A menudo se acusa a los veganos de que su consumo de soja destruye el medio ambiente, porque para cultivar esa soja se está causando la deforestación de bosques y selvas, y esta destrucción también perjudica a los animales que viven libres en la naturaleza. Lo cual supuestamente contradice el veganismo. Sin embargo, en esta nota me gustaría exponer una serie de argumentos y datos que demuestran que toda aquella acusación es profundamente errada a varios niveles
Primero; no es necesario consumir soja para aplicar el principio del veganismo a la alimentación. La soja es un alimento nutritivo y, por tanto, recomendable dietéticamente, pero su consumo no es estrictamente necesario desde un punto de vista nutricional. Se puede llevar una dieta vegana equilibrada y saludable sin consumir soja.
Segundo; el veganismo es el rechazo moral a la explotación animal, esto es, a la utilización de los animales como medios para fines humanos. Ahora bien, la soja no es un animal ni producirla implica explotar a ningún animal. Por tanto, si nos atenemos a la definición original de veganismo, el consumo de soja no puede contradecir el principio del veganismo, puesto que no implica explotación animal, aunque su producción dañara a otros animales de forma directa o indirecta. Por supuesto, la ética no termina en el veganismo y me parece que la mayoría de veganos deseamos evitar perjuicio a los animales también más allá de la explotación propiamente dicha, pero resulta evidente que esa objeción sobre el consumo de soja parte de una equivocación respecto del sentido del veganismo.
Segundo; el veganismo es el rechazo moral a la explotación animal, esto es, a la utilización de los animales como medios para fines humanos. Ahora bien, la soja no es un animal ni producirla implica explotar a ningún animal. Por tanto, si nos atenemos a la definición original de veganismo, el consumo de soja no puede contradecir el principio del veganismo, puesto que no implica explotación animal, aunque su producción dañara a otros animales de forma directa o indirecta. Por supuesto, la ética no termina en el veganismo y me parece que la mayoría de veganos deseamos evitar perjuicio a los animales también más allá de la explotación propiamente dicha, pero resulta evidente que esa objeción sobre el consumo de soja parte de una equivocación respecto del sentido del veganismo.
Tercero; la deforestación no está causada por la demanda de soja para el consumo directo de los humanos sino por la demanda de soja para la ganadería, es decir, para la explotación animal. La verdadera causante del ese problema es la explotación ganadera, que es la que está provocando esos efectos dañinos en el medio ambiente y que perjudican a los animales que viven en él. Es la ganadería la que está causando la deforestación y no la agricultura para consumo humano directo.
El hecho de que en realidad sea la ganadería la que está destruyendo sistemáticamente el medio natural por su demanda de soja —ampliando los terrenos que necesita para poder alimentar a miles de millones de animales esclavizados para servir de alimento— es lo que nos aclara que no es el consumo de soja para humanos lo que ha provocado aquella deforestación. Es el consumo de animales lo que indirectamente provoca la mayor parte de la demanda de soja. Así que resulta que los veganos no son los responsables; los responsables de la destrucción del medio ambiente son quienes consumen animales; así como también son responsables de la explotación y muerte de los animales cuyas vidas consumen.
Cuarto; a tenor de los hechos, si consumimos soja, u otros vegetales, en lugar de consumir animales entonces no sólo dejaríamos de causar todas las víctimas de la explotación animal sino también todas las víctimas que indirectamente causa dicha explotación, incluyendo las víctimas de la deforestación provocada por la ganadería en su demanda de cultivos para alimentar a los millones de animales que esclaviza.
Los estudios realizados sobre el impacto ambiental de las distintas opciones alimentarias actuales muestran que la dieta vegana sería la que causa el menor daño medioambiental, ya sea tanto en forma directa como indirecta.
Las evidencias son medianamente claras al respecto. Dejando de consumir productos de origen animal evitamos que miles de millones de animales sean esclavizados y asesinados para servir de alimento, vestimenta y otros fines de consumo en la explotación animal. No sólo evitaremos ese daño sino que también podríamos evitar que miles de millones de animales libres sean circunstancialmente dañados por la agricultura, pues aplicando el veganismo necesitaríamos gastar menos recursos naturales en general para poder conseguir una mayor productividad de alimentos. Los estudios indican que una dieta vegetal es medioambientalmente mucho más sostenible que la actual dieta tradicional basada en el consumo de animales.
En conclusión, pienso que quien afirme que le importan los animales pero decida rechazar el veganismo está contradiciéndose a sí mismo. No se puede tomar en serio esa declaración por parte de quien pone el simple capricho de su paladar por encima de las vidas de las animales.
Si en verdad nos importa evitar infilgir daño a los animales deberíamos comenzar por asumir el veganismo como un principio moral en nuestra vida.
En conclusión, pienso que quien afirme que le importan los animales pero decida rechazar el veganismo está contradiciéndose a sí mismo. No se puede tomar en serio esa declaración por parte de quien pone el simple capricho de su paladar por encima de las vidas de las animales.
Si en verdad nos importa evitar infilgir daño a los animales deberíamos comenzar por asumir el veganismo como un principio moral en nuestra vida.









