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4 de diciembre de 2018

Henry Salt y la lógica del vegetarianismo


Recientemente la editorial Amaniel ha publicado la traducción al español de un clásico de la literatura animalista en inglés escrito por Henry Stephens Salt en el año 1899 y titulado «La lógica del vegetarianismo». Salt es un autor muy conocido para cualquiera interesado en la filosofía del animalismo, y cuyas ideas ya comenté en una entrada anterior del blog.

Esta obra de Salt tiene una indudable importancia histórica y filosófica, y sólo por eso ya  merece ser leída. Opino que el mérito de Salt reside principalmente en el hecho de probar que el rechazo al consumo de animales puede ser una posición defendida racionalmente con argumentos elaborados; prescindiendo de tener que apelar a la compasión o la preferencia subjetiva.

Este libro que aquí reseño pretende precisamente replicar a todas las objeciones contra el vegetarianismo que intentan defender el consumo de animales. Algunos de los argumentos esgrimidos por Salt para responder a determinadas objeciones siguen teniendo validez lógica y pueden ayudarnos a mejorar nuestro razonamiento. Por ejemplo, Salt replica acertadamente contra la idea de que comer animales es una práctica aceptable porque es natural: si lo natural fuera un criterio moral entonces deberíamos aceptar prácticas como el canibalismo. Asimismo, la idea de que matar animales para usarlos de comida es aceptable porque ya matamos animales para defendernos, o por accidente, no resulta más válida que la idea de que es aceptable matar humanos para usarlos de comida porque en ocasiones matamos humanos para defendernos de ellos o por accidente. Otras falacias similares son inteligentemente rebatidas por Salt a lo largo del libro.

Así pues, lo más valioso de la aportación de Salt es, a mi modo de ver, que nos estimula a pensar, reflexionar y razonar. No tenemos que estar de acuerdo con todas las tesis o las conclusiones que expone el autor. Yo, desde luego, no lo estoy, ya que pienso que el vegetarianismo es un error y que Salt yerra en algunos puntos, como en el de defender una reforma 'humanitaria' de la explotación animal.

Las reformas y regulaciones sobre la esclavitud de los animales no ayudan a eliminar la violencia contra ellos sino que su efecto real es mejorar la eficiencia de la explotación animal consiguiendo de ese modo que esta actividad sea económicamente más rentable para los explotadores; además de aliviar la conciencia de los consumidores, que piensan que la crueldad ha sido eliminada o reducida.

Tal vez puede ser comprensible hasta cierto punto que Salt creyera en su momento histórico, con la limitada información de que disponía, que esas reformas pudieran tener algún efecto positivo para los intereses de los animales; pero que hoy en día —con toda la información disponible que tenemos sobre el fraude que es el 'bienestar animal'— siga habiendo activistas que lo apoyen no me parece que tenga excusa ni disculpa. La obra de Salt merece sin duda ser conocida y estudiada; lo cual no conlleva concordar en general con todas sus ideas o propuestas.

Por otra parte, la tesis implícita en la obra de Salt de que necesariamente la gente tiene que pasar por el vegetarianismo antes de llegar al veganismo —que necesariamente la gente tiene que comenzar por dejar de consumir carne animal antes que rechazar el resto de usos de animales— resulta análoga a creer que necesariamente tenemos que pasar por el sufragio censitario para llegar al sufragio universal. En los comienzos del parlamentarismo sólo podían votar los que pagaban impuestos, los que tenían propiedades, y el voto estaba negado a las mujeres. Si en nuestro país no hubiera democracia no sería necesario que pasemos obligatoriamente por esas fases sesgadas para llegar al sufragio universal. Podemos ir directamente al sufragio universal. Del mismo modo, podemos ir directamente al veganismo y no tenemos que pasar por alguna supuesta fase previa de manera obligatoria. Podemos admirar la democracia de la Antigua Grecia, por su valor histórico y político, pero no tenemos que imitarla para aplicar la democracia en nuestro tiempo. No tenemos que imitar sus defectos, como el hecho de que sólo pudieran participar en ella los varones. Por la misma razón, no tenemos que asumir ni defender el vegetarianismo para lograr la consideración moral hacia los animales.

Considero que la lógica moral exige que rechacemos el vegetarianismo y que comprendamos que, para comportarnos éticamente, la consideración moral de los intereses de los animales implica que asumamos el veganismo como principio de nuestra conducta.

1 de octubre de 2013

¿Día del vegetarianismo? Nada que celebrar

El consumo de lácteos conlleva la explotación de animales

El día en que escribo esta nota —1 de octubre— parece que ha sido escogido como el día del vegetarianismo. Aprovechando la coyuntura, me gustaría exponer algunos puntos al respecto.

Antes de nada, es importante tener claro que el vegetarianismo es una dieta que excluye solamente los cadáveres y nada más. Así ha sido la definición establecida desde 1847. Tal como se puede ver en cualquier asociación vegetariana. Y lo sigue siendo.

El vegetarianismo acepta y promueve el consumo de productos de origen animal [lácteos, huevos, miel,...]. Es decir, el vegetarianismo acepta y promueve la explotación animal. Hay cientos de pruebas que lo confirman. Aquí algunas de ellas:

De acuerdo con la Unión Vegetariana Española: «Los vegetarianos pueden también optar por incluir huevos y productos lácteos en su dieta.» Es decir, los vegetarianos pueden explotar a los demás animales siendo vegetarianos. El vegetarianismo acepta y promueve la explotación animal. Esto es radicalmente incompatible con el veganismo.

Sin ir más lejos, la propia Unión Vegetariana Internacional promueve igualmente el consumo de productos animales:
«Buenas fuentes de proteína para los vegetarianos incluyen los frutos secos y semillas, los productos de soja (tofú, leche de soja, y la Proteína Vegetal Texturizada [TVP]), los cereales (trigo, avena, y arroz), huevos de gallinas de corral y algunos productos lácteos (leche, queso y yogurt).»
En la misma página de la Unión Vegetariana Internacional encontramos la siguiente respuesta a alguien que pregunta por quesos vegetarianos —quesos de origen animal pero sin cuajo:
"¿Cómo puedo conseguir un queso vegetariano, que no contenga cuajo animal? ¿Cómo sé qué clase de cuajo es el que se usa en los quesos que hay en el supermercado?
Veggie Slices hace quesos vegetarianos con diferentes sabores. No llevan cuajo animal pero contienen caseína, una proteína de la leche, así que no son veganos. Algunos “quesos” vegetarianos son veganos y otros no. El cuajo es una enzima que se obtiene del estómago de las terneras. Hay enzimas vegetales que se usan para hacer quesos vegetarianos."
Asimismo, la Vegetarian Society de Gran Bretaña promueve el consumo de lácteos, que lleven el sello "slaughter-free" ["libre de matanza"], porque supuestamente las vacas explotadas no acaban en el matadero. La misma Vegetarian Society promueve el consumo de miel de abeja, lo que conlleva la explotación de las abejas.

Podría estar indefinidamente exponiendo evidencias, pero cualquiera lo puede comprobar por sí mismo. No hace falta más que ir a cualquier libro o blog de recetas vegetarianas para ver que casi todos incluyen sustancias de origen animal. O ir también a cualquier restaurante vegetariano del mundo. La mayor parte de ellos incluye sustancias de origen animal en su menú.

Los productos vegetarianos a menudo incluyen lácteos, huevos o miel, y son avalados por las asociaciones vegetarianas.

Los vegetarianos promueven la explotación animal de forma diaria y constante. Sólo hay que remitirse a las evidencias que están a la vista de todos. Negarlo es negar la realidad evidente.

El vegetarianismo y el veganismo son totalmente diferentes y opuestos. El vegetarianismo es una simple dieta que sólo excluye los cadáveres. El veganismo es un principio ético que rechaza toda utilización de animales no humanos y aboga por su emancipación del dominio del hombre.

Así que es imposible que el vegetarianismo incluya al veganismo, puesto que pertenecen a categorías diferentes. Los veganos no somos vegetarianos, porque el vegetarianismo acepta la utilización de animales no humanos y eso es radicalmente incompatible con el principio del veganismo.

Desde que comenzaron hace casi 200 años todas las sociedades vegetarianas explícitamente han aceptado el consumo de otros productos de origen animal que no fueran cadáveres, por tanto han condonado y promovido la explotación de los animales no humanos.

De hecho, Donald Watson fundó la Vegan Society, junto con otras personas, porque la gran mayoría de los vegetarianos llevaba décadas rechazando que el vegetarianismo se convirtiera en una dieta 100% vegetal, aun sabiendo que no había diferencia moral entre consumir carne y consumir lácteos o huevos. El propio Watson así lo relata en el primer boletín de la Vegan Society.


El consumo de huevos conlleva la explotación de animales


No hay diferencia moral entre la carne y el resto de productos de origen animal. El vegetarianismo acepta la explotación de otros animales para quitarles su leche o sus huevos o su miel. Por esto considero que el vegetarianismo es un fraude moral.

Muchas personas, entre las que me incluyo, pensamos que ya estábamos respetando a los demás animales al dejar de consumir su carne. Pero el vegetarianismo nos engañó, igual que a millones de personas a las que se inculcó que el problema está simplemente en el tema de la carne.

Entiendan que no estoy atacando ni condenando a nadie. Estoy hablando del vegetarianismo como doctrina, no de los vegetarianos como personas

Decir "vegetarianismo vegano" es como decir "machismo feminista". Son conceptos antitéticos. El vegetarianismo es una forma de explotación animal y, como toda forma de explotación animal, es innecesaria e incompatible con el veganismo.

Por todo esto, entiendo que sería inaceptable seguir promoviendo el vegetarianismo o seguir confundiendo de forma deliberada dos cosas —vegetarianismo y veganismo— que son antitéticas.

Si podemos promover el veganismo ¿por qué malgastar nuestro tiempo en otras opciones que son erróneas y que quitan recursos para la difusión del veganismo?

Animo a todas las personas que estén concienciadas sobre la injusticia que hay en nuestra relación con los demás animales a que prueben en poner en práctica el veganismo lo antes posible. Verán que es bastante más fácil de lo que puede parecer en principio. No necesitan pasar por el vegetarianismo primero. Muchos estamos dispuestos a echarles una mano en todo lo que podamos, y seguro que en su país o en su ciudad encontrarán a veganos que podrán asesorarles durante el proceso.





20 de marzo de 2012

Algunas reflexiones sobre el "día sin carne"

PRODUCTOS DE LA ESCLAVITUD 

Hoy se ha celebrado una campaña a nivel mundial que comenzó hacia varios años. La denominan "el día sin carne", y es una promoción basada en el vegetarianismo.

A mi modo de ver, esta campaña es errónea por varias razones.

En primer lugar; el vegetarianismo es compatible con el hecho de participar en la explotación de los animales. La carne no es éticamente distinguible del resto de productos de origen animal. Ya se trate de lácteos, huevos, miel, cuero, lana,... Todo proviene igualmente de la esclavitud a la que están sometidos billones de animales no humanos. Eliminando la carne no eliminamos nuestra participación y apoyo directo a la esclavitud de los animales —y les causamos daño y sufrimiento sin razón ni necesidad que lo justifique.

Una campaña en favor de "un día sin carne" no es moralmente diferente de una campaña que promoviera "un día sin violar a mujeres rubias". No existe ninguna razón que justifique esa discriminación. ¿Acaso solamente las mujeres rubias merecen respeto o sólo ellas padecen el crimen de la violación? No ¿Acaso solamente explotamos a otros animales para obtener de ellos carne? Tampoco.

Segundo; la mayor parte de la campaña del "día sin carne" está basada en argumentos de tipo medioambiental o enfocados en la salud humana. Es decir, nada que ver con concienciar acerca de la injusticia del especismo y la explotación animal. Más bien refuerza la idea de que debemos actuar sólo en tanto que esto nos beneficie a los seres humanos. No promueve el respeto moral hacia los demás animales sino que refuerza nuestro antropocentrismo.

Tercero; el "día sin carne" es una excusa perfecta para que la gente pueda comer animales el resto de de la semana o el resto del año sin cargo de conciencia. Esta campaña difunde la idea de que si no comes carne un día a la semana entonces ya haces algo bueno y de ese modo la gente no se siente motivada a hacerse vegana sino sólo a "reducir" su consumo de animales. Es una campaña contra el veganismo en tanto que difunde la idea de que está bien explotar a los otros animales de forma moderada.

Cuarto; si comprendemos que no hay diferencia moral ni en la forma ni en el propósito entre los diferentes usos de animales no humanos, entonces la única opción éticamente coherente sería promover siempre el veganismo.

Así resume esta cuestión el profesor Gary Francione:
«Debemos dejar en claro que el veganismo es la base inequívoca de cualquier cosa que merezca ser llamado un movimiento por los “derechos animales. Si los “Derechos Animales” significan algo, significan que no podemos justificar moralmente ninguna explotación animal; no podemos justificar el tratar a los animales como recursos para los seres humanos, por más “humanitario” que ese trato pueda ser.»
Promover el vegetarianismo es siempre una mala opción porque el vegetarianismo afirma explícitamente que es aceptable consumir productos de la explotación animal mientras no sean carne. El vegetarianismo apoya la esclavitud de los animales. El vegetarianismo es, por eso, un error.

El vegetarianismo difunde la engañosa idea de que la carne es diferente o peor que otros productos de la explotación animal. Y no lo es. Todos son igualmente rechazable y podemos comenzar la transición hacia el veganismo eliminando de nuestra vida cualquiera de ellos.

Quinto; no necesitamos ese tipo de campañas para animar a la gente a ser vegana. Muchas cosas pueden ser el inicio que motive el veganismo en una persona, pero explicar a la gente que debe empezar eliminando la carne, en lugar de cualquier otra cosa, es un criterio arbitrario y que precisamente no respeta el camino personal de cada uno hacia la adopción del veganismo.

Comenzar la transición hacia el veganismo, eliminando primero la carne animal, para después seguir con el resto de productos animales, es una opción perfectamente aceptable, siempre que se tenga claro que no hay diferencia moral entre esos productos. Pero esto no tiene que ver con el vegetarianismo. Cada persona puede sopesar de qué manera le resultará más fácil alcanzar la transición completa hacia el veganismo.

El psicólogo Casey Taft señala que promover el veganismo no sólo es la única opción moralmente correcta sino que también sería la más efectiva para conseguir que la gente elimine su participación en la explotación animal:
«Debemos promover el veganismo y reforzar los pasos hacia este objetivo. Eliminar la carne, eliminar los lácteos,... son pasos en la dirección correcta hacia el veganismo, y si queremos promover un cambio real debemos apoyar estos pasos todo lo que podamos. Pero esto debe ser visto como pasos hacia el veganismo y no como fines en sí mismos.»
Ya puestos a seguir la corriente de dedicar un día especifíco a recordar ciertos temas importantes ¿por qué no cambiar este" día sin carne" por el día sin explotación animal en el que se muestre todo aquello que conlleva y proviene del uso de animales, y cuáles son sus alternativas veganas que no impliquen explotar a nadie?

¿Por qué no promover un lunes vegano en lugar de "un lunes sin carne" para animar así a la gente a que haga la transición hacia una dieta vegana? Siempre en base en argumentos éticos y con el objetivo definido de motivar a la gente a que progresivamente elimine su participación en la explotación animal de manera definitiva.

Podemos ayudar a los animales que son esclavizados haciendo algo tan sencillo como dejar de participar en su explotación. Esto implica necesariamente dejar de consumirlos y optar por una alimentación vegana.

30 de enero de 2011

El vegetarianismo es un error



En esta me gustaría aclarar algunas puntos que considero de especial relevancia acerca de la diferencia entre vegetarianismo y veganismo.

A pesar de lo que algunas personas creen, e insisten en difundir, una dieta vegetariana no es una dieta que excluya todo tipo de alimentos procedentes de animales. Porque una dieta vegetariana acepta expresamente el consumo de productos de origen animal como los lácteos, los huevos y la miel.

Así aparece definido en la propia página de la Unión Vegetariana Internacional:

«La definición original de vegetariano era ´con o sin productos lácteos o huevos´ y esta es la definición que utiliza hoy en día la Sociedad Vegetariana.» 

El término vegetariano, correctamente aplicado, se refiere exclusivamente a aquel ser humano que excluye de su dieta el consumo de cadáveres de animales, pero que acepta el consumo de secreciones: huevos, lácteos, o miel. 

Esa es la definición que se estableció en el año 1847, cuando se inventó el término, y se fundó la Vegetarian Society, y es es la definición que actualmente sigue vigente.

Además, cualquiera que tenga algo de experiencia en este tema sabrá que mayoritariamente los vegetarianos consumen lácteos y/o huevos. Lo de la miel se da por supuesto.

En todas las webs, organizaciones, revistas, y demás, que sean vegetarianas a lo largo del mundo se podrán comprobar que incluyen lácteos, huevos, miel y otros derivados de animales. Se pueden encontrar fácilmente decenas, por no decir cientos, de enlaces a páginas vegetarianas con productos animales. Eso sí, va a ser difícil encontrar una que no los incluya.

Sin ir más lejos, la propia Unión Vegetariana Internacional promueve el consumo de animales:

«Buenas fuentes de proteína para los vegetarianos incluyen los frutos secos y semillas, los productos de soja (tofú, leche de soja, y la Proteína Vegetal Texturizada [TVP]), los cereales (trigo, avena, y arroz), huevos de gallinas de corral y algunos productos lácteos (leche, queso y yogurt).»

En realidad, no hay ningún vegetariano que no consuma productos de origen animal en su alimentación. Lo que sí hay son, por ejemplo, veganos que dicen que su dieta es vegetariana por desconocimiento de los hechos, y porque desean que el vegetarianismo estuviera libre de productos animales. Pero esto no es así. Y los deseos no pueden suplantar a la realidad. 

Esta incoherencia esencial del vegetarianismo, al no darle la misma importancia a la carne que a los demás productos animales, fue el motivo que dio comienzo del veganismo. Así nos lo relata Donald Watson en el primer boletín de la Vegan Society:

«Los recientes artículos y cartas en The Vegetarian Messenger acerca de la cuestión del consumo de productos lácteos han puesto de manifiesto la innegable evidencia de que la producción de dichos alimentos implica crueldad y explotación de la vida sintiente desarrollada.

La excusa de que no es necesario matar para obtener productos lácteos ya no es sostenible por todos aquellos que conocen los métodos empleados en las granjas y la dura competencia que incluso los granjeros más humanitarios deben afrontar si quieren permanecer activos en el negocio.»

También considero asimismo muy importante señalar que el veganismo no es una dieta ni tampoco es un estilo de vida, como a veces se suele suponer de manera equivocada. El veganismo es un principio moral que se aplica en todos los ámbitos de la vida. Así fue la definición original, expuesta por Leslie Cross, y considero que es la que debería mantenerse.

Es habitual que el vegetarianismo esté enfocado en el tema de la salud, y en relación con esto me gustaría señalar que si promovemos un tipo de alimentación por los beneficios que tendría para la salud humana lo que haríamos sería reforzar la mentalidad especista que considera que la vida y la salud de los seres humanos que utilizan a otros animales es más importante que la de los animales que explotan. Esto promueve una mentalidad egoísta que ignora los intereses de los demás animales, y entiendo que eso es precisamente lo opuesto de lo que deberíamos hacer, si lo que pretendemos es ampliar el ámbito de consideración moral a todos los animales sin distinción de especie.

Es cierto que el vegetarianismo no obliga necesariamente a incluir siempre lácteos, huevos y miel. Sin embargo, el vegetarianismo acepta explícitamente el consumo de productos de origen animal como lácteos, huevos y miel, etc... Por lo tanto, es equivocado creer que el vegetarianismo es una dieta que excluye los productos de origen animal.

En efecto, la definición lo dice claramente: "puede incluir lácteos, huevos". Pero no sólo lácteos, huevos y miel sino cualquier producto que provenga de los animales mientras no anden de por medio sus cadáveres. 
Como señalaba Eva Batt ya en 1964:

«Al contrario que los veganos, una gran parte de los vegetarianos se preocupan principalmente por su salud, y no ven nada malo en matar animales para producir cuero, queso, mantequilla, etc, con tal de que no tengan que comer los cadáveres.» 

Por otra parte, el veganismo no es un tipo de vegetarianismo, ni puede serlo. 

El vegetarianismo es un tipo de alimentación que solamente excluye de manera obligatoria la carne, los cadáveres de animales. El veganismo no es una dieta, por lo tanto no puede estar incluido dentro del vegetarianismo. Además, siendo el vegetarianismo una dieta que acepta expresamente el consumo de ciertos productos animales no puede ser en ningún caso compatible con el veganismo.

Un vegano no puede llevar una dieta vegetariana, puesto que una dieta vegetariana puede expresamente incluir productos que el veganismo rechaza radicalmente.

Teniendo en cuenta que el vegetarianismo acepta la explotación de los animales, y también en la práctica el vegetarianismo a menudo incluye productos de origen animal, resulta que el vegetarianismo es sinónimo de explotación animal, luego al promocionar el vegetarianismo se está promocionado la explotación de los animales.

Además, al contrario de lo que se suele creer, el vegetarianismo no es ningún paso necesario para llegar al veganismo. Se trata de otro tópico falso. El que muchos veganos lo hayan hecho así no significa absolutamente nada. La mayoría de ellos precisamente adoptaron el vegetarianismo por falta de información y por desconocimiento del veganismo. 

El veganismo se puede adoptar de manera progresiva, pero para ello no es necesario ni correcto señalar la carne como si fuera algo diferente, o peor, de otros productos de origen animal. Ni tampoco es necesario pasar previamente por el vegetarianismo. Pero lo que sí es necesario es entender que todos los animales merecemos el mismo respeto en tanto poseemos la capacidad de sentir. Una idea que debería estar reflejada en cualquier iniciativa de difusión del veganismo.

El vegetarianismo es una dieta que excluye los cadáveres de animales. Y nada más. En cambio, el veganismo es un principio moral que rechaza el utilizar a los animales como medios para nuestros fines. Aplicar ese principio en nuestra vida implica rechazar el consumo de cualquier producto de origen animal. Aplicando ese principio a nuestra dieta ésta estará basada exclusivamente en alimentos de origen vegetal.

Lo único que el veganismo tiene en común con el vegetarianismo es una dieta sin cadáveres. Nada más. El vegetarianismo explícitamente acepta y promueve el consumo de lácteos, huevos y otros productos de origen animal. 

Que los veganos nos llamemos de algún modo vegetarianos es inapropiado a todas luces. Sería igual de incorrecto que denominarnos jainistas debido a que la religión jainista prescribe una dieta sin cadáveres de animales. Pero los veganos no nos consideramos jainistas sólo por tener en ese punto en común con ellos. De hecho, el veganismo no tiene nada que ver con ninguna religión. El veganismo es un principio moral fundamentado en los hechos y en la lógica.

Debemos cambiar ideas erróneas, especialmente cuando por causa de esas ideas se dañan a otros. Una de esas ideas erróneas es creer que la carne (cadáver) es moralmente diferente de otros productos que provienen de la esclavitud y asesinato de los animales. Esa idea errónea es promovida activamente por el vegetarianismo. Tal y como explica el profesor Gary Francione:

«No hay una distinción coherente entre la carne y otros productos animales. Todos son lo mismo y no podemos justificar el consumo de ninguno de ellos.

Decir que ustedes no comen carne pero comen lácteos o huevos o lo que sea, o que ustedes no usan pieles pero usan cuero o lana, es como decir que comen carne de vacas manchadas pero no de vacas marrones; no tienen ningún sentido en absoluto. La supuesta “línea” entre la carne y cualquier otra cosa es sólo una fantasía –una distinción arbitraria hecha para permitir que cierta explotación sea segmentada y considerada como “mejor” o como moralmente aceptable.

No es una condena a los vegetarianos que no son veganos; es, sin embargo, un pedido para que ellos reconozcan que sus acciones no se ajustan al principio moral que afirman aceptar, y que todos los productos animales son el resultado de imponer sufrimiento y muerte a seres sintientes. No es una cuestión de juzgar a los individuos; es, sin embargo, una cuestión de juzgar las prácticas y las instituciones. Y eso es un componente necesario de la vida ética.»

Todos los productos de origen animal, ya sean carne, lácteos, huevos, lana, piel, o cualquier otro; y todas las actividades que impliquen utilizar animales no humanos como los circos, zoos, experimentos,... implican también que los intereses de los animales no humanos sean frustrados y supeditados, injustamente, a los intereses humanos.

Todos esos productos, y todas esas actividades, implican imponer explotación, sufrimiento y muerte sobre los animales sin más motivo que la tradición y el placer. Debemos rechazarlos todos igualmente y no hacer distinciones incoherentes, como, por ejemplo, la de creer y promover que la carne es peor que los lácteos, o que la matanza de focas en Canadá es peor que lo que ocurre en los mataderos a pocos kilómetros de nuestras casas.

Me gustaría finalizar con estas palabras del activista Bob Torres:

«Es hora de abandonar esa arcaica reliquia que es el vegetarianismo y dar el primer y más esencial paso para combatir el sistema que trata a los animales no como criaturas que pueden sentir, amar y pensar sino como máquinas de producción de las que obtener beneficio. Es hora de dar ese paso y hacerse vegano.»

9 de septiembre de 2010

No me alimento de cadáveres de animales pero no soy vegetariano




Yo no me alimento de cuerpos provenientes de seres con la capacidad de sentir; pero no soy vegetariano.

Imaginemos que hay una palabra que unas personas han creado para sí mismas para referirse a la práctica de no agredir a los niños durante los días que caigan en lunes. Esas personas pretenden llamarse a sí mismas "X". ¿Sería yo un X?

Bueno, yo rechazo agredir a los niños siempre, bajo cualquier circunstancia. Por ese motivo, obviamente, no les agredo los lunes. En cierto sentido, supongo que entro en la descripción de un X. Sin embargo, no soy un X. 

Nunca diría: "Soy un X". Y si alguien me preguntara: "Oye, ¿tú eres un X?", yo nunca respondería: "Sí, soy un X pero tampoco agredo a los niños de martes a domingo." En lugar de eso, yo diría: "Mira, no, no soy un X. No tengo nada que ver con los X. Sus razones para no agredir a los niños en los lunes no tienen nada que ver con mis razones para no agredir a los niños ningún día. Y aunque, al igual que ellos, tampoco agredo a los niños en los lunes, no soy un X."

El término "vegetariano" fue creado para denominar la práctica de no comer cuerpos de animales. Yo no consumo cuerpos de animales, entonces ¿soy por tanto un vegetariano?

Bueno, yo rechazo tratar a otros seres dotados de sensación como si fueran objetos o recursos. Por tanto, no consumo cuerpos provenientes de seres con capacidad de sentir. En cierto sentido, supongo que encajo con la descripción de vegetariano. Sin embargo, no soy vegetariano. 

Nunca diría: "Soy vegetariano". Si alguien me preguntara: "Oye, ¿tú eres vegetariano?", yo nunca le respondería: "Bueno, sí, soy vegetariano pero tampoco uso miel, lácteos, huevos, etc.." En lugar de eso, yo diría: "Mira, no, no soy vegetariano. No tengo nada que ver con los vegetarianos. Sus razones para no comer cadáveres de seres con capacidad de sentir no tiene nada que ver con mis razones para no utilizar a seres sintientes. Por tanto, aunque coincido con los vegetarianos en el hecho de no como cadáveres de seres con capacidad de sentir, no soy vegetariano."

Supongamos otra analogía: decir que los veganos somos vegetarianos simplemente porque no comemos carne animal es exactamente análogo a decir que los veganos somos musulmanes porque los musulmanes rechazan comer cerdo y los veganos, en efecto, también rechazamos utilizar a los cerdos para servirnos de comida. ¿No resulta evidente el absurdo? El error reside en una falacia de asociación.

Además, el vegetarianismo es un tipo de dieta y el veganismo es una ética. Pertenecen a categorías distintas. Por tanto, ni siquiera se pueden englobar correctamente en un mismo conjunto.

No uso los cuerpos de seres sintientes como alimento, pero no soy vegetariano ni un tipo de vegetariano. Soy vegano.



24 de mayo de 2009

«Por qué el vegetarianismo no es suficiente»


"Lo siguiente es un extracto de la segunda edición de nuestro libro que saldrá publicado en septiembre de 2009. Hemos escrito esto para todos aquellos que todavía continuáis dentro de una postura ovo-lacto vegetariano, esperando que deis un paso hacia el veganismo. ¡Pensamos que deberíais hacerlo! Así que seguid leyendo si queréis convenceros de ello." 

Bob y Jenna Torres

Incluso estando de acuerdo con las ideas que sustentan la ética del veganismo a nivel filosófico, algunos de vosotros pensáis que el veganismo va demasiado lejos, que cuesta demasiado esfuerzo y que resulta condenadamente molesto para llevarlo a la práctica. A la hora de comprometeros preferís haceros vegetarianos porque parece una solución mucho más razonable. Y además, nunca podrías siquiera imaginaros prescindiendo del queso, de la crema en el café, de los huevos revueltos, o de cualquier otro producto animal que consumís habitualmente.

Nosotros estuvimos en la misma situación que vosotros pero creemos fervientemente que debéis progresar más allá si de verdad os importan los animales. El vegetarianismo es una situación cómoda mientras se llega a la postura de los Derechos Animales, pero implica hábitos de consumo que provocan condiciones de extrema miseria y muerte a aquellos animales por los que decís preocuparos.

!Esperad! no matéis al mensajero: durante mucho tiempo nosotros fuimos unos orgullosos y presuntuosos ovo-lacto vegetarianos éticos por lo que entendemos perfectamente vuestra forma de pensar. Creíamos que hacíamos algo bueno con nuestro vegetarianismo, pero en realidad formábamos parte del problema, y si vosotros sois de los vegetarianos que consumen huevos y lácteos y otros productos de origen animal, entonces formáis parte del problema también.

Sí, ya sabemos que deciros eso os resulta un poco molesto, pero antes de que cerréis el libro y os enfadéis con nosotros por ser unos malditos veganos radicales, considerad dos razones de peso por las que el vegetarianismo es una pobre respuesta al problema de la explotación animal.

Razón de peso #1: Mientras que el comer carne implica directamente la muerte de animales, muchos vegetarianos asumen que el consumir huevos y lácteos no mata animales. De acuerdo con ese razonamiento es moralmente aceptable consumir esos productos porque ninguna vida es destruida. Ese punto de vista está profundamente equivocado porque no tiene en cuenta el funcionamiento de la moderna producción agrícola intensiva.

Lo que nunca se debe olvidar es que la explotación animal es un negocio globalizado que procura maximizar sus beneficios a costa de los animales, buscando lograr la mayor eficiencia posible. Teniendo en cuenta siempre los escasos márgenes de beneficio de la industria, los explotadores no pueden permitirse derrochar nada, y podéis estar seguros de que no mantendrán con vida a los animales que no sean productivos. Por tanto, antes que nada, eso significa que las gallinas que ponen huevos serán asesinadas cuando su producción decaiga por debajo de cierta medida. La industria de explotación animal dispone de crueles formas de ocuparse de las gallinas 'gastadas', que van desde pequeñas cámaras de gas pasando por la electrocución hasta la rotura de cuello.

De la misma manera, las vacas que producen leche encuentran su final cuando fallan a la hora de 'cumplir' con el promedio estipulado para su grupo: eso ocurre debido a la edad, o a causa de algún tipo de infección o por enfermedad. La mayoría de las vacas lecheras que llegan al fin de su vida útil acaban asesinadas en el matadero, muchos años antes de que terminara su vida natural, tras lo cual son descuartizadas como carne.

Otra cosa evidente sobre la que nadie suele pensar es la cuestión de los animales macho implicados en dicho proceso. Ya que tanto las gallinas como las vacas son hembras. Teniendo en cuenta que los animales suelen nacer tanto machos como hembras en proporción del 50 por ciento, ¿qué ocurre entonces con el cincuenta por ciento de machos?

En el caso de las gallinas, los pollos macho son totalmente inaprovechables para el explotador. Si no pueden poner huevos y no pueden ser convertidos en carne, criarlos supone una pérdida de dinero, y ningún explotador, ya sea intensivo o extensivo, orgánico o no, está en este negocio para perder dinero haciendo de su granja un refugio para animales no productivos. Por tanto, los pollitos son frecuentemente descartados al nacer y se les masacra vivos para ser utilizados como proteína natural, o se les tira a la basura para dejarlos morir lentamente de hambre y asfixia, en un acto de crueldad extrema.

En el caso de las vacas lecheras, los terneros se enfrentan a un final similar. Los machos no pueden producir leche, y por tanto no resultan más útiles para el explotador de la industria láctea, quien, al igual que el explotador avícola, no desea que haya en su granja improductivas bocas que alimentar. Los terneros son separados de sus madres y vendidos a los pocos días después de nacer; a menudo acaban convertidos en filetes de carne. Profundamente confundidos y probablemente aterrorizados por la ausencia de sus madres, estos niños apenas tienen tiempo de contemplar el mundo antes de ser encadenados al cuello, solos, dentro de estrechos cajones en los que apenas pueden moverse, para evitar que sus músculos puedan desarrollarse.

Debido a que la carne de tenera alcanza altos precios en el mercado, estos pobres animales —animales que poseen una evidente capacidad de sentir, que pueden sentir y comprender el mundo que les rodea— pasarán toda su corta vida de esa manera, sufriendo, confundidos, sometidos a vivir un infierno, y todo por culpa de un supuestamente "no dañino" sistema de producción láctea que provee leche a los vegetarianos.

Así que como podéis ver los huevos y la leche sin sufrimiento es una pura fantasía, y si sois vegetarianos es hora de que os deis cuenta de ello y de que dejeis de vivir en la mentira. Podéis intentar tranquilizar vuestra conciencia con excusas sobre que no podeis cambiar, pero esas excusas no hacen nada por ayudar a los animales por los que como "vegetariano amante de los animales" dices preocuparte.

Razón de peso #2: La otra razón de peso por la que el vegetarianismo carece de sentido tiene que ver con el problema esencial de la relación de dominio de los humanos sobre otros animales. El veganismo es un movimiento social —y si queremos tomarnos en serio el veganismo, debemos construir un movimiento que vaya más allá del mero consumo— que busca redefinir la manera en que los humanos consideran a los demás animales.

Ser vegano significa exigir que los animales tengan derechos que no puedan ser violados por meras razones de conveniencia, gusto o tradición. Muchos de los derechos fundamentales por los que luchan los abolicionistas veganos son muy similares a los que todos valoramos, incluyendo el derecho a no ser propiedad, el derecho a la integridad física y a la seguridad, y el derecho a no ser utilizado meramente como medio para fines de otros —trataremos extensamente esos derechos en el siguiente capítulo. Para decirlo en pocas palabras: queremos abolir la esclavitud animal otorgando a los animales una serie de derechos inalienables.

Por tanto, incluso si fuera posible de alguna manera producir leche y huevos que no provocaran la muerte de miles de millones de animales cada año, el explotador tendría que seguir aún confinando y controlando a los animales a fin de obtener dichos productos para sus consumidores: consumidores entre los que se encuentra una legión de ovo-lacto vegetarianos.

Como propiedad de sus dueños, los animales implicados en dichas formas de explotación son para sus propietarios poco más que máquinas que están para obtener beneficios, esclavos para los que cada día de su vida es un sufrimiento continuo provocado para satisfacer demandas ajenas a sus propios deseos y necesidades. Aunque las características particulares de confinamiento y esclavitud pueden diferir ligeramente según el lugar, la misma dinámica básica se mantiene sea cual sea el producto que vendan, ya sea ecológico, orgánico, campero o de corral. El mito de una explotación animal compasiva es simplemente eso: un mito.

Como personas que se preocupan por los animales, tenemos una pesada carga que soportar, que requiere toda nuestra atención y nuestros mejores esfuerzos. La enormidad de la tarea es abrumadora, pero todos podemos comenzar a lograr un cambio si trabajamos juntos. Las buenas noticias son que estáis en posición de hacer algo al respecto y de lograr más cambios positivos en vuestra vida que reconozcan el valor inherente de los demás animales como nuestros iguales.

Las malas noticias son que miles de millones —sí, miles de millones— de animales mueren cada año, por lo que no podemos permitir autoindulgentes medias tintas y excusas sin consistencia que condenan a los animales a una vida y a una muerte en la miseria total. En lugar de buscar el camino de menor resistencia, tenemos que empuñar nuestras vidas y ser ejemplos vivientes.

Tenemos que trabajar constantemente para redefinir y repensar la relación entre humanos y el resto de animales, y crear cambios en esta relación para todos aquellos que nos rodean en nuestra vida cotidiana. Eso es lo que como mínimo les debemos a aquellos por los que decimos preocuparnos, aquellos que no pueden hablar por sí mismos. Eso significa: si os importan las vidas de los animales y rechazáis su innecesario sufrimiento y muerte, debéis dejar en primer lugar de apoyar la dinámica que explota a los animales.  Como forma de protesta, el veganismo es la expresión de ese deseo de justicia, una visceral y lógica reacción ante los horrores visitados por otros en nuestro nombre.

Es hora de abandonar esa arcaica reliquia que es el vegetarianismo y dar el primer y más esencial paso para combatir el sistema que trata a los animales no como criaturas que pueden sentir, amar y pensar sino como máquinas de producción de las que obtener beneficio. Es hora de dar ese paso y hacerse vegano.

Escrito por Bob y Jenna Torres. Traducido al español a partir de un extracto del libro Being Vegan in a Non-Vegan World —segunda edición.