Mostrando entradas con la etiqueta Gary Steiner. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gary Steiner. Mostrar todas las entradas

31 de enero de 2018

Gary Steiner y el veganismo como imperativo moral




Este texto es una transcripción de una entrevista al profesor Gary Steiner publicada el 19 de febrero de 2010 que puede ser de utilidad como una introducción al conocimiento de su trabajo.

*****************

«Al reconocer más y más similitudes que diferencias entre los animales y los humanos, la idea de una línea divisoria entre los dos se vuelve más y más oscura y difícil de dibujar. La diferencia entre humanos y animales no está del todo clara.

La gente llega al veganismo por diferentes razones. Algunas personas lo hacen por preocupación por la salud, otros por preocupación sobre el medio ambiente, y algunas personas lo hacen porque sienten que tienen obligaciones morales específicas hacia los animales. Las personas que son veganas éticas consideran que tenemos la obligación de no comer animales, de no usarlos. Dependiendo de cuán estricta es la persona puede decidir no usar cuero, no usar seda, no usar lana. Entonces por supuesto esto abre la puerta todo otro tipo de productos, como medicamentos y cosméticos, que podrían involucrar animales en su elaboración o composición. Así que ser un vegano ético es reconocer un deber específico hacia los animales de tratarlos con bondad y aplicar el principio noviolencia hacia ellos.

Lo que me guio al veganismo ético fue un largo proceso en mi vida. Esto comenzó desde muy temprana edad simplemente con el hecho de amar a los animales y tener un verdadero sentimiento de afinidad con los animales. Luego fui creciendo y entrando en la adolescencia, y al cumplir 20 años comencé a pensar seriamente acerca de la contradicción entre amar a los animales, por un lado, y comerlos y utilizarlos de vestimenta. Así un día dejé de comer carne y nunca más volví a comerla. Me hice vegetariano en primer lugar pero todavía seguía pensando en otras cosas como los huevos y los productos lácteos y en el hecho de que la producción y el consumo de esta clase de sustancias exige ver a los animales y usar a los animales en ciertas maneras. Decidí que eso era algo en lo que no podía participar más. Dejé de comer toda clase de productos de origen animal en ese momento. Y entonces durante un periodo de varios años empecé a reflexionar cada vez más sobre el hecho de que si no iba comer productos de origen animal tenía que pensar en el hecho de llevarlos puestos y hacer otras cosas que involucran el uso de animales básicamente como objetos para satisfacer las necesidades humanas. Más recientemente he cambiado mi consumo de medicamentos, cosméticos y otras cosas.

Imparto una variedad de diferentes cursos sobre filosofía y hace unos 10 años comencé a impartir unos cursos específicos, o relacionados, acerca de cuestiones sobre los animales y la relación entre los seres humanos y los animales, cuestiones sobre la cognición animal, la vida mental y las experiencias de los animales y como ese tipo de experiencias se relacionan con el estatus moral de los animales.

Cuando los estudiantes están en la edad universitaria tienen una gran curiosidad sobre lo que van a hacer en su vida de adultos, y empiezan a formularse y establecer una serie de convicciones y formas sobre la visión del mundo. Ellos poseen una mente relativamente abierta cuando están en la universidad y he tenido una cantidad sorprendentede estudiantes que han respondido de una forma muy positiva, curiosa y preocupada sobre el trabajo que realizo acerca de los animales. Lo he escuchado de estudiantes anteriores y actuales, así como también de muchas otras personas. Si bien, algunos estudiantes permanecen anclados en sus convicciones.

Impartí una introducción al curso de filosofía, justo este mismo semestre, con el título "Dioses, Humanos y Animales". Pensé que esto sería algo interesante de hacer, en parte porque así me estaría dirigiendo principalmente no a los estudiantes veteranos de la universidad sino a los nuevos. Yo no estaba realmente seguro de cómo reaccionarían y esto fue lo que sucedió: yo pensaba que al tomar el curso estarían más interesados sobre las concepciones occidentales acerca de Dios, particularmente de la tradición cristiana, y también sobre las concepciones occidentales sobre la humanidad, pero lo que terminó sucediendo es parecían más intelectualmente interesados sobre la última parte del curso que trataba sobre los animales. Yo estaba fascinado al ver que estos estudiantes habían demostrado un gran curiosidad. Las discusiones fueron extremadamente vívidas. Yo siempre me he inhibido de compartir mis puntos de vista sobre los animales. Nunca pensé en mí mismo como un activista o algo así. Me considero un profesor de filosofía que escribe libros para otros filósofos que tratan sobre los animales. Pero he comenzado a comprender que hay personas ahí fuera, incluyendo a mis estudiantes, que tienen una fascinación real sobre esto y que nunca han pensado sobre estas cuestiones antes, y se dan cuenta de que son cuestiones muy importantes y quieren reflexionar sobre ellas.

Lo primero que uno tiene que comprender es que los pollos y las otras criaturas sintientes son mucho más inteligentes de lo que les acreditamos que son. Ellos tienen un sistema social complejo, tienen organización social, tienen un buen sentido de lo que está sucediendo. Nosotros no sólo no les mostramos respeto sino que cometemos un error al matarlos.

La idea es ésta: en la tradición filosófica occidental, que se remonta a los antiguos griegos, se ha adoptado el punto de vista de que los seres humanos son fundamentalmente superiores a los animales y dan una variedad de argumentos para ello. Uno es la idea de que Dios o los dioses crearon la naturaleza para satisfacer a los seres humanos; que crearon a los animales y a las plantas, y así sucesivamente, para el bien de los seres humanos, específicamente para nosotros. Esto significa que podemos hacer lo que queramos con ellos y no preocuparnos de las implicaciones morales.

Otra línea tradicional de argumentación ha sido que los animales son inferiores a los humanos en términos de sus capacidades cognitivas. Y esto se traduce en la idea de que los humanos son superiores a los animales y que podemos usar a los animales en tanto que los animales no son comparables a los humanos.

Lo que los filósofos tradicionalmente han argumentado es que los animales no pueden pensar sobre sí mismos como individuos entre otros individuos. Ellos no pueden pensar sobre la idea de que tienen obligaciones o de que tienen derechos, o cualquier otra similar. Todo esto ha conducido a los filósofos de la tradición occidental a la conclusión de que los animales no tienen realmente alguna clase de estatus moral o que sea siquiera comparable al de los seres humanos.

En mi trabajo sobre los animales, lo que comienzo por señalar, y sobre lo que he argumentado, es lo siguiente: las diferencias en las capacidades intelectuales y las diferencias en las capacidades cognitivas no tienen mayor relevancia moral que la que tienen respecto de los seres humanos. Por eso, el hecho de que haya gente que sea más inteligente que yo no significa que sean moralmente superiores a mí.

Del mismo modo, el hecho o el supuesto hecho de que yo sea más inteligente que mi gato Pindar no justifica que yo tenga derecho a utilizarlo o tratarlo como si fuera un juguete o someterlo como una propiedad o cualquier otra acción similar. Lo que es importante respecto del estatus moral no es cómo de inteligente eres, o lo sofisticado que son tus capacidades cognitivas, sino que es la noción de sintiencia, que es la capacidad de sentir placer y dolor, la capacidad de sufrir y demás.

Considero que estas capacidades son inherentes a la conciencia. Y esto es lo que yo considero moralmente decisivo. La vida subjetiva de Pindar no es realmente diferente de la mía. No comprendo por qué mi habilidad para las matemáticas o para escribir libros de filosofía, o para emplear un lenguaje en la manera en que lo hacen los seres humanos, tiene algún significado relativo al estatus moral que me privilegie frente a un gato o a un perro o a cualquier otra criatura sintiente.

Por tanto, si estamos de acuerdo en que la sintiencia, en lugar de la capacidad cognitiva, es lo que realmente importa como criterio para el estatus moral entonces no considero que alguien pueda decir que objetivamente mi vida importa más que la de Pindar. Mi vida me importa a mí tanto como a Pindar le importa la suya en el mismo sentido. Su vida le importa infinitamente a él y mi vida me importa infinitamente a mí.

Desde esta perspectiva, considero que no existe alguna manera de decir que mi vida importa más que la suya. Así que su vida debe ser considerada desde una perspectiva moral tan igualmente significativa como la mía. Y entiendo que esto es así para cada ser sintiente. A mi modo de ver, nosotros, los animales y los humanos, somos moralmente comparables unos con otros. Debo añadir además que los seres humanos son, a fin de cuentas, animales.


Una vez que empiezas a comprender más sobre los derechos de los animales, no puedes no ser vegano. Tan pronto como empiezas a leer acerca de la industria de la leche y la producción en la industria del huevo, no hay otra opción y no hay vuelta atrás.

Fabrice Nicolino, de Francia, ha escrito recientemente un libro documentando los horrores de las granjas industriales en Francia. Es un libro que yo habría dedicado explícitamente a los animales que han muerto sin haber vivido. Esto es algo muy importante para mí. Hay un sentimiento que me obsesiona de profunda tristeza. Me digo a mí mismo: "¿Por qué los humanos somos capaces de tratar a los animales de esta manera? ¿Cómo podemos tratarlos así?".

Me gustaría separar esta cuestión de lo que la gente siente respecto de lo que hace o de lo que la gente piensa sobre lo que pueden acomodar en sus vidas. Quiero separar este tipo de cuestión de lo que yo considero que es la cuestión moral, que sería: ¿Tenemos un derecho a, o estamos legitimados en, comer animales? Y quiero dejar muy claro que a mi juicio no tenemos ese derecho.

Pienso que la razón es muy importante en esto porque soporta un peso que las otras nociones que que usamos no pueden soportar. Por ejemplo, a veces la gente piensa: "No deberíamos ser crueles con los animales pero no hay nada que les debamos en términos de obligaciones morales." Pero yo entiendo que la idea de obligación moral es algo importante aquí. Decir que tenemos una obligación moral significa que hay algo como un muro que no debemos sobrepasar. Así, cuando decimos que tenemos obligaciones morales sobre los animales es como si los animales tuvieran una especie de coraza que señala que hay determinadas cosas que nunca debemos hacerles.

La noción de obligación moral hacia los animales es exactamente así. Es un compromiso muy fuerte que debemos reconocer que tenemos. Si reconocemos que los animales y los humanos son moralmente comparables unos con otros entonces debemos reconocer que tenemos la misma clase de obligaciones de no hacer daño y no cometer violencia respecto de los animales que tenemos respecto de los humanos.

Pindar es un gato rescatado. Lo tengo desde hace un par de años. Aunque en realidad yo no buscaba adoptar otro gato. Tuve una pareja de gatos durante mucho tiempo y yo los quería mucho y tenía un vínculo muy íntimo con ellos. Un tipo de vínculo que se asemeja mucho al que la gente dice tener con sus hijos. Aquellos gatos vivieron una vida larga conmigo y recientemente fallecieron de vejez, y fue entonces cuando me presentaron a este gato rescatado que se introdujo en mi vida.

Así, adopté a este gato y cuando recobró su salud emergió su maravillosa personalidad. Se convirtió en una criatura tierna y extraordinaria. Podría decir que hay alguna clase de amor entre nosotros. Para mí es claro que Pindar siente afecto hacia mí. Y este tipo de sentimiento de amor debe ser el que siente un niño pequeño cuando tiene dos o tres años hacia sus padres.


No conozco a nadie que diga que un niño humano pequeño es incapaz de amar aunque ellos no puedan pensar acerca del amor. Pienso que a Pindar le ocurre lo mismo. Y creo que en muchos animales aparecen signos de afecto y preocupación que los animales muestran entre ellos mismos y hacia los humanos.

Existe una muy preocupante realidad acerca de las contradicciones y conflictos en las vidas de la gente. La industria de mascotas es una industria multimillonaria en los Estados Unidos. La gente que tiene mascotas a menudo los quiere como si fueran un miembro más de la familia y se desagradan mucho cuando les ocurren cosas malas a sus mascotas. Se gastan una ingente cantidad de dinero en cuidar a sus mascotas y exhiben fuertes muestras de amor y consideración sobre sus mascotas.


Así que es particularmente preocupante y notorio que la misma gente, o la mayoría de la gente, que ama a sus mascotas, participan y apoyan las peleas de perros y las riñas de gallos, demostrando así una increíble desconsideración hacia los animales, o apoyan el someter a los animales como sujetos forzados en terribles experimentos.

Tenemos que ser capaces de encontrar un camino para articular principios claros sobre los derechos de los animales, para no ser utilizados por los humanos, estableciendo claros principios morales y legales que prescriban que es incorrecto infligir violencia o daño sobre los animales.


La gente encuentra una forma de cegarse respecto de lo que conlleva la producción de la carne que comen y así con todo lo demás. Me parece que hay alguna clase de disonancia cognitiva aquí. No se permiten conocer la realidad de lo que está sucediendo. De esa forma se desconectan de lo que conllevan ese tipo de prácticas, como es el hecho de consumir carne.

Me encuentro no infrecuentemente con gente que dice: "Mira, he oído que lo que le hacen a los terneros, o lo que le hacen a las gallinas, o lo que le hacen a los cerdos, es terrible. Así que no quiere saber nada más sobre eso."

Pienso que la única cosa que puede lograr que la gente salga de ese tipo de contradicción o tensión es la voluntad de observar los hechos y reflexionar sobre las inconsistencias de su propia conducta. Este pensamiento debe conseguir que cambiemos nuestra forma de sentir. Así fue como yo comencé a pensar en el hecho de que lo que había en mi plato era esencialmente lo mismo que yo y esto me hizo sentir de forma diferente acerca de comerlo. Sólo cuando esto suceda, la gente comenzará a reconocer la contradicción e intentará resolverla.

Creo que tenemos obligaciones hacia los animales. Nuestra obligación considero que es en primer lugar adoptar un modo de vida vegana, como mínimo. No hay justificación para infligir los terribles daños que conllevan las granjas industriales y la experimentación con animales y todas las demás cosas que les hacemos.

Partiendo de una tabla rasa, creo que la primera obligación que tenemos es no dañar a los animales, no ejercitar la violencia sobre ellos o imponer violencia sobre ellos. Y la forma más directa de comprender esta obligación es hacerse vegano y continuar siendo vegano. Así que pienso que ser vegano es una cosa muy importante.

El profesor Francione de la universidad de Rutgers [Estados Unidos] argumenta que si por medio de la legislación se aboliera el estatus de propiedad de los animales, esto sería lo más importante que cualquier gobierno o legislación podría llevar a cabo.

Debido a que la tradición jurídica anglo-americana durante siglos ha clasificado a los animales como propiedad, ellos son cosas que poseemos; son mercancías. Esto permite que la gente pueda hacerles toda clase de cosas ya que uno mismo puede destruir su propiedad. Esto no sería lo más inteligente pero no hay ninguna ley que lo prohíba. Esto significa que podemos criar animales y matarlos para consumo humano; podemos venderlos, podemos usarlos, podemos experimentar en ellos. Si fuera posible clasificar legalmente a los animales como no-propiedad, como algo similar a una persona legal, esto podría prevenir que la gente matara animales, experimentara con ellos, y otra serie de cosas.

Sería esencial que pusiéramos a los animales en la situación de ser realmente comparados a los humanos desde una perspectiva moral, en el sentido de que si no podemos hacerle algo a un ser humano tampoco deberíamos permitir que se le hiciera a un animal. Por eso pienso que lo mejor que podría hacer cualquier gobierno o legislación es abolir el estatus de propiedad de los animales.

Pienso que todas las cosas que hagamos que inflijan violencia sobre los animales en la naturaleza o en los ecosistemas es algo sobre lo que tenemos que pensar cuidadosamente. Así que cada vez que vayamos a comprar algo que vaya empacado, o vayamos a consumir algo que acabará contaminando las fuentes de agua o los humedales, tenemos que pensar en lo que estamos haciendo. Pero lo primero, por lo que debemos comenzar, a mi modo de ver, es acerca de nuestra relación con la vida sintiente, la vida animal. Y pienso que la primera cosa que la mayoría de la gente puede hacer es convertirse en vegana. Y ser estrictamente vegana.

********************

30 de agosto de 2016

«Las Diferencias Entre Singer, Regan, y Francione»

Peter Singer, Tom Regan, y Gary Francione son probablemente los autores filosóficos animalistas más conocidos y difundidos, tanto a nivel informal como a nivel académico, debido a la singularidad y la calidad de sus trabajos acerca de la cuestión de nuestra relación moral con los demás animales.

Sin embargo, una lectura atenta de sus textos apreciará enseguida que existen diferencias notables entre sus ideas. Aunque si bien todos comparten la intención de incluir a los animales no humanos dentro del ámbito de consideración moral, el contenido de sus teorías difiere considerablemente sobre la forma y el contenido de dicha consideración. 

En este artículo, el profesor Gary Steiner expone un conciso análisis comparativo para ayudarnos a comprender mejor esas diferencias y podamos evaluar la teoría de cada autor con precisión. El texto es en realidad un extracto de una entrevista y he decidido traducirlo, con el beneplácito de su autor, por su claridad expositiva.

**************
Las diferencias entre Singer, Regan y Francione

por Gary Steiner


"Se dice que hay tres autores principales en la moderna ética animal: Singer, Regan y Francione. ¿Podría explicar las diferencias entre ellos tres?"

Singer es un pensador utilitarista, para quien la moralidad es una cuestión de lograr la posible mayor utilidad, placer, o felicidad para el mayor número de seres moralmente significativos. Jeremy Bentham, el predecesor dieciochesco de Singer, respondió a la pregunta de cuáles seres son moralmente significativos al observar que la clave del estatus moral no está en si un ser puede pensar o si puede usar un lenguaje sino en si ese ser es capaz de sufrimiento. Al plantear esto, Bentham cuestionó la creencia tradicional de que sólo los seres humanos son moralmente significativos. En tanto que los animales son sintientes —ellos pueden experimentar placer y dolor—, los intereses de esos animales deben ser tenidos en cuenta en nuestras consideraciones sobre cuáles posibles acciones serían moralmente obligatorias. Este enfoque sobre las cuestiones morales aparentemente parece conllevar la premisa de extender la igual consideración a los intereses de los animales. Pero Bentham se aparta de ello al sugerir que la muerte es un daño menos importante para los animales que para los seres humanos, y que por tanto es moralmente permisible para los humanos que maten y coman animales. De hecho, Bentham va más allá al señalar que es mejor para los animales que sean matados por los humanos que morir por muerte natural —la cual incluye posiblemente la perspectiva de ser matado por depredación.

Singer no rechaza ninguna de las premisas de Bentham sino que las afina. Según dice Singer, al igual que Bentham antes de él, los animales no humanos no pueden pensar sobre el futuro distante y, por tanto, ellos no pierden esencialmente nada al morir. Los animales tienen un interés en no sufrir, pero no tienen un interés en continuar existiendo. De este modo, aunque Singer considera que determinadas prácticas como la ganadería industrial son deplorables, él cree que no existe un impedimento moral absoluto de no comer animales. En Liberación Animal, él afirma que puede respetar a la gente que sólo come animales que hayan sido criados y matados indoloramente. Así, Singer establece una distinción básica entre seres humanos y animales no humanos: los primeros son individuos, mientras que los segundos —al menos aquellos que carecen de capacidades como la autoconciencia— pueden ser tratados como recursos reemplazables. Los seres humanos son capaces de experimentar un mayor sufrimiento —y presuntamente una mayor felicidad— que los animales, ya que los seres humanos pueden conceptualizar y reflexionar sobre los placeres, los dolores, los planes de futuro y otros eventos que los animales no pueden. Por lo tanto, aunque el punto de partida utilitarista reconoce que los intereses de los animales deben ser tenidos en cuenta junto con los intereses humanos dentro del cálculo moral, el utilitarismo de Singer esboza una jerarquía de seres moralmente significativos en la que los intereses de los seres humanos tienen un lugar privilegiado frente a los intereses de los animales.

Tom Regan adopta un enfoque absolutista o deontológico, según el cual todos los seres que poseen determinadas habilidades y características cognitivas deben ser reconocidos como seres que poseen un valor moral inherente. Regan toma ejemplo de Immanuel Kant, quien argumenta que el valor moral inherente es un valor que es absoluto e inviolable y que no tiene nada que ver con la capacidad de sentir placer o dolor. Determinados seres, sólo en virtud de su naturaleza esencial, merecen un respeto moral absoluto y nunca deben ser tratados como simples medios. Para Kant, sólo los seres racionales en su totalidad poseen valor inherente y merecen respeto moral absoluto; y sólo estos seres que pueden reflexionar sobre las normas morales y la idea del valor inherente son seres que poseen dicho valor inherente. Así, para Kant los animales no humanos no poseen valor moral inherente sino que son meras "cosas" con valor instrumental, mientras que los seres racionales son "personas" con pleno y directo estatus moral. Para Kant, él unico valor moral que poseen los animales es indirecto: debemos evitar maltratar a los animales no porque posean un valor moral en sí mismos, sino debido a que maltratar a los animales favorece que nos inclinemos a maltratar a los seres humanos.

Regan prosigue en términos general el enfoque absolutista o deontológico de Kant sobre la ética, además de la crítica de Kant al pensamiento utilitarista. Pero Regan pretende revisar el enfoque de Kant cambiando la suposición de que sólo los seres racionales poseen valor moral inherente. El error de Kant, según Regan, está en suponer que uno debe ser un agente racional para tener un estatus moral pleno y directo. Regan argumenta que el ámbito de consideración moral directa incluye correctamente a los pacientes morales y a los agentes morales: el estatus moral no depende de la habilidad para comprender reglas morales abstractas, y la idea del valor inherente, sino de la capacidad de ser un "sujeto-de-una-vida". Un ser es un sujeto-de-una-vida si tiene deseos, creencias, un sentido de futuro, una vida emocional, la capacidad de tener propósitos, y "una identidad psicofísica a lo largo del tiempo". En otras palabras, cualquier ser para quien su propia vida tiene un sentido, aunque no tenga sentido para los agentes racionales-lingüísticos humanos, es un sujeto-de-una-vida y posee valor moral inherente.

El enfoque de Regan aparentemente mantiene el compromiso de reconocer que el estatus moral de los animales es igual al de los seres humanos. Él argumenta que si los animales y los humanos poseen un valor moral inherente entonces no hay fundamento para atribuir un moral diferente a los seres humanos [agentes morales] y los animales [pacientes morales]. Pero en última instancia, Regan establece el mismo tipo de jerarquía moral que postulaba Bentham y Singer. Él señala que el estatus moral depende de las oportunidades de una futura satisfacción que posea un ser. El igual valor moral confiere solamente un derecho prima facie de no ser dañado. Este derecho puede ser obviado en determinados casos como el del escenario de la balsa que propone Regan, en el cual varios humanos y un perro están en una balsa salvavidas y un individuo debe ser echado por la borda para que los demás se puedan salvar. Dado que, según Regan, los humanos tienen mayores oportunidades de satisfacciones futuras que el perro, entonces es el perro quien debe ser incuestionablemente sacrificado. Más aun, el número de perros no tiene relevancia en el cálculo final; porque sería apropiado, según Regan, sacrificar a milllones de perros para salvar una sola vida humana en dichas circunstancias. Al igual que Singer, Regan considera que actividades como la ganadería industrial son deplorables por el sufrimiento gratuito que inflige a los animales; y aunque su enfoque parece ofrecer un mayor potencial que el utilitarismo para considerar los intereses de los animales igualitariamente junto con los intereses humanos, Regan al final recae en la tradicional jerarquía moral que privilegia a los seres humanos sobre los demás animales, al menos en los casos en los que parece haber un conflicto entre los intereses de ambos.

Gary Francione toma elementos tanto de Singer como de Regan y argumenta desde una perspectiva deontologista o absolutista que prescinde de las jerarquías morales. Al igual que Singer, Francione señala que la sintiencia —la capacidad de tener experiencias subjetivas como el placer y el dolor— es el único criterio relevante para el estatus moral. Al igual que Regan, Francione señala que el valor moral es inherente, lo que quiere decir que es compartido igualitariamente por todos los seres que posean aquella capacidad. Si un ser es sintiente entonces posee un valor moral inherente absoluto al igual que el resto de seres sintientes; pero si un ser carece de sintiencia entonces carece de valor moral. Ahora bien, a diferencia de Regan y Singer, Francione argumenta que el nivel de sofisticación cognitiva es completamente irrelevante en lo que se refiere al estatus de consideración moral. A diferencia de Regan, quien argumenta que ser un sujeto-de-una-vida es un requisito suficiente pero no necesario para tener estatus moral [por ejemplo: habría seres sin conciencia que tendrían estatus moral por otros motivos, como las montañas y los ecosistemas], Francione explica que la sintiencia es necesaria y suficiente para poseer un estatus moral directo; Francione considera que los seres sintientes pueden ser dañados en formas que los seres no-sintientes no pueden, y entiende que no puede haber un criterio que no sea arbitrario al privilegiar los intereses de un ser sintiente [por ejemplo, decir que uno es cognitivamente más sofisticado] sobre los intereses de otro.

Francione argumenta que todo ser sintiente merece igual consideración respecto de sus intereses en consonancia con la consideración de los intereses de los otros seres sintientes. Así, los intereses de un perro deben ser considerados igualmente a los de un ser humano. Esto no no quiere decir que el perro deba ser tratado exactamente en el modo en que tratamos a los seres humanos. Por ejemplo, la igual consideración de los intereses de un perro no equivale a que el perro tenga derecho a votar o a conducir. Pero sí significa que debemos considerar el interés del perro en no sufrir de forma igual al interés del ser humano en no sufrir. Más aún, debemos reconocer algo que ni Singer ni Regan parecen haber advertido: esto es, además del interés en no sufrir, todo ser sintiente tiene un interés en continuar existiendo. La muerte es un daño para un animal tanto como lo es para un ser humano; así que no hay base para argumentar que la vida de un ser humano posee un valor moral mayor que el de la vida de un no-humano sintiente.

Francione analiza el escenario de una emergencia para sacar las conclusiones de su posición. Si nos encontramos con una casa ardiendo en la que podemos salvar o a un ser humano [por ejemplo: un niño] o un perro, Francione señala que no hay un principio según el cual el humano debe ser salvado en lugar del perro. Podemos salvar al humano en lugar del perro, pero esto sucedería porque nos indentificamos más con el humano que con el perro, no porque el humano tenga más derecho que el perro de ser salvado. Más aún, Francione explica que la gran mayoría de situaciones de conflicto entre los intereses humanos y los intereses animales no pertenecen a la categoría de "emergencia", pero tratamos todos los casos de conflicto como si fueran situaciones de emergencia, y así racionalizamos que los animales estén obligados a satisfacer los deseos humanos.

Francione argumenta que la única manera de asegurar la igual consideración de los intereses animales, y evitar la tradicional jerarquía moral que privilegia a los humanos sobre los animales, es abolir el estatus legal de los animales como propiedad. Los intereses animales nunca serán considerados en igualdad con los intereses humanos mientras los animales sean categorizados legalmente como propiedad; una clasificación que tiene sus orígenes en el cristianismo y la filosofía de Locke acerca de la dominación humana sobre los animales. La abolición del estatus de propiedad de los animales va más allá de la obligación de eliminar actividades como la ganadería industrial. Esto conlleva la completa eliminación de todos los usos de animales como instrumentos para satisfacer los deseos humanos: la matanza de animales para consumo humano, la cría de animales para ser usados como vestimenta y otros productos, y todos los usos de animales para experimentación y entretenimiento.

El abolicionismo de Francione conlleva la total eliminación de toda forma de domesticación, incluyendo el uso de animales como mascotas, por la razón de que todas estas prácticas esencialmente tratan a los animales como objetos para el dominio humano. Al exigir la total eliminación de tales prácticas, la posición abolicionista de Francione se opone directamente al bienestarismo, que defiende que determinados usos de animales son permisibles siempre que tratemos bien a los animales al hacerlo. Los bienestaristas intentan justificar determinadas prácticas como la experimentación y la matanza de animales para consumo humano alegando que estas prácticas pueden realizarse humanitariamente. Francione explica que tales prácticas nunca pueden ser humanitarias y son fundamentalmente incompatibles con la igual consideración de los intereses animales al mismo nivel que los intereses humanos.


*************

3 de marzo de 2014

Entrevista a Gary Steiner


Aquí pueden leer mi traducción de una entrevista realizada a Gary Steiner, profesor de filosofía en la universidad de Bucknell.

**************************

Pregunta: Usted ha dicho que humanos y otros animales son moralmente equivalentes; ¿podría explicar a qué se refiere con esto?

Respuesta: Hay un prejuicio tradicional en la tradición filosófica occidental según el cual las diferencias cognitivas entre diferentes seres vivos implica diferencias en el estatus moral. Respecto de humanos y otros animales, el criterio que se ha usado tradicionalmente —desde los tiempos de la Antigua Grecia— es la noción de logos, entendido como razón o lenguaje; la habilidad de razonar o de poder usar un lenguaje han sido tradicionalmente asumidas como una linea divisora entre humanos y el resto de animales.

Se ha asumido que los seres que poseen logos —seres que son capaces de pensar sobre sí mismos, que tienen auto-conciencia, que tienen un proyecto de vida, que  son capaces de recordar el pasado y tener previsiones de futuro— son moralmente superiores a los seres que carecen de esta capacidad.

Se ha asumido que, dado que sólo los humanos poseen capacidad para el logos, los seres humanos son superiores a los otros seres vivos del mundo. Los animales son excluidos categóricamente de nuestra comunidad moral y política porque carecen de logos. Esencialmente esto significa que los demás animales son herramientas o instrumentos que podemos usar para satisfacer las necesidades humanas.

Yo argumento que no hay conexión lógica entre el tipo de habilidades cognitivas que tiene un ser y su estatus moral. Dentro de los seres humanos hay muy pocos que defiendan la idea de que los bebés no merecen tener estatus moral a pesar de que, hasta que se desarrollen más tarde, ellos carecen de la habilidad de hablar. A nivel intuitivo, la mayoría de la gente diría que si un humano adulto es mucho más inteligente que otro, el más inteligente no tiene derecho a utilizar al que es menos inteligente.

El hecho de que los demás animales no puedan usar un lenguaje humano, y que la mayoría de animales no parecen ordenar sus pensamientos en forma lingüística, no cambia el hecho de que hay muchísimos animales no-humanos en el planeta que tienen una vida llena de experiencias subjetivas que poseen una gran importancia para ellos mismos.

Para los elefantes, la muerte de un compañero significa mucho más que una simple ausencia. Aves como los córvidos —entre los que se incluyen los cuervos, las urracas, y los grajos—  tienen habilidades muy sofisticadas para comunicarse entre ellos, advertirse mutuamente de peligros, y elaborar herramientas. La cuerva Betty, muy famosa en Youtube, hace herramientas para construir otras herramientas.

Han habido muchos intentos durante la historia de Occidente para conseguir aislar alguna cualidad o propiedad en los seres humanos que que nos separe y eleve respecto del resto de la naturaleza: el uso de herramientas, inteligencia, previsión de futuro, flexibilidad y adaptabilidad en respuesta a las contingencias del medio ambiente. Pero cuando más aprendemos sobre el comportamiento de otros animales, más comprendemos que esas proclamas sobre la singularidad humana —que algunos denominan excepcionalismo humano— no se sostienen a la luz de la evidencia.

Yo no aprecio distinciones moralmente relevantes entre los diferentes tipos de seres sintientes —seres que pueden experimentar placer y dolor, que poseen una conciencia sensitiva, seres a los que les importa su propia vida. Sólo en base a lo que denominamos especismo o antropocentrismo es por lo que hacemos distinciones y privilegiamos a los seres humanos. Estos prejuicios especistas son comparables a las jerarquías arbitrarias promovidas por los racistas y los sexistas.

No concibo que haya un punto de vista absoluto, o una medida universal, a partir del cual podamos afirmar que los seres humanos deben importar más en el contexto moral que los otros animales. Sucede simplemente que nosotros somos humanos y tenemos una tendencia a considerar que somos más importantes, porque pensamos que de ese modo nos legitimamos en utilizar a los demás animales - usarlos para comida, para vestimenta, para experimentación, y para entretenimiento.

P: Cuéntenos algo sobre su nuevo libro.

R: En mi nuevo libro «Animals and the Limits of Postmodernism» [Los animales y los límites del posmodernismo] argumento a favor de la noción de veganismo como un imperativo moral que se sigue de principios liberales humanitarios concernientes a nuestro reconocimiento del estatus moral de los animales. Examino la cuestión acerca del veganismo como un principio que puede ser defendido no simplemente como una forma de vida sino como un estricto imperativo moral.

No te encuentras con gente que defienda la esclavitud como una forma de vida. Cuando se trata de los Derechos Animales, algunas personas intentarán negar o cuestionar la analogía entre la esclavitud y nuestra relación moral con los demás animales. En este libro yo defiendo que se trata de una analogía totalmente pertinente. Y argumento que el veganismo no es simplemente un estilo de vida, una preferencia personal. Si de verdad comprendemos lo que significa que un ser tenga valor moral, y que los otros animales lo tienen, entonces ellos deben tener el derecho a no ser asesinados y usados para comida; ni utilizados en otras maneras, con el fin de satisfacer necesidades humanas.

Soy un extremista respecto de estas cuestiones. Los demás animales deben tener el mismo derecho a no ser asesinados o usados para comida, o a ser esclavizados, que tenemos tú y yo. Esto es lo que quiero decir cuando afirmo que humanos y otros animales son moralmente equivalentes. El veganismo es un imperativo moral, y en mi libro lo denomino el imperativo vegano.

P: ¿Cuáles son las implicaciones económicas del uso de animales no humanos y cuáles serían las consecuencias de limitar o abolir el estatus de los no-humanos como propiedad?

R: La organización de las Naciones Unidas informa que 53 mil millones de animales terrestres —alrededor de nueve veces la población humana en todo el planeta— son asesinados para consumo humano cada año; sin incluir a los peces y otros animales marinos.

Esta masiva actividad económica —que supongo que mueve billones de dólares al año —implica el consumo de ingentes cantidades de grano, agua y fertilizantes químicos, la extensa emisión de gases contaminantes, una inmensa deforestación para proporcionar terreno, y un tremendo aumento de la erosión del suelo cultivable, además de una reducción de la biodiversidad.

Algunas personas sugieren que la adopción global del veganismo sería económicamente o ecológicamente inviable. Pero si te fijas, resulta que en realidad aplicar el veganismo supondría necesitar menos cantidad de superficie cultivable, gastar menos agua, y erosionar mucho menos el suelo.

Algunos personas argumentan que el modo de vida de mucha gente depende económicamente de la explotación animal. Mi respuesta es: sí, eso es cierto. El mismo argumento se usó cuando hubo el debate acerca de prohibir el cultivo de tabaco en Estados Unidos. El mismo argumento se puede usar acerca de la esclavitud humana que sigue existiendo hoy en día, la prostitución forzosa, y otras formas de crimen organizado, como la extracción de diamantes en África y el trabajo infantil.

A quien le preocupe el impacto económico que tendría el fin de la explotación animal en los seres humanos, debería preocuparse lo mismo por las otras prácticas que similares en las que no se usan animales no humanos. Debemos pensar en lo que es moralmente correcto, no en lo que es económicamente beneficioso. ¿O vamos a permitir que la economía se imponga a la ética?

*******************