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15 de noviembre de 2013

Fundamentación lógica de la moral


«Hay un sistema de verdad moral, tan objetivo como debe serlo toda verdad, el cual estamos interesados en descubrir junto con sus implicaciones.» ~ W.D Ross

PRÓLOGO

«Toda filosofía ha de formarse desde unos puntos de partida. ¿Dónde, pues, empezamos? ¿Qué ideas pueden ser consideradas primarias?»  ~ Leonard Peikoff

El hecho de plantear que existan normas morales objetivas se ha relacionado siempre con la religión o con la creencia en mundos o dimensiones sobrenaturales. Cuando se prescinde de este factor religioso, parece que toda moral simplemente tuviera que reducirse al relativismo o mero convencionalismo. Y así lo defienden no pocos pensadores e ideólogos de toda clase.

El problema de la fundamentación objetiva de la ética ha sido acuciante durante los últimos siglos. Pero muchos pensadores, la mayoría, han renunciado siquiera a intentarlo. Por lo general, simplemente se han limitado a ofrecer teorías que les parecían más o menos convenientes o satisfactorias, aceptando la idea de que no tenemos ninguna razón objetiva que nos obligue a escoger entre una u otra. En última instancia, los principios últimos de toda ética serán siempre inexplicables, irrazonables. Dicen que aunque toda la argumentación posterior sea impecable y coherente desde el punto de vista lógico, los postulados de los que parte no se pueden justificar racionalmente. 

Los filósofos por lo general han usado la lógica de forma puramente instrumental para dotar de coherencia a sus ideas. Pero no basan su pensamiento en la lógica, es decir, no apelan al contenido de la lógica, sino solamente a su sentido formal. La excepción es Parménides y Emmanuele Severino. Pero sus doctrinas son casos aparte que tienen poco o nada que ver con la tradición filosófica occidental dominada por Platón y Aristóteles, y solamente se refieren al ámbito metafísico, pero descuidando el ámbito moral.

La tesis que se defiende en esta exposición es la de que, en efecto, debemos basar nuestra moral en la lógica. En los principios básicos de la lógica. Solamente de esa manera podemos deducir una moral objetiva, universal y válido por igual para todos. Sólo de esta forma podemos evitar caer en la arbitrariedad y el relativismo.

En otras notas anteriores [«Lógica»«Nociones básicas»«La igualdad»; «El principio de identidad»; «Sobre lógica e identidad»] ya expuse un preludio del planteamiento que intento presentar aquí.

No obstante, debo advertir que es imposible entender lo que voy a exponer si no tenemos claro primero que la lógica no solamente refiere a la forma de un argumento sino también a su contenido. La lógica es un ámbito de conocimiento que tiene forma y contenido. De forma similar a cómo ocurre en las matemáticas, la forma y el contenido están intrínsecamente relacionados en la lógica y no se pueden separar.

INTRODUCCIÓN

«Tradicionalmente, la razón también se ha identificado con el empleo de ciertos principios o con una mera conformidad con dichos principios. Entre ellos se encuentran por ejemplo los principios de la inferencia lógica, los principios que Kant identificó como principios del entendimiento, los principios matemáticos y los principios de la razón práctica. Se dice que una persona es razonable cuando sus creencias y acciones se ajustan a los mandatos de  dichos principios, o cuando se guía por ellos de forma deliberada.» Christine Koorsgaard

Desde el punto de vista racional, cuando se trata del ámbito ético, las afirmaciones de carácter moral deben tener la misma validez y veracidad que las afirmaciones de carácter empírico sobre la realidad. ¿Por qué? Porque la ética racional se basa en necesariamente hechos empíricos y en la lógica. Si los hechos están confirmados y la lógica es correcta, entonces las normas y valores morales que se deduzcan a partir de ellos tienen que ser necesariamente verdad.

Todo razonamiento apela o se basa en la ley de identidad (A=A). El respeto por la ley de identidad es el fundamento de la razón. Es lo contrario de la arbitrariedad, de lo que no está sujeto a un referente objetivo y universal.

La ley lógica de identidad no expresa la sola existencia. La existencia en sí misma se podría expresar simplemente como "A". La identidad es el proceso de re-conocimiento que la existencia existe, que nosotros existimos. Nos identificamos, es decir, somos conscientes de nosotros mismos. Eso es lo que representa "A=A"

La identidad como tal no debe ser confundida con el razonamiento de la identidad. El fundamento de la identidad es la sensación. Porque sentimos es por lo que podemos tener consciencia de que existimos.

Aunque no tuviéramos la capacidad de razonar conceptualmente la noción de la identidad, eso no cambiaría nada. Aunque no pudiéramos conceptualizar el hecho de que tenemos una cabeza, tronco y extremidades, seguiríamos teniéndolas igualmente.

Cuando razonamos el concepto de identidad no estamos creando o generando la identidad sino que la estamos formulando o expresando mediante el pensamiento y el lenguaje. Del mismo modo que cuando dibujamos un árbol no lo estamos creando sino que lo estamos reflejando visualmente mediante nuestra habilidad.

El respeto por la identidad en la práctica implica necesariamente el respeto por la sintiencia. La sintiencia es lo que permite que un ser sea consciente de sí mismo. Esto sería, en esencia, la ética: la práctica de respetar y aplicar la lógica. Por eso William Clifford identificaba la racionalidad con el deber moral y el deber moral con la racionalidad: considerar como verdad y obligación sólo aquello que sea evidente o demostrable mediante hechos empíricos y razonamientos lógicos.

EL PROBLEMA DE LA RELACIÓN ENTRE EL SER Y EL DEBER SER 

«Todos los conceptos morales tienen su asiento y origen completamente a priori, en la razón.» ~ Immanuel Kant
 
Evitar incurrir en la falacia naturalista, o el apelar a entes trascendentales, no resulta nada difícil; lo conseguimos simplemente reconociendo que el fundamento de la moral es la lógica. La lógica no es propiamente un hecho de la naturaleza. Ni es un objeto que se pueda tocar o medir. Tampoco es un ente transcendental. Sino que es un ámbito de conocimiento presente y accesible mediante el razonamiento.

El ámbito de consideración moral no debe estar limitado a los seres humanos, sino que debe incluir a todos los seres sintientes, sin distinción de especie. Pero esto no tiene que ver con la universalidad ni con la coherencia (aunque estoy de acuerdo con que son requisitos imprescindibles en la ética). Esto es sencillamente un criterio necesario que obtenemos de la misma lógica.

La ley de identidad (A=A) es el fundamento básico de la lógica, y estamos obligados racionalmente a respetarla. Por lo tanto, a la hora de deducir qué seres deben estar incluidos en la consideración moral la respuesta está en la ley de identidad (A=A). Es decir, todos aquellos seres que posean identidad (consciencia de sí mismos) son los que poseen valor intrínseco y merecen respeto por sí mismos.

Nuestro sistema de valores morales igualmente se deriva de la lógica. Por ejemplo, el valor moral de la responsabilidad es un aplicación de la ley lógica de causalidad (o principio de razón suficiente) a nuestros actos. Si somos causantes de una acción, entonces somos responsables de esa acción y sus consecuencias directas. Somos responsables de nuestros actos, porque podemos tener un control sobre ellos y somos capaces de comprender que nuestras acciones pueden afectar a otros y tienen consecuencias.

Así que podemos ver que la ética se deduce racionalmente a partir de la lógica y aplicándola a los hechos objetivos. Por lo tanto, no puede haber más que una sola teoría ética correcta. Igual que solamente puede haber una teoría correcta que explique la gravedad o la evolución. ¿Por qué? Porque dos teorías diferentes tienen que contradecirse necesariamente y esta contradicción vulnera la ley lógica de no-contradicción: dos afirmaciones contrapuestas no pueden ser verdad al mismo tiempo. Es decir, no puede ser que esclavizar esté mal y esté bien al mismo tiempo. Es absurdo.

La base, contenido y estructura de la ética están determinadas por la lógica. La ética se basa en la lógica, se estructura mediante la lógica, y su contenido está condicionado por la lógica. Obviamente, la lógica no es equivalente tal cual a la ética, porque la ética se refiere a nuestra conducta (ethos) en el mundo. La ética se obtiene al aplicar la lógica a la realidad empírica que vivimos. El problema hasta ahora ha sido que en filosofía moral, o en la filosofía en general, el papel de la lógica ha sido puramente instrumental. La filosofía por lo general (salvo contadas y concretas excepciones) no se ha basado en la lógica ni la ha aceptado como contenido. Cada pensador o doctrina parte de una serie de ideas o dogmas y a partir de ahí utiliza la lógica meramente para intentar dotar de coherencia a sus intuiciones personales. 

LA COMUNIDAD MORAL 

«Las personas no difieren básicamente entre sí; mi vecino puede ser más o menos inteligente, ingenioso o guapo que yo, pero tenemos en común la misma estructura biológica, sentimos el mismo dolor y compartimos penas y alegrías similares. Lo racional sería que yo pusiera su felicidad al mismo nivel que la mía.» ~ Stuart Sutherland

En primer lugar, tenemos que partir de la ley de identidad (que es el principio fundamental de la lógica) para poder constituir el contenido. Por contenido me refiero primeramente a la comunidad moral, es decir, qué seres deben estar incluidos en la ética. ¿Deben estarlo todos o sólo algunos, o ninguno.

Evidentemente todos los seres del universo cumplen ontológicamente la ley lógica de identidad, pero no todos ellos poseen identidad de sí mismos, es decir, no son conscientes de su existencia. La ley de identidad no es "A" sino "A=A". Los seres no-sintientes se limitan a existir (A) y solamente los seres sintientes tienen consciencia de su existencia (A=A). El fenómeno de la identidad aparece sólo en aquellos seres que pueden sentir. Porque la sensación es la base de la subjetividad. Todos los seres sintientes son sujetos, son alguien, por lo tanto cumplen la ley de identidad, ya que tienen identidad, consciencia de sí mismos. Por ellos merecen ser incluidos en la consideración moral. Nuestra empatía innata nos aporta directamente esta intuición moral sin necesidad de razonamiento, pero la lógica, y los datos de la ciencia, lo confirman racionalmente.

Por tanto, sólo aquellos seres que en su naturaleza y constitución coincidan con la ley de identidad (A=A) deberían ser lógicamente incluidos en la consideración moral. ¿Qué seres son esos? No son todos los seres existentes sino solamente aquellos que estén dotados de identidad reflexiva (A=A), es decir, los seres conscientes, que poseen consciencia de sí mismos. O lo que es lo mismo: los seres sintientes. Ya que todo ser dotado de sensación tiene que poseer al menos alguna consciencia sensitiva de sí mismo (las sensaciones no se experimentan el vacío, sino que siempre hacen referencia a un sujeto).

La comunidad moral está compuesta por todos aquellos seres que tienen valor intrínseco (o valor inherente). Es decir, aquellos seres que tienen esa característica - la sintiencia - que les hace valiosos por sí mismos, sin importar si otros individuos les valoran y sin importar qué supuesto valor instrumental puedan tener para otros. Como seres con valor intrínseco merecen, al menos, un respeto básico que implica, entre otras cosas, no agredirles ni utilizarles como simples medios para conseguir un fin.

El resto de seres que no tienen valor intrínseco solamente tienen un valor instrumental. No merecen respeto por sí mismos y su valor depende exclusivamente de cómo afectan a los intereses de los seres con valor intrínseco - los seres sintientes.

Por tanto, todos los seres sintientes merecen por igual ser incluidos en la consideración moral. Esto significa que debemos cumplir las normas morales en relación con ellos.

LOS DERECHOS 

«Los derechos morales son iguales para todos los que los poseen. Por lo cual, nadie puede denegar derechos por motivos arbitrarios, prejuiciosos o moralmente irrelevantes.»  ~ Tom Regan

 Otro elemento esencial de la consideración moral son los derechos.

El término derecho no es más que la forma abreviada de referirnos a nuestra obligación de respetar un determinado interés del individuo. Cada ser sintiente tiene una serie de intereses plurales. Algunos de ellos son moralmente legítimos y otros no. ¿Cuáles lo son? Pues todos aquellos que formen parte de la identidad. Por ejemplo, el interés de auto-conservación. Sin respetar este interés no podemos respetar al individuo. Por lo tanto, es necesario que ese interés sea obligadamente respetado. De ahí proviene el derecho a la vida o el derecho a la seguridad física. Cuando decimos que alguien tiene un derecho a la vida queremos decir que su interés en conservar la vida debe ser respetado, sin importar si tenemos el deseo personal de hacerlo o si nos conviene hacerlo. Tenemos la obligación moral de respetarlo. Un pato, una abeja, un cerdo, una salamandra, un humano,... tiene el derecho a la vida. Igual que cualquier otro ser sintiente. Aunque no lo queramos reconocer, él tiene ese derecho. Igual que podemos no querer reconocer que un triángulo tiene tres lados.

Esto en lo que concierne a los derechos morales. Otro tipo de derechos son los contractuales (entre los que se incluyen los derechos legales).

Si los derechos morales no existieran entonces los derechos contractuales tampoco podrían existir puesto estos últimos son simplemente una expresión del acuerdo libre y voluntario, es decir, de los deseos del individuo. Por lo tanto, estaríann totalmente sujetos al capricho de cada persona, que en cualquier momento puede decidir romper el acuerdo pactado. A no ser que entendamos que tenemos la obligación moral de cumplir con los compromisos que acordamos. ¿De dónde proviene esa obligación? Pues del principio lógico de coherencia. Si yo me comprometo libremente en hacer algo (que tenga la posibilidad real de hacer) entonces la coherencia me obliga a mantener ese compromiso salvo que los términos sobre los que se asiente el acuerdo cambiaran radicalmente.

Salvo que apelemos a la fuerza y la violencia como argumento, resulta que la fundamentación de los derechos contractuales es de tipo moral. Si alguien se compromete a un determinado acuerdo entonces tiene la obligación moral de respetar su palabra en los términos acordados. No porque eso le conlleve consecuencias perjudiciales, sino porque es algo que debe hacer para cumplir con la ética. La obligación moral es de tipo racional. No es una obligación coactiva sino que está sujeta a la decisión libre de cada agente moral.

Si no tuviéramos la posibilidad de elección entonces no existiría la ética como tal, sino que simplemente actuaríamos determinados enteramente por la causalidad de factores. En un contexto puramente determinista no tiene cabida hablar de moral porque no se podría diferenciar entre bueno y malo, entre aquello que se ajusta a un principio y lo que lo incumple, sino que las cosas simplemente suceden y punto.

Alguien podría alegar que sólo tenemos obligación de hacer algo cuando el hecho de no hacerlo supone que nos cause a nosotros un perjuicio (egocentrismo). Pero precisamente cuando no cumplimos las normas morales, basadas en la razón, causamos un perjuicio en otros. Les perjudicamos cuando no respetamos sus derechos. ¿Por qué solamente va a tener relevancia un daño si me afecta a mí pero no lo va a tener si afecta a otros? En virtud del principio de igual consideración (A=A), que es un principio puramente formal, no hay razón que justifique supeditar el perjuicio de otros por debajo del nuestro. Por eso, tenemos la obligación de no perjudicar ni dañar a otros para beneficiarnos a nosotros. Este contexto ya no es puramente personal, en tanto que nos afectara a nosotros como individuos, sino que aplicando la lógica de la igualdad hemos entrado en el ámbito de la moral. Estoy obligado a respetar la vida de un ser sintiente porque desea vivir y que no le hagan daño, igual que yo (A=A).

Solamente los seres sintientes tienen la capacidad de tener auto-conciencia de sí mismos, y es por esto que poseen identidad reflexiva (A=A). Son seres conscientes. Este hecho es un fenómeno peculiar que se corresponde con la ley lógica de identidad (A=A). Por eso, solamente los seres que sienten merecen consideración y respeto por sí mismos.

En cambio, la postura biocentrista, o la ecología profunda, no se corresponden con la ley lógica de identidad. No tenemos ninguna evidencia o prueba que demuestre que los seres vivos no-sintientes, o el planeta, posean la capacidad de sentir o algún tipo de autoconsciencia (A=A). Por lo tanto, no hay ninguna razón que explique por qué deberían ser incluidos en la comunidad moral. Si un ser vivo no-sintiente merece respeto siempre será debido de manera indirecta en tanto que nuestros actos sobre ellos afecten directamente a los intereses de seres sintientes.

Desde el punto de vista racional, cualquier valoración personal, interés, o juicio de valor, sólo es moralmente aceptable si se basa en hechos empíricos comprobables y cumple las leyes básicas de la lógica. Entonces y sólo entonces es moralmente considerable como legítimo. Los juicios de valor subjetivos no pueden ser un fundamento de la ética pues se basen en meras preferencias personales.

Por otro lado, si la lógica y la existencia son verdades absolutas - y así debería ser puesto que son auto-evidentes y necesarias - entonces no hay razón que justifique no considerar que la ética que se deriva de aplicar la lógica a nuestra conducta también sea una verdad absoluta. La regla de oro (no hacer a los demás aquello que no queremos para nosotros) puede ser considerada una verdad moral absoluta, ya que es una derivación lógica del principio de igualdad o igual consideración. Y, que nosotros sepamos, este principio nunca cambia en el tiempo ni en el espacio.

En todo caso, afirmar que no hay constantes éticos universales resultaría ser un evidente error. Puesto que todos los códigos morales que encontramos en el mundo se refieren siempre a la protección de los intereses. Ya sea de los intereses individuales de todos o sólo de algunos de los individuos. O tal vez a los supuestos intereses de seres imaginarios (dioses). Pero siempre se refieren a la consideración de ciertos intereses. Sin la necesidad de proteger los intereses, y resolver los conflictos entre ellos, no habría necesidad ninguna de una dimensión moral en nuestra vida.

LA IGUALDAD O IGUAL CONSIDERACIÓN

«Un individuo jamás debe preferirse a sí mismo tanto más que a otro individuo, de forma que ofenda o hiera a este otro en beneficio propio, aunque la ventaja del primera fuera muy superior al detrimento o daño del segundo.»  Adam Smith

Si la ética se refiere necesariamente a la consideración de los intereses de los individuos, entonces aplicar la lógica nos dará las pautas de conducta que deberíamos seguir para comportarnos de una manera moralmente correcta. Por ejemplo, al aplicar el principio lógico de identidad (A=A) a la ética obtenemos el principio moral de igualdad o igual consideración. Esto quiere decir que los casos moralmente relevantes que sean iguales (o muy similares) deben, lógicamente, ser tratados de manera igual.

Por ejemplo, si todos nosotros tenemos un mismo interés en conservar nuestra vida, nuestra existencia como individuos, entonces no resultaría correcto - de acuerdo con el principio de igual consideración - que discrimináramos a otros individuos que también tienen ese mismo interés y que les negáramos la consideración y protección que deseamos para nosotros. Este principio moral es uno de los que han fundamentado todos los movimientos sociales de justicia e igualdad, desde el abolicionismo hasta el feminismo, pasando por el movimiento de derechos civiles.

El principio de igualdad es lógicamente necesario. No se puede razonar moralmente sin apelar a él, ya que es una deducción directa de la ley de identidad. La ética básica es una expresión de este principio. Si otros individuos tienen el deseo de vivir, igual que lo tengo yo, entonces ninguna razón puede justificar que no trate ese interés de la misma manera que deseo que se trate el mío. Es decir, respetándolo.

LA OBLIGACIÓN Y LA RESPONSABILIDAD MORAL

«El desarrollo del razonamiento moral es paralelo al desarrollo del razonamiento lógico. La lógica es una moral del pensamiento, como la moral es una lógica de la acción.» ~ Jean Piaget

La obligación moral es de tipo lógico. Tenemos la obligación de cumplir las normas morales por la misma razón que tenemos la obligación de cumplir las leyes de la lógica o las reglas de la matemática. Es una necesidad racional. Claro que tenemos la opción de no acatarlas pero entonces estaremos siendo irracionales o inmorales. Aparte de las consecuencias perjudiciales que se pueden derivar, tenemos la obligación de cumplir las leyes de la lógica, y las normas morales basadas en la lógica, porque no existe otro modo de ser racional. Es necesario por propia definición. Igual que es necesario y obligado reconocer que un triángulo tiene tres lados, aunque podamos libremente decir que no los tiene y actuar como si efectivamente no los tuviera.

La obligación moral significa la necesidad de cumplir ciertas normas para adecuar nuestra conducta a la ética. Es lógicamente necesario reconocer que "A=A". No se puede negar. Es una necesidad lógica. Pero en el ámbito práctico yo puedo decir o escribir que "A≠A", a pesar de que esto es lógicamente falso. Del mismo modo, una norma moral está justificada por la lógica, y la obligación de cumplirla es de tipo racional. Aunque en la práctica puedas actuar incumpliendo dicha norma.

Si yo tengo un interés en vivir [A] y otro individuo tiene también ese mismo interés [A] entonces en virtud de la ley lógica de identidad resulta que el interés es el mismo aunque aparezca en diferentes individuos (del mismo modo que la fórmula E=mC2 puede aparecer en diferentes lugares aunque el concepto sea el mismo) y por tanto no hay razón que justifique no respetar ese mismo interés en otros individuos que en mí mismo. Precisamente porque es el mismo interés. ¿Si es el mismo entonces cómo va a ser considerado de manera diferente sólo porque aparezca en diferentes individuos cuando lo relevante es precisamente el interés en vivir? En esto consiste el principio moral de igualdad o igual consideración. La igualdad moral se basa en la ley lógica de identidad: lo que es igual debe ser considerado y tratado, lógicamente, de igual manera.

Por tanto, cualquiera capaz de razonar puede entender la irrefutable consistencia lógica del principio de igualdad y reconocerlo como tal. De acuerdo a la evidencia, no podemos negar su existencia como tampoco podemos negar que un triángulo tiene necesariamente tres lados. No podemos dibujar un triángulo de tres lados como tampoco puedes actuar éticamente sin el principio de igualdad. Podemos actuar de manera inmoral pero no podemos actuar de manera ética sin respetar el principio de igual consideración. Si acordamos que el deseo de vivir es moralmente relevante entonces no puedes justificar racionalmente por qué el interés de vivir de alguien debe ser tratado de manera diferente, y no igual, que el mismo interés de otro individuo. La necesidad lógica lo impide.

No confundamos el ámbito abstracto con el ámbito empírico. Decir que no existe la obligación moral sólo porque puedes no acatarla en tu conducta, es igual a decir que las reglas de la matemática no existen porque yo puedo decir, escribir, o creer, que 2+2=5

Siguiendo el mismo tipo de razonamiento podemos entender que solamente son responsables de su conducta aquellos seres que puedan razonar moralmente y ser conscientes de sus actos. Ahora bien, el razonamiento se basa en la lógica, y la mayoría de los animales son capaces de razonar, pero no de razonar moralmente. Y además ¿acaso no todos los seres cumplen la ley de identidad [A=A]? Si la responsabilidad moral se basa en el razonamiento —que a su vez se basa necesariamente en la lógica— alguien podría decir que todos los seres existentes son moralmente responsables porque todos cumplen la ley lógica de identidad. Pero esto es absurdo, porque solamente aquellos capaces de comprender conscientemente la lógica y actuar en consecuencia pueden ser responsables.

Tendemos a confundir el ámbito empírico con el abstracto. Ciertamente no podemos dibujar un triángulo que no tenga tres lados, por definición. Pero sí que podríamos matar a una vaca  y violar su derecho a la vida, ¿quiere eso decir que ella no tendría derecho derecho a la vida? No, es erróneo pensar así. Destruir a un ser sintiente es equivalente a destruir un triángulo, un objeto empírico que tenga dicha forma. Cuando no respetamos un derecho moral no lo destruyes, sino que simplemente lo incumples. Pongamos como analogía la siguiente ecuación: si X=1 entonces 2+X= 3. Esta ecuación puedes incumplirla en la práctica, igual que podemos incumplir una norma moral, pero eso no afecta a su necesaria validez teórica.

Por lo cual, resulta una falacia decir que la posibilidad de incumplir una norma significa que dicha norma sea inexistente o incorrecta. Tenemos la posibilidad de actuar de forma inmoral, pero no tenemos posibilidad alguna de actuar moralmente a no ser que respetemos las normas básicas de la ética, entre las que se incluyen los derechos de los individuos.

EVITAR LA CONFUSIÓN CON OTRAS TEORÍAS

«Los axiomas éticos son fundados y puestos a prueba de manera no muy  diferente a los axiomas de la ciencia. La verdad es lo que resiste la prueba de la experiencia.»  ~ Albert Einstein 

Quizás sea necesario aclarar que la explicación que estoy exponiendo no tiene nada que ver con el iusnaturalismo. Entre otras cosas, el iusnaturalismo apela al orden natural para justificar sus argumentos. Es decir, la falacia naturalista. En cambio, esta exposición argumenta en base a la lógica; no a la naturaleza. Por eso, tampoco tiene nada que ver con la fundamentación en que se basa el liberalismo, anarquismo, utilitarismo, o cualquier otro tipo de filosofía. Todas ellas usan la lógica de forma instrumental, pero no se fundamentan en la lógica.

Señalemos también que a menudo confundimos derechos morales con derechos contractuales. No solamente los confundimos sino que damos validez a los derechos contractuales sin argumentar el por qué de la obligación de cumplirlos. Apelar a la fuerza o a la violencia no es un argumento lógicamente válido. Al decir que los derechos contractuales son válidos porque de no cumplirlos nos recaerá un castigo es incurrir en la falacia ad baculum.

CONCLUSIÓN

«La razón ha establecido verdades destinadas a servir de regla moral a nuestras acciones.» ~ Nicolas de Condorcet

No solamente la ética puede, y debe, fundamentarse en la lógica, sino que no existe otra forma racional de hacerlo. Todo principio, norma o razonamiento moral es de tipo lógico tanto en su contenido como en su forma. Decir que la moral debe fundamentarse en principios extra-lógicos es proponer que nuestra moral se base en prejuicios, caprichos subjetivos, o en la violencia, y no en la razón.

De hecho, toda visión moral no fundamentada en la lógica se basa en: [1] prejuicios que no podemos razonar ni demostrar, o en [2] apelar a la violencia, en considerar que el poder da la razón, cuando en realidad no es así. La idea de que tener el poder de coaccionar a otros es lo que justifica nuestra conducta ha sido la base de doctrinas opresivas como el fascismo y es también el prejuicio que fundamenta el antropocentrismo y nuestra explotación especista sobre los demás animales.

Este texto pretende ser meramente una nota introductoria a los puntos básicos de esta importante cuestión, a partir de los cuales poder desarrollar una argumentación más detallada y completa. Esto es, si no partimos de los principios fundamentales de la lógica básica entonces no podemos decir que estemos razonando moralmente, ni siquiera razonando. Lo único que estaremos haciendo es tratando de distorsionar el asunto moral seleccionado interesadamente aquellos hechos o argumentos que nos sirvan para justificar nuestros prejuicios.

25 de abril de 2013

Sobre lógica e identidad

«La sanción ética es un mandamiento semejante a la regla lógica.» ~ Franz Brentano [El origen del conocimiento moral]

En un anterior ensayo llamado «El principio de identidad» expuse la idea [anticipada en la nota titulada «Lógica»] de que la lógica —los principios básicos de la lógica— nos proporcionaba el fundamento material de la ética. Así como que en general la ética no es más que la corrección de nuestra conducta según la lógica. Tanto en los comentarios y mensajes que recibí posteriormente a ambos artículos, así como en debates y conversaciones privadas, pude apreciar que los argumentos que presentaba no eran fácilmente comprendidos. Por lo que, antes de seguir desarrollando un razonamiento a partir de los axiomas presentados, voy a seguir incidiendo en las ideas básicas de la teoría que defiendo. 

Hace 2500 años que Parménides expuso teóricamente la base primordial de la lógica [logos] y lo hizo como contenido. Es decir, los principios básicos de la lógica nos revelaban por sí mismos la naturaleza de la propia existencia. Su explicación se limitaba al ámbito ontológico, es decir, a la existencia misma como tal —el ser— y demostraba de manera irrefutable que la existencia es increada, inmutable y eterna. Nadie ha podido refutarle desde entonces ,y mientras la lógica no cambie, y no puede cambiar, sus argumentos son irrefutables.

Ciertamente, la lógica se puede aplicar al ámbito del conocimiento mismo —la epistemología— y precisamente ahí radica el éxito de la ciencia. La ciencia es una forma determinada de conocimiento que se basa rigurosamente en la lógica y en los hechos, en oposición a la explicación mitológica: argumentos basados en la imaginación, la fantasía, los deseos personales. La ciencia ha tenido éxito a la hora de conocer y predecir los acontecimientos naturales por la simple razón de que ha fundamentado en los principios de la lógica y los hechos empíricos. Aparte, claro, de las matemáticas. Pero las matemáticas no son más que un lenguaje para representar cuantitavemente el mundo. Las matemáticas sí son una pura herramienta.

Lo que propongo, en definitiva, dentro ya del contexto moral, es que también la lógica, como contenido, se puede aplicar a la ética. La ética consiste esencialmente en respetar la lógica en sí misma mediante nuestra conducta. Principios éticos como la coherencia, la responsabilidad, el respeto por la persona, la igualdad, y otros conceptos morales, están puramente basados en la lógica. No puede ser de otro modo. Es necesario según la lógica. Si la lógica es inherente a la existencia y al pensamiento, carece de sentido lógico que propongamos que la moral no debe estar enteramente supeditada a la lógica, a los principios y categorías lógicas, y su aplicación en nuestra conducta. 

He comprobado que este punto resulta muy difícil de entender para la mayoría de la gente. Estamos todos acostumbrados a utilizar la lógica como un mero instrumento, que nos cuesta verla como un ámbito de conocimiento que tiene su propio valor. Del mismo modo que mucha gente no puede asimilar que los demás animales no son herramientas, sino que ellos tienen su propia personalidad, tienen voluntad e intereses. Tienen un valor intrínseco, por encima de cualquier valor instrumental que les podamos otorgar. Simplemente hay personas que no lo entienden o no lo pueden asumir. Lo mismo ocurre con la lógica. No es más que otro caso en el que varios milenios de inercia nos impiden literalmente cuestionar o derribar nuestros prejuicios adquiridos.

Cuando William K. Clifford alegaba que nuestras creencias para ser moralmente aceptables debían estar siempre basadas en la evidencia comprobable, y lo postulaba como un deber ético, no estaba haciendo otra cosa que aplicar la lógica en sí misma. Cuando William James le replicaba que las creencias que resultan útiles o satisfactorias también deben ser consideradas como válidas, no estaba haciendo otra cosa que rechazar la lógica en favor del predominio de las emociones o del beneficio particular de cada uno.

Si este razonamiento que aquí planteo es correcto, entonces resulta evidente que todas las demás supuestas teorías éticas se basan en arbitrariedades. Por muy consistentes que pudieran ser en su coherencia interna; si no se basan sus fundamentos en la lógica, deben ser racionalmente rechazadas. Puede haber algunas teorías como la kantiana que se basa en el respeto por la persona. Pero su concepto de persona es erróneo. Hay teorías como el utilitarismo que recogen algún aspecto de la sintiencia —como es el dolor y el placer— pero aplican un reduccionismo hedonista que no se justifica en base a las evidencias que tenemos sobre la sintiencia. Todas ellas en general están repletas de errores y dogmas, porque todas son meros reflejos de prejuicios o intereses creados. 

Quizás el punto más controvertido en esta explicación es la noción de identidad. Especialmente he aquí la mayor dificultad, según parece, por lo tanto expondré concisamente qué es la identidad y por qué respetar el principio lógico de identidad implica y equivale a respetar a la persona, es decir, al ser que en sí posee —o, mejor dicho, el ser que es— identidad. La lógica convierte en necesario que respetemos a todos los seres que se identifican a sí mismos. Sobre este punto es importante aclarar dos cosas:

* Los seres con identidad no son todos los seres —todos los entes o existentes. Éste es el primer error en el que más fácilmente se puede incurrir. Los entes de la existencia, todos los seres que existen, en tanto que existentes se limitan a existir. Las cosas son. La existencia no es identidad. Pero, preguntaréis, ¿acaso cada cosa no es ella misma y no otra cosa? Por supuesto. Pero ese hecho es la existencia, no la identidad. La identidad solamente ocurre cuando nosotros además de existir tomamos conciencia de que existimos, a través primeramente de las sensaciones. Y tomamos conciencia de que otros seres también existen - aplicando el principio de identidad que  hay en nuestro pensamiento. Esta reflexividad —no limitarnos a existir, sino a saber que existimos— es lo que llamamos identidad [A=A] en su nivel más básico. Es la conciencia primaria que explican los neurocientíficos.

* La identidad personal, o identidad psicológica, es la encarnación biológica del principio de identidad. Y aparece con la conciencia. Y la conciencia a su vez aparece con la capacidad de sentir. Cuando alguien siente, tiene que sentir que es él quien siente, y no otro. Una sensación impersonal o en el vacío es un absoluto imposible. El yo o la subjetividad aparece con la sensación. Y ahí radica la conciencia primaria de todo organismo sintiente. Este hecho se puede representar de manera lógica-formal mediante la expresión "A=A". Por lo tanto, si la identidad se refleja en dos aspectos: lógico [logos] y biológico, ambos deben ser considerados de manera equivalente. Haciendo uso del propio principio de identidad. Esto es, si un razonamiento formal es correcto al respetar el principio lógico de identidad, un razonamiento moral será correcto en tanto que respete el principio psicológico de identidad, es decir, a los seres sintientes.

Hay un detalle que me parece que está favoreciendo cierta confusión sobre estos puntos y que reside en el hecho del sentido que tiene el término "lógica". Porque cuando hablo de lógica me refiero tanto a aquello que tradicionalmente se ha denominado logos - la estructura esencial del universo - como a la disciplina formal del razonamiento (basada en los principios de identidad, no-contradicción, tercio excluso, razón suficiente). Cuando hablo del principio de identidad me refiero al logos pero también al principio de identidad en la lógica formal. La noción de identidad forma parte del pensamiento como estructura básica, pero también se refiere a la conciencia, de nosotros mismos y de lo que nos ocurre, que tenemos cada uno de los seres que podemos sentir. 

El "logos", por supuesto, no se refiere a nada transcendental o metafísico. Es la estructura esencial de la existencia. El universo tiene un entramado formal y eso es a lo que llamamos logos. De hecho, el reconocimiento del logos marca la diferencia con el pensamiento mítico o mágico, al reconocer que el universo no se rige por el azar o el capricho sino por leyes y constantes presentes en todos los fenómenos. Su presencia no es más ni menos enigmática que la propia presencia del universo, ni tiene nada de particularmente misterioso. 

No estoy seguro de si algo de esto ayuda a aclarar la noción de identidad, o se limita a ser una repetición de lo ya dicho en otras notas. En todo caso, terminaré desarrollando de nuevo, en sus términos básicos, el pensamiento central de lo que sería una fundamentación lógica de la moral:

Si todos aceptamos que la lógica determina la corrección de nuestro pensamiento y todo razonamiento es correcto precisamente porque se ajusta a la lógica, tendremos que concluir, ateniéndonos a la lógica, que el razonamiento moral está sujeto al mismo criterio. Por lo tanto la moral debe basarse en el principio de identidad. La ética es básicamente el respeto por la identidad. Ya sea identidad formal o identidad psicológica. El respeto a los seres sintientes: los seres que son conscientes de sí mismos. Por supuesto, la ética tiene también otros aspectos basados en el resto de categorías lógicas: la igualdad, la coherencia, la responsabilidad,.. Que también son igual de importantes. 

La ética es el ámbito de conocimiento que nos muestra lo que debemos hacer. Creo que en este punto casi todo el mundo razonable estaría de acuerdo. La moral es un código de normas que establecen lo que sí está bien hacer o lo que no está bien hacer. No hay ninguna teoría que intente hacerse pasar por ética que no acepte este planteamiento básico.

Según el filósofo James Rachels, la definición mínima de ética sería la siguiente:

«‎La concepción mínima [de la moral] puede enunciarse ahora muy brevemente: la moral es, como mínimo, el esfuerzo de guiar nuestra conducta por razones —esto es, hacer aquello para lo que hay las mejores razones— al tiempo que damos igual peso a los intereses de cada persona que será afectada por loque hagamos.»

La única diferencia entre ciencia y ética es el ámbito de aplicación y la finalidad. El fundamento y el método es exactamente el mismo: la razón. La ciencia pretende conocer el mundo natural con el fin de beneficiarnos, ya sea mediante la prevención o el control. Por otra parte, la ética pretende establecer nuestra guía de conducta en base a la razón. La razón es una postura ante la existencia fundamentada en la lógica y los hechos empíricos comprobables.

Desde una perspectiva racional, la moral parte de unos postulados básicos que son aceptados como un principio absoluto por los individuos racionales —y lo suficientemente inteligentes. Y de esos postulados se puede deducir el resto de proposiciones morales. De esta manera, la moral se parece más a la ciencia —la cual sigue el mismo procedimiento para construir sus modelos de explicación— y no a los gustos o tradiciones, que se basan únicamente en preferencias individuales, que pueden ser meramente arbitrarias o circunstanciales.

El hecho de que no se haya deducido toda la moral no es un argumento en contra de esta postura, como tampoco lo es contra la ciencia el que no haya explicado toda la realidad. Y el hecho de que haya individuos que no acepten los preceptos morales no es distinto del hecho de que haya individuos que no aceptan las conclusiones de la ciencia.

La manera de conciliar el supuesto conflicto entre “ser” y “deber ser” es aceptar la existencia de normas morales definidas por determinados axiomas —o deducidos a partir de ellos. Estos axiomas son las leyes básicas de la lógica, más específicamente la ley de identidad [A=A]. Es el principio de identidad lo que determina todo. Es lo que determina en qué consiste la ética, qué seres son moralmente relevantes y por qué, y qué tipo de consideración y protección moral deben tener.

Si la identidad consiste básicamente en la conciencia de nosotros mismos, diferenciándonos así del resto de elementos y seres de la existencia, entonces el fenómenos de la conciencia es formulable de acuerdo con el principio de identidad [A=A]. La identidad en sí misma no reside en nuestras características particulares, —ya que lo mismo da decir "A=A" que "E=E"—, sino que la identidad es precisamente en ese acto en el que un ser se hace referencia a sí mismo, como individuo, en diferenciación al medio que lo rodea. Esto es lo peculiar de la sensación y lo que origina el fenómeno de la subjetividad. Ser consciente es ser alguien consciente de algo. Un estado de consciencia sin sujeto, sin alguien que sea consciente, es un absurdo.

Además, el hecho de ser sintiente —de ser alguien— implica en sí mismo el deseo innato de conservar y proteger la propia existencia contra lo que la amenaza o perjudica y a favor de lo que la mantiene y favorece. La sintiencia ha surgido como un mecanismo evolutivo para lograr que el organismo animal se mantenga con vida.

En conclusión, ésta es, en síntesis, la conexión entre el principio de identidad y la sintiencia. La conexión entre el principio de identidad y el interés básico en conservar la existencia: el deseo de vivir. Es por esto que siendo la lógica el fundamento de la ética racional, la ley de identidad nos muestra que:

[1] Son los seres sintientes quienes merecen ser incluidos dentro de la consideración moral;

[2) Que la consideración moral consiste en respetar y proteger —de nuestra injerencia como agentes morales— el interés fundamental de cada individuo en conservar, y desarrollar, su propia existencia.

5 de febrero de 2013

El principio de identidad


El filósofo Franz Brentano categorizó el universo en dos tipos de entes: los que poseen intencionalidad y los que no. Los primeros tienen iniciativa, poseen fines y deseos; los segundos sólo obedecen a las leyes físicas. Los primeros son sujetos [son seres conscientes; son alguien] y los segundos son objetos, cosas.

Aunque la reciente Declaración de Cambridge confirma específicamente la existencia de conciencia [en particular la existencia de conciencia sensitiva] en los mamíferos y las aves, no niega que la conciencia también se produzca en los demás animales, y las evidencias actuales cada vez apuntan de manera más clara a corroborar la tesis —avalada por Gary Francione y por Joan Dunayer— de que todos los seres que tienen un sistema nervioso activo —ya fueran moluscos, peces, reptiles o insectos— pueden experimentar sensaciones y poseen, al menos, una conciencia básica de sí mismos y de lo que les ocurre. Denominamos conciencia a la capacidad de generar experiencias subjetivas: sensaciones, emociones, sentimientos, deseos, pensamientos.

Puede ser importante advertir que la presencia del utilitarismo ha distorsionado el conocimiento correcto dentro del ámbito animalista —y en general sobre toda la sociedad— acerca del fenómeno de la sintiencia, acerca de lo que realmente significa sentir, y sus implicaciones morales. Al utilitarismo sólo le importa el dolor y a veces el placer. Al utilitarismo le resulta irrelevante la individualidad y la voluntad propia de cada sujeto sintiente. Por esto comprobaremos que sentir se confunde a menudo con el de solo hecho sentir dolor o sentir placer —también veremos que se dice 'sufrir y disfrutar'. Este punto, además de no corresponder con la realidad de los hechos, abre una brecha moral insalvable entre el utilitarismo y la ética de derechos individuales.

Es un error considerar la sintiencia como solamente la capacidad para experimentar sensaciones [dolor, placer,...] olvidando o ignorando que la sintiencia se define por la aparición de la subjetividad (toda sensación hace referencia necesariamente a un sujeto). La subjetividad es el fundamento de la individualidad. Todo ser sintiente tiene conciencia de sí mismo como un ser único y diferenciado del resto de seres —individuos o cosas— que lo rodean. Este rasgo, de acuerdo con las evidencias que  se pueden encontrar en el trabajo de los científicos Donald Griffin y Rodolfo Llinás es común a todos los organismos que poseen un sistema nervioso.

Esta individualidad se define por la afirmación de la autonomía e independencia del individuo. Es decir, el individuo tiene su propia voluntad y sus propios intereses. Aunque esos intereses a nivel básico pueden ser comunes al resto de seres sintientes. Todo ser sintiente por el hecho de ser un individuo desea su propia conservación y desarrollo. La sintiencia es una facultad surgida evolutivamente en los animales para lograr la supervivencia. Los animales sintientes deseamos, entre otras cosas, perseverar en nuestra existencia y satisfacer nuestras necesidades. Así lo describe el catedrático Nolasc Acarín:

«Al igual que el resto de animales tenemos dos objetivos básicos en la vida, de forma que los impulsos que nos gobiernan tienden a conseguirlos. Son la perpetuación y la satisfacción del ansia de placer. Son los dos grandes estímulos que nos hacen vivir. (...) podría ser equivalente a lo que algunas escuelas psicológicas caracterizan como instinto de vida.»

Placer y dolor sólo son medios, instrumentos, para conseguir nuestros fines. Cuando nos encontramos abocados a una situación de grave peligro y amenaza para nuestra vida, emplearemos todo nuestro empeño y energía en resolver o salir de dicha situación, por mucho sufrimiento y dolor que nos conlleve. Deseamos vivir, conservar nuestra existencia individual, y deseamos protegernos tanto del daño como de las intromisiones que pretenden someternos. Queremos que nuestra voluntad —el otro rasgo fundamental de la sintiencia— no se vea anulada o sometida a la voluntad de otros.

Esta característica básica de la sintiencia que es la subjetividad, la consciencia de uno mismo, y lo que conlleva —el deseo de autonomía y de supervivencia— no es menos importante que la capacidad de experimentar sensaciones [dolor, placer, imágenes, sonidos] y además, ambos fenómenos están intrínsecamente relacionados.

Por supuesto, el verdadero problema moral de esta cuestión consiste en que reconocer la sintiencia en los demás animales no deriva automáticamente en respetar a los demás animales. De hecho, este dato en realidad no se trata de ninguna novedad. Desde hace miles de años podemos encontrar testimonios acerca de como los humanos reconocían y asumían que otros animales también sentían —o que también razonaban. La ciencia actual no ha hecho más que confirmar con evidencias algo que en realidad ya se intuía desde hace milenios. En palabras del neurofisiólogo Antonio Damasio:

«La conciencia no es algo únicamente humano, sino un proceso gradual que se ha desarrollado a lo largo de la evolución en muchas especies.»

Y sin embargo reconocer que otros animales sienten no ha sido óbice para que los humanos les exploten. Porque para convertir este dato en un hecho moral necesitamos aplicar correctamente la lógica. Empezando por una aplicación inconsciente o emocional como es la empatía —lo que yo siento también lo sienten otros: A=A] hasta llegar al principio ético de igualdad [la igual consideración]  y el respeto por la persona.

En su prestigioso diccionario de filosofía, el académico José Ferrater Mora explica como el principio de identidad se refiere tanto a la existencia en sí misma [el ser] como a la lógica y también la psicología. Tienes al menos tres aspectos de aplicación. Precisamente lo que yo defiendo aquí es que el principio lógico de identidad no sólo está necesariamente unido con el principio ontológico de identidad sino que también correspondería con el principio psicológico de identidad, es decir, la conciencia entendida como conciencia sensitiva. "La identidad de la persona es formalmente identidad de conciencia" afirma el filósofo David Sánchez Meca

En resumen, y sin menoscabo de nada de lo expuesto anteriormente, la tesis que presento aquí, y que pretende sustentar una fundamentación objetiva de la ética y solucionar el problema filosófico del "ser y el deber ser", se podría resumir sustancialmente en tres pasos:

* Cada ser sintiente, por el hecho de ser sintiente, posee necesariamente, al menos, una conciencia básica, una conciencia sensitiva. Esta conciencia significa que se reconoce a sí mismo, que experimenta sensaciones, y que tiene una serie de intereses básicos como el interés en auto-conservarse, en evitar aquello que atente contra su integridad física. Es decir, todo ser sintiente posee identidad [A=A]. Se reconoce a sí mismo diferenciado del resto de seres que le rodean. Cuando siente, experimenta una sensación, es él mismo, y no otro, quien siente. Las sensaciones no se producen en un vacío impersonal, sino que requieren por definición la aparición de un sujeto, una identidad, a la que se refieren.

* El principio lógico de identidad expresa que cada ente es él mismo [A=A] y no otro distinto. Esto se corresponde en el ámbito empírico con lo que entendemos por sintiencia o conciencia sensitiva. No se corresponde meramente con la existencia ni con la vida como proceso biológico. Ya que ni la existencia ni la vida implican de por sí el tener conciencia de sí mismas. La existencia es el fenómeno primordial [el ser] y la vida no es en esencia más que un mecanismo natural —como la digestión. Tanto la existencia en sí misma y como vida se expresan simplemente como 'A'. Solamente aquella existencia que se reconoce a sí misma como existente, se puede expresar como A=A, es decir, como identidad.

*Por lo tanto, si el respeto por la lógica, inherente a nuestra naturaleza y razonamiento, significa inevitablemente respetar el principio lógico de identidad, de ello se deriva también el respeto por el principio psicológico de identidad (que serían lo mismo en ámbitos diferentes), esto es, la sintiencia o conciencia sensitiva. Nuestra obligación racional de respetar la lógica implica el respeto moral por la persona. Esto fundamenta objetivamente la ética y desecha cualquier otro tipo de fundamentación distinta, que por necesidad sería arbitraria.

En realidad, no hay nada especialmente novedoso en esta argumentación, excepto, quizás, el hecho de conectar el principio lógico de identidad con el principio psicológico de identidad —la mente o conciencia de cada individuo. Otras propuestas filosóficas han apelado al principio de identidad y al respeto por la persona, pero no tengo constancia de que ninguna haya conectado ambos principios en el sentido mencionado.

No obstante, esta conexión me parece singularmente importante pues fundamenta de manera racional e inapelable la objetividad de la ética, al mismo tiempo que excluye, por un lado, la irracional pretensión de que toda fundamentación es siempre necesariamente arbitraria, y, por otro lado, refuta prejuicios morales como el especismo o el utilitarismo antes señalado. Ya no se trata de que el respeto por la persona —al que muchos llegamos en principio a través de la empatía y de la intuición— sea una propuesta más entre otras, sino que es la única postura racional que podemos mantener en la ética. 

Algunos esfuerzos modernos a favor de la objetividad en la ética, como es el reciente caso de Derek Parfitt, no han satisfecho realmente a nadie, puesto que Parfitt no soluciona el problema esencial de cómo encontrar un fundamento universal a las cuestiones morales, y simplemente se dedica a razonar sobre la coherencia interna, o la posibilidad práctica, de cada teoría moral.

Por supuesto, aunque bien soluciona algunos problemas esenciales, este planteamiento que he expuesto no está exento de complejidades en su aplicación, las cuales tengo intención de solucionar en sucesivas notas. En todo caso, lo importante es que nadie que razone, que acepte la lógica y la racionalidad, puede proponer otra postura sin que ella resulte evidentemente arbitraria y sin fundamento objetivo. Si aspiramos a que sea la razón, y no la violencia, quien gobierne nuestras vidas, de acuerdo a la lógica, sólo puede ser satisfactorio este principio de argumentación.

Solamente si por capricho o por beneficio pretendemos que la ética siga siendo una especie de bufé en donde cualquier teoría cabe, y cada uno se sirve a su gusto, nos resultará hostil la idea de que no podremos por más tiempo tolerar el hecho de que existan varias teorías morales distintas y contrapuestas. Este relativismo no puede ser racionalmente aceptable, así como no lo es en la ciencia.

Ya es hora de que la ética, y la filosofía en general, partan de la evidencia y se basen sólo en la evidencia, y en la lógica; no más en prejuicios, gustos o fantasías que nos han conducido al desastre moral; a causar víctimas inocentes que podrían haberse evitado. Claro que si no queremos aceptar que el respeto por la lógica y, por tanto el respeto por la persona, es el centro de la ética entonces obviamente no veremos aquello como un problema.

27 de marzo de 2012

Lógica


«Hay que asentar la vida en lo más seguro y demostrable. Y no, como hasta ahora, en lo más indeterminable.» ~ Friedrich Nietzsche

Las leyes de la lógica son el fundamento y la estructura de nuestra existencia, de toda nuestra percepción y conocimiento. Necesitamos reconocerlas para poder razonar correctamente, pues sólo razonando correctamente podemos conocer la realidad y vivir en ella racionalmente.

El fundamento de lo que conocemos por ciencia es la lógica y la observación empírica. Pero ni la lógica ni la observación empírica pertenecen al estudio de la ciencia, sino que son los necesarios presupuestos sobre los que se construye la ciencia. Y si la ciencia nos aporta conocimiento fiable sobre la verdad debe ser porque tanto la lógica como la observación empírica nos muestran previamente la verdad.

La ética racional tiene como fundamento los hechos empíricos y la lógica. Las posturas irracionales no tienen como base los hechos empíricos ni la lógica, sino que en lugar de los hechos anteponen sus deseos, emociones y prejuicios. Esas posturas no respetan  la lógica como criterio sino que la utilizan fraudulentamente para intentar justificar, racionalizar, sus ideas previas.

Toda la lógica está basada y deriva partiendo del principio de identidad. Dentro del contexto de la ética, cumplir el principio de identidad implica que si todos tenemos iguales intereses entonces lo justo sería que todos esos intereses deben ser considerados de manera igual.

Por otra parte, al contrario de lo que se suele creer habitualmente, la lógica no es un instrumento formal. Otra cosa es que sí se pueda utilizar como tal. Es importante no confundir el uso que se le pueda dar a X con la naturaleza propia de X. Los seres sintientes también pueden ser utilizados como herramientas, y eso no significa que lo sean, pues no lo son. Aunque muchas doctrinas digan que es lícito utilizar a otros seres sintientes como simples herramientas en este ensayo argumentaré que no esa presunción es lógicamente errónea.

Con respecto de la lógica ocurre algo muy similar a lo que consiste nuestra visión predominante sobre los animales no humanos. Estamos tan acostumbrados a verlos como herramientas para nuestros fines que no nos percatamos —y nos cuesta aceptar el hecho— de que ellos no son herramientas. Los demás animales son seres conscientes — son individuos que poseen identidad y personalidad propia. De similar modo, la lógica no es una herramienta. La lógica es un contenido de conocimiento que nos muestra la naturaleza esencial de la realidad.

La lógica tiene un contenido. La lógica básica consiste en una serie de principios que prescriben las bases en las que parte nuestro razonamiento. El fundamento de la ética racional es la lógica. No sólo su fundamento formal, sino también su contenido. Por ejemplo, el principio de identidad nos señala que todo ser ser sintiente desea persistir en su propio ser, esto es, que tiene un interés en conservar su propia existencia. Y en efecto, la biología y la etología confirman este punto. Así, uno de los principios morales tiene que ser, necesariamente, el respeto por el interés básico de todo individuo en conservar su vida.

No hay pues otra manera de respetar a alguien que respetando como lo que es, es decir, alguien —un ser que posee conciencia un sujeto. Esto implica que no se le debe tratar nunca como si fuera un objeto, nunca se le debe utilizar como un simple medio para fines de otra persona. 

Cualquier teoría que diga que alguien puede o debe ser utilizado y sacrificado para beneficio de otros —o por conseguir algún ideal— es una teoría que no respeta el valor inherente de los individuos. Esa teoría viola la lógica, puesto que afirma que debemos considerar a los sujetos como si fueran objetos. Esto es anti-racional y por tanto inmoral. Esto es justo lo contrario de lo que defiende el veganismo.

El veganismo está fundamentado en el principio lógico de identidad, tanto en su aplicación formal —como principio de igual consideración— como en su aplicación material: en su reconocimiento de la personalidad —la condición de persona— de todos los seres sintientes.

Escribía Paul Valéry:
«Entre los hombres no hay más que dos relaciones: la lógica o la guerra.»
Elijamos pues la lógica. Elijamos el veganismo.