1 de octubre de 2019

Animalismo y veganismo



Hace un tiempo, leí en un medio informativo las declaraciones de un torero declarándose animalista: «El diestro, que se declara "animalista" porque le "encantan los animales"». Y hace poco me encuentro a un ganadero declarándose también animalista alegando que "si va del bienestar animal, entonces soy animalista".

Conociendo el ámbito animalista como lo conozco, estas declaraciones no me sorprenden. No me sorprenden de la misma manera que no me sorprende escuchar a alguien que come animales autodenominándose animalista.

Si es legítimo que personas que comen animales por costumbre se autodenominen animalistas entonces también sería legítimo que quien mata animales por diversión se autodenomine animalista. La cuestión que pretendo exponer está en si es razonable aceptar que el animalismo considere legítima la explotación de los animales —el uso de animales como medios para fines humanos. A día de hoy, el animalismo no cuestiona que los animales sean utilizados para satisfacer los fines humanos sino que en todo caso sólo cuestiona las formas en que los utilizamos.

Vivimos en un contexto social en el que podemos consumir productos de origen animal con un sello de aprobación animalista que avala el "bienestar" de los animales explotados. Existe la explotación animal animalista avalada oficialmente. Por tanto, el animalismo no sólo no se opone al trato instrumental de los animales sino que lo apoya activamente.

Es cierto que el término "animalismo" no tiene un significado concreto y definido. Es sólo una palabra que ha surgido espontáneamente para denominar la idea de que debemos tener algún tipo de consideración moral por los animales o de que debemos ampliar también nuestra consideración moral hacia los otros animales que no son humanos. Ahora bien, ¿el concepto de consideración moral, o de ética, es compatible con la cosificación e instrumentalización de los individuos por los que decimos tener consideración?

Se supone que alguien que se autodenomine humanista, no puede aceptar que los humanos sean tratados como recursos y meros fines para satisfacer los deseos de otros individuos. Precisamente el humanismo defiende que el ser humano merece un respeto básico que no puede ser vulnerado sólo porque otros obtengan un beneficio de ello. La noción de comunidad moral se basa en el principio de que sus miembros poseen un valor inherente que sobrepasa el valor instrumental que puedan tener para otros. De otro modo, no tiene sentido hablar de moralidad. Si vamos a actuar teniendo en cuenta simplemente nuestros beneficios, gustos, inclinaciones o costumbres, entonces aquí la propia idea de moral carece de sentido. Podemos prescindir de ella y nada cambia.

Así pues, si el animalismo es una posición que pretende ampliar la consideración ética hacia los animales, y reconocerlos como miembros de la comunidad moral, esto sólo puede tener sentido si asumimos que los animales no deben ser tratados como seres que sólo poseen un valor instrumental. Si los animales poseen un valor moral inherente entonces manipularlos, agredirlos o destruirlos porque obtenemos un beneficio de ello es lo opuesto a la ética.

Utilizar y matar animales para que nos divirtamos comiendo sus cuerpos es hacer daño a los animales por mero placer. ¿Eso es tratar bien a los animales? ¿Sería aceptable tratar así a los humanos? Mucha gente está convencida de que la consideración moral por los animales se refiere a no causarles demasiado daño o demasiado sufrimiento, pero esto es, a lo sumo, mera compasión que no llega a ser moralidad. Podríamos matar a alguien sólo porque no nos gustan sus ideas y hacerlo compasivamente, de forma indolora, pero esto no tiene nada que ver con la moralidad sino que es la negación del comportamiento moral.

Explotar a los animales compasivamente no forma parte de la consideración moral sino que es una indulgencia respecto de nuestra propia inmoralidad. Si esclavizáramos humanos compasivamente no dejaría de ser esclavitud y no dejaría de ser una injusticia.

Nadie consideraría aceptable que alguien se considerara humanista si practica la esclavitud y el canibalismo. Por la misma razón, no puede ser aceptable que alguien se considere animalista y se dedique a hacer daño a los animales injustificadamente; que es lo que estamos haciendo al participar en la explotación animal mediante el consumo de sus productos. Lo más parecido a la moralidad que tenemos en nuestra cultura  respecto de los animales es el principio de trato humanitario que exige que no debemos infligir daño a los animales sin una razón que lo justifique. Pero este principio es interpretado bajo la perspectiva instrumentalista sobre los animales, con lo que al final se suele aplicar como un medio para reformar el modo en que explotamos a los animales.

A mi modo de ver, el animalismo sólo puede tener sentido moral desde una perspectiva vegana. El veganismo se define como la oposición al trato instrumental de los animales. El veganismo aboga por dejar de considerar a los animales no humanos como medios para los fines humanos. Por ello, el veganismo debería ser la base moral del movimiento animalista. Sólo rechazando la cosificación de los animales puede tener un sentido que comencemos a hablar de consideración moral en nuestra relación con ellos.

Creer que uno no tiene que ser vegano para ser animalista me parece similar a decir que uno no tiene que rechazar el canibalismo ni la esclavitud para ser humanista. No creo que eso sea razonable. Si el humanismo acepta el canibalismo y la esclavitud entonces el humanismo no significa nada. Lo mismo sucede con el animalismo. Por eso un torero se acaba autodenominando "animalista"; alguien que se dedica a matar animales por diversión se declara "animalista". Al final, cualquiera puede ser animalista y ya no significa nada, porque puede significar cualquier cosa.

A mi modo de ver, si el animalismo se define como una posición moral entonces un animalismo no vegano es un oxímoron; es un concepto que se contradice a sí mismo. Las contradicciones no pueden existir en la realidad, sólo como pensamientos o construcciones gramaticales. Si estoy en lo correcto, entonces el animalismo en su mayoría no basa una posición moral sino una posición fundada en sentimientos personales o en intereses egoístas. También pudiera ocurrir que estuviéramos convencidos de que estamos actuando éticamente aunque en realidad estemos en un error. Ojalá que este escrito pudiera ayudar de alguna manera a enmendar ese error.

Cualquier persona que intuya que hay un error de moralidad en nuestra relación con los animales debería, creo yo, reflexionar si ese error no reside principalmente en la creencia de que los animales existen como medios para satisfacer nuestros deseos. Al menos, pienso yo, si le importan los animales debería reflexionar sobre ello.

3 de septiembre de 2019

¿Los animales son parte de la clase trabajadora?



El historiador Jason Hribal defiende en su obra la tesis de que los animales son parte de la clase trabajadora. Básicamente la teoría de Hribal es un intento de incluir a los animales dentro de la perspectiva marxista como sujetos y no como objetos para la producción, que es el papel en el que tradicionalmente han sido catalogados. Sin embargo, a mi modo de ver, esta tesis de Hribal presenta varios problemas importantes que me gustaría exponer concisamente.

Antes de nada, quizás sería acertado comenzar señalando que el solo hecho de rechazar el especismo no implica rechazar la explotación de los individuos. Se puede ser partidario de la explotación de los individuos sin necesidad de discriminar por especie. Así pues el solo hecho de rechazar el especismo no conduce a considerar que los animales merecen ser liberados de nuestra explotación. Para eso necesitamos alguna teoría que articule conceptos que exijan un rechazo lógico a la explotación de los sujetos, y esa teoría algunos animalistas consideran que debería ser el marxismo.

Ahora bien, el problema comienza cuando la pretensión de que los animales "son parte de la clase trabajadora" depende de que asumamos previamente el marxismo como nuestra teoría, pero en este caso no puede ser una pretensión universalizable, puesto que depende de que estemos de acuerdo en aceptar el marxismo como base de nuestro pensamiento. Bajo esta perspectiva, entonces quizás lo que deberíamos discutir en primer lugar es si debemos aceptar el marxismo y no si los animales son parte de la clase trabajadora.

¿Por qué no puedo asumir el marxismo como la base de mi pensamiento? Hay varias razones. El marxismo es una teoría colectivista que no reconoce un valor inherente a los individuos que deba ser protegido por derechos fundamentales frente a injerencias de terceros. El sujeto ontológico en el marxismo es la humanidad y no el individuo. Por ello, incluso aunque estuviéramos en parte de acuerdo con su análisis sobre la explotación, el marxismo resulta muy problemático a nivel moral y no parece que sea compatible con un un enfoque moral de derechos; más teniendo en cuenta que el marxismo niega nada menos que la ética tenga una existencia autónoma y que haya normas morales objetivas.

A otro nivel, según mi conocimiento histórico, cuando se ha intentado llevar a la práctica la solución que prescribía Karl Marx lo que ha sucedido es que cambiaron las condiciones de los trabajadores pero no su estatus de empleados ni su dependencia de una autoridad que les ordena lo que tienen que hacer. La diferencia es que el orden marxista se sustituye al patrón capitalista por el funcionariado del Estado, pero no veo que los trabajadores sean liberados de la dominación y la explotación. El Estado les garantiza el empleo y les proporciona universalmente servicios públicos —educación, sanidad, vivienda— pero los trabajadores no son dueños de sus vidas ni libres para elegir sino que dependen de las decisiones burocráticas de una jerarquía estatal. Por tanto, me parece que si aplicamos la misma filosofía a los animales entonces ellos seguirán siendo sometidos a trabajar para los humanos, pero mejorando supuestamente sus condiciones. De hecho, Jason Hribal propone que parte de las ganancias económicas que se obtienen de explotar a los animales en granjas se destinen a financiar su jubilación en un santuario para que no sean enviados al matadero o que los perros utilizados como asistentes tengan derechos laborales y vacaciones. Hribal defiende la reforma de la esclavitud animal; no la liberación de los animales.

Pienso que el marxismo puede ser una teoría útil para ayudarnos a comprender la naturaleza de la explotación pero soy escéptico acerca de que pueda ayudarnos a resolverla. Un análisis puede acertar, total o parcialmente, en diagnosticar un problema, pero esto no conlleva que acierte también en su prescripción o remedio.

Además de esto, el marxismo asume el especismo en su base, al igual que casi todas las demás teorías filosóficas y políticas. Karl Marx no cuestiona ni por asomo en ninguna parte de su obra que los animales sean tratados como instrumentos para satisfacer las necesidades humanas. Esta contradicción no se resuelve declarando que los animales "son parte de la clase trabajadora"; porque tapar el problema de la instrumentalización de los animales etiquetándolos como "clase trabajadora" a lo único que puede conducir es meramente a reformar sus condiciones de explotación para así poder alegar que ya se han terminado las "crueldades".

La doctrina marxista asume el especismo por defecto, y claramente el mero hecho de asumir el marxismo no conduce al animalismo ni deriva de él. Hay que señalar que el propio Karl Marx no reconocía que los animales pudieran ser considerados trabajadores porque Marx argumenta que el concepto de trabajo debe referirse a la producción de valor material y no meramente a la satisfacción de las necesidades vitales. Por esto considera que sólo los humanos pueden ser trabajadores, y esta supuesta capacidad singular es lo que precisamente Marx postula como la diferencia cualitativa entre los humanos y los demás animales.

No concluyo que el marxismo no sea compatible con una posición animalista —algunos autores como Renzo Llorente y Bob Torres no tienen reparo en intentar compatibilizar ambas posiciones —pero para lograr dicha compatibilidad con éxito creo que sería necesario una revisión del marxismo, mucho más en profundidad de lo que dicho autores apuntan, en mi opinión.

Para considerar legítimamente que otros individuos son "clase de trabajadora" ya partimos de que ellos son miembros de la sociedad humana que consienten y aceptan voluntariamente formar parte de ella, y que actúan de ese modo para satisfacer sus propios intereses y en su propio beneficio, al mismo tiempo que aportan un servicio a la comunidad de la que quieren formar parte conscientemente. Por esto, el trabajo infantil se considera un problema moral porque los niños no pueden dar consentimiento ni trabajan porque eso les beneficie a ellos. Los niños desean jugar y aprender, y su beneficio consiste en crecer y desarrollarse como seres autónomos y capacitados. Así, los animales no consienten ni tienen interés en trabajar para nosotros, ni obtienen un beneficio para sí mismos del trabajo que realizan para los humanos —sólo se les proporciona las condiciones materiales necesarias para satisfacer la función instrumental que se les ha asignado— sino que son forzados y coaccionados a ello para el beneficio humano.

En una entrevista a Jason Hribal se le presentan estas objeciones, pero ante las respuestas que alega me da la impresión de que Hribal ni siquiera comprende bien la objeción que se le realiza. Cuando se argumenta que es más adecuado entender que los animales son esclavos, y no son clase trabajadora, lo que se está planteando no es posicionarnos a favor de considerar a los otros animales como esclavos sino a favor de entender que el problema fundamental es que los animales estén sometidos al estatus de propiedad y que sea esta situación la que genera la injusticia que reside y se manifiesta en nuestra relación con ellos. Insisto en que Hribal no comprende o no sabe responder a esta objeción. En general, el nivel de argumentación de Hribal me ha resultado un tanto mediocre. Dedica gran parte de sus textos a describir la manera en que los animales han sido utilizados como fuerza de trabajo —lo cual no resulta sorprendente partiendo de un historiador— pero muy poco espacio a intentar defender con razonamientos por qué piensa que los animales deberían ser considerados como parte de la clase trabajadora; una tesis ambiciosa que requiere una argumentación elaborada que la sostenga.

Hribal hace mucho hincapié en la noción de que los animales poseen agencialidad. Es claro que podemos reconocer que los animales son agentes; en el sentido de que son seres intencionales; ellos poseen voluntad y toman decisiones. Pero esa no es la cuestión que aquí se dirime. La cuestión es que ellos no tienen intención alguna de ser trabajadores para los humanos ni desean ser miembros de la comunidad social humana.

Cuando la gente declara que los trabajadores explotados son "esclavos" está asumiendo una idea marxista, aunque quizás no se den cuenta de ello, porque, desde la perspectiva marxista, la diferencia entre el esclavo y el trabajador asalariado sería sólo de grado en su explotación y dicha explotación sólo se puede resolver cuando los trabajadores socializan los medios de producción y se convierten colectivamente en los dueños de su trabajo. Pero este esquema no se puede aplicar a los animales, como explica el autor marxista Jon Hochschartner, ya que ellos no son parte de la clase trabajadora; los animales no tienen capacidad de convertirse en dueños de los medios de producción. Si reconocemos, como bien argumenta Hochschartner, que situación de los animales es análoga a la de los esclavos humanos esto significa que liberar a los animales conlleva necesariamente liberarlos de cualquier relación lucrativa para los humanos. Los animales no pueden ocupar ningún papel en la sociedad humana; socialmente sólo pueden ser esclavos o ser refugiados de la esclavitud. Ellos no pueden elegir ser trabajadores ni ningún otra categoría activa en nuestra sociedad. Luego es comprensible que al final Hribal únicamente pueda proponer reformas en las condiciones de explotación de los animales; que me parece que es todo lo contrario a lo que un marxismo no especista debería aspirar.

Por tanto, entiendo que pretender que los animales "son parte de la clase trabajadora" es aceptar la actual situación de esclavitud sobre los animales que ellos no han elegido siquiera. En la naturaleza, en libertad, los animales viven en sus propias sociedades; actúan para su propio beneficio y el de sus familias y sus comunidades, que ellos conforman libremente. El hecho de que los animales estén introducidos en la sociedad humana es una situación forzada que se basa en la cosificación de los animales como recursos de los humanos.

En conclusión, no puedo considerar que sea correcto pretender catalogar a los animales dentro de la "clase trabajadora" porque ellos ni han elegido ni consentido en formar parte de ella; así como eligieron ni consintieron en formar parte de la sociedad humana. Ellos están bajo dominación humana; forzados a servir como mercancías. Todos los animales considerados domésticos son descendientes de animales libres que fueron secuestrados de sus hábitats naturales por los humanos para someterlos a la esclavitud. Su situación es actual es análoga a la esclavitud humana, en tanto que están sometidos al estatus de propiedad.

Aceptar considerar a los animales como parte de la clase trabajadora significaría avalar la posición que defiende mejorar sus condiciones como supuestos trabajadores en lugar de liberarlos de su sometimiento por los humanos. Así pues la postura de Hribal parece converger con la perspectiva bienestarista, que no reconoce a los animales somo sujetos de derechos que no deben ser tratados como recursos de los humanos.

Por cierto, se me olvidaba mencionar que hay animales que no trabajan, si entendemos trabajo en su sentido básico, dado que encuentran todo lo que necesitan en la naturaleza tal cual. Si entendemos trabajar como la acción de transformar el medio de forma instrumental para satisfacer nuestras necesidades, entonces es evidente que muchos animales no trabajan. Los depredadores no trabajan; simplemente cazan. Los orangutanes no trabajan; se dedican básicamente a comer vegetación y hacer algo de ejercicio. Los caballos silvestres tampoco trabajan. El trabajo propiamente dicho sólo sería característico en algunas especies concretas; pero ni siquiera es algo generalizado en el mundo animal. Otro argumento más en contra de la idea de que los animales "son parte de la clase trabajadora".

12 de agosto de 2019

"Respeto tu veganismo"




A menudo hemos escuchado desde hace tiempo a personas diciendo que "yo respeto tu veganismo pero respeta tú que yo quiera comer carne" y frases similares. Por eso se tuvo que empezar a aclarar que el veganismo no trataba sobre respetar nuestra decisión personal de ser veganos sino que trataba sobre respetar a los animales. El sentido del veganismo no trata sobre que alguien respete nuestra decisión de no explotar a los animales sino que el veganismo postula que los animales no deben ser explotados por la humanidad. No se trata de una cuestión privada sino de un principio ético.

Ahora bien, el problema es que parece que esa aclaración ha degenerado con el tiempo hasta el punto de que últimamente he visto a varios activistas veganos declarando en las redes sociales que ellos no pretenden que se respete el veganismo ni quieren que se respete su decisión de ser veganos, sino que todo trata acerca de respetar a los animales; como si fuera excluyentes ambas cosas. Pienso que esa declaración es un despropósito, por dos razones fundamentales.

Primero; el veganismo es el rechazo moral a la explotación de los animales. Por tanto, respetar el veganismo significa respetar este principio. Si alguien está a favor de la explotación de los animales entonces estrictamente hablando no está respetando el veganismo; por mucho que respete nuestra decisión particular de ser veganos.

El problema de fondo es que mucha gente ha creído, y sigue creyendo, que el veganismo hace referencia a un tipo de dieta o un estilo de vida, y no conoce su definición establecida. Desafortunadamente, algunos veganos colaboran a esta confusión identificando el veganismo con un tipo de práctica, una dieta o un estilo de vida, en lugar de identificarlo como un principio ético; que es como fue definido originariamente.

Segundo; dado que el veganismo es solamente apoyado todavía por una minoría en nuestra sociedad, también resulta importante combatir contra la calumnia y la criminalización del veganismo. En ocasiones se intenta distorsionar la percepción sobre el veganismo presentándolo como una teoría fanática, violenta o dañina, cuya aplicación tiene efectos nefastos; ya sea para la salud humana, o para el medio ambiente, o incluso para la continuidad de la civilización en general.

Para conseguir la masiva difusión del veganismo es necesario oponerse a la desinformación sobre el veganismo y su aplicación a la vida práctica. Asimismo, es necesario oponerse a los intentos por impedir que los individuos particulares decidan asumir el veganismo y llevarlo a la práctica. Por tanto, también debe ser respetada nuestra decisión de ser veganos en el contexto actual, porque es una decisión razonable que no atenta contra la salud ni contra la sociedad en general; aparte del hecho de que el veganismo sea una obligación ética para todos los que somos agentes morales.

Muchas personas que deciden hacerse veganas son personas muy jóvenes que se encuentran a veces con la incomprensión y la hostilidad de su propio entorno familiar. Su decisión de ser veganas debería ser respetada. Por supuesto que esto no lo conseguimos mediante el enfrentamiento, sino fomentando el diálogo y la correcta información sobre el veganismo; tal y como recomienda el psicólogo Casey Taft. Proclamando que no se debe respetar nuestra decisión de ser veganos estamos socavando el apoyo que estos jóvenes necesitan y  que necesitamos entre todos para abolir la explotación animal.

En conclusión, lo que empezó siendo una aclaración más o menos acertada sobre la naturaleza del veganismo parece que está degenerando en un desprecio sobre el veganismo. Alegar que no se debe respetar nuestra decisión de ser veganos es animar a que se nos obligue a participar en actividades de explotación animal —como cuando se obliga a los estudiantes a participar en prácticas de vivisección. Es animar a que se nos impida desarrollar las opciones veganas que sustituyan los usos de animales —como recientemente ha pretendido la industria de explotación animal. Es en definitiva una torpeza y obstáculo a la difusión del veganismo.

Por favor, reflexionemos detenidamente sobre nuestras palabras, sobre lo que nosotros mismos manifestamos, y no sólo sobre lo que otros digan.

23 de julio de 2019

Comte-Sponville y la cuestión del especismo




El filósofo André Comte-Sponville en su Diccionario filosófico reserva una entrada para el término de especismo. Hay que tener en cuenta que el libro se trata más bien de una colección de opiniones particulares de su autor que de un diccionario en sentido riguroso.

Comte-Sponville define el especismo de esta manera: «Sería el equivalente del racismo pero aplicado a las relaciones entre especies. Sería especista toda persona que considerara que los animales, hombres incluidos, no son todos iguales en derechos y dignidad.» No es la definición que yo considero más acertada, pero las he visto peores. Dejémoslo así de momento.

Afirma Comte-Sponville que la noción de especismo es peligrosa porque «borra demasiado la diferencia entre los seres humanos y los animales. Diferencia de grado, en mi opinión, más que de naturaleza, pero que justifica que se les trate, en efecto, de manera diferente.» ¿Diríamos que el racismo y el sexismo son nociones peligrosas porque borran demasiado las diferencias entre seres humanos? Yo no estoy de acuerdo en que borren diferencias sino que nos hacen ver que hay diferencias que no son relevantes en lo que se refiere a la consideración moral. Esto significa que no es relevante la pigmentación de la piel o el tipo de genitales para poder reconocer que todos los seres humanos son individuos con intereses iguales. Y si podemos comprender que esas diferencias no justificación una discriminación moral contra seres humanos, también podemos entender que las diferencias de tamaño y aspecto de otros animales tampoco justifican excluirlos de nuestra consideración.

Por otra parte, no conozco a nadie que defienda que humanos y animales deben ser tratados de manera exactamente igual en todos los aspectos; de la misma manera que nadie defiende que niños y adultos sean tratados exactamente igual en todos los aspectos. Lo que sí se defiende es que ambos merecen igual respeto básico. Lo que postula la filosofía de los Derechos Animales es que todos los seres conscientes poseen un valor moral inherente que nos obliga a no tratarlos como simples medios para lograr nuestros fines.


Pienso que el punto tal vez más polémico viene justo al final: «"Si no se hubieran transportado animales en vagones para animales —me dijo un colega—, Hitler no lo habría hecho con los judíos." Pero eso no convierte el comercio cárnico en un equivalente del racismo, ni al nazismo en un comercio.» Creo que su colega se refería al hecho de que la cosificación sobre los seres humanos está conectada con la cosificación sobre los animales, como muy bien explica el historiador Charles Patterson. La esclavitud humana fue una aplicación de los métodos que previamente se habían aplicado sobre los animales para someterlos como propiedad de los seres humanos. Y, si bien comer animales no equivale categóricamente al racismo, sí se puede argumentar que es equivalente al canibalismo.

En otra parte del diccionario, cuando comenta acerca del racismo lo define de esta manera: «toda doctrina que hace depender el valor moral de los individuos del grupo biológico, o pretendidamente tal, al que pertenecen». Como era de esperar, Comte-Sponville condena duramente el racismo. Al hablar sobre el sexismo señala que es equivalente al racismo pero fundado en la diferencia sexual. ¿Si el especismo es análogo a estos prejuicios acaso no merece la misma condena?


Me alegro que Comte-Sponville decidiera incluir el término especismo en su diccionario, que además es un libro muy entretenido e interesante, y aunque las observaciones que expone al respecto se me antojan quizás más mediocres de lo que hubiera esperado, es bueno recordar que el primer paso para comprender un error es reconocer que existe.

18 de junio de 2019

La hipocresía




Un artículo publicado en Eldiario.es proclama que "el veganismo en la moda es hipocresía"; refiriéndose a la nueva tendencia en algunas marcas de ropa de eliminar productos de origen animal. Me ha llamado la atención la cantidad de falacias y mentiras que contiene el artículo para ser tan breve en extensión. 

El artículo comienza fuerte:
"La moda vegana es una hipocresía, no me la creo", ha dicho a Efe Alejandro Gómez Palomo, director creativo de la firma Palomo Spain, que desde sus inicios utiliza tejidos de origen animal porque considera que son "más ecológicos". Palomo Spain utiliza plumas, cuero o lana en la confección de prendas, "lo no quier decir que no ame a los animales ni que sea respetuoso con el medioambiente", añade Gómez Palomo, quien considera que es mucho más contaminante el pelo artificial o el poliéster que suele acabar en los océanos, un problema que centrará este sábado la celebración del Día Mundial de los Océanos.»
Afirma Palomo que se puede amar a los animales y al mismo tiempo utilizarlos como recursos, criarlos en granjas y matarlos para arrancarles su piel. Es cuanto menos una curiosa forma de ver el amor. ¿Será por eso que dicen que hay amores que matan? 

Me gustaría aclarar que para vestir de forma vegana no es necesario usar poliéster ni pelo artificial. Aparte, es increíble que se pueda afirmar seriamente que los tejidos de origen animal son menos contaminantes que de los origen vegetal; si tenemos en cuenta que la industria ganadera es la más contaminante del planeta. Es precisamente de la ganadería de donde proceden los animales utilizados para servir de vestimenta. ¿Seguro que se han molestado en informarse sobre lo que hablan? Permítanme que lo dude.

Cuidado, resulta que Palomo no está solo en su diatriba sino que le acompañan otras voces:
"El veganismo es un lujo de millonarios", explica la responsable de desarrollo de materiales de Fashion Bussiness School Universidad de Navarra (ISEM), Silvia Soler González, quien asegura que vestirse con fibras naturales de origen vegetal es "complicado y muy caro".
Mira, me acabo de enterar de que soy millonario. No tenía ni idea de que yo lo fuera. Al parecer, mi cuenta corriente tampoco lo sabe. Se lo comunicaré a mi banco para que la actualice. Porque si la responsable de la Fashion Bussiness School dice que el veganismo es "un lujo de millonarios" tiene que ser verdad, ¿no? Entonces, los otros veganos que conozco, y que yo estaba convencido que tienen que trabajar para vivir, también son millonarios. Me imagino que trabajan por gusto. ¿Y los otros millones de veganos en el mundo? Todos millonarios. Claro que sí. Ahora, confieso que me suena un poco extraño aquello de que vestirse con algodón, lino o tejidos sintéticos es "complicado y muy caro". Fíjate que tampoco estaba al tanto de esto. Yo estaba convencido de que el veganismo no es caro. He comprobado que cuando voy a comprar ropa a las tiendas de saldo y a los supermercados —y demás lugares selectos que frecuentamos los millonarios— los artículos más baratos suelen componerse de tejidos vegetales. Pero qué sabré yo que sólo soy un elitista vegano millonario y no formo parte de una Fashion Bussiness School que claramente está en contacto con la realidad de la gente sencilla.

Atención, porque la responsable de la Fashion Bussiness School no ha terminado de iluminarnos con sus agudas observaciones:
«Un vegano excluye en su armario las piezas de cuero, piel, lana de oveja, cachemir, mohair, seda, plumas, perlas o nácar, todo lo que provenga de los animales. Pero ¿qué ocurriría si a las ovejas no se las esquilara?. "Sería un animal maltratado, su salud se deterioraría", dice la veterinaria Rebeca Abascal Guzón, quien recuerda que la oveja doméstica "no pierde el pelo de manera natural". Si no se les esquila "puede sufrir infecciones, no tener visión o tener incapacidad para moverse, dado el volumen y peso de la lana sobre su propio cuerpo", explica la veterinaria.»
Esto me lleva a pensar: ¿cómo se supone que las ovejas se las arreglaban antes de ser esclavizadas por seres humanos? ¿Acaso en la naturaleza morían todas invadidas por su propio pelo? Las ovejas ya existían en el mundo antes de ser sometidas por el hombre para servir de recursos. Todos los demás animales mamíferos pierden el pelo de forma natural y lo renuevan periódicamente, ¿por qué las ovejas no? Parece extraño. ¿No será quizás que las ovejas han sido seleccionadas deliberadamente por los humanos durante siglos y siglos para favorecer sólo la reproducción de las que eran más peludas y así poder aprovechar su pelo? Esto tiene más sentido. Sabemos que los humanos practican la cría selectiva de los animales que explotan, para potenciar su aprovechamiento económico.

Por tanto, en el caso de las ovejas podemos ver que sufren un defecto de exceso de pelo que los humanos que las explotan les han causado deliberadamente, y ahora los mismos humanos que defienden la explotación animal usan ese defecto como excusa para seguir explotándolas. No, señores, no se hagan los caritativos con sus propias víctimas. Haber manipulado a otros animales no justifica que los continuemos explotando. ¿Las ovejas necesitas ser esquiladas debido al exceso de pelo que los humanos les han causado durante generaciones? Bien, pero eso no justifica que sigamos tratando a las ovejas como recursos económicos; ni a cualquier otro animal.

A continuación viene el punto quizás más confuso de las declaraciones de que nos regala este artículo:
«"¿Si coges piojos los dejas vivir o los eliminas?, ¿Si tu mascota tiene pulgas las matas o permites que sean sus mejores amigos?", se pregunta Soler, quien cree que es más peligroso consumir recursos naturales, que son finitos como los minerales, que animales que "se reproducen".»
Impresionante razonamiento. La señora de la Fashion Bussiness School considera que como los animales "se reproducen" entonces no son finitos. No importa que los animales necesiten nutrirse de minerales para vivir y reproducirse. Ahora bien, pienso yo, los humanos son biológicamente animales y se reproducen. De hecho, los humanos están aumentando su población exponencialmente en el planeta. ¿Sería correcto pues utilizar a los humanos para servirnos de recursos con los que elaborar vestimenta? Me limito a deducir las conclusiones lógicas que se derivan de las sabias reflexiones marca Fashion Bussiness School. Si algún argumento justifica moralmente la utilización de animales entonces también sirve para justificar la utilización de humanos en las mismas condiciones. La distinción de especie no es más relevante que la distinción de raza o de sexo.

Lo que no comprendo bien es la situación de las preguntas que expone al comienzo del párrafo; parecen un poco desubicadas de la cuestión. Planteamos la misma cuestión eliminando la distinción de especie: ¿Si sorprendo a un humano chupándome la sangre lo dejo vivir o lo elimino? ¿Si un niño a mi cargo tiene pulgas las mato o permito que sean sus mejores amigos? Son preguntas muy interesantes, pero sigo sin ver claro su relación con el tema del veganismo. El veganismo se refiere a la cuestión del uso de animales. Así, los conflictos que puedan surgir con los animales libres no entran dentro de esta categoría. Es como si en el contexto de una discusión sobre el abolicionismo de la esclavitud humana, preguntáramos: ¿y qué hacemos si un humano intenta robarnos? ¿Y qué pasa si un humano intenta asesinarnos?" No son cuestiones que tengan relación con la moralidad de la esclavitud.

No se han acabado todavia las aportaciones de Ms. Fashion Bussiness School, quien nos ofrece también el lado más místico de su pensamiento:
«El consumo animal se encuentra dentro del círculo de la vida, "y eso es regenerar nuestra propia esencia, nos mantiene en equilibrio", añade Soler, para quien el no consumo de animales conduce a un doble problema: su extinción y la superpoblación con todas las consecuencias".»
¿El consumo animal forma parte del "círculo de la vida"? Creo que esa expresión resulta demasiado vaga como para significar algo concreto pero, en todo caso, yo diría más bien que el consumo de animales forma parte de un círculo comercial. La práctica de consumir animales forma parte de las costumbres sociales y no es algo que se produzca espontáneamente. Es por esto que consumimos piel de vaca como algo normal pero rechazamos consumir piel de perro. Es una cuestión cultural. Además, dentro del "círculo de la vida" también encontramos el [1] canibalismo, el [2] parasitismo, la [3] violación, el [4] infanticidio, y otra serie de conductas que no consideramos que sean moralmente aceptables. El uso de humanos como esclavos también se intentó justificar, desde Aristóteles, como parte del "círculo de la vida".

Por otra parte, me pregunto cómo puede ser que el no consumo de animales conduzca igualmente a la extinción y la superpoblación de animales. ¿No es esto profundamente contradictorio? Por eso menciono que esta parte es la más mística de las declaraciones publicadas. En la mística, supuestamente las contradicciones desaparecen. Pero en el mundo real no.

Esperen, porque la cosa no termina aquí:
«Cuando se sacrifica un animal para comer, su piel, plumas o pelo se puede utilizar para la fabricación de ropa u otros objetos, "son materiales residuales", dice Soler, que está a favor del consumo responsable de carne y pescado, "no es necesario consumir proteína todos los días".»
Creo que esta declaración pasa por alto el hecho de que no necesitamos consumir animales para alimentarnos. Tampoco necesitamos utilizar animales para vestirnos. La necesidad no es una excusa que pueda sostener el uso de animales para propósitos como la vestimenta o la alimentación. 

Ahora viene el punto fuerte:
«No hay que confundir el veganismo con el respeto al medio ambiente. "Que una firma sea vegana no significa que sea sostenible", puntualiza Soler.» Por ejemplo, la diseñadora Stella McCartney decidió no utilizar materiales de origen animal en sus colecciones, pero sin embargo, utiliza fibras sintéticas que en ocasiones no son bondadosas con el medioambiente, precisamente el hábitat de animales. "Es mucho más ecológico un abrigo de zorro que uno de piel sintética, ese pelo artificial es supercontaminante", añade Gómez Palomo. Hoy en día el 60 por ciento de las prendas que se consumen en todo el mundo se hacen con poliéster, que tarda una media de 500 años en degradarse por completo. Además, durante su periodo de vida, en los lavados, esa fibra desprenden micropartículas que acaban en ríos y mares deteriorando la cadena alimentaria. Se vive una moda acunada por la (mala) cultura de usar y tirar, que ahora, desde los grandes emporios se pretende mitigar con la filosofía vegana, en la que se pueden lucir prendas y no ser sostenible. "No hay huella animal, pero se está contaminando el planeta", dice Soler.»
Estoy de acuerdo en que el veganismo es diferente de la consideración del medio ambiente. El veganismo se define por oponerse al uso de animales. El medio ambiente pertenece a otra categoría diferente. Eso sí, no hay nada en el veganismo que diga que uno debe sólo preocuparse por no utilizar a los animales y pueda despreocuparse de todo lo demás. En mi ensayo de respuesta a los ataques por parte de Claudio Bertonatti sobre el veganismo ya argumenté que el veganismo supone rechazar el uso de animales como una cuestión de ética básica. Es una cuestión de principios. Una vez que rechazamos el uso de animales, debemos analizar de qué forma podemos satisfacer nuestras necesidades a la vez que tenemos en cuenta otras preocupaciones morales, como es la destrucción del medio ambiente. Pero el uso de animales no puede ser moralmente contemplado como una opción ética; así como tampoco contemplamos el uso de seres humanos como meros recursos, es decir, como esclavos. Aunque la opción menos contaminante de todas las posibles fuera criar y matar humanos para usarlos como vestimenta, esta opción no sería moralmente aceptable. Lo mismos sucede con el uso de animales. 

Si el poliéster es contaminante entonces la solución éticamente aceptable no es utilizar animales; por la misma razón que la solución no puede ser utilizar humanos para servirnos de vestimenta. La solución es dejar de explotar tanto a humanos como a animales y a la vez intentar buscar materiales que eviten dañar, o dañen lo menos posible, el medio ambiente. Sorprendentemente, en un artículo sobre moda vegana se olvidaron de incluir voces de personas que se dedican a la moda vegana, como es el caso de la empresa Insecta, y que explican cómo se preocupan también por la conservación del medio ambiente, desde una perspectiva vegana.

En conclusión, me parece que la acusación de hipocresía sobre el veganismo es del todo desacertada ¿Dónde está realmente la hipocresía? Yo creo que la hipocresía está en decir que nos preocupamos por los intereses de los animales pero al mismo tiempo defendamos que está bien explotar a los animales. Es tan hipócrita como decir que uno se preocupa por los intereses de los humanos y al mismo tiempo defienda que está bien esclavizarlos. Hipocresía es que decir que estamos en contra de infligir daño a los animales y al mismo tiempo sigamos utilizándolos como artículos de consumo; causándoles un daño que no se puede justificar moralmente ni puede excusarse apelando a la necesidad.

Por cierto, como ya mencioné antes, que un artículo sobre moda vegana no incluya ninguna voz en favor del veganismo fue de lo más me llamó la atención. Hipocresía es también que un medio informativo diga que se dedica a informar pero luego publique un artículo que es pura propaganda y que no incluya siquiera otras posiciones sobre el tema que se trata. Esto también es hipocresía.

30 de abril de 2019

Prohibicionismo no es abolicionismo



«Creo que esto nos debería hacer reflexionar sobre si los esfuerzos que hacemos están bien encaminados, y si las políticas que hemos ido implementando se fundamentan en una comprensión correcta del fenómeno que queremos combatir. O si, por el contrario, nos dejamos llevar por lugares comunes, opiniones subjetivas o, lo que es peor, fundamentalismos.» ~ Marta Iglesias

¿Qué es el abolicionismo?

Por abolicionismo entendamos, en general, una postura y un movimiento que pretende hacer desaparecer aquella práctica general que es contraria a los principios morales básicos.  El ejemplo más representativo es el abolicionismo de la esclavitud. La esclavitud es una institución que implica una violación flagrante del respeto moral básico que toda persona merece. Es una práctica que trata a sujetos como si fueran meros objetos al servicio de otros. La esclavitud cosifica a unas personas reduciéndolas a ser propiedad de otras.

El abolicionismo pretende erradicar completamente, desde la raíz, aquello que considera un error moral y no simplemente prohibir determinadas prácticas dentro de ese error. Así, una postura abolicionista pretende erradicar la esclavitud y no sólo determinada forma de esclavitud.

Sin embargo, el término abolicionista viene siendo incorrectamente usado en el ámbito animalista —por el movimiento antitaurino en especial— para hacer referencia a un determinado enfoque; el cual lejos de ser abolicionista resulta ser meramente prohibicionista. No es abolicionismo lo que defienden sino el prohibicionismo. No pretenden abolir la institución de la esclavitud animal sino sólo prohibir una determinada práctica dentro del contexto de la explotación de los animales. 

Las medidas habitualmente denominadas como abolicionistas no son tales en realidad, sino que son meramente prohibicionistas. Una medida abolicionista por definición tiene que implicar el cese absoluto de la institución que ampara determinadas prácticas. Es decir, la abolición de la esclavitud como tal y no sólo de un tipo concreto de esclavitud. Si la utilización de animales es moralmente equivalente a la esclavitud humana, entonces el abolicionismo en el contexto animalista sólo puede ser reconocido como tal cuando se fundamenta en la oposición al uso de los animales y no limitado a un determinado uso.

El prohibicionismo: otra manera de reformar la explotación animal

Un ejemplo muy claro en donde el prohibicionismo se confunde con el abolicionismo podemos encontrarlo en el caso de la supuesta abolición de la tauromaquia de Cataluña. Una tauromaquia que no fue abolida, puesto que los correbous son tauromaquia y siguen existiendo en Cataluña. No sólo siguen existiendo sino que además ha sido legalizados, subvencionados y protegidos. Lo que ocurrió en Cataluña fue simplemente una prohibición de una muy determinada forma de tauromaquia pero que al mismo tiempo amparaba otra forma distinta de tauromaquia.

Prohibir las corridas de toros en Cataluña ha conllevado que los correbous sean legalizados, subvencionados y protegidos como patrimonio cultural. El número de correbous que se celebran, y sus víctimas, han aumentado. En definitiva, se ha sustituido una forma de explotación por otra. Los correbous no estaban regulados por ley antes de la prohibición de las corridas. Y por tanto no podían ser subvencionados ni protegidos. Ahora sí lo son. Los políticos, con el beneplácito de los animalistas antitaurinos, votaron a favor de prohibir las corridas de toros excluyendo expresamente a los correbous de esa prohibición con el objeto de legalizarlos y promocionarlos por considerarla una actividad propia de la cultura catalana.

La abolición implica erradicar la institución de la esclavitud. Por tanto, en relación con los nohumanos, la abolición consiste en erradicar su estatus de propiedad, es decir, el hecho de que sean considerados recursos para satisfacer los intereses humanos. Prohibir una determinada forma concreta de explotación animal no tiene nada que ver con la abolición de su esclavitud, puesto que no altera en nada el hecho de que siguen siendo considerados propiedades de humanos. Prohibicionismo no es abolicionismo.

Los medios deben ser coherentes con los fines, puesto que ambos por igual deben ajustarse a un mismo criterio. Y, por tanto, resulta incoherente decir que apoyamos la abolición de la esclavitud de los nohumanos mientras que al mismo tiempo apoyamos una reforma legal que continúa considerándolos como nuestra propiedad.

Además, promover o participar en campañas prohibicionistas significa quitar recursos [tiempo, energía, dinero] que se podrían emplear en campañas veganas/abolicionistas. De aquel modo simplemente estamos impidiendo o perjudicando la difusión del veganismo.

¿Las prohibiciones protegen a los animales no humanos?

La prohibición del uso de animales en circos es un ejemplo claro de los errores del prohibicionismo: [1] Esas prohibiciones son, casi siempre, especistas, pues en realidad no prohíben el uso de animales [las prohibiciones sobre los circos prohíben el uso de animales considerados "salvajes" pero permiten el uso de animales considerados "domésticos"]; [2] no impiden que los circos sigan operando aunque sea en otras ciudades o países; [3] malgastan recursos que se podrían emplear en campañas veganas; [4] discriminan a la gran mayoría de los animales esclavizados; [5] en la mayoría de los casos, los animales a los que afectan dichas medidas resultan abandonados, asesinados, o se les utiliza para otros fines de explotación.

Hay una ingente cantidad de ejemplos publicados que demuestran que las prohibiciones no sirven para evitar la violencia contra los animales. Las prohibiciones no erradican el estatus de propiedad de los animales; no protegen sus intereses básicos; y ni siquiera ofrecen una protección consistente en el tiempo. Si la mentalidad no cambia, las consecuencias que provoca dicha mentalidad tampoco dejarán de producirse de un modo u otro. Lo único que evitará la violencia será un cambio cultural masivo, precedido necesariamente por numerosos cambios individuales.

Las corporaciones animalistas no suelen contar la verdad sobre los efectos que tienen las prohibiciones que impulsan para reformar la explotación animal. Sólo les interesa vender "!victorias!" y "éxitos" para hacerse publicidad, ganar dinero y conseguir socios. Reformar la explotación animal con regulaciones y prohibiciones sólo perpetúa esta violencia sobre los animales.




No es poco habitual que las prohibiciones sean derogadas al cabo de un tiempo. Es un hecho que el prohibicionismo no sirve para proteger a los no-humanos y sus intereses. Solamente sirve para hacer creer a la gente que el problema es la "crueldad" contra los demás animales y que con esas medidas ya se consigue prohibir el "abuso" —y no el uso. Es exactamente el mismo efecto autocomplaciente que tiene como objetivo el regulacionismo tradicional.

La creencia de que las prohibiciones legales protegen a los animales o que estas prohibiciones son "un paso" hacia la abolición de la explotación animal es una creencia que está en la misma categoría que la creencia en la Tierra Plana. Tienen la misma evidencia a su favor y la misma conexión con la realidad. Mientras los no-humanos sean considerados propiedad, sus intereses estarán siempre supeditados y anulados frente a los intereses humanos.

Cuando los abolicionistas intentamos explicar a la gente que no hay diferencia moral entre el determinado uso de animales que se pretende prohibir —por ejemplo, la tauromaquia— y el resto de formas de explotación animal, las respuestas que se dan son de este tipo: "no es lo mismo porque aquello se hace por diversión"; o "sí, pero primero hay que abolir los peores abusos y luego ya veremos". Las campañas prohibicionistas ayudan a marginar el veganismo entre la gente y a desviar la atención sobre la moralidad del uso de animales hacia las condiciones del uso. 

Las prohibiciones no conducen a la abolición

No hay evidencia que demuestre que prohibir una determinada práctica concreta de explotación animal conduzca necesariamente hacia la abolición del resto de la explotación animal. En países como Gran Bretaña o Argentina, la tauromaquia se prohibió en el siglo XIX. Hace casi 200 años. Pero desde entonces no ha habido ningún progreso significativo. Los animales siguen siendo considerados propiedad y son explotados masivamente en todo tipo de ámbitos provocando miles de millones de víctimas cada año.

La estrategia de ir atacando toda forma de opresión especista de una en una, hasta acabar con todas ella, se ha demostrado que no funciona. Por cada granja o matadero que se consiga cerrar, abrirán otros nuevos para satisfacer la demanda. Por cada actividad prohibida, surge otra forma nueva de explotación animal [experimentación genética, mascotas exóticas,...]. Por cada especie animal que es protegida de alguna forma específica de explotación, otra especie distinta es puesta en su lugar —en lugar de comer perros ahora comerán pollos; en lugar de comer delfines se comen atunes; en lugar de utilizar animales "salvajes" en los circos ahora se utilizan animales "domésticos": caballos,... De este modo, el prohibicionismo alienta un espejismo de progreso que no favorece los intereses de los animales y entorpece el objetivo del abolicionismo.




La opción verdaderamente abolicionista: el veganismo

Por estas razones considero que el enfoque prohibicionista no sería la manera correcta de afrontar el problema que es la explotación animal.

En conclusión, ¿cuál sería la estrategia que una perspectiva abolicionista deberá desarrollar para afrontar adecuadamente el problema del especismo y de la explotación animal? Lo primero y más fundamental será concienciar a la gente. Mientras la gente no tome conciencia del problema, y mientras no rechace voluntariamente el especismo y la explotación animal, de manera progresiva pero fime, las medidas legislativas correctas y eficaces serán completamente irrealizables en un contexto especista que considera a los animales como objetos y recursos para satisfacer los deseos humanos. Las medidas legislativas que se puedan llevar a cabo —como intentar prohibir la tauromaquia— serán directamente inútiles o contraproducentes para los intereses de los animales.

La raíz del problema consiste en ver a los demás animales como seres inferiores; como objetos o recursos para nuestro beneficio. Todos los males que infligimos a los animales derivan de ahí. Por tanto, un activismo ético y efectivo debería enfocarse en erradicar ese prejuicio a través de la educación, informando y concienciando a la sociedad —a cada uno de sus miembros— para que comprenda la injusticia del especismo y cambie su mentalidad y actitud en el día a día.

La difusión del veganismo conllevaría la eliminación progresiva de todo uso de animales. La propia sociedad apoyaría esta eliminación, también a nivel legal, como consecuencia del cambio de mentalidad. Pero pretender la prohibición como primer paso, —sin que antes haya habido un cambio individual y social y cultural en favor de la liberación animal— es como empezar a construir una casa por el tejado. Si estamos en contra de toda explotación animal, porque toda explotación sobre seres sintientes es injusta sin importar cómo se haga, entonces deberíamos hacer campañas contra la explotación animal en sí misma y no contra un tipo específico de explotación.

La abolición de la opresión que ejercemos sistemáticamente contra los demás animales comienza en el veganismo. Dejando de participar en cualquier uso o consumo que implique utilizar a los animales nohumanos, y escogiendo opciones libres de esclavitud. 

Así pues, la abolición comienza en todos y cada uno de nosotros, aplicando el principio abolicionista en nuestra propia vida, y erradicando nuestro apoyo a la utilización de animales.

Cuando seamos una mayoría de personas la que rechazamos la discriminación especista y la utilización de los animales, entonces, y sólo entonces, podremos aspirar realmente a que las leyes protejan los intereses de los individuos no humanos. Para esto es necesario primero que su estatus de propiedad sea abolido.

Todos podemos abolir la explotación animal en nuestras vidas escogiendo el veganismo. Es algo que todos podemos hacer ahora mismo sin necesidad de esperar futuros cambios sociales ni medidas legales. El único requisito necesario es tener conciencia moral y tomarnos en serio la consideración de los animales como individuos que poseen intereses propios.

30 de enero de 2019

Una observación acerca de la teoría de Christine Korsgaard




La filósofa Christine Korsgaard es una de las principales pensadores actuales que ha dedicado su labor a reivindicar el pensamiento de Immanuel Kant. Kant es considerado como una de las mentes más brillantes de la historia de la filosofía, y una de sus aportaciones más celebradas es precisamente su teoría sobre la ética. Korsgaard es especialista académica en filosofía moral y parte de su trabajo ha estado enfocado en analizar nuestro trato sobre los animales partiendo del pensamiento kantiano.

Mi objetivo en este ensayo no es el de exponer o resumir la propuesta de Koorsgaard sobre nuestra relación moral con los animales. Para esto ya existen otros artículos en español [1 2] que realizan bien esa labor. Mi intención es la de analizar concisamente el planteamiento de Korsgaard desde un enfoque vegano. Para ello me basaré en un artículo divulgativo titulado «Explotar a los animales: una protesta filosófica» que la propia Korsgaard publica a modo de síntesis sobre su posición acerca de la cuestión animalista y del cual citaré algunos párrafos a continuación.

¿Qué es lo que propone Korsgaard en pocas palabras? Siguiendo la teoría de Kant, lo que debemos hacer es dejar de ver a los animales como medios para los fines humanos y pasar a verlos como fines en sí mismos. Dicho de otra manera: que dejemos de considerarlos como seres que sólo poseen un valor instrumental y pasemos a consideralos como seres que poseen un valor inherente. No obstante, a diferencia de Kant, Korsgaard no está de acuerdo en que sea sólo la racionalidad lo que permite la existencia ese valor intrínseco o valor inherente, sino que es también la sensibilidad o conciencia sensitiva lo que genera dicho valor:
«[...] los otros animales están en la misma posición que nosotros: son seres animados, con una preocupación urgente, dada por naturaleza, para cuidar de sus propios intereses y los intereses de aquellos con los que están apegados. Esa preocupación natural es el origen de todo valor: existen cosas en este mundo que son buenas y malas, precisamente porque existen criaturas para quienes las cosas pueden ser buenas o malas. Aquellos que comparten la preocupación natural por ellos mismos y sus familias, por consiguiente comparten la característica de nuestra naturaleza por la cual nosotros demandamos respeto. Ellos, como nosotros, son seres para quienes las cosas pueden ser buenas o malas. Los otros animales, por consiguiente, tienen una exigencia tanto a nuestra razón como a nuestros sentimientos de solidaridad. Debemos por lo tanto respetarlos como fines en sí mismos.»
Korsgaard emplea términos como como "naturaleza animal", "preocupaciones naturales" y "afectos", pero es claro que se está refiriendo a la sensibilidad o sintiencia.

Hasta ahí todo bien. De hecho, nada de esto es realmente nuevo. Ya encontramos el mismo fundamento filosófico en otros autores como Tom Regan y Gary Francione; que en sus obras reconocen su inspiración kantiana. Digamos que Korsgaard no está exponiendo algo que no se haya dicho con anterioridad, aunque lo exprese con sus propias palabras. Reconozco que me llamó mucho la atención que en sus textos no hiciera ninguna referencia a dichos autores animalistas, ni apenas a ningún otro en general. Korsgaard se basa directamente en Kant y parece ignorar de forma deliberada cualquier otra aportación académica al respecto.

La ética que propone Kant —y que sigue Korsgaard— no rechaza tal cual el uso de otros individuos como medios para nuestros fines sino que sólo rechaza su instrumentalización forzada, es decir, que los usemos sin tener en cuenta su voluntad y sus intereses. Por esto, un uso moralmente aceptable de otros individuos requiere al menos de su consentimiento —un consentimiento libre, voluntario e informado— y que no se trate de un uso contrario a sus propios intereses y deseos:
«De acuerdo a Kant, lo que diferencia de explotar a alguien como un “simple” medio, y usarlo como un medio de forma en que es moralmente permisible, es teniendo su consentimiento informado y sin coerción. Servimos a los intereses de los otros, dando nuestro consentimiento, por motivos como la ganancia, el amor, la amistad o un espíritu general de cooperación. Pero los otros animales no pueden darnos su consentimiento informado y sin coerción.»
¿Cuál es el problema pues con la teoría de Korsgaard? El problema es que no es coherente en sus conclusiones respecto de sus propios fundamentos teóricos. Si los animales son fines en sí mismos entonces no debemos instrumentalizarlos en ninguna manera para satisfacer nuestros deseos y necesidades, porque ellos no pueden consentir. Sin embargo, Korsgaard afirma que es aceptable utilizar a los animales en determinadas maneras:
«Si los proveemos de condiciones confortables para vivir, en las cuales ellos sean capaces de llevar algo razonablemente parecido a su propio tipo de vida, su uso como animales de compañía puede probablemente ser justificado. Es posible que su uso como auxiliares para los minusválidos y la policía, como trabajadores en búsqueda y rescate, guardianes, podrían también justificarse, si dichas tareas pueden ser llevadas a cabo de manera compatible con una vida confortable y natural. Sobre si pueden consentir el proveernos de lana, productos lácteos o huevos, dependerá de si hay métodos para recolectar esos productos que son genuinamente compatibles con una forma de vida normal y feliz para los animales.»
A mi modo de ver, aquí Korsgaard yerra gravemente y contradice su propio planteamiento.

Proponer que es aceptable utilizar a los animales a pesar de que ellos no pueden consentir es equivalente a proponer que podemos utilizar a los humanos aunque no nos den su consentimiento. Si uno de los requisitos necesarios para que la interacción instrumental con otros individuos sea éticamente aceptable es la de que debe contar con el consentimiento libre, voluntario e informado de los individuos implicados entonces es imposible que pueda haber un trato instrumental de los animales que sea éticamente aceptable. Sabemos que los animales poseen un interés en continuar existiendo, pretenden evitar el daño y el sometimiento, y desean disfrutar de un bienestar; pero ellos no tienen ningún interés en servirnos de recursos a los humanos.

Alegar que podemos suplantar esa falta de consentimiento de los animales con nuestra propia voluntad significa someter a los animales a nuestros deseos, es decir, tratarlos como simples medios para nuestros fines. Esto no es ética; es antropocentrismo.  Alegar que eso es lo que supuestamente nosotros decidiríamos en su lugar es apelar a la imaginación especulativa y no al razonamiento moral.

Alegar que podemos sustituir esa falta de consentimiento mediante la provisión de unas condiciones materiales para que los animales explotados estén supuestamente "confortables" no es ética; es bienestarismo. ¿En qué parte de los textos de Kant se dice que es aceptable utilizar a otro sujeto sin su consentimiento siempre que lo utilicemos en condiciones "confortables"? Esto es defender que los animales continúen sometidos al estatus de propiedad; que es equivalente a la esclavitud. Cuando nos adueñamos de las vidas de otros humanos lo denominamos esclavitud. No hay razón para denominarlo de diferente manera cuando nuestras víctimas son individuos no humanos.

Si reconocemos a los animales como fines en sí mismos, es decir, como seres que poseen un valor moral intrínseco, entonces la única conclusión lógica es que debemos poner fin a toda forma de domesticación de animales. La utilización de animales sólo puede llevarse a cabo instrumentalizando forzadamente a los animales y nunca puede contar con su consentimiento. Como bien señala el profesor Tom Regan; nuestro error fundamental en la relación con los otros animales está en el prejuicio de considerarlos como medios para satisfacer los fines humanos. Subsanar este error requiere por lógica rechazar cualquier forma de instrumentalización sobre los animales.

Más aún, no existe ningún uso de animales que no implique infligir coacción y daño a los animales. Ya se trate de utilizarlos de "compañía", o mascotas, o como si fueran máquinas para producir lana. Todos los usos de animales atentan contra los intereses básicos de los animales: atentan contra su vida, su salud, su integridad física y su libertad. La idea de que puede existir una explotación animal humanitaria —que es lo que Korsgaard está defendiendo cuando habla de "condiciones confortables" para los animales— ya se ha demostrado que es una quimera. Diversos activistas como James LaVeck y Joanna Lucas han denunciado el engaño de creer que los animales pueden ser tratados como recursos y al mismo tiempo gozar de una vida saludable y feliz acorde a sus propios intereres.

Mi impresión es que Korsgaard evidencia un abrumador desconocimiento sobre la realidad de la explotación animal que padecen sus víctimas; así como parece querer ignorar los argumentos de los pensadores animalistas anteriores.

En definitiva, considero la teoría de Korsgaard como un fallido intento de adaptar la teoría de Kant a nuestra relación moral con los animales. Su artículo debiera haberse titulado "Explotar a los animales: una excusa filosófica", porque su autora más bien parece buscar excusas para continuar explotando a los animales y evitar las conclusiones lógicas que conlleva asumir los postulados éticos kantianos.

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