20 de octubre de 2011

Veganismo en 1947





VEGANISMO


11º Congreso de la Unión Vegetariana Internacional (Año 1947)


(Texto proveniente de un panfleto de la Vegan Society)





El señor Donald Watson ha manifestado que los veganos defienden la idea de que si queremos ser verdaderos libertadores de los animales entonces debemos renunciar absolutamente a nuestra tradicional y egoísta actitud de creer que tenemos derecho a utilizarlos para nuestras necesidades. Debemos satisfacer nuestras necesidades mediante formas que no impliquen usar a otros animales. 

A través de la historia, cualquier hombre que se haya levantado contra la crueldad y la explotación se ha beneficiado a sí mismo tanto como aquellos a los que ha liberado. Así ha sido el devenir del progreso. Por tanto, el mismo tipo de avances ocurrirán si nos enfrentamos seriamente a todas las injusticias sobre las que ha sido construida esta civilización.  
Si el ideal vegano de no-explotación fuera adoptado masivamente entonces se produciría la mayor revolución pacífica jamás conocida en la historia, aboliendo las actividades injustas y sustituyéndolas por unas nuevas y mejores tanto para los intereses de los seres humanos como para los de los animales. 
Según el señor Watson, resulta razonable proclamar lo siguiente: 
1.- Veganismo es establecer por primera vez en la historia una relación correcta entre el ser humano y los animales. 
2.- Se produciría una gran mejora en nuestra salud si adoptamos una alimentación basada en los frutos de la tierra, evitando todos aquellos riesgos que provienen de las sustancias de origen animal. 
3.- El veganismo podría hacer desaparecer la malnutrición y el hambre en el mundo.
4.- El veganismo podría restablecer la fertilidad del suelo cultivable.

Si estas afirmaciones son correctas entonces podemos ver claramente que nuestros mayores problemas tienen su raíz en la explotación de los animales.  
La actual relación entre el ser humano y los animales es reprobable. Los hombres se han atribuido a sí mismos el papel de dueños y señores de que todo lo que respira, y han traído al mundo a millones de animales con el propósito de explotarlos para su beneficio y matarlos cuando ya no les resulte útil mantenerlos con vida.
En relación al aspecto psicológico del veganismo, el señor Watson declaró que que no resulta fácil comprender por que los nutricionistas tradicionales han tardado tanto en desechar la superstición acerca de la inexistente necesidad de comer animales y lo que proviene de ellos.
Los veganos disponen fácilmente de azúcares, vitaminas, grasas, minerales y fibra provenientes de los vegetales ricos en estos nutrientes. El mayor error se encuentra focalizado en la cuestión de las proteínas. Es significativo que la leche humana  (la cual sirve para nutrir al ser humano en su época de mayor crecimiento) apenas contiene más de un dos por ciento de proteínas. Esto sugiere que nuestra alimentación no debe exceder en porcentaje proteico, el cual puede ser perfectamente cubierto por el consumo de vegetales. Por tanto, se puede ver claramente que los veganos tienen el mismo riesgo que quienes comen animales de obtener demasiadas proteínas.  
Sólo algunos pocos nutricionistas que no son veganos han intentado vivir sin comer animales, o han tratado de afrontar el problema científicamente, como debe hacerse. Sin el conocimiento que nos aporta la investigación científica esto es como intentar mantenerse a flote en un mar de errores. 
Es altamente improbable que el planeta en el que vivimos pueda producir lo necesario para alimentar a dos mil millones de habitantes humanos de acuerdo a los preceptos defendidos por los nutricionistas tradicionales. Por otro lado, siendo cierto que Gran Bretaña está más densamente poblada que la India —y que es uno de los países más densamente poblados del mundo— aun así, en pocos años podría convertirse en un país exportador de comida, siguiendo los métodos veganos de agricultura.
Cualquier tipo de alimentación o agricultura que conlleve el deterioro del suelo está condenado al fracaso, pero el veganismo está exento de ese defecto. Y bajo el actual sistema, las cosas no están yendo bien. 
Nuestra actual situación se encuentra en riesgo de que sin un cambio hacia una agricultura vegana el terreno cultivable pronto quedará estéril. 
Todos estos problemas ocurren debido a que no hemos seguido la norma de la reciprocidad. No hay razón aparente por la que los desechos de una comunidad vegana saludable no puedan ser utilizados de nuevo, y si todos los desechos de las plantas fueran devueltos a la tierra se podría establecer una agricultura equilibrada y sana sin explotación animal, sin utilizar animales.
Texto original: "Veganism"

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NOTA:

Cuando Donald Watson señalaba que era improbable que en la práctica se pudiera alimentar a miles de millones de seres humanos con las pautas tradicionales establecidas no se equivocaba en sus cálculos. Lo que sucede es que al realizar esa declaración, en 1947, todavía no se había extendido la industrialización de las granjas. Fue la industrialización lo que permitió extender el consumo de productos animales a precios asequibles en un mercado de demanda formado por muchos millones de consumidores. Sin la industrialización eso no habría sido posible. Watson no contaba por entonces con este punto dado que fue a partir de la década de los 50 que se produjo la reconversión de la industria. Por tanto, su análisis era muy lúcido dentro del contexto en el que se situaba.

8 de octubre de 2011

El sufrimiento de la explotación


En las siguientes imágenes se puede ver cómo se lleva a cabo el procedimiento que consiste en arracarles las plumas a unos animales con el fin de conseguir material para rellenar almohadas, edredones, abrigos, colchas, ... y muchos otras prendas de ropa que se comercializan y se usan cotidianamente.





Creo importante señalar en primer lugar que el mensaje que aparece en el vídeo sugiere que lo correcto sería matar a los animales antes de arrancarles las plumas para evitar así que sufran. Pero eso es como decir que para violar a una mujer lo correcto es matarla antes de ser violada para que así no sufra durante la violación.

Pero este tipo de prácticas es inaceptable no sólo porque cause sufrimiento sino porque los animales tienen otros intereses además del interés en evitar el sufrimiento. Los animales también poseen un interés en vivir y en disfrutar de su vida libres de sometimiento ajeno.

El criterio del sufrimiento es problemático por varias razones.

Por un lado, utilizar a los animales no siempre implica necesariamente causarles sufrimiento de forma deliberada, a pesar de que sí sea lo habitual. Por otro lado, si creemos que el sufrimiento es lo único que importa entonces en el mejor de los casos se buscarán formas de continuar utilizando animales pero sin supuestamente causarles sufrimiento o con menos sufrimiento.

La mayoría de activistas y organizaciones animalistas simplemente abogan por buscar métodos para "reducir el sufrimiento". Su postura parte del prejuicio de creer que a los démas animales solamente les importa el dolor y el sufrimiento. Y si sólo tenemos el sufrimiento entonces es coherente que busquemos formas de causar menos sufrimiento. Y en cierto modo es factible considerar, por ejemplo, que la ganadería tradicional causara menos sufrimiento que la industrial, aunque ambas impliquen sufrimiento y daño sobre los animales.

El sufrimiento no es la cuestión. Centrar la crítica sobre el sufrimiento a la hora de tratar el problema moral en nuestra relación con los demás animales sólo sirve para motivar leyes que busquen reducir o evitar ese sufrimiento pero que sigan legitimando el uso de animales no humanos. Hablar sólo de sufrimiento sirve para que la gente ignore que los demás animales tienen otros intereses aparte de evitar el dolor innecesario. Hablar sólo de sufrimiento sólo consigue al final perpetuar y causar más sufrimiento injustificable.

Ése es el error de focalizar la cuestión en el tema del sufrimiento. La cuestión de fondo es que los animales no sólo tienen un interés en evitar el sufrimiento innecesario sino también otros intereses igualmente importantes —como el interés en continuar existiendo y en evitar el daño— que son incompatibles con cualquier forma de explotación.

Por tanto, el sufrimiento no es la cuestión. 

La cuestión es la sintiencia —la capacidad de sentir. El dolor es sólo una sensación, entre otras muchas, y una parte de la totalidad de la sintiencia. Sentir significa que experimentamos sensaciones y tenemos intereses: deseamos vivir, evitar el daño y disfrutar de nuestra vida. Al igual que nosotros, los demás animales son seres conscientes.

La cuestión es que estamos utilizando a seres sintientes como recursos para nuestro beneficio sometidos a la condición de propiedad. La cuestión es que hemos esclavizado a otros animales aprovechándonos de que podemos ejercer ese poder sobre ellos y alegando la excusa de que no son humanos. 

La cuestión es el especismo.

La cuestión es que estamos utilizando como recursos a otros animales que, al igual que nosotros, sienten y desean vivir sus propias vidas libres del sometimiento. Estamos usando a personas como si fueran cosas —como simples medios para conseguir nuestros fines. No los respetamos del mismo modo que deseamos que nos respeten a nosotros. Los discriminamos sólo por no ser humanos.

Claro que hacer sufrir a alguien de forma injustificada está mal, pero si focalizamos el asunto sólo en ese aspecto lo que estamos promoviendo indirectamente es que la explotación continúe igual pero con reformas que supuestamente consigan que la actividad explotadora cause menos sufrimiento.



3 de octubre de 2011

El consumo de huevos es consumo de esclavitud

La verdad sobre los huevos de corral 

A continuación quisiera exponer algunos de los argumentos principales que explican por qué el consumo de huevos —y en general el uso y consumo de animales no humanos— sería moralmente inaceptable.

Consumir huevos implica infligir daño y sufrimiento y muerte a los animales sin necesidad ni justificación

Existe la creencia que si dejamos de consumir carne animal entonces ya evitamos participar en cualquier clase de daño que se haga a los animales por nuestras necesidades alimenticias y que no hay ningún problema moral en consumir otros productos que provienen de los animales no humanos: lácteos, huevos, miel, lana,.... Pero esta idea es errónea.

En el caso concreto de los huevos; su producción implica de forma habitual causar la muerte de los animales utilizados en ella, tal y como descriptivamente relatan los activistas Jenna Torres y Bob Torres:
«Teniendo en cuenta que los animales suelen nacer tanto machos como hembras en proporción del 50 por ciento, ¿qué ocurre entonces con el cincuenta por ciento de machos? 
En el caso de las gallinas, los pollos macho son totalmente inaprovechables para el explotador. Si no pueden poner huevos y no pueden ser convertidos en carne, criarlos supone una pérdida de dinero, y ningún explotador, ya sea intensivo o extensivo, orgánico o no, está en este negocio para perder dinero haciendo de su granja un refugio para animales no productivos.
Por tanto, los pollos macho son frecuentemente descartados al nacer y se les masacra vivos para ser utilizados como proteína natural, o se les tira a la basura para dejarlos morir lentamente de hambre y asfixia, un acto de crueldad extrema.» 
Por otra parte, las leyes que regulan la explotación animal —lo que se conoce como "Bienestar Animal"—, más allá de su supuesto cumplimiento, sólo sirven que la gente se sienta con la conciencia más tranquila a la hora de consumir productos de origen animal.

Se publicita que los animales están "bien cuidados" y que su bienestar es compatible con su esclavitud y explotación. Pero la realidad es que las gallinas viven toda su vida encerradas, sin poder desarrollar un vida normal acorde con sus necesidades y preferencias; han sido seleccionados genéticamente para favorecer que pongan huevos constantemente en perjuicio de salud; y cuando ya no son rentables estando vivas entonces son matadas para aprovechar económicamente sus cadáveres.

La existencia de un bienestar real dentro de la esclavitud de los animales es un fraude empírico: los animales están sujetos a una dominación en las que sus intereses fundamentales [continuar viviendo, no sufrir contra sus intereses, satisfacer sus necesidades básicas y desarrollar sus capacidades] son supeditados y destruidos frente a los intereses de quienes se consideran sus dueños.

Podremos apreciar que el vegetarianismo no supone en realidad ninguna diferencia para los demás animales. Si queremos respetar a los animales la opción coherente es el veganismo.

Además, una dieta vegana nos aporta todos los nutrientes que requiere nuestro organismo para estar sano. No tenemos necesidad nutricional de alimentarnos a costa de utilizar otros animales. Por lo que la necesidad no puede servir como excusa para intentar justificar la explotación de los animales para servir de alimento.

Consumir huevos supone ignorar el respeto básico que todos los seres sintientes merecen 

Pienso que la cuestión que deberíamos plantearnos en primer lugar es: ¿por qué está una gallina sometida a un ser humano? Eso no es algo natural o espontáneo. Ha tenido que producirse alguna clase de dominación previa para que esa situación se produzca. Las gallinas no decidieron vivir así por propia voluntad ni tampoco dieron su consentimiento para ello.

Puede que haya casos de seres humanos que intentan cuidar bien a los otros animales que tienen bajo su dominio. Sin embargo, el hecho de consumir productos animales, incluso aunque supuestamente no hubiera supuesto algún daño físico o psicológico a otros animales —lo cual en la práctica suele ser más bien difícil o imposible— resultaría objetable desde un punto de vista moral, por varias razones que expongo a continuación.

Para entender mejor por qué no deberíamos consumir productos animales, aunque supuestamente no implicara daño, quisiera exponer como analogía el siguiente ejemplo: 

Imaginemos que nos encontramos solos en una habitación con un hombre, o una mujer, profundamente dormido. Imaginemos que nos atrae físicamente, sexualmente. Ni siquiera conocemos a dicha persona. ¿Qué pasaría si decidiéramos manosear su cuerpo para obtener placer? Estamos hablando de una injerencia sobre su cuerpo que no ha sido consentida y que cometemos por satisfacer nuestro placer. Este contacto físico no se trata de un accidente o de un toque de atención —por ejemplo, para avisarle de un peligro.

Si finalmente nos dejáramos llevar por ese impulso, nos encontraríamos ante un caso de violación sexual. Esa acción es una agresión contra su valor como persona y su integridad física. Es tratar a alguien como si fuera una cosa y no una persona.

La ética no se abarca sólo la cuestión de lo que causa físicamente daño. Tampoco hace ningún daño físico disfrutar mirando fotos de niños desnudos obtenidas por pederastas; sin embargo, creo que todos desaprobamos dicha conducta, porque disfrutar a costa de vulnerar el respeto básico que merecen las personas no puede ser moralmente correcto.

¿Por qué pensamos que esta cuestión debe ser diferente cuando se trata de otros animales; de sus cuerpos y de sus intereses?

Si decidimos sustraer los huevos de otros animales para nuestro propio beneficio sin su consentimiento, aunque supuestamente no les causáramos un daño físico psicológico, ¿no estaríamos incurriendo en un comportamiento análogo al del ejemplo expuesto anteriormente? ¿Acaso no estamos utilizando el cuerpo de otros animales como un simple medio para nuestros propios fines? 

Si entendemos que los animales merecen que los respetemos como individuos que tienen sus propios intereses entonces esto implica también respetar aquello que proceda de sus cuerpos [leche, huevos] o que haya sido obtenido con su esfuerzo [nidos, hormigueros]. 

La ética de los Derechos Animales abarca más aspectos morales que no solamente la agresión o la explotación; del mismo modo que los Derechos Humanos tratan acerca del respeto integral hacia cada ser humano y no sólo del problema de la agresión física o la esclavitud.

El consumo de huevos promueve y refuerza la idea de que los animales existen como recursos para nuestro provecho

Si comprendemos que los animales nohumanos no deben estar sometidos a nosotros, y que debemos respetar sus intereses básicos, entonces no deberíamos establecer ninguna relación de dependencia con ellos.

Si nos hacemos dependientes de ellos, sus intereses siempre estarán supeditados a los nuestros, o los nuestros a los suyos. Esto es incompatible con el principio de igual consideración. Ellos deberían poder vivir su propia vida en libertad igual que nosotros.

Si consumimos productos animales —aunque éstos presuntamente no hubieran implicado utilizar o dañar a nadie— reforzamos la idea de que los animales no humanos existen en este mundo para servir a nuestras necesidades, y de ese modo estamos dificultando el progreso hacia un estilo de vida y una sociedad que no dependa de utilizar a otros animales.

Si queremos evitar hacer daño a los animales sin necesidad entonces la única opción coherente que podemos tomar es evitar el consumo de huevos y en general cualquier producto de origen animal.

Debo señalar que no sería correcto afirmar que las gallinas que son utilizadas para quitarles sus huevos puedan ser "libres" de algún modo. Todos los animales que son utilizados en la industria de explotación animal son vistos como recursos ecónomicos y únicamente se les tiene en cuenta mientras sean productivos. Todas las gallinas cuando dejan de producir huevos van a parar al matadero para aprovechar económicamente sus cadáveres. 

Los seres humanos no necesitamos comer animales ni nada procedente de animales para estar sanos, fuertes y bien alimentados. Por tanto, no hay excusa que justifique consumir nada que provenga de otros animales, especialmente aquello que implique su explotación.

En el caso concreto de que supuestamente no hubiera explotación sino que nos limitáramos a cuidar de unos animales concretos, considero que tampoco deberíamos consumir nada que provenga de ellos. Entiendo que esos huevos pertenecen a las gallinas y ellas no nos han dado su consentimiento para que se los quitemos. Además, en ocasiones ellas mismas comen dichos huevos para recuperar el calcio que pierden en cada puesta. Así que les estaríamos perjudicando si se los quitamos.

En cualquier caso, si seguimos consumiendo lo que proviene de animales no humanos estaremos perpetuando la idea, en nosotros mismos y en los demás, de que los necesitamos para vivir y de que están en el mundo para satisfacer nuestras necesidades o caprichos. Como bien señala Bob Torres:
«Tener unas cuantas gallinas en tu jardín para que produzcan huevos puede que no sea una horrible tortura para los animales, pero estás cosificando las gallinas, estás convirtiendo a un ser sintiente en un sujeto cuya función principal es satisfacer tus necesidades; es un ejemplo de dominación humana, de explotación de otros para satisfacer tus intereses.»
En Inglaterra se han comercializado huevos de gallinas rescatadas que viven en santuarios, con la excusa de que esas gallinas no son explotadas sino que sólo se recogen los huevos que van dejando por ahí. Pero por muy buenas que sean las intenciones, si lo que se defiende es que los animales sean libres de la dominación humana, con estas iniciativas lo que en verdad se consigue es fomentar justo lo contrario.

Los demás animales no son cosas ni recursos para nuestro consumo, sino que son individuos únicos con características e intereses propios, es decir, son personas —personas no humanas.

Con esta explicación no pretendo en modo alguno atacar ni juzgar a ninguna persona, sino sólo llevar a la reflexión acerca de nuestra ancestral relación dominante y esclavista sobre los demás animales, así como de la necesidad moral de abandonar por completo este tipo de relación.

Respetar a los animales implica necesariamente abadonar su explotación, y esto comienza en cada uno de nosotros adoptando el veganismo.

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