22 de septiembre de 2013

Todos somos Tordesillas




«Cierto que sería inútil limitarse a la condena de las corridas sin tener en cuenta el terrible trato que sufren los animales por su carne o por sus pieles en granjas y mataderos. La fiesta de toros constituye la parte visible de un iceberg: la actitud depredadora del hombre sobre el mundo animal y sobre el medio físico.» ~ Antonio Elorza

Todos somos Tordesillas. Todos vivimos y participamos en una sociedad especista que esclaviza a los animales nohumanos. Condenar a una determinada población por hacer lo mismo que se hace en el resto de la sociedad es algún tipo de incoherencia o hipocresía.

Lo que sucede en el denominada Toro de la Vega no es esencialmente diferente de lo que ocurre cotidianamente a nuestro alrededor. Por ejemplo, en los mataderos. O cuando la gente se sienta a comer trozos despezados de animales, o cuando compra otros productos de origen animal, o asiste a espectáculos en donde son utilizados animales nohumanos. Se trata de actividades que implican utilizar a otros animales sin su consentimiento y vulnerando sus intereses. Les causamos sufrimiento y muerte para nuestro beneficio.



No hay ninguna diferencia con el hecho de comer animales o de consumir cualquier producto de origen animal. Detrás de todos ellos hay víctimas que son esclavizadas y asesinadas.

A las víctimas no les importa si las esclavizamos y asesinamos al aire libre o lo hacemos a puerta cerrada. Sólo quieren vivir y disfrutar de su vida en libertad. Igual que nosotros. La sintiencia es inherente a todos los animales que poseemos sistema nervioso.

Por tanto, denunciar la tauromaquia o el Toro de la Vega de forma aislada es algo injusto. Porque no estás denunciando los mataderos y el resto de formas de explotación animal. Las tauromaquia (o cualquier festejo taurino) es sólo son una parte más de la opresión especista. Hablar de ella como si fuera algo excepcional, único o diferente es equivocado. Participar en la tauromaquia o en el Toro de la Vega es lo mismo que sentarse a la mesa a comer animales. En todos los casos se disfruta a costa de la explotación de otros animales. 

Que incluso haya taurinos en contra del Toro de la Vega demuestra la arbitrariedad que existe en nuestros juicios acerca de la relación que tenemos actualmente con los demás animales. Establecemos diferencias irrelevantes entre las distintas formas de explotación, según nuestra conveniencia o gusto.

Por otro lado, aunque cause sufrimiento, la tauromaquia no es una "tortura" en el sentido estricto de la palabra. 

Quienes participan en la tauromaquia no disfrutan por el sufrimiento, sino a costa del sufrimiento. Esta es una distinción muy relevante. No disfrutan sabiendo que sus víctimas sufren, sino que precisamente ignoran dicho sufrimiento, para concentrarse en la estética o en la emoción que motiva el espectáculo.

Miremos lo que dice Leonardo Anselmi, activista contra la tauromaquia - y bien conocido por todos los taurinos y antitaurinos:
«"Vi la grabación de la corrida en la que José Tomás indultó a Idílico. Estéticamente fue espectacular". ¿Aficionado repentino? "Una cosa no quita la otra. Hay que reconocer el aspecto cultural y tradicional de la tauromaquia", aclara.»
¿Es Anselmi un sádico? Según el razonamiento de los propios antitaurinos sí lo sería. Pero yo creo que no lo es. Y lo que dice demuestra que se puede simplemente disfrutar de la tauromaquia por una cuestión de estética, no por sadismo.

No es sadismo ni crueldad. Es especismo. Lo mismo da que la consecuencia de ese especismo sea la tauromaquia o sea un matadero. No hay diferencia. No hay diferencia ni para las víctimas ni desde el punto de vista de la ética.

Si consumimos productos de origen animal (carne, lácteos, huevos, lana,...) estamos causando de manera directa y deliberadamente sufrimiento y muerte a millones de animales inocentes. ¿Dónde está pues la diferencia moralmente relevante más allá de nuestros gustos subjetivos?

Casi todos los seres humanos participan en la explotación de los demás animales. No lo hacen porque sean sádicos o malvados, sino porque creen que los demás animales son seres inferiores que existen para nuestro beneficio. Es un problema de prejuicio. Igual que el problema del racismo o el sexismo.

Por tanto, si no hay diferencia entra la tauromaquia y el resto de la explotación especista, pedir sólo el fin de la tauromaquia (o sólo el fin del Toro de la Vega), ignorando así al resto de las víctimas del especismo, es como pedir a una sociedad que esclavizara seres humanos que deje de esclavizar sólo a los blancos, ignorando al resto de víctimas de la esclavitud por ser de otra raza. Del mismo modo, abogar a favor del fin de un determinada forma de explotación animal, en lugar de pedir el fin de todo uso de animales nohumanos, es una discriminación injusta contra los demás animales. 

Hay varias causas que explican la prevalencia de una campaña ultra-monotemática (como es la iniciativa contra el "Toro de la Vega") frente a la difusión del veganismo. Una de ellas es psicológica: tendemos a empatizar más fácilmente con individuos concretos y localizados que con cifras abstractas de individuos a los que a menudo ni siquiera podemos ver ni conocer.

La campaña contra el Toro de la Vega (y demás campañas similares) no está promoviendo el respeto por todos los animales. Más bien lo está ignorando y marginando. Porque está ignorando y marginando al resto de animales nohumanos que igualmente serán explotados y asesinados. Explotados y asesinados incluso por gente que participa en esa campaña, y que consumen productos de origen animal.

Es una campaña arbitraria, injusta, y que no ayuda en nada a solucionar el problema. Más bien al contrario, ese tipo de campañas hostiles sólo consigue que la gente se reafirme aún más en sus intenciones y busquen patrocinadores y ayudas de políticos para continuar con más fuerza lo que hacen. Tal cual ha ocurrido con la tauromaquia.

La única abolición real es el veganismo. La abolición de la esclavitud que padecen todos los animales nohumanos. Pero esa campaña no promueve el veganismo. Solamente habla de una sola víctima de la opresión especista como si las demás no existieran. Esa campaña no tiene nada que ver con el veganismo. El veganismo abarca a todos los animales explotados por causa del especismo.

Promover una campaña antitaurina es como hacer una campaña contra la pederastia que sólo tenga en cuenta a los niños blancos, discriminando al resto de niños sólo por no ser de raza blanca. O que solamente tenga en cuenta a los niños varones, pero que discrimine a las niñas por su sexo. ¿Qué pasa con el resto de víctimas?

Si viviéramos en una sociedad - como ocurría hace miles de años - donde los humanos fueron esclavizados sin distinción, ¿acaso no sería racista pedir que solamente los humanos blancos estuvieran libres de la esclavitud, discriminando a otros humanos no-blancos? ¿Acaso no sería sexista pedir que solamente los varones fueran libres de la esclavitud, discriminando así a las mujeres? Entonces, ¿acaso no es especista pedir - ya sea en un evento o una campaña - que solamente unos animales nohumanos de una especie concreta (toros, perros, caballos,…) estén libres de nuestra explotación?

El hecho de que la tauromaquia no sea esencialmente diferente de cualquier otro uso de animales nohumanos implica que no tiene justificación que nos centremos en denunciar la tauromaquia e ignoremos el resto de la opresión especista contra los demás animales.

Debemos rechazar las campañas antitaurinas por la misma razón que rechazaríamos una campaña en favor de las vacas que son asesinadas en los mataderos y que al mismo tiempo ignorara a los cerdos, pollos y demás animales igualmente asesinados en esos mataderos. De lo contrario estamos aceptando la injusta discriminación del especismo y apoyamos la misma arbitrariedad moral que decimos rechazar. 

La forma correcta de abolir la tauromaquia, y toda forma de explotación animal, consiste en ir a la raíz del problema: la mentalidad especista que considera que los demás animales son seres inferiores que existen para nuestro beneficio, y que permite y motiva nuestra violencia contra ellos.

Mientras no consigamos que este paradigma moral que impera en nuestra sociedad sea cuestionado y rechazado, no conseguiremos evitar que sus consecuencias se sigan sucediendo.

Si queremos cambiar la situación actual, tenemos que confrontar el prejuicio del especismo en las personas que se encuentran a nuestro alrededor, y en nosotros mismos, y no desviar nuestra atención aisladamente a otros casos de opresión especista que ocurren a cientos o miles de kilómetros, sólo porque nos parezcan más crueles o notorios.

Pensar que lo erróneo en nuestra actual relación moral con los demás animales es solamente la "crueldad" significa fomentar la idea de que esclavizar a otros animales resulta inmoral sólo si se les maltrata o se les hace sufrir. Pero la esclavitud es igualmente injusta sin importar la manera en que se lleve a cabo. Y nuestra actual relación con los demás animales sólo puede ser calificada correctamente como esclavista. En tanto que los tratamos literalmente como nuestra propiedad.

La esclavitud es una violación del principio de igualdad: supeditamos los intereses de los nohumanos a los nuestros, para nuestro propio beneficio; les sometemos a la condición de propiedad para usarlos como recursos, como medios para satisfacer nuestras necesidades y deseos.

El problema es el hecho mismo de que utilicemos a los animales nohumanos como medios para nuestros fines; y no la manera en que les utilicemos. El error está en la esclavitud y no en la manera específica en que esclavizamos a los demás animales.

Incluso aunque algunos seamos veganos, todos somos Tordesillas, porque todos formamos parte de una sociedad que se basa en la explotación de los animales nohumanos. Pero tenemos la obligación de cambiar esta situación.

Si todo este razonamiento es correcto, entonces la única opción lógica es el veganismo.

12 de septiembre de 2013

No soy un amante de los animales



No me considero un 'amante de los animales'.

He sentido un especial afecto personal por algunos animales con los que he convivido en mi vida privada, pero no amo a los animales en general, porque el amor es un sentimiento particular. ¿Cómo podría amar a individuos que ni siquiera conozco? En todo caso podría decir que intento ser respetuoso con todos los animales porque el respeto es un deber moral, basado en razones, que no depende de nuestras preferencias personales.

Yo respeto a todos los seres humanos, como personas que son, pero no por eso soy un 'amante de los humanos'. ¿Acaso si estoy en contra de la opresión patriarcal sobre las mujeres significa eso que soy un 'amante de las mujeres'?

Muchos que dicen amar a las mujeres no las respetan, porque el amor no es lo mismo que el respeto. El amor es un afecto personal que está sujeto a diferentes interpretaciones subjetivas según cada caso. En cambio, el respeto moral es una obligación objetiva basada en razones.

No me considero un amante de los animales. El amor no puede fundamentar la igualdad y el respeto hacia todos los seres sintientes. El amor es una preferencia afectiva. Es un sentimiento dirigido hacia determinados individuos que no se puede, ni se debe, obligar ni forzar. Además, al ser una inclinación emocional relativa a cada individuo no puede fundamentar la moral; la cual por definición debe ser universal.

Si bien es cierto que la palabra amor es polisémica y puede tener significados diferentes según el contexto y el sentido que le dé cada persona.

De hecho, yo creo el amor no tiene un significado propio sino que se usa para señalar diversos instintos y sentimientos. Sabemos que el amor hacia una madre es un sentimiento diferente del amor a la pareja, pero usamos la misma palabra para referenciar ambas actitudes.

En un texto fundacional del veganismo, titulado «Veganismo definido», Leslie Cross afirma que el veganismo está relacionado con el amor, pero, si atendemos al contexto de sus palabras, no creo que se refiera a un sentimiento de afecto emotivo, como el que sentiríamos por un familiar o un amigo o una pareja, sino más bien a una preocupación empática por la vida, la libertad y el bienestar de los animales.

Recordemos que algunos autores consideran el amor en un sentido de consideración moral. Por ejemplo, Martin Luther King, siguiendo la tradición cultural griega, distingue el amor en tres sentidos fundamentales eros, filia y ágape. El ágape sería un amor universal hacia todas las personas. Sin embargo, este último sentido no es el sentido habitual de lo que coloquialmente entendemos por amor.

El término amor suele hacer referencia a un sentimiento de afecto, aunque algunos autores usen este término en un sentido moral, como sinónimo de lo que nosotros entendemos como respeto o consideración ética, pero aportándole un aspecto emotivo. Leslie Cross apela al amor en sus textos para señalar la esencia del veganismo, pero el amor al que se refiere sería un amor diferente del amor filial o el amor romántico, y se trataría más bien de un amor moral, es decir, un deseo de que los animales no sean dañados y se les respete por lo que son en sí mismos, y no por lo que puedan ser para nosotros. 

No obstante, lo habitual es que el término amor se refiera a un sentimiento de afecto, que suele ser su significado habitual, y que no tiene relación con el sentido moral. Es a este sentido emocional al que me refiero principalmente en este ensayo.

Si la moral se basara en las emociones que siente cada persona entonces ni siquiera tendría sentido hablar de moral. ¿Cómo podríamos juzgar si una emoción nos conduce a una conducta éticamente correcta o incorrecta? Solamente podemos saberlo mediante criterios objetivos y universales, es decir, mediante la razón. De lo contrario, si la emoción fuera la base de la ética, caeríamos en el capricho y la arbitrariedad de que lo sintiéramos en cada momento. Así, no tiene sentido hablar de moral si todo se reduce a actuar subjetivamente por deseos particulares.

A menudo se utiliza el término 'amante de los animales' en sentido despectivo para descalificar a cualquier postura que pretenda defender la inclusión de los animales no humanos en la comunidad moral. Del mismo modo que antaño se llamaba 'amante de los negros' a los que eran contrarios al racismo. Los que somos contrarios, también, al especismo tenemos que recibir a menudo descalificativos provenientes tanto por parte de los más intransigentes partidarios de la opresión especista, así como por parte de algunos animalistas que todavía no han superado el prejuicio del especismo.

Sucede que cualquier prejuicio es compatible con el afecto personal. Alguien puede sentir afecto, o incluso amor, por aquellos seres que considera como inferiores o como simples medios para sus fines. Podemos sentir un gran afecto por objetos de nuestra propiedad, como sería una casa o un automóvil. Por eso sería un error creer que el hecho de sentir afecto hacia ciertos individuos no humanos implica o conduce necesariamente a respetarlos.

Podemos encontrar a muchas personas que se declaran amantes de los animales y que comen animales. Afirman amarlos pero no los respetan. No los respetan porque no respetan su individualidad y sus intereses al mismo nivel que los suyos propios. Los aman igual que aman sus pertenencias personales. Este amor sentimental no conlleva respeto, aunque tampoco lo excluya.

En nuestra sociedad actual, el hecho de 'amar a los animales' significa algo muy parecido a decir que uno 'ama los automóviles'. Es decir, la mayoría de la gente, debido a su prejuicio especista, considera que los animales son objetos o recursos que existen para nuestro beneficio. Se trata pues de un amor cosificador. Es el mismo caso que si un machista dijera: «yo amo a las mujeres». Esto no quiere decir que las respete, puesto que considera que las mujeres existen para servir a los varones y las utiliza para su propio beneficio sin tener en cuenta su voluntad ni sus intereses propios. Es un amor utilitario.

Hay otra razón por la cual el amor sentimental no puede ser un referente moral. Se dice a veces que no debemos perjudicar a los demás animales porque los amamos, pero ¿qué pasaría si no los amáramos? ¿Si alguien no ama a los animales significaría eso que está bien que los esclavice o asesine? Por supuesto que no.

La razón por la que debemos respetar a los demás animales se explica teniendo en cuenta el hecho de que poseen un valor intrínseco en tanto que son seres conscientes —son individuos que tiene su propia voluntad e intereses— y este valor intrínseco implica que no debemos tratarlos como recursos. Así lo explica la filósofa Priscilla Cohn:

«Al aseverar que los animales tienen un valor inherente, quiero decir que su valor es independiente de nuestros juicios respecto de su utilidad, belleza y así sucesivamente. Decir que los animales tienen un valor inherente significa entonces que su valor no es instrumental, o que no son meramente medios para nuestros fines humanos.» Priscilla Cohn, Una concepción inherentista de los animales, 1999

Ciertamente, el amor nada puede decirnos acerca de si lo que hacemos está moralmente bien o mal. Tampoco puede decírnoslo el odio, el asco o cualquier otra emoción.

La filosofía de los Derechos Animales no se basa en el sentimiento sino en las nociones objetivas de justicia y respeto por todos los seres sintientes. Debemos resptar a todos los individuos independientemente de su especie y de nuestros sentimientos acerca de ellos; sin importar si nos resultan simpáticos, bonitos o agradables. Para ser sujeto de consideración moral, el único requisito necesario y suficiente es la capacidad de sentir.

Podemos debatir sobre el papel del amor en nuestra consideración moral hacia los animales −y hacia los humanos− pero el punto central es que debemos respetarlos. Tanto si los amamos como si no, deberíamos respetarlos a todos por igual y no dar preferencia arbitraria a los intereses de unos frente a los de otros, ni tampoco tratarlos como objetos o recursos para satisfacer nuestras necesidades y deseos.

Nada de lo aquí expuesto pretende ser un alegato contra el amor sino que se trata sólo de una concisa aclaración: debemos respetar a los demás animales como imperativo moral y esta obligación moral no se basa en el sentimiento sino en el razonamiento.

No somos seres puramente racionales y necesitamos nuestra parte emotiva para percibir y actuar en el mundo. Podemos sin duda prescindir del amor sentimental para fundamentar la ética pero cabe la posibilidad de que no podamos prescindir del amor moral para actuar éticamente.

7 de septiembre de 2013

El resurgimiento del comercio de piel: por qué debemos clarificar nuestro mensaje



Este artículo es la traducción de un texto escrito por la activista vegana Stevie Schafer, en el cual explica las nefastas consecuencias que han tenido la campañas animalistas contra la industria peletera y la necesidad de replantear radicalmente la manera de enfocar nuestra postura como activistas ante el problema de la explotación animal. Debido a la relevancia y concisión de sus argumentos he decidido publicarlo, confiando en que ayude a entender uno de los principales problemas que hay en el mismo seno del ámbito animalista. Espero que os resulte de interés.

*************

Tras décadas de campañas contra la industria peletera, la piel está de vuelta en el comercio de la moda, a pesar de los esfuerzos de los defensores de los derechos los animales. Ahora se promueve la "piel ecológica" o la "piel humanitaria" y se desdeña las alternativas sintéticas alegando que explotar animales es más respetuoso que el petróleo. ¿Cómo ha llegado a ocurrir a esto? 

Objetivos. ¿Cuáles son nuestros objetivos? 

Para ser justo, no se lo hemos puestos fácil a la gente a la hora de hacerle comprender qué es lo pretendemos. Utilizamos un lenguaje que oscurece nuestros motivos. Preferimos exponer la dicotomía "cruel vs. humanitario" en lugar de pedir "el fin del uso de animales". Los activistas en el movimiento consideran un victoria el hecho de que los animales esclavizados sean asesinados en formas menos horribles. ¿Es esto lo que realmente buscamos? ¿No deberíamos acaso dejar claro que pedimos que ningún animal sea traído al mundo para ser utilizado y asesinado? ¿No deberían todas las personas que defienden los derechos de los animales pedir el fin del uso de los animales y ser veganos?

Es evidente que nuestro lenguaje es poco claro. Un "vocabulario de motivos" es un término para describir los lemas y los términos que la gente utiliza para justificar sus actos. Respecto de un movimiento social, como son los derechos animales, este vocabulario explica por qué existe el movimiento y por qué la gente forma parte de él.

Los movimientos sociales dependen del compromiso de sus miembros en lograr lo que se proponen, y por eso es esencial ser claros acerca de nuestros objetivos.

Si el movimiento de derechos animales busca el fin del uso de los animales no humanos, eso requiere que sus miembros traten de lograrlo. Sin embargo, con el actual lenguaje de "crueldad" y "humanitario" estamos muy lejos de hacer entender que nuestra finalidad es el fin del uso de animales no humanos. Difícilmente podremos hacer entender a la gente por qué el veganismo es una parte esencial de los derechos de los animales, si ellos no desean el fin del uso de los animales.

Cruel y humanitario: cómo la industria peletera utiliza nuestro propio lenguaje

Focalizando en "la crueldad" de la industria peletera, y en las investigaciones ocultas, se ha conseguido abrir un mercado para la piel "humanitaria". La industria peletera ha respondido a las objeciones basadas en pedir el "fin de la crueldad" y en "detener el abuso contra los animales" poniendo a la venta productos que se publicitan con esos mismos lemas.

Los vídeos y las descripciones de la crueldad son, por supuestos, exitosas en provocar respuestas emocionales, y para algunas personas esto es motivo suficiente para dejar de consumir animales. Sin embargo, la falta de consistencia en el vocabulario no aporta razones claras por las cuales la gente debe cambiar su forma de vida. El auge de la piel "humanitaria" muestra que muchos han asimilados el mensaje de que es importante preocuparse por la forma en que los animales nohumanos son tratados: "!No hace falta ser vegano! Eso es muy extremista. Podemos preocuparnos por los animales y llevar su piel al mismo tiempo."

La tendencia a focalizar en el trato, y no en el uso, se puede comprobar sobre todo en los países occidentales. Las encuestas en Gran Bretaña, Estados Unidos y Australia muestran que la gente está concienciada respecto del bienestar de los animales no humanos, aunque continúa consumiéndolos. Una vez más, la gente está siguiendo los términos expuestos por las figuras prominentes del ámbito animalista. El énfasis en la "crueldad" ha dado pie a la utilización y comercialización del término "humanitario" por parte de la industria de explotación animal. Ellos utilizan el lenguaje de los animalistas. ¿Alguien se sorprende luego de que la gente no comprenda por qué no consumimos huevos de "gallinas camperas"?

Sostenibilidad y eco-lenguaje

El nuevo giro de la industria peletera también se apropia del hecho de que la gente está cada vez más concienciada respecto del impacto ambiental de los materiales sintéticos. A menudo se etiqueta al veganismo como "ecológico" y la industria peletera ha entrado en este contexto presentando como argumento que "la industria de producción de pieles tiene como objetivo mantener a largo plazo el equilibrio ecológico".

No deberíamos sorprendernos de que la industrial peletera utilice términos como "sostenible", "ecológico" y "verde" para responder a los argumentos presentados por los activistas contra la explotación animal. El hecho de que calificativos como "sostenible" o "ecológico" sean apropiadamente utilizados por la industria peletera demuestra la total incompetencia de los argumentos medioambientales para proporcionar razones claras y consistentes en contra del consumo de piel. 

Hora de cambiar el vocabulario

Si la piel ha resurgido, especialmente en la forma de piel "humanitaria" y "ecológica" se debe parcialmente a fallos en el vocabulario que utilizamos. La industria peletera ha sido capaz de asumir el propio lenguaje utilizados por los animalistas y adoptar estrategias que respondan a los argumentos utilizados contra ella misma.

Si los activistas realmente desean lograr el fin del uso de los animales no humanos, entonces necesitamos exponer claramente nuestros objetivos. Las industrias que utilizan, confinan, y asesinan a los animales no humanos han adoptado nuestro lenguaje y lo hablan con fluidez, como si fuera su lengua materna. Aunque algunos de nosotros consideramos que el significado de los términos ha sido manipulado y no refleja el significado que pretendemos darle. Pero ¿acaso es no es lo que ocurre cuando rechazamos el ser claros? ¿No es lo que sucede cuando ocultamos nuestros objetivos e intentamos utilizar un lenguaje más indirecto y atractivo para el público

Teniendo en cuenta todo el tiempo y dinero empleados en las campañas anti-piel, quizás sea hora de reflexionar acerca de cuáles son los objetivos de nuestro movimiento y utilizar un lenguaje que de forma clara y exacta refleje dichos objetivos. 

*****************

Aunque considero que las observaciones de Schafer son acertadas, considero también que el problema en al activismo animalista no afecta solamente al lenguaje sino que es un error completo de enfoque.

Las campañas monotemáticas es decir, centradas en una determina forma de explotación especista —o en una determinada especie de animales no humanos— son injustas y no tienen ninguna efectividad a la hora de conseguir que los humanos respetemos los intereses de los no-humanos.

No hay nadie que realmente crea que necesitamos utilizar a otros animales para poder vestirnos. Entonces, ¿por qué sigue existiendo la industria que explota a otros animales para vestimenta? Porque no es una cuestión de necesidad: es un problema de prejuicio. El prejuicio especista es lo que permite y motiva a que esto suceda. Debido a ese prejuicio se considera socialmente aceptable explotar a otros animales para satisfacer nuestros caprichos o para obtener un beneficio económico.

Si ahora mismo en nuestra sociedad no hay una explotación institucionalizada de canibalismo o de piel humana se debe a que no hay una demanda de ella sino que, por el contrario, existe un rechazo masivo y generalizado en contra de esta explotación humana. La explotación de los animales no cesará mientras no cese la demanda social, y ésta no dejará de existir mientras en nuestra cultura permanezca la idea de que los demás animales son medios para satisfacer fines humanos.

Así es por lo que en tanto que no exista previamente una base social suficiente de personas que apoye la abolición del uso de animales nohumanos, resultará imposible conseguir leyes que protejan los intereses de los animales no humanos mientras estos sigan siendo considerados como propiedad de los humanos.


Conseguir un cambio sustancial en esta situación requiere como primer paso una evolución del paradigma moral desde la actual visión de los no-humanos como recursos de los humanos hacia una visión de los nohumanos como personas con derechos. Y ese cambio sólo se puede lograr a través de la educación vegana.

La actual situación de los animales no humanos nunca cambiará realmente mientras no haya una mayoría social de gente que rechace su estatus de propiedad a través del veganismo.


3 de septiembre de 2013

El principio de igualdad


El especismo es una creencia asumida y cotidiana en nuestra sociedad. A casi todos nos han educado en base a este prejuicio. Sin embargo, también es cierto que tenemos la capacidad de cuestionar y cambiar las creencias y hábitos que nos han sido inculcados. Si lo hacemos, quizás podamos ver que el especismo es una grave injusticia que causa directamente billones de víctimas inocentes.

A lo largo de la historia se ha considerado normal tener en cuenta solamente a los individuos que eran de nuestro mismo grupo particular [raza, sexo, nación,...] y discriminar los que eran de otro grupo distinto. Pero esta forma de pensar es injusta por dos razones fundamentales.

Primero; porque ni la raza ni el sexo afectan a la capacidad de sentir. Ésta es la única característica que importa a la hora de reconocer que alguien es sujeto de consideración moral. Todos los individuos con sistema nervioso centralizado podemos sentir, y por tanto tenemos voluntad e intereses propios.

Segundo; porque si aplicamos la lógica a la consideración moral entonces los intereses de unos deben ser considerados de igual forma que los mismos intereses de otros, precisamente porque son los mismos intereses, aunque aparezcan en individuos diferentes.

La lógica es la base de la ética. En realidad, la lógica es la base de todo conocimiento, puesto que algo de carezca de base lógica no podría siquiera ser comprendido ni percibido en modo alguno.

El principio moral de igualdad exige que todos los individuos, y sus intereses relevantes, sea considerados de manera igual —al mismo nivel— porque son los mismos intereses aunque se den en individuos diferentes. Así lo explica el profesor James Rachels:

«Los individuos deben ser tratados de la misma manera a no ser que haya una diferencia relevante entre ellos que justifique una diferencia de trato. [...] Cualquier diferencia entre individuos que justifique una diferencia de trato depende del tipo de tratamiento en cuestión. Una diferencia que justifique alguna clase de diferencia de trato no necesariamente justifica otra.» [James Rachels, Created from Animals; capítulo 5]

Las diferencias que existen entre humanos y animales no justifican discriminar a los animales de la comunidad moral y tratarlos como si fueran cosas que sólo tienen un valor instrumental en función de nuestros deseos y necesidades. 

Por ejemplo, no tiene relevancia el hecho de que otros animales no sean capaces de tener responsabilidades y obligaciones morales, o que no sean capaces de comprender lo que es la ética, para ser reconocidos como miembros de la comunidad moral. Muchos otros seres humanos tampoco son capaces de comprender la responsabilidad moral y aun así comprendemos que merecen un respeto básico y no ser tratados como meros recursos. Me estoy refiriendo a los bebés, a personas con discapacidad mental, a ancianos seniles.

Hay muchos seres humanos que no puede tener obligaciones y aun así merecen el mismo respeto que nosotros, porque la razón para respetar a un individuo no tiene que ver con sus capacidades intelectivas, sino  que está directamente relacionado con la posesión de la capacidad de sentir. Los otros animales, experimentan sensaciones y poseen intereses. Esto es lo único que importa en a la hora de reconocer un valor moral. No la especie, ni la raza, ni el sexo, ni ninguna otra característica irrelevante a la capacidad de sentir.

No hay ninguna diferencia cualitativa entre seres humanos y los demás animales que justifique el hecho de que los discriminemos del mismo respeto moral básico que reconocemos a los humanos.

La explotación que los humanos estamos cometiendo sobre los animales no humanos se intenta justificar del mismo modo que se ha intentado justificar la explotación y matanza sobre otros humanos; apelando a que eran diferentes de nosotros porque carecían de alguna cualidad determinada que no tiene relación con el hecho de sentir, de tener conciencia e intereses. Esa práctica injustamente discriminatoria se basa en lo que otros autores han denominado como «el principio mafia», es decir, la discriminación y violencia sobre otros individuos que no pertenecen a nuestro grupo social particular.

La misma dinámica se repite cuando discriminamos en función de la especie. Preferimos ignorar que los demás animales sienten, sufren, y desean vivir; con la excusa de que son 'inferiores' porque no son humanos o porque no son tan inteligentes como nosotros. Cuando actuamos así demostramos que no hemos aprendido nada de los graves errores de nuestro pasado.

En esto consiste la igualdad en sentido moral: que todos las entidades moralmente relevantes que sean iguales deben ser reconocidas y tratadas moralmente de forma igual. De ese modo lo explica el profesor Tom Regan:

«Este principio declara que los deseos, necesidades, esperanzas,..., de diferentes individuos, cuando son de igual importancia para estos individuos,  son de igual importancia o valor sin importar quiénes sean los individuos: príncipe o indigente, genio o idiota, blanco o  negro, masculino o femenino, humano o animal. Este principio de igualdad de inte­reses parece proporcionar un fundamento filosófico para evitar las más burdas for­mas de prejuicio, incluidos el racismo, el sexismo y, siguiendo a Ryder y Singer, el especismo.» [Tom Regan, Derechos Animales, Injusticias Humanas, 1980]

Por lo tanto, el principio moral de igualdad nos exige a reconocer como iguales a todos los seres sintientes en su valor inherente. Todos los seres dotados de sensación son individuos con voluntad e intereses propios; son seres conscientes. Esto significa que valoran su propia supervivencia y bienestar. De este modo, todos los seres conscientes poseen un valor intrínseco.

Si todos los seres sintientes poseen igualmente un valor inherente entonces merecen la misma consideración moral básica; lo cual implica, entre otras cosas, no utilizarlos como meros recursos para satisfacer nuestros fines, es decir, no usarlos como comida, vestimenta, transporte o sujetos forzados de experimentación o entretenimiento. Expresado mediante una fórmula kantiana: no tratarlos como simples medios para nuestros fines.

El principio de igualdad nos exige de igual modo que erradiquemos el estatus de propiedad al que hemos sometido a los animales. Seguir considerando a los no-humanos como nuestras propiedades supone supeditar sus intereses a los nuestros apelando simplemente porque ellos no son humanos.

Si todos los individuos son iguales en tanto individuos, entonces discriminar los moralmente en función de la especie es tan injusto como discriminar en base a la raza. Así pues, todos los animales merecen el mismo respeto básico, y ese respeto implica que no usemos a nadie como nuestra propiedad, como un mero recurso para satisfacer nuestros deseos. Deberíamos respetar a cada individuo como un fin en sí mismo y no tratarlo como un simple medio para una finalidad.

Además, no tenemos necesidad que nos obligue a utilizar a otros animales. Podemos vivir perfectamente con una alimentación vegana —sin sustancias de origen animal y podemos satisfacer todas nuestras demás necesidades [vestimenta, higiene, ocio,...] sin tener que usar a otros animales.

La explotación que ejercemos sobre los demás animales no sólo es una actividad injustificable, y terriblemente dañina, sino que además es innecesaria en cualquier sentido razonable del término.

Para quien desee conocer una explicación más extensa y detallada acerca del principio moral de igualdad, recomiendo encarecidamente la lectura del libro «Introducción a los Derechos Animales»

16 de agosto de 2013

Lenguaje no humano


»Los animales tienen sus propios sistemas de comunicación con sonidos, pero nosotros tampoco somos capaces de entenderlos. Si así fuera, el canto de ciertos pájaros debería hacernos huir, por tratarse de un himno territorial; o incluso las mujeres deberían ser atraídas cuando los sapos se ponen a cantar, porque son ritos de cortejo.«  ~ Robert Zatorre


En varias ocasiones he visto mencionado al filósofo Ludwig Wittgenstein como ejemplo de intelectual que afirma que no se pueden atribuir significativamente estados de consciencia a seres sin lenguaje. Sin embargo, esta suposición es doblemente incorrecta.

No tengo constancia de que Wittgenstein sostuviera que los animales nohumanos carecen de conciencia. Al menos en nada que yo haya leído o estudiado sobre su obra. Esa pretensión de que los animales carecen por completo de conciencia, al carecer supuestamente de lenguaje o pensamiento conceptual, creo que pertenece más bien a otros pensadores como es el caso de René Descartes, Peter Carruthers, y Daniel Dennet.

En su obra »Investigaciones Filosóficas«, el filosofo Ludwig Wittgenstein escribe lo siguiente:

«25. Se dice a veces: los animales no hablan porque les falta la capacidad mental. Y esto quiere decir: «no piensan y por eso no hablan». Pero: simplemente no hablan. O mejor: no emplean el lenguaje — si prescindimos de las formas más primitivas de lenguaje.— Ordenar, preguntar, relatar, charlar pertenecen a nuestra historia natural tanto como andar, comer, beber, jugar.»

Lo que yo interpreto coherentemente a partir de estas concisas reflexiones es que Wittgenstein no comparte la idea de que los demás animales no posean la capacidad de pensar, sino que simplemente considera que ellos no tienen capacidad para el lenguaje, en el sentido de que lo tenemos los humanos, y por eso no podemos comunicarnos con ellos, del mismo modo que lo hacemos entre nosotros. Pero no veo nada en sus escritos que sugiera que él niegue conciencia a los otros animales.

Entiendo que lo que Wittgenstein sugiere en el fondo es que sin lenguaje no puede haber pensamiento conceptual. El pensamiento conceptual es un tipo específico de conciencia intelectiva que se llama 'meta-cognición' y que implica la capacidad de comprender y manejar símbolos como forma de pensar y comunicar nuestras experiencias o conocimiento sobre la realidad. 

Si así es, creo que Wittgenstein se equivoca en ese punto. Se equivoca al negar conciencia intelectiva a los otros animales. La capacidad de hacer abstracciones mentales no es exclusiva en los seres humanos.

Sabemos que los demás animales también piensan y razonan. Lo hacen de acuerdo a sus facultades y sus necesidades propias. Pero tenemos claras evidencias de que los animales no humanos  poseen memoria, capacidad de deducción y realizan proyectos de futuro.

Por otra parte, es evidente que asume un significado de lenguaje bastante exclusivo que se refiere a un tipo muy específico —el lenguaje simbólico— expresado por medio de frases sintácticas, escritas o habladas. No obstante, sabemos que existen otras formas de lenguaje, como es el caso del lenguaje gutural [gritos, chillidos, gruñidos, silbidos] o del lenguaje corporal [gestos, posturas, señales] que son igualmente válidas y expresivas.

Los demás animales tienen su propio lenguaje. Ellos expresan sus emociones y deseos. Otra cosa distinta es que nosotros podamos entenderles o que prefiramos ignorarlos. 

La razón por la que otros animales no hablan como nosotros se debe a la forma de sus cuerdas vocales. No tiene que ver con su inteligencia. Por ejemplo, si los perros o los cerdos o las vacas, tuvieran cuerdas vocales como las nuestras podrían hablar con nosotros igual que habla un niño humano de cuatro o cinco años. De hecho, son capaces de entender y memorizar varios cientos de palabras distintas.

El problema de fondo quizás estriba en determinar a qué nos referimos cuando hablamos de conciencia. Porque está claro que hay una habitual confusión entre los diferentes tipos de conciencia: la sensitiva [sentir], la intelectiva [pensar/razonar], y la moral [comprender y asumir la ética]. La primera de ellas no necesita de las otras. Es relativamente fácil comprender que en efecto no es necesario tener la capacidad de pensar sobre el dolor —conciencia intelectiva— para poder sentir dolor –conciencia sensitiva. Y toda sensación implica, al menos, un grado básico de conciencia.

La diferencia entre sentir y pensar o razonar —entre conciencia sensitiva y conciencia intelectiva— es absolutamente fundamental para comprender cabalmente esta cuestión. Porque para experimentar sensaciones o tener intereses no hace falta al mismo tiempo generar ideas sobre esas sensaciones. Es importante no confundir las experiencias sensitivas con las ideas que podemos generar a partir de dichas sensaciones. Para sentir miedo no hace falta ponerse a pensar sobre esa sensación de miedo ni para desear proteger la propia vida hace falta poder comprender el concepto de vida. 

Así lo explica el neurofisiólogo António Damasio, de una manera más técnica, en su obra »El error de Descartes« [capítulo 10]:

«Así, pues el dispositivo neuronal mínimo capaz de producir subjetividad requiere cortezas sensoriales iniciales (incluidas las somatosensoriales), regiones de asociacion corticales sensoriales y motrices, y núcleos subcorticales (especialmente el tálamo y los ganglios basales) con propiedades de convergencia capaces de actuar como conjuntos de terceros. Este dispositivo neuronal básico no requiere de lenguaje. La construcción del meta-yo que imagino es estrictamente no verbal, una visión esquemática de los principales protagonistas desde una perspectiva externa a ambos. En efecto, la visión de esta tercera entidad constituye, momento a momento, un documento narrativo no verbal de lo que les está ocurriendo a estos protagonistas. La narración puede conseguirse sin lenguaje, empleando las herramientas representacionales elementales de los sistemas sensorial y motor en el espacio y el tiempo. No veo ninguna razón por la que los animales sin lenguaje no puedan efectuar dichas narraciones.»    
                                                               
En conclusión, podemos darnos cuenta de que hay características —como el lenguaje— que no son humanas, en el sentido de exclusivamente humanas, sino que son comunes a la mayoría de los otros animales. Lo cual nos ayuda a conocer y comprender mejor la personalidad de los demás animales. La ciencia ayuda a demostrar que los argumentos especistas que tratan de establecer un abismo entre nosotros y el resto de animales— y que intentan negar el reconocimiento de la personalidad de los animales no humanos— incurren en una discriminación injustificada.

La ciencia parte de fundamentos basados en la observación objetiva y la deducción lógica, por lo tanto sus conclusiones son más fiables que los de cualquier otro método, y además constantemente se someten a revisión.

Por supuesto, el hecho de que otros animales piensen, o tengan lenguaje, no es relevante en lo que se refiere a la consideración moral. Lo único que importa a este respecto es que ellos sienten. 

Nada de lo que aquí he expuesto afecta o se refiere a la pertenencia de los no-humanos en la comunidad moral. Pero entiendo que sí es relevante mostrar y difundir que estamos llenos de prejuicios contra los demás animales y que las evidencias nos demuestran la irracionalidad del especismo.

11 de agosto de 2013

Tres movimientos



Es un lugar común dentro del ámbito animalista el proclamar que' 'todos estamos en lo mismo' o que 'todos buscamos lo mismo' y otras afirmaciones similares. Sin embargo, los hechos muestran que ese tipo de declaraciones son profundamente erróneas. 

Mi propósito en este ensayo es intentar aclarar que no hay un solo movimiento animalista. No hay una sola postura frente al tema del especismo. No hay una única forma de pensar acerca de cuál es el problema en nuestra relación con los demás animales. 

Lo que sí hay son varias teorías que, partiendo de presupuestos propios, analizan el valor moral de los animales no humanos y llegan a conclusiones distintas sobre cómo deberían ser nuestras relaciones con ellos. 

Si uno se fija adecuadamente, no resulta difícil apreciar que hay al menos tres filosofías sobre esta cuestión. Filosofías que una vez asumidas obviamente conducen a creencias, juicios y comportamientos bien diferentes.

Es posible que un engaño repetido muchas veces haga que la gente lo considere verdad —tal y como pensaba Goebbels— pero eso no lo convierte en verdad. La verdad es independiente de nuestras creencias u opiniones. Aunque todos creyéramos que no hay miles de millones de animales no humanos siendo esclavizados y asesinados, este hecho seguiría siendo verdad aunque no tuviéramos conocimiento de ello o nuestra creencia estimara justo lo contrario.

Un movimiento, por definición, consiste en la traslación de un objeto desde un punto concreto a otro punto concreto y para llegar del uno al otro tiene que recorrer un determinado trazado. Partiendo de esta noción veremos que las tres posturas no parten del mismo lugar, ni pretenden llegar al mismo objetivo, y que recorren diferentes caminos para intentar llegar a su destino.

Voy a exponer de manera concisa una síntesis sobre estos tres movimientos principales que existen dentro del ámbito animalista, en orden cronológico a su aparición histórica:

PROTECCIONISMO

Con el nombre de proteccionismo me referiré a aquella postura que considera que los animales no humanos deben ser protegidos únicamente en tanto que esto beneficie al ser humano. 

En realidad, ese nombre sería una mera etiqueta, puesto que no existe ninguna autodenominación propia. En gran medida, esta filosofía no tiene entidad independiente sino que es una derivación directa del antropocentrismo moral.

El proteccionismo se basa en la idea de que no debemos ser 'crueles' con los demás animales porque eso puede perjudicarnos a nosotros —los humanos. Es una filosofía que parte asumiendo el especismo como base. 

El proteccionismo por supuesto no condena el uso de los no-humanos, ni ninguna forma concreta de utilizarles. Tan sólo afirma que hay que limitar o refinar el uso que hagamos de ellos para evitar que pueda dañarnos a nosotros los humanos en alguna manera.

Esta forma de pensar aparece reflejada en el pensamiento de Kant. Este importante filósofo pensaba que sólo los humanos tenían valor moral inherente, y que los otros animales eran simples medios para los fines humanos, y no merecían ningún respeto por sí mismos, sino que tenían tan sólo un valor instrumental. En palabras del propio Kant:

«El trato violento y cruel a los animales se opone mucho más íntimamente al deber del hombre hacia sí mismo, porque con ello se embota en el hombre la compasión por su sufrimiento, debilitándose así y destruyéndose paulatinamente una predisposición natural muy útil a la moralidad en la relación con los demás hombres.»

No es difícil encontrar a gente que se opone a la caza, o a la tauromaquia, o a las peleas de perros, pero no porque todo esto perjudique a los interés de los animales no humanos, sino por considerar que esas actividades degradan la moralidad de los seres humanos y fomentan la insensibilidad moral y la crueldad entre ellos mismos. 

Es decir, que el proteccionismo entiende que lo relevante no es que la violencia se cometa contra otros animales, sino que sólo importa que esa violencia perjudique directa o indirectamente a los seres humanos.

El profesor Francione resume esa postura, señalando antecedentes de ella anteriores a Kant:

«Gente como Santo Tomás de Aquino, John Locke, Immanuel Kant y otros, argumentaban que estaba mal infligir crueldad gratuita a los animales porque esto haría más probable que seamos crueles entre nosotros. Pero esto no tenía nada que ver con el reconocimiento de que los animales tenían significado moral. Esto tenía que ver con una preocupación sobre los humanos, y con la conexión entre el tratamiento cruel de los animales y el resultante abuso de otros humanos.»

Cuando desde la postura proteccionista se rechaza la experimentación con animales no humanos, este rechazo está motivado sólo por considerarla poco o nada efectiva para beneficiar a los seres humanos. De nuevo, vemos cómo identifican que el problema está en que una determinada práctica,que implica utilizar a animales no humanos no está beneficiando a los seres humanos, e incluso les está perjudicando.

Es importante tener cuenta que esta postura parte del especismo, es antropocéntrica, pero además también establece discriminaciones especistas dentro de la categoría de animales. Veremos que muchos proteccionistas se centran exclusivamente en perros y gatos, o sólo primates no humanos, o sólo en mamíferos. El motivo de estas discriminaciones está en la preferencia personal: los proteccionistas sólo se ocupan de aquellos no-humanos que son sentimentalmente importantes para ellos. 

En definitiva, el proteccionismo no reconoce un valor moral inherente a los animales que no son humanos. No considera que tengan derechos morales ni que puedan tener derechos legales. Por desgracia, ésta es actualmente una ideología predominante y ampliamente mayoritaria en nuestra sociedad. Aunque, por fortuna, no es la única que existe ni la única que tiene partidarios.

BIENESTARISMO

Cuando hablamos de bienestarismo es habitual que esta posición se confunda automáticamente con las medidas de 'bienestar animal'. Sin embargo, debemos reconocer que no son lo mismo. 

El bienestarismo es una postura ideológica definida por Jeremy Bentham, el padre filosófico del utilitarismo. En cambio, el "bienestar animal" es la etiqueta usada para denominar a las regulaciones legales sobre la forma en que se utiliza  a los animales no humanos. 

Los bienestaristas, casi en su totalidad, suelen apoyar ese tipo de medidas por considerar que "reducen el sufrimiento" de los animales no humanos explotados, pero también lo hacen los proteccionistas, por considerar que beneficia a los humanos al mejorar la calidad de los productos que se obtienen de la explotación de nohumanos. 

De hecho, el bienestarismo es una rama del utilitarismo que se caracteriza por considerar que los únicos elementos moralmente relevantes son el el dolor y el placer ["sufrir y disfrutar" también dirán] y que nuestro deber es reducir o evitar el dolor y el sufrimiento, y favorecer y aumentar el placer, la felicidad o el bienestar. 

Ahora bien, como los demás animales también experimentan dolor y placer, los bienestaristas consideran su interés en evitar el sufrimiento, y en disfrutar de la felicidad, debería ser tenido en cuenta en todas nuestras acciones que pudieran afectarles. Es muy citada esta frase de Jeremy Bentham:

«La cuestión no es ¿pueden razonar?, ni ¿pueden hablar?, sino ¿pueden sufrir?»

Lo novedoso en el bienestarismo está en que es la primera vez en la historia que los animales no humanos son tenidos en cuenta por ellos mismos, y no sólo en relación con los intereses humanos. El bienestarismo supone ciertamente un cambio de enfoque en la visión moral sobre los animales no humanos. 

No obstante, es esencial destacar también que el bienestarismo rechaza la noción moral de derechos y del valor intrínseco del individuo. 

Es decir, la posición bienestarista no tiene en cuenta la individualidad o la voluntad de las personas implicadas. Conceptos morales como la igualdad o el respeto son secundarios o simplemente inexistentes. Todo está supeditado al objetivo final: aumentar bienestar y reducir sufrimiento.

Por todo ello, es compatible con el bienestarismo aceptar la utilización de animales no humanos para conseguir algún determinado fin que tenga relación con su objetivo de reducir o eliminar el sufrimiento. No importa si para ello hubiera que sacrificar a determinados individuos. Peter Singer, el filósofo más representativo del bienestarismo actual, lo deja claro al apoyar explícitamente el uso de animales en experimentos y para otros fines.

El principal objetivo de los bienestaristas es el sufrimiento —eliminarlo o reducirlo todo lo posible. Un bienestarista valorar los medios en tanto que le resulten útiles para conseguir lograr ese objetivo. Un destacado activista del movimiento bienestarista como es Mat Ball, lo resume de esta manera:

«En EEUU, dada la cantidad de animales no humanos que están sufriendo, la intensidad de su sufrimiento, y el hecho de que se les provoca el sufrimiento intencionadamente, creo que la liberación animal es el imperativo moral de nuestro tiempo. Deberíamos centrar nuestra atención en acabar con este sufrimiento de la manera más eficiente y rápida posible.»

No obstante, los bienestaristas consideran que es permisible provocar sufrimiento si con ello se consigue el objetivo de reducir o eliminar el sufrimiento general. ¿Contradictorio? No lo sería desde una perspectiva consecuencialista que defiende que el fin justifica los medios. Con la excusa de conseguir reducir o eliminar el sufrimiento, cualquier acción que pretenda o consiga favorecer dicho objetivo puede ser considerada justificada por los partidarios del bienestarismo.

Tradicionalmente, los partidarios del bienestarismo han promovido y apoyado la reforma de la esclavitud de los animales no humanos. Si bien en las últimas décadas ha habido un progresivo desplazamiento o simultaneidad hacia medidas más radicales como el vegetarianismo y el no-consumo de explotación animal. Es por esto que muchos se autodenominan veganos por el mero hecho de no participar en la explotación animal —o más bien, en algunas formas de explotación— aunque su oposición no es contra la esclavitud o la explotación de los animales sino solamente contra el sufrimiento. 

Un ejemplo práctico que muestra como el criterio del sufrimiento es el único que importa a los bienestaristas se puede ver en su apoyo al proyecto de la carne de laboratorio o carne de laboratorio. Aun siendo conscientes de que se trata de una medida que sigue implicando esclavizar y asesinar a animales inocentes, ellos apoyan esta medida porque "reduce el sufrimiento". Sólo por señalar una entre otras muchas.

También es pertinente señalar que el bienestarismo no es una ideología monolítica. Hay diversas variantes, como las hay dentro del propio utilitarismo. Identifico tres de ellas: 

[1] Hay bienestaristas que proponen reducir el sufrimiento en el uso de los animales no humanos.

[2] Hay otros que consideren debemos eliminar todo sufrimiento que causamos a los demás animales, y por esto tiendan a rechazar el uso de animales no humanos por considerar que todo uso provoca sufrimiento. Estos serán quienes dejan de consumir explotación animal y se dicen 'veganos'.

[3] Habrá otros que vayan incluso más allá y que postulen directamente que debe ser abolido el sufrimiento de todos los seres sintientes que habitan en el mundo. Es por esto que algunos se consideran 'abolicionistas'. Pero los bienestaristas no son abolicionistas de la esclavitud, porque su postura frente a la esclavitud vendrá determinada por el grado de sufrimiento y/o bienestar que produzca. Ellos sólo pretenden ser abolicionistas del sufrimiento.

Quien mejor explica este punto es el profesor Gary L. Francione quien ha dedicado gran parte de su trabajo al estudio del bienestarismo:

«Los bienestaristas afirman que los animales no tienen, en sí mismo, un interés en no ser esclavos; ellos sólo tienen interés en ser esclavos “felices.” Ésa es la posición promovida por Peter Singer, cuya visión neo- o nuevo-bienestarista se deriva directamente de Bentham. [...] El paradigma de los derechos que, como yo lo interpreto, requiere moralmente de la abolición de la explotación animal y del veganismo como una cuestión de justicia fundamental, es radicalmente diferente del paradigma bienestarista, el cual, en teoría, se centra en reducir el sufrimiento.»

El bienestarismo merece un análisis más detallado para poder comprenderlo cabalmente, pero aquí sólo apunto sus rasgos más básicos, para poder diferenciarlo del proteccionismo y del veganismo, sobre el que hablaré a continuación.

VEGANISMO

En este tercer lugar, podría haber mencionado a los Derechos Animales para referirme a la tercera postura con entidad propia, pero el veganismo es anterior históricamente a la formulación teórica de la ética de Derechos Animales y es la base que lo fundamenta. Por todo ello, antes de hablar de Derechos Animales debemos hablar de veganismo. 

Hablar de Derechos Animales sin veganismo es como hablar de Derechos Humanos sin abolición de la esclavitud.

Me referiré de manera concisa a aquellos aspectos fundamentales del veganismo que destacan por su diferencia con otras posturas. 

El veganismo surge en 1944 como un movimiento singular, diferenciado del vegetarianismo y del bienestarismo o de cualquier otra postura antropocéntrica. Sus características básicas ya desde su fundación eran:

[1] El veganismo no acepta el especismo, porque reconoce que todos los seres sintientes tienen un valor intrínseco que debemos respetar por igual. Aunque el concepto de especismo apareciera formulado posteriormente en el tiempo, en 1970, las ideas difundidas por el movimiento vegano no aceptan discriminaciones entre animales por motivo de su especie y se refieren a todos ellos por igual, puesto que todos ellos son víctimas de una misma opresión.

[2] El veganismo rechaza cualquier uso de animales no humanos para propósito humano. Es decir, el veganismo se opone radicalmente a la explotación de los no-humanos. El veganismo es un posicionamiento a favor de la liberación de los demás animales de nuestra dominación sobre ellos. 

Quien primero definió el veganismo fue Leslie Cross, vicepresidente de la Vegan Society durante la primera época de su existencia.

«La palabra veganismo tiene un significado tan simple como preciso. Significa: la doctrina de que los humanos debemos vivir sin explotar a los animales. Debido a que la cuestión de la definición es una tan obviamente importante, voy a solicitarles que sean tan amables de comprometerse con la memoria, de forma que cuando usemos la palabra veganismo todos estemos pensando en lo mismo. Veganismo entonces, es la doctrina de que los humanos deben vivir sin explotar a los animales.»

El veganismo es incompatible con el antropocentrismo moral y con el bienestarismo. No acepta el prejuicio del especismo ni tampoco el dogma utilitarista de que el dolor es malo y debemos hacer todo lo posible por eliminar el sufrimiento del mundo.

El veganismo se basa en el fundamento del respeto por la persona, por su voluntad y sus intereses. Se puede apreciar que es muy similar al feminismo en su idea esencial y tradicional. 

El veganismo defiende que los demás animales deben ser considerados y respetados como personas, y por tanto no debemos tratarlos como objetos o recursos para nuestro beneficio. Ésta es la idea fundamental que lo caracteriza: el rechazo a la cosificación y el instrumentalismo que aplicamos a los animales no humanos. El veganismo aboga por emancipar a los demás animales de la opresión que ejercemos sobre ellos.

El veganismo implica, por tanto, dejar de participar en cualquier actividad o producto que conlleve utilizar a los otros animales. Así como centrar nuestros esfuerzos en lograr que el veganismo se difunda en la sociedad y de ese modo conseguir una base social que nos permita abolir el estatus de propiedad sobre los no-humanos en un futuro próximo. ¿Utópico? Bueno, lo mismo se decía de la abolición legal de la esclavitud humana o de la reivindicación feminista de iguales derechos para las mujeres. Ahora sabemos que esas objeciones eran equivocadas. 

Me gustaría terminar señalando que no es poco habitual encontrarse con personas que se autodenominan veganas de manera errónea para querer decir en realidad que son vegetarianas, o son bienestaristas que se oponen al uso de animales no humanos porque están en contra del sufrimiento —si se pudiera utilizar a los demás animales sin causarles dolor no tendría objeción moral en que fueran utilizados. Obviamente, ni su pensamiento ni tampoco su conducta coincide con el significado propio del veganismo que aquí estoy desarrollando, puesto que no están en contra de nuestra dominación sobre los demás animales como principio moral.

De todos modos, sobre estas distorsiones del veganismo ya hablé en un artículo anterior, y no creo que sea necesario añadir nada más, salvo la sugerencia de que procuremos evitar ese uso distorsionado del término.

La realidad es que no hay un movimiento sino que hay al menos tres posturas singulares y bien diferenciadas entre sí dentro del ámbito animalista. 

Ciertamente existe algún punto en común entre todos ellos, como es la referencia y la preocupación por los animales no humanos; pero sus fundamentos, su desarrollo y sus objetivos son notablemente distintos e incompatibles entre sí. Alguien podría decir que hay otras posturas distintas, pero todas las que he conocido hasta ahora resultan ser similares o meras variantes de las que he expuesto. 

No he entrado a debatir la validez lógica y empírica de cada postura. Porque la cuestión que pretendo resaltar aquí no es tanto cuál de las teorías es la correcta, sino más bien dejar muy claro que no todos defendemos lo mismo ni estamos en el mismo movimiento. 

Quien pretenda mantener la idea de que 'todos estamos en lo mismo', o 'todos defendemos lo mismo', una de dos: o no está bien informado o pretende simplemente engañar. Ninguna de estas dos actitudes es aceptable, y no es aceptable por más tiempo seguir creyendo o fomentado la idea de que existe un movimiento —un solo movimiento— en lo que se refiere al estatus moral y legal de los animales no humanos.