14 de enero de 2014

La verdad es una cuestión moral





El matemático y filósofo William K. Clifford defendía la noción de que tenemos una obligación ética de asegurarnos que nuestros conocimientos son realmente ciertos - basados en evidencias. La verdad es una cuestión moral. Porque de lo que nosotros creamos y difundamos como verdad dependerá las decisiones que tomemos, y esas decisiones nos afectan directamente a nosotros y a los demás.

Si esta postura es correcta, entonces hacer pasar por verdadero algo que no sabemos con certeza sería mentir. 

Si yo afirmara, por ejemplo, que "la civilización inca duró cuatro siglos" estaría mintiendo. Aunque el dato fuera objetivamente cierto. Porque no tengo ni idea de cuanto tiempo duró, pero aun así intento hacer pasar por verdadero algo que no sé ni me he molestado en enterarme. Da igual la veracidad del dato; lo importante es mi intención.

A nivel puramente factual, una proposición puede ser correcta o incorrecta según concuerde con los hechos. De ese modo, podremos decir que es cierta o que es falsa. Pero a nivel moral, lo relevante no es sólo si el hecho es objetivamente correcto o no; sino que la cuestión principal reside en la intención y la conducta motivada por dicha intención.

Cuando la información al respecto está disponible y accesible, pero sin embargo uno dice cosas que son objetivamente falsas, entonces está mintiendo siempre. No se ha tomado la molestia de averiguar, y confirmar, que su creencia o sus datos son verídicos. Un caso claro de esto es la viabilidad nutricional de la alimentación vegana. Quienes dicen que no podemos vivir sin usar a otros animales como comida - en el modo en que sea - están mintiendo siempre.

No quiero decir que cualquier error o falsedad que podamos enunciar en una declaración sea automáticamente una mentira. Pero si afirmamos algo falso como verdad porque previamente no nos hemos esforzado en conocer y confirmar si lo que estamos diciendo es realmente verdadero, entonces estamos mintiendo. Incluso aunque supusiéramos que sea verdad. La honestidad intelectual nos obliga a verificar todas nuestras creencias.

Tampoco estoy hablando del caso de que seamos engañados. Si alguien perpetra un engaño y caemos en la trampa a pesar de nuestras precauciones, entonces no estaríamos mintiendo. Esto es sólo excusable si alguien ha sido precavido. Tomar por verdad automáticamente lo que otros nos digan tal cual es una falta moral.

De este modo, la ética nos obliga a ser escépticos. Per ser escéptico no consiste en "no creer en nada". Ser escéptico, desde el punto de vista racional, implica no aceptar como verdadero nada que no tenga claras evidencias a su favor. Ya sean evidencias lógicas y/o empíricas.

Lo correcto no consiste en recopilar datos para sostener nuestros argumentos preconcebidos. Sino que primero debemos acudir a las evidencias y luego y ir deduciendo conclusiones lógicamente coherentes a partir de ellas. No al contrario: sólo dar por buenos los datos que coincidan con nuestro prejuicio.


La veracidad se basa solamente en la consistencia objetiva de las pruebas que se presenten. Quién sea la persona que presente los argumentos no es relevante para determinar si los argumentos que se presentan son verídicos. 

Hay que tener en cuenta siempre que una evidencia o certeza no es una creencia. El conocimiento de las evidencias es objetivo, universal y demostrable. En cambio, las creencias son un conocimiento derivado y susceptible de cambio, error y mejora. Las creencias, para ser racionales, deben basarse en las evidencias. Sólo así pueden dirigirse hacia la verdad.

El conocimiento se fundamenta en los axiomas (la lógica) luego en los los datos o videncias empíricas y, a partir de aquí, surgen racionalmente las creencias (ideas, opiniones). La ciencia es el mejor ejemplo de este proceso. Pero no hay razón por la que no podamos aplicar el mismo método a otros ámbitos de conocimiento, como la ética.

Por tanto, no hay que hacer ningún "acto de fe" para conocer la veracidad. Sólo hay que contrastar los datos y acudir a fuentes paralelas - previas y posteriores - para ver si coinciden los resultados. 

La ética se basa en la verdad y es una obligación moral procurar que nuestros conocimientos y creencias se fundamenten y orienten hacia la verdad. Esto implica también que debemos atenernos a la verdad sin importar si coincide con nuestras creencias, deseos o preferencias.

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