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6 de abril de 2016

"Libre de Maltrato Animal" = Pleno de Explotación Animal





Existe una tendencia, promovida por grupos animalistas, a declarar determinadas poblaciones como "libres de maltrato animal" basándose en el hecho de que han prohibido determinadas formas de explotación animal como la tauromaquia o el uso de animales no humanos en actividades circenses. Ciudades como Mallorca, Vitoria y Tavernes se han apuntando a esa declaración de ciudades "libres de maltrato animal".

Algo debe cambiar para que todo siga igual

Por supuesto, la gran mayoría de la gente que viven en estas ciudades come animales, viste animales, compra animales,... pero como han prohibido las corridas de toros o los circos "con animales" entonces ya todo está bien en nuestra relación con los demás animales. Ya podemos decir que son poblaciones "libre de maltrato animal". Y como casi todo el mundo considera que el problema en nuestra relación con los demás animales es el "maltrato" entonces ya no hay que preocuparse, puesto que ya no hay maltrato.

Ni la intención, ni el objetivo, ni la medida en sí misma, ni el efecto que causa, tienen que ver con respetar a los demás animales como personas y liberarlos de nuestra explotación.

Todo esto sirve exclusivamente para perpetuar la esclavitud dándole una apariencia renovada mediante la eliminación de determinadas actividades muy minoritarias que se consideran "crueles" —en el sentido de que causan un sufrimiento excesivo para el beneficio que de ello obtienen los humanos— y de ese modo poder proclamar que ya somos "humanitarios" y nos hemos librado del "maltrato".

El concepto de "maltrato animal" no cuestiona ni presenta ninguna objeción a la existencia de la explotación animal. El "maltrato animal" no cuestiona el hecho de que sometamos a otros animales como nuestra propiedad. El "maltrato animal" no cuestiona la esclavitud de los animales no humanos. El concepto de "maltrato animal" no cuestiona que consideremos a otros animales como recursos que existen para nuestro beneficio.

Ese tipo de medidas son un avance en la dirección de reforzar el paradigma bienestarista que dice que está bien oprimir a los demás animales aunque sin ser "crueles" con ellos. Debemos eliminar "la crueldad" para así poder seguir explotando a los no-humanos para nuestros fines, pero de forma "humanitaria".

El objetivo del antitaurinismo, y demás campañas monotemáticas, consiste en reformar la explotación animal eliminando determinados usos marginales considerados "crueles" para que el resto de la esclavitud se mantenga dentro de unos parámetros de "bienestar animal". 

Incluso prohibiendo las corridas de toros, los toros siguen siendo explotados. En Cataluña los toros siguen siendo utilizados en espectáculos ["correbous"], o como sementales, y siguen siendo enviados al matadero. Del mismo modo que aunque en un país esté prohibido comer perros y gatos, éstos siguen siendo explotados, pues son utilizados para servir de compañía, o como sujetos forzados a experimentación, entre otros usos.

La tauromaquia fue prohibida hace siglos en varios países. El uso de animales nohumanos en circos fue prohibido hace décadas en varios países. Nada de esto ha conducido ni remotamente a un desmantelamiento de la explotación animal. No hay conexión lógica ni empírica entre prohibir determinada forma de explotar a los otros animales y acabar con la explotación animal.

El efecto que tienen esas prohibiciones es el contrario: como ya se han prohibido "los peores abusos" entonces la gente considera que podemos seguir explotando a los demás animales puesto ahora que lo hacemos de forma "humanitaria" bajo determinadas regulaciones de "bienestar animal".

Las prohibiciones basadas en el "maltrato animal" son cambios meramente cosméticos y no afectan en nada a la estructura ideológica y social que causa y sostiene la explotación de los animales no humanos.

El problema no es el cambio gradual sino el cambio superficial

El problema en la medida bienestarista no está en que se trate de una supuesta reforma gradual. El problema está en el contenido y la forma y el criterio que conforman ese supuesto cambio. Un cambio puede ser meramente superficial o incluso contraproducente, como es el caso que nos ocupa.

No estoy criticando la idea de progreso y cambio gradual sino que critico el hecho de que ese cambio no va dirigido a erradicar el especismo y abolir la explotación animal. Al contrario, su objetivo es defender el especismo y nuestra esclavitud sobre los demás animales, e impedir que se cuestione seriamente nuestra relación moral con los no-humanos.

Vivimos en una cultura especista, que considera que los demás animales existen para ser dominados y utilizados por los humanos. Sin embargo, por muy predominante que sea ese prejuicio, esto no implica que debamos aceptarlo o que no debamos actuar para cambiarlo. Del mismo modo que el hecho de que vivamos en una cultura machista no implica que debamos aceptarlo o que no debamos hacer nada por cambiarlo.

Una cultura milenaria basada en la dominación y el desprecio hacia los no-humanos no se erradica de un día para otro; pero la vía reformista no es el camino para acabar con nuestra violencia que ejercemos contra los demás animales sino que es la forma más efectiva para perpetuarla indefinidamente.

No es ilusorio pensar que podemos erradicar el especismo. El prejuicio del especismo no funciona de forma esencialmente diferente a los otros prejuicios similares, y no hay razón para pensar que no pueda ser combatido y eliminado del mismo modo que otros prejuicios lo han sido.

En otras épocas no tan lejanas, prejuicios como el racismo, el machismo y la homofobia eran predominantes y la gran mayoría de la gente los asumía como algo normal. Pero gracias al pensamiento crítico y a los movimientos de activismo social esos prejuicios se fueron desafiando y erradicando progresivamente; primero en mentalidad de la gente y luego en la organización social.

Asumiendo y promoviendo el veganismo podríamos acabar con todas las formas de explotación animal; pero en lugar de asumir y fomentar el veganismo, la mayoría de grupos animalistas se dedica a ignorar deliberadamente al 99% de los animales explotados por el hombre; y para aquellos pocos a los que presta atención propone medidas para reformar su esclavitud.

Que la gente se haga vegana sí es un progreso moral; esto sí es un cambio real en nuestra relación con los animales no humanos

Por supuesto que todos los daños que infligimos a los demás animales no terminan con el veganismo; pero el veganismo es la base para que se produzca un cambio real en la forma en que nos relacionamos con los animales que no son humanos —y dejemos de causarles un daño que es injustificado, innecesario y evitable— en lugar de un cambio superficial que mantiene las cosas exactamente como ya estaban al comienzo promoviendo la falsa ilusión de que algo ha mejorado.


24 de enero de 2016

Si esto es un abuso, nosotros somos los abusadores


Hace unos días apareció la noticia de que unos jóvenes habían matado a varios lechones saltando sobre ellos para divertirse. Este hecho se ha condenado socialmente por ser «crueldad gratuita» y también se persigue legalmente como «maltrato».

Todo condenamos que hayan causado muerte y sufrimiento innecesario a unos cerdos reventándolos a golpes. Sin embargo, aquí sostengo que si consumimos animales entonces hacemos exactamente lo mismo que hicieron aquellos individuos: infligimos daño a los animales sin una necesidad que lo justifique.

Si no los hubieran matado a golpes, esos cerdos habrían conocido una horrible muerte en un matadero. Pero todo ese daño y esa muerte en el matadero serían también innecesarios porque no tenemos necesidad de comer animales.

El problema de fondo reside en que consideramos que los demás animales son nuestra propiedad, así que cuando su sufrimiento innecesario nos produce un beneficio entonces decimos que esto está bien. Ahora, cuando su sufrimiento innecesario ya no nos beneficia a nosotros, entonces decimos que no está bien.

Pero en ambos casos, el daño y el sufrimiento que les causamos es innecesario. No hay ninguna diferencia moral. De la misma manera que no hay diferencia entre matar a un ser humano reventándolo a golpes para divertirnos o matarlo para obtener placer comiendo su cadáver. Los animales no desean sufrir ni morir reventados a golpes ni tampoco acuchillados en un matadero. En este deseo de evitar el daño no hay diferencia entre humanos y otros animales.

Lo que ocurre es que nosotros establecemos una diferencia arbitraria según valoramos instrumentalmente si los animales fueron utilizados de forma productiva o no. El sufrimiento innecesario que condenamos es sólo el sufrimiento que no consideramos beneficioso para nosotros. Si hubieran sido reventados a golpes en un laboratorio con la excusa de que eso podría beneficiar la salud humana entonces nos parecería bien.

Sea cual sea la perspectiva desde la que lo analicemos, la conclusión es que no podemos justificar moralmente nuestra explotación sobre los animales.

Desde un punto de vista humanitario, hay un principio moral que dice que no está bien hacer daño a los animales innecesariamente, pero resulta que los humanos no necesitamos consumir animales de la misma manera que no necesitamos reventar animales para divertirnos. En ambos casos provocamos sufrimiento y muerte a otros animales innecesariamente, por mero placer. Consumir animales es una acción que contradice el principio moral humanitario que establece que no debemos infligir sufrimiento innecesario a los animales.

Desde el punto de vista de las víctimas, ellos son seres conscientes que no desean que les causemos daño ni tienen interés en sufrir y morir para nuestro beneficio. Los demás animales poseen un interés intrínseco en conservar su vida y tratan de evitar el daño y la muerte; al igual que nosotros.

Desde el punto de vista empírico; todos los seres sintientes son individuos con voluntad propia y que tienen una serie de intereses entre los que se encuentran el deseo de supervivencia y de bienestar. Por tanto, desde el punto de vista ético, tratar a un ser sintiente como un mero recurso es una violación de los principios éticos más elementales: el principio de igualdad y el principio de valor inherente.

El único punto de vista que puede encontrar aceptable lo que hacemos a los demás animales es el punto de vista del egoísmo antropocéntrico que considera que podemos utilizar a los otros animales simplemente porque ellos no son humanos y porque obtenemos un beneficio al hacerlo. Este es el punto de vista del especismo.

Esos jóvenes reventaron a estos animales porque les divertía hacerlo. Nosotros comemos animales porque nos da placer hacerlo. Si ellos son abusadores, nosotros también lo somos.

Si participamos en la explotación animal entonces somos abusadores de animales. Puede ser que actuemos de este modo porque seguimos una tradición que nos han inculcado desde la infancia pero esto que hacemos sigue siendo un abuso contra los animales.

20 de febrero de 2012

Una aclaración sobre el maltrato animal



En este ensayo me gustaría exponer unas razones por las que considero que el uso del concepto de maltrato suele ser errado cuando lo aplicamos a los otros animales.

La noción de maltrato animal acepta la esclavitud animal

Primero; el concepto de maltrato sólo existe en oposición al de buen trato. El término de maltrato no se utiliza dentro del contexto específicamente humano para referirse a violencias como el asesinato, la esclavitud o la violación sexual; porque son tipos de relación que no se aceptan, independientemente de cómo se hagan. Se habla de maltrato sólo en ciertos comportamientos que se dan dentro de una relación consentida libremente por ambas partes. Es decir, la noción de maltrato cuestiona el trato con el que se efectúa determinada relación y no la relación misma en sí misma.

Segundo; determinadas violencias como la esclavitud, el asesinato o la violación sexual no se califican como maltratos porque son actos considerados injustos independientemente de cómo se lleven a cabo, es decir, independientemente del trato que se dé a las víctimas; independientemente de las condiciones en que se lleve a cabo.

Tercero; nuestra sociedad asume que esclavizar animales no humanos para beneficio humano es una acción aceptable. Ahora bien, si dentro de ese contexto esclavista aceptado se daña a los animales de manera gratuita, o más allá de lo que se considere necesario para ejercer dicha esclavitud, entonces se considera que ese tipo de conducta es un maltrato. 

Cuarto; la noción de maltrato no denuncia que los animales sean utilizados para fines humanos sino que se fija exclusivamente en el trato, es decir, en las condiciones, en que son utilizados los animales. Así, se considera que está bien criar, comerciar, y comer animales, pero que no está bien hacerlo de manera que se les haga sufrir excesivamente; por ejemplo, teniéndolos hacinados en espacios demasiado pequeños.

Quinto; el concepto de maltrato aplicado a seres humanos sólo se puede producir dentro del contexto de una relación consentida. Pero la relación actual entre los humanos y otros animales no es consentida: es una relación de dominación esclavista. De este modo, cuando denunciamos el maltrato estamos aceptando implícitamente, y no denunciando, ese tipo de relación esclavista.

En el contexto humano, el maltrato señala un punto malo dentro de una relación que se considera buena o aceptable; pero la esclavitud no puede ser buena ni aceptable. Por todo eso sería erróneo hablar de maltrato al referirnos a una agresión sobre los animales, puesto que al proceder de esa forma estamos aceptando la situación de esclavitud a la que están sometidos actualmente los animales.

El concepto de maltrato animal refuerza la esclavitud animal

Cuando se condena el maltrato animal, los explotadores encuentran otras formas de continuar haciendo lo mismo: siguen esclavizando a los individuos no humanos pero alegando que ahora les provocan menos sufrimiento. Esto no lo harían de forma tan eficiente de no ser por la ayuda de organizaciones animalistas que les asesoran sobre la forma que ellos consideran correcta de explotar a los animales.

Lo que está intrínsecamente mal en nuestra actual relación con los demás animales es la explotación: utilizar a alguien exclusivamente como medio para un fin; sin importar los detalles de cómo se realiza dicha explotación.

Todo lo que se denomina como maltrato es consecuencia de ver a los demás animales como seres inferiores a los seres humanos, que deben existir bajo nuestro dominio y para nuestro propio beneficio. Esa mentalidad cosificadora es la misma que provoca y legitima socialmente el hecho mismo de utilizar a los animales no humanos como medios para los fines humanos.

La mayoría de los animalistas denuncian el maltrato porque no reconocen la inmoralidad del hecho mismo de utilizar a los animales. No han reconocido que el uso de animales es esclavitud. O, incluso si lo han comprendido, no asumen ninguna objeción contra ello y sólo quieren una esclavitud más humanitaria.

Sabemos que casi todo el mundo está en contra de maltratar a los demás animales, pero esa misma gente no está en contra de utilizarlos. ¿Por qué? Porque son dos categorías diferentes. Una cosa es el uso de animales y otra distinta es el trato específico que les demos al utilizarlos. Lo primero se refiere al objetivo o la finalidad. Lo segundo se refiere a la manera o la forma. Es decir, la sociedad no cuestiona que utilicemos a los demás animales en nuestro beneficio; sólo se preocupa por la manera en que los utilizamos.

Cuando la gente habla de maltrato se refiere al trato que damos a los animales  que utilizamos. Se refiere a las condiciones en que se lleva a cabo esa utilización. Esto es, se cuestiona el espacio en el que están confinados; el tipo de alimento que se les da; el número de horas que se les obliga a trabajar, la manera en que son degollados,... Sólo se cuestiona la forma concreta en que los animales son esclavizados, es decir, el trato tiene que ver con sus condiciones de esclavitud, y no al hecho mismo de que sean esclavizados.

Si alguien dijera que está en contra del maltrato a los esclavos humanos lo que está diciendo es que no está en contra de la esclavitud sino sólo en contra de determinada forma de tratarlos. Teniendo en cuenta que los animales no humanos son esclavos de los humanos, al denunciar el maltrato animal lo que hacemos es ignorar y reforzar su estado de esclavitud; en lugar denunciar esta esclavitud por ser una injusticia. Por eso, el concepto de maltrato animal ayuda a mantener la esclavitud a la que están sometidos los demás animales.

El error no es sólo el maltrato; es el uso

Cuando un ser humano es asesinado —o es violado o es esclavizado— nadie dice simplemente que lo han maltratado, porque no nos centramos en el modo en que haya sido agredido o abusado, sino que denunciamos el hecho mismo de que haya sido utilizado para un fin sin su consentimiento y a costa de violar sus intereses básicos. La inmoralidad de esos actos no tiene que ver con el trato específico que se dé a a las víctimas sino con el hecho mismo de utilizarlas injustamente.

Una cosa es esclavizar y otra distinta es el tipo de esclavitud. Una cosa es asesinar a alguien y otra distinta es la forma en que se lleva a cabo el asesinato. El qué es una categoría y el cómo es otra categoría distinta. La noción de maltrato animal se refiere solamente a la segunda. 

Por todo esto es por lo que entiendo que es un error que denunciemos el maltrato para explicar la injusticia que cometemos contra los animales, porque al hacerlo estamos cuestionando solamente las condiciones de esclavitud pero no estamos denunciando la esclavitud misma a la que hemos sometido a los animales.

Las actuales leyes no protegen a los animales del 99.99% de las agresiones que cometemos sobre ellos cada día. Al contrario: la legislación favorece y promueve la violencia sistemática sobre los animales; comenzando por su esclavitud. El sistema legal será siempre una herramienta inútil para proteger los intereses de los animales hasta que no sea erradicado el paradigma especista que considera a los animales no humanos como propiedades de los humanos.

Dado no es posible que usemos a otros animales en ninguna forma moralmente aceptable, es por tanto que nuestra relación ética con ellos debe partir necesariamente de rechazar su utilización. Esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de veganismo.