuesta apoyada por Anima Naturalis, según informa la organización bienestarista Compassion In World Farming:


En previsión de la nueva legislación, algunos productores ya están adaptando las herramientas de explotación de conejos con el sistema de "colonias":



¿Se puede decir que estos animales "llevan vidas menos miserables"? Siguen estando confinados en un espacio limitado. Siguen encerrados. No los sacan de ninguna jaula sino que los meten en otra distinta. Siguen siendo atemorizados, coaccionados y agredidos. Y siguen acabando en el matadero para ser degollados. ¿Qué miseria se supone que les han ahorrado los bienestaristas con esta medida? Incluso aceptando que la vida de un animal esclavizado se pudiera hacer un poco menos mala esto no equivale a que esa vida pueda ser calificada de buena.

¿A nadie le parece curioso que Anima Naturalis no muestre la consecuencia de las regulaciones que promueven? ¿No será que el efecto real que tienen las propuestas bienestaristas no es aliviar sino perpetuar la miseria que padecen estos animales? Los bienestaristas nunca aportan ni un solo dato empírico que explique cómo se supone que están favoreciendo el bienestar de los animales esclavizados, y parece que no son muy entusiastas de mostrar el tipo de explotación que están apoyando. No vaya a ser que alguien se dé cuenta de que sólo cambian una miseria por otra.

Padilla pretende argumentar que oponerse a las medidas bienestaristas significa alinearse con el inmovilismo:
«En ocasiones, incluso, deberíamos valorar si oponernos a medidas de mejora no nos sitúa más cerca de quienes prefieren que las cosas permanezcan tal como están. Al respecto, los criadores de conejos han afirmado que implementar las medidas del informe podría conducirlos al cierre de entre el 70 y el 90% de las explotaciones, al menos en España. Obviamente, buena parte de su negocio radica en mantenerlos en jaulas, sometidos a dinámicas de reproducción y crecimiento acelerados. Es decir que la regulación de esta explotación, mediante estándares de bienestar, haría el negocio insostenible.»
No está mostrando hechos sino mera predicciones. Ahora bien, aceptemos que las peores predicciones para los explotadores de conejos se hicieran realidad. Según informa el servicio de prensa del parlamento europeo casi toda la carne de conejo consumida en Europa proviene de China, que es ajena a las regulaciones aprobadas:
"Although 340 million rabbits are slaughtered for meat in the EU every year, this represents less than 1% of the EU’s final livestock production. [...] The EU is the world’s leading rabbit producer, ahead of China, which is its leading rabbit meat exporter. Around 99% of the EU’s rabbit meat imports originate in China."
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"Aunque 340 millones de conejos son matados para carne cada año en la Unión Europea [UE], esto representa menos del 1% de la producción ganadera de la UE. [...] La UE es el principal productor mundial de conejos, despues de China, que es el principal exportador de su carne. Cerca del 99% de la carne de conejo proviene de China"
Esto significa que aunque parte de los productores europeos tuvieran que cerrar, el precio no tiene por qué encarecerse, ni la demanda tiene por qué disminuir, ya que China sigue exportando conejos masivamente. Si los productores europeos no pudieran afrontar el coste de la nueva normativa, entonces lo más probable es que esta demanda será absorbida por los productores chinos. Con lo cual ni un solo conejo ha sido salvado de la esclavitud. Asimismo también pueden elegir consumir otro tipo de animal. Con lo cual los bienestaristas no han ayudado a salvar a ningún animal. Esto es, la propuesta apoyada por Padilla es en verdad la que favorece que "las cosas permanezcan tal como están".

Yo no soy partidario de la denominada "acción directa". Por diversas razones, considero que esta estrategia conlleva importantes defectos morales y prácticos. Soy partidario de la educación vegana como el medio ético y efectivo de abolir la utilización de animales. Sin embargo, aparte de esta cuestión, considero que sólo aquellos que sacan a los animales de sus centros de explotación, y que los adoptan, pueden decir con verdad que han hecho que las vidas de estos individuos sean menos miserables y que ahora gozan de cierto bienestar real. Pero los bienestaristas no pueden decir esto sin faltar a la verdad.

Si aceptamos que los animales tienen un derecho fundamental a no ser propiedad entonces no podemos apoyar ninguna iniciativa que los trate como propiedades, y esto incluye las regulaciones de su esclavitud. No obstante, incluso si obviamos ese derecho básico, los argumentos que se pretenden presentar para justificar el apoyo a esas regulaciones no están avalados por la lógica ni por las evidencias empíricas.

Ninguno de los puntos que argumentan los bienestaristas se sostiene. La regulación de la explotación animal no mejora significativamente el bienestar de los animales, no reduce el número de animales explotados y su sufrimiento, y, lo más importante, no favorece ni conduce a liberar a los animales de nuestra opresión sobre ellos.

Resulta poco menos que curioso que cuando se trata de actividades como la tauromaquia estos grupos adopten una postura que ellos llaman "abolicionista" pero que en otras actividades equivalente adopten una posición regulacionista que ellos mismos no aceptan cuando se trata de otros usos de animales que sí rechazan de plano.

Padilla finaliza su artículo concluyendo que:
«La posición inicial de los eurodiputados frente al informe era de abstención o rechazo. Sin embargo, la presión de sus votantes los llevó a apoyarlo. Esto también debe decirnos algo.»
Sí. Esto nos dice que las medidas bienestaristas no amenazan la existencia de la explotación animal y que los consumidores de esta explotación han comprendido que mediante el bienestarismo pueden alegar que se preocupan por el bienestar de los animales y al mismo tiempo continuar consumiendo animales con la conciencia tranquila porque, según Andrea Padilla, han hecho "lo correcto".

Pienso que si pueden creer sinceramente que actuar de esa forma es "hacer lo correcto" esto evidencia hasta qué extremo los bienestaristas —que tienen condicionada su forma de pensar por el utilitarismo— tienen trastocadas las nociones del bien y del mal. No pretendo cuestionar que ellos crean que lo que están haciendo es correcto, pero sí digo que lo que ellos denominan "correcto" no lo es.

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