«Qué otra clase de feminismo practicamos cuando eludimos mirar con rigor las nuevas injusticias que podemos estar originando en nuestro empeño? El triunfo del feminismo será la eliminación de la injusticia, no el cambio de los individuos que la sufren ni la búsqueda de una compensación por una discriminación histórica.» — Elena Alfaro
En ciertas ocasiones podemos encontrarnos con una dudosa interpretación, supuestamente feminista, acerca de la explotación que ejercemos sobre sobre los demás animales. Esta perspectiva se podría resumir en lemas como el siguiente:
«¿Feministas que consumen lácteos? La leche de vaca es tortura, explotación, violación y asesinato de las hembras de otra especie. A ser coherentes con nuestras ideas!»
¿Qué conclusión deberíamos sacar de ese enunciado? Que la explotación sobre los machos sí estaría bien ¿o no? No habría problema por tanto en que las feministas consumieran animales masculinos. Ésta parece la conclusión lógica que se deriva de afirmar que no hay que explotar a otros animales por el hecho de ser mujeres —por ser hembras en definitiva. Este criterio no sanciona la explotación de los animales de sexo masculino.
Hay razones para considerar que ese enfoque es un error. Afirmar que no debemos explotar a otros individuos por ser hembras no es feminismo; más bien sería sexismo. A las vacas — y demás animales no humanos— se les discrimina y explota con la excusa de que no son humanos; no porque sean de sexo femenino. Los individuos no humanos de sexo masculino son explotados igualmente bajo la misma discriminación especista.
Podemos entender que ese planteamiento basado en el sexo es tan erróneo como lo sería alegar que la violación de niñas es una cuestión feminista porque ellas son de sexo femenino, ignorando al mismo tiempo a los niños que son igualmente víctimas de abusos sexuales. Estaríamos de nuevo ante un criterio sexista; no feminista. El feminismo no discrimina entre grupos o sexos, sino que pretende acabar con la discriminación moral entre sexos motivada por un prejuicio concreto: el machismo.
El feminismo se fundamenta en el principio de igualdad y el respeto al valor intrínseco de la persona; y no en intentar privilegiar a un colectivo frente a otro.
El feminismo se fundamenta en el principio de igualdad y el respeto al valor intrínseco de la persona; y no en intentar privilegiar a un colectivo frente a otro.
El feminismo no trata acerca de las mujeres como entidades biológicas —no es una cuestión ginecológica ni psicológica— sino que trata acerca del prejuicio sexista que las discrimina injustamente frente a los varones y todo el sistema generado bajo este prejuicio: el patriarcado. Señalar esta diferencia puede quizás parecer sutil, sin embargo veremos que resulta de la mayor importancia.
Una mujer no merece respeto por el hecho mismo de ser mujer sino por el hecho de ser persona. El sexo —así como la raza o la especie— no tiene que ver con la constitución de la personalidad entendida fundamentalmente como la capacidad de sentir: el hecho de ser un individuo consciente que tiene voluntad e intereses propios.
La única característica relevante para ser reconocido como miembro de la comunidad moral es la sintiencia. Todo lo demás es secundario o irrelevante, incluyendo el hecho de ser humano.
El feminismo ha fomentado importantes nociones morales a la ética. Una de ellas es la idea de que si el cuerpo de una mujer es suyo —es parte integrante de su personalidad— entonces nadie debe tomar decisiones que afecten a su cuerpo sin el consentimiento de ella. Utilizar el cuerpo de otra persona para nuestro beneficio, sin su consentimiento, es una grave transgresión moral. Esto es una vulneración del respeto más básico que toda persona merece.
¿Acaso no estamos utilizando los cuerpos de otros animales para nuestro beneficio sin el consentimiento de ellos y a costa de violar sus intereses más básicos? ¿Acaso no los estamos confinando, privando de libertad, mutilando y matando rutinariamente para utilizarlos como comida, vestimenta, entretenimiento, sujetos forzados en experimentos, y otros fines? Alguien que se considere feminista sin duda debería como mínimo reflexionar sobre todo esto y comprobar si es compatible con sus principios morales.
Una mujer no merece respeto por el hecho mismo de ser mujer sino por el hecho de ser persona. El sexo —así como la raza o la especie— no tiene que ver con la constitución de la personalidad entendida fundamentalmente como la capacidad de sentir: el hecho de ser un individuo consciente que tiene voluntad e intereses propios.
La única característica relevante para ser reconocido como miembro de la comunidad moral es la sintiencia. Todo lo demás es secundario o irrelevante, incluyendo el hecho de ser humano.
El feminismo ha fomentado importantes nociones morales a la ética. Una de ellas es la idea de que si el cuerpo de una mujer es suyo —es parte integrante de su personalidad— entonces nadie debe tomar decisiones que afecten a su cuerpo sin el consentimiento de ella. Utilizar el cuerpo de otra persona para nuestro beneficio, sin su consentimiento, es una grave transgresión moral. Esto es una vulneración del respeto más básico que toda persona merece.
¿Acaso no estamos utilizando los cuerpos de otros animales para nuestro beneficio sin el consentimiento de ellos y a costa de violar sus intereses más básicos? ¿Acaso no los estamos confinando, privando de libertad, mutilando y matando rutinariamente para utilizarlos como comida, vestimenta, entretenimiento, sujetos forzados en experimentos, y otros fines? Alguien que se considere feminista sin duda debería como mínimo reflexionar sobre todo esto y comprobar si es compatible con sus principios morales.
Una persona puede en la práctica ser feminista y al mismo tiempo ser especista. Esto es un hecho evidente. Por tanto la crítica debería centrarse en el especismo y no en sugerir a las feministas que está mal explotar a otros animales por ser de género femenino. Esto último es simplemente un argumento sexista. El sexo de un individuo es irrelevante en lo que se refiere a la consideración moral.
Comentarios como «la leche de vaca es tortura, explotación, violación y asesinato de las hembras de otra especie» o también: «la producción lechera destinada a los humanos es una explotación explicita del cuerpo femenino y refleja una forma de violencia sexista» claramente denuncian un tipo de violencia concreta por el hecho estar dirigida contra animales hembras. Pero el prejuicio que motiva o permite dicha violencia no es el sexismo sino que es el especismo.
Según ese planteamiento basado en el sexo no sería coherente el hecho de ser feminista con el hecho de participar en la explotación de otros animales porque son hembras [mujeres]. Por eso: porque son de sexo femenino. No se argumenta que sean seres sintientes o personas con derechos. Ese planteamiento dice que no hay que explotar a otros animales por el hecho de que son de sexo femenino. Esto es sexismo.
Comentarios como «la leche de vaca es tortura, explotación, violación y asesinato de las hembras de otra especie» o también: «la producción lechera destinada a los humanos es una explotación explicita del cuerpo femenino y refleja una forma de violencia sexista» claramente denuncian un tipo de violencia concreta por el hecho estar dirigida contra animales hembras. Pero el prejuicio que motiva o permite dicha violencia no es el sexismo sino que es el especismo.
Según ese planteamiento basado en el sexo no sería coherente el hecho de ser feminista con el hecho de participar en la explotación de otros animales porque son hembras [mujeres]. Por eso: porque son de sexo femenino. No se argumenta que sean seres sintientes o personas con derechos. Ese planteamiento dice que no hay que explotar a otros animales por el hecho de que son de sexo femenino. Esto es sexismo.
No explotamos a las hembras de otras especies por ser de sexo femenino, sino por pertenecer a otra especie que no es la humana. Por tanto, aquella arenga está errada e ignora que la misma violencia afecta por igual a los no-humanos de sexo masculino. De ahí que podamos juzgar que se trata de un enfoque equivocado y sexista.
En realidad, el feminismo como tal no es incoherente con el hecho de participar en la explotación especista. El feminismo se refiere al prejuicio del machismo. Pero la explotación especista no está motivada por el machismo, sino por el especismo.
En realidad, el feminismo como tal no es incoherente con el hecho de participar en la explotación especista. El feminismo se refiere al prejuicio del machismo. Pero la explotación especista no está motivada por el machismo, sino por el especismo.
Lo que sí sería incoherente es que teniendo en cuenta que el feminismo se basa en el principio de igualdad y en el principio de respeto al valor inherente de la persona, entonces quien defienda el feminismo no aplique esos mismos principios cuando se trata de nuestra relación moral con los otros animales. Esto sí es moralmente incoherente.
El feminismo se opone al machismo porque se basa en la igualdad y el respeto por la persona. Por ello, las feministas deberían aplicar esa misma base ética contra el prejuicio del especismo para rechazarlo. Todos en general deberíamos hacerlo así.
El veganismo es análogo al feminismo, pero aplicado a la opresión especista que ejercemos contra los animales no humanos.
El veganismo es análogo al feminismo, pero aplicado a la opresión especista que ejercemos contra los animales no humanos.
Al igual que el sexismo; el especismo discrimina injustamente, puesto que todos los animales somos individuos y tenemos los mismos intereses básicos. El especismo es análogo al sexismo en que discrimina a las personas por características irrelevantes para la consideración moral.
La diferencia entre veganismo y feminismo está en el prejuicio al que dirigen su mensaje. Por eso ambos se refieren a individuos diferentes. Pero ni el feminismo ni el veganismo discriminan moralmente entre individuos sino que se enfocan sobre un prejuicio específico que discrimina injustamente entre individuos.





