8 de febrero de 2016

El mal uso del término "efectividad" en el activismo animalista





En este nuevo artículo del profesor Casey Taft, que he tenido la oportunidad de leer y traducir, se analiza la propaganda bienestarista sobre el tema de la "efectividad" desde el punto de vista científico. Continúa así con el mismo tema desarrollado en su anteriores ensayos, en los que exponía con pericia el uso fraudulento por parte de los grupos bienestaristas de conceptos científicos para intentar presentar su forma de hacer activismo como la más "eficaz" sin ninguna evidencia objetiva y comprobable que demuestre semejante afirmación.

**************************
Desde hace un tiempo es habitual ver el término "efectividad" pronunciado a menudo en los foros animalistas. Sobre todo lo he visto en quienes afirman que es más efectivo pedirle a la que gente que reduzca su participación en la explotación animal en lugar de eliminarla. En otras palabras, ellos afirman que no es efectivo pedirles a los demás que sean veganos.
Como ejemplo, este reciente artículo de Tobias Leenaert que comienza con la siguiente premisa:
«Asumamos por un momento que pedir cualquier otra cosa menos que veganismo es inmoral —y que el veganismo es la base moral. Sin embargo, vamos a suponer al mismo tiempo que pedir "algo menos que veganismo" conduce a una mayor reducción de la muerte y el sufrimiento animal. En ese caso ¿qué deberíamos priorizar: la moralidad de nuestro activismo o su impacto? En otras palabras, debemos —asumiendo que sabemos que esto es seguro— usar un mensaje menos efectivo porque creemos que debe ser un mensaje moral?»
El resto del artículo continúa con esta premisa hipotética de que pedir a los demás que reduzcan su consumo de animales es más efectivo que pedirles que se hagan veganos. El problema es que no existe evidencia científica publicada —o siquiera alguna investigación no publicada que yo conozca— que indique que eso es más efectivo, y se trata de una muy cuestionable especulación acerca de lo que sería más efectivo, la cual en mi opinión contradice lo que los psicólogos clínicos conocen desde hace tiempo acerca de promover un cambio de conducta.
Ha habido una proliferación de estudios sesgados sin publicación ni revisión por pares que he criticado recientemente por ser pseudociencia. Lo más preocupante acerca de esa literatura es que la conclusión tiende siempre a coincidir con el método elegido por las organizaciones animalistas, lo que sugiere que que debemos pedir a los demás que simplemente "reduzcan" su explotación de animales, aunque los datos no avalan dicha conclusión. De hecho, en uno de esos estudios los datos indican justo lo contrario: que promover el veganismo conduce al mayor cambio a largo plazo.
También hay grupos de Facebook que promueven el activismo "eficaz". En estos foros, quienes promueven el veganismo como una cuestión de justicia son habitualmente  rechazados y los que prefieren tratar el veganismo como una dieta son los que dominan y suelen estar de acuerdo en que hay que promover el reducetarianismo. En cualquier caso, no hay datos publicados y revisados que fundamenten sus proclamas sobre la "eficacia".
Otros grupos como Animal Charity Evaluators supuestamente ayudan a quienes desean donar dinero a una organización animalista y les indican que organizaciones son más "efectivas". Según su declaración de intenciones: 
«La misión de ACE de encontrar y promover las oportunidades más efectivas para mejorar las vidas de los animales es lo que dirige nuestro programa de investigación. Buscamos comprender la diversidad del activismo animalista a un nivel básico para así identificar aquellas áreas que son más prometedoras. Procedemos a llevar a cabo una investigación profundas sobre las acciones y las organizaciones dentro de esas áreas, para así identificar cuáles poseen una mayor evidencia de eficiencia."
Si bien se trata de un objetivo loable, el problema es que no existe ninguna evidencia científica medible y revisable que indique que cualquier organización es más efectiva que otra. De este modo nos encontramos con un escenario de "basura entra, basura sale" en el que las conclusiones expuestas tienen una validez cuestionable debido a que los datos usados para establecer la efectividad son inexistentes o ausentes. Y de nuevo, los grupos que promueven el veganismo como un asunto de justicia social no han sido incluidos en la lista de evaluación.
El panorama que se descubre a partir de todo lo anterior es que al parecer estas proclamas de "eficacia" están intentando apoyar la idea de que debemos evitar pedir a los demás que se hagan veganos. Tenemos que tener claridad de mente ante el origen de semejantes proclamas. Si los grupos de activismo animalista pueden afirmar que su promoción del reducetarianismo es "efectivo" entonces pueden actuar sin molestar a sus clientes. En otras palabras, ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Pueden persuadir a todo el ámbito animalista para que crea que su activismo es eficaz mientras que consiguen más y más dinero por parte de los no-veganos agradecidos de que no les pidan que se hagan veganos.
Yo no pretendo estar en posesión de ningún conocimiento profundo sobre el verdadero motivo por el que se produce este mal uso del término "efectividad" en el ámbito animalista, pero sí puedo asegurar que esto no ayuda a los animales. Si queremos hablar sobre la efectividad, debemos llevar a cabo ensayos clínicos controlados y aleatorios para determinar realmente cuáles son los métodos más efectivos. Los recursos y los métodos de investigación ya están ahí. Sólo necesitamos que los grupos activistas empleen su dinero en su lugar de sus palabras si quieren hablar sobre eficacia. Debemos realizar estudios honestos y rigurosos sobre el activismo animalista o debemos dejar de hablar de efectividad.
También debemos tener en cuenta las limitaciones de los métodos de estudio. Por ejemplo, sería posible demostrar que una forma de activismo se asocia con mayores reducciones a corto plazo del consumo de carne y lácteos en determinados individuos, pero esto no nos dice nada acerca de que estos individuos se hagan veganos a largo plazo. Posibilitar que haya veganos de por vida debe ser nuestro objetivo en tanto que esto es lo que permite la mayor minimización de nuestro daño hacia los animales. Más aún, si continuamos promoviendo la noción de que es aceptable explotar a los animales moderadamente, estaremos fallando en desafiar las normas sociales que permiten la existencia de la explotación animal en sus diversas formas, asegurando así que jamás termine el uso de los animales.

**************************

Con la ayuda del análisis del profesor Taft comprobamos lo que ha sucedido: los propios bienestaristas crean organizaciones que dicen servir para evaluar el activismo pero cuya verdadera intención es poder darse premios a sí mismos alegando que ellos son los activistas más "eficaces" pero sin ninguna evidencia que lo pruebe. Nos encontramos ante un puro fraude. Aunque, claro, entiendo que mentir y engañar es un comportamiento normal en personas que creen que el "fin justifica los medios".

24 de enero de 2016

Si esto es un abuso, nosotros somos los abusadores




Hace unos días apareció la noticia de que unos jóvenes habían matado a varios lechones saltando sobre ellos para divertirse. Este hecho se ha condenado socialmente por ser crueldad gratuita y también se persigue legalmente por ser maltrato.

Condenamos que otras personas hayan causado muerte y sufrimiento innecesario a unos cerdos reventándolos a golpes. Sin embargo, resulta que nosotros hacemos exactamente lo mismo todo el tiempo cuando consumimos animales.

Si ellos no los hubieran matado a golpes, esos cerdos habrían conocido una horrible muerte en un matadero. Pero ese sufrimiento y esa muerte en el matadero serían también innecesarios porque no tenemos ninguna necesidad de comer animales.

El problema de fondo está en que consideramos que los demás animales son nuestra propiedad, así que cuando su sufrimiento innecesario nos produce un beneficio, entonces decimos que está bien. Pero cuando su sufrimiento innecesario no nos beneficia a nosotros, entonces decimos que no está bien.

Pero en ambos casos, el daño y el sufrimiento que les causamos es innecesario. No hay ninguna diferencia. De la misma manera que no hay ninguna diferencia entre matar a un ser humano reventándolo a golpes para divertirnos y matarlo para obtener placer comiendo su cadáver. Y los demás animales no desean sufrir ni morir reventados a golpes ni tampoco acuchillados en un matadero.

En realidad, nosotros establecemos una diferencia arbitraria según si estimamos que los animales fueron utilizados productivamente o no. El sufrimiento innecesario que condenamos es sólo el sufrimiento que no consideramos beneficioso para nosotros. Si hubieran sido reventados a golpes en un laboratorio con la excusa de que eso podría beneficiar la salud humana entonces nos parecería bien.

Sea cual sea la perspectiva desde la que lo analicemos, la conclusión es que no podemos justificar moralmente nuestra explotación sobre los demás animales.

Desde un punto de vista humanitario; los humanos no necesitamos comer animales de la misma manera que no necesitamos reventar animales para divertirnos. En ambos casos provocamos sufrimiento y muerte a otros animales innecesariamente, por mero placer. Consumir animales es una acción que contradice el principio humanitario que dice que no debemos causar sufrimiento innecesario.

Desde el punto de vista de las víctimas; ellas no desean que les causemos ningún daño ni tienen ningún interés en sufrir y morir para nuestro beneficio. Los demás animales tienen un interés intrínseco en conservar su vida y tratan de evitar el daño y la muerte; al igual que nosotros.

Desde el punto de vista moral; todos los seres sintientes son individuos conscientes con voluntad propia y que tienen una serie de intereses entre los que se encuentran el deseo de supervivencia y el de bienestar. Por tanto, tratar a un ser sintiente como un mero recurso es una violación de los principios éticos más elementales: el principio de igualdad y el principio de valor inherente.

El único punto de vista que puede encontrar aceptable lo que hacemos con los demás animales es el punto de vista del egoísmo antropocéntrico que considera que nosotros podemos utilizar otros animales simplemente porque ellos no son humanos y porque obtenemos un beneficio al hacerlo. Este es el punto de vista del especismo.

Ellos reventaron a estos animales porque les divertía hacerlo. Nosotros comemos animales solamente porque nos da placer hacerlo. Si ellos son abusadores; nosotros también lo somos.

13 de enero de 2016

¿Cadena alimenticia o cadena de esclavitud?



En esta nota me gustaría exponer dos ideas. 

La primera es que considero que no es empíricamente correcto decir que "el ser humano está en la cima de la cadena alimenticia" o decir que comemos animales debido a alguna supuesta cadena alimenticia que nos condiciona a ello. 

La segunda —directamente relacionada con la primera— es que ese hecho en ningún caso justifica moralmente nuestra explotación de otros animales.

Mis razones para haber llegado a tal conclusión son las siguientes:

Primero; los animales catalogados biológicamente como depredadores naturales [leones, tigres,...] y como parásitos [mosquitos, pulgas,...] se sitúan por encima de nosotros en la red trófica: en el estado natural ellos se alimentan de nosotros y no al contrario. No estamos objetivamente en la cima de ninguna cadena o pirámide alimenticia natural.

Tal y como revela la revista Scientific American acerca de un estudio sobre el nivel trófico en que se sitúan los seres humanos:
"La investigación, dirigida por Sylvain Bonhommeau, del Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar, estima que el nivel trófico promedio de la población mundial era de 2,21 en 2009, lo que nos ubica en la misma categoría de otros omnívoros como los cerdos y las anchoas. De hecho, «estamos más cerca de los herbívoros que de los carnívoros», dice Bonhommeau. «Ello cambia nuestro prejuicio de que somos depredadores superiores»."
Por tanto, desde un punto de vista puramente científico, carece de todos sentido creer que somos "la cima de la cadena alimenticia" o que estamos involucrados en alguna inercia que nos obliga a comer animales. Los humanos somos omnívoros, lo que quiere decir que podemos obtener los nutrientes tanto de vegetales como de animales, y no quiere decir que estemos obligados a comer ambos a la vez.

Segundo; apelar a la "cadena alimenticia" como argumento presupone que nuestra conducta alimenticia en un hecho natural, obligado e inamovible. Sin embargo, nuestra explotación sobre los demás animales para servir de comida se sostiene mediante ideas y costumbres que son culturales y que se pueden cambiar a voluntad. Como bien aclara Igor Sanz:
«La cadena alimenticia en la que nosotros participamos la hemos creado nosotros mismos, así que, más allá de nuestro propio egoísmo o algún extravagante apego emocional, ¿qué impedimento podría encontrar alguien para su modificación?»
El hábito de comer es natural pero nuestra práctica de comer animales es cultural. La naturaleza no nos ha dispuesto con apéndices naturales para la depredación, ni nos ha proporcionado las armas, las granjas y los mataderos que usamos para explotar a otros animales. Todo esto lo creamos nosotros; son herramientas y artificios culturales. Los humanos decidimos hacerlo porque nos convenía pero no porque necesitemos hacerlo o porque estemos obligados a ello por naturaleza.

Desde un punto de vista moral, lo que otros animales hagan no es ni puede ser un criterio de conducta para nosotros. Imitar la conducta de otros individuos no es moral; es pura inercia.

Desde el punto de vista biológico, millones de seres humanos en todo el mundo vivimos saludablemente sin comer animales. Así lo señala el profesor Gary Francione:
«El que los animales coman a otros animales es irrelevante. ¿Por qué debería importar que algunos animales coman a otros animales? Algunos animales son carnívoros y no pueden vivir libremente sin comer carne. Nosotros no entramos en esa categoría; podemos vivir sin comer animales, y cada vez más gente reconoce que nuestra salud y el medio ambiente se beneficiarían de una dieta sin productos de origen animal.»

Todo esto demuestra que esa supuesta idea de una cadena alimenticia en la que domina el ser humano desde su cúspide es meramente un producto ideológico —una ficción— y no refleja la realidad moral ni natural. Es parte del adoctrinamiento que nos inculcan desde la infancia para intentar hacernos creer que somos "superiores". De la misma manera que se ha adoctrinado también en ideologías similares como el racismo y el machismo.

Los demás animales son seres dotados de sensación y, por tanto, de conciencia. Los humanos somos animales y no somos diferentes de otros animales en esta característica. Somos iguales en lo que se refiere al único requisito necesario y suficiente para ser incluido como miembro de la comunidad moral: la sintiencia. Si un ser puede sentir entonces es un sujeto, y no un objeto, y merece ser considerado como tal y no ser tratado como si fuera una cosa que sólo tiene un valor instrumental para nosotros.

Además de ser iguales empíricamente en el hecho de que sentimos, también lo somos en lo que se refiere a la consideración moral. Los demás animales son individuos que tienen los mismos intereses básicos que nosotros y, por tanto, no hay razón que justifique ignorar o menospreciar esos intereses frente a los nuestros, dado que son los mismos intereses.

En definitiva, no hay ninguna cadena alimenticia que nos obligue a comer a otros animales. Los seres humanos podemos vivir saludablemente sin utilizar a otros animales de comida. Así comprobamos que no existe ningún hecho que nos conduzca necesariamente a comer a otros animales. Nosotros podemos elegir.

No comemos animales debido a ninguna supuesta "cadena alimenticia" que nos obliga a ello sino solamente debido a la errónea y falsa idea de que el ser humano es dueño de los demás animales y tiene derecho a someterlos y usarlos para su beneficio.

29 de diciembre de 2015

Derechos Animales & El Mito Del Trato Humanitario




En el siguiente artículo, Tom Regan expone su valoración sobre aquella posición que conocemos como "Bienestar Animal" —supuestamente basada en el principio humanitario de que no debemos causar un sufrimiento innecesario a los otros animales— a partir de varios ejemplos que describen lo que se hace con los animales en la industria de explotación animal bajo las regulaciones legales promovidas por los partidarios del "Bienestar Animal".

***********************
Muchas personas nos ven como excéntricos declarados, de primer nivel, los primeros de la clase de los chiflados. Sin embargo, reducido a lo esencial, lo que nosotros defendemos es de mero sentido común.
Lo que nosotros creemos
Creemos que cada animal matado para alimentarnos, atrapado en una trampa para usar su piel, utilizado en laboratorios o entrenado para saltar por aros es alguien único, no un genérico “algo”. Creemos que les importa lo que les suceda. ¿Por qué? Porque lo que les sucede representa una diferencia en la calidad y la duración de sus vidas. 
A este respecto, pensamos que los humanos y los animales son lo mismo, son iguales. De modo que todos los defensores de los derechos animales comparten un punto de vista moral común: no deberíamos hacerles lo que no querríamos que nos hicieran a nosotros. No comerlos. No llevar sus pieles. No experimentar en ellos. No entrenarlos para saltar por aros. Nosotros decimos: "No Jaulas Más Grandes, Sino Jaulas Vacías." 
El "trato humanitario" en la legislación
Comparativamente hablando, pocas personas son defensoras de los derechos animales. ¿Por qué? Parte de la respuesta concierne a nuestras creencias dispares acerca de con qué frecuencia se trata mal a los animales. Nosotros opinamos que ésta es una tragedia de proporciones incalculables. Los no activistas creen que el maltrato apenas ocurre. 
Que piensen así parece bastante razonable. A fin de cuentas, tenemos leyes que disponen cómo han de ser tratados los animales, y una cuadrilla de inspectores del gobierno para certificar que dichas leyes son obedecidas. 
¿Qué requieren nuestras leyes? En el lenguaje de nuestra legislación federal más importante, el Acta de Bienestar Animal, los animales deben recibir "un cuidado y un trato humanitario." Es decir, los animales deben ser tratados con consideración y bondad, con misericordia y compasión, el auténtico significando de la palabra "humanitario." Así reza en cualquier diccionario estándar. 
Si las cosas estuvieran tan mal como los activistas dicen que están, los inspectores del gobierno sacarían a la luz pública una enorme cantidad de casos de crueldad. Sin embargo, esto es precisamente lo que los inspectores de gobierno no encuentran. 
Para el ejercicio económico 2001, el Servicio de Inspección de Salud de Animales y Plantas (APHIS) realizó 12.000 inspecciones. De este total, sólo se informó de 140 casos de posibles infracciones por dispensar un trato inadecuado a los animales. Esto significa una tasa de cumplimiento de la ley del 99%. 
No es de extrañar que el gran público crea que, salvo raras excepciones, los animales son tratados con misericordia y bondad, con consideración y compasión.
Las inspecciones y el mito del "cuidado y trato humanitario"
Por desgracia, la confianza del público en lo adecuado de las inspecciones del gobierno es desacertada. Lo que los inspectores del APHIS consideran trato humanitario socava las propias inspecciones antes de que se lleven a cabo. Considere algunos ejemplos de lo que les ocurre a los animales en los laboratorios de investigación:
  • Gatos, perros, primates no humanos y otros animales son ahogados, asfixiados, y matados de hambre.  
  • Son quemados, sometidos a radiaciones, y utilizados como "conejillos de indias" en la investigación militar.
  • Se les extraen los ojos quirúrgicamente y se destruye su audición.
  • Son desmembrados, y sus órganos son aplastados. 
  • Se utilizan medios invasivos para provocarles infartos, úlceras y convulsiones. 
  • Se les priva del sueño, se les somete a electroshock, y se les expone a calor y frío extremos. 
Cada uno de estos procedimientos y resultados cumple con el Acta de Bienestar Animal. Todos obedecen a lo que los inspectores del APHIS consideran "un cuidado y un trato humanitario”. Y las cosas son aún peores.
Está yendo a peor
Se estima que el número anual de animales utilizados en laboratorios de investigación sujetos a inspecciones del APHIS es unos 20 millones. Esta cifra, a pesar de ser considerable, resulta insignificante al lado de los 10 mil millones de animales matados al año para ser comidos, sólo en los Estados Unidos. 
Sorprendentemente, los animales de granja son explícitamente excluidos de la protección legal que proporciona el Acta de Bienestar Animal. Esto es lo que el APA dice: 
«[En el Acta de Protección Animal] el término 'animal'... excluye a caballos no empleados para la investigación y otros animales de granja, tales como, aunque no exclusivamente, el ganado o las aves, utilizados o destinados a convertirse en alimento (o tejido). . .»
¿Pero si no es nuestro gobierno, entonces quién decide qué significa un cuidado y un trato humanitario para los animales de granja? En la política real sobre la ganadería americana, es la propia industria de animales de abasto la que escribe las reglas. ¿Y qué tipo de trato permiten esas reglas? Veamos algunos ejemplos:
  • Las terneras pasan toda su vida confinadas individualmente en estrechos establos tan reducidos que no pueden darse la vuelta.
  • Las gallinas ponedoras viven un año o más en jaulas del tamaño de un cajón de escritorio, siete gallinas o más por jaula, tras el cual son sistemáticamente privadas de comida durante dos semanas para inducir un nuevo ciclo de puesta. 
  • Las cerdas son instaladas durante cuatro o cinco años en cercos individuales rodeados de barrotes ("establos de gestación") escasamente más anchos que sus cuerpos, donde son forzadas a dar a luz camada tras camada.
  • Hasta que saltó la reciente alarma de las “Vacas Locas”, las vacas demasiado débiles para mantenerse en pie eran arrastradas o empujadas hasta el matadero. 
  • Los gansos y los patos son forzados a ingerir el equivalente humano a 30 libras de alimento por día para agrandar su hígado, lo mejor para satisfacer la demanda de foie gras (arcaica tradición francesa). 
Todas estas condiciones y procedimientos ponen de manifiesto el pertinente compromiso de la industria con la misericordia y la bondad, la compasión y la consideración. 
No olviden la fibra
Conforme a lo dispuesto en el Acta de Bienestar Animal, existen más animales, además de los destinados a ser "alimento", que no alcanzan la consideración de animales. Esto es válido para cualquier animal empleado en la industria textil. En la del cuero, por ejemplo. O la lana. O la piel. Esto son hechos, no ficción. Los animales cuya piel utilizamos, tanto si son atrapados en trampas como si son criados en granjas peleteras, están exentos incluso de la escasa protección legal proporcionada por el APA. Como sucede en la ganadería, la industria peletera establece sus propias medidas y regulaciones de "cuidado humanitario". 
¿Y qué cosas permiten las granjas peleteras o las trampas “humanitarias”? Aquí tenemos algunos ejemplos:
  • En las granjas, los visones, chinchillas, mapaches, linces, zorros y otros animales son confinados en jaulas de tela metálica durante toda su vida. 
  • Las horas que están despiertos las pasan desplazándose de un lado al otro, o haciendo círculos con la cabeza, o saltando hacia los lados de sus jaulas, o automutilándose, o comiéndose a sus compañeros de jaula.
  • Se les mata rompiéndoles el cuello, o por asfixia (utilizando dióxido de carbono o monóxido de carbono), o introduciéndoles barras eléctricas por el ano para "freírlos" de cabo a rabo. 
  • Los animales atrapados en trampas tardan un promedio de 15 horas en morir. 
  • A menudo se arrancan a sí mismos los miembros atrapados en un vano intento por salvar sus vidas. 
Todo es perfectamente legal; cada detalle ocurre de acuerdo con los estándares de bondad y misericordia, de consideración y compasión de la industria. Aquellos de nosotros que ya tenemos una cierta edad recordamos las inmortales palabras del locutor de televisión Howard Beale, en la Red cinematográfica. Todo es una locura, decía Beale. El mundo está patas arriba. La gente debería enfadarse. Enfadarse de verdad. "!Quiero que todos ustedes se levanten de sus sillas!," decía Beale a sus espectadores, "Vayan hacia la ventana, ábranla, saquen la cabeza, y griten, '!estoy absolutamente furioso y no voy a permitir esto ni un minuto más!'" 
Tiempo de ira 
Las personas que confían en lo que los portavoces de la industria y los inspectores del gobierno les dicen acerca del "cuidado y el trato humanitario" de los animales deberían seguir la recomendación de Howard Beale. Deberían enfurecerse por dos razones. 
Primero, deberían enfurecerse por cómo se les ha tratado. La pura realidad es que no se les ha dicho la verdad. Han sido desorientados y manipulados por los portavoces de la industria y del gobierno. "No hay nada de qué preocuparse. Público, confíe en nosotros: todo está en orden en los laboratorios, en las granjas, en el campo. Los animales reciben un trato humanitario." ¿Confía en nosotros? Esperemos que ya no. 
Segundo, la gente debería enfurecerse por cómo se trata a los animales. Cuando los animales son desmembrados y sus órganos aplastados; cuando se les hace enfermar a través de la alimentación que son forzados a comer y pasan la vida entera solos, aislados; cuando son gaseados hasta morir o se les rompe el cuello: no existe maquinaria propagandística en el mundo que pueda transformar estos hechos espantosos en lo que no son. 
Si llega el día en que el gran público se enfurece, el número de defensores de los derechos animales empezará a alcanzar niveles sin precedentes. Cuando ese día llegue, pero no hasta entonces, nuestra esperanza compartida en un mundo en el que los animales sean de verdad tratados humanamente tendrá por fin unas bases sólidas sobre las que asentarse.  
Texto original: Animal Rights & the Myth of “Humane” Treatment

***************************

 El denominado´Bienestar Animal´ es un fraude moral y práctico.

Es un fraude moral porque no aporta ninguna razón que justifique que utilicemos a otros animales como recursos para nuestro beneficio. Simplemente da por hecho que tenemos legitimidad en someter y matar a los demás animales en tanto que eso beneficie a los humanos.

Es un fraude práctico porque la posición del ´Bienestar Animal´ no sólo acepta y promueve la explotación de animales nohumanos sino que considera que esclavizarlos y matarlos es compatible con su bienestar.

Sin embargo, si estas prácticas se aplicaran sobre seres humanos, la gente las calificaría como tortura. El simple hecho de que los animales que son víctimas de esta explotación no sean humanos es la única diferencia que podemos alegar para establecer una valoración diferente. Es decir, ninguna diferencia moralmente relevante.

Oponerse al "Bienestar Animal" no es oponerse al bienestar de los animales nohumanos sino precisamente denunciar que esa posición atenta directamente contra su bienestar —además de contra su libertad y su vida— y que las reformas de la explotación animal no ayudan a eliminar el sufrimiento que causamos a los demás animales sino que, al contrario, sólo han servido para potenciarlo.

Como acertadamente explicaba Joan Dunayer:
«Los bienestaristas a menudo acusan a los defensores de los Derechos Animales de ser insensibles al sufrimiento de los nohumanos. Nada podría estar más lejos de la realidad. Los defensores de los Derechos Animales entienden que ninguna víctima de la industria alimenticia cuenta con verdadero bienestar. Los animales considerados dispensadores de huevos, leche o carne son acordemente tratados como cosas, no como personas. Con el bienestarismo el sufrimiento sigue y sigue y sigue aumentando. Debemos hablar y actuar demostrando y demandando pleno respeto para los animales nohumanos. Sólo ese respeto máximo puede reducir, y finalmente acabar, con el sufrimiento masivo.»
Por todo ello, quien esté a favor de los Derechos Animales debería oponerse activamente al Bienestar Animal por ser una posición ideológica y un instrumento práctico en favor del sometimiento y la destrucción de los animales nohumanos.

La única forma real y efectiva de dejar de hacer daño innecesariamente a los demás animales es dejar de utilizarlos –dejar de consumirlos.

18 de diciembre de 2015

Pseudociencia en el Movimiento Animalista





Este artículo del profesor Casey Taft  es una continuación de otro artículo anterior titulado El Activismo Animalista Y El Método Científico en el que explicaba cómo los grupos bienestaristas manipulan los datos para intentar forzarlos a que encajen sus ideas. En esta entrada veremos como esta deshonestidad no es un caso puntual sino que parece ser algo sistemático de esos grupos.

La supuesta "ciencia" que las organizaciones bienestaristas están promoviendo para intentar justificar su forma de actuar no es tal ciencia. No es ciencia sino pseudociencia. Yo diría que ellos quieren hacer creer –engañar– a la gente que su activismo reformista es más efectivo que el activismo de los abolicionistas veganos, para así conseguir su apoyo y, sobre todo, su dinero.

No cabe duda de que debemos introducir el método científico en nuestro activismo para poder valorar y mejorar su eficacia. Pero antes, sería necesario comprender la diferencia entre la ciencia real y la estafa pseudocientífica que los bienestaristas están difundiendo. 

***************************
Expuse anteriormente mi análisis acerca de una investigación en la que Humane Research Council (ahora renombrada Faunalytics) malinterpretaba los datos para intentar defender la idea de que debemos promover que la gente reduzca su consumo de carne en lugar de promover el veganismo. Tal y como señalé, sus datos apuntaban justo lo contrario de lo que manifestaban en sus conclusiones e indicaban que debemos promover el veganismo en lugar del "reducetarianismo". Otros fallos del estudio radicaban en la ausencia de hipótesis testables basadas en una teoría y que habían maldefinido el veganismo y lo consideraban como una dieta en lugar de una posición ética contra el uso de animales. Además, no habían dispuesto sus hallazgos a la revisión por pares, lo cual es un práctica estándar en la comunidad científica.
Así que cuando vi que otro grupo, el Humane League Labs, ha publicado un reciente estudio que de forma similar concluye que debemos animar a la gente a reducir su consumo de animales en lugar de eliminarlo completamente, me mostré escéptico al respecto. Leí el informe completo, por supuesto, para comprobar si sus datos coincidían con sus conclusiones. Tal y como sospechaba, no fue así.
La premisa de este estudio ya la hemos visto antes. Ellos repartieron propaganda que "trataba sobre la crueldad de las granjas industriales y los beneficios para la salud de eliminar los productos animales de nuestra dieta". Después, los autores repartieron ocho planfletos diferentes que exponían varias cuestiones: algunos animaban a lectores a "comer vegano"; otros animaban a "comer vegetariano"; otros animaban a "comer menos carne"; y otros animaban a "reducir o suprimir" la carne y otros productos animales. 
Al igual que en el anterior estudio que critiqué, aquí también hay serios problemas teóricos y metodológicos. De nuevo, el mayor problema respecto de este estudio es que el veganismo no está apropiadamente presentado. Un mensaje vegano no se enfoca sólo en las "granjas industriales" sino que discute la moralidad de utilizar a los animales en cualquier forma. Tampoco se enfoca en la salud. Por tanto, si los autores quieren sacar inferencias sobre el mensaje vegano y su efectividad, entonces deberían referirse al verdadero mensaje vegano.
No voy a analizar los problemas metodológicos en detalle pero el enfoque utilizado no se podría considerar aceptable si fuera sometido científicamente a una revisión por pares. Los principales problemas incluyen un bajo nivel de respuesta en el seguimiento [menos de la mitad] y la ausencia de contabilidad de los datos faltantes [esto es: análisis de datos incompletos]; la confianza en "la calificación por puntos" que es un enfoque claramente débil en el análisis de datos; una falta de claridad acerca de cómo fue la selección aleatoria de los participantes; y una cantidad de grupos desequilibrada.
Sin embargo, lo más preocupante es cómo los datos fueron malinterpretados de manera coincidente con la visión de este grupo. Los que estaban en el grupo de "control" redujeron su consumo de carne y lácteos en mayor medida que los otros grupos. Más aún, los únicos hallazgos estadísticamente significativos fueron aquellos que demostraban que los que estaban en el grupo de control reducían su consumo en mayor medida que quienes recibieron diferentes mensajes. En otras palabras, el único resultado "significativo" a partir del análisis de datos es que los individuos reducen su consumo de carne y lácteos en mayor medida cuando no se les anima a cambiar nada que cuando se les anima a hacer alguna clase de cambio en su consumo. Estos resultados contraintuitivos sugieren que los problemas metodológicos que anteriormente analicé conllevan que todos los datos obtenidos sean cuestionables. En definitiva, los resultados no tiene sentido, y es razonable mostrarse escéptico sobre que podamos sacar algo en claro de todo esto.
Los autores, por otro lado, han interpretado estos resultados que no tienen significado estadístico de forma que concluyen que el mensaje "reduce o suprime" la carne y otros productos animales "sería el enfoque más efectivo" para conseguir que la gente reduzca su consumo de productos animales. Estas conclusiones son injustificadas de acuerdo a los datos actuales, la falta de significado estadístico entre los grupos [excepto por las diferencias mostradas en aquellos que no recibieron ningun mensaje y que fueron los que más redujeron su consumo], y los problemas metodológicos que ponen en cuestión la validez de los datos.
La pseudociencia es "una afirmación, creeencia, o práctica que es presentada como científica pero que no se ajusta a la metodología científica válida, carece de evidencia que la apoye, no puede ser probada de forma estable, y demás carencias de tipo científico." Cuando una organización realiza un estudio y malinterpreta datos erróneos para adecuarlos a su tipo de activismo, está incurriendo en la pseudociencia. Esta clase de prácticas parecen ser demasiado comunes en el ámbito animalista, lo cual es decepcionante y potencialmente peligroso. Medios informativos y otras organizaciones difunden las conclusiones de este estudio asumiendo que son válidas. Las organizaciones que llevan a cabo esta clase de trabajo pueden afirmar falsamente que su forma de trabajar está "basada en la evidencia". Es potencialmente dañino para los animales promover la idea de que una forma de activismo es más efectiva que otra basándose en estudios profundamente sesgados y erróneos. Podemos y debemos hacerlo bastante mejor que esto.
Texto original en inglés: 


 ***************************

Creo que tengo claro lo que ha sucedido. Muchos bienestaristas dejaron de consumir animales por estar en contra del sufrimiento y se autodenominaron "veganos", pensando que el veganismo era una simple dieta o estilo de vida. Pero ahora se dan cuenta de que el veganismo como principio ético es lo contrario de lo que ellos defienden –ellos están a favor de la explotación animal si es para acabar con el sufrimiento– y por eso difunden toda clase de propaganda para desacreditar el veganismo y distorsionar radicalmente su significado original.

10 de diciembre de 2015

No Somos Su Voz





Me resulta problemática esa idea difundida por algunos animalistas que dice nosotros somos, o debemos ser, "la voz" de los otros animales. 

Primero; porque ellos no son mudos ni inexpresivos. Ya tienen su propia voz. Poseen su propio lenguaje y forma de expresión, aunque nosotros no les podamos entender. 

Segundo; porque ellos no nos han elegido como sus representantes. Por tanto, no podemos ser sus portavoces legítimos. 

Tercero; porque lo que en realidad hacemos siempre es ser la voz de nuestros propios deseos o de nuestra interpretación de una teoría moral acerca de lo que debemos hacer y de la diferencia entre el bien y el mal.

Es posible que ese lema de que "somos su voz" nos resulte muy evocador. Pero el solo hecho de que algo nos guste no conlleva que esté bien. A mucha gente le gusta comer animales y eso no significa que esté bien. Eso no es un criterio válido. Y no importa que la finalidad que se pretenda sea supuestamente buena. No somos su voz y, por tanto, no deberíamos creer ni decir que lo somos.

No es correcto confundir nuestra voluntad o nuestros deseos particulares con la voluntad o los deseos de los otros animales. El problema sucede cuando algunas personas sí lo confunden: creen que lo que ellos piensan y desean equivale exactamente a lo que otros animales piensan y desean en una circunstancia particular. Pero no es necesariamente así, puesto que no podemos conocer el contenido concreto de la voluntad y el pensamiento de los demás animales.

Sabemos que los demás animales son seres sintientes; seres dotados de conciencia, que tienen voluntad e intereses propios. 

Sabemos que la lógica moral indica que su individualidad y sus intereses no deben estar supeditados a nuestros deseos y necesidades; y que ellos poseen un valor inherente que no debemos violar por razones instrumentales.

Eso, y lo directamente relacionado con ello, es todo lo que podemos saber a ciencia cierta. Se trata de datos objetivos que podemos comprobar y demostrar. Más allá de esto, considero que creer que nosotros podemos saber qué es lo que piensan y desean otros animales sobre cada situación de su vida sería simple especulación o una suplantación.

No podemos saber lo que ellos pensarían u opinarían sobre su situación específica. Ellos no nos hablan ni nos comunican sus ideas en un lenguaje que podamos entender. 

Por tanto, no somos "la voz" ni los representantes de la voluntad de otros animales. Lo único que podemos representar es nuestros propios deseos o, aparte, nuestra idea de que lo es moralmente correcto y debemos hacer.

Por todo ello, pienso que no deberíamos decir que somos "la voz" o los representantes de la voluntad de otros animales. No actuamos en nombre de otros animales, ni somos sus portavoces. Sólo actuamos en nuestro propio nombre o en el de lo que consideramos que está bien y que estamos moralmente obligados a hacer.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...