Mostrando entradas con la etiqueta feminismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta feminismo. Mostrar todas las entradas

10 de diciembre de 2013

Feminismo mal entendido


«Qué otra clase de feminismo practicamos cuando eludimos mirar con rigor las nuevas injusticias que podemos estar originando en nuestro empeño? El triunfo del feminismo será la eliminación de la injusticia, no el cambio de los individuos que la sufren ni la búsqueda de una compensación por una discriminación histórica.» — Elena Alfaro

En ciertas ocasiones podemos encontrarnos con una dudosa interpretación, supuestamente feminista, acerca de la explotación que ejercemos sobre sobre los demás animales. Esta perspectiva se podría resumir en lemas como el siguiente:

«¿Feministas que consumen lácteos? La leche de vaca es tortura, explotación, violación y asesinato de las hembras de otra especie. A ser coherentes con nuestras ideas!»

¿Qué conclusión deberíamos sacar de ese enunciado? Que la explotación sobre los machos sí estaría bien ¿o no? No habría problema por tanto en que las feministas consumieran animales masculinos. Ésta parece la conclusión lógica que se deriva de afirmar que no hay que explotar a otros animales por el hecho de ser mujeres —por ser hembras en definitiva. Este criterio no sanciona la explotación de los animales de sexo masculino.

Hay razones para considerar que ese enfoque es un error. Afirmar que no debemos explotar a otros individuos por ser hembras no es feminismo; más bien sería sexismo. A las vacas — y demás animales no humanos— se les discrimina y explota con la excusa de que no son humanos; no porque sean de sexo femenino. Los individuos no humanos de sexo masculino son explotados igualmente bajo la misma discriminación especista.

Podemos entender que ese planteamiento basado en el sexo es tan erróneo como lo sería alegar que la violación de niñas es una cuestión feminista porque ellas son de sexo femenino, ignorando al mismo tiempo a los niños que son igualmente víctimas de abusos sexuales. Estaríamos de nuevo ante un criterio sexista; no feminista. El feminismo no discrimina entre grupos o sexos, sino que pretende acabar con la discriminación moral entre sexos motivada por un prejuicio concreto: el machismo.

El feminismo se fundamenta en el principio de igualdad y el respeto al valor intrínseco de la persona; y no en intentar privilegiar a un colectivo frente a otro.

El feminismo no trata acerca de las mujeres como entidades biológicas —no es una cuestión ginecológica ni psicológica— sino que trata acerca del prejuicio sexista que las discrimina injustamente frente a los varones y todo el sistema generado bajo este prejuicio: el patriarcado. Señalar esta diferencia puede quizás parecer sutil, sin embargo veremos que resulta de la mayor importancia.

Una mujer no merece respeto por el hecho mismo de ser mujer sino por el hecho de ser persona. El sexo —así como la raza o la especie— no tiene que ver con la constitución de la personalidad entendida fundamentalmente como la capacidad de sentir: el hecho de ser un individuo consciente que tiene voluntad e intereses propios.


La única característica relevante para ser reconocido como miembro de la comunidad moral es la sintiencia. Todo lo demás es secundario o irrelevante, incluyendo el hecho de ser humano.

El feminismo ha fomentado importantes nociones morales a la ética. Una de ellas es la idea de que si el cuerpo de una mujer es suyo —es parte integrante de su personalidad— entonces nadie debe tomar decisiones que afecten a su cuerpo sin el consentimiento de ella. Utilizar el cuerpo de otra persona para nuestro beneficio, sin su consentimiento, es una grave transgresión moral. Esto es una vulneración del respeto más básico que toda persona merece.

¿Acaso no estamos utilizando los cuerpos de otros animales para nuestro beneficio sin el consentimiento de ellos y a costa de violar sus intereses más básicos? ¿Acaso no los estamos confinando, privando de libertad, mutilando y matando rutinariamente para utilizarlos como comida, vestimenta, entretenimiento, sujetos forzados en experimentos, y otros fines? Alguien que se considere feminista sin duda debería como mínimo reflexionar sobre todo esto y comprobar si es compatible con sus principios morales.

Una persona puede en la práctica ser feminista y al mismo tiempo ser especista. Esto es un hecho evidente. Por tanto la crítica debería centrarse en el especismo y no en sugerir a las feministas que está mal explotar a otros animales por ser de género femenino. Esto último es simplemente un argumento sexista. El sexo de un individuo es irrelevante en lo que se refiere a la consideración moral.

Comentarios como «la leche de vaca es tortura, explotación, violación y asesinato de las hembras de otra especie» o también: «la producción lechera destinada a los humanos es una explotación explicita del cuerpo femenino y refleja una forma de violencia sexista» claramente denuncian un tipo de violencia concreta por el hecho estar dirigida contra animales hembras. Pero el prejuicio que motiva o permite dicha violencia no es el sexismo sino que es el especismo.

Según ese planteamiento basado en el sexo no sería coherente el hecho de ser feminista con el hecho de participar en la explotación de otros animales porque son hembras [mujeres]. Por eso: porque son de sexo femenino. No se argumenta que sean seres sintientes o personas con derechos. Ese planteamiento dice que no hay que explotar a otros animales por el hecho de que son de sexo femenino. Esto es sexismo.

No explotamos a las hembras de otras especies por ser de sexo femenino, sino por pertenecer a otra especie que no es la humana. Por tanto, aquella arenga está errada e ignora que la misma violencia afecta por igual a los no-humanos de sexo masculino. De ahí que podamos juzgar que se trata de un enfoque equivocado y sexista.

En realidad, el feminismo como tal no es incoherente con el hecho de participar en la explotación especista. El feminismo se refiere al prejuicio del machismo. Pero la explotación especista no está motivada por el machismo, sino por el especismo. 

Lo que sí sería incoherente es que teniendo en cuenta que el feminismo se basa en el principio de igualdad y en el principio de respeto al valor inherente de la persona, entonces quien defienda el feminismo no aplique esos mismos principios cuando se trata de nuestra relación moral con los otros animales. Esto sí es moralmente incoherente.

El feminismo se opone al machismo porque se basa en la igualdad y el respeto por la persona. Por ello, las feministas deberían aplicar esa misma base ética contra el prejuicio del especismo para rechazarlo. Todos en general deberíamos hacerlo así.

El veganismo es análogo al feminismo, pero aplicado a la opresión especista que ejercemos contra los animales no humanos.

El veganismo y el feminismo compartirían la misma base moral. Pero se diferencian en el enfoque a donde dirigen su mensaje y estrategia.
El feminismo se enfoca en el machismo y por su parte el veganismo se enfoca en la opresión especista. Machismo y especismo son prejuicios diferentes —aunque igualmente erróneos— y necesitan una respuesta específica.
El feminismo surgió para responder al machismo; y el veganismo surgió para oponerse al antropocentrismo.

Al igual que el sexismo; el especismo discrimina injustamente, puesto que todos los animales somos individuos y tenemos los mismos intereses básicos. El especismo es análogo al sexismo en que discrimina a las personas por características irrelevantes para la consideración moral.


La diferencia entre veganismo y feminismo está en el prejuicio al que dirigen su mensaje. Por eso ambos se refieren a individuos diferentes. Pero ni el feminismo ni el veganismo discriminan moralmente entre individuos sino que se enfocan sobre un prejuicio específico que discrimina injustamente entre individuos.

25 de octubre de 2013

No es casualidad




Feminista: Toda mujer tiene derecho a no ser violada ni coaccionada sexualmente por motivo alguno.


Feminista: Toda mujer tiene derecho a decidir sobre su propia vida y a no ser utilizada sin su consentimiento voluntario y explícito para beneficio de otros.


Feminista: Toda mujer tiene derecho a ser respetada y que sus intereses sean tenidos en cuenta en igualdad de condiciones sin que sean supeditados o ignorados por los intereses de los varones. 


Cualquier coincidencia o similitud no es casualidad.




La dinámica de opresión suele suceder del mismo modo: quienes tienen poder explotan a quienes no lo tienen. Ocurre con humanos que explotan a otros humanos y sucede con humanos que explotan a los animales de otras especies.

21 de julio de 2013

Peligroso veganismo



Se ha intentado presentar el veganismo como algo dañino así como otros movimientos de justicia social —como el feminismo, el laicismo, o el escepticismo— también son caricaturizados y distorsionados por sus contrarios, intentando hacer creer que son poco menos que el principio del apocalipsis.

Hace unos días en el blog Alerta Religión se exponía una de estas habituales distorsiones propias de las tendencias reaccionarias. En esta ocasión el ataque provenía de dirigentes religiosos en contra de la igualdad de la mujer:

«Encuentro muy peligroso este fenómeno llamado feminismo, porque las organizaciones feministas proclaman una pseudo-libertad para las mujeres que debería manifestarse en primer lugar fuera del matrimonio y fuera de la familia.

”El hombre mira hacia afuera, debe trabajar y hacer dinero, mientras que una mujer siempre se enfoca hacia adentro, hacia sus hijos y su hogar. Si este rol excepcionalmente importante de la mujer es destruido, todo se destruirá como consecuencia: la familia y, si se quiere, la patria.»

La verdad es que me ha resultado muy curioso leer esta declaración, pues me ha recordado que algunos detractores del veganismo exponen un discurso difamatorio y apocalíptico muy similar con el fin de descalificarlo. Incluso podría reescribir el párrafo en versión anti-vegana:

«Encuentro muy peligroso este fenómeno llamado veganismo, porque las organizaciones veganas proclaman una pseudo-libertad para los animales que debería manifestarse en primer lugar fuera del uso y la dominación del ser humano.

”El hombre mira hacia afuera, debe trabajar y hacer dinero, mientras que los animales sólo existen para que saquemos un beneficio de ellos. Si este rol excepcionalmente importante del animal es destruido, todo se destruirá como consecuencia: la economía y, si se quiere, la civilización.»

El feminismo pretende que las mujeres dejen de ser discriminadas de la plena consideración moral. Ser tratadas como personas y no usadas como objetos. El veganismo pretende lo mismo respecto de los animales no humanos. Lo que importa es la sintiencia, es decir, el hecho de poseer consciencia sensitiva y todo lo que esto implica:  subjetividad, sensaciones, emociones, voluntad, intereses.

Todos los ataques contra el feminismo y el veganismo están motivados por los mismos motivos: el beneficio y la inercia de mantener el status-quo establecido. Los varones se benefician de mantener sometidas a las mujeres o simplemente continúan la inercia de los prejuicios que les han inculcado. Del mismo modo, los humanos nos beneficiamos al explotar a los animales o simplemente lo hacemos por continuar los hábitos que hemos adquirido desde la infancia.

Veganismo y feminismo son movimientos análogos. Sólo se diferencian en el tipo específico de opresión que combaten. El feminismo se opone a la tradicional dominación patriarcal que los varones han ejercido sobre las mujeres. El veganismo se opone a la dominación especista que los humanos estamos cometiendo sobre los demás animales. Ambos por igual se basan en el principio moral de igualdad y en concepto ético del valor intrínseco del individuo.

Es comprensible que todos los movimientos morales surgidos al amparo de la Ilustración y que se oponen a algún dogma profundamente arraigado en la sociedad —ya se trate de la religión, el pensamiento mágico, el machismo, o el especismo—encuentren una fuerte resistencia y reacción contraria a cualquier intento de erradicarlo. Pero lo único que queda ante esto es seguir persistiendo y confiando en la racionalidad y el sentido moral que es inherente a todos nosotros.

17 de diciembre de 2011

Feminismo y Veganismo


Durante muchos siglos se ha considerado que la mujer debía estar al servicio del hombre; que la mujer era una propiedad más del varón y que éste podía disponer libremente de ella para satisfacer sus deseos e intereses. A esto es a lo que se denomina como patriarcado.

Nosotros sabemos que esto está mal, moralmente mal, aunque quizás muchos no sepan explicar bien el por qué. En esta nota pretendo exponer la razón que explicaría este juicio moral; el cual también fundamenta el rechazo a cualquier tipo de sometimiento similar.

A día de hoy, en gran parte del mundo hemos progresado hacia la consideración igualitaria de las mujeres y ya no se considera socialmente aceptable el machismo como parte del paradigma moral establecido. Sin embargo, no es algo que se haya superado del todo a nivel global y sigue siendo un grave problema, especialmente en determinados lugares del mundo.

La creencia de que los demás animales —los animales no humanos— existen para nuestro beneficio tiene exactamente la misma estructura ideológica de dominación que la idea de que las mujeres existen para beneficio de los varones.

La propia creencia de que alguien existe obligadamente para beneficiar a otros es radicalmente inmoral ya que se opone al principio ético de igualdad. Se trata de la misma equivocada creencia que sostiene la explotación de los otros animales por parte del ser humano, así como la de muchos seres humanos por parte de otros humanos. Podemos juzgar ambas situaciones con los mismos principios morales, pues se trata de principios racionales y universales, como advierte la filósofa Jannet Radcliffe:

«El feminismo depende de principios morales de los que deriva: no puedes argüir que las mujeres son injustamente tratadas sin disponer de principios que son lógicamente previos a tu reivindicación, y el debate sobre esos principios no es un debate feminista.» [Janet RadcliffeThe Skeptical Feminist, 1980]

De acuerdo a nuestra condición de seres sintientes —tanto humanos como no humanos— nos importa nuestra propia vida; tenemos un interés fundamental en conservarla y protegerla del daño y la muerte. Es por esto que poseemos un valor intrínseco, lo que conlleva moralmente que debemos ser tratados como fines en sí mismos y no como simples medios para los fines de otros. Poseemos un valor inherente que no puede ser ignorando ni vulnerado por razones instrumentales.

Por otra parte, los animales que tenemos la capacidad de responsabilizarnos de nuestra conducta, que somos conscientes de que nuestros propios actos afectan también a otros, somos agentes morales y tenemos el deber de respetar a todos aquellos seres que tienen capacidad de sentir y, por tanto, intereses. Sin importar cualquier otra característica que no afecte al hecho de tener intereses. Esto es: características irrelevantes como el sexo, la raza, la orientación sexual o la especie.

La razón moral para respetar el cuerpo de una mujer, respetar sus intereses y su autonomía, no radica en el hecho mismo de que sea mujer sino que el motivo fundamental es que es alguien, es una persona — un ser dotado de subjetividad. La personalidad conlleva un valor moral intrínseco —que es independiente del valor instrumental que pueda tener para otros individuos— y que nos obliga racionalmente a respetarlo por sí mismo.

Por lo tanto, si estamos en contra de la explotación y la violencia contra las mujeres entonces debemos ser coherentes y estar igualmente en contra de la explotación y la violencia contra cualquier ser consciente.

Lo que hay esencialmente de erróneo en nuestra relación con los demás animales reside precisamente en que los consideramos y los utilizamos como medios para nuestros fines sin su consentimiento ni respetando sus intereses propios. Los tratamos como simples recursos. Esto es lo que define a la explotación animal. El hecho de que sistemáticamente dominemos, sometamos y coaccionemos a los demás animales está causado por esa mentalidad especista que los considerada como objetos al servicio de los humanos.

El veganismo es un principio moral que se opone a la explotación de los animales no humanos. Es un principio basado en el igual valor inherente de todos los seres sintientes, aunque está focalizado en la opresión especista sobre los no-humanos; al igual que el feminismo se fundamenta en la igualdad para todos, aunque se centre específicamente en las mujeres. Lo que pretende el veganismo es abolir el uso de los no-humanos como recursos y su sometimiento al estatus de propiedad.

El paradigma moral en el feminismo que señala que una persona nunca debe ser tratada como un objeto —como un simple medio para nuestros fines— coincide con la idea esencial del veganismo. Este principio básico es también el fundamento de la ética de Derechos Animales y del movimiento que pretende defender a todos los animales y sus legítimos intereses.

Sexismo y especismo son prejuicios equivalentes en muchos aspectos. A nivel estructural y a nivel moral son idénticos. Sólo cambia el sexo por la especie. La diferencia relevante entre ambos se encuentra en el aspecto social: el sexismo está cuestionado y rechazado por un porcentaje muy considerable de la población —que varía de acuerdo a cada país o núcleo social— y está explícitamente condenado por las legislaciones de muchos países. En cambio, el especismo es asumido y apoyado por la gran mayoría de la población humana en todo el mundo y toda nuestra cultura, así como el ordenamiento jurídico, es especista.

Nuestra relación con los animales se basa en ese mismo patrón que rige el machismo: los cosificamos y dominamos para que nos sirvan de recursos y herramientas; ya sea de alimento, de vestimenta, de entretenimiento o cualquier otra finalidad que consideremos beneficiosa para nosotros. Los vemos como 'seres inferiores' y nos creemos con derecho a someterlos y sacrificarlos. De este modo, el machismo y el antropocentrismo resultan análogos —en ambos casos se pretende justificar una situación opresiva de un grupo sobre otro apelando a una supuesta superioridad o inferioridad de ciertos individuos respecto de otros. Como bien explica la profesora Anna Charlton:

«La conexión entre la opresión de las mujeres por el sexismo y la opresión de los animales por el especismo es vívida y conmovedora. El especismo ha de condenarse porque, del mismo modo que el sexismo opera para oprimir a las mujeres e impedir que participen plenamente en la comunidad moral, el especismo descansa en criterios irrelevantes para excluir a los animales de la comunidad moral.» [Anna Charlton, Las mujeres y los animales, 1999]

La única forma de poner remedio a la opresión que ejercemos sobre los demás animales es la misma que sirvió para empezar a solucionar el problema del machismo: concienciar a la sociedad mediante el activismo educacional y llevar este rechazo a la opresión a la práctica de nuestras vidas.

27 de junio de 2010

Anna Charlton: "Las mujeres y los animales"



«La subyugación de las mujeres y de los animales habían sido compañeros próximos en las tradiciones religiosas y filosóficas de Occidente. Las bases teológicas de la justificación de esta opresión se encuentran en el Génesis, en el que se le da al hombre “el dominio sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, y sobre el ganado, y sobre toda cosa viva que se mueva sobre la Tierra” [Génesis, 1, 20-8]. Mientras que “dominio” puede interpretarse de un modo que sugiera que los humanos tienen la posición de un guardián —más bien que la de un opresor— a los animales se les coloca claramente sobre la Tierra para ser usados por los humanos.»

«Se ha mantenido que la subyugación y la domesticación de los animales proporcionó el prototipo para la subyugación de grupos de humanos, ya sea mediante la esclavitud, el sexismo o el prejuicio basado en la raza, la pertenencia a un grupo étnico o la orientación sexual. En la esfera de la discriminación en contra de las mujeres, el reconocimiento de la reciprocidad de la identificación entre las mujeres y los animales ha sido clara.»

«La conexión entre la opresión de las mujeres por el sexismo y la opresión de los animales por el especismo es vívida y conmovedora. El especismo ha de condenarse porque, del mismo modo que el sexismo opera para oprimir a las mujeres e impedir que participen plenamente en la comunidad moral, el especismo descansa en criterios irrelevantes para excluir a los animales de la comunidad moral.»
-----------------------------------------------
------------------------------------------------