6 de enero de 2014

"!No hagan sufrir a los cerdos!"




Hace ya algún tiempo me encontré con este vídeo en el que unos niños le pedían a la empresa McDonald´s que por favor dejara de comprar carne de cerdo a las granjas que los encerraban en determinadas jaulas y solicitaban que los trataran con "menos crueldad":
«"Le pedimos a McDonald's que deje de comprar su carne de cerdo de estos lugares, y si tienen la manera de hacerlo, que les pidan que ya no usen esas jaulas para que los cerdos estén en mejores condiciones.»
Vale la pena leer la petición, porque en unos pocos párrafos sintetizan todos los tópicos habituales que se esgrimen al respecto: "apenas comemos carne de estos sitios"; "el sufrimiento les provoca estrés y eso hace que su carne sea menos saludable",.. Ni siquiera piden que haya una ley general que prohíba ese tipo de jaulas, sino que se lo piden específicamente solo a McDonald´s, como si el resto de empresas que comercian con animales no existieran. Es una iniciativa calcada a la que promueve la organización bienestarista PeTA y su homóloga en el mundo hispanohablante: Anima Naturalis.

Ahora, reflexionemos un momento sobre esto: si sucediera que unos hombres tuvieran privados de libertad a otros semejantes para obtener algún beneficio —para utilizarlos con fines sexuales o para obligarlos trabajar— seguro que no juzgaríamos que el problema de esa situación es el sufrimiento. El problema real es la injusticia de utilizar a otros individuos sin su consentimiento, en contra de su voluntad, a costa de vulnerar sus intereses básicos. Esto siempre que asumamos que a los seres humanos hay que respetarlos como personas con derechos inalienables, claro, porque un utilitarista no aceptaría esta planteamiento y pensaría de otra forma muy distinta.

Es probable que la petición haya sido supervisada por adultos, pero me parece muy significativo que sean precisamente unos niños, que todavía no tienen el suficiente discernimiento y experiencia sobre ética básica, y cuestiones morales, quienes cometen el error de fijarse sólo en el sufrimiento, sin cuestionar la propia injusticia de la esclavitud.

Como acertadamente señalara el profesor Tom Regan, lo relevante para determinar si algo está mal no es si se les hace sufrir mucho o poco a la víctimas. Cualquier sufrimiento causado por una injusticia es igualmente rechazable; pero no por el sufrimiento en sí mismo, sino porque es causado de forma injusta. Por esto, lo relevante para determinar un error moral está en la quiebra del principio moral de igualdad: tratar a seres conscientes como si fueran objetos y medios para nuestros fines; supeditando sus intereses para que sirvan a los nuestros. Por esto juzgamos que es injusta la explotación de animales. Utilizar a los otros animales independientemente de si les causamos mucho, poco o ningún sufrimiento al hacerlo.

Según ha explicado en numerosas ocasiones el abogado y activista Gary Francione, la reforma de "Bienestar Animal" tiene como objetivo real tranquilizar la conciencia de la gente para que se sienta cómoda consumiendo animales: que tengan menos cargo de conciencia al hacerlo y que no se cuestionen lo que están haciendo.

La perspectiva bienestarista se focaliza en el sufrimiento, sin oponerse al uso de animales. Al bienestarismo, como su propio nombre indica, sólo le importa el “bienestar” pero no le importan los derechos morales, la igualdad, ni el respeto por el individuo.

Mientras no abandonemos el paradigma bienestarista no podremos comprender, ni hacer entender, que los otros animales son personas que merecen el mismo respeto moral que nosotros. Bajo el bienestarismo, los animales nunca podrán tener derechos reconocidos y seguirán siendo esclavizados como recursos para los humanos —injustamente discriminados por el mero hecho de no pertenecer a la especie humana.


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