9 de mayo de 2012

Especismo frente a Derechos



El especismo es un prejuicio que consiste en discriminar moralmente a los individuos según la especie a la que pertenecen. Esto es, según la especie en la que estés clasificado mereces determinada consideración moral o ninguna consideración moral en absoluto. Así, el especismo funciona de manera similar a prejuicios análogos como el racismo o al sexismo.

En el pasado ha habido una gran cantidad de definiciones sobre qué constituye una especie. Hoy en día prevalece una definición basada en criterios genéticos —se define la especie como aquel conjunto de individuos que pueden procrear entre sí y tener descendencia fértil. Charles Darwin escribió que «considero al término especie como uno dado arbitrariamente, por conveniencia, a un conjunto de individuos que se parecen mucho entre sí.» Podemos comprobar que la especie no existe como una entidad real sino que es un concepto que nosotros hemos creado.

Una vez aclarado esto, a los defensores del especismo habría que dirigirles varias cuestiones relevantes:

¿Por qué deberían darse derechos según los genes? Si los derechos deben darse según los genes, ¿por qué la línea debe trazarse en la categoría de especie, y no en la categoría de raza, el orden, el filum o el reino? Algunos genes determinan el color de piel o el sexo biológico ¿cuáles genes determinan la existencia de derechos? Basar los derechos en la especie no parece más racional que basarlos en la pigmentación de la piel o los genitales, que también están determinados genéticamente.

Cuando se trata de seres humanos, reconocemos derechos básicos a conservar y proteger nuestras vidas y nuestros cuerpos. Consideramos a estos derechos inalienables, queriendo decir que nadie puede violarlos para su beneficio. Reconocemos a los humanos el derecho a la vida, debido a nuestro interés en evitar el daño y la muerte. Se nos da control sobre nuestro cuerpo porque no queremos que nuestros cuerpos sean dañados ni utilizados para ser sometidos a la voluntad de otros. Como entendemos que todos tenemos los mismos intereses básicos, protegemos a los humanos de ser secuestrados, esclavizados, enjaulados, asesinados o mutilados. Como sociedad civilizada condenamos a aquellos que violan estos derechos en otros humanos.

Las evidencias que nos aporta la ciencia a través de la biología, la etología y la neurociencia, no presenta dudas acerca de la veracidad de afirmar que las vacas, cerdos, pollos y demás animales que usamos para comida y otros fines, también experimentan temor cuando sus vidas están amenazadas, dolor cuando sus cuerpos son mutilados, y aburrimiento y frustración cuando son confinados de por vida.

Los animales nohumanos dan notorias muestras de que valoran sus vidas y su libertad, y luchan contra el sometimiento, la mutilación y la muerte. Cuando les quitamos su vida o su libertad estamos violando los mismos intereses que protegemos en los humanos. La única diferencia es la especie. Pero la especie no es un criterio más razonable de lo que lo es la raza o el sexo.

Cuestionar y erradicar este prejuicio no es tarea fácil, como reconocía el propio Charles Darwin porque «a los animales a quienes hemos convertido en nuestros esclavos, no nos gusta considerarlos como nuestros iguales.»

Ya que los demás animales pueden sentir, y tienen un interés en vivir, al igual que nosotros, ¿no deberíamos reconocerlos como merecedores de derechos inherentes? Si el especismo es por tanto un prejuicio irracional y un criterio erróneo moralmente ¿no deberían gozar los otros animales de la misma protección que gozamos nosotros para sus vidas y sus cuerpos?

Como individuos responsables de nuestros actos que somos, ¿cómo podemos justificar moralmente nuestra continua explotación y matanza de animales? Decir que somos más inteligentes que ellos, o más poderosos que ellos, no es diferente de alegar que está bien explotar y matar a seres humanos sólo porque somos más inteligentes o más poderosos que ellos. Así lo denuncia Gary Francione:
«Señalar que podemos explotar a los otros animales porque somos “superiores” no es más que decir que tenemos más poder que ellos. Y nada más. Y exceptuando los partidos fascistas, la mayoría de nosotros rechazamos la visión de que el poder establece lo que es correcto. Así que por qué, díganme, está ese principio tan ciegamente aceptado cuando se trata de nuestro relación con los demás animales.»

3 comentarios:

  1. Hola Luis,

    ¿Por qué hablas de valor inherente y no de valor intrínseco?

    Gracias.

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  2. Hola, Cris.

    La verdad es que hasta ahora no he conseguido comprender cuál es la diferencia relevante entre intrínseco e inherente. Me parecen palabras sinónimas y prácticamente intercambiables. La razón por la que utilizo más a menudo el término inherente es porque es el que he visto en los textos de Priscilla Cohn y de Gary Francione cuando hablan sobre el valor inherente (inherent value)de los animales sintientes. Aquí te dejo un par de enlaces como ejemplos:

    http://filosofiavegana.blogspot.com.es/2009/04/una-concepcion-inherentista-de-los.html

    http://www.anima.org.ar/liberacion/enfoques/esclareciendo-significado-un-derecho.html

    Un saludo.

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  3. Buen artículo, muy elocuente.

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