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12 de septiembre de 2014

El acoso como forma de activismo


Quien me esté leyendo en estos momentos quizás ya haya visto una campaña activista que se está difundiendo en las redes sociales y que consiste en que un activista, o un grupo de activistas, vaya a acosar a la gente preferentemente en restaurantes o mercados gritando lemas sobre liberación animal. Las iniciativas están enmarcadas dentro de la estrategia de la denominada "acción directa". Si alguien no sabe a lo que me refiero, puedo comprobarlo en este vídeo:




Mi opinión es que ésa no es la forma correcta de concienciar a la gente. Ese tipo de acciones sólo causan confrontación. Nadie se ha concienciado nunca a partir de que alguien le comenzara a acosar y gritar en un restaurante. Hacer esto es un desfogue inútil para los animales. Quizás esto ayude a los activistas a descargar su propia tensión personal, que puede ser mucha si piensan constantemente en los horrores de la explotación animal, pero el acto como tal no tiene ningún valor educativo.

Entré a discutir con otros activistas sobre este tema en particular en varios foros y, ante mis críticas, los partidarios de este tipo de acciones me expusieron algunos argumentos realmente curiosos. Por ejemplo, me dijeron que "nadie puede saber cuáles son las formas efectivas de concienciar a las personas" pero ¿realmente no lo podemos saber? Eso sólo puede decirlo alguien que ha tenido noticias sobre la psicología de la comunicación.

A mi me parece sí lo podemos saber. Por ejemplo, lo sabemos escuchando las historias de la gente que se ha hecho vegana. Para quien desee escucharlas, claro. Nadie jamás ha dicho: "Me conciencié porque un desconocido se puso a gritarme en un restaurante. Oh, sí, eso fue lo que realmente me motivó.". Nadie cuenta nunca nada parecido porque eso no funciona. Ni en esta cuestión ni con ninguna otra. Suponer lo contrario creo que evidencia un desconocimiento sobre la psicología humana.

En muchos de los comentarios que he leído se destacaba mucho la "pasión" y la "entrega" de los activistas. Al parecer la mayoría ni siquiera le daba importancia a valorar si lo que se hacen es correcto, o si es útil para concienciar, sino que se trata de una cuestión de descarga emocional.

Si alguien pretende concienciar no se centrará en que aporta mucha "pasión" y "entrega", sino que pensaría en cómo actuar para conseguir un efecto educacional; y valoraría su conducta de acuerdo a criterios de ética y de efectividad y no a valoraciones emocionales. Por tanto, lo que los activistas hacen en ese caso es expresar sobre todo sus sentimientos, sin importar si lo que lo hacen es éticamente correcto ni cuál es el efecto que tiene en otros.

Los estudios sobre psicología muestran que la gente no se conciencia sobre un mensaje cuando es agredida o cuando es deliberadamente molestada por las personas que pretenden defender dicho mensaje. Cuando se sienten agredidas, las personas reaccionan de forma defensiva y hostil contra quienes ven como sus agresores. Es decir, todo lo contrario de la empatía y la reflexión que requieren la concienciación moral.

Esto que señalo no es una simple generalización sino que es la forma predominante y habitual en que funciona nuestra psicología. Claro que puede que haya alguien sadomasoquista que reaccione al contrario, y le guste que le agredan o que le acosen, pero se trataría de una excepción.

No nos hace falta conocer a cada individuo del planeta para saber que por lo general nadie se conciencia a raíz de que alguien se pusiera a gritarle o intentara arruinarle el día acosándolo mientras comía. Todos tenemos igualmente unas pautas generales de personalidad. Y una de esas pautas es que no reaccionamos bien cuando otra persona pretende deliberadamente molestarnos mientras estamos intentando disfrutar o relajarnos. No sólo a los humanos sino también a todos los animales en general no nos gusta que nos traten así. Esto es un hecho. Los vídeos del activimos agresivo apoyan esta idea comprobando la reacción negativa de la gente.

Alguien podría alegar que no puedo saber si ese tipo de activismo funciona porque no conozco directamente a cada persona humana del mundo, pero eso sería como señalar que yo no puedo saber si todos los animales sienten porque no conozco personalmente a cada uno de ellos y no puedo saber directamente si cada uno realmente siente. Ésa es una excusa que se suele usar para evitar el razonamiento lógico y las evidencias empíricas que nos aporta la ciencia sobre la sintiencia en los demás animales. Es un relativismo falaz que pretende evadir el hecho de que sabemos perfectamente que los humanos no empatizan con otras individuos, ni su mensaje, si sienten agredidos o acosados por ellos. Esto es un promedio constante de la naturaleza humana. Ahora bien, que ignoremos, o queramos ignorar, los conocimientos más básicos, comunes y evidentes sobre psicología humana no significa que esos hechos no existan; sólo significa que no nos interesa reconocerlos para así evadir la crítica.

¿En qué se basaría alguien para suponer positivamente que ese tipo de activismo tiene algún efecto de concienciación? Nadie me respondió sobre este punto. A mi modo de ver, los activistas que actúan de esa manera no buscan concienciar a la gente sino que más bien pretenden expresar su rabia sin importarles mucho las consecuencias.

Me imagino que la gente que me está leyendo en este momento estará de acuerdo en que cuando van a un restaurante, a intentar disfrutar de su tiempo libre, lo que menos desean es que de repente les salte sorpresivamente un activista enfrente suyo a gritarles sin parar que están, por ejemplo, contaminando el planeta con su consumo y así arruinarles la comida que pretendían disfrutar tranquilamente. ¿Eso os ayudaría a empatizar con su causa?

Alguien me señaló que la gente en general siempre se molesta o se enfada cuando los veganos damos nuestro mensaje. Eso puede ser cierto en parte para algunas personas pero no era ese punto el que yo estaba criticando.

Una cosa es que el contenido del mensaje vegano pueda no ser bien recibido por la gente puesto que choca con los hábitos adquiridos y con el prejuicio especista que casi todo el mundo tiene asumido. Ahora bien, otra cosa muy distinta es que nosotros deliberadamente pretendamos incordiar, molestar o acosar a otras personas.

Una cosa es que alguien se ofenda por el simple hecho de que manifestemos que los animales merecen respeto. Y otra cosa muy diferente es que alguien se moleste conmigo porque literalmente le estoy gritando en su cara que los animales merecen igual respeto. Una cosa es el contenido y otra es la forma. En este caso concreto, yo critico la forma en que se da el mensaje, y no tanto el contenido.

Me han advertido que en estos actos los activistas no agreden físicamente a nadie ni usan lenguaje insultante. Puede ser cierto. No he visto todos los vídeos. Pero aún siendo así, esto no quiere decir que su conducta no sea violenta.

Reflexionemos de nuevo sobre ello: ¿Los activistas están haciendo aquello que consideran moralmente correcto? ¿Tratan a los demás como desean ellos ser tratados? ¿Ellos están actuando de forma deliberada para dar un mensaje que la gente pueda comprender y asimilar? ¿O más bien actúan solamente para expresar y descargar sus emociones sobre la gente a la que se dirigen? 

Si nos sentimos mal y usamos a alguien sin su consentimiento para volcar nuestros sentimientos sobre él, entonces lo estamos utilizando como un simple medio para conseguir nuestros fines, despreciando la voluntad y los intereses de la otra persona. Esto es una forma de violencia, aunque no hubiera agresión física de por medio, y es una contradicción flagrante con la doctrina moral que fundamenta el veganismo y la filosofía de los Derechos Animales.

En definitiva, lo que esos activistas están haciendo es muy cuestionable tanto desde el punto de vista ético como desde el punto de vista práctico, y considero que lo único que se consigue así es incomodar y violentar a la gente, y nadie se conciencia de ese modo.

Por supuesto, si yo me equivoco a este respecto entonces está claro que lo debemos hacer todos es salir a la calle a gritar y acosar a la gente, porque esto seguro que cambia la situación de los animales. Oye, ¿por qué no empezamos por hacerlo también con todos nuestros familiares y amigos a la hora de comer? ¿O sólo vale con desconocidos?

Pero si estoy en lo cierto, entonces en lugar de perder el tiempo con ese tipo de acciones, actuaremos de forma racional, haciendo activismo educacional y noviolento, para conseguir informar y ayudar a la gente a tomar conciencia y cambiar sus hábitos de vida, de forma dialogante.

Claro que tal vez eso no es tan divertido ni excitante como ponerse a gritar en medio de un restaurante. Cualquiera que en alguna ocasión haya reflexionado honestamente sobre su propio activismo se habrá dado cuenta de que a veces tendemos a hacer simplemente lo que nos gusta por encima de otros criterios.

Los activistas no tenemos por qué demostrar a nadie lo mucho que nos importan los animales, el ansia de justicia que anhelamos, con demostraciones públicas de nuestros sentimientos. Alguna gente pensará: "Oh, sí, se ve que les importan mucho los animales" y seguirán con sus vidas. Eso en el mejor de los casos. En el peor caso, pensarán que estamos locos, porque ni siquiera comprenden lo que defendemos. Lo que deberíamos hacer, si de verdad queremos un cambio real, es enfocar toda esa energía en educar, en concienciar, en dialogar.

Algunos activistas me acusaron de que les parece que me importa más el bienestar de la gente que el sufrimiento de los animales y la explotación que se comete contra ellos. Pero esto no es cierto. Ante todo me preocupan las víctimas, y quiero remediar la injusticia que cometemos contra ellos, y esto es el motivo por el que analizo cuál sería la forma correcta y efectiva de lograr el final de la explotación especista. Entiendo que sólo así, y no dejándonos llevar por las emociones, es como podemos encontrar y aplicar la solución a este grave problema.

Aquella acusación me parece análoga a la que nos dirigen a menudo a los veganos en general alegando que "nos importan más los animales que los seres humanos". Esto tampoco es cierto. A los que asumimos y defendemos la filosofía de los Derechos Animales nos importan moralmente todos los seres sintientes por igual. Son las personas que no conocen o que rechazan la ética de Derechos Animales quienes dan preferencia a unas sobre otras, por el mero hecho de pertenecer a una especie determinada. Los activistas veganos pretendemos precisamente defender la igualdad, no la jerarquía de nadie sobre nadie, y que el respeto básico se aplique a todos por igual.

También me han advertido que no debería criticar el activismo de otros compañeros animalistas. Como si el mero hecho de hacer activismo automáticamente les diera la prerrogativa de no ser criticados en sus acciones, como si estuvieran en una especie de burbuja que no debemos romper, como si el simple hecho de hacer algo con "pasión" y "entrega" te legitimara en actuar simplemente según te parezca oportuno sin atender a ningún criterio o norma. Los defensores de la tauromaquia también alegan a menudo que lo que hacen está motivado por la "pasión" y la "entrega" que sienten. ¿Significa eso pues que no debemos criticar lo que hacen?

El activismo que contradice la ética, o que se demuestra inefectivo, merece, como mínimo, ser criticado. Criticar el activismo no es contraproducente, como aseveran algunos. Lo contraproducente es creer que "cualquier cosa puede valer" sin tener ninguna base o criterio racional que lo fundamente. Eso es actuar de forma arbitraria. Eso sí que es contraproducente.

Gritar a la gente en un restaurante —o en cualquier otro sitio— sí es contraproducente, pues no sirve para concienciar y sólo provoca que piensen que estás loco. A pesar de todo, yo creo que los activistas no están locos. Sólo sucede que a menudo no reflexionan sobre cómo están actuando. Su ferviente deseo de ayudar a las víctimas sobrepasa en ocasiones su responsabilidad de analizar razonadamente los actos que realizan.

No es coherente que pidamos a la gente que reflexionen sobre sus hábitos y su conducta si nosotros no estamos dispuestos a hacer exactamente lo mismo en nuestra conducta. Que defendamos lo que es justo no implica que todo lo que intentemos realizar para defender la justicia sea también justo. Los fines no justifican los medios. Tanto los medios como los fines deben ajustarse, por coherencia, a un mismo criterio ético.

Todos los que participan directamente en la explotación animal son abusadores de animales. Así que los animalistas que son partidarios del acoso contra los abusadores deberían por coherencia empezar por acosar a sus familiares, amigos y compañeros de trabajo que participen en la explotación animal. Más aún, si no son veganos deberían antes de nada empezar a ejercer acoso contra sí mismos, porque ellos son abusadores de animales.

Por cierto me resulta curioso que personas que participan en foros digan que debatir es "perder el tiempo" y que lo que hay que hacer es actuar sin más. Pienso se equivocan —además de entrar en contradicción con el hecho de que ellos dedican tiempo a debatir en foros— porque emplear parte de nuestro tiempo a reflexionar sobre lo que estamos haciendo no es perder el tiempo. Si no pensamos en lo que hacemos entonces sí que es probable que acabemos malgastando nuestra energía en acciones que no funcionan y que incluso contradicen los principios que decimos defender.

A la hora de hacer activismo, pensemos en si fuéramos nosotros quienes ignoráramos el problema del especismo y la explotación de los animales, y cómo nos gustaría que otros nos trataran a la hora de concienciar sobre ello. Como señala la activista Lee Hall:

«El fin de los Derechos Animales es respetuoso; el camino hacia tal fin debe ser respetuoso con los humanos y los demás animales. Mi recomendación a los activistas es que siempre trabajen como si tuviesen 24 horas para mostrar al público la mejor forma posible de activismo pro-derechos animales.»

Considero que estas reflexiones valdrían en general para criticar cualquier tipo de activismo que se realice en forma similar. Sobre el tema específico de la comunicación ya expuse un análisis en el ensayo «La comunicación es una cuestión moral». Pueden leerlo si desean un análisis más detallado de cómo los activistas podemos lograr una comunicación ética a la par que efectiva. 

Posdata 26 mayo de 2023

Siempre he pensado que actuar deliberadamente para incordiar o molestar a la gente no tiene efectos benéficos a la hora de conseguir que comprendan y simpaticen con un mensaje. Los estudios sobre el impacto de las protestas confirman ahora esta tesis. La alternativa no es quedarnos sentados sin hacer nada. La alternativa es el activismo educacional. Las reacciones hostiles son inevitables cuando se cuestionan prejuicios, creencias y hábitos fuertemente arraigados. Pero es nuestra responsabilidad revertir esas reacciones mediante una educación vegana creativa y noviolenta. No debemos enfocar nuestro activismo como una lucha o un enfrentamiento sino como una pedagogía y una terapia que estimule la conciencia y la empatía de las personas y que fomente su bondad y su responsabilidad moral. En palabras del profesor Gary Francione:

«Si vamos a hacer progresos hacia una mayor aceptación del veganismo, debemos educar. Y debemos educar de un modo no violento, sin confrontación, que tenga en cuenta el contexto social y cultural en el que vivimos. Esto no significa que el uso de los animales no sea un ultraje moral; significa solamente que nuestros esfuerzos para educar acerca del mismo debe tener en cuenta la visión que la vasta mayoría de los humanos tienen de la cuestión.»

27 de julio de 2011

Acción directa al fracaso

 «Si la solución que se propone para el sufrimiento individual y social elude las causas del conflicto individual y social, no es probable que funcione durante mucho tiempo. Puede tratar un síntoma, pero no hace nada por las raíces de la enfermedad.» ~ António Damasio

En términos básicos, por acción directa entenderemos el liberar directamente a los individuos concretos que son esclavos y víctimas en general, de la opresión que padecen, o el impedir que sean agredidos; así como destruir o sabotear la propiedad que utilizan los explotadores de animales con el objeto de dañar su actividad económica y tratar de detenerla. Esta táctica se lleva utilizando al menos desde comienzos de la segunda mitad del siglo XX. Empezó con los llamados sabotajes a la caza —en la década de los cincuenta— y continúo con la actividad clandestina organizada de rescates y sabotajes. También se conoce como acción directa el boicot económico y la presión social contra una determinada empresa que explote animales no humanos con el objetiva de cerrarla.

No suscribo esa forma de hacer activismo. Creo que no es la adecuada en ningún sentido razonable y que deberíamos rechazarla. Así, comparto en gran media la postura de la abogada y activista Lee Hall cuando señala lo siguiente:

«En mi opinión, hay dos importantes tendencias o modas que hacen posible que el gobierno y la industria tengan controlados a quienes defienden a los animales. Una de ellas —que ha sido abundantemente discutida, por supuesto— es la disposición de grupos dedicados a la defensa de los animales a trabajar con acuerdos con las empresas que crían, usan y venden los cuerpos de los animales −comúnmente, ajustes menores en el modo en el que se explota a los animales. La otra tendencia o moda que permite que la defensa de los animales esté bajo control —y esta ha pasado prácticamente desapercibida en la literatura sobre la cuestión— es la disposición de los activistas a aparecer como intimidatorios o peligrosos. Ni quienes tienen actitudes favorables a un cambio social se opondrán a que leyes cada vez más elaboradas sean creadas para controlar a los activistas intimidatorios.»

Por mi parte, tengo tres razones principales para sostener mi postura critica sobre la denomina acción directa. Además de una propuesta alternativa sobre el activismo.

La acción directa es inútil


Hasta ahora no existen pruebas de que la acción directa haya ayudado en nada a reducir, y mucho menos acabar, con la explotación animal. 

Si bien es cierto que la acción directa ha conseguido cerrar algunos centros de explotación —y también es cierto que ha salvado a muchos individuos de la explotación que sufrían—, esta forma de activismo nada ha aportado en la labor de reducir y eliminar el especismo. 

Mientras en nuestra sociedad exista la mentalidad especista y, como consecuencia, la demanda de productos animales, no importa cuántos centros de explotación animal consiga arruinar los activistas porque tarde o temprano surgirán otros centros en su lugar que satisfagan dicha demanda, la cual volverá a causar más víctimas. Esto se puede ver claramente en lugares como Estados Unidos, donde la industria peletera ha resurgido en los últimos años a pesar de los continuos y diversos ataques de la que es objeto desde hace ya varias décadas por parte del activismo de acción directa.

Por cada negocio especista que se consiga cerrar hoy, mañana abrirá otro para satisfacer la demanda que persiste. Es la demanda lo que causa la existencia de explotación animal. Los carniceros, peleteros, y demás empleados de la explotación animal, no son gente malvada que esclaviza a otros animales por gusto sino que lo hacen porque hay una masiva demanda social que solicita productos animales. La acción directa no aporta nada para erradicar la causa de la explotación animal. Por esto es inútil para ayudar a liberar a los animales.

La acción directa es dañina


Algunos de los animales que son liberados de centros de explotación —como es el caso de visones o zorros— son carnívoros depredadores y liberarlos a su libre albedrío implica siempre que intentarán matar y comerse a otros animales que viven en la naturaleza. Los activistas que los liberan son responsables de que esto ocurra. Ellos son directamente responsables del daño que se cause a esos animales inocentes que no tienen culpa ninguna de que otros padezcan la esclavitud. 

Rescatar animales de forma responsable no consiste sólo en liberar, sino también en responsabilizarse de que lleven una vida digna y no hagan daño a otros.

La mayor parte de los rescates de acción directa conllevan que los no-humanos esclavizados sean liberados en el medio natural, que es desconocido para ellos, lo cual implica que la mayoría morirá al poco tiempo de inanición o accidente, y los que no mueran matarán a otros animales inocentes para poder sobrevivir. Todo esto es responsabilidad de los activistas que llevan a cabo dichas liberaciones. Ellos son los que han provocado esas muertes. Las buenas intenciones son muy loables por sí mismas, pero por sí solas son insuficientes y tampoco justifican una conducta inmoral o un mal resultado.


La acción directa es contraproducente


Quienes estamos en contra de la violencia en el activismo no nos posicionamos de esta manera debido la preocupación por la imagen pública del movimiento animalista sino por la misma razón por la que estamos en contra de la explotación de los animales. No obstante, es cierto que la imagen que tenga del movimiento la sociedad es indisoluble de la probabilidad de éxito que tenga la difusión y asimilación de nuestro mensaje. Y de este éxito depende que los animales sigan siendo explotados y masacrados en el futuro próximo.


Las tácticas de acción directa no sirven para atacar la raíz del problema, que es la mentalidad especista que motiva, permite y justifica el que exista la explotación de los animales en todas sus formas. Dichas tácticas sirven para provocar la criminalización de todo el movimiento animalista por extensión, y para crear una opinión pública negativa acerca de quienes tratan de defender a los animales. 

La acción directa es responsable de fomentar actitudes hostiles en la sociedad a la idea de Derechos Animales y es causa de que existan leyes que criminalizan y castigan a los activistas por la liberación animal. La mayoría de la gente sólo ve robos, ataques a la propiedad y violencia en general en las acciones de los activistas que practican la "acción directa".

La acción directa agrava los prejuicios contra la defensa de los animales, puesto que este tipo de táctica provoca reacciones hostiles en la gente. Eso refuerza los prejuicios en contra de la idea de los Derechos Animales y estimula la creación de leyes represivas contra los activistas que la defiendan. La "acción directa" es contraproducente. 
Así lo resume el profesor Steven Sapontzis:

«Si el “activismo vegano” se refiere a tales actividades como robar animales de granja y sabotear granjas industrializadas, creo que tal activismo tendrá poco efecto positivo. En el área del uso de animales en laboratorios, tales actividades han tenido poco impacto positivo, y no conozco razones para creer que el impacto sería mejor en el área de la ganadería. Tales actividades de liberación son particularmente gratificantes, tanto para aquellos involucrados en ellas y para los abogados defensores de animales que llevan estos casos. Así, ellos levantan la moral y, por supuesto, alivian el sufrimiento de los animales liberados, pero también ellos producen contrapesos negativos, tales como reacciones públicas violentas, multas y prisión.»

En conclusión la denominada "acción directa" resultaría inútil, contraproducente y dañina. No soluciona el problema del especismo, sino que incluso lo agrava todavía más puesto que pone a la opinión pública en contra de los animalistas, y además perjudica a muchos animales inocentes que no tienen culpa de que otros estén esclavizados.

Por supuesto, ni siquiera dudo de que los activistas tengan buenas intenciones. Mi análisis no pretende juzgarlos a ellos ni a su conciencia, sino solamente enjuiciar ese tipo de acciones que llevan a cabo, con el fin de hacer ver el aspecto negativo que tienen. 


La solución es el veganismo

¿Queremos simplemente dedicarnos a atender las consecuencias de un problema o queremos solucionarlo de raíz? Si lo que queremos es una manera correcta y efectiva de acabar con la explotación animal podremos encontrarla en la iniciativa de concienciar a la sociedad para que comprenda que explotar animales está mal y deje de hacerlo. Esto se consigue mediante la educación vegana, y entiendo que es ahí donde deberíamos centrar nuestros esfuerzos si queremos que haya un cambio real en nuestros valores morales y nuestra relación con los demás animales.


La manera más ética y eficaz de salvar animales consiste en conseguir que el veganismo crezca y se difunda en la sociedad. Esto no lo vamos a conseguir si la gente piensa que queremos imponer nuestras ideas por la fuerza y no por la razón y que pedimos respeto pero no aplicamos ese mismo principio a nuestros acciones.

El mejor activismo es pues el activismo correcto y efectivo. El activismo basado en la educación creativa y no-violenta. El activismo que va a la causa del problema, incidiendo directamente en las conciencias y el corazón de la gente. El que establece un cambio profundo y duradero en nuestra forma de sentir, de pensar y de actuar; y que es la necesaria e imprescindible base para conseguir una evolución moral positiva en nuestra vida y en la de otros. Así lo explica la escritora y activista Joan Dunayer:

«El especismo es la raíz de todos los abusos con que los defensores de los no-humanos buscan acabar. Necesitamos escribir y hablar en contra del especismo. Una vez la gente reconozca la inherente crueldad e injusticia del especismo, no habrá mayor necesidad de argumentar punto por punto cada cosa. Hasta que no reduzcamos el especismo en la sociedad, seguiremos tratando los síntomas en vez de curar la enfermedad. Al final, sólo un descenso sustancial del especismo puede emancipar a los no-humanos.»

Tanto si el objetivo consiste en ayudar a los animales concretos como en acabar con la explotación animal en sí, me parece evidente que ambos puntos no se cumplen, sino que incluso a menudo se contradicen con las consecuencias reales de la táctica de acción directa. Por eso, creo que haría falta cierta reflexión por quienes son partidarios de esta forma concreta de abordar un problema tan grave que nos atañe a todos, y especialmente a las víctimas de la explotación animal.

Salvar vidas no justifica hacer cualquier cosa, sin importar cuanto se apasione uno con esa idea. Si queremos salvar a todas las víctimas del especismo entonces deberíamos informar, concienciar y educar a la población para que comprenda y rechace voluntariamente la explotación animal. Por ello, la educación vegana es lo que salva a las víctimas sin perjudicar a otras. Éste es el camino que conduce a solventar la raíz del problema y que no se limita a tratar sus consecuencias.


Podemos elegir poner en práctica la educación vegana ya mismo en lugar de gastar inútilmente nuestros esfuerzos en algo que no ayuda a conseguir la liberación animal.

29 de agosto de 2010

Liberaciones de visones; y otros animales.

GRANJAS DE ESCLAVOS

Una de las acciones más difundidas dentro del activismo favor de los animales ha sido su liberación directa de las jaulas y centros de internamiento en donde estaban confinados. En esta nota me gustaría comentar algunos aspectos morales y empíricos en los que se basan la justificación de dichas acciones.

Antes de nada me gustaría dejar claro que no me parece siquiera oportuno el hecho de considerar que estas acciones sean ilegales. La existencia de una cierta ley no es un argumento a favor de la moralidad de dicha ley. Las leyes deben supeditarse a la moral, y no al contrario.

A la hora de entrar a valorar la pertinencia de la liberaciones de animales que sufren la explotación animal, lo primero que se debería tratar es precisamente de la liberación de cualquier animal y no de una especie en concreto.

Por ejemplo, alguien que se centrara exclusivamente en justificar la liberación de visones estaría cayendo en el error de reforzar el especismo —aunque se denomine como 'antiespecista'— precisamente porque ni siquiera menciona para nada a otros animales que también padecen la esclavitud, ni deja claro la naturaleza del problema en general. Los visones no tienen más derecho, ni menos, que otros animales a estar libres de la esclavitud y la explotación.

Voy a exponer una analogía que creo puede ayudar a comprender por qué liberar animales no está siempre justificado de por sí.

Imaginemos que algunos individuos llevan a cabo la iniciativa de liberar a leones encerrados en las jaulas de un circo, o de un zoo, y dejarlos completamente libres sin supervisión alguna.

Teniendo en cuenta que tanto visones como leones son carnívoros depredadores la diferencia en realidad es sólo de tamaño —del tamaño de los animales que son sus presas.

Sabiendo que es muy probable que en ambos casos ataquen y maten a otros individuos; quien los ha liberado es directamente responsable de la muerte de esos individuos.

La especie no es relevante para este argumento, porque el caso vale igualmente si la liberación fuera de individuos humanos que por algún motivo se comportaran con agresividad con tendencia de dañar y matar a otros individuos.

Si pensamos que, dentro del contexto humano, está bien liberar visones a su libre albedrío pero no lo está el hacer lo mismo con otros animales carnívoros depredadores como tigres o leones entonces estaríamos cayendo en una discriminación especista.

Desde una perspectiva moral de Derechos Animales nadie se opone a la liberación de los visones u otros animales, en sí misma, siempre que esto no implique violar los derechos fundamentales de otras personas —humanas y no humanas. Las liberaciones se pueden acometer de una manera responsable, sin violar los derechos básicos de otros individuos, e incluso de forma educativa.

Otro tema aparte es si estas liberaciones sirven para lograr que los visones, o los animales en general, dejen de ser explotados por el hombre. No hay evidencias de que sea así y, de hecho, la esclavitud animal ha crecido cada año en número de víctimas por todo el mundo.

El número de animales salvados mediante rescates durante los últimos 50 años no llega ni siquiera al número de animales asesinados en los mataderos durante las últimas 24 horas; por no mencionar a todos los que son criados y esclavizados, cuyo numero sería de varios billones.

Mientras la sociedad humana siga siendo especista y considere legítimo el uso de otros animales, entonces el problema estará siempre muy lejos de solucionarse si no cambiamos  esta mentalidad que es la causa de la opresión contra los animales.

Quien desee la total liberación de los animales debería tratar de trabajar de una manera educativa para que los animales dejen de ser explotados por los seres humanos. Debemos evolucionar el paradigma moral de nuestra sociedad, a través del activismo educacional, hacia valores de igualdad, respeto y no-violencia, sin discriminación injusta por motivos de raza, sexo o especie.

Si alguien desea realmente liberar a los demás animales de nuestra violencia, considero que la opción correcta y realmente útil para lograrlo es el veganismo.

Aunque estos cálculos son díficiles de precisar, se dice que un vegano evita cada año que aproximadamente 95 animales sean agredidos y traídos al mundo para consumo humano —hay otros cálculos que amplían el número a entre 371 y 582 animales pero aquí usaremos la menor cifra estimada.

Supongamos que hubiera un millón de veganos en el mundo —aunque en realidad hay muchos más— por lo tanto en un año se salvarían, al menos, 95 millones de animales de ser agredidos y traídos al mundo para beneficio humano.

Si toda la sociedad se hiciera vegana entonces el número de animales que salvaríamos, que evitaríamos fueran explotados, sería de miles de millones.

El veganismo es la liberación animal más grande de toda la historia y la única base para lograr una liberación total.