29 de diciembre de 2015

Derechos Animales vs. El Mito Del Trato Humanitario




En el siguiente artículo, el profesor Tom Regan expone su análisis sobre aquella posición —supuestamente basada en el principio humanitario de que no debemos causar un sufrimiento innecesario a los otros animales— que es denominada como "Bienestar Animal" partiendo de varios ejemplos que describen lo que se hace con los animales en la industria de explotación animal bajo las regulaciones legales promovidas por los partidarios del "Bienestar Animal".

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Derechos Animales vs. El Mito Del Trato Humanitario

Tom Regan



Muchas personas nos ven como excéntricos declarados, de primer nivel, los primeros de la clase de los chiflados. Sin embargo, reducido a lo esencial, lo que nosotros defendemos es de mero sentido común.

Lo que nosotros creemos

Creemos que cada animal matado para alimentarnos, atrapado en una trampa para usar su piel, utilizado en laboratorios o entrenado para saltar por aros es alguien único, no un genérico “algo”. Creemos que les importa lo que les suceda. ¿Por qué? Porque lo que les sucede representa una diferencia en la calidad y la duración de sus vidas.

A este respecto, pensamos que los humanos y los animales son lo mismo, son iguales. De modo que todos los defensores de los derechos animales comparten un punto de vista moral común: no deberíamos hacerles lo que no querríamos que nos hicieran a nosotros. No comerlos. No llevar sus pieles. No experimentar en ellos. No entrenarlos para saltar por aros. Nosotros decimos: "No Jaulas Más Grandes, Sino Jaulas Vacías."

El "trato humanitario" en la legislación

Comparativamente hablando, pocas personas son defensoras de los derechos animales. ¿Por qué? Parte de la respuesta concierne a nuestras creencias dispares acerca de con qué frecuencia se trata mal a los animales. Nosotros opinamos que ésta es una tragedia de proporciones incalculables. Los no activistas creen que el maltrato apenas ocurre.

Que piensen así parece bastante razonable. A fin de cuentas, tenemos leyes que disponen cómo han de ser tratados los animales, y una cuadrilla de inspectores del gobierno para certificar que dichas leyes son obedecidas.

¿Qué requieren nuestras leyes? En el lenguaje de nuestra legislación federal más importante, el Acta de Bienestar Animal, los animales deben recibir "un cuidado y un trato humanitario." Es decir, los animales deben ser tratados con consideración y bondad, con misericordia y compasión, el auténtico significando de la palabra "humanitario." Así reza en cualquier diccionario estándar.

Si las cosas estuvieran tan mal como los activistas dicen que están, los inspectores del gobierno sacarían a la luz pública una enorme cantidad de casos de crueldad. Sin embargo, esto es precisamente lo que los inspectores de gobierno no encuentran.

Para el ejercicio económico 2001, el Servicio de Inspección de Salud de Animales y Plantas (APHIS) realizó 12.000 inspecciones. De este total, sólo se informó de 140 casos de posibles infracciones por dispensar un trato inadecuado a los animales. Esto significa una tasa de cumplimiento de la ley del 99%.

No es de extrañar que el gran público crea que, salvo raras excepciones, los animales son tratados con misericordia y bondad, con consideración y compasión.

Las inspecciones y el mito del "cuidado y trato humanitario"

Por desgracia, la confianza del público en lo adecuado de las inspecciones del gobierno es desacertada. Lo que los inspectores del APHIS consideran trato humanitario socava las propias inspecciones antes de que se lleven a cabo. Considere algunos ejemplos de lo que les ocurre a los animales en los laboratorios de investigación:

Gatos, perros, primates no humanos y otros animales son ahogados, asfixiados, y matados de hambre.

Son quemados, sometidos a radiaciones, y utilizados como "conejillos de indias" en la investigación militar.

Se les extraen los ojos quirúrgicamente y se destruye su audición.

Son desmembrados, y sus órganos son aplastados.

Se utilizan medios invasivos para provocarles infartos, úlceras y convulsiones.

Se les priva del sueño, se les somete a electroshock, y se les expone a calor y frío extremos.

Cada uno de estos procedimientos y resultados cumple con el Acta de Bienestar Animal. Todos obedecen a lo que los inspectores del APHIS consideran "un cuidado y un trato humanitario”. Y las cosas son aún peores.

Está yendo a peor

Se estima que el número anual de animales utilizados en laboratorios de investigación sujetos a inspecciones del APHIS es unos 20 millones. Esta cifra, a pesar de ser considerable, resulta insignificante al lado de los 10 mil millones de animales matados al año para ser comidos, sólo en los Estados Unidos. 

Sorprendentemente, los animales de granja son explícitamente excluidos de la protección legal que proporciona el Acta de Bienestar Animal. Esto es lo que el APA dice: 
«[En el Acta de Protección Animal] el término 'animal'... excluye a caballos no empleados para la investigación y otros animales de granja, tales como, aunque no exclusivamente, el ganado o las aves, utilizados o destinados a convertirse en alimento (o tejido). . .»
¿Pero si no es nuestro gobierno, entonces quién decide qué significa un cuidado y un trato humanitario para los animales de granja? En la política real sobre la ganadería americana, es la propia industria de animales de abasto la que escribe las reglas. ¿Y qué tipo de trato permiten esas reglas? Veamos algunos ejemplos:

Las terneras pasan toda su vida confinadas individualmente en estrechos establos tan reducidos que no pueden darse la vuelta.

Las gallinas ponedoras viven un año o más en jaulas del tamaño de un cajón de escritorio, siete gallinas o más por jaula, tras el cual son sistemáticamente privadas de comida durante dos semanas para inducir un nuevo ciclo de puesta.

Las cerdas son instaladas durante cuatro o cinco años en cercos individuales rodeados de barrotes ("establos de gestación") escasamente más anchos que sus cuerpos, donde son forzadas a dar a luz camada tras camada.

Hasta que saltó la reciente alarma de las “Vacas Locas”, las vacas demasiado débiles para mantenerse en pie eran arrastradas o empujadas hasta el matadero.

Los gansos y los patos son forzados a ingerir el equivalente humano a 30 libras de alimento por día para agrandar su hígado, lo mejor para satisfacer la demanda de foie gras (arcaica tradición francesa).

Todas estas condiciones y procedimientos ponen de manifiesto el pertinente compromiso de la industria con la misericordia y la bondad, la compasión y la consideración.

No olviden la fibra

Conforme a lo dispuesto en el Acta de Bienestar Animal, existen más animales, además de los destinados a ser "alimento", que no alcanzan la consideración de animales. Esto es válido para cualquier animal empleado en la industria textil. En la del cuero, por ejemplo. O la lana. O la piel. Esto son hechos, no ficción. Los animales cuya piel utilizamos, tanto si son atrapados en trampas como si son criados en granjas peleteras, están exentos incluso de la escasa protección legal proporcionada por el APA. Como sucede en la ganadería, la industria peletera establece sus propias medidas y regulaciones de "cuidado humanitario"

¿Y qué cosas permiten las granjas peleteras o las trampas “humanitarias”? Aquí tenemos algunos ejemplos:

En las granjas, los visones, chinchillas, mapaches, linces, zorros y otros animales son confinados en jaulas de tela metálica durante toda su vida.

Las horas que están despiertos las pasan desplazándose de un lado al otro, o haciendo círculos con la cabeza, o saltando hacia los lados de sus jaulas, o automutilándose, o comiéndose a sus compañeros de jaula.

Se les mata rompiéndoles el cuello, o por asfixia (utilizando dióxido de carbono o monóxido de carbono), o introduciéndoles barras eléctricas por el ano para "freírlos" de cabo a rabo.

Los animales atrapados en trampas tardan un promedio de 15 horas en morir.

A menudo se arrancan a sí mismos los miembros atrapados en un vano intento por salvar sus vidas.

Todo es perfectamente legal; cada detalle ocurre de acuerdo con los estándares de bondad y misericordia, de consideración y compasión de la industria. Aquellos de nosotros que ya tenemos una cierta edad recordamos las inmortales palabras del locutor de televisión Howard Beale, en la Red cinematográfica. Todo es una locura, decía Beale. El mundo está patas arriba. La gente debería enfadarse. Enfadarse de verdad. "!Quiero que todos ustedes se levanten de sus sillas!," decía Beale a sus espectadores, "Vayan hacia la ventana, ábranla, saquen la cabeza, y griten, '!estoy absolutamente furioso y no voy a permitir esto ni un minuto más!'"

Tiempo de ira

Las personas que confían en lo que los portavoces de la industria y los inspectores del gobierno les dicen acerca del "cuidado y el trato humanitario" de los animales deberían seguir la recomendación de Howard Beale. Deberían enfurecerse por dos razones.

Primero, deberían enfurecerse por cómo se les ha tratado. La pura realidad es que no se les ha dicho la verdad. Han sido desorientados y manipulados por los portavoces de la industria y del gobierno. "No hay nada de qué preocuparse. Público, confíe en nosotros: todo está en orden en los laboratorios, en las granjas, en el campo. Los animales reciben un trato humanitario." ¿Confía en nosotros? Esperemos que ya no.

Segundo, la gente debería enfurecerse por cómo se trata a los animales. Cuando los animales son desmembrados y sus órganos aplastados; cuando se les hace enfermar a través de la alimentación que son forzados a comer y pasan la vida entera solos, aislados; cuando son gaseados hasta morir o se les rompe el cuello: no existe maquinaria propagandística en el mundo que pueda transformar estos hechos espantosos en lo que no son.

Si llega el día en que el gran público se enfurece, el número de defensores de los derechos animales empezará a alcanzar niveles sin precedentes. Cuando ese día llegue, pero no hasta entonces, nuestra esperanza compartida en un mundo en el que los animales sean de verdad tratados humanamente tendrá por fin unas bases sólidas sobre las que asentarse. 



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Este artículo de Tom Regan es otra aportación que nos ayuda a comprender por qué el denominado´Bienestar Animal´ es un fraude empírico y moral.

Es un fraude moral porque no aporta ninguna razón que justifique que utilicemos a otros animales como recursos para nuestro beneficio. Simplemente da por hecho que tenemos legitimidad en someter y matar a los demás animales en tanto que eso beneficie a los humanos.

Es un fraude empírico porque la posición del ´Bienestar Animal´ no sólo acepta y promueve la explotación de animales no humanos sino que considera que esclavizarlos y matarlos es compatible con su bienestar. Sin embargo, si estas prácticas se aplicaran sobre seres humanos, la gente las calificaría como tortura.

El simple hecho de que los animales que son víctimas de esta explotación no sean humanos es la única diferencia que podemos alegar para establecer una valoración diferente. Es decir, no podemos establecer ninguna diferencia que sea moralmente relevante, pues la diferencia de especie es equivalente a la diferencia de sexo o de raza.

Oponerse al "Bienestar Animal" no es oponerse al bienestar de los animales no humanos sino que se basa precisamente en denunciar que esa posición atenta directamente contra su bienestar —además de contra su libertad y su vida— y que las reformas de la explotación animal no ayudan a eliminar el sufrimiento que causamos a los demás animales y que, de hecho, sólo han servido para perpetuarlo y agravarlo.

Como acertadamente explicaba Joan Dunayer:
«Los bienestaristas a menudo acusan a los defensores de los Derechos Animales de ser insensibles al sufrimiento de los nohumanos. Nada podría estar más lejos de la realidad. Los defensores de los Derechos Animales entienden que ninguna víctima de la industria alimenticia cuenta con verdadero bienestar. Los animales considerados dispensadores de huevos, leche o carne son acordemente tratados como cosas, no como personas. Con el bienestarismo el sufrimiento sigue y sigue y sigue aumentando. Debemos hablar y actuar demostrando y demandando pleno respeto para los animales nohumanos. Sólo ese respeto máximo puede reducir, y finalmente acabar, con el sufrimiento masivo.»
Por todo ello, quien esté a favor de los Derechos Animales debería oponerse activamente al "Bienestar Animal" por ser una posición ideológica y un instrumento práctico en favor del sometimiento y la destrucción de los animales nohumanos.

La única forma real y efectiva de dejar de hacer daño innecesariamente a los demás animales es dejar de utilizarlos —dejar de consumirlos.

18 de diciembre de 2015

«Pseudociencia en el Movimiento Animalista»





Este artículo del profesor Casey Taft  es una continuación de otro artículo anterior titulado El Activismo Animalista Y El Método Científico en el que explicaba cómo los grupos bienestaristas manipulan los datos para intentar forzarlos a que encajen sus ideas. En esta entrada veremos como esta deshonestidad no es un caso puntual sino que parece ser algo sistemático de esos grupos.

La supuesta "ciencia" que las organizaciones bienestaristas están promoviendo para intentar justificar su forma de actuar no es tal ciencia. No es ciencia sino pseudociencia. Yo diría que ellos quieren hacer creer –engañar– a la gente que su activismo reformista es más efectivo que el activismo de los abolicionistas veganos, para así conseguir su apoyo y, sobre todo, su dinero.

No cabe duda de que debemos introducir el método científico en nuestro activismo para poder valorar y mejorar su eficacia. Pero antes, sería necesario comprender la diferencia entre la ciencia real y la estafa pseudocientífica que los bienestaristas están difundiendo. 

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Expuse anteriormente mi análisis acerca de una investigación en la que Humane Research Council (ahora renombrada Faunalytics) malinterpretaba los datos para intentar defender la idea de que debemos promover que la gente reduzca su consumo de carne en lugar de promover el veganismo. Tal y como señalé, sus datos apuntaban justo lo contrario de lo que manifestaban en sus conclusiones e indicaban que debemos promover el veganismo en lugar del "reducetarianismo". Otros fallos del estudio radicaban en la ausencia de hipótesis testables basadas en una teoría y que habían maldefinido el veganismo y lo consideraban como una dieta en lugar de una posición ética contra el uso de animales. Además, no habían dispuesto sus hallazgos a la revisión por pares, lo cual es un práctica estándar en la comunidad científica.
Así que cuando vi que otro grupo, el Humane League Labs, ha publicado un reciente estudio que de forma similar concluye que debemos animar a la gente a reducir su consumo de animales en lugar de eliminarlo completamente, me mostré escéptico al respecto. Leí el informe completo, por supuesto, para comprobar si sus datos coincidían con sus conclusiones. Tal y como sospechaba, no fue así.
La premisa de este estudio ya la hemos visto antes. Ellos repartieron propaganda que "trataba sobre la crueldad de las granjas industriales y los beneficios para la salud de eliminar los productos animales de nuestra dieta". Después, los autores repartieron ocho planfletos diferentes que exponían varias cuestiones: algunos animaban a lectores a "comer vegano"; otros animaban a "comer vegetariano"; otros animaban a "comer menos carne"; y otros animaban a "reducir o suprimir" la carne y otros productos animales. 
Al igual que en el anterior estudio que critiqué, aquí también hay serios problemas teóricos y metodológicos. De nuevo, el mayor problema respecto de este estudio es que el veganismo no está apropiadamente presentado. Un mensaje vegano no se enfoca sólo en las "granjas industriales" sino que discute la moralidad de utilizar a los animales en cualquier forma. Tampoco se enfoca en la salud. Por tanto, si los autores quieren sacar inferencias sobre el mensaje vegano y su efectividad, entonces deberían referirse al verdadero mensaje vegano.
No voy a analizar los problemas metodológicos en detalle pero el enfoque utilizado no se podría considerar aceptable si fuera sometido científicamente a una revisión por pares. Los principales problemas incluyen un bajo nivel de respuesta en el seguimiento [menos de la mitad] y la ausencia de contabilidad de los datos faltantes [esto es: análisis de datos incompletos]; la confianza en "la calificación por puntos" que es un enfoque claramente débil en el análisis de datos; una falta de claridad acerca de cómo fue la selección aleatoria de los participantes; y una cantidad de grupos desequilibrada.
Sin embargo, lo más preocupante es cómo los datos fueron malinterpretados de manera coincidente con la visión de este grupo. Los que estaban en el grupo de "control" redujeron su consumo de carne y lácteos en mayor medida que los otros grupos. Más aún, los únicos hallazgos estadísticamente significativos fueron aquellos que demostraban que los que estaban en el grupo de control reducían su consumo en mayor medida que quienes recibieron diferentes mensajes. En otras palabras, el único resultado "significativo" a partir del análisis de datos es que los individuos reducen su consumo de carne y lácteos en mayor medida cuando no se les anima a cambiar nada que cuando se les anima a hacer alguna clase de cambio en su consumo. Estos resultados contraintuitivos sugieren que los problemas metodológicos que anteriormente analicé conllevan que todos los datos obtenidos sean cuestionables. En definitiva, los resultados no tiene sentido, y es razonable mostrarse escéptico sobre que podamos sacar algo en claro de todo esto.
Los autores, por otro lado, han interpretado estos resultados que no tienen significado estadístico de forma que concluyen que el mensaje "reduce o suprime" la carne y otros productos animales "sería el enfoque más efectivo" para conseguir que la gente reduzca su consumo de productos animales. Estas conclusiones son injustificadas de acuerdo a los datos actuales, la falta de significado estadístico entre los grupos [excepto por las diferencias mostradas en aquellos que no recibieron ningun mensaje y que fueron los que más redujeron su consumo], y los problemas metodológicos que ponen en cuestión la validez de los datos.
La pseudociencia es "una afirmación, creeencia, o práctica que es presentada como científica pero que no se ajusta a la metodología científica válida, carece de evidencia que la apoye, no puede ser probada de forma estable, y demás carencias de tipo científico." Cuando una organización realiza un estudio y malinterpreta datos erróneos para adecuarlos a su tipo de activismo, está incurriendo en la pseudociencia. Esta clase de prácticas parecen ser demasiado comunes en el ámbito animalista, lo cual es decepcionante y potencialmente peligroso. Medios informativos y otras organizaciones difunden las conclusiones de este estudio asumiendo que son válidas. Las organizaciones que llevan a cabo esta clase de trabajo pueden afirmar falsamente que su forma de trabajar está "basada en la evidencia". Es potencialmente dañino para los animales promover la idea de que una forma de activismo es más efectiva que otra basándose en estudios profundamente sesgados y erróneos. Podemos y debemos hacerlo bastante mejor que esto.
Texto original en inglés: 


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Creo que tengo claro lo que ha sucedido. Muchos bienestaristas dejaron de consumir animales por estar en contra del sufrimiento y se autodenominaron "veganos", pensando que el veganismo era una simple dieta o estilo de vida. Pero ahora se dan cuenta de que el veganismo como principio ético es lo contrario de lo que ellos defienden –ellos están a favor de la explotación animal si es para acabar con el sufrimiento– y por eso difunden toda clase de propaganda para desacreditar el veganismo y distorsionar radicalmente su significado original.

10 de diciembre de 2015

No Somos Su Voz



"No sólo los animales son incapaces de defender sus derechos, sino que son igualmente incapaces de defenderse de quienes profesan defenderlos. A diferencia de nosotros, no pueden desconocer o rechazar las declaraciones que hacen en su nombre." — Tom Regan 

Me resulta problemática esa idea difundida por algunos grupos animalistas que afirma que nosotros somos, o debemos ser, "la voz" de los otros animales. Me parece controvertida por varias razones.

Primero; porque ellos no son mudos ni inexpresivos. Ya tienen su propia voz. Poseen su propio lenguaje y forma de expresión, aunque nosotros no les podamos entender. 

Segundo; porque ellos no nos han elegido como sus representantes. Por tanto, no podemos ser sus portavoces legítimos. 

Tercero; porque lo que en realidad hacemos siempre es ser la voz de nuestros propios deseos o de nuestra interpretación de una teoría moral acerca de lo que debemos hacer y de la diferencia entre el bien y el mal.

Es posible que ese lema de que "somos su voz" nos resulte muy evocador. Pero el solo hecho de que algo nos guste no conlleva que esté bien. A mucha gente le gusta comer animales y eso no significa que esté bien. Eso no es un criterio válido. Y no importa que la finalidad que se pretenda sea supuestamente buena. No somos su voz y, por tanto, no deberíamos creer ni decir que lo somos.

No es correcto confundir nuestra voluntad o nuestros deseos particulares con la voluntad o los deseos de los otros animales. El problema sucede cuando algunas personas sí lo confunden: creen que lo que ellos piensan y desean equivale exactamente a lo que otros animales piensan y desean en una circunstancia particular. Pero no es necesariamente así, puesto que no podemos conocer el contenido concreto de la voluntad y el pensamiento de los demás animales.

Sabemos que los demás animales son seres sintientes; seres dotados de conciencia, seres con una mente que tienen voluntad e intereses propios. 

Sabemos que la lógica moral indica que su individualidad y sus intereses no deben estar supeditados a nuestros deseos y necesidades; y que ellos poseen un valor inherente que no debemos violar por razones instrumentales.

Eso, y lo directamente relacionado con ello, es todo lo que podemos saber a ciencia cierta. Se trata de datos objetivos que podemos comprobar y demostrar. Más allá de esto, considero que creer que nosotros podemos saber qué es lo que piensan y desean otros animales sobre cada situación de su vida sería simple especulación o una suplantación.

No podemos saber lo que ellos pensarían u opinarían sobre su situación específica. Ellos no nos hablan ni nos comunican sus ideas en un lenguaje que podamos entender. 

Por tanto, no somos "la voz" ni los representantes de la voluntad de otros animales. Lo único que podemos representar es nuestros propios deseos o, aparte, nuestra idea de que lo es moralmente correcto y debemos hacer.

Por todo ello, pienso que no deberíamos decir que somos "la voz" o los representantes de la voluntad de otros animales. No actuamos en nombre de otros animales, ni somos sus portavoces. Sólo actuamos en nuestro propio nombre o en el de lo que consideramos que está bien y que estamos moralmente obligados a hacer.

24 de noviembre de 2015

«El Activismo Animalista y el Método Científico»




Este texto es el primero de una serie de artículos que tratan acerca de la efectividad del activismo basada en la evidencia. Su autor es el profesor Casey Taft, especialista académico en psicología, quien amablemente me ha dado su aprobación para traducirlo al español.

El texto forma parte de una respuesta razonada a la propaganda de los grupos bienestaristas que está difundiendo la idea de que promover el veganismo no es la manera más efectiva de conseguir que la gente deje de apoyar la explotación animal y que tratan de adornar su mensaje anti-vegano con referencias pseudocientíficas que carecen de evidencia probada.

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Como alguien que ha dedicado su carrera a estudiar y practicar el método científico tanto como autor como editor responsable de determinar la aceptación o el rechazo para la publicación, estoy sorprendido por la falta de respeto al método científico en el activismo animalista. Esto sucede en la preparación de estrategias, su evaluación y la interpretación de tales estrategias. Aquí discuto un estudio recientemente publicado [Humane Research Council Study of Current and Former Vegetarians and Vegans"] y la manera en que esa investigación no se ajusta al método científico establecido.
Algunos recientes estudios en esa misma línea han sido difundidos y he observado que hay activistas que han adoptado un cambio de enfoque como resultado. Estoy advirtiendo acerca de confiar seriamente en esos estudios como base para preparar el activismo debido a que a menudo no siguen las pautas del método científico y, por tanto, las conclusiones que podemos deducir de ellos son limitadas.
Antes de analizar el estudio de la HRC [Humane Research Council], expongo algunas bases del método científico que son habitualmente ignoradas en la preparación del activismo animalista:
1. Generar una lista de hipótesis testables que estén basadas en una teoría específica o en un modelo conceptual. Si un estudio no aporta predicciones acerca de lo que el análisis de datos debería mostrarnos, entonces las hipótesis no pueden ser testadas y el estudio debe ser considerado exploratorio.
2. Definir y medir operacionalmente los constructos de interés de una forma clara usando definiciones aceptadas.
3. Establecer conclusiones avaladas por el análisis de los datos y no ir más allá de lo que señala la evidencia.
4. Enviar la investigación a un proceso de revisión por pares en el que otros expertos del mismo campo puedan evaluar y asegurar que la investigación es científicamente correcta y no sesgada.
Para aquellos que no estén familiarizados con el estudio de HRC,  se trata de un estudio epidemiológico sobre 11.000 sujetos para comprender los factores que llevan a alguien a adoptar una dieta vegetariana o una "vegana" a largo plazo. Para propósitos del análisis estadístico, los "veganos" (queriendo referirse a aquellos que adoptan una dieta exclusivamente vegetal) y los vegetarianos fueron agrupados juntos. El principal hallazgo encontrado fue que había cinco veces más personas que habían abandonado la dieta vegetariana y la vegana que las que seguían con ellas actualmente. Lo cual sugiere que la adhesión a ese tipo de dietas es mínima y problemática.
Basándose en una serie de análisis que comparan a esos dos grupos de personas, los autores extraen una serie de conclusiones entre las que incluyen que debemos hacer un énfasis en la reducción del consumo de animales –en vez del cese completo– y que debemos centrarnos más en el "cómo" se aplica el vegetarianismo y el veganismo –en vez del "por qué" del vegetarianismo y el veganismo.
Ahora vamos a repasar las bases del método científico que expuse anteriormente para ver como se aplicarían a ese estudio.
Generar una lista de hipótesis testables que estén basadas en una teoría específica o en un modelo conceptual. Los autores no presentan hipótesis específicas y no muestran sus predicciones antes de realizar el análisis. Por tanto, no sabemos lo que pretenden demostrar al comienzo el estudio y la interpretación de los resultados debe ser tomada con precaución.
Definir y medir operacionalmente los constructos de interés de una forma clara usando definiciones aceptadas. El "veganismo" en este estudio no fue definido según la definición aceptada por la Vegan Society: "El veganismo es una forma de vida que excluye, hasta donde sea posible y práctico, todas las formas de explotación y crueldad hacia los animales ya sea para alimentación, vestimenta o cualquier otra finalidad". Los autores definen el veganismo como si fuera una dieta pero el veganismo no es una dieta. Más aún, los veganos y vegetarianos fueron agrupados como iguales a pesar de que en realidad se trata de dos grupos muy diferentes respecto de sus motivaciones sobre el rechazo al uso de animales.
Si se hubiera asumido las definiciones correctas de "vegano" y "vegetariano" en el análisis sobre la permanencia de una dieta sin carne, estoy seguro de que los veganos habrían mostrado un índice muchísimo más alto de continuidad que los vegetarianos. La conclusión a partir de este análisis sería que debemos promover directamente el veganismo en lugar de estadios intermedios respecto de ese objetivo.
Establecer conclusiones avaladas por el análisis de los datos y no ir más allá de lo que señala la evidencia. Curiosamente, las conclusiones esgrimidas por los autores acerca de que debemos preferir un enfoque centrado en reducir el consumo de carne –en oposición a abolir su consumo– y en el "cómo" llevar a cabo una transición a una dieta sin carne –en oposición al "por que"– parecen alejarse considerablemente de lo que los resultados muestran en realidad. Las variables más importantes que determinan por qué alguien permanece vegano o vegetariano se referían a razones relacionadas con los derechos animales, el medio ambiente, o la justicia social. Más concretamente, aquellos que indicaron que seguían una dieta vegetariana o una vegana debido a "proteger a los animales", "sentimientos de disgustos respecto de la carne y los productos animales", "preocupación por el medio ambiente", y "la justicia social y el hambre en el mundo" eran precisamente los que mantenían indefinidamente su dieta sin carne. Un análisis separado mostró que el principal desafío para mantener una dieta sin carne entre los participantes del estudio era que ellos no veían el vegetarianismo o el veganismo como parte de su identidad.
A través de todos los análisis expuestos, las variables que se refieren a la empatía con otros fueron las que mostraron una mayor conexión con la continuidad de una dieta sin carne que aquellas referentes a la salud, el gusto, la influencia social, las creencias religiosas/espirituales, la moda, o los antojos. Cuando lo hacemos por los animales, estamos más lejos de volver a consumir productos animales. En otras palabras, el estudio sugiere que debemos promover el veganismo según su definición establecida de evitar hacer daño a otros. Y debemos motivar a la gente a que se identifique como vegana y elimine los productos animales de sus vidas. En definitiva, los resultados sugieren que debemos enfocarnos en el "por qué" del veganismo –terminar con la crueldad hacia los animales–, poner un mayor énfasis en animar a otros a que eviten hacer daño a los animales –en lugar de reducir su consumo de carne–, y trabajar por incrementar la identificación con el veganismo –en lugar de debilitarlo.
Enviar la investigación a un proceso de revisión por pares en el que otros expertos del mismo campo puedan evaluar y asegurar que la investigación es científicamente correcta y no sesgada. Si el estudio de HRC hubiera sido revisado científicamente, al menos algunos de los puntos que he señalado habrían sido notificados y los autores habrían tenido que responder a cada uno de ellos en un documento corregido –e incluso haberlo rehecho– para que pudiera ser publicado. El proceso de revisión por pares es lo que aporta legitimidad a un estudio y demuestra que supera un cierto umbral de mérito científico, ayuda a eliminar el impacto que la parcialidad del investigador haya podido tener sobre la intepretación de los resultados, y contribuye a mejorar la ciencia en general. Reconozco que hay limitadas opciones de publicación para un estudio de esta naturaleza en revistas científicas, aunque debemos encontrar una forma más científicamente rigurosa de revisar estos trabajos para que puedan ser considerados eficaces.
Está claro que los datos mostrados aquí son potencialmente evaluables y pueden ayudarnos a responder cuestiones importantes. El valor de estos esfuerzos puede ser reforzado si las cuestiones e interpretaciones se sometieran a un escrutinio riguroso y a la respuesta por parte de otros en las comunidad científica y vegana. Es importante para quienes hacemos activismo por los animales que leamos investigaciones comprendiendo que la investigación es un proceso humano y que debemos ser conscientes de sus limitaciones.
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16 de noviembre de 2015

Come Con Conciencia



«Todos opinamos que nos importan los animales y consideramos que tienen algún valor moral. Todos estamos de acuerdo en que está mal infligir sufrimiento y dar muerte innecesaria a los animales, y sin importar cualquier desacuerdo que pudiéramos tener con respecto a cuándo el uso de animales es necesario– todos estamos de acuerdo en que el placer humano, el entretenimiento, o la conveniencia no pueden justificar el sufrimiento y la muerte de animales.» ─ Anna Charlton & Gary Francione

En el libro «Come Con Conciencia» todas las principales cuestiones relacionadas con la aplicación del veganismo en el ámbito de la alimentación son respondidas en pareja por Anna CharltonGary Francione. Es un texto dirigido a un público general, por lo que resulta muy adecuado para recomendar o regalar a las personas de nuestro entorno para que conozcan mejor la postura vegana.

El texto responde de forma ordenada y didáctica a todas las principales cuestiones planteadas acerca de lo que supone rechazar el uso de animales para alimento; abarcando diferentes puntos de vista: ético, nutricional, medioambiental. Es quizás el texto más completo que podamos encontrar sobre este tema específico.

El objetivo del libro es demostrar argumentadamente que el rechazo a la utilización de animales es la única conclusión racional a la que podemos llegar si aceptamos que los demás animales no son cosas y tienen un valor moral, y que además ese rechazo no supone en ningún caso perjudicar nuestra salud y calidad de vida sino que incluso supone mejorarla. Asimismo, dejar de consumir animales no significa dejar de disfrutar del placer de la comida. La cocina vegana es rica y variada en sabores.

Si estamos de acuerdo en que no es correcta hacer daño a los animales innecesariamente entonces, por coherencia, debemos rechazar su utilización para servir de comida si no queremos caer en una flagrante contradicción entre nuestra forma de pensar y nuestra forma de vivir. El mismo razonamiento se podría aplicar el resto de fines [vestimenta, ocio,...] por los que son explotados los animales.

En definitiva, se trata de una herramienta muy útil tanto para quienes se inician en el veganismo, o tienen interés en conocerlo, como para aquellos veganos que desean tener recopiladas en un solo documento todas los principales objeciones que se suelen plantear acerca de este tema.

!Ah! y si después de terminarlo os quedan más ganas de lectura, no deberiáis perderos la estupenda recopilación realizada en el blog Lluvia Con Truenos, de libros relacionados con la filosofía del veganismo y su práctica.


9 de noviembre de 2015

El negocio animalista y su comercio con la desgracia de los animales




La organización "IgualdadAnimal" (IA) vuelve a lanzar por enésima vez su campaña sobre el comercio de perros (y gatos) en China para servir de comida a los humanos. 

De nuevo, nos encontramos con esta campaña que ningunea a los demás animales que no son perros y gatos. Una campaña que pide específicamente que se acabe con esa explotación sobre perros y gatos; como si no hubiera ahora mismo otros animales sometidos a la misma opresión. Esto es un ejemplo del especismo que existe dentro del ámbito animalista. Esa campaña ignora deliberadamente al resto de animales que son igualmente explotados por el mismo motivo: porque no son humanos.

Imaginemos que existiera una campaña contra la violación de mujeres blancas en China. ¿Acaso apoyaríamos o aceptaríamos semejante campaña? Esa campaña podría justificarse apelando a que al estar dirigida al público occidental, y siendo éste de mayoría blanca, se sentiría más identificados con esas mujeres. Esa iniciativa es claramente racista. Esa campaña fomenta el racismo y no es aceptable independientemente de de las supuestas –e improbables– consecuencias buenas que pudiera tener. No sólo las mujeres blancas son víctimas de violación en China, ni sólo en China hay violación. Esa hipótetica campaña sería tan absurda e inmoral como lo es la campaña sobre el consumo de perros –y gatos– en China.

Las supuestas buenas intenciones, o las posibles consecuencias, no justifican moralmente hacer una campaña centrada en una especie que discrimina al resto de animales que están sometidos a la misma explotación. Eso implicaría asumir que el fin justifica los medios: que si la consecuencia que buscamos conseguir es buena entonces podemos hacer lo que nos dé la gana para conseguirla. Aquí tenemos precisamente la misma forma de pensar inmoral que sostiene la explotación animal.

La campaña de IA dice que supuestamente han conseguido "cerrar mataderos" de perros y gatos, pero lo que no te cuentan es que otros han abierto en su lugar. Cerrar un matadero por incumplir una normativa legal no impide que abran otros nuevos en el futuro inmediato, que cumplan esa normativa, para satisfacer la demanda del consumo de animales. La explotación existe porque existe la demanda. Mientras haya demanda, seguirán existiendo mataderos. Así que esa campaña no ha ayudado ni ha conseguido nada para los perros y gatos, o demás animales, que son explotados para servir de comida a los humanos.

Incluso aunque hipotéticamente consiguieran acabar en el futuro con la explotación de perros y gatos para comida, esto no significaría que esos animales dejaran de ser explotados para otros fines: mascotismo, experimentos,.... Ni tampoco significa que los chinos dejen de comer animales y sustituyan ese consumo por vegetales. Lo que harían en todo caso sería sustituir el consumo de perros por el consumo de vacas, cerdos, pollos, conejos, peces u otros no-humanos.

Una campaña contra el uso de perros para comida está implícitamente diciendo que no hay problema en comer vacas, cerdos, y otros animales.




La campaña de IA no ha conseguido que nadie se replantee su prejuicio especista. Todo lo contrario. Lo que consigue es que la gente siga creyendo que discriminar moralmente en base a la especie –especismo– es algo que está bien y que comer animales es algo que está bien siempre que no sean perros y gatos. Esto es especismo en su máxima expresión y es lo que esa campaña está difundiendo.

En un reciente programa de radio en el que se entrevista a Javier Moreno, director de IA, para que explique la campaña; él en ningún momento señala que lo que hacen en China es moralmente lo mismo que hacemos aquí con los animales que comemos. Es una de las locutoras del programa, Daniela Blume, la que por su cuenta establece la conexión con lo que nosotros hacemos a los demás animales. Pero después de eso, Javier Moreno continúa con su discurso sobre los perros en China. Él sigue ignorando deliberamente a los demás animales y sólo le interesa promover su campaña para recaudar dinero.

Si alguien supuestamente se interesara por el veganismo a través de una campaña especista con más razón podría haber llegado del mismo modo sin necesidad de una campaña especista. Una campaña vegana podría haber concienciado mejor aún a esa persona. No tenemos necesidad de recurrir a esas campañas injustas que perpetúan el prejuicio del especismo. Si alguien llega a conocer el veganismo no es gracias a esas campañas sino más bien a pesar de ellas.

Si en efecto la misma matanza que sucede en China está ocurriendo a pocos kilómetros de nuestras casas, en las granjas y en los mataderos, carece por completo de sentido que denunciemos las matanzas que ocurren en otros países lejanos ignorando lo que está sucediendo en nuestro entorno cercano. No se trata sólo de una cuestión de contexto o de cercanía, porque si nosotros consumimos productos de origen animal entonces esas matanzas las estamos sosteniendo directamente nosotros.

¿Por qué se hacen este tipo de campañas? Porque es un negocio para sus autores. No es activismo. Casi todo el mundo occidental está de acuerdo en que no deberíamos comer perros ni gatos. Por ello las organizaciones corporativas animalistas se centran sólo en esas especies y piden dinero, diciendo que ellos van a acabar con esa explotación en China, aprovechándose de la compasión de la gente. Su intención primaria es conseguir dinero para poder vivir de un negocio basado en explotar la explotación animal.

Los humanos comerciamos con las vidas de otros animales y, dentro de ese comercio esclavista, las organizaciones animalistas corporativas comercian para su lucro personal usando la desgracia que padecen los animales nohumanos.

Por todo ello, pienso que nadie debería apoyar esa campaña. Que cada uno reflexione por sí mismo acerca del asunto y saque su propia conclusión. 



30 de octubre de 2015

Consentimiento



«Es obvio que ningún animal no humano podrá nunca dar su consentimiento voluntario para ser usado en un experimento. Pero si una situación así plantea problemas morales en el caso de los seres humanos, y si intentamos dejar de lado todo prejuicio de especie, ¿no habrá de plantearlos en el caso de los animales?» ~ Jorge Riechmann

Usar a otros animales es sinónimo de explotarlos, porque al utilizarlos lo hacemos sin su consentimiento

Usar no es siempre sinónimo de explotar. Se puede usar a alguien sin explotarlo. La explotación ocurre cuando se usa a alguien exclusivamente como un medio para un fin, como si fuera un mero recurso, y no se le respeta como un fin en sí mismo. Es decir, la explotación es un tipo de uso que considera a otros seres como simple recursos para nuestro propio beneficio.

Por ejemplo, si alguien nos hace una pregunta nos está usando. Nos trata como un medio para un fin: conseguir una respuesta. Pero no nos trata solamente como un medio para un fin, si se supone que al hacerlo respeta nuestra voluntad y nuestra individualidad. Este uso no sería explotación porque no nos trata como si fuéramos un recurso. Pero si nos agrediera o coaccionara de algún modo para conseguir su respuesta entonces el uso se convierte en explotación.

En ocasiones se dice que "alguien nos utiliza" de forma despectiva, queriendo decir en realidad que alguien nos explota, es decir, que nos usa sin nuestro consentimiento. Pero el lenguaje coloquial no destaca precisamente por su rigurosidad. También sucede habitualmente que se dice que "alguien nos explota" queriendo decir que comete algún abuso concreto dentro de un uso consentido. Por ejemplo, cuando nuestro jefe no nos paga un salario justo. Esa expresión es igualmente errónea. Aunque toda explotación es un abuso, no todo abuso es explotación.

En cambio, cuando se trata de usar a otros animales esto siempre implica explotación porque se realiza sin su consentimiento o directamente contra su voluntad. Y a menudo, casi siempre, este uso implica atentar contra sus intereses básicos: su interés en continuar existiendo; su interés en evitar el daño y el sufrimiento.

Los demás animales son seres sintientes: ellos poseen conciencia de sí mismos y de lo que les sucede, tienen voluntad, intenciones, deseos e intereses propios. Ellos son sujetos. Por eso no es correcto tratarlos como si fueran objetos y usarlos como simples medios para conseguir nuestros fines. Exactamente la misma razón que descalifica la explotación de seres humanos. La especie no es moralmente relevante.

Cada animal sintiente es un sujeto de una vida. En tanto sujetos no sólo estamos vivos sino que además experimentamos nuestra vida a través de sensaciones, emociones, deseos. Esta vida es un fin en sí misma —posee un valor inherente— y no es simplemente un medio para los fines de otros individuos —valor instrumental. Por eso es injusto sacrificarla forzadamente a los deseos y las necesidades de otros como si fuera un objeto de carece de valor intrínseco.

Por tanto, aparte del daño y el sufrimiento que implica la explotación animal, el hecho de utilizar a otros animales es inmoral porque ellos no pueden dar su consentimiento. No solemos reparar en este punto porque nuestra cultura especista ha cosificado a los demás animales hasta el punto de que ya ni siquiera pensamos que otros animales tienen su propia voluntad personal y que nosotros debemos respetarlos.


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Si entendemos que es moralmente erróneo utilizar a otros humanos sin su consentimiento entonces no hay razón que justifique una consideración diferente cuando se trata de otros animales. Como acertadamente señalaba el profesor Tom Regan:
«Lo que es cierto de los humanos incapaces —esos seres humanos, repitámoslo, que aunque han conocido lo que prefieren, no pueden dar ni negar su consentimiento— lo es asimismo de los chimpancés y de otros animales como ellos en los aspectos pertinentes, suponiendo, como aquí suponemos que no puedan dar o negar su consentimiento informado).»
Los demás animales no pueden dar consentimiento a que los usemos. Por tanto, cualquier uso que hagamos de ellos ya es un abuso.

El consentimiento implica:
[1] Igualdad entre las partes: una no puede estar en disposición de aprovecharse de la otra.
[2] Voluntad libre para decidir: no ser coaccionado ni forzado.
[3] Comprensión consciente de lo que implica la situación: poseer un conocimiento pleno de lo que se está haciendo y todo lo que implica.
Ninguno de esos requisitos puede darse entre humanos y no-humanos.

Los animales nohumanos no dan dado consentimiento para ser utilizados por nosotros. Ellos no lo han decidido por sí mismos. Los humanos decidieron por ellos y luego los no-humanos tuvieron que someterse por la fuerza.

Lo que hacemos los seres humanos es coaccionar a los no-humanos para que estos hagan algo a cambio de darles comida, cobijo o de evitarles un castigo. Los no-humanos ciertamente tienen noción de que están sometidos a la autoridad humana y actúan por miedo o motivados por el dolor que les causamos.

Pero suponer que ellos "consienten" simplemente porque ceden ante la imposición de los humanos es exactamente lo mismo que decir que los esclavos humanos "consienten" su esclavitud simplemente porque muchos acceden a trabajar para evitar represalias o porque están coaccionados por sus explotadores y no pueden optar a otra cosa. Ellos no decidieron ni consintieron esa situación. Están forzados a ella para beneficio de otros que los han sometido. 

A través de la explotación, los demás animales están sometidos al estatus de propiedad humana. Esta injusticia fundamental es a la que se opone el veganismo y el movimiento de liberación animal.

27 de septiembre de 2015

Una reflexión sobre la importancia y lo importante



«Los seres humanos, son sólo una de las especies que habitan este planeta. Como los seres humanos, los animales también tienen intereses que se ven afectados por lo que hacemos. Cuando los matamos o los torturamos son dañados, así como los seres humanos son dañados cuando se les trata en esas formas. [...] Excluir de nuestra consideración moral a otros seres por su especie no está más justificado que excluirlas por su raza, nacionalidad o sexo. La imparcialidad exige la expansión de la comunidad moral no sólo a través del espacio y del tiempo, sino también a través de las fronteras entre las especies.» ~ James Rachels 

Considero cuestionable la idea de que hay injusticias más importantes que otras. Pero incluso aceptando que algunas fueran más importantes que otras, esto no justificaría que decidamos ignorarlas o incurrir en algunas de ellas con la excusa de que hay otras “más importantes”. Si supuestamente la violación fuera un crimen menos importante que la tortura ¿acaso esto justificaría que cometamos violaciones? Es evidente que no.

Incluso si alguien considera que las injusticias cometidos sobre seres humanos son más importantes que las cometidas sobre otros animales ¿cómo justifica eso que cometamos injusticias con otros animales que no son humanos? No lo justifica de ningún modo. Si es injusto que utilicemos a otros animales como medios para nuestros fines entonces no es relevante el hecho de que consideremos que haya otras injusticias supuestamente peores o más importantes que la explotación animal. 

Si consideramos que el asesinato es una injusticia más importante que escupir a alguien a la cara ¿justifica eso que escupamos a otra persona a la cara sólo por diversión? El grado de daño que causan ambas acciones no es el mismo. Pero la injusticia de tratar a alguien como si fuera un objeto que es la misma injusticia. Y por eso razonamos que está mal actuar así. Es un error considerar a una persona como si fuera una cosa, que carece de voluntad y de intereses propios. Esto es lo que denominamos cosificación.

Cuando señalamos que una injusticia es menos importante que otras lo que estamos queriendo decir a menudo es que para nosotros es menos importante porque nos afecta menos o nos importa subjetivamente menos. Sin embargo, esto no implica que sea menos importante desde un punto de vista imparcial.

A los otros animales que son víctimas de una injusticia les importa tanto proteger su vida y su bienestar como nos importa a nosotros proteger la nuestra. Esta perspectiva igualitaria, más acorde con lo que la ciencia nos muestra acerca de la sintiencia en los animales no humanos, desafía la creencia de que su consideración moral es menos importante.

Además, la moralidad de una acción se debe terminar por criterios objetivos. Si otros animales desean vivir, proteger su vida y estar libres de sometimiento, ¿por qué sus intereses básicos van a ser menos importantes que los nuestros si se trata de los mismos intereses? Si aplicamos el principio ético de igualdad deberíamos tener en consideración moral la individualidad, el bienestar y la libertad de otros animales al mismo nivel que nuestra individualidad, nuestro bienestar y nuestra libertad.

Es por esto que señalo es que es cuestionable la noción de que hay injusticias más o menos importantes que otras; porque cuando las analizamos imparcialmente, con objetividad, los argumentos que sostienen esa tesis no se justifican desde el punto de vista racional.

Por tanto, no se trata de hacer una escala de males para usar los más graves como excusa para cometer aquellos aparentemente menos graves. Se trata de evitar todo mal que esté en nuestra mano poder evitar. Y uno de esos males que todos podemos evitar es la explotación animal, es decir, considerar y tratar a los otros animales como si fueron recursos para los humanos. Lo opuesto a la explotación animal es a lo que denominamos veganismo.

Asumir el veganismo no significa menospreciar o cometer otras injusticias que afectan a seres humanos; tal y como en ocasiones se suele decir. Los Derechos Animales y los Derechos Humanos son compatibles y no excluyentes. De la misma manera que respetar y preocuparse por los niños no significa ignorar o menospreciar a los adultos. Incluso aunque alguien creyera de alguna manera que las injusticias cometidas sobre niños son más importantes, o más graves, que las cometidas sobre adultos eso no justifica que discriminemos o explotemos a los adultos.

No necesitamos utilizar a otros animales ni para comer, ni para vestirnos, ni para divertirnos ni para todo lo que implica vivir y tener una buena calidad de vida. Es así de simple. Todo el daño que les causamos por este motivo es innecesario, es evitable y, lo más importante, es injusto.

Si los demás animales nos importan moralmente, si consideramos que ellos tienen un valor moral, y no son cosas con un valor utilitario, si nos importa la ética y la justicia, entonces el veganismo es la única conclusión racional desde aquella premisa.

Yo no concibo que haya nada más importante, desde el punto de vista moral, que comprender y asumir estas nociones básicas que son necesarias para comprender todas las injusticias que se producen cada día.

6 de septiembre de 2015

Adoctrinar en el especismo (II)



«Hemos sido formados por una historia del pensamiento en la que apenas estamos conscientes de que vemos a los animales como recursos que tenemos derecho a emplear del modo que creamos conveniente para satisfacer nuestras necesidades y deseos.» ~ Gary Steiner

Los seres humanos hemos esclavizado a los demás animales. Los sometemos a nuestra voluntad para utilizarlos de comida, de vestimenta, de transporte, de entretenimiento, de compañía,... y muchos otros fines para nuestro beneficio.

Esta situación de esclavitud no se mantiene en el tiempo de forma espontánea sino que necesita un constructo ideológico que ayude a mantenerla para evitar que se vea cuestionada y asaltada por nuestra empatía y el sentido moral —como ocurre con los niños que todavía no han asimilado los prejuicios especistas— y con ese propósito surge la idea de que los seres humanos somos "seres superiores" que tenemos legitimidad en dominar a los demás animales.

Un ejemplo representativo de esta adoctrinación lo encontramos de la mano de la Asociación Española de Pediatría, quien aconseja a los padres que no cuenten la verdad a sus hijos sobre la procedencia de los productos de origen animal para que así no los rechacen. Se afirma que con los vegetales "no hay ningún problema" pero que con los animales hay que esperar un tiempo "hasta que el niño comprenda como funciona la naturaleza [sic]". Esto es, hasta que la cultura especista haya anulado su empatía y su sentido moral y asimile como normal la idea de que los demás animales existen para que nosotros los explotemos. No es el funcionamiento de la naturaleza la que nos obliga o condiciona a explotar a los demás animales; es la ideología.

Desde la temprana infancia se nos educa en la noción de que los demás animales son seres inferiores que están en el mundo para ser utilizados por nosotros: los humanos. Pero esta idea es un prejuicio. No es un hecho; no es una verdad. Y además es una idea que contradice los principios elementales de la ética básica.

TEXTOS ESCOLARES QUE INCULCAN LA IDEA DE QUE EL SER HUMANO ES SUPERIOR A LOS DEMÁS ANIMALES Y TIENE LEGITIMIDAD PARA EXPLOTARLOS.

El antropocentrismo no es algo "natural", no es una idea que esté inserta en nuesta mente de forma inherente, sino que es una doctrina ideológica que se difunde en nuestra cultura como paradigma moral y cuyo objetivo es cosificar a los otros animales para facilitar su explotación. De la misma manera que la cultura machista cosifica a las mujeres para que los varones las puedan dominar y someter a su voluntad.

El especismo no es más natural de lo que lo es el machismo. Es un prejuicio construido culturalmente para motivar y perpetuar una determinada estructura de opresión en la que un grupo dominante [los humanos] someten y explotan a los otros individuos que no pertenecen a dicho grupo [los animales no humanos] con el fin de obtener un beneficio.

Puede que exista una tendencia de origen biológico que nos motiva a agruparnos junto a los que son más semejantes a nosotros —lo cual ayudaría a explicar fenómenos como el racismo o el sexismo— pero no es natural toda la ideología que acompaña a la discriminación especista sino que se trata de una construcción cultural que se ha ido forjando para justificar nuestra opresión sobre los demás animales.



Cuando desde niños se nos inculcan una serie de ideas y de hábitos de conducta, luego nos resulta más difícil cuestionarlos y analizarlos con objetividad. De ese modo aceptamos como normal lo que en otras circunstancias juzgaríamos como un error o un crimen, de acuerdo a nuestro sentido moral.

Si no fuera por la adoctrinación especista que recibimos a partir de la infancia en todos ámbitos [familia, escuela, sociedad] no podríamos aceptar la explotación de los demás animales como algo normal. Lo demuestra el hecho de que tantísima gente rechace de forma espontánea, por sentido moral, determinadas actividades de explotación animal precisamente porque no han sido educados ni acostumbrados a ellas; a pesar de que esas actividades no se diferencian de aquellas otras en las que ellas participan habitualmente.

La filósofa Hanna Arendt y el psicólogo Stanley Migran dedicaron gran parte de su trabajo a estudiar cómo puede suceder que los seres humanos que no tienen una naturaleza cruel o psicópata sean circunstancialmente capaces de apoyar y participar en actividades de violencia extrema cuando se les presiona socialmente para ello. Esto ocurre debido en parte a que todos poseemos una cierta tendencia innata a seguir los dictados del grupo al que pertenecemos, ya sea a normas establecidas en ese grupo o a la voluntad del líder que lo dirige, y esa tendencia nos condiciona incluso hasta el punto de anular por completo nuestra empatía natural y nuestro razonamiento moral.

Vivimos en una cultura que nos adoctrina en la creencia de que los demás animales existan para servir a nuestras necesidades y deseos. Interiorizamos totalmente esa creencia en nuestra mentalidad. Asumimos desde niños el hábito de participar en la explotación de los animales nohumanos sin apenas darnos cuenta de ello. Es por esto que cuando alguien critica la existencia de la explotación animal lo recibimos a menudo como si estuviera defendiendo que respirar aire está mal.

Algunas personas alegan que no deberíamos "imponer" a los niños el veganismo. Mientras que al mismo tiempo esas personas inculcan sus propias creencias y hábitos a sus hijos. Aparte de esta evidente contradicción; si realmente no se quiere imponer a los niños nada más allá de lo necesario, entonces que se les cuente toda la verdad de lo que les hacemos a los animales nohumanos que explotamos, y todo lo que implica su explotación, y que los niños decidan por sí mismos a ver qué sucede.




Sin embargo, por mucho que nuestra empatía y nuestra moralidad se puedan ver reprimidas y distorsionadas por esta adoctrinación, podemos conseguir salir de ella precisamente gracias a esas mismas cualidades.

Muchos de nosotros ya hemos cuestionado y desafiado esas creencias que nos dicen que está bien explotar a otros animales, que está bien ignorar que ellos son seres conscientes, que experimentan emociones y sentimientos, y que está bien destruir sus intereses con el objetivo de favorecer los nuestros.

A esa oposición ética a considerar a los animales nohumanos como si fueran objetos y meros recursos para los humanos es lo que llamamos veganismo.

17 de agosto de 2015

La confusión de Claudio Bertonatti




En esta ocasión me gustaría responder a un artículo titulado "La confusión del veganismo" publicado por un tal Claudio Bertonatti. Lo hago a petición expresa de varias personas que entendieron que el artículo merecía una respuesta. Espero que esta entrada les resulte de utilidad.

En mi respuesta pretendo exponer que la única confusión sobre este tema proviene exclusivamente por parte de su autor, el cual estaría muy grave y profundamente confundido a varios niveles. Dividiré mi respuesta en dos secciones: la empírica y la moral.

La confusión empírica

Bertonatti defiende principalmente la idea de que los veganos están confundidos porque creen que al no consumir productos de la explotación animal ya no provocamos la muerte de otros animales, cuando en realidad sí lo hacemos dado que la agricultura también conlleva causar la muerte de animales nohumanos; y por eso no habría diferencia esencial entre, por ejemplo, abstenerse de comer carne y no comerla. Esta tesis de Bertonatti evidencia una profunda confusión sobre diversos aspectos.

En primer lugar hay que aclarar que el veganismo no se opone a la muerte de animales en sí misma, o al simple hecho de causar muerte, sino que el veganismo se opone a la explotación de animales no humanos.

De forma específica el veganismo se opone a la explotación de animales no humanos por parte del ser humano y propugna que sean liberados de nuestra dominación. Esto es el veganismo, y no otra cosa. El veganismo no tiene como finalidad eliminar la existencia de la muerte en el mundo sino eliminar la explotación sobre otros animales, por ser éticamente injusta.

A mi modo de ver, nadie debería opinar sobre veganismo sin informarse antes sobre lo que es el veganismo, en lugar de suponerlo  o juzgar meramente "de oídas", porque entonces es probable que lo confunda con otra cosa distina. El veganismo es un fenómeno relativamente reciente en nuestra cultura y su confusión con otras ideas diferentes con las que pudiera tener algún parecido es casi habitual.

Ésta es la primera confusión de Bertonatti. Es una confusión que he tratado varias veces en este blog, y por tanto me remito a esos textos.

Declara Bertonatti que pretende dirigirse a las personas que creen que sólo por no comer carne ya no estarían causando la muerte a otros animales.

Lo siento, pero no sé quienes son esas personas. No conozco a nadie que crea que por el simple hecho de no comer carne, o de no participar en la explotación animal, eso suponga que dejen de morir animales por su causa. Quien deja de hacer esto lo que pretende es que otros animales dejen ser asesinados y explotados para que nosotros los usemos como comida o como recursos en general. De hecho, en cualquier página vegana se explica que asumiendo el veganismo no evitamos todo el daño que causamos, por supuesto, pero sí que evitamos ese daño en concreto.

Rechazando la práctica del canibalismo no evitamos todo el daño que causamos a otros humanos —ya sea directo o indirecto— pero sí que evitamos causar ese daño en concreto. Diría que es algo muy sencillo de razonar. No para Bertonatti, al parecer.

Por tanto, creo que Bertonatti recurre a la falacia del muñeco de paja. Es decir, se inventa una postura imaginaria para poder criticarla a su medida. No digo que no haya alguien por ahí que crea realmente lo que Bertonatti dice. Hay gente capaz de creer toda clase de cosas inverosímiles. Pero esa idea no corresponde en absoluto a lo que los veganos defienden.

Además, retomando mi crítica en el primer punto, es evidente que el autor confude sistemáticamente el veganismo con el vegetarianismo. Sobre vegetarianismo también he escrito en varias ocasiones en este blog y me remito a esos artículos para quien le interese leer un análisis específico al respecto.

Creo que es difícil empezar peor la redacción de un artículo. El hecho de que Bertonatti no cite siquiera ningún texto que se supone que defienda eso de que simplemente "por no comer carne ya dejamos de causar la muerte a otros animales" me hace suponer la intención de basar su artículo en esa falacia a propósito. Reitero que jamás he oído a nadie vegano asumir esa creencia que Bertonatti atribuye a los veganos o a los vegetarianos. Y es algo que no se defiende en los foros y grupos veganos.

Ésta es la segunda confusión, grave, de Bertonatti. Y no hemos hecho más que empezar. ¿Se suponía que este señor iba a aclararnos el asunto?

Dice Bertonatti que fue vegetariano y luego se convirtió en "omnívoro". Debo señalar que este señor está usando mal las palabras, otra vez. Todos los humanos somos omnívoros. El omnivorismo es una condición fisiológica que te permite digerir tanto sustancias de origen animal y vegetal. No es algo que dependa de la voluntad. Los veganos somos omnívoros dado que somos humanos. La cuestión es que los humanos no necesitamos comer animales para vivir y estar sanos. Ser omnívoro es una mera capacidad; no es una obligación para nuestra conducta ni nuestra salud. Puesto que el artículo no se extiende más en este punto, lo dejo aquí de momento.

Dice Bertonatti que los veganos sólo se preocupan de los animales "domésticos" pero que guardan silencio sobre los animales "salvajes". Esto simplemente no es cierto. No es cierto que los veganos se preocupen más por unos animales que otros sino que el veganismo se refiere en concreto al problema de la explotación animal. No todos los conflictos y agresiones que se producen sobre otros animales pertenecen al contexto de la explotación. La domesticación es una forma de explotación y es por eso que los veganos se refieren específicamente a ella. Pero los veganos también hablan a menudo en contra de la caza y en contra de de explotar a los animales que viven libremente en la naturaleza. El veganismo se refiere a todos los animales nohumanos, en tanto que todos ellos son víctimas de una misma opresión.

Insisto: Bertonatti no ha comprendido que los veganos se oponen a la explotación de animales no humanos. Si no hay explotación entonces no atañe al veganismo como tal. Hay muchos problemas morales en el mundo pero al veganismo sólo corresponde el problema de la explotación especista.

El feminismo es un movimiento que se opone específicamente a la opresión machista, que atenta contra las mujeres. Pero ¿acaso no hay también otros problemas morales en el mundo? Por supuesto, pero el feminismo se refiere a ese problema específico. Un problema sobre el que se requiere tomar conciencia y responder de forma específica. Con el veganismo ocurre exactamente lo mismo.

Dado que Bertonatti no cita fuentes es imposible saber si se está refiriendo en verdad a los veganos o a los vegetarianos o a alguna clase de animalistas en particular. Teniendo en cuenta que confunde todas estas categorías de forma sistemática.

Además, el autor pretende hablar sobre el impacto ambiental de la agricultura y la ganadería pero sin citar datos ni fuentes ni evidencias objetivas. Habla simplemente en base a sus especulaciones y experiencias personales. Eso no da mucha credibilidad que digamos a la hora de debatir un asunto. Más bien indica poco rigor y poca seriedad.

Bertonatti llega a decir nada menos que "si la humanidad se hiciera vegana para la naturaleza sería una tragedia." Pero ¿hay algo de cierto en esta atrevida afirmación? Bueno, para refutar esa declaración no me basaré en meras especulaciones y experiencias personales, como hace Bertonatti, sino que consultaré las estadísticas y los informes medioambientales de las autoridades pertinentes. Veamos lo que nos dicen algunas de ellas.

En primer lugar, según una investigación de la Universidad de Oxford las dietas que incluyen carne son las que provocan mayor contaminación con notable diferencia respecto del resto de dietas:
«El estudio también reveló que las dietas vegetarianas, por contraste, generan un equivalente de 8,4 libras de dióxido de carbono (3,7kg), menos de la mitad. Asimismo, las dietas veganas reducen aun más las emisiones, a 6,4 libras (2,8kg). Esto supone que la huella de carbono se reduce aproximadamente en un 60% con respecto a las dietas carnívoras.»


De acuerdo con el Institute of Social Ecology , la forma más eficaz de evitar la destrucción del medio ambiente es eliminar la explotación animal:

«Resulta que la agricultura de animales es la primera causa de deforestación, y destrucción de hábitats de animales en el mundo. De hecho el 50% de la tierra en nuestro planeta se usa para criar animales para el consumo humano. [... ] Los investigadores encontraron que se podría producir suficiente comida para toda la población mundial, hasta 2050, sin necesidad de convertir más bosques en campos de agricultura. Lo único que debemos hacer es dejar de comer carne y productos de origen animal. [...] La única forma de asegurarse de que haya suficiente comida para todos en las próximas tres décadas es si todos nos volvemos veganos, o sea, no comemos carne ni productos de origen animal como leche, huevos o miel de abejas. Si logramos hacer esa transición, no solo salvaríamos los bosques de nuestro planeta, sino que también podríamos llevar un estilo de vida más saludable.»

Esto coincide con lo que publica la Fundación Universia sobre los efectos que tendría el veganismo en sustitución de la explotación animal:
«Las explotaciones ganaderas de más de 1.300 millones de animales se desarrollan en el 24% del territorio mundial, destruyendo miles de hectáreas de bosque tropical en América para incrementar el número de pastizales. Este proceso está llevando a la extinción a numerosas especies de seres vivos. Asimismo, esta constante explotación destruye la fertilidad del suelo, evitando que estas tierras puedan utilizarse para plantar vegetales y cereales.»
Por tanto, de acuerdo a la revista Scientific American, una dieta basada en alimentos vegetales representa la opción más sostenible para el planeta y la salud pública:
«Los resultados sugieren que las dietas basadas en frutas, verduras y legumbres constituiría una opción más sostenible para el planeta. Si fueran adoptadas a escala global reducirían las emisiones de gases de efecto invernadero de origen agrícola, la deforestación y la extinción de especies que viven en estos entornos naturales. Además, ayudarían a prevenir todo tipo de enfermedades crónicas no contagiosas relacionadas con la dieta.»

Resulta que el veganismo aplicado a la producción de alimentos necesita menos extensión de tierra, menos cantidad de agua, y menos gasto de recursos naturales en general, para poder producir una mayor cantidad de comida que los que necesita la explotación animal actualmente para producir el mismo alimento.

Además de esto, y de acuerdo a los cálculos publicados por la organización Animal Visuals, también ocurre que un mundo vegano —en el que no existiera la explotación animal— conllevaría una reducción notable en el número de animales que son directamente perjudicados por la industria agrícola durante los procesos de cultivo del suelo y recolección de las cosechas.



Aplicar el veganismo a gran escala conllevaría que muchos menos animales no humanos murieran o se vieran afectados por la agricultura humana.

Es decir, el veganismo no sólo evita todas las víctimas de la explotación animal sino que además reduce de forma muy considerable el número de víctimas que provoca —directa o indirectamente— la agricultura.

En definitiva, podemos elegir basar nuestras creencias en datos y evidencias empíricas o podemos creernos ciegamente las historietas que nos cuenta Bertonatti. Si tu intención es defender a toda costa la explotación animal, a costa de la verdad y la ética, te conviene lo segundo.

Si la humanidad se hiciera vegana esto supondría una tragedia sólo para el prejuicio de quienes desean mantener, por mero placer o inercia, una tradición innecesaria y violenta que causa sufrimiento y muerte a miles de millones de animales: víctimas que se podrían fácilmente evitar. Para lo demás, la implantación del veganismo supondría algo bueno en todos los aspectos.

Yo he citado fuentes objetivas que no tienen relación alguna con la defensa del veganismo. Todas ellas, y cualquier otra similar que consultemos, coinciden en que eliminar la explotación animal es una medida positiva para el medio ambiente y que adoptar una alimentación vegetal no es sólo una opción viable sino beneficiosa.

Con todo esto sólo quería dejar constancia que las afirmaciones empíricas de Claudio Bertonatti son manifiestamente falsas y no tienen relación alguna con la realidad. Mi razón para rechazar sus argumentos no se debe a que intente atacar el veganismo. Si alguien intentara defender el veganismo alegando falsedades y falacias no dudaría en denunciarlo y rechazarlo de igual modo. El conflicto en este asunto es incluso más profundo que la oposición entre veganismo y explotación animal. Se trata de un conflicto entre la verdad y la mentira.

Y con esto entramos ahora en el contexto propiamente moral.

La confusión moral

Mi adhesión al veganismo no tiene relación alguna con el hecho de que su aplicación práctica sea beneficiosa para mí o para la humanidad en general. Soy vegano porque estoy en contra de que se trate a sujetos como si fueran objetos. Estoy en contra de que se considere a las personas como si fueran cosas. Estoy en contra de que explotemos otros individuos y violemos sus intereses en nuestro beneficio, valiéndonos de que somos más inteligentes o poderosos que ellos. Ésta es la base moral del veganismo y el único fundamento que hace que el veganismo sea consistente en su práctica.

Cuando se hacen estimaciones sobre cuáles opciones son más respetuosas con el medio ambiente —y por tanto con los animales que dependemos del medio ambiente para vivir— dentro de esas opciones no se incluye la esclavitud humana. Supongamos: ¿y si la opción más ecológica de todas fuera usar a seres humanos como esclavos en lugar de usar máquinas y trabajadores libres? ¿Haría esto que la esclavitud humana fuera aceptable?

La primera confusión moral de Claudio Bertonatti es creer que los criterios medioambientales se imponen a los criterios morales.

Antes de ponernos a discutir sobre la valoración medioambiental de una actividad, primero deberíamos analizar si esa actividad es aceptable desde el punto de vista ético.

No nos ponemos a valorar el impacto medioambiental del asesinato, la tortura, la violación sexual, la esclavitud, el abuso infantil,.. y demás acciones que consideramos crímenes execrables. Estos actos violan los principios morales más elementales y los condenamos, independientemente de su impacto medioambiental. Entonces, ¿por qué deberíamos tratar de forma distinta esos actos cuando sus víctimas son otros animales? ¿Debemos tratarlos de forma diferente sólo porque esos animales no son humanos sin importar que sienten, sufren y son individuos que tienen los mismos intereses básicos que nosotros?

La segunda confusión moral de Claudio Bertonatti es creer que humanos y otros animales merecen una consideración moral distinta. Esto es lo que conocemos por especismo.

Alega Bertonatti que la agricultura implica la muerte de animales nohumanos. No sólo la muerte accidental sino también muertes provocadas intencionadamente por los agricultores para evitar que esos animales se coman los cultivos. Este hecho es objetivamente cierto. Lo que no es cierto es que este hecho suponga legitimarnos para explotar a otros animales.

El razonamiento de Bertonatti para justificar la ganadería es el siguiente: como no podemos evitar causar algún tipo de daño para poder vivir entonces no importa que causemos innecesariamente miles de millones de víctimas que sí podríamos evitar. Asombroso razonamiento.

Alegar que como no podemos evitar dañar o matar a otros animales para poder vivir entonces no hay problema moral en explotarlos es un argumento absurdo. Bajo ese mismo criterio, estaría justificado practicar el canibalismo. ¿Si al vivir no podemos evitar causar algún tipo de daño a otros humanos, aunque sea indirecto o accidental, qué más da usarlos para comida? Pero, claro, el prejuicio especista de Bertonatti no le ha dejado ver esta obvia consecuencia que conlleva asumir su criterio.

Si el hecho de que no podamos evitar causar daño al vivir justificara que comamos animales entonces, por el mismo criterio, también justificaría que comiéramos seres humanos —que también están hechos de carne y sus hembras producen leche. La especie no hace ninguna diferencia. La especie no es una característica ni es una entidad. Es un concepto que construimos intelectualmente en base a determinadas semejanzas genéticas entre individuos.

Como ya aclaré al comienzo de este ensayo, el veganismo no se opone a la muerte ni al hecho de causar muerte. El veganismo se opone a la explotación de otros animales. Ahora bien, el asesinato es una forma de explotación. Causar la muerte a alguien para obtener un beneficio a su costa es explotarlo; es utilizar a alguien como un mero recurso. Por eso el veganismo se opone a los mataderos.

Pero nada de esto tiene que ver con el hecho de que se maten animales para evitar que se coman nuestros cultivos. Si fueran seres humanos los que invadieran nuestras plantaciones agrícolas para comerse la comida de la que dependemos para vivir, estaría justificado que tomáramos medidas similares para evitar que lo hicieran. Se trata de un caso de auto-defensa. Aquí hay un conflicto de intereses. Pero la explotación animal no es el resultado de un conflicto de intereses; es la opresión de un grupo sobre otro, motivada por el beneficio e incluso a menudo simplemente por la inercia.

Sin embargo, no estoy sugiriendo que esa situación de conflicto siempre justifique automáticamente matar a otros animales de forma despreocupada —ya sean humanos o no humanos. Deberíamos intentar encontrar un medio de proteger los cultivos que no hiciera necesario tener que recurrir a estos métodos letales para evitar conflictos con otros animales. Pero, en cualquiera caso, se trata de una situación categorialmente diferente al hecho de explotar animales para servirnos de alimento o de vestimenta o cualquier otra finalidad.

¿Si no pudiéramos vivir sin matar a otros humanos que nos atacaran o que atacaran nuestros cultivos acaso esto justificaría que levantáramos granjas y mataderos para poder criar y comer a seres humanos?

Si uno reflexiona sobre el argumento de Bertonatti puede ver claramente que es una postura absurda y que está confundiendo categorías mediante una falacia de asociación. El mero hecho de que en dos situaciones haya causación de muerte no las convierte en equivalentes. Causar la muerte de alguien de forma totalmente accidental no es lo mismo que matar a alguien con propósito intencionado. Causar la muerte de un agresor para defender nuestra vida no es lo mismo que matar a un inocente para obtener un beneficio de su muerte. No es lo mismo ni siquiera a nivel empírico, fáctico, ni menos aún en sentido moral.

El argumento de Bertonatti se basa en el criterio de asumir que si en una situación concreta yo no puedo evitar matar para defenderme entonces de esto se deriva que está bien que mate sistemáticamente a otros individuos para beneficiarme. Pero no hay ninguna conexión lógica entre la premisa y la conclusión, aparte de la presencia del hecho mismo de la muerte. Estamos ante lo que en lógica se conoce como un non-sequitur. Y es, también, una falacia de asociación, que pretende equiparar dos hechos o dos nociones basándose exclusivamente en que hay un elemento común entre ellas.

La explotación animal no se basa en la auto-defensa —en proteger nuestra vida ante un ataque— sino en el deseo de obtener un beneficio, y este beneficio se reduce habitualmente al placer que nos causa comer animales o vestir con trozos de animales. Ésta es la única excusa que tenemos para alegar: nos da gusto saborear cadáveres y secreciones orgánicas de otros animales y llevar puestos trozos y pelos arrancados de sus cuerpos.

Como acertadamente señala el profesor Gary Francione, respondiendo a esta misma polémica suscitada en el ámbito anglosajón:
«La mejor excusa que tenemos para infligir sufrimiento y muerte a 56 mil millones de animales es que saben bien. Decimos que está mal causar sufrimiento innecesario a los animales, pero al mismo tiempo lo estamos causando sistemáticamente.»
En conclusión, el artículo de Claudio Bertonatti debería retitularse: "Promover la confusión sobre el veganismo" o algo parecido. Porque para lo único que sirve su artículo es para evidenciar que su autor vive en la absoluta confusión y promueve la confusión a los demás.

Y si su intención era difamar el veganismo, como así parece, creo que el efecto que ha conseguido, de acuerdo a lo que he estado leyendo los foros, ha resultado ser justo el contrario.

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