Mostrando entradas con la etiqueta Peter Singer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Peter Singer. Mostrar todas las entradas

30 de agosto de 2016

«Las Diferencias Entre Singer, Regan, y Francione»

Peter Singer, Tom Regan, y Gary Francione son probablemente los autores filosóficos animalistas más conocidos y difundidos, tanto a nivel informal como a nivel académico, debido a la singularidad y la calidad de sus trabajos acerca de la cuestión de nuestra relación moral con los demás animales.

Sin embargo, una lectura atenta de sus textos apreciará enseguida que existen diferencias notables entre sus ideas. Aunque si bien todos comparten la intención de incluir a los animales no humanos dentro del ámbito de consideración moral, el contenido de sus teorías difiere considerablemente sobre la forma y el contenido de dicha consideración. 

En este artículo, el profesor Gary Steiner expone un conciso análisis comparativo para ayudarnos a comprender mejor esas diferencias y podamos evaluar la teoría de cada autor con precisión. El texto es en realidad un extracto de una entrevista y he decidido traducirlo, con el beneplácito de su autor, por su claridad expositiva.

**************
Las diferencias entre Singer, Regan y Francione

por Gary Steiner


"Se dice que hay tres autores principales en la moderna ética animal: Singer, Regan y Francione. ¿Podría explicar las diferencias entre ellos tres?"

Singer es un pensador utilitarista, para quien la moralidad es una cuestión de lograr la posible mayor utilidad, placer, o felicidad para el mayor número de seres moralmente significativos. Jeremy Bentham, el predecesor dieciochesco de Singer, respondió a la pregunta de cuáles seres son moralmente significativos al observar que la clave del estatus moral no está en si un ser puede pensar o si puede usar un lenguaje sino en si ese ser es capaz de sufrimiento. Al plantear esto, Bentham cuestionó la creencia tradicional de que sólo los seres humanos son moralmente significativos. En tanto que los animales son sintientes —ellos pueden experimentar placer y dolor—, los intereses de esos animales deben ser tenidos en cuenta en nuestras consideraciones sobre cuáles posibles acciones serían moralmente obligatorias. Este enfoque sobre las cuestiones morales aparentemente parece conllevar la premisa de extender la igual consideración a los intereses de los animales. Pero Bentham se aparta de ello al sugerir que la muerte es un daño menos importante para los animales que para los seres humanos, y que por tanto es moralmente permisible para los humanos que maten y coman animales. De hecho, Bentham va más allá al señalar que es mejor para los animales que sean matados por los humanos que morir por muerte natural —la cual incluye posiblemente la perspectiva de ser matado por depredación.

Singer no rechaza ninguna de las premisas de Bentham sino que las afina. Según dice Singer, al igual que Bentham antes de él, los animales no humanos no pueden pensar sobre el futuro distante y, por tanto, ellos no pierden esencialmente nada al morir. Los animales tienen un interés en no sufrir, pero no tienen un interés en continuar existiendo. De este modo, aunque Singer considera que determinadas prácticas como la ganadería industrial son deplorables, él cree que no existe un impedimento moral absoluto de no comer animales. En Liberación Animal, él afirma que puede respetar a la gente que sólo come animales que hayan sido criados y matados indoloramente. Así, Singer establece una distinción básica entre seres humanos y animales no humanos: los primeros son individuos, mientras que los segundos —al menos aquellos que carecen de capacidades como la autoconciencia— pueden ser tratados como recursos reemplazables. Los seres humanos son capaces de experimentar un mayor sufrimiento —y presuntamente una mayor felicidad— que los animales, ya que los seres humanos pueden conceptualizar y reflexionar sobre los placeres, los dolores, los planes de futuro y otros eventos que los animales no pueden. Por lo tanto, aunque el punto de partida utilitarista reconoce que los intereses de los animales deben ser tenidos en cuenta junto con los intereses humanos dentro del cálculo moral, el utilitarismo de Singer esboza una jerarquía de seres moralmente significativos en la que los intereses de los seres humanos tienen un lugar privilegiado frente a los intereses de los animales.

Tom Regan adopta un enfoque absolutista o deontológico, según el cual todos los seres que poseen determinadas habilidades y características cognitivas deben ser reconocidos como seres que poseen un valor moral inherente. Regan toma ejemplo de Immanuel Kant, quien argumenta que el valor moral inherente es un valor que es absoluto e inviolable y que no tiene nada que ver con la capacidad de sentir placer o dolor. Determinados seres, sólo en virtud de su naturaleza esencial, merecen un respeto moral absoluto y nunca deben ser tratados como simples medios. Para Kant, sólo los seres racionales en su totalidad poseen valor inherente y merecen respeto moral absoluto; y sólo estos seres que pueden reflexionar sobre las normas morales y la idea del valor inherente son seres que poseen dicho valor inherente. Así, para Kant los animales no humanos no poseen valor moral inherente sino que son meras "cosas" con valor instrumental, mientras que los seres racionales son "personas" con pleno y directo estatus moral. Para Kant, él unico valor moral que poseen los animales es indirecto: debemos evitar maltratar a los animales no porque posean un valor moral en sí mismos, sino debido a que maltratar a los animales favorece que nos inclinemos a maltratar a los seres humanos.

Regan prosigue en términos general el enfoque absolutista o deontológico de Kant sobre la ética, además de la crítica de Kant al pensamiento utilitarista. Pero Regan pretende revisar el enfoque de Kant cambiando la suposición de que sólo los seres racionales poseen valor moral inherente. El error de Kant, según Regan, está en suponer que uno debe ser un agente racional para tener un estatus moral pleno y directo. Regan argumenta que el ámbito de consideración moral directa incluye correctamente a los pacientes morales y a los agentes morales: el estatus moral no depende de la habilidad para comprender reglas morales abstractas, y la idea del valor inherente, sino de la capacidad de ser un "sujeto-de-una-vida". Un ser es un sujeto-de-una-vida si tiene deseos, creencias, un sentido de futuro, una vida emocional, la capacidad de tener propósitos, y "una identidad psicofísica a lo largo del tiempo". En otras palabras, cualquier ser para quien su propia vida tiene un sentido, aunque no tenga sentido para los agentes racionales-lingüísticos humanos, es un sujeto-de-una-vida y posee valor moral inherente.

El enfoque de Regan aparentemente mantiene el compromiso de reconocer que el estatus moral de los animales es igual al de los seres humanos. Él argumenta que si los animales y los humanos poseen un valor moral inherente entonces no hay fundamento para atribuir un moral diferente a los seres humanos [agentes morales] y los animales [pacientes morales]. Pero en última instancia, Regan establece el mismo tipo de jerarquía moral que postulaba Bentham y Singer. Él señala que el estatus moral depende de las oportunidades de una futura satisfacción que posea un ser. El igual valor moral confiere solamente un derecho prima facie de no ser dañado. Este derecho puede ser obviado en determinados casos como el del escenario de la balsa que propone Regan, en el cual varios humanos y un perro están en una balsa salvavidas y un individuo debe ser echado por la borda para que los demás se puedan salvar. Dado que, según Regan, los humanos tienen mayores oportunidades de satisfacciones futuras que el perro, entonces es el perro quien debe ser incuestionablemente sacrificado. Más aun, el número de perros no tiene relevancia en el cálculo final; porque sería apropiado, según Regan, sacrificar a milllones de perros para salvar una sola vida humana en dichas circunstancias. Al igual que Singer, Regan considera que actividades como la ganadería industrial son deplorables por el sufrimiento gratuito que inflige a los animales; y aunque su enfoque parece ofrecer un mayor potencial que el utilitarismo para considerar los intereses de los animales igualitariamente junto con los intereses humanos, Regan al final recae en la tradicional jerarquía moral que privilegia a los seres humanos sobre los demás animales, al menos en los casos en los que parece haber un conflicto entre los intereses de ambos.

Gary Francione toma elementos tanto de Singer como de Regan y argumenta desde una perspectiva deontologista o absolutista que prescinde de las jerarquías morales. Al igual que Singer, Francione señala que la sintiencia —la capacidad de tener experiencias subjetivas como el placer y el dolor— es el único criterio relevante para el estatus moral. Al igual que Regan, Francione señala que el valor moral es inherente, lo que quiere decir que es compartido igualitariamente por todos los seres que posean aquella capacidad. Si un ser es sintiente entonces posee un valor moral inherente absoluto al igual que el resto de seres sintientes; pero si un ser carece de sintiencia entonces carece de valor moral. Ahora bien, a diferencia de Regan y Singer, Francione argumenta que el nivel de sofisticación cognitiva es completamente irrelevante en lo que se refiere al estatus de consideración moral. A diferencia de Regan, quien argumenta que ser un sujeto-de-una-vida es un requisito suficiente pero no necesario para tener estatus moral [por ejemplo: habría seres sin conciencia que tendrían estatus moral por otros motivos, como las montañas y los ecosistemas], Francione explica que la sintiencia es necesaria y suficiente para poseer un estatus moral directo; Francione considera que los seres sintientes pueden ser dañados en formas que los seres no-sintientes no pueden, y entiende que no puede haber un criterio que no sea arbitrario al privilegiar los intereses de un ser sintiente [por ejemplo, decir que uno es cognitivamente más sofisticado] sobre los intereses de otro.

Francione argumenta que todo ser sintiente merece igual consideración respecto de sus intereses en consonancia con la consideración de los intereses de los otros seres sintientes. Así, los intereses de un perro deben ser considerados igualmente a los de un ser humano. Esto no no quiere decir que el perro deba ser tratado exactamente en el modo en que tratamos a los seres humanos. Por ejemplo, la igual consideración de los intereses de un perro no equivale a que el perro tenga derecho a votar o a conducir. Pero sí significa que debemos considerar el interés del perro en no sufrir de forma igual al interés del ser humano en no sufrir. Más aún, debemos reconocer algo que ni Singer ni Regan parecen haber advertido: esto es, además del interés en no sufrir, todo ser sintiente tiene un interés en continuar existiendo. La muerte es un daño para un animal tanto como lo es para un ser humano; así que no hay base para argumentar que la vida de un ser humano posee un valor moral mayor que el de la vida de un no-humano sintiente.

Francione analiza el escenario de una emergencia para sacar las conclusiones de su posición. Si nos encontramos con una casa ardiendo en la que podemos salvar o a un ser humano [por ejemplo: un niño] o un perro, Francione señala que no hay un principio según el cual el humano debe ser salvado en lugar del perro. Podemos salvar al humano en lugar del perro, pero esto sucedería porque nos indentificamos más con el humano que con el perro, no porque el humano tenga más derecho que el perro de ser salvado. Más aún, Francione explica que la gran mayoría de situaciones de conflicto entre los intereses humanos y los intereses animales no pertenecen a la categoría de "emergencia", pero tratamos todos los casos de conflicto como si fueran situaciones de emergencia, y así racionalizamos que los animales estén obligados a satisfacer los deseos humanos.

Francione argumenta que la única manera de asegurar la igual consideración de los intereses animales, y evitar la tradicional jerarquía moral que privilegia a los humanos sobre los animales, es abolir el estatus legal de los animales como propiedad. Los intereses animales nunca serán considerados en igualdad con los intereses humanos mientras los animales sean categorizados legalmente como propiedad; una clasificación que tiene sus orígenes en el cristianismo y la filosofía de Locke acerca de la dominación humana sobre los animales. La abolición del estatus de propiedad de los animales va más allá de la obligación de eliminar actividades como la ganadería industrial. Esto conlleva la completa eliminación de todos los usos de animales como instrumentos para satisfacer los deseos humanos: la matanza de animales para consumo humano, la cría de animales para ser usados como vestimenta y otros productos, y todos los usos de animales para experimentación y entretenimiento.

El abolicionismo de Francione conlleva la total eliminación de toda forma de domesticación, incluyendo el uso de animales como mascotas, por la razón de que todas estas prácticas esencialmente tratan a los animales como objetos para el dominio humano. Al exigir la total eliminación de tales prácticas, la posición abolicionista de Francione se opone directamente al bienestarismo, que defiende que determinados usos de animales son permisibles siempre que tratemos bien a los animales al hacerlo. Los bienestaristas intentan justificar determinadas prácticas como la experimentación y la matanza de animales para consumo humano alegando que estas prácticas pueden realizarse humanitariamente. Francione explica que tales prácticas nunca pueden ser humanitarias y son fundamentalmente incompatibles con la igual consideración de los intereses animales al mismo nivel que los intereses humanos.


*************

5 de abril de 2013

«Liberación Animal» de Peter Singer: Contra la liberación animal



A pesar de su título podemos preguntarnos: ¿defiende este libro realmente la liberación animal? Una lectura atenta del texto nos indicará que hay motivos sólidos para ponerlo muy en duda.

A pesar de lo que su título pudiera hacer pensar, en realidad este texto no es representativo de la filosofía ni del movimiento de Derechos Animales. Es un libro que tiene su base en otro tipo de filosofía: el utilitarismo. Ésta es la ideología que defiende su autor: Peter Singer.

No pretendo alegar que no se trate de un texto importante o influyente dentro del ámbito animalista. Lo que pretendo señalar es que este texto no representa ni forma parte de la filosofía y el movimiento de Derechos Animales. El utilitarismo y la ética de derechos son dos posturas radicalmente distintas.

Al ser un libro publicado originalmente en el año 1975, se puede pensar que su contenido ya no está de actualidad, pero nada más lejos de la realidad. Ha sido revisado y reeditado en varias ocasiones; la última de ellas en el año 2009. Y sigue siendo un libro que ha ejercido una gran influencia dentro del ámbito animalista y es un texto de referencia en el mundo académico cuando se trata la cuestión de la ética animal.

Aunque el análisis que Singer realiza sobre algunos aspecto del especismo serían en principio acertados —al estar basado en el principio de gualdad— también sucede que otros aspectos ideológicos del texto no coinciden con las ideas que sostienen la filosofía de Derechos Animales, sino que son afines o forman parte de la doctrina del utilitarismo. El utilitarismo ha predominado como filosofía dentro del ámbito animalista, pero claramente no es lo mismo que la filosofía de derechos animales.

El término animalista posee un sentido muy general referido a cualquiera que muestre tener una preocupación y dedicación por los intereses de otros animales además de los humanos. No tiene un contenido más específico. Al igual que el término humanista se refiere a una mera preocupación moral por los seres humanos, sin mayor contenido. Decir que algo o alguien es animalista no es más que una mera señal para constatar que se refiere a los animales —a los demás animales que no son humanos. El animalismo es por tanto un ámbito generalista en el que coexisten diferentes posturas, a veces incompatibles entre sí. 

Es por esto que podemos decir que no hay un solo movimiento animalista. Al contrario de que el reciente subtítulo que le han añadido al libro de Peter Singer. El utilitarismo y los Derechos Animales son posturas incompatibles por definición, y no pueden converger en ningún movimiento coherente.

Parece que algunos pretenden hacer ver que hay un solo movimiento del que supuestamente todos los animalistas forman parte, cuando en realidad esto no es así. A menudo esta idea se utiliza para intentar acallar cualquier tipo de crítica, alegando que todos debemos estar 'unidos' y otra serie de consignas cuyo objetivo es seguir manteniendo el actual statu quo de dominación especista en el que el propio movimiento animalista —si atendemos a la mayoría de organizaciones y activistas— constituye parte activa.


Un movimiento que rechaza la crítica se convierte en una extensión de la ideología dominante. Por eso, el animalismo es, en su mayor parte, nada más que otra versión más del antropocentrismo, en tanto que no desafía la supremacía humana sobre los demás animales. El libro de Peter Singer, a pesar de su título, pertenece a esta tendencia.


Pienso que sería importante no confundir el valor de utilidad que pudiera tener un texto a la hora de explicar ciertas cuestiones —como son el especismo y el principio ético de igualdad— con los valores morales que defiende el mismo. Esto último es lo que yo estoy considerando aquí. Un texto que defienda el especismo puede sin embargo explicar correctamente lo que es el especismo y los argumentos que lo rebaten.


Lo que se defiende en el libro de Peter Singer es una preocupación utilitarista por el bienestar de los animales no humanos que esclavizamos; pero no en ningún caso se pretende su liberación de nuestro dominio —que es precisamente lo que defiende el ideal de la liberación animal:

«Puedo respetar a las personas concienzudas que se preocupan de comer sólo la carne que procede de tales animales.» [capítulo 6; página 263; editorial Taurus; año 2011]

«Basándonos en las razones aquí apuntadas, yo no me opongo en principio a la producción de huevos de corral.» [capítulo 4, página 205; edición Taurus; año 2011]

En cuanto al estilo de escritura, puedo señalar que Singer parece uno de los pocos filósofos actuales que escribe con un estilo deliberadamente claro, conciso y ordenado. Pocos autores conozco que tengan una escritura filosófica tan accesible. Sus ideas suelen estar bien argumentadas desde una perspectiva puramente formal. Otra cosa diferente es que las premisas de las que parte sean acertadas.

Si duda recomiendo a todo el mundo que lea este libro, sin excepción. E insisto en que tiene partes que son acertadas en su análisis del especismo. Pero esta sugerencia de lectura no pretende sugerir que este libro representa una posición ética legítima.

Peter Singer se posiciona a favor del uso de animales no humanos; a favor de su explotación. Esto postura no es aceptable con el hecho de reconocer que los animales tienen derechos morales. La objeción de Singer se refiere de manera exclusiva contra el sufrimiento o contra el hecho de infligir sufrimiento sin una debida justificación desde el punto de vista utilitarista.

Acerca de este libro señala Tom Regan:

«Liberación Animal es un libro importante, por supuesto. Pero ni el libro ni Singer defienden los Derechos Animales. De hecho, Singer ha negado explícitamente y en repetidas ocasiones que los animales tengan derechos. Lo mismo para nosotros, los humanos: no tenemos derechos morales. En mis obras, ya en los años setenta, he mantenido insistentemente que otros animales tienen derechos morales. ¿Pueden reconciliarse nuestras posiciones? No lo creo. Por ejemplo, Singer piensa que algunas investigaciones con primates están justificadas. Un defensor serio de los Derechos Animales no apoyaría esto.» [Andrés Lomeña, Alienación Animal, 2010]

A menudo se afirma que el libro es valioso porque ha concienciado muchas personas que ignoraban el problema del especismo y de la explotación animal. Pero, aun siendo cierto, ese hecho por sí mismo no puede implicar una defensa o justificación de su contenido sólo por el hecho de que tuviera algunas consecuencias positivas. Esto sería como intentar justificar la violencia sólo porque algunas personas se dieron cuenta de la injusticia que es la violencia a raíz de haber sido víctimas de ella.

En definitiva, gran parte del contenido del libro Liberación Animal resulta ser una defensa de la esclavitud y una herramienta para justificar la explotación animal. Y así es como ha sido utilizado en ocasiones, más allá de que a otras personas les haya servido para cuestionarse su propio especismo.


El especismo no es el único problema al que nos enfrentamos. El otro problema es el bienestarismo. El bienestarismo es una extensión del utilitarismo y comparte todos sus presupuestos básico. El bienestarismo acepta e incluso defiende la explotación de los animales no humanos.

El veganismo es un principio radicalmente contrario a cualquier utilización de animales no humanos. Es por ello que veganismo y bienestarismo no pueden ser compatibles. De hecho, son planteamientos claramente opuestos.

Si por liberación animal entendemos la liberación de los demás animales de nuestra opresión sobre ellos entonces esa idea sólo tiene sentido en el veganismo. 


Veganismo significa reconocer moralmente que los animales no humanos sintientes son personas y que debemos dejar de utilizarlos para nuestro beneficio y no someterlos más a nuestro dominación. Ellos, al igual que nosotros, merecen vivir y disfrutar de sus propias vidas en libertad: libres de nuestra explotación. Esto es la liberación animal.


En conclusión, propongo que el libro de Singer debería retitularse: Contra La Liberación Animal.


Un planteamiento moral basado en la ética de derechos, que se opone y refuta los postulados utilitaristas propuestos por Peter Singer, se puede leer en el libro
 «Introducción a los Derechos Animales», escrito por Gary Francione.

12 de abril de 2012

Peter Singer, el utilitarismo, y la explotación de los animales



Cuando aparece mencionada la cuestión moral de los animales, el autor filosófico que suele tomarse como referencia es Peter Singer. Sin embargo, las ideas de Singer no coinciden con la que quienes defendemos una postura moral basada en el veganismo y una ética de derechos. Para entender mejor esta diferencias podemos partir de un ejemplo representativo.

En una reciente entrevista, Peter Singer respondía lo siguiente ante la pregunta del entrevistador:

E: "¿Su objeción apunta simplemente a la manera en la que se trata a los animales o su objeción es hacia el hecho de que elegimos comer animales?" 

Peter Singer: "Al sufrimiento por el que los hacemos pasar, no tengo objeción alguna hacia el hecho de comer animales... si usted quiere comerlos."

La postura general de Singer supone no solamente un respaldo a la explotación de los animales nohumanos sino también el abandono de la ética racional. El utilitarismo es una posición irracional, a mi modo de ver, puesto que está basada en presupuestos falsos y es lógicamente incoherente.

Si no hacemos diferencias basadas en la especie, ese argumento que dice que lo único moralmente relevante es el sufrimiento valdría igual para el hecho de explotar y comer a seres humanos. Sólo importaría la manera en que lo hagamos. No habría problema moral en asesinar o violar, siempre que al hacerlo no causemos sufrimiento o mucho sufrimiento al menos. 

Ciertamente, Peter Singer no está a favor de los Derechos Animales. Su objetivo se limita a reducir o eliminar el sufrimiento en el mundo. En eso consiste esencialmente el utilitarismo. Rechaza la idea de que los animales tengamos derechos morales. Esto es: que merezcamos un respeto moral básico que nadie debería violar independientemente del beneficio que se pudiera obtener al hacerlo.

Cuando Singer habla de "derechos animales" se refiere con ello de forma retórica a cualquier protección legal de los animales. Singer aboga a favor de que algunos animales —los más parecidos a los humanos— tengan derechos legales, porque piensa que sería la mejor manera de evitar una gran 'cantidad de sufrimiento' —si bien, el sufrimiento no se puede cuantificar, pues sólo podemos cuantificar los individuos.

Es importante aclarar que cuando alguien utilice el término *derechos de los animales* no significa necesariamente que con esto que se defienda que los demás animales tengan propiamente derechos, tanto a nivel moral como legal, sino que se hace referencia simplemente a cualquier protección legal de ciertos abusos que se cometen contra ellos. Por ejemplo, prohibir la tauromaquia —o parte de ella más bien: las corridas sí, pero no los correbous

Obviamente esto es un uso incorrecto del término *derechos*, aunque esté muy extendido. En nuestra sociedad, en su gran mayoría, no se reconoce moralmente ningún derecho a otros animales; y legalmente tampoco poseen derechos puesto que se les clasifica dentro de la categoría de propiedades. Y las propiedades no pueden tener derechos legales, sólo las personas pueden tenerlos.

Peter Singer es tomado por la sociedad, el mundo académico, e incluso propio movimiento animalista en su mayoría, como la referencia ideológica principal en la defensa de la consideración moral de los animales. No obstante, sus postulados sirven para defender el hecho de que no hay ningún problema en que explotemos a los otros animales. Lo único que importa, según él, es que no les hagamos sufrir, o que procuremos no hacerles sufrir mucho, o al menos que lo intentemos. Cualquiera de estas opciones sería válida según el utilitarismo.

Mucha gente piensa que Peter Singer defiende ahora cosas que no defendía antes, pero lo cierto es que él no ha cambiado de postura fundamental. Lo que Singer ha defendido siempre es que el dolor, el sufrimiento, está mal y que debemos vivir procurando evitar, reducir o eliminar ese sufrimiento. En esto se resume básicamente la esencia de sus doctrina.

El hecho de que Singer en su libro Liberación Animal  abogue en algunos casos a favor de no utilizar a los animales se debe a que en aquel entonces le parecía la mejor manera de eliminar el sufrimiento. Lo que ha cambiado ahora es su tolerancia respecto del grado, y la distribución, de ese sufrimiento que le parece aceptable. 

Las diferencias que encontramos dentro del ámbito animalista tienen que ver con el grado de sufrimiento que cada activista acepta. Unos no aceptan ninguno, por eso abogan por la abolición total; mientras que otros aceptan algunos sufrimientos siempre que sirvan para evitar otros y por eso abogan sólo por ciertas prohibiciones y reformas. Ambas posturas pueden ser intercambiables. 

El utilitarismo está a favor de explotar o destruir a cualquier persona siempre que eso consiga supuestamente incrementar el bienestar o la felicidad general; o reducir el sufrimiento. Esto va del todo en contra de la ética de derechos. De hecho, para adoptar el utilitarismo no necesitamos a la ética en sí misma. Con el utilitarismo podemos hacer prácticamente cualquier cosa con la excusa de que eso va a beneficiar a muchos otros o reducir su sufrimiento.

El utilitarismo no tiene una justificación diferente de la que puede tener el especismo o el racismo. Esto es, favorecer a un grupo a costa de explotar o destruir a ciertos individuos injustamente discriminados. 

Los análisis morales que realizan los defensores de la experimentación especista son siempre utilitaristas: hacen un balance entre el sufrimiento que causan [a los individuos no humanos] y el sufrimiento que evitan o remedian [a los humanos]. El utilitarismo es una filosofía que sirve en realidad para justificar cualquier crimen. Como advierte el profesor Tom Regan, ¿acaso hay que valorar si un violador experimenta un placer mayor que el sufrimiento que causa a su víctima para determinar que la violación es inmoral?

El utilitarismo está basado en presupuestos falsos —como el hecho de que podamos cuantificar experiencias puramente subjetivas como la felicidad o el sufrimiento— y además también está basada en especulaciones gratuitas, puesto que es imposible saber qué consecuencias futuras pueden causar nuestros actos sobre todos aquellos que se puedan ver afectados. Éste es uno de los graves problemas y defectos de que adolece esta forma de pensar conocida como consecuencialismo.

Incluso aunque se pudiera medir el sufrimiento o predecir todas las consecuencias de nuestros actos en cualquier plazo, seguiría estando igualmente mal utilizar a una persona exclusivamente como un recurso o violar su integridad física con el fin de beneficiar a otros. Cada persona merece un respeto básico que implica necesariamente no tratarlo como una cosa, ni dañarlo o destruirlo para nuestro beneficio.

Por otra parte, una ética racional no se puede basar en falsedades y especulaciones sino que tiene que basarse en hechos probados, en evidencias, en la lógica. Hechos probados como que los únicos entes reales son los individuos, no las especies [mero concepto inventado] ni la sociedad [conjunto de individuos]. Evidencias como la sintiencia y la lógica. El principio de identidad el cual nos dice que debemos tratar de manera igual casos que sean iguales: y en el hecho mismo de sentir somos iguales. Somos iguales en el hecho de tener intereses básicos, como el deseo de vivir y de evitar el daño.

Aparte de esto, resulta que la maldad no se puede cuantificar. Cuantificar es sinónimo de contar, de medir. ¿Cómo se mide la maldad? ¿Con qué instrumento? No tiene sentido. Sólo se pueden contar los individuos. En el caso de una agresión pudiera haber un listado de lesiones. Pero propiamente hablando ni la maldad ni el sufrimiento se pueden medir en modo alguno. No son cantidades sino cualidades. Aunque puede haber diferencias en la intensidad del daño que causen o en la intensidad del dolor que experimentemos; pero esto no altera su naturaleza de cualidad.

Hay una mal moral fundamental que es la violencia. Todas las demás son manifestaciones, variantes de ésta. Cualquier maldad es alguna forma de violencia, y todas son igualmente malas.

En conclusión, sabemos que cualquier persona a la que le preguntemos responderá que está mal infligir sufrimiento a los animales y que hay que intentar evitar que sufran, pero que comerlos, y explotarlos en general, no es un problema moral. Así que ¿para qué necesitamos a Peter Singer? ¿Para dar un mayor respaldo filosófico al especismo? Su trabajo sirve precisamente para potenciar aquello a lo que se opone la filosofía de los Derechos Animales. 

Una de las grandes conquistas morales de nuestra civilización ha sido asumir que cada individuo posee un valor inherente y merece un respeto por sí misma, lo que significa reconocerle unos derechos inalienables que la protejan frente a cualquier abuso por parte del gobierno, de empresas o de otras personas. 

En cambio, el utilitarismo es una ideología reaccionaria que supone un retroceso en el progreso moral, al considerar al individuo como un mero número sin dignidad propia que se puede utilizar a conveniencia para poder alcanzar cierto objetivo con la excusa de que favorecerá a la sociedad en general. 

Entiendo que mientras no tomemos conciencia de que la forma de pensar utilitarista es éticamente equivocada, y nos liberemos de esa obsesión ciega con el sufrimiento, no va a haber nunca un movimiento que proteja los derechos de los animales sino iniciativas de reformas sobre la explotación de los animales que ayudan a hacerla más más eficiente, y más rentable económicamente, y que alivian la conciencia moral de la gente.