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25 de febrero de 2016

La ética no es una imposición


En este ensayo pretendo defender la tesis de que la ética no puede ser una 'imposición' porque eso supondría alegar erróneamente que se nos «im-pone» algo que no es inherente a nosotros, es decir, que se nos fuerza a acatar algo que es ajeno o contrario a nuestra naturaleza.

En primer lugar, la capacidad moral es algo inherente a nuestra propia naturaleza. No es algo impuesto o añadido desde fuera. La moralidad es un fenómeno biológico que no sólo aparece en los seres humanos sino que también se han comprobado su existencia en otros animales —concretamente en otros mamíferos; aunque en un nivel muy básico.

Denominamos moralidad a la capacidad de tener en consideración a otros individuos y a sus intereses, basada a su vez en la capacidad de empatía. La moralidad es el reconocimiento de que no somos los únicos seres conscientes en este mundo y que los intereses de los demás individuos también deben ser considerados a la hora de determinar nuestra conducta.

Por tanto, nuestra capacidad de actuar moralmente no es una imposición sino que es una capacidad intrínseca a nuestra personalidad.

En segundo lugar; la ética sería la obligación inherente de acatar los principios de la lógica que forman parte de nuestra propia facultad de razonar. Por eso no se puede imponer, por definición. Sólo podríamos decir que se impone —algo que se introduce interiormente desde fuera– en el caso de que se tratara de algo externo a lo que se nos quiere forzar.

La ética sería una pura derivación de la lógica. Los principios fundamentales de la moral son el principio de igualdad —o principio de igual consideración— y el principio de valor inherente; los cuales a su vez se derivan directamente del principio de identidad. Si esto es así, entonces la ética no la podemos imponer ni refutar; sólo la podemos reconocer. No podemos imponer ni refutar que A=A.

Así, los principios básicos de la ética son puramente lógicos y estamos obligados a ellos por nuestra facultad de razonamiento. Estamos intrínsecamente obligados a reconocer que A=A y lógicamente a acatar ese principio en nuestra conducta. Pero no estamos obligados en el sentido de forzados o coaccionados externamente, sino obligados en el sentido de acatar un imperativo lógica, dado que es un requisito necesario para la existencia y funcionamiento de nuestra racionalidad.

Por ello, si la lógica no es una imposición, y la ética es en efecto el acatamiento a la lógica, entonces la ética no puede ser conceptualmente una imposición. En cambio, cuando decidimos ignorar o quebrantar esos principios entonces somos nosotros quienes estamos imponiendo nuestros deseos o intenciones por encima de los de otros individuos.

Si los demás individuos son igualmente sujetos, y albergan los mismos intereses básicos que nosotros, entonces lógicamente no debemos tratarlos como objetos. Esto es lo que queremos decir cuando señalamos que los seres conscientes poseen un valor inherente. Tratar a los sujetos como si fueran objetos es lógicamente contradictorio. Asimismo, debemos considerar sus intereses al mismo nivel que los nuestros puesto que son los mismos intereses [A=A] aunque se den en individuos diferentes ―a esto es lo que nos referimos cuando hablamos de la igualdad en sentido moral.

La ética representa todo lo opuesto a la imposición de unos sobre otros; la ética se basa en la igualdad. Por supuesto que la igualdad no significa que nuestros intereses se sacrifiquen en favor de los intereses de otros individuos sino que los intereses de todos deben ser considerados igualmente; al mismo nivel.

No obstante, es importante señalar que no sería acertado que equiparemos la ética a cualquier doctrina o código específico de conducta que se pretenda de obligado cumplimiento. Existen diversas teorías morales que difieren e incluso se oponen entre sí. Por tanto, en virtud del principio de no contradicción, resulta obvio que no pueden ser todas correctas y que algunas de ellas tienen que ser necesariamente erróneas. Aquellas teorías que incumplen la lógica son teorías racionalmente equivocadas. Todas aquellas que se basan en presupuestos no-lógicos [emociones, sentimientos, gustos, tradiciones,...] no serían siquiera éticas desde el punto de vista racional. Un ejemplo de esto sería el utilitarismo. Sin duda, hay doctrinas que dicen ser éticas pero que contradicen una definición racionalista de la ética. 

Por otro lado, podemos crear normas que impongan determinada conducta de forma impositiva, coactiva. Por ejemplo: las leyes jurídicas siempre son una imposición; son de carácter externamente coactivo. La legalidad es un ámbito categorialmente diferente a la moralidad. La legalidad es de carácter convencional.

Ahora bien, al afirmar que debemos respetar a los seres sintientes como personas —no tratarlos como cosas— no estaríamos imponiendo nada. Este mandato es una derivación necesaria de la lógica. Lo que estamos diciendo es que no debemos imponer injustificadamente nuestros deseos a otras personas —que no debemos tratarlas como simples medios para nuestros fines— porque es la norma de conducta coherente con la lógica, la cual es parte inherente de nuestra propia racionalidad. Por tanto, la moral no existe fuera de nosotros —de forma heterónoma, como es el caso de las leyes jurídicas— sino que está dentro de nosotros, dentro de nuestra racionalidad, de forma autónoma.

Para terminar, es importante aclarar que aunque la ética no pueda ser una imposición, esto no significa que la imposición sea un hecho malo ni bueno por sí mismo. La imposición puede ser correcta o puede ser incorrecta. Esto depende de si está moralmente justificada o no. Lo cual nos retorna de nuevo a los principios éticos que son el referente normativo de la moralidad. Según lo expuesto aquí, el único fundamento objetivo que podría tener una moral es la lógica.

En conclusión, la ética puede parecer una imposición sólo para aquellos que no han comprendido su naturaleza propia; pero no para quienes la hemos interiorizado y reconocemos que es una extensión de nuestra propia racionalidad. Las normas éticas se conocen mediante la razón, que es inherente a nosotros, no desde fuera de nosotros. Actuar racionalmente no es una limitación sino un desarrollo de nuestra personalidad.

12 de marzo de 2013

Ética basada en la razón


«En síntesis, lo que requerimos es una ética universalmente válida para toda la humanidad; pero esto no significa que necesitemos una ética que prescribiera un estilo uniforme del bien vivir para todo individuo o para todas las diferentes formas socioculturales de vida. Por el contrario, podemos aceptar e incluso obligarnos a proteger la pluralidad de formas individuales de vida, siempre y cuando quede garantizado que una ética universalmente válida de derechos iguales e igual corresponsabilidad para la solución de los problemas comunes de la humanidad, sea respetada en cada forma particular de vida.» ~ Kart-Otto Apel 

¿Es la ética una entidad racional, objetiva y universal, o es meramente subjetiva, o relativa a cada persona o cultura, o simplemente debe consistir en imitar lo que vemos en la naturaleza? 

Tal y como puede apreciarse a menudo en debates sobre esta cuestión, muchas personas realmente  creen que no puede existir una ética basada en la razón, universal y objetiva, válida para todos y en todo momento, y que las cuestiones morales se reducen en última instancia a sentimientos o gustos personales, o a lo que convengamos en sociedad, o que debemos intentar imitar a lo que ocurre en la naturaleza, o simplemente perpetuar la tradición.


Pero todos los enfoques que rechazan la razón devienen profundamente problemáticos por varias razones.


Primero; si no hubiera criterios morales objetivos entonces no tendría sentido que habláramos de progreso moral ni que juzgáramos las acciones de otros. No podríamos juzgar una diferencia entre la violación y el sexo consentido. Sería como juzgar que el sabor dulce es bueno y el sabor salado es malo. ¿Por qué se supone que es algo bueno el hecho de empatizar con otros individuos y respetarlos como personas? ¿Por qué es algo malo tratarlos de forma que jamás querríamos nosotros ser tratados? Sólo hay dos opciones: o todo se basa en meras preferencias subjetivas o hay principios universales a partir de los cuales podemos deducir lo que está bien y mal. La primera opción hace desaparecer el propio concepto de moral.


Segundo; es muy frecuente que se confunda lo que es la moral con lo que algunos creen que es la moral. Que algunas personas crean que algo está bien o mal no significa que sea así necesariamente. Esto hay que demostrarlo con razonamientos, con la lógica, y no simplemente afirmarlo. Al igual que cualquier otro juicio o razonamiento.


A menudo confundimos la moral con el código de conducta que se impone en una cultura. No son lo mismo. La moral no se fundamenta en los códigos deontológicos de la sociedad. La moral se basa puramente en la razón. Es por esto que a pesar de que nuestra cultura considera que los demás animales son inferiores y está bien explotarlos; nosotros hemos podido razonar que eso es falso. Si la moral fuera lo mismo que el código social entonces jamás habríamos avanzado nada en cuestiones como el racismo, el sexismo o la homofobia. Este cambio sólo se explica apelando a un sentido moral que es subyacente a nuestra naturaleza y no depende del contexto.


Si la moral fuera relativa, o fuera convencional, o consistiera en imitar la conducta que otros animales practican en la naturaleza, entonces no podríamos establecer que, por ejemplo, violar mujeres es inmoral, es algo que está mal siempre y no debemos hacerlo. Tendríamos que decir que a lo mejor es inmoral para nosotros pero quizás para otros no lo es; así que tendríamos que respetar el hecho de que otros violen mujeres si no lo consideran algo inmoral.


Lo mismo podríamos decir del asesinato, la tortura o la esclavitud ¿Estamos dispuestos a aceptar esta conclusión? Me parece obvio que no. Porque en realidad nadie acepta que lo que está bien y mal se base en caprichos personales, o meramente en lo que la sociedad establezca en un código moral o legal, ni tampoco en imitar lo que suceda en la naturaleza.


La ética no es lo que la sociedad establece, ni tampoco es equivalente a los deseos personales, ni consiste en imitar lo que ocurre en la naturaleza ¿Entonces qué debe ser la ética? La ética es actuar de acuerdo con la razón. Por razón entendamos básicamente la forma de pensamiento que se ajusta a los principios básicos de la lógica y los hechos empíricos comprobados. Si un razonamiento correcto se basa en ajustarse a la lógica y los hechos ¿por qué el razonamiento moral debería ser diferente al respecto?


El razonamiento ético también puede ser objeto de valoración con respecto a su calidad. Un buen razonamiento ha de ser válido y tanto los argumentos que lo apoyan como las conclusiones a las que se llega deberían ser sostenibles y relevantes. Los argumentos sostenibles son aquellos que están relacionados con el tema, es decir, con los hechos del caso y con las normas o valores a los que están adscritos. Dichos argumentos son llamados relevantes y tienen algo que añadir a la autoridad de un juicio que establece que cierta conducta es correcta desde el punto de vista moral. Así lo expone el filósofo Shelly Kagan:

«Si ahora pasamos a la pregunta ¿qué se necesita —más allá de la racionalidad— para que la maldad ingrese al mundo?, pienso que la respuesta bien podría ser que, simplemente, cuando alcanzamos un cierto nivel de racionalidad, nada más es necesario.

La razón por la cual es objetivamente malo que yo practique el homicidio es precisamente porque existe una razón para que no lo haga, una razón que soy capaz de reconocer. Y si usted pregunta ¿qué más se necesita? la respuesta es, esos son los ingredientes básicos, podemos refinarlos un poco si lo desea, pero en esencia, eso es todo.»

Si la ética no se fundamentara en la razón, entonces todo se reduciría a gustos, caprichos e intereses particulares. Pero así ya no habría ética. Por tanto, la ética no puede ser subjetiva, relativa o simple imitación. Si la ética fuera subjetiva entonces la violación sexual no sería algo malo en sí, sino que eso dependería de que lo que nosotros opináramos subjetivamente sobre ella o de lo que dijeran las normas acordadas. Pero la violación sexual es algo que está siempre mal y está mal en sí mismo, independientemente de lo que nosotros pensamos sobre ello.

La violación sexual está mal porque implica hacer a otro individuo algo que no deseamos para nosotros mismos —atenta contra la igualdad— y porque implica causar un daño que no podemos justificar moralmente sino que lo hacemos únicamente para nuestro beneficio: es una violación de derechos individuales. Y esto vale no sólo para la violación sino para cualquier acto que afecte a los intereses básicos de un individuo.


Me temo que a menudo confundimos lo que es la moral en sí con las diferentes ideas acerca de lo que se considera la moral. Del mismo modo, no es lo mismo lo que algo sea en sí mismo que la creencia acerca de lo que ese algo sea. Asimismo hay una confusión entre lo que es la ética y la moral con lo que es simplemente el código de conducta que prescribe una religión el cual nada tiene que ver con la ética ni con la moral.


Incluso, aunque existiera un dios, él tampoco estaría legitimado en decidir lo que está objetivamente bien y mal. Si así fuera, ya no sería moral sino mero capricho sujeto a la voluntad personal. Un dios no puede ser fundador ni garante de una moral objetiva y universal. Y postular que deberíamos igualmente someternos a la voluntad divina es apelar a la falacia ad baculum, es decir, a la idea de que la posesión de poder es lo que otorga la legitimidad y la razón.


Ciertamente, algunos pueden pensar que algo está bien o mal solamente porque lo dice un libro o una persona, que es considerado la autoridad máxima en su cultura. Pero esto no tiene nada que ver con la ética desde un punto de vista racional.


No confundamos lo que es la ética con lo que es simplemente un código de conducta, ya sea social, legal o religioso. Creer que el código de conducta de una religión es ética es como creer que los hechizos de la brujería son ciencia. Puede ser correcto desde el punto de vista de su mentalidad pero no desde el punto de vista de la ética racional. Alguien puede creer que es científica la idea de que el sol gira alrededor de la tierra, pero esa persona estaría igualmente equivocada, desde el punto de vista científico, en base a los hechos.


El que algo sea aceptado por la sociedad no quiere decir que esté moralmente bien; sólo quiere decir que está socialmente aceptado. Lo moral y lo social no son obviamente lo mismo. Una sociedad puede creer y afirmar que algo está bien, pero no no implica que esté moralmente bien.


Por ejemplo, algunas culturas consideran que los humanos son criaturas que surgieron a partir de ser moldeados en barro por unos dioses que les dieron la vida. Sin embargo esa creencia es completamente falsa y se opone a la razón, a las evidencias de la evolución. Lo mismo ocurre con el concepto acerca de lo que es la moral.


Sin duda, nuestra conducta está condicionada por la sociedad en la que vivimos y la educación que recibimos. Ahora vivimos en una sociedad que considera que utilizar a otros animales para nuestro beneficio es algo que está bien. Igual que en otras épocas, y en otros lugares actualmente, se ha considerado que la mujer debía estar sometida al varón y que éste estaba legitimado en hacer con ella lo que le quiera. Sin embargo, se trata de creencias y conductas moralmente equivocadas, incluso aunque la mayoría de la sociedad no lo considerara así.


El razonamiento nos muestra que existen parámetros objetivos para las normas morales; y que esos parámetros no deben ser aplicados de manera exclusiva a seres humanos, porque otros animales también poseen su voluntad e intereses propios, y desean evitar la muerte, el sufrimiento, y que no les hagan daño.


Los conceptos morales no son meras abstracciones. Hay conceptos abstractos que no son abstracciones. Por ejemplo, un triángulo es un concepto abstracto que no se obtiene a partir de hacer abstracción de la experiencia empírica, sino que se conoce directamente mediante el razonamiento formal, esto es, la geometría. Lo mismo se aplica a conceptos morales como la igualdad. Los individuos que somos agentes morales conocemos la ética mediante el razonamiento moral. A partir de las evidencias de las que disponemos y aplicando la lógica.


La moral es objetiva y está basada en la razón, en las evidencias y en la lógica. Igual que la ciencia o cualquier otra actividad racional. Por tanto, la ética es objetiva. La ética está basada en la lógica y se aplica a hechos empíricos. Y los hechos y la lógica son objetivos.


Apelar a la razón es razonar según criterios objetivos, como la lógica. Pero apelar a lo que dicen las leyes o a la mera subjetividad no es apelar a la razón. Decir que algo puede causar daño a alguien no conlleva ninguna regla universal. ¿Cómo podría ser una regla universal algo que es puramente subjetivo? Para establecer una regla universal habrá que fundamentarse en los principios de la lógica que son los únicos criterios objetivos que tenemos a nuestra disposición, aparte de la evidencias empíricas. Una ética racional tiene que ser objetiva y sólo a partir de normas objetivas se puede deducir que determinado daño sea incorrecto, pero el daño en sí mismo, o algo que causa daño, no puede ser moralmente reprobable por sí solo.

Cuando digo que moral es universal me refiero a que sus principios no dependen del contexto particular sino que son producto de la lógica. Y la lógica es universal. La lógica es la misma aquí que en Marte y en cualquier parte del universo. La lógica es la estructura esencial de la existencia y el conocimiento. Y forma parte de la capacidad de razonamiento de todos los individuos que pueden pensar, independientemente de su especie. Ni la razón ni la moral son exclusivas en la especie humana. Otros animales razonan y no son humanos. Y algunos de ellos incluso tienen cierto sentido moral básico en forma de empatía.


No existen las éticas particulares, igual que no existen los lenguajes particulares ni tampoco las ciencias particulares. La ética es un ámbito de conocimiento universal, igual que la lógica, en la cual se fundamenta, y la ciencia, de la cual obtiene verificación rigurosa de los hechos de la realidad.


Violar mujeres —o cualquier persona del sexo que sea— siempre es algo incorrecto, siempre ha sido algo incorrecto, y por eso siempre ha sido, y será, inmoral. Porque es vulnerar el respeto más elemental que toda persona merece.


Una persona, un ser sintiente, se caracteriza específicamente por tener voluntad e intereses propios. Por lo tanto, usarlo sin respetar su voluntad o sus intereses, supone tratarlo como si fuera un objeto inerte, una cosa, un mero recurso. Es vulnerar el principio de dentidad.


Y si podemos comprender, por ejemplo, que violar mujeres o abusar de niños es algo que está mal en sí —porque atenta contra su respeto— también podemos entender que explotar a los demás animales es algo que está radicalmente mal, exactamente por el mismo motivo.


A veces se apela a la racionalidad para justificar posturas discriminatorias alegando que lo racional consiste en hacer aquello que más nos beneficia a nosotros, o a nuestro grupo, a pesar de que eso implique dañar a otros individuos, pero esto es una perspectiva instrumentalista o pragmatista de la razón que ignora el aspecto intrínseco de la razón. Ser racional consiste en atenernos a la razón por sí misma, como contenido, y no sólo como instrumento para lograr nuestros objetivos.


Todos los seres dotados de sensación valoran su propia vida, aunque nadie más lo haga. Son seres conscientes de sí mismos y de lo que les sucede. Es decir, ellos son sujetos, y no objetos. Eso significa que poseen un valor inherente, que es inherente a su propia condición de sujeto y que no puede ser vulnerado por razones instrumentales.


Los seres conscientes no solamente existen sino que saben que existen. Lo cual implica, en virtud del principio de identidad, que no debemos considerarlos como si sólo tuvieran un valor instrumental. No debemos atentar contra sus intereses, ni utilizarlos sin su consentimiento o en contra de su voluntad, para satisfacer nuestras necesidades y deseos. No importa los beneficios que podamos obtener al hacerlo.


Los beneficios no justifican moralmente nuestros actos. Si fuera así volveríamos de nuevo a tener que aceptar que violar mujeres estaría bien, si obtenemos un beneficio al hacerlo.


Todos los progresos morales que se han conseguido a lo largo de la historia se basan en aceptar la lógica de la igualdad y el respeto por la persona y sus derechos. Mientras no superemos el prejuicio del especismo y aceptemos el criterio de la razón para la ética no haremos ningún progreso moral en nuestra relación con los demás animales.


En definitiva, no es racional discriminar a otros animales de la comunidad moral y tratarlos como seres que sólo tienen valor instrumental en beneficio de los humanos. No es racional ignorar su valor moral intrínseco como seres sintientes que son. Postular la supervivencia los humanos a costa de la libertad y las vidas de otros animales es idéntico a postular la supervivencia y bienestar de la raza blanca a costa de la libertad y la vida de otras razas. Es el mismo criterio de exclusión que se basa en características moralmente irrelevantes.


Todos los animales que tenemos capacidad de sentir somos seres conscientes y poseemos los mismos intereses básicos: deseamos proteger nuestra vida y disfrutar de ella libremente, y evitar lo que nos daña. La razón nos obliga, por pura lógica, a respetar esos intereses básicos con la misma consideración, puesto que son esencialmente los mismos intereses. Si este razonamiento es correcto entonces cualquier otra postura, basada en discriminar a los individuos por raza, sexo o especie, sería irracional y contraria a la ética.

19 de enero de 2013

Nociones básicas


Carl Sagan fue un científico y divulgador, ferviente defensor del racionalismo y preocupado por nuestra relación moral con los demás animales
"El problema de la filosofía - según Platón - es descubrir un fundamento incondicionado y absoluto para todo lo que existe en forma condicional." ~ Ralph Waldo Emerson

En cualquier disciplina de conocimiento, para poder confirmar con certeza que nuestros datos son veraces, han de estar en última instancia fundados en la evidencia. Pues como no es posible querer fundamentar a su vez todo fundamento -ya que retrocederíamos interminablemente hasta el infinito- deberá haber un fundamento de todo lo demás, que ya no necesite un fundamento ulterior, distinto de sí mismo. Esto, a nivel del conocimiento, es la evidencia, ya que sólo las verdades inmediatamente evidentes tienen la propiedad de que no necesitan nada distinto de ellas mismas para ser reconocidas como verdaderas -fuera de la capacidad cognoscitiva de un sujeto, se entiende.

Las primeras evidencias de las que partimos son la existencia y la sensación. No podemos dudar de que existimos y de que sentimos. Para poder dudar de que existimos y sentimos tenemos previamente que existir y poder sentir. Luego, no cabe duda alguna de que existimos y sentimos. Tanto la existencia y la sensación se catalogan como la primera evidencia empírica. Son evidencias inmediatas.

Existen otro tipo de evidencias que serían las evidencias mediatas, es decir, aquellas que sólo pueden ser reconocidas como tales mediante un proceso de investigación o recolección de datos. Como ejemplos, podemos destacar el heliocentrismo y la evolución biológica. 

Ahora bien, dejando a un lado la evidencia empírica, la más importante evidencia en el conocimiento es la lógica. Cuando hablemos de lógica nos referiremos a la lógica básica o los principios básicos de la lógica.

La validez de la lógica como fundamento último y objetivo es una evidencia que, al igual que la existencia y la sensación, no puede ser demostrada ni criticada. No puede ser demostrada, porque toda demostración la presupone, es decir, ya presupone la validez de la lógica como fundamento. Para poder demostrar algo, hay que empezar por algo que no necesita ser demostrado. De lo contrario, retrocederemos al infinito, intentando demostrar siempre las premisas de nuestras demostraciones, y no podremos demostrar nada.

Como diría Wittgenstein, en el Tractatusla lógica, al igual que la existencia y la sensación, no se demuestra sino que se muestra. Esto es, lo evidente no existe por deducción sino que aparece por sí mismo, sin más apoyo que sí mismo.

Por eso mismo, no tendría sentido la pretensión de enjuiciar la propia lógica, para decidir previamente la validez y el alcance de la lógica, antes de usarla para conocer otras cosas. Porque no podemos usar otra cosa que no sea la misma lógica para juzgar si la lógica es válida. La validez de la lógica no puede ser criticada, porque toda crítica presupone la validez de la lógica que hace la crítica. 

Por esto, no tienen razón los que sostienen que ese principio objetivo es arbitrario. Sin un punto de partida indemostrable, no hay razonamiento, porque la validez de la lógica es ese mismo punto de partida indemostrable, y si no hay razonamiento, el concepto mismo de arbitrariedad u objetividad carece de sentido. 

Una postura que no acepta la lógica como fundamento último y pretenda que su crítica a la arbitrariedad o inconsistencia de determinadas teorías está justificada,  no tiene sentido. ¿Por qué sólo podemos elegir la arbitrariedad como fundamento de nuestro pensamiento y no también para su desarrollo? Este error de contradicción es en el que entiendo que incurre el profesor Gary Francione, en sus ensayos contra el ateísmo, cuando dice que el fundamento último de la ética no puede ser demostrable racionalmente.

En una reciente entrevista, el filósofo José Antonio Marina resumía en esencia la idea acerca de que los fundamentos últimos no se pueden demostrar a sí mismos:

«"Dice en "La lucha por la dignidad" que Gödel señaló que todos los sistemas formales dependían de algún gancho exterior al sistema, ¿a qué se refiere aquí?-

- El esquema es que tengo unos determinados axiomas, que no se pueden demostrar, y unas reglas de transformación. De ahí salen los teoremas. Cuando yo elijo los axiomas no puedo justificarlos, son constituyentes. Pero a partir de aquí entra en juego toda la mecánica de la lógica formal. Puedo tomar un axioma fundamental, pero hay siempre un último paso donde todo no es demostrable.

Por ejemplo, puedo tomar un principio fundamental, el principio de identidad, A es igual a A. Es algo que no puedo demostrar. Esto a mí me interesaba aplicarlo a la ética. Todos los principios éticos en estos momentos se basan en algo que no es demostrable, que ni siquiera es real, es un axioma constituyente. Los escojo no al azar, “Los físicos necesitamos elegir la geometría que conviene más a nuestro sistema”, es decir, se eligen por una determinada razón.

Así, por ejemplo, la máxima de Nietzsche: “La fuerza es la que fundamenta todos los valores”, otra podría ser la de los griegos, “La virtud es la que fundamenta todos los valores”, y nosotros hemos considerado otra, “La dignidad”. No podemos demostrar ninguna de las tres, porque son principios constituyentes, axiomas. Lo que podemos es, a la vista de la realidad que tenemos, hacer una constitución que empiece diciendo “Todos los seres humanos son iguales en dignidad y de esa dignidad derivan derechos”, porque resuelve problemas, situaciones indeseables. ¿Pero tenemos o no tenemos dignidad? Hombre, no es una realidad científica, no lo podemos demostrar, es un principio constituyente, un axioma que aceptamos, que hemos convenido aceptar.»

Pienso que tanto Francione como Marina y otros se equivocan cuando asumen que los axiomas de los que partimos siempre son necesariamente arbitrarios. La lógica no es arbitraria, sino que es objetiva, y es universal y común a todos los que conocen y razonan. Los principios básicos de la lógica son insoslayables para cualquiera que intente razonar sobre cualquier asunto. Los principios básicos de la lógica son los axiomas objetivos que se imponen a cualquier otro tipo de fundamentación.

De hecho, si la base de la que partimos no puede ser ella misma demostrada, no se ve qué habría de malo en la arbitrariedad, y en realidad, parece que la postura irracionalista va en esa dirección, pues renunciar a encontrar fundamentos últimos equivale a detener arbitrariamente en algún momento el proceso de fundamentación. Por tanto, ni Marina ni Francione, ni nadie, puede explicar por qué adoptan como base determinado principio en lugar de otro. Simplemente dicen: "convenimos en partir de ese punto". Pero entonces ¿por qué una vez abandonada la idea de una fundamentación objetiva, no podemos basar la fundamentación en cualquier elemento, es decir, en la arbitrariedad?

Si se abandona la idea de fundamentación última en la lógica  entonces sólo queda la arbitrariedad.  La necesidad de buscar una fundamentación objetiva no proviene de que se haya abandonado la idea de una fundamentación objetiva, sino más bien del hecho de que no tiene sentido fundamentar nada, si no hay fundamentación objetiva. Es decir, si finalmente vamos a dejarlo todo en el "esto es así porque sí, o porque yo quiero que sea así", entonces más vale hacerlo de entrada y no cansarnos buscando razones que de todos modos van a ser ignoradas.

La idea de basar en "cualquier parte" el proceso mismo de fundamentación es contradictoria con la idea de empezar un proceso racional. Si vamos a razonar, debemos partir del fundamento de la lógica.  No es posible razonar sin partir de la propia lógica.

Los principios lógicos que estructuran todo el proceso cognoscitivo no son demostrables, pero tampoco son arbitrarios: son evidentes por sí mismos, siempre y para todos.

Por ejemplo, el principio de no-contradicción: "Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido". Es absolutamente imposible que yo esté al mismo tiempo en el planeta Tierra y en la Luna. Es absolutamente imposible que al mismo tiempo estemos vivos y muertos.

En ese sentido la lógica, evidente e indemostrable, es un absoluto, no podemos salir de ella. El que ataca la lógica, está partiendo de la lógica. Porque no puede razonar sino mediante el uso de la propia lógica.

Es decir, ya pensamos, ya estamos pensando, desde que tenemos uso de razón. Y nuestro pensamiento, o es válido, verdadero, correcto, o no lo es. Y si lo es o no lo es, lo es o no lo es absolutamente, y no sólo "para mí" o "para ti". Por tanto, hay algo absoluto, algo que no puede ser relativizado: la lógica.

No tiene sentido decir que la verdad y la validez son conceptos relativos, pues dicha afirmación se pone a ella misma necesariamente como absoluta.

Para poder decir legítimamente que "todo es relativo" es necesario situarse en el absoluto, en la verdad objetiva. De lo contrario estaríamos diciendo: "Todo es relativo, pero eso sólo puedo afirmarlo como válido para mí mismo", en cuyo caso lo que decimos no tiene sentido, son meras palabras, sin significado ni relación con la realidad en la que todos existimos.

Respetando la coherencia, el conocimiento moral -el conocimiento de las normas morales- no puede ser diferente de cualquier otro tipo de conocimiento. El razonamiento, como hemos visto, parte de un fundamento objetivo, y el razonamiento moral no debe ser distinto.

Cuando nos preguntamos por qué está bien o mal hacer tal o cual cosa, ya estamos partiendo de la base de que aceptamos razones en las que basar nuestro comportamiento. Si nos preguntamos: "¿por qué está mal comer a otros animales?" La respuesta a esta pregunta parte también de la base de que nosotros no querríamos que nadie nos usara como comida, porque deseamos vivir y que no nos hagan daño. Estos intereses básicos son comunes a todos los seres que poseen capacidad de sentir.

Si los demás animales poseen en efecto conciencia básica e interés de auto-conservación de sí mismos [A=A] entonces la lógica nos obliga a respetarlo de igual manera que deseamos que se respete el nuestro propio. Porque es el mismo interés [A=A], aunque se dé en individuos diferentes. Ésta es la razón. Todas las razones se basan en respetar y ajustar nuestro pensamiento y conducta a los principios de la lógica. La conducta ética racional no puede ser diferente.

Por tanto, la ética tiene necesariamente un único fundamento, objetivo, absoluto y universal: los principios básicos de la lógica. Cualquier otro fundamento es necesariamente arbitrario, relativista, absurdo, o, en última instancia, una mera cuestión de gusto subjetivo. Sólo una vez que estemos de acuerdo en este punto podremos ver, más adelante, como a partir de la lógica extraemos y desarrollamos toda la ética.

7 de noviembre de 2011

¿Por qué está mal explotar a los animales?


El veganismo es un principio moral que se define en la oposición y el rechazo a la explotación de los animales no humanos. Obviamente mucha gente pregunta por qué los veganos rechaza esa explotación en concreto o por qué todos en general deberíamos rechazar dicha explotación.

Esta texto tiene como objetivo ayudar a esclarecer: [1] a qué nos referimos cuando hablamos de explotación en un contexto moral y [2] las razones por las que es inmoral explotar a los animales, ya sean humanos o no-humanos. Aclaro de antemano que en este ensayo en concreto al hablar de animales me refiero de manera general a todos los animales sin distinción de especie, incluyendo a los humanos. También debo destacar que parto de la base de haber reconocido que es irracional discriminar moralmente según la especie.

Podemos juzgar de manera intuitiva que la explotación de los animales está mal, pero sin conocer las verdaderas razones que sustenta dicho juicio o sin saber explicar en qué consiste específicamente la explotación. Tenemos conocimiento de que la explotación implica daño, sufrimiento y muerte a los animales —lo cual va en contra de su voluntad y sus intereses básicos. Sin embargo, argumentaré aquí no es el hecho de causar daño, sufrimiento o muerte lo que convierte la explotación animal en algo inmoral en sí mismo.

Explotación significa utilizar a un ser exclusivamente como un medio para conseguir un fin, es decir, como un simple recurso para nuestro beneficio. Por ejemplo, utilizamos un árbol con el fin de obtener su madera con la que fabricar productos: papel, muebles,... También utilizamos a una vaca con el fin de obtener de ella leche, carne y otras sustancias. Por eso hablamos de explotación minera, explotación forestal, explotación ganadera y demás. Ahora bien, la diferencia entre ambos seres —árbol y vaca— es que la vaca es sintiente; es un individuo perceptivamente consciente.

Cuando decimos que explotamos a un ser sintiente esto significa que lo estamos tratando como si fuera un objeto, es decir, como si no fuera un ser sintiente —un ser que tiene conciencia, voluntad e intereses propios. No lo respetamos como sujeto. No tenemos en cuenta su consentimiento a la hora de utilizarlo —despreciamos sus intereses fundamentales para supeditarlos a nuestro beneficio. Esto significa que lo estamos cosificando: tratamos a un sujeto como si fuera un objeto. Aquí tenemos la primera razón moral por la que la explotación de los animales es éticamente inaceptable. 

Además, esta explotación implica anteponer nuestros intereses a los del individuo que sometemos. De este modo, estamos quebrando el principio moral de igualdad. Un individuo es igual a otro en tanto que ambos son igualmente individuos; y sus intereses básicos —como el interés en vivir— son los mismos intereses básicos que tienen todos los individuos. No hay razón por tanto que justifique considerarlos de forma diferente. Ésta es la segunda razón fundamental por la que la explotación es inmoral. Así lo argumentó el profesor Gary Francione:

«El principio de igual consideración dice que para tomar en serio este interés, hay que extender a los animales el derecho básico de no ser tratados como cosas si no hay alguna razón que justifique ese trato diferencial. Hay que dar una razón, que no sea arbitraria y no vulnere el principio de igual consideración, de por qué se concede este derecho básico a todos los humanos y se niega a todos los no-humanos, a pesar de ser sintientes, igual que nosotros.» Gary Francione; Introducción a los Derechos Animales [2000]

Un ser sintiente tiene la capacidad de experimentar sensaciones y posee intereses propios. Busca su propia conservación, su bienestar y el desarrollo de sus facultades. Es un fin en sí mismo. No existe para la conservación o bienestar de otros individuos sino ante todo de la suya propia. Por esto decimos que un ser sintiente tiene un valor inherente que es independiente de su valor instrumental. La explotación en este caso sucede cuando no respetamos ese valor inherente y lo tratamos de forma puramente instrumental.

Cuando tratamos a un ser sintiente exclusivamente como un medio para conseguir nuestros fines —esto es, sin tener en cuenta su consentimiento ni sus propios intereses— lo tratamos como si fuera una cosa y esto supone violar su condición de persona, pues es un hecho científicamente reconocido que los animales no humanos poseen personalidad. Si reconocemos que los animales no son cosas, no son objetos, entonces tenemos que aceptar que son personas, independientemente de su especie.

Cuando utilizamos a otros animales como comida, como vestimenta, o como sujetos forzados de experimentación o entretenimiento, estamos ejerciendo la explotación sobre seres sintientes. Estamos cometiendo un acto inmoral en sí mismo; independientemente de la manera particular en que lo hagamos. El filósofo Arthur Schopenhauer lo explicaba de esta manera:

«Cuando yo cometo una injusticia sin aniquilar o herir el cuerpo del individuo extraño, el componente esencial de la injusticia siempre es el mismo y consiste en que, al cometer la injusticia, obligo al individuo extraño a servir a mi voluntad en lugar de a la suya, le obligo a actuar conforme a mi voluntad en lugar de actuar con arreglo a la suya. Así pues, le obligo a que mediante sus actos y su trabajo sirva a mis fines en lugar de a los suyos.» Arthur Schopenhauer; Metafísica de las costumbres §289

No obstante, esto no quiere decir que utilizar a seres sintientes esté mal siempre y en cualquier caso. El uso de animales sería aceptable siempre que se cumplieran dos requisitos básicos fundamentados en reconocer que los seres sintientes son individuos con voluntad e intereses propios:

[1] Consentimiento


[2] Respeto de sus intereses básicos


Para que pueda haber consentimiento tiene que tratarse del caso de un ser consciente que tenga la capacidad de darse cuenta de lo que implica su utilización y de poder comunicarnos dicho consentimiento. Esta circunstancia sólo nos es posible a nosotros en el caso de seres humanos, a partir de cierta edad y desarrollo mental, con los que nos podamos comunicar. El resto de animales no tienen dicha capacidad o no nos la pueden comunicar. 


En todo caso, el hecho de que no pueda haber consentimiento explícito por su parte hace inaceptable de por sí cualquier utilización que hagamos de ellos. Sin consentimiento expreso no puede haber ningún uso moralmente aceptable sobre nadie.

El consentimiento es un requisito necesario aunque no es suficiente. Porque cualquier uso que implique cosificación o violación de los intereses fundamentales es moralmente inaceptable incluso aunque se hiciera con consentimiento.

Por todo esto, afirmamos que la explotación de los animales es injusta ya que viola su condición de sujetos, de seres conscientes, y porque quiebra el principio de igualdad.

Incluso aunque la explotación sobre los animales no implicara causar algún perjuicio o muerte a nuestras víctimas —lo cual sería bastante inusual por no decir casi imposible en la práctica— seguiría siendo igual de injusta. De todos modos, la realidad es justo lo contrario. Así, por causa directa de su explotación, millones de animales no humanos son coaccionados, agredidos y asesinados cada día para beneficio humano.

Los animales, en tanto que seres dotados de sensibilidad, existen como fines en sí mismos, y no como medios para fines de otros. La búsqueda de su propia conservación y su propio bienestar es el propósito de cada vida sintiente. Existen por sí mismos y para sí mismos, y, por ello, no es justo forzarlos a sacrificar sus intereses para beneficio de otros o para lograr la consecución de algún ideal. Así lo expone el profesor Tom Regan:

«Nuestro error fundamental no está en el hecho de que encerremos a los animales, causándoles soledad y angustia, en que les provoquemos sufrimiento, o en que ignoremos sus deseos. Claro que todo eso está mal, pero no es el error fundamental. Son consecuencias de nuestro fundamental error moral, que consiste en ver a los animales como seres que carecen de valor intrínseco, como recursos para nuestro beneficio.» Tom Regan; The Case for Animal Rights [1985]

Es por todo esto en esencia que afirmamos que es inmoral vivir a costa de la explotación de otros animales.

Afortunadamente sucede que tenemos la opción de vivir sin explotación animal: asumiendo el veganismo y aplicándolo en nuestra vida cotidiana. Si queremos ser justos con los demás animales deberíamos tomar la decisión de ser veganos.

30 de junio de 2009

El círculo moral en expansión

«Quien se oponga a los derechos de los animales y sostenga que el hecho de ser persona se basa en ser miembro de la especie Homo Sapiens no es más que un fanático de la especie, no más sensato que los fanáticos de la raza que otorgan mayor valor a la vida de los blancos que a la de los negros. Después de todo, los demás mamíferos luchan por seguir vivos, experimentan el placer y sufren el dolor, el miedo y el estrés cuando su bienestar peligra. Los grandes simios también comparten nuestros placeres más elevados de la curiosidad y el amor a los parientes, y nuestros dolores más profundos, el aburrimiento, la soledad y la pena. ¿Por qué se iban a respetar esos intereses en nuestra especie y no en las demás?» ~ Steven Pinker [La Tabla Rasa, capítulo 13]

El filósofo Peter Singer publicó un libro en 1981 llamado «The Expanding Circle» —no traducido todavía al español— en el que explica como la consideración ética puede expandirse progresivamente a partir de un fundamento moral fijo. Singer explica el progreso moral con la metáfora que da título a su libro: «El Círculo Expansivo». Algunas de las ideas que expone Singer se pueden encontrar también recogidas de forma sintética en un artículo titulado: «Ética más allá de los límites de la especie»

Estamos dotados de una conciencia moral que nos hace ver a los otros individuos como seres que merecen consideración por nuestra parte y que nos inhibe de dañarlos arbitrariamente. Asimismo, podemos razonar si un ser puede ser clasificado como persona sin necesidad de clasificar directamente a todo ser viviente como persona y morirnos de hambre por evitar infligir cualquier daño.

Los seres humanos han extendido sistemáticamente su círculo de consideración moral a lo largo del tiempo. Ese círculo se ha extendido de la familia y el pueblo al clan, la tribu, la nación, la raza y más recientemente —como es la Declaración Universal de los Derechos Humanos— a toda la humanidad. Se ha expandido de tal forma que de limitarse a un grupo concreto y cerrado hasta abarcar a todos los seres humanos. Ha pasado de incluir solamente a los varones para incluir también a las mujeres, los niños y los discapacitados. Se ha ensanchado para abarcar también a los delincuentes, los prisioneros de guerra, los civiles enemigos y los discapacitados.

La expansión de la consideración moral puede originarse en algo tan básico como la exigencia de ser lógicamente coherente cuando se pide a otras personas se comporten de determinada manera. Consiste en darse cuenta de que no se puede obligar a los demás, sin caer en la incoherencia, a regirse por unas normas que en realidad nosotros mismos estamos desobedeciendo. Las actitudes egoístas, sexistas, racistas, xenófobas, y por ende las especistas, son lógicamente incoherentes con la necesidad de que todos los agentes morales respetemos un código de conducta racional.

No obstante, es necesario aclarar que el hecho de que la consideración moral se expanda en forma círcular tiene razones psicológicas; no morales. Es decir, tiene que ver con la manera en que desarrollamos mentalmente nuestra moralidad. Primero, el individuo toma consciencia de sí mismo y de sus allegados más cercanos y luego comprende que la consideración debe extenderse a todas las demás personas por igual, incluyendo a aquellas con las que no tienes ningún contacto directo. Si bien, no hay ningún centro en la ética. El fundamento de la ética es la lógica. La lógica es un criterio de naturaleza estructural; no un centro material.

Cuando usamos la metáfora del círculo para explicar la expansión de la consideración moral no estamos describiendo la moral sino que describimos la manera en que los agentes morales suelen desarrollar su propia moralidad y la forma en que la cultura se ha ido moralizando. Es una descripción psicológica y cultural pero no es la estructura de la moral, puesto que la moral es igualitaria por principio, y por tanto no puede aceptar jerarquías. Esto es lo que significa decir que es igualitaria.

Por supuesto, todavía no se han agotado las posibilidades de progreso moral.

El canibalismo nos resulta tan repugnante que durante muchos años ni siquiera los antropólogos quisieron reconocer que en realidad fue algo habitual en nuestra prehistoria. Ahora resulta fácil pensar con terrible desagrado: ¿es posible que los humanos fueran capaces de verdad de algo tan abyecto?

La historia y la etnografía nos revelan que los humanos pueden perfectamente tratar a otros humanos que consideran extraños como hoy tratamos a los animales no humanos, especialmente aquellos animales destinados para consumo.

La indignación y el rechazo hacia los actos criminales más horribles dirigidos hacia otros humanos resulta ser muy similar a la indignación y rechazo que sentimos las personas con consideración moral por otros individuos, más allá de nuestra propia especie, cuando vemos la esclavitud y toda la violencia que los humanos estamos infligiendo al resto de animales.

La raíz del problema en nuestra relación con los demás animales reside en verlos como objetos y recursos para nuestro beneficio. Todos los males que les infligimos derivan de ahí.

Del mismo modo que hemos ampliado nuestra esfera de consideración moral a todos los humanos sintientes sin diferencia de raza o sexo; el principio ético de igualdad nos exige ahora ampliar nuestra consideración moral a los demás animales sintientes: sin discriminación de especie.

No podemos borrar el injusto daño que cometimos en el pasado pero sí podemos elegir no continuar causando ese daño y poner el bien en su lugar.