23 de octubre de 2016

Veganismo en la Antiguedad





En esta entrada me gustaría aportar algunas evidencias sobre la existencia de ideas similares o equivalentes a lo que hoy en día denominamos veganismo en un sentido ético. Aunque el veganismo existe de una manera más o menos formal sólo a partir del año 1944, podemos encontrar testimonios anteriores en el tiempo a esa fecha que coinciden con lo que el veganismo pretende expresar. En esta ocasión me limitaré al periodo que conocemos como la Antigüedad.

Debo aclarar que no trataré aquí sobre el vegetarianismo, porque el vegetarianismo es otra cosa muy distinta, así que obviaré testimonios sobre dietas que excluyen la carne animal. Tampoco me referiré en general a escritos sobre la moralidad en nuestra relación con otros animales, es decir, no pretendo recopilar lo que cualquier pensador dijera sobre el estatus moral de los animales no humanos en la Antigüedad. Por eso no hablaré sobre Aristóteles, quien trata de justificar una jerarquía moral entre los humanos y otros animales —así como una jerarquía moral entre seres humanos y expone una apología de la esclavitud.

Lo que me interesa descubrir aquí es si en dicha época hubo personas que comprendieron y defendieron que los demás animales no deben estar sometidos a la voluntad humana, ni ser usados como recursos para el beneficio humano, y que tienen un derecho moral a vivir su vida en libertad. Esta idea es a lo que se refiere el veganismo

Hasta ahora sólo he encontrado a un autor que defendiera una idea que sí se asemeja al veganismo: Porfirio. Dejando a un lado determinados textos, en los que parece que se cuestiona de manera puntual la dominación humana sobre otros animales, sólo en Porfirio aparece una argumentación razonada y sistemática a favor de respetar moralmente a los otros animales.

Si bien es cierto que existen precedentes en diversos autores anteriores que abogan de algún modo por considerar a los otros animales y defienden el vegetarianismo, sucede que sus ideas están insertas en doctrinas religiosas o místicas que no reconocen un valor inherente a los animales.

Antes de Porfirio, la primera vez que aparece una filosofía que defiende una consideración hacia los demás animales por sí mismos es en la obra de Plutarco, quien argumenta la consideración a favor de los animales por su propia naturaleza y no por razones extrínsecas a ellos, ya fueran la supuesta existencia de un alma o de un determinado orden cósmico.

Según explica María Luisa Bacarlett Pérez en su artículo «Plutarco y los animales»:
«La naturaleza misma ha puesto en cada ser lo propio para “perseverar en su ser” y en éste la sensación resulta insuficiente. Si cada animal ha de perdurar en su ser, la sensación tendrá que ir siempre de la mano de la capacidad de discernir lo grato de lo doloroso, lo placentero de lo displicente, lo beneficioso de lo perjudicial. En suma, de acuerdo con Plutarco, no es posible en absoluto la sensación sin el concurso del pensamiento; los animales no sólo sienten, también recuerdan lo sentido, lo procuran si fue grato, lo evitan si fue desagradable, muestran expectativa o temor frente a los eventos, huyen si es necesario.»
Es cierto que Plutarco se centra en el consumo de carne, pero partiendo de sus argumentos se podría derivar lógicamente que también debemos rechazar cualquier daño innecesario sobre los animales. Entiendo que Plutarco se enfoca en el consumo de carne de la misma manera que cualquiera que piense que los humanos merecen respeto moral denunciaría en primer lugar el canibalismo por ser un ejemplo extremo de la falta de consideración por los seres humanos. Sin embargo, Plutarco acepta que los animales sean usados para beneficio humano dentro de unos límites que excluyeran sufrimiento y muerte sin necesidad. Es decir, Plutarco representaría el ideal moral que denominamos como principio humanitario, el cual no rechaza en principio el uso de animales en sí mismo pero sí se opone a cualquier acción que implique daño y sufrimiento sobre ellos y que no se puede justificar estrictamente apelando a la necesidad.

Así resume Gabriel Laguna Mariscal la postura de Plutarco:
«El De esu carnium se engloba en un subgrupo de tratados morales plutarquianos que reivindicaban la existencia de raciocinio en los animales, junto al De sollertia animaliumBruta animalia ratione uti. En estas tres obras Plutarco argumenta, en contra de los estoicos, que los animales también tienen raciocinio, además de sensibilidad y de capacidad de sufrimiento, lo que los hace, en definitiva, acreedores a la justicia, es decir, sujetos de derecho. Esta concepción redunda en el imperativo ético de que el hombre respete a los animales, no les cause sufrimientos innecesarios y, consiguientemente, se abstenga del consumo de su carne.»
Para acercarnos al ideal del veganismo tenemos que avanzar un poco en el tiempo y encontrarnos con los textos de Porfirio. Este filósofo expone sus ideas acerca de nuestra relación con los demás animales principalmente en la obra «Sobre la abstinencia», cuyo contenido sintetizaba así la editorial Gredos:
«El tratado Sobre la abstinencia es, junto con Sobre el consumo de carne de Plutarco, el más sólido texto filosófico de la Antigüedad grecolatina contra el consumo de carne animal y en defensa del vegetarianismo por motivos éticos. Porfirio sostiene que comer carne constituye un grave delito pues requiere dar muerte a seres inocentes dotados de vida, sensación, memoria e inteligencia como nosotros, y que están emparentados con nosotros. Los humanos han justificado el matar animales afirmando que pertenecen a especies inferiores carentes de racionalidad; Porfirio responde que el grado de racionalidad que se posea o el uso de diferentes formas de lenguaje no son características moralmente relevantes que justifiquen poder matar a los animales para comerlos.»
Porfirio habla de ´abstinencia´ no en un sentido ascético sino en un sentido moral. Así podemos afimar que debemos practicar la abstinencia de cometer asesinatos, violaciones o canibalismo. Porfirio señala que nuestra moralidad debería incluir a los demás animales y no sólo a los humanos, por una cuestión de justicia:
«Y una vez que esto se considera una injusticia, que no se haga uso de la leche, de la lana, de los huevos, ni de la miel. Porque del mismo modo que se delinque quitándole el vestido a una persona, otro tanto ocurre al esquilar una oveja, pues la lana es su vestido. Tampoco la leche va destinada a nosotros, sino a los retoños recién nacidos y la abeja recolecta la miel como alimento especifico suyo que se lo quitamos para deleite nuestro.» [Sobre la abstinencia - Libro I]
Porfirio aclara, entre otros puntos, que respetar a los animales no implica dejarse matar por ellos en caso de conflicto, de la misma manera que respetar a los humanos no implica dejarnos matar por ellos si nos atacan.

Según concluye Pablo Sánchez de Mayo en su tesis doctoral:
«En definitiva, Porfirio, apoyándose en los argumentos que anteriormente habían dado otros autores, que demuestra conocer muy bien, realiza una extensa argumentación dedicada no sólo a defender la abstinencia de carne sino la racionalidad de los animales y, como consecuencia de esto, su consideración moral y la no legitimidad del hombre de utilizarlos para su provecho; sus argumentos se enmarcan así en el ambiente neoplatónico y en confrontación ideológica con los estoicos.»
Este ensayo no pretende ser exhaustivo sino meramente ilustrativo. Las ideas de Porfirio sobre esta cuestión merecen sin duda un estudio más detallado y específico, pero esto excedería el sentido divulgativo que tiene este blog. Por si acaso, menciono que hay un artículo en inglés que comenta la obra de Porfirio, para quien tenga interés en consultarlo.

En definitiva, podemos comprobar que la ética del veganismo no es algo nuevo ni es una "moda" sino que es el reflejo de un intuición moral que ya existía en épocas anteriores y que es consecuencia de la empatía y el reconocimiento de los otros animales como individuos que tienen un valor inherente.

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