9 de abril de 2013

Educar es la clave

           El mundo es vegano si lo quieres               

«Hay cientos de individuos atacando las ramas por cada uno que golpea en la raíz.»                                              ~ H. D. Thoreau
                                                                                 

En algunas otras entradas de este blog ya expuse los graves problemas que conllevan determinadas perspectivas que pretenden enfrentarse al problema de la explotación de los animales nohumanos, como es el caso de la denominada "acción directa" o el caso del regulacionismo [regular la esclavitud de los animales no humanos]. Ahora, quisiera exponer cuál es, a mi modo de ver, el camino que puede conducirnos a conseguir un cambio real y una solución efectiva. 

Entiendo que la forma más correcta y efectiva de conseguir el respeto para los demás animales —el respeto a sus legítimos derechos— es a través de la educación vegana. Tanto a nivel individual como nivel social. En esta entrada pretendo exponer una argumentación en favor de esta postura.

El motivo por el que explotamos a los demás animales nada tiene que ver con una supuesta maldad intrínseca a nuestra naturaleza. Tal vez algunos pocos individuos actúan por malicia, pero la gran mayoría simplemente han sido adoctrinados para ver a los demás animales como seres inferiores que existen para nuestro beneficio y de este modo asumir como algo normal el que los utilicemos en nuestro provecho, a costa de su libertad y sus vidas. 



Por tanto, la causa de nuestra violencia hacia los demás animales radica en el prejuicio; y la única posibilidad de remediarlo es revertir esa adoctrinación especista mediante la concienciación.

La gran mayoría de la gente es perfectamente capaz de empatizar con los demás animales y de comprender que está mal explotarlos. Sólo necesitan que alguien les informe y les ayude a tomar conciencia de ello.

Obviamente no todo lo que somos y hacemos tiene que ver con la educación que hemos recibido. Hay elementos de nuestra personalidad que son puramente biológicos y que la educación no puede cambiar. En todo caso quizás podemos canalizarlos, pero no anularlos. 

Yo coincido con la tesis del etólogo Konrad Lonrez que afirma que todos los tenemos un instinto de agresión que es inherente a nuestra naturaleza, y que es la causa biológica de que exista el comportamiento violento. Pero ese instinto –y esto también lo dice Lorenz– no tiene por qué desembocar necesariamente en violencia y destrucción, sino que puede ser canalizado en actividades constructivas y noviolentas, como son el deporte, el arte, o la cultura en general. Ésta es la función que cumple la educación.

Nuestra conducta es consecuencia de nuestra forma de sentir y pensar, de nuestras ideas y creencias asumidas. Por tanto, si no se produce primero un cambio profundo en la mentalidad de nuestra sociedad, si no erradicamos el especismo, los animales no humanos seguirán sufriendo la misma suerte que hasta ahora sin solución. 

El progreso moral ocurre primero en las mentes, y sólo después, como consecuencia, se refleja en las costumbres y las leyes.

Para cambiar de manera efectiva y real la situación de los animales no humanos mediante las leyes, antes tiene que haber necesariamente una base social de gente que apoye la abolición de su esclavitud, y que aplique ese principio moral en sus propias vidas: veganismo. Así lo recalca, por ejemplo, Gary Francione:
«El veganismo no es una mera cuestión de dieta; es un compromiso moral y político hacia la abolición en el ámbito individual y alcanza no solo lo referente a comida, sino también la ropa, otros productos, y otras acciones y elecciones personales. Transformarse en un vegano es lo único que podemos hacer hoy –ahora mismo– para ayudar a los animales. Representa un repudio a la condición de objeto de los no-humanos y el reconocimiento de su valor intrínseco.»
Con el término "político" entiendo que Francione se refiere a la abolición legal del estatus de propiedad de los animales. Es decir, a la abolición de su esclavitud y explotación institucionalizada en nuestra sociedad. Esa es la única aplicación coherente y efectiva del veganismo en el ámbito político/legal.

Pero para lograr este objetivo a nivel legal, primero es necesario que haya una importante masa social de veganos que se oponga activamente a la explotación de los animales no humanos; como explica de nuevo Gary Francione:
«El sistema legal nunca responderá de modo diferente a cuestiones relacionadas con animales a menos que y hasta que haya un cambio social significativo de manera que haya más gente que acepte la legitimidad de la abolición -el veganismo- en su vida cotidiana. Sólo entonces el sistema legal empezará a ser una herramienta útil para la lucha.»
Solamente cuando los veganos seamos una parte considerable de la sociedad, no sólo en número sino sobre todo en influencia moral y social, será cuando podamos aspirar de verdad a que haya un cambio real en nuestra relación con los demás animales.

Y para conseguir que el número de veganos siga creciendo, necesitamos enfocar nuestro tiempo y esfuerzo en el activismo educacional. La educación vegana es la tarea prioritaria. Debemos erradicar el paradigma moral especista que domina en nuestra sociedad, y encaminarnos hacia una cultura ética basada en la filosofía de los Derechos Animales. Sólo así la liberación animal —liberar a los demás animales de nuestra dominación— será una realidad y no solamente un ideal.

El activismo es un deber moral que está implícito en el propio principio del veganismo. La ética no es simplemente un asunto personal de cada uno, sino algo que nos atañe directamente a todos los que somos responsables de nosotros mismos. Así que es nuestro deber esforzarnos en conseguir que todos los agentes morales se comporten de acuerdo con las normas éticas. Pues todos ellos son perfectamente capaces de comprenderlas y de llevarlas a la práctica.

Ahora bien, la forma en que cada persona haga activismo educacional dependerá de sus propias posibilidades y capacidades. No todos tenemos la misma disposición para hacer las mismas cosas. Cada uno aportará en lo que mejor pueda o sepa. Pero deberá ser siempre de una forma explícitamente noviolenta. El veganismo es una extensión o corolario del movimiento por la no-violencia.

Obviamente nuestra actitud ante esta cuestión también dependerá de la perspectiva que tengamos. Porque quien sea pesimista, probablemente piense que no vale la pena gastar tiempo y esfuerzo en conseguir un mundo vegano, pues ya cree de antemano que tal cosa no es posible. Sin embargo, la historia nos muestra que el progreso moral es posible. El pesimismo no está justificado.

Éstas son las razones por las que el debate, y el diálogo interno, es necesario. Primero, comprender que el veganismo no es un tema meramente personal, sino un principio ético que todos debemos respetar. Segundo, entender que es también un deber el hacer activismo para difundir el veganismo. Tercero, asumir que la educación es el camino correcto y efectivo para avanzar hacia un cambio de paradigma moral basado en el reconocimiento de todos los seres sintientes como individuos con derechos.

El activista Harvey Milk dijo una vez: "El primer paso es siempre la hostilidad, y luego puedes sentarte y hablar sobre ello." Su experiencia le demostró que la gente puede cambiar de actitud con el tiempo. No creamos que las opiniones o creencias de la gente son inamovibles sólo porque al principio no quieran escucharnos o se resistan a plantearse el tema. Es una etapa inevitable dentro del proceso de cualquier cambio y progreso moral en la sociedad.

La educación vegana no abolirá la explotación animal de un día para otro pero sí podrá lograr erradicar la mentalidad especista que la causa.

El prejuicio especista, y también la mentalidad utilitarista, son la causa ideológica de la explotación animal que la motiva y perpetúa. Mientras esas ideas sean las predominantes en nuestra cultura, los demás animales seguirán siendo explotados y masacrados sin remedio. Por eso, tenemos que incidir en la raíz del problema para poder solucionarlo. Y esto es una tarea de todos nosotros sin excepción.

Para que un sistema cambie, primero tiene que cambiar la mentalidad que lo ha producido. La causa originaria de las injusticias está dentro de nosotros. Si no comenzamos cambiando nuestra forma de pensar y actuar entonces nada cambiará.

La educación vegana funciona. Sólo tenemos que enfocar nuestro tiempo y esfuerzos en ella y veremos los resultados. De hecho, ya los estamos viendo.

Algunos estudios apuntan a que, gracias en parte a internet y al trabajo de los grupos abolicionistas, el número de veganos y de gente que abandona progresivamente su participación en la explotación animal ha crecido exponencialmente desde hace varios años. Probablemente más gente se ha hecho vegana durante los últimos 15 años que en los 50 años anteriores. Y la tendencia sigue creciendo.

No se trata de una mera convicción. Los hechos muestran que el cambio real es posible; y éste se producirá más rápido cuantas más personas nos centremos en el activismo educacional.

La educación vegana no conseguirá abolir inmediatamente la explotación animal, pero sí logrará en breve plazo más veganos y menos víctimas.

Me gustaría terminar citando una acertada reflexión de la autora y activista Joan Dunayer:
«El especismo es la raíz de todos los abusos con que los defensores de los no-humanos buscan acabar. Necesitamos escribir y hablar en contra del especismo. Una vez la gente reconozca la inherente crueldad e injusticia del especismo, no habrá mayor necesidad de argumentar punto por punto cada cosa. Hasta que no reduzcamos el especismo en la sociedad, seguiremos tratando los síntomas en vez de curar la enfermedad. Al final, sólo un descenso sustancial del especismo puede emancipar a los nohumanos.»
Debemos asumir que los cambios profundos progresan lentamente, pero la clave para motivar ese cambio está en educar informando y fomentando el respeto y la empatía hacia el resto de animales. Sin información y concienciación no puede haber cambio real. 

Los cambios políticos y legales no serán posibles, ni serán justos y efectivos, hasta que una mayoría social deje de ver a los animales nohumanos como propiedades  —como objetos o recursos— y como seres inferiores que existen para nuestro beneficio y pasen a considerarlos como personas: personas no humanas.


Textos relacionados:

- Educación vegana


6 comentarios:

  1. Si algun día publicas un libro, seré el primero en comprarlo! Es un placer leerte Luis!

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    1. Muchas gracias, Dani. Eres muy amable.

      Hace años decidí abrir el blog debido a que mucha gente que conocía por aquel entonces me insistía en ello. Y creo que fue una gran decisión. Ahora, cada vez más personas me animan a que publique un libro, así que supongo que tendré que ceder a las presiones. No puedo postular ninguna fecha, pero como muy pronto tendrá que ser ya para el año que viene. Me temo que habrá que esperar. Antes de eso me gustaría - en algún momento antes de que termine este año - publicar un e-book con todo el contenido del blog (texto de las entradas y comentarios). Aunque de momento sólo son proyectos, así que ojalá que consiga organizar bien el tiempo y las energías para llevarlos a buen puerto.

      !Un abrazo!

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  2. Ese debería ser el fundamento principal del veganismo hoy en día. Ya va siendo hora de que los veganos afrontemos el asunto de manera realista y objetiva y que actuemos en consecuente con ello. Los veganos somos una abrumadora minoría dentro de la población mundial. Muchas veces me da la impresión de que estar envueltos permanentemente en un entorno vegano, en ámbitos veganos y con gente vegana nos aleja de la realidad. Somos una minoría y, además, una minoría ignorada y desconocida. La gente ni tan siquiera ha oído hablar del veganismo y las pocas poquísimas personas que conocen el término no pasan de vernos como cuatro radicales idealistas y medio hippies. Estando la situación así es un arduo ejercicio de auto-engaño pretender que se den cambios sustanciales y reales en cuanto a la situación del resto de animales.

    Es muy comprensible que la gente quiera ver cambios palpables, pero es irreal. Y también es comprensible que la gente sienta frustración al no apreciar dichos cambios y se dejen llevar por actos y conductas que en nada favorecen al movimiento. Todas las causas sociales han sido tremendamente largas y duras, y no hay ni un solo motivo para pensar que en este caso la cosa vaya a ser diferente. Al contrario, es el primer movimiento social en cuyas víctimas no pueden defenderse ni reclamar sus derechos en un lenguaje que podamos entender, y es un movimiento que no sólo cuestiona un ámbito concreto de la sociedad, sino todo el conjunto de la misma. No estamos hablando de si el resto de animales deben o no ceder sus asientos a los humanos en los autobuses o de si tienen o no derecho a ir a la universidad, estamos cuestionando desde lo que comemos y nos vestimos hasta el dentífrico que empleamos por las mañanas.

    No, señores. El resto de causas que se han dado hasta ahora a lo largo de la historia va a parecer que se produjeron en un fin se semana comparadas con ésta. Yo creo que es importante que asumamos eso de una vez por todas, primero para evitar frustraciones y desencantos, y segundo para enfocar nuestros esfuerzos hacia un objetivo más realista hoy en día: informar y difundir.

    La gente no tiene ni idea aún ni de que existe el veganismo. La obligación de nuestra generación es que eso cambie, que el veganismo sea conocido en cualquier rincón del planeta, tanto si va precedido de una concienciación como si no. Si conseguimos dejar a las generaciones futuras un mundo donde el veganismo sea tan conocido como lo es, por ejemplo, el feminismo, ya podremos darnos con un canto en los dientes. Eso es lo más importante hoy, informar. E informar de manera correcta, partiendo de la razón, que es el arma más poderosa que tenemos. No tratar de despertar compasión en la gente, sino el deber de justicia. El sentimiento de justicia es el más complicado de penetrar en el corazón de la gente, pero cuando lo hace enraíza con más fuerza que ningún otro.

    Saludos

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    1. Yo también seré de los primeros en comprar tu primer libro publicado Luis.

      Saludos y abrazos compañeros.

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    2. Gracias Miguel Ángel.

      Seguro que el hecho de que ya haya gente queriendo comprar el libro animará a alguna editorial a decidirse a publicarlo. Como diría un economista: "la demanda es lo que manda".

      Te mando un abrazo.

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    3. Hola, Igor.

      Estoy muy de acuerdo con lo que manifiestas. Y no creo que sea necesario añadir nada a lo sustancial de tus palabras. Solamente me gustaría señalar - en relación con lo que dices - que, por sorprendente que parezca, la gran mayoría de veganos que he conocido no dedicaban su activismo a difundir el veganismo. Es la gran paradoja. Algunos veganos incluso se oponían a ello (!). Todos ellos eran pesimistas respecto de la posibilidad de que el veganismo se difunda. Viven inmersos en una especie de profecía auto-cumplida. Es decir, si casi nadie se dedica a promover el veganismo entonces es comprensible que el veganismo apenas tenga presencia en la sociedad. Luego nos quejaremos de que nadie sabe ni lo que es.

      Estoy usando el término vegano en sentido amplio para referirme a aquellas personas que se oponen a que utilicemos a los demás animales y no participan en su explotación. Aunque incluso en este punto habría ciertos matices. Aunque no es el punto en discusión. En otras entradas ya he escrito sobre como se tergiversa el término o se utiliza de manera arbitraria.

      Por suerte, la aparición de internet, y el consiguiente crecimiento del veganismo en estos últimso años, ha demostrado que el único problema era que el veganismo no se estaba difundiendo. El veganismo ha sido ignorado deliberadamente por la mayoría de animalistas por considerarlo "utópico" o por no coincidir con sus propios prejuicios especistas. Los hechos demuestran que se equivocaban. Cuanto más se promueve el veganismo, más gente tomará la decisión de rechazar la explotación de animales no humanos. Esta entrada pretende colaborar en ayudar a comprender la decisiva importancia de la educación. Porque sin veganismo no hay liberación animal, y sin educación no hay posibilidad ninguna de éxito. Es absolutamente imposible que ninguna causa moral pueda prosperar si la inmensa mayoría de la población no sabe ni comprende en qué consiste dicha causa.

      Un abrazo, compañero.

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