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28 de junio de 2014

La efectividad de la noviolencia



«Los medios por los cuales tratamos de realizar una cosa tienen por lo menos tanta importancia como los mismos fines que tratamos de lograr. En rigor, son en verdad más importantes todavía. Puesto que los medios de que nos valemos determinan inevitablemente la índole de los resultados que se logran; ya que por bueno que sea el bien a que aspiremos, su bondad no basta para contrarrestar los efectos de los medios perniciosos de que nos valgamos para alcanzarlo.» ~ Aldous Huxley

Antes de entrar a discutir la cuestión que plantea el título me gustaría definir los términos básicos que se analizan en este ensayo.

En primer lugar: ¿qué es la violencia? Para comprender el significado de este concepto me parece pertinente esta definición inspirada en el trabajo de Robert Muchembled:

«El origen del término «violencia» que aparece a principios del Siglo XIII como una derivación de la palabra latina vis, que significa fuerza o vigor, caracteriza a un ser humano iracundo y brutal, y particularmente define una relación de fuerza destinada a someter u obligar a otro.

Sin embargo, como bien se señala, se trata de acciones destinadas a someter u obligar a otro, ya sea mediante la fuerza física, o bien a través acciones que dañan, limitan y ponen en riesgo la integridad emocional y física de las personas, y que les impide acceder al ejercicio pleno de sus derechos y libertades fundamentales.

De ahí que la violencia abarca desde actos extremos como las agresiones físicas que buscan dañar, poner en riesgo o acabar con la vida de una persona, hasta aquellas acciones encaminadas a intimidar, atemorizar, controlar o denigrar, con la finalidad de limitar su libertad de acción y capacidad de decisión; así como todos aquellos actos orientados a obstaculizar el acceso a los recursos materiales e inmateriales para el pleno goce de sus derechos y su desarrollo.»

Ahora pues ¿qué sería entonces la no-violencia?

El concepto de la no-violencia se basa en los mismas nociones y valores que fundamentan nuestra moral: igualdad, respeto, empatía, derechos,... La única diferencia es que la noviolencia no acepta que ninguno de esos principios se use como excusa para la violencia. Esto último es lo que le propociona su carácter peculiar.

La no-violencia no debe confundir con la debilidad, la cobardía o el quietismo. A menudo es necesario poseer una gran fortaleza y determinación para no dejarse llevar por la violencia que es innata, aprendida o inculcada. Tampoco debe confundirse con la no-resistencia al mal que proponía Tolstoi, entre otros. La no-violencia ejerce la resistencia ante el mal pero sin recurrir nunca a la agresión. Aquí expongo algunos de los rasgos característicos que, a mi juicio, forman parte del movimiento de la no-violencia:

La noviolencia practica formas de acción creativas y noviolentas, como son, por ejemplo: la desobediencia civil, el activismo educacional, y la organización social constructiva.

La no-violencia respeta a los partidarios y causantes de la opresión porque reconoce que todas las personas tienen un valor intrínseco. La noviolencia se opone a toda forma de violencia —odios, agresiones— ya sea como idea o como acto, pero nunca ataca a la persona misma.

La noviolencia se enfoca en las causas de los problemas, más que en las consecuencias. Pretende solucionar los conflictos atendiendo a las raíces que lo nutren y provocan. 

Quienes adscribimos el principio ético de la noviolencia no somos perfectos ni estamos completamente libres de violencia. Tenemos una naturaleza de instinto agresivo, y hemos sido educados en una cultura de la violencia y formamos parte de una sociedad violenta. ¿Cuál es la diferencia pues? Que reconocemos que la violencia está mal, no la cometemos de forma deliberada y nos esforzamos por vivir mediante prácticas que sean noviolentas.

Me parece importante resaltar que dentro de la no-violencia se incluye no sólo el abandono de la agresión sino también la renuncia al odio y la mentira.

En cualquier caso, no es mi intención discutir en detalle el significado o la moralidad de la no-violencia en este ensayo, sino centrarme más bien en su efectividad, en su éxito a la hora de aplicarlo en la práctica.

No apoyamos las estrategias violentas tanto por convicciones éticas como por razones prácticas, pues analizamos cada ámbito partiendo de criterios distintos. El hecho de que algo sea práctico no equivale a que sea ético; ni el hecho de que algo sea ético lo convierte en eficaz o realizable. Si bien en el tema de la no-violencia resulta que ambas categorías confluyen mucho más de lo que la mayoría cree.




Según explica Erica Chenoweth, co-autora del libro "Why Civil Resistance Works: The Strategic Logic of Nonviolent Conflict" ["¿Por qué funciona la resistencia civil? La estrategia lógica del conflicto no-violento"]:

«Históricamente, las campañas de resistencia civil han surgido y tenido éxito en muchos tipos diferentes de sistemas políticos, incluyendo dictaduras y régimenes represivos. Ninguna clase de país es inmune a este fenómeno. Sin embargo, las campañas no violentas no tienen éxito sólo por ser no-violentas. Son exitosas porque tienen más probabilidades que las violentas de apelar a sectores cada vez más amplios de la sociedad, lo que les permite construir poder desde abajo.»




Las evidencias parecen claras: las estrategias no-violentas tienen una alta efectividad. Por tanto, no son inútiles ni menos eficaces que las violentas. De hecho, resulta que tienen más éxito y, además, sin las nefastas consecuencias directa e indirectas que tiene la violencia. Sólo la posición de la no-violencia puede provocar un cambio profundo de mentalidad. La violencia causa resentimiento y venganza.

Aquí pueden ver una charla de la autora, sobre este mismo tema:



A quienes se oponen al progreso moral, les interesa mucho más que sus adversarios usen la violencia para así poder legitimar una reacción violenta contra ellos y acusarles de ser "terroristas" o algo similar. En cambio, una revolución no-violenta les arrebata cualquier excusa para recurrir a la violencia. Y en el caso de que lo hagan, quedan deslegitimados ante la sociedad. Tal y como expone Pedro Valenzuela en "La no-violencia como método de lucha", el objetivo de la no-violencia no es sólo conseguir un objetivo material, sino lograr un cambio profundo de mentalidad:

«La recomendación principal es la de distinguir entre el adversario y el conflicto que con él se tiene. Un ejemplo de este principio es la insistencia de Martin Luther King en que la lucha de los negros en Estados Unidos no era contra los blancos sino contra el sistema de dominación de los blancos; es decir, la lucha no era contra quienes cometían injusticias sino contra las estructuras que permitían y reproducían la injusticia. Consistente con la primera admonición y con la concepción del oponente en la perspectiva ética, la segunda recomendación es la de evitar acciones que lleven al oponente a percibir la campaña noviolenta como un ataque personal. El objetivo es ganar la confianza del oponente, lo cual exige transparencia en las intenciones y los planes de acción, abstenerse de humillarlo, mantener la comunicación, realizar sacrificios y demostrar empatía hacia su perspectiva, sus sentimientos y dilemas, al tiempo que se enfatiza la oposición a políticas o estructuras específicas.»

Sin embargo, los graves problemas que siguen habiendo en países que gozaron de revoluciones no-violentas —como es el caso de Sudáfrica y algunos países del antiguo bloque socialista— exponen que la no-violencia debe ser asumida como una actividad permanente y no ocasional.

En su artículo «Teoría e historia de la revolución no-violenta», Jesús Castañar concluye aludiendo a la necesidad de que la no-violencia sea un movimiento estructural, y no puntual:

«En cualquier caso, las revoluciones noviolentas han demostrado que el futuro está en nuestras manos, y que dependerá de cómo nos organicemos y de que se tenga claro qué es lo que se quiere para lograr realmente cambios transcendentales, no cesando las movilizaciones con las primeras concesiones del sistema, antes de transformarlo profundamente. Desde luego, los medios —tácticas, estrategias, imaginación— ya están a nuestro alcance, y ya es una cuestión personal creer o no que se abre una nueva era que podemos afrontar con optimismo. Yo prefiero pensar que sí, ya que eso me permite continuar la lucha con más ánimo, pues, sin duda alguna, hará falta mucho ánimo y ale­gría para mejorar el mundo.»

El número de personas que apoyan un movimiento es obviamente decisivo para conseguir su éxito, pero ésa es una categoría aparte del tema la noviolencia. El número se refiere a la cantidad y la no-violencia se refiere a la cualidad. Son dos factores distintos. Y ninguno de ellos equivale automáticamente a éxito ni a fracaso.

De todos modos, la cuestión del número es relativa. No necesariamente tiene que haber una mayoría para lograr un verdadero cambio. Algunos estudios apuntan a que una minoría social puede influir de manera decisiva sobre la mayoría y conseguir que prevalezca su criterio.

La eficacia de la noviolencia reside, en parte, en el número de gente que la apoye y por eso necesitamos que haya más gente que se involucre en este movimiento y abandone la violencia o la indiferencia.

18 de diciembre de 2012

Acerca de la violencia en un movimiento por la paz



Desde mi experiencia, en los años que llevo haciendo activismo por la promoción del veganismo, he llegado a la conclusión de que uno de los mayores problemas que enfrenta el movimiento es la falta de coherencia entre lo que debieran ser los principios de la filosofía de los Derechos Animales y la práctica de tales principios en el activismo.

Los principios básicos de los que hablo son simples y son los siguientes:

[1] La capacidad de sentir —la sintiencia— es el único criterio válido para determinar la inclusión de un individuo en la esfera de la moralidad.

[2] Los animales que poseen la capacidad de sentir son sintientes, por lo tanto deben ser considerados como pacientes morales, es decir, como éticamente relevantes.

Estos principios parecen simples pero las implicaciones que tienen sobre la forma en que debiéramos ver el mundo parece que pasan desapercibidas para la mayoría. La filosofía de los Derechos Animales se refieren a todos los animales sintientes, y no sólo a los no humanos.

Si de hecho los animales son sintientes y esto quiere decir que merecen ser aceptados como individuos con valor inherente, y si de hecho el ser humano es sintiente, entonces eso quiere decir que el ser humano también posee valor inherente y que no ha de ser tratado como un mero recurso, una cosa, una mercancía o, en última instancia, un simple medio para un fin. Que un ser tenga valor intrínseco viene a significar que es un fin en sí mismo y que no debemos ignorar ese valor para forzar sobre él otro valor de tipo utilitario.

En otras palabras, cuando yo esclavizo a una vaca para violarla y así embarazarla a la fuerza, le quito a su hijo para llevarlo al matadero y luego robo la leche que su cuerpo produjo para ese hijo que le arrebaté, entonces estoy haciendo a un lado el valor intrínseco tanto de aquella vaca como de su hijo para imponer tan sólo el valor utilitario que implica lucrarme con ellos —o en última instancia, el valor utilitario de mi paladar disfrutando con el sabor de sus cuerpos o secreciones.

Si aceptamos que está mal hacer lo anterior, entonces igualmente debe estar mal ignorar el valor inherente de un ser humano para tratarlo sólo como un medio para un fin.

Cuando un activista agrede a otro ser humano —aunque sólo sea verbalmente— está tratándolo como un simple recurso. Puede que este humano sea usado como un medio para hacer catarsis, una actitud bastante extendida en el movimiento aunque la mayoría de los activistas no lo reconozca así. A menudo, estas actitudes violentas, agresivas, son realizadas "en nombre de los animales".

Entonces, cuando hacemos algo en nombre de los animales —"por los animales"— parece que todo es válido y posible. Puedes insultar a alguien, amenazarle, golpearle, o destruir su propiedad privada; y dado que lo has hecho "por los animales" no hay activista en el mundo que pueda decirte algo o será tachado de traidor a la causa, o tal vez de burgués o divisionista.

El asunto es que las personas que adoptan estas actitudes de agresividad en contra de otros humanos, típicamente caracterizados como explotadores de animales, no atinan a reconocer diversas incoherencias en su pensamiento. A saber:

Si eres violento con otro humano "en nombre de los animales" estás precisamente viendo al humano como un medio para un fin, siendo este fin la supuesta liberación animal. En este sentido, "por los animales" todo vale y cuando dejas atrás la consideración por los así llamados explotadores de animales ya no es posible ponerle límites a lo que un activista puede hacer. La justicia no puede ser justicia-a-medias o deja de ser justicia.

Los así llamados explotadores de animales no son sólo los carniceros, los vivisectores o los dueños de las empresas de la industria animal sino que además lo son todos aquellos que consciente o inconscientemente participan de la explotación de los demás animales para su beneficio o satisfacción. Si nuestra madre —o nuestro padre— se rehúsa a ser vegana entonces claramente es una explotadora de animales. Y si pensamos que es aceptable insultar, amenazar o dañar la propiedad de los explotadores entonces debemos insultar, amenazar o destruir la casa de nuestra madre —la misma casa donde probablemente algunos activistas aún viven. Si no lo hacemos es porque sentimos un apego especial por nuestra madre —a diferencia de con el vivisector— que nos impide hacerle daño. Pero la justicia no puede estar basada en el apego emocional que yo tenga con un individuo en especial, porque entonces deja de ser justicia. O es para todos o no es justicia.

El veganismo es, al fin y al cabo, una llamada por la paz. Dado que los principios de los Derechos Animales nos dicen que ningún animal debe ser tratado como nuestra propiedad y que cada uno debe ser libre para vivir su propia vida —y no ser nuestra mercancía— entonces estamos diciendo que la violencia es injustificada. Si la violencia se justifica bajo algún medio entonces existiría una potencial razón para explotar a otros animales. Pero ésta no existe. El veganismo se fundamenta en la idea de que la violencia contra otro ser sintiente es injustificada y que ésta debe acabar.

Hacer una diferencia entre humanos y no-humanos, como si los Derechos Animales se aplicaran sólo a los segundos, es una actitud especista, quiera o no quiera aceptarse. El humano es un animal e indudablemente merece estar incluido dentro de los Derechos Animales. De no estarlo, entonces no estaríamos destruyendo la jerarquía sino sólo reacomodándola. Es más, los tipificados como explotadores de animales quedarían abajo en la nueva jerarquía mientras que los activistas por los animales quedarían arriba, obviamente, resguardando el statu quo. Esto es evidentemente indeseable —además de imposible en la actualidad— e incoherente con los principios que decimos defender.

Se vuelve evidente cuando profundizamos un poco en los discursos y argumentos de muchos activistas que validan la violencia contra otros humanos "en nombre de la liberación animal" que debajo se esconden la ira, la frustración y la impotencia por saberse limitados ante una empresa tan grande como es expandir la conciencia vegana. Pero no debemos dejarnos llevar por estos sentimientos —ni por la misantropía— porque al hacerlo estamos nuevamente viendo a los demás animales como un medio para un fin, el cual es descargar nuestras emociones, hacer catarsis, sentirnos bien con nosotros mismos, por ser "héroes de la Tierra", "luchadores por la libertad", y otras denominaciones poco humildes.

Además de aceptar que no existe un único movimiento animalista —pues no todas las organizaciones ni todo el activismo promueven lo mismo, es decir, no todos promueven la igualdad entre todos los animales, la ética de derechos, ni la adopción del veganismo como base para tal activismo— es la construcción de este movimiento en lo que debemos enfocarnos porque la industria de la explotación animal no se va a terminar mañana, lo que queramos o no, sea lo que sea que hagamos.

Si nuestra motivación es puramente emotiva y lo que pretendemos es librarnos de la rabia que albergamos en contra de los infames explotadores de animales —aunque no lo reconozcamos o lo sepamos— cuando me encamino rumbo al laboratorio de vivisección o a la granja de visones entonces estamos cayendo en la misma dinámica que sustenta la mercantilización animal. Estamos actuando no muy diferente de aquellos contra los que decimos estar en contra. Estamos tratando a los animales como un medio para el fin de desahogar nuestra angustia. Estamos en definitiva olvidando a las víctimas y actuando egoístamente.

Lo mismo ocurre cuando los activistas que practican la denominada "acción directa" se dedican a liberar animales esclavizados sin preocuparse por los mismos animales que liberan ni por las consecuencias directas para otros animales inocentes que dichas liberaciones puedan tener.

Por otro lado, incluso si tuviéramos un ejército de activistas no sería suficiente para derrocar la jerarquía humana sobre otros animales, destruir todas las industrias de explotación animal y además mantener ese orden a lo largo del tiempo. Y no sería deseable. No debemos reordenar los bloques de la pirámide; debemos desarmarla. 

Los veganos no somos especiales; no somos los protectores o los guardianes de los animales. Simplemente somos lo que la norma debiera ser. Somos personas comunes y corrientes que un día tomamos consciencia sobre la violencia y esclavitud a la que son sometidos los demás animales en la sociedad actual y decidimos que aquello estaba mal, que debía cambiar. Si nosotros lo hicimos, muchos más podrán. Debemos educarles, no provocar un conflicto con ellos, inútil y muchos veces contraproducente de cara a conseguir un mundo vegano.

El sentimiento de urgencia es comprensible. Siendo conscientes de la enorme cantidad de animales que sufre a cada segundo, sentimos a menudo que deberíamos hacer algo de inmediato. Y ciertamente podemos hacerlo, pero no a través de la ira, la frustración o la violencia. 

Es mejor que aceptemos algo de inmediato: para los animales explotados que padecen hoy, siempre llegamos tarde. Así como para los que murieron hace diez años atrás o para los que morirán mañana, siempre es demasiado tarde. Para ellos no existe la enaltecida liberación animal mientras permanezcan bajo el cuidado —léase dependencia— de un ser humano. Ellos siempre serán esclavos de alguna manera, aunque los tratemos bien.

Sin embargo, a pesar de esto, hay algo que podemos hacer para cambiar la situación. Dejar de traer esclavos al mundo y no apoyar la explotación animal. Revisemos cuales son nuestros principios. 

Primero; ningún animal debe ser tratado como nuestra propiedad. Los demás animales deben ser libres dueños de sus propias vidas. No los tratemos como meros recursos entonces, ya sean humanos o no.

Segundo; centremos nuestros esfuerzos en educar sobre veganismo. El veganismo no es sólo una fantasía que se dará en un mundo utópico y en un futuro lejano. El veganismo existe en el ahora. Cada vegano salva decenas de animales cada año. Cada vegano crea una estela de difusión del veganismo alrededor de quienes lo conocen. Esto es muy importante. La educación vegana es a la vez lo único efectivo que podemos hacer tanto para salvar a otros animales como para construir un movimiento sólido que finalmente acabe con la explotación animal.

Nuestro tiempo y nuestros recursos son limitados. No podemos hacerlo todo y no todo es eficiente ni coherente con los principios de los derechos animales. Debemos escoger, por lo tanto, lo más eficiente: educación vegana.

Tercero; los activistas que validan la violencia por la liberación animal argüirán que la "educación no es suficiente", que no basta o incluso que "no sirve". Este argumento se cae por sí mismo !dado que todos nosotros hemos cambiado gracias a la educación! Nadie nos está apuntando a la sien con un arma para que no comamos productos animales. Nosotros fuimos concienciados. El resto también puede serlo. Pero hay que propiciarlo. Cuando elegimos hacer otra cosa diferente, estamos escogiendo
no hacer educación vegana.

Los animales no pueden luchar por sus derechos y dependen de nosotros para que lo hagamos. La opinión pública lo es todo para ellos. Si la gente nos oye predicar no-violencia mientras practicamos la violencia, ¿qué pensarán? Nos desestimarán, y con nosotros al veganismo. Un movimiento por la paz debe no sólo predicarla, sino que debe vivirla.

Es ciertamente desafortunado que haya tantos activistas que no comprendan que la filosofía del veganismo y los Derechos Animales son ante todo una ética de no-violencia, y se comporten a veces de una manera inapropiada. Deseo sinceramente que recapaciten, como yo mismo hice aprendiendo de mis errores en el pasado.


19 de abril de 2012

La noviolencia como filosofía y como estrategia

NOVIOLENCIA

En esta ocasión quisiera compartir un texto que me parece clave dentro de la perspectiva ética acerca del problema de la violencia. Su autor es el teórico y activista Jean-Marie Muller y su título es: "La noviolencia como filosofía y estrategia". A continuación selecciono algunos párrafos de muestra:
«Es necesario reconocer que la noviolencia es extraña a nuestras culturas. Estas han otorgado un amplio lugar a la violencia, mientras que no han otorgado prácticamente ninguno a la noviolencia. La palabra misma de la noviolencia plantea una cuestión a la cual no estamos seguros de saber responder. Para la mayoría de nuestros contemporáneos la no-violencia es percibida a través de confusiones y malentendidos y se ve desacreditada antes de que se pueda plantear el debate. Por ello es importante antes que todo superar estos malentendidos y confusiones para establecer el verdadero significado de la no-violencia" 
"Podemos señalar desde ahora que la violencia no ofrece ninguna solución al conflicto. La violencia aparece no como un arreglo del conflicto sino como un desarreglo del mismo. Pero hay que desacreditar la violencia y rehabilitar el conflicto. Existe una confusión inicial que es necesario aclarar: la no-violencia no presupone un mundo sin conflictos, no propone huir de los conflictos. La no-violencia no tiene sus raíces en el sueño de un mundo donde todos serían bellos, donde todos serían amables, donde todos serían buenos. Ella tiene sus raíces, al contrario, en la toma de conciencia de nuestra realidad del mundo que es no solamente un mundo de conflictos, sino un mundo de violencias." 
"A partir de esta mirada sobre la violencia, somos conducidos a rechazar cualquier justificación de la misma. La violencia no puede justificarse nunca porque ella jamás es justa." 
"Deberíamos ponernos todos de acuerdo sobre algunas propuestas tan simples como elementales. Si la noviolencia es posible, es preferible -¿no es cierto?- y si la noviolencia es preferible, debemos estudiar sus posibilidades -¿no es esto lógico? Ahora bien, precisamente, es esto, lo que hasta el presente no hemos hecho. Mi propuesta es, por lo tanto, humilde y modesta: estudiemos las posibilidades de la no-violencia comenzando por el comienzo. No se trata de situarnos en una problemática de todo o nada. Pero reconozcamos que, en lo referente a la noviolencia, estamos más cerca de nada que de todo.»

Artículos relacionados:

- Principios de la noviolencia


- Noviolencia activa


Estrategias noviolentas para el cambio social


31 de agosto de 2011

Observaciones acerca de la cuestión de la violencia



«La violencia trata a otros como medios para fines en vez de tratarlos como fines en sí mismos. Cuando actuamos violentamente contra otros –sean humanos o no humanos–, ignoramos su valor inherente. Los tratamos sólo como cosas que no tienen ningún valor, excepto el que nosotros decidamos darles. Esto es lo que lleva a las personas a involucrarse en crímenes de violencia contra la gente de color, mujeres, gays y lesbianas. Esto es lo que nos lleva a cosificar a los no humanos y tratarlos como recursos que existen solamente para nuestro uso. Todo esto es erróneo y debe ser rechazado.»                                                                                            ~ Gary Francione


A la hora de reflexionar sobre la cuestión de la violencia, en primer lugar, creo que es importante tener claro que la violencia no se limita sólo la agresión física. También existen otros tipos de violencia: la mental (el odio), la verbal (insultos, amenazas) o la violencia contra la verdad (mentir). Estas formas de violencia también son moralmente reprobables, y son incluso más habituales que la violencia física. Aunque existe una evidente diferencia de grado entre insultar y herir físicamente; si insultamos a una persona estamos siendo violentos con ella. Y no concibo ningún caso (como proteger a una persona) en el que insultar a alguien estuviera justificado.

Veo que prácticamente todo el mundo  coincide en que considera justificada la violencia en el caso de no haber otro modo de salvar la vida de alguien dentro de una situación individual. Pero creo que es muy habitual confundir violencia con el uso de la fuerza. Se puede detener a un agresor sin tener necesariamente que hacerle daño. Existen técnicas de defensa personal y armas no-letales (por ejemplo, esprays) que tienen ese propósito.

Nadie defiende la idea de que la única forma de confrontar el problema de la violencia sea con palabras amables, sino que si realmente comprendemos el problema y estamos en contra de la violencia entonces buscaremos la manera de evitarla y adoptar unas vías de acción no-violenta

Pensar que rechazando la violencia nos limitamos a la pasividad es igual que equivocado que creer que por rechazar la violación sexual entonces necesariamente nos quedamos limitados a no poder tener una vida sexual plena y satisfactoria con otras personas, cuando esto obviamente es absurdo. Podemos disfrutar de la sexualidad sin incurrir en violencia contra nadie, e igualmente podemos evitar y solucionar las injusticias sin recurrir a la violencia.

El problema de fondo es la violencia en forma de mentalidad (prejuicios como el especismo) y la agresión física contra los animales. Y si el problema moral es la violencia (y a mi modo de ver es el problema central y más importante) entonces emplear ese mismo problema -la violencia- como táctica no puede solucionarlo, sólo extenderlo y agravarlo.

Vivimos en una sociedad que considera la explotación de los animales no humanos como algo asumido y aceptable. Es un problema estructural que tiene su raíz en nuestra forma de pensar y de sentir. Esto no lo vamos a solucionar intentando arreglar sucesos concretos que ocurren coyunturalmente (sin menoscabo de ayudar a quienes lo puedan necesitar), sino creando una cultura diferente. Esto sólo se puede conseguir a través de una acción educativa que persuada y convenza a la gente. Si nosotros entendemos el problema entonces los demás también pueden hacerlo. Es cuestión de perseverar y de hacerlo de manera correcta.

La noviolencia encuentra su fuerza no en el miedo y la destrucción, como hace la violencia, sino en la persuasión y el convencimiento a través de la empatía y la razón. En esto es precisamente en lo que se fundamenta la herramienta de cambio más poderosa que tenemos a nuestro alcance para enfocar el problema de la violencia, esto es, la educación vegana. En palabras de Gary Francione:
«Si queremos ver un mundo en el que no haya violencia contra los más vulnerables, nosotros mismos debemos no ser violentos, y presentar nuestros puntos de vista de una manera no violenta. La no violencia comienza con nuestro propio veganismo y nuestro uso de medios creativos y no violentos para educar a otros acerca del veganismo.»

7 de julio de 2011

Steven Pinker y el declive de la violencia



Hace unos días aparecía en el programa de divulgación Redes un capítulo dedicado a la cuestión de la violencia. Su visionado es especialmente recomendable para todos, y especialmente para quienes son conscientes del grave problema que es la violencia.

Aun después de ver el programa y comprobar que sus argumentos parecen convincentes podemos preguntarnos: ¿realmente ha declinado la violencia?

Hay que tener en cuenta que el análisis que hace Steven Pinker se limita a la violencia entre seres humanos; más concretamente a la violencia entre colectivos humanos: tribus, comunidades, naciones o la violencia interpersonal, pero no tiene en cuenta la violencia del ser humano contra otros animales.

Esta última forma de violencia no parece que haya disminuido sustancialmente. De hecho, en número de víctimas ha aumentado gravemente, a la par que ha aumentado el número de la población humana y la industrialización de la explotación animal. Los seres humanos seguimos utilizando a los demás animales para todo tipo de fines desde alimentación hasta entretenimiento, y el número de víctimas de animales esclavizados y asesinados asciende a miles de millones cada año.

Creo que sería algo bueno reflexionar acerca del hecho de que no solamente los seres humanos son víctimas de la violencia sino también otros animales. Si entendemos que no está bien hacer a otros lo que no deseamos para nosotros mismos; es decir, oprimir, agredir o quitarle la vida a otro humano, también podremos ver que además de los humanos los otros animales tampoco quieren ser sometidos, ni dañados, ni que destruyan su vida.

Tal vez el prejuicio más arraigado en la mente humana es la idea de que somos esencialmente diferentes y superiores a los demás animales y que tenemos el derecho de utilizarlos para nuestro beneficio, es decir, el antropocentrismo. No sólo el más arraigado sino también el más inadvertido puesto que realmente muy pocos se lo han cuestionado seriamente.

Durante un segmento de la conversación, Punset comenta que le resulta curioso que la reducción de la violencia en la sociedad humana no haya venido acompañada de un aumento paralelo del vegetarianismo. Pinker replica que preocuparse por el bienestar los animales no conduce necesariamente al vegetarianismo porque aunque nos hagamos vegetarianos las otras personas seguirán comiendo animales y podemos mejorar el bienestar de los animales mediante regulaciones que aseguren una cierta calidad de vida y una muerte indolora. 

Planteemos esas réplicas al contexto humano: ¿no es acaso nuestra obligación moral respetar a los seres humanos aunque haya otros muchos humanos que no lo hagan? ¿Acaso no es nuestra obligación moral respetar a las mujeres aunque haya otros muchos que abusen de ellas? La objeción de Pinker resulta éticamente absurda, pues está alegando que está bien cometer un mal simplemente porque hay otros muchos que lo cometen. Aparte del hecho de que todos los cambios sociales comienzan siempre por un puñado de personas antes de convertirse en movimientos masivos.

Por otro lado, si no existe ninguna razón ni necesidad que justifique utilizar de alimento a los animales entonces preocuparnos por la condición en que los utilizamos y los matamos no resuelve el problema moral de que estamos infligiendo daño a los animales injustificadamente. Extrapolemos una vez más el caso al contexto humano: ¿es correcto utilizar de comida a seres humanos si nos preocupamos por proporcionarles unas condiciones confortables y una muerte indolora?

Pienso que hay que tener en cuenta que la violencia no se limita solamente a la agresión física. El hecho de tratar a un individuo como si fuera una cosa, como un simple medio para conseguir nuestros fines, también es violencia puesto que es una violación del respeto que merece como persona.

Para terminar, me gustaría comentar un último detalle. Durante el programa se dice que Inglaterra ha prohibido la caza del zorro. Pero eso es falso. Lo único que se ha prohibido es cierto uso de perros en dicha práctica, pero la caza del zorro sigue existiendo y es completamente legal. Se puede ver que la legislación al respecto dice claramente que la caza es legal mientras no se utilicen a perros para ciertos cometidos, tal y como comprobarse en la siguiente noticia
«La ley prohíbe el uso de perros en las capturas, aunque pueden emplearse para seguir el rastro de la pieza.»
He encontrado un vídeo del 2008 donde se puede ver a unos activistas en Inglaterra salvando a un zorro de ser apresado. ¿Pues no decían que la habían prohibido?

Es decir, todo sigue igual salvo que no se pueden utilizar perros denominados "de presa" pero sí los "de rastreo". Se trata por tanto de un fraude moral y práctico, como son todas las leyes que regulan la explotación de los animales.

Como señalé anteriormente, la violencia no se refiere sólo a la agresión física, sino también al hecho de cosificar a seres sensibles. Asimismo, también existe otra versión de la violencia que consiste en la violencia contra la verdad, esto es, la mentira. Puede que esto se deba una confusión. Pero no es poco habitual el encontrarnos con el hecho de que se manipula o tergiversa la verdad con el objeto de lograr ciertos fines.