30 de octubre de 2019

El peor de los males


Richard Dawkins


Me encontré con una entrevista a la filósofa Ana Carrasco en la que me llamó particularmente la atención estas declaraciones:
«Es verdad que todos los seres humanos somos vulnerables. Nadie negará tal cosa. Y todos experimentamos y padecemos el mal. Tampoco nadie lo negará. Pero la mujer (y los colectivos menos favorecidos) experimentan ese impacto de forma más expuesta y, lamentablemente, más inerme. No quiere decir esto que el mal no sea experimentado por todo ser humano (solo hay que pensar en las torturas militares en Irak, por poner un caso, en las que algunas militares son las victimarias y son los hombres las víctimas… y aquí sería también interesante analizar el porqué de este cambio de roles), sino que las formas más demenciales y crueles del mal, más perversas, con mayores ultrajes, con mayor ensañamiento, se han ejercido sobre la mujer, e incluso se han encarado con mayor indiferencia, se ha minimizado su importancia e incluso se ha cuestionado su gravedad.»
Lo primero que se me vino a la mente es que, al parecer, Carrasco cuando habla de víctimas sólo tenía en cuenta a los humanos. Cualquiera que se haya tomado la molestia de observar la explotación animal habrá comprobado las innumerables y terribles formas de violencia que los humanos hemos infligido sobre los otros animales a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, las otras víctimas que no son humanas no aparecen en la reflexión de Carrasco. Los otros individuos que no están catalogados en la especie humana ni siquiera son considerados víctimas; es como si no existieran. Creo que eso es una evidente manifestación del especismo.

Mi segundo pensamiento es que no había evidencia de que las mujeres hubieran sufrido peores crueldades que los varones. Diría que su exposición incurre en una petición de principio. Afirmar que las mujeres han padecido peores abusos que los varones no demuestra que las mujeres hayan padecido peores abusos que los varones. De todos modos, no creo que eso sea el punto fundamental de la cuestión.

A diferencia de otras perspectivas, no contemplo el patriarcado como un sistema organizado de "los varones contra las mujeres" sino que entiendo que se trata de un sistema basado en los poderosos contra los débiles. En un sistema patriarcal, no sólo las mujeres son cosificadas y violentadas sino que también lo son los varones, cambiando la forma en que son victimizados. Podría existir un matriarcado similarmente violento. El machismo no se trata de un problema intrínseco de los varones sino de un problema de mentalidad que puede afectar a todos por igual. Muchas mujeres han apoyado entusiastamente el patriarcado.

Al igual que en una sociedad patriarcal se cosifica a las mujeres —y en cierto modo también a los varones—, en una sociedad basada en el antropocentrismo, los animales son cosificados y violentados; pero esto no se trata de un problema de "los humanos contra los animales" sino de una estructura basada en los poderosos contra los débiles. Todas las opresiones siguen este mismo esquema.

De la misma manera que muchos varones rechazan el machismo y el patriarcado, cada vez más humanos rechazan el antropocentrismo y tratan de socavarlo en favor de una nueva relación moral entre humanos y animales que elimine la dominación humana. Así pues, no se trata de un problema intrínseco de los humanos sino que es un problema de mentalidad. Crecemos y somos educados en un ambiente social que condiciona nuestra forma de pensar y actuar. Se trata principalmente de una cuestión de educación.

Algunos creen que la humanidad no aprende de sus errores. Quizás haya algo de verdad en esa creencia. No parece que hayamos aprendido mucho de la experiencia del racismo o del sexismo. No hemos comprendido que hacemos a los demás animales aquello mismo que consideramos un crimen abyecto cuando las víctimas son humanas, y que lo intentamos justificar con las mismas falacias que utilizamos para intentar justificar los abusos sobre seres humanos.

Cuando Nietzsche escribía que «quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti», pienso que quería expresar que aquellos que combaten determinadas ideas o sistemas pueden acabar incorporando o imitando inconscientemente aquello mismo que dicen combatir. Las posiciones que combaten determinada injusticia concreta no están exentas del riesgo de incurrir en el mismo error moral al que dicen oponerse.

Aquella obsesión por lo peor es quizás el reflejo de nuestra mentalidad que no puede librarse de estar dominada por el concepto de jerarquía, ni siquiera cuando denuncia opresiones basadas precisamente en creer en la existencia de una jerarquía moral, como denunciaba el activista Bob Torres al señalar que "en el amplio espectro de la izquierda parecen dispuestos a aceptar lo que ellos consideran la jerarquía de las especies, mientras que a la vez trabajan por la desaparición de otras jerarquías —de clase, raza, género o incluso de nacionalidad". Si tenemos en cuenta que los otros animales son seres conscientes, considerarlos como objetos o seres inferiores es una creencia equivocada.

Sustituimos una jerarquía de opresores por una jerarquía de víctimas, pero ni siquiera cuestionamos la misma noción de jerarquía. Por eso tal vez sería más apropiado seguir la sugerencia del profesor Gary Francione cuando declara que "el problema es de jerarquía. No es acertado promover una nueva jerarquía —los humanos y los grandes simios sobre los demás animales— en lugar de humanos sobre los demás animales. Deshagámonos de las jerarquías por completo." Si una ética racional tiene que fundamentarse en el principio de igualdad, como bien argumentan James Rachels y Gary Francione, entre otros teóricos morales, entonces el concepto de jerarquía no tiene cabida en la ética.

Estoy en contra del presupuesto de que hay una jerarquía de males, no obstante siguiendo todavía ese criterio podría decir que el peor de los males es, quizás, el que disfrazamos como un bien, porque entonces hacemos el mal convencidos de hacer el bien, cuando no pensamos que nosotros podamos hacer el mal. Carrasco, al igual que la gran mayoría de la gente, está convencida de hacer el bien cuando discrimina entre víctimas humanas y cuando ignora a las víctimas que no son humanas. Es difícil que eso cambie mientras siga creyendo que es imposible, e impensable siquiera, que ella esté cometiendo la misma clase de mal que está denunciando.

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