18 de diciembre de 2012

Acerca de la violencia en un movimiento por la paz



Desde mi experiencia, en los años que llevo haciendo activismo por la promoción del veganismo, he llegado a la conclusión de que uno de los mayores problemas que enfrenta el movimiento es la falta de coherencia entre lo que debieran ser los principios de la filosofía de los Derechos Animales y la práctica de tales principios en el activismo.

Los principios básicos de los que hablo son simples y son los siguientes:

[1] La capacidad de sentir —la sintiencia— es el único criterio válido para determinar la inclusión de un individuo en la esfera de la moralidad.

[2] Los animales que poseen la capacidad de sentir son sintientes, por lo tanto deben ser considerados como pacientes morales, es decir, como éticamente relevantes.

Estos principios parecen simples pero las implicaciones que tienen sobre la forma en que debiéramos ver el mundo parece que pasan desapercibidas para la mayoría. La filosofía de los Derechos Animales se refieren a todos los animales sintientes, y no sólo a los no humanos.

Si de hecho los animales son sintientes y esto quiere decir que merecen ser aceptados como individuos con valor inherente, y si de hecho el ser humano es sintiente, entonces eso quiere decir que el ser humano también posee valor inherente y que no ha de ser tratado como un mero recurso, una cosa, una mercancía o, en última instancia, un simple medio para un fin. Que un ser tenga valor intrínseco viene a significar que es un fin en sí mismo y que no debemos ignorar ese valor para forzar sobre él otro valor de tipo utilitario.

En otras palabras, cuando yo esclavizo a una vaca para violarla y así embarazarla a la fuerza, le quito a su hijo para llevarlo al matadero y luego robo la leche que su cuerpo produjo para ese hijo que le arrebaté, entonces estoy haciendo a un lado el valor intrínseco tanto de aquella vaca como de su hijo para imponer tan sólo el valor utilitario que implica lucrarme con ellos —o en última instancia, el valor utilitario de mi paladar disfrutando con el sabor de sus cuerpos o secreciones.

Si aceptamos que está mal hacer lo anterior, entonces igualmente debe estar mal ignorar el valor inherente de un ser humano para tratarlo sólo como un medio para un fin.

Cuando un activista agrede a otro ser humano —aunque sólo sea verbalmente— está tratándolo como un simple recurso. Puede que este humano sea usado como un medio para hacer catarsis, una actitud bastante extendida en el movimiento aunque la mayoría de los activistas no lo reconozca así. A menudo, estas actitudes violentas, agresivas, son realizadas "en nombre de los animales".

Entonces, cuando hacemos algo en nombre de los animales —"por los animales"— parece que todo es válido y posible. Puedes insultar a alguien, amenazarle, golpearle, o destruir su propiedad privada; y dado que lo has hecho "por los animales" no hay activista en el mundo que pueda decirte algo o será tachado de traidor a la causa, o tal vez de burgués o divisionista.

El asunto es que las personas que adoptan estas actitudes de agresividad en contra de otros humanos, típicamente caracterizados como explotadores de animales, no atinan a reconocer diversas incoherencias en su pensamiento. A saber:

Si eres violento con otro humano "en nombre de los animales" estás precisamente viendo al humano como un medio para un fin, siendo este fin la supuesta liberación animal. En este sentido, "por los animales" todo vale y cuando dejas atrás la consideración por los así llamados explotadores de animales ya no es posible ponerle límites a lo que un activista puede hacer. La justicia no puede ser justicia-a-medias o deja de ser justicia.

Los así llamados explotadores de animales no son sólo los carniceros, los vivisectores o los dueños de las empresas de la industria animal sino que además lo son todos aquellos que consciente o inconscientemente participan de la explotación de los demás animales para su beneficio o satisfacción. Si nuestra madre —o nuestro padre— se rehúsa a ser vegana entonces claramente es una explotadora de animales. Y si pensamos que es aceptable insultar, amenazar o dañar la propiedad de los explotadores entonces debemos insultar, amenazar o destruir la casa de nuestra madre —la misma casa donde probablemente algunos activistas aún viven. Si no lo hacemos es porque sentimos un apego especial por nuestra madre —a diferencia de con el vivisector— que nos impide hacerle daño. Pero la justicia no puede estar basada en el apego emocional que yo tenga con un individuo en especial, porque entonces deja de ser justicia. O es para todos o no es justicia.

El veganismo es, al fin y al cabo, una llamada por la paz. Dado que los principios de los Derechos Animales nos dicen que ningún animal debe ser tratado como nuestra propiedad y que cada uno debe ser libre para vivir su propia vida —y no ser nuestra mercancía— entonces estamos diciendo que la violencia es injustificada. Si la violencia se justifica bajo algún medio entonces existiría una potencial razón para explotar a otros animales. Pero ésta no existe. El veganismo se fundamenta en la idea de que la violencia contra otro ser sintiente es injustificada y que ésta debe acabar.

Hacer una diferencia entre humanos y no-humanos, como si los Derechos Animales se aplicaran sólo a los segundos, es una actitud especista, quiera o no quiera aceptarse. El humano es un animal e indudablemente merece estar incluido dentro de los Derechos Animales. De no estarlo, entonces no estaríamos destruyendo la jerarquía sino sólo reacomodándola. Es más, los tipificados como explotadores de animales quedarían abajo en la nueva jerarquía mientras que los activistas por los animales quedarían arriba, obviamente, resguardando el statu quo. Esto es evidentemente indeseable —además de imposible en la actualidad— e incoherente con los principios que decimos defender.

Se vuelve evidente cuando profundizamos un poco en los discursos y argumentos de muchos activistas que validan la violencia contra otros humanos "en nombre de la liberación animal" que debajo se esconden la ira, la frustración y la impotencia por saberse limitados ante una empresa tan grande como es expandir la conciencia vegana. Pero no debemos dejarnos llevar por estos sentimientos —ni por la misantropía— porque al hacerlo estamos nuevamente viendo a los demás animales como un medio para un fin, el cual es descargar nuestras emociones, hacer catarsis, sentirnos bien con nosotros mismos, por ser "héroes de la Tierra", "luchadores por la libertad", y otras denominaciones poco humildes.

Además de aceptar que no existe un único movimiento animalista —pues no todas las organizaciones ni todo el activismo promueven lo mismo, es decir, no todos promueven la igualdad entre todos los animales, la ética de derechos, ni la adopción del veganismo como base para tal activismo— es la construcción de este movimiento en lo que debemos enfocarnos porque la industria de la explotación animal no se va a terminar mañana, lo que queramos o no, sea lo que sea que hagamos.

Si nuestra motivación es puramente emotiva y lo que pretendemos es librarnos de la rabia que albergamos en contra de los infames explotadores de animales —aunque no lo reconozcamos o lo sepamos— cuando me encamino rumbo al laboratorio de vivisección o a la granja de visones entonces estamos cayendo en la misma dinámica que sustenta la mercantilización animal. Estamos actuando no muy diferente de aquellos contra los que decimos estar en contra. Estamos tratando a los animales como un medio para el fin de desahogar nuestra angustia. Estamos en definitiva olvidando a las víctimas y actuando egoístamente.

Lo mismo ocurre cuando los activistas que practican la denominada "acción directa" se dedican a liberar animales esclavizados sin preocuparse por los mismos animales que liberan ni por las consecuencias directas para otros animales inocentes que dichas liberaciones puedan tener.

Por otro lado, incluso si tuviéramos un ejército de activistas no sería suficiente para derrocar la jerarquía humana sobre otros animales, destruir todas las industrias de explotación animal y además mantener ese orden a lo largo del tiempo. Y no sería deseable. No debemos reordenar los bloques de la pirámide; debemos desarmarla. 

Los veganos no somos especiales; no somos los protectores o los guardianes de los animales. Simplemente somos lo que la norma debiera ser. Somos personas comunes y corrientes que un día tomamos consciencia sobre la violencia y esclavitud a la que son sometidos los demás animales en la sociedad actual y decidimos que aquello estaba mal, que debía cambiar. Si nosotros lo hicimos, muchos más podrán. Debemos educarles, no provocar un conflicto con ellos, inútil y muchos veces contraproducente de cara a conseguir un mundo vegano.

El sentimiento de urgencia es comprensible. Siendo conscientes de la enorme cantidad de animales que sufre a cada segundo, sentimos a menudo que deberíamos hacer algo de inmediato. Y ciertamente podemos hacerlo, pero no a través de la ira, la frustración o la violencia. 

Es mejor que aceptemos algo de inmediato: para los animales explotados que padecen hoy, siempre llegamos tarde. Así como para los que murieron hace diez años atrás o para los que morirán mañana, siempre es demasiado tarde. Para ellos no existe la enaltecida liberación animal mientras permanezcan bajo el cuidado —léase dependencia— de un ser humano. Ellos siempre serán esclavos de alguna manera, aunque los tratemos bien.

Sin embargo, a pesar de esto, hay algo que podemos hacer para cambiar la situación. Dejar de traer esclavos al mundo y no apoyar la explotación animal. Revisemos cuales son nuestros principios. 

Primero; ningún animal debe ser tratado como nuestra propiedad. Los demás animales deben ser libres dueños de sus propias vidas. No los tratemos como meros recursos entonces, ya sean humanos o no.

Segundo; centremos nuestros esfuerzos en educar sobre veganismo. El veganismo no es sólo una fantasía que se dará en un mundo utópico y en un futuro lejano. El veganismo existe en el ahora. Cada vegano salva decenas de animales cada año. Cada vegano crea una estela de difusión del veganismo alrededor de quienes lo conocen. Esto es muy importante. La educación vegana es a la vez lo único efectivo que podemos hacer tanto para salvar a otros animales como para construir un movimiento sólido que finalmente acabe con la explotación animal.

Nuestro tiempo y nuestros recursos son limitados. No podemos hacerlo todo y no todo es eficiente ni coherente con los principios de los derechos animales. Debemos escoger, por lo tanto, lo más eficiente: educación vegana.

Tercero; los activistas que validan la violencia por la liberación animal argüirán que la "educación no es suficiente", que no basta o incluso que "no sirve". Este argumento se cae por sí mismo !dado que todos nosotros hemos cambiado gracias a la educación! Nadie nos está apuntando a la sien con un arma para que no comamos productos animales. Nosotros fuimos concienciados. El resto también puede serlo. Pero hay que propiciarlo. Cuando elegimos hacer otra cosa diferente, estamos escogiendo
no hacer educación vegana.

Los animales no pueden luchar por sus derechos y dependen de nosotros para que lo hagamos. La opinión pública lo es todo para ellos. Si la gente nos oye predicar no-violencia mientras practicamos la violencia, ¿qué pensarán? Nos desestimarán, y con nosotros al veganismo. Un movimiento por la paz debe no sólo predicarla, sino que debe vivirla.

Es ciertamente desafortunado que haya tantos activistas que no comprendan que la filosofía del veganismo y los Derechos Animales son ante todo una ética de no-violencia, y se comporten a veces de una manera inapropiada. Deseo sinceramente que recapaciten, como yo mismo hice aprendiendo de mis errores en el pasado.


11 de diciembre de 2012

Coherencia en la práctica del veganismo


«Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento.» — Karl Marx 

La existencia de la industria de explotación animal depende principalmente de nuestro consumo. Por tanto, si queremos acabar con la violencia hacia los animales debemos comenzar por nosotros mismos, por lo que consumimos cada día.

No deberíamos olvidar —si tenemos consideración por todos los animales, independientemente de su raza, sexo o especie— que un producto con sustancias de origen animal siempre supondrá la explotación de otros individuos; aunque esta explotación no se produzca dentro de un laboratorio y sí en una granja.

Sucede que si compramos productos que no han sido "testados en animales "pero que sí llevan ingredientes de origen animal entonces no estamos haciendo ninguna diferencia, y estaríamos participando igualmente en la explotación animal.

Un sello que indique que un determinado producto es "no-testado" no advierte si el producto lleva sustancias de origen animal ni tampoco implica que esté libre de ellos. Puede que no haya sido testado en animales nohumanos pero sus ingredientes pueden provenir del matadero.

Esto demuestra el fallo de las campañas monotemáticas que, en este caso, se centran sólo en la experimentación pero se olvidan de los ingredientes. Es decir, ignoran el veganismo. La organización AnimaNaturalis es un desgraciado ejemplo de ello. Esta organización bienestarista ha animado a la gente a consumir marcas que "no testan" pero que usan ingredientes de origen animal

Esa información está mal enfocada. No sólo es importante saber si una empresa experimenta en animales sino que es igual de importante saber si incluyen sustancias de origen animal en sus productos. Comprar un producto de una empresa que supuestamente no experimente pero que incluya ingredientes de origen animal es apoyar la explotación animal.

No vale como excusa decir que hay gente que no quiere ser vegana pero así por lo menos compran productos no-testados porque ese tipo de consumo no está evitando la explotación animal y, además, la gente puede cambiar de opinión. Las personas no son inmutables. Lo que está claro es que si nosotros no les motivamos y ayudamos a que cambien hacia el veganismo entonces probablemente nunca lo harán.

Al motivarles a que compren productos 'no testados' sólo les estamos apartando del veganismo. De esa forma les hacemos creer que ya están haciendo algo bueno, cuando no es así. Esos productos pueden llevar sustancias de origen animal —y es seguro que algunas las contengan— por lo que están financiando la explotación animal. 

¿Acaso no miramos los ingredientes de la comida o de la ropa? Cualquier producto de higiene, limpieza o cosmética podría contener sustancias de origen animal.

Esas sustancias no son un regalo a las empresas sino que forman parte del negocio de la explotación animal. Consumir estas sustancias es dar dinero para que sigan explotando a los demás animales. Pero podemos evitar esto consumiendo otros productos que no las contengan y, de ese modo, presionar para que aumente la demanda de productos sin ingredientes de origen animal.

Hay quienes dicen que es más difícil encontrar en el mercado ese tipo de productos que sean aptos para veganos, pero tal vez esto ocurre en parte porque parece que casi nadie se está preocupando de que existan. Si nosotros mismos no los buscamos y los demandamos entonces nunca existirán ni se desarrollarán.

No hay más sustancias de origen animal en los productos de limpieza y aseo que las que hay en productos alimentarios. No son tantas en realidad. Las más habituales apenas son una docena. No estamos familiarizados con ellas porque la mayoría de organizaciones animalistas ignoran el veganismo y sólo promueven productos "no testados" con los que fomentan la errónea creencia de que comprando esos productos respetamos a los animales cuando en realidad lo que estamos haciendo es demandar y financiar su explotación a través de nuestro consumo.

Si queremos respetar a los animales y no apoyar la violencia contra ellos, revisemos los ingredientes de los productos de limpieza, de aseo e higiene personal, —y todos los productos en general que usamos cada día— y consumamos solamente aquellos productos que sean «aptos para veganos», esto es, sin sustancia de origen animal y de empresas que no utilicen animales para elaborar y probar esos productos.

9 de diciembre de 2012

Tres versiones del especismo


«Durante la mayor parte de su historia, la ética occidental ha estado centrado en los humanos. No hay, sin embargo, ninguna razón válida para restringir la ética a nuestra propia especie y buenas razones para no hacerlo así.» ~ Peter Singer

Por especismo entendemos en sentido básico la discriminación moral basada en al especie. Esta discriminación por lo general se aplica sobre lo otros animales que no son humanos por el simple hecho de no pertenecer a la especie humana. El término fue acuñado originariamente en el año 1970 por el psicólogo británico Richard Ryder.

El especismo es el prejuicio más profundo y arraigado que existe en nuestra sociedad. Encontramos evidente pruebas de ello incluso entre quienes se declaran defensores de los animales.

Desde siempre, los humanos han discriminado a sus semejantes animales de otras especies sin tener en cuenta su capacidad de sentir y de tener intereses propios semejantes a los nuestros.

El especismo es un prejuicio que tiene también unas connotaciones algo más complejas y que me gustaría exponer brevemente, algunas de ellas, en este ensayo

[1] EL ESPECISMO COMO PREJUICIO GRUPALISTA

«El rasgo clave del especismo es negar la individualidad de los no-humanos. En realidad, ningún animal es reemplazable. Tanto física como mentalmente, cada ser sintiente es único. Cada cangrejo, cada cuervo, cada mosca es un individuo que tiene una experiencia vital única y que nunca existirá de nuevo.»  — Joan Dunayer

El primer nivel del especismo consiste en anular en nuestro pensamiento al individuo existente y real para sustituirlo por una abstracción conceptual. Ya no tenemos en cuenta al individuo y sus intereses propios, sino que lo consideramos un mero ejemplar de una entidad abstracta a la que denominamos 'especie'.

El concepto de especie es una abstracción teórica. En la naturaleza no hay especies; sólo hay individuos más o menos semejantes genéticamente entre ellos. El concepto de especie es arbitrario —existen muchas definiciones de especie. Es una idea que agrupa a los individuos según características compartidas.

Todos los conceptos son artificiales en el sentido de que son constructos teóricos que coformamos mediante la razón. Ahora, lo importante es saber si esos conceptos son verdaderos o falsos. Es decir, si corresponden con la lógica y con los hechos empíricos, puesto que ni la lógica ni los hechos empíricos son conceptos o constructos, sino realidades objetivas a partir de las cuales fundamentamos nuestra existencia y conocimiento.

En el caso del concepto de especie, el problema está en que el especismo considera que ese concepto no es una mera convención sino que hace referencia a un supuesto ente real del cual los individuos serían algo así como meras copias o reflejos. Lo mismo que ocurre con el caso del racismo. Para el racista, los individuos son meros ejemplares que imitan una supuesta entidad pura racial. Esta forma de pensar se remonta por lo menos a la filosofía de Platón, que tanto influjo ha tenido en nuestra cultura.

Los conceptos de especie y de raza son válidos para ser usados en ámbitos como la ciencia. El error está en tomarlos por seres reales. No sólo es un error a nivel teórico sino que en la práctica ha causado millones de víctimas inocentes. Nuestras ideas y creencias influyen en nuestra forma de actuar, y ésa es una de las razones por las que los análisis teóricos son importantes y no meramente ejercicios intelectuales.

No estoy argumentando que clasificar a los individuos por motivos científicos tenga nada de reprobable. Lo que digo es que hacer distinciones morales en base a esas clasificaciones es injustificado. Distinguir entre hombres y mujeres, entre blancos y negros, o entre humanos y no-humanos, para atribuirles diferentes consideraciones morales, es erróneo.

Por tanto, el primer error fundamental del especismo consiste en creer que la especie tiene alguna relevancia moral —cuando ni siquiera existe en la realidad. Un error similar al del racismo o el sexismo.

[2] EL ESPECISMO COMO DISCRIMINACIÓN ARBITRARIA

«El especismo sucede cuando acordamos un peso diferente a intereses similares, sobre la base de la diferencia de especies.» ~ Gary Francione

El especismo hace referencia específicamente la discriminación en base a la especie. Esto es, a la hora de establecer quién merece consideración moral y quién no la merece se tendrá en cuenta sobre todo la especie a la que pertenezca el individuo en cuestión.

El especismo se suele intentar justificar apelando a entidades como la inteligencia o la posesión del alma o la lealtad a la tribu humana. Es cierto que en alguna ocasión se defiende apelando a la supremacía, pero no es un argumento asociado necesariamente al especismo. Han habido personas, ideologías y movimientos que han rechazado completamente la idea de que el poder legitima el derecho, pero, sin embargo, han asumido tal cual el especismo. Nunca habrían intentado legitimar el especismo alegando que los humanos son más poderosos que los otros animales. En la mayoría de ocasiones, se aducen argumentos basados en la idea de que los animales no son conscientes, no poseen alma, o no son parte de la comunidad.

El especismo es la discriminación moral en base a la especie. Es un prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de una especie y en contra de los de otras. Esto es lo que caracteriza esencialmente al especismo. A partir de esta idea se puede justificar la opresión de una especie sobre otra, pero es la categorización moral de la especie, y no el poder, lo que distingue propiamente al especismo como tal.

El especismo no implica necesariamente que la especie privilegiada sea la propia. Podemos favorecer de forma especista a quienes no pertenecen a nuestra especie. Existe lo que podríamos denominar como especismo de preferencias. Esto es, la idea de que aquellos individuos pertenecientes a determinada especie merecen una consideración moral más cercana a la que merecen los seres humanos, en base a su cercanía o semejanza con éstos. Un ejemplo muy claro de esta clase de especismo es el Proyecto Gran Simio.

Hay que tener en cuenta que sólo nosotros podemos ser especistas. No digo nosotros en sentido de seres humanos, sino en el sentido de quienes somos agentes morales, responsables de nuestros actos. Hay humanos que no son agentes morales, ya que carecen de la capacidad de tener conciencia moral: bebés, discapacitados mentales, ancianos seniles,...

Por ejemplo, un tigre no puede ser especista porque ni siquiera puede comprender lo que es el especismo, ni puede actuar como un agente moral. En cambio, nosotros sí somos especistas cuando pensamos que otros individuos por no ser de la especie humana no merece que los respetemos del mismo modo que nosotros queremos ser respetados y actuamos en consecuencia.

Desde esta perspectiva, utilizar a otros animales como comida sería equivalente a usar a otros humanos como comida. Esto se podría calificar éticamente de canibalismo. La especie no es moralmente relevante.

Ahora bien, el solo hecho de rechazar el especismo no implica automáticamente que nuestra visión moral ya de por sí sea correcta. Alguien puede no tener prejuicios grupales y, sin embargo, estar a favor de la esclavitud y de la violencia. Es posible considerar como aceptable la esclavitud o el canibalismo sin discriminar a nadie en base a etiquetas como la especie o la raza. Por esto, el solo rechazo de la discriminación especista no es suficiente ni asegura un trato justo a los individuos.

Para hablar de respeto, es necesario asumir una visión moral igualitaria fundamentada en el principio de que cada ser sintiente es un fin en sí mismo, con derecho a vivir su propia vida, y no un medio para satisfacer las necesidades y deseos de otros individuos. Ésa es la idea básica que defiende la ética de los Derechos Animales.

[3] El ESPECISMO COMO ANTROPOCENTRISMO

«Especismo significa dañar a otros porque son miembros de otra especie.» ~ Richard Ryder

Si el especismo es un prejuicio moral en base a la especie, nos encontramos en nuestra sociedad con que la especie privilegiada es la especie humana. La forma de especismo predominante es el especismo antropocéntrico y el supremacismo humano. Esto es, la idea de que los humanos somos el centro del universo moral y todos los demás individuos que no sean humanos son seres inferiores que existen para nuestro uso y beneficio.

Sin embargo, no existe ninguna evidencia empírica que justifique el considerarnos moralmente por encima de los demás animales, en el sentido de estar legitimados para utilizarlos como instrumentos para satisfacer nuestras necesidades y deseos.

La «superioridad» ni siquiera existe como tal en la realidad. Es sólo un concepto inventado por nosotros. Por ejemplo, existe el concepto de superioridad ontológica. Esto es, la idea de que la existencia está dividida en una especie de pirámide, en donde se distribuyen los seres —de inferiores a superiores— de acuerdo a su valor ontológico. Existe diferentes versiones de dicha idea. Pero en la cúspide de la pirámide, obviamente, siempre solemos estar nosotros los humanos. Sin embargo, la ciencia desecha la idea de jerarquía ontológica por carecer de evidencias que la sostengan. La realidad es que todos los seres estamos hechos de la misma materia básica y pertenecemos a la misma y única realidad.

La ciencia muestra que biológicamente los humanos somos animales entre otros animales. Por lo tanto, no hay ningún dato o argumento de tipo científico que apoye la creencia de que debemos considerarnos esencialmente 'superiores' al resto de animales.

Esta idea de que las vidas y los intereses de otros animales —por el simple hecho de no ser humanos— tienen menos, o ningún, valor comparada con la vida y los intereses humanos es la esencia ideológica que subyace a la dominación y violencia que ejercemos sobre los demás animales. Es una idea falsa, pero que ha estado presente y asumida en la cultura humana desde hace muchos milenios, y que hasta hace muy poco no había sido confrontada.

RESPUESTA AL ESPECISMO

«Los otros animales que los seres humanos comen, utilizan para la ciencia, cazan, atrapan y explotan en una gran variedad de maneras, poseen una vida propia que tiene importancia para ellos, aparte de la utilidad que pudieran tener para nosotros. Ellos no están simplemente en el mundo, sino que además son conscientes de ello y de lo que les ocurre. Y lo que les ocurre tiene importancia para ellos.» ~ Tom Regan

Los humanos que explotan a los animales no son malos, crueles o perversos, sino que actúan así porque han sido educados en una cultura especista y viven en una sociedad donde el antropocentrismo moral, y sus consecuencias, se acepta como algo normal. Solucionar esta violencia pasa necesariamente por conseguir que este prejuicio sea cuestionado y rechazado.

La mayoría es capaz de comprender que el especismo es tan erróneo como las otras discriminaciones injustas como el racismo. El problema es que nunca se lo han planteado seriamente. Nuestro activismo debería estar centrado en cuestionar el especismo en todas sus facetas. Mientras que no haya un creciente número de personas que, de manera voluntaria y activa, rechacen el especismo y la explotación animal, no hay posibilidad real de terminar la injusta opresión que sostenemos sobre los demás animales.

En conclusión, si no existe ninguna evidencia empírica ni razonamiento lógico que justifique considerarnos superiores a los demás animales, entonces ¿por qué nos creemos por encima del resto de animales y no los respetamos del mismo modo que deseamos nosotros ser respetados?

Actuar con justicia comienza por reconocer el valor inherente de los animales y, en consecuencia, dejar de comerlos y de utilizarlos en general, ya fuera como vestimenta, entretenimiento, o como sujetos forzados de experimentación. Esto es, respetarlos como personas y no tratarlos como objetos para conseguir nuestros fines.

6 de diciembre de 2012

La revolución reaccionaria

«Al principio, los mejores reformadores —los que se opusieron antes que nadie al comercio de esclavos, las guerras nacionalistas y la explotación de los niños que trabajaban catorce horas al día en las fábricas de la Revolución Industrial— fueron tildados de locos por aquellos cuyos intereses eran inseparables de los abusos a los que se oponían.» ~ Peter Singer

Seguramente cualquier vegetariano o cualquier vegano que esté leyendo estas líneas habrá sufrido al menos en alguna ocasión que le tilden de loco o chalado por el simple hecho de ser vegetariano o vegano. Seguramente si no se lo han dicho de frente, lo habrán hecho a sus espaldas. Ya sabemos que tradicionalmente a cualquiera que contradiga o se oponga a la norma social predominante se le tachará de enfermo o trastornado, en un intento de desacreditar su postura.

En esta línea de difamación nos encontramos una nota en blog de Eduardo Robredo Zugasti titulado "La revolución naturalista". Un nombre bastante poco afortunado, puesto que las ideas que se defienden allí tienen poco o nada que ver con el naturalismo, científico o filosófico, sino que más bien lo habitual es ver una encendida defensa del sexismo, de la obediencia ciega a la autoridad, de la represión, de la brutalidad policial, y otra serie de temas más en línea con el movimiento reaccionario, como son el rechazo a los derechos humanos. Está claro que con semejante postura, el trato que se le puede dar a la idea del veganismo no va a ser muy favorable. Quizás alguien podría no haber previsto esto, teniendo en cuenta que el propio Zugasti ha entrevistado a un activista antiespecista como es Óscar Horta, e incluso ha manifestado una actitud crítica respecto del especismo. Sin embargo, el simple hecho de estar en contra del especismo, o no reconocerlo como legítimo, en modo alguno significa estar a favor del respeto por la personas y sus derechos, como es el caso del propio Horta, quien tendría en común con Zugasti el rechazo a la ética de derechos morales.

Debo aclarar que con el término reaccionario me refiero a toda aquella corriente ideológica que pretende oponerse al cambio radical de la sociedad en favor de la igualdad y los derechos individuales. Una corriente que surge en paralelo a la Ilustración y la Revolución Francesa y que denomina a todos aquellas tendencias que se oponían a los ideales de libertad y democracia y que pretendían un retorno forzoso al Antiguo Régimen. Hay diversos tipos de reaccionarismo, pero todos tienen la misma base común en su defensa del elitismo y de la violencia como forma de gobierno y en su rechazo a la razón. Por eso, entiendo que se podría llamar al blog mucho más apropiadamente "La revolución reaccionaria".

La tesis que pretende defender Zugasti en su blog es básicamente que existe una relación entre rechazar el consumo de animales y ciertos trastornos mentales. También afirma que no es posible vivir sin comer nada que proceda de animales. En definitiva, la idea que se trata de sugerir es que si no quieres comer a otros animales entonces eres alguna clase de enfermo mental. O que si dejas de comer animales vas a enfermar. Ambas creencias son demostrablemente falsas.

Acerca de los errores metodológicos del estudio del que se sirve Zugasti, y de la interpretación que hace a partir, de él, se puede leer una crítica en el blog de Círculo Escéptico Argentino en el que se explica a que el estudio ni siquiera trata sobre veganos, sino sólo sobre algunas pocas personas vegetarianas o que llevan una alimentación predominantemente vegetal. Por cierto, es algo bastante significativo que Zugasti eliminara hace ya tiempo la posibilidad de comentar en su propio blog, cansado de que otros le estuvieran sistemáticamente replicando y rebatiendo algunas insensatas afirmaciones que expresaba.

Ahora bien, una cosa que los defectos y fallos de dicho estudio puede enseñarnos es que la psicología no es una ciencia y que está muy lejos de serlo. La psicología es un estudio filosófico especializado sobre la mente humana. Lo cual a su vez, me recuerda por otra para a aquella noticia sobre estudios que indicaban que los ateos eran más propensos a ciertos desórdenes mentales debido a la falta de fe religiosa en sus vidas.

Por supuesto, es erróneo decir que los vegetarianos son más propensos a padecer desórdenes mentales de alguna clase. Incluso tomado en serio ese estudio, a pesar de sus defectos, no se aporta ninguna prueba o evidencia que apunte a que exista alguna relación de causalidad entre practicar el vegetarianismo y consecuentemente padecer un trastorno mental.

En general, todo el artículo es una enorme falacia desde la primera palabra hasta la última. Y no es la primera vez que se intenta calificar de locos a los veganos. El magonio Luis Alfonso Gámez ya lo hizo así en un artículo en el cual, sin ningún tipo de razonamiento, pretendía englobar en la misma categoría el veganismo con las terapias mágicas.

Recordemos que hasta hace unas pocas décadas, como consecuencia de la homofobia que todavía sigue existiendo, la homosexualidad estaba mayoritariamente considerada como enfermedad mental y catalogada como tal por las asociaciones de psiquiatras. Y no es nada difícil encontrarte a algunos que todavía defienden ese prejuicio. Es decir, que cualquier idea o práctica que cuestione o se oponga al paradigma predominante será en seguida tachada como locura o como peligrosa por quienes defienden el statu quo. Y los hechos que demuestren su racionalidad o su carencia de perjuicio, serán debidamente ignoradas. Aquí estamos viendo un clamoroso ejemplo de ello.

En España concretamente, recordemos también al psiquiatra Antonio Vallejo Nágera y sus teorías sobre una supuesta relación entre quienes defendían ideologías de izquierda y las enfermedades mentales.

Por cierto, que en el panfleto de Zugasti se confunde constantemente el vegetarianismo y el veganismo, cuando son dos cosas muy diferentes, incluso opuestas. Algo que por desgracia ocurre muy a menudo

El vegetarianismo es un tipo específico de alimentación que consiste en no comer cadáveres de animales ["carne, pescado"] y que puede ser adoptada por diversos motivos. En cambio, el veganismo es una postura ética, contraria a la dominación del ser humano sobre los demás animales.

El veganismo en esencia es similar al feminismo en el sentido de que considera que las personas no deben ser tratadas como objetos o meros recursos. El feminismo se aplica específicamente a seres humanos que no son varones — las mujeres—, y el veganismo se aplica específicamente a quienes no son humanos: los otros animales sintientes. Pero ambos se definen por su oposición a la explotación por parte de un grupo dominante sobre quienes no pertenecen a él en base a alguna característica irrelevante que no afecta al hecho mismo de ser persona, es decir, de poseer la capacidad de sentir —experimentar sensaciones, tener voluntad e intereses propios.

Retomando de nuevo el artículo de Zugasti, afirma su autor que no ha existido ninguna cultura en la evolución humana que haya sido vegana, aunque él mismo cita a la India, un país en el que el vegetarianismo es la norma social predominante. El problema de fondo es que no ha habido ninguna cultura humana en la cual no haya existido la violencia en alguna de sus formas. ¿Esto significa que está bien que basemos nuestra propia cultura en la violencia? A pesar de que el canibalismo humano no es algo inexistente, si los humanos no se comen entre ellos puede simplemente ser debido a que se necesitan para otras funciones sociales para las cuales no pueden asociarse o emplear a otros animales.

En todo caso, el argumento de apelar al pasado no es más que una variante de la falacia ad antiquitatem, la cual supone que el simple hecho de que algo se haya estado haciendo regurlamente hasta ahora no significa por sí solo que está bien perpetuar esa inercia y que debemos rechazar cualquier cambio al respecto.

Por otro lado, sobre si el hecho de no consumir ninguna sustancia de origen animal resulta perjudicial para la salud, ya existen estudios realizados y avalados por asociaciones de nutricionistas profesionales que demuestran que aplicar el principio del veganismo es la alimentación no implica ningún tipo de daño a la salud —más bien lo contrario; puede ser algo muy saludable, siempre que se haga con un mínimo de responsabilidad— pero convenientemente son ignorados.

A la luz de las pruebas, negar que uno puede ser vegano y estar bien de salud es un tipo de sesgo cognitivo y un negacionismo: negar determinadas evidencias sólo porque refutan los prejuicios propios. No es necesario utilizar a otros animales para poder vivir. Sólo es necesario hacerlo si queremos seguir manteniendo la opresión del ser humano sobre los demás animales. De esto es de lo que realmente trata el asunto.

Si alguien adopta el veganismo entonces es normal que, como mínimo, se sienta mal al ver como los demás continúan participando en la esclavitud y matanza de millones de animales inocentes. Eso no significa que ser vegano te conduzca a la depresión o el trastorno mental —ni viceversa. Pero estar rodeado constantemente de presiones y consecuencias del especismo y la explotación animal, pueden afectar psicólogicamente a personas con una acusada sensibilidad y empatía. Imaginemos que alguien no-racista tuviera que vivir en una fanática sociedad racista en la cual se utilizara a ciertos seres humanos como comida y otros fines, sólo por no pertenecer a la raza dominante; del mismo modo que hacemos en nuestra cultura con otros animales por no pertenecer a la especie predominante.

Estar bien adaptado a la sociedad indica una falta de crítica y de sensibilidad hacia las injusticias que se cometen en ella. Como bien explicaba el filósofo Bertrand Russell:

«No estar en armonía con el propio entorno es una desgracia, de acuerdo, pero no siempre es una desgracia que haya que evitar a toda costa. Cuando el entorno es estúpido, lleno de prejuicios o cruel, no estar en armonía con él es un mérito. Y estas características se dan, en cierta medida, en casi todos los entornos.» [La Conquista de la Felicidad; capítulo 9]

Sobre esta clase de manipulación, usando la psicología como excusa para descalificar a los activistas que desafían el paradigma moral vigente, también advirtió en su momento el doctor Martin Luther King con estas palabras:

«La psicología moderna tiene una palabra que quizas sea la más usada que ninguna otra en psicología. Es la palabra "inadaptado". Es el grito de llamda en la moderna psicología infantil: Inadaptado. Claro que todos queremos vivir una vida bien adaptada para evitar personalidades neuróticas y esquizofrénicas. Pero mientras me muevo hacia mi conclusión, me gustaría decirles hoy, y de un modo muy honesto, que hay ciertas cosas en nuestra sociedad, y ciertas cosas en nuestro mundo, sobre las que estoy orgulloso de estar inadaptado. Y yo llamo a todos los hombres de buena voluntad a que sean inadaptados respecto de estas cosas hasta que la buena sociedad tome conciencia de ello. Debo decirles honestamente que nunca he tratado de estar adaptado a la segregación racial y a la discriminación. Nunca he tratado de estar adaptado al fanatismo religioso. Nunca he tratado de estar adaptado a las condiciones económicas que toman las necesidades básicas de muchos para dar lujo a unos pocos y dejar a millones de hijos de Dios sufriendo en una hermética jaula de pobreza en medio de una sociedad opulenta.» Discurso en la universidad Western Michigan [18 de diciembre de 1963]

Por otra parte, uno se podría preguntar legítimamente si quizás hay personas que mantienen el especismo por algún tipo de desorden mental. Es decir, quien continúa participando en la explotación animal aun siendo consciente de que significa participar directamente en la esclavitud, el sufrimiento y la muerte de millones de animales inocentes, demuestra una falta de empatía bastante acusada. Del mismo modo que cuando alguien participa en el canibalismo se le suele acusar poco menos de psicópata, por carecer de esa empatía básica que casi todos tenemos por naturaleza. Debe de ser por esto el que haya tantas personas que se intentan auto-convencer de que no es posible vivir sin usar a otros animales como comida para no sentirse mal por el hecho de seguir haciendo algo que en el fondo saben que está mal —o ahorrarse el esfuerzo de cambiar de hábitos— y que no quisieran que nadie les hiciera a ellos mismos.

Sea lo que sea en definitiva, podremos ver que según vaya creciendo el número de veganos y la difusión del veganismo, al mismo tiempo irán creciendo también los ataques contra un movimiento que pretende cuestionar el paradigma especista de que los demás animales existen para estar a nuestro servicio, y no hay nada malo en discriminarlos de la consideración moral, porque los humanos somos 'superiores'.

NOTA

Aunque en esta entrada estoy respondiendo a la difamación de que los vegetarianos son trastornados mentales —o que quienes practican el vegetarianismo tienen alguna relación con enfermedades mentales— no pretendo hacer una defensa del vegetarianismo. El vegetarianismo es un error. La opción que respeta justamente a los demás animales es el veganismo.

POSDATA - 12 de julio de 2020

Apareció un metaestudio revisando todos los estudios publicados sobre la comparación de índices de salud mental entre vegetarianos, veganos y consumidores de carne, que indicaba que hay una mayor prevalencia de trastornos mentales entre veganos y vegetarianos en comparación con los consumidores de carne, aunque se destaca que no se ha encontrado ninguna relación de causalidad entre dieta y salud mental. Esto es, hay un mayor índice de ansiedad y depresión en veganos y vegetarianos, pero no se ha encontrado ningún dato que indique que llevar una dieta sin productos de origen animal perjudique la salud mental.

Hay personas con problemas de salud que se apuntan a una dieta basada en plantas porque creen que les ayudará a resolverlos. Esos problemas también pueden ser de tipo psicológico. Por desgracia, un simple cambio de dieta no conlleva necesariamente una mejora de la salud. Por otro lado, las personas que dejan de comer animales por motivos éticos son conscientes de vivir en una sociedad que discrimina y masacra a los animales gratuitamente. Esto puede tener un efecto perjudicial en el equilibrio mental.

A pesar del evidente riesgo de una interpretación sesgada que pueden tener estos datos,  como he denunciado en este ensayo, no deberíamos tampoco limitarnos a ignorarlos sino que debemos tener en cuenta la importancia en nuestras vidas de la psicología y el cuidado de la salud mental.

14 de noviembre de 2012

«Introducción a los Derechos Animales»



Quiero dedicar esta entrada a un este importante texto escrito por el profesor Gary Francione, cuya lectura es especialmente recomendada para todos aquellos preocupados por nuestra relación moral con los demás animales y, en general, para quienes les interese la ética y la filosofía moral.

Dos tercios de los estadounidenses encuestados en el año 1999 estaban de acuerdo con la siguiente afirmación: "El derecho de un animal a vivir sin sufrir debería ser tan importante como el derecho de una persona a vivir sin sufrir". Más de la mitad de los estadounidenses creen que está mal matar animales para hacer abrigos de pieles o cazarlos por deporte. Pero estos mismos estadounidenses no ven un problema en el hecho de comer animales, asistir a circos y rodeos y que los animales sean utilizados en experimentos científicos.

Gary Francione afirma que la mayoría de nosotros padecemos «esquizofrenia moral» y argumenta que hay un gran abismo entre lo que afirmamos que se debe a otros animales y lo que realmente les hacemos. Francione sostiene que una perspectiva moral mínimamente racional nos exige reconocer que los animales no deben ser tratados como cosas; que sus vidas importan, que tienen intereses que debemos tener en consideración y que deberían estar incluidos en la comunidad moral.

Este libro ofrece una guía para examinar nuestras creencias éticas sociales y personales. Analiza nuestra relación con los animales a través de conceptos como la propiedad y la igualdad de consideración para defender una idea básica: que todos los seres sintientes —humanos y no humanos— tienen un derecho a no ser tratados como un simple medio para nuestros fines.

La teoría de los Derechos Animales propuesta por el profesor Francione sólo requiere la posesión de sintiencia o conciencia sensitiva, y ningún otro atributo cognitivo, para ser reconocido como un sujeto de derechos.

Lleno de información fascinante y argumentos convincentes,  nos encontramos con un libro que uno puede amar u odiar, pero cuyo objetivo es informar, reflexionar y educar.

En este vídeo se puede visionar una presentación introductoria:

11 de noviembre de 2012

Cuatro distorsiones del veganismo


En esta nota me gustaría analizar un problema que aparece con excesiva frecuencia en debates y conversaciones sobre la consideración moral hacia los demás animales: la distorsión del significado del veganismo. Para explicar correctamente por qué hay una distorsión de su significado tendremos que referirnos a una referencia objetiva. 


¿Existe un significado objetivo de veganismo o se trata de un término que cualquiera puede interpretar a su gusto? Mi postura se inclina decididamente por la primera opción. Es una decisión sustentada lógicamente en hechos y razones, y no en gustos personales, como trataré de explicar a continuación.


En el año 1951, Leslie Cross, el entonces vicepresidente de la Vegan Society, redactó un documento en el que se exponía una definición consensuada de veganismo por los miembros de la asociación:

«El objetivo de nuestro movimiento debe ser el final de la explotación de los animales por el hombre. La palabra 'veganismo' significará la doctrina de que el hombre debe vivir sin explotar a los animales.»

Sin duda que esta definición parece la más acertada, dada su afinidad moral con otros movimientos similares como el feminismo o la abolición de la esclavitud humana.

Si en efecto veganismo significa eliminar el uso de los animales —lo cual implica no consumir productos animales ni participar en ninguna actividad que implique instrumentalizar a los animales— entonces ese significado sólo tiene sentido si partimos de un solo fundamento moral: reconocer a los demás animales sintientes como personas, es decir, no tratarlos como objetos, como recursos, como simples medios para nuestros fines. Esto último ocurre siempre que utilizamos a alguien sin su consentimiento explícito e informado, o a costa de vulnerar sus intereses básicos.


Por desgracia, el significado original del veganismo es a menudo distorsionado. Veamos algunas de las tergiversaciones más frecuentes del veganismo como término y significado:

#1 La primera distorsión más habitual del significado del veganismo es la del veganismo como dieta o como estilo de vida. Esta distorsión es tremendamente habitual. Se considera erróneamente que el veganismo es un tipo específico de alimentación, al igual que el vegetarianismo. El vegetarianismo tiene mucho que ver con esta falsificación, ya que desde hace décadas se ha podido ver que las asociaciones vegetarianas califican al veganismo como un tipo de vegetarianismo. Incluso, la propia Vegan Society perdió hace mucho tiempo su condición de organización abolicionista —como ya en su momento denunciara Gary Francione— para convertirse simplemente en una empresa que promueve el veganismo como si de un negocio se tratara.

El veganismo no es una dieta ni es un estilo de vida. El veganismo es un principio moral que conlleva asumir un tipo de alimentación y de vida en general, que no implique participar en la explotación de los animales no humanos. Del mismo modo que el feminismo es un principio moral que asumirlo supone implicaciones en nuestra forma de vida. Resulta obvio que respetar a las mujeres implica no usarlas como comida ni cosificarlas como productos en general. Debería resultar igual de evidente cuando hablamos de respeto básico hacia los animales no humanos.

#2 La segunda distorsión más habitual del veganismo es aquella que dice que el veganismo es una mera herramienta o instrumento para conseguir reducir, evitar o eliminar el sufrimiento de los animales. Esta distorsión entiende el veganismo como el simple hecho de no usar a otros animales, o no participar en su explotación, pero quitándole todo fundamento moral. Esto ocurre porque la base ideológica de la que parten quienes distorsionan el veganismo de esta manera, no es el respeto por las personas y sus derechos sino simplemente el odio o el rechazo al sufrimiento en sí mismo. Por lo general, son partidarios del utilitarismo, o de posturas similares muy influencias por el utilitarismo, especialmente en la línea que suele defender Peter Singer.  Así, tal y como Ramon Alcoberro señala acertadamente:

«Un utilitarista es ‘bienestarista’, es decir, el trato ético a los animales no es para él una finalidad en sí misma, sino un instrumento —para mejorar la salud humana, para vivir más feliz absteniéndose de ingerir carne cadavérica. El utilitarista es, como se ha dicho, un hedonista y el vegetarianismo, ya sea puro, [o ‘vegano’, es decir que tampoco consume lácteos, huevos, pescado ni miel], o mixto ([es decir, que consume algunos de estos productos] le ofrece un instrumento que aumenta la felicidad personal y colectiva.» [Aunque Alcoberro se equivoca al definir al veganismo como un "vegetarianismo puro". Lo que nos remite a la distorsión #1]

El problema de este enfoque distorsionado se hace ver rápidamente. Veremos a personas que dicen ser veganas defendiendo determinadas formas de explotación animal o promoviendo medidas de "bienestar animal" con la excusa de que suponen una mejora de las condiciones o una reducción del sufrimiento de los animales que están esclavizados. Es decir, para los bienestaristas el veganismo no es un principio moral sino un mero instrumento que unas veces usarán y otras no, a conveniencia de conseguir su propio objetivo, que no es el respeto por las personas no humanas y sus derechos sino solamente la eliminación del sufrimiento.

No obstante, aunque infligir deliberadamente dolor y sufrimiento a otros individuos para beneficiarnos no es moralmente aceptable; el objetivo del veganismo no es acabar con el dolor y el sufrimiento en el mundo, sino respetar a los demás animales como personas. Nuestro error fundamental no está en el hecho de causar dolor sino en el hecho de usar a otros animales como nuestros esclavos, como recursos para nuestro uso y disfrute, como nuestra propiedad.

#3 Existe una reciente distorsión del veganismo conocida como "crudiveganismo". En este caso, personas partidarias de la alimentación crudívora [tomar alimentos crudos o sólo cocinados hasta cierta temperatura] completamente vegetal califican su opción alimentaria como "crudiveganismo" incurriendo en el error de confundir el veganismo con un tipo de dieta o un estilo de vida. Imaginemos que alguien hablara de "crudifeminismo" o "crudiliberalismo"o "crudisocialismo". Es completamente ridículo. Igual de absurdo y ridículo es hablar de "crudiveganismo". Por eso, comparto plenamente la opinión de la nutricionista Ginny Messina al respecto de este problema:

«Me gustaría que separáramos las dietas crudas del veganismo. El veganismo es una decisión basada en una ética de justicia por los animales. El crudivorismo es una dieta basada en creencias, no corroboradas, acerca de salud. Cuando la gente dice que el crudivorismo es el “paso a seguir” después del veganismo, básicamente están hablando acerca de algo que no tiene nada que ver con ayudar a la gente a adoptar un estilo de vida que considere los derechos animales. También promueve una manera de comer que no es apropiada para los niños o la gente mayor. El veganismo debe ser promovido de una manera que sea apropiado para todos.»

#4 También es frecuente que aparezca una distorsión del veganismo en la que se pretende presentarlo como una ideal de perfección moral, que consiste en no causar ningún tipo de daño en ninguna manera a ningún animal. Pero eso no es el veganismo. El veganismo se refiere específicamente al hecho de no usar animales no humanos para fines humanos. El veganismo no es un ideal de perfección moral inalcanzable. El veganismo es una ética de mínimos. Es decir, es una base moral sin la cual no podemos hablar de consideración y respeto hacia los animales. Sólo empezaremos a respetar a los demás animales cuando dejemos de tratarlos como nuestros esclavos, como meros medios para satisfacer nuestros deseos.

En resumen, la importancia de respetar los significados de los términos no es un tema secundario ni se trata de una cuestión de "pureza". Cualquier persona que haya participado en conversaciones y debates se habrá dado cuenta de que muchas discusiones y polémicas son debidas a que usamos los mismos términos con significados diferentes. Si usamos las palabras de manera arbitraria resultará imposible comunicarnos y ponernos de acuerdo. Por tanto, no es un problema meramente lingüístico sino de tipo moral. Si no podemos razonar, dialogar y consensuar entre nosotros entonces no podremos establecer ningún tipo de relación consentida y beneficiosa para todas las partes. Sólo lo podemos conseguir si partimos de un fundamento objetivo y común. 

Expresarnos correctamente no implica ningún sacrificio ni esfuerzo adicional. Está al alcance de todos nosotros. Es sólo cuestión de quererlo. Es nuestra voluntad la que decide. La misma voluntad de cambio que pedimos a otros para que se conciencien del error del especismo y dejen de participar en la explotación animal. No pidamos a otros que hagan aquello mismo que nosotros mismos no estamos dispuestos a hacer.