11 de febrero de 2014

Contradicción


"Lo que tengo que pensar en todo momento es si con mis acciones no contribuyo al daño que condeno. Y si son parte de ese daño, ¿qué haremos? Thoreau nos dice: rompe la inercia; haz que tu vida ayude a parar la máquina." ~ Vanina Escales

Nuestra sociedad está inmersa en una permanente y extrema contradicción.

Por un lado, consideramos y tratamos a los demás animales como objetos. Por otro lado, sabemos que ellos no son objetos. Los demás animales sienten y tienen intereses. Después nos lamentamos de las efectos terribles que conlleva considerar a los animales como objetos, como simples medios para satisfacer nuestros fines.

¿Acaso no sucede lo mismo cuando consideramos como objetos a los humanos? Si ignoramos la individualidad y los intereses de otros humanos con los que nos relacionamos entonces es inevitable que les inflijamos daño, sufrimiento y muerte. ¿Cómo no va a suceder lo mismo cuando se trata de otros animales?

Sabemos que los demás animales son seres conscientes —son individuos con su propia voluntad e intereses— pero los tratamos como objetos. No queremos que los demás animales sufran innecesariamente por nuestra culpa pero al mismo tiempo les causamos todo tipo de perjuicios constantemente y de forma innecesaria. 

Parece que sólo nos damos cuenta de la inmoralidad de esa cosificación cuando vemos a alguien practicando la violencia directa contra otro animales —por ejemplo, en la caza o en la tauromaquia— pero no nos paramos a pensar en que nosotros estamos haciendo lo mismo cuando cuando consumimos productos de origen animal: carne, lácteos, huevos, miel, lana,... Todos estos productos implican privación de libertad y agresión a la integridad física de los animales sometidos a explotación.

Decimos que está mal dañar o matar a otros animales innecesariamente —por mero placer o diversión— pero no necesitamos utilizar a otros animales para comida, vestimenta o entretenimiento; y sin embargo los utilizamos.

El profesor Gary Francione analiza esta confusión de la siguiente manera:

1. Casi todos nosotros estamos de acuerdo en que está mal hacer daño a otros animales innecesariamente, por simple diversión o placer.

2. Pero resulta que que el 99% de los usos que hacemos de otros animales son innecesarios, y todos ellos implican dañar, hacer sufrir y matar a los demás animales.

3. Por tanto, si de verdad estamos en contra de matar o hacer sufrir innecesariamente a los demás animales, entonces, por simple coherencia, deberíamos dejar usarlos como comida, vestimenta o entretenimiento. Todos estos usos son innecesarios y causan daño, sufrimiento y/o muerte a los demás animales.


Además, Francione también argumenta en sus escritos que es imposible proteger los intereses básicos de los animales mientras sigamos considerándolos como nuestra propiedad, porque la propiedad no puede tener derechos y los intereses de estos animales siempre estarán supeditados a los de sus propietarios.

Siempre que eso beneficie los humanos, los intereses de los animales no humanos —su interés en vivir y su interés en evitar el daño— serán vulnerados en beneficio humano. Por esto, no tiene sentido decir que queremos respetar a los animales al mismo tiempo que los tratamos como objetos: como recursos para nuestro beneficio.

La única forma de salir de esta absurda contradicción es ser coherentes con el hecho de que los demás animales no son objetos y, por tanto, dejemos de tratarlos como si lo fueran. De lo contrario estaremos incurriendo en hipocresía y convirtiendo en víctimas inocentes a otros animales por simple diversión o por inercia de nuestros hábitos.

La cuestión moral del asesinato no reside en primer lugar en cómo se lleva a cabo sino en el hecho mismo de cometerlo. Los demás animales desean vivir y que no les hagan daño. ¿Por qué razón habría que respetar ese interés sólo en los humanos pero no también en los los otros animales si es el mismo interés? Esto se aplica igualmente al resto de intereses básicos que compartimos con ellos. Ninguna razón justifica discriminarlos sólo por no ser humanos. Esta discriminación es arbitraria.

No necesitamos utilizar a otros animales para poder vivir. Por ejemplo, los humanos podemos vivir perfectamente con una dieta 100% vegetal. Así que no comemos por necesidad sino por el placer que obtenemos al comer sus cadáveres o ingerir las secreciones de sus cuerpos. Lo hacemos por seguir la inercia de lo que aprendimos de niños. Heredamos una tradición en la que hemos sido inculcados y que repetimos de forma inconsciente. Lo mismo que sucede con quienes practican la tauromaquia, la caza o cualquier otra práctica de explotación sobre los animales no humanos.

Tampoco tenemos necesidad de utilizar a otros animales para vestimenta, entretenimiento o cualquier otra finalidad. Casi todos los usos de animales son ya ahora mismo perfectamente prescindibles o intercambiables por opciones que no implican usarlos. No son necesarios en ningún sentido razonable del término.

No hay nada en nuestra naturaleza que nos obligue a explotar a otros animales. Podemos vivir sin utilizarlos como comida u otros fines; aparte de que la naturaleza no es ningún criterio ni referente moral. En la naturaleza hay agresiones, hay canibalismo y hay muchos otros comportamientos que no es correcto que imitemos. Señalar la naturaleza no es realizar ningún razonamiento moral, sino una simple descripción de algo que sucede.

Se puede vivir sin explotar a otros animales del mismo modo que podemos vivir sin explotar a otros humanos. No tiene nada de extraordinario ni de peculiar. Millones en todo el mundo vivimos sin utilizar a los demás animales, es decir, sin usarlos como comida, vestimenta, entretenimiento o cualquier otro fin que implica privarlos de libertad o matarlos. Esto no es una mera idea o propósito. Es un hecho.

En definitiva, resulta pues incoherente estar en contra de causar daño innecesario o injustificado a otros animales si al mismo tiempo participamos en su explotación, ya sea para comida o cualquier otro fin. Toda esa explotación es tan innecesaria como injustificada. Por tanto, si no cambiamos nuestra actitud estaríamos cayendo en la contradicción —o directamente en la hipocresía— de apoyar lo mismo que denunciamos y decimos estar en contra.

El veganismo no conlleva adoptar ninguna postura de 'superioridad' moral sino justo al contrario. Los humanos no estamos moralmente situados por encima de los otros animales. Todos los seres sintientes somos iguales en el hecho de sentir, y esta característica es el único requisito necesario y suficiente para ser considerado como sujeto de consideración moral. Nada más es necesario para ser considerado como miembro de la comunidad moral.

No debemos aceptar el enfoque bienestarista que se limita a posturar que debemos 'reducir el sufrimiento' porque, entre otras cosas, esto sirve para justificar la explotación con la excusa de que esta se intenta llevar a cabo con el menor sufrimiento. En cambio, el enfoque humanitario que exige no infligir ningún daño que no fuera necesario para la supervivencia nos conduce ineludiblemente al veganismo.

No necesitamos utilizar a los demás animales en ningún sentido razonable del concepto de necesidad. No necesitamos usarlos para comida ni para vestimenta ni para cualquier otro fin que sea necesario para vivir y gozar de una buena calidad de vida. Así que cualquier clase de daño que les causemos por este motivo no se puede excusar apelando a la necesidad y es moralmente injustificado.

1 de febrero de 2014

La cosificación


«Hasta tiempos muy recientes se ha entendido que domar un animal consiste en quebrar su voluntad. Anular su albedrío de tal modo que la bestia se torne indiferente a sus propios intereses y apetencias, que pasan a ser los de su amo.

Para lograr ese objetivo no cabe otro camino que el uso de la fuerza bruta, en varias modalidades. El castigo es la base, ya sea mediante el apaleamiento, el hambre, la reclusión o la tortura. Pero con eso no basta. Hay también que hacer ver al sometido que su libertad no existe; que es su amo quien decide lo que debe hacer o no.

Para ello, es imprescindible anular su iniciativa y capacidad de elección hasta insensibilizarlo respecto a su carencia. Tan solo así se consigue que, cuando se abre la jaula o se desatan las ligaduras, el animal siga inmóvil. Renuncia a ser libre porque la cárcel ya no está entre barrotes o ataduras, sino en su propia conciencia. Ya es un esclavo. En el argot de la doma, se le llama bestia rota.» - Eliseo García

De acuerdo al trabajo de autoras feministas como Martha Nussbaum y Carol Adams hay una serie de puntos fundamentales que estarían entre los criterios que conforman el hecho tratar a una persona como un objeto, es decir, la cosificación. Enumero algunos de ellos, en forma muy concisa, que ya he expuesto anteriormente en algunos ensayos de este blog. Todos ellos están intrínsecamente relacionados y expresan diferentes aspectos de un mismo fenómeno:

INSTRUMENTALIZACIÓN: el tratamiento de una persona como una simple herramienta para los fines de otra persona

NEGACIÓN DE LA SUBJETIVIDAD: el tratamiento de una persona como algo cuyas experiencias y sentimiento no deben ser tenidos en cuenta

REDUCCIÓN A LA APARIENCIA: el tratamiento de una persona principalmente en términos de cómo se ven, o cómo le parecen a los sentidos

 


Cuando asociamos la personalidad moral a la especie humana entonces al cuestionar o negar la humanidad de un individuo estás cuestionando o negando su estatus de persona. Puesto que se considera que sólo los humanos son personas esto conlleva que no ser considerado humano automáticamente te convierte en un ser inferior o en un objeto que no merece ni siquiera un respeto básico.

Así, la cosificación aparece cuando consideramos a los otros animales como si fueran un simple medio para satisfacer nuestros fines y no como individuos que tienen derecho a que sus necesidades e intereses sean tenidos en consideración en igualdad de condiciones, es decir, que sean considerados como fines en sí mismos y no como medios para los fines de otros.

En aquel punto, la cosificación coincide con la violencia. Pues la violencia consiste esencialmente en tratar a personas como si fueran objetos, tal y como expresa el profesor Gary Francione:

«La violencia trata a otros como medios para fines en vez de tratarlos como fines en sí mismos. Cuando actuamos violentamente contra otros —sean humanos o no humanos—, ignoramos su valor inherente. Los tratamos sólo como cosas que no tienen ningún valor, excepto el que nosotros decidamos darles. Esto es lo que lleva a las personas a involucrarse en crímenes de violencia contra la gente de color, mujeres, gays y lesbianas. Esto es lo que nos lleva a cosificar a los no-humanos y tratarlos como recursos que existen solamente para nuestro uso. Todo esto es erróneo y debe ser rechazado.»

La incapacidad para percibir a los demás animales como personas es un síntoma del especismo: la inculcación del prejuicio que dice que otros animales merecen ser tratados de forma moralmente distinta sólo por no pertenecer a la especie humana.

Estas características que conforman la cosificación no se van a evitar gracias a la prohibición de una práctica determinada ni van a ser resueltos mediante la eliminación de una forma concreta de abuso. Parece obvio, a mi modo de ver, que la clave para aceptar el derecho de los animales no humanos a no ser tratados como un medio para alcanzar fines humanos está, en primer lugar, en la educación y no en la represión. 

No tiene sentido pues intentar corregir, mediante regulaciones legales, un sistema que funciona precisamente bajo el supuesto de que los otros animales son medios para nuestros fines, si primero no se confronta y desafía esa creencia. Todo intento de evitar la violencia sin atender a sus causas se convierte en un imposible y está inevitablemente abocado al fracaso.

Los activistas enfocaremos mejor nuestros esfuerzos si nos dedicamos a participar y ayudar en esta labor educacional, en lugar de tratar de imponer una regulación legal que no aporta nada en absoluto para el proyecto de cambiar nuestra relación moral con los no-humanos. Un tipo de regulación que, en su idea y en su práctica, acepta de base la violencia contra los demás animales al no cuestionar el hecho de que los utilicemos como medios para nuestros fines. 

Erradicar el problema de la cosificación de los no-humanos es una labor que apenas acaba de comenzar. Respetar y valorar a los demás animales como iguales es una habilidad adquirida, partiendo de la base de nuestro sentido moral, y debería ser tarea de los activistas el instruir a los miembros de la sociedad en su adquisición y práctica. 

Todo esto tiene que partir lógicamente de la difusión de un nuevo paradigma moral que desplace la idea de los animales como objetos/recursos/cosas hacia la idea de los animales como individuos que poseen una mente, conciencia de sí mismos, emociones e intereses propios.

Para conseguir esto no es suficiente, aunque sí necesario, reconocer que los demás animales animales son seres sintientes. También es necesario reconocer su personalidad —su condición de personas

Sin un cuestionamiento claro y directo de la cosificación nunca lograremos que los no-humanos dejen de ser tratados como objetos y empiecen a ser respetados como personas.



Bibliografía:

La objetivación de los animales [2010] Félix Mariano Vallejos 

- La política sexual de la carne [2015] Carol Adams 


25 de enero de 2014

Alerta: periodismo basura




Me he encontrado hace poco con esta desgraciada noticia en La Vanguardia:
"Katharina Katit-Stäheli, la mujer suiza que degolló a su hijo de diez meses en el Hospital de Torrevieja, tiene 40 años y es una apasionada de los animales, en especial los caballos, y una vegana convencida. Precisamente su férreo seguimiento a esta dieta fue lo que le hizo perder la custodia de su hijo Dylan, ya que se negó en rotundo a que el pequeño fuera tratado de la hidrocefalia que padecía con la ayuda de la medicina tradicional."
A la desgracia del suceso se añade el tratamiento de la noticia que hace este periódico, mencionando que la autora del crimen era supuestamente vegana, y que al parecer eso tiene que ver con lo que ha sucedido. Por ello, me gustaría señalar una serie de puntos al respecto.

Primero; no está claro que la aparente autora de estos hechos sea vegana. Que sea "amante de los animales", o que llevara una dieta completamente vegetal, o que esté en contra de la "vivisección", nada de eso implica que sea vegana. A mi modo de ver, ser vegano es estar a favor del reconocimiento de los animales no humanos como personas. Esto significa estar en contra de su esclavitud —de su utilización como recursos y propiedades de los humanos. Es una postura moral, que obviamente se lleva a la práctica, pero no es una dieta ni es un estilo de vida ni tiene que ver con el "amor a los animales". Veganismo es el equivalente del feminismo, pero aplicado al problema de la opresión especista sobre los demás animales. 

No está nada claro que esta persona sea partidaria del veganismo, según lo defino aquí, sino que su práctica de no consumir productos animales, y su rechazo a la vivisección, puede estar motivada por otros motivos de tipo puramente personal o emocional. Al igual que hay personas que no practican ninguna religión pero que no están contra de la religión ni tienen una postura a favor del laicismo, sino que simplemente no quieren participar en la religión porque no les apetece o porque no les gusta. 

Habrá, por supuesto, personas que no estén de acuerdo con esta definición, y habrá otras que sí. Pero como esta definición es la única que aporta un carácter singular al concepto de veganismo y no lo confunde con otras nociones —y además es una definición avalada por la historia del movimiento vegano desde sus comienzos— considero entonces que sería la definición correcta y apropiada. 

En cualquier caso, incluso que la autora de este suceso resultara ser en efecto vegana no altera ni invalida los argumentos que pretendo exponer aquí. Si en embargo, en otros medios informativos que he consultado resulta que en ellos no se menciona siquiera el veganismo cuando cubren la noticia. 

En segundo lugar; hay personas que ciertamente no son veganas y que han asesinado a sus hijos pequeños. Si alguien lo duda que acuda a la hemeroteca y en seguida verá una  lista de de casos. Me pregunto si alguien considera que no-ser-vegano tiene relación directa y causal con esos hechos. Al menos deberían señalarlo en la noticia: "padres especistas asesinan a sus propios hijos". En el caso de que consideremos que es lícito mencionar factores que no están involucrados en el suceso para dar a entender como si fueran sus causantes. Obviamente el hecho de ser especistas no fue la causa del asesinato sino que se debió a otros motivos. Pero si cada vez que alguien supuestamente vegano cometa alguna inconveniencia o delito, vamos a resaltar que supuestamente es vegano entonces hagamos lo mismo cuando hablemos de los millones de seres humanos especistas que cometen crímenes, aunque el especismo no tenga realmente que ver, en esos casos, con lo que hacen.

Tercer punto: lo que ha hecho esta persona no tiene relación alguna con el veganismo ni tampoco con la filosofía de los Derechos Animales. Ni el veganismo, ni los Derechos Animales, promueven  en modo alguno agredir o matar a nadie; sino todo lo contrario. Lo que promovemos es precisamente el respeto integral por todos los animales —humanos y no humanos— como personas. Esta noción moral es incompatible con el asesinato en cualquier forma. El veganismo postula que no debemos utilizar a los demás animales como medios para nuestros fines. El veganismo es una extensión del principio de la noviolencia hacia los no-humanos.

Tendría algún sentido mencionarlo si el veganismo propusiera algún tipo de hostilidad contra alguien —como sí sería el caso de determinadas ideologías políticas o religiosas. Pero no siendo el caso, la alusión a que esta persona es supuestamente vegana no tiene ningún sentido. ¿Y si fuera feminista también habría que señalarlo? ¿Y si fuera liberal o fuera socialista? Lo que ocurre es que ser vegano es una condición que llama la atención dentro de una sociedad que considera normal y aceptable explotar a los animales. Y cuando dicho dato llega al conocimiento de un periodista con ánimo sensacionalista entonces no duda en mencionarlo en primera plana para incitar a la polémica.

Cuarto; si alguien se molestara en leer las noticias al respecto, todo parece indicar que la conducta de esta madre es claramente producto de una grave perturbación mental. Se trata de un problema psicológico-emocional —que nada tiene que ver tampoco ni está causado por la práctica del veganismo. Pretender acusar o relacionar al veganismo con este suceso sería como intentar relacionarlo con el hipotético hecho de que esta persona fuera partidaria del feminismo o del ateísmo o del republicanismo. Ninguna de estas posturas morales o ideológicas promueve o acepta el asesinato, ni ningún tipo de agresión contra nadie. El veganismo tampoco.

Quinto; la noticia dice que la madre, debido al hecho de ser supuestamente vegana, rechazaba "la medicina tradicional" y que su negativa a que su hijo recibiera obligadamente tratamiento médico fue lo que motivó el asesinato. Este punto merece una aclaración específica.


En primer lugar, el veganismo no tiene nada en contra de la medicina ni de la "medicina tradicional". Aunque no está muy claro que quiere decir eso de "tradicional", porque "tradicional" para muchos significa "remedios tradicionales" que provienen de la tradición popular o familiar desde hace siglos. Pero si lo a lo que se refiere es a la medicina con base científica, entonces el rechazo no tiene que ver con el veganismo. El veganismo no se opone a la ciencia

El veganismo se opone sólo al uso de animales no humanos. Si alguien es vegano entonces no participará en cualquier actividad que implique como tal utilizar a otros animales. Si nos referimos al ámbito de la ciencia, esto es: trabajar en actividades que usen a animales consumir o productos que estén hechos con sustancias quitadas a los animales. 

Pero ¿qué ocurre si para conservar nuestra salud necesitamos de verdad recurrir a un tratamiento o un medicamento que hubiera sido producido a partir de animales? Bien, esto es un tema delicado. Incluso en esta sociedad especista y dependiente de la explotación de los animales resulta que el 99.99% de los usos que hacemos de no-humanos no son necesarios para vivir y tener una buena calidad de vida, y existen opciones/alternativas que no implican utilizar a los no-humanos. Aunque siempre puede haber una excepción.

Ahora bien, el hecho de recibir determinado medicamento/tratamiento que hubiera sido experimentado con nohumanos no significa participar en el uso de animales. Otra cosa sería que el producto en sí estuviera hecho con sustancias que le han sido extraídas a otros animales. No son lo mismo. Los testeos con animales forman parte del protocolo obligado para todo medicamento o sustancia para consumo humano. Una vez que ha sido probado, no hay nada moral o práctico que nuestro rechazo suponga para ese hecho. Del mismo modo que si los nazis hubieran encontrado la cura del cáncer experimentando con judíos no vamos a solucionar nada negándonos a recibir dicha cura, ni al hacerlo tampoco vamos a apoyar moralmente la explotación de judíos o seres humanos en general.

Vayamos a lo concreto: ¿el tratamiento que necesitaba el hijo de la autora de este crimen implicaba siquiera el uso de animales en su elaboración o producción? La respuesta es no. El tratamiento es de tipo quirúrgico [drenaje] y no implica utilizar ni matar a ningún animal para ello. Por tanto ¿de dónde se ha sacado La Vanguardia que el hecho de ser vegana tiene algo que ver con su rechazo a este tratamiento? 

En definitiva, considero que esta noticia es otro enésimo ejemplo de periodismo basura, al que por desgracia ya estamos habituados. Ese periodismo que sólo busca llamar la atención con titulares sensacionalistas y distorsionados. Ese periodismo que, por ejemplo, cada vez que ocurre algún suceso no duda en señalar la raza, la nacionalidad o la orientación sexual de los autores o los involucrados, cuando ninguna  de esas características tiene relación directa con los hechos y lo único que consigue es fomentar prejuicios. 

Claro que el hecho de que haya periodistas que distorsionan, que no contrastan las fuentes de sus informaciones, o que directamente mienten, no implica que todos los periodistas hagan lo mismo, ni que el hecho de ser periodista implique mentir o faltar a la verdad. De igual modo que el hecho de que algunos veganos se comporten de forma indebida por cuestiones personales  o psicológicas no implica nada para el resto de veganos ni tiene relación con el propio veganismo.

No cabe duda de que esta noticia será utilizada como arma contra el veganismo, del mismo modo que se ha utilizado la noticia de que unos padres supuestamente veganos habían causado la muerte a su hijo por desnutrición, para intentar así argumentar que la práctica del veganismo no es saludable en general o específicamente para niños. Este tipo de noticias fraudulentas lo analicé en una entrada anterior, donde expliqué que la asociación con el veganismo era errónea y que había sido un caso de simple negligencia. Un tipo de negligencia que algunos padres no veganos cometen también. Pero a quien tiene ya un prejuicio y una intención de hostilidad contra el veganismo no le importará la verdad de los hechos sino simplemente atacar aquello que no le gusta o que contradice sus ideas preconcebidas.

A modo de conclusión, quisiera señalar que si realmente nos importa que dañen o maten a otros individuos que sienten y desean vivir, deberíamos reflexionar sobre lo siguiente:

Si consumimos productos de origen animal [carne, lácteos, huevos, miel, cuero, lana,...] entonces estamos pagando para que maten deliberadamente a otros animales. Esto es un hecho. Personas que no son veganas matan todos los días a otros animales —en las granjas, en los mataderos, en los laboratorios—  pero como vivimos todos inmersos en una sociedad especista, esto pasa inadvertido. No aparece en las noticias. Ignoramos, o queremos ignorar, que a pocos kilómetros de nuestras casas están matando a otros animales simplemente por que obtenemos un placer al comer trozos y secreciones de sus cuerpos. Esto sí sucede por causa de una forma de pensar —que denominamos especismo.

Desde este blog rechazo y condeno este asesinato, igual que cualquier asesinato contra cualquier persona —humana o no humana— sin importar su raza, sexo, tamaño, aspecto, orientación sexual, o cualquier otra característica irrelevante. Todos los animales merecen el mismo respeto en tanto comparten la única característica moralmente relevante: la capacidad de sentir

20 de enero de 2014

¿Qué significa ser persona?


Tradicionalmente se ha reservado la noción de persona sólo para los seres humanos. Sin embargo, a continuación pretendo mostrar que no habría una razón objetiva que justifique discriminar a los otros animales, sólo por no ser humanos, de la categoría de personas.

Etimológicamente, el término persona proviene del griego antiguo, para referirse a lo que en el contexto escénico hoy entenderíamos como personaje. ¿Qué es esencialmente un personaje? Es un individuo con su propia perspectiva, cualidades e intereses. Es un punto de vista en el mundo. Esto es, la persona sería sinónimo de sujeto. Un sujeto es un ser que posee subjetividad, es decir, un ser que no simplemente existe sino que genera una perspectiva singular sobre el mundo; que experimenta a través de sensaciones, emociones, deseos, sentimientos y pensamientos.

Persona, por definición esencial, sería cualquier ser que posee subjetividad, es decir, conciencia de sí mismo y de sus experiencias. Una persona es por tanto un sujeto —un ser que posee un yo.


Si nos atenemos al elemento esencial del concepto entonces deberíamos reconocer como persona a todo ser que esté dotado con la capacidad de sentir, puesto que la capacidad de sentir implica la conciencia. Éste es el requisito a nivel fisiológico para ser incluido en el concepto de persona, en oposición a la noción de cosa o de objeto. Gracias a la investigación científica, sabemos que los animales no humanos son seres conscientes.

El aspecto moralmente relevante del concepto de persona está en la consideración que implica. Es decir, una persona es un ser que, a diferencia del resto de seres, posee un valor inherente. Así lo explica la profesora Priscilla Cohn:

«Al aseverar que los animales tienen un valor inherente, quiero decir que su valor es independiente de nuestros juicios respecto de su utilidad, belleza y así sucesivamente. Decir que los animales tienen un valor inherente significa entonces que su valor no es instrumental, o que no son meramente medios para nuestros fines humanos.»

Por esto, si un ser tiene un valor inherente esto quiere decir que no se le puede tratar justificadamente como si sólo tuviera un valor instrumental; esto sería explotación. Por esta razón entendemos que la esclavitud es inmoral. Un valor inherente es un valor absoluto —no relativo— e intrínseco al propio ser. Es un valor que no depende para su existencia de nuestro gusto o conveniencia.

Los únicos seres que pueden valorar son los seres sintientes. Sólo ellos pueden generar valoraciones —preferencias, deseos, intereses. Además, todos los seres sintientes se valoran a sí mismos —valoran su conservación, su bienestar y su libertad— aunque nadie más lo hiciera. Esto es lo que quiere decir que ellos poseen, de hecho, un valor inherente: un valor fijo e intrínseco a sí mismos por el hecho de ser sintientes.

Al ser sintiente también lo podemos denominar como individuo. El hecho de ser sintiente implica que uno se identifica a sí mismo [A=A] como una unidad diferenciada, dividida, del resto que lo rodea. Esto es el individuo. Y también es sinónimo de sujeto, en oposición a objeto.

Así pues, desde el punto de vista empírico, lo que define la condición de persona sería la sintiencia o conciencia sensitiva. Por otra parte, desde el punto de vista moral, lo que define la condición de persona es el valor inherente o valor moral intrínseco. Esto es, la noción de que el ser considerado como persona merece ser considerado y respetada por sí misma —como un fin en sí mismo— y nunca como un simple medio para conseguir alguna finalidad. Como diría don José Ortega y GassetNos es dado a elegir, ante otro sujeto, entre tratarlo como una cosa —utilizarlo— o tratarlo como un «Yo» 

La noción moral de persona y el hecho fisiológico de la sintiencia coinciden lógicamente a través del principio de identidadSer sintiente —> Valor inherente —> Persona. Un ser dotado de sensibilidad genera un valor inherente y este valor implica que no es un objeto que sólo posee un valor instrumental que nosotros le asignemos.

La razón moral nos obliga a respetar a los seres sintientes; en tanto que son los únicos seres que poseen identidad. Mejor dicho: son identidad. La identidad —la conciencia de sí mismo— es lo que caracteriza esencialmente al ser sintiente. Y dado que un ser sintiente es un sujeto, y no un mero objeto, entonces no sería lógicamente correcto considerarlo ni tratarlo como un objeto, como si fuera una cosa que carece de valor intrínseco y podemos tratar instrumentalmente.

Sentir no significa simplemente obtener información sino procesar percepciones en forma de sensaciones, es decir, experiencias subjetivas. Eso es la conciencia: la conciencia sensitiva. En eso consiste ver, oír, oler, saborear, disfrutar, sufrir,... Esto es sentir.

Las plantas no sienten. Aunque puedan detectar la luz o sonidos, las plantas tienen ninguna capacidad para procesar esa información en forma de experiencias subjetivas, puesto que carecen de órgano o dispositivo que pueda ejercer esa función. Sólo los animales dotados de un sistema nervioso adquieren la facultad de sentir, ya que sabemos que precisamente una de las funciones principales del sistema nervioso centralizado consiste en generar sensaciones.

El dolor es una sensación. El placer es una sensación. La imagen también lo es. Al igual que los sonidos, los olores, las texturas, los placeres, los dolores. Son fenómenos físicos que se originan en determinada forma de la materia que es el sistema nervioso. Son producto de la actividad química y eléctrica del sistema nervioso.

El problema para determinar la conciencia radica en que se trata de una experiencia privada que no se puede observar desde fuera ni medir ni cuantificar. Por eso la única evidencia es la conciencia personal que tiene cada uno de sí mismo. Todo lo demás son siempre deducciones; no evidencias objetivas. Pero si las deducciones son lógicamente consistentes y se basan en evidencias empíricas, entonces hay que aceptarlas racionalmente.

Sabemos con certeza que nosotros podemos sentir porque tenemos estructuras neuronales especializadas en nuestro sistema nervioso que generan las sensaciones. Y resulta que los demás animales poseen esas mismas estructuras en forma idéntica, análoga o muy similar en su sistema nervioso. Por tanto, la única conclusión razonable sería deducir que ellos sienten. Si sienten entonces son seres conscientes. Por tanto merecen ser considerados y respetados como personas.

¿Podemos cuestionar el hecho de que "ver una imagen" implica "ser consciente de la visión de una imagen"? Hacerlo sería tan contradictorio como suponer que es posible sentir dolor sin ser consciente de que se siente dolor. Así, la sintiencia implica la conciencia. Todo ser sintiente es por este motivo un ser que posee una mente consciente.

Siempre que se produce una sensación tiene que haber necesariamente conciencia de esa sensación. Por ejemplo, si hay dolor tiene que haber por fuerza alguien que siente ese dolor !No puede haber dolor sin que haya alguien que le duela! El fenómeno de la sensación requiere de la subjetividad. Es por ello que entendemos que cualquier ser sintiente debe disponer, como mínimo, de una conciencia básica de sí mismo y de lo que le sucede. Así, ser sintiente es ser consciente, al menos en un grado elemental.

Si otros animales pueden experimentar imágenes, sonidos, olores, texturas,... entonces deben poseer al menos una conciencia básica: un yo que experimenta las percepciones procesadas en sensaciones. La sensación implica conciencia: alguien-siente-algo. Así es la naturaleza de la subjetividad. Este fenómeno establece la diferencia radical —tanto a nivel lógico como biológico— entre un objeto y un sujeto: entre una cosa y una persona.

Aparte, es importante aclarar que el solo hecho de ser una persona no implica que tal persona tenga alguna clase de obligación o responsabilidad. La condición de persona sólo implica que los agentes morales respetemos su valor inherente, es decir, que consideremos a un ser sintiente siempre como un fin en sí mismo y nunca como un simple medio para los fines nuestros o de otros.

La responsabilidad y obligación sólo competen a los individuos que tienen una conciencia moral desarrollada. Persona no equivale a ser agente moral. Los animales no humanos son personas pero no son agentes morales —ni tampoco lo son todos los humanos— porque no tienen conciencia moral, que les permite comprender normas éticas y adaptar su conducta a ellas, y es por esto que no se les puede exigir obligaciones ni responsabilidad moral, ni sería lógico pretender que las tengan.

En definitiva, un ser dotado de sensación posee en efecto conciencia de sí mismo como individuo, y valora su propia conservación y bienestar y autonomía. Por tanto, no hay razón para no considerarlo una persona y respetar sus intereses.

En el contexto jurídico, el término persona se refiere al individuo que tiene la aptitud para poseer derechos. Los derechos son protecciones de intereses. Ahora, todos los seres dotados de sensación poseen intereses básicos, como el interés en continuar viviendo, así que no hay una razón básica que justifique discriminar a los otros animales sintientes de la personalidad jurídica. Si bien, aquí nos limitamos a tratar la cuestión de la personalidad en sentido neurobiológico y en sentido moral.

También hay otras concepciones diferentes de que lo que supuestamente deberíamos entender como persona, la cuales tienen como requisito necesario: [A] la capacidad de razonar o inteligencia, [B] la posesión de alma, o [C] la pertenencia a la especie humana.

Mi respuesta a esas concepciones es que son erróneas:


[A] La inteligencia, o la capacidad de razonar, no es una condición necesaria para tener conciencia. La conciencia sensitiva es la forma básica de conciencia. Es precisamente la conciencia lo que distingue al sujeto del objeto: al individuo de la mera cosa. Todo ser sintiente tiene conciencia por el mismo hecho de sentir. Sentir implica necesariamente que alguien siente algo —un sujeto experimenta una sensación. La sensación requiere del sujeto y la aparición de la subjetividad es lo que permite la conciencia. Por tanto, no es la inteligencia o raciocinio lo que genera la subjetividad como tal sino que es la sintiencia.

[B] La existencia del alma es un postulado metafísico que no ha sido demostrado ni cuenta con una sola prueba que avale su existencia. Por tanto, queda racionalmente descartada.

[C] Ni la capacidad de sentir ni la capacidad de pensar o razonar son exclusivas en la especie humana. Está demostrado que otros animales poseen dichas facultades. Ni siquiera son capacidades inherentes al hecho de ser humano, puesto que hay seres biológicamente humanos que carecen de sintiencia —embriones, cadáveres— o que carecen de raciocinio —bebés, seniles, discapacitados. Por tanto, asociar la personalidad, la condición de persona, con la pertenencia a la especie humana incurre en un evidente error.

En definitiva, considerar que los animales son personas es una posición basada tanto en la ciencia como en la filosofía. Consideramos que los animales sintientes son personas tanto desde una perspectiva empírica como desde una perspectiva moral, y pensamos también que deberían ser reconocidos como tales desde una perspectiva jurídica.

Para esta exposición me he basado parcialmente en el trabajo del profesor James W. Walters, que define formalmente la personalidad como la capacidad de ser consciente de uno mismo como un individuo singular en medio de otros seres. También en el trabajo del profesor Gary L. Francione, que considera que la noción de personalidad debe englobar a todos los seres sintientes; la cual está necesariamente asociada al rechazo de considerarlos como objetos y propiedades. Así como también en el trabajo del filósofo Mark Rowlands que argumenta que la condición de persona sería equivalente a la condición de poseer autoconciencia, siendo la autoconciencia básica una característica inherente a la propia naturaleza de todo ser consciente.

Bibliografía:







14 de enero de 2014

La verdad es una cuestión moral





El matemático y filósofo William K. Clifford defendía la noción de que tenemos una obligación ética de asegurarnos que nuestros conocimientos son realmente ciertos - basados en evidencias. La verdad es una cuestión moral. Porque de lo que nosotros creamos y difundamos como verdad dependerá las decisiones que tomemos, y esas decisiones nos afectan directamente a nosotros y a los demás.

Si esta postura es correcta, entonces hacer pasar por verdadero algo que no sabemos con certeza sería mentir. 

Si yo afirmara, por ejemplo, que "la civilización inca duró cuatro siglos" estaría mintiendo. Aunque el dato fuera objetivamente cierto. Porque no tengo ni idea de cuanto tiempo duró, pero aun así intento hacer pasar por verdadero algo que no sé ni me he molestado en enterarme. Da igual la veracidad del dato; lo importante es mi intención.

A nivel puramente factual, una proposición puede ser correcta o incorrecta según concuerde con los hechos. De ese modo, podremos decir que es cierta o que es falsa. Pero a nivel moral, lo relevante no es sólo si el hecho es objetivamente correcto o no; sino que la cuestión principal reside en la intención y la conducta motivada por dicha intención.

Cuando la información al respecto está disponible y accesible, pero sin embargo uno dice cosas que son objetivamente falsas, entonces está mintiendo siempre. No se ha tomado la molestia de averiguar, y confirmar, que su creencia o sus datos son verídicos. Un caso claro de esto es la viabilidad nutricional de la alimentación vegana. Quienes dicen que no podemos vivir sin usar a otros animales como comida - en el modo en que sea - están mintiendo siempre.

No quiero decir que cualquier error o falsedad que podamos enunciar en una declaración sea automáticamente una mentira. Pero si afirmamos algo falso como verdad porque previamente no nos hemos esforzado en conocer y confirmar si lo que estamos diciendo es realmente verdadero, entonces estamos mintiendo. Incluso aunque supusiéramos que sea verdad. La honestidad intelectual nos obliga a verificar todas nuestras creencias.

Tampoco estoy hablando del caso de que seamos engañados. Si alguien perpetra un engaño y caemos en la trampa a pesar de nuestras precauciones, entonces no estaríamos mintiendo. Esto es sólo excusable si alguien ha sido precavido. Tomar por verdad automáticamente lo que otros nos digan tal cual es una falta moral.

De este modo, la ética nos obliga a ser escépticos. Per ser escéptico no consiste en "no creer en nada". Ser escéptico, desde el punto de vista racional, implica no aceptar como verdadero nada que no tenga claras evidencias a su favor. Ya sean evidencias lógicas y/o empíricas.

Lo correcto no consiste en recopilar datos para sostener nuestros argumentos preconcebidos. Sino que primero debemos acudir a las evidencias y luego y ir deduciendo conclusiones lógicamente coherentes a partir de ellas. No al contrario: sólo dar por buenos los datos que coincidan con nuestro prejuicio.


La veracidad se basa solamente en la consistencia objetiva de las pruebas que se presenten. Quién sea la persona que presente los argumentos no es relevante para determinar si los argumentos que se presentan son verídicos. 

Hay que tener en cuenta siempre que una evidencia o certeza no es una creencia. El conocimiento de las evidencias es objetivo, universal y demostrable. En cambio, las creencias son un conocimiento derivado y susceptible de cambio, error y mejora. Las creencias, para ser racionales, deben basarse en las evidencias. Sólo así pueden dirigirse hacia la verdad.

El conocimiento se fundamenta en los axiomas (la lógica) luego en los los datos o videncias empíricas y, a partir de aquí, surgen racionalmente las creencias (ideas, opiniones). La ciencia es el mejor ejemplo de este proceso. Pero no hay razón por la que no podamos aplicar el mismo método a otros ámbitos de conocimiento, como la ética.

Por tanto, no hay que hacer ningún "acto de fe" para conocer la veracidad. Sólo hay que contrastar los datos y acudir a fuentes paralelas - previas y posteriores - para ver si coinciden los resultados. 

La ética se basa en la verdad y es una obligación moral procurar que nuestros conocimientos y creencias se fundamenten y orienten hacia la verdad. Esto implica también que debemos atenernos a la verdad sin importar si coincide con nuestras creencias, deseos o preferencias.

6 de enero de 2014

"!No hagan sufrir a los cerdos!"



Hace ya algún tiempo me encontré con este vídeo en el que unos niños le pedían a la empresa McDonald´s que por favor dejara de comprar carne de cerdo a las granjas que los encerraban en determinadas jaulas y solicitaban que los trataran con "menos crueldad":


Vale la pena leer la petición, porque en unos pocos párrafos sintetizan todos los tópicos habituales que se esgrimen al respecto: "apenas comemos carne de estos sitios"; "el sufrimiento les provoca estrés y eso hace que su carne sea menos saludable",.. Ni siquiera piden que haya una ley general que prohíba ese tipo de jaulas, sino que se lo piden específicamente a McDonald´s, como si el resto de empresas que comercian con animales no existieran. Es una iniciativa calcada a la que promueve la organización bienestarista PeTA y su homóloga en el mundo hispanohablante: Anima Naturalis.

Ahora, reflexionemos un momento sobre esto: si sucediera que unos hombres tuvieran privados de libertad a otros semejantes para obtener algún beneficio —para utilizarlos con fines sexuales o para obligarlos trabajar— seguro que no juzgaríamos que el problema de esa situación es el sufrimiento. El problema real es la injusticia de utilizar a otros individuos sin su consentimiento, en contra de su voluntad, a costa de vulnerar sus intereses básicos. Esto siempre que asumamos que a los seres humanos hay que respetarlos como personas con derechos inalienables, porque un utilitarista no aceptaría este planteamiento y pensaría de forma muy distinta.

Es probable que la petición haya sido supervisada por adultos, pero me parece muy significativo que sean precisamente unos niños, que todavía no tienen el suficiente discernimiento y experiencia sobre ética básica, y cuestiones morales, quienes cometen el error de focalizar en el sufrimiento, sin cuestionar la propia injusticia de la esclavitud.

Como bien señalara el profesor Tom Regan, lo relevante para determinar la moralidad no radica en si se les hace sufrir mucho o poco a la víctimas. Cualquier sufrimiento causado por una injusticia es igualmente rechazable; pero no por el sufrimiento en sí mismo, sino porque es causado de forma injusta. Por esto, lo relevante para determinar el error moral está en quebrantar en nuestras acciones el reconocimiento del valor inherente y del principio de igualdad. Esto sucede cuando tratamos a seres conscientes como si fueran objetos y simples medios para nuestros fines; cuando ignoramos o supeditamos sus intereses para que sirvan a los nuestros. Por esto juzgamos que es injusta la explotación de animales. Es injusto utilizar a los otros animales independientemente de si les causamos mucho, poco o ningún sufrimiento al hacerlo.

Según ha argumentado en numerosas ocasiones el abogado y activista Gary Francione, la reforma de 'Bienestar Animal' tiene como objetivo real tranquilizar la conciencia de la gente para que se sienta cómoda consumiendo animales: que tengan menos cargo de conciencia al hacerlo y que no se cuestionen lo que están haciendo.

El bienestarismo no desafía la dominación humana sobre los demás animales. La perspectiva bienestarista se focaliza en el sufrimiento, sin oponerse al uso de animales. Al bienestarismo, como su propio nombre indica, sólo le importa el bienestar pero no le importan la libertad, la igualdad, ni la dignidad —el respeto por el individuo.

Mientras no abandonemos el paradigma bienestarista no podremos comprender, ni hacer entender, que los otros animales son personas no humanas que merecen el mismo respeto básico que nosotros. Bajo el bienestarismo, los animales nunca podrán tener derechos reconocidos y seguirán siendo esclavizados como recursos para los humanos —injustamente discriminados por el mero hecho de no pertenecer a la especie humana.

2 de enero de 2014

Una reflexión para comenzar el año


Resulta mucho más gratificante trabajar para conseguir un objetivo a corto plazo que trabajar por un objetivo a muy largo plazo que es posible que nunca veremos realizado. Tal vez por eso tantos activistas prefieren apoyar campañas que ofrecen conseguir supuestos logros ahora mismo —que les hagan sentirse satisfechos consigo mismos— que involucrarse en una tarea de muy largo recorrido en la que el avance no se aprecia a simple vista y cuyo éxito quizás nunca lleguen a ver en su vida personal.
 
No podemos cambiar la sociedad si nosotros mismos repetimos los mismos errores que provocan la violencia contra los demás animales. Si marginamos el veganismo, y somos tolerantes con el especismo y con el bienestarismo, no conseguiremos erradicar el problema de la opresión que padecen los animales nohumanos. 
 
Por eso, posicionémonos a favor de un activismo que promueva el veganismo conectado con la ética de Derechos Animales— que rechace tajantemente el especismo y pida la abolición de todo uso de animales no humanos. Un activismo educacional compuesto por activistas y organizaciones de base que difundan el veganismo a toda la sociedad.

El cambio empieza en nosotros mismos, en cada uno de nosotros, y ese cambio exige que abandonemos los errores y prejuicios que heredamos del pasado.