22 de abril de 2014

Algo debe cambiar para que todo siga igual




Hace unos días, apareció la noticia de que en Francia se había aprobado una modificación legislativa mediante la cual los animales no humanos catalogados dentro de la categoría de "mascotas" —es decir, perros y gatos, principalmente— se les reconocía juridícamente como "seres sensibles", es decir, seres sintientes.

La cuestión es: ¿y qué?

Esto sencillamente no cambia nada en absoluto. Los animales no humanos seguirán siendo propiedad y los propietarios pueden seguir explotándolos —utilizarlos para sus fines. ¿Dónde está la diferencia? Esto es un cambio irrelevante que aparenta ser "importante" pero que lo mantiene todo exactamente igual que hasta ahora.

Las leyes de "bienestar animal" ya reconocen que algunos animales no-humanos son sintientes. Por eso no tenemos leyes de "bienestar vegetal" ni de "bienestar mineral".

Que haya animalistas que consideren que esta noticia es un "avance" sólo muestra el grave y extendido desconocimiento que hay acerca del problema fundamental en nuestra relación moral con los otros animales.

Con esta reforma legal los demás animales no dejarán de ser vistos como cosas. Seguirán siendo considerados y tratados como cosas que existen para ser esclavizados por los humanos. No cambiará absolutamente nada, excepto en cierto párrafo de un papel.

¿Pero acaso esa medida no sirve para nada? Sí, sirve para algo. Sirve para obstaculizar el progreso del veganismo y hacer creer a la gente que la situación de los animales no humanos puede ser cambiada mediante simples reformas legales y sin necesidad de abolir su estatus de propiedad. Para esto sirve. Es propaganda.

Nada cambiará en verdad mientras continuemos pensando que los animales no humanos son seres inferiores que existen para nuestro beneficio y sigamos utilizándolos para nuestros propósitos, ya se trate de comida, vestimenta o entretenimiento. 

Sin un cambio de paradigma moral no importa que los reconozcamos como seres sintientes, del mismo modo que el racismo o el sexismo no niega la sintiencia en los humanos injustamente discriminados y oprimidos, sino que los considera inferiores.

El verdadero cambio, el cambio real que podemos lograr ahora mismo en favor de los animales, es el veganismo. 

Si de verdad estamos en contra de la violencia contra los demás animales —si creemos que está mal hacerles daño sólo por mero placer, tradición o conveniencia— y esto no es mera retórica, entonces debemos dejar de usarlos como comida, vestimenta o cualquier otro fin.

Sólo de ese modo habremos dejado de considerarlos como objetos —como recursos para nuestro beneficio— y comenzamos a reconocerlos como personas no humanas

Los demás animales merecen que hagamos ese cambio. Y podemos hacerlo ya —desde este mismo momento— sin tener que esperar a ninguna ley.

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