18 de junio de 2019

La hipocresía




Un artículo publicado en Eldiario.es proclama que "el veganismo en la moda es hipocresía"; refiriéndose a la nueva tendencia en algunas marcas de ropa de eliminar productos de origen animal. Me ha llamado la atención la cantidad de falacias y mentiras que contiene el artículo para ser tan breve en extensión. 

El artículo comienza fuerte:
"La moda vegana es una hipocresía, no me la creo", ha dicho a Efe Alejandro Gómez Palomo, director creativo de la firma Palomo Spain, que desde sus inicios utiliza tejidos de origen animal porque considera que son "más ecológicos". Palomo Spain utiliza plumas, cuero o lana en la confección de prendas, "lo no quier decir que no ame a los animales ni que sea respetuoso con el medioambiente", añade Gómez Palomo, quien considera que es mucho más contaminante el pelo artificial o el poliéster que suele acabar en los océanos, un problema que centrará este sábado la celebración del Día Mundial de los Océanos.»
Afirma Palomo que se puede amar a los animales y al mismo tiempo utilizarlos como recursos, criarlos en granjas y matarlos para arrancarles su piel. Es cuanto menos una curiosa forma de ver el amor. ¿Será por eso que dicen que hay amores que matan? 

Me gustaría aclarar que para vestir de forma vegana no es necesario usar poliéster ni pelo artificial. Aparte, es increíble que se pueda afirmar seriamente que los tejidos de origen animal son menos contaminantes que de los origen vegetal; si tenemos en cuenta que la industria ganadera es la más contaminante del planeta. Es precisamente de la ganadería de donde proceden los animales utilizados para servir de vestimenta. ¿Seguro que se han molestado en informarse sobre lo que hablan? Permítanme que lo dude.

Cuidado, resulta que Palomo no está solo en su diatriba sino que le acompañan otras voces:
"El veganismo es un lujo de millonarios", explica la responsable de desarrollo de materiales de Fashion Bussiness School Universidad de Navarra (ISEM), Silvia Soler González, quien asegura que vestirse con fibras naturales de origen vegetal es "complicado y muy caro".
Mira, me acabo de enterar de que soy millonario. No tenía ni idea de que yo lo fuera. Al parecer, mi cuenta corriente tampoco lo sabe. Se lo comunicaré a mi banco para que la actualice. Porque si la responsable de la Fashion Bussiness School dice que el veganismo es "un lujo de millonarios" tiene que ser verdad, ¿no? Entonces, los otros veganos que conozco, y que yo estaba convencido que tienen que trabajar para vivir, también son millonarios. Me imagino que trabajan por gusto. ¿Y los otros millones de veganos en el mundo? Todos millonarios. Claro que sí. Ahora, confieso que me suena un poco extraño aquello de que vestirse con algodón, lino o tejidos sintéticos es "complicado y muy caro". Fíjate que tampoco estaba al tanto de esto. Yo estaba convencido de que el veganismo no es caro. He comprobado que cuando voy a comprar ropa a las tiendas de saldo y a los supermercados —y demás lugares selectos que frecuentamos los millonarios— los artículos más baratos suelen componerse de tejidos vegetales. Pero qué sabré yo que sólo soy un elitista vegano millonario y no formo parte de una Fashion Bussiness School que claramente está en contacto con la realidad de la gente sencilla.

Atención, porque la responsable de la Fashion Bussiness School no ha terminado de iluminarnos con sus agudas observaciones:
«Un vegano excluye en su armario las piezas de cuero, piel, lana de oveja, cachemir, mohair, seda, plumas, perlas o nácar, todo lo que provenga de los animales. Pero ¿qué ocurriría si a las ovejas no se las esquilara?. "Sería un animal maltratado, su salud se deterioraría", dice la veterinaria Rebeca Abascal Guzón, quien recuerda que la oveja doméstica "no pierde el pelo de manera natural". Si no se les esquila "puede sufrir infecciones, no tener visión o tener incapacidad para moverse, dado el volumen y peso de la lana sobre su propio cuerpo", explica la veterinaria.»
Esto me lleva a pensar: ¿cómo se supone que las ovejas se las arreglaban antes de ser esclavizadas por seres humanos? ¿Acaso en la naturaleza morían todas invadidas por su propio pelo? Las ovejas ya existían en el mundo antes de ser sometidas por el hombre para servir de recursos. Todos los demás animales mamíferos pierden el pelo de forma natural y lo renuevan periódicamente, ¿por qué las ovejas no? Parece extraño. ¿No será quizás que las ovejas han sido seleccionadas deliberadamente por los humanos durante siglos y siglos para favorecer sólo la reproducción de las que eran más peludas y así poder aprovechar su pelo? Esto tiene más sentido. Sabemos que los humanos practican la cría selectiva de los animales que explotan, para potenciar su aprovechamiento económico.

Por tanto, en el caso de las ovejas podemos ver que sufren un defecto de exceso de pelo que los humanos que las explotan les han causado deliberadamente, y ahora los mismos humanos que defienden la explotación animal usan ese defecto como excusa para seguir explotándolas. No, señores, no se hagan los caritativos con sus propias víctimas. Haber manipulado a otros animales no justifica que los continuemos explotando. ¿Las ovejas necesitas ser esquiladas debido al exceso de pelo que los humanos les han causado durante generaciones? Bien, pero eso no justifica que sigamos tratando a las ovejas como recursos económicos; ni a cualquier otro animal.

A continuación viene el punto quizás más confuso de las declaraciones de que nos regala este artículo:
«"¿Si coges piojos los dejas vivir o los eliminas?, ¿Si tu mascota tiene pulgas las matas o permites que sean sus mejores amigos?", se pregunta Soler, quien cree que es más peligroso consumir recursos naturales, que son finitos como los minerales, que animales que "se reproducen".»
Impresionante razonamiento. La señora de la Fashion Bussiness School considera que como los animales "se reproducen" entonces no son finitos. No importa que los animales necesiten nutrirse de minerales para vivir y reproducirse. Ahora bien, pienso yo, los humanos son biológicamente animales y se reproducen. De hecho, los humanos están aumentando su población exponencialmente en el planeta. ¿Sería correcto pues utilizar a los humanos para servirnos de recursos con los que elaborar vestimenta? Me limito a deducir las conclusiones lógicas que se derivan de las sabias reflexiones marca Fashion Bussiness School. Si algún argumento justifica moralmente la utilización de animales entonces también sirve para justificar la utilización de humanos en las mismas condiciones. La distinción de especie no es más relevante que la distinción de raza o de sexo.

Lo que no comprendo bien es la situación de las preguntas que expone al comienzo del párrafo; parecen un poco desubicadas de la cuestión. Planteamos la misma cuestión eliminando la distinción de especie: ¿Si sorprendo a un humano chupándome la sangre lo dejo vivir o lo elimino? ¿Si un niño a mi cargo tiene pulgas las mato o permito que sean sus mejores amigos? Son preguntas muy interesantes, pero sigo sin ver claro su relación con el tema del veganismo. El veganismo se refiere a la cuestión del uso de animales. Así, los conflictos que puedan surgir con los animales libres no entran dentro de esta categoría. Es como si en el contexto de una discusión sobre el abolicionismo de la esclavitud humana, preguntáramos: ¿y qué hacemos si un humano intenta robarnos? ¿Y qué pasa si un humano intenta asesinarnos?" No son cuestiones que tengan relación con la moralidad de la esclavitud.

No se han acabado todavia las aportaciones de Ms. Fashion Bussiness School, quien nos ofrece también el lado más místico de su pensamiento:
«El consumo animal se encuentra dentro del círculo de la vida, "y eso es regenerar nuestra propia esencia, nos mantiene en equilibrio", añade Soler, para quien el no consumo de animales conduce a un doble problema: su extinción y la superpoblación con todas las consecuencias".»
¿El consumo animal forma parte del "círculo de la vida"? Creo que esa expresión resulta demasiado vaga como para significar algo concreto pero, en todo caso, yo diría más bien que el consumo de animales forma parte de un círculo comercial. La práctica de consumir animales forma parte de las costumbres sociales y no es algo que se produzca espontáneamente. Es por esto que consumimos piel de vaca como algo normal pero rechazamos consumir piel de perro. Es una cuestión cultural. Además, dentro del "círculo de la vida" también encontramos el canibalismo, el parasitismo, la violación, el infanticidio, y otra serie de prácticas que no consideramos que sean moralmente aceptables. El uso de humanos como esclavos también se intentó justificar, desde Aristóteles, como parte del "círculo de la vida".

Por otra parte, me pregunto cómo puede ser que el no consumo de animales conduzca igualmente a la extinción y la superpoblación de animales. ¿No es esto profundamente contradictorio? Por eso menciono que esta parte es la más mística de las declaraciones publicadas. En la mística, supuestamente las contradicciones desaparecen. Pero en el mundo real no.

Espera, porque la cosa no termina aquí:
«Cuando se sacrifica un animal para comer, su piel, plumas o pelo se puede utilizar para la fabricación de ropa u otros objetos, "son materiales residuales", dice Soler, que está a favor del consumo responsable de carne y pescado, "no es necesario consumir proteína todos los días".»
Creo que esta declaración pasa por alto el hecho de que no necesitamos consumir animales para alimentarnos. Tampoco necesitamos utilizar animales para vestirnos. La necesidad no es una excusa que pueda sostener el uso de animales para propósitos como la vestimenta o la alimentación. 

Ahora viene el punto fuerte:
«No hay que confundir el veganismo con el respeto al medio ambiente. "Que una firma sea vegana no significa que sea sostenible", puntualiza Soler.» Por ejemplo, la diseñadora Stella McCartney decidió no utilizar materiales de origen animal en sus colecciones, pero sin embargo, utiliza fibras sintéticas que en ocasiones no son bondadosas con el medioambiente, precisamente el hábitat de animales. "Es mucho más ecológico un abrigo de zorro que uno de piel sintética, ese pelo artificial es supercontaminante", añade Gómez Palomo. Hoy en día el 60 por ciento de las prendas que se consumen en todo el mundo se hacen con poliéster, que tarda una media de 500 años en degradarse por completo. Además, durante su periodo de vida, en los lavados, esa fibra desprenden micropartículas que acaban en ríos y mares deteriorando la cadena alimentaria. Se vive una moda acunada por la (mala) cultura de usar y tirar, que ahora, desde los grandes emporios se pretende mitigar con la filosofía vegana, en la que se pueden lucir prendas y no ser sostenible. "No hay huella animal, pero se está contaminando el planeta", dice Soler.»
Estoy de acuerdo en que el veganismo es diferente de la consideración del medio ambiente. El veganismo se define por oponerse al uso de animales. El medio ambiente pertenece a otra categoría diferente. Eso sí, no hay nada en el veganismo que diga que uno debe sólo preocuparse por no utilizar a los animales y pueda despreocuparse de todo lo demás. En mi ensayo de respuesta a los ataques por parte de Claudio Bertonatti sobre el veganismo ya argumenté que el veganismo supone rechazar el uso de animales como una cuestión de ética básica. Es una cuestión de principios. Una vez que rechazamos el uso de animales, debemos analizar de qué forma podemos satisfacer nuestras necesidades a la vez que tenemos en cuenta otras preocupaciones morales, como es la destrucción del medio ambiente. Pero el uso de animales no puede ser moralmente contemplado como una opción ética; así como tampoco contemplamos el uso de seres humanos como meros recursos, es decir, como esclavos. Aunque la opción menos contaminante de todas las posibles fuera criar y matar humanos para usarlos como vestimenta, esta opción no sería moralmente aceptable. Lo mismos sucede con el uso de animales. 

Si el poliéster es contaminante entonces la solución éticamente aceptable no es utilizar animales; por la misma razón que la solución no puede ser utilizar humanos para servirnos de vestimenta. La solución es dejar de explotar tanto a humanos como a animales y a la vez intentar buscar materiales que eviten dañar, o dañen lo menos posible, el medio ambiente. Sorprendentemente, en un artículo sobre moda vegana se olvidaron de incluir voces de personas que se dedican a la moda vegana, como es el caso de la empresa Insecta, y que explican cómo se preocupan también por la conservación del medio ambiente, desde una perspectiva vegana.

¿Dónde está realmente la hipocresía? Yo creo que la hipocresía está en decir que uno se preocupa por los intereses de los animales pero al mismo tiempo defienda que está bien explotar a los animales. Es tan hipócrita como decir que uno se preocupa por los intereses de los humanos y al mismo tiempo defienda que está bien esclavizarlos. Hipocresía es que decir que estamos en contra de infligir daño a los animales y al mismo tiempo sigamos utilizándolos como artículos de consumo; infligiéndoles un daño que no se puede justificar moralmente ni apelando a la necesidad.

Por cierto, como ya mencioné antes, que un artículo sobre moda vegana no incluya ninguna voz en favor del veganismo fue de lo más me llamó la atención. Hipocresía es también que un medio informativo diga que se dedica a informar pero luego publique un artículo que es pura propaganda y que no incluya siquiera otras posiciones sobre el tema que se trata. Esto también es hipocresía.

30 de abril de 2019

Prohibicionismo no es abolicionismo



«Creo que esto nos debería hacer reflexionar sobre si los esfuerzos que hacemos están bien encaminados, y si las políticas que hemos ido implementando se fundamentan en una comprensión correcta del fenómeno que queremos combatir. O si, por el contrario, nos dejamos llevar por lugares comunes, opiniones subjetivas o, lo que es peor, fundamentalismos.» ~ Marta Iglesias

¿Qué es el abolicionismo?

Por abolicionismo entendamos, en general, una postura y un movimiento que pretende hacer desaparecer aquella práctica general que es contraria a los principios morales básicos.  El ejemplo más representativo es el abolicionismo de la esclavitud. La esclavitud es una institución que implica una violación flagrante del respeto moral básico que toda persona merece. Es una práctica que trata a sujetos como si fueran meros objetos. La esclavitud cosifica a unas personas reduciéndolas a ser propiedad de otras.

El abolicionismo pretende erradicar completamente, desde la raíz, aquello que considera un error moral y no simplemente prohibir determinadas prácticas dentro de ese error. Una postura abolicionista pretende erradicar la esclavitud y no sólo determinada forma de esclavitud.

Sin embargo, el término abolicionista viene siendo incorrectamente usado en el ámbito animalista —por el movimiento antitaurino en especial— para hacer referencia a un determinado enfoque, el cual lejos de ser abolicionista resulta ser meramente prohibicionista. No es abolicionismo lo que defienden sino el prohibicionismo. No pretenden abolir la institución de la esclavitud animal sino sólo prohibir una determinada práctica dentro del contexto de la explotación de los animales. 

Las medidas habitualmente denominadas como abolicionistas no son tales en realidad, sino que son meramente prohibicionistas. Una medida abolicionista por definición tiene que implicar el cese absoluto de la institución que ampara determinadas prácticas. Es decir, la abolición de la esclavitud como tal y no sólo de un tipo concreto de esclavitud. Si la utilización de animales es moralmente equivalente a la esclavitud humana, entonces el abolicionismo en el contexto animalista sólo puede ser reconocido como tal cuando se fundamenta en la oposición al uso de los animales y no limitado a un determinado uso.

El prohibicionismo: otra manera de reformar la explotación animal

Un ejemplo muy claro en donde el prohibicionismo se confunde con el abolicionismo podemos encontrarlo en el caso de la supuesta abolición de la tauromaquia de Cataluña. Una tauromaquia que no fue abolida, puesto que los correbous son tauromaquia y siguen existiendo en Cataluña. No sólo siguen existiendo sino que además ha sido legalizados, subvencionados y protegidos. Lo que ocurrió en Cataluña fue simplemente una prohibición de una muy determinada forma de tauromaquia pero que al mismo tiempo amparaba otra forma distinta de tauromaquia.

Prohibir las corridas de toros en Cataluña ha conllevado que los correbous sean legalizados, subvencionados y protegidos como patrimonio cultural. El número de correbous que se celebran, y sus víctimas, han aumentado. En definitiva, se ha sustituido una forma de explotación por otra. Los correbous no estaban regulados por ley antes de la prohibición de las corridas. Y por tanto no podían ser subvencionados ni protegidos. Ahora sí lo son. Los políticos, con el beneplácito de los animalistas antitaurinos, votaron a favor de prohibir las corridas de toros excluyendo expresamente a los correbous de esa prohibición con el objeto de legalizarlos y promocionarlos por considerarla una actividad propia de la cultura catalana.

La abolición implica erradicar la institución de la esclavitud. Por tanto, en relación con los nohumanos, la abolición consiste en erradicar su estatus de propiedad, es decir, el hecho de que sean considerados recursos para satisfacer los intereses humanos. Prohibir una determinada forma concreta de explotación animal no tiene nada que ver con la abolición de su esclavitud, puesto que no altera en nada el hecho de que siguen siendo considerados propiedades de humanos. Prohibicionismo no es abolicionismo.

Los medios deben ser coherentes con los fines, puesto que ambos por igual deben ajustarse a un mismo criterio. Y, por tanto, resulta incoherente decir que apoyamos la abolición de la esclavitud de los nohumanos mientras que al mismo tiempo apoyamos una reforma legal que continúa considerándolos como nuestra propiedad.

Además, promover o participar en campañas prohibicionistas significa quitar recursos [tiempo, energía, dinero] que se podrían emplear en campañas veganas/abolicionistas. De aquel modo simplemente estamos impidiendo o perjudicando la difusión del veganismo.

¿Las prohibiciones protegen a los animales no humanos?

La prohibición del uso de animales en circos es un ejemplo claro de los errores del prohibicionismo: [1] Esas prohibiciones son, casi siempre, especistas, pues en realidad no prohíben el uso de animales [las prohibiciones sobre los circos prohíben el uso de animales considerados "salvajes" pero permiten el uso de animales considerados "domésticos"]; [2] no impiden que los circos sigan operando aunque sea en otras ciudades o países; [3] malgastan recursos que se podrían emplear en campañas veganas; [4] discriminan a la gran mayoría de los animales esclavizados; [5] en la mayoría de los casos, los animales a los que afectan dichas medidas resultan abandonados, asesinados, o se les utiliza para otros fines de explotación.

Hay una ingente cantidad de ejemplos publicados que demuestran que las prohibiciones no sirven para evitar la violencia contra los animales. Las prohibiciones no erradican el estatus de propiedad de los animales; no protegen sus intereses básicos; y ni siquiera ofrecen una protección consistente en el tiempo. Si la mentalidad no cambia, las consecuencias que provoca dicha mentalidad tampoco dejarán de producirse de un modo u otro. Lo único que evitará la violencia será un cambio cultural masivo, precedido necesariamente por numerosos cambios individuales.

Las corporaciones animalistas no suelen contar la verdad sobre los efectos que tienen las prohibiciones que impulsan para reformar la explotación animal. Sólo les interesa vender "!victorias!" y "éxitos" para hacerse publicidad, ganar dinero y conseguir socios. Reformar la explotación animal con regulaciones y prohibiciones sólo perpetúa esta violencia contra las víctimas del especismo.





No es poco habitual que las prohibiciones sean derogadas al cabo de un tiempo. Es un hecho que el prohibicionismo no sirve para proteger a los no-humanos y sus intereses. Solamente sirve para hacer creer a la gente que el problema es la "crueldad" contra los demás animales y que con esas medidas ya se consigue prohibir el "abuso" —y no el uso. Es exactamente el mismo efecto autocomplaciente que tiene como objetivo el regulacionismo tradicional.

La creencia de que las prohibiciones legales protegen a los animales o que estas prohibiciones son "un paso" hacia la abolición de la explotación animal es una creencia que está en la misma categoría que la creencia en la Tierra Plana. Tienen la misma evidencia a su favor y la misma conexión con la realidad. Mientras los no-humanos sean considerados propiedad, sus intereses estarán siempre supeditados y anulados frente a los intereses humanos.

Cuando los abolicionistas intentamos explicar a la gente que no hay diferencia moral entre el determinado uso de animales que se pretende prohibir —por ejemplo, la tauromaquia— y el resto de formas de explotación animal, las respuestas que se dan son de este tipo: "no es lo mismo porque aquello se hace por diversión"; o "sí, pero primero hay que abolir los peores abusos y luego ya veremos". Las campañas prohibicionistas ayudan a marginar el veganismo entre la gente y a desviar la atención sobre la moralidad del uso de animales hacia las condiciones del uso. 

Las prohibiciones no conducen a la abolición

No hay evidencia que demuestre que prohibir una determinada práctica concreta de explotación animal conduzca necesariamente hacia la abolición del resto de la explotación animal. En países como Gran Bretaña o Argentina, la tauromaquia se prohibió en el siglo XIX. Hace casi 200 años. Pero desde entonces no ha habido ningún progreso significativo. Los animales siguen siendo considerados propiedad y son explotados masivamente en todo tipo de ámbitos provocando miles de millones de víctimas cada año.

La estrategia de ir atacando toda forma de opresión especista de una en una, hasta acabar con todas ella, se ha demostrado que no funciona. Por cada granja o matadero que se consiga cerrar, abrirán otros nuevos para satisfacer la demanda. Por cada actividad prohibida, surge otra forma nueva de explotación animal [experimentación genética, mascotas exóticas,...]. Por cada especie animal que es protegida de alguna forma específica de explotación, otra especie distinta es puesta en su lugar —en lugar de comer perros ahora comerán pollos; en lugar de comer delfines se comen atunes; en lugar de utilizar animales "salvajes" en los circos ahora se utilizan animales "domésticos": caballos,... De este modo, el prohibicionismo alienta un espejismo de progreso que no favorece los intereses de los animales y entorpece el objetivo del abolicionismo.




La opción verdaderamente abolicionista: el veganismo

Por estas razones considero que el enfoque prohibicionista no sería la manera correcta de afrontar el problema que es la explotación animal.

En conclusión, ¿cuál sería la estrategia que una perspectiva abolicionista deberá desarrollar para afrontar adecuadamente el problema del especismo y de la explotación animal? Lo primero y más fundamental será concienciar a la gente. Mientras la gente no tome conciencia del problema, y mientras no rechace voluntariamente el especismo y la explotación animal, de manera progresiva pero fime, las medidas legislativas correctas y eficaces serán completamente irrealizables en un contexto especista que considera a los animales como objetos y recursos para satisfacer los deseos humanos. Las medidas legislativas que se puedan llevar a cabo —como intentar prohibir la tauromaquia— serán directamente inútiles o contraproducentes para los intereses de los animales.

La raíz del problema consiste en ver a los demás animales como seres inferiores; como objetos o recursos para nuestro beneficio. Todos los males que infligimos a los animales derivan de ahí. Por tanto, un activismo ético y efectivo debería enfocarse en erradicar ese prejuicio a través de la educación, informando y concienciando a la sociedad —a cada uno de sus miembros— para que comprenda la injusticia del especismo y cambie su mentalidad y actitud en el día a día.

La difusión del veganismo conllevaría la eliminación progresiva de todo uso de animales. La propia sociedad apoyaría esta eliminación, también a nivel legal, como consecuencia del cambio de mentalidad. Pero pretender la prohibición como primer paso, —sin que antes haya habido un cambio individual y social y cultural en favor de la liberación animal— es como empezar a construir una casa por el tejado. Si estamos en contra de toda explotación animal, porque toda explotación sobre seres sintientes es injusta sin importar cómo se haga, entonces deberíamos hacer campañas contra la explotación animal en sí misma y no contra un tipo específico de explotación.

La abolición de la opresión que ejercemos sistemáticamente contra los demás animales comienza en el veganismo. Dejando de participar en cualquier uso o consumo que implique utilizar a los animales nohumanos, y escogiendo opciones libres de esclavitud. 

Así pues, la abolición comienza en todos y cada uno de nosotros, aplicando el principio abolicionista en nuestra propia vida, y erradicando nuestro apoyo a la utilización de animales.

Cuando seamos una mayoría de personas la que rechazamos la discriminación especista y la utilización de los animales, entonces, y sólo entonces, podremos aspirar realmente a que las leyes protejan los intereses de los individuos no humanos. Para esto es necesario primero que su estatus de propiedad sea abolido.

Todos podemos abolir la explotación animal en nuestras vidas escogiendo el veganismo. Es algo que todos podemos hacer ahora mismo sin necesidad de esperar futuros cambios sociales ni medidas legales. El único requisito necesario es tener conciencia moral y tomarnos en serio la consideración de los animales como individuos que poseen intereses propios.

30 de enero de 2019

Una observación acerca de la teoría de Christine Korsgaard




La filósofa Christine Korsgaard es una de las principales pensadores actuales que ha dedicado su labor a reivindicar el pensamiento de Immanuel Kant. Kant es considerado como una de las mentes más brillantes de la historia de la filosofía, y una de sus aportaciones más celebradas es precisamente su teoría sobre la ética. Korsgaard es especialista académica en filosofía moral y parte de su trabajo ha estado enfocado en analizar nuestro trato sobre los animales partiendo del pensamiento kantiano.

Mi objetivo en este ensayo no es el de exponer o resumir la propuesta de Koorsgaard sobre nuestra relación moral con los animales. Para esto ya existen otros artículos en español [1 2] que realizan bien esa labor. Mi intención es la de analizar concisamente el planteamiento de Korsgaard desde un enfoque vegano. Para ello me basaré en un artículo divulgativo titulado «Explotar a los animales: una protesta filosófica» que la propia Korsgaard publica a modo de síntesis sobre su posición acerca de la cuestión animalista y del cual citaré algunos párrafos a continuación.

¿Qué es lo que propone Korsgaard en pocas palabras? Siguiendo la teoría de Kant, lo que debemos hacer es dejar de ver a los animales como medios para los fines humanos y pasar a verlos como fines en sí mismos. Dicho de otra manera: que dejemos de considerarlos como seres que sólo poseen un valor instrumental y pasemos a consideralos como seres que poseen un valor inherente. No obstante, a diferencia de Kant, Korsgaard no está de acuerdo en que sea sólo la racionalidad lo que permite la existencia ese valor intrínseco o valor inherente, sino que es también la sensibilidad o conciencia sensitiva lo que genera dicho valor:
«[...] los otros animales están en la misma posición que nosotros: son seres animados, con una preocupación urgente, dada por naturaleza, para cuidar de sus propios intereses y los intereses de aquellos con los que están apegados. Esa preocupación natural es el origen de todo valor: existen cosas en este mundo que son buenas y malas, precisamente porque existen criaturas para quienes las cosas pueden ser buenas o malas. Aquellos que comparten la preocupación natural por ellos mismos y sus familias, por consiguiente comparten la característica de nuestra naturaleza por la cual nosotros demandamos respeto. Ellos, como nosotros, son seres para quienes las cosas pueden ser buenas o malas. Los otros animales, por consiguiente, tienen una exigencia tanto a nuestra razón como a nuestros sentimientos de solidaridad. Debemos por lo tanto respetarlos como fines en sí mismos.»
Korsgaard emplea términos como como "naturaleza animal", "preocupaciones naturales" y "afectos", pero es claro que se está refiriendo a la sensibilidad o sintiencia.

Hasta ahí todo bien. De hecho, nada de esto es realmente nuevo. Ya encontramos el mismo fundamento filosófico en otros autores como Tom Regan y Gary Francione; que en sus obras reconocen su inspiración kantiana. Digamos que Korsgaard no está exponiendo algo que no se haya dicho con anterioridad, aunque lo exprese con sus propias palabras. Reconozco que me llamó mucho la atención que en sus textos no hiciera ninguna referencia a dichos autores animalistas, ni apenas a ningún otro en general. Korsgaard se basa directamente en Kant y parece ignorar de forma deliberada cualquier otra aportación académica al respecto.

La ética que propone Kant —y que sigue Korsgaard— no rechaza tal cual el uso de otros individuos como medios para nuestros fines sino que sólo rechaza su instrumentalización forzada, es decir, que los usemos sin tener en cuenta su voluntad y sus intereses. Por esto, un uso moralmente aceptable de otros individuos requiere al menos de su consentimiento —un consentimiento libre, voluntario e informado— y que no se trate de un uso contrario a sus propios intereses y deseos:
«De acuerdo a Kant, lo que diferencia de explotar a alguien como un “simple” medio, y usarlo como un medio de forma en que es moralmente permisible, es teniendo su consentimiento informado y sin coerción. Servimos a los intereses de los otros, dando nuestro consentimiento, por motivos como la ganancia, el amor, la amistad o un espíritu general de cooperación. Pero los otros animales no pueden darnos su consentimiento informado y sin coerción.»
¿Cuál es el problema pues con la teoría de Korsgaard? El problema es que no es coherente en sus conclusiones respecto de sus propios fundamentos teóricos. Si los animales son fines en sí mismos entonces no debemos instrumentalizarlos en ninguna manera para satisfacer nuestros deseos y necesidades, porque ellos no pueden consentir. Sin embargo, Korsgaard afirma que es aceptable utilizar a los animales en determinadas maneras:
«Si los proveemos de condiciones confortables para vivir, en las cuales ellos sean capaces de llevar algo razonablemente parecido a su propio tipo de vida, su uso como animales de compañía puede probablemente ser justificado. Es posible que su uso como auxiliares para los minusválidos y la policía, como trabajadores en búsqueda y rescate, guardianes, podrían también justificarse, si dichas tareas pueden ser llevadas a cabo de manera compatible con una vida confortable y natural. Sobre si pueden consentir el proveernos de lana, productos lácteos o huevos, dependerá de si hay métodos para recolectar esos productos que son genuinamente compatibles con una forma de vida normal y feliz para los animales.»
A mi modo de ver, aquí Korsgaard yerra gravemente y contradice su propio planteamiento.

Proponer que es aceptable utilizar a los animales a pesar de que ellos no pueden consentir es equivalente a proponer que podemos utilizar a los humanos aunque no nos den su consentimiento. Si uno de los requisitos necesarios para que la interacción instrumental con otros individuos sea éticamente aceptable es la de que debe contar con el consentimiento libre, voluntario e informado de los individuos implicados entonces es imposible que pueda haber un trato instrumental de los animales que sea éticamente aceptable. Sabemos que los animales poseen un interés en continuar existiendo, pretenden evitar el daño y el sometimiento, y desean disfrutar de un bienestar; pero ellos no tienen ningún interés en servirnos de recursos a los humanos.

Alegar que podemos suplantar esa falta de consentimiento de los animales con nuestra propia voluntad significa someter a los animales a nuestros deseos, es decir, tratarlos como simples medios para nuestros fines. Esto no es ética; es antropocentrismo.  Alegar que eso es lo que supuestamente nosotros decidiríamos en su lugar es apelar a la imaginación especulativa y no al razonamiento moral.

Alegar que podemos sustituir esa falta de consentimiento mediante la provisión de unas condiciones materiales para que los animales explotados estén supuestamente "confortables" no es ética; es bienestarismo. ¿En qué parte de los textos de Kant se dice que es aceptable utilizar a otro sujeto sin su consentimiento siempre que lo utilicemos en condiciones "confortables"? Esto es defender que los animales continúen sometidos al estatus de propiedad; que es equivalente a la esclavitud. Cuando nos adueñamos de las vidas de otros humanos lo denominamos esclavitud. No hay razón para denominarlo de diferente manera cuando nuestras víctimas son individuos no humanos.

Si reconocemos a los animales como fines en sí mismos, es decir, como seres que poseen un valor moral intrínseco, entonces la única conclusión lógica es que debemos poner fin a toda forma de domesticación de animales. La utilización de animales sólo puede llevarse a cabo instrumentalizando forzadamente a los animales y nunca puede contar con su consentimiento. Como bien señala el profesor Tom Regan; nuestro error fundamental en la relación con los otros animales está en el prejuicio de considerarlos como medios para satisfacer los fines humanos. Subsanar este error requiere por lógica rechazar cualquier forma de instrumentalización sobre los animales.

Más aún, no existe ningún uso de animales que no implique infligir coacción y daño a los animales. Ya se trate de utilizarlos de "compañía", o mascotas, o como si fueran máquinas para producir lana. Todos los usos de animales atentan contra los intereses básicos de los animales: atentan contra su vida, su salud, su integridad física y su libertad. La idea de que puede existir una explotación animal humanitaria —que es lo que Korsgaard está defendiendo cuando habla de "condiciones confortables" para los animales— ya se ha demostrado que es una quimera. Diversos activistas como James LaVeck y Joanna Lucas han denunciado el engaño de creer que los animales pueden ser tratados como recursos y al mismo tiempo gozar de una vida saludable y feliz acorde a sus propios intereres.

Mi impresión es que Korsgaard evidencia un abrumador desconocimiento sobre la realidad de la explotación animal que padecen sus víctimas; así como parece querer ignorar los argumentos de los pensadores animalistas anteriores.

En definitiva, considero la teoría de Korsgaard como un fallido intento de adaptar la teoría de Kant a nuestra relación moral con los animales. Su artículo debiera haberse titulado "Explotar a los animales: una excusa filosófica", porque su autora más bien parece buscar excusas para continuar explotando a los animales y evitar las conclusiones lógicas que conlleva asumir los postulados éticos kantianos.

25 de diciembre de 2018

La indulgencia animalista




He perdido la cuenta de las veces que otras personas han alegado "hacer mucho por los animales" para intentar excusar su apoyo a la explotación de los animales. Eso que dicen hacer se refiere principalmente a dar dinero; ya sea dinero donado a asociaciones animalistas o pagado por productos de origen animal que lleven un sello de "bienestar animal". Al parecer, así llegan a la conclusión de que no hay problema en explotar a los animales porque los explotan de una forma que consideran "humanitaria".

El sistema de las donaciones funciona del mismo modo que las bulas y las indulgencias de la iglesia católica. La gente paga un dinero a una asociación animalista para así aliviar su conciencia respecto del mal que está cometiendo; de este modo pueden seguir participando en la explotación animal con menos remordimientos —se trata de una artimaña mental descrita por el psicólogo Albert Bandura.

A través del dinero, uno se convence de que está "ayudando" a los animales, y que ya no tiene que responsabilizarse de sus acciones ni cambiar de ideas y costumbres. Esta actitud está fomentada desde el propio animalismo, tal y como advierte el profesor Gary Francione cuando señala que «todo el movimiento de la explotación feliz es acerca de comprar indulgencia para la participación en un comportamiento moralmente injustificable.» Diversos grupos animalistas están animando a que la gente consuma productos de la explotación animal avalados con su propio sello de "bienestar animal". 

Según continúa explicando Francione, los grupos corporativos animalistas se están financiando en gran parte con la venta de indulgencias; otorgando perdones a cambio de dinero. Lo mismo sucede con las etiquetas de productos animales obtenidos "sin crueldad". De esta manera asumimos la creencia que no tenemos que corregir nada en nuestra forma de vida; sólo tenemos que realizar donaciones a los grupos animalistas, y comprar productos con la etiqueta de “bienestar animal”, y mágicamente se resuelve el problema moral en nuestra relación con los demás animales; podemos seguir explotando a estos animales porque supuestamente se ha reducido o eliminado nuestra crueldad y el sufrimiento que les infligimos:
«Desafortunadamente, las organizaciones animalistas se han convertido en modernas vendedoras de indulgencias, similares a la Iglesia Católica medieval. Algunas personas, quizás la mayoría de la gente, tienen cierto grado de preocupación por el asunto de la explotación animal. Muchas tienen una culpa insistente acerca de continuar consumiendo productos animales. Muchas adoran a sus compañeros no humanos y los tratan como miembros de su familia, pero clavan el tenedor en otros animales y, en algún nivel, reconocen la incoherencia moral. Pero no es necesario preocuparse. Haga una donación y estos grupos harán lo mejor que se pueda hacer. Ellos “minimizarán” el sufrimiento animal; ellos “abolirán” los peores abusos.»
Yo me pregunto si la misma forma de pensamiento se puede aplicar a los humanos. ¿Nos parece correcto explotar a otros humanos si periódicamente donamos dinero a organizaciones humanitarias y compramos productos que lleven un sello de «comercio justo»? Esa conducta está asumiendo que es lícito explotar a seres humanos si pagamos un precio monetario por ello, que es exactamente lo que sucede con la explotación de los animales avalada por sellos de "bienestar animal" y los grupos animalistas que promueven la explotación animal "feliz". ¿Hay alguna cantidad monetaria que pueda lograr que conductas como la esclavitud, el canibalismo o la violación sean moralmente aceptables? Si no es así, ¿por qué creemos que sí la habría cuando se trata de infligir el mismo daño sobre los animales?

Lejos de librar a los animales de la violencia, esta dinámica de la indulgencia tiene el efecto de reforzar la creencia de que los animales son medios para fines humanos y que las vidas de los animales sólo poseen un valor instrumental en función de los intereses humanos. Aquí está el centro de la cuestión: si creemos que los animales no poseen un valor moral inherente, y sólo tienen un valor extrínseco o económico, entonces deduciremos que no hay daño que impongamos a los animales que no pueda ser justificado según el beneficio que obtengamos de ello o según el coste monetario que estemos dispuestos a asumir.

¿Acaso es compatible la consideración moral de los seres humanos con el hecho de utilizarlos de comida y meros recursos? Entonces, ¿cómo va a ser compatible la consideración moral de los animales con el hecho de utilizarlos de comida y meros recursos? Si entendemos la ética como la consideración de los intereses de los individuos entonces comer animales es una práctica moralmente equivalente al canibalismo, porque tanto humanos como animales son individuos que poseen un interés genuino en conservar su vida y evitar el daño.

La práctica de explotar animales no se trata simplemente de un error. Si hacemos algo malo a sabiendas de que está mal y cometemos este mal deliberadamente ¿no coincide acaso este comportamiento con la definición de maldad? La única opción moralmente  aceptable es pues dejar de cometer el mal. Todo lo demás es ser indulgentes con la maldad; que es lo que está promoviendo las organizaciones bienestaristas. En palabras de Francione:
«Entiendo que, así cómo comprar una indulgencia de la Iglesia no los mantendrá fuera del infierno en caso de que el infierno exista, comprar unas cuotas de compasión a una organización, representadas en huevos de gallinas “libres de jaula”, no mantendrá a los animales fuera del infierno que ciertamente existe para la mayoría de ellos y en el que sufren y mueren cada día. Necesitamos cambiar el modo en el que los humanos pensamos acerca de los no-humanos; necesitamos cambiar el modo en que los humanos pensamos acerca de la violencia. Ya se trate de violencia para alcanzar la paz, o de sexismo para alcanzar la igualdad de género, o de torturas de animales más “humanitarias” para alcanzar una mayor concienciación sobre ellos, necesitamos desafiar la propia noción de que la violencia puede ser usada como un medio para un fin loable.»
Los grupos bienestaristas promueven la idea de que no tenemos que asumir el veganismo; sólo debemos comprar productos con un sello de "bienestar animal" y donarles dinero a las organizaciones corporativas para que ellas "ayuden" a los animales. Los bienestaristas no van a pedir que la gente deje de explotar animales porque dejar de explotar a los animales significaría el final su negocio que consiste en pedir dinero continuamente con la excusa de acabar con las "crueldades" y "maltratos" que son inherentes al propio sistema de explotación animal.

El propósito del movimiento bienestarista no es otro que el de intentar sofocar nuestro sentido moral que nos alerta de que está mal esclavizar a los animales, así como nos indica que está mal esclavizar a seres humanos. Si nos importan los demás animales, y no nos limitamos a decir que nos importan, entonces no deberíamos participar en la violencia contra ellos. La violencia sobre los demás animales se manifiesta en diversas formas y modos, pero todas ellas tienen una misma causa: el prejuicio del especismoLa diferencia de especie no es moralmente más relevante que la diferencia de raza o de sexo. Regular la explotación animal con sellos de "bienestar animal" sólo es una estrategia para normalizar y perpetuar la violencia institucionalizada que representa la industria de explotación animal.

4 de diciembre de 2018

Henry Salt y la lógica del vegetarianismo




Recientemente la editorial Amaniel ha publicado la traducción al español de un clásico de la literatura animalista en inglés escrito por Henry Stephens Salt en el año 1899 y titulado «La lógica del vegetarianismo». Salt es un autor muy conocido para cualquiera interesado en la filosofía del animalismo, y cuyas ideas ya comenté en una entrada anterior del blog.

Esta obra de Salt tiene una indudable importancia histórica y filosófica, y sólo por eso ya  merece ser leída. Opino que el mérito de Salt reside principalmente en el hecho de probar que el rechazo al consumo de animales puede ser una posición defendida racionalmente con argumentos elaborados; prescindiendo de tener que apelar a la compasión o la preferencia subjetiva.

Este libro que aquí reseño pretende precisamente replicar a todas las objeciones contra el vegetarianismo que intentan defender el consumo de animales. Algunos de los argumentos esgrimidos por Salt para responder a determinadas objeciones siguen teniendo validez lógica y pueden ayudarnos a mejorar nuestro razonamiento. Por ejemplo, Salt replica acertadamente contra la idea de que comer animales es una práctica aceptable porque es "natural": si lo natural fuera un criterio moral entonces deberíamos aceptar prácticas como el canibalismo. Asimismo, la idea de que matar animales para usarlos de comida es aceptable porque ya matamos animales para defendernos, o por accidente, no resulta más válida que la idea de que es aceptable matar humanos para usarlos de comida porque en ocasiones matamos humanos para defendernos de ellos o por accidente. Otras falacias similares son inteligentemente rebatidas por Salt a lo largo del libro.

Así pues, lo más valioso de la aportación de Salt es, a mi modo de ver, que nos estimula a pensar, reflexionar y razonar. No tenemos que estar de acuerdo con las tesis o las conclusiones que expone el autor. Yo, desde luego, no lo estoy, ya que pienso que el vegetarianismo es un error y que Salt yerra en algunos puntos, como en el de defender una reforma "humanitaria" de la explotación animal. Las reformas y regulaciones sobre la esclavitud de los animales no ayudan a eliminar la violencia contra ellos sino que su efecto real es mejorar la eficiencia de la explotación animal consiguiendo de ese modo que esta actividad sea económicamente más rentable para los explotadores; además de aliviar la conciencia de los consumidores, que piensan que la "crueldad" ha sido eliminada o reducida. Tal vez puede ser comprensible hasta cierto punto que Salt creyera en su momento histórico, con la limitada información de que disponía, que esas reformas pudieran tener algún efecto positivo para los intereses de los animales; pero que hoy en día —con toda la información disponible que tenemos sobre el fraude que es el 'bienestar animal'— siga habiendo activistas que lo apoyen no me parece que tenga excusa ni disculpa. La obra de Salt merece sin duda ser conocida y estudiada; lo cual no conlleva concordar en general con todas sus ideas o propuestas.

Por otra parte, la tesis implícita en la obra de Salt de que necesariamente la gente tiene que pasar por el vegetarianismo antes de llevar al veganismo resulta análoga a creer que necesariamente tenemos que pasar por el sufragio censitario para llegar al sufragio universal. En los comienzos del parlamentarismo sólo podían votar los que pagaban impuestos, los que tenían propiedades, y el voto estaba negado a las mujeres. Si en nuestro país no hubiera democracia no sería necesario que pasemos obligatoriamente por esas fases sesgadas para llegar al sufragio universal. Podemos ir directamente al sufragio universal. Del mismo modo, podemos ir directamente al veganismo y no tenemos que pasar por alguna supuesta fase previa de manera obligatoria. Podemos admirar la democracia de la Antigua Grecia, por su valor histórico y político, pero no tenemos que imitarla para aplicar la democracia en nuestro tiempo. No tenemos que imitar sus defectos, como el hecho de que sólo pudieran participar los varones. Por la misma razón, no tenemos que asumir ni defender el vegetarianismo para lograr la consideración moral por los animales.

Considero que la lógica moral exige que rechacemos el vegetarianismo y que comprendamos que, para comportarnos éticamente, la consideración de los intereses de los animales implica que asumamos el veganismo como principio moral.

13 de noviembre de 2018

¿Tratar bien a nuestros esclavos o dejar de tener esclavos?



Hay dos posturas: una considera que debemos regular y reformar la explotación animal. La otra postura considera que el uso de animales es moralmente incorrecto en sí mismo y debe ser abolido, puesto que es análogo a la esclavitud humana.

En este breve ensayo tengo la intención de exponer unos argumentos básicos que fundamentan la idea de que no debemos mejorar o restringir la foma en que utilizamos a los animales sino que lo que debemos hacer es dejar de utilizar a los animales.

¿A los animales sólo les importa evitar el sufrimiento?

Sabemos que los animales pueden sentir, es decir, tienen la capacidad de experimentar percepciones conscientes o experiencias subjetivas. Esto es un hecho, tan cierto como sabemos que otros humanos pueden sentir. La investigación científica así lo indica. Sin embargo, la mayoría de quienes se preocupan por los animales sólo se preocupan por el sufrimiento que padecen los animales e ignoran los otros intereses que poseen los animales por el hecho de ser seres conscientes.

A diferencia de los minerales y los vegetales, los animales tienen la capacidad de sentir, es decir, experimentan dolor, placer y otras sensaciones. Tienen deseos e intenciones. Tienen conciencia de sus existencia a través de emociones y sentimientos. A pesar de esto, tratamos a los animales como objetos a nuestro disposición, igual que hicimos con otros seres humanos que considerábamos como "inferiores". Es inevitable que a través de esta forma de pensar se haya organizado toda una estructura social y una industria que se basa en explotar y matar animales. Esto no está motivado por alguna supuesta necesidad real de utilizar a los animales sino que se basa en el prejuicio y en el lucro que obtenemos a costa de sacrificar forzadamente a los animales para nuestro beneficio.

Los animales no sólo tienen un interés en evitar el sufrimiento —entendido como dolor, angustia, ansiedad— sino que también poseen otros intereses igualmente básicos, como el interés en proteger la integridad del propio cuerpo, el interés en continuar existiendo, o el interés en poder moverse libremente según su voluntad. Estos intereses existen de forma aparte del interés en evitar el sufrimiento. Y, de hecho, los animales pueden anteponer los otros intereses al interés en evitar el sufrimiento, tal y como explica el profesor Gary Francione.

Humanos y animales compartimos los mismos intereses básicos. Compartimos el hecho de ser sujetos. Somos seres conscientes. No hay razón que justifique una discriminación basada en la especie en lo que se refiere a la consideración moral. Todo el problema reside originariamente en este error —el error de creer que los otros animales no merecen el mismo respeto básico que nosotros sólo por el hecho de no ser humanos. Nuestra relación con los demás animales está moralmente viciada en su raíz al estar basado en dicha discriminación. La violencia que ejercemos sistemáticamente sobre ellos tiene su base en esta mentalidad. La explotación institucionalizada sobre los animales tiene su fundamento en la exclusión de los animales de la comunidad moral.

Quienes sólo se preocupan por el sufrimiento de los animales pretenden promover iniciativas para evitar o reducir ese sufrimiento pero ignorando a menudo los otros intereses de los animales. Asimismo, también ignoran que los otros animales son discriminados por el simple hecho de no pertenecer a la especie humana —un tipo de discriminación que denominamos especismo— y que están sometidos a la condición de propiedad, es decir, que han sido cosificados como recursos para uso y beneficio de los humanos. Esta perspectiva focalizada en el sufrimiento es lo que denominamos bienestarismo.

La intención de aliviar el sufrimiento que causamos a los animales puede ser en sí misma como una buena intención, pero deja de serlo en el momento en que esa intención supone apoyar la causa que provoca el sufrimiento, o si implica ignorar o vulnerar los otros intereses de los animales. No juzgaríamos como buena la intención de aliviar el sufrimiento de los humanos si esto conllevara fomentar la esclavitud o el asesinato de seres humanos, ¿cierto? Por tanto, no deberíamos juzgarlo de forma diferente sólo porque las víctimas sean de otra especie.

Las personas que asumen la perspectiva bienestarista promueven reformar las condiciones en que los animales son explotados con la intención de "mejorarlas" y supuestamente aliviar el sufrimiento de las víctimas. No obstante, no cuestionan que los animales sean discriminados por no ser humanos; no cuestionan que los animales sean utilizados como medios para fines humanos; no cuestionan el hecho de que los animales estén sometidos a la dominación humana. Ellos no cuestionan la causa originaria del sufrimiento que infligimos sobre los animales. Sólo pretenden aliviar los síntomas. Más aún, esas medidas que promueven no sirven en la prática para aliviar el sufrimiento de las víctimas sino que, más bien, ayudan a agravarlo y perpetuarlo indefinidamente. El bienestarismo refuerza la creencia de que está bien explotar animales siempre que nos preocupemos por evitar o reducir el sufrimiento que conllevar explotarlos.

¿Esclavitud humanitaria?

La mercantilización de los animales, así como toda clase de violencias que les infligimos sistemáticamente, es consecuencia directa de nuestra creencia de que los animales existen para ser utilizados en nuestro beneficio. Cosificamos a los animales como recursos para diversos fines, ya sea alimentación, vestimenta, entretenimiento, o cualquier otro propósito. Esto conlleva necesariamente que les causemos toda clase de daños y sufrimientos.

A los animales sólo les reconoce un valor instrumental en función de las necesidades y deseos humanos. Por eso sus vidas tienen un precio asignado que sirve para poder venderlos y comprarlos, y comerciar en general con sus cuerpos.

Bajo esa perspectiva, que casi todo el mundo asume y acepta, parece coherente que cuando un animal ya no sirve para la función que se le ha asignado entonces sea destruido o desechado. Esto es lo que se hace con los animales utilizados para servir de compañía; los denominados como «mascotas», que son sistemáticamente abandonados. Actuamos igual con el resto de seres que tienen un valor instrumental: muebles, máquinas, enseres,...

El problema es que sabemos que los animales tienen la peculiaridad de que poseen sensibilidad. No son exactamente como el resto de seres que tienen puramente un valor económico. Los animales pueden experimentar sensaciones, emociones y deseos. Son seres sensibles. Sabemos que pueden experimentar el daño y el sufrimiento, así como pueden experimentar placer y felicidad. Por eso sentimos una preocupación por la manera en que los tratamos que sobrepasa el ámbito de instrumentalidad que les hemos asignado. 

Además de la utilidad y de la afectividad también existe la moralidad. Nos preocupa infligir daño a otros individuos aparte de la utilidad que pudieran tener para nosotros o del afecto que pudiéramos tener hacia ellos. Nos parece mal que se haga daño a un ser sensible sin una razón que lo justifique, aunque no tenga utilidad para nosotros o aunque no lo conozcamos de nada ni sintamos afectividad hacia él.

Así, podemos entender que aparte del valor instrumental o utilitario, y del valor sentimental o afectivo, también existe el valor moral. Muchos pensamos que los animales poseen un valor moral, esto es, su individualidad y sus intereses merecen consideración aparte de la utilidad o el afecto que tengan para nosotros.

Si no hay razón que justifique discriminar a los otros animales de nuestra consideración moral, entonces el hecho de que ellos estén sometidos a la condición de propiedad puede ser calificado apropiadamente como esclavitud. Los abolicionistas de la esclavitud humana no promovían reformar la esclavitud para mejorar las condiciones de los humanos esclavizados sino que defendían la abolición. No pretendían lograr una esclavitud "humanitaria" sino eliminar la esclavitud. Hoy en día entendemos que la esclavitud no es aceptable en ninguna forma o modo, ya fuera más o menos cruel. ¿Por qué se supone que la esclavitud de los animales debería merecer una respuesta diferente?

Aquellos que defienden reformar la esclavitud de los animales están alimentando el prejuicio de que está bien esclavizar a los animales si lo hacemos "sin crueldad" y de ese modo están socavando la posibilidad de concienciar a la gente en contra de la esclavitud animal. Si aquellos que se identifican como animalistas defienden que es correcto utilizar a los animales bajo ciertas condiciones entonces el resto de la sociedad se verá con mayor motivación para continuar pensando que la explotación animal es una situación apropiada y que no se trata de una relación inmoral. Como ya señalé al comienzo de este escrito, existe el prejuicio de que a los otros animales sólo les importa evitar el dolor y conseguir el placer, y los bienestaristas alimentan ese prejuicio. Ese prejuicio está unido a la idea de que tenemos derecho a utilizar a los animales.

Los animales no tienen ningún interés en padecer alguna clase de daño —ya fuera un daño contra su salud, su libertad o su vida— para servirnos como recursos. Asimismo, como ya vimos, tienen diversos intereses básicos referidos a libertad, integridad y continuidad. Por tanto, estamos equivocados al pensar que sólo les importa el dolor y el placer. Además, si en efecto ellos son sujetos entonces no es lógicamente correcto tratarlos como objetos, es decir, como recursos, mercancías o propiedades. El hecho mismo de tratar a los animales no humanos como medios para fines humanos es la injusticia fundamental que reside en la relación que hemos establecido con ellos. Una relación basada en la dominación y el sometimiento.

¿Qué deberíamos hacer?

Si comprendemos que la esclavitud de los animales es un error moral entonces debemos en primer lugar dejar de participar en ella, haciéndonos veganos, y fomentar la toma de conciencia sobre este problema a todos los niveles de la sociedad.

Lo que no deberíamos hacer es intentar reformar la esclavitud con la excusa de "mejorar las condiciones" de las víctimas, porque para lo único que sirve esto no es para beneficiar los intereses de los animales sino que tiene como efecto reforzar la creencia de que los animales son recursos, y a quien beneficia en realidad es a la industria de explotación animal. Las campañas bienestaristas que piden ampliar las jaulas, o que se usen anestésicos antes de mutilar a los animales, sólo sirven para garantizar que los animales continúen siendo explotados.

La industria de explotación animal se sostiene gracias al consumo. La única forma de detenerla es deteniendo el consumo de sus productos. Cuanta más gente rechace este consumo más presión tendrá la industria para dejar de utilizar a los animales y más motivada se verá para sustituir el uso de animales por vegetales y sintéticos.

Discriminar a los otros animales simplemente por ser de otra especie diferente a la humana es una discriminación injusta. El especismo es un argumento no más válido que el racismo o el sexismo. Concienciar sobre esta discriminación es fundamental para lograr una comprensión del problema fundamental que hay en nuestra relación con los demás animales.

Abolir la esclavitud de los animales es una tarea ardua pero es imposible alcanzar el objetivo de la abolición total si no comenzamos ahora por explicar y difundir que lo que debemos hacer es abolir, y no regular ni reformar, esta esclavitud. Esta abolición comienza necesariamente por el veganismo.


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