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27 de febrero de 2017

«La Supuesta Verdad Es Más Extraña Que La Ficción»



En este artículo del activista James LaVeck se expone cómo las organizaciones animalistas se han convertido en cómplices y aliados de la industria de explotación animal.

Esta afirmación no es una acusación ni una interpretación sino que es la referencia a una evidencia. Con la excusa de "reducir el sufrimiento" los grupos animalistas promueven el consumo de productos de origen animal etiquetados como "humanitarios" o "compasivos".

Lo que LaVeck exponía hace diez años acerca de este problema en el ámbito anglosajón se está extendiendo ahora en el ámbito hispano y también el resto del mundo occidental.


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«La Supuesta Verdad Es Más Extraña Que La Ficción: El coste oculto de vender huevos de "gallinas libres"»

James LaVeck


Febrero 2007

"Verdad aparente: algo que si es dicho como si fuese verdad, que uno quiere que otros crean que es verdad, que dicho suficientes veces con suficientes voces orquestadas detrás de ello, puede incluso sonar como verdad, pero no es verdad." - Ken Dryden, parlamentario canadiense.

Muchos líderes del actual movimiento animalista están apoyando e incluso ayudando a desarrollar sellos y etiquetas de productos animales y estándares de ganadería "compasivos con los animales". Algunos están incluso promocionando productos animales tales como huevos que llevan una etiqueta "campera". Esta tendencia que crece rápidamente está siendo celebrada por algunos como "un nuevo nivel de compromiso" con la industria, y criticado por otros como nada menos que la apropiación al por mayor de la causa de los animales por parte de la industria.

Los activistas implicados han descartado la sugerencia de que tienen un conflicto de intereses. "La afirmación de que estamos en la misma cama con la industria", dijo un empleado senior de una gran organización bienestarista "ignora el hecho de que todos los grandes grupos de la industria nos identifican como una enorme amenaza."

¿Pero hay algo más en esta historia?

Acerca de este mismo empleado se informó que era participante en un encuentro el 28 de abril de 2005 entre su organización y los productores de huevos "camperos" industrializados. Como se informa en el blog del asesor de la industria Joel Salatin, este encuentro "inaugural e histórico" se centró en la "lluvia de ideas" de una campaña nacional contra los huevos de batería que promocionaría los huevos "camperos" como la alternativa. Salatin observó cómo "el entrar en los Wal-Marts del mundo consumió el tiempo de discusión" y cómo "todos los productores estaban salivando por más mercado: uno admitió que se estaba sentando sobre 700 cajas —eso son 21.000 docenas— por semana ahora mismo para las que no tenía mercado". Salatin añadió que el productor más grande del encuentro, a quien se refirió como el "jefe", aseguró a los animalistas que todos los "jugadores" adecuados de la industria estaban allí. La intención del "jefe", de acuerdo con Salatin, era que la "campaña promocionaría sólo a aquellos que estaban en la mesa. Se espera un tiempo de bonanza para el negocio".



¿Reforma o Refuerzo?

En 2001, Bill Moyer, un activista con 40 años de experiencia en los movimientos de derechos civiles, contra la guerra y anti-nuclear, publicó «Doing Democracy». Este libro que marcó un hito, y que muestra cómo los altibajos de los movimientos sociales generalmente siguen un patrón predecible, proporciona a los activistas un modelo para aumentar drásticamente su efectividad.

Moyer señala que los movimientos exitosos requieren activistas que cumplan cuatro funciones diferentes. Una de estas funciones es la de los "reformistas", individuos y grandes organizaciones que se centran en que las metas del movimiento, los valores y las alternativas sean adoptadas en leyes, políticas institucionales y prácticas de la industria. Los reformistas se dice que son especialmente útiles en las últimas etapas del proceso del cambio social.

Pero Moyer señala que puede haber un lado oscuro de las organizaciones centradas en las reformas que se muestra, trágicamente, justo cuando un movimiento está aumentando su impacto. La oposición al movimiento —en este caso, la industria de explotación animal— al percibir una mayor simpatía pública por la causa, intenta "dividir o socavar el movimiento ofreciendo reformas menores" y "los reformistas inefectivos empiezan a hacer acuerdos en el nombre de 'políticas realistas' generalmente por encima de las objeciones de los grupos de base".

¿Por qué? Moyer sugiere que colaborar con la oposición puede ofrecer beneficios sustanciales económicos y de relaciones públicas a los miembros de las organizaciones, a pesar de que el movimiento como totalidad puede sufrir graves daños.

Los integrantes de las grandes organizaciones pueden a veces olvidar su papel como administradores del poder de base de un movimiento, señala Moyer, y en vez de fomentar la democracia en sus organizaciones, y en el movimiento como conjunto, empiezan a actuar como autodenominados líderes. Ellos "se comportan como si representaran al movimiento, decidiendo sobre estrategias y programas para todo el movimiento y enviando entonces directivas a los niveles locales". Moyer deja claro cómo este "comportamiento jerárquico, opresivo, combinado con políticas conservadoras" divide al movimiento, separando a las grandes organizaciones de los activistas de base. Este es un serio problema, enfatiza, porque "el poder de los movimientos sociales está basado en las raíces".

En el escenario de Moyer en el que los reformistas cometen este error, los profesionales que dirgien las grandes organizaciones pueden incluso llegar a identificarse más con sus contrapartidas en la oposición que con la gente de base cuyas donaciones pagan sus salarios, y cuyo duro trabajo hace que sus programas lleguen a estar vivos. Como resultado, un movimiento puede perder su rumbo, "ya sea a través de la colisión o el compromiso por activistas reformistas que socaven la consecución de las metas críticas del movimiento."

Esto nos devuelve a la proliferación de los sistemas de etiquetas de productos animales aprobados por activistas, y el resultante robo de identidad que padece el movimiento vegano y de derechos animales. En un artículo reciente del New York Times titulado "Meat Labels Hope to Lure the Sensitive Carnivore" ["Los Sellos de la Carne Esperan Atraer a los Carnívoros Sensibles"], John Mackey, fundador y gerente de Whole Foods, uno de los vendedores de carne más grandes de Estados Unidos, es descrito como "un vegano que se vuelve cada vez más elocuente sobre cuestiones de derechos animales". En el mismo artículo, la American Humane Association y la Humane Farm Animal Care, ambas con un claro interés en las reformas de confinamiento de los animales, y no en el boicot a los productos animales ni en la abolición de la explotación animal, son consideradas como "organizaciones de derechos animales".

Pero cuál es el daño, dicen los proponentes, sólo son palabras, ¿no es verdad? Como se dice en el mismo artículo del New York Times, una cadena de alimentación aumentó el 25 por ciento sus ventas de carne desde que añadieron el logo "Certified Humane" [Certificado Humanitario], incluso aunque estos productos cuestan, de media, entre un 30 y un 40% más.

Parece que la industria tiene más que unas pocas razones para estar salivando por su nueva colaboración con el movimiento de defensa animal.



Un Momento de Verdad Aparente

¿Pero cómo podrían los activistas líderes inteligentes y experimentados caer en una trampa de la industria tan predecible? Puede que hayan fallado en entender que los valores que dirigen un movimiento de justicia social son inherentemente incompatibles con los de un negocio basado en explotar a los mismos seres a los que el movimiento se ha comprometido proteger.

Cuando el marco moral de una causa de justicia social está siendo deliberadamente mezclada con la lógica utilitarista de maximizar los beneficios de una industria explotadora, lo que una vez fue una relación natural de adversarios se convierte en un matrimonio disfuncional de conveniencia. Para conseguir que tal alianza antinatural funcione, el pensamiento crítico, el mismo catalizador de la conciencia, debe ser neutralizado a través de las manipulaciones de relaciones públicas.

Como una estrategia para terminar con el uso de jaulas de batería, por ejemplo, varias organizaciones animalistas están animando a sus miembros y simpatizantes a persuadir a individuos e instituciones para cambiar a huevos etiquetados "camperos". Uno de los arquitectos de esta campaña ha afirmado que el término "campero" no es confuso del todo, dado que aunque las gallinas están confinadas en entornos interiores artificiales, técnicamente hablando, ellas no están dentro de jaulas.

Pero ser objetivo técnicamente y decir la verdad no son necesariamente lo mismo. Simplemente pregunte a miembros de la sociedad en general que se imaginen las vidas de las gallinas que producen huevos "camperos". La mayoría probablemente visionará algo parecido a la mítico cuento infantial "La Granja del Viejo MacDonald", con animales contentos deambulando libremente por un corral bucólico.

¿La realidad? Millones de jóvenes gallinas permaneciendo hombro con hombro en grandes naves encerradas, forzadas a anidar día y noche sobre sus propios excrementos, respirando un aire tan fétido que los trabajadores llevan máscaras de gas para prevenir daños permanentes en sus pulmones. Así como sus hermanas en las jaulas de batería, a las gallinas "camperas" les cortan brutalmente el pico, les provocan una muda forzada —sin comer durante días para reiniciar el ciclo de de puesta de huevos— y, por supuesto, matadas cuando ya no son de utilidad. O, como un investigador descubrió, si no se puede encontrar a ningún comprador para sus cuerpos destrozados, pueden ser metidas en urnas de acero y gaseadas, y las pilas de sus restos ya sin vida enviadas a rellenar campos o para ser utilizados como abono. Por no mencionar los millones de pollitos macho que, incapaces de poner huevos, son asfixiados sin ceremonia en bolsas de plástico o triturados vivos para hacer fertilizantes o alimento, sus vidas se apagan antes de que siquiera llegaran a empezar.



¿Abuso "nuevo y mejorado"?

Si buscamos justicia colaborando con la industria, ayudando a desarrollar y promover lo que nos decimos a nosotros mismos que es una forma de explotación un poco menos horrible, ¿no estamos intentando reemplazar una forma de abuso por otra?

Mientras que es cuestionable si tal estrategia podría eventualmente llevar al fin de la explotación, una cosa es cierta: cuando los animalistas animan a la sociedad a aceptar "nuevas y mejoradas" formas de abuso, estamos reforzando poderosamente el estatus de los animales no humanos como propiedades —para ser adquiridos, utilizados y dispuestos a voluntad. Estamos también reforzando significativamente la credibilidad y la imagen pública positiva de una industria con una larga historia de traicionar la confianza de la sociedad.

Incluso aún más problemático, nosotros, los defensores de los animales, no podemos tener éxito al seguir esa estrategia, sin que nosotros mismos tomemos parte directamente en confundir a la sociedad. Considera, por ejemplo, lo que requiere vender con éxito la idea de que comprar y consumir huevos etiquetados como camperos es socialmente responsable, e incluso compasivo. Si toda la realidad de la producción de huevos "camperos" —o cualquier otro sistema sistematizado de expltoación de animales— llega a ser revelado, ¿no sería imposible convencer a grandes cantidades de gente a que lo apoyaran?

Por tanto, para promover los huevos "camperos", tenemos que atravesar la línea invisible, pero crítica, que separa un activista de un apologista.



De "Sin Jaula" a "Libre de Crueldad": Cómo La Verdad Aparente Se Convierte en Ficción

Vamos a examinar algunas de las afirmaciones que han aparecido en los medios locales donde la campaña de huevos "sin jaula" ha tenido lugar. Fíjate como la presión por cerrar la venta lleva a la inevitable confusión entre hecho y ficción:

Un estudiante de un grupo de derechos animales caracteriza su campaña de "sin jaula" como un intento por conseguir que el servicio de comidas de su colegio no compre más huevos de "grandes granjas industriales con condiciones crueles". El líder del grupo afirma que: "las granjas industriales y las gallinas enjauladas son dañinas para el medio ambiente" y que "los huevos ´sin jaula´ son buenos para los animales y los granjeros locales".

En otro instituto, los animalistas afirman que si la universidad cambiara a huevos etiquetados "sin jaula", "podríamos estar orgullosos de nosotros mismos de saber que estas aves tuvieron una vida decente" y que ya no estarían apoyando "prácticas medioambientalmente insostenibles que explotan la tierra, los trabajadores y los animales".

La verdad es que la mayoría de huevos "no provenientes de jaulas" son producidos en granjas industrializadas, y que hay poca evidencia para sugerir que las técnicas de producción "sin jaula" sean menos dañinas para el medio ambiente. Ciertamente no son "buenas para los animales".

Dijo un candidato a doctor: "si las naciones enteras a lo largo de Europa pueden prohibir las jaulas de batería y volverse libres de crueldad, !entonces soy optimista de que nuestra universidad también podrá!"

¿Pero una industria que mutila y mata a los animales jóvenes a los que explota puede ser realmente llamada "libre de crueldad"?

En otro instituto, un estudiante promotor de una exitosa campaña "sin jaulas" dice: "es bueno que esta universidad pueda mostrar que somos compasivos hacia los derechos animales". ¿Así que cambiar a huevos etiquetados como "sin jaula" es ahora una expresión de derechos animales, una filosofía que rechaza toda la explotación y boicotea el consumo de productos animales?

"Estamos felices de hacerlo" dice el gerente alimenticio de una compañía de las 500 de Fortune. "Hay un efecto en onda que creo que sucederá. Otras compañías también quieren asegurar el trato humanitario de los animales".

Como un astuto activista señaló, los términos que pueden ser utilizados en un sentido relativo cuando te comunicas con activistas animalistas, son ahora aplicados en un sentido absoluto en lo que se refiere a vender a los consumidores estas "nuevos y mejorados" productos animales. Así que mientras uno pueda elegir afirmar que algunas formas de explotación y matanza son menos inhumanas, o menos crueles que otras, un activista informado no puede honestamente caracterizar cualquier forma de explotación y matanza como compasiva o libre de crueldad. Eso es justamente lo que se hace creer el público.

Imagina lo que significa hacer todo el trabajo necesario para tirar abajo el velo que cubre la horrible injusticia de la producción de huevos en batería, y entonces, darte la vuelta y metódicamente cubrirlo de nuevo con una fachada nueva y mejorada: huevos "camperos", la alternativa libre de crueldad, socialmente responsable y medioambientalmente sostenible. Bueno para los animales, bueno para los ganaderos, bueno para los trabajadores, bueno para ti.

Todo esto sucede en un momento en el que más y más gente alrededor del mundo está adictos a una dieta centrada en las proteínas de origen animal, la causa probada de más enfermedades crónicas. En un momento en que nos encontramos con una epidemia de obesidad, y amenazas sobre la gripe aviar como la próxima pandemia. En un momento en que los investigadores de las Naciones Unidas han determinado que la ganadería produce mayor impacto de calentamiento global que todos los automóviles, camiones, autobuses, aviones, trenes y barcos del mundo juntos.



Y No Lo Olvidemos, Ellos También Son Más Sabrosos

Un tema repetido en las noticias sobre las campañas de huevos "camperos", de hecho muy común en la mayoría de la cobertura de los sistemas de etiquetas aprobados por los activistas, es cuán deliciosos son estos productos animales "nuevos y mejorados".

Un servicio de menús de un campus realizó una prueba de sabor y fueron incapaces de encontrar ni un sólo estudiante que no pensara que los huevos "camperos" sabían mejor. Otro gerente de comedor fue citado haciendo cumplidos por su frescura. Ella habló de cómo uno de sus chefs "hizo pan de plátano con los huevos y dijo que hace que el pan sea más ligero y esponjoso" y cómo "los estudiantes parecían interesados en probar los huevos", concluyendo que "la gente parece estar comiendo más huevos por probarlos". 

¿Hay alguna duda de que nuestra causa esté siendo apropiada?

¿Pero cómo puede alguien echar la culpa a activistas bien-intencionados por contribuir a la creciente abundancia de desinformación y tergiversación? Después de todo, ellos han sido convencidos por gente a la que admiran, de modo que si dicen la verdad, ellos no reducirán tanto el sufrimiento como ofreciendo estas falsas noticias tranquilizadoras de verdad aparente. Han sido convencidos de que reemplazar una forma forma de abuso por otra es un camino viable para terminar con la explotación.

Mientras que los valores y principios básicos del movimiento están siendo perversamente puestos al servicio de vender los mismos productos de sufrimiento y explotación que querían abolir, la integridad y buena voluntad de la gente se han vuelto cada vez más desorientada. Pierden su capacidad para reconocer que están siendo llevados a un destructivo conflicto de intereses, confundiéndolo con "pragmatismo" y "sentido común".




Una Media Verdad es una Completa Mentira

¿Es el momento de mirarnos al espejo? ¿En verdad queremos convencer a los jóvenes e idealistas que la manipulación es un camino seguro para un mundo mejor? ¿Las relaciones públicas, y no la educación, es la respuesta? ¿Queremos perpetuar la destructiva fantasía de que un movimiento social de justicia puede ser organizado como una corporación multinacional?

La ignorancia, la negación y la deshonestidad están en la propia raíz, no sólo de la explotación en sí misma, sino también de las fuerzas sociales y psicológicas que permiten su tolerancia. Cuando estamos dispuestos a sacrificar la verdad, para diluir su poder de modo que aumentemos las ganancias a corto plazo, independientemente de cuán noble pueda parecer, rompemos nuestros amarres éticos y empezamos a ir a la deriva y sin rumbo, inevitablemente siendo llevados por la misma corriente que lleva a quienes están atrapados en la explotación.

En el fondo de nuestro corazón, sabemos que hay un camino mejor. Si nos tomamos tiempo para escuchar, nuestra consciencia nos mostrará el camino.




Artículo original: «Truthiness is Stranger than Fiction»

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Para que el veganismo no salga adelante como movimiento es necesario seguir la estrategia que ya ha funcionado en los países anglosajones durante dos siglos: que los animalistas se alíen con los políticos y los explotadores institucionales para conseguir que la esclavitud de los animales no humanos se perpetúe adaptándola a la evolución social mediante regulaciones legales que hagan pensar a la gente que tratamos 'humanitariamente' a los animales y que el 'maltrato' se castiga. De ese modo, el mensaje abolicionista se hace quedar como 'extremista' frente a la 'moderación' de los bienestaristas. Mientras los animales siguen siendo esclavizados, siguen siendo dañados y matados para beneficio humano, y nada cambia realmente para ellos.

15 de junio de 2016

El negocio animalista en apoyo de la industria del huevo


Al igual que existe una industria que explota a los animales, también existe una industria que se dedica a explotar la explotación animal. Esto es, existe una serie de corporaciones animalistas cuya labor consiste en publicitar determinados aspectos de esta explotación considerados especialmente 'crueles' y pedir dinero a la gente con la excusa de que ellos pueden reformarla para ser más 'humanitaria' o menos 'cruel'. Aquí veremos un ejemplo notable de ello.

La organización 'IgualdadAnimal' ha anunciado en su página que:

»La industria del huevo de EE. UU. dejará de triturar vivos a millones de pollitos macho.«

Con esto quiere referirse al hecho de que la organización norteamericana Humane League afirma haber convencido a la industria avícola para que aplique una técnica que permite identificar y desechar los huevos que contengan embriones masculinos. El propósito es incubar sólo los que contengan embriones femeninos para que se desarrollen como gallinas y poder quitarles los huevos que produzcan. Los pollitos macho no pueden poner huevos así que son asesinados al poco de nacer.

'IgualdadAnimal' apoya, difunde y celebra esta medida calificándola como un 'progreso', pero ¿un progreso hacia dónde?

Los explotadores institucionales reconocen que esta medida es 'comercialmente viable' según declara la propia Humane League para el periódico Washington Post , es decir, que esto no supone ninguna amenaza a su beneficio económico ni a su existencia como industria. Por tanto, esto no es algo que ayude a progresar hacia la abolición de la explotación animal.

Además, la reforma no se implantará hasta dentro de cuatro años, y puede que para entonces ni siquiera se adopte, dado que se trata de un mero compromiso verbal. Es probable que sea una pura maniobra publicitaria. Los grupos animalistas corporativos necesitan anunciar periódicamente supuestas 'victorias' para animar a la gente a que les donen más dinero. Es un negocio. Estos grupos animalistas muestran escenas de 'crueldad' y piden dinero a la gente alegando que ellos lo van a solucionar. Pero en realidad no solucionan nada. Sus medidas no detienen la violencia contra los animales.

Incluso aunque se llegara realmente a implementar esa medida, no se salvaría ni un solo animal. Lo único que sucedería es que, en lugar de incubar machos y hembras, se incubarían sólo hembras. Y todas las gallinas que nazcan vivirán sometidas para producir huevos y luego ser enviadas al matadero. Ni un solo animal se salvaría de la explotación. Por tanto, se trata de publicidad engañosa. Tal y como informa La Vanguardia:

«El culling debería ser sustituido por la ‘selección in-ovo’, una técnica que permite seleccionar los huevos antes de que se desarrolle el pollito. De esta manera, se dejarían desarrollar sólo las hembras, mientras que los huevos que contengan machos serían utilizados para otros fines, como la producción de alimentos para animales y la experimentación científica, lo que también reduciría la presión productiva hacia las gallinas ponedoras.»

Ahora, imaginemos un grupo de proxenetas que tuviera a mujeres secuestradas para inseminarlas forzosamente con la intención de que tengan niñas a las que explotar para el comercio sexual, pero que matara a los niños varones porque no les sirven para su propósito. ¿Alguien piensa que sería aceptable asesorar a los proxenetas sobre una técnica que les permitiera abortar a los embriones varones y así poder conseguir que todos los nacimientos sean niñas? Esto es obsceno y repudiable. Sin embargo, los grupos animalistas adoptan como norma esta labor de complicidad con los explotadores.

La reforma bienestarista sólo sirve para tranquilizar nuestra conciencia; pero no sirve para evitar la injusticia que infligimos a los animales. De hecho, todo el concepto de 'bienestar animal' está ideado para reforzar y perpetuar la explotación sobre los individuos no humanos mejorando su rendimiento económico y ayudando a tranquilizar la conciencia de la gente para que no se inquieten sobre la moralidad del uso de animales.

Si en verdad no quisiéramos causar un daño innecesario e injustificado a los demás animales entonces nos haríamos veganos —y difundiríamos el veganismo como imperativo moral. Todo los demás no son más que medidas inútiles, y éticamente reprobables, que no afectan al problema en nuestra relación con los animales ni a su situación de esclavitud.

Hacia lo único que están consiguiendo progresar los grupos bienestaristas es hacia una reforma de la esclavitud animal que permita que la gente se sienta más cómoda consumiendo productos de la explotación animal y fomentar la creencia de que podemos explotar a otros animales de forma 'humanitaria' y 'feliz'.

26 de mayo de 2012

El numerito de los huevos




Mucha gente que consume productos de origen animal es sensible al hecho de que los demás animales sufren por causa de este consumo. Para intentar evitar dicho sufrimiento promueven y apoyan medidas como "jaulas más grandes" con las que seguir explotando a los animales pero ahora con la conciencia más tranquila porque piensan que sus condiciones son mejores y que ya no sufren tanto.

Un problema fundamental en este planteamiento radica en que pasa por alto el hecho de que a otros animales no sólo les importa evitar el sufrimiento, sino que también desean vivir, conservar su existencia, y disfrutar de su vida en libertad, libres de sometimiento. 

La verdadera cuestión de fondo en este tema sería por tanto aclarar antes de nada qué supuesta justificación moral tenemos para utilizar a otros animales como comida. Ya sea para comernos sus cuerpos o lo que proceda de ellos: leche, huevos,….

Por un lado, no tenemos necesidad nutricional de consumir sustancias de origen animal para estar sanos. Las proteínas, las vitaminas, los minerales, y todos los nutrientes en general, que necesitamos podemos fácilmente obtenerlos de alimentos de origen vegetal.

Por otro lado, no podemos justificar éticamente el hecho de utilizar a otros animales como recursos, como objetos de consumo, más de lo que podemos justificar el usar a otros humanos en los mismos términos. 

Los demás animales son seres con capacidad de sentir. No son cosas, no son objetos, son individuos con intereses propios. El solo hecho de que no sean humanos no justifica moralmente que podamos usarlos, ignorando su consentimiento y sus intereses. Al tratar a otros animales como recursos, como nuestra propiedad, lo que hacemos es practicar la esclavitud.

Huevos de corral: Detrás del mito del trato humanitario

Damos por hecho que no hay un problema ético en usar a otros animales para satisfacer nuestras necesidades y gustos. La posición del 'Bienestar Animal' es la que predomina en nuestra sociedad. Así, en el mejor de los casos sólo nos cuestionamos si el hecho de utilizarlos les conlleva mucho sufrimiento, y nos preguntamos cómo podríamos evitar o reducir dicho sufrimiento. Pero lo cierto es que en primer lugar deberíamos preguntarnos por qué estamos utilizando a otros animales como si fueran máquinas de producción —por qué usamos a seres que sienten como si fueran objetos— y qué supuesta legitimidad moral tenemos en coaccionar a otros animales para servirnos como productos.

En realidad, las etiquetas de los productos animales que supuestamente garantizan el “bienestar animal” sólo sirven para proporcionar bienestar y tranquilidad de conciencia a quienes consumen dichos productos. El bienestar real de los animales no es compatible con su explotación. Todas las gallinas usadas para producir huevos habrán vivido toda su vida confinadas en espacios cerrados, ya sean jaulas o corrales, y finalmente, cuando ya no sean productivas, serán enviadas al matadero.


Algunos grupos animalistas promueven el consumo de productos animales etiquetados como ecológicos porque consideran que esclavizar a otros animales está bien si se hace al aire libre; aunque luego todos los animales acaben en el matadero, lo único que a estos grupos les preocupa en apariencia es el bienestar de sus víctimas. Si el bienestar es supuestamente de un "nivel alto" entonces todo está bien.

El numerito de los huevos es otro ejemplo más de las consecuencias que se derivan al focalizar nuestra atención exclusivamente en el sufrimiento como único problema de nuestra relación con los demás animales. Esto sólo ha servido para perpetuar su explotación.

Si lo único que importa es el sufrimiento entonces se buscarán maneras de intentar reducir el sufrimiento pero sin cuestionar el hecho mismo de que utilicemos a otros animales como medios para nuestros fines. Así nadie se cuestiona el hecho de que hemos cosificado a seres sintientes para someterlos como nuestros esclavos.





Si no tenemos necesidad ni tampoco ninguna justificación moral para seguir comiendo y explotando a los demás animales ¿en qué nos diferenciamos de aquellos que calificamos de "abusadores" o "maltratadores"? Si consumimos animales infligimos daño y sufrimiento sólo por costumbre y por placer; no por necesidad. El cambio que queramos ver en los demás debería comenzar primero en nosotros mismos.

Casi todos estamos de acuerdo en que no está bien hacer daño innecesariamente a los demás animales. Pero cada vez que participamos en la explotación animal estamos actuando justo al contrario de lo que decimos.

Si de verdad nos importan los demás animales, y nos tomamos en serio sus intereses, dejaremos de participar en su explotación.

Si reconocemos que los animales merecen respeto moral, entonces no consumiremos 'huevos cero' sino cero huevos. 


3 de octubre de 2011

El consumo de huevos es consumo de esclavitud

La verdad sobre los huevos de corral 

A continuación quisiera exponer algunos de los argumentos principales que explican por qué el consumo de huevos —y en general el uso y consumo de animales no humanos— sería moralmente inaceptable.

Consumir huevos implica infligir daño y sufrimiento y muerte a los animales sin necesidad ni justificación

Existe la creencia que si dejamos de consumir carne animal entonces ya evitamos participar en cualquier clase de daño que se haga a los animales por nuestras necesidades alimenticias y que no hay ningún problema moral en consumir otros productos que provienen de los animales no humanos: lácteos, huevos, miel, lana,.... Pero esta idea es errónea.

En el caso concreto de los huevos; su producción implica de forma habitual causar la muerte de los animales utilizados en ella, tal y como descriptivamente relatan los activistas Jenna Torres y Bob Torres:

«Teniendo en cuenta que los animales suelen nacer tanto machos como hembras en proporción del 50 por ciento, ¿qué ocurre entonces con el cincuenta por ciento de machos?

En el caso de las gallinas, los pollos macho son totalmente inaprovechables para el explotador. Si no pueden poner huevos y no pueden ser convertidos en carne, criarlos supone una pérdida de dinero, y ningún explotador, ya sea intensivo o extensivo, orgánico o no, está en este negocio para perder dinero haciendo de su granja un refugio para animales no productivos.

Por tanto, los pollos macho son frecuentemente descartados al nacer y se les masacra vivos para ser utilizados como proteína natural, o se les tira a la basura para dejarlos morir lentamente de hambre y asfixia, un acto de crueldad extrema.»

Por otra parte, las leyes que regulan la explotación animal —lo que se conoce como 'Bienestar Animal'—, más allá de su supuesto cumplimiento, sólo sirven que la gente se sienta con la conciencia más tranquila a la hora de consumir productos de origen animal.

Se publicita que los animales están "bien cuidados" y que su bienestar es compatible con su esclavitud y explotación. Pero la realidad es que las gallinas viven toda su vida encerradas, sin poder desarrollar un vida normal acorde con sus necesidades y preferencias; han sido seleccionados genéticamente para favorecer que pongan huevos constantemente en perjuicio de salud; y cuando ya no son rentables estando vivas entonces son matadas para aprovechar económicamente sus cadáveres.

La existencia de un bienestar real dentro de la esclavitud de los animales es un fraude empírico: los animales están sujetos a una dominación en las que sus intereses fundamentales [continuar viviendo, no sufrir contra sus intereses, satisfacer sus necesidades básicas y desarrollar sus capacidades] son supeditados y destruidos frente a los intereses de quienes se consideran sus dueños.

Podremos apreciar que el vegetarianismo no supone en realidad ninguna diferencia para los demás animales. Si queremos respetar a los animales la opción coherente es el veganismo.

Además, una dieta vegana nos aporta todos los nutrientes que requiere nuestro organismo para estar sano. No tenemos necesidad nutricional de alimentarnos a costa de utilizar otros animales. Por lo que la necesidad no puede servir como excusa para intentar justificar la explotación de los animales para servir de alimento.

Consumir huevos supone ignorar el respeto básico que todos los seres sintientes merecen 

Pienso que la cuestión que deberíamos plantearnos en primer lugar es: ¿por qué está una gallina sometida a un ser humano? Eso no es algo natural o espontáneo. Ha tenido que producirse alguna clase de dominación previa para que esa situación se produzca. Las gallinas no decidieron vivir así por propia voluntad ni tampoco dieron su consentimiento para ello.

Puede que haya casos de seres humanos que intentan cuidar bien a los otros animales que tienen bajo su dominio. Sin embargo, el hecho de consumir productos animales, incluso aunque supuestamente no hubiera supuesto algún daño físico o psicológico a otros animales —lo cual en la práctica suele ser más bien difícil o imposible— resultaría objetable desde un punto de vista moral, por varias razones que expongo a continuación.

Para entender mejor por qué no deberíamos consumir productos animales, aunque supuestamente no implicara daño, quisiera exponer como analogía el siguiente ejemplo: 

Imaginemos que nos encontramos solos en una habitación con un hombre, o una mujer, profundamente dormido. Imaginemos que nos atrae físicamente, sexualmente. Ni siquiera conocemos a dicha persona. ¿Qué pasaría si decidiéramos manosear su cuerpo para obtener placer? Estamos hablando de una injerencia sobre su cuerpo que no ha sido consentida y que cometemos por satisfacer nuestro placer. Este contacto físico no se trata de un accidente o de un toque de atención —por ejemplo, para avisarle de un peligro.

Si finalmente nos dejáramos llevar por ese impulso, nos encontraríamos ante un caso de violación sexual. Esa acción es una agresión contra su valor como persona y su integridad física. Es tratar a alguien como si fuera una cosa y no una persona.

La ética no se abarca sólo la cuestión de lo que causa físicamente daño. Tampoco hace ningún daño físico disfrutar mirando fotos de niños desnudos obtenidas por pederastas; sin embargo, creo que todos desaprobamos dicha conducta, porque disfrutar a costa de vulnerar el respeto básico que merecen las personas no puede ser moralmente correcto.

¿Por qué pensamos que esta cuestión debe ser diferente cuando se trata de otros animales; de sus cuerpos y de sus intereses?

Si decidimos sustraer los huevos de otros animales para nuestro propio beneficio sin su consentimiento, aunque supuestamente no les causáramos un daño físico psicológico, ¿no estaríamos incurriendo en un comportamiento análogo al del ejemplo expuesto anteriormente? ¿Acaso no estamos utilizando el cuerpo de otros animales como un simple medio para nuestros propios fines? 

Si entendemos que los animales merecen que los respetemos como individuos que tienen sus propios intereses entonces esto implica también respetar aquello que proceda de sus cuerpos [leche, huevos] o que haya sido obtenido con su esfuerzo [nidos, hormigueros]. 

La ética de los Derechos Animales abarca más aspectos morales que no solamente la agresión o la explotación; del mismo modo que los Derechos Humanos tratan acerca del respeto integral hacia cada ser humano y no sólo del problema de la agresión física o la esclavitud.

El consumo de huevos promueve y refuerza la idea de que los animales existen como recursos para nuestro provecho

Si comprendemos que los animales no humanos no deben estar sometidos a nosotros, y que debemos respetar sus intereses básicos, entonces no deberíamos establecer ninguna relación de dependencia con ellos.

Si nos hacemos dependientes de ellos, sus intereses siempre estarán supeditados a los nuestros, o los nuestros a los suyos. Esto es incompatible con el principio de igual consideración. Ellos deberían poder vivir su propia vida en libertad igual que nosotros.

Si consumimos productos animales —aunque éstos presuntamente no hubieran implicado utilizar o dañar a nadie— reforzamos la idea de que los animales no humanos existen en este mundo para servir a nuestras necesidades, y de ese modo estamos dificultando el progreso hacia un estilo de vida y una sociedad que no dependa de utilizar a otros animales.

Si queremos evitar hacer daño a los animales sin necesidad entonces la única opción coherente que podemos tomar es evitar el consumo de huevos y en general cualquier producto de origen animal.

Debo señalar que no sería correcto afirmar que las gallinas que son utilizadas para quitarles sus huevos puedan ser 'libres' de algún modo. Todos los animales que son utilizados en la industria de explotación animal son vistos como recursos económicos y únicamente se les tiene en cuenta mientras sean productivos. Todas las gallinas cuando dejan de producir huevos van a parar al matadero para aprovechar económicamente sus cadáveres. 

Los seres humanos no necesitamos comer animales ni nada procedente de animales para estar sanos, fuertes y bien alimentados. Por tanto, no hay excusa que justifique consumir nada que provenga de otros animales, especialmente aquello que implique su explotación.

En el caso concreto de que supuestamente no hubiera explotación sino que nos limitáramos a cuidar de unos animales concretos, considero que tampoco deberíamos consumir nada que provenga de ellos. Entiendo que esos huevos pertenecen a las gallinas y ellas no nos han dado su consentimiento para que se los quitemos. Además, en ocasiones ellas mismas comen dichos huevos para recuperar el calcio que pierden en cada puesta. Así que les estaríamos perjudicando si se los quitamos.

En cualquier caso, si seguimos consumiendo lo que proviene de animales no humanos estaremos perpetuando la idea, en nosotros mismos y en los demás, de que los necesitamos para vivir y de que están en el mundo para satisfacer nuestras necesidades o caprichos. Como bien señala Bob Torres:

«Tener unas cuantas gallinas en tu jardín para que produzcan huevos puede que no sea una horrible tortura para los animales, pero estás cosificando las gallinas, estás convirtiendo a un ser sintiente en un sujeto cuya función principal es satisfacer tus necesidades; es un ejemplo de dominación humana, de explotación de otros para satisfacer tus intereses.»

En Inglaterra se han comercializado huevos de gallinas rescatadas que viven en santuarios, con la excusa de que esas gallinas no son explotadas sino que sólo se recogen los huevos que van dejando por ahí. Pero por muy buenas que sean las intenciones, si lo que se defiende es que los animales sean libres de la dominación humana, con estas iniciativas lo que en verdad se consigue es fomentar justo lo contrario.

Los demás animales no son cosas ni recursos para nuestro consumo, sino que son individuos únicos con características e intereses propios, es decir, son personas —personas no humanas.

Con esta explicación no pretendo en modo alguno atacar ni juzgar a ninguna persona, sino sólo llevar a la reflexión acerca de nuestra ancestral relación dominante y esclavista sobre los demás animales, así como de la necesidad moral de abandonar por completo este tipo de relación.

Respetar a los animales implica necesariamente rechazar su explotación, y esto comienza en cada uno de nosotros adoptando el veganismo.