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19 de febrero de 2018

La explotación animal animalista



La industria de explotación animal está comprensiblemente preocupada por el auge de los movimientos animalistas y por el creciente número de personas que decide eliminar su consumo de productos de origen animal. Pero la industria sabe bien que la respuesta ante este fenómeno social consiste en fomentar el denominado «Bienestar Animal» —con la inestimable ayuda y apoyo de los grupos animalistas que suscriben la doctrina del bienestarismo— para así lograr que la gente no se cuestione la legitimidad moral del uso de animales.

En esa línea, la autodenominada «Asociación Nacional para la Defensa de los Animales» [ANDA] ha firmado recientemente un «acuerdo pionero para ayudar al consumidor a comprar los huevos con mayor bienestar animal» según informa el diario 20 minutos.  Resultaba previsible que era sólo cuestión de tiempo que en España se siguieran los pasos de otros grupos animalistas en el ámbito anglosajón y se firmaran alianzas comerciales con la industria de explotación animal. Ahora, los españoles ya podrán consumir productos de origen animal con un sello de aprobación animalista que alega avalar el bienestar de los animales explotados. Ya está aquí la explotación animal animalista.

En el cuerpo de esa misma noticia publicada por 20 minutos, la propia organización ANDA nos explica el motivo por el que han decido firmar este acuerdo, en palabras de su portavoz Alberto Díez:

«"Cada vez hay más personas que no se fían del sistema y dan el paso de no comer carne", explica Alberto Díez, "pero ese es el último paso, suele haber una evolución: te empiezas a preocupar, vas al supermercado, ves que no hay un etiquetado claro y pasas a no comer productos procedentes de animales.  Pero en parte el propio sistema es culpable de estas decisiones. Si tuviéramos lo mismo que en los huevos del 0, 1, 2 y 3 en el resto de productos, a lo mejor el resultado era diferente".»

Esto es, a Díez le preocupa que haya cada vez más gente que abandona el consumo de productos de origen animal y busca contrarrestar esta tendencia ayudando a que la explotación animal no sea rechazada por creer que es incompatible con el bienestar de los animales. Es significativo que Díez crea que si alguien deja de comer animales se deba necesariamente a que no encuentra un producto que satisfaga un determinado nivel de bienestar en la explotación de los animales. Al parecer, a Díez no se le ocurre otro motivo por el que alguien deje de participar en la explotación animal. O quizás, visto desde otro punto de vista, entiende que el único motivo que podría conducir a alguien a retomar su consumo de productos de origen animal es creer que lo único que importa respecto de nuestra relación con los animales es el bienestar. A esta forma de pensar es a lo que denominamos bienestarismo. 

El bienestarismo es la creencia de que la única cuestión moralmente relevante a la hora de relacionarnos con los otros animales es tener en cuenta el bienestar que ellos experimentan. Al bienestarismo no le importan conceptos morales tales como la libertad, la dignidad, la igualdad, los derechos, el valor inherente. Sólo le importa el bienestar, y todo lo demás es ignorado o supeditado a un determinado criterio de bienestar. Eso es en esencia, desde el punto de vista teórico, lo que denominamos bienestarismo ideológico o sencillamente bienestarismo.  Este pensamiento está inspirado directamente del trabajo de filósofo utilitarista Jeremy Bentham, continuado luego por Peter Singer

Algunos consideramos que el bienestarismo es incompatible con la consideración moral hacia los animales, porque la consideración moral no puede limitarse a la cuestión del bienestar —del sufrimiento y la felicidad— sino que debe considerar toda la personalidad de los individuos. Por esto, la perspectiva bienestarista sería errónea en tanto que se reduce sesgadamente a tener en cuenta sólo el dolor y el placer y, de este modo, ve a los animales no como personas sino como recipientes que albergan medidas de felicidad o sufrimiento. Por ello, el bienestarismo no respeta a los animales como sujetos que poseen derechos inalienables sino que los considera como meras unidades que sirven para aumentar la felicidad o reducir el sufrimiento en el mundo.

El movimiento bienestarista apoya la reforma del «Bienestar Animal» sobre la explotación de los animales con la excusa de que esto supuestamente reduce el sufrimiento de los animales. Pero esa tesis carece de pruebas objetivas que demuestren que tienen un efecto significativo en favor de los intereses de los animales. En cambio, sí contamos con pruebas acerca de que estas reformas tranquilizan la conciencia de la gente y les inclina por continuar consumiendo productos de origen animal e incluso por retomar ese consumo aun después de haberlo abandonado.

La iniciativa de ANDA es relativamente novedosa al ser la primera vez en España —y en el mundo hispanohablante en general— que una asociación animalista imprime su sello oficial en un producto de la explotación animal, pero sólo es novedosa en ese aspecto, mientras que en todo lo demás es equivalente a las campañas promovidas por asociaciones como Igualdad Animal, PACMA, Anima Naturalis, Libera!, y otros grupos animalistas que se encuadran dentro de una tendencia conocida como neobienestarismo. Todos estos grupos promueven y apoyan reformas que benefician a la industria que explota a los animales. Por ejemplo, Igualdad Animal promueve iniciativas para mejorar la eficiencia en la producción industrial de huevos que ayudan a los explotadores a maximizar su beneficio. Entre otras diversas campañas en favor del "bienestar animal". Y no es la única propuesta sino que toda su labor se centra en ayudar a la industria de explotación animal a mejorar su imagen pública.



Cuando los bienestaristas, como es el caso concreto de ANDA, proclaman que van a «eliminar las jaulas» en la producción de huevos lo que quieren decir en realidad es que van a confinar a los animales en otro tipo de jaula distinta, un poco más grande, hacinados en naves, y condenados a muerte cuando su dueño así lo decida.

Hablar de «huevos sin jaulas» es como hablar de «mataderos sin muertes». Eso es una fantasía. Todos los animales sometidos a explotación estan enjaulados —todos ellos están cautivos y confinados en un espacio limitado y decidido por sus explotadores, durante el tiempo que les permiten vivir antes de matarlos. Que las jaulas sean de madera o de plástico en lugar de alambre no hace que dejen ser jaulas.

De este modo, los grupos bienestaristas fomentan la creencia que está bien explotar a los animales si lo hacemos 'sin crueldad'. Pero que una acción supuestamente no fuera cruel no equivale necesariamente a que sea ética. La ética abarca más aparte del tema de la crueldad. Se podría asesinar sin causar dolor y esta acción no sería cruel con la víctima pero sería del todo inmoral. El problema es que pensamos que la ética con los animales se limita sólo a la cuestión de la crueldad. Así creemos que está bien actuar de ciertas maneras que consideraríamos inaceptables sobre nosotros mismos pero que nos parecen aceptables sobre otros animales sólo porque supuestamente no se trata de acciones crueles. Bajo este paradigma se pueden ver numerosos ejemplos de grupos animalistas asesorando a los explotadores de animales sobre cómo entienden aquéllos que se debe realizar la matanza de animales "sin crueldad":

«Pero ¿y cómo se deben cocer las langostas y los cangrejos? Según la Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals, una organización sin ánimo de lucro que promueve el bienestar de los animales y que tiene sede en Reino Unido, la mejor opción es congelar poco a poco al animal para que quede en un estado adormecido hasta que quede inconscientes. En ese momento es cuando hay que cocerlo. Hay otro método, Crustastun, un aparato destinado a matar crustáceos sin sufrimiento. En su página web afirman que "quedan completamente aturdidos". Las langostas y los cangrejos mueren en menos de cinco segundos.»

Resulta muy revelador que determinada acción aplicada sobre seres humanos sea considerada criminal a la vez que esa misma acción al aplicarla sobre otros animales sea considerada como humanitaria o compasiva. Es revelador del prejuicio del especismo. Este es el otro prejuicio ideológico que, junto con el bienestarismo, rige nuestra visión de los animales. Por un lado, el especismo considera a los animales como seres inferiores que existen para estar a disposición de los seres humanos. Por otro lado, el bienestarismo ve a los animales como cosas que sufren y disfrutan, como si fueran meros contenedores de dolor y placer, y no los reconoce como individuos que tienen una mente consciente con propósitos e intenciones y como sujetos que poseen un valor intrínseco que no debe ser sacrificado por motivos instrumentales.

Si los animales pueden sentir dolor es debido a que esta capacidad les permite evitar aquellas situaciones que perjudican su salud. La capacidad de sentir es una capacidad biológica surgida evolutivamente para favorecer la supervivencia de los organismos animales. Esta capacidad no se refiere sólo al dolor y al placer sino también a otra serie de experiencias subjetivas. Por esto, la capacidad de sentir conlleva el deseo de continuar existiendo y de evitar de el daño. Todos los seres dotados de sensación tratan de sobrevivir y de evitar aquello que les daña. Esto significa que los animales no sólo tienen un interés en evitar el sufrimiento sino que también desean continuar existiendo. Los animales tienen deseos, intenciones y propósitos referidos a su propia supervivencia, bienestar y autonomía. Utilizarlos y matarlos sin causarles supuestamente dolor no sería moralmente diferente de utilizar y matar seres humanos sin causarles supuestamente dolor. La especie de los individuos es moralmente irrelevante. Todos somos seres conscientes con voluntad e intereses propios.

Muchos animalistas apoyan las medidas del «Bienestar Animal» alegando que no ven un problema en mejorar las condiciones de los animales explotados mientras siga existiendo su explotación, pero esa supuesta mejora no existe en el mundo real. La idea de que puede existir una industria de explotación animal que proporcione bienestar real a los animales es un mito. Los intereses de los animales son sistemáticamente vulnerados en todas las explotaciones. El hecho de algunos animales pasen un rato al aire libre durante el día no equivale a bienestar. Que nuestro agresor deje de violarnos o golpearnos durante un rato al día para que descansemos y demos un pasea al aire libre no es bienestar. Un descanso temporal en la cautividad no equivale a bienestar. Muchos activistas abolicionistas como es el caso de Joanna LucasGary Francione, Joan Dunayer y James LaVeck, entre otros, han advertido desde hace años del fraude que perpetran las políticas de «bienestar animal» promovidas por los grupos animalistas bienestaristas en colaboración con la industria de explotación animal.

Otro de los argumentos usado por animalistas para defender el apoyo a las normativas de «bienestar animal» es el de que supuestamente esas regulaciones perjudican a los explotadores institucionales porque les obligan a invertir más dinero y aumentar el costo de producción. Pero ese argumento ignora, o se olvida, de que esos explotadores reciben subvenciones por parte del Estado para ayudarles a renovar sus negocios y compensar la inversión económica de actualizar la explotación. Además, el propósito real de las medidas bienestaristas es incrementar la eficiencia de la explotación de los animales. Así se expone en el documento «Bases sociales y políticas del bienestar animal en la Unión Europea»:

«Diversos informes señalan que el respeto por el bienestar animal tanto en la granja como en el transporte puede suponer una disminución de los costes de producción de hasta un 17% en algunos sectores [como el avícola], debido al descenso de los índices de mortandad, a la menor incidencia de bajas y sacrificios obligatorios y al ahorro en gastos veterinarios.

A ello habría que añadir el efecto indirecto que puede tener en el consumidor la información de que los productos que adquiere satisfacen los estándares en materia de bienestar animal, lo que indica la influencia de estos valores éticos respecto a los animales en la economía del sector de ganadería intensiva.

El fomento de normas más rigurosas de bienestar animal crea, por tanto, una oportunidad empresarial, lo que explica que muchos empresarios de la industria cárnica ya estén utilizando el bienestar animal en sus actividades de publicidad para diferenciarse de sus competidores y ganar espacios de mercado. El acuerdo entre la asociación AVIALTER [avicultura alternativa] y la asociación de defensa de los animales ANDA va en esa dirección.»

Cualquiera que comience a investigar sobre el denominado "bienestar animal" no tardará en comprobar que el bienestar real de los animales es tan incompatible con su explotación como lo es el bienestar de los humanos sometidos a la esclavitud. Así lo manifestaba, por ejemplo, la abogada Belén Perales:

«La conclusión que extraigo es que todas las normas en la materia [tanto nacionales como europeas] priman la sanidad animal, y no su bienestar, lo que quiere decir que la finalidad de estas normas supone que los animales no transmitan enfermedades a los humanos, derivadas de su consumo. Por ello, se pone especial énfasis en asegurar que éstos no padecen ninguna enfermedad transmisible a las personas o que pueda suponer una pérdida económica para el sector ganadero, más allá de garantizar que viven conforme a las necesidades de su especie, disponen de espacios adecuados, se relacionan, o simplemente, tienen una vida exenta de sufrimiento. [...] Como he dicho, no son pocas las normas que pretenden regular el bienestar de estos animales en explotaciones ganaderas, o durante su transporte. Sin embargo, parece más bien una cuestión teórica que una realidad, toda vez que su vida —y muerte— se encuentra llena de sufrimiento.»

Lo cierto es que el bienestarismo ni siquiera ha sido capaz de mejorar significativamente el bienestar real de los animales. El bienestarismo es un fracaso desde el punto de vista empírico. Esto ocurre por dos razones. La primera es que el nivel de bienestar que reconocemos a los animales es tan bajo que cuando se afirma que son “felices” dentro de un contexto de explotación esto quiere decir en realidad que no están siendo brutalmente torturados todo el tiempo, en el mejor de los casos. La segunda razón es que en un contexto en el que los animales son considerados como mercancías, como objetos de propiedad y consumo, todos sus intereses referentes a su propia vida, su libertad, su salud y bienestar son forzadamente supeditados y vulnerados para el beneficio humano. Esto significa que su bienestar está fuertemente rebajado por la exigencia de un beneficio económico que sostiene la explotación. El bienestar de los animales está concebido desde una perspectiva puramente instrumentalista: su salud sólo importa en tanto que mantenerla ayude a favorecer su explotación económica. Ahora bien, incluso aunque los animales gozaran supuestamente de un nivel alto de bienestar real, esto no podría justificar desde una perspectiva ética que fueran utilizados como recursos.

Además de todo esto, cuando los animalistas apoyan el bienestarismo le están restando apoyos y fuerzas al veganismo.  En lugar de apoyar campañas en favor de la eliminación del uso de animales están apoyando campañas que promueven un supuesto «uso ético» de los animales. Las dos cosas no se pueden hacer al mismo tiempo y los mensajes de ambas campañas son incompatibles y opuestos. ¿Cómo podrá haber en el futuro una realidad sin explotación animal si no comenzamos ya por informar ahora claramente que explotar a los animales es innecesario e injusto? ¿Cómo va la gente a plantearse dejar de explotar animales si no les explicamos claramente que la explotación animal es injusta e innecesaria? Apoyando la regulación de la explotación animal no beneficiamos a los animales; sólo conseguimos reforzar su cosificación y aliviar la conciencia de los consumidores de la explotación animal, que piensan que explotar a los animales es compatible con preocuparse por su bienestar.

La cuestión principal que deberíamos plantearnos en primer lugar no es si les infligimos más o menos daño a los animales sino que la cuestión a reflexionar primeramente es qué razón tenemos para infligirles alguna clase de daño. ¿Qué justifica infligir algún daño a los animales? Toda explotación conlleva perjuicios sobre los animales que padecen dicha explotación, pero sucede que no hay ninguna razón que pueda justificar la explotación de los animales. 

Si los animales son seres conscientes entonces lo correcto no puede ser explotarlos de una forma supuestamente menos cruel sino que lo correcto sería dejar de explotarlos por completo. Ellos desean continuar existiendo y evitar el daño. Si ellos son sujetos entonces no es correcto tratarlos como si fueran objetos. Usar de comida a los animales es tratarlos como objetos de consumo. La única excusa que podemos alegar para intentar justificar el consumo de animales es que tenemos la costumbre de hacerlo o que nos proporciona placer. Pero ni la tradición ni el placer justifican infligir daño a los animales.

Los animales no quieren ser explotados, ni de forma industrial ni de forma ecológica. Los animales no tienen ningún interés en ser utilizados para servirnos de comida o cualquier otra finalidad. Ellos desean conservar su vida y no quieren que les hagan daño. Así, cuando los abolicionistas hablamos de respetar a los animales nos referimos a una idea muy concreta: reconocer que los animales son sujetos y no objetos  ─reconocer que ellos posen un valor inherente como individuos y que no deben ser tratados como si sólo tuvieran valor instrumental. Respetar el valor inherente de un ser sintiente significa respetarlo como un fin en sí mismo y no tratarlo como un simple medio para nuestros fines.

El problema central en todo este asunto no es la industria de explotación animal. El problema somos nosotros. La industria de explotación animal sólo tiene el poder que le otorgan sus consumidores. Esta industria existe exclusivamente para satisfacer la demanda social de productos de origen animal. Si los consumidores rechazamos consumir productos de origen animal entonces la industria se reconvertirá para satisfacer la demanda. Son los consumidores —cada uno de nosotros— quien tiene el poder de cambiar las cosas respecto de la actividad de la industria.

El motivo real por el que seguimos consumiendo a los animales es el mismo por el que seguimos utilizándolos para experimentos o como entretenimiento. No es por necesidad ni por falta de otras opciones viables. Todo se debe al especismo antropocéntrico o antropocentrismo. Se debe a la creencia de que los humanos somos «superiores» y las vidas de los otros animales existen para nuestro uso y beneficio. Sólo cuando erradiquemos el prejuicio del especismo en nuestra mentalidad, a través de la educación vegana, y sólo entonces, conseguiremos erradicar sus consecuencias, entre las que se encuentra la explotación animal en todas sus formas.

Por último, debo aclarar que no es mi intención cuestionar la sinceridad de las personas que apoyan las medidas de «bienestar animal». Mi enfoque es objetivo y no subjetivo. No cuestiono si estas personas creen realmente que al actuar de esa manera están defendiendo a los animales o beneficiando a los animales de alguna manera.  Yo sólo cuestiono la validez de sus ideas y acciones, de acuerdo a si se ajustan a criterios éticos y datos empíricos, y por eso pienso que sus ideas y acciones están profundamente equivocadas.

13 de diciembre de 2016

Asesores de la explotación animal



Siguiendo la exposición de Sergio Greif podríamos clasificar a los animalistas, según sus posiciones ideológicas, en dos grupos: los partidarios de la «Liberación Animal» y los partidarios del «Bienestar Animal» —los defensores de la liberación animal y los asesores de la explotación animal. 

Los primeros defienden que los animales no humanos sean liberados de nuestra opresión, es decir, que dejen de ser considerados como "seres inferiores", y como objetos y recursos para beneficio humano. Postulan que los animales sean considerados como sujetos de derechos y sea abolido su estatus de propiedad. Asimismo promueven el veganismo como un imperativo moral. A nivel activista, hay diferencias de opinión sobre la manera adecuada de conseguir liberar a los animales, pero el activismo educacional es una de las opciones más apoyadas y es la que yo considero como la más apropiada.

Los segundos defienden que los animales sean tratados de forma compasiva o humanitaria. No defienden que los animales dejen de ser propiedad humana sino que defienden que sean tratados de forma más humanitaria. Se oponen al 'maltrato' pero no a la explotación y esclavitud de los animales no humanos. Los bienestaristas defienden que la explotación animal sea reformada legalmente y, en ocasiones, que se prohíban algunos determinados usos que consideran 'crueles'. Los bienestaristas no pretenden ninguna revolución del paradigma actual sino que sólo pretenden una modificación de la tiranía que los humanos ejercemos sobre los otros animales.

No importa cómo te audenomines a ti mismo. Lo que importan son tus palabras y acciones. Si tus palabras y acciones son soporte para la explotación de los animales entonces no defiendes su liberación.

No nos dejemos engañar por título del conocido libro de Peter Singer: Liberación Animal. Lo relevante al final son las ideas y las acciones; no las etiquetas. Ese libro, aunque denuncia el especismo, al mismo tiempo defiende la posición del 'Bienestar Animal' y está basado en la filosofía del utilitarismo. El propio Singer explica en el prólogo de este libro que él estuvo influido al titularlo por expresiones como 'liberación de las mujeres' y denominaciones similares que se pusieron muy en boga durante la década de los 70 del siglo XX cuando lo escribió. Pero la elección no fue acertada que ya Singer no defiende que los animales sean liberados de la dominación humana —no defiende su emancipación— sólo propone una reforma en la manera en que esclavizamos a los demás animales.

En el grupo de los asesores encontramos a grupos animalistas como es el caso de Mercy For Animals y también IgualdadAnimal. Estos grupos se dedican a asesorar sobre la forma "correcta" de explotar a los animales, que ellos consideran que sería la que no cause sufrimiento o el menor sufrimiento posible.

En una reciente noticia aparecida en la publicación Sin Embargo vemos un ejemplo notorio que ilustra la posición bienestarista:

«Por su parte, Mercy for Animals pide firmar aquí para solicitar a las autoridades que fortalezcan las leyes, protejan a los animales y aseguren que sean insensibilizados antes de que se les corte la garganta.»

Aquí comprobamos que los bienestaristas actúan como asesores de la explotación animal. No estoy usando ninguna figura retórica cuando digo que son asesores. Los bienestaristas son literalmente asesores de la explotación animal. Ellos están a favor de la explotación de los animales, y colaboran en que ésta se mantenga, aunque les preocupa el sufrimiento que les causamos y pretenden reducirlo. Si bien, como veremos ahora, el bienestarismo no ayuda a reducir ese sufrimiento ni a evitarlo.

«La organizaciones Igualdad Animal y Mercy For Animals denunciaron en un video que empleados de al menos 21 rastros en México utilizan métodos inadecuados y crueles para matar ganado. La agrupaciones señalaron que la tortura va desde choques eléctricos en los ojos hasta puñaladas. Por ello, llamaron a reforzar las leyes y a manejar de manera correcta la matanza de animales en los rastros.»

En otra campaña similar, la directora de 'Igualdad Animal México' denuncia que la normativa legal no se cumple en los mataderos y exhorta a que los animales sean asesinados cumpliendo con lo que dice la ley de 'Bienestar Animal'. Por tanto, 'Igualdad Animal' funciona en la práctica como una asesoría para los explotadores institucionales y así la gente pueda estar tranquila sabiendo que los animales supuestamente son asesinados sin dolor.

Lo que hacen los grupos bienestaristas al difundir ese tipo de medidas no es ayudar a los animales —que seguirán siendo agredidos y asesinados igualmente— sino que están reforzando la idea de que si los animales sufren menos, o no sienten dolor en el momento de matarlos, entonces es aceptable usarlos de comida. Lo que hacen al promover esa medida es reforzar el mito de que puede haber una explotación humanitaria. Pero se trata sólo de eso: de un mito.

En primer lugar, no contamos con ningún dato que avale la idea de que el sufrimiento es menor con estas reformas. No hay ningún cálculo objetivo que explique cómo se supone que reduce el sufrimiento. Nada. En cambio, los informes de los expertos independientes señalan que los animales esclavizados continúan padeciendo toda clase de tormentos en los nuevos tipos de jaulas y que no sería objetivo afirmar que su bienestar sea mejorado gracias a las reformas del 'bienestar animal'.

Los bienestaristas muestran inadvertidamente con sus investigaciones que esas leyes de 'bienestar animal' en verdad no protegen ningún bienestar real y que su contenido consiste sistemáticamente en vulnerar los intereses básicos de los animales para el beneficio humano: su interés en continuar existiendo, su interés en evitar el daño, su interés en no estar sometidos a la voluntad ajena.

Nos encontramos con el asburdo de que los bienestaristas reconocen que estas leyes no funcionan para proteger a los animales y se incumplen sistemáticamente en la abrumadora mayoría de los casos !pero insisten en defenderlas a pesar de todo!, a pesar de la toda evidencia del fracaso del 'Bienestar Animal' como presunta estrategia para beneficiar a los animales explotados.

Lo que sí consigue la posición bienestarista es perjudicar el trabajo que hacemos en favor del veganismo, porque el bienestarismo refuerza la creencia de que está bien explotar animales si no se realiza de forma cruel, que es precisamente lo que buscan los explotadores institucionales con esta propaganda. Gracias al apoyo de los grupos bienestaristas, los explotadores institucionales se presentan ante el público como compasivos y humanitarios con los animales. Esto no ayuda a los animales, sólo ayuda al beneficio de la explotación animal como actividad económica; agravando y perpetuando así el sufrimiento de los animales.

Según se publica en el medio 
Vanguardia: «Organizaciones exigen que el maltrato y la tortura registrada en los rastros y granjas en México sea considerado como un delito que se castigue con cárcel, para así garantizar un trato digno para los animales.»

Esto es, según las organizaciones bienestaristas matar a los animales para servirnos de comida es compatible con darles un 'trato digno'. Usarlos como recursos es compatible con darles un 'trato digno'. ¿Estaríamos de acuerdo en hablar así si se tratara de seres humanos?

En la misma noticia, la directora de 'Igualdad Animal México', Dulce Ramírez, declara que ellos buscan que los animales queden inconscientes antes de matarlos:

«Mientras los animales sigan siendo asesinados para convertirse en comida, lo menos que podemos hacer es asegurarnos de que estén inconscientes antes de que los abran a puñaladas o los sumerjan en tanques de agua hirviendo […] Es momento de fortalecer las leyes en México para ayudar a prevenir este tipo de crueldad en contra de los animales. Esta es una medida de sentido común, urgente y necesaria, que aliviaría en gran parte el sufrimiento de millones de animales al año»

¿Lo menos que podemos hacer es asegurarnos de que las víctimas estén incoscientes en el momento de matarlas? ¿Y cómo se supone que van a conseguir eso? ¿Van a estar los bienestaristas vigilando en cada ejecución de cada matadero del país asesorando a los matarifes? Además, ¿qué sucede con todo lo anterior a la ejecución? ¿Acaso los animales no padecen toda clase de coacciones y agresiones contra su integridad física?

Si nos fijamos, nos daremos cuenta de que la preocupación bienestarista por el sufrimiento se centra sólo en determinado grado de sufrimiento. Por lo general, un grado bastante alto. Si el sufrimiento no llega a ese nivel entonces deja de preocuparles. Sin embargo, no podemos justificar moralmente ningún sufrimiento infligido a los animales motivado por su uso como recursos para los humanos. El uso de animales incumple todos los principios éticos básicos y, además, ni siquiera se puede excusar apelando a la necesidad, ya que no necesitamos consumir animales para vivir y tener buena calidad de vida.

Las leyes anti-crueldad no sirven para proteger a los animales, porque no se crearon para proteger los intereses de los animales sino que su función consiste en proteger la eficiencia de la explotación animal. Todos los partidarios de la explotación animal están a favor del 'Bienestar Animal', porque saben bien que esto favorece sus intereses, y no los intereses de los animales que explotan.

Este fracaso del "Bienestar Animal" como supuesta herramienta para proteger a los animales ha sido analizado detalladamente en su trabajo por el profesor Gary Francione, quien explica que esta aparente preocupación por el bienestar de los animales está en realidad motivada por la preocupación real acerca de la eficiencia de la explotación animal. Estas leyes persiguen como objetivo que la explotación de los animales mejore en su productividad y rendimiento económico. Pero si ese rendimiento puede continuar adelante sin acatar dichas leyes esto será lo que suceda. A los responsables de esas leyes no les preocupará que se incumplan mientras la explotación funcione adecuadamente, porque el objetivo del 'Bienestar Animal' no es proteger a los animales —si así fuera comenzarían por oponerse a su explotación— sino proteger el bienestar de la industria y aliviar la conciencia de sus consumidores.

La propia organización IgualdadAnimal al comienzo de su vida denunciaba el Bienestar Animal" que ahora apoya y promueve; tal y como se puede ver, por ejemplo, en este artículo del año 2007 titulado «Reformar la esclavitud como forma de perpetuarla: el caso del consumo de carne de ternera». No hay un solo dato que indique que la situación haya cambiado desde entonces. Los bienestaristas simplemente han decidido apoyar una estrategia que saben que no ayuda  a los animales, pero que saben que les proporciona ingresos económicos para financiar sus sueldos.

Los bienestaristas descubrieron que mucha gente prefiere dar dinero a organizaciones antes que tener que cambiar sus hábitos y costumbres. Descubrieron además que mostrando imágenes de granjas y mataderos industriales aumentaba la demanda de gente dispuesta a dar dinero para que se terminara con la crueldad hacia los animales. Así han creado un lucrativo negocio.

En última instancia, los bienestaristas proponen como opción —no como obligación moral— que no comamos animales porque entienden que ésa sería la 'mejor' manera de evitar el sufrimiento de los animales. Pero ellos no están en contra de la explotación, sólo están en contra del sufrimiento:

«Por favor, firma la petición para instar al Gobierno federal a que sea un crimen matar a los animales mientras estén aún conscientes y puedan sentir dolor. [Hacerlo] sería un paso en la dirección correcta, pero en última instancia, la mejor manera de que los individuos compasivos protejan a los animales de granja de la crueldad y el sufrimiento innecesario es simplemente dejarlos fuera de nuestros platos”, exhortó a la sociedad en general.»

Los bienestaristas consideran que explotar animales no es intrínsecamente inmoral, y sólo les importa la manera en que lo hagamos. Su ideología se basa en el utilitarismo, y esta filosofía postula que sólo importa reducir el sufrimiento y aumentar la felicidad en términos generales. Cualquier cosa que consiga ese objetivo es aceptable para el utilitarismo aunque suponga utilizar a los individuos como simples recursos y destruir sus vidas para lograr ese objetivo. Los bienestaristas llevan a la práctica esa filosofía en el contexto de la relación entre los humanos y los demás animales.

Los bienestaristas defienden que hay una formas 'mejores' que otras de explotar a los animales. Pero cualquier forma de explotación que supuestamente cause menos sufrimiento que otra ya es 'mejor', con lo cual el bienestarismo sirve para condonar cualquier forma de explotación siempre que podamos compararla con otra que supuestamente fuera peor. Y siempre podremos encontrar otra que sea peor en el sentido de conllevar más daño y sufrimiento a los animales. El bienestarismo no reduce el sufrimiento sino que lo agrava, porque favorece que los animales sean explotados de la peor manera posible para así poder proponer indefinidamente reformas para conseguir 'mejorar' la explotación, que en todos los casos será siempre violenta y brutal.

El bienestarismo existe dentro del mismo esquema mental que el especismo: ambas ideologías consideran que los demás animales son cosas —cosas que sufren— que existen para estar a nuestro servicio y disposición y que carecen de personalidad moral y derechos inalienables. Nada de esto tiene que ver con respetar y defender a los animales. Esto es defender que los animales sigan siendo explotados. Los bienestaristas son los asesores de los explotadores institucionales. Son los colaboracionistas de la opresión sobre los animales.

Hay una perspectiva moral diferente y opuesta a la del utilitarismo/bienestarismo: la filosofía de los Derechos Animales. Según esta filosofía, dejar de consumir animales no es la mejor opción; es la única. Ante la explotación animal dejar de consumir animales es la única manera de respetar a los demás animales. Por la misma razón que ante la esclavitud humana, dejar de esclavizar a seres humanos no es 'la mejor manera'; es la única manera de ser respetuosos con los seres humanos. Dentro de esta filosofía se encuentra su base fundamental que es el veganismo.

Podemos elegir entre trabajar por liberar a los animales de la opresión o podemos elegir apoyar que sigan siendo explotados bajo leyes que dicen que son tratados de forma 'humanitaria'. Pero antes de elegir deberíamos tener claro que apoyar el 'Bienestar Animal', apoyar la regulación de la esclavitud animal, no puede ser coherente ni compatible con la primera opción.



7 de abril de 2014

Derechos Animales y Bienestarismo: Una Diferencia Esencial


Dentro del ámbito animalista encontramos dos posiciones ideológicas que se apartan del tradicional antropocentrismo que ha predominado desde el siglo XIX entre animalistas. Estas dos posiciones son: el Bienestarismo y los Derechos Animales

Aunque ya he hablado sobre ellas varias ocasiones, en esta nota intento presentar de nuevo una breve introducción a cada una de ellas centrándome en cuál es la diferencia esencial que las distingue y separa.

Por un lado, los animalistas que asumen el bienestarismo buscan aliviar o eliminar el sufrimiento de los animales pero sin cuestionar moralmente nuestra dominación y explotación sobre ellos.

En cambio, los defensores de la filosofía de los Derechos Animales asumen como como principio fundamental que los animales nunca deben ser instrumentalizados para nuestros fines, es decir, sometidos a explotación.

Es importante señalar que aunque la ética de Derechos hable principalmente de derechos, y el bienestarismo se refiera al bienestar, esto no quiere decir en modo alguno que la ética de Derechos Animales sea incompatible con el respeto y el fomento del bienestar de los individuos.

Precisamente uno de los fundamentos de los Derechos Animales se basa en proteger el deseo de bienestar al que aspira todo ser que posee capacidad de sentir. Sin embargo, esta postura moral parte del reconocimiento de una serie de derechos básicos e inherentes a cada persona —humanas y no humanas— y no puede aceptar que el bienestar de nadie se anteponga al respeto por los derechos individuales de todos. Es decir, si para lograr el bienestar de la mayoría fuera necesario vulnerar los derechos básicos de un solo individuo, la ética de Derechos se opondría tajantemente a ello.

La filosofía de los Derechos Animales postula que todos los animales, en tanto que seres sintientes, poseen derechos básicos, empezando por el más fundamental derecho de no ser propiedad. Esto significa que no debemos utilizar a los animales como medios para nuestros fines, puesto que ellos no tienen interés en ser utilizados para servir a los humanos.

En cambio, la doctrina conocida como bienestarismo es una postura ideológica surgida del utilitarismo que considera que lo único relevante es el supuesto nivel de placer y sufrimiento que experimenta cada individuo; así como la suma del bienestar general. El bienestarismo aspira a reducir el sufrimiento y aumentar el placer; sin importarle el consentimiento ni el sometimiento de unos por encima de otros.

Debo aclarar, sin embargo, que el bienestarismo y el 'Bienestar Animal' son dos nociones diferentes.

El 'Bienestar Animal' es la posición que promueve la regulación de la explotación de los animales para minimizar los daños y sufrimientos de los animales explotados principalmente con el fin de rentabilizar su aprovechamiento económico en beneficio de los humanos. Pero el bienestarismo como ideología no conlleva necesariamente el apoyo a la regulación del 'Bienestar Animal'; sólo conlleva la preocupación y el balance del bienestar de los animales. De hecho, he conocido a bienestaristas que opinaba que lo mejor para los animales era la abolición y que la regulación realmente no aliviaba su sufrimiento. Así pues, la postura regulacionista que se denomina 'Bienestar Animal' es diferente de la posición ideológica del bienestarismo, aunque en la práctica es cierto que estén relacionadas.

Por tanto, aquí distinguimos entre ambas posturas —Bienestarismo y 'Bienestar Animal'— dejando claro que no son lo mismo, aunque se trate de categorías entrelazadas en la práctica. Un bienestarista ideológico es alguien que asume la filosofía utilitarista, o alguna versión derivada de ella, pero hay partidarios del 'Bienestar Animal' que no suscriben el bienestarismo sino que parten meramente de un antropocentrismo que se preocupa por el bienestar de los animales sólo en tanto que esto afecta a los humanos. Por tanto, pienso que habría que distinguir entre bienestarismo ideológico, como una corriente de pensamiento derivada del utilitarismo, y el 'Bienestar animal'. Pueden existir y funcionar de manera independiente. 'Bienestar Animal' y Bienestarismo sería conceptos diferentes, tal y como lo son Derecho Animal y Derechos Animales, aunque sus etiquetas sean tan parecidas.

De este modo, la política del 'Bienestar Animal' puede ser enfocada desde dos perspectivas distintas: una perspectiva antropocéntrica —a la que denominamos ideológicamente como proteccionismo— y una perspectiva utilitarista, que es a la que denominamos como bienestarismo ideológico. El proteccionismo es antropocéntrico y considera que el daño sobre los animales sólo es relevante si perjudica de alguna manera a los humamos. Mientras tanto, el bienestarismo sí reconoce un valor moral al bienestar de los animales en sí mismo, independientemente de las consideraciones humanas al respecto.


Desde una perspectiva no especista, a los partidarios del bienestarismo ideológico solamente les importa conseguir que todos los animales sintientes gocen de felicidad en el mayor grado posible y evitar que sufran —sin importarles si dan su consentimiento para ello o si para conseguirlo tienen que dominarlos en contra de su voluntad. Este bienestarismo ideológico proviene de la filosofía del utilitarismo y es una ideología que se ha venido aplicando específicamente a los animales no humanos utilizados por el hombre.

El bienestarismo no tiene problema alguno con la existencia de la explotación o la esclavitud. Al bienestarista lo único que les importa es, en general, reducir el sufrimiento o aumentar la felicidad. Sin embargo, los hechos demuestran que sus resultados en el ámbito animalista han conseguido justo lo contrario de lo que se proponía. 
El sistema industrializado que se comenzó a implantar en el siglo XX dentro de la explotación animal ha permitido un aumento extraordinario en el número de animales explotados y que sus condiciones de esclavitud sean, si cabe, todavía más terribles. 

Aparte de promover una serie de leyes de «Bienestar Animal» que trataran de garantizar simbólicamente su bienestar —o más bien el bienestar de los consumidores de la explotación animal— el movimiento bienestarista, en lo que se refiere a garantizar el bienestar de los no-humanos esclavizados, ha desembocado empíricamente en un fracaso. Desde el punto de vista puramente práctico, la postura bienestarista es un rotundo fiasco en sus propios términos.

Es cierto que hay algunos partidarios del bienestarismo que dicen oponerse a la explotación animal, por haberse dado cuenta de que no es posible garantizar un bienestar real en tanto que los animales sean explotados. Los bienestaristas, sin embargo, no están de acuerdo en que los animales tengan derechos morales; empezando por el derecho fundamental de no ser propiedad. Sólo les importa el bienestar [mayor felicidad & menor sufrimiento] y no se oponen al concepto de explotación de seres sintientes en sí mismo.

También es necesario señalar que aunque el bienestarismo proviene del utilitarismo, hay versiones del bienestarismo que se apartan en algunos puntos fundamentales del utilitarismo. Esto se puede comprobar en el caso de Richard Ryder, quien ha defendido una teoría propia donde la única característica moralmente relevante es el dolor y entiende que nuestra obligación moral consiste en evitar provocar dolor a otros individuos, pero que al mismo tiempo rechaza el agregacionismo intrínseco al utilitarismo, es decir, la idea de que es posible sumar el sufrimiento o la felicidad de los individuos e hipostasiar esa hipotética suma en una entidad mayor que supera el valor del individuo y que justificaría sacrificar a unos en beneficio de otros. Ryder rechaza esta perspectiva agregacionista, que sí defiende Peter Singer. Si bien, el pensamiento de Ryder se sigue encuadrando dentro de la corriente ideológica que denominamos bienestarismo, pues su foco central es el bienestar o la felicidad, y no el valor inherente del individuo y sus derechos morales.

Por otra parte, aunque las organizaciones bienestaristas a veces se autodenominen como organizaciones de "derechos animales" solamente les veremos denunciando el sufrimiento y jamás hablarán de violaciones de derechos, ya que obviamente no creen en los derechos morales. Y como además los animales no humanos carecen de derechos legales entonces no habría por tanto, desde su perspectiva, derechos que vulnerar.

Las evidencias nos muestran que por lo general las vidas de los animales explotados por el hombre son ejemplos de miseria y horror en todas sus formas. Pero incluso aunque fuera posible que pudiéramos proporcionar a nuestros esclavos una vida de mínima felicidad, esta circunstancia no haría que su explotación fuera moralmente aceptable. Una ética basada en los derechos morales considera que cada individuo merece ser considerado y respetado como persona. Esto implica que nunca, bajo ninguna circunstancia, puede estar moralmente justificado el tratarlo como un simple recurso o una propiedad nuestra.

Esta reflexión, lejos de ser un simple ejercicio intelectual, es una forma de exponer cómo las ideas que cada uno tenemos en nuestra mente condicionan o determinan nuestra conducta. Aquí he expuesto brevemente dos visiones morales diferentes e incompatibles. A mi modo de ver, el hecho de que nos posicionemos a favor de una o de otra es lo que va a decidir en parte el futuro de la continuidad o abolición definitiva de la esclavitud que hemos impuesto a los animales. Tenemos que elegir cual teoría debe regir nuestro comportamiento respecto de los animales.

Si creemos que los individuos sintientes no son personas, que poseen un valor moral inherente como sujetos, sino que son meros receptáculos de placer y dolor ["sufrir y disfrutar" es la expresión que suelen utilizar los bienestaristas] y que lo que realmente importa es intentar aumentar forzadamente el número de individuos felices, aunque fuera a costa de esclavizarlos a todos ellos, entonces estamos de acuerdo con el bienestarismo

Pero si creemos que todo ser con capacidad de sentir es una persona con derechos básicos que merecen siempre ser respetados, independientemente de las circunstancias y las consecuencias, entonces nos corresponde defender la ética de Derechos Animales, dentro de la cual se encuadra el veganismo: el rechazo fundamental a la explotación de animales no humanos par fines humanos.

Asumir el veganismo en nuestra vida —y educar y ayudar a otros a hacer lo mismo— es el primer y más importante paso necesario para lograr abolir, desde ya mismo, la explotación de los animales y conseguir un mundo más justo para todos en donde la injusticia de la esclavitud ya no exista.

9 de marzo de 2014

Bienestarismo y Bienestar Animal: algunas aclaraciones



Pienso que es importante aclarar una distinción relevante: la postura del Bienestar Animal es diferente de la doctrina ideológica del bienestarismo. Son dos posturas contextualmente muy relacionadas y suelen ser confundidas como si se tratara de lo mismo. Sin embargo, en este ensayo pretendo explicar por qué entiendo que no son lo mismo.

Denomino bienestarismo dentro del contexto animalista a una rama o extensión o derivación de la doctrina filosófica del utilitarismo que se aplica específicamente a nuestra relación con los animales.

El bienestarismo es una doctrina que reconoce que los otros animales tienen un interés genuino en evitar el sufrimiento y que ese interés debe ser considerado a un nivel similar que el interés en no sufrir de los humanosEl bienestarismo sería una adaptación del utilitarismo. Ambos nacen del pensamiento de Jeremy Bentham, en la segunda mitad del siglo XVIII, quien pasa por ser el primer pensador que defendió la existencia de un valor moral en los intereses de los otros animales que no dependía de su relación con los intereses humanos.

Por otra parte, el concepto que denominamos «Bienestar Animal» existía desde mucho antes que apareciera el bienestarismo entendido como doctrina moral. Encontramos leyes registradas ya en el siglo siglo XVII que prohibían el «trato cruel» a los esclavos no humanos.

Asi pues, el Bienestar Animal consiste en una postura concreta en favor de regular el uso de animales para beneficio de los humanos y que se deriva directamente del antropocentrismo. El Bienestar Animal se preocupa acerca de la crueldad o el sufrimiento excesivo que infligimos a los demás animales. Pero dicha preocupación no se fundamenta en la consideración de los intereses de estos animales sino en la preocupación de que ese trato sobre los animales afecte negativamente a los humanos.

Podemos comprobar que, independientemente del nombre que les atribuyamos al final, nos encontramos con dos posiciones teóricas diferentes. Además, el bienestarismo es de naturaleza propiamente moral mientras que el Bienestar Animal es de naturaleza política. Es por esto que el profesor Gary Francione ha denominado al Bienestar Animal como «bienestarismo legal», porque es una posición legalista. Así en el contexto legal podemos hablar de normas bienestaristas. En cambio, el bienestarismo ideológico o filosófico es una posición moral. Cuando hable de bienestarismo me estaré refiriendo por defecto al bienestarismo moral.

Es habitual que a menudo haya confusión o equiparación entre ambas posturas, debido a la evidente semejanza de los términos y a que el bienestarismo moral ha sido, y sigue siendo, uno de los principales impulsores de la política del Bienestar Animal desde principios del siglo XIX. No obstante, es posible ser partidario del Bienestar Animal sin tener que compartir la línea ideológica del bienestarismo. Asimismo, un bienestarista no tiene por qué apoyar obligadamente el Bienestar Animal. Insistiré siempre en que se trata de dos categorías distintas.

En realidad, el Bienestar Animal pertenecería a un movimiento amplio dentro del ámbito animalista que denomino proteccionismo. El proteccionismo es una postura ideológica antropocentrista que considera que debemos proteger a los animales —aceptando por supuesto su estatus como propiedad de los humanos— en tanto que esa protección tenga como motivación y objetivo favorecer a los intereses de los humanos.

Tanto el bienestarismo como el Bienestar Animal tienen en común el ser posturas consecuencialistas. Esto quiere decir esencialmente que su criterio no se basa en principios sino en lograr objetivos. 

El consecuencialismo es la postura ideológica que suscribe la idea de que «el fin justifica los medios». Esto es, al consecuencialista sólo le importa lograr un determinado objetivo sin limitarse por ningún otro condicionamiento. Dentro de esta tendencia estaría tanto el bienestarismo como el proteccionismo que sostiene el Bienestar Animal. En cambio, la postura ética deontológica considera que hay principios básicos que no debemos vulnerar a la hora de lograr un fin determinado, por muy loable que sea ese fin. En esta categoría, se incluirían el veganismo y la filosofía moral de los Derechos Animales.


Los partidarios del bienestarismo pueden apoyar literalmente cualquier cosa que ellos crean que ayudaría a reducir el sufrimiento o a aumentar la felicidad de los animales no humanos. Entre esas cosas estarían las leyes que promueve el Bienestar Animal.


Estas palabras de la activista Ingrid Newkirk resumen el punto central de la filosofía bienestarista:

«Si sólo pudiera tener una cosa, sería acabar con el sufrimiento». [...] «Si puedes tomar cosas de los animales y matar animales todo el día sin causarles sufrimiento, entonces lo tomaría... Todo el mundo debería estar de acuerdo en que los animales no deberían sufrir si los vas a matar o vas a robarles, tomando la piel de sus espaldas o tomando sus huevos, o lo que sea. Pero tú no deberías obligarles pasar por una tortura para hacer eso.» [Entrevista a Ingrid Newkirk por Wikinews]

Un bienestarista no reconoce que los seres sintientes posean un interés genuino en vivir, un interés en continuar existiendo aparte del interés en gozar de un bienestar, ni que tengan un interés en ser libres y mantener una autonomía personal. No reconocen ningún otro interés inherente que no sea el de conseguir placer y evitar el dolor. De ese modo, los bienestaristas no tienen inconveniente en apoyar el asesinato —como es el conocido caso de la organización PeTA ni en promover la esclavitud animal; siempre en tanto que ellos crean que eso sirve para eliminar el sufrimiento o para aumentar la felicidad. 

Por otro lado, los partidarios del Bienestar Animal, desde la postura proteccionista, estarían a favor de cualquier medida que sirva para garantizar que no se provoque lo que ellos consideren un sufrimiento excesivo en lo que respecta al uso de animales. Por ejemplo, dentro de las regulaciones de Bienestar Animal se incluyen medidas sobre la manera en que los animales son conducidos al matadero para ser degollados y despellejados.

Sin embargo, la preocupación fundamental del Bienestar Animal no es el bienestar de los animales no humanos sino que es exclusivamente el bienestar de los humanos, como así se especifica de manera explícita en las normativas de Bienestar Animal:

«La protección de los animales en el momento del sacrificio o la matanza específicamente, es una cuestión de interés público que influye en la actitud de los consumidores frente a los productos agrícolas. Por otro lado, la mejora de la protección de los animales en el momento del sacrificio contribuye a mejorar la calidad de la carne y tiene un efecto positivo indirecto en la seguridad laboral en los mataderos.» [Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición; Bienestar animal en el sacrificio]

Posiciones como la del Bienestar Animal aparentemente parecen preocuparse por los intereses de los animales, pero en realidad sólo se preocupan de favorecer los intereses de sus explotadores.

Los partidarios del Bienestar Animal serían consecuencialistas sólo respecto de los no-humanos, mientras que a los humanos sí les reconocen un valor intrínseco que les impide tratarlos como si fueran meros recursos. Esta discriminación basada en la especie es lo que señalamos como especismo.

De este modo mientras que el bienestarismo sí daría un valor intrínseco al sufrimiento de otros animales, el Bienestar Animal sólo tiene en cuenta el sufrimiento en relación con los intereses humanos. El Bienestar Animal es una postura derivada del antropocentrismo mientras que el bienestarismo es una derivación del utilitarismo entendido bajo la perspectiva del filósofo Peter Singer.


Me temo que la confusión terminológica entre bienestarismo y Bienestar Animal continuará, al igual que otras confusiones, pero espero que esta breve nota quizás sirva para ayudar al menos a clarificar que hay dos conceptos distintos detrás de esos términos.

Después del especismo, el peor prejuicio al que nos enfrentamos es la creencia de que a los animales sólo les importa «sufrir y disfrutar». Esta noción —que tanto bienestarismo como Bienestar Animal comparten— no respeta a los otros animales como personas, ni tampoco reconoce que los individuos tengan derechos morales, y los considera simples recipientes de dolor y placer, y como instrumentos para fomentar el bienestar general o para reducir el sufrimiento en el mundo. Esta forma de pensar perpetúa nuestra opresión sobre los demás animales.

6 de enero de 2014

"!No hagan sufrir a los cerdos!"



Hace ya algún tiempo me encontré con este vídeo en el que unos niños le pedían a la empresa McDonald´s que por favor dejara de comprar carne de cerdo a las granjas que los encerraban en determinadas jaulas y solicitaban que los trataran con "menos crueldad":


Vale la pena leer la petición, porque en unos pocos párrafos sintetizan todos los tópicos habituales que se esgrimen al respecto: "apenas comemos carne de estos sitios"; "el sufrimiento les provoca estrés y eso hace que su carne sea menos saludable",.. Ni siquiera piden que haya una ley general que prohíba ese tipo de jaulas, sino que se lo piden específicamente a McDonald´s, como si el resto de empresas que comercian con animales no existieran. Es una iniciativa calcada a la que promueve la organización bienestarista PeTA y su homóloga en el mundo hispanohablante: Anima Naturalis.

Ahora, reflexionemos un momento sobre esto: si sucediera que unos hombres tuvieran privados de libertad a otros semejantes para obtener algún beneficio —para utilizarlos con fines sexuales o para obligarlos trabajar— seguro que no juzgaríamos que el problema de esa situación es el sufrimiento. El problema real es la injusticia de utilizar a otros individuos sin su consentimiento, en contra de su voluntad, a costa de vulnerar sus intereses básicos. Esto siempre que asumamos que a los seres humanos hay que respetarlos como personas con derechos inalienables, porque un utilitarista no aceptaría este planteamiento y pensaría de forma muy distinta.

Es probable que la petición haya sido supervisada por adultos, pero me parece muy significativo que sean precisamente unos niños, que todavía no tienen el suficiente discernimiento y experiencia sobre ética básica, y cuestiones morales, quienes cometen el error de focalizar en el sufrimiento, sin cuestionar la propia injusticia de la esclavitud.

Como bien señalara el profesor Tom Regan, lo relevante para determinar la moralidad no radica en si se les hace sufrir mucho o poco a la víctimas. Cualquier sufrimiento causado por una injusticia es igualmente rechazable; pero no por el sufrimiento en sí mismo, sino porque es causado de forma injusta. Por esto, lo relevante para determinar el error moral está en quebrantar en nuestras acciones el reconocimiento del valor inherente y del principio de igualdad. Esto sucede cuando tratamos a seres conscientes como si fueran objetos y simples medios para nuestros fines; cuando ignoramos o supeditamos sus intereses para que sirvan a los nuestros. Por esto juzgamos que es injusta la explotación de animales. Es injusto utilizar a los otros animales independientemente de si les causamos mucho, poco o ningún sufrimiento al hacerlo.

Según ha argumentado en numerosas ocasiones el abogado y activista Gary Francione, la reforma de 'Bienestar Animal' tiene como objetivo real tranquilizar la conciencia de la gente para que se sienta cómoda consumiendo animales: que tengan menos cargo de conciencia al hacerlo y que no se cuestionen lo que están haciendo.

El bienestarismo no desafía la dominación humana sobre los demás animales. La perspectiva bienestarista se focaliza en el sufrimiento, sin oponerse al uso de animales. Al bienestarismo, como su propio nombre indica, sólo le importa el bienestar pero no le importan la libertad, la igualdad, ni la dignidad —el respeto por el individuo.

Mientras no abandonemos el paradigma bienestarista no podremos comprender, ni hacer entender, que los otros animales son personas no humanas que merecen el mismo respeto básico que nosotros. Bajo el bienestarismo, los animales nunca podrán tener derechos reconocidos y seguirán siendo esclavizados como recursos para los humanos —injustamente discriminados por el mero hecho de no pertenecer a la especie humana.