8 de mayo de 2018

El lenguaje como instrumento de represión



La organización española OCU [Organización de Consumidores y Usuarios] ha manifestado su apoyo público a una reciente medida legislativa aprobada en Francia para prohibir que productos comerciales elaborados a base de vegetales pueden denominarse con términos tradicionalmente reservados a productos elaborados con sustancias de origen animal, tales como "queso", "filete", "chorizo" o "salchicha".

La excusa alegada para esta prohibición es evitar "prácticas engañosas" o la "confusión" de los productos vegetales con los productos animales. Sin embargo, ese argumento es rematadamente absurdo. Ninguna empresa que vende salchichas vegetales pretende hacer creer a los consumidores que está vendiendo salchichas cárnicas. Ninguna empresa que vende leche de soja pretende hacer crer que vende leche de vaca. Al contrario, los productos etiquetados como aptos para veganos especifican de manera muy clara que son vegetales. Por desgracia, parece que los legisladores ni siquiera necesitan demostrar la veracidad de los argumentos que promueven sus iniciativas. Curiosamente, el diputado promotor de esa iniciativa es ganadero de profesión. ¿Casualidad?

No hay lugar a confusión cuando el etiquetado señala explícitamente que son productos vegetales, como así sucede habitualmente. La tesis de la supuesta confusión no se sostiene de ninguna manera. En mi opinión, la motivación de esta medida es puramente represiva. Es sólo una absurda prohibición para intentar dificultar la expansión del veganismo. Como no pueden impedir que la gente se haga vegana entonces intentan dificultar en todo lo posible la difusión del veganismo con medidas represivas y absurdas. Parece que determinados sectores de la sociedad están que trinan con el veganismo. Además de que no se les permite explotar a seres humanos, ahora resulta que existe la posibilidad de que en el futuro tampoco les permitan que exploten a los animales. !Habrase visto!

Ni siquiera el argumento de que determinados términos están reservados exclusivamente para productos de origen animal tiene sentido. Si consultamos el diccionario de la RAE comprobaremos que señala que el término «carne» en su cuarta acepción lo define como "parte de un fruto o de un tubérculo, generalmente blanda, que está bajo la cáscara o la piel." Así, sería perfectamente lícito con la tradición lingüística hablar de carne vegetal y, de este modo, todos los productos elaborados con carne  animal [salchichas, chorizo, filetes,...] pueden ser elaborados en una versión con carne vegetal.

De la misma manera, el término «leche» en su tercera acepción lo expresa como "jugo blanco obtenido de algunas plantas, frutos o semillas. Leche de coco, de almendras.". Por tanto, no contradice el lenguaje tradicional hablar de «queso vegetal» puesto que, según registra la RAE, un queso es un "producto obtenido por maduración de la cuajada de la leche con características propias para cada uno de los tipos según su origen o método de fabricación." Esto significa que, dentro de los propios parámetros del lenguaje actual, resulta correcto usar esos términos para referirnos a productos elaborados con vegetales.

En cualquier caso, las definiciones no tienen por qué ser monolíticas y pueden cambiar, y cambian de hecho, según el uso de los hablantes a lo largo de la historia.

Imaginemos que hubiéramos vivido en una sociedad que aceptara el canibalismo pero que reconociéramos que no está bien utilizar a seres humanos de comida. Si las salchichas, o las mortadelas, o los chorizos, o las morcillas, se hubieran estado elaborando con carne humana entonces habría que sustituir esa carne por otra cosa, pero seguirían siendo igualmente salchichas, mortadelas, chorizos, o morcillas. Del mismo modo, podemos seguir disfrutando de todos esos productos sustituyendo las sustancias de origen animal por otras de origen vegetal.

Si decidimos rechazar la explotación de los animales no tenemos por qué rechazar determinados sabores o determinadas texturas o determinada forma de presentar una comida. Lo único a lo que renuncia el veganismo es a la explotación animal. Siendo veganos no tenemos que renunciar a alimentarnos ni a disfrutar de la comida. Todas nuestras necesidades vitales pueden ser satisfechas sin utilizar a los animales.

24 de abril de 2018

Un falso dilema y una dicotomía verdadera




Denominamos falso dilema al argumento que pretende forzar la existencia de dos únicas opciones, cuando en realidad existen otras opciones posibles. Este argumento falaz también ha sido usado para intentar justificar la explotación animal, como, por ejemplo, cuando se dice que tenemos que comer animales o de lo contrario enfermaremos y moriremos. Este dilema es falso porque no necesitamos consumir productos de origen animal para tener buena salud. Por tanto, no estamos limitados a aquellas dos opciones planteadas.

Un artículo de el diario El País ofrece un manifiesto en defensa de la tauromaquia pregonado por el escritor Ildefonso Falcones que plantea algunos argumentos que quisiera analizar concisamente aquí. El más curioso de todos sin duda es el que intenta revertir un argumento central que se utiliza para condenar la tauromaquia —y la explotación animal en general— a saber: que los animales son seres sensibles. Así expone Falcones:
«“Son los propios animalistas -afirma Falcones- los que en un alarde de fantasía y quimera en la que acostumbra a caer todo movimiento populista y revolucionario, nos ofrecen los argumentos suficientes para defender, entiendo que con visos de éxito, los ataques a las corridas de toros”. “Asumamos que los toros bravos -añade- son seres sensible y sintientes, y como tales no solo tienen miedo, frío, placer, estrés, sino que también tienen orgullo, dignidad, valor, espíritu de lucha, arrogancia…”Llegado a este punto, el pregonero se pregunta: “¿Cuál es la preferencia de un toro bravo: morir en un matadero como un manso o hacerlo peleando en la plaza… de la que algunos, los mejores, salen vivos?”.»
Tiene muy poco de razonable suponer que un toro tenga una preferencia por morir en un matadero o ser matado en una plaza. Un toro no quiere ser matado en ningún lugar. Todos los seres sintientes poseen un deseo inherente de continuar existiendo y no quieren ser dañados ni de una forma ni de otra. Así que parece claro que el autor está planteando esa falacia clásica conocida como falso dilema, o falsa dicotomía, que consiste en reducir injustificadamente las opciones a dos únicas posibles. Ni los toros tienen ninguna de esas prefencias ni nosotros estamos obligados de alguna manera a matar toros, dado que no necesitamos hacerlo para alimentarnos ni entretenernos. No hay ninguna clase de necesidad real que justifique hacer tal cosa. por tanto, el dilema que plantea Falcones es empíricamente falso.

Si los toros son seres conscientes entonces la conclusión que se derivaría moralmente de ese hecho es que no debemos tratarlos como propiedad. No es lógicamente correcto que un sujeto sea considerado y tratado como un objeto a disposición de los deseos de otros sujetos. Esto implica que deberiamos dejar de utilizar a los otros animales como medios para nuestros fines. En tanto seres dotados de sensación, ellos poseen un valor inherente como individuos que predomina frente al valor instrumental que tengan para nosotros.

Pero no acaba aquí la pretensión de Falcones de apelar a un falso dilema para intentar justificar la tauromaquia, puesto que al final del artículo afirma de nuevo que el toro tiene que acabar necesariamente o en la plaza o en el matadero, porque su existencia depende de que sea rentable económicamente para los humanos:
«El toro bravo -terminó- está destinado a luchar o a ser sacrificado; nadie va a alimentarlo sin la contrapartida de un rendimiento. Nadie, ni los ganaderos, ni el Estado, ni los animalistas, ni los abolicionistas…»
Creo que el señor Falcones se equivoca al afirmar que nadie cuidará de esos animales a no ser que obtenga un rendimiento económico de su utilización, porque muchos animales que han sido víctimas de la explotación ya están siendo cuidados de forma altruista en refugios y santuarios. Además, aquellos animales son criados deliberadamente por los humanos para que les sirvan de recursos. Lo que deberíamos hacer es dejar de traer al mundo  a más animales para explotarlos. Así que una vez más, vemos que el autor recurre a plantear una falsa dicotomía cuando en realidad el contexto nos permite elegir otras opciones.

Por ello, pienso que Falcones ha fracasado en su intento de defender la tauromaquia desde un punto de vista racional, así como han fracasado intelectualmente todos lo intentos de defender la discriminación moral basada en la especie  —especismo— y la explotación de los animales. La racionalidad nos obliga a extender la consideración moral a todos los seres dotados de sensibilidad, sin importar su especie. Lo que esta consideración moral conlleve a nivel global es algo que quizás no está determinado de manera clara, pero sí parece claro que dicha consideración significa necesariamente que dejemos de considerar a los otros animales como nuestra propiedad. Pretender que la esclavitud puede ser compatible con la consideración moral es como pretender que la violación sexual es compatible con el respeto a la libertad sexual. No tiene ningún sentido lógico. Es por esto que existe un amplia unanimidad en el rechazo a la esclavitud humana. La lógica nos exige aplicar ese mismo rechazo a la esclavitud sobre los otros animales.

Hay que advertir, no obstante, que no todos los dilemas son falsos intrínsicamente. Hay situaciones en las que realmente existen sólo dos opciones. Por ejemplo: ¿estamos a favor o en contra de la esclavitud? Aquí no habría la posibilidad lógica de términos medios. O consideramos que esclavizar a otros es una actividad aceptable o consideramos que es inaceptable. No hay un término medio aquí. La proposión "la esclavitud es aceptable" tiene que ser verdadera o tiene que ser falsa, y no puede ser otra cosa.

Del mismo modo, también habría sólo dos opciones cuando se trata de la explotación de los animales. O consideramos que es aceptable explotar a los animales o consideramos que no es aceptable. Otra cosa distinta es que en el caso de que consideremos que explotar a los animales es una actividad aceptable, consideremos asimismo que dicha explotación debe estar controlada y regulada bajo ciertos límites. Pero esta posición regulacionista no es un término medio entre las opciones anteriores sino que es una derivación dentro de la posición que apoya como válida la existencia de la explotación animal.

Por tanto, no sería un falso dilema plantear que estamos obligados a elegir si queremos asumir el veganismo o si quieremos continuar apoyando la explotación animal. Esta dicotomía estaría correctamente planteada puesto que no habría otra opción disponible lógicamente. Ahora bien, el veganismo en sí mismo no es una opción sino una obligación moral. Pero en tanto seres libres podemos elegir si queremos asumir el veganismo o si queremos continuar infligiendo un daño injustificado sobre los animales. Así pues, ¿qué vamos a elegir?

31 de marzo de 2018

Una observación sobre el aceite de palma




Algunos personas juzgan que el aceite de palma no es ético en tanto que su producción conlleva dañar a los orangutanes. Ahora bien, pienso que deberíamos preguntarnos ¿en qué se diferencia este cultivo del resto de cultivos? Lo cierto es que el cultivo de aceite de palma no sólo daña a los orangutanes sino seguramente también a otros animales sintientes que habitan en la naturaleza pero a los que no se les presta atención por el simple hecho de que no son primates.

Creo que el cultivo de palma no es esencialmente diferente de cualquier otro cultivo. Todo cultivo agrícola a gran escala perjudica a los animales libres en la naturaleza. Así que el perjuicio que conlleva la produccción del aceite de palma no es una diferencia con el resto de vegetales que se producen. Por ejemplo, el cultivo de cacao está arrasando con los bosques, pero ese cultivo no afecta directamente a los primates, aunque sí a muchos otros animales que no son primates.

Por tanto, si el aceite de palma ha recibido tanta atención es debido a que durante su producción se matan a primates no humanos —en concreto a oraguntanes— y existe una mayor preocupación por aquellos animales que se parecen más a los humanos. Pero ninguna producción agrícola está exenta de dañar a los animales en diversas maneras, ya sea de manera deliberada o accidental. La mayoría de estos animales suelen ser insectos, roedores y aves.

La agricultura como actividad no implica utilizar animales y, dado que necesitamos consumir vegetales para poder vivir, podemos justificar moralmente la existencia de la agricultura alegando que el daño que conlleva la agricultura estaría legitimado porque se trata de una actividad motivada por la supervivencia y no por motivos frívolos como la diversión, el placer o la mera tradición. Además, ese daño también se puede justificar apelando a la autodefensa: intentamos evitar que otros animales coman aquellos cultivos que necesitamos para subsistir.

Por otra parte, el hecho de que mueran animales debido a los procesos agrícolas no justifica utilizar de comida a los animales así como tampoco justificaría el canibalismo. Entiendo que esos animales mueren de forma indirecta durante la cosecha y recolección; o de forma directa debido al denominado control de plagas. Si mueren de forma indirecta entonces no es diferente del hecho que miles de humanos mueran indirectamente debido a la contaminación o a la existencia del tráfico de vehículos o a otra serie de actividades que no tienen intención de dañar a nadie. Si mueren de forma directa entonces no es diferente del hecho de que protejamos nuestra huerta del ataque de intrusos humanos. En conclusión, el hecho de que mueran animales debido a la agricultura a lo que nos obliga es a intentar evitar o reducir ese daño que les causamos, ya sea directamente o indirectamente, pero se trata de un daño justificado por la supervivencia y la autodefensa legítima, pero que en ningún caso justifica que continuemos utilizando de comida a los animales en tanto que se trata de una daño innecesario y evitable. No necesitamos utilizar de comida a los animales para alimentarnos. Y además, comer animales, y explotarlos en general, es una práctica que atenta contra los principios éticos más elementales.

Aparte de esto, la controversia sobre el aceite de palma releva una gran confusión respecto del significado del veganismo cuando se oye decir que el consumo de aceite de palma no es coherente con el veganismo. Esa afirmación no es correcta porque el veganismo se refiere específicamente al uso de animales y no a cualquier forma de daño sobre ellos. Si no hay uso de animales entonces no contradice el veganismo. Por supuesto que la ética no se termina ni se limita en el veganismo, pero la actividad de producir o de consumir aceite de palma no sería contraria en sí misma al veganismo. Así lo explica el activista Ben Frost:
«Podemos, y debemos, esforzarnos en minimizar nuestro impacto en el planeta, pero la presencia de daño no intencional no tiene nada que ver con el propósito del veganismo. El veganismo se trata de reconocer el valor moral de los animales y nuestra posterior obligación a no tratarlos exclusivamente como recursos, propiedades, porque el hacer esto es una negación directa y una violación de ese valor moral. El veganismo se trata de reconocer que no tenemos derecho algún a continuar usando animales como cosas para nuestros propósitos innecesarios. Se trata de reconocer que debemos tratar intereses similares de manera similar, y otorgarles a los no-humanos el derecho a no ser tratados como propiedad, tal cual lo hacemos con los humanos. Todos ellos tienen los mismos intereses en no sufrir y en continuar viviendo, aun así negamos la existencia y el valor de esos interesas cuando se trata de los animales basado en un prejuicio de especie. En otras palabras, el veganismo es lo que le debemos a los animales en reconocimiento de su valor moral. Como Gary Francione declara, aplica el principio de abolición a la vida del individuo.»
Debo señalar que la aplicación del veganismo no sólo evitaría todas las víctimas de la explotación animal institucionalizada sino que además reduciría de forma muy considerable el número de víctimas que provoca indirectamente la agricultura. Una preocupación sincera por los animales debería comenzar por asumir el veganismo como su base moral. Asimismo, la agricultura se puede practicar de forma vegana.

La cuestión quizás más difícil estaría en determinar realmente cuáles vegetales y en qué cantidad los necesitamos para vivir, para que el argumento de la necesidad fuera válido en su aplicación. ¿Necesitamos el aceite de palma? Si no es así ¿hay otro vegetal que deba pues sustituirlo y que conlleve un menor perjuicio para los animales silvestres? Son preguntas pertinentes. Pero la cuestión ética debería abarcar toda la agricultura y no sólo aquella que perjudique a los primates.

Recopilando, los dos errores principales que observo en la denuncia habitual contra el aceite de palma son:

[1] Decir que "el consumo de aceite de palma no es vegano". El aceite de palma no proviene del uso de animales, así que no incumple el principio del veganismo.

[2] Que sólo se preste atención a los cultivos que dañan a los primates y se ignore el daño hacia los otros animales. La agricultura es una actividad moralmente legítima pero su existencia causa un perjuicio indirecto a otros animales y deberíamos intentar eliminar o reducir dicho perjuicio, sin importar la especie de esos animales.

Por tanto, no critico la denuncia sobre el cultivo de aceite de palma sino más bien la forma en que esa denuncia ha sido motivada y expresada.


28 de febrero de 2018

«Psicología del especismo: Cómo privilegiamos a unos animales sobre otros»




El especismo ha sido un fenómeno estudiado hasta ahora casi de forma exclusiva en el campo de la filosofía. A partir de la publicación en el año 1975 del libro «Liberación Animal» de Peter Singer, ha aparecido una muy profusa bibliografía filosófica sobre esta noción, y sobre la cuestión animalista en general, especialmente en el ámbito de lengua inglesa, aunque cada vez encontramos más publicaciones en otros idiomas.

Sin embargo, fuera del ámbito estricto de la filosofía sólo muy ocasionalmente han aparecido otros enfoques de estudio sobre el especismo. Así, ha sido analizado desde la jurídica por parte de Gary Francione, desde la sociología por parte de David Nibert y de Bob Torres,  y de Roger Yates, desde la biología por parte de Richard Dawkins y de Marc Bekoff, desde la historiografía por parte de Charles Patterson y de Marjorie Spiegel, desde la filología por parte de Joan Dunayer, desde la antropología [o antropozología] por parte de Hal Herzog, desde la teología por parte de Andrew Linzey. Estas menciones no aspiran a exponer una lista exhaustiva sino sólo reunir algunos ejemplos representativos. Creo que, incluso abarcando todos los documentos no filosóficos enfocados sobre el especismo, estaríamos de acuerdo en que apenas representan un minúsculo ámbito de investigación en comparación con el ingente volumen de la investigación filosófica.

Otra de las disciplinas de conocimiento que brilla por su ausencia en el estudio del especismo es la psicología. Esta falta de atención por parte de la psicología académica es denunciada por Lucius Caviola en este ensayo titulado «The Psychology of Speciesism: How We Privilege Certain Animals Over Others», el cual he podido traducir aquí con el permiso de su autor, y que representa un resumen introductorio de un artículo académico del propio Caviola publicado de forma conjunta con otros especialistas. Creo que el enfoque psicológico es muy importante para afrontar el problema del especismo. Caviola y sus colegas han realizado un buen trabajo, aunque apenas iniciático, que debilita gravemente la posición de aquellos que niegan la propia existencia del especismo, y  pienso que es una excelente noticia que el estudio sobre el especismo continúe vivo y extendiéndose en todos los ámbitos.

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Psicología del especismo: Cómo privilegiamos a unos animales sobre otros

Lucius Caviola

Febrero 2018

Nuestra relación con los animales es compleja. Hay algunos animales a los que tratamos muy amablemente; los mantenemos como mascotas, les damos nombres, y los llevamos al veterinario cuando enferman. A otros animales, en contraste, parece que no merecen ese estatus privilegiado; los usamos como objetos para consumo humano, comerciamos con sus vidas, los usamos como sujetos involuntarios en experimentos, como equipamiento industrial, o como fuente de entretenimiento. Los perros tienen un mayor valor que los cerdos, los caballos valen más que las vacas, los gatos valen más que las ratas, pero de lejos la especie más valiosa es la nuestra propia. Los filósofos han denominado este fenómeno de discriminar individuos según su asignación a una especie como especismo [Singer, 1975]. Algunos de ellos han argumentado que el especismo es un prejuicio análogo al racismo o al sexismo.

No obstante, si el especismo existe realmente y la manera en que esté relacionado con otras formas de prejuicio no es sólo una cuestión filosófica. Fundamentalmente, hay hipótesis sobre la psicología humana que pueden ser exploradas y testadas empíricamente. Sin embargo, el especismo ha sido casi enteramente ignorado por los psicólogos —excepto algunos pocos. Hay apenas unas 30 publicaciones en los últimos 70 años acerca de este tema según revela una búsqueda en Web of Science de los términos especismo y relaciones humano-animal en todas las publicaciones de psicología. Aunque esta búsqueda podría no ser totalmente exhaustiva, palidece en comparación con las casi 3000 publicaciones sobre la psicología del racismo en el mismo marco de tiempo. El hecho de que la psicología se haya desinteresado por el especismo resulta extraño, teniendo en cuenta la relevancia de la cuestión —todos interactuamos con los animales o comemos carne—, la prevalencia del tema en la filosofía, y la especial atención que pone la psicología en los otros tipos de aparente prejuicio. Investigar sobre cómo asignamos un estatus moral a los animales debería ser un tema obvio de investigación por parte de la psicología.

Junto con mis colegas Jim A.C. Everett y Nadira S. Faber, publicamos recientemente un artículo sobre el especismo en el Journal of Personality and Social Psychology [Caviola, Everett, & Faber, 2018]. Nuestro propósito era establecer el especismo como un tema en el terreno. Para ese fin, desarrollamos una Escala de Especismo: un instrumento de medida estandarizado, validado y fiable que permita evaluar hasta qué grado una persona asume perspectivas especistas. Nuestra investigación muestra que de hecho existe un singular constructo psicológico —el especismo— que determina hasta dónde discrimina la gente a los individuos de acuerdo a su pertenencia a una especie. Este constructo no es captado por otras medidas de prejuicio o prosocialidad y muestra algunas características interesantes.

Nuestra investigación muestra que los filósofos estaban en lo correcto cuando establecieron una analogía entre el especismo y otras formas de prejuicio. El especismo tiene una correlación positiva con el racismo, el sexismo, la homofobia, y parece sostenido por las mismas creencias socio-ideológicas. Al igual que el racismo y el sexismo, el especismo parece ser la expresión de una Orientación Social Dominante: la creencia ideológica de que la desigualdad puede ser justificada y que los grupos más débiles deben ser dominados por los grupos más fuertes [Dhont, et al., 2016]. Además, el especismo tiene una correlación negativa tanto con la empatía como con el pensamiento abierto. Los varones son más proclives a ser especistas que las mujeres. Sin embargo, no hay correlaciones con la edad o la educación.

El especismo también se manifiesta en la conducta en el mundo real. En nuestro estudio, el especismo predecía cuáles personas era más proclives a ayudar a los humanos antes que a los animales, o a los animales "superiores" antes que a los "inferiores". Por ejemplo, si existe la opción de donar a caridad para ayudar a perros o gatos, la gente es más proclive a ayudar a los perros que a los cerdos de acuerdo a su mayor puntaje en especismo. De manera similar, las personas que puntuaban más alto en especismo eran más proclives a ayudar a la gente sin hogar que a ayudar a establecer derechos básicos para los chimpancés. Finalmente, el especismo está relacionado con el vegetarianismo ético. Aunque el estudio muestra que no todos los que rechazan el especismo creen que comer carne sea incorrecto, observamos que las personas con mayor puntaje en especismo tendían a preferir un producto cárnico antes que un producto vegetariano.

Los críticos con el concepto de especismo a veces argumentan que la razón por la que nos preocupamos menos por los animales no es debido a la pertenencia a una especie en sí misma sino debido a que los animales no son inteligentes o no son capaces de sufrir al mismo nivel que los humanos. No obstante, nuestra investigación muestra que esa objeción no se sostiene. Es cierto que la gente percibe a los animales o a los animales "inferiores" como menos inteligentes o menos capaces de sufrir que los humanos o los animales "superiores". Sin embargo, en nuestro estudio, las creencias de la gente sobre los niveles de inteligencia de los individuos y su capacidad de sufrir sólo explica una pequeña parte de su conducta dirigida hacia ellos. De lejos, la explicación más sólida sobre el comportamiento de la gente es el especismo en sí mismo. Por ejemplo, incluso aunque la gente sabe que perros y cerdos poseen una inteligencia aproximadamente similar y una similar capacidad de sufrir, siguen mostrándose más proclives a ayudar a los perros que a los cerdos. Y cuando se les pregunta a quién elegirían ayudar entre un chimpancé y un ser humano que tuviera una severa discapacidad mental, la gente es más proclive a ayudar al ser humano que al chimpancé, incluso si creen que el chimpancé es más inteligente y más capaz de sufrir que el ser humano. Esto claramente sugiere que la pertenencia del individuo a una especie es en sí mismo un elemento clave en el modo en que valoramos, percibimos y tratamos a un individuo.

¿Qué podemos hacer con estos hallazgos psicológicos? Es importante señalar que esta investigación es puramente descriptiva. Esto nos dice sobre todo que el especismo es una realidad psicológica y que se muestra en nuestras actitudes, emociones y conductas respecto de los animales. Así como los filosófos han argumentado, el especismo es en efecto psicológicamente análogo a otras formas de prejuicio. Lo que queramos hacer con estos hallazgos es una cuestión moral aparte. Si consideramos que el racismo es incorrecto, y sabemos que el especismo y el racismo están psicológicamente relacionados, esto podría motivarnos a cuestionar si el especismo no debería ser considerado igualmente incorrecto. En todo caso, apenas acabamos de empezar a comprender los aspectos psicológicos del especismo. Con suerte, más investigadores comenzarán a reconocerlo y ayudarán a explorar este fenómeno en una manera más profunda.

Caviola, L., Everett, J.A.C., Faber, N.S. (In Press). The Moral Status of Animals: Towards a Psychology of Speciesism. Journal of Personality and Social Psychology.

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19 de febrero de 2018

La explotación animal animalista




La industria de explotación animal está comprensiblemente preocupada por el auge de los movimientos animalistas y por el creciente número de personas que decide eliminar su consumo de productos de origen animal. Pero la industria sabe bien que la respuesta ante este fenómeno social consiste en fomentar el "bienestar animal" —con la inestimable ayuda y apoyo de los grupos animalistas bienestaristas— para así lograr que la gente no se cuestione la legitimidad moral del uso de animales.

En esa línea, la autodenominada "Asociación Nacional para la Defensa de los Animales" [ANDA] ha firmado recientemente un "acuerdo pionero para ayudar al consumidor a comprar los huevos con mayor bienestar animal" según informa el diario 20 minutos.  Algunos preveíamos que era sólo cuestión de tiempo que en España se siguieran los pasos de otros grupos animalistas en el ámbito anglosajón y se firmaran alianzas comerciales con la industria de explotación animal. Ahora, los españoles ya podrán consumir productos de origen animal con un sello de aprobación animalista que avala el "bienestar" de los animales explotados. Ya está aquí la explotación animal animalista.

En el cuerpo de esa misma noticia publicada por 20 minutos, la propia organización ANDA nos explica el motivo por el que han decido firmar este acuerdo, en palabras de su portavoz Alberto Díez:
«"Cada vez hay más personas que no se fían del sistema y dan el paso de no comer carne", explica Alberto Díez, "pero ese es el último paso, suele haber una evolución: te empiezas a preocupar, vas al supermercado, ves que no hay un etiquetado claro y pasas a no comer productos procedentes de animales.  Pero en parte el propio sistema es culpable de estas decisiones. Si tuviéramos lo mismo que en los huevos del 0, 1, 2 y 3 en el resto de productos, a lo mejor el resultado era diferente".»
Esto es, a Díez le preocupa que haya cada vez más gente que abandona el consumo de productos de origen animal y busca contrarrestar esta tendencia ayudando a que la explotación animal no sea rechazada por creer que es incompatible con el bienestar de los animales. Es significativo que Díez crea que si alguien deja de comer animales se deba necesariamente a que no encuentra un producto que satisfaga un determinado nivel de bienestar en la explotación de los animales. Al parecer, a Díez no se le ocurre otro motivo por el que alguien deje de participar en la explotación animal. O quizás, visto desde otro punto de vista, entiende que el único motivo que podría conducir a alguien a retomar su consumo de productos de origen animal es creer que lo único que importa respecto de nuestra relación con los animales es el bienestar. A esta forma de pensar es a lo que denominamos bienestarismo. 

El bienestarismo es la creencia de que la única cuestión moralmente relevante a la hora de relacionarnos con los otros animales es tener en cuenta el bienestar que ellos experimentan. Al bienestarismo no le importan conceptos morales tales como la libertad, la dignidad, la igualdad, los derechos, el valor inherente. Sólo le importa el bienestar, y todo lo demás es ignorado o supeditado a un determinado criterio de bienestar. Eso es en esencia, desde el punto de vista teórico, lo que denominamos bienestarismo ideológico o sencillamente bienestarismo.  Este pensamiento está inspirado directamente del trabajo de filósofo utilitarista Jeremy Bentham, continuado luego por Peter Singer

Algunos consideramos que el bienestarismo es incompatible con la consideración moral hacia los animales, porque la consideración moral no puede limitarse a la cuestión del bienestar —del sufrimiento y la felicidad— sino que debe considerar toda la personalidad de los individuos. Por esto, la perspectiva bienestarista sería errónea en tanto que se reduce sesgadamente a tener en cuenta el dolor y el placer y, de ese modo, ve a los animales no como personas sino como recipientes que albergan medidas de felicidad o sufrimiento. Por ello, el bienestarismo no respeta a los animales como sujetos que poseen derechos inalienables sino que los considera como meras unidades que sirven para aumentar la felicidad o reducir el sufrimiento en el mundo.

El bienestarismo apoya la reforma del "bienestar animal" sobre la explotación de los animales con la excusa de que esto supuestamente "reduce el sufrimiento" de los animales. Pero esa tesis carece de pruebas objetivas que demuestren que tienen un efecto significativo en favor de los intereses de los animales. En cambio, sí contamos con pruebas acerca de que estas reformas tranquilizan la conciencia de la gente y les inclina por continuar consumiendo productos de origen animal e incluso por retomar ese consumo aun despúes de haberlo abandonado.

La iniciativa de ANDA es relativamente novedosa al ser la primera vez en España —y en el mundo hispanohablante en general— que una asociación animalista imprime su sello oficial en un producto de la explotación animal, pero sólo es novedosa en ese aspecto, mientras que en todo lo demás es equivalente a las campañas promovidas por asociaciones como Igualdad Animal, PACMA, Anima Naturalis, Libera!, y otros grupos animalistas que se encuadran dentro de una tendencia conocida como neobienestarismo. Todos estos grupos promueven y apoyan reformas que benefician a la industria que explota a los animales. Por ejemplo, Igualdad Animal promueve iniciativas para mejorar la eficiencia en la producción industrial de huevos que ayudan a los explotadores a maximizar su beneficio. Entre otras diversas campañas en favor del "bienestar animal". Y no es la única propuesta sino que toda su labor se centra en ayudar a la industria de explotación animal a mejorar su imagen pública.



Cuando los bienestaristas, como es el caso concreto de ANDA, proclaman que van a "eliminar las jaulas" en la producción de huevos lo que quieren decir en realidad es que van a meter a los animales en otro tipo de jaula distinta, un poco más grande, hacinados en naves, y condenados a muerte cuando su dueño así lo decida.

Hablar de “huevos sin jaulas” es como hablar de “mataderos sin muertes”. Eso es una fantasía. Todos los animales sometidos a explotación estan enjaulados —todos ellos están cautivos y confinados en un espacio limitado y decidido por sus explotadores, durante el tiempo que les permiten vivir antes de matarlos. Que las jaulas sean de madera o de plástico en lugar de alambre no hace que dejen ser jaulas.

De este modo, los grupos bienestaristas fomentan la creencia que está bien explotar a los animales si lo hacemos “sin crueldad”. Pero que una acción supuestamente no fuera cruel no equivale necesariamente a que sea ética. La ética abarca más aparte del tema de la crueldad. Se podría asesinar sin causar dolor y esta acción no sería cruel con la víctima pero sería del todo inmoral. El problema es que pensamos que la ética con los animales se limita sólo a la cuestión de la crueldad. Así creemos que está bien actuar de ciertas maneras que consideraríamos inaceptables sobre nosotros mismos pero que nos parecen aceptables sobre otros animales sólo porque supuestamente no se trata de acciones "crueles". Bajo este paradigma se pueden ver numerosos ejemplos de grupos animalistas asesorando a los explotadores de animales sobre cómo entienden aquéllos que se debe realizar la matanza de animales "sin crueldad":
«Pero ¿y cómo se deben cocer las langostas y los cangrejos? Según la Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals, una organización sin ánimo de lucro que promueve el bienestar de los animales y que tiene sede en Reino Unido, la mejor opción es congelar poco a poco al animal para que quede en un estado adormecido hasta que quede inconscientes. En ese momento es cuando hay que cocerlo. Hay otro método, Crustastun, un aparato destinado a matar crustáceos sin sufrimiento. En su página web afirman que "quedan completamente aturdidos". Las langostas y los cangrejos mueren en menos de cinco segundos.»
Resulta muy revelador que determinada acción aplicada sobre seres humanos sea considerada criminal a la vez que esa misma acción al aplicarla sobre otros animales sea considerada como “humanitaria” o “compasiva”. Es revelador del prejuicio del especismo. Este es el otro prejuicio ideológico que, junto con el bienestarismo, rige nuestra visión de los animales. Por un lado, el especismo considera a los animales como "seres inferiores" que existen para estar a disposición de los seres humanos. Por otro lado, el bienestarismo ve a los animales como cosas que "sufren y disfrutan", como si fueran meros contenedores de dolor y placer, y no los reconoce como individuos que tienen una mente consciente con propósitos e intenciones y como sujetos que poseen un valor intrínseco que no debe ser sacrificado por motivos instrumentales.

Si los animales pueden sentir dolor es debido a que esta capacidad les permite evitar aquellas situaciones que perjudican su salud. La capacidad de sentir es una capacidad biológica surgida evolutivamente para favorecer la supervivencia de los organismos animales. Esta capacidad no se refiere sólo al dolor y al placer sino también a otra serie de sensaciones y experiencias subjetivas. Por eso, la capacidad de sentir conlleva el deseo de continuar existiendo y de evitar de el daño. Todos los seres dotados de sensación tratan de sobrevivir y de evitar aquello que les daña. Eso significa que los animales no sólo tienen un interés en evitar el sufrimiento sino también desean continuar existiendo. Los animales tienen deseos, intenciones y propósitos referidos a su propia supervivencia, bienestar y autonomía. Utilizarlos y matarlos sin causarles supuestamente dolor no sería moralmente diferente de utilizar y matar seres humanos sin causarles supuestamente dolor. La especie de los individuos es moralmente irrelevante. Todos somos seres conscientes con voluntad e intereses propios.

Muchos animalistas apoyan las medidas de "bienestar animal" alegando que no ven un problema en "mejorar las condiciones" de los animales explotados mientras siga existiendo su explotación, pero esa supuesta mejora no existe en el mundo real. La idea de que puede existir una explotación animal que propocione bienestar a los animales es un mito. Los intereses de los animales son sistemáticamente vulnerados en todas las explotaciones. El hecho de algunos animales pasen un rato al aire libre  durante el día no equivale a bienestar. Que nuestro agresor deje de violarnos o golpearnos durante un rato al día para que descansemos no es bienestar. Un descanso temporal en la cautividad no equivale a bienestar. Muchos activistas abolicionistas como es el caso de Joanna LucasGary Francione, Joan Dunayer y James LaVeck, entre otros, han advertido desde hace años del fraude que perpetran las políticas de "bienestar animal" promovidas por los grupos animalistas bienestaristas en colaboración con la industria de explotación animal.

Otro de los argumentos usado por animalistas para defender el apoyo a las normativas de "bienestar animal" es el de que supuestamente esas regulaciones perjudican a los explotadores institucionales porque les obligan a invertir más dinero y aumentar el costo de producción. Pero ese argumento ignora, o se olvida, de que esos explotadores reciben subvenciones por parte del Estado para ayudarles a renovar sus negocios y compensar la inversión económica de actualizar la explotación. Además, el propósito real de las medidas de "bienestar animal" es incrementar la eficiencia de la explotación de los animales. Así lo expone el sociólogo Eduardo Moyano: 
«Diversos informes señalan que el respeto por el bienestar animal tanto en la granja como en el transporte puede suponer una disminución de los costes de producción de hasta un 17% en algunos sectores [como el avícola], debido al descenso de los índices de mortandad, a la menor incidencia de bajas y sacrificios obligatorios y al ahorro en gastos veterinarios. 
A ello habría que añadir el efecto indirecto que puede tener en el consumidor la información de que los productos que adquiere satisfacen los estándares en materia de bienestar animal, lo que indica la influencia de estos valores éticos respecto a los animales en la economía del sector de ganadería intensiva. 
El fomento de normas más rigurosas de bienestar animal crea, por tanto, una oportunidad empresarial, lo que explica que muchos empresarios de la industria cárnica ya estén utilizando el bienestar animal en sus actividades de publicidad para diferenciarse de sus competidores y ganar espacios de mercado. El acuerdo entre la asociación AVIALTER [avicultura alternativa] y la asociación de defensa de los animales ANDA va en esa dirección.»
Cualquiera que comience a investigar sobre el denominado "bienestar animal" no tardará en comprobar que el bienestar real de los animales es tan incompatible con su explotación como lo es el bienestar de los humanos sometidos a la esclavitud. Así lo manifestaba, por ejemplo, la abogada Belén Perales:
«La conclusión que extraigo es que todas las normas en la materia [tanto nacionales como europeas] priman la sanidad animal, y no su bienestar, lo que quiere decir que la finalidad de estas normas supone que los animales no transmitan enfermedades a los humanos, derivadas de su consumo. Por ello, se pone especial énfasis en asegurar que éstos no padecen ninguna enfermedad transmisible a las personas o que pueda suponer una pérdida económica para el sector ganadero, más allá de garantizar que viven conforme a las necesidades de su especie, disponen de espacios adecuados, se relacionan, o simplemente, tienen una vida exenta de sufrimiento. [...] Como he dicho, no son pocas las normas que pretenden regular el bienestar de estos animales en explotaciones ganaderas, o durante su transporte. Sin embargo, parece más bien una cuestión teórica que una realidad, toda vez que su vida —y muerte— se encuentra llena de sufrimiento.»
Lo cierto es que el bienestarismo ni siquiera ha sido capaz de mejorar significativamente el bienestar real de los animales. El bienestarismo es un fracaso desde el punto de vista empírico. Esto ocurre por dos razones. La primera es que el nivel de bienestar que reconocemos a los animales es tan bajo que cuando se afirma que son “felices” dentro de un contexto de explotación esto quiere decir en realidad que no están siendo brutalmente torturados todo el tiempo, en el mejor de los casos. La segunda razón es que en un contexto en el que los animales son considerados como mercancías, como objetos de propiedad y consumo, todos sus intereses referentes a su propia vida, su libertad, su salud y bienestar son forzadamente supeditados y vulnerados para el beneficio humano. Esto significa que su bienestar está fuertemente rebajado por la exigencia de un beneficio económico que sostiene la explotación. El bienestar de los animales está concebido desde una perspectiva puramente instrumentalista: su salud sólo importa en tanto que mantenerla ayude a favorecer su explotación económica. Ahora bien, incluso aunque los animales gozaran supuestamente de un nivel alto de bienestar real, esto no podría justificar desde una perspectiva ética que fueran utilizados como recursos.

Además de todo esto, cuando los animalistas apoyan el bienestarismo le están restando apoyos y fuerzas al veganismo.  En lugar de apoyar campañas en favor de la eliminación del uso de animales están apoyando campañas que promuevem el uso "ético" de los animales. Las dos cosas no se pueden hacer al mismo tiempo y los mensajes de ambas campañas son incompatibles y opuestos. ¿Cómo podrá haber en el futuro una realidad sin explotación animal si no comenzamos por informar ahora claramente que explotar a los animales es innecesario e injusto? ¿Cómo va la gente a plantearse dejar de explotar animales si no les explicamos claramente que la explotación animal es injusta e innecesaria? Apoyando la regulación de la explotación animal no beneficiamos a los animales; sólo conseguimos reforzar su cosificación y aliviar la conciencia de los consumidores de la explotación animal, que piensan que explotar a los animales es compatible con preocuparse por su bienestar.

La cuestión principal que deberíamos plantearnos en primer lugar no es si les infligimos más o menos daño a los animales sino que la cuestión a reflexionar primeramente es qué razón tenemos para infligirles alguna clase de daño. ¿Qué justifica infligir algún daño a los animales? Toda explotación conlleva perjuicios sobre los animales que padecen dicha explotación, pero sucede que no hay ninguna razón que pueda justificar la explotación de los animales. 

Si los animales son seres conscientes entonces lo correcto no puede ser explotarlos de una forma “menos cruel” sino que lo correcto sería dejar de explotarlos. Ellos desean continuar existiendo y evitar el daño. Si ellos son sujetos entonces no es correcto tratarlos como si fueran objetos. Usar de comida a los animales es tratarlos como objetos de consumo. La única excusa que podemos alegar para intentar justificar el consumo de animales es que tenemos la costumbre de hacerlo o que nos proporciona placer. Pero ni la tradición ni el placer justifican hacer daño a los animales.

Los animales no quieren ser explotados, ni de forma industrial ni de forma ecológica. Los animales no tienen ningún interés en ser utilizados para servirnos de comida o cualquier otra finalidad. Ellos desean conservar su vida y no quieren que les hagan daño. Así, cuando los abolicionistas hablamos de respetar a los animales nos referimos a una idea muy concreta: reconocer que los animales son sujetos y no objetos  ─reconocer que ellos posen un valor inherente como individuos y que no deben ser tratados como si sólo tuvieran valor instrumental. Respetar el valor inherente de un ser sintiente significa respetarlo como un fin en sí mismo y no tratarlo como un simple medio para nuestros fines.

El problema central en todo este asunto no es la industria de explotación animal. El problema somos nosotros. La industria de explotación animal sólo tiene el poder que le otorgan sus consumidores. Esta industria existe exclusivamente para satisfacer la demanda social de productos de origen animal. Si los consumidores rechazamos consumir productos de origen animal entonces la industria se reconvertirá para satisfacer la demanda. Son los consumidores —cada uno de nosotros— quien tiene el poder de cambiar las cosas respecto de la actividad de la industria.

El motivo real por el que seguimos consumiendo a los animales es el mismo por el que seguimos utilizándolos para experimentos o como entretenimiento. No es por necesidad, por falta de otras opciones. Todo se debe al especismo antropocéntrico o antropocentrismo. Se debe a la creencia de que los humanos somos "superiores" y las vidas de los otros animales existen para nuestro uso y beneficio. Sólo cuando erradiquemos el prejuicio del especismo en nuestra mentalidad, a través de la educación vegana, y sólo entonces, conseguiremos erradicar sus consecuencias, entre las que se encuentra la explotación animal en todas sus formas.

Por último, debo aclarar que no es mi intención cuestionar la sinceridad de las personas que apoyan las medidas de "bienestar animal". Mi enfoque es objetivo y no subjetivo. No cuestiono si estas personas creen realmente que al actuar de esa manera están defendiendo a los animales o beneficiando a los animales de alguna manera.  Yo sólo cuestiono la validez de sus ideas y acciones, de acuerdo a si se ajustan a criterios éticos y datos empíricos, y por eso pienso que sus ideas y acciones están profundamente equivocadas.

31 de enero de 2018

Gary Steiner y el veganismo como imperativo moral




Este texto es una transcripción de una entrevista al profesor Gary Steiner publicada el 19 de febrero de 2010 que puede ser de utilidad como una introducción al conocimiento del trabajo del profesor Steiner.

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«Al reconocer más y más similitudes que diferencias entre los animales y los humanos, la idea de una línea divisoria entre los dos se vuelve más y más oscura y difícil de dibujar. La diferencia entre humanos y animales no está del todo clara.

La gente llega al veganismo por diferentes razones. Algunas personas lo hacen por preocupación por la salud, otros por preocupación sobre el medio ambiente, y algunas personas lo hacen porque sienten que tienen obligaciones morales específicas hacia los animales. Las personas que son veganas éticas consideran que tenemos la obligación de no comer animales, de no usarlos. Dependiendo de cuán estricta es la persona puede decidir no usar cuero, no usar seda, no usar lana. Entonces por supuesto esto abre la puerta todo otro tipo de productos, como medicamentos y cosméticos, que podrían involucrar animales en su elaboración o composición. Así que ser un vegano ético es reconocer un deber específico hacia los animales de tratarlos con bondad y aplicar el principio de ahimsa o noviolencia hacia ellos.

Lo que me guió al veganismo ético fue un largo proceso en mi vida. Esto comenzó desde muy temprana edad simplemente con el hecho de amar a los animales y tener un verdadero sentimiento de afinidad con los animales. Luego fui creciendo y entrando en la adolescencia, y al cumplir 20 años comencé a pensar seriamente acerca de la contradicción entre amar a los animales, por un lado, y comerlos y utilizarlos de vestimenta. Así un día dejé de comer carne y nunca más volví a comerla. Me hice vegetariano en primer lugar pero todavía seguía pensando en otras cosas como los huevos y los productos lácteos y en el hecho de que la producción y el consumo de esta clase de sustancias exige ver a los animales y usar a los animales en ciertas maneras. Decidí que eso era algo en lo que no podía participar más. Dejé de comer toda clase de productos de origen animal en ese momento. Y entonces durante un periodo de varios años empecé a reflexionar cada vez más sobre el hecho de que si no iba comer productos de origen animal tenía que pensar en el hecho de llevarlos puestos y hacer otras cosas que involucran el uso de animales básicamente como objetos para satisfacer las necesidades humanas. Más recientemente he cambiado mi consumo de medicamentos, cosméticos y otras cosas.

Imparto una variedad de diferentes cursos sobre filosofía y hace unos 10 años comencé a impartir unos cursos específicos, o relacionados, acerca de cuestiones sobre los animales y la relación entre los seres humanos y los animales, cuestiones sobre la cognición animal, la vida mental y las experiencias de los animales y como ese tipo de experiencias se relacionan con el estatus moral de los animales.

Cuando los estudiantes están en la edad universitaria tienen una gran curiosidad sobre lo que van a hacer en su vida de adultos, y empiezan a formularse y establecer una serie de convicciones y formas sobre la visión del mundo. Ellos poseen una mente relativamente abierta cuando están en la universidad y he tenido una cantidad sorprendentede estudiantes que han respondido de una forma muy positiva, curiosa y preocupada sobre el trabajo que realizo acerca de los animales. Lo he escuchado de estudiantes anteriores y actuales, así como también de muchas otras personas. Si bien, algunos estudiantes permanecen anclados en sus convicciones.

Impartí una introducción al curso de filosofía, justo este mismo semestre, con el título "Dioses, Humanos y Animales". Pensé que esto sería algo interesante de hacer, en parte porque así me estaría dirigiendo principalmente no a los estudiantes veteranos de la universidad sino a los nuevos. Yo no estaba realmente seguro de cómo reaccionarían y esto fue lo que sucedió: yo pensaba que al tomar el curso estarían más interesados sobre las concepciones occidentales acerca de Dios, particularmente de la tradición cristiana, y también sobre las concepciones occidentales sobre la humanidad, pero lo que terminó sucediendo es parecían más intelectualmente interesados sobre la última parte del curso que trataba sobre los animales. Yo estaba fascinado al ver que estos estudiantes habían demostrado un gran curiosidad. Las discusiones fueron extremadamente vívidas. Yo siempre me he inhibido de compartir mis puntos de vista sobre los animales. Nunca pensé en mí mismo como un activista o algo así. Me considero un profesor de filosofía que escribe libros para otros filósofos que tratan sobre los animales. Pero he comenzado a comprender que hay personas ahí fuera, incluyendo a mis estudiantes, que tienen una fascinación real sobre esto y que nunca han pensado sobre estas cuestiones antes, y se dan cuenta de que son cuestiones muy importantes y quieren reflexionar sobre ellas.

Lo primero que uno tiene que comprender es que los pollos y las otras criaturas sintientes son mucho más inteligentes de lo que les acreditamos que son. Ellos tienen un sistema social complejo, tienen organización social, tienen un buen sentido de lo que está sucediendo. Nosotros no sólo no les mostramos respeto sino que cometemos un error al matarlos.

La idea es ésta: en la tradicción filosófica occidental, que se remonta a los antiguos griegos, se ha adoptado el punto de vista de que los seres humanos son fundamentalmente superiores a los animales y dan una variedad de argumentos para ello. Uno es la idea de que Dios o los dioses crearon la naturaleza para satisfacer a los seres humanos; que crearon a los animales y a las plantas, y así sucesivamente, para el bien de los seres humanos, específicamente para nosotros. Esto significa que podemos hacer lo que queramos con ellos y no preocuparnos de las implicaciones morales.

Otra línea tradicional de argumentación ha sido que los animales son inferiores a los humanos en términos de sus capacidades cognitivas. Y esto se traduce en la idea de que los humanos son superiores a los animales y que podemos usar a los animales en tanto que los animales no son comparables a los humanos.

Lo que los filósofos tradicionalmente han argumentado es que los animales no pueden pensar sobre sí mismos como individuos entre otros individuos. Ellos no pueden pensar sobre la idea de que tienen obligaciones o de que tienen derechos, o cualquier otra similar. Todo esto ha conducido a los filósofos de la tradición occidental a la conclusión de que los animales no tienen realmente alguna clase de estatus moral o que sea siquiera comparable al de los seres humanos.

En mi trabajo sobre los animales, lo que comienzo por señalar, y sobre lo que he argumentado, es lo siguiente: las diferencias en las capacidades intelectuales y las diferencias en las capacidades cognitivas no tienen mayor relevancia moral que la que tienen respecto de los seres humanos. Por eso, el hecho de que haya gente que sea más inteligente que yo no significa que sean moralmente superiores a mí.

Del mismo modo, el hecho o el supuesto hecho de que yo sea más inteligente que mi gato Pindar no justifica que yo tenga derecho a utilizarlo o tratarlo como si fuera un juguete o someterlo como una propiedad o cualquier otra acción similar. Lo que es importante respecto del estatus moral no es cómo de inteligente eres, o lo sofisticado que son tus capacidades cognitivas, sino que es la noción de sintiencia, que es la capacidad de sentir placer y dolor, la capacidad de sufrir y demás.

Considero que estas capacidades son inherentes a la conciencia. Y esto es lo que yo considero moralmente decisivo. La vida subjetiva de Pindar no es realmente diferente de la mía. No comprendo por qué mi habilidad para las matemáticas o para escribir libros de filosofía, o para emplear un lenguaje en la manera en que lo hacen los seres humanos, tiene algún significado relativo al estatus moral que me privilegie frente a un gato o a un perro o a cualquier otra criatura sintiente.

Por tanto, si estamos de acuerdo en que la sintiencia, en lugar de la capacidad cognitiva, es lo que realmente importa como criterio para el estatus moral entonces no considero que alguien pueda decir que objetivamente mi vida importa más que la de Pindar. Mi vida me importa a mí tanto como a Pindar le importa la suya en el mismo sentido. Su vida le importa infinitamente a él y mi vida me importa infinitamente a mí.

Desde esta perspectiva, considero que no existe alguna manera de decir que mi vida importa más que la suya. Así que su vida debe ser considerada desde una perspectiva moral tan igualmente significativa como la mía. Y entiendo que esto es así para cada ser sintiente. A mi modo de ver, nosotros, los animales y los humanos, somos moralmente comparables unos con otros. Debo añadir además que los seres humanos son, a fin de cuentas, animales.


Una vez que empiezas a comprender más sobre los derechos de los animales, no puedes no ser vegano. Tan pronto como empiezas a leer acerca de la industria de la leche y la producción en la industria del huevo, no hay otra opción y no hay vuelta atrás.

Fabrice Nicolino, de Francia, ha escrito recientemente un libro documentando los horrores de las granjas industriales en Francia. Es un libro que yo habría dedicado explícitamente a los animales que han muerto sin haber vivido. Esto es algo muy importante para mí. Hay un sentimiento que me obsesiona de profunda tristeza. Me digo a mí mismo: "¿Por qué los humanos somos capaces de tratar a los animales de esta manera? ¿Cómo podemos tratarlos así?".

Me gustaría separar esta cuestión de lo que la gente siente respecto de lo que hace o de lo que la gente piensa sobre lo que pueden acomodar en sus vidas. Quiero separar este tipo de cuestión de lo que yo considero que es la cuestión moral, que sería: ¿Tenemos un derecho a, o estamos legitimados en, comer animales? Y quiero dejar muy claro que a mi juicio no tenemos ese derecho.

Pienso que la razón es muy importante en esto porque soporta un peso que las otras nociones que que usamos no pueden soportar. Por ejemplo, a veces la gente piensa: "No deberíamos ser crueles con los animales pero no hay nada que les debamos en términos de obligaciones morales." Pero yo entiendo que la idea de obligación moral es algo importante aquí. Decir que tenemos una obligación moral significa que hay algo como un muro que no debemos sobrepasar. Así, cuando decimos que tenemos obligaciones morales sobre los animales es como si los animales tuvieran una especie de coraza que señala que hay determinadas cosas que nunca debemos hacerles.

La noción de obligación moral hacia los animales es exactamente así. Es un compromiso muy fuerte que debemos reconocer que tenemos. Si reconocemos que los animales y los humanos son moralmente comparables unos con otros entonces debemos reconocer que tenemos la misma clase de obligaciones de no hacer daño y no cometer violencia respecto de los animales que tenemos respecto de los humanos.

Pindar es un gato rescatado. Lo tengo desde hace un par de años. Aunque en realidad yo no buscaba adoptar otro gato. Tuve una pareja de gatos durante mucho tiempo y yo los quería mucho y tenía un vínculo muy íntimo con ellos. Un tipo de vínculo que se asemeja mucho al que la gente dice tener con sus hijos. Aquellos gatos vivieron una vida larga conmigo y recientemente fallecieron de vejez, y fue entonces cuando me presentaron a este gato rescatado que se introdujo en mi vida.

Así, adopté a este gato y cuando recobró su salud emergió su maravillosa personalidad. Se convirtió en una criatura tierna y extraordinaria. Podría decir que hay alguna clase de amor entre nosotros. Para mí es claro que Pindar siente afecto hacia mí. Y este tipo de sentimiento de amor debe ser el que siente un niño pequeño cuando tiene dos o tres años hacia sus padres.


No conozco a nadie que diga que un niño humano pequeño es incapaz de amar aunque ellos no puedan pensar acerca del amor. Pienso que a Pindar le ocurre lo mismo. Y creo que en muchos animales aparecen signos de afecto y preocupación que los animales muestran entre ellos mismos y hacia los humanos.

Existe una muy preocupante realidad acerca de las contradicciones y conflictos en las vidas de la gente. La industria de mascotas es una industria multimillonaria en los Estados Unidos. La gente que tiene mascotas a menudo los quiere como si fueran un miembro más de la familia y se desagradan mucho cuando les ocurren cosas malas a sus mascotas. Se gastan una ingente cantidad de dinero en cuidar a sus mascotas y exhiben fuertes muestras de amor y consideración sobre sus mascotas.


Así que es particularmente preocupante y notorio que la misma gente, o la mayoría de la gente, que ama a sus mascotas, participan y apoyan las peleas de perros y las riñas de gallos, demostrando así una increíble desconsideración hacia los animales, o apoyan el someter a los animales como sujetos forzados en terribles experimentos.

Tenemos que ser capaces de encontrar un camino para articular principios claros sobre los derechos de los animales, para no ser utilizados por los humanos, estableciendo claros principios morales y legales que prescriban que es incorrecto infligir violencia o daño sobre los animales.


La gente encuentra una forma de cegarse respecto de lo que conlleva la producción de la carne que comen y así con todo lo demás. Me parece que hay alguna clase de disonancia cognitiva aquí. No se permiten conocer la realidad de lo que está sucediendo. De esa forma se desconectan de lo que conllevan ese tipo de prácticas, como es el hecho de consumir carne.

Me encuentro no infrecuentemente con gente que dice: "Mira, he oído que lo que le hacen a los terneros, o lo que le hacen a las gallinas, o lo que le hacen a los cerdos, es terrible. Así que no quiere saber nada más sobre eso."

Pienso que la única cosa que puede lograr que la gente salga de ese tipo de contradicción o tensión es la voluntad de observar los hechos y reflexionar sobre las inconsistencias de su propia conducta. Este pensamiento debe conseguir que cambiemos nuestra forma de sentir. Así fue como yo comencé a pensar en el hecho de que lo que había en mi plato era esencialmente lo mismo que yo y esto me hizo sentir de forma diferente acerca de comerlo. Sólo cuando esto suceda, la gente comenzará a reconocer la contradicción e intentará resolverla.

Creo que tenemos obligaciones hacia los animales. Nuestra obligación considero que es en primer lugar adoptar un modo de vida vegana, como mínimo. No hay justificación para infligir los terribles daños que conllevan las granjas industriales y la experimentación con animales y todas las demás cosas que les hacemos.

Partiendo de una tabla rasa, creo que la primera obligación que tenemos es no dañar a los animales, no ejercitar la violencia sobre ellos o imponer violencia sobre ellos. Y la forma más directa de comprender esta obligación es hacerse vegano y continuar siendo vegano. Así que pienso que ser vegano es una cosa muy importante.

El profesor Francione de la universidad de Rutgers [Estados Unidos] argumenta que si por medio de la legislación se aboliera el estatus de propiedad de los animales, esto sería lo más importante que cualquier gobierno o legislación podría llevar a cabo.

Debido a que la tradición jurídica anglo-americana durante siglos ha clasificado a los animales como propiedad, ellos son cosas que poseemos; son mercancías. Esto permite que la gente pueda hacerles toda clase de cosas ya que uno mismo puede destruir su propiedad. Esto no sería lo más inteligente pero no hay ninguna ley que lo prohíba.

Esto significa que podemos criar animales y matarlos para consumo humano; podemos venderlos, podemos usarlos, podemos experimentar en ellos. Si fuera posible clasificar legalmente a los animales como no-propiedad, como algo similar a una persona legal, esto podría prevenir que la gente matara animales, experimentara con ellos, y otra serie de cosas.

Sería esencial que pusiéramos a los animales en la situación de ser realmente comparados a los humanos desde una perspectiva moral, en el sentido de que si no podemos hacerle algo a un ser humano tampoco deberíamos permitir que se le hiciera a un animal. Por eso pienso que lo mejor que podría hacer cualquier gobierno o legislación es abolir el estatus de propiedad de los animales.

Pienso que todas las cosas que hagamos que inflijan violencia sobre los animales en la naturaleza o en los ecosistemas es algo sobre lo que tenemos que pensar cuidadosamente. Así que cada vez que vayamos a comprar algo que vaya empacado o que vayamos a consumir algo que acabará contaminando las fuentes de agua o los humedales tenemos que pensar en lo que estamos haciendo. Pero lo primero, por lo que debemos comenzar, a mi modo de ver, es acerca de nuestra relación con la vida sintiente, la vida animal. Y pienso que la primera cosa que la mayoría de la gente puede hacer es convertirse en vegana. Y ser estrictamente vegana.

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