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4 de diciembre de 2018

Henry Salt y la lógica del vegetarianismo


Recientemente la editorial Amaniel ha publicado la traducción al español de un clásico de la literatura animalista en inglés escrito por Henry Stephens Salt en el año 1899 y titulado «La lógica del vegetarianismo». Salt es un autor muy conocido para cualquiera interesado en la filosofía del animalismo, y cuyas ideas ya comenté en una entrada anterior del blog.

Esta obra de Salt tiene una indudable importancia histórica y filosófica, y sólo por eso ya  merece ser leída. Opino que el mérito de Salt reside principalmente en el hecho de probar que el rechazo al consumo de animales puede ser una posición defendida racionalmente con argumentos elaborados; prescindiendo de tener que apelar a la compasión o la preferencia subjetiva.

Este libro que aquí reseño pretende precisamente replicar a todas las objeciones contra el vegetarianismo que intentan defender el consumo de animales. Algunos de los argumentos esgrimidos por Salt para responder a determinadas objeciones siguen teniendo validez lógica y pueden ayudarnos a mejorar nuestro razonamiento. Por ejemplo, Salt replica acertadamente contra la idea de que comer animales es una práctica aceptable porque es natural: si lo natural fuera un criterio moral entonces deberíamos aceptar prácticas como el canibalismo. Asimismo, la idea de que matar animales para usarlos de comida es aceptable porque ya matamos animales para defendernos, o por accidente, no resulta más válida que la idea de que es aceptable matar humanos para usarlos de comida porque en ocasiones matamos humanos para defendernos de ellos o por accidente. Otras falacias similares son inteligentemente rebatidas por Salt a lo largo del libro.

Así pues, lo más valioso de la aportación de Salt es, a mi modo de ver, que nos estimula a pensar, reflexionar y razonar. No tenemos que estar de acuerdo con todas las tesis o las conclusiones que expone el autor. Yo, desde luego, no lo estoy, ya que pienso que el vegetarianismo es un error y que Salt yerra en algunos puntos, como en el de defender una reforma 'humanitaria' de la explotación animal.

Las reformas y regulaciones sobre la esclavitud de los animales no ayudan a eliminar la violencia contra ellos sino que su efecto real es mejorar la eficiencia de la explotación animal consiguiendo de ese modo que esta actividad sea económicamente más rentable para los explotadores; además de aliviar la conciencia de los consumidores, que piensan que la crueldad ha sido eliminada o reducida.

Tal vez puede ser comprensible hasta cierto punto que Salt creyera en su momento histórico, con la limitada información de que disponía, que esas reformas pudieran tener algún efecto positivo para los intereses de los animales; pero que hoy en día —con toda la información disponible que tenemos sobre el fraude que es el 'bienestar animal'— siga habiendo activistas que lo apoyen no me parece que tenga excusa ni disculpa. La obra de Salt merece sin duda ser conocida y estudiada; lo cual no conlleva concordar en general con todas sus ideas o propuestas.

Por otra parte, la tesis implícita en la obra de Salt de que necesariamente la gente tiene que pasar por el vegetarianismo antes de llegar al veganismo —que necesariamente la gente tiene que comenzar por dejar de consumir carne animal antes que rechazar el resto de usos de animales— resulta análoga a creer que necesariamente tenemos que pasar por el sufragio censitario para llegar al sufragio universal. En los comienzos del parlamentarismo sólo podían votar los que pagaban impuestos, los que tenían propiedades, y el voto estaba negado a las mujeres. Si en nuestro país no hubiera democracia no sería necesario que pasemos obligatoriamente por esas fases sesgadas para llegar al sufragio universal. Podemos ir directamente al sufragio universal. Del mismo modo, podemos ir directamente al veganismo y no tenemos que pasar por alguna supuesta fase previa de manera obligatoria. Podemos admirar la democracia de la Antigua Grecia, por su valor histórico y político, pero no tenemos que imitarla para aplicar la democracia en nuestro tiempo. No tenemos que imitar sus defectos, como el hecho de que sólo pudieran participar en ella los varones. Por la misma razón, no tenemos que asumir ni defender el vegetarianismo para lograr la consideración moral hacia los animales.

Considero que la lógica moral exige que rechacemos el vegetarianismo y que comprendamos que, para comportarnos éticamente, la consideración moral de los intereses de los animales implica que asumamos el veganismo como principio de nuestra conducta.

16 de noviembre de 2015

Come Con Conciencia


«Todos opinamos que nos importan los animales y consideramos que tienen algún valor moral. Todos estamos de acuerdo en que está mal infligir sufrimiento y dar muerte innecesaria a los animales, y sin importar cualquier desacuerdo que pudiéramos tener con respecto a cuándo el uso de animales es necesario– todos estamos de acuerdo en que el placer humano, el entretenimiento, o la conveniencia no pueden justificar el sufrimiento y la muerte de animales.» ─ Anna Charlton & Gary Francione


En el libro «Come Con Conciencia» todas las principales cuestiones relacionadas con la aplicación del veganismo en el ámbito de la alimentación son respondidas en pareja por Anna CharltonGary Francione. Es un texto dirigido a un público general, por lo que resulta muy adecuado para recomendar o regalar a las personas de nuestro entorno para que conozcan mejor la postura vegana.

El texto responde de forma ordenada y didáctica a todas las principales cuestiones planteadas acerca de lo que supone rechazar el uso de animales para alimento; abarcando diferentes puntos de vista: ético, nutricional, medioambiental. Es quizás el texto más completo que podamos encontrar sobre este tema específico.

El objetivo del libro es demostrar argumentativamente que el rechazo a la utilización de animales es la única conclusión racional a la que podemos llegar si aceptamos que los demás animales no son cosas y tienen un valor moral, y que además ese rechazo no supone en ningún caso perjudicar nuestra salud y calidad de vida sino que incluso supone mejorarla. Asimismo, dejar de consumir animales no significa dejar de disfrutar del placer de la comida. La cocina vegana es rica y variada en sabores.

Si estamos de acuerdo en que no es correcta hacer daño a los animales innecesariamente entonces, por coherencia, debemos rechazar su utilización para servir de comida si no queremos caer en una flagrante contradicción entre nuestra forma de pensar y nuestra forma de vivir. El mismo razonamiento se podría aplicar el resto de fines [vestimenta, ocio,...] por los que son explotados los animales.

En definitiva, se trata de una herramienta muy útil tanto para quienes se inician en el veganismo, o tienen interés en conocerlo, como para aquellos veganos que desean tener recopiladas en un solo documento todas los principales objeciones que se suelen plantear acerca de este tema.

!Ah! y si después de terminarlo os quedan más ganas de lectura, no deberiáis perderos la estupenda recopilación realizada en el blog Lluvia Con Truenos, de libros relacionados con la filosofía del veganismo y su práctica.

4 de mayo de 2015

Una observación acerca del «carnismo»



En esta entrada quisiera realizar un análisis crítico en torno al concepto de «carnismo» que expone la autora Melanie Joy en su obra. La intención de este ensayo no es resumir ni reseñar su libro sino analizar determinados aspectos de los argumentos que expone.

En primer lugar, considero que el concepto de carnismo no aporta ninguna noción nueva que no estuviera ya incluida en la crítica al especismo. Lo único que hace Joy es reducir esa crítica a la explotación de otros animales para comida; más concretamente para la carne —de ahí proviene obviamente el término.

Me parece que sólo tendría sentido hablar de carnismo si partimos de una perspectiva vegetariana que considera que usar a otros animales para carne es algo que merece una consideración especial o exclusiva frente a otras prácticas especistas. Pero pienso que esto es un error. El vegetarianismo se basa en un prejuicio. No es menos injusto utilizar a alguien para convertirlo en carne que para convertirlo en un abrigo, o en una máquina de producir leche o huevos, o en una mascota, esto es, en un esclavo para compañía.

Como bien explica el profesor Gary Francione al respecto, lo que Joy denomina carnismo sería simplemente una manifestación concreta del especismo, pero no habría tal cosa como un «sistema invisible de creencias» que considere a otros animales como carne. Lo que sí existe una ideología explícita y muy visible que trata a los animales como recursos para satisfacer los deseos humanos.

Por ello entiendo que el carnismo es un invento innecesario que solapa el concepto de cosificación sobre los animales. La idea del carnismo proviene de tomar el significado de la cosificación para sólo limitarlo injustificadamente a la cosificación en carne. Pero no hay ninguna razón que justifique ese reduccionismo.

Lo que permite y retroalimenta la cosificación de los animales es el prejuicio del especismo, que a su vez favorece y perpetúa la cosificación activa sobre los demás animales a través de su explotación.

Es cierto que la mayor parte de los animales explotados son utilizados para alimento; pero también hay muchos animales a los que no utilizamos para servir de carne, ni para ser comida siquiera. Miles de millones de ellos son utilizados, por ejemplo, para servir de vestimenta, de transporte, de mero entretenimiento o forzados en experimentos científicos.

Hay un adoctrinamiento inserto en nuestra cultura destinado a que veamos a los demás animales como seres inferiores que existen para ser medios para nuestros fines. Pero no es un adoctrinamiento «carnista». No nos adoctrinan para ver a los demás animales específicamente como carne —¿acaso consideramos a los perros como carne?— sino para considerarlos como seres inferiores que existen en el mundo para servirnos a nosotros los humanos. Esto es el antropocentrismo moral.

Así pues, detrás de lo que Joy ha llamado «carnismo» se encuentra en realidad el antropocentrismo. Su pretendida originalidad no va más allá de haberse inventado una nueva palabra innecesaria que incurre en el típico prejuicio vegetariano de creer que usar a los animales para servir de carne es diferente o más importante que cualquier otro uso de animales.

Desde el punto de vista antropocentrista, los caballos son vistos como medios de transporte. ¿Sería conveniente, por tanto, inventar el concepto de «transportismo»? Parece un tanto absurdo. Estas ultraespecificaciones no ayudan en nada a comprender el asunto al que nos referimos y sólo establecen discriminaciones arbitrarias; segmentando en trozos aquello que forma parte de un único problema. Es una vulneración del principio de simplicidad.

Melanie Joy se refiere casi exclusivamente al consumo de carne a pesar de que comer huevos, consumir lácteos y consumir miel también lo `podemos considerar comer animales. Nos comemos lo que producen sus cuerpos y, para ello, nos comemos su libertad y sus vidas. 

Así, lo que ha hecho Melanie Joy es centrarse exclusivamente en el consumo de carne e intentar explicar su causa psicológica e ideológica. Pero el análisis que expone no se diferencia en lo esencial de lo que sería una explicación del especismo. Cuando habla de 'carnismo' de lo que está hablando en realidad es de una parte sesgada del antropocentrismo; en concreto de la creencia antropocéntrica de que de los humanos estamos legitimados en explotar a los demás animales —en utilizarlos para satisfacer nuestras necesidades y deseos.

El consumo de carne no es la única demanda de explotación animal que existe en el mundo. Hay muchas otras formas de explotación que no implican el uso de animales como alimento y que causan millones de víctimas: animales utilizados para servir de vestimenta, en experimentación, o como entretenimiento. No veo ninguna razón que justifique privilegiar o priorizar el consumo de carne sobre el resto de usos de animales.

A unos animales  los utilizamos para comida y a otros para vestimenta, o para servir de compañía, o para ser nuestro entretenimiento, o los utilizamos para experimentos científicos; pero todos los animales han sido sometidos a la condición de propiedad. Por tanto, no tendría sentido que hablemos de carnismo salvo que defendamos el error del vegetarianismo —y no hay una buena razón para hacer tal cosa. Sostengo que deberíamos asumir como base moral el veganismo y la ética de los Derechos Animales, partiendo necesariamente de la crítica al especismo y la cosificación sobre los individuos no humanos.

Aparte de todo esto, creo ver otro problema grave en la teoría de Melanie Joy. No sólo nos encontramos con el prejuicio vegetariano sino que también encontramos que la teoría de Joy incluye la doctrina bienestarista; esto es: la creencia de que a los demás animales sólo les importa evitar el sufrimiento y obtener placer. El bienestarismo defiende la creencia de que está bien utilizar a los animales siempre que nos preocupemos por su bienestar.

En el libro de Joy se alega que los animales sufren al ser explotados, ya sea de una manera u otra, y que la manera más efectiva de evitar causar este sufrimiento es no participar en dicha explotación. Muchos bienestaristas no consumen productos de la explotación animal precisamente por este motivo y no porque estén en contra de la esclavitud por principio moral.

No he visto en ninguna parte del texto que Melanie Joy se oponga a la dominación del ser humano sobre los demás animales. Ella afirma que se opone a la 'crueldad'. Pero no he visto una denuncia de la esclavitud animal y la explotación en general sobre los demás animales. De hecho, en su libro promueve organizaciones bienestaristas como HSUS y HFA que abogan en favor de reformar la esclavitud con medidas de bienestar animal, que en realidad no favorecen el bienestar de los animales sino la eficiencia económica de la industria de explotación animal.

Sucede que hay personas que no quieren rechazar el especismo pero sí se oponen a determinado uso industrial de animales como comida y, por tanto, les conviene que la oposición no se haga contra el especismo —y contra la opresión que ejercemos sobre otros animales— sino contra lo que llaman 'carnismo'. Es por esto que el carnismo estaría más bien ayudando a ignorar y perpetuar el especismo en lugar de combatirlo; así como a perpetuar la idea bienestarista de que el problema moral no está en el hecho de que explotemos a los animales sino que la cuestión se limita a la forma en que los explotamos. El problema no es la utilización de los animales, dicen los bienestaristas, sino que sólo debemos preocuparnos por el sufrimiento y las condiciones del trato —lo que muchos denominan 'maltrato'— que les damos a los animales al utilizarlos en nuestro beneficio.

No son estos los únicos errores que me ha parecido ver en la obra de Joy pero la prioridad de la concisión me obliga a señalar sólo aquello que me parece más importante.

En conclusión; diría que Melanie Joy ha seleccionado diversas ideas que ya estaban en obras anteriores de otros autores y simplemente las ha repetido bajo una palabra nueva que ella se ha inventado y las ha restringido de forma injustificada a la cuestión del consumo de carne.

Por supuesto que algunos aspectos del análisis que aparecen en el libro son acertadas en tanto que denuncian la cosificación sobre los animales. Es cierto que la obra de Joy ha ayudado a difundir la comprensión del factor psicológico en nuestra relación con los animales. Lo que critico es la manera que tiene de enfocarlas, lo innecesario que supone inventar palabras nuevas que no aportan conceptos nuevos, y el defecto de que su teoría asuma el prejuicio del bienestarismo.

No dudo de que este libro pudiera ayudar a tomar cierta conciencia sobre el grave problema en nuestra relación con los demás animales, pero también entiendo que será una conciencia deformada y limitada por algunos de los mismos errores que causa y fomenta nuestra violencia sobre los animales.

Es mejor leer este libro que no leer nada, claro. Pero pienso que también sería mejor leerlo de forma crítica y teniendo en cuenta estas consideraciones que he expuesto.

8 de mayo de 2011

«Comer Animales»




Recientemente se ha publicado en España la traducción del libro «Comer animales» de Jonathan Safran Foer. Muchos animalistas elogian su contenido y difunden su lectura. Yo disiento de su postura y no me parece una buena noticia respecto de la cuestión moral de los animales. En esta entrada pretendo exponer mis razones por las que considero que no es texto que respete a los animales.

En primer lugar; me parece una mala noticia teniendo en cuenta que, hasta la fecha, todavía no hay nada publicado oficialmente de autores que sí defienden los derechos de los animales como son Gary Francione Joan Dunayer. Jonathan Safran Foer no defiende los derechos de los animales.

Nos encontramos con un libro que defiende que utilizar a otros animales para comida no tiene nada de moralmente objetable y que el problema solamente está en el modo en que se haga. Esta idea no sólo refleja un prejuicio especista, si por especismo entendemos discriminación basada en la especie, sino que además se defiende la ideología del bienestarismo —una ideología que dice que sólo importa "sufrir y disfrutar" y que está bien que utilicemos a los animales si nos preocupamos por su bienestar.

Por otro lado, resulta extraño que una organización como Anima Naturalis, que dice defender los derechos de todos los animales, se dedique a promocionar libros que defienden la explotación y esclavitud de los animales, como es el caso de «Liberación Animal», de Peter Singer, o este «Comer animales», de Jonathan Safran Foer. 

Aunque ya no resulta tan extraño viendo su activismo y su hermandad con PeTA, de la cual dice literalmente Foer que comparte los mismos valores que los explotadores de animales tradicionales preocupados por el "bienestar animal", tal y como se puede ver en esta entrevista:


                             


Algunos activistas piensan que es bueno que exista este tipo de material —a pesar de que promociona descaradamente el uso de animales— porque, según dicen, ayuda a la gente a tomar conciencia del problema de la explotación animal.

Ese razonamiento me parece análogo a decir que está bien que haya mataderos puesto que se ha comprobado que mucha gente que ha visto lo que ocurre ahí dentro ha decidido no volver a comer animales —o ciertos animales— o incluso le ha motivado a adoptar el veganismo.

A mi modo de ver, este libro conseguirá que mucha más gente se siga creyendo la mentira de la explotación "humanitaria" y opte por seguir comiendo animales que supuestamente han sido bien tratados.

Puede que algunos celebren que se publiquen y promocionen libros que defienden la esclavitud de los animales. Pero yo no comparto su postura puesto que estoy en contra de la explotación animal y de cualquier iniciativa que la promocione.

Me llena de sorpresa ver que alguien se sorprenda o cuestione que este libro está  promocionando de manera explícita la explotación animal. Eso significa que no debe haberlo leído atentamente. Por ejemplo, escribe el autor, en las últimas páginas:
«He apostado por una dieta vegetariana y respeto lo bastante a personas como Frank, que han apostado por una ganadería más humanitaria, para apoyar su forma de hacer las cosas. En resumidas cuentas, la mía no es una posición complicada. Ni es un argumento velado en defensa del vegetarianismo. Es un argumento en pro del vegetarianismo, pero también en pro de otro tipo de ganadería más sensata y en pro de unos omnívoros más honorables.»
Un libro puede inculcar prejuicios o provocar que los prejuicios de otros se refuercen, con lo que quien escriba dicho libro es en parte responsable de las víctimas que esos prejuicios causen.

El libro de "Comer Animales" no es sólo que esté basado en ideas especistas, sino que promociona el especismo y la explotación animal de manera clara y explícita. Esto no puede obviamente ser aceptable, como no puede serlo tampoco promocionar el racismo o el sexismo. 

Claro que despertar la empatía del público es muy importante para conseguir que se asimile un mensaje ético de respeto, pero esto no es suficiente por sí solo ni justifica cualquier cosa con el objeto de conseguirlo, por supuesto. Cuando no se hace de manera mínimamente adecuada y acorde con un mensaje de Derechos Animales, el resultado que se obtiene suele ser a menudo lo contrario de lo que se pretende. Como ejemplo, un lector del libro nos ofrece la conclusión que ha sacado de su lectura:
«En contra de lo que se pueda creer (de lo que yo creía) en un principio, Safran Foer no dice que no hay que comer carne, sino que hay que hacerlo (el que quiera) de forma responsable. Si queremos vivir de forma sostenible (aunque sólo sea por un motivo puramente egoísta, para que nuestros nietos tengan un mundo más o menos decente en el que habitar), tenemos que empezar con aquello que nos llevamos a la boca. Y, sinceramente, después de leer este libro y de lo que a raíz de esta lectura he investigado por ahí, os aseguro que en mi plato no va a volver a haber un trozo de carne que no haya salido de una granja ecológica.»
Comer animales, es decir, utilizar a otros animales para comida, es una forma de violencia porque implica agredirles deliberadamente, y es una violación del derecho a la integridad física. No tenemos ninguna justificación moral para hacerlo. Tampoco tenemos la necesidad de comer animales para alimentarnos y gozar de buena salud.

La única elección justa que podemos elegir y promover es no explotar animales —no utilizarlos meramente como medios para nuestros fines. La única opción moral correcta es el veganismo.

11 de enero de 2009

Holocausto Sin Fin


«Todos sabéis lo que es la mentira de Auschwitz. Es afirmar que los campos de exterminio nunca existieron. Pero lo que quizás no sabéis es que los campos de exterminio siguen existiendo. Estamos rodeados de ellos sin saberlo: campos de exterminio de animales. Afirmar que los campos de exterminio se cerraron al final de la Segunda Guerra Mundial, es la segunda mentira de Auschwitz.» ~ Helmut Kaplan 

Primero convertimos en esclavos a otros animales, y luego hicimos lo mismo con otros seres humanos. Pero no es más injusto esto último que aquello.

De esa manera se podría sintetizar el mensaje del libro «Eterna Treblinka» [erróneamente traducido al español como “¿Por qué maltratamos tanto a los animales?”] de Charles Patterson. Un lectura imprescindible para conocer las raíces culturales del especismo y la explotación de los animales no humanos.

El genocidio de humanos durante el Holocausto nazi no fue un acontecimiento excepcional sino la culminación de una mentalidad que los humanos nos hemos recreado durante miles de años: la cultura de la dominación.

En este libro se explica que el supremacismo humano se impuso como ideología dominante hace miles de años; comenzando por el sometimiento de animales de otras especies para luego terminar esclavizando también a otros humanos. Se hace un breve pero intenso repaso sobre algunos momentos decisivos que han conformado la civilización humana a lo largo de los últimos milenios hasta llegar a lo que ahora conocemos: la domesticación de animales, el patriarcado y la violencia institucionalizada.

Según explica Charles Patterson, el Holocausto nazi consistió esencialmente en aplicar a otros humanos los métodos de matanza industrial que se utilizaban para asesinar masivamente a animales no humanos. Tan sólo una diferencia de especie.

Las diversas formas ideológicas que han tratado de justificar el especismo ya sean religiosas, filosóficas o culturales pasan siempre por la inculcación sistemática del desprecio hacia los animales de otras especies —fomentar el odio y el miedo— cosificando a los individuos y potenciando la hostilidad contra ellos.

Los demás animales son víctimas inocentes del concepto de que las vidas de unos individuos son más valiosas que las de otros, que los poderosos tienen el derecho de explotar a los débiles, y que los que son diferentes a nosotros pueden ser sacrificados para nuestro beneficio.

El Holocausto no ha terminado.