8 de diciembre de 2011

Habitantes de la Tierra (Earhtlings)






En el documental de Earthlings (Habitantes de la Tierra) se habla principalmente del especismo y del sufrimiento (causado por la explotación animal). Expone que si otros animales sufren no hay razón que justifique no tener cuenta ese sufrimiento de la misma manera que el sufrimiento de otros humanos.

Por tanto, el especismo no es aplicable a los seres vivos sino solamente a los animales -los seres sintientes- ya que las plantas no pueden sentir dolor ni sentir nada en general puesto que carecen de sistema nervioso.

Por otra parte, aunque no estoy de acuerdo con el enfoque utilitarista de Earthlings, en principio me parece bien que se difunda como muestra de la realidad de la explotación animal   con el objetivo de ayudar a concienciar a la sociedad sobre la cuestión. Al menos mientras no contemos con mejores materiales para hacerlo.

Dado que todos los animales habitamos la Tierra, todos podemos ser igualmente considerados como habitantes de la Tierra, es decir, terrícolas ("earthlings"). No hay sexismo, racismo ni especismo en el término terrícola ("earthling") porque abarca a todos y cada uno de nosotros, de sangre caliente o frí­a, mamífero, invertebrado, ave, reptil, anfibio, pez o humano.

Los humanos por lo tanto, no siendo la única especie sobre el planeta, compartimos este mundo con millones de otras criaturas, dado que todas evolucionamos aquí­ juntos.

Sin embargo, somos los humanos quienes tratamos de dominar el planeta, a menudo tratando a los otros animales que la habitan como meros objetos.

Esto es lo que quiere decir especismo. Por analogía con el sexismo o el racismo, el término especismo es un prejuicio o actitud favorable hacia los intereses de los miembros de la misma especie y contra los miembros de otras especies.

Si un ser siente, entonces no existe justificación para no tenerle en consideración como un individuo que merece respeto. No importa la especie del individuo. El principio de igualdad requiere que el valor inherente de cada individuo sea valorado de igual forma que el valor de cualquier otro.

El racista viola el principio de igualdad, al dar mayor peso a los intereses de los miembros de su propia raza, cuando hay un supuesto conflicto entre sus intereses y los de individuos de otra raza. El sexista viola el principio de igualdad, al favorecer los intereses de su propio sexo. Igualmente, el especista permite que los miembros de su misma especie, sobrepasen los intereses de los miembros de otras especies.

En cada caso el patrón es el mismo. Racismo, sexismo, especismo. La misma injusticia.

El primer paso fundamental para que podamos solucionar este grave problema es comprender que todos merecemos respetados como personas y por tanto no ser utilizados como simples medios para los fines de nadie. El primer paso es el veganismo.


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