17 de noviembre de 2022

»Psicología y objetivos a largo plazo en el activismo vegano«

El siguiente texto es un extracto del libro Motivational Methods for Vegan Advocacy: A Clinical Psychology Perspective. escrito por el psicólogo Casey Taft.

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Una gran cantidad de investigaciones en el campo de la motivación demuestran la importancia de establecer objetivos a largo plazo. [1] Cabe destacar que los objetivos no tienen por qué ser fáciles de alcanzar a corto plazo. De hecho, la premisa subyacente de la ampliamente estudiada y empíricamente apoyada »Teoría del establecimiento de objetivos« [2], [3] es que los objetivos específicos y difíciles conducen a un mayor cambio de comportamiento. Además, este conjunto de pruebas indica que cuando nos limitamos a pedir a los demás que 'hagan lo mejor que puedan', esto conduce a un menor cambio de comportamiento porque es difícil que uno se comprometa a autoevaluar su propio cambio sin un objetivo claro. [4]

Por supuesto, una de las primeras cosas que cualquier psicólogo clínico discutirá con un nuevo cliente durante la visita inicial es el establecimiento de objetivos a largo plazo. Cuando se trabaja con clientes violentos, los clínicos promueven el objetivo final de ser y permanecer completamente no violentos. Un terapeuta nunca establecería un objetivo a largo plazo de acabar sólo con algo de violencia, o de acabar sólo con la violencia física pero no con la psicológica. Una vez que se establece el objetivo principal a largo plazo, se anima al paciente a idear formas de lograr ese objetivo a largo plazo, como una mejor comunicación y herramientas y estrategias para manejar de forma más eficaz las situaciones que provocan la ira.

Todos los grandes grupos animalistas se esfuerzan por llegar a los no veganos atrayéndolos con alternativas sin carne, promoviendo campañas de »Lunes sin carne«, reduciendo el consumo de carne, etc., pero les falta el componente más importante de cualquier estrategia de cambio de comportamiento: un objetivo final claramente definido. Es sorprendente la poca frecuencia con la que el veganismo es un objetivo declarado en los esfuerzos de defensa de los animales. ¿Cómo podemos esperar que la gente se haga vegana a gran escala y minimice todas las formas de violencia hacia los animales si rara vez es el objetivo de los esfuerzos destinados a cambiar el comportamiento? Nos será muy difícil engañar a la gente para que se haga vegana sugiriéndoles que reduzcan la carne u ofreciéndoles comida vegana sabrosa, y no hay pruebas de que este método sea eficaz para efectuar un cambio medible a largo plazo. Si queremos acabar con la violencia innecesaria hacia los animales y vemos ese objetivo como una cuestión de justicia social, entonces el veganismo debería ser lo que defendiéramos sin reparos. Sólo hay que imaginar una campaña contra la violencia doméstica que promueva »lunes sin maltrato« o »maltrato más humanitario« para ver cómo algunos métodos de persuasión utilizados para la defensa de los animales no son lógicos desde el punto de vista del cambio de comportamiento o la justicia social.

Ningún otro método de cambio de comportamiento —o movimiento de justicia social, para el caso— ha sufrido tal falta de un objetivo final claramente identificado. Si sugiriera a mis pacientes que una simple reducción de su violencia hacia las mujeres, o la utilización de menos estrategias de abuso, es aceptable y encomiable como objetivo final, estaría causando un gran perjuicio a las víctimas y debería perder mi empleo. Cuando trabajo con quienes ejercen la violencia, trabajamos juntos para establecer el objetivo de no ser violentos. Una vez más, si queremos que cambie un comportamiento concreto, acabar con la violencia y ayudar a los afectados, tenemos que tener claro cuál es ese comportamiento y por qué debe cambiar.

Reducir el consumo de carne y secreciones animales es un paso en la dirección correcta siempre que esta reducción forme parte de un esfuerzo por ser vegano. Si queremos promover un cambio real, deberíamos apoyar estos avances tanto como podamos, siempre que tengamos cuidado de no comunicar la idea de que algún uso de animales es moralmente justificable. Estos deben ser vistos como pasos hacia el veganismo más que como fines en sí mismos. Así que, para ser claros, apoyar a otros que trabajan para reducir el consumo de productos animales no es necesariamente una mala defensa desde la perspectiva del cambio de comportamiento, siempre y cuando esta reducción sea parte de una estrategia con el objetivo de volverse vegano, y no simplemente reducir el uso de animales como un objetivo final.

Aquí es donde los principales grupos animnalistas se equivocan fundamentalmente. Nunca debemos comprometer el mensaje vegano sugiriendo que algo menos que el veganismo es aceptable o ético como objetivo final. Esto hace un gran daño al movimiento y a aquellos que intentan promover el veganismo y el fin de todo uso de animales. Nunca es necesario debilitar nuestro mensaje, ya que toda la ciencia nos dice que tener objetivos claros a largo plazo es la mejor manera de facilitar la motivación y ayudar a provocar un cambio de comportamiento. Nuestro objetivo debe ser trabajar para motivar a la gente a hacerse vegana; entonces, una vez que se hayan comprometido a hacerlo, podemos ayudarles a dar los pasos necesarios para conseguirlo. Esa es una verdadera estrategia de cambio de comportamiento.

Muchos activistas y organizaciones animalistas temen promover el veganismo como objetivo final porque creen que si son demasiado insistentes perderán a la gente por completo. Éste es probablemente uno de los principales factores por los que no se ha producido un cambio cultural más amplio hacia el veganismo. De hecho, es posible -y óptimo- establecer claramente el objetivo de acabar con la violencia hacia los animales y trabajar con los no veganos de forma productiva y no agresiva para producir un cambio de comportamiento.

Muchos de nosotros, yo incluido, tardamos muchos años en hacernos veganos, y pasamos de reducir el consumo de animales a hacer la transición a una dieta basada en plantas y luego al veganismo. Algunos argumentan que, puesto que ellos adoptaron un enfoque gradual, esto es lo que deberíamos defender para los demás. Sin embargo, lo que no tienen en cuenta es que si hubieran recibido mensajes veganos claros para acabar con el uso de animales, podrían haberse hecho veganos mucho antes y haber evitado la muerte de muchos más animales. Cuando abogamos por el veganismo como objetivo final, la gente reducirá naturalmente su consumo de animales, pero probablemente lo hará a un ritmo más rápido y acabará haciéndose vegana. Algunos se volverán literalmente veganos de la noche a la mañana.

Algunos activistas animalistas también pueden argumentar que es simplemente más eficaz pedir a la gente que reduzca el uso de animales en lugar de pedirles que se hagan veganos. Es importante tener en cuenta que no hay absolutamente ninguna evidencia científica para tales afirmaciones, y esta perspectiva no se basa en ningún fundamento teórico sólido para el cambio de comportamiento a largo plazo. De hecho, estas nociones ignoran una gran cantidad de datos que demuestran que es importante establecer objetivos claros a largo plazo que impliquen una verdadera discrepancia entre ese objetivo y el comportamiento actual. [5] En otras palabras, es contraproducente conformarse con un objetivo fácil de alcanzar en el que el individuo probablemente cambiará sin nuestra intervención, cuando podríamos estar ayudando a establecer objetivos a largo plazo más desafiantes a los que aspirar, y que representarían un verdadero cambio conductual interno.

Puede que aún te preguntes: »Todo eso suena bien, pero ¿qué pasa si la persona con la que me comunico se niega a comprometerse a ser vegano?«. Mi respuesta es que yo esperaría que la otra persona no se comprometiera a ello cuando comiences a hablar de veganismo con ella en particular. Sin embargo, su resistencia a comprometerse con el veganismo no significa en absoluto que sea una causa perdida. Es posible que tu comunicación con ellos haya contribuido a estimular algunas reflexiones sobre el tema, y tal vez les abra la puerta a tener una discusión de seguimiento o a realizar alguna investigación por su cuenta. Pocas personas se vuelven veganas después de una interacción concreta, y no debemos presionarnos demasiado para que otros se vuelvan veganos después de cualquier interacción. Todo lo que podemos hacer es ayudarles a acercarse a la elección del veganismo, pero no podemos obligarles a cambiar, y no debemos emplear tácticas desesperadas como pedirles que reduzcan su uso de animales en lugar de promover el veganismo, porque es menos conducente al cambio a largo plazo.

También debemos tener en cuenta nuestro objetivo final más amplio a nivel social en nuestros esfuerzos de activismo. Si nuestro objetivo es, en última instancia, convencer a la población mundial de que debemos acabar con todo el uso de animales, deberíamos tratar el veganismo como una cuestión de justicia social y no deberíamos animar a otros a seguir pensando en los animales como productos que podemos seguir consumiendo con moderación. Debemos tener cuidado de que nuestra defensa de los animales no perpetúe las opiniones opresivas sobre los animales no humanos, lo que en última instancia iría en su detrimento.

[1] Mitchell, T., & Daniels, D. (2003). “Motivation” in W. Borman, D. Ilgen, J. Klimoski (Eds.), Comprehensive Handbook of Psychology: Industrial Organizational Psychology (Vol. 12, 225-254). New York, NY: Wiley.

[2] Locke, E., & Latham, G. (1990). A Theory of Goal Setting and Task Performance. Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall.

[3] Locke, E. A., & Latham, G. P. (2002). “Building a practically useful theory of goal setting and task motivation. A 35-year odyssey.” American Psychologist, 57, 705-717. http://dx.doi.org/10.1037/0003-066X.57.9.705.

[4] Kanfer, R. (1990). “Motivation theory and industrial and organizational psychology” in M. D. Dunnette & L. M. Hough (Eds.), Handbook of Industrial and Organizational Psychology (2nd ed., vol. 1, 75-170). Palo Alto, CA: Consulting Psychologists Press.

[5] Locke, E. A Theory of Goal Setting.

Texto original en inglés: Psychology and Long-Term Goals in Vegan Advocacy

12 de octubre de 2022

¿Es correcto que los veganos coman ostras, mejillones y otros bivalvos?



Me gustaría aportar algunas breves reflexiones acerca de esta controversia.

La primera es que hay evidencia científica que apunta a que los bivalvos podrían estar dotados de sintiencia. Si bien es cierto que aún no tenemos una certeza fuerte de ello y que las pruebas al respecto no tienen la misma consistencia que en el caso de otros animales con un sistema nervioso más complejo. Pienso que siguiendo el principio de precaución deberíamos evitar utilizarlos. Si estuviéramos en un caso de pura supervivencia —como el famoso caso imaginario de la isla desierta— entonces sería más apropiado recurrir al consumo de bivalvos antes que al de crustáceos, insectos, peces, reptiles, aves y mamíferos; que son animales que sí sabemos con bastante certeza que están dotados de conciencia sensitiva.

La segunda es que si las ostras, mejillones y otros moluscos similares fueran en efectos seres conscientes entonces no se trata sólo de que no sea correcto que los veganos los utilicemos de comida, o que los utilicemos en cualquier otra forma, sino que en general esto no sería correcto para nadie que sea un agente moral. Los veganos no tienen deberes morales particulares por ser veganos. Los veganos defienden un principio ético que es aplicable a todos los agentes morales —todos deberíamos ser veganos. El veganismo no es una opción que uno pueda éticamente descartar sino que es un imperativo moral.

La tercera es que la existencia del dolor no significa que esté bien utilizar o matar animales si no les causamos dolor. El debate se centra a menudo en si los animales sienten dolor; cuando la cuestión está en si pueden sentir. El dolor es una manifestación primaria de la conciencia; entre otras muchas. Los seres conscientes desean evitar el daño y continuar viviendo. La sintiencia es un dispositivo biológico surgido evolutivamente para fomentar la supervivencia del organismo animal. Los seres conscientes tienen voluntad e intenciones. Por tanto, utilizarlos y asesinarlos no es moralmente justificable, porque supone tratar a sujetos como si fueran objetos.

La cuarta es que he comprobado que quienes defienden que está bien comer bivalvos no son veganos; son bienestaristas —partidarios de la doctrina del bienestarismo. Son bienestaristas quienes están detrás de la promoción a favor del consumo de bivalvos. Se autodenominan «veganos» porque supuestamente no consumen productos de origen animal, pero ya se ha visto que ni siquiera cumplen este requisito. Los bienestaristas siguen las ideas de Peter Singer y afirman que «el bienestar es lo que importa» y que se preocupan del bienestar de los animales. Sn embargo, esta filosofía, además de ignorar principios éticos como la igualdad y la libertad y el valor inherente de los individuos, es incompatible con el veganismo.

En conclusión, mi respuesta más breve a esta controversia es no. Mi respuesta más larga daría casi para escribir un libro. Mi respuesta concisa es la que acabo de exponer.

16 de junio de 2022

Acerca de denominar a los objetos como «veganos»


Si coloquialmente nos referimos a un objeto como vegano para abreviar que es apto para veganos entonces no nos expresamos erróneamente en el contexto coloquial. Pero si en un contexto más formal decimos que es tal objeto es vegano queriendo decir que es vegetal, o que no contiene sustancias de origen animal, entonces sí que nos estamos expresando incorrectamente.

Vegano no significa vegetal ni nada que sea propiamente material. Vegano significa que te opones a la explotación animal por considerarla una injusticia equivalente a la esclavitud humana. Aparte de que un objeto puede ni siquiera ser vegetal y ser apto para veganos. Pero igualmente el veganismo no hace referencia a ninguna sustancia concreta. El veganismo significa que debemos rechazar la explotación animal por ser una injusticia. Esto es un principio ético; no es un objeto material.

Los objetos no pueden ser veganos si hablamos de forma estricta. Sólo las personas pueden ser veganas; más concretamente aquellas personas que particularmente son agentes morales. Por extensión, podemos decir que su dieta es vegana o que su pensamiento es vegano, al referirnos a su comportamiento que está motivado por seguir el principio del veganismo. Pero un objeto, aunque haya sido elaborado por veganos siguiendo el principio del veganismo, no puede ser vegano. El veganismo es un principio ético, que conduce a una forma de pensar y comportarse, y sólo las personas pueden pensar y actuar moralmente.

El veganismo es en esencia una forma de pensar. El veganismo significa pensar que los animales no existen para servir a los humanos y que no deben ser tratados como medios para los fines humanos. El veganismo se define como un principio moral. El veganismo no es sinónimo de vegetal ni siquiera es sinónimo de no utilizar animales. Alguien puede decidir no utilizar animales por motivos ajenos a la ética; por una simple cuestión práctica o por religión. Veganismo es pensar que es inmoral que utilicemos a los animales como nuestros recursos. Este pensamiento conduce inevitablemente a una forma de conducta.

Si una persona decide no utilizar animales porque cree que se le ha aparecido el arcángel Gabriel y le ha ordenado que no utilice animales entonces esa persona no es vegana. Esa persona no considera que es inmoral que los animales sean tratados como medios para los fines humanos sino que piensa que debe seguir las órdenes de determinados seres sobrenaturales para conseguir la salvación de su alma. Esto no es veganismo. Si el arcángel le hubiera dictado lo contrario entonces habría obedecido igualmente. Lo mismo sucede si alguien decidiera rechazar el uso de animales porque cree que es perjudicial para su salud o para el medio ambiente.

El veganismo proviene del convencimiento moral de que los animales deben ser emancipados de la dominación humana y que todos ellos deben vivir libres en sus hábitats naturales, en sus propios términos. Este convencimiento proviene del razonamiento lógico, de la empatía y el altruismo. El veganismo es pues un principio ético y por tanto no puede derivarse de la religión o el egoísmo o cualquier otra cosa que no sea la consideración moral por el valor inherente de los animales.

Las personas pueden ser veganas. Las conductas que realizan, como su alimentación, pueden ser denominadas veganas en tanto se refiera a una expresión directa de su personalidad; más concretamente a su pensamiento moral. Pero un objeto, el que no sea, no puede ser vegano. Hablar de «ropa vegana» o de «comida vegana» tiene tanto sentido como hablar de «ropa feminista» o «comida feminista».

Si estamos comprometidos con el veganismo de acuerdo a su definición original entonces creo que sería bueno que cuidáramos nuestras expresiones y formas de hablar. Sería bueno que aprovecháramos la ocasión para explicar el significado correcto del veganismo según fue acordado por su fundadores y que además es lo que de la su carácter peculiar al término y lo que lo hace corresponder con los principios éticos básicos.

30 de marzo de 2022

¿Y qué pasa con el resto de injusticias que no son explotación?


El veganismo fue definido de manera explícita con el propósito de oponerse a la dominación y explotación sobre los animales. Ésta es la injusticia fundamental que reside en nuestra relación con los demás animales y que merece una atención particular para poder resolverla. El veganismo tiene un sentido muy específico que se refiere exclusivamente a la injusticia de la explotación animal. Esto no significa que no debamos reconocer y afrontar la existencia de otras injusticias pero sí debemos reconocer que el veganismo se centra en una sola injusticia.

Para asumir una visión completa sobre todos los problemas morales en el mundo no es necesario tergiversar el veganismo. Para esa perspectiva global ya tenemos la filosofía de los Derechos Animales. Esta doctrina filosófica, de la cual forma parte el veganismo, abarca todas las cuestiones morales además de la explotación de seres sintientes. Si bien, tengamos en cuenta que la mayor parte de la violencia y daños que cometemos sobre los animales entra dentro de un contexto de explotación y sólo algunos determinados casos particulares —como la contaminación y la destrucción de los hábitats naturales— caerían fuera de la instrumentalización de los animales.

Al igual que los Derechos Humanos no conciernen sólo al derecho a no ser esclavo, la filosofía de los Derechos Animales no se limita al derecho a no ser propiedad. No obstante, el abolicionismo de la esclavitud humana es un movimiento particular que se centra específicamente en la violación de ese derecho fundamental que es el derecho a no ser esclavo. Pretender que el abolicionismo de la esclavitud humana abarque otras cuestiones sería distorsionar su propósito. Lo mismo sucede cuando se trata de veganismo.

Por supuesto, hay otras injusticias que afectan a los animales además de la explotación pero ¿cómo vamos a afrontarlas correctamente, de una manera justa y razonable, si primero no dejamos de considerar a nuestras víctimas como objetos, recursos y seres inferiores? En tanto que no reconozcamos que los animales no humanos sintientes son personas no es posible que adoptemos una perspectiva que tenga en consideración sus intereses de forma igualitaria a los nuestros.

La violencia sobre los animales por motivos diferentes a la explotación no concierne directamente al veganismo. Sin embargo, mientras no haya un cuestionamiento serio de la cosificación e instrumentalización que hacemos de los animales no parece nada claro que podamos detener los otros daños y perjuicios que provocamos sobre los animales, puesto que la desconsideración por los intereses de los animales tiene su raíz precisamente en la creencia de que los animales son medios para satisfacer los deseos humanos y no poseen un valor moral intrínseco que debemos respetar.

31 de diciembre de 2021

«La Mosca» o la crítica accidental al especismo



Antes de nada, me gustaría comentar que quien haya visto esta película [The Fly, 1958] se dará cuenta de que la portadas que se diseñaron para ella no reflejan la trama de su historia —no hay ninguna mosca atacando a humanos— y que sólo buscan provocar un efecto de pavor en el público.

Aviso que en este ensayo desvelaré partes del desarrollo de la película.

La película tiene dos conexiones con obras literarias clásicas: Frankenstein de Mary Shelley y La Transformación de Franz Kafka. Sobre esta última en particular publiqué un ensayo en este blog analizando cómo se trata de un relato que también sirve de critica no intencionada al especismo. A mi modo de ver, La Mosca es una versión del mismo tema: qué sucedería si un humano adquiriera un aspecto insectoide aun conservando su personalidad. Por lo general, la película suele verse como un entretenido filme de ciencia-ficción e interpretarse como una advertencia a las consecuencias indeseables e inesperadas de la investigación científica. Pero yo creo que además hay otras perspectivas sobre el asunto.

El argumento de la película es sencillo: un científico experimental intercambia por accidente parte de su cuerpo con el de una mosca, más concretamente la cabeza y parte de un brazo, mientras que aquella mosca adquiere una cabeza humana. Esta abrupta transformación física provoca un fuerte trauma en el protagonista que lo conduce rápidamente al suicidio con la ayuda de su propia esposa. Digo que es el protagonista porque la historia de la película gira en torno a él y lo que le sucede pero creo que en realidad aparece en menos escenas que otros personajes.

Lo curioso es que no se muestra ninguna evidencia de que el científico en cuestión haya transformado su personalidad sino que sólo ha transformado su aspecto, al igual que le sucedió al protagonista de aquel relato de Kafka. Como ya señalé al comienzo, las portadas de la película muestran una mosca atacando o amenazando a un ser humano, pero no hay nada de esto en la trama. El científico decide matarse sólo porque ya no es humano y no porque se hubiera convertido en alguien con instintos asesinos ni nada remotamente similar.

En nuestra época se está produciendo una crítica a la idea de que existe un cuerpo humano ideal al que debemos aspirar —un cuerpo normativo. Este ideal establece que nuestro cuerpo debe tener una forma particular para ser aceptable. No vale con que seamos humanos sino que debemos tener una determinada altura, un determinado peso, unos determinados rasgos, una determinada simetría. Se trata de un criterio estético, y no de un criterio de salud o de practicidad, que avergüenza a quienes no encajan en esos parámetros.

Muchos humanos cuyo físico se aleja del cuerpo normativo tienen dificultades para desarrollar su vida en sociedad debido al rechazo que padecen por parte de los demás. Así, aunque el protagonista no hubiera decidido matarse ya no podría volver a hacer una vida medianamente normal porque sería objeto de estudios científicos y de constante asombro o repulsa por parte del resto de humanos. Fijémonos que en que lo ha cambiado es parte de su físico pero su mente, su personalidad, es la misma. Quizás ya no sea humano pero sigue siendo una persona.

Lo que yo veo en la película es una consecuencia de la creencia de que los animales no merecen el mismo respeto básico que entendemos que merecen los humanos o que ellos directamente no merecen ningún respeto por sí mismos. Esto es precisamente un síntoma de nuestro especismo. No hay que realizar alguna clase de interpretación forzada sino que el propio filme lo deja bastante claro.

En la versión original podemos escuchar:

Inspector, it wasn´t wong to destroy that thing? [Inspector, ¿no estuvo mal destruir a esa cosa?]

A fly-headed human? No. [¿Una humano con cabeza de  mosca? No.]

En una versión doblada al castellano podemos oír:

— Inspector, ¿no hice nada malo en matar a ese ser?

— Si no era humano no.

De la mosca que por accidente adquiere cabeza humana apenas sabemos nada hasta que en una escena final del filme presenciamos que está gritando por su vida al haber caído atrapada en la red de una araña. La escena les parece terrible a sus testigos hasta el punto que uno de ellos mata a la araña y la mosca. Ya sabemos el total irrespeto que los humanos suelen mostrar por los insectos y otros invertebrados en general. La araña caza a otros animales instintivamente para sobrevivir. En cambio, el protagonista se mata a sí mismo sólo porque ya no tiene aspecto humano y esto aunque trágico también les parece algo de lo más razonable al resto de humanos. No les parece terrible que alguien decida matarse a sí mismo simplemente porque ya no es humano.

1 de noviembre de 2021

El activismo como imperativo moral



Mi intención en este ensayo es defender la idea de que asumir el veganismo implica también realizar activismo, al igual que asumir el veganismo implica necesariamente dejar de participar en la explotación animal; dejando de apoyar, demandar y financiar el uso y consumo de animales.

Dispongo de varios argumentos que sostienen la defensa de esta tesis que quisiera exponer de manera concisa. Concretamente me apoyo en dos argumentos principales. Un argumento histórico, relacionado con la fundación del veganismo, y un argumento contextual, relacionado con nuestra situación en la sociedad.

El veganismo fue creado expresamente para terminar con la explotación animal. Ése es su sentido y no otro. Por tanto, si el veganismo fue fundado para abolir la explotación animal entonces no es coherente que nos denominemos veganos si no aportamos algún esfuerzo para erradicar la explotación de los animales. Si a lo único que nos dedicamos es a intentar evitar en todo lo posible nuestra participación en dicha explotación esto quizás debería denominarse más bien abstencionismo, pero no es el veganismo tal y como fue concebido por sus fundadores.

Con esto último no pretendo menospreciar los esfuerzos por evitar el consumo de sustancias de origen animal y de encontrar alternativas al uso de animales. Ni muchísimo menos. Esto es una parte muy importante y necesaria. Lo único que pretendo señalar es que este punto no abarca todo lo que significa el veganismo.

Al vivir en esta sociedad seguimos involucrados en la explotación animal. Es imposible vivir en esta sociedad sin tener alguna relación, aunque sea indirecta o involuntaria, con la explotación de los animales. Luego si decidimos continuar viviendo en esta sociedad, hemos contraído un deber de poner nuestros esfuerzos en reformar esta sociedad hacia el veganismo. Para librarnos de cualquier participación nuestra en la explotación animal deberíamos abandonar la sociedad humana y marchar a un territorio independiente. Si no vamos a hacer esto entonces tenemos el deber de esforzarnos para conseguir la explotación animal sea abolida aquí. El mal en el que seguimos involucrados debemos tratar de subsanarlo con un bien.

Además, irnos a vivir a un terreno aislado del resto de la sociedad humana sin duda puede hacernos lograr una coherencia total con la aplicación del veganismo en nuestra vida personal, pero esto no sería sin embargo coherente con el propósito del veganismo; que es el de abolir la explotación animal.

Ahora bien, la necesidad moral del activismo no significa que todo activismo sea correcto por el solo hecho de ser activismo. El activismo puede ser malo o bueno; puede ser útil o inútil. El activismo en sí mismo no implica que sea bueno, útil o beneficioso. Quienes estamos de acuerdo con el enfoque abolicionista abogamos por un activismo educacional y noviolento. No apoyamos activismo que consista en reformar la explotación animal, o que busque atacar a los centros de explotación animal o a los propios explotadores —quienes por cierto son todos aquellos que participan en la explotación animal y no sólo quienes se dedican profesionalmente a ello. Rechazamos estas formas de afrontar el problema.

Cualquier iniciativa educacional que llevemos a cabo para motivar a que la gente reflexione sobre la moralidad de su relación con los animales es activismo. La mayoría de veganos pueden promover el veganismo. Es algo muy sencillo. Sólo requiere difundir información a través de las redes sociales; hablar con nuestros amigos, familiares, conocidos; participar en algún grupo local que promueva el veganismo por las calles y centros sociales. Esto es el activismo educacional.

Obviamente no incluyo a personas que padezcan algún trastorno de salud que realmente les impida hacer activismo sino que refiero al grueso de la población vegana. La gran mayoría de veganos está capacitados para difundir el veganismo. Otra cosa es que prefieran no hacerlo o dedicar su energía a otra cosa.

Muchos veganos se sienten disgustados por las reacciones a menudo negativas de la gente. Por supuesto que es frustrante encontrarnos continuamente con respuestas de hostilidad o indiferencia en otras personas. Comprendo bien que esto genere frustración. Sin embargo, creo que no es una razón suficiente para dejar de hacer activismo.

Para difundir el veganismo hay que estar preparado psicológicamente. Pero esta preparación es no es tan diferente de la necesitamos para afrontar nuestra vida diaria. Precisamente una de las características que distinguen al adulto de manera particular es la gestión de la frustración. Los niños gritan, lloran, se enrabietan, o caen en el mutismo absoluto, cuando se encuentran ante una frustración de sus deseos. Dejarnos vencer por la frustración sería un síntoma de infantilismo.

Sé que hay veganos que son psicólogos diplomados y profesionales. Quizás ellos podrían organizar cursos y materiales para ayudar a otros veganos a gestionar la frustración y otros inconvenientes a la hora de promover el veganismo, y dotarles de herramientas psicológicas para afrontar más saludablemente los debates y situaciones controvertidas. El profesor Casey Taft, psicólogo clínico y activista vegano, publicó varios ensayos sobre el tema y algunos de ellos pueden leerse en este blog traducidos al español, y también en el blog de Igor Sanz.

Puede que tal vez no sea una tarea fácil, ni agradable, pero es algo que sin embargo debemos hacer. Debemos emplear nuestro esfuerzo en el activismo educacional para promover el veganismo y lograr así la emancipación de los animales no humanos de la dominación humana.

En este ensayo he expuesto dos argumentos. Hay un tercer argumento relacionado con la obligación de acatar principios morales. Este argumento sostiene que si los agentes morales tienen la obligación de actuar de determinada forma entonces nosotros, en tanto agentes morales, también estamos legitimados, aun obligados, a conseguir que los demás agentes morales acaten dichos principios morales; incluso con la potestad de forzarlos a ello si no lo hacen voluntariamente. Pero este argumento es bastante más complejo de elaborar y prefiero postergar su explicación para otro momento.

30 de septiembre de 2021

Escuchar el veganismo

Como no todo va a ser leer pues he elaborado una pequeña lista de programas para escuchar. Algunos de ellos son audiovisuales pero están enfocados en la escucha y no en la imagen.

Estos son los programas en los que he intervenido personalmente hasta ahora. Por orden cronológico:


El Podcast Que Nadie Escucha



Estos son los programas activistas que que tratan sobre veganismo:



Hay un podcast vegano en idioma inglés pero que tiene un episodio en el que entrevista a una activista bilingüe que responde a las preguntas también en español:

* Always For Animal Rights

También me parece interesante escuchar a José Martín, de Tenerife Vegano:

Intervención de José Martín en el programa de radio 'La Mañana de COPE Canarias'

Y la intervención de Ignacio Indaburu en Feria Vegana:

* Veganismo, sólo una base moral

Termino con un vídeo de Mariel Vila explicando el origen del movimiento vegano:


Actualización de septiembre de 2022:

Filosofía Vegana ya tiene su podcast en la plataforma Ivoox.

19 de agosto de 2021

El falso dilema especista

«¿Quién prefieres que viva? ¿La rata o ella?»


Los defensores de la experimentación animal plantean que estamos obligados a elegir entre dejar de utilizar animales o salvar las vidas de humanos afectados por enfermedades o trastornos de salud en general.

Tengo algunos comentarios que exponer al respecto.

Primero; es un mito que el uso de animales en la ciencia sea la causa principal o unívoca de los avances científicos y médicos que nos permiten evitar y tratar enfermedades, y que han conseguido aumentar nuestra calidad y esperanza de vida. Es un mito porque aunque es cierto que el uso de animales ha ampliado nuestro conocimiento sobre la biología no es cierto que sea el único factor importante que ha favorecido el incremento de la calidad de la vida humana ni tampoco es cierto que la experimentación sobre animales sea un método sistemáticamente eficaz para desarrollar medicamentos y terapias. Quienes presentan la experimentación animal como la principal causa del bienestar humano lo único que demuestran así es su profundo sesgo en favor de defender su posición previa. Primero deciden que quieren defenderla, porque creen que es un método decisivo para el bienestar humano, y después buscan, o inventan, datos y argumentos para intentar defenderla.

Segundo; resulta absurda, por no decir negacionista, la actitud de negar que la experimentación sobre animales nos ha aportado un importante conocimiento científico y médico. De hecho, gran parte de que lo sabemos sobre la sintiencia de los animales es debido a la experimentación sobre ellos. Sin embargo, incluso aunque ahora mismo prescindiéramos del uso de animales esto no significaría que la investigación biomédica se detuviera o que se detuviera la producción de médicamentos ni nada parecido. Existen métodos de investigación que no necesitan del uso de animales. Ahora bien, para saber con certeza lo que sucedería si eliminamos el uso de animales en la ciencia habría que dejar de usarlos en la práctica, sustituirlos por métodos que no impliquen utilizar animales, y observar a continuación lo que sucede. Esto es lo único fiable para saber con certeza lo que ocurriría y lo demás no dejan de ser especulaciones.

Tercero; si se trata de investigar terapias y medicamentos destinados a favorecer la salud de los humanos, ¿qué habría más útil que investigarlos directamente en sujetos humanos? Si empleamos a humanos del mismo modo que hacemos con los animales —sin tener en cuenta su voluntad ni su consentimiento— necesariamente obtendríamos mejores resultados, puesto que la diferencia biológica entre individuos humanos es mucho menor que entre humanos y otros animales. Por supuesto que esos humanos utilizados en experimentos podrían enfermar gravemente o morir, pero los resultados podrían beneficiar a otros millones de humanos. De hecho, si los científicos usan animales en primer lugar es porque legalmente no les permiten utilizar humanos. No necesito imaginar que los científicos utilizarían a humanos del mismo modo que utilizan a los animales, porque la Historia ya habla por sí sola respecto de lo que hicieron los científicos cuando no tenían trabas legales y políticas a la hora de experimentar libremente en humanos.

La cuestión de fondo es: ¿por qué nos oponemos a que los humanos sean utilizados sin su consentimiento pero no aplicamos el mismo criterio a los otros animales? Los animales tienen los mismos intereses en proteger su vida y evitar el daño que tienen los humanos. Esos intereses básicos están ligados a la capacidad de sentir y no a la especie.

Cuarto; el hecho de que el uso de animales en la ciencia nos resulte útil o beneficioso a los humanos, o incluso necesario para preservar nuestra salud, no significa que sea una práctica moralmente aceptable. En un contexto ético no aceptamos que utilizar humanos sea aceptable simplemente porque nos resulta útil, beneficioso o necesario. Exigimos que se cumplan otros criterios, como la voluntad del individuo y su consentimiento informado. Fijémonos en que el criterio que adoptamos no es la especie del individuo sino el hecho de que es un sujeto que posee voluntad e intereses propios. Otra cosa diferente es que en el contexto actual exclusivicemos este criterio a los sujetos humanos. Pero los otros animales también son sujetos —son seres conscientes que poseen voluntad e intereses referidos a su propia supervivencia, bienestar y autonomía.

Quinto; algunos piensan que si decidimos elegir a la niña frente a la rata, o que si las encuestas muestran que la mayoría de la gente prefiere elegir a la niña sobre la rata, entonces de esto se deduce que lo moralmente correcto es elegir a la niña. Más aún, creen que de esto podemos deducir que es moralmente correcto discriminar a los animales de nuestra consideración moral y utilizar a los animales para beneficiar a los humanos. No obstante, de esta supuesta elección no se deduce ningún criterio moral, por la misma razón que si nos dan a elegir entre una niña blanca y una niña negra, la elección que tomáramos en ningún caso justificaría moralmente el racismo. ¿Se imaginan carteles dándonos a elegir entre salvar a un niño negro o a uno blanco? Aparte de que ahí no se plantea simplemente elegir entre uno u otro sino que lo se plantea realmente es utilizar y perjudicar a un individuo para beneficiar a otro, es decir, lo que se plantea es explotar a los animales —tratarlos como simples medios para satisfacer los fines humanos.

Así pues, el supuesto dilema de tener que elegir entre una rata y una niña, entre un humano y un animal, es una falsa dicotomía por la sencilla razón de que no estamos en una situación en la que tengamos que elegir a uno de ellos para sobrevivir ni tampoco existe ninguna obligación o razonamiento que, en una situación imparcial, nos obligara moralmente a elegir a uno sobre el otro. Pensar que el valor de un individuo humano simplemente por ser humano es superior al de otros animales, o que solamente los humanos poseen valor moral, es nada más que el reflejo de un prejuicio al que denominamos especismo y que no es más razonable que el prejuicio del racismo o del sexismo.

En su libro Introducción a los Derechos Animales, el profesor Gary Francione explica cómo ese dilema planteado por los defensores de la explotación animal ya está profundamente viciado de partida puesto que parte del prejuicio de que el valor moral de la vida animal es inferior o directamente nulo comparado con el de la vida humana, y surge de un contexto en donde los animales ya son considerados y utilizados como recursos. Es un dilema que se plantea tan habitualmente que el profesor Francione subtituló a su libro con la pregunta «¿Tu hijo o tu perro?» de acuerdo al dilema de qué haríamos si en el incendio de una casa tuviéramos que elegir entre salvar a un niño humano o a un perro. Primero tratamos a los animales como nuestras propiedades, los forzamos a vivir dentro de un contexto humano donde son nuestros esclavos, y después planteamos dilemas dentro de una situación especista que nosotros hemos forzado a que exista.

28 de julio de 2021

Contra la esterilización: una respuesta a Elizabeth Collins



Tengo por costumbre intentar no publicar entradas en el blog sobre temas que ya hayan sido tratados en entradas anteriores, para así no multiplicar excesivamente el número de entradas, pero puntualmente hago excepciones.

En este caso, voy a tratar el especialmente polémico tema de la esterilización de animales —que a menudo se refiere eufemísticamente a la castración, porque hablar de mutilación de genitales no suena bien— replicando a un discurso de una activista llamada Elizabeth Collins, que es bilingüe y autora de un podcast en inglés y español, quien pretende defender que ser abolicionista no sólo es compatible con esterilizar animales sino que incluso es un deber. Por supuesto, yo estoy en desacuerdo con la esterilización de animales, como ya argumenté en un ensayo anterior, y no voy a centrarme en explicar por qué esa práctica no es moralmente aceptable salvo por estrictas razones médicas, sino que me centraré en sintetizar por qué esa posición es radicalmente incompatible con el enfoque abolicionista de los derechos de los animales.

En el artículo de Gary Francione que enlaza Collins no dice nada explícitamente en favor de la esterilización. Lo que argumenta Francione en ese artículo es que debemos detener la domesticación de animales, pero de ahí no se deduce que la esterilización sea moralmente aceptable. De todos modos, aunque el profesor Francione es quien ha desarrollado teóricamente el enfoque abolicionista, lo relevante no es el hecho de sí se posiciona a favor o en contra de tal cosa sino los argumentos que exponga al respecto.

Esterilizar a los animales es un atentado contra su integridad física. Los animales tienen un interés básico en proteger la integridad de su cuerpo, así como tienen un interés en continuar viviendo, en evitar el daño o en disfrutar de un bienestar. Si ellos tuvieran alguna conciencia de los quieren esterilizar probablemente se opondrían con todas sus fuerzas, al igual que los humanos se oponen a ser esterilizados sin su consentimiento. Estar en contra de la esterilización porque atenta indebidamente contra la integridad física de los animales no es producto de 'un sentimiento noble', sino que es una cuestión de responsabilidad moral.

Esterilizar a los animales no es ningún 'trabajo duro'. Eso no supone ningún trabajo ni esfuerzo ni perjuicio para el que la realiza. Más bien parece todo lo contrario; mediante la esterilización nos quedamos con la conciencia tranquila porque se autoconvence de que has hecho un 'trabajo duro'. Quienes se oponen a la esterilización no se posicionan así porque pretenden evitar 'mancharse las manos' sino porque consideran que es inmoral, que viola los intereses de los animales, además de que en ningún en caso es una medida que sirva para detener la domesticación. No importa a cuantos animales consigas esterilizar; eso no evitará en nada que continúe la cría y compraventa y abandono de animales. Esta práctica no está incidiendo ni lo más mínimo en la causa de la injusticia que padecen los animales.

Jamás he leído ni oído a ningún abolicionista que esté en contra de la esterilización decir que la situación de los animales domésticos 'no es su problema' o que pueden desentenderse de la situación de los animales porque ellos 'no han causado el problema'. Casi todos los abolicionistas que he conocido tienen o han tenido animales adoptados y por supuesto que están de acuerdo en que tenemos una obligación de cuidar de los animales que están en el mundo por causas humanas y en que debemos evitar que la domesticación de animales continúe. Pero, claro, nunca viene mal demonizar a los que piensan de manera contraria, ¿verdad? Las afirmaciones de Collins no tienen ningún sustento en la realidad. Parece que intenta presentar malintencionadamente al abolicionista contrario a la esterilización como una especie de sádico.

Quienes están en contra de la esterilización no están a favor de 'aislar' a los animales. No sé con quién se supone que ha hablado Collins, pero creo que o lo ha entendido mal o está tergiversando el asunto. Lo que se propone en realidad para evitar la reproducción es no juntar en el mismo espacio a individuos de la misma especie pero diferente sexo, para evitar así que procreen. Lo que se propone es que individuos de una misma especie pero diferente sexo puedan interactuar ocasionalmente siempre de de manera que eso no conlleve a la reproducción. Esto no significa que haya que 'aislarlos'. 

Acusar a quienes están en contra de la esterilización de 'torturar' a los animales es la misma acusación que realizan los bienestaristas contra los abolicionistas porque los abolicionistas se oponen a cualquier medida de 'bienestar animal'. Creo que es importante fijarse en que Collins está usando exactamente los mismos argumentos de los bienestaristas a los que siempre ha dicho oponerse tajantemente. Argumentos falaces, por otro lado. Collins insiste en que todo lo relacionado con los animales domesticados 'está mal' y por tanto es imposible hacer el bien. Exactamente el mismo razonamiento que usan los partidarios de la reforma bienestarista cuando dicen que como no podemos liberar a los animales ahora mismo entonces está bien que apoyemos reformar su esclavitud con la excusa de intentar reducir su sufrimiento.

Collins intenta justificar la esterilización de los ratones machos alegando que no pueden convivir juntos porque 'se matan' literalmente. Eso no tiene ningún sostenimiento en la evidencia científica. Los ratones machos pueden tener roces entre ellos pero no necesariamente tienen que agredirse hasta la muerte. Esos roces se evitan permitiendo que convivan en jaulas más grandes o si alguno es especialmente irascible puede tener su jaula individual al lado de la jaula de los otros. Hay guías especializadas sobre la convivencia de ratones, pero yo creo que Collins no se ha informado debidamente y ha recurrido a la solución más fácil y conveniente.

Un argumento que esgrime Collins en sus réplicas a mi crítica es que el hecho de limitar la libertad de los animales es equivalente a quitarles una parte de su cuerpo. No lo es de ninguna manera. Para empezar, limitar el ejercicio de un interés, como es el deseo de moverse y actuar, no es equivalente a destruir una parte del cuerpo. ¿Alguien piensa que limitar la libertad de un niño pequeño que está bajo nuestra tutela para evitar que se dañe o dañe a otros es análogo a arrancarle sus genitales? Limitar no es lo mismo que destruir. Limitar no es lo mismo que anular. Incluso cuando limitamos la libertad de los animales que están bajo nuestra tutela para evitar que se reproduzcan lo hacemos para evitar que continúe el mal que es la domesticación. Que no te permiten caminar por un determinado sendero, por razones justificadas, no es equivalente a que te corten las piernas.

Limitar la libertad de los animales que hemos adoptado no es equivalente a mutilar sus genitales. Limitamos su libertad exclusivamente en su propio beneficio como individuos con la intención de de salvaguardar su vida, su salud y su bienestar. No lo hacemos para conseguir ningún propósito ajeno a sus intereses. Es lo mismo que limitar la libertad de los niños pequeños que están bajo nuestra tutela. No estamos violando su libertad porque no contradecimos sus intereses para obtener algún beneficio de ello o para lograr alguna finalidad externa. No los estamos utilizando en este caso. Pero al esterilizar a los animales sí los estamos utilizando para lograr el objetivo de controlar la población de animales domesticados, o para intentar evitar que continúe existiendo la domesticación, o para que nosotros estemos más cómodos cuidando de ellos, que es un objetivo ajeno a los intereses de los animales y para el cual ellos no consienten en ser utilizados.

Apenas percibo argumentos razonados en la diatriba de Collins contra los abolicionistas que se oponen a la esterilización. Todo su discurso se basa en pautas emocionales. Por ejemplo, ella proclama que 'odia la domesticación', como si el odio fuera alguna clase de justificación de lo que hacemos. Lo que nosotros odiemos no es argumento ni justificación de nada. Más bien, el hecho de odiar algo demuestra un fuerte sesgo emocional que impide razonar con claridad; respetando la lógica y los hechos.

Utilizar el cuerpo de los animales para lograr cualquier propósito, incluso el objetivo de lograr la abolición, es totalmente contrario al principio del veganismo y se basa en la idea de que el fin justifica los medios. Ésta es una idea central al bienestarismo. Proclama Collins que los abolicionistas que están en contra de la esterilización deberían dejar de denominarse abolicionistas, pero yo creo que es más bien al contrario, porque defender la esterilización es contrario al abolicionismo, en tanto que adopta una postura instrumentalista sobre los animales.

Un apunte histórico. Antes de lograr la abolición legal de la esclavitud humana en el siglo XIX, los abolicionistas habían conseguido que se prohibiera el comercio de esclavos. Esto fue un mazazo tremendo sobre el esclavismo, porque impedía traer nuevos esclavos de África, con lo que la única forma de continuar teniendo esclavos era mediante la reproducción de los propios esclavos; cuyos hijos al nacer automáticamente eran considerados también esclavos. ¿Se imagina alguien a los abolicionistas de esa época promoviendo que se esterilizara forzadamente a los esclavos para así impedir que tuvieran hijos y continuará existiendo la esclavitud? 

El abolicionismo de la esclavitud considera que las personas nunca deben ser tratadas como simples medios para lograr una finalidad; que las personas no son cosas, ni objetos ni meros recursos. No importa qué supuesta y maravillosa finalidad pretendas con ello —nunca es lícito instrumentalizar a las personas. El abolicionismo tradicional sólo consideraba personas a los humanos pero ahora el abolicionismo se ha ampliado a los demás animales; a todos los seres conscientes. De esto trata el veganismo. Defender la esterilización de los animales no es más éticamente aceptable que defender la esterilización forzada de los humanos con el mismo propósito. Establecer un criterio distinto en base a la especie constituye otro síntoma de especismo.

Ya que al comienzo de esta entrada Collins enlazaba un artículo de Gary Francione, yo enlazo otro sobre la coherencia entre fines y medios

Utilizar el cuerpo de los animales con el supuesto propósito de lograr la abolición no es abolicionismo sino que es explotación animal. El cuerpo de los animales no es un medio para obtener nada que nosotros deseemos o estimemos. Estar a favor de la esterilización es adoptar una posición consecuencialista que considera que los animales son medios para lograr alguna finalidad. Esto es lo totalmente opuesto al veganismo y al enfoque abolicionista.

Adoptar a los animales es una medida paliativa que puede beneficiar a esos individuos que adoptamos pero de ninguna manera puede servir para lograr la abolición de la explotación animal. Lo único que puede servir para lograr ese objetivo es promover el veganismo. Aparte de que esterilizar a los animales tampoco tiene ninguna utilidad para detener su domesticación, ni para lograr la abolición de la explotación animal. Cuando alguien proclama que está bien utilizar el cuerpo de los animales para lograr la abolición no está cumpliendo con el veganismo sino que está promoviendo la cosificación de los animales.

Dice Collins que ella no pretende ofender a nadie con sus palabras. Siempre queda bien quedarte a gusto soltando barbaridades y luego decir que no pretendías ofender a nadie. Acusa a los abolicionistas que se oponen a la esterilización de despreocuparse completamente de los animales o incluso de 'torturar' a los animales, pero luego dice que no quería ofender a nadie y asunto arreglado. A mí sus palabras no me ofenden, aunque sí creo que ofenden a la verdad y la ética elemental. Afirma también Collins que le decepciona que haya abolicionistas que se oponen a la esterilización. Lo cierto es que sus palabras no me decepcionan, porque no esperaba encontrarme ningún argumento razonado en su discurso, como así ha resultado.