25 de noviembre de 2014

El veganismo se refiere a los animales no-humanos




Veganismo significa, desde el punto de vista ética, el rechazo moral a la explotación de los animales no-humanos. Quien acepte este principio es vegano. Obviamente asumir dicho principio requiere llevarlo a la práctica. Y eso es por lo que los veganos, entre otras cosas, no consumimos productos que provengan de la utilización de animales nohumanos.

Por tanto, al veganismo no le conciernen las relaciones entre seres humanos. El veganismo es un concepto que se refiere a nuestra relación moral con los animales no-humanos. Toda persona que respete ese principio es vegano, sin importa cuál sea su actitud o mentalidad respecto a otras cuestiones. Cualquier otra cuestión moral forma parte de otras categorías. 

Resulta factible que alguien sea vegano y no respete a los seres humanos. Sin embargo, esto es un problema de coherencia con los principios éticos básicos y no es un problema que ataña al veganismo como tal, sino a la coherencia ética de la persona en cuestión. 

El veganismo significa concretamente aplicar los principios de igualdad y respeto al resto de animales; no a todo el mundo. Cualquier persona que mantenga una relación moral de igualdad y respeto hacia el resto de animales es vegano, sin importar cuál sea su relación con los otros humanos.

Quizás resulte extraño que alguien vegano pueda ser racista o sexista u homófobo, dado que el veganismo se fundamenta en el principio de igualdad, pero en teoría es perfectamente posible y en la práctica he conocido a algunos veganos con dichos prejuicios. Los veganos pueden tener prejuicios y defectos como el resto de la gente. El hecho de ser racista o (o sexista) en el contexto humano es una incoherencia respecto del principio ético de igualdad; no respecto del veganismo.

Por ejemplo: el fascismo y el veganismo son incompatibles como teorías en tanto que parten de fundamentos distintos; pero un individuo concreto podría asumir ambas teorías perfectamente. Es algo muy habitual que la gente albergue ideas y creencias contradictorias en su mente. Es algo que sucede cotidianamente. Por tanto, es algo que puede ocurrir en cualquier caso. De ese modo, un vegano no estaría siendo incoherente con el veganismo al adoptar el fascismo, sino que está siendo incoherente respecto del principio ético de igualdad que fundamenta el veganismo como principio específico.

Quede claro que los veganos no excluimos a los seres humanos de nuestros consideración moral. Ni mucho menos. Pero no concretamente porque seamos veganos, sino porque partimos de los principios éticos universales de igualdad y valor intrínseco. No hay un nombre específico para esta postura de principios éticos porque no es una doctrina inventada sino que es la única ética objetiva que existe partiendo de la lógica.

Aclaremos también que el veganismo no discrimina entre individuos sino que se centra en una discriminación específica. El veganismo parte del fundamento de la igualdad, pero se enfoca específicamente en una violación concreta de ese principio: la opresión especista - la idea de que los animales nohumanos son medios para fines humanos. Es el especismo el que discrimina injustamente entre seres sintientes y el veganismo trata de poner remedio a ese error.

Ahora bien, no confundamos el veganismo con el simple hecho de no comer animales o de no participar en su consumo. Hay gente que no es vegana pero que no come animales o no consume productos de su explotación, porque está en contra del sufrimiento pero no porque esté en contra de nuestra dominación sobre los demás animales. Eso no sería veganismo sino bienestarismo.

Por tanto, la postura de pretender que el veganismo deba referirse a todas las personas lo único que logra es distorsionar su significado original e ignorar la necesidad de planteamientos específicos como respuesta sobre problemas que son específicos. Sin estos planteamientos lo que ocurre simplemente es que esos problemas se ignoran y pasan inadvertidos.

Nosotros estamos diciendo que hay un problema específico: el especismo. Hay un prejuicio específico que dice que los demás animales son medios para los fines humanos. Y ante ese problema ha surgido, como respuesta, el movimiento ético del veganismo. Veganismo es la oposición a ese problema concreto. Una oposición fundamentada en los principios éticos universales que se aplican por igual a todos los seres sintientes, sí, pero enfocada concretamente en ese prejuicio especista.

Lo que el veganismo defiende respecto de los animales nohumanos es lo mismo que lo que el feminismo defiende respecto de las mujeres. Estos movimientos no discriminan moralmente entre individuos sino que luchan contra una discriminación específica que atenta contra la igualdad para todos los individuos. En el caso del feminismo es el patriarcado, el machismo, y en el caso del veganismo es la cosificación de los animales nohumanos. Estos prejuicios sí discriminan injustamente entre individuos y lo que el feminismo (y el veganismo) buscan precisamente es acabar con dicha discriminación injusta.

La diferencia entre el principio de igualdad y el veganismo (o el feminismo) no es una división sino una distinción. Es una distinción lógica entre categorías objetivas. Son cosas objetivamente diferentes. Si fueran lo mismo carecería de sentido darle dos nombres distintos. Sería una violación del principio de Ockham y del principio de economía del lenguaje. Y si no son lo mismo entonces merecen nombres diferentes. Pero decir que "deben ser lo mismo" es pretender ir contra la lógica y es tan absurdo como decir que no debemos tener derechos específicos (derecho a la vida, derecho a la integridad física, derecho a no ser propiedad,...) sino que todos "debemos" tener exclusivamente un único derecho. Esto es erróneo y es igual de erróneo pretender que el veganismo y la igualdad moral deban ser lo mismo.

Con ese razonamiento tendríamos que tirar por la borda cualquier movimiento ético que se centre en una causa específica: feminismo, laicismo, ecologismo,... Todo fuera. Sólo vale defender una única causa monolítica sin hacer distinciones entre seres sintientes y seres no-sintientes, sin distinguir entre prejuicios específicos, sin distinguir entre contextos, sin distinguir entre los niveles de la ética. Eso es, sencillamente, ignorar la razón y el contexto en el que vivimos.

Ese razonamiento incurre en una falacia unidimensional, es decir, no distingue entre niveles. Eso es como no distinguir entre raíces, tronco y ramas. No se distingue entre ética básica (principios morales básicos), ética concreta (principios éticos derivados) y ética general (derechos universales).

La ética, como entidad global, sería metafóricamente como un árbol. No se puede decir que un árbol es un árbol y ya está, y que no acepta distinciones (niveles). Del mismo modo, no es correcto decir que la ética, o que el movimiento ético, se limita a una causa sin más, ignorando la complejidad del contexto en el que existe la ética.

Nosotros partimos de la base de que hay unos principios éticos universales (ética básica). Pero vemos que esos principios no se aplican socialmente a los no-humanos (ética concreta) sino que ellos son discriminados injustamente y por eso tratamos de acabar con esa discriminación que está motivada por un prejuicio concreto: el especismo. Nuestro objetivo es que esa discriminación acabe para que todos los seres sintientes tengan derechos universales reconocidos (ética general).

Del mismo modo que la ciencia engloba en general todo el conocimiento sobre la naturaleza; la ética engloba todo el conocimiento sobre la moral. Pero es legítimo enfocarnos en una area específica. Siempre que lo hagamos respetando los fundamentos básicos y el resto de áreas igualmente legítimas.

Ser químico es centrarse específicamente en la química. Y eso está bien, siempre que no sirva para contradecir lo que signfica la física. Lo que nunca estaría bien es confundir el significado de la ciencia general con el significado específico de la química. Del mismo modo que no está bien tergiversar el significado del veganismo para equipararlo a la ética general. Por analogía, ser vegano es centrarse específicamente en el problema de la opresión especista. Y eso está bien, siempre que no sirva para ignorar el respeto por los humanos en nuestra vida diaria: ambas cuestiones son perfectamente compatibles.

La idea de que el veganismo debiera referirse a todos los seres sintientes (y a toda forma de opresión contra ellos) no sería una definición o renovación sino una destrucción del veganismo. Un error que no distingue entre niveles lógicos. 

No se puede ir de la raíz directamente a las ramas. Hay que pasar antes por el tronco. Es decir, para que la ética básica se aplique a todos los seres sintientes, primero hay que concienciar sobre los prejuicios específicos que atentan contra la igualdad. Por eso, el veganismo (igual que el feminismo o el laicismo o el ecologismo) es un movimiento legítimo y necesario: es el rechazo explícito a la opresión especista; a la explotación de los animales nohumanos por parte de los seres humanos. Es el desafío a la idea de que los no-humanos son meros recursos para beneficio de los humanos. Esto es el veganismo.

Si estamos de acuerdo en que el veganismo se refiere a los nohumanos entonces, por coherencia, la educación vegana debería enfocarse en los nohumanos: en nuestra relación moral con los demás animales. No debería enfocarse en todas las personas (humanos y no-humanos). Esto sería trascender del veganismo para ir a la filosofía de Derechos Animales, o tal vez a otra postura distinta.

Si alguien quiere ignorar los principios específicos (veganismo, feminismo,...), e ir directamente sólo a fomentar la igualdad de todas las personas, no tengo objeción moral que hacer, pero como activista me parece un mal planteamiento estratégico por razones psicológicas y pedagógicas. 

A diferencia de las campañas especistas y de las monotemáticas (que sí discriminan entre individuos) el veganismo (y el feminismo) no discriminan injustificadamente ni son fruto del capricho personal, sino que responden a prejuicios concretos que deben ser enfrentados de forma específica para evitar que nuestra mente los asuma como algo "natural" o "inevitable". En medicina, un remedio para diferentes enfermedades puede estar basado en el mismo principio (por ejemplo: la penicilina) pero luego se necesitan añadidos específicos (estreptomicina, eritromicina,...) para tratar problemas específicos que de otro modo no se podrían curar. Con la igualdad y el veganismo sucede una situación análoga.

Educar en el veganismo significa educar a la gente en el respeto hacia los animales no-humanos; en el respeto hacia su valor intrínseco. Pero si lo que pretendemos es educar en el respeto a todo ser sintiente, a toda persona, entonces no estamos hablando de veganismo, estamos hablando de Derechos Animales o de la ética en general.

¿Quieres difundir los Derechos Animales? Si es así, no tengo ninguna objeción moral que hacer al respecto. Pero esto no es lo mismo que promover específicamente el veganismo. Del mismo modo que difundir los Derechos Humanos no es lo mismo que involucrarse en el feminismo. Ir directamente a los Derechos Animales no me parece el enfoque correcto en el contexto actual como forma de activismo. Pero, en cualquier caso, lo que no deberíamos hacer es tergiversar los conceptos y los significados de las palabras para adaptarlos a nuestro capricho o conveniencia.

Si alguien quiere enfocar su activismo en favor de todos los derechos de todos los seres sintientes, puede legítimamente hacerlo, pero que no diga, por favor, que eso es veganismo. No. Eso es la ética de Derechos Animales. O quizás no representa los Derechos Animales y es otra doctrina moral distinta. Pero no sería veganismo; porque el veganismo se refiere específicamente a los no-humanos y al prejuicio que dice que ellos son seres inferiores que existen para beneficio humano.

Cualquier otra postura diferente considero que estaría ignorando la razón, así como el contexto social en el que se inserta el problema del especismo.

16 de octubre de 2014

La falacia de la imposición




Siempre que se discute sobre la moralidad de nuestra relación con los demás animales, otra de las objeciones contra el veganismo que más aparece expresada habitualmente es aquella que dice que "no tenemos derecho a imponer nuestras creencias o ideas a los demás". En este ensayo voy a intentar aclarar si semejante argumento tiene alguna legitimidad racional.

En primer lugar, resulta más o menos evidente comprobar que quienes alegan semejante objeción estarían de hecho incumpliendo su propio criterio, puesto que ellos imponen sus ideas antropocentristas sobre los demás animales, es decir, someten a millones de animales nohumanos a ser explotados para servirnos de comida, vestimenta, transporte, o entretenimiento, entre otros fines. Pero los demás animales no han dado su consentimiento para ser utilizados en nuestro beneficio y esa explotación implica una violación inherente de sus intereses más básicos (el deseo de vivir, el deseo de evitar el daño y el sufrimiento) que todos los seres sintientes compartimos.

Esta contradición sucede porque la mayoría de la gente asume de partida como válido el prejuicio especista que discrimina a los demás animales de nuestra comunidad moral por el mero hecho de no ser humanos, sin importar que la diferencia de especie no supone una diferencia en los intereses básicos. Esto es: tratan de justificar el especismo con un argumento especista. Lo cual es una petición de principio (una falacia que consiste en usar como argumento la misma tesis que se debe demostrar).

Nadie obliga a nadie a ser vegano contra su voluntad. En cambio, quienes participan en la explotación animal están obligando a los animales nohumanos a estar sometidos a la esclavitud, siendo víctimas de abusos contra su libertad, su vida y su integridad física. Si alguien considera que es válido el principio de que no debemos imponer nuestros deseos y necesidades a otros individuos, entonces debería, por coherencia, dejar de utilizar a los demás animales.

En segundo lugar; si quienes alegan esa objeción pretenden implícitamente manifestar que no exista tal cosa como una moralidad objetiva, un código de conducta universal que debamos acatar, entonces incurren en una contradicción que es inherente a cualquier postura relativista. Es decir, si uno pretende afirmar que no hay verdades o principios objetivos universales, entonces !estaría afirmando una verdad universal y objetiva! He ahí la inconsistencia intrínseca al relativismo que lo refuta como un absurdo lógico.


Hay otra razón, además, que explica por qué criticar una postura ética alegando simplemente que quienes la proponen buscan "imponer su punto de vista a los demás" no puede ser una crítica válida ni razonable.

Preguntémonos lo siguiente: ¿qué significa estar en contra del racismo si no es, al menos en parte, pretender que dejemos de discriminar a otros individuos por su raza o amonestar en su conducta a aquellas personas que lo hacen? ¿No es esto, acaso, una imposición en contra de la conducta racista? Obviamente lo es. ¿No estamos coartando las libertades de los racistas y siendo intolerantes con sus ideas y acciones? Claro que sí. Ahora bien, ¿es esta imposición éticamente justificable? Ésa sería la pregunta acertada.

Por la misma razón, no es una crítica honesta ni válida juzgar que una ética de respeto a todos los animales busca restringir las acciones de los demás mediante la imposición, ya que la aplicación de toda postura ética incluye una imposición y una restricción en nuestra conducta.




No hay ninguna postura moral, política o legal que no pretenda de alguna manera imponer sus ideas a otros. La imposición no es una característica que distinga a unas doctrinas de otras, sino que es inherente a todas ellas. Lo inteligente, por tanto, es preguntarse:  1) qué tipo de imposición prescribe; y 2) qué supuesta razón justificaría tal imposición.

Pongamos otro ejemplo de "imposición" que se suele alegar contra el veganismo: el hecho de que los veganos alimentan a sus hijos de forma vegana. Por hijos entendamos aquí a los hijos naturales o a los que han sido adoptados (ya sean humanos o nohumanos). ¿Hay imposición? Bueno, si realmente la hay, no sería esencialmente diferente a la imposición que todos los padres practican respeto de sus hijos. 

Todos los padres dictan a sus hijos una serie de pautas de comportamiento, sobre todo y especialmente cuando no pueden valerse por sí mismos como seres responsables de su conducta. Estas normas simplemente existen (o deberían existir) para beneficiar a los hijos, para asegurar su vida y su bienestar. De nuevo comprobamos que hablar meramente de "imposición" no nos aclara nada en absoluto acerca de su legitimidad. 




Ahora bien, si por imposición queremos referirnos correctamente a forzar a otros sin su consentimiento, o contra su voluntad, para satisfacer nuestros deseos, en ese caso creo necesario señalar que el éxito del veganismo como movimiento no puede basarse en la imposición (ya sea legal o intimidatoria) sino en la concienciación educativa.

Cuando llevamos a cabo activismo educacional (y creo que afortunadamente cada vez más veganos se están inclinando por este tipo de activismo) no estamos imponiendo; estamos meramente informado, dialogando y concienciando a la sociedad. Estamos practicando la persuasión que apela a la razón y la conciencia moral de la gente. Y si esto es algun tipo de "imposición", entonces no lo sería menos el adoctrinar en prejuicios especistas a través de la educación que recibimos desde niños. Luego resultaría que todos practicaríamos la imposición y volveríamos de nuevo al punto señalado anteriormente: ¿se justifica la imposición que pretendemos o que practicamos?

No hay ningún argumento que justifique racionalmente la explotación que ejercemos sobre los demás animales. En cambio, sí hay razones que explican por qué el veganismo es la opción éticamente correcta. Empezando por el principio básico de la igualdad.

No puede ser ético, desde un punto de vista racional, que impongamos nuestros deseos y necesidades sobre otros animales que tienen los mismos intereses básicos que nosotros. Y es absolutamente inexcusable que lo continuemos haciendo cuando es un hecho demostrado que podemos vivir sin utilizar a los demás animales.

Como activista, no es mi intención inicial imponer nada a nadie, sino todo lo contrario: que nadie que sea responsable de sus actos imponga sus deseos personales a otros; es decir, que todos los agentes morales actuemos de forma ética. La ética no es una imposición, algo externo que se cierne sobre nosotros, sino que es el fruto de nuestra propia razón moral.

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Artículos relacionados:

"No nos impongas tu moral, impongamos la mía"

Falacia de la Imposición


9 de octubre de 2014

La demanda es lo que manda: Starbucks y el caso de las cochinillas


Hace unos dos años y medio (marzo de 2012) se descubrió que la cadena Starbucks utilizaba, en algunos de sus productos, un colorante que procede de la masacre de millones de insectos llamados cochinillas.

Como reacción, se organizó una campaña por internet para pedir a Starbucks que dejara de incluir esa sustancia. 




Esta iniciativa fue promovida principalmente por veganos, aunque también la apoyaban vegetarianos y gente no-vegana que simplemente le disgustaba la idea de consumir insectos. Finalmente, la campaña tuvo éxito y Starbucks retiró el ácido carmínico para sustituirlo por colorantes vegetales como el licopeno.

Hasta ahí los hechos tal cual.

¿Por qué me parece que este caso merece ser destacado? Tengo cinco razones para exponer.

* Primero; porque es un ejemplo de iniciativa no-violenta. No se atacó a nadie, no se acosó a nadie. Simplemente se les pidió que dejaran de hacer algo que implicaba explotar a otros animales. Los activistas no fueron a las cafeterías ni a la sede de Starbucks a intimidar a sus empleados o directivos, exigiéndoles agresivamente que cambiaran de conducta. Tampoco se insultó ni menospreció a nadie. 


* Segundo; los animales catalogados como "invertebrados" raramente suelen aparecer siquiera mencionados en las campañas animalistas, simplemente porque su aspecto y tamaño es muy diferente al nuestro. Sin embargo, contamos con evidencias de que ellos también son seres conscientes que sienten, sufren y desean vivir.  Y, al igual que el resto de animales nohumanos, son víctimas de nuestra explotación especista.

Según explican en la página de "Esto No Es Comida":
«La sustancia que da el color rojo al carmín es el ácido carmínico. Este colorante se obtiene secando las hembras grávidas al sol tras arrancarles por fricción las escamas cerosas blancas que las protegen de los rayos solares, es decir, son despellejadas y cocidas vivas. Una vez secas son trituradas para convertirlas en un polvo rojo.»

* Tercero; no todo es positivo, ni mucho menos. Starbucks también utiliza otras sustancias que provienen de la explotación de animales nohumanos; principalmente lácteos. Pero, al parecer, a nadie se le ocurrió ni siquiera mencionar nada al respecto. Es por eso que en su momento no apoyé esta iniciativa. Si una empresa explota a seres humanos no voy a pedir que solamente dejen de explotar a los humanos de una raza (o sexo) discriminando así al resto de víctimas que no fueran de esa raza (o sexo). En este sentido se trata de una campaña injusta y fallida. 

* Cuarto; la campaña consiguió su objetivo porque la actividad de Starbucks depende directamente de sus consumidores. Pero si, por ejemplo, hacemos una petición para que en una localidad determinada dejen de explotar a los animales nohumanos, eso no va a servir de nada porque en dicha localidad no dependen de nosotros para mantener y financiar sus actividades.

Una campaña de firmas no sirve si no hay una vinculación muy directa y dependiente entre los demandados y los demandantes. Por eso, entre otras razones, las campañas de firmas en general nunca suelen servir para nada bueno. Son un fraude. Son un engaño para hacer creer que estás haciendo algo positivo cuando en verdad no tienen ningún efecto positivo en la vida real. No es más que un negocio del que algunos pocos se benefician aprovechándose de las buenas intenciones de la gente.

* Quinto; si la iniciativa por el tema de las cochinillas hubiera sido promovida exclusivamente por veganos es muy razonable suponer que no se hubiera conseguido nada. Si tuvo éxito se debió a que otra mucha gente (no-vegano) también la apoyó, aunque sus motivos ni siquiera fueran morales. En nuestra cultura occidental, el consumo de insectos como alimento está muy mal visto, al igual que sucede con perros y gatos. Sólo ocurre que la gran mayoría de la gente ni siquiera sabía que las cochinillas se utilizaban en ese modo. 

¿Qué nos quiere decir de este último punto? Que si los veganos queremos lograr algo, si queremos acabar con la opresión hacia los animales nohumanos, necesitamos ser muchos más individuos. Necesitamos ser, al menos, el 10% de la población para que esta situación comience a cambiar de verdad. Pero esto sólo se puede conseguir enfocando nuestros esfuerzos en el activismo educacional.

El motivo por el que explotamos a otros animales se debe al beneficio que obtenemos al dominar y destruir su libertad y su vida. Los tratamos como meros objetos: como simples medios para nuestros fines. La única forma de acabar con esta dinámica es conseguir que la gente deje de ver a los demás animales como seres inferiores que existen para ser nuestros recursos y empatice con ellos como seres sintientes que son. Sólo así podemos superar el prejuicio del especismo.

Concienciar sobre el especismo y difundir el veganismo es lo que realmente ayuda a los demás animales. Poner en práctica el principio abolicionista en nuestra propia vida y ayudar a los demás a hacer lo mismo. Esto es lo único que va a conseguir marcar la diferencia en el ahora y en el futuro próximo.

La explotación animal existe porque la sociedad demanda mayoritariamente esa explotación: se demanda carne, lácteos, huevos, miel, lana, zoos,.... Sólo cuando la demanda cese, la explotación dejará de existir. 

17 de septiembre de 2014

Diez mitos del neo-bienestarismo





En esta ocasión, quisiera compartir un artículo del año 2011 escrito por el activista vegano Daniel Cudahy, y titulado "Ten Myths of New Welfarism"[Diez mitos del neo-bienestarismo], en el que responde a una serie de acusaciones por parte de los modernos partidarios del bienestarismo contra los veganos abolicionistas y nuestro planteamiento activista.

Un simple aclaración para quienes aún no distingan bien entre ambas posturas:

El bienestarismo es la ideología que considera exclusivamente como relevante el hecho de que a los animales nohumanos les importa evitar el sufrimiento y disfrutar de un cierto bienestar (de ahí su nombre) e ignora cualquier otro posible interés como inexistente o secundario. De esa ideología se deriva una estrategia puramente reformista que, a través de regulaciones legales, busca mimizar el sufrimiento de los nohumanos que viven sometidos a nuestra esclavitud. 

Los nuevos bienestaristas son partidarios modernos de esta ideología que han replanteado sus objetivos y su estrategia. Por ejemplo: a diferencia del bienestarismo tradicional, los nuevos bienestaristas ya no se conforman sólo con regular sino que se inclinan a menudo por prohibir determinadas formas de explotación. Incluso algunos afirman que su objetivo final sería acabar con la explotación animal, pero entienden que la forma efectiva de conseguirlo es mediante una sucesiva aprobación de leyes que progresivamente vayan haciendo desaparecer, una por una, cada actividad de explotación. Otra cosa que los diferencia de sus precedentes está en que muchos de ellos también son vegetarianos o incluso se consideran "veganos" en el sentido de que no consumen animales en su vida privada, pero no consideran que el veganismo sea un imperativo moral para todo el mundo sino que dicen que es meramente otra forma más de "reducir el sufrimiento".

Los abolicionistas rechazamos la postura bienestarista tanto el plano teórico como en el práctico. Por un lado, reconocemos que los animales nohumanos no tienen sólo un interés en evitar el sufrimiento, o en disfrutar de un bienestar, sino que ellos también tienen un interés genuino en vivir (en conservar su vida y continuar existiendo) y poseen asimismo un interés en ser libres (en no estar sometidos a la voluntad de otros). Es por eso que rechazamos de principio cualquier forma de explotación sobre ellos y somos veganos. Por otra parte, consideramos que la única vía ética y efectiva para lograr la abolición, en el contexto actual, es el activismo educacional por la difusión del veganismo, y que las regulaciones legales de la esclavitud no sólo son inmorales que además no ayudan en nada a abolir dicha esclavitud, más bien al contrario esa regulación refuerza y perpetúa la explotación sobre los demás animales.

Esto es sólo un muy sintetizado resumen. Quien quiera informarse más detalladamente sobre los puntos mencionados, puede acudir a la obra de Gary Francione, quien ha analizado esta problemática de forma muy específica en sus trabajos.

El texto lo ha traducido Igor Sanz y espero que sirva de ayuda para comprender esta importante cuestión. De nuestra elección entre una postura bienestarista y una postura abolicionista depende el futuro de incontables millones de personas: los nohumanos.

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MITO 1: 
"Los abolicionistas son indiferentes al sufrimiento de los animales nohumanos."
  • Corolario del Mito 1: 
"Los abolicionistas quieren que el resto de animales sufran tanto como sea posible para motivar así a más gente hacia el veganismo." 
  • Hechos y explicación 1: 
Los abolicionistas nos preocupamos por el sufrimiento de los nohumanos al menos en la misma medida, y probablemente más, que los neobienestaristas. Estamos de acuerdo en que menos sufrimiento es mejor que más sufrimiento. Nosotros simplemente negamos, desde un punto de vista racional y empírico, que el sufrimiento de los nohumanos pueda ser significativamente reducido mediante reformas y campañas bienestaristas en tanto sigan siendo considerados como propiedades legales y mercancías económicas. [Para comprobar la abrumadora evidencia que apoya esta afirmación empírica, léase “Animals, Property, and the Law”]. Como evidencia adicional, sirve el hecho indiscutible de que las reformas por el bienestar social eran tan inútiles en la prevención o incluso reducción de la tortura y los asesinatos de los esclavos humanos en la América del siglo XIX como lo son hoy para los nohumanos. Negar esto es negar la severa tortura y los asesinatos que fueron tan frecuentes dentro de la esclavitud humana en América hasta que los esclavos fueron emancipados completamente. 
Los abolicionistas sostenemos que es la educación vegana donde deben ser dirigidos tantos recursos como sea posible, lo cual servirá para: 1) aumentar la población vegana, lo que permitirá finalmente el desarrollo de una base política abolicionista; y 2) aumentar la atención y la preocupación acerca de los nohumanos en general como seres sintientes. 
Contrariamente al corolario del Mito 1, los abolicionistas consideramos que los animales (humanos y nohumanos) son perjudicados no sólo por el sufrimiento, sino también en la explotación y las muertes sin dolor. En otras palabras, los abolicionistas creemos que debe motivarse a la gente hacia el veganismo por la sencilla razón de que la explotación y las muertes innecesarias son un completo error, y el 99,999% del uso de los nohumanos es innecesario. Es el mismo argumento empleado en contra de la esclavitud humana; y sólo el especismo, igual que el racismo en el caso de la esclavitud humana ocurrida en diversas sociedades, es el que nos deja moralmente ciegos ante la atrocidad de la explotación y la masacre.

MITO 2:
"Dado que los países con las mejores leyes de bienestar animal son a su vez quienes más veganos cuentan, las leyes de bienestar animal (y sus reformas y campañas) consiguen que las personas se hagan veganas."
  • Hechos y explicación 2: 
El Mito 2 coloca al vagón tirando de la locomotora en lugar de la locomotora tirando del vagón. La educación vegana causa: 1) nuevos veganos; y 2) aumenta la atención y la preocupación hacia los nohumanos en general como seres sintientes. Tal aumento de la atención y la preocupación provoca indirectamente más campañas, más regulaciones y más trucos propagandísticos de la industria del bienestar animal.

MITO 3:
"Los abolicionistas están “seducidos por una teoría”."
  • Hechos y explicación 3: 
Todos los defensores de la justicia social guían sus acciones en base a una teoría, sin tener en cuenta la eficacia de la teoría, y sin importar si tales defensores son siquiera conscientes de que la están siguiendo. Resulta bastante irónico leer diatribas bienestaristas en contra de los abolicionistas, y nuestra teoría, acusándonos de estar “seducidos” por ella, estando ellos al mismo tiempo absortos en el seguimiento y la defensa de su nueva teoría bienestarista, aunque no sean, por lo visto, lo suficientemente conscientes de ello. 
Así pues, seamos honestos: todos tenemos una teoría, y la misma acusación a alguien de estar “seducido” por una teoría resulta una clara demostración de que se está “seducido” por la teoría opuesta. La pregunta pertinente es: ¿Cuál de las dos teorías incompatibles es correcta y eficaz? Y aún más importante: ¿Por qué? ¿Qué razones tenemos para aceptar una teoría por encima de la contraria? ¿Qué evidencias tenemos para elegir una en lugar de la otra? 
Como demuestran muchos ensayos de éste y otros blogs abolicionistas [ver: 1, 2, 3, 4, 5, 6] contamos con muchas razones, y muchas más evidencias aún, para creer en las siguientes afirmaciones: 1) El neobienestarismo ha sido un absoluto fracaso durante más de 30 años (y más de 200 años de bienestarismo tradicional); y 2) si existe alguna posibilidad de reducir significativamente el sufrimiento y, finalmente, poner fin a la explotación animal, será mediante el permanente crecimiento de un movimiento abolicionista enfocado en una educación vegana, no-violenta y creativa. El porqué los bienestaristas (que dicen querer reducir el sufrimiento y ayudar a poner fin a la explotación animal) se oponen tan firmemente a destinar el mayor número de recursos posibles en la educación vegana, no-violenta y creativa es algo difícil de entender. 
MITO 4:
"La educación vegana abolicionista es un “todo o nada”."
  • Hechos y explicación 4: 
Nunca he conocido a nadie, salvo los líderes corporativistas del movimiento bienestarista, que perciba la educación vegana abolicionista como un “todo o nada”. De hecho, mi experiencia en la comunicación con el público ajeno al movimiento me ha demostrado que la educación vegana abolicionista conduce a una mayor preocupación por el problema (con la rara excepción de sádicos y psicópatas). Si tal labor, enfocada hacia una educación vegana abolicionista, conduce a un nuevo vegano, o a una simple mayor preocupación por los animales nohumanos, es algo que depende de la persona, pero casi nunca se traduce en “nada”. Me estoy basando en mis años de experiencia, pero la afirmación de que la educación vegana abolicionista conduce a “vegano o nada” me parece sencillamente ridícula.

MITO 5:
"Al criticar las reformas bienestaristas, los abolicionistas impiden de hecho las futuras reformas de bienestar animal. (O peor aún en el caso de los neobienestaristas, para quienes los abolicionistas somos una amenaza frente al potencial de hacer dinero de las asociaciones de la industria bienestarista)."
  • Hechos y explicación 5: 
En tanto que haya no-veganos, seguirá habiendo preocupación por las reformas bienestaristas en torno a la tortura y el asesinato de nohumanos. Y mientras haya preocupación por dicho bienestar, habrá campañas bienestaristas e intentos de reformas de la esclavitud de los nohumanos. El bienestarismo es un fenómeno simbiótico de la moderna explotación institucionalizada sobre humanos  y nohumanos. Es decir, el bienestarismo necesita y se alimenta de la explotación institucionalizada, y la explotación institucionalizada necesita y se alimenta del bienestarismo.

MITO 6:
"Los abolicionistas 1) son perezosos; 2) “no hacen nada”; y/o 3) sólo actúan a través de internet."
  • Hechos y explicación 6: 
Declaraciones generales como la del Mito 6 no son más que una demostración de los prejuicios y la ignorancia de algunos bienestaristas hacia la mayoría o todos los abolicionistas, motivados por su resentimiento y desacuerdo personal. 
Veamos lo que resulta tomando como cierto que “todos o la mayoría de los abolicionistas son perezosos; no hacen nada; y/o se limitan sólo a actuar por la red”. Hmmm… dado el creciente número de abolicionistas en los últimos cuatro años, y dada la fuerte respuesta bienestarista a los “perezosos abolicionistas que no hacen nada”, parece que la teoría abolicionista, aunque sólo estuviera “centrada en internet”, es !increíblemente poderosa! 
La verdad es que no se hubiera podido lograr el crecimiento conseguido por el enfoque abolicionista en los últimos cuatro años con una “débil teoría” y contando para su promoción sólo o en su mayor parte con “perezosos que no hacen nada”. Para el éxito cosechado en estos últimos cuatro años se precisa de una fuerte teoría y activistas eficaces.

MITO 7: 
"Las campañas y reformas bienestaristas elevan el costo de la producción."
  • Hechos y explicación 7: 
Las medidas de "bienestar animal" propuestas por organizaciones como HSUS y PeTA (como los huevos camperos, las muertes "humanitarias" o la eliminación de jaulas en batería) son presentadas a la industria por parte de HSUS y PeTA como “formas de mejorar la eficacia económica” en la explotación intensiva. Es decir, grupos como HSUS y PeTA actúan como consultores gratuitos de la industria en materia de bienestar y eficacia económica. De hecho, muchos estudios (algunos financiados por la propia industria) muestran que las medidas de bienestar propuestas no sólo cubren el costo eventual de su aplicación, sino que resultan sumamente rentables a partir de entonces. 
Además, estas medidas de bienestar representan un gran reclamo publicitario, ya que la industria puede así asegurar que los animales nohumanos viven vidas mucho mejores de lo que son en realidad. Y a medida que la industria va poco a poco instaurando estos cambios, HSUS y PeTA también pueden gritar “!Victoria!” a sus socios y seguidores. HSUS y PeTA incluso alaban públicamente a la industria por la aplicación de estas medidas, difundiendo entre los consumidores la idea de que todo está bien. De esta manera, la industria gana; los consumidores ganan; !HSUS y PeTA ganan! ¿Los nohumanos? Bueno, siguen siendo masacrados a razón de 56 mil millones al año. Si alguien piensa que podemos matar a cerca de mil millones de individuos por semana (más de 100 millones diarios) sin causar un sufrimiento masivo, se está engañando a sí mismo. No importa cómo se cría y asesina a las víctimas. 
Junto con los señalados beneficios que la industria recibe del bienestarismo, las regulaciones fortalecen aún más la industria añadiendo estratos de trabajo en la inspección y la burocracia, legalizando y politizando la institución. La industria pasa entonces a estar más arraigada y a ser políticamente más poderosa que nunca. 
Considerando seriamente la realidad de los puntos anteriores, lo único que puede erosionar y amenazar la industria es un movimiento vegano abolicionista viable. No obstante, para ser viable, según indican los politólogos, un movimiento vegano abolicionista debería representar al menos el 20%, si no el 30% o más, de la población de un país o sociedad. En este momento, los veganos abolicionistas, por más que estén creciendo en número rápidamente, representan sólo una pequeña fracción de entre los autodenominados veganos, y los propios veganos en su totalidad no representan un número significativo ni siquiera a la vista de las más optimistas encuestas y al margen de los errores estadísticos. El bienestarismo, por su parte, tiene a casi todo el resto de la sociedad de su parte, incluyendo a la propia industria de la explotación, a pesar de su pretendida resistencia a las regulaciones forzadas. 
No pintan bien las cosas para los nohumanos, por no decir algo peor, cuando incluso los propios veganos se oponen a dedicar más recursos a la educación vegana abolicionista.

MITO 8: 
"Los abolicionistas son “divisivos” y generan “luchas internas”."
  • Hechos y explicación 8: 
La acusación de “divisionismo” (o “separatismo”) por parte de los defensores del bienestarismo de los últimos 30 años no es más un intento de sofocar el desacuerdo. Los abolicionistas no son más “divisivos” que los neobienestaristas.

MITO 9:
"Todos estamos en el mismo bando, pero los abolicionistas causan “luchas internas”."
  • Hechos y explicación 9:
En primer lugar, el abolicionismo y el neobienestarismo son dos filosofías profundamente diferentes y sus defensores participan en actividades enfocadas igualmente de manera completamente distinta. Esto significa que no es cierto que estemos en el mismo bando. Y puesto que no estamos en el mismo bando, no puede haber una “lucha interna”. 
En segundo lugar, el desacuerdo no significa enfrentamiento, el desacuerdo significa sencillamente desacuerdo.

MITO 10:
"Los abolicionistas americanos del siglo XIX eran como los neobienestaristas, no como los abolicionistas actuales."
  • Hechos y explicación 10:
Los abolicionistas americanos del siglo XIX eran como los abolicionistas actuales, no como los neobienestaristas. De lo contrario, aún hoy podríamos tener esclavitud humana legal en Estados Unidos. Sí, había muchas personas que se oponían rotundamente al abolicionismo, y muchos de los debates actuales son una repetición de los debates de hace 180 años; pero fueron los abolicionistas quienes pidieron el fin de la esclavitud, no su regulación y mantenimiento. Fue gente como William Lloyd Garrison la más similar a los abolicionistas de hoy en día; personas que han sido reconocidas por llevar a la sociedad lejos de la esclavitud. 
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12 de septiembre de 2014

El acoso como forma de activismo



«Si vamos a hacer progresos hacia una mayor aceptación del veganismo, debemos educar. Y debemos educar de un modo no violento, sin confrontación, que tenga en cuenta el contexto social y cultural en el que vivimos. Esto no significa que el uso de los animales no sea un ultraje moral; significa solamente que nuestros esfuerzos para educar acerca del mismo debe tener en cuenta la visión que la vasta mayoría de los humanos tienen de la cuestión.» ~ Gary L. Francione

Quien me esté leyendo en estos momentos quizás ya haya visto una campaña activista, al parecer en favor del veganismo, que se está difundiendo en las redes sociales y que consiste en que un activista, o un grupo de activistas, vaya a acosar a la gente preferentemente en los restaurantes (o en un supermercado) gritando lemas sobre liberación animal. Las iniciativas están enmarcadas dentro de la estrategia de la denominada "acción directa". Si no lo has visto, dedícale unos segundos a ver qué te parece:





¿Cuál es mi opinión? Mi opinión es que ésa no es la forma correcta de concienciar a la gente. Ese tipo de acciones sólo causan confrontación. Nadie se ha concienciado nunca a partir de que alguien le comenzara a acosar y gritar en un restaurante. Hacer eso es una tontería inútil. Quizás esto les ayude a los activistas a descargar su propia tensión personal, que seguramente sea mucha si piensan constantemente en los horrores de la explotación animal, pero el acto como tal no tiene ningún valor educativo.

Entré a discutir con otros activistas, sobre este tema en particular, en foros de Internet y ante mis críticas, ellos me expusieron algunos argumentos realmente curiosos. 

Por ejemplo, me dijeron que: "Nadie puede saber cuáles son las formas efectivas de concienciar a las personas". ¿En serio? ¿No lo podemos saber?

A mi me parece sí lo sabemos. Por ejemplo, lo sabemos escuchando las historias de la gente que se ha hecho vegana. Para quien desee escucharlas, claro. Nadie jamás ha dicho: "Me conciencié porque un desconocido se puso a gritarme en un restaurante. Oh, sí, eso fue lo que realmente me motivó.". O algo similar. Obviamente porque eso no funciona. Ni en esta cuestión ni con ninguna otra. Que alguien pueda suponer lo contrario evidencia un completo desconocimiento sobre la psicología humana.

En muchos de los comentarios que he leído, comentarios apoyando estos actos, se destacaba mucho la "pasión" y la "entrega" de los activistas. Es decir, que al parecer  ni siquiera le dan importancia a valorar si lo que se hacen es correcto o si es útil, sino que se trata de una cuestión puramente emocional. Porque si alguien pretende concienciar no se centrará en que aporta mucha "pasión" y "entrega", sino que pensaría en cómo actuar para conseguir un efecto educacional y valoraría su conducta de acuerdo a criterios de ética y de efectividad; y no a valoraciones emocionales. Por tanto, lo que los activistas hacen en ese caso es expresar sus ideas, y sus sentimientos, sin importar si lo que lo hacen es éticamente correcto ni cuál es el efecto que tiene en otros.

Es un hecho que la gente no se conciencia sobre un mensaje cuando es agredida o cuando es deliberadamente molestada por las personas que pretenden defender dicho mensaje. Y cuando se sienten agredidas, las personas reaccionan de forma defensiva y hostil contra quienes ven como sus agresores. Es decir, todo lo contrario de la empatía y la reflexión que requieren la concienciación moral. 

Esto que señalo no es una simple generalización sino que es la forma predominante y habitual en que funciona nuestra psicología. Claro que puede que haya alguien sadomasoquista que reaccione al contrario, y le guste que le agredan o que le acosen, pero se trataría de una excepción.

No me hace falta conocer a cada individuo del planeta para saber que nadie se conciencia a raíz de que alguien se le pusiera a gritar o intentara arruinarle el día acosándolo mientras comía. No me hace falta porque aunque cada uno somos un individuo singular, todos tenemos igualmente unas pautas generales de personalidad. Y una de esas pautas es que nos reaccionamos bien cuando otra persona pretende deliberadamente molestarnos mientras estamos intentando disfrutar o relajarnos. No sólo a los humanos sino también a todos los animales en general no nos gusta que nos traten así. Esto es un hecho. Y los vídeos de ese activismo es otra enésima prueba más que lo demuestra comprobando la reacción negativa de la gente.

Si alguien me dijera que yo no puedo saber si ese tipo de activismo realmente funciona porque no conozco directamente a cada persona humana del mundo es como decirme que yo no puedo saber si todos los animales sienten porque no conozco personalmente a cada uno de ellos y no puedo saber directamente si cada uno realmente siente. Ésa es una excusa que suelen usar los especistas para evitar el razonamiento lógico y las evidencias empíricas que nos aportan la filosofía y la ciencia sobre la sintiencia en los demás animales. Es un relativismo falaz que pretende evadir el hecho de que sabemos perfectamente que los humanos no empatizan con otras individuos, ni su mensaje, si sienten agredidos o acosados por ellos. Esto es un promedio constante de la naturaleza humana. Ahora bien, que ignoremos, o queramos ignorar, los conocimientos más básicos, comunes y evidentes sobre psicología humana no significan que esos hechos no existan; sólo significa que no nos interesa reconocerlos para así evadir la crítica y el error.

Por cierto, ¿en qué se basaría alguien para suponer que ese tipo de activismo tiene algún efecto positivo de concienciación? En el caso de que alguien suponga tal cosa, porque nadie me respondió sobre este punto. A mi modo de ver, no cabe duda de que los activistas que actúan de esa manera no buscan concienciar a la gente, sino que sólo buscan expresar su rabia sin importarles mucho las consecuencias.

Me imagino que la gente que me está leyendo en este momento estará de acuerdo en que cuando van a un restaurante, a intentar disfrutar de su tiempo libre, lo que menos desean es que de repente les salte sorpresivamente un activista enfrente suyo a gritarles sin parar que están contaminando el planeta con su consumo y así arruinarles la comida que pretendían disfrutar tranquilamente. Por poner un ejemplo. ¿Eso os ayudaría a empatizar con su causa?

Alguien me señaló que igualmente la gente en general siempre se molesta o se enfada cuando los veganos damos nuestro mensaje. Eso puede ser cierto en parte (no todo el mundo reacciona siempre así, ni tampoco la mayoría) pero no era ese punto el que yo estaba criticando.

Una cosa es que el contenido del mensaje vegano pueda no ser bien recibido por la gente, puesto que contradice sus propios prejuicios especistas. Ahora bien, otra cosa muy distinta es que deliberadamente pretendamos incordiar, molestar o acosar a otras personas. Una cosa es que alguien se ofenda simplemente porque manifiestamos que los animales nohumanos merecen igual respeto que los animales humanos. Y otra cosa muy diferente es que alguien se moleste conmigo porque literalmente le estoy gritando que los todos animales merecen igual respeto. Una cosa es el contenido y otra es la forma. En este caso concreto, yo critico la forma en que se da el mensaje, no el contenido.

Me han advertido que en estos actos, los activistas no agreden físicamente a nadie ni usan lenguaje insultante. Puede ser cierto. No he visto todos los vídeos. Pero aún siendo así, eso no quiere decir que su conducta no sea violenta. Reflexionemos de nuevo sobre ello: ¿Los activistas están haciendo aquello que consideran moralmente correcto? ¿Tratan a los demás como desean ellos ser tratados? ¿Ellos están actuando de forma deliberada para dar un mensaje que la gente pueda comprender y asimilar? ¿O más bien actúan solamente para expresar y descargar sus emociones sobre la gente a la que se dirigen? Si te sientes mal y usas a alguien sin su consentimiento para volcar tus sentimientos sobre él, entonces lo estás utilizando como si fuera un objeto, como un simple medio para conseguir tus fines sin tener en cuenta la voluntad ni los intereses de la otra persona. Eso es violencia, aunque no hubiera daño físico o agresión verbal de por medio.

En definitiva, lo que esos activistas están haciendo lo único que consigue es incomodar y violentar a la gente, y nadie se conciencia de ese modo. Así no. Esto sólo provoca el enfrentamiento y la confrontación. 

Por supuesto, si yo me equivoco a este respecto entonces está claro que lo deben hacer todos es salir a la calle a gritar y acosar a la gente, porque eso seguro que cambia las cosas. Oye, ¿por qué no empiezan por hacerlo también con todos sus familiares y amigos a la hora de comer? Seguro que el efecto que tendrán será inmejorable ¿o no?

Pero si estoy en lo cierto, entonces en lugar de perder el tiempo con ese tipo de acciones, actuaremos de forma racional, haciendo activismo educacional no-violento, para conseguir informar y ayudar a la gente a tomar conciencia y cambiar sus hábitos de vida, de forma dialogante. 

Pero tal vez eso no es tan divertido ni excitante como ponerse a gritar en medio de un restaurante. Cualquiera que en alguna ocasión haya reflexionado honestamente sobre su propio activismo se habrá dado cuenta de que a veces tendemos a hacer simplemente lo que nos gusta por encima de otros criterios.

No tenemos por qué demostrar a nadie lo mucho que nos importan los animales, el ansia de justicia que anhelamos, con demostraciones públicas de nuestros sentimientos. Alguna gente pensará: "Oh, sí, se ve que les importan mucho los animales" y seguirán con sus vidas. Eso en el mejor de los casos. En el peor caso, pensarán que estamos locos, porque ni siquiera comprenden lo que defendemos. Lo que deberíamos hacer, si de verdad queremos un cambio real, es enfocar toda esa energía en educar, en concienciar, en dialogar.

Algunos me acusan de que al parecer me importa más el bienestar de la gente que el sufrimiento de los demás animales y la explotación que se comete contra ellos. Pero eso no es cierto. Precisamente porque ante todo me preocupan las víctimas, y quiero remediar la injusticia que cometemos contra ellos, es el motivo por el que analizo cuál sería la forma correcta y efectiva de lograr el fin de la explotación especista. Porque entiendo que sólo así, y no dejándonos llevar por las emociones, es como podemos encontrar y aplicar la solución a este grave problema. 

Aquella acusación es análoga a la que nos alegan a menudo de que "nos importan más los animales [nohumanos] que las personas [humanas]". Eso tampoco es cierto, claro. A los que creemos y defendemos los Derechos Animales nos importan moralmente todos los seres sintientes por igual.  Son las personas que no conocen o que rechazan la ética de Derechos Animales quienes dan preferencia a unas sobre otras, por el mero hecho de pertenecer a una especie determinada. Los activistas veganos pretendemos precisamente defender la igualdad, no la jerarquía de nadie sobre nadie, y que el respeto básico se aplique a todos por igual.

También me dicen que no debo criticar el activismo de otras personas. Como si el mero hecho de hacer activismo automáticamente les diera la prerrogativa de no ser criticados en sus acciones, como si estuvieran en una especie de burbuja que no debemos romper, como si el simple hecho de hacer algo con "pasión" y "entrega" te legitimara en hacer lo que te parezca oportuno sin atender a ningún criterio o norma. Los defensores de la tauromaquia también alegan a menudo que lo que hacen está motivado por la "pasión" y la "entrega" que sienten. ¿Significa eso pues que no debemos criticar lo que hacen?

El activismo (o cualquier otro tipo de acción) que contradice la ética, o que se demuestra inefectivo, merece, como mínimo, ser criticado. Criticar el activismo no es contraproducente, como aseveran algunos. No lo es. Lo contraproducente es creer que "cualquier cosa puede valer" sin tener ninguna base o criterio racional que lo fundamente. Eso es actuar de forma arbitraria. Eso  que es contraproducente. Gritar a la gente en un restaurante (o en cualquier otro sitio)  es contraproducente, no sirve para concienciar y sólo provoca que piensen que estás loco. Pero los activistas no están locos. Simplemente sucede que a menudo no reflexionan sobre cómo están actuando. Su ferviente deseo de ayudar a las víctimas sobrepasa en ocasiones su deber de analizar razonadamente los actos que realizan.

No es coherente que pidamos a la gente que reflexionen sobre sus hábitos y su conducta si nosotros no estamos dispuestos a hacer exactamente lo mismo en lo que hacemos cada día. Que defendamos lo que es justo no implica necesariamente que todo lo que intentemos realizar para defender la justicia sea también justo. Los fines no justifican los medios. Tanto los medios como los fines deben ajustarse, por coherencia, a un mismo criterio ético. 

Por otro lado, me resulta curioso que personas que participan en foros digan que debatir es "perder el tiempo" y que lo que hay que hacer es actuar sin más. Pero se equivocan (además de ser contradictorios puesto que ellos dedican tiempo a debatir en foros) porque dedicar tiempo a reflexionar sobre lo que estamos haciendo no es perder el tiempo. Porque si no pensamos en lo que hacemos entonces sí que es probable que acabemos malgastando nuestro tiempo en acciones que no funcionan y que incluso contradicen los principios que decimos defender. 

Pensemos sobre esto, por favor. A la hora de hacer activismo, pensemos en si fuéramos nosotros quienes ignoráramos completamente el problema del especismo y la explotación de los animales nohumanos, y cómo nos gustaría que otros nos concienciaran sobre ello.


Considero que estas reflexiones valdrían en general para criticar cualquier tipo de activismo que se realice en forma similar.

Sobre el tema específico de la comunicación ya expuse previamente un análisis en el ensayo: "La comunicación es una cuestión moral". Pueden leerlo si desean una exposición más completa de cómo entiendo que debería ser una comunicación ética a la par que efectiva. 
«El fin de los Derechos Animales es respetuoso; el camino hacia tal fin debe ser respetuoso con los humanos y los demás animales. Mi recomendación a los activistas es que siempre trabajen como si tuviesen 24 horas para mostrar al público la mejor forma posible de activismo pro-derechos animales.» ~ Lee Hall

3 de septiembre de 2014

Tres conceptos: empatía, compasión y solidaridad





Hay tres términos que aparecen de forma más o menos frecuente dentro del contexto moral: empatía, compasión y solidaridad. En esta nota pretendo exponer una breve aclaración al respecto.

En primer lugar, la compasión haría referencia simplemente al hecho de sentir pena o tristeza a causa de lo que a otros les ocurre cuando padecen algún sufrimiento. Es una emoción. Nos sentimos mal al ver que otros padecen ciertos males, pero lo que nos importa es lo que nosotros sentimos. Nosotros queremos que alguien deje de sufrir porque esa escena nos hace sufrir a nosotros.

En efecto, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la compasión de la siguiente manera:
"Sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias."
Por otra parte, la empatía se trata de un fenómeno distinto. La empatía significa colocarnos imaginadamente en el lugar de otros individuos y sentir como si fuéramos ellos. Y no abarca sólo el sufrimiento sino todos los aspectos sensitivos del individuo.

Así define el diccionario de la Real Academia el concepto de empatía:
"Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro."
La empatía es en realidad un razonamiento. No es un sentimiento. Se basa en la lógica (A=A) y la inteligencia interpersonal. La empatía es una manifestación innata de nuestra capacidad moral (junto con el sentido de justicia).

Empatizar es colocarse imaginadamente en el lugar de los otros individuos que no son yo. Pensar o imaginar es un producto del razonamiento, no de la emoción. Un razonamiento básico que se ha comprobado que está presente no sólo en humanos sino también en los demás mamíferos (sin excluir por ello a otros animales que no sean mamíferos). La empatía no excluye las emociones ni los sentimientos, pero no se basa en ellas, a diferencia de la compasión que es una expresión puramente emotiva.

Por eso señala Steven Pinker que: 
"La causa de los derechos animales está basada en la razón pura, en la pura empatía."

Compasión no es empatía porque la compasión significa que yo sufro por algo que percibo exteriormente y que me provoca reaccionar emocionalmente, pero sin razonamiento. Es decir, si yo veo como asesinan a una vaca y eso me hace sufrir a mí, esto no implica necesariamento que yo deduzco que ella sufra. Simplemente me provoca sufrimiento a mí, porque es algo desagradable. Por eso, se puede sentir compasión por seres no-sintientes. Y por eso mucha gente se siente mal al ver vídeos de mataderos pero no se imagina en el lugar de las víctimas. Si lo hicieran tendrían que verse abocados a querer dejar de participar en la explotación animal.

En cambio, la empatía no implica que yo sufra al ver a una vaca en el matadero, sino que implica que yo comprendo que ella sufre, que ella no quiere morir, que quiere escapar de la muerte y el encierro a la que la han sometido. Y esa comprensión me pone imaginadamente en su lugar superando así la individuación que nos separa y singulariza a los seres sintientes. Trasciendo nuestra singularidad mediante el pensamiento para darme cuenta de que todos somos iguales en el hecho mismo de sentir. Esto es la empatía, sin la cual no podría haber ética. Por eso, los psicópatas (los incapacitados para la empatía) no pueden comportarse moralmente aunque son capaces de comprender la ética y actuar de acuerdo a ella por inercia educativa o por presión social de otros, pero nunca por sí mismos, porque realmente deseen hacerlo.

A mi modo de ver, la compasión no requiere de razonar, pues simplemente requiere que percibir algo te desagrade hasta el punto de provocarte tristeza o angustia. No habría ningún razonamiento ahí. Por ejemplo, alguien puede sentir compasión por un árbol porque le desagrada ver como lo talan y destruyen. Es decir, padeces con la situación de algo que percibes (com-pasión: "sentir con"). Ese padecer está ligado con una circunstancia o acción concreta. Es diferente del hecho de sentir por algo que nos sucede a nosotros (una herida o un infortunio). Compadecernos a nosotros mismos sería, pues, sufrir por el hecho de que sufrimos. No veo que haga falta pensar ni razonar al respecto. Es un fenómento puramente emotivo. Otra cosa distinta es que determinados pensamientos provoquen a su vez compasión. Pero la compasión en sí misma no es un razonamiento sino un proceso emocional.

En cambio, empatizar es ponerse en el lugar de otros (em-patizar: "sentir en"). Pero esto es imaginado, y no quiere decir que seamos capaces efectivamente de estar en realidad en el lugar de otros. Eso es absolutamente imposible. Cada conciencia individual es singular y no se pueden fundir o sustituir. La empatía tampoco es "telepatía", dado que la telepatía no existe. Empatizar es imaginar. Pero no imaginar fantasías, sino deducir con nuestro pensamiento 
lo que se supone que otro individuo realmente siente, a partir de nuestra propia experiencia y de las evidencias con que contamos. Esto lo deducimos a partir de su conducta, su lenguaje y lo que sabemos sobre su personalidad. Así lo resume Ramin Jahanbegloo:
"La empatía, al contrario que la simpatía o la compasión, exige que el individuo comparta, indirectamente, los pensamientos y los sentimientos de los otros y que se convierta temporalmente en el otro."
Ahora bien, empatizar no engloba toda la conciencia de otra persona, sino sólo algunos elementos o aspectos. Sabemos que los otros animales sienten y tienen intereses, por tanto, para respetarlos tenemos que empatizar y, de ese modo, comprender que no quieren que los sometamos, matemos o dañemos. Sin la empatía no sería posible. El mero hecho de saber algo no nos conduce a actuar aunque sepamos que es lo correcto. Sin una identificación con los otros individuos no podemos actuar éticamente. Por eso mucha gente no se hace vegana a pesar de saber que es lo correcto y razonable. Por falta o carencia de empatía. Los biólogos y etólogos saben bien de las vidas subjetivas de otros animales pero eso no les lleva necesariamente a ser veganos porque no han aplicado la empatía.

No sabemos realmente como ven el mundo los otros animales. (Aunque la ciencia ha alcanzado progresos importantes sobre este asunto). No sabemos exactamente cómo se siente al ser un pez, una salamandra, un cangrejo o una abeja. Pero sabemos que sienten, y a partir de esa noción básica empatizamos con ellos, sin necesidad de tener que saberlo todo acerca de su experiencia consciente.

Debo añadir que aunque la compasión y la empatía, a mi modo de ver, serían radicalmente diferentes, podemos pasar de una a otra de forma ambivalente. No nos quedamos en una u otra de forma permanente y excluyente. Y tal vez por eso nos cueste distinguirlas.


Por tanto, de acuerdo a este análisis, resulta que la compasión es solipsista y nunca altruista. Los compasivos pretenden a menudo creer que hacen cosas "por los demás" pero en verdad sólo lo hacen por sí mismos. Para aliviarse ellos, para no sufrir ellos. 

Un criminal puede sentir compasión por sus víctimas, pero nunca empatía. La empatía le pondría en el mismo lugar que sus víctimas (y entonces le obligaría a abandonar su crimen). He ahí la diferencia radical. La compasión es a menudo aliada de la injusticia. 

La empatía implica igualdad (identificación) entre ambos individuos mientras que la compasión acepta la jerarquía. Por eso pienso que debemos reivindicar la empatía - junto con la igualdad - pero no la compasión, pues esta última se atiene exclusivamente a las emociones y no cuestiona la injusticia subyacente al contexto.

La ética es ese ámbito peculiar en el que actuamos en favor de los demás igual que si fuéramos nosotros mismos, pero no por beneficio, porque nos beneficie a nosotros, sino porque es lo justo, lo correcto, de acuerdo a la misma razón, a la lógica que es inherente a nuestro intelecto. Esto es la facultad moral o sentido moral. Porque, de acuerdo a la razón, todos somos iguales en tanto que todos somos sujetos, somos un yo. Sólo hay ética cuando comprendemos e interiorizamos este conocimiento. Podría decirse aquello de "todos somos uno" pero esto ya sería mística y no ética, y se perdería de vista el hecho de que aunque todos seamos igualmente un yo, seguimos siendo empíricamente individuos singulares y diferentes.

La ética es adecuar nuestra conducta a la razón como fin en sí misma y no como un medio para conseguir un otro fin (razón instrumental). Ahora bien, si efectivamente tenemos una facultad inherente para comportarnos moralmente, entonces no tenemos que disponer de una noción abstracta de ética para actuar por motivos éticos. Aunque, sin duda, la reflexión puede ayudarnos a comprender e interiorizar las nociones de índole moral.
Por último, hay otro concepto distinto al que podríamos denominar como simpatía o solidaridad. (Aunque sería distinto del uso coloquial del término simpatía para expresar que alguien nos resulta agradable o "simpático").

Si acudimos de nuevo al diccionario de la Real Academia nos encontraremos con que simpatía significa etimológicamente "comunidad de sentimientos", y también podremos ver que la solidaridad es la "adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros." Luego, la simpatía no es solamente afecto, sino que es afecto hacia un grupo concreto, y la solidaridad consiste precisamente en participar, apoyar o compartir los intereses de un determinado grupo. 

Es decir, la simpatía o solidaridad es una manifestación de tipo social. No moral. 

En resumen: 
1) La empatía se basa en la igualdad - es un razonamiento de identificación con otros individuos - por tanto es de sentido moral, ético
2) La compasión es una expresión puramente emocional que además presupone jerarquía o desigualdad entre el compasivo y el compadecido.

3) La solidaridad se basa en compartir los intereses comunes de un grupo de individuos y se aplica dentro del contexto de una comunidad social organizada.
Por supuesto, estos conceptos aceptan un desarrollo muchísimo más extenso y detallado. Aquí expongo sólo un conciso esbozo para intentar evita la confusión entre ellos. Estas aclaraciones no son una mera disquisición lingüística o semántica sino que son delimitaciones conceptuales necesarias para analizar la realidad y establecer juicios morales.

El lenguaje debería tener siempre un referente objetivo, y no estar sujeto al capricho de los arbitrarios gustos personales de cada uno. De otro modo, ¿cómo podríamos entendernos entre nosotros? ¿Cómo podríamos comunicar nuestras ideas y sentimientos? ¿Cómo podríamos llegar a acuerdos comunes y de beneficio mutuo? Sin un lenguaje objetivo, estamos condenados a la incomprensión.

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