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6 de septiembre de 2015

Adoctrinar en el especismo (II)


«Hemos sido formados por una historia del pensamiento en la que apenas estamos conscientes de que vemos a los animales como recursos que tenemos derecho a emplear del modo que creamos conveniente para satisfacer nuestras necesidades y deseos.» ~ Gary Steiner

Los seres humanos hemos esclavizado a los demás animales. Los sometemos a nuestra voluntad para utilizarlos de comida, de vestimenta, de transporte, de entretenimiento, de compañía,... y muchos otros fines para nuestro beneficio.

Esta situación de esclavitud no se mantiene en el tiempo de forma espontánea sino que necesita un constructo ideológico que ayude a mantenerla para evitar que se vea cuestionada y asaltada por nuestra empatía y el sentido moral —como ocurre con los niños que todavía no han asimilado los prejuicios especistas— y con ese propósito surge la idea de que los seres humanos somos 'seres superiores' que tenemos legitimidad en dominar a los demás animales.

Un ejemplo representativo de este adoctrinamiento lo encontramos de la mano de la Asociación Española de Pediatría, quien aconseja a los padres que no cuenten la verdad a sus hijos sobre la procedencia de los productos de origen animal para que así no los rechacen. Se afirma que con los vegetales "no hay ningún problema" pero que con los animales hay que esperar un tiempo "hasta que el niño comprenda como funciona la naturaleza [sic]". Esto es, hasta que la cultura especista haya anulado su empatía y su sentido moral y asimile como normal la idea de que los demás animales existen para que nosotros los explotemos. No es el funcionamiento de la naturaleza la que nos obliga o condiciona a explotar a los demás animales; es la ideología especista.

Un estudio llevado a cabo por Matti Wilks, Lucius Caviola, Guy Kahane y Paul Bloom, de las universidades de Yale, Oxford y Harvard, revela que la tendencia por priorizar la vida de los humanos frente a la de otros animales es mucho más débil en los niños de entre 5 y 9 años que en los adultos. Los resultados sugieren que las inclinaciones antropocéntricas son de aparición tardía y de naturaleza fundamentalmente social.

Desde la infancia se nos educa y socializa en la creencia de que los demás animales son seres inferiores que están en el mundo para ser utilizados por nosotros: los humanos. Pero esta idea es un prejuicio. No es un hecho; no es una verdad. Además es una creencia que contradice los principios elementales de la ética básica. 

TEXTOS ESCOLARES QUE INCULCAN LA IDEA DE QUE EL SER HUMANO ES SUPERIOR A LOS DEMÁS ANIMALES Y TIENE LEGITIMIDAD PARA EXPLOTARLOS.

El antropocentrismo no es algo natural; no es una idea que esté inserta en nuestra mente de forma inherente, sino que es una doctrina ideológica que se difunde en nuestra cultura como paradigma moral y cuyo objetivo es cosificar a los otros animales para facilitar su explotación; de la misma manera que la cultura machista cosifica a las mujeres para que los varones las puedan dominar y someter a su voluntad.

El especismo no es más natural de lo que lo es el machismo. Se trata de un prejuicio construido culturalmente para motivar y perpetuar una determinada estructura de opresión en la que un grupo dominante [los humanos] someten y explotan a los otros individuos que no pertenecen a dicho grupo [los animales no humanos] con el fin de obtener un beneficio.

Puede que exista una tendencia de origen biológico que nos motiva a agruparnos junto a los que son más semejantes a nosotros —lo cual ayudaría a explicar fenómenos como el racismo o el sexismo— pero no es natural toda la ideología que acompaña a la discriminación especista sino que se trata de una construcción cultural que se ha ido forjando para justificar nuestra opresión sobre los demás animales.


Cuando desde niños se nos inculcan una serie de ideas y de hábitos de conducta, luego nos resulta más difícil cuestionarlos y analizarlos con objetividad. De ese modo aceptamos como normal lo que en otras circunstancias juzgaríamos como un error o un crimen, de acuerdo a nuestro sentido moral.

Si no fuera por el adoctrinamiento especista que recibimos a partir de la infancia en todos ámbitos [familia, escuela, sociedad] no aceptaríamos la explotación de los animales como algo moralmente aceptable. Lo demuestra el hecho de que tantísima gente rechace de forma espontánea, por sentido moral, algunas prácticas de explotación animal en tanto que no han sido educados ni acostumbrados a ellas; a pesar de que esas actividades no se diferencian de aquellas otras en las que ellas participan habitualmente.

La filósofa Hanna Arendt y el psicólogo Stanley Migran dedicaron gran parte de su trabajo a estudiar cómo puede suceder que los seres humanos que no tienen una naturaleza cruel o psicópata puedan ser capaces de apoyar y participar en actividades de violencia extrema cuando se les presiona socialmente para ello. Esto ocurre debido en parte a que todos poseemos una cierta tendencia innata a seguir los dictados del grupo al que pertenecemos, ya sea a normas establecidas en ese grupo o a la voluntad del líder que lo dirige, y esa tendencia nos condiciona incluso hasta el punto de sofocar nuestra empatía natural y nuestro razonamiento moral.

Vivimos en una cultura que nos adoctrina en la creencia de que los demás animales existan para servir a nuestras necesidades y deseos. Interiorizamos esa creencia en nuestra mentalidad a través de rituales sociales como, por ejemplo, la práctica de comer animales. Asumimos desde niños el hábito de participar en la explotación de los animales sin apenas darnos cuenta de ello. Es por esto que cuando alguien critica la existencia de la explotación animal lo recibimos a menudo como si estuviera defendiendo que respirar aire está mal.

Algunas personas alegan que no deberíamos 'imponer' a los niños el veganismo. Mientras que al mismo tiempo esas personas inculcan sus propias creencias y hábitos a sus hijos. Aparte de esta evidente contradicción; si realmente no se quiere imponer a los niños nada más allá de lo necesario, entonces ¿por que no se les cuenta la verdad sobre lo que les hacemos a los animales que explotamos y que los niños decidan por sí mismos?  A ver qué sucede.




Sin embargo, por mucho que nuestra empatía y nuestra conciencia moral se puedan ver reprimidas y distorsionadas por este adoctrinamiento, podemos conseguir salir de este marco cultural especista precisamente gracias a esas mismas cualidades.

Muchos 
ya hemos cuestionado y desafiado esas creencias que nos dicen que está bien explotar a otros animales, que está bien ignorar que ellos son seres conscientes, experimentan emociones y sentimientos, y que está bien destruir sus intereses con el objetivo de favorecer los nuestros.

A esa oposición ética a considerar a los animales como si fueran objetos y meros recursos para los humanos es lo que denominamos veganismo.

31 de mayo de 2015

Los 8 verdaderos motivos para rechazar el veganismo


Este artículo es una versión adaptada de un artículo original en inglés. He fusionado el punto 2 con el 4, porque ambos se referían a la gestión de recursos naturales, y he aportado un argumento nuevo en el espacio que quedaba en ese último punto.  
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1. NO TE IMPORTA ABUSAR DE LOS ANIMALES


Si consideras que pagar a alguien para confinar a un animal en una jaula, o para clavarle un cuchillo en la garganta, es algo aceptable, a pesar de que no necesites hacerlo para vivir ni tampoco haya una razón que lo justifique, entonces es comprensible que rechaces el veganismo.


2. ODIAS EL MEDIO AMBIENTE


Según la ONU, la crianza y la matanza de animales para comida es la causa número uno de emisiones de gases contaminantes. Y es una de las primeras causas que más contribuyen a los problemas ambientales más graves a todas las escalas, desde la local a la global. Así que para todos los que odian el medio ambiente, la opción más eficaz que pueden hacer para destruir el medio ambiente es consumir carne, productos lácteos y huevos.

Se gastan hasta 5 kilos de grano para producir 1 kilo de carne. Es decir, imaginemos que hay un niño muerto de hambre a tu lado y tú estás sosteniendo un recipiente con 5 kilos de espaguetis, entonces te comes 1 kilo y luego tomas los otros 4 kilos y los tira en la basura. Eso es el reparto de recursos que hace la ganadería. Si piensas que eso suena divertido o aceptable, entonces no debes hacerte vegano.

En realidad, todo esto nos remite al punto 1 en tanto que los animales, humanos y no-humanos, dependemos directamente del medio ambiente (aire, agua, tierra) para nuestra supervivencia y calidad de vida. El desprecio al medio ambiente indica un desprecio por aquellos que viven en él.


3. ERES UN LEÓN



¿Eres un león? ¿Persigues a tu presa, la matas con sus colmillos, y luego procedes a rasgar su cuerpo con los dientes, para comenzar a comer su carne? Si es así, probablemente eres incapaz de ser vegano.


4. SÓLO TE IMPORTA EL BIENESTAR



Si consideras que los demás animales sólo les importa evitar el sufrimiento, y conseguir placer, entonces es coherente que apoyes y participes en su explotación; siempre que esa explotación procure reducir el sufrimiento y fomentar el bienestar.


5. ERES DUEÑO DE UN NEGOCIO DE EXPLOTACIÓN ANIMAL




Seamos serios. Si eres dueño de una granja de animales o un matadero entonces tienes un interés económico en que la gente consuma animales. Así que te va a resultar muy difícil aceptar que la forma de conseguir tu dinero viene de algo que atenta contra los principios más básicos de la ética.


6. CREES QUE LA FUERZA HACE EL DERECHO




Cada cierto tiempo nos encontramos con individuos que piensan que es moralmente aceptable abusar de otros simplemente porque pueden hacerlo. Si es tu caso, entonces el veganismo no es compatible con tu forma de pensar.


7. ERES UN ANIMAL MAMÍFERO BEBÉ



Las hembras de los mamíferos solo producen leche después del embarazo. ¿Por qué? Para convertir rápidamente a ese pequeño niño en un adulto. Así que si tu objetivo es, por ejemplo, convertirte a la larga en un bovino adulto de 600 kilos, no dejes de beber la leche de vaca.


8. TE GUSTA EL SADISMO


¿Te causa placer provocar deliberadamente que otras personas (humanas o nohumanas) sufran? !Estás de suerte! El consumo de productos de origen animal es una de las maneras más fáciles de conseguir precisamente que suceda eso.

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Siento que algunas personas pueden considerar ofensiva esta exposición (resulta obvio que algunos de los motivos tienen intención satírica) pero dado que no he encontrado ningún argumento que refute el veganismo, ni tampoco ninguna razón que justifique la explotación animal, es evidente que debe haber alguna causa que explique por qué los humanos discriminamos y explotamos a los demás animales. Algunas de las hipótesis citadas pueden ser perfectamente verídicas, al menos en determinados casos. 
¿Cabe la posibilidad de que hayan otros motivos? Sí, claro. Puede haber una explicación de tipo naturalista y otra de tipo cultural. Pero, independientemente de cuál sea la tesis que explique esta comportamiento, lo único que está claro es no hay ninguna justificación que legitime nuestra dominación sobre los no-humanos.

27 de abril de 2014

Adoctrinar en el especismo

«Señalar que podemos explotar porque somos 'superiores' no es más que decir que tenemos más poder que ellos. Y nada más. Y, exceptuando a los partidos fascistas, la mayoría de nosotros rechazamos la idea de que el poder establece lo que es correcto. Así que explíquenme por qué está ese principio tan ciegamente aceptado cuando se trata de nuestra relación con los demás animales.»   ~ Gary Francione



Desde que somos niños, nos inculcan —ya sea de forma explícita o disimulada— la idea de que es "normal" que otros animales estén bajo la dominación humana. A nuestro alrededor convivimos con animales no humanos utilizados para servir de compañía a los humanos [“mascotas”] y nos alimentan con cadáveres y secreciones de otros animales usados para alimento de los humanos.

«El sentimiento de que los miembros de nuestra especie merecen una consideración moral especial en comparación con los miembros de otras especies, es antiguo y se encuentra profundamente arraigado. El hecho de matar a las personas, excepto en la guerra, es el crimen juzgado con mayor severidad entre los cometidos comúnmente. Lo único que está sometido a una prohibición mayor en nuestra cultura es comerse a las personas —aun si ya están muertas. Sin embargo, gozamos al comer a miembros de otras especies.» ~ Richard Dawkins



«Solemos creer que sólo las personas “enfermas” o con determinados rasgos de personalidad pueden ser capaces de exhibir este tipo de comportamientos; sin embargo, muchas personas que podrían ser calificadas como empáticas también pueden —en ciertos contextos— comportarse de esta forma.» ~ Jennifer Delgado


«A muchos de nosotros nos horrorizan las ejecuciones judiciales, aunque se trate de los más espantosos criminales de la especie humana, al mismo tiempo que aprobamos alegremente que se mate a tiros, sin juicio previo, a animales considerados como plagas y que son bastante mansos. En realidad exterminamos a miembros de otras especies inofensivas como un medio de recreación y entretenimiento.»  ~ Richard Dawkins

Cuando nos hacemos adultos y alguien nos expone la idea de que todo eso está mal —que todo eso es esclavitud— resulta por tanto comprensible que nos cueste entenderlo o que reaccionemos rechazando de plano la crítica contra nuestras ideas y costumbres asumidas desde la infancia.

«Las ideas, una vez que se instalan en un cerebro, son muy difíciles de erradicar. Las primeras que llegan deciden las que pueden venir después porque definen nuestro universo mental, lo que somos capaces de ver y entender y todo lo que no encaje con ellas suele quedar fuera. Las ideas son como jaulas, delimitan nuestro mundo, nos encierran dentro de un territorio mental del que no podemos salir.» ~ Pablo Malo 


Hemos interiorizado desde niños una cultura antropocentrista que nos enseña a ver a los demás animales como instrumentos para satisfacer las necesidades y deseos humanos. Toda la violencia que ejercemos contra los no-humanos es consecuencia directa de este prejuicio. No hay otra forma de remediar esa violencia que erradicando ese prejuicio de nuestra mentalidad.



«Estos usos de los animales están tan institucionalizados, tan normalizados en nuestra sociedad que es difícil encontrar la distancia crítica que se necesita para ver lo horrorosos que son como formas de sometimiento, de servidumbre y —en el caso del sacrificio de animales para consumo humano y otros propósitos— de descarados asesinatos. [...] Hemos sido formados por una historia del pensamiento en la que apenas estamos conscientes de que vemos a los animales como recursos que tenemos derecho a emplear del modo que creamos conveniente para satisfacer nuestras necesidades y deseos.» ~ Gary Steiner


La inculcación de estas ideas es la causante de la opresión sistemática que ejercemos sobre los demás animales. No se trata de ninguna maldad intrínseca e inevitable a ser humano. Es un problema de mentalidad, que puede ser solucionado mediante el mismo modo por el que fue provocado: la educación.

9 de abril de 2013

Educar es la clave

«Hay cientos de individuos atacando las ramas del mal por cada uno que golpea en la raíz.» ~ H. D. Thoreau [Walden, 1854]

En otras entradas anteriores del blog ya analizamos los problemas que conllevan determinadas perspectivas que pretenden enfrentarse a la injusticia de la explotación animal, como es el caso de la denominada 'acción directa' o el caso del regulacionismo [regular la esclavitud de los animales]. En este entrada se expondrá el camino que puede conducirnos a conseguir un cambio real y una solución efectiva para la injusticia que constituye nuestra explotación sobre los animales.

Lo que defenderemos aquí es que la forma más correcta y efectiva de conseguir el respeto para los demás animales es a través de la educación vegana. Tanto a nivel individual como nivel social.

El motivo por el que explotamos a los animales no tiene que ver con una supuesta maldad intrínseca a nuestra naturaleza. Tal vez algunos pocos individuos actúan por malicia, pero la gran mayoría simplemente hemos sido adoctrinados para ver a los animales como seres inferiores que existen para nuestro beneficio, y de este modo asumir como algo normal el que los utilicemos en nuestro provecho, a costa de su libertad y sus vidas.

Por tanto, la causa de nuestra violencia hacia los demás animales radica en el prejuicio que se nos inculca desde la infancia; y la única posibilidad de remediarlo es revertir ese adoctrinamiento especista mediante la concienciación educativa. Estoy convencido de que la gran mayoría de la gente es capaz de empatizar con los animales y de comprender que está mal explotarlos —así lo indican numerosas evidencias. Sólo necesitan que alguien les informe y les ayude a tomar conciencia de ello.

Obviamente no todo lo que somos y hacemos tiene que ver con la educación que hemos recibido. Hay elementos de nuestra personalidad que son puramente biológicos y que la educación no puede cambiar. En todo caso quizás podemos canalizarlos, pero no anularlos.

Según el etólogo Konrad Lonrez, tenemos un instinto de agresión que es inherente a nuestra naturaleza, y que es la causa biológica de que exista el comportamiento violento. Pero ese instinto —y esto también lo dice Lorenz— no tiene por qué desembocar necesariamente en violencia y destrucción, sino que puede ser canalizado en actividades constructivas y no-violentas, como son el deporte, el arte, o la cultura en general. Ésta es la función que cumple la educación.

Nuestra conducta es consecuencia de nuestra forma de sentir y pensar; es producto de nuestras ideas y creencias asumidas. Por tanto, si no se produce primero un cambio profundo en la mentalidad de nuestra sociedad, si no erradicamos el prejuicio del especismo, los animales no humanos seguirán sufriendo la misma condena que hasta ahora sin solución. Como reflexióa la autora y activista Joan Dunayer:

«El especismo es la raíz de todos los abusos con que los defensores de los no-humanos buscan acabar. Necesitamos escribir y hablar en contra del especismo. Una vez la gente reconozca la inherente crueldad e injusticia del especismo, no habrá mayor necesidad de argumentar punto por punto cada cosa. Hasta que no reduzcamos el especismo en la sociedad, seguiremos tratando los síntomas en vez de curar la enfermedad. Al final, sólo un descenso sustancial del especismo puede emancipar a los no-humanos.»

El progreso moral ocurre primero en las mentes y las conductas individuales, y sólo después, como consecuencia, se refleja en las costumbres y las leyes. Para cambiar de manera efectiva y real la situación de los animales mediante las leyes, antes tiene que haber necesariamente una base social de gente que apoye la abolición de su esclavitud, y que aplique ese principio moral en sus propias vidas asumiendo el veganismo. Así lo recalca, por ejemplo, el profesor Gary Francione:

«El veganismo no es una mera cuestión de dieta; es un compromiso moral y político hacia la abolición en el ámbito individual y alcanza no solo lo referente a comida, sino también la ropa, otros productos, y otras acciones y elecciones personales. Transformarse en un vegano es lo único que podemos hacer hoy –ahora mismo– para ayudar a los animales. Representa un repudio a la condición de objeto de los no-humanos y el reconocimiento de su valor intrínseco.»

A nivel político lo que buscamos es la abolición legal del estatus de propiedad de los animales. Es decir, a la abolición de su esclavitud y explotación institucionalizada en nuestra sociedad.  Pero para lograr este objetivo a nivel legal, primero es necesario que haya una importante masa social de veganos que se oponga activamente a la explotación de los animales no humanos; como explica de nuevo  el profesor Francione:

«El sistema legal nunca responderá de modo diferente a cuestiones relacionadas con animales a menos que y hasta que haya un cambio social significativo de manera que haya más gente que acepte la legitimidad de la abolición -el veganismo- en su vida cotidiana. Sólo entonces el sistema legal empezará a ser una herramienta útil para la lucha.»

Solamente cuando el veganismo se convierta en la corriente mayoritaria, podremos aspirar de verdad a que haya un cambio real en nuestra relación con los demás animales.

Para logtar que el número de veganos siga creciendo, necesitamos enfocar nuestro tiempo y esfuerzo en el activismo educacional. La educación vegana es la tarea prioritaria. Debemos erradicar el paradigma especista que domina en nuestra sociedad, y encaminarnos hacia una cultura ética basada en la filosofía de los Derechos Animales. Sólo así la liberación animal —liberar a los demás animales de nuestra dominación— será una realidad y no solamente un ideal.

El activismo es un deber moral que está implícito en el propio principio del veganismo. La ética no es simplemente un asunto privado de cada uno, sino algo que nos atañe directamente a todos los que somos responsables de nosotros mismos. Así que es nuestro deber esforzarnos en conseguir que todos los agentes morales se comporten de acuerdo con las normas éticas, pues todos ellos son perfectamente capaces de comprenderlas y de llevarlas a la práctica.

Ahora bien, la forma en que cada persona haga activismo educacional dependerá de sus propias posibilidades y capacidades. No todos tenemos la misma disposición para hacer las mismas cosas. Cada uno aportará en lo que mejor pueda o sepa. Pero deberá ser siempre de una forma noviolenta. El veganismo es una extensión o corolario del movimiento por la noviolencia.

Nuestra actitud ante esta cuestión también dependerá de la perspectiva que tengamos. Porque quien sea pesimista, probablemente piense que no vale la pena gastar tiempo y esfuerzo en conseguir un mundo vegano, pues ya cree de antemano que tal cosa no es posible. Sin embargo, la historia nos muestra que el progreso moral es posible. El pesimismo no es una posición justificada.

Éstas son las razones por las que el debate, y el diálogo interno, es necesario. Primero, comprender que el veganismo no es un tema meramente personal, sino un principio ético que todos debemos respetar. Segundo, entender que es también un deber el hacer activismo para difundir el veganismo. Tercero, asumir que la educación es el camino correcto y efectivo para avanzar hacia un cambio de paradigma moral basado en el reconocimiento de todos los seres sintientes como sujetos con derechos.

El activista Harvey Milk declaró que 'El primer paso es siempre la hostilidad, y luego puedes sentarte y hablar sobre ello.' Su experiencia le demostró que la gente puede cambiar de actitud con el tiempo. No creamos que las opiniones o creencias de la gente son inamovibles sólo porque al principio no quieran escucharnos o se resistan a plantearse el tema. Es una etapa inevitable dentro del proceso de cualquier cambio y progreso moral en la sociedad.

El prejuicio especista, y también la mentalidad utilitarista, son la causa ideológica de la explotación animal que la motiva y perpetúa. Mientras esas ideas sean las predominantes en nuestra cultura, los animales seguirán siendo explotados y masacrados sin remedio. Por eso, tenemos que incidir en la raíz del problema para poder solucionarlo.

Para que un sistema cambie, primero tiene que cambiar la mentalidad que lo ha producido. La causa originaria de las injusticias está dentro de nosotros. Si no comenzamos cambiando nuestra forma de pensar y actuar entonces nada  mejorará.

La educación vegana funciona. Sólo tenemos que enfocar nuestro tiempo y esfuerzos en ella y veremos los resultados. De hecho, ya los estamos viendo. Algunos estudios apuntan a que, gracias en parte a la existencia de internet y al trabajo de los grupos abolicionistas, el número de veganos y de gente que abandona progresivamente su participación en la explotación animal ha crecido exponencialmente desde hace varios años. Probablemente más gente se haya hecho vegana durante la primera década del siglo XXI que en los 50 años anteriores y la tendencia sigue creciendo.

No se trata de una mera convicción. Los hechos muestran que el cambio real es posible; y éste se producirá más rápido cuantas más personas nos centremos en el activismo educacional.

La educación vegana no conseguirá abolir inmediatamente la explotación animal, pero sí logrará en breve plazo aumentar el número de veganos y reducir el número de víctimas. Debemos asumir que los cambios profundos progresan lentamente, pero la clave para motivar ese cambio está en educar informando; fomentando el respeto y la empatía hacia el resto de animales. Sin información y concienciación no puede haber cambio real.

Al defender que focalicemos en la responsabilidad individual y las decisiones de consumo que tomamos cada día no significa que penemos que todo se soluciona con el nivel individual. Lo que significa es que entendemos que primero tiene que haber un masivo cambio individual para que pueda haber consecuentemente un cambio en la estructura social y política.

Los cambios políticos y legales no serán posibles, ni serán justos y efectivos, hasta que una mayoría social deje de ver a los animales como objetos, recursos o propiedades, como seres inferiores que existen para nuestro beneficio, y pasen a considerarlos como personas —personas no humanas.

           El mundo es vegano si lo quieres         


7 de enero de 2013

Un problema de conexión


«Comer animales es una manera de afirmar nuestra superioridad respecto de los seres que comemos.» ~ Marcela Iacub

Algunos guerreros celebraban la victoria del combate comiendo los cadáveres de sus enemigos. Comer a otros animales no sólo se hace por placer o por costumbre. El hecho de usar a otros animales como comida es un ritual en el que se celebra la dominación del ser humano sobre los demás animales. Es una glorificación de la violencia y la opresión sobre seres inocentes e indefensos a quienes se considera inferiores. 

En todas las culturas humanas se realizan este tipo de rituales, cuya función parece ser la de celebrar y reforzar la mentalidad de dominación del hombre sobre los demás animales.

Una misma práctica puede tener varios motivos y aspectos. El hábito de comer animales puede que no se produzca exclusivamente por placer, o por supuesta necesidad, sino que parece tener un claro componente ideológico que favorece el prejuicio especista. 

En mi caso —y creo que en el de muchos otros que dejamos de comer animales por motivos éticos— pude comprobar como después de haber abandonado ese hábito, pude juzgar con mayor claridad e imparcialidad la injusticia que es la opresión especista. Por tanto, entiendo que los hábitos especistas precisamente causan un efecto contrario, es decir, fortalecen los prejuicios que a su vez los motiva. Es como un círculo vicioso.

A pesar de todo esto, podemos ver sin embargo que casi todo el mundo reacciona con disgusto cuando se le plantean casos de violencia contra otros animales. 

Recientemente un supuesto artista planeaba matar a martillazos, en público y al son de la música, a algunos animales como parte de su obra. La indignación popular es casi unánime a la hora de rechazar estos actos. Pero lo que pretendía llevar a cabo este individuo no es diferente de lo que ocurre todos los días en granjas, laboratorios, mataderos, y otros lugares en los que son rutinariamente explotados los animales. Y no sólo permitimos que esto ocurra cada día sino que además pagamos por ello y usamos los productos de esos crímenes como comida o como ropa. ¿Cuál es la diferencia?

Casi todos coincidimos en que está mal hacer daño, matar o hacer sufrir a otros animales, pero al mismo tiempo participamos en actividades que implican esclavizar, dañar, y matar animales. Decimos rechazar la violencia pero al mismo tiempo vivimos en una cultura de la violencia. Hay una contradicción entre nuestras intuiciones, y nuestro sentido moral, y las creencias y prácticas que sostenemos en nuestra vida cotidiana. 

Nos adoctrinan desde la infancia para considerar que está bien discriminar y explotar a otros animales y así lo asumimos como algo normal. Durante los primeros veinticinco años de mi vida yo comí animales y nunca pensé que estuviera haciendo nada malo. Nadie me dio a entender que hubiera nada malo en ello, sino que era algo normal y que todo el mundo hacía. Hasta que por casualidad un día recibí cierta información que me hizo ver las cosas de manera diferente, y a partir de ahí darme cuenta de que no está bien explotar a los demás animales.

Creo que es un error considerar que hay maldad o crueldad en estos actos, cuando la gran mayoría de personas que han sido adoctrinadas en el especismo no tienen siquiera conciencia de estar haciendo algo malo. Los prejuicios y la inercia tienen mucha fuerza en nuestra mentalidad, y el activismo que en contra del especismo y la violencia tiene una presencia todavía muy minoritaria. Por desgracia, la mayoría de la gente no tiene conocimiento de lo que es el veganismo o los derechos animales.

La educación que recibimos, y el ambiente en el que vivimos, condicionan en gran parte nuestra forma de pensar y actuar. Pero también tenemos la capacidad de reflexionar y cuestionar nuestras ideas y costumbres recibidas. Se trata de una cuestión de educación. No es un problema de crueldad o de falta de sensibilidad. Es un problema principalmente cultural. Y entiendo que sólo enfocándolo de esta forma es como vamos a poder solucionarlo. Nunca con hostilidad, sino desde la empatía. Cualquiera que tenga nociones básicas de pedagogía sabrá que es más efectivo adoptar una relación cordial y amistosa que una agresiva y hostil. Sin contar con que independientemente de los fines que pretendamos conseguir, todas las personas siempre merecen por lo menos un mínimo de respeto moral.

Hay gente que está informada y aun así sigue participando de manera consciente en la explotación animal. Pero hay que tener en cuenta que esa información sólo representa un momento más en su vida. El resto del tiempo siguen viviendo en un ambiente especista que reafirma sus prejuicios. Por eso, necesitamos más activismo, mucho más activismo vegano, para poder contrarrestrar el constante influjo de adoctrinación especista que hay en nuestra sociedad

No niego que haya casos individuales de personas que tengan un carácter malvado o cruel, pero esto no se puede generalizar a la mayoría de la población. Las encuestas señalan que a la mayoría de la gente le importan los animales.Sólo necesitamos conectar esa preocupación con el veganismo.


Es un hecho que la gente cambia. No pensemos lo contrario. Si estudiamos la historia veremos que los hechos muestran que la forma de pensar y de vivir puede cambiar radicalmente debido a la presencia de ideas y movimientos sociales que han alterado y derribado la inercia de las estructuras ideológicas dominantes.


Los veganos no somos especiales ni esencialmente diferentes del resto de la gente. La mayoría reacciona igual que nosotros ante la violencia contra los demás animales. El problema es que sólo lo hacen cuando se trata de un hecho que se aparta de sus propios hábitos y costumbres —por ejemplo: comer animales. No han tomado conciencia todavía de que todo uso de animales es violencia innecesaria e injustificable.

La única manera de conseguir que hagan la conexión entre aquello que rechazan y aquello que apoyan, para comprender que es lo mismo y cambien de actitud, es enfocar nuestros esfuerzos en la educación vegana.

9 de julio de 2010

La terrible fuerza de la inercia


«Por regla general, las sociedades humanas no son innovadoras sino más bien jerárquicas y ritualistas. [...] El tradicionalismo que exhiben muchas sociedades estáticas tienen una misión adaptativa. Las formas culturales que rigen en ella se han desarrollado trabajosamente a lo largo de muchas generaciones y se sabe que cumplen a satisfacción sus propósitos.» [Los Dragones del Edén, Carl Sagan, 1977]

Podemos encontrar al menos cuatro motivos principales por los que la gente sigue comiendo animales —y explotándolos en general— a pesar de que se trata de una práctica cuyo análisis objetivo muestra que se trata de una acción dañina sobre los animales; materialmene innecesaria y éticamente injustiificable.

El primero está en el hecho de que comer animales no es una conducta que haya sido elegida racional y libremente. Se trata más bien de un condicionamiento cultural que se nos inculca desde la infancia. Se enseña a los más jóvenes que deben consumir animales, que esto está bien, y que necesitan hacerlo para poder vivir y estar sanos. Así lo incorporamos a nuestra mentalidad y nuestros hábitos sin darnos cuenta, y al convertirnos en adultos lo seguimos inculcando a las siguientes generaciones.

El segundo radica en la presión social. La naturaleza humana parece tener cierta tendencia al gregarismo. Necesitamos sentirnos parte de un grupo, y los miembros del grupo sólo nos reconocen como parte de él cuando asumimos determinadas ideas y costumbres comunes. Esa tendencia impide que nos cuestionemos seriamente nuestra mentalidad y nuestra conducta —a pesar de que tomemos conciencia de que es dañina para los animales— porque no queremos desentonar de la corriente predominante en la que estamos inmersos y de la que depende nuestra vida social.

El tercer motivo lo encontramos en el hecho que la gente encuentra placer en el consumo de los productos animales. Ese placer refuerza todavía más el hábito inculcado. Con el transcurrir de los años cuesta más esfuerzo cambiar los hábitos que hemos adquirido. Por eso, los más jóvenes son los más proclives a dar el paso al veganismo, porque su cerebro es más flexible y su mente todavía dispone todavía de bastante capacidad de aprendizaje y adaptación que se suele ir perdiendo  paulatinamente al entrar en la madurez.

El cuarto se refiere a una serie de mecanismo psicológicos, explicados por el psicólogo Albert Bandura, mediante los cuales evadimos la responsabilidad de nuestros actos; ya sea desplazando la culpa a otras entidades, creyendo que el mal que hacemos es un bien, no pensando en los efectos que provocan nuestras acciones, obedeciendo mandatos irreflexivamente, o cosificando a nuestras víctimas, entre otros.


El habitus es uno de los conceptos centrales de la teoría sociológica de Pierre Bourdieu. Por tal podemos entender disposiciones o esquemas de obrar, pensar y sentir asociados a la posición social.​ El habitus hace que personas de un entorno social homogéneo tiendan a compartir estilos de vida parecidos.

Si nuestra sociedad explota a los animales no se debe a que sus miembros hayan tomado esa decisión después de una análisis racional sino a que están motivados por una mentalidad especista que recibieron e impulsados por la inercia de una tradición basada en la dominación sobre los demás animales.

Sin embargo, ninguno de aquellos motivos es moralmente válido. Ni la tradición, ni la conveniencia, ni el placer, pueden justificar éticamente que inflijamos daño a los animales; que los tratemos como objetos, recursos y propiedades a nuestra disposición.

Tampoco esos motivos tienen fundamento empírico que los justifiquen: no necesitamos consumir animales para poder vivir y estar sanos.

Si estamos de acuerdo en que no debemos infligir daño a los animales sin una necesidad o razón que lo justifique, entonces también deberíamos estar de acuerdo en que no debemos explotarlos. No necesitamos utilizar a los animales para poder vivir y tener una buena calidad de vida, y utilizarlos implica causarles daño y sufrimiento. Participar en la explotación animal resulta una contradicción con nuestra preocupación moral sobre los animales.

Ahora bien, incluso habiendo comprendido que algo está mal; la fuerza que la inercia de los hábitos y las creencias inculcadas tiene sobre nosotros puede conducirnos a seguir cometiendo el mismo mal del que hemos tomado conciencia. Pero no debemos dejarnos vencer por el pesimismo. La mentalidad puede cambiar. Las ideas pueden ser modificadas y los hábitos creados pueden ser cambiados por otros distintos. ¿Acaso muchos de nosotros no lo hicimos ya?

Los estudios realizados sobre el cambio de conducta señalan dos puntos:

[1] Que a la hora de eliminar un hábito resulta más efectivo erradicarlo de raíz que reducirlo.

[2] Que para evitar que el mal hábito pueda retornar, debe ser sustituido por otro que no sea nocivo y que proporcione un beneficio similar.

La transición al veganismo puede funcionar bajo esta misma pauta. Por ejemplo, no se trata sólo de eliminar carne, lácteos, huevos y miel, sino que debemos sustituirlos por productos y recetas veganas en su lugar. Aunque lo más fundamental para lograr el cambio es que internamente nos importe ser respetuosos con los demás animales y queramos evitar infligirles daño.

No hay ningún argumento racional ni tampoco ninguna realidad empírica que se oponga a la defensa del veganismo como nuevo paradigma moral y cultural. No se trata en realidad de si podemos ser veganos sino que se trata de si queremos serlo.

Entiendo que, si nos importa la ética, sólo debería ser cuestión de tiempo y esfuerzo el que consigamos reformar nuestra cultura para reconocer a los demás animales como sujetos de consideración moral.