17 de junio de 2021

¿Veganismo sin Derechos Animales?

«La Nueva Constitución»


El principio de trato humanitario a los animales

La idea de que los animales merecen consideración moral no es original de nuestra época sino que se remonta a la Antigüedad, con filósofos como Plutarco y Porfirio, y que más modernamente volvió a ser reivindicada por pensadores como Jean Meslier, Jean-Jacques Rousseau, Jeremy Bentham y Henry Salt. Rousseau lo expresaba de esta manera:

«Parece ser, en efecto, que si estoy obligado a no hacer ningún mal a mis semejantes, es menos por su condición de ser razonable que por su cualidad de ser sensible, cualidad que, siendo común al animal y al hombre, debe al menos darle a aquél el derecho de no ser maltratado inútilmente por éste.» Jean-Jacques Rousseau; Discursos sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres

Una forma concreta de entender la consideración moral de los animales se plasma en el principio de trato humanitario de los animales. Este principio moral, que podemos abreviar en este contexto como principio humanitario o simplemente como humanitarismo, postula que no deberíamos dañar a los animales si no hay una necesidad que lo justifique. Este principio es antiguo y así lo expresaba el filósofo y científico Maupertuis en el siglo XVIII:

«Si [los animales] poseen alma, no digo ya un alma muy razonable, capaz de un gran número de ideas, sino una capaz tan sólo del más mínimo sentimiento; causarles daño sin necesidad es un acto de crueldad y una injusticia.» 
Pierre Louis Moreau de Maupertuis; Carta VI

El humanitarismo sostiene pues que no debemos infligir un daño intencionado sobre los animales si no se puede justificar si no lo necesitamos realmente por motivos de supervivencia o de autodefensa.

El problema sucede cuando este principio humanitario se aplica después de haber aceptado que los animales sean tratados como recursos para beneficio humano. En este caso podemos utilizar a los animales siempre que intentemos utilizarlos sin causarles más daño del necesario para obtener un beneficio de este uso. Pero si no aceptamos la instrumentalización de los animales como punto de partida, y no deberíamos hacerlo si reconocemos que los animales poseen un valor moral, entonces resulta que bajo el enfoque humanitario deberíamos condenar la gran mayoría de los usos que hacemos actualmente de los animales, por no poder justificarse de acuerdo a una necesidad real y estar motivados por la costumbre, la tradición, el placer o la mera conveniencia.

Casi todos los usos que hacemos de los animales en la vida cotidiana son ciertamente innecesarios. Digo casi todos y no todos porque pudiera haber tal vez alguna excepción en la investigación biomédica o en contextos sociales humanos que apenas han evolucionado tecnológicamente desde el paleolítico. No afirmo que haya algún uso de animales que sea necesario; sólo señalo que podría haber algún uso concreto en determinado contexto que fuera necesario, como en el hipotético caso de la isla desierta.

Todos los usos que hacemos de los animales son dañinos, tanto en un sentido amplio del término —dañan su libertad, su salud, su bienestar, su vida— así como en un sentido más concreto, en tanto que al utilizarlos les infligimos heridas, mutilaciones, golpes y cautiverio. Los usos que hacemos de los animales violentan a los animales manipulando y destruyendo sus cuerpos. Así pues el uso de animales debe clasificarse como un daño sobre los animales, dado que es contrario a su voluntad y perjudica sus intereses básicos.

No confundir el humanitarismo con el veganismo

En el contexto de la vida cotidiana apenas habría diferencia entre aplicar el veganismo y aplicar el humanitarismo de forma coherente, puesto que casi todos los usos de animales son innecesarios para satisfacer nuestras necesidades. Bajo este perspectiva, el profesor Gary Francione, ha defendido en algunos de sus textos que es posible asumir el veganismo sin tener que asumir al mismo tiempo la filosofía de los Derechos Animales. Estoy en desacuerdo con este enfoque, porque aunque es posible razonar que debemos rechazar moralmente el uso de animales sin tener apelar a que los animales poseen un derecho de no ser utilizados, no estoy de acuerdo en que esa deducción moral se identifique con el veganismo.

Quienes estén familiarizados con la filosofía moral kantiana enseguida podrán identificar esta distinción entre humanitarismo y veganismo siguiendo la distinción entre el imperativo hipotético y el imperativo categórico. Un imperativo hipotético nos dice que si no necesitamos utilizar a los animales entonces no debemos utilizarlos. Un imperativo categórico nos dice que nunca debemos tratar a los animales como medios para nuestros fines; sin importar si lo necesitamos o no. Luego es imposible deducir el veganismo del principio humanitario, ya que el principio humanitario acepta una hipotética posibilidad de que utilizar a los animales sea aceptable, pero el veganismo lo rechaza categóricamente.

Creo que ahora se puede ver claramente que no sólo el humanitarismo y el veganismo son diferentes sino que el veganismo es mucho más exigente que el humanitarismo. El humanitarismo puede aceptar el uso de los animales en determinadas situaciones de supervivencia; el veganismo no.

La relación semántica del profesor Francione con el veganismo ha sido variable, puesto que en su libro «Lluvia Sin Truenos» definía el veganismo como «una dieta que elimina el consumo de productos de origen animal» mientras que años más tarde hablaba de veganismo como el rechazo a utilizar a los animales en cualquier forma o modo; más acorde a su definición original. En Estados Unidos es muy habitual encontrarse a gente hablando del veganismo como dieta. Puede ser por esto que el Francione distingue entre veganismo y abolicionismo, porque sigue interpretando el veganismo principalmente como una práctica personal:

«Si un grupo promueve el veganismo, pero continúa promoviendo reformas y campañas de un solo tema, ese grupo sigue siendo neobienestarista aunque promueva el veganismo [...] Promover el veganismo no es necesariamente equivalente a promover la abolición [...]» Gary Francione; Acerca de Johnny Weir, campañas de un solo tema, tratamiento y veganismo abolicionista.

No obstante, definir el veganismo como dieta no es menos erróneo que definirlo como una práctica general. El veganismo es una obligación moral y no una práctica. Es una obligación moral que conlleva en consecuencia una práctica pero no es una práctica en sí misma. El veganismo se define como el principio abolicionista sobre la explotación de los animales. Por esto, no sería correcto disociar el veganismo del abolicionismo. Veganismo y abolicionismo son pues sinónimos en el contexto animalista.

Dentro del ámbito animalista, el abolicionismo es la posición que propugna que deber ser abolido el uso de animales y cualquier forma de instrumentalización de animales. Fuera del contexto animalista, hablamos de veganismo para distinguir el animalismo abolicionista de otras posiciones abolicionistas, como el abolicionismo de la esclavitud humana. Nos encontraremos con animalistas que se denominan veganos sin ser abolicionistas, en tanto que apoyan la reforma bienestarista.

Así pues, en el ensayo que comento aquí, el profesor Francione interpreta el veganismo como la práctica de no usar animales, de no consumir productos de origen animal, y es por esto que él afirma que podemos asumir el veganismo sin aceptar al mismo tiempo la filosofía de los Derechos Animales, sino que sólo tenemos que ser consecuentes con el principio de trato humanitario a los animales, porque está entendiendo el veganismo como una práctica, aunque en otros ensayos afirme que el veganismo es un imperativo moral. Como señalé anteriormente, Francione no siempre ha usado el término veganismo con el mismo significado claro.

Sin embargo yo considero que el veganismo no puede asumirse sin estar situado dentro del contexto filosófico los Derechos Animales, que defiende la existencia de derechos morales para todos los individuos, si respetamos la definición original del veganismo como el principio de que los humanos debemos vivir sin explotar a los animales. Aparte de que, como ya expliqué anteriormente, el humanitarismo no obliga radicalmente a rechazar el uso de animales.

El veganismo forma parte de la filosofía de los Derechos Animales. Esta filosofía moral considera que hay determinadas acciones que nunca debemos cometer sobre los individuos: explotar, esclavizar, torturar, violar, asesinar. Todo acto que implica atentar contra la dignidad de la persona es siempre inaceptable bajo cualquier pretexto. Expresado de otro modo: ningún individuo debe ser tratado nunca como un simple medio para lograr alguna finalidad. Bajo esta perspectiva, la dignidad coincide con el valor moral inherente del individuo.

No podemos entender veganismo sin los Derechos Animales, si nos atenemos a la definición original de veganismo, puesto que el veganismo representa el derecho fundamental de los animales a no ser tratados como recursos o propiedades de los humanos, lo que conlleva consecuentemente que sean reconocidos como sujetos de derechos, es decir, como personas.

Acerca de promover el humanitarismo

Aclarar que el humanitarismo y el veganismo son conceptos diferentes no implica, a mi modo de ver, rechazar tajantemente el humanitarismo. Estoy en desacuerdo con el hecho de hablar de veganismo como una práctica pero no con el hecho de acercar a la gente a poner en práctica el veganismo.

Creo que en el contexto actual difícilmente podremos difundir el veganismo en la sociedad si primero la gente no se toma en serio el principio humanitario. Creer que quienes ni siquiera se toman serio el humanitarismo van a tomarse en serio el veganismo me resulta un pensamiento fantasioso, pero quizás me equivoque. Yo defiendo promover el humanitarismo como puente para  conectar la conciencia moral de la gente con la cuestión animalista y el veganismo, pero definitivamente no deseo promover la confusión entre ambos.

Plantear un enfoque humanitario en el activismo no equivale a declarar que el humanitarismo es la posición correcta en nuestra relación con los animales sino que sólo significa explicar a la gente que ser coherente con el principio humanitario implica dejar de utilizar a los animales. Una persona que se tome en serio el humanitarismo estará es una posición favorable hacia el veganismo, puesto que dar el paso hacia el veganismo ya ni siquiera le supondría un cambio de hábitos y apenas una transformación de mentalidad.

Transicionar del humanitarismo al veganismo —transicionar de la idea de que no debemos dañar a los animales innecesariamente a la idea de que no debemos tratar a los animales como medios para fines humanos— resulta mucho más natural que llevarlo a cabo desde cualquier otra posición.

Pensar que, dentro de un contexto especista, existe alguna posibilidad de que un individuo que rechaza el humanitarismo pueda transicionar al veganismo me parece un planteamiento quimérico. Lo mismo se puede aplicar a la sociedad en general.