31 de agosto de 2011

Observaciones acerca de la cuestión de la violencia



«La violencia trata a otros como medios para fines en vez de tratarlos como fines en sí mismos. Cuando actuamos violentamente contra otros –sean humanos o no humanos–, ignoramos su valor inherente. Los tratamos sólo como cosas que no tienen ningún valor, excepto el que nosotros decidamos darles. Esto es lo que lleva a las personas a involucrarse en crímenes de violencia contra la gente de color, mujeres, gays y lesbianas. Esto es lo que nos lleva a cosificar a los no humanos y tratarlos como recursos que existen solamente para nuestro uso. Todo esto es erróneo y debe ser rechazado.»                                                                                            ~ Gary Francione


A la hora de reflexionar sobre la cuestión de la violencia, en primer lugar, creo que es importante tener claro que la violencia no se limita sólo la agresión física. También existen otros tipos de violencia: la mental (el odio), la verbal (insultos, amenazas) o la violencia contra la verdad (mentir). Estas formas de violencia también son moralmente reprobables, y son incluso más habituales que la violencia física. Aunque existe una evidente diferencia de grado entre insultar y herir físicamente; si insultamos a una persona estamos siendo violentos con ella. Y no concibo ningún caso (como proteger a una persona) en el que insultar a alguien estuviera justificado.

Veo que prácticamente todo el mundo  coincide en que considera justificada la violencia en el caso de no haber otro modo de salvar la vida de alguien dentro de una situación individual. Pero creo que es muy habitual confundir violencia con el uso de la fuerza. Se puede detener a un agresor sin tener necesariamente que hacerle daño. Existen técnicas de defensa personal y armas no-letales (por ejemplo, esprays) que tienen ese propósito.

Nadie defiende la idea de que la única forma de confrontar el problema de la violencia sea con palabras amables, sino que si realmente comprendemos el problema y estamos en contra de la violencia entonces buscaremos la manera de evitarla y adoptar unas vías de acción no-violenta

Pensar que rechazando la violencia nos limitamos a la pasividad es igual que equivocado que creer que por rechazar la violación sexual entonces necesariamente nos quedamos limitados a no poder tener una vida sexual plena y satisfactoria con otras personas, cuando esto obviamente es absurdo. Podemos disfrutar de la sexualidad sin incurrir en violencia contra nadie, e igualmente podemos evitar y solucionar las injusticias sin recurrir a la violencia.

El problema de fondo es la violencia en forma de mentalidad (prejuicios como el especismo) y la agresión física contra los animales. Y si el problema moral es la violencia (y a mi modo de ver es el problema central y más importante) entonces emplear ese mismo problema -la violencia- como táctica no puede solucionarlo, sólo extenderlo y agravarlo.

Vivimos en una sociedad que considera la explotación de los animales no humanos como algo asumido y aceptable. Es un problema estructural que tiene su raíz en nuestra forma de pensar y de sentir. Esto no lo vamos a solucionar intentando arreglar sucesos concretos que ocurren coyunturalmente (sin menoscabo de ayudar a quienes lo puedan necesitar), sino creando una cultura diferente. Esto sólo se puede conseguir a través de una acción educativa que persuada y convenza a la gente. Si nosotros entendemos el problema entonces los demás también pueden hacerlo. Es cuestión de perseverar y de hacerlo de manera correcta.

La noviolencia encuentra su fuerza no en el miedo y la destrucción, como hace la violencia, sino en la persuasión y el convencimiento a través de la empatía y la razón. En esto es precisamente en lo que se fundamenta la herramienta de cambio más poderosa que tenemos a nuestro alcance para enfocar el problema de la violencia, esto es, la educación vegana. En palabras de Gary Francione:
«Si queremos ver un mundo en el que no haya violencia contra los más vulnerables, nosotros mismos debemos no ser violentos, y presentar nuestros puntos de vista de una manera no violenta. La no violencia comienza con nuestro propio veganismo y nuestro uso de medios creativos y no violentos para educar a otros acerca del veganismo.»

29 de agosto de 2011

¿Cómo sabemos que los animales sienten?




«Lo cierto es que todos somos más felices pensando que un animal no siente nada y ello nos sirve de excusa.» ~ Elisabeth Rigo

La cuestión fundamental que vamos a tratar aquí es acerca de si los otros animales, aparte de los humanos, pueden sentir y cómo podemos saberlo.

¿Cómo sabemos que cualquier animal —humano o no humano— siente? Bueno, al menos sabemos que nosotros mismos podemos sentir. Lo sabemos por experiencias directas que tenemos cuando, por ejemplo, alguien nos grita al oído, o tocamos una superficie caliente, o vemos un color. Pero ¿cómo sabemos que los demás individuos también sienten?

Es evidente que no tenemos la capacidad de poder experimentar directamente la sensación de nadie más aparte de la que experimentamos nosotros mismos. La sensación es un estado de conciencia, un fenómeno puramente subjetivo, y como tal nunca puede ser observado. La sensación es un fenómeno que experimentamos subjetivamente, y sólo podemos deducir que otros lo están sintiendo por varias indicaciones objetivas.

¿Estaría justificado asumir que sólo otros seres humanos sienten como nosotros? Y si es así, ¿hay alguna razón por la que tal deducción no sea justificable en el caso de otros animales?

Casi todas las señales externas que nos llevan a deducir sensación en otros humanos pueden ser vistas en individuos de otras especies. Por ejemplo, en el caso de la sensación de dolor, las señales de comportamiento suelen ser: retorcimiento, contorsiones faciales, quejas, alaridos u otras formas de grito, intentos de evitar la fuente de dolor, signos de miedo y angustia ante la perspectiva de su repetición, y otros.

Sin embargo, comportamientos externos, como el hecho moverse o emitir sonidos, no serían demostrativos por sí solos. Ni tampoco lo serían las señales que un aparato pueda recoger de la actividad cerebral.

Ahora bien, sabemos que otros animales poseen sistemas nerviosos similares a los nuestros, que responden fisiológicamente como los nuestros cuando el otro animal está en circunstancias en las que nosotros experimentaríamos cierto tipo de sensaciones, como es el caso de la sensación de dolor.

Aunque los humanos tienen un córtex cerebral más desarrollado que el de otros animales, esta parte del cerebro está relacionada con las funciones de razonamiento abstracto y no con las sensaciones, emociones y sentimientos. Las sensaciones, emociones y sentimientos estarían más bien generadas en zonas primarias de la red neuronal, como el diencéfalo.

Asimismo, sabemos que el sistema nervioso de los otros animales se desarrolló conjuntamente al nuestro con un sentido biológico de supervivencia del organismo —evitar lo perjudicial y encontrar lo beneficioso. Y es conocido que la historia evolutiva de los seres humanos y otros animales no divergieron hasta que las características centrales de nuestro sistema nervioso ya habían sido establecidas del mismo modo para todos. Por esto deducimos que todos los animales vertebrados, y al menos una gran parte de los invertebrados, son seres conscientes.

La capacidad de sentir es indispensable para la supervivencia de un animal, puesto que ocasiona que eviten las fuentes que les causan daño y se inclinen hacia aquellas que les favorecen. Por lo que sería claramente irracional suponer que los sistemas nerviosos que son casi dénticos o muy similares, que tienen un origen y una función evolutiva en común, y que resultan en formas de comportamiento similares en circunstancias similares, deberían de funcionar de una forma radicalmente diferente a nivel subjetivo.

De este modo, cada evidencia con la que contamos actualmente apoya la teoría de que los demás animales sienten, esto es: experimentan sensaciones, deseos, emociones, intenciones.

Por otra parte, suponer que otros animales quizás sienten "menos" porque son animales "inferiores" sería algo absurdo. De hecho, se puede fácilmente demostrar que muchos de sus sentidos son bastante más agudos que los nuestros —la agudeza visual en aves como el águila; el oído extremadamente sensible en mamíferos como el murciélago o el perro; el tacto en los peces. Estos animales dependen más que nosotros ahora de una experiencia detallada de su ambiente circundante.

Aparte de la complejidad de la corteza cerebral —que no percibe la sensación de forma directa— los sistemas nerviosos de los otros animales son casi idénticos al nuestro, o muy parecidos, y sus reacciones claramente similares. Su experiencia sensitiva resulta muy evidente, principalmente en expresiones básicas como el miedo.

Podríamos pensar que esto ya sería suficiente para solventar la cuestión; pero todavía quedan algunas objeciones que debemos responder.

Por ejemplo, hay una línea de pensamiento que sostiene que no podemos significativamente atribuir estados de consciencia a seres sin lenguaje. Pero esta postura no parece plausible. El lenguaje puede ser necesario para el pensamiento abstracto a cierto nivel pero los estados de sensación son más básicos, y no tienen nada que ver con el lenguaje. Los bebés humanos son incapaces de usar el lenguaje. ¿Debemos negar por tanto que un bebé de tres meses puede sentir? De ningún modo. Así que el lenguaje no puede ser un criterio relevante para determinar la posesión de sintiencia.

Desde una perspectiva racional, no podemos aceptar la creencia de que sólo otros humanos sienten pero negar esto mismo en otros animales. Antes las evidencias con las que contamos ya no podemos poner en duda que las actividades de los demás animales están directamente relacionadas con la sintiencia —la facultad de sentir.

Por todo ello, podemos afirmar de forma razonable que los animales sienten. Nosotros sentimos porque, al igual que el resto de animales, poseemos un sistema nervioso. De esta manera podemos concluir que ante los argumentos mostrados no habría buenas razones, científicas o filosóficas, para negar que, al igual que nosotros, los demás animales sienten —son seres conscientes. Si no dudamos que otros humanos sienten entonces tampoco deberíamos dudar de que otros animales también lo hacen.

25 de agosto de 2011

Situando una cuestión en sus justos términos

Hace unos meses, fue publicado en muchos medios de comunicación el caso de unos padres que al parecer eran veganos, y que después se tuvo conocimiento de que practicaban terapias fraudulentas, a los que se les murió un hijo por culpa de su negligencia. En ese momento la noticia fue utilizada para atacar el veganismo, como práctica, y tacharlo de fanatismo peligroso en diversos periódicos, mesas de debate, telediarios...

El suceso no tuvo relación con el veganismo. El hecho de que los padres fueran veganos era puramente tangencial al hecho de que practicaran terapias pseudocientíficas y no tuvieran conocimientos cabales de nutrición. No existe relación entre el veganismo y la práctica de teorías pseudocientíficas ni la mala nutrición por falta de conocimiento.

Aquí se está confundiendo un caso excepcional con lo habitual. Lo normal es que los niños alimentados de forma vegana crezcan sanos y fuertes. Miles de niños veganos crecen sanos y fuertes. El problema no es el veganismo. El problema es no informarse correctamente. 

Nunca veremos un caso de niño vegano malnutrido en países anglosajones, como Estados Unidos y Reino Unido, porque el veganismo se lleva practicando allí desde hace 70 años y la información y el grado de conciencia en general es mucho más elevado que en el resto del mundo. 

Los casos excepcionales ocurren siempre en países como España, Francia e Italia donde el veganismo apenas se comenzó a difundir desde poco más de una década y, además, se confunde con otras cosas, como la macrobiótica o el naturismo y otras doctrinas que no tienen ninguna relación con el veganismo.

El veganismo es una filosofía ética que rechaza la explotación animal y afirma que los demás animales deben ser respetados como personas. Esta filosofía se aplica en la práctica evitando participar en la explotación de los animales y escogiendo alternativas que no impliquen usar a otros animales. Todo esto es compatible con la razón y la ciencia.

El veganismo como práctica es perfectamente realizable y no causa problemas de salud siempre que se lleve a cabo de manera informada y responsable.

Está demostrado que una alimentación vegana, siempre que esté bien planificada, es apta para todas las edades y circunstancias de la vida.

Es por esto que el veganismo, tanto como ideal o como práctica, no tuvo nada que ver con el hecho de que unos padres causaran la muerte de su hijo por negligencia. En esto sólo tuvo que ver con su falta de conocimiento sobre nutrición y su confusión acerca de como llevar una vida saludable.

El veganismo es viable, no implica daño para nuestra vida y nuestra salud, y, además, es la única opción moralmente justa, por respeto a los demás animales

Me gustaría finalizar con un breve documental sobre padres veganos:





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16 de agosto de 2011

Un comentario acerca de la discriminación




Me gustaría señalar un detalle que suele aparecer a menudo cuando se trata sobre la cuestión moral de los animales y el tema de la desigualdad.

En el contexto moral, a menudo se habla de la «discriminación» como si fuera un acto malo en sí mismo. Sin embargo, esto no sería correcto. La discriminación no tiene por qué ser errónea siempre que esté justificada. Discriminar significa "dividir, separar, discernir". Hacemos discriminaciones continuamente, pero el hecho de discriminar no es un hecho inmoral de por sí. La discriminación sólo es errónea si no se puede justificar razonadamente. Por esto señala Pablo Malo que:
«[...] hay que diferenciar discriminación de discriminación injusta. Discriminar es distinguir, reconocer una diferencia. En ese sentido ciertas discriminaciones son necesarias y deseables. Por ejemplo, un maestro tiene que discriminar entre un buen examen y un mal examen y no dar la misma nota a todos. Otra cosa es la discriminación injusta, que por definición es moralmente problemática. Una discriminación es injusta cuando la gente es tratada de forma diferente sin que exista una diferencia relevante entre la gente que justifique ese tratamiento diferente.»
Discriminamos —separamos, excluimos— de la comunidad moral a todos aquellos seres que carecen de la capacidad de sentir. Ni las plantas ni los minerales merecen consideración moral por sí mismos. Solamente los seres sintientes son quienes deben ser respetados por sí mismos. En cambio, discriminar de la comunidad moral y el respeto básico a ciertos individuos por motivo de raza, sexo o especie no sería razonable, ya que esas características no afectan a la capacidad de sentir, que es el único requisito relevante para formar parte de la comunidad moral.

Por ejemplo, discriminar de la consideración moral a alguien por el hecho de ser de una determinada especie o de una determinada raza. Esta discriminación sería injusta porque esas características no afectan a la capacidad de sentir. En cambio, discriminar a los seres no sintientes de esta consideración por sí mismos no es injusto, y por lo tanto es una discriminación razonable y moralmente correcta.

Dentro de la comunidad moral estaría justificado discriminar a quienes no tengan un mínimo de raciocinio de la posibilidad de ser responsables de sus actos. Por ejemplo, no consideramos que un niño tenga derecho a realizar contratos. A no ser que alguien defienda que un niño de dos años puede tener derecho a entablar contratos entonces lo está discriminando. Y esta discriminación no es injusta puesto que los niños carecen de la capacidad de realizar contratos. Lo malo sería creer, y permitir, que un niño puede hacer contratos o que los puede realizar siendo realmente consciente de lo que hace.

Discriminar es simplemente separar o distinguir. Y no hay nada intrínsecamente malo o perjudicial en ello. No podríamos vivir y razonar sin hacer diferenciaciones entre la existencia. La discriminación es algo inherente a toda forma de vida consciente en su modo de conocer el mundo. De hecho, todos los individuos somos diferentes entre nosotros. No hay nadie que sea idéntico a otro. Reconocer la singularidad de cada individuo es una forma de discriminación pero que no tiene nada de injusto o equivocado.

Pueden haber discriminaciones que sean correctas o incorrectas; que sean justas o injustas. Pero decir que la discriminación en sí misma es algo malo se trata de un error. Rechazar la discriminación como tal es casi como rechazar el pensamiento y la razón. Y si ya tenemos categorías que señalan acertadamente errores morales [asesinato, violación, esclavitud,...] entonces no hay motivo para usar discriminación en sentido peyorativo.

Proponer que debemos abolir toda discriminación implicaría que ya no podremos discriminar entre animales y vegetales; no podremos discriminar entre el bien y el mal; no podremos discriminar entre esclavitud y libertad. Decir "no a la discriminación" sería pues un mensaje equívoco.

Debemos denunciar y rechazar aquellas discriminaciones que son arbitrarias respecto de algún criterio relevante a cada cuestión específica  —como es el especismo— pero hablar en contra de la discriminación como tal es precisamente una forma de dejar paso a la arbitrariedad, puesto que si no podemos hacer discriminaciones entonces ya no podemos delimitar conceptos ni determinar juicios o valoraciones, ya que todo razonamiento implica necesariamente una discriminación entre lo bueno y lo malo, entre lo correcto y lo erróneo, entre lo verdadero y lo falso.

Por ejemplo: la mayoría utiliza el término "persona" como sinónimo de ser humano excluyendo al resto de animales sintientes. Pero esta discriminación sería errónea, ya que los demás animales también deberían estar incluidos y considerados dentro de la categoría de persona, puesto que ellos poseen los requisitos básicos de la personalidad.

En conclusión; se habla de la discriminación como si fuera un concepto malo en sí. Pero, por las razones expuestas, esto no sería correcto. La discriminación no tiene por qué ser inmoral siempre que esté justificada. Necesitamos efectuar discriminaciones continuamente para poder pensar y razonar. El hecho de discriminar no es un hecho inmoral de por sí. Sólo lo es si se hace de manera injustificada.

Por todo esto, considero que deberíamos denunciar la discriminación injustificada, y no la discriminación en sí, para referirnos a aquella que no estaría racionalmente justificada.

12 de agosto de 2011

Ecologismo




En este artículo quisiera exponer algunas reflexiones sobre el tema del ecologismo desde la perspectiva del veganismo y los Derechos Animales.

Los humanos no son el problema; el problema es nuestra cultura

Fenómenos como la contaminación, la alteración de la biodiversidad, el cambio climático son hechos que perjudican a muchos animales pero sin duda pueden beneficiar a otros. 

Si atendemos sólo a criterios biológicos entonces nada de eso sería intrínsecamente malo. El beneficio o el perjuicio depende del punto de vista que adoptemos para valorarlo. Dentro de los procesos naturales [terremotos, erupciones, tempestades] también se producen muertes, contaminación, alteraciones de la biodiversidad y cambio climático; y no por eso lo condenamos como algo inmoral.

Para juzgar el problema del daño medioambiental debemos enfocarlo desde un punto de vista moral. 

La contaminación producida por el ser humano ha aparecido sólo en los últimos siglos a la par que la revolución industrial. L
a contaminación medioambiental no es algo inherente a la humanidad, sino que es producto de una determinada evolución tecnológico.

Incluso los más radicales antropocentristas podrían estar de acuerdo en que los humanos somos tremendamente dañinos para el medio ambiente, pero les resultaría irrelevante en tanto que sólo les importa el futuro de la humanidad. 


Hay que tener en cuenta que ni biológicamente ni culturamente los humanos estaban preparados para afrontar el problema de la contaminación medioambiental. La contaminación no es el efecto de alguna clase de maldad. 


La gran mayoría de los humanos estarían de acuerdo en que debemos respetar el medio ambiente, aunque fuera por una simple cuestión de interés propio. Si bien ocurre que nuestra naturaleza y nuestros patrones culturales no estaban preparados para esta grave situación tan peculiar que ha causado la industrialización como consecuencia indirecta.

Después de la explotación animal, el mayor daño que causamos a los demás animales con nuestras acciones se produce mediante la contaminación. 


Gran parte de esta contaminación se podría evitar mediante el uso de energías renovables y el reciclaje, y otras medidas que aminoran nuestro impacto sobre el medio ambiente. 

Sin embargo, la raíz del problema está en la falta de consideración moral por los animales no humanos. No puede haber solución, ni ser eficaz, si no es atendiendo a la causa del problema.

Asumir o promover algún tipo de misantropía no es más que el reverso de la misma moneda. Ni el antropocentrismo ni la misantropía van a solucionar ese problema.

El ecologismo no es un error; el error es el especismo


A menudo, el movimiento ecologista actual lejos de respetar los derechos de los animales lo que hace es promover la esclavitud y el exterminios de animales inocentes. Ahora bien, esto no considero que esté motivado por el propio ecologismo en sí.

Esas prácticas entran dentro del tipo de ecologismo actualmente predominante, del mismo modo que cocinar cadáveres de animales entra dentro de la gastronomía. No sucede porque la gastronomía en sí implique necesariamente cocinar cadáveres de animales sino porque vivimos en una sociedad especista que entiende esa práctica como algo aceptable.

Si por ecologismo entendemos tratar de respetar el medio ambiente debido a que es el necesario sustento de la vida de los animales, entonces la violencia que promueve no tiene que ver en sí con el ecologismo. La causa está en el especismo.

Por tanto, el concepto de ecologismo no tiene por qué ser especista. Aunque el movimiento ecologista actual sea predominantemente especista, este rasgo no considero que tenga que ser intrínseco con el ecologismo en sí como concepto sino que está motivado por el paradigma moral que domina en nuestra sociedad, es decir, el antropocentrismo.

La postura ecologista no implica discriminar ni matar a otros animales. De la misma manera que no implica discriminar ni matar seres humanos. El problema del ecologismo es el prejuicio especista que ha asumido. El error es el antropocentrismo; no el ecologismo. 


Los ataques de algunos bienestaristas contra el ecologismo —como los que lanzan Óscar Horta & Catia Faria— están solamente motivados por un odio visceral de los bienestaristas contra el sufrimiento. Si el principio del ecologismo implica aceptar que los animales no humanos vivan libres en hábitats propios entonces esto supone aceptar que esos animales puedan sufrir por circunstancias de su vida.


Veganismo y ecologismo son dos cuestiones diferentes

Muchos estaremos de acuerdo en que debemos preocuparnos por la contaminación, y el daño contra el medio ambiente en general, debido a que perjudica indirectamente a otros animales —humanos y no humanos. Es un problema, y tenemos que tenerlo en cuenta a la hora de vivir. No obstante, se trata de una cuestión aparte del veganismo.

No deberíamos confundir el veganismo con otras cuestiones, por muy importantes que sean éstas. Es decir, alguien que use vehículos de motor, o consuma productos industriales, no está violando el principio del feminismo aunque esa contaminación perjudicara indirectamente a las mujeres y a otros seres humanos. Lo mismo sucede con el veganismo.

Quizás pueda ser más ecológico el hecho de pescar —asesinar animales marinos— en un río que comprar en un supermercado, pero lo primero es violencia que no se puede justificar éticamente. 

Del mismo modo, puede ser más ecológico esclavizar a seres humanos que utilizar máquinas que contaminan; pero que sea más ecológico simplemente no lo hace permisible. 

Deberíamos intentar proteger el medio ambiente porque es el medio directo del que dependen los animales, incluyendo a los humanos, pero sin olvidar los principios éticos más básicos.

Por otra parte, algunos defensores de los animales pretenden denunciar uso de animales no humanos enfoncándolo desde una perspectiva diferente a la moral. Ellos creen que si se centra el problema desde un aspecto económico o medioambiental, resaltando las consecuencias negativas o insostenibles de ciertos prácticas industriales, se conseguirán resultados más eficaces para terminar con el uso de animales por el hombre. Ese enfoque me parece profundamente controvertido debido a que margina la cuestión ética.

Si los seres humanos explotan a los animales se debe no sólo al hecho mismo de querer satisfacer ciertas necesidades sino especialmente debido a que consideran en su pensamiento que utilizar a otros animales es algo legítimo. 


La mentalidad especista no tienen conciencia de estar haciendo daño a otros animales o consideran que ese daño está justificado porque sus intereses están por encima de los de sus víctimas. La mentalidad especista considera a los demás animales como cosas y no como individuos. Nuestra mentalidad especista coloca siempre los intereses de los humanos por delante de los de otros animales. 

Esa forma de pensar es lo que ha constituido en normales y habituales conductas como el consumo de animales y es lo que provoca que la mayoría de la gente, por ejemplo, compre cadáveres de animales asesinados para luego comérselos y lo vea como algo perfectamente normal.

Una de las razones por las que los argumentos económicos o medioambientales fallan a la hora de abordar el problema de los animales nohumanos se debe a que hay situaciones en las que los argumentos de ese tipo no tienen validez. 


Para el caso de los animales nohumanos que son libres —los que viven en estado salvaje— y están siendo progresivamente cercados y eliminados por la acción expansiva del ser humano en todo el planeta, o que son secuestrados o criados para realizar con ellos experimentos científicos resulta obvio que los argumentos que pretenden atacar la explotación animal —que es una de las consecuencias del especismo— no valen para su situación.

Lo mismo se podría decir del movimiento animalista, que también es en su mayor parte especista y cómplice la explotación animal. Pero no por eso deberíamos rechazar de plano el animalismo, si por tal término entendemos la defensa de que los demás animales merecen consideración moral, o, mejor aún, que es el hecho de ser animal —entendido como ser sintiente—la característica relevante para ser incluido en la comunidad moral.


Este análisis valdría igualmente para otros movimientos de cierta afinidad como son el feminismo y los Derechos Humanos. No deberíamos rechazar el concepto de Derechos Humanos ni el feminismo, pero sí su enfoque especista, precisamente porque al menos parte del contenido de su ética es válido, salvo por el hecho de que excluyen la consideración moral hacia otros animales.

Insisto finalmente en la idea de que no es el ecologismo el problema ni lo que debemos criticar en sí, sino que el verdadero error es el especismo y la violencia. 

Un enfrentamiento con el ecologismo no parece el enfoque más correcto, sino que considero que sería más apropiado y efectivo intentar concienciar y educar a la gente de postura o simpatía ecologista acerca de la cuestión moral de los animales.

Es posible un ecologismo vegano, respetuoso con los demás animales


Si nos preocupamos por los demás animales también deberíamos preocuparnos por no envenenar el aire, el agua y la tierra que son necesarias e imprescindibles para sus vidas. 


Es importante plantear una visión distinta de lo que podría ser el ecologismo: un ecologismo basado en la ética de Derechos Animales, y no en el antropocentrismo. 

Un ecologismo razonable no se opone intrínsecamente a alterar el medio ambiente, sino a más bien a dañarlo de tal modo que no permita la vida. 

Lo que yo entiendo por ecologismo ético se basa en dos puntos: 

1) No interferir en la naturaleza si eso implicara violar los derechos de los animales.

2) Respetar los ecosistemas del planeta en tanto que es necesario para respetar los intereses de todos los animales.

La única manera de que nosotros respetemos las vidas de otros animales es que aprendamos a tener en cuenta los intereses de los demás animales. 

Hablar de eficiencias económicas o de gases contaminantes no sólo margina completamente la cuestión moral sino que, desde el punto de vista puramente práctico, resulta además ineficaz para muchos casos.

Mientras los seres humanos sigamos siendo especistas, mientras sigan siendo adoctrinados en el especismo, la utilización de otros animales para satisfacer sus necesidades y deseos nunca terminará. 


Mientras los seres humanos sigan siendo especistas siempre buscarán la forma de continuar el especismo en el que han vivido siempre, por inercia, y adaptarán sus prácticas especistas a las contingencias del momento.

Atacar las ramas pero no a las raíces, sólo provocará que el problema se siga perpetuando. Cuando determinadas ramas sean podadas —determinadas maneras de explotación animal— otras saldrán en su lugar porque la raíz —el especismo— permanecerá intacta. Socavemos la raíz del problema y entonces todas sus ramas se vendrán abajo.


Artículos relacionados:

- Veganismo: moralidad, salud y medio ambiente


- Derechos Animales y ética medioambiental


1 de agosto de 2011

Misantropía: un grave error


«La última debilidad de la violencia es que es una espiral descendente, que engendra lo mismo que busca destruir. En lugar de debilitar el mal, lo multiplica. De hecho, la violencia hace simplemente crecer el odio. Y esto continúa. Devolver el odio por el odio multiplicado al odio, añadiendo una oscuridad todavía más profunda que una noche sin estrellas. La oscuridad no puede esconder la oscuridad: sola la luz puede hacer esto. El odio no puede esconder el odio: solo el amor puede hacer esto.»                                                                                                  Martin Luther King

Un grave error, que no ayuda a solucionar ningún problema, es pensar que el ser humano en sí mismo es la causa de los problemas que nos acucian, en lugar de entender que el verdadero problema es la mentalidad que motiva sus actos inmorales. 

Es la mentalidad, el prejuicio del especismo, lo que nos hace creer que somos superiores a los demás animales, y que estamos legitimados en explotarles para nuestro beneficio.

Además, creer que si alguien hace algo malo es por causa de la especie a la que pertenece es igual de equivocado que creer que si alguien hace algo malo se debe a su raza o a su sexo. Se trata de un prejuicio. El problema no es la especie humana. El problema es el especismo. Actuamos en gran medida condicionados de acuerdo a nuestros valores y creencias.

Cualquiera que haga un repaso por la historia de la humanidad en diferentes lugares y culturas, verá que su comportamiento no ha sido esencialmente distinto del de otros animales. 

En su mayor parte, los humanos vivían para subsistir. Y aunque es cierto que desde el principio hemos explotado a los animales (tanto humanos como nohumanos) también es cierto que el ser humano inventó la agricultura, que es la solución fundamental para no depender de los demás animales. Y aunque hemos asumido muchas veces ideologías que defienden el odio y la violencia, también existen culturas en las que se promueven ideas de respeto y convivencia.

Los seres humanos no somos los únicos animales que explotamos a otros para nuestro beneficio, ya sea por alimento o diversión. Cualquiera que se interese por conocer las vidas de los demás animales podrá encontrar fácilmente ejemplos numerosos acerca de este hecho. Luego no somos radicalmente diferentes ni excepcionales. 

Aunque tal vez sí hay algo que quizás nos diferencia en cierto grado del resto de animales, y es el desarrollo de nuestra capacidad moral para comprender lo que está bien y lo que está mal y actuar en consecuencia.

Considero que deberíamos centrarnos en ese aspecto positivo, y ayudar a los demás a descubrirlo y potenciarlo a través de la educación. En lugar de malgastar nuestro tiempo en odiar, y no hacer nada constructivo por cambiar las cosas para mejor.

No me parece tampoco que sea algo bueno desear el mal para aquellos que supuestamente actúan mal; cuando en su lugar podríamos desear que tengan un cambio de conciencia que les haga dejar de actuar de esa manera. Aunque ese cambio de conciencia es más fácil que llegue si nosotros ayudamos a que se produzca. Así que ¿por qué no les ayudamos a comprender lo que hacen mal y les animamos a cambiar de forma de pensar y actuar?

Difundamos valores de respeto y convivencia, y formas de llevar a la práctica dichos valores. Centremos nuestro activismo en un sentido educacional que tenga como base moral el veganismo y los Derechos Animales. Solamente reduciendo el especismo reduciremos y, finalmente, eliminaremos la sistemática explotación que ejercemos sobre los demás animales. En palabras de Joan Dunayer:
«La emancipación a amplia escala requerirá un cambio radical en las actitudes de las personas. Debemos reducir el especismo. Mientras modelamos el lenguaje no-especista y el comportamiento, debemos educar a las personas sobre sus afianzadas formas de prejuicio. Una vez que las personas reconozcan completamente la crueldad e injusticia inherentes al especismo, éstas rechazarán toda explotación humana hacia los no-humanos. Al final, sólo un descenso sustancial del especismo puede emancipar a los no-humanos.»
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