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31 de diciembre de 2021

«La Mosca» o la crítica accidental al especismo


Antes de nada, me gustaría comentar que quien haya visto esta película [The Fly, 1958] se dará cuenta de que la portadas que se diseñaron para ella no reflejan la trama de su historia —no hay ninguna mosca atacando a humanos— y que sólo buscan provocar un efecto de pavor en el público.

Aviso que en este ensayo desvelaré partes del desarrollo de la película.

La película tiene dos conexiones con obras literarias clásicas: Frankenstein de Mary Shelley y La Transformación de Franz Kafka. Sobre esta última en particular publiqué un ensayo en este blog analizando cómo se trata de un relato que también sirve de critica no intencionada al especismo. A mi modo de ver, La Mosca es una versión del mismo tema: qué sucedería si un humano adquiriera un aspecto insectoide aun conservando su personalidad. Por lo general, la película suele verse como un entretenido filme de ciencia-ficción e interpretarse como una advertencia a las consecuencias indeseables e inesperadas de la investigación científica. Pero yo creo que además hay otras perspectivas sobre el asunto.

El argumento de la película es sencillo: un científico experimental intercambia por accidente parte de su cuerpo con el de una mosca, más concretamente la cabeza y parte de un brazo, mientras que aquella mosca adquiere una cabeza humana. Esta abrupta transformación física provoca un fuerte trauma en el protagonista que lo conduce rápidamente al suicidio con la ayuda de su propia esposa. Digo que es el protagonista porque la historia de la película gira en torno a él y lo que le sucede pero creo que en realidad aparece en menos escenas que otros personajes.

Lo curioso es que no se muestra ninguna evidencia de que el científico en cuestión haya transformado su personalidad sino que sólo ha transformado su aspecto, al igual que le sucedió al protagonista de aquel relato de Kafka. Como ya señalé al comienzo, las portadas de la película muestran una mosca atacando o amenazando a un ser humano, pero no hay nada de esto en la trama. El científico decide matarse sólo porque ya no es humano y no porque se hubiera convertido en alguien con instintos asesinos ni nada remotamente similar.

En nuestra época se está produciendo una crítica a la idea de que existe un cuerpo humano ideal al que debemos aspirar —un cuerpo normativo. Este ideal establece que nuestro cuerpo debe tener una forma particular para ser aceptable. No vale con que seamos humanos sino que debemos tener una determinada altura, un determinado peso, unos determinados rasgos, una determinada simetría. Se trata de un criterio estético, y no de un criterio de salud o de practicidad, que avergüenza a quienes no encajan en esos parámetros.

Muchos humanos cuyo físico se aleja del cuerpo normativo tienen dificultades para desarrollar su vida en sociedad debido al rechazo que padecen por parte de los demás. Así, aunque el protagonista no hubiera decidido matarse ya no podría volver a hacer una vida medianamente normal porque sería objeto de estudios científicos y de constante asombro o repulsa por parte del resto de humanos. Fijémonos que en que lo ha cambiado es parte de su físico pero su mente, su personalidad, es la misma. Quizás ya no sea humano pero sigue siendo una persona.

Lo que yo veo en la película es una consecuencia de la creencia de que los animales no merecen el mismo respeto básico que entendemos que merecen los humanos o que ellos directamente no merecen ningún respeto por sí mismos. Esto es precisamente un síntoma de nuestro especismo. No hay que realizar alguna clase de interpretación forzada sino que el propio filme lo deja bastante claro.

En la versión original podemos escuchar:

Inspector, it wasn´t wong to destroy that thing? [Inspector, ¿no estuvo mal destruir a esa cosa?]

A fly-headed human? No. [¿Un humano con cabeza de  mosca? No.]

En una versión doblada al castellano podemos oír:

— Inspector, ¿no hice nada malo en matar a ese ser?

— Si no era humano no.

De la mosca que por accidente adquiere cabeza humana apenas sabemos nada hasta que en una escena final del filme presenciamos que está gritando por su vida al haber caído atrapada en la red de una araña. La escena les parece terrible a sus testigos hasta el punto que uno de ellos mata a la araña y la mosca. Ya sabemos el total irrespeto que los humanos suelen mostrar por los insectos y otros invertebrados en general. La araña caza a otros animales instintivamente para sobrevivir. En cambio, el protagonista se mata a sí mismo sólo porque ya no tiene aspecto humano y esto aunque trágico también les parece algo de lo más razonable al resto de humanos. No les parece terrible que alguien decida matarse a sí mismo simplemente porque ya no es humano.

20 de agosto de 2020

Sobre la definición de especismo



La Real Academia Española de la Lengua [RAE] no acude a los libros de filosofía para esclarecer el significado de un concepto sino que investiga el uso que hacen los hablantes del término. La RAE simplemente recoge los usos predominantes que utilizan los hablantes pero no investiga sobre los conceptos de los que derivan esos usos. Así, en un contexto antropocéntrico es inevitable que al hablar de especismo hablemos siempre del especismo antropocéntrico. Por esto, las acepciones que recoge la RAE no reflejan correctamente la definición conceptual de lo que es el especismo sino que se limitan a señalar los sentidos que los hablantes suelen utilizar.

Recordemos que el diccionario de la RAE señala que una acepción del término persona es la de individuo de la especie humana, excluyendo al resto de animales. La RAE no está definiendo el concepto de persona; sólo refleja el uso mayoritario del término por parte de los hablantes en el contexto cotidiano. Recordemos que durante siglos se excluyó a seres humanos de la categoría de persona por motivo de su raza o su sexo. Asimismo, la RAE no está queriendo establecer el significado del especismo sino que refleja los usos en que ha comprobado que es utilizado el término por una mayoría de hablantes.

¿Cuando hablamos de especismo a qué nos estamos refiriendo exactamente?

Por ejemplo, la autora Joan Dunayer escribe que el especismo es «un fallo a la hora de reconocer la igual consideración y respeto a todo no-humano sintiente» [«Speciesism», página 5] Es una extraña definición de especismo en la que la especie ni siquiera aparece mencionada. Además, ese fallo podría afectar también a los humanos sintientes. Si acordamos igual consideración y respeto sólo para los no-humanos, pero no para los humanos, ¿no sería especismo acaso? Recuerdo haber leído en un foro que Dunayer deseaba corregir esa definición en una próxima edición de su libro y sustituir el término no-humano por el de ser sintiente. Ahora, el problema con esta definición revisada es que podría valer para la desconsideración moral o la injusticia pero no para definir el especismo. ¿Qué diferencia habría entonces con el racismo o el sexismo? Además, creo que ese fallo sería más bien consecuencia del especismo y no el concepto de especismo en sí mismo. De todos modos, en una entrevista posterior a la publicación de su libro, Dunayer declara que «el especismo es cualquier prejuicio o discriminación basada en la especie».

El filósofo Peter Singer describe el especismo como «un prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de nuestra propia especie y en contra de los de otras» [Liberación Animal; capítulo 1]. Esta definición no puede ser correcta puesto que refiere un tipo de especismo. Podemos tener una actitud favorable a otras especies que no sean la nuestra. El psicólogo Richard Ryder, quien acuñó el término especismo pero no lo definió, afirma que «el especismo significa infligir daño a otros porque son de otra especie» [«Ethics, Humans and Other Animals»; página 237]. Una vez más esto parece describir un efecto del especismo más que el especismo como concepto. El profesor Gary Francione escribe que «el especismo sucede cuando acordamos un peso diferente a intereses similares sobre la base de la diferencia de especies.» Esta última definición me resulta más ajustada a la verdad.

A mi modo de ver, la definición básica de especismo debería ser la discriminación moral basada en la especie. El rasgo esencial del especismo está en el hecho mismo de considerar que la especie es una categoría moral, además de biológica, y que esa categoría justifica un tratamiento diferente de los individuos según su inclusión en determinada especie. De este modo, la sola creencia en que la especie es una categoría moral ya es especismo.

La segunda acepción de especismo que recoge el diccionario de la RAE me parece que encaja más bien con lo que sería el significado del especismo antropocéntrico o antropocentrismo moral. Aunque otro término mucho más específico todavía sería el de supremacismo humano. El supremacismo humano es una forma concreta de especismo. No obstante, dado que los humanos son los únicos que pueden pensar de forma especista prácticamente todo el especismo del que tenemos noticia es antropocéntrico, pero el especismo teóricamente podría no ser antropocéntrico.

Podemos reconocer la existencia del especismo que, además de estar registrado en cientos de documentos académicos, parece abrumadoramente evidente. Podemos razonar que se trata de una injusticia fundamental. Pero reconocer su existencia y su inmoralidad no conllevaría el final del problema en nuestra relación con los demás animales sino que más bien sería el comienzo a la hora de resolverlo.

Pienso que tal vez sería ingenuo por nuestra parte creer que simplemente basta con eliminar el especismo para estructurar un sistema justo que reconozca los intereses de los individuos no humanos. Necesitamos una nueva teoría moral no especista que parta de la base de considerar a todos los seres conscientes como sujetos de consideración moral, tal y como han desarrollado Tom Regan, Evelyn Pluhar, y Gary Francione y otros pensadores. También puede ser necesaria una teoría política animalista que reconozca nuevas categorías civiles para los animales no humanos.

Algunos autores apuntan a que podemos rechazar el especismo desde diferentes posiciones morales. Esto significaría que no importa si asumimos cualquier teoría moral; ya fuera el utilitarismo, el emotivismo, el egoísmo, el contractualismo, el individualismo, el inherentismo o la teoría de derechos —la sola aceptación de la lógica implica que el especismo no puede ser racionalmente aceptado como un concepto normativo. No obstante, si esta conclusión es correcta entonces parece que tenemos un grave problema con la etiqueta 'antiespecista', puesto que este término ocultaría que existen en efecto profundas diferencias ideológicas entre quienes nos oponemos al especismo. Incluso aunque rechacemos el especismo, no estamos plenamente de acuerdo en lo que está bien y lo que está mal, en lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer.

Por ejemplo, los utilitaristas y los que defienden una ética de derechos difícilmente pueden colaborar de manera amistosa siendo sus posiciones morales no sólo profundamente diferentes sino antagónicas entre sí. Los utilitaristas están en contra de los derechos morales y los partidarios de los derechos morales se oponen radicalmente al sacrificio de inocentes aunque eso conllevara un gran beneficio para la mayoría de la comunidad. De la misma manera que no podemos ver a comunistas y liberales colaborando juntos en una misma asociación —si es que de verdad se atienen a sus doctrinas respectivas— tampoco debemos pensar que es posible que diferentes animalistas colaboren juntos sólo por compartir supuestamente el rechazo al especismo.
 
Sin embargo, no está del todo claro que desde cualquier teoría moral se pueda rechazar el especismo coherentemente. Así lo advirtió el profesor Tom Regan al explicar que un utilitarismo coherente puede considerar que el especismo es una posición aceptable si sirve para promover la mayor felicidad para el mayor número. En realidad, cualquier posición categorizada como 'consecuencialista' o teleológica —esto es, una teoría que considera que lo importante ante todo es lograr determinada finalidad— no puede rechazar el especismo como una cuestión de principio. Si el especismo sirve para lograr el objetivo que dicha teoría considera deseable entonces el especismo sería no sólo aceptable sino incluso obligado.

Si alguien le parece inquietante este panorama entonces quizás no le agrade saber que muchos animalistas ni siquiera rechazan el especismo. La mayoría de animalistas no estarían desafiando el especismo sino que en realidad estarían defendiendo alguna versión del especismo, tal y como han denunciado Joan Dunayer y Gary Francione. Por ejemplo, algunos animalistas creen que los mamíferos merecen mayor consideración que los peces y los reptiles, y éstos a su vez mayor consideración que los crustáceos o los insectos. Otros son todavía más específicos y piensan que se debe discriminar especie a especie y no por grupos de especies: primero los humanos y después los grandes primates no humanos y después otras especies clasificadas según su parecido con el promedio humano. Todo esto es una forma concreta y muy extendida de especismo que podríamos denominar especismo gradualista. Se trata de una nueva versión de esa jerarquía que coloca a los humanos en la cima de una pirámide ideal y a los demás animales por debajo.

En conclusión, resulta conveniente ser muy cautos con la cuestión del especismo. Incluso si estuviéramos de acuerdo en el significado del especismo y en reconocer que se trata de un error moral en cualquiera de sus versiones —lo cual ya sería mucho en el contexto actual— de esto no se deriva necesariamente que estemos de acuerdo en otras cuestiones morales también importantes. Así pues, no deberíamos centrarnos sólo en la cuestión del especismo.

26 de noviembre de 2019

«Del especismo a la igualdad»


La autora Joan Dunayer expone en el siguiente ensayo, —titulado originalmente «From Speciesism To Equality» su análisis sobre el problema del especismo en sus diferentes aspectos —distinguiendo entre el especismo tradicional y el nuevo especismo— y plantea su propuesta igualitaria para superarlo. Este escrito se puede considerar complementario a su otro artículo anterior titulado «Por la igualdad animal». En ambos ensayos, Dunayer resume su visión filosófica, a los que habría añadir otros dos textos titulados «Defensores de los derechos animales 'bienestaristas': un oxímoron» y «Sirviendo al abuso: promocionando productos de origen animal». Leyendo estos cuatro ensayos creo se puede tener una idea general y bastante aproximada del pensamiento de Joan Dunayer.

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Del especismo a la igualdad

Joan Dunayer 

Verano 2005

Es especista denegar la igual consideración y respeto a cualquier ndividuo no humano debido a que no es humano o a que no se parece a los humanos.


Cuando ven a un loro en una jaula, a un pez en una pecera, o a un perro encadenado, están viendo el especismo. Si creen que una tortuga o una avispa tiene menos derecho a la vida y la libertad que un zorro o un humano, o si consideran que los humanos son superiores a los humanos, entonces están suscribiendo el especismo. Si visitan acuaprisiones o zoos, visten con pieles de vacas o pelos de ovejas, o comen carne, huevos o productos lácteos, están practicando el especismo.

Especismo Tradicional

¿Qué es exactamente el especismo? El psicólogo Richard Ryder acuñó la palabra especismo en 1970. Aunque nunca definió explícitamente el término, indicó que el especismo traza una fuerte distinción moral entre humanos y otros animales [1]. De manera similar a Ryder, filósofos como Peter Singer y Tom Regan definen el especismo como un sesgo contra los no-humanos [2]. Esa definición es demasiado restrictiva. El racismo no está restringido a todos los no-blancos; se produce también contra una serie concreta de razas: por ejemplo contra todos los no-blancos excepto los asiáticos, sólo contra los negros y los nativos americanos, o sólo contra los aborígenes australianos. Análogamente, el especismo no está limitado a todos los no-humanos sino que incluye sesgos contra determinado número de especies animales, tales como todos los animales que no sean grandes primates, todos los no mamíferos, o todos los invertebrados.

Lo que Ryder, Singer y Regan denominan "especismo" se trata en realidad de un tipo de especismo: el tipo más antiguo y severo que denomino «especismo tradicional». Los especistas tradicionales no creen que ningún no-humano merezcan reconocimiento moral como los humanos y tengan derechos legales básicos, como el derecho a la vida y la libertad. La mayoría de seres humanos son especistas tradicionales.

Neoespecismo

En contraste con el especismo tradicional, un creciente número de gente considera que los derechos morales y legales deben extenderse más allá de nuestra especie. Sin embargo, no defienden una posición igualitaria sino que aplican un tipo de especismo que denomino «neoespecismo» [nuevo especismo]. Los neoespecistas abogan derechos sólo para determinados no-humanos; aquellos que se parecen más a los humanos. Al creer que los humanos son superiores a los no-humanos, los neoespecistas ven el reino animal como una jerarquía en la que los humanos se sitúan en la cima. Habitualmente consideran que los chimpancés, delfines, y otros mamíferos no humanos, son más importantes que los demás no-humanos. También jerarquizan a los mamíferos por encima de las aves; a las aves por encima de los reptiles, los anfibios y los peces; y a los vertebrados por encima de los invertebrados.

Peter Singer ejemplifica el neoespecismo. En su opinión, los humanos que posean al menos una inteligencia promedio tienen mayor valor que los nohumanos [3]. Más aún, aboga por el derecho a la vida y la libertad sólo para los humanos, otros grandes primates, y posiblemente otros mamíferos que posean una autoconciencia similar a la que tiene un ser humano promedio tras su infancia [4]. ¿Por qué un ser humano promedio? ¿Por qué no un pulpo o un cuervo? El criterio de Singer es claramente antropocéntrico y sesgado: especista. Singer considera que todos los no mamíferos son "reemplazables" —en sus propias palabras [5]. Él se opone categóricamente a la vivisección sobre los mamíferos [6]También considera que es moralmente aceptable la cría y matanza de aves, peces, y otros no mamíferos, si sus vidas han sido placenteras —algo extremadamente difícil— y son matadas rápidamente y sin dolor —algo extremadamente dificil también [7]. No es especista, afirma Singer, creer que la matanza de miles de seres humanos es más trágica que la matanza de millones de pollos [8]. Por supuesto que es especista.

No Especismo

Al rechazar la noción de la superioridad humana, el no-especismo aboga por derechos básicos para todos los seres sintientes. Los no-especistas no desean que algunos no-humanos sean humanos honorarios; ellos desean que la sintiencia reemplace a la humanidad como la base para los derechos.

La sintiencia debe ser suficiente para los derechos legales básicos porque cualquiera que pueda experimentar subjetivamente tiene un interés en continuar viviendo y en encontrarse bien; y el sentido de las leyes es el de proteger intereses [9]. A ojos de la ley, los humanos más mentalmente incapacitados tienen intereres que requieren protección. Más aún, sus intereses no cuentan menos que los de aquellos humanos con una capacidad intelectual promedia o por encima de la media. Los humanos que carecen de lenguaje o razonamiento abstracto continúan teniendo derechos. ¿Así que por qué los individuos no humanos no deberían tener esos mismos derechos? La conciencia de cualquier tipo y cualquier grado debe ser protegida. Cualquier ser sintiente lo pierde todo cuando muerte. Cualquier ser sintiente puede sufrir. Estar libre de privaciones y dolores es tan relevante para las langostas y las serpientes como para los gorilas y los humanos.

La visión no-especista contempla a todos los individuos no humanos como personas legales en lugar de propiedades humanas. La personalidad emanciparía a los no-humanos de la servidumbre humana, lo que proscribiría que los no-humanos fueran usados para trabajar, actuar, producir o proveer cualquier servicio. Nunca más los caballos tirarán de carruajes, ni los tigres saltarán por aros, ni los elefantes tendrán que cargar con seres humanos en sus espaldas. La legislación prohibiría que los humanos se apropiaran de los no-humanos. Los humanos no podrían criar, comprar o vender a los no-humanos para ningún propósito, ya fuera la vivisección o la producción de comida o la tenencia de mascotas o la propagación de especies en peligro.


Para llegar a la emancipación, un gran porcentaje de la gente debería apoyar la igualdad animal y ser vegano, de modo que sólo unos cuantos no-humanos estuvieran sometidos a cautivero. Hasta la emancipación, los perros, gatos y otros animales domesticados podrían vivir tutelados por seres humanos responsables que cuidaran de ellos [10]. Liberados de la explotación y otros abusos, los otros animales domesticados —tales como gallinas liberadas de la industria del huevo y ratas liberadas de la vivisección— recibirían cuidados veterinarios, o podrían ser eutanasiados si se les diagnosticara una dolorosa enfermedad incurable, y sería adoptados en refugios o domicilios particulares.  Los no-humanos bajo tutela humana tendrían esencialmente los mismos derechos legales que los niños humanos.


La cautividad no humana sería eliminada. Hasta donde sea posible, los animales domesticados —incluyendo a perros y gatos— no serán expuestos a situaciones en las que puedan reproducirse, por ejemplo, mediante la esterilización [11]. El número de animales domesticados descendería rápidamente.


Los cautivos no domesticados serían liberados si, después de la necesaria rehabilitación, pueden mantenerse sin la asistencia humana y existe un hábitat apropiado para ellos. En caso contrario, serán cuidados permanentemente en santuarios. En tanto sea posible, estos santuarios deben proporcionarles ambientes lo más cercanos a su hábitat natural. Al igual que sucede con los animales domesticados, hay que evitar que los no domésticos puedan criar. Al final, todos los individuos no humanos serán los animales no domesticados que viven libres, sin interferencia humana, en sus hábitats naturales.


El reconocimiento de su personalidad otorgaría a los no-humanos todos los derechos legales relevantes, como el derecho a la vida. Así como todos los otros derechos de los no-humanos, un derecho no-humano a la vida limitaría la actividad humana, no la de los no-humanos. Los humanos no deben interferir en la relación predador-presa entre no-humanos libres. A diferencia de los humanos, los depredadores necesitan matar para sobrevivir. Bajo una ley no especista sería ilegal que un humano matara a un no-humano excepto bajo circunstancias extraordinarias. Si estuvieran perdidos en un terreno ártico o desértico sin acceso a vegetales comestibles, estarían legitimados en matar a un animal para poder comer. Si un león estuviera a punto de atacarlos, estarían legitimados a matarlo en defensa propia. Podemos matar parásitos que amenazan la vida de un perro o eutanasiar a un gato que padezca un sufrimiento incurable. En cambio, sería ilegal matar a una rata para obtener datos en experimentos, a una vaca por su carne, a un pez por deporte, a un visón por su piel, a una araña por aversión, o a cualquier no-humano por razones injustificadas.


La personalidad proporcionaría a los no-humanos el derecho a la libertad: libertad física e integridad corporal. Con la temporal excepción de los animales domesticados, y algunos animales no domesticados cautivos en el momento de la emancipación, los no-humanos vivirían en completa libertad. Los humanos no podrían legalmente mantenerlos cautivos, ya fuera mediante cadenas, jaulas, vallas, confinados en un edificio, o de cualquier otra manera. Sería ilegal torturar o asaltar sexualmente a un no-humano, así como mutilarlo, golpearlo o cualquier otra forma de agredirlo, excepto en el caso de autodefensa directa.

Una legislación no especista acordaría que los no-humanos tuvieran un derecho de propiedad. Ellos serían propietarios de los productos de su cuerpo y su trabajo. Las ostras serían las propietarias de las perlas que engendran, los petirrojos serían propietarios de los huevos que ponen, y las colonias de abejas serían propietarias de la miel que producen. Los no-humanos serían propietarios de sus nidos, madrigueras y colmenas. Así pues sería ilegal para los humanos tomar, dañar o destruir intencionadamente cualquier cosa que los no-humanos produzcan en sus propios hábitats. Todos los no-humanos que vivan en un área particular de tierra o agua deben tener un derecho legal sobre su propio medio ambiente, que sería de su propiedad comunal. Las tierras en las que convivan humanos y no-humanos pueden permanecer cohabitadas, pero los humanos no deberían invadir los territorios de los no-humanos —por ejemplo, construyendo viviendas en zonas habitadas por no-humanos. Sería ilegal destruir o alterar dañinamente cualquier hábitat.

Parar ser equitativa, la ley debe ser no especista. La gran mayoría de los seres sintientes del mundo son no humanos. El especismo es la forma más profunda y dañina de injusticia.


Ya fuera como actitud y como práctica, el especismo incluye cualquier discriminación basada en la especie. Es especista denegar a cualquier no-humano una igual consideración y respeto sólo porque no sea humano o porque no  se parezca a los humanos. En términos de justicia, todos los seres sintientes son iguales. No sólo tienen un derecho moral a la vida y a estar libres de abusos; tienen un derecho igual.

NOTAS

1. Richard Ryder, “An Autobiography,” Between the Species, Summer 1992, 168–73, 171.

2. Peter Singer, Animal Liberation, 2d ed. [New York: New York Review of Books, 1990], 6; Tom Regan, “The Case for Animal Rights,” in Carl Cohen and Tom Regan, The Animal Rights Debate [Lanham, Md.: Rowman & Littlefield, 2001], 125–222, 170.

3. Singer, Animal Liberation, 19–21.

4. Paola Cavalieri, Peter Singer, et al., “A Declaration on Great Apes,” in The Great Ape Project: Equality beyond Humanity, ed. Paola Cavalieri and Peter Singer [New York: St. Martin’s, 1993], 4–7, at 4; Singer, Animal Liberation, 19–21, 228–29; Peter Singer, Practical Ethics, 2d ed. [Cambridge: Cambridge University Press, 1993], 90, 95, 101, 119–20, 131–32.

5. Singer, Practical Ethics, 131.

6. Joan Dunayer, Speciesism [Derwood, Md.: Ryce, 2004], 78–79.

7. Peter Singer, Animal Liberation, 229–30; Singer, Practical Ethics, 133.

8. Peter Singer, “Animal Equality: Language and Liberation by Joan Dunayer” [book review], Vegan Voice, Dec. 2001–Feb. 2002, 36.

9. Al carecer de conciencia, los seres no sintientes como las plantas y las rocas no tienen intereses. Cuando protegemos objetos naturales lo hacemos para beneficio de los seres sintientes, humanos o no humanos.


10. El término domesticado aparece entrecomillado porque eufemiza la cautividad indefinida y la manipulación genética.


11. La palabra esterilización conlleva confusión. Eliminar los testículos o los ovarios y el útero no significa eliminar el género del animal.

Texto original en ingles: From Speciesism to Equality

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Creo que Joan Dunayer señala un punto muy importante al exponer las diferentes formas en que puede manifestarse el especismo. Increíblemente, muchos animalistas creen que abandonar el especismo se produce automáticamente en el momento en que pensamos que la consideración moral no debe limitarse a los humanos, sin pararse a pensar que esa extensión puede estar todavía asentada sobre criterios especistas, como bien explica Dunayer.

A pesar de que estoy de acuerdo con el planteamiento básico de la autora, hay algunos puntos concretos con los que discrepo.

Mi primera objeción se refiere al párrafo en el que señala que los humanos «si estuvieran perdidos en un terreno ártico o desértico sin acceso a vegetales comestibles, estarían legitimados en matar a un animal para poder comer.» No puedo estar de acuerdo con esta resolución, que me parece inconsistente con los postulados que defiende Dunayer. La necesidad no es un criterio moral. El hecho de que necesitemos comer no justifica éticamente que utilicemos a los animales para poder alimentarnos. Los mismos principios que explican la inmoralidad de la explotación animal se aplican en este caso: el principio de valor inherente y el principio de igualdad. Los animales poseen un valor inherente que no debe ser sacrificado por el valor instrumental que tengan para nosotros. Los animales desean continuar existiendo y evitar el daño. Sus intereses son tan igualmente importantes como los nuestros. Si los animales merecen igual respeto —como tan a a menudo subraya Dunayer— entonces no debemos supeditar sus intereses para beneficiar los nuestros. Los animales no tienen culpa de que necesitemos comer para vivir, así que no responsables de nuestra necesidad.


Mi segunda objeción se refiere a la parte en que menciona que «los animales domesticados —incluyendo a perros y gatos— no serán expuestos a situaciones en las que puedan reproducirse, por ejemplo, mediante la esterilización». En otro ensayo expuse resumidamente mis objeciones contra la esterilización rutinaria de animales. Si los animales tienen un interés en evitar el daño —lo cual incluye mantener su integridad física— entonces manipular, alterar o destruir su cuerpo para lograr alguna finalidad es una clara violación de su derecho básico a no ser tratados como simples medios para nuestros fines. ¿Acaso no consideraríamos que esterilizar a un humano sin su consentimiento es una violación de su derecho a la integridad física? Dunayer habitualmente expone analogías con situaciones en la que intercambia animales por humanos para denotar que la única diferencia es la especie de la víctima, pero en este caso parece no haberlo advertido.

Por último, hubiera preferido que Dunayer expusiera una argumentación un poco más elaborada. Es cierto que se trata de un ensayo breve, pero esa misma falta de desarrollo argumentativo se encuentra también, a mi modo de ver, en su libro «Speciesism», del que este ensayo sería algo parecido a un resumen muy sintetizado, y en el que a veces se despachan cuestiones morales complejas con excesiva simplicidad. Si uno escribe un libro entiendo que es para exponer argumentaciones muy elaboradas que no caben en un ensayo —algo así como la diferencia entre cuento y novela— y no para unificar una retahíla de ensayos. 

Aparte de esos puntos controvertidos, pienso que la obra de Joan Dunayer merece nuestra lectura y estudio para comprender mejor la filosofía de los Derechos Animales. Es una gran lástima que sus libros no hayan sido publicados en español por alguna editorial.

30 de octubre de 2019

Ana Carrasco y el peor de los males



Podemos encontrar una interesante entrevista a la filósofa Ana Carrasco en la que a cierto lector le llamarían particularmente la atención estas declaraciones:

«Es verdad que todos los seres humanos somos vulnerables. Nadie negará tal cosa. Y todos experimentamos y padecemos el mal. Tampoco nadie lo negará. Pero la mujer, y los colectivos menos favorecidos, experimentan ese impacto de forma más expuesta y, lamentablemente, más inerme. No quiere decir esto que el mal no sea experimentado por todo ser humano [sólo hay que pensar en las torturas militares en Irak, por poner un caso, en las que algunas militares son las victimarias y son los hombres las víctimas… y aquí sería también interesante analizar el porqué de este cambio de roles] sino que las formas más demenciales y crueles del mal, más perversas, con mayores ultrajes, con mayor ensañamiento, se han ejercido sobre la mujer, e incluso se han encarado con mayor indiferencia, se ha minimizado su importancia e incluso se ha cuestionado su gravedad.» [Entrevista para Filosofía&Co; 6 de marzo de 2019]

Es importante advertir que Carrasco cuando habla de víctimas sólo tiene en cuenta a los humanos. Si tenemos en cuenta que los otros animales son seres conscientes, entonces considerarlos como objetos o seres inferiores debe ser una creencia equivocada. Sin embargo, las otras víctimas que no son humanas no aparecen mencionadas en la reflexión de Carrasco. Los otros individuos que no están catalogados en la especie humana ni siquiera son considerados víctimas; es como si no existieran. Esto es una evidente manifestación del especismo.

El otro punto que podemos destacar es que si en efecto tenemos en cuenta a los animales entonces resulta discutible afirmar que las mujeres, u otros humanos, hayan sido víctimas de los peores abusos. Cualquiera que se haya tomado la molestia de investigar sobre la explotación animal habrá comprobado las horrendas y terribles formas de violencia que los humanos hemos infligido sobre los otros animales a lo largo de nuestra historia. Y que seguimos infligiendo.

Hay diferentes perspectivas sobre el problema de la violencia machista. Una de ellas plantea que podemos analizar el patriarcado no como un sistema organizado de los varones contra las mujeres sino como un sistema basado en los poderosos contra los débiles. En un sistema patriarcal, no sólo las mujeres son cosificadas y violentadas por el patriarcado sino que en otro sentido también lo son los varones, cambiando la forma en que son victimizados. El machismo no sería pues un defecto intrínseco de los varones sino de un error de mentalidad que puede afectar igualmente a todos. Muchas mujeres han apoyado entusiastamente el patriarcado.

Al igual que en una sociedad patriarcal se cosifica a las mujeres —y en cierto modo también a los varones—, en una sociedad basada en el antropocentrismo, los animales son cosificados y violentados para beneficio de los humanos. No se trata de una dicotomía de los humanos contra los animales sino que nos encontramos con una doctrina basada en la primacía de los poderosos sobre los débiles. Todas las opresiones siguen este mismo esquema.

De la misma manera que muchos varones rechazan el machismo y el patriarcado, cada vez más humanos rechazan el antropocentrismo y tratan de socavarlo en favor de una nueva relación moral igualitaria entre humanos y animales que elimine la la dominación humana. Así pues, no se trata de un problema intrínseco de los humanos sino que es un problema de mentalidad. Crecemos y somos educados en un ambiente social que condiciona nuestra forma de pensar y actuar. Se trata principalmente de una cuestión de educación.

Algunos creen que la humanidad no aprende de sus errores. Quizás haya algo de verdad en esa creencia. No parece que hayamos aprendido mucho de la experiencia del racismo o del sexismo. No hemos comprendido que hacemos a los demás animales aquello mismo que consideramos un crimen abyecto cuando las víctimas son humanas, y que lo intentamos justificar con las mismas falacias que utilizamos para intentar justificar los abusos sobre seres humanos.

Cuando Friedrich Nietzsche escribía que «quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo» [Aforismo 146, Mas allá del bien y del mal1886] podemos interpretar que aquellos que combaten determinadas ideas o sistemas podrían acabar incorporando o imitando inconscientemente aquello mismo que dicen combatir. Las posiciones que se enfrentan a determinada injusticia concreta no están exentas del riesgo de incurrir en el mismo error moral al que pretenden oponerse.

Aquella obsesión por lo peor es quizás el reflejo de nuestra mentalidad que no puede librarse de estar dominada por el concepto de jerarquía, ni siquiera cuando denuncia opresiones basadas precisamente en haber interiorizado la existencia de una jerarquía moral, tal y como denunciaba el profesor Bob Torres al señalar que movimientos políticos que defienden la igualdad entre humanos al mismo tiempo asumen la supremacía de los humanos sobre los animales:

«En el amplio espectro de la izquierda parecen dispuestos a aceptar lo que ellos consideran la jerarquía de las especies, mientras que a la vez trabajan por la desaparición de otras jerarquías —de clase, raza, género o incluso de nacionalidad». [Bob Torres, Por encima de su cadáver, 2007]

Todos los seres dotados de conciencia sensitiva valoran su propia supervivencia, bienestar y autonomía. Creer que unos somos 'superiores' a otros puede ser una creencia que nos sirva para obtener un beneficio a costa de dañar intencionadamente a otros, pero no es una creencia que refleje una realidad empírica ni una estructura lógica. El problema añadido sucede cuando sustituimos una jerarquía de opresores por una jerarquía de víctimas, pero ni siquiera cuestionamos la misma noción de jerarquía. Por eso tal vez sería más apropiado tener en cuenta la sugerencia del profesor Gary Francione cuando declara:

«El problema es de jerarquía. No es acertado promover una nueva jerarquía —los humanos y los grandes simios sobre los demás animales— en lugar de humanos sobre los demás animales. Deshagámonos de las jerarquías por completo.» [Entrevista para Vegan Voice, 2001]

Si una ética racional tiene que fundamentarse necesariamente en el principio de igualdad, en la consideración equitativa de aquellos elementos moralmente relevantes que de hecho son iguales, según argumentan diversos autores como James Rachels y Gary Francione, entre otros teóricos morales, entonces el propio concepto de jerarquía no puede tener cabida en la ética.

Resulta bastante discutible el presupuesto de que hay una jerarquía de males. No obstante, siguiendo todavía ese criterio podríamos decir que el peor de los males es, quizás, el que disfrazamos como un bien, porque entonces hacemos el mal convencidos de hacer el bien, pues estamos convencidos de que es imposible que nosotros podamos cometer semejante mal.

Carrasco, al igual que la gran mayoría de la gente, está convencida de hacer el bien cuando discrimina entre víctimas humanas y cuando ignora a las víctimas que no son humanas. Es difícil que eso cambie mientras siga creyendo que es imposible, e impensable siquiera, que esté cometiendo la misma clase de mal que está denunciando, como ella misma reflexionaba en otra entrevista:

«Cuando vemos un horror y pensamos que esa persona es un monstruo, un enfermo, un animal o un egoísta, estamos acudiendo a conceptos para etiquetar a una persona y, así, dejar de buscar razones porque para qué lo vamos a hacer si ya sabemos lo que es. Por eso quería explicar el mal, porque muchas veces no nos va a gustar la respuesta, porque al estudiarlo podemos reconocernos como perpetradores.» [Entrevista para La Marea, 14 diciembre 2021]

23 de julio de 2019

Comte-Sponville y la cuestión del especismo


El filósofo André Comte-Sponville en su Diccionario filosófico reserva una entrada para el término de especismo. Hay que tener en cuenta que el libro se trata más bien de una colección de reflexiones particulares de su autor que de un diccionario en sentido riguroso.

Comte-Sponville define el especismo de esta manera: «Sería el equivalente del racismo pero aplicado a las relaciones entre especies. Sería especista toda persona que considerara que los animales, hombres incluidos, no son todos iguales en derechos y dignidad.» No sería precisamente la definición que yo considero más acertada, pero las he visto peores. Dejémoslo así de momento.

Afirma Comte-Sponville que la noción de especismo es peligrosa porque «borra demasiado la diferencia entre los seres humanos y los animales. Diferencia de grado, en mi opinión, más que de naturaleza, pero que justifica que se les trate, en efecto, de manera diferente.» Pero reflexionemos un momento¿acaso diríamos que el racismo y el sexismo son nociones peligrosas porque borran demasiado las diferencias entre seres humanos? No puedo estar de acuerdo en que tomar conciencia de esos prejuicios suponga 'borrar diferencias' sino que nos hace ver que hay diferencias que no son relevantes en lo que se refiere a la consideración moral. Esto significa que no es relevante la pigmentación de la piel o el tipo de genitales para poder reconocer que todos los humanos son individuos con intereses iguales. Si podemos comprender que esas diferencias no justificación racionalmente una discriminación moral contra determinados humanos, también podemos entender que las diferencias morfológica de otros animales respecto de los humanos tampoco justifican excluirlos de nuestra consideración.

Por otra parte, no conozco a nadie que defienda que humanos y animales deben ser tratados de manera exactamente igual en todos los aspectos; de la misma manera que nadie defiende que niños y adultos sean tratados exactamente igual en todos los aspectos. Lo que sí se defiende desde una perspectiva animalista es que ambos merecen igualmente un respeto básico. Lo que postula en realidad la filosofía de los Derechos Animales es que todos los seres conscientes poseen un valor moral inherente que nos obliga a no tratarlos como simples medios para lograr nuestros fines.


Pienso que el punto tal vez más polémico en la opinión de Comte-Sponville viene justo al final: «"Si no se hubieran transportado animales en vagones para animales —me dijo un colega—, Hitler no lo habría hecho con los judíos." Pero eso no convierte el comercio cárnico en un equivalente del racismo, ni al nazismo en un comercio.» Aquí parece que su colega se refería al hecho de que la cosificación sobre los humanos es análoga y conectada a la cosificación sobre los animales, como ha explicado el historiador Charles Patterson

La esclavitud humana fue una aplicación de los métodos que previamente ya se habían aplicado sobre los animales para someterlos como propiedad de los seres humanos. Si bien comer animales no equivale categóricamente al racismo, sí podemos argumentar que es moralmente equivalente al canibalismo.

En otra parte del diccionario, cuando escribe acerca del racismo lo define de esta manera: «toda doctrina que hace depender el valor moral de los individuos del grupo biológico, o pretendidamente tal, al que pertenecen». Como era de esperar, Comte-Sponville condena duramente el racismo. Al hablar sobre el sexismo señala que es equivalente al racismo pero fundado en la diferencia sexual. ¿Si el especismo es en efecto análogo a esos prejuicios acaso no merece la misma condena?


Me alegro que Comte-Sponville decidiera incluir el término especismo en su diccionario, que además es un libro muy entretenido e interesante, y aunque las observaciones que expone al respecto se me antojan quizás más mediocres de lo que hubiera esperado, es conveniente recordar que el primer paso para comprender un error es reconocer que existe.

28 de febrero de 2018

«Psicología del especismo: Cómo privilegiamos a unos animales sobre otros»


El especismo ha sido un fenómeno estudiado hasta ahora casi de forma exclusiva en el campo de la filosofía. A partir de la publicación en el año 1975 del libro «Liberación Animal» de Peter Singer, ha aparecido una muy profusa bibliografía filosófica sobre esta noción, y sobre la cuestión animalista en general, especialmente en el ámbito de lengua inglesa, aunque cada vez encontramos más publicaciones en otros idiomas.

Sin embargo, fuera del ámbito estricto de la filosofía sólo muy ocasionalmente han aparecido otros enfoques de estudio sobre el especismo. Así, ha sido analizado desde la jurídica por parte de Gary Francione, desde la sociología por parte de David Nibert y de Bob Torres,  y de Roger Yates, desde la biología por parte de Richard Dawkins y de Marc Bekoff, desde la historiografía por parte de Charles Patterson y de Marjorie Spiegel, desde la filología por parte de Joan Dunayer, desde la antropología [o antropozología] por parte de Hal Herzog, desde la teología por parte de Andrew Linzey. Estas menciones no aspiran a exponer una lista exhaustiva sino sólo reunir algunos ejemplos representativos. Creo que, incluso abarcando todos los documentos no filosóficos enfocados sobre el especismo, estaríamos de acuerdo en que apenas representan un minúsculo ámbito de investigación en comparación con el ingente volumen de la publicación filosófica.

Otra de las disciplinas de conocimiento que brilla por su ausencia en el estudio del especismo es la psicología. Curiosamente, fue un psicólogo, Richard Ryder, el primer académico en percatarse de la existencia de este prejuicio y acuñar el propio término que lo señala. Esta falta de atención por parte de la psicología académica es denunciada por Lucius Caviola en este ensayo titulado «The Psychology of Speciesism: How We Privilege Certain Animals Over Others», el cual he podido traducir aquí con el permiso de su autor, y que representa un resumen introductorio de un artículo académico del propio Caviola publicado de forma conjunta con otros especialistas. Creo que el enfoque psicológico es muy importante para afrontar el problema del especismo. Caviola y sus colegas han realizado un buen trabajo, aunque apenas iniciático, que debilita gravemente la posición de aquellos que niegan la propia existencia del especismo, y  pienso que es una excelente noticia que el estudio sobre el especismo continúe vivo y extendiéndose en todos los ámbitos.

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Psicología del especismo: Cómo privilegiamos a unos animales sobre otros

Lucius Caviola

Febrero 2018

Nuestra relación con los animales es compleja. Hay algunos animales a los que tratamos muy amablemente; los mantenemos como mascotas, les damos nombres, y los llevamos al veterinario cuando enferman. A otros animales, en contraste, parece que no merecen ese estatus privilegiado; los usamos como objetos para consumo humano, comerciamos con sus vidas, los usamos como sujetos involuntarios en experimentos, como equipamiento industrial, o como fuente de entretenimiento. Los perros tienen un mayor valor que los cerdos, los caballos valen más que las vacas, los gatos valen más que las ratas, pero de lejos la especie más valiosa es la nuestra propia. Los filósofos han denominado este fenómeno de discriminar individuos según su asignación a una especie como especismo [Singer, 1975]. Algunos de ellos han argumentado que el especismo es un prejuicio análogo al racismo o al sexismo.

No obstante, si el especismo existe realmente y la manera en que esté relacionado con otras formas de prejuicio no es sólo una cuestión filosófica. Fundamentalmente, hay hipótesis sobre la psicología humana que pueden ser exploradas y testadas empíricamente. Sin embargo, el especismo ha sido casi enteramente ignorado por los psicólogos —excepto algunos pocos. Hay apenas unas 30 publicaciones en los últimos 70 años acerca de este tema según revela una búsqueda en Web of Science de los términos especismo y relaciones humano-animal en todas las publicaciones de psicología. Aunque esta búsqueda podría no ser totalmente exhaustiva, palidece en comparación con las casi 3000 publicaciones sobre la psicología del racismo en el mismo marco de tiempo. El hecho de que la psicología se haya desinteresado por el especismo resulta extraño, teniendo en cuenta la relevancia de la cuestión —todos interactuamos con los animales o comemos carne—, la prevalencia del tema en la filosofía, y la especial atención que pone la psicología en los otros tipos de aparente prejuicio. Investigar sobre cómo asignamos un estatus moral a los animales debería ser un tema obvio de investigación por parte de la psicología.

Junto con mis colegas Jim A.C. Everett y Nadira S. Faber, publicamos recientemente un artículo sobre el especismo en el Journal of Personality and Social Psychology [Caviola, Everett, & Faber, 2018]. Nuestro propósito era establecer el especismo como un tema en el terreno. Para ese fin, desarrollamos una Escala de Especismo: un instrumento de medida estandarizado, validado y fiable que permita evaluar hasta qué grado una persona asume perspectivas especistas. Nuestra investigación muestra que de hecho existe un singular constructo psicológico —el especismo— que determina hasta dónde discrimina la gente a los individuos de acuerdo a su pertenencia a una especie. Este constructo no es captado por otras medidas de prejuicio o prosocialidad y muestra algunas características interesantes.

Nuestra investigación muestra que los filósofos estaban en lo correcto cuando establecieron una analogía entre el especismo y otras formas de prejuicio. El especismo tiene una correlación positiva con el racismo, el sexismo, la homofobia, y parece sostenido por las mismas creencias socio-ideológicas. Al igual que el racismo y el sexismo, el especismo parece ser la expresión de una Orientación Social Dominante: la creencia ideológica de que la desigualdad puede ser justificada y que los grupos más débiles deben ser dominados por los grupos más fuertes [Dhont, et al., 2016]. Además, el especismo tiene una correlación negativa tanto con la empatía como con el pensamiento abierto. Los varones son más proclives a ser especistas que las mujeres. Sin embargo, no hay correlaciones con la edad o la educación.

El especismo también se manifiesta en la conducta en el mundo real. En nuestro estudio, el especismo predecía cuáles personas era más proclives a ayudar a los humanos antes que a los animales, o a los animales "superiores" antes que a los "inferiores". Por ejemplo, si existe la opción de donar a caridad para ayudar a perros o gatos, la gente es más proclive a ayudar a los perros que a los cerdos de acuerdo a su mayor puntaje en especismo. De manera similar, las personas que puntuaban más alto en especismo eran más proclives a ayudar a la gente sin hogar que a ayudar a establecer derechos básicos para los chimpancés. Finalmente, el especismo está relacionado con el vegetarianismo ético. Aunque el estudio muestra que no todos los que rechazan el especismo creen que comer carne sea incorrecto, observamos que las personas con mayor puntaje en especismo tendían a preferir un producto cárnico antes que un producto vegetariano.

Los críticos con el concepto de especismo a veces argumentan que la razón por la que nos preocupamos menos por los animales no es debido a la pertenencia a una especie en sí misma sino debido a que los animales no son inteligentes o no son capaces de sufrir al mismo nivel que los humanos. No obstante, nuestra investigación muestra que esa objeción no se sostiene. Es cierto que la gente percibe a los animales o a los animales "inferiores" como menos inteligentes o menos capaces de sufrir que los humanos o los animales "superiores". Sin embargo, en nuestro estudio, las creencias de la gente sobre los niveles de inteligencia de los individuos y su capacidad de sufrir sólo explica una pequeña parte de su conducta dirigida hacia ellos. De lejos, la explicación más sólida sobre el comportamiento de la gente es el especismo en sí mismo. Por ejemplo, incluso aunque la gente sabe que perros y cerdos poseen una inteligencia aproximadamente similar y una similar capacidad de sufrir, siguen mostrándose más proclives a ayudar a los perros que a los cerdos. Y cuando se les pregunta a quién elegirían ayudar entre un chimpancé y un ser humano que tuviera una severa discapacidad mental, la gente es más proclive a ayudar al ser humano que al chimpancé, incluso si creen que el chimpancé es más inteligente y más capaz de sufrir que el ser humano. Esto claramente sugiere que la pertenencia del individuo a una especie es en sí mismo un elemento clave en el modo en que valoramos, percibimos y tratamos a un individuo.

¿Qué podemos hacer con estos hallazgos psicológicos? Es importante señalar que esta investigación es puramente descriptiva. Esto nos dice sobre todo que el especismo es una realidad psicológica y que se muestra en nuestras actitudes, emociones y conductas respecto de los animales. Así como los filosófos han argumentado, el especismo es en efecto psicológicamente análogo a otras formas de prejuicio. Lo que queramos hacer con estos hallazgos es una cuestión moral aparte. Si consideramos que el racismo es incorrecto, y sabemos que el especismo y el racismo están psicológicamente relacionados, esto podría motivarnos a cuestionar si el especismo no debería ser considerado igualmente incorrecto. En todo caso, apenas acabamos de empezar a comprender los aspectos psicológicos del especismo. Con suerte, más investigadores comenzarán a reconocerlo y ayudarán a explorar este fenómeno en una manera más profunda.

Caviola, L., Everett, J.A.C., Faber, N.S. (In Press). The Moral Status of Animals: Towards a Psychology of Speciesism. Journal of Personality and Social Psychology.

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POSDATA 30 diciembre de 2020

Un reciente estudio llevado a cabo por Matti Wilks, Lucius Caviola, Guy Kahane y Paul Bloom, de las universidades de Yale, Oxford y Harvard, revela que la tendencia por priorizar la vida de los humanos frente a la de otros animales es mucho más débil en los niños de entre 5 y 9 años que en los adultos. Los resultados sugieren que las inclinaciones antropocéntricas son de aparición tardía y de naturaleza fundamentalmente social:

«¿Es posible que la propensión a elegir a los seres humanos por encima de los animales a la hora de salvar a cualquiera de los dos se desarrolle más tarde en los niños? Según un reciente estudio de Matti Wilks y sus colegas publicado en Psychological Science, la respuesta a la pregunta anterior es, sí. Dos estudios pre-registrados en niños de entre 5 y 9 años y adultos (N = 622) mostraron que los niños tenían una menor propensión a priorizar a los humanos sobre los animales que los adultos. En los estudios, se presentaron a los sujetos dilemas de toma de decisiones morales, en los que se enfrentaba a varios seres humanos con varios animales (ya sea perros o cerdos), y se les pedía que decidieran a quién salvar. Se encontró que en ambos estudios los niños mostraron una menor propensión, en comparación con los adultos, a priorizar a los humanos sobre la seguridad de los perros tanto como salvar a 100 perros y 10 cerdos por encima de un humano. Esto demuestra que los niños consideraban la vida de un perro tan importante como la vida de un humano. Sin embargo, casi todos los adultos eligieron salvar la vida de un humano sobre 100 perros o cerdos. Según los autores, sus hallazgos revelan que la idea de que los humanos son más valiosos que los animales se adquiere mucho más tarde en el proceso de desarrollo y podría ser el resultado del aprendizaje social.» Wilks, M., Caviola, L., Kahane, G., & Bloom, P. (2021). Children prioritize humans over animals less than adults do. Psychological Science, 32(1), 27-38. https://doi.org/10.1177/0956797620960398

4 de septiembre de 2017

Michael Shermer y la cuestión del especismo


Siguiendo la línea de otros intelectuales dentro del ámbito de la ciencia, como el famoso y añorado Carl Sagan, nos encontramos también ahora con un testimonio del escritor y divulgador de la ciencia Michael Shermer, bien conocido dentro del ámbito escéptico, quien reflexiona en este ensayo acerca del problema moral en nuestra relación con los demás animales. Se trata de un escrito muy breve y conciso, pero tiene su valor sobre todo como incitador a la reflexión y fue publicado en la centenaria y prestigiosa revista Scientific American, leída por millones de profesionales y aficionados a la ciencia en todo el mundo. Su autor tuvo la cortesía de permitirme traducirlo para el público hispanohablante.
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Confesiones de un especista

¿Dónde encajan los mamíferos no humanos en nuestra jerarquía moral?


Michael Shermer


Enero 2014

El argumento esgrimido para defender la explotación de animales para comida, vestimenta y entretenimiento se fundamenta a menudo en nuestra superior inteligencia, lenguaje y autocociencia: los derechos de los seres superiores prevalecen sobre aquellos que son inferiores. Un contrargumento se encuenta en el documental "Speciesism: The Movie" ["Especismo: El Filme"], de Mark Devries, el cual pude ver en su estreno en septiembre de 2013. Los animalistas que llenaban la sala en Los Ángeles vitorearon al eticista Peter Singer de la universidad de Princenton. En el documental, Singer y Devries argumentan que algunos animales tienen una capacidad mental mayor que la de ciertos humanos, tales como los niños, la gente en coma y aquellos que padecen una grave discapacidad mental. Así, el argumento sobre nuestra superioridad se quiebra, según me explicaba Devries: "La presunción de que los intereses de los animales no humanos son menos importantes que los intereses de los humanos podría ser meramente un prejuicio —similar al prejuicio contra grupos de humanos como el racismo— al que denominamos especismo."

Supongo que soy especista. Pocas comidas me resultan más placenteras que un filete magro de carne. Me gusta el tacto del cuero. Y me río cuando escucho el chiste sobre el granjero que castraba a sus caballos con dos ladrillos: "¿Pero eso no duele? No si mantienes tus pulgares fuera de la trayectoria." También me molesta la analogía esgrimida por los activistas acerca de que los animales están padeciendo un "holocausto". El historiador Charles Patterson establece esta analogía en su libro «Eterna Treblinka», y Devries crea una referencia visual comparando la disposición de las granjas industriales con los barracones de prisioneros en Auschwitz. El punto flaco de la analogía está en la motivación de los perpetradores. Como autor de un libro sobre el Holocausto Denying History»] considero que hay un abismo moral entre los granjeros y los nazis. Incluso las granjas industriales, sostenidas por empresas que sólo buscan el beneficio, se encuentran lejos de Adolf Eichmann y Heinrich Himmler en la escala del mal. No hay letreros en las granjas industriales anunciando "Arbeit Macht Frei".

Sin embargo, no puedo reprender a quienes equiparan las granjas industriales con los campos de concentración. En el año 1978 mientras trabaja como estudiante de graduado en un laboratorio experimental sobre psicología animal en la universidad estatal de California, mi labor consistía en ocuparme de las ratas que habían sobrevivido a los experimentos. Se me instruyó para eutanasiarlas con cloroformo, pero no tuve fuerzas para hacerlo. Yo quería llevarlas a los montes colindantes y permitir que se fueran, pensando que morir de hambre o por depredación sería mejor que gasearlas. Pero liberar animales de laboratorio era ilegal. Así que las maté... con gas. Fue una de las cosas más espantosas que he hecho nunca.

El solor hecho de escribir estas palabras me entristece, pero no tanto como un vídeo publicado por Free From Harm. Descrito apropiadamente como "la más triste filmación de un matadero", el vídeo muestra a un toro esperando la muerte. Él escucha cómo sus compañeros delante de él están siendo matados, trata de retroceder, y mira alrededor buscando una salida. Se muestra atemorizado. Entonces un trabajador le descarga electricidad con una pica. El toro avanza lo suficiente para que el último panel que lo separa de la muerte caiga tras él. Intenta retroceder de nuevo para escapar de la trampa y entonces... !Crac!... es abatido al instante. Muerto. ¿Estoy proyectando mis emociones humanas sobre la mente de un toro? Quizás, pero cuando un inspector que investigaba de forma encubierta le preguntó a un trabajador del matadero sobre el hedor de los desechos, él le respondió: "Los animales tienen miedo. No quieren morir."

Los mamíferos son seres sintientes que desean vivir y tienen miedo de morir. La evolución nos capacitó con un instinto de sobrevivir, reproducirnos y desarrollarnos. Nuestra conexión genealógica, demostrada por la biología evolutiva, proporciona un fundamento científico a partir del cual expandir la esfera moral para incluir no sólo a los humanos —tal y como consiguieron las revoluciones de derechos en los últimos siglos— sino también a todos los seres sintientes no humanos.

Artículo original en inglés en la revista Scientific American: 
y también en el blog personal de Michael Shermer: 

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¿Mis observaciones al respecto? Bueno, por si a alguien le interesa, comentaré que los puntos positivos de la declaración de Shermer me parece que son obviamente el reconocimiento del especismo, así como el hecho de establecer de forma explícita que el requisito para ser incluido en la comunidad moral es la capacidad de sentir

Ahora bien, no sólo los mamíferos son seres sintientes, según se sugiere en el texto, sino que también lo serían, como así lo confirma la Declaración de Cambridge, las aves y otros animales como los pulpos, pero también contamos con fuertes evidencias que indican sintiencia en peces, reptiles, crustáceos e insectos.

En la parte negativa hay que aclarar que Shermer nunca se hizo vegano, hasta el momento. En lugar, decidió apoyar el reducetarianismo. «Algo es algo» dirán algunos —como si de un mantra se tratara— pero ese «algo» no sirve de nada para los animales que siguen siendo las víctimas de la explotación.

Aunque el reducetarianismo nunca hubiera existido como doctrina, es probable que Shermer —al igual que muchas otras personas que tienen reticencia a hacerse veganas— ya hubiera reducido o limitado su consumo de animales por iniciativa propia. Por esto muchas personas eligen el vegetarianismo —porque el vegetarianismo resulta más cómodo que eliminar el consumo de animales. El movimiento reducetariano, como bien explica el profesor Gary Francione, sirve para acomodar y perpetuar el consumo de explotación animal con la excusa de que este consumo supuestamente se ha reducido. Lo mismo sucede con el vegetarianismo.

Pienso que si todos los animalistas tomaran la decisión de hacerse veganos, y asumir el veganismo como la base moral de su vida y su activismo, entonces muchas otras personas que comienzan a tomar conciencia sobre el especismo y la explotación animal se verían motivadas con más fuerza a decantarse hacia el veganismo, porque no recibirían mensajes contradictorios por parte de los propios grupos animalistas ni indulgencias que les motivan por el contrario a continuar con la misma mentalidad y hábitos que dañan injustamente a los animales.

Pero si de momento ni siquiera aquellos que tanto proclaman amar a los animales, y defender a los animales, toman la decisión de hacer algo tan sencillo como dejar de explotar a los animales —dejar de usarlos de comida, de vestimenta, de entretenimiento— entonces quizás no debería sorprendernos la decisión de Shermer después de todo.