19 de diciembre de 2019

Acerca de la crueldad



Nadie niega que en efecto haya crueldad hacia los demás animales. La hay. Ni que esa crueldad esté mal. Está mal. Casi todo el mundo estaría del todo acuerdo aquí. Sin embargo, la crueldad no es el error fundamental que reside en nuestra actual relación con los demás animales. Así lo señalaba el profesor Tom Regan:
«No deseo negar la importancia de impedir la crueldad ni desaprobar la labor de cruzada efectuada por estas organizaciones, pero debo concluir que apostar tanto en la prevención de la crueldad obscurece las cuestiones morales fundamentales y corre un serio riesgo de ser contraproducente.»
Definamos crueldad como la actitud deliberada de infligir sufrimiento sobre un individuo cuando actuamos sobre él para conseguir alguna finalidad. La crueldad es también nuestra indiferencia ante el daño intencionado que provocamos en otros individuos a pesar de tener conocimiento de ese daño.

No deberíamos confundir la crueldad con el sadismo, que sería la conducta motivada por el placer que nos provoca hacer daño a otros deliberadamente. Creo que el profesor Regan no distingue correctamente en su ensayo citado entre crueldad y sadismo. La crueldad pretende causar daño y sufrimiento pero su objetivo no es causarlo por sí mismo sino que lo usa como un medio para lograr otro fin. En cambio, el sadismo pretende ese daño y sufrimiento por sí mismos, sin otra finalidad, motivado por el solo placer que le supone causarlo.

A veces ambos términos se usan como sinónimos, y se confunden entre ellos, pero independientemente del uso de los términos, lo que yo pretendo diferenciar son dos fenómenos distintos, aparte de la etiqueta con los que los nombremos. En este ensayo me referiré predominantemente al primer fenómeno, el cual he etiquetado como crueldad.

El primer problema que nos encontramos con el enfoque anticrudelista es que el concepto de crueldad hace referencia a un estado psicológico, e incluso neuronal. Ser cruel pues significaría tener una actitud o disposición consciente de querer infligir daño o sufrimiento a otros. Eso significa que si alguien utiliza a otro animal sin demostrar dicha actitud psicológica entonces ya no estaría siendo cruel; con lo que ya no se podría condenar ese uso apelando a la crueldad. Cuando la gente consume productos de origen animal, o asiste a actividades que utilizan animales, no tiene a menudo ni siquiera el pensamiento de estar infligiendo daño a los animales. Quienes explotan a los animales alegan continuamente que ellos intentar evitar cualquier sufrimiento o daño innecesario a los animales cuando los explotan. ¿Se les puede acusar entonces de ser crueles? 

Si entendemos la crueldad como el hecho de infligir daño a los animales sin una razón que justificara ese daño, entonces la crueldad hacia los animales no se trata de un fenómeno aislado sino que más bien se trata de una consecuencia del problema de fondo. El error fundamental es considerar a los animales como seres inferiores que existen para nuestro beneficio. El problema central está en no considerar a los otros animales como sujetos de consideración moral y respetarlos como tal. La crueldad y los abusos se derivan de esta visión cosificadora sobre los animales. La crueldad sería pues un síntoma; no la causa de la violencia.

Nuestra sociedad somete a los demás animales a la condición de meros recursos y mercancías para beneficio humano. Esto es la esclavitud. Los animales son considerados como propiedades de los humanos. La esclavitud es moralmente errónea por el hecho mismo de que trata a seres conscientes como si fueran objetos. Que esta esclavitud se haga de forma cruel es otra cuestión, que además está sujeta a interpretaciones un tanto relativas.

Explica el profesor Regan, en el artículo citado al comienzo de este ensayo, que ser cruel significa que alguien pretende disfrutar con el dolor y el sufrimiento que causa deliberadamente a otros. Como ya apunté antes, creo que eso corresponde más bien con el sadismo. Ciertamente el hecho de que explotemos a los animales no está motivado por el sadismo. Los explotemos por prejuicio, por inercia, por beneficio; pero no por sadismo, esto es, no porque queramos causarles sufrimiento por el sufrimiento mismo sino que les hacemos daño para conseguir alguna otra finalidad. 

Ese tipo de enfoque centrado en la crueldad está tan difundido debido en parte a que pertenecen a la propaganda de organizaciones bienestaristas como, por ejemplo, PeTA y AnimaNaturalis. Estos grupos corporativos denominan crueles a aquellas prácticas que consideran que provocan sufrimiento o mucho sufrimiento. Al enfoque bienestarista sólo le importa el sufrimiento y no se opone a la explotación y esclavitud de animales excepto en la parte que causa mucho sufrimiento.

A mi entender, si nos centramos en hablar de crueldad estamos dando un mensaje equivocado. Utilizar a los animales es moralmente erróneo sin importar si somos crueles al utilizarlos. La crueldad puede ser un agravante pero no es el error fundamental. Cualquier utilización que hagamos de otros animales es un abusoporque se trata de un uso no consentido y dañino contra sus intereses. Por tanto, para acabar con todos los abusos, lo que hay que rechazar y denunciar es el uso. Denunciar simplemente la crueldad no supone cuestionar la existencia de la explotación animal: la utilización de animales no humanos.

Focalizar en la crueldad, lejos de ayudar a comprender el asunto, dificulta entender y reconocer la injusticia que reside en nuestra actual relación con los animales. Así, no pude evitar recordar la reflexión de Hanna Arendt cuando relataba que Eichmann declaraba que siempre había procurado evitar la crueldad sobre sus víctimas:
«Tal y como Eichmann insistiría una y otra vez, las directrices rezaban: Se ha de evitar la dureza innecesaria. Y cuando, en el curso del interrogatorio policial, se le dio a entender que esas palabras sonaban un tanto irónicas tratándose de personas a las que estaba enviando a una muerte cierta, ni siquiera entendió de qué le estaba hablando el oficial de policía que lo interrogaba. La conciencia de Eichmann se rebelaba ante la idea de crueldad; no la de asesinato.»
El enfoque sobre la crueldad tiende a fijarse exclusivamente en el sufrimiento ignorando así que todos los seres dotados de sensación, sin importar su especie, no sólo desean evitar el sufrimiento sino también desean evitar la muerte. Todos los seres conscientes desean continuar existiendo. Infligirles dolor sin una razón que lo justifique no es más grave que infligirles la muerte sin una razón que lo justifique.

26 de noviembre de 2019

«Del especismo a la igualdad»




La autora Joan Dunayer expone en el siguiente ensayo, —titulado originalmente "From Speciesism To Equality"— su análisis sobre el problema del especismo en sus diferentes aspectos —distinguiendo entre el especismo tradicional y el nuevo especismo— y plantea su propuesta igualitaria para superarlo. Este escrito se puede considerar complementario a su otro artículo anterior titulado «Por la igualdad animal». En ambos ensayos, Dunayer resume su visión filosófica, a los que habría añadir otros dos textos titulados «Defensores de los derechos animales "bienestaristas": un oxímoron» y «Sirviendo al abuso: promocionando productos de origen animal». Leyendo estos cuatro ensayos se puede tener una idea general y bastante aproximada del pensamiento de Joan Dunayer.

**************

Del especismo a la igualdad


Joan Dunayer 


Verano 2005


Es especista denegar la igual consideración y respeto a cualquier individuo no humano debido a que no es humano o a que no se parece a los humanos.

Cuando ven a un loro en una jaula, a un pez en una pecera, o a un perro encadenado, están viendo el especismo. Si creen que una tortuga o una avispa tiene menos derecho a la vida y la libertad que un zorro o un humano, o si consideran que los humanos son superiores a los humanos, entonces están suscribiendo el especismo. Si visitan acuaprisiones o zoos, visten con pieles de vacas o pelos de ovejas, o comen carne, huevos o productos lácteos, están practicando el especismo.

Especismo Tradicional

¿Qué es exactamente el especismo? El psicólogo Richard Ryder acuñó la palabra especismo en 1970. Aunque nunca definió explícitamente el término, indicó que el especismo traza una fuerte distinción moral entre humanos y otros animales [1]. De manera similar a Ryder, filósofos como Peter Singer y Tom Regan definen el especismo como un sesgo contra los no-humanos [2]. Esa definición es demasiado restrictiva. El racismo no está restringido a todos los no-blancos; se produce también contra una serie concreta de razas: por ejemplo contra todos los no-blancos excepto los asiáticos, sólo contra los negros y los nativos americanos, o sólo contra los aborígenes australianos. Análogamente, el especismo no está limitado a todos los no-humanos sino que incluye sesgos contra determinado número de especies animales, tales como todos los animales que no sean grandes primates, todos los no mamíferos, o todos los invertebrados.

Lo que Ryder, Singer y Regan denominan "especismo" se trata en realidad de un tipo de especismo: el tipo más antiguo y severo que denomino «especismo tradicional». Los especistas tradicionales no creen que ningún no-humano merezcan reconocimiento moral como los humanos y tengan derechos legales básicos, como el derecho a la vida y la libertad. La mayoría de seres humanos son especistas tradicionales.

Nuevo Especismo

En contraste con el especismo tradicional, un creciente número de gente considera que los derechos morales y legales deben extenderse más allá de nuestra especie. Sin embargo, no defienden una posición igualitaria sino que aplican un tipo de especismo que denomino «neoespecismo» [nuevo especismo]. Los neoespecistas abogan derechos sólo para determinados no-humanos; aquellos que se parecen más a los humanos. Al creer que los humanos son superiores a los no-humanos, los neoespecistas ven el reino animal como una jerarquía en la que los humanos se sitúan en la cima. Habitualmente consideran que los chimpancés, delfines, y otros mamíferos no humanos, son más importantes que los demás no-humanos. También jerarquizan a los mamíferos por encima de las aves; a las aves por encima de los reptiles, los anfibios y los peces; y a los vertebrados por encima de los invertebrados.

Peter Singer ejemplifica el neoespecismo. En su opinión, los humanos que posean al menos una inteligencia promedio tienen mayor valor que los nohumanos [3]. Más aún, aboga por el derecho a la vida y la libertad sólo para los humanos, otros grandes primates, y posiblemente otros mamíferos que posean una autoconciencia similar a la que tiene un ser humano promedio tras su infancia [4]. ¿Por qué un ser humano promedio? ¿Por qué no un pulpo o un cuervo? El criterio de Singer es claramente antropocéntrico y sesgado: especista. Singer considera que todos los no mamíferos son "reemplazables" —en sus propias palabras [5]. Él se opone categóricamente a la vivisección sobre los mamíferos [6]También considera que es moralmente aceptable la cría y matanza de aves, peces, y otros no mamíferos, si sus vidas han sido placenteras —algo extremadamente difícil— y son matadas rápidamente y sin dolor —algo extremadamente dificil también [7]. No es especista, afirma Singer, creer que la matanza de miles de seres humanos es más trágica que la matanza de millones de pollos [8]. Por supuesto que es especista.

No Especismo

Al rechazar la noción de la superioridad humana, el no-especismo aboga por derechos básicos para todos los seres sintientes. Los no-especistas no desean que algunos no-humanos sean humanos honorarios; ellos desean que la sintiencia reemplace a la humanidad como la base para los derechos.

La sintiencia debe ser suficiente para los derechos legales básicos porque cualquiera que pueda experimentar subjetivamente tiene un interés en continuar viviendo y en encontrarse bien; y el sentido de las leyes es el de proteger intereses [9]. A ojos de la ley, los humanos más mentalmente incapacitados tienen intereres que requieren protección. Más aún, sus intereses no cuentan menos que los de aquellos humanos con una capacidad intelectual promedia o por encima de la media. Los humanos que carecen de lenguaje o razonamiento abstracto continúan teniendo derechos. ¿Así que por qué los individuos no humanos no deberían tener esos mismos derechos? La conciencia de cualquier tipo y cualquier grado debe ser protegida. Cualquier ser sintiente lo pierde todo cuando muerte. Cualquier ser sintiente puede sufrir. Estar libre de privaciones y dolores es tan relevante para las langostas y las serpientes como para los gorilas y los humanos.

La visión no-especista contempla a todos los individuos no humanos como personas legales en lugar de propiedades humanas. La personalidad emanciparía a los no-humanos de la servidumbre humana, lo que proscribiría que los no-humanos fueran usados para trabajar, actuar, producir o proveer cualquier servicio. Nunca más los caballos tirarán de carruajes, ni los tigres saltarán por aros, ni los elefantes tendrán que cargar con seres humanos en sus espaldas. La legislación prohibiría que los humanos se apropiaran de los no-humanos. Los humanos no podrían criar, comprar o vender a los no-humanos para ningún propósito, ya fuera la vivisección o la producción de comida o la tenencia de mascotas o la propagación de especies en peligro.


Para llegar a la emancipación, un gran porcentaje de la gente debería apoyar la igualdad animal y ser vegano, de modo que sólo unos cuantos no-humanos estuvieran sometidos a cautivero. Hasta la emancipación, los perros, gatos y otros animales domesticados podrían vivir tutelados por seres humanos responsables que cuidaran de ellos [10]. Liberados de la explotación y otros abusos, los otros animales domesticados —tales como gallinas liberadas de la industria del huevo y ratas liberadas de la vivisección— recibirían cuidados veterinarios, o podrían ser eutanasiados si se les diagnosticara una dolorosa enfermedad incurable, y sería adoptados en refugios o domicilios particulares.  Los no-humanos bajo tutela humana tendrían esencialmente los mismos derechos legales que los niños humanos.


La cautividad no humana sería eliminada. Hasta donde sea posible, los animales domesticados —incluyendo a perros y gatos— no serán expuestos a situaciones en las que puedan reproducirse, por ejemplo, mediante la esterilización [11]. El número de animales domesticados descendería rápidamente.


Los cautivos no domesticados serían liberados si, después de la necesaria rehabilitación, pueden mantenerse sin la asistencia humana y existe un hábitat apropiado para ellos. En caso contrario, serán cuidados permanentemente en santuarios. En tanto sea posible, estos santuarios deben proporcionarles ambientes lo más cercanos a su hábitat natural. Al igual que sucede con los animales domesticados, hay que evitar que los no domésticos puedan criar. Al final, todos los individuos no humanos serán los animales no domesticados que viven libres, sin interferencia humana, en sus hábitats naturales.


El reconocimiento de su personalidad otorgaría a los no-humanos todos los derechos legales relevantes, como el derecho a la vida. Así como todos los otros derechos de los no-humanos, un derecho no-humano a la vida limitaría la actividad humana, no la de los no-humanos. Los humanos no deben interferir en la relación predador-presa entre no-humanos libres. A diferencia de los humanos, los depredadores necesitan matar para sobrevivir. Bajo una ley no especista sería ilegal que un humano matara a un no-humano excepto bajo circunstancias extraordinarias. Si estuvieran perdidos en un terreno ártico o desértico sin acceso a vegetales comestibles, estarían legitimados en matar a un animal para poder comer. Si un león estuviera a punto de atacarlos, estarían legitimados a matarlo en defensa propia. Podemos matar parásitos que amenazan la vida de un perro o eutanasiar a un gato que padezca un sufrimiento incurable. En cambio, sería ilegal matar a una rata para obtener datos en experimentos, a una vaca por su carne, a un pez por deporte, a un visón por su piel, a una araña por aversión, o a cualquier no-humano por razones injustificadas.


La personalidad proporcionaría a los no-humanos el derecho a la libertad: libertad física e integridad corporal. Con la temporal excepción de los animales domesticados, y algunos animales no domesticados cautivos en el momento de la emancipación, los no-humanos vivirían en completa libertad. Los humanos no podrían legalmente mantenerlos cautivos, ya fuera mediante cadenas, jaulas, vallas, confinados en un edificio, o de cualquier otra manera. Sería ilegal torturar o asaltar sexualmente a un no-humano, así como mutilarlo, golpearlo o cualquier otra forma de agredirlo, excepto en el caso de autodefensa directa.

Una legislación no especista acordaría que los no-humanos tuvieran un derecho de propiedad. Ellos serían propietarios de los productos de su cuerpo y su trabajo. Las ostras serían las propietarias de las perlas que engendran, los petirrojos serían propietarios de los huevos que ponen, y las colonias de abejas serían propietarias de la miel que producen. Los no-humanos serían propietarios de sus nidos, madrigueras y colmenas. Así pues sería ilegal para los humanos tomar, dañar o destruir intencionadamente cualquier cosa que los no-humanos produzcan en sus propios hábitats. Todos los no-humanos que vivan en un área particular de tierra o agua deben tener un derecho legal sobre su propio medio ambiente, que sería de su propiedad comunal. Las tierras en las que convivan humanos y no-humanos pueden permanecer cohabitadas, pero los humanos no deberían invadir los territorios de los no-humanos —por ejemplo, construyendo viviendas en zonas habitadas por no-humanos. Sería ilegal destruir o alterar dañinamente cualquier hábitat.

Parar ser equitativa, la ley debe ser no especista. La gran mayoría de los seres sintientes del mundo son no humanos. El especismo es la forma más profunda y dañina de injusticia.


Ya fuera como actitud y como práctica, el especismo incluye cualquier discriminación basada en la especie. Es especista denegar a cualquier no-humano una igual consideración y respeto sólo porque no sea humano o porque no  se parezca a los humanos. En términos de justicia, todos los seres sintientes son iguales. No sólo tienen un derecho moral a la vida y a estar libres de abusos; tienen un derecho igual.

NOTAS

1. Richard Ryder, “An Autobiography,” Between the Species, Summer 1992, 168–73, 171.

2. Peter Singer, Animal Liberation, 2d ed. [New York: New York Review of Books, 1990], 6; Tom Regan, “The Case for Animal Rights,” in Carl Cohen and Tom Regan, The Animal Rights Debate [Lanham, Md.: Rowman & Littlefield, 2001], 125–222, 170.

3. Singer, Animal Liberation, 19–21.

4. Paola Cavalieri, Peter Singer, et al., “A Declaration on Great Apes,” in The Great Ape Project: Equality beyond Humanity, ed. Paola Cavalieri and Peter Singer [New York: St. Martin’s, 1993], 4–7, at 4; Singer, Animal Liberation, 19–21, 228–29; Peter Singer, Practical Ethics, 2d ed. [Cambridge: Cambridge University Press, 1993], 90, 95, 101, 119–20, 131–32.

5. Singer, Practical Ethics, 131.

6. Joan Dunayer, Speciesism [Derwood, Md.: Ryce, 2004], 78–79.

7. Peter Singer, Animal Liberation, 229–30; Singer, Practical Ethics, 133.

8. Peter Singer, “Animal Equality: Language and Liberation by Joan Dunayer” [book review], Vegan Voice, Dec. 2001–Feb. 2002, 36.

9. Al carecer de conciencia, los seres no sintientes como las plantas y las rocas no tienen intereses. Cuando protegemos objetos naturales lo hacemos para beneficio de los seres sintientes, humanos o no humanos.


10. El término domesticado aparece entrecomillado porque eufemiza la cautividad indefinida y la manipulación genética.


11. La palabra esterilización conlleva confusión. Eliminar los testículos o los ovarios y el útero no significa eliminar el género del animal.


**************

Creo que Joan Dunayer señala un punto muy importante al exponer las diferentes formas en que puede manifestarse el especismo. Increíblemente, muchos animalistas creen que abandonar el especismo se produce automáticamente en el momento en que pensamos que la consideración moral no debe limitarse a los humanos, sin pararse a pensar que esa extensión puede estar todavía asentada sobre criterios especistas, como bien explica Dunayer.

A pesar de que estoy de acuerdo con el planteamiento básico de la autora, hay algunos puntos concretos con los que discrepo.

Mi primera objeción se refiere al párrafo en el que señala que los humanos «si estuvieran perdidos en un terreno ártico o desértico sin acceso a vegetales comestibles, estarían legitimados en matar a un animal para poder comer.» No puedo estar de acuerdo con esta resolución, que me parece inconsistente con los postulados que defiende Dunayer. La necesidad no es un criterio moral. El hecho de que necesitemos comer no justifica que utilicemos a los animales para poder alimentarnos. Los mismos principios que explican la inmoralidad de la explotación animal se aplican en este caso: el principio de valor inherente y el principio de igualdad. Los animales poseen un valor inherente que no debe ser sacrificado por el valor instrumental que tengan para nosotros. Los animales desean igualmente continuar existiendo y evitar el daño. Sus intereses son tan igualmente importantes como los nuestros. Si los animales merecen igual respeto —como a menudo subraya Dunayer— entonces no debemos supeditar sus intereses para beneficiar a los nuestros. Los animales no tienen culpa de que necesitemos comer para vivir, así que no responsables de nuestra necesidad.


Mi segunda objeción se refiere a la parte en que menciona que «los animales domesticados —incluyendo a perros y gatos— no serán expuestos a situaciones en las que puedan reproducirse, por ejemplo, mediante la esterilización». En otro ensayo ya expuse resumidamente mis objeciones contra la esterilización de animales. Si los animales tienen un interés en evitar el daño —lo cual incluye mantener su integridad física— entonces manipular, alterar o destruir su cuerpo para lograr alguna finalidad es una clara violación de derecho básico a no ser tratados como simples medios para nuestros fines. ¿Acaso no consideraríamos que esterilizar a un humano sin su consentimiento es una violación de su derecho a la integridad física? Dunayer habitualmente expone analogías con situaciones en la que intercambia animales por humanos para denotar que la única diferencia es la especie de la víctima, pero en este caso parece no haberlo advertido.

Por último, hubiera preferido que Dunayer expusiera una argumentación un poco más elaborada. Es cierto que se trata de un ensayo breve, pero esa misma falta de desarrollo argumentativo se encuentra también, a mi modo de ver, en su libro «Speciesism», del que este ensayo sería algo parecido a un resumen muy sintetizado, y en el que a veces se despachan las cuestiones importantes y complejas con excesiva simplicidad. Si uno escribe un libro entiendo que es para exponer argumentaciones muy elaboradas que no caben en un ensayo —algo así como la diferencia entre cuento y novela— y no para unificar una retahíla de ensayos. 

30 de octubre de 2019

El peor de los males


«Richard Dawkins on the ethics of eating-meat»


Me encontré con una entrevista a la filósofa Ana Carrasco en la que me llamó particularmente la atención estas declaraciones:
«Es verdad que todos los seres humanos somos vulnerables. Nadie negará tal cosa. Y todos experimentamos y padecemos el mal. Tampoco nadie lo negará. Pero la mujer, y los colectivos menos favorecidos, experimentan ese impacto de forma más expuesta y, lamentablemente, más inerme. No quiere decir esto que el mal no sea experimentado por todo ser humano [sólo hay que pensar en las torturas militares en Irak, por poner un caso, en las que algunas militares son las victimarias y son los hombres las víctimas… y aquí sería también interesante analizar el porqué de este cambio de roles] sino que las formas más demenciales y crueles del mal, más perversas, con mayores ultrajes, con mayor ensañamiento, se han ejercido sobre la mujer, e incluso se han encarado con mayor indiferencia, se ha minimizado su importancia e incluso se ha cuestionado su gravedad.»
Lo primero que se me vino a la mente es que, al parecer, Carrasco cuando habla de víctimas sólo tenía en cuenta a los humanos. Cualquiera que se haya tomado la molestia de estudiar la explotación animal habrá comprobado las innumerables y terribles formas de violencia que los humanos hemos infligido sobre los otros animales a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, las otras víctimas que no son humanas no aparecen en la reflexión de Carrasco. Los otros individuos que no están catalogados en la especie humana ni siquiera son considerados víctimas; es como si no existieran. Creo que eso es una evidente manifestación del especismo.

Mi segundo pensamiento es que no había evidencia de que las mujeres hubieran sufrido peores crueldades que los varones. Diría que su exposición incurre en una petición de principio. Afirmar que las mujeres han padecido peores abusos que los varones no demuestra que las mujeres hayan padecido peores abusos que los varones. De todos modos, no creo que eso sea el punto fundamental de la cuestión.

A diferencia de otras perspectivas, no contemplo el patriarcado como un sistema organizado de "los varones contra las mujeres" sino que entiendo que se trata de un sistema basado en los poderosos contra los débiles. En un sistema patriarcal, no sólo las mujeres son cosificadas y violentadas sino que también lo son los varones, cambiando la forma en que son victimizados. Podría existir un matriarcado similarmente violento. El machismo no se trata de un problema intrínseco de los varones sino de un problema de mentalidad que puede afectar igualmente a todos. Muchas mujeres han apoyado entusiastamente el patriarcado.

Al igual que en una sociedad patriarcal se cosifica a las mujeres —y en cierto modo también a los varones—, en una sociedad basada en el antropocentrismo, los animales son cosificados y violentados para beneficio de los humanos; pero esto no se trata de un problema de los humanos contra los animales sino de una doctrina basada en la primacía de los poderosos sobre los débiles. Todas las opresiones siguen este mismo esquema.

De la misma manera que muchos varones rechazan el machismo y el patriarcado, cada vez más humanos rechazan el antropocentrismo y tratan de socavarlo en favor de una nueva relación moral entre humanos y animales que elimine la dominación humana. Así pues, no se trata de un problema intrínseco de los humanos sino que es un problema de mentalidad. Crecemos y somos educados en un ambiente social que condiciona nuestra forma de pensar y actuar. Se trata principalmente de una cuestión de educación.

Algunos creen que la humanidad no aprende de sus errores. Quizás haya algo de verdad en esa creencia. No parece que hayamos aprendido mucho de la experiencia del racismo o del sexismo. No hemos comprendido que hacemos a los demás animales aquello mismo que consideramos un crimen abyecto cuando las víctimas son humanas, y que lo intentamos justificar con las mismas falacias que utilizamos para intentar justificar los abusos sobre seres humanos.

Cuando Nietzsche escribía que «quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti», pienso que quería expresar que aquellos que combaten determinadas ideas o sistemas pueden acabar incorporando o imitando inconscientemente aquello mismo que dicen combatir. Las posiciones que combaten determinada injusticia concreta no están exentas del riesgo de incurrir en el mismo error moral al que dicen oponerse.

Aquella obsesión por lo peor es quizás el reflejo de nuestra mentalidad que no puede librarse de estar dominada por el concepto de jerarquía, ni siquiera cuando denuncia opresiones basadas precisamente en creer en la existencia de una jerarquía moral, como denunciaba el activista Bob Torres al señalar que «en el amplio espectro de la izquierda parecen dispuestos a aceptar lo que ellos consideran la jerarquía de las especies, mientras que a la vez trabajan por la desaparición de otras jerarquías —de clase, raza, género o incluso de nacionalidad». Si tenemos en cuenta que los otros animales son seres conscientes, entonces considerarlos como objetos o seres inferiores debe ser una creencia equivocada.

Todos los seres dotados de conciencia sensitiva valoran su propia supervivencia, bienestar y autonomía. Creer que unos somos superiores a otros puede ser una creencia que nos sirva para obtener un beneficio a costa de dañar intencionadamente a otros, pero no es una creencia que refleje una realidad empírica ni una estructura lógica. El problema añadido sucede cuando sustituimos una jerarquía de opresores por una jerarquía de víctimas, pero ni siquiera cuestionamos la misma noción de jerarquía. Por eso tal vez sería más apropiado seguir la sugerencia del profesor Gary Francione cuando declara que
«El problema es de jerarquía. No es acertado promover una nueva jerarquía —los humanos y los grandes simios sobre los demás animales— en lugar de humanos sobre los demás animales. Deshagámonos de las jerarquías por completo.»
Si una ética racional tiene que fundamentarse necesariamente en el principio de igualdad, como bien argumentan James Rachels y Gary Francione, entre otros teóricos morales, entonces el concepto de jerarquía no puede tener cabida en la ética.

Estoy en contra del presupuesto de que hay una jerarquía de males. No obstante, siguiendo todavía ese criterio podríamos decir que el peor de los males es, quizás, el que disfrazamos como un bien, porque entonces hacemos el mal convencidos de hacer el bien, pues pensamos que es imposible que nosotros podamos cometer el mal. Carrasco, al igual que la gran mayoría de la gente, está convencida de hacer el bien cuando discrimina entre víctimas humanas y cuando ignora a las víctimas que no son humanas. Es difícil que eso cambie mientras siga creyendo que es imposible, e impensable siquiera, que ella esté cometiendo la misma clase de mal que está denunciando.

1 de octubre de 2019

Animalismo y veganismo



Hace un tiempo, leí en un medio informativo las declaraciones de un torero declarándose animalista: «El diestro, que se declara "animalista" porque le "encantan los animales"». Y hace poco me encuentro a un ganadero declarándose también animalista alegando que "si va del bienestar animal, entonces soy animalista".

Conociendo el ámbito animalista como lo conozco, estas declaraciones no me sorprenden. No me sorprenden de la misma manera que no me sorprende escuchar a alguien que come animales autodenominándose animalista.

Si es legítimo que personas que comen animales por costumbre se autodenominen animalistas entonces también sería legítimo que quien mata animales por diversión se autodenomine animalista. La cuestión que pretendo explorar está en si es razonable aceptar que el animalismo considere legítima la explotación de los animales —el uso de animales como medios para fines humanos. A día de hoy, el animalismo no cuestiona que los animales sean utilizados para satisfacer los fines humanos sino que en todo caso sólo cuestiona las formas en que los utilizamos.

Vivimos en un contexto social en el que podemos consumir productos de origen animal con un sello de aprobación animalista que avala el "bienestar" de los animales explotados. Existe la explotación animal animalista: explotación animal avalada por organizaciones animalistas. En la práctica el movimiento animalista no sólo no se opone al trato instrumental de los animales sino que lo apoya activamente.

Es cierto que el término animalismo no tiene un significado concreto y definido. Es sólo una palabra que ha surgido espontáneamente para denominar la idea de que debemos tener algún tipo de consideración moral por los animales o de que debemos ampliar también nuestra consideración moral hacia los otros animales que no son humanos. Ahora bien, ¿el concepto de consideración moral, o de ética, es compatible con la cosificación e instrumentalización de los individuos por los que decimos tener consideración?

Se supone que alguien que se autodenomine humanista, no puede aceptar que los humanos sean tratados como recursos y meros fines para satisfacer los deseos de otros individuos. Precisamente el humanismo defiende que el ser humano merece un respeto básico que no puede ser vulnerado sólo porque otros obtengan un beneficio de ello. La noción de comunidad moral se basa en el principio de que sus miembros poseen un valor inherente que sobrepasa el valor instrumental que puedan tener para otros. De otro modo, no tiene sentido hablar de moralidad. Si vamos a actuar teniendo en cuenta simplemente nuestros beneficios, gustos, inclinaciones o costumbres, entonces aquí la propia idea de moral carece de sentido. Podemos prescindir de ella y nada cambia.

Así pues, si el animalismo es una posición que pretende ampliar la consideración ética hacia los animales, y reconocerlos como miembros de la comunidad moral, esto sólo puede tener sentido si asumimos que los animales no deben ser tratados como seres que sólo poseen un valor instrumental. Si los animales poseen un valor moral inherente entonces manipularlos, agredirlos o destruirlos porque obtenemos un beneficio de ello es lo opuesto a la ética.

Utilizar y matar animales para que nos divirtamos comiendo sus cuerpos es hacer daño a los animales por mero placer. ¿Eso es tratar bien a los animales? ¿Sería aceptable tratar así a los humanos? Mucha gente está convencida de que la consideración moral por los animales se refiere a no causarles demasiado daño o demasiado sufrimiento, pero esto es, a lo sumo, mera compasión que no llega a ser moralidad. Podríamos matar a alguien sólo porque no nos gustan sus ideas y hacerlo compasivamente, de forma indolora, pero esto no tiene nada que ver con la moralidad sino que es la negación del comportamiento moral.

Explotar a los animales compasivamente no forma parte de la consideración moral sino que es una indulgencia respecto de nuestra propia inmoralidad. Si esclavizáramos humanos compasivamente no dejaría de ser esclavitud y no dejaría de ser una injusticia.

Creo que nadie aceptaría que alguien se considerara humanista si practica la esclavitud y el canibalismo. Por la misma razón, no puede ser aceptable que alguien se considere animalista y se dedique a hacer daño a los animales injustificadamente; que es lo que estamos haciendo al participar en la explotación animal mediante el consumo de sus productos. Lo más parecido a la moralidad que tenemos en nuestra cultura  respecto de los animales es el principio de trato humanitario que exige que no debemos infligir daño a los animales sin una razón que lo justifique. Pero este principio es interpretado bajo la perspectiva instrumentalista sobre los animales, con lo que al final se suele aplicar como un medio para reformar el modo en que explotamos a los animales.

A mi modo de ver, el animalismo sólo puede tener sentido moral desde una perspectiva vegana. El veganismo se define como la oposición al trato instrumental de los animales. El veganismo aboga por dejar de considerar a los animales no humanos como medios para los fines humanos. Por ello, el veganismo debería ser la base moral del movimiento animalista. Sólo rechazando la cosificación de los animales puede tener un sentido que comencemos a hablar de consideración moral en nuestra relación con ellos.

Creer que uno no tiene que ser vegano para ser animalista me parece similar a decir que uno no tiene que rechazar el canibalismo ni la esclavitud para ser humanista. No creo que eso sea razonable. Si el humanismo acepta el canibalismo y la esclavitud entonces el humanismo no significa nada. Lo mismo sucede con el animalismo. Por eso un torero se acaba autodenominando animalista; alguien que se dedica a matar animales por diversión se declara "animalista". Al final, cualquiera puede ser animalista y ya no significa nada, porque puede significar cualquier cosa.

A mi modo de ver, si el animalismo se define como una posición moral entonces un animalismo no vegano es un oxímoron; es un concepto que se contradice a sí mismo. Las contradicciones no pueden existir en la realidad, sólo como pensamientos o construcciones gramaticales. Si estoy en lo correcto, entonces el animalismo en su mayoría no basa una posición moral sino una posición fundada en sentimientos personales o en intereses egoístas. También pudiera ocurrir que estuviéramos convencidos de que estamos actuando éticamente aunque en realidad estemos en un error. Ojalá que este escrito pudiera ayudar de alguna manera a enmendar ese error.

Cualquier persona que intuya que hay un error de moralidad en nuestra relación con los animales debería, creo yo, reflexionar si ese error no reside principalmente en la creencia de que los animales existen como medios para satisfacer nuestros deseos. Al menos, pienso yo, si le importan los animales debería reflexionar sobre ello.

3 de septiembre de 2019

¿Los animales son parte de la clase trabajadora?



El historiador Jason Hribal defiende en su obra la tesis de que los animales son parte de la clase trabajadora. Básicamente la teoría de Hribal es un intento de incluir a los animales dentro de la perspectiva marxista como sujetos y no como objetos para la producción, que es el papel en el que tradicionalmente han sido catalogados. Sin embargo, a mi modo de ver, esta tesis de Hribal presenta varios problemas importantes que me gustaría exponer concisamente.

Antes de nada, quizás sería acertado comenzar señalando que el solo hecho de rechazar el especismo no implica rechazar la explotación de los individuos. Se puede ser partidario de la explotación de los individuos sin necesidad de discriminar por especie. Así pues, el solo hecho de rechazar el especismo no conduce a considerar que los animales merecen ser liberados de nuestra dominación. Para llegar la conclusión de que la explotación animal es una injusticia se requiere una teoría que articule conceptos que exijan un rechazo lógico a la explotación de los sujetos, y esa teoría algunos animalistas consideran que debería ser el marxismo.

Ahora bien, el problema comienza cuando la pretensión de que los animales "son parte de la clase trabajadora" depende de que asumamos previamente el marxismo como nuestra teoría de base, pero en este caso no puede ser una pretensión universalizable, puesto que depende de que estemos de acuerdo en aceptar el marxismo como rector de nuestro pensamiento. Bajo esta perspectiva, entonces quizás lo que deberíamos discutir en primer lugar es si debemos aceptar el marxismo, y no si los animales son parte de la clase trabajadora.

¿Por qué no puedo asumir el marxismo como la base de mi pensamiento? Hay varias razones. El marxismo es una teoría colectivista que no reconoce un valor inherente a los individuos que deba ser protegido por derechos fundamentales frente a injerencias de terceros. El sujeto ontológico en el marxismo es la sociedad y no el individuo —el individuo es una mera manifestación de la sociedad. Por ello, incluso aunque estuviéramos en parte de acuerdo con su análisis sobre la explotación, el marxismo resulta problemático a nivel moral y no parece que sea compatible con un un enfoque moral de derechos; sobre todo teniendo en cuenta que el marxismo niega nada menos que la ética tenga una existencia autónoma y que haya normas morales objetivas.

A otro nivel, según mi conocimiento histórico, cuando se ha intentado llevar a la práctica la solución que prescribía Karl Marx lo que ha sucedido es que cambiaron las condiciones de los trabajadores pero no su estatus de empleados ni su dependencia de una autoridad que les ordena lo que tienen que hacer. La diferencia es que el orden marxista se sustituye al patrón capitalista por el funcionariado del Estado, pero no veo que los trabajadores sean liberados de la dominación y la explotación. El Estado les garantiza el empleo y les proporciona universalmente servicios públicos —educación, sanidad, vivienda— pero los trabajadores no son dueños de sus vidas ni libres para elegir sino que dependen de las decisiones burocráticas de una jerarquía estatal. Por tanto, me parece que si aplicamos la misma filosofía a los animales entonces ellos seguirán siendo sometidos a trabajar para los humanos, pero mejorando supuestamente sus condiciones. De hecho, Jason Hribal propone que parte de las ganancias económicas que se obtienen de explotar a los animales en granjas se destinen a financiar su jubilación en un santuario para que no sean enviados al matadero o que los perros utilizados como asistentes tengan derechos laborales y vacaciones. Hribal defiende la reforma de la esclavitud animal; no la liberación de los animales.

Pienso que el marxismo puede ser una teoría útil para ayudarnos a comprender la dinámica de la explotación pero soy escéptico acerca de que pueda ayudarnos a resolverla. Un análisis puede acertar, total o parcialmente, en diagnosticar un problema, pero esto no conlleva que acierte también en su prescripción o remedio.

Además de esto, el marxismo asume el especismo en su base, al igual que casi todas las demás teorías filosóficas y políticas. Karl Marx está de acuerdo en que los animales sean tratados como instrumentos para satisfacer las necesidades humanas. Esta contradicción no se resuelve sencillamente declarando que los animales "son parte de la clase trabajadora"; porque tapar el problema de la instrumentalización de los animales etiquetándolos como "clase trabajadora" a lo único que puede conducir es a reformar sus condiciones de explotación para así poder alegar que ya hemos eliminado la crueldad sobre ellos.

La doctrina marxista asume el especismo por defecto, y claramente el mero hecho de asumir el marxismo no conduce al animalismo ni deriva de él. Hay que señalar que el propio Karl Marx no reconocía que los animales pudieran ser considerados trabajadores porque Marx argumenta que el concepto de trabajo debe referirse a la producción de valor material y no meramente a la satisfacción de las necesidades vitales. Por esto considera que sólo los humanos pueden ser trabajadores, y esta supuesta capacidad singular es lo que precisamente Marx postula como la diferencia cualitativa entre los humanos y los demás animales.

No pienso que el marxismo sea incompatible con una posición animalista —algunos autores como Renzo Llorente y Bob Torres no tienen dificultad en intentar compatibilizar ambas posiciones —pero para lograr dicha compatibilidad con éxito creo que sería necesario una revisión del marxismo, mucho más en profundidad de lo que dicho autores apuntan, en mi opinión.

Para considerar legítimamente que otros individuos son "clase de trabajadora" ya partimos de que ellos son miembros de la sociedad humana que consienten y aceptan voluntariamente formar parte de ella, y que actúan de ese modo para satisfacer sus propios intereses en su propio beneficio, al mismo tiempo que aportan un servicio a la comunidad de la que quieren formar parte conscientemente. Por esto, el trabajo infantil se considera un problema moral porque los niños no pueden dar consentimiento ni trabajan porque eso les beneficie a ellos. Los niños desean jugar y aprender, y su beneficio consiste en crecer y desarrollarse como seres autónomos y capacitados. Así, los animales no consienten ni tienen interés en trabajar para nosotros, ni obtienen un beneficio para sí mismos del trabajo que realizan para los humanos —sólo se les proporciona las condiciones materiales necesarias para satisfacer la función instrumental que se les ha asignado— sino que son forzados y coaccionados a ello para el beneficio humano.

En una entrevista a Jason Hribal se le presentan esta clase de objeciones, pero ante las respuestas que alega me da la impresión de que Hribal ni siquiera comprende bien la objeción que se le realiza. Hribal afirma que señalar que los animales son esclavos es sinónimo de !estar a favor de tratar a los animales como esclavos!. No podría estar más equivocado. Cuando argumentamos que es más acertado entender que los animales son esclavos, y no son clase trabajadora, lo que se está planteando no es posicionarnos a favor de considerar a los otros animales como esclavos sino a favor de entender que el problema fundamental es que los animales estén sometidos al estatus de propiedad y que sea esta situación la que genera la injusticia que reside y se manifiesta en nuestra relación con ellos. Insisto en que Hribal o no comprende o no sabe responder a esta objeción. En general, el nivel de argumentación de Hribal me ha resultado un tanto mediocre. Dedica gran parte de sus textos a describir la manera en que los animales han sido utilizados como fuerza de trabajo —lo cual no resulta sorprendente partiendo de un historiador— pero muy poco espacio a intentar defender con razonamientos por qué piensa que los animales deberían ser considerados como parte de la clase trabajadora; una tesis ambiciosa que requiere una argumentación elaborada que la sostenga.

Hribal hace mucho hincapié en la noción de que los animales poseen agencialidad. Es claro que podemos reconocer que los animales son agentes; en el sentido de que son seres intencionales; ellos poseen voluntad y toman decisiones. Pero esa no es la cuestión que aquí se dirime. La cuestión es que ellos no tienen intención alguna de ser trabajadores para los humanos ni desean ser miembros de la comunidad social humana.

Cuando la gente declara que los trabajadores explotados son "esclavos" está asumiendo una idea marxista, aunque quizás no se den cuenta de ello, porque, desde la perspectiva marxista, la diferencia entre el esclavo y el trabajador asalariado sería sólo de grado en su explotación y dicha explotación sólo se puede resolver cuando los trabajadores socializan los medios de producción y se convierten colectivamente en los dueños de su trabajo. Pero este esquema no se puede aplicar a los animales, como explica el autor marxista Jon Hochschartner, ya que ellos no son parte de la clase trabajadora —pues los animales no tienen capacidad de convertirse en dueños de los medios de producción. Si reconocemos, como argumenta Hochschartner, que la situación de los animales es análoga a la de los esclavos humanos esto significa que liberar a los animales conlleva necesariamente liberarlos de cualquier relación lucrativa para los humanos. Los animales no pueden ser miembros de la sociedad humana; socialmente sólo pueden ser esclavos o ser refugiados de la esclavitud. Ellos no pueden elegir ser trabajadores ni ningún otra categoría activa en nuestra sociedad. Luego es comprensible que al final Hribal únicamente pueda proponer reformas en las condiciones de explotación de los animales; que me parece que es todo lo contrario a lo que un marxismo no especista debería aspirar.

Por tanto, entiendo que pretender que los animales "son parte de la clase trabajadora" es aceptar la actual situación de esclavitud sobre los animales que ellos no han elegido siquiera. En la naturaleza, en libertad, los animales viven en sus propias sociedades; actúan para su propio beneficio y el de sus familias y sus comunidades, que ellos conforman libremente. El hecho de que los animales estén introducidos en la sociedad humana es una situación forzada que se basa en la cosificación de los animales como recursos de los humanos.

En conclusión, no puedo considerar que sea correcto pretender catalogar a los animales dentro de la "clase trabajadora" porque ellos ni han elegido ni consentido en formar parte de ella; así como eligieron ni consintieron en formar parte de la sociedad humana. Ellos están bajo dominación humana; forzados a servir como mercancías. Todos los animales considerados domésticos son descendientes de animales libres que fueron secuestrados de sus hábitats naturales por los humanos para someterlos a la esclavitud. Su situación es actual es análoga a la esclavitud humana, en tanto que están sometidos al estatus de propiedad.

Aceptar considerar a los animales como parte de la clase trabajadora significaría avalar la posición que defiende mejorar sus condiciones como supuestos trabajadores en lugar de liberarlos de su sometimiento por los humanos. Así pues la postura de Hribal parece converger con la perspectiva bienestarista, que no reconoce a los animales como sujetos de derechos que no deben ser tratados como recursos de los humanos.

Por cierto, se me olvidaba mencionar que hay animales que no trabajan, si entendemos trabajo en su sentido marxista, dado que encuentran todo lo que necesitan en la naturaleza tal cual. Si entendemos trabajar como la acción de transformar el medio de forma instrumental para satisfacer nuestras necesidades, entonces es evidente que muchos animales no trabajan. Los depredadores no trabajan; simplemente cazan. Los orangutanes no trabajan; se dedican básicamente a comer vegetación y hacer algo de ejercicio. Los caballos silvestres tampoco trabajan. El trabajo propiamente dicho sólo sería característico en algunas especies concretas; pero ni siquiera es algo generalizado en el mundo animal. Otro argumento más en contra de la idea de que los animales "son parte de la clase trabajadora".

12 de agosto de 2019

"Respeto tu veganismo"




A menudo hemos escuchado desde hace tiempo a personas diciendo que "yo respeto tu veganismo pero respeta tú que yo quiera comer carne" y frases similares. Por eso se tuvo que empezar a aclarar que el veganismo no trataba sobre respetar nuestra decisión personal de ser veganos sino que trataba sobre respetar a los animales. El sentido del veganismo no trata sobre que alguien respete nuestra decisión de no explotar a los animales sino que el veganismo postula que los animales no deben ser explotados por la humanidad. No se trata de una cuestión privada sino de un principio ético.

Ahora bien, el problema es que parece que esa aclaración ha degenerado con el tiempo hasta el punto de que últimamente he visto a varios activistas veganos declarando en las redes sociales que ellos no pretenden que se respete el veganismo ni quieren que se respete su decisión de ser veganos, sino que todo trata acerca de respetar a los animales; como si fuera excluyentes ambas cosas. Pienso que esa declaración es un despropósito, por dos razones fundamentales.

Primero; el veganismo es el rechazo moral a la explotación de los animales. Por tanto, respetar el veganismo significa respetar este principio. Si alguien está a favor de la explotación de los animales entonces estrictamente hablando no está respetando el veganismo; por mucho que respete nuestra decisión particular de ser veganos.

El problema de fondo es que mucha gente ha creído, y sigue creyendo, que el veganismo hace referencia a un tipo de dieta o un estilo de vida, y no conoce su definición establecida. Desafortunadamente, algunos veganos colaboran a esta confusión identificando el veganismo con un tipo de práctica, una dieta o un estilo de vida, en lugar de identificarlo como un principio ético; que es como fue definido originariamente.

Segundo; dado que el veganismo es solamente apoyado todavía por una minoría en nuestra sociedad, también resulta importante combatir contra la calumnia y la criminalización del veganismo. En ocasiones se intenta distorsionar la percepción sobre el veganismo presentándolo como una teoría fanática, violenta o dañina, cuya aplicación tiene efectos nefastos; ya sea para la salud humana, o para el medio ambiente, o incluso para la continuidad de la civilización en general.

Para conseguir la masiva difusión del veganismo es necesario oponerse a la desinformación sobre el veganismo y su aplicación a la vida práctica. Asimismo, es necesario oponerse a los intentos por impedir que los individuos particulares decidan asumir el veganismo y llevarlo a la práctica. Por tanto, también debe ser respetada nuestra decisión de ser veganos en el contexto actual, porque es una decisión razonable que no atenta contra la salud ni contra la sociedad en general; aparte del hecho de que el veganismo sea una obligación ética para todos los que somos agentes morales.

Muchas personas que deciden hacerse veganas son personas muy jóvenes que se encuentran a veces con la incomprensión y la hostilidad de su propio entorno familiar. Su decisión de ser veganas debería ser respetada. Por supuesto que esto no lo conseguimos mediante el enfrentamiento, sino fomentando el diálogo y la correcta información sobre el veganismo; tal y como recomienda el psicólogo Casey Taft. Proclamando que no se debe respetar nuestra decisión de ser veganos estamos socavando el apoyo que estos jóvenes necesitan y  que necesitamos entre todos para abolir la explotación animal.

En conclusión, lo que empezó siendo una aclaración más o menos acertada sobre la naturaleza del veganismo parece que está degenerando en un desprecio sobre el veganismo. Alegar que no se debe respetar nuestra decisión de ser veganos es animar a que se nos obligue a participar en actividades de explotación animal —como cuando se obliga a los estudiantes a participar en prácticas de vivisección. Es animar a que se nos impida desarrollar las opciones veganas que sustituyan los usos de animales —como recientemente ha pretendido la industria de explotación animal. Es en definitiva una torpeza y obstáculo a la difusión del veganismo.

Por favor, reflexionemos detenidamente sobre nuestras palabras, sobre lo que nosotros mismos manifestamos, y no sólo sobre lo que otros digan.

23 de julio de 2019

Comte-Sponville y la cuestión del especismo




El filósofo André Comte-Sponville en su Diccionario filosófico reserva una entrada para el término de especismo. Hay que tener en cuenta que el libro se trata más bien de una colección de opiniones particulares de su autor que de un diccionario en sentido riguroso.

Comte-Sponville define el especismo de esta manera: «Sería el equivalente del racismo pero aplicado a las relaciones entre especies. Sería especista toda persona que considerara que los animales, hombres incluidos, no son todos iguales en derechos y dignidad.» No es la definición que yo considero más acertada, pero las he visto peores. Dejémoslo así de momento.

Afirma Comte-Sponville que la noción de especismo es peligrosa porque «borra demasiado la diferencia entre los seres humanos y los animales. Diferencia de grado, en mi opinión, más que de naturaleza, pero que justifica que se les trate, en efecto, de manera diferente.» ¿Diríamos que el racismo y el sexismo son nociones peligrosas porque borran demasiado las diferencias entre seres humanos? Yo no estoy de acuerdo en que borren diferencias sino que nos hacen ver que hay diferencias que no son relevantes en lo que se refiere a la consideración moral. Esto significa que no es relevante la pigmentación de la piel o el tipo de genitales para poder reconocer que todos los seres humanos son individuos con intereses iguales. Y si podemos comprender que esas diferencias no justificación una discriminación moral contra seres humanos, también podemos entender que las diferencias de tamaño y aspecto de otros animales tampoco justifican excluirlos de nuestra consideración.

Por otra parte, no conozco a nadie que defienda que humanos y animales deben ser tratados de manera exactamente igual en todos los aspectos; de la misma manera que nadie defiende que niños y adultos sean tratados exactamente igual en todos los aspectos. Lo que sí se defiende es que ambos merecen igual respeto básico. Lo que postula la filosofía de los Derechos Animales es que todos los seres conscientes poseen un valor moral inherente que nos obliga a no tratarlos como simples medios para lograr nuestros fines.


Pienso que el punto tal vez más polémico viene justo al final: «"Si no se hubieran transportado animales en vagones para animales —me dijo un colega—, Hitler no lo habría hecho con los judíos." Pero eso no convierte el comercio cárnico en un equivalente del racismo, ni al nazismo en un comercio.» Creo que su colega se refería al hecho de que la cosificación sobre los seres humanos está conectada con la cosificación sobre los animales, como muy bien explica el historiador Charles Patterson. La esclavitud humana fue una aplicación de los métodos que previamente se habían aplicado sobre los animales para someterlos como propiedad de los seres humanos. Y, si bien comer animales no equivale categóricamente al racismo, sí se puede argumentar que es equivalente al canibalismo.

En otra parte del diccionario, cuando comenta acerca del racismo lo define de esta manera: «toda doctrina que hace depender el valor moral de los individuos del grupo biológico, o pretendidamente tal, al que pertenecen». Como era de esperar, Comte-Sponville condena duramente el racismo. Al hablar sobre el sexismo señala que es equivalente al racismo pero fundado en la diferencia sexual. ¿Si el especismo es análogo a estos prejuicios acaso no merece la misma condena?


Me alegro que Comte-Sponville decidiera incluir el término especismo en su diccionario, que además es un libro muy entretenido e interesante, y aunque las observaciones que expone al respecto se me antojan quizás más mediocres de lo que hubiera esperado, es bueno recordar que el primer paso para comprender un error es reconocer que existe.

18 de junio de 2019

La hipocresía




Un artículo publicado en Eldiario.es proclama que "el veganismo en la moda es hipocresía"; refiriéndose a la nueva tendencia en algunas marcas de ropa de eliminar productos de origen animal. Me ha llamado la atención la cantidad de falacias y mentiras que contiene el artículo para ser tan breve en extensión. 

El artículo comienza fuerte:
"La moda vegana es una hipocresía, no me la creo", ha dicho a Efe Alejandro Gómez Palomo, director creativo de la firma Palomo Spain, que desde sus inicios utiliza tejidos de origen animal porque considera que son "más ecológicos". Palomo Spain utiliza plumas, cuero o lana en la confección de prendas, "lo no quier decir que no ame a los animales ni que sea respetuoso con el medioambiente", añade Gómez Palomo, quien considera que es mucho más contaminante el pelo artificial o el poliéster que suele acabar en los océanos, un problema que centrará este sábado la celebración del Día Mundial de los Océanos.»
Afirma Palomo que se puede amar a los animales y al mismo tiempo utilizarlos como recursos, criarlos en granjas y matarlos para arrancarles su piel. Es cuanto menos una curiosa forma de ver el amor. ¿Será por eso que dicen que hay amores que matan? 

Me gustaría aclarar que para vestir de forma vegana no es necesario usar poliéster ni pelo artificial. Aparte, es increíble que se pueda afirmar seriamente que los tejidos de origen animal son menos contaminantes que de los origen vegetal; si tenemos en cuenta que la industria ganadera es la más contaminante del planeta. Es precisamente de la ganadería de donde proceden los animales utilizados para servir de vestimenta. ¿Seguro que se han molestado en informarse sobre lo que hablan? Permítanme que lo dude.

Cuidado, resulta que Palomo no está solo en su diatriba sino que le acompañan otras voces:
"El veganismo es un lujo de millonarios", explica la responsable de desarrollo de materiales de Fashion Bussiness School Universidad de Navarra (ISEM), Silvia Soler González, quien asegura que vestirse con fibras naturales de origen vegetal es "complicado y muy caro".
Mira, me acabo de enterar de que soy millonario. No tenía ni idea de que yo lo fuera. Al parecer, mi cuenta corriente tampoco lo sabe. Se lo comunicaré a mi banco para que la actualice. Porque si la responsable de la Fashion Bussiness School dice que el veganismo es "un lujo de millonarios" tiene que ser verdad, ¿no? Entonces, los otros veganos que conozco, y que yo estaba convencido que tienen que trabajar para vivir, también son millonarios. Me imagino que trabajan por gusto. ¿Y los otros millones de veganos en el mundo? Todos millonarios. Claro que sí. Ahora, confieso que me suena un poco extraño aquello de que vestirse con algodón, lino o tejidos sintéticos es "complicado y muy caro". Fíjate que tampoco estaba al tanto de esto. Yo estaba convencido de que el veganismo no es caro. He comprobado que cuando voy a comprar ropa a las tiendas de saldo y a los supermercados —y demás lugares selectos que frecuentamos los millonarios— los artículos más baratos suelen componerse de tejidos vegetales. Pero qué sabré yo que sólo soy un elitista vegano millonario y no formo parte de una Fashion Bussiness School que claramente está en contacto con la realidad de la gente sencilla.

Atención, porque la responsable de la Fashion Bussiness School no ha terminado de iluminarnos con sus agudas observaciones:
«Un vegano excluye en su armario las piezas de cuero, piel, lana de oveja, cachemir, mohair, seda, plumas, perlas o nácar, todo lo que provenga de los animales. Pero ¿qué ocurriría si a las ovejas no se las esquilara?. "Sería un animal maltratado, su salud se deterioraría", dice la veterinaria Rebeca Abascal Guzón, quien recuerda que la oveja doméstica "no pierde el pelo de manera natural". Si no se les esquila "puede sufrir infecciones, no tener visión o tener incapacidad para moverse, dado el volumen y peso de la lana sobre su propio cuerpo", explica la veterinaria.»
Esto me lleva a pensar: ¿cómo se supone que las ovejas se las arreglaban antes de ser esclavizadas por seres humanos? ¿Acaso en la naturaleza morían todas invadidas por su propio pelo? Las ovejas ya existían en el mundo antes de ser sometidas por el hombre para servir de recursos. Todos los demás animales mamíferos pierden el pelo de forma natural y lo renuevan periódicamente, ¿por qué las ovejas no? Parece extraño. ¿No será quizás que las ovejas han sido seleccionadas deliberadamente por los humanos durante siglos y siglos para favorecer sólo la reproducción de las que eran más peludas y así poder aprovechar su pelo? Esto tiene más sentido. Sabemos que los humanos practican la cría selectiva de los animales que explotan, para potenciar su aprovechamiento económico.

Por tanto, en el caso de las ovejas podemos ver que sufren un defecto de exceso de pelo que los humanos que las explotan les han causado deliberadamente, y ahora los mismos humanos que defienden la explotación animal usan ese defecto como excusa para seguir explotándolas. No, señores, no se hagan los caritativos con sus propias víctimas. Haber manipulado a otros animales no justifica que los continuemos explotando. ¿Las ovejas necesitas ser esquiladas debido al exceso de pelo que los humanos les han causado durante generaciones? Bien, pero eso no justifica que sigamos tratando a las ovejas como recursos económicos; ni a cualquier otro animal.

A continuación viene el punto quizás más confuso de las declaraciones de que nos regala este artículo:
«"¿Si coges piojos los dejas vivir o los eliminas?, ¿Si tu mascota tiene pulgas las matas o permites que sean sus mejores amigos?", se pregunta Soler, quien cree que es más peligroso consumir recursos naturales, que son finitos como los minerales, que animales que "se reproducen".»
Impresionante razonamiento. La señora de la Fashion Bussiness School considera que como los animales "se reproducen" entonces no son finitos. No importa que los animales necesiten nutrirse de minerales para vivir y reproducirse. Ahora bien, pienso yo, los humanos son biológicamente animales y se reproducen. De hecho, los humanos están aumentando su población exponencialmente en el planeta. ¿Sería correcto pues utilizar a los humanos para servirnos de recursos con los que elaborar vestimenta? Me limito a deducir las conclusiones lógicas que se derivan de las sabias reflexiones marca Fashion Bussiness School. Si algún argumento justifica moralmente la utilización de animales entonces también sirve para justificar la utilización de humanos en las mismas condiciones. La distinción de especie no es más relevante que la distinción de raza o de sexo.

Lo que no comprendo bien es la situación de las preguntas que expone al comienzo del párrafo; parecen un poco desubicadas de la cuestión. Planteamos la misma cuestión eliminando la distinción de especie: ¿Si sorprendo a un humano chupándome la sangre lo dejo vivir o lo elimino? ¿Si un niño a mi cargo tiene pulgas las mato o permito que sean sus mejores amigos? Son preguntas muy interesantes, pero sigo sin ver claro su relación con el tema del veganismo. El veganismo se refiere a la cuestión del uso de animales. Así, los conflictos que puedan surgir con los animales libres no entran dentro de esta categoría. Es como si en el contexto de una discusión sobre el abolicionismo de la esclavitud humana, preguntáramos: ¿y qué hacemos si un humano intenta robarnos? ¿Y qué pasa si un humano intenta asesinarnos?" No son cuestiones que tengan relación con la moralidad de la esclavitud.

No se han acabado todavia las aportaciones de Ms. Fashion Bussiness School, quien nos ofrece también el lado más místico de su pensamiento:
«El consumo animal se encuentra dentro del círculo de la vida, "y eso es regenerar nuestra propia esencia, nos mantiene en equilibrio", añade Soler, para quien el no consumo de animales conduce a un doble problema: su extinción y la superpoblación con todas las consecuencias".»
¿El consumo animal forma parte del "círculo de la vida"? Creo que esa expresión resulta demasiado vaga como para significar algo concreto pero, en todo caso, yo diría más bien que el consumo de animales forma parte de un círculo comercial. La práctica de consumir animales forma parte de las costumbres sociales y no es algo que se produzca espontáneamente. Es por esto que consumimos piel de vaca como algo normal pero rechazamos consumir piel de perro. Es una cuestión cultural. Además, dentro del "círculo de la vida" también encontramos el [1] canibalismo, el [2] parasitismo, la [3] violación, el [4] infanticidio, y otra serie de conductas que no consideramos que sean moralmente aceptables. El uso de humanos como esclavos también se intentó justificar, desde Aristóteles, como parte del "círculo de la vida".

Por otra parte, me pregunto cómo puede ser que el no consumo de animales conduzca igualmente a la extinción y la superpoblación de animales. ¿No es esto profundamente contradictorio? Por eso menciono que esta parte es la más mística de las declaraciones publicadas. En la mística, supuestamente las contradicciones desaparecen. Pero en el mundo real no.

Esperen, porque la cosa no termina aquí:
«Cuando se sacrifica un animal para comer, su piel, plumas o pelo se puede utilizar para la fabricación de ropa u otros objetos, "son materiales residuales", dice Soler, que está a favor del consumo responsable de carne y pescado, "no es necesario consumir proteína todos los días".»
Creo que esta declaración pasa por alto el hecho de que no necesitamos consumir animales para alimentarnos. Tampoco necesitamos utilizar animales para vestirnos. La necesidad no es una excusa que pueda sostener el uso de animales para propósitos como la vestimenta o la alimentación. 

Ahora viene el punto fuerte:
«No hay que confundir el veganismo con el respeto al medio ambiente. "Que una firma sea vegana no significa que sea sostenible", puntualiza Soler.» Por ejemplo, la diseñadora Stella McCartney decidió no utilizar materiales de origen animal en sus colecciones, pero sin embargo, utiliza fibras sintéticas que en ocasiones no son bondadosas con el medioambiente, precisamente el hábitat de animales. "Es mucho más ecológico un abrigo de zorro que uno de piel sintética, ese pelo artificial es supercontaminante", añade Gómez Palomo. Hoy en día el 60 por ciento de las prendas que se consumen en todo el mundo se hacen con poliéster, que tarda una media de 500 años en degradarse por completo. Además, durante su periodo de vida, en los lavados, esa fibra desprenden micropartículas que acaban en ríos y mares deteriorando la cadena alimentaria. Se vive una moda acunada por la (mala) cultura de usar y tirar, que ahora, desde los grandes emporios se pretende mitigar con la filosofía vegana, en la que se pueden lucir prendas y no ser sostenible. "No hay huella animal, pero se está contaminando el planeta", dice Soler.»
Estoy de acuerdo en que el veganismo es diferente de la consideración del medio ambiente. El veganismo se define por oponerse al uso de animales. El medio ambiente pertenece a otra categoría diferente. Eso sí, no hay nada en el veganismo que diga que uno debe sólo preocuparse por no utilizar a los animales y pueda despreocuparse de todo lo demás. En mi ensayo de respuesta a los ataques por parte de Claudio Bertonatti sobre el veganismo ya argumenté que el veganismo supone rechazar el uso de animales como una cuestión de ética básica. Es una cuestión de principios. Una vez que rechazamos el uso de animales, debemos analizar de qué forma podemos satisfacer nuestras necesidades a la vez que tenemos en cuenta otras preocupaciones morales, como es la destrucción del medio ambiente. Pero el uso de animales no puede ser moralmente contemplado como una opción ética; así como tampoco contemplamos el uso de seres humanos como meros recursos, es decir, como esclavos. Aunque la opción menos contaminante de todas las posibles fuera criar y matar humanos para usarlos como vestimenta, esta opción no sería moralmente aceptable. Lo mismos sucede con el uso de animales. 

Si el poliéster es contaminante entonces la solución éticamente aceptable no es utilizar animales; por la misma razón que la solución no puede ser utilizar humanos para servirnos de vestimenta. La solución es dejar de explotar tanto a humanos como a animales y a la vez intentar buscar materiales que eviten dañar, o dañen lo menos posible, el medio ambiente. Sorprendentemente, en un artículo sobre moda vegana se olvidaron de incluir voces de personas que se dedican a la moda vegana, como es el caso de la empresa Insecta, y que explican cómo se preocupan también por la conservación del medio ambiente, desde una perspectiva vegana.

En conclusión, me parece que la acusación de hipocresía sobre el veganismo es del todo desacertada ¿Dónde está realmente la hipocresía? Yo creo que la hipocresía está en decir que nos preocupamos por los intereses de los animales pero al mismo tiempo defendamos que está bien explotar a los animales. Es tan hipócrita como decir que uno se preocupa por los intereses de los humanos y al mismo tiempo defienda que está bien esclavizarlos. Hipocresía es que decir que estamos en contra de infligir daño a los animales y al mismo tiempo sigamos utilizándolos como artículos de consumo; causándoles un daño que no se puede justificar moralmente ni puede excusarse apelando a la necesidad.

Por cierto, como ya mencioné antes, que un artículo sobre moda vegana no incluya ninguna voz en favor del veganismo fue de lo más me llamó la atención. Hipocresía es también que un medio informativo diga que se dedica a informar pero luego publique un artículo que es pura propaganda y que no incluya siquiera otras posiciones sobre el tema que se trata. Esto también es hipocresía.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...