Mostrando entradas con la etiqueta Bienestar Animal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bienestar Animal. Mostrar todas las entradas

25 de diciembre de 2018

La indulgencia animalista


He perdido la cuenta de las veces que otras personas han alegado "hacer mucho por los animales" para intentar excusar su apoyo a la explotación de los animales. Eso que dicen hacer se refiere principalmente a dar dinero; ya sea dinero donado a asociaciones animalistas o pagado por productos de origen animal que lleven un sello de "bienestar animal". Al parecer, así llegan a la conclusión de que no hay problema en explotar a los animales porque los explotan de una forma que consideran "humanitaria".

El sistema de las donaciones funciona del mismo modo que las bulas y las indulgencias de la iglesia católica. La gente paga un dinero a una asociación animalista para así aliviar su conciencia respecto del mal que está cometiendo; de este modo pueden seguir participando en la explotación animal con menos remordimientos —se trata de una artimaña mental descrita por el psicólogo Albert Bandura.

A través del dinero, uno se convence de que está "ayudando" a los animales, y que ya no tiene que responsabilizarse de sus acciones ni cambiar de ideas y costumbres. Esta actitud está fomentada desde el propio animalismo, tal y como advierte el profesor Gary Francione cuando señala que «todo el movimiento de la explotación feliz es acerca de comprar indulgencia para la participación en un comportamiento moralmente injustificable.» Las corporaciones animalistas están animando a que la gente consuma productos de la explotación animal avalados con su propio sello de "bienestar animal". 

Según continúa explicando Francione, los grupos corporativos animalistas se están financiando en gran parte con la venta de indulgencias; otorgando perdones a cambio de dinero. Así se sostiene el negocio de las etiquetas de productos animales obtenidos "sin crueldad". De esta manera asumimos la creencia que no tenemos que corregir nada en nuestra forma de vida; sólo tenemos que realizar donaciones a los grupos animalistas, y comprar productos con la etiqueta de “bienestar animal”, y mágicamente se resuelve el problema moral en nuestra relación con los demás animales; podemos seguir explotando a estos animales porque supuestamente se ha reducido nuestra crueldad y el sufrimiento que les infligimos:

«Desafortunadamente, las organizaciones animalistas se han convertido en modernas vendedoras de indulgencias, similares a la Iglesia Católica medieval. Algunas personas, quizás la mayoría de la gente, tienen cierto grado de preocupación por el asunto de la explotación animal. Muchas tienen una culpa insistente acerca de continuar consumiendo productos animales. Muchas adoran a sus compañeros no humanos y los tratan como miembros de su familia, pero clavan el tenedor en otros animales y, en algún nivel, reconocen la incoherencia moral. Pero no es necesario preocuparse. Haga una donación y estos grupos harán lo mejor que se pueda hacer. Ellos “minimizarán” el sufrimiento animal; ellos “abolirán” los peores abusos.»

Yo me pregunto si la misma forma de pensamiento se puede aplicar a los humanos. ¿Nos parece correcto explotar a otros humanos si periódicamente donamos dinero a organizaciones humanitarias y compramos productos que lleven un sello de «comercio justo»? Esa conducta está asumiendo que es lícito explotar a seres humanos si pagamos un precio monetario por ello, que es exactamente lo que sucede con la explotación de los animales avalada por sellos de "bienestar animal" y los grupos animalistas que promueven la explotación animal "feliz". ¿Hay alguna cantidad monetaria que pueda lograr que conductas como la esclavitud, el canibalismo o la violación sean moralmente aceptables? Si no es así, ¿por qué creemos que sí la habría cuando se trata de infligir el mismo daño sobre los animales?

Lejos de librar a los animales de la violencia, esta dinámica de la indulgencia tiene el efecto de reforzar la creencia de que los animales son medios para fines humanos y que las vidas de los animales sólo poseen un valor instrumental en función de los intereses humanos. Aquí está el centro de la cuestión: si creemos que los animales no poseen un valor moral inherente —y sólo tienen un valor extrínseco o económico— entonces deduciremos que no hay daño que impongamos a los animales que no pueda ser justificado según el beneficio que obtengamos de ello o según el coste monetario que estemos dispuestos a asumir.

¿Acaso es compatible la consideración moral de los seres humanos con el hecho de utilizarlos de comida y meros recursos? Entonces, ¿cómo va a ser compatible la consideración moral de los animales con el hecho de utilizarlos de comida y meros recursos? Si entendemos la ética como la consideración de los intereses de los individuos entonces comer animales es una práctica moralmente equivalente al canibalismo, porque tanto humanos como animales son individuos que poseen un interés genuino en conservar su vida y evitar el daño.

La práctica de explotar animales no se trata simplemente de un error moral. Si cometemos algo malo a sabiendas de que está mal y cometemos este mal deliberadamente ¿no coincide acaso este comportamiento con la definición de maldad? La única opción moralmente  aceptable es pues dejar de cometer el mal. Todo lo demás es ser indulgentes con la maldad; que es lo que está promoviendo las organizaciones bienestaristas. En palabras del profesor Francione:

«Entiendo que, así cómo comprar una indulgencia de la Iglesia no los mantendrá fuera del infierno en caso de que el infierno exista, comprar unas cuotas de compasión a una organización, representadas en huevos de gallinas “libres de jaula”, no mantendrá a los animales fuera del infierno que ciertamente existe para la mayoría de ellos y en el que sufren y mueren cada día. Necesitamos cambiar el modo en el que los humanos pensamos acerca de los no-humanos; necesitamos cambiar el modo en que los humanos pensamos acerca de la violencia. Ya se trate de violencia para alcanzar la paz, o de sexismo para alcanzar la igualdad de género, o de torturas de animales más “humanitarias” para alcanzar una mayor concienciación sobre ellos, necesitamos desafiar la propia noción de que la violencia puede ser usada como un medio para un fin loable.»

Los grupos bienestaristas promueven la idea de que no tenemos que asumir el veganismo; sólo debemos comprar productos con un sello de "bienestar animal" y donarles dinero a las organizaciones corporativas para que ellas "ayuden" a los animales. Los bienestaristas no van a pedir que la gente deje de explotar animales porque dejar de explotar a los animales significaría el final de su negocio que consiste en pedir dinero continuamente con la excusa de acabar con las "crueldades" y "maltratos" que son intrínsecos al propio sistema de explotación animal.

El propósito del movimiento bienestarista no es otro que el de intentar sofocar nuestro sentido moral que nos alerta de que está mal esclavizar a los animales, así como nos indica que está mal esclavizar a seres humanos. Regular la explotación animal con sellos de 'bienestar animal' es una estrategia para normalizar y perpetuar la violencia institucionalizada que representa la industria de explotación animalSi nos importan los demás animales, y no nos limitamos a decir que nos importan, entonces no deberíamos participar en su explotación.

La violencia sobre los demás animales se manifiesta en diversas formas y modos, pero todas tienen una misma causa: la creencia de que los animales son seres inferiores que existen para servir a los deseos humanos. Esta creencia está motivada por el prejuicio del 
especismo. Pero la diferencia de especie no es moralmente más relevante que la diferencia de raza o de sexo. Si los seres conscientes poseen un valor moral inherente entonces estamos obligados a considerarlos como fines en sí mismos y nunca como simples medios para satisfacer nuestros fines.

25 de septiembre de 2018

«Defensores de los derechos animales "bienestaristas": un oxímoron»



El apoyo a las normativas de "Bienestar Animal" por parte de grupos animalistas se intenta justificar apelando a dos argumentos principales: el primero es que esas medidas supuestamente reducen el sufrimiento o mejoran el bienestar de los animales —lo cual es muy cuestionable a nivel empírico y también lo es a nivel moral—, y el segundo es que dichas medidas supuestamente dificultan o impiden la actividad de explotación animal. Este segundo argumento es rebatido sistemáticamente por la propia industria de explotación animal y los estamentos políticos que velan por la continuidad de esta industria.

************

Defensores de los derechos animales "bienestaristas": un oxímoron

Joan Dunayer

Marzo 2005

"!Llevemos a los pollos a la cámara de gas!" Un imaginario canto de protesta, demasiado obsceno para ser real. Sin embargo, algunos grupos animalistas, como PeTA y United Poultry Concerns, han pedido que los mataderos gaseen a los pollos en vez de dejarlos conscientes mientras son paralizados eléctricamente y después degollados. La matanza masiva de pollos es innecesaria, injusta e indudablemente cruel. Pero pedir que los pollos pasen por la cámara de gas sugiere lo contrario. Sugiere que el problema es cómo se les mata. Una campaña por una matanza menos cruel propone una nueva forma de cometer un asesinato masivo. Este tipo de campaña se denomina 'bienestarista'.

Las campañas 'bienestaristas' fomentan la noción que los animales que están esclavizados y son asesinados pueden gozar de un bienestar. Un bienestar genuino es incompatible con la esclavitud, la muerte y cualquier otro abuso, por eso utilizo comillas en la palabra 'bienestarismo' cuando ésta se utiliza en un contexto que se refiere al daño especista. Las campañas bienestaristas son anti-derechos. Éstas apoyan diferentes formas de violación de los derechos morales de los no-humanos. Las supuestas campañas por una matanza de forma humanitaria promueven una forma diferente de violar el derecho a vivir de los no-humanos. Las campañas que tienen como fin un confinamiento menos severo promueven una forma diferente de violar el derecho a la libertad de los animales no humanos.

PeTA presionó a McDonalds, Burger King y Wendy’s para que requirieran a sus proveedores de carne y huevos que el confinamiento de los animales fuera menos cruel. Estas cadenas de restaurantes ahora han especificado, entre otras cosas, que sus proveedores de huevos deben aumentar de 48 pulgadas cuadradas a 67 el espacio proporcionado a cada gallina enjaulada. Una gallina tiene el derecho moral a no ser confinada ni en 48 ni en 67 pulgadas cuadradas. Muchos activistas han gritado: “¿Qué es lo que queremos? ¡Derechos para los animales! ¿Cuándo los queremos? ¡Ahora!”. Con mucha razón, ningún activista jamás proclamaría: "¿Qué es lo que queremos? ¡Jaulas un poco más grandes! ¿Cuándo las queremos? ¡En el momento en que McDonalds o algún otro gran abusador se lo pida a sus proveedores!". Cualquier intento de trabajar con, en vez de en contra de, industrias que abusan de los animales debe hacer izar una gran bandera roja. Está moralmente mal explotar a los animales no humanos, independientemente del espacio que tengan, o de si están fuera o dentro de una jaula. Este es el mensaje que los defensores de los animales deben transmitir.

No necesitamos comer partes del cuerpo de un pollo matado en una cámara de gas o por algún otro método. No necesitamos comer huevos de gallinas que se encuentran cautivas dentro de una jaula o de alguna manera diferente. No necesitamos comer comida que provenga de animales no humanos. En vez de pedir una matanza o un confinamiento menos cruel, debemos promover el veganismo. Simplemente haciendo públicas las realidades de la explotación animal podemos conseguir que mucha gente se haga vegana. Persuadir a otros a adoptar un estilo de vida vegano reduce el número de individuos que sufren y mueren. También reduce el apoyo público hacia la industria cárnica, la vivisección y otras formas de explotación animal, haciendo más cercano el día en que estas serán finalmente prohibidas.

Algunos activistas asumen tanto el 'bienestarismo' como el veganismo. Su 'bienestarismo' impide la propagación del veganismo ya que implica que la explotación animal es inevitable y por lo tanto aceptable si se lleva a cabo de una forma “humanitaria”. Nuestro mensaje debe ser claro y consistente: no necesitamos explotar a los demás animales; su explotación es injusta y siempre causa sufrimiento. De la misma manera que los modelos a seguir veganos deben adherirse al veganismo en su estilo de vida, los portavoces por el veganismo deben adherirse al veganismo en su lucha. No tendría sentido que un defensor del veganismo llevase zapatos de piel de vaca o comiese la carne de un cerdo. Tampoco tiene sentido promover el veganismo en un momento y al siguiente promover la producción y el consumo de carne y huevos. Para que nuestra voz sea escuchada, nuestra oposición a la explotacion animal debe ser fuerte y clara.

Nosotros debemos promover persistentemente los derechos de los no-humanos, es decir, la emancipación. Los 'bienestaristas' que se llaman a sí mismos "activistas por los derechos de los animales", sabotean el concepto de derechos para los no-humanos. Confunden al publico haciéndoles pensar que el aprisionamiento, matanza y otros tipos de abusos especistas pueden ser consentidos dentro de los derechos de los no-humanos. Los bienestaristas reemplazan el derecho a vivir de los no-humanos por un "derecho a ser asesinados con menos terror y dolor." Reducen el derecho a la libertad de los no-humanos a un "derecho a ser aprisionados injustamente en un espacio mayor". En realidad, alguien que carece de los derechos más básicos —a la vida y la libertad— deja de poseer derecho alguno.

Al vez que promovemos una emancipación total, se pueden alcanzar emancipaciones parciales, a través de prohibiciones abolicionistas. Todas estas prohibiciones abolicionistas protegen al menos a algunos animales de algún tipo de explotación. Éstas evitan que algunos animales formen parte de situaciones explotadoras y puede salvar a victimas de esa situación. Una prohibición de la caza de osos previene que haya osos que sean heridos o matados: lo que hace es prevenir, más que modificar su abuso. Los activistas pueden trabajar para conseguir cualquier tipo de prohibición abolicionista, incluyendo prohibiciones en productos peleteros, la clonación de algunas mascotas y mamíferos marinos en prisiones acuáticas. De momento, las prohibiciones abolicionistas no emanciparán a todos los no-humanos, pero sí emanciparán a algunos y nos conducirán en la dirección correcta. No podemos hacer que se prohíban la mayoría de los productos especistas más populares —como la carne de los peces, la leche de vaca, los huevos de gallina— hasta que no creemos una oposición publica hacia estos productos.

Cuando no podemos alcanzar prohibiciones abolicionistas, podemos involucrarnos en boicots abolicionistas. Aunque carecen de la fuerza de la ley, los boicots pueden ser altamente efectivos. Una campaña de “boicot a los huevos” puede hacer más cercana la emancipación de las gallinas. Convenciendo a la gente a dejar de consumir huevos, se puede hacer que disminuya el número de gallinas que sufren mientras se aumenta la oposición contra toda la industria del huevo. Similarmente, un boicot a productos de belleza que no estén libres de crueldad puede reducir la vivisección y aumentar la demanda de productos libres de crueldad. Además de boicotear productos en particular, los activistas pueden boicotear instituciones especistas, como las carreras de caballos y los zoos.

Los 'bienestaristas' habitualmente dicen: "Yo apoyo cualquier cosa que reduzca el sufrimiento animal". Pero a largo plazo las medidas 'bienestaristas' incrementan el sufrimiento porque perpetúan la explotación. Tengamos en cuenta el Acta de Métodos Humanitarios de Matanza [HMSA por sus siglas en inglés]. Si uno está realmente informado de lo que ocurre en un matadero, sabremos que la HMSA completamente falla en proteger a los animales no-humanos. Principalmente, refuerza el apoyo social a la matanza ya que legitima la industria cárnica, dando la falsa impresión de que las victimas son matadas “humanitariamente”. Las medidas 'bienestaristas' son inútiles ya que dejan a los animales en las manos de sus opresores. Solamente las medidas emancipacionistas, que honran los derechos morales de los animales, pueden proteger adecuadamente a los no-humanos. Un bienestar genuino para los no-humanos requiere que estén libres de toda explotación.

Texto original en inglés: Animal Rights “Welfarists”: An Oxymoron

****************

Me gustaría señalar una precisión respecto de lo que expone Dunayer en su artículo.

Apoyar una prohibición sobre determinado uso de animales no siempre puede ser una opción que respete los derechos de los animales. Por ejemplo, hay prohiciones que simplemente sustituyen unas víctimas con otras; así sucede con la prohibición de usar primates en experimentos, que lo que supone en realidad es que otros animales serán utilizados en su lugar. Por otra parte, hay prohibiciones que ni siquiera lo son realmente, aunque sean publicitadas como tales. Así sucedió con la supuesta prohibición de la caza de ballenas o la supuesta prohibición de los circos con animales o la conocida prohibición de la tauromaquia en Cataluña, que lo que hizo en realidad fue eliminar las corridas de toros para favorecer así la regulación y subvención de los correbous A menudo, las supuestas prohibiciones sirven para reforzar la explotación de los animales. Por esto, es conveniente adoptar una postura crítica respecto de dichas prohibiciones y no pensar automáticamente que benefician a los animales.

Así que antes de apoyar una prohibición habría que analizar si realmente esa prohibición supone una diferencia real para los animales o más bien resulta en todo lo contrario. El profesor Gary Francione expuso una propuesta en su libro Lluvia Sin Truenos para determinar si una prohibición es compatible con el respeto a los derechos de los animales, de acuerdo a si cumple o no determinados requisitos. Ahora bien, la cuestión es que en el contexto actual es muy difícil, o casi imposible, conseguir una prohibición de tal calibre. Por esto, sería más efectivo centrar nuestros esfuerzos en el activismo educacional para lograr un cambio generalizado de mentalidad y costumbres en nuestra sociedad, mediante la difusión del veganismo, que erradique la idea de que los animales son medios para los fines humanos y pasemos a considerarlos como personas no humanas. Sólo en este contexto el ordenamiento legal podrá ser una herramienta útil para proteger los intereses de los animales.

Termino listando otros textos valiosos sobre la cuestión del Bienestar Animal:

Sirviendo al abuso: Promocionando productos de origen animalJoan Dunayer [2006]



* Haciendo negocio con las reformas del Bienestar Animal; Angel Flinn & Dan Cudahy [2011]

* Granjas felices, alimentando el prejuicio especista; Rebeca Solano & Mario Orozco [2017]


30 de abril de 2017

El verdadero coste del bienestarismo



En el blog animalista El Caballo de Nietzsche se publicó recientemente un artículo titulado «El verdadero (y espantoso) coste de la ganadería industrial» redactado por Ruth Toledano, y en el cual se reseña un libro escrito por Philip Lymbery, vicepresidente de una asociación llamada Compassion In World Farming; una asociación que defiende que "una ganadería diferente y mejor es posible." El artículo de Toledano es nada más que una constante alabanza y promoción de dicho libro, y sin apenas un atisbo de crítica por ninguna parte, hasta que llegamos al final del artículo en el que afirma que:
"Desde una perspectiva antiespecista, estas medidas no son suficientes, pues perpetúan la consideración de los animales como recursos al servicio humano. Pero lo cierto es que evitarían mucho sufrimiento a muchos individuos en el camino de la abolición de la explotación especista. Si, además, el negocio deja de ser rentable para los productores de carne, si los beneficios no son tan elevados a causa de la obligación de implantar ciertas medidas, muchos productores abandonarán y muchos serán los millones de animales que, en mayor o menor medida, se verán beneficiados. Por eso los ganaderos son los principales enemigos del bienestarismo. Merece la pena pensar en ello."
¿No resulta sorprendente que alguien que diga adoptar "una perspectiva antiespecista" que rechaza "la consideración de los animales como recursos al servicio humano" alabe y promueve un libro que defiende explícitamente el especismo y la explotación de los animales?

Hasta cierto punto, pareciera que la autora atisba que habría cierta incoherencia en este punto. Para intentar justificar su postura alega tres argumentos: [1] el bienestarismo reduce el sufrimiento, [2] el bienestarismo destruye la industria de explotación animal, [3] el bienestarismo favorece que la gente deje de consumir animales.

Como veremos a continuación, no contamos con ninguna prueba objetiva que sostenga esos argumentos, mientras que al mismo tiempo aparecen evidencias que los rebaten.

En primer lugar; Toledano no aporta evidencia que pueda explicar de qué manera esta reforma bienestarista "evitaría mucho sufrimiento a muchos individuos". Aunque el mundo decidiera seguir las directrices expuestas en el libro de Lymbery —y se retornara a un modelo ganadero extensivo— esto no equivale a que disminuya el número de animales explotados para alimentos y sólo supondría, en el mejor de los casos, un cierto descenso en el número de mamíferos y aves esclavizados en granjas. Pero esto no se aplicaría para otros animales como los peces e insectos, que también son utilizados y matados para comida.

Sin embargo, es importante señalar que aunque cambiando el modelo ganadero se redujera el número de animales expxlotados, la idea de "reducir el sufrimiento" no es un criterio moral ni sirve para justificar la violación de los derechos de los individuos. Los animales poseen un valor inherente que no se debe vulnerar por razones instrumentales. Promover que los animales sean utilizados de cierta manera porque supuestamente así "sufren menos" sería análogo a promover que las mujeres fueran violadas de cierta manera porque de esta manera concreta "sufrirían menos" que siendo violadas en otra forma. Desde una perspectiva moral, no hay ninguna razón que justifique utilizar a otros individuos sin su consentimiento y vulnerando sus intereses básicos. Tampoco la hay obviamente para apoyar medidas que consistan en utilizarlos y vulnerar sus intereses.

Si alguien promoviera una campaña a favor de que se violara a las mujeres usando cloforormo con la excusa de que esta medida "reduce el sufrimiento" entenderíamos que se trata de una campaña inmoral que viola los derechos de las mujeres. Sin embargo, cuando el mismo tipo de iniciativa se pretende aplicar sobre los animales no humanos entonces los animalistas lo consideran aceptable alegando que esto supuestamente "reduce el sufrimiento". Se trata de un evidente caso de especismo: no se aplica la misma consideración moral a los otros animales por el solo hecho de que no sean humanos. Estoy seguro de que Toledano nunca apoyaría aquella iniciativa sobre las mujeres, pero no obstante sí lo hace cuando se aplica sobre otros animales, a pesar de que se califica de "antiespecista". Tengo la impresión de que algo no cuadra aquí.

Es decir, la autora afirmar adoptar una "perspectiva antiespecista" al mismo tiempo que asume un criterio claramente especista. Trata a los animales no humanos bajo un criterio moral que nunca aceptaría aplicar a los seres humanos. ¿Acaso Toledano apoyaría una iniciativa para violar a las mujeres de forma "humanitaria"? Las mujeres son discriminadas y agredidas diariamente por el patriarcado; al igual que los no-humanos son discriminados y agredidos por el antropocentrismo. La única diferencia es la especie.

En segundo lugar, ¿qué veracidad contiene la afirmación de que las medidas bienestaristas perjudican a la industria de explotación animal y que "los ganaderos son enemigos del bienestarismo" tal y como afirma Ruth Toledano?

Si consultamos en qué consiste realmente comprobaremos que el "bienestar animal" es una creación de la propia industria que explota animales con el fin de favorecer la existencia y desarrollo de su actividad. Así es como lo explican todos los expertos profesionales en el tema:
«El bienestar animal se entiende como el factor más importante para que los animales alcancen el mejor estado de salud posible y es esencial para que manifiesten en forma racional un máximo beneficio económico. Los momentos críticos a tener en cuenta son el manejo del animal a campo, su transporte del campo al frigorífico y su manejo en el momento de la faena. Algunos de estos momentos dependen del productor y otros de terceros. Un buen manejo en todos estos puntos se traduce en un beneficio económico. En cambio un mal manejo en cualquiera de estos eslabones de la cadena provoca un impacto económico negativo en los cortes carniceros ya sea por su menor valor o por su descarte.»
Por ejemplo, según la veterinaria Blanca Heras Mateo, "la normativa de bienestar animal aporta importantes beneficios a los ganaderos":
«La puesta en marcha de medidas de bienestar animal en las explotaciones conlleva numerosas ventajas, no solo para el animal, sino también para el ganadero. No se pueden ver a corto plazo pero está demostrado mediante estudios científicos que mejoran la productividad y la calidad de los productos. Además, en los animales mejora su resistencia a las enfermedades», asegura la experta. Todo ello se debe a que tienen más espacio y libertad de movimientos, mejor ventilación... Además, los animales se juntan en grupos o manadas como si estuvieran en su hábitat natural, con zonas de alimentación, de descanso, con objetos de juego o entretenimiento...»
Esto es, las medidas de "bienestar animal" sirven para mejorar la calidad y eficiencia económica de la industria de explotación animal; así como para aliviar la conciencia moral de sus consumidores, evitando así que se inclinen por dejar de consumir animales. Esto significa que apoyando el "bienestar animal" favorecemos que los animales sigan siendo considerados recursos económicos y que sigan siendo explotados.

Todas las fuentes oficiales que he consultado al respecto exponen exactamente lo contrario de lo que se afirma en el artículo de Ruth Toledano. Esto es, el "bienestar animal" favorece la continuación de la explotación de los animales. Todas las asociaciones profesionales que apoyan la explotación animal así lo argumentan, sin excepción. ¿Podría alguien quizás explicarme de dónde se sacó Toledano que el "bienestar animal" perjudica a la ganadería?

Ni siquiera Lymbery defiende en su libro que él pretenda acabar con la industria que utiliza a los animales de comida. Lymbery defiende explícitamente que usemos a los animales para servirnos de comida y lo único que critica es la industrialización actual de la ganadería. Ruth Toledano está promocionando y elogiando un libro que promueve que los animales sean esclavizados para beneficio humano.

En el artículo de Toledano se argumenta que las medidas de "bienestar animal" perjudican a la industria de explotación animal y que la conducen a su extinción. Pero los hechos nos muestran justamente lo contrario. Gracias a estas medidas, la explotación animal industrializada mejora la calidad de sus productos y la eficiencia económica de su producción, por ejemplo, evitando los accidentes labores y las pérdidas económicas que se derivan de un manejo deficiente de los animales esclavizados. A poco que investiguemos nos daremos cuenta de que la realidad es todo lo opuesto a lo que afirma Toledano.

No tenemos pruebas objetivas que demuestren que esas medidas reduzcan significativamente el sufrimiento de los animales explotados. En cambio, sí parece que al promover el bienestarismo lo que favorecemos en realidad es que aumente el sufrimiento porque apoyamos que la explotación de los animales continúe, y se refuerce, en lugar de detenerse.

Una de dos: o la autora ha cometido la negligencia de no haberse informado sobre en qué consiste realmente el "bienestar animal", acudiendo a las fuentes pertinentes, o nos está pretendiendo engañar. En principio, no veo más opciones.

Después de "reducir el sufrimiento" y de "perjudicar a la industria", el último argumento señala que las reforma bienestaristas fomentan la conciencia moral y motivan a que la gente abandone progresivamente el consumo de animales. No obstante, los estudios realizados al respecto no indican nada parecido.

Según ciertas encuestas, la mayoría de la gente que deja de comer animales regresa al consumo de animales al poco tiempo. ¿Por qué sucede esto? Parece ser que los primeros motivos para abandonar el consumo de animales suelen ser la preocupación por la salud y también por las condiciones en que son explotados los animales. El problema es que la gente se acaba dando cuenta de que uno puede estar sano sin abandonar el consumo de productos de origen animal —como así lo explica la nutricionista Ginny Messina— y por otro lado creen que nuestra obligación moral sólo nos requiere reformar las condiciones en que los animales son explotados para "mejorar su bienestar", que es precisamente lo que defiende el libro que alaba Ruth Toledano. Si creemos que el problema moral no es el uso de animales en sí mismo sino que sólo lo es las condiciones en que los animales son utilizados entonces lo que habría que hacer es reformar estas condiciones pero no dejar de utilizar a los animales.

A los consumidores les preocupa el sufrimiento de los animales que consumen. Para evitar que esa preocupación derive en un cuestionamiento y rechazo al consumo de animales, las organizaciones bienestaristas asesoran a la industria de explotación animal para lograr una reforma que permita publicitar que los animales ya no sufren —o que sufren menos— y así lograr que la explotación de los animales continúe indefinidamente. A esas organizaciones las llaman "defensores de los animales."

El bienestarismo no sirve desde el punto de vista práctico para conseguir que la gente erradique su consume de animales; ni tampoco lo pretende. Aparte de de que en muchos casos, la gente que abandona el consumo de carne sigue consumiendo peces —que la mayoría no considera "carne"— así como lácteos, huevos y miel. Dejar de consumir carne pero seguir consumiendo peces, así como lácteos, huevos o miel en su lugar, no hace ninguna diferencia para los animales. El enfoque vegetariano es un error. Todos los usos de animales son dañinos, innecesarios y moralmente injustificables. No hay ninguna razón para privilegiar de alguna manera el consumo de carne.

En conclusión, no veo que ninguno de los argumentos esgrimidos para defender el bienestarismo se puedan considerar válidos: [1] el bienestarismo no reduce el sufrimiento que provoca la explotación animal, [2] el bienestarismo no perjudica a la industria de explotación animal sino que en realidad la favorece y [3] el bienestarismo no consigue que la gente abandone el hábito de consumir animales sino que más bien refuerza y promueve dicho hábito.

Aun si nos atenemos sólo a los efectos prácticos, la posición bienestarista no está ayudando a que los intereses de los animales sean respetados y está perjudicando gravemente a la difusión del veganismo. Como acabamos de ver, la reforma del "bienestar animal" es una ayuda para la continuación de la explotación animal y nada nos indica que de alguna manera pudiera servir para terminar con el uso de animales.

Ruth Toledano termina su artículo de esta forma:
«En cualquier caso, La carne que comemos es un libro que resulta de gran interés a quienes hemos llegado a un veganismo ético, por cuanto aporta muy valiosos datos. Pero, sobre todo, es un libro para todas aquellas personas que siguen consumiento carne, embutidos, huevos o productos lácteos sin tener toda la información necesaria para saber qué están comiendo, de dónde procede, qué rastro ha dejado en su proceso y qué efectos tiene en su salud. Lymbery les ofrece toda esa información. Y, con ella, la posibilidad también de ser más compasivos.»
Bien, yo no creo que la autora haya llegado al "veganismo ético" dado que lo que defiende se opone radicalmente a la ética del veganismo. El veganismo es un principio ético que rechaza la explotación de los animales. No comprendo qué se supone que Ruth Toledano entiende por "veganismo ético", pero si por veganismo entendemos el rechazo moral a la explotación animal entonces resulta que Toledano defiende en su texto que los animales sean explotados de forma "humanitaria". Defiende todo lo opuesto a la posición vegana acerca de los animales. ¿Cómo se explica esto? Una explicación sería que Toledano adopta una posición que en filosofía moral se conoce como consecuencialismo. Esto es, el rechazo al uso de animales no lo considera un principio sino un objetivo. Para llegar a ese objetivo se considera que cualquier medio pudiera ser válido, siempre que sea empleado con vistas a conseguir dicho objetivo. El consecuencialista cree que "el fin justifica los medios". Pero el consecuencialismo es una posición incosistente  y no concuerda con el veganismo.

El veganismo defiende que dejemos de pensar en los animales como objetos y recursos para nuestro beneficio. En cambio, el bienestarismo mantiene la visión de los animales como cosas que "sufren y disfrutan" —que lo único que importa es el dolor y el placer— y que ellos no tienen derechos inalienables que debemos respetar en cualquier caso; comenzando por el derecho fundamental a no ser propiedad. Uno no puede asumir ni defender las dos posturas al mismo tiempo.

Los defensores de la explotación animal pueden cuestionar si los animales son "maltratados" o "torturados"; pero lo que no pueden cuestionar es que los animales son utilizados. Aparte del hecho de que no sean humanos, tampoco se podría cuestionar que los animales son esclavizados, es decir, tratados como propiedad. Y ésta es precisamente la cuestión principal de fondo. Los grupos bienestaristas siguen promoviendo la idea de que el problema no es el uso de animales sino que sólo está en la forma y las condiciones en que los utilizamos. Yo deduzco que a Toledano sólo le importa el sufrimiento pero no asume como principio moral que los animales son individuos con derechos inherentes. Por mucho que se autodenomine "antiespecista", su posición es especista.

El efecto del bienestarismo provoca es el de conseguir que la gente se muestre más reacia a escuchar el mensaje del veganismo. El bienestarismo promueve que no debemos dejar de esclavizar animales sino que sólo hay que reducir su sufrimiento o reformar las condiciones de explotación. !Los propios explotadores de animales avalan esta postura! Así, el artículo de Toledano defiende el bienestarismo y alimenta la idea de que está bien explotar animales siempre que "reduzcamos su sufrimiento".

En conclusión, el panfleto de Ruth Toledano no es más que otro enésimo caso en el que los animalistas promueven que los animales sean explotados y que lo sean además en una manera en que la gente se sienta con la conciencia tranquila al consumirlos porque de esa manera supuestamente se "reduce el sufrimiento".

Toledano dice adscribirse al "veganismo ético" mientras que al mismo tiempo lo que promueve en realidad es el bienestarismo y la explotación de los animales. Pienso que debería replantearse profundamente cuáles son sus verdades convicciones, porque todo lo que ha argumentado en su texto contradice de manera flagrante el ideal ético del veganismo. A pesar de que dice que está en contra de la consideración de los animales como recursos, ella está utilizando a los animales como recursos para "reducir el sufrimiento", en lugar de defender que ellos tienen un derecho fundamental a no ser utilizados en ninguna forma o modo, incluso aunque al hacerlo se consiguiera supuestamente "reducir el sufrimiento".

El veganismo señala que el problema moral es el uso de animales en sí mismo, pero muchos animalistas siguen difundiendo que el problema estaría sólo en la forma o manera concreta en que los utilizamos —en si les causamos mucho sufrimiento al usarlos para nuestros propósitos.

Podríamos conseguir que la gente deje de explotar animales difundiendo el veganismo. Sin embargo, promoviendo el bienestarismo perpetuamos la cosificación sobre los animales. La gente que deje de consumir animales por motivos bienestaristas volverá a consumirlos cuando crea que las condiciones de explotación hayan mejorado, que es exactamente lo que está sucediendo, tal y como indican las encuestas. La industria de explotación animal —en colaboración con los grupos bienestaristas— está emprendiendo una reforma a nivel global para "mejorar el bienestar de los animales" y así conseguir que la gente deje de preocuparse por "la crueldad" que padecen estos animales y pueda consumir productos de la explotación animal con la conciencia tranquila. A mi entender, Ruth Toledano ha aportado su grano de arena a ese objetivo y no al de conseguir que los animales dejen de ser explotados.

Me parece irónico que algunos activistas aleguen en los debates que la gente es reacia a escuchar el mensaje del veganismo y que al mismo tiempo esos mismos activistas promueven un enfoque que sirve precisamente para poder ignorar ese mensaje apelando al bienestarismo.

Pienso que la gente en general adoptaría otra actitud diferente respecto del veganismo si todos los activistas diéramos un mensaje claro y explícito en favor del veganismo como principio moral y en contra de la explotación animal —y en contra del bienestarismo. Comenzando por aquellos que dicen ser veganos pero que luego en su activismo apoyan más bien lo contrario de lo que el veganismo defiende.


31 de marzo de 2017

No, regular la esclavitud no es lo correcto

Éste es el tipo de explotación sobre los conejos que Anima Naturalis y el resto de grupos bienestaristas están apoyando como alternativa 'humanitaria'.

Este ensayo es mi respuesta a un artículo de Andrea Padilla —que es miembro del grupo Anima Naturalis— titulado «¿Hacer lo correcto por los conejos» en el que defiende la regulación de la explotación de conejos para servir de comida.

En este artículo la autora plantea la siguiente cuestión, que no es precisamente nueva:

«¿Regular la explotación de animales usados para consumo, mediante políticas de bienestar, es un camino aceptable para proteger los intereses de los animales o va en detrimento del fin último que es su liberación?»

Padilla defiende la regulación de esta explotación y nos explica los motivos de su postura alegando que:

«Cuando observo las miserables vidas de los conejos explotados por su carne, su pelo y su piel, y pienso, a la vez, en la condición humana mayoritariamente egoísta, banal y caprichosa, lejana aún de una conciencia que la lleve a poner fin a prácticas como estas, la respuesta a aquel dilema me resulta casi obvia. Prefiero avanzar en bienestar, aquí y ahora, en beneficio de los conejos –únicos que padecen en carne propia la maldita explotación– y no estancarme en un propósito que, de momento, resulta más teórico que posible.»

En primer lugar: ¿qué prueba presenta de que estas medidas "avanzan en su bienestar"? Se puede resumir en una palabra: ninguna. Cuando digo ninguna quiero decir ninguna. Nada. Ni en este artículo ni en ningún otro que defienda la regulación del 'bienestar animal'. Esto es una petición de principio que los bienestaristas no tienen interés siquiera en intentar demostrar. De hecho, tengo la impresión de que ni se han molestado en averiguar si lo que dicen se ajusta a los hechos. La tesis de que esta medida beneficia a los animales aún está por demostrar. Ellos lo afirman como si fuera un hecho, pero no lo es.

¿Es cierto que el propósito de liberarlos «es más teórico que posible»? Tal vez no es posible liberar a los animales ahora mismo porque los animalistas llevan dos siglos asumiendo el bienestarismo y empleando sus recursos en reformar la explotación animal y en campañas monotemáticas que marginan el veganismo. Es evidente que si nunca actuamos para conseguir la liberación de los animales entonces nunca llegará el momento de liberar a los animales de la opresión. Es un círculo vicioso. Alegar que los animales no pueden ser liberados ahora no justifica que no trabajemos ahora por liberarlos a todos en el futuro. El enfoque bienestarista no sirve para que termine la explotación de los animales; ni lo pretende siquiera.

¿Y si usamos el argumento de Padilla en el contexto humano? Por ejemplo, presupongamos que la violencia machista no va a terminar a corto plazo y que el objetivo de abolirla es más teórico que posible. ¿Justifica esto que promovamos medidas para regular la violencia contra las mujeres con la excusa de «hacer su vida menos miserable»? ¿Es aceptable promover leyes que promueven las agresiones contra las mujeres? Aparte de lo cuestionable que supone creer que esto podría aliviar la miseria de las víctimas, en lugar de más bien fomentarla, estaríamos faltando al respeto más elemental que merecen las personas, y estaríamos apoyando la violencia contra ellas. Podríamos plantear el mismo caso si se tratara de niños. Entonces, ¿por qué juzgar la situación de forma diferente sólo porque los individuos agredidos no sean humanos? 


Por otro lado, podemos notar que en el propio artículo de Padilla no se explica en ningún momento los dos puntos fundamentales de esta cuestión: a saber; que los humanos no necesitamos consumir animales y que tratar a los animales como recursos es moralmente injusto. Padilla no explica nada al respecto. Si no explicamos a la gente que consumir animales es injusto e innecesario entonces nunca dejarán de consumirlos. Lo más importante del asunto no lo menciona siquiera. Al parecer se le olvidó explicar el meollo principal de la cuestión porque tenía toda su atención centrada en buscar excusas para defender el bienestarismo. Entiendo que resulta contradictorio argumentar que está mal utilizar a los animales si al mismo tiempo estás apoyando una medida que consiste en utilizar a los animales.

Ante la falta de datos, evidencias, o argumentos razonados, Padilla prefiere acudir a la retórica rayana en la demagogia:

«¿Con qué cara le diría a uno de los miles de millones de animales que sufren ahora mismo que no apoyé una moción para que su explotación se diera en condiciones menos dramáticas porque mi propósito es la plena liberación de todos los animales? ¿No sería esto de, algún modo, decirle que él como individuo no cuenta pero sí, en cambio, los de las generaciones futuras de su especie? ¿O restarle importancia a la realidad pura y dura de su sufrimiento por una aspiración que, aunque justa, parece imposible de materializarse en el inmediato futuro?»

Podemos darle la vuelta a esta retórica planteando la cuestión de otro modo:

¿Con qué cara le diríamos a los animales que siguen explotados en el futuro que no centramos todos nuestros esfuerzos en promover el veganismo y conseguir que el uso de animales desaparezca como actividad institucionalizada? ¿No es esto decirle que nos los respetamos como individuos y que estamos usando su desgracia para conseguir socios y donaciones económicas? ¿No es esta actitud bienestarista la que ha favorecido que la explotación animal continúe de manera indefinida en lugar de desaparecer progresivamente mediante la difusión del veganismo?

Ya puestos a fantasear en la línea de Padilla, podríamos imaginar que un animal esclavizado pudiera hablar y nos dijera: «Me da igual todo lo demás; sólo quiero que haga lo posible por reducir un poco mi sufrimiento aunque eso conlleve ignorar el deber de abolir la esclavitud.» Bueno, esto no es lo relevante. Lo que él dijera no determina un criterio moral sólo porque él lo diga. Además, otro individuo animal podría opinar otra cosa completamente distinta. ¿A quién hacer caso a la hora de determinar nuestros patrones morales y guías de conducta? En todo caso, debo aclarar que ninguno de nosotros somos la voz de los animales. Ellos no nos han nombrado sus portavoces ni nos han comunicados sus opiniones. Así que aquí sólo expresamos nuestras ideas y no somos depositarios de la voluntad de los animales, por mucho que Padilla fantasee con que ella lo es.

Padilla parece ignorar, u ocultar, que a los animales que están siendo explotados ahora en el presente no les afectan estas medidas. Aparte de asumir sin pruebas que esto mejora el bienestar de los animales, también habla sobre estas medidas cómo si fueran de implementación inmediata. Más aún, defiende que aplicarlas conduciría a la desaparición de esta explotación:

«Ver desaparecidas las prácticas violentas que se ejercen sobre los animales es, por supuesto, el justo derrotero de la lucha por su defensa y protección. Pero en nombre de este fin, no deberíamos negarles la posibilidad de llevar vidas menos miserables. Su interés en no sufrir por causas evitables es un asunto tan serio, incluyéndonos, que debería alinearnos en la búsqueda de medidas que nos acercaran, lo más pronto posible, a su realización.»

Padilla afirma que las medidas bienestaristas hacen que las vidas de los animales explotados sean menos miserables y que además estas medidas favorecen de algún misterioso modo que se termine su explotación. Bueno, yo considero que esas proposiciones carecen de toda conexión con la realidad.

¿La regulación de la explotación de vacas, cerdos, pollos, peces y otros animales ha conducido de alguna manera a hacer desaparecer dicha explotación? Es muy evidente que no. ¿Cómo deducen los bienestaristas que regular la explotación de conejos hará desaparecer su explotación? No hay pruebas de que regular la explotación animal conduzca o favorezca a su desaparición. Si no sale rentable explotar conejos entonces se explotará a otros animales cuya producción sí sea rentable. Esta regulación no evita la explotación de un solo individuo. Si el consumo de cadáveres de conejos se encareciera circunstancialmente entonces la gente buscará consumir a otros animales, como los pollos o los atunes, cuya explotación resulte más económica. Es decir, incluso si al final hubiera menos conejos explotados esto no conduce ni equivale siquiera a que haya menos animales explotados.

La perspectiva bienestarista tiende a estar asociado intrínsecamente con el especismo. Lo que sucede cuando centras el activismo animalista en determinada especie es que el resto de animales que no son de esa especie resultan ignorados. Sólo bajo este sesgo especista puede alguien creer erróneamente que una posible reducción del número de conejos explotados se traduciría en una reducción global del número de animales explotados.

¿Qué es lo que dice el texto del informe en el cual se basa la propuesta apoyada por los grupos bienestaristas? Bueno, aquí tenemos un párrafo muy explicativo:

«En el presente informe y en el documento de trabajo que le ha precedido el ponente formula varias recomendaciones que cabe resumir como sigue: en la cunicultura es indispensable abandonar gradualmente la utilización de las jaulas en batería y de alambre en entorno árido y  pasar a métodos alternativos como los sistemas de cría en parque que prevén un espacio suficiente por conejo y la cría de los conejos en grupos. Los ganaderos que realicen esta conversión deberían recibir apoyo con cargo a los programas de desarrollo rural de la PAC. Los sistemas para la cría de conejos deberían contar con plataformas o superficies elevadas similares y una cantidad suficiente de materiales de enriquecimiento. Además, los tiempos de transporte deberían ser lo más limitados posible, debido a la sensibilidad de la especie, y se debería alimentar a los conejos antes del transporte y proporcionarles acceso a agua y comida en la medida adecuada durante el transporte. Las cajas y jaulas para el transporte deberían  permitir a los animales adoptar posturas normales. Por último, se debería aturdir por completo a los conejos antes de proceder al sacrificio, garantizándose que no experimenten sufrimiento, dolor o estrés. El sacrificio debería realizarse sin que exista riesgo alguno de que el animal aturdido recobre la consciencia.»

Éste es el sistema de jaulas de baterías que condena la propuesta:


Y éste es el nuevo sistema mejorado de la propuesta apoyada por Anima Naturalis, según informa la organización bienestarista Compassion In World Farming:


En previsión de la nueva legislación, algunos productores ya están adaptando las herramientas de explotación de conejos con el sistema de «colonias»:



¿Se puede declarar honestamente que estos animales llevan vidas menos miserables? Siguen estando confinados en un espacio limitado. Siguen encerrados. No los sacan de ninguna jaula sino que los meten en otra distinta. Siguen siendo atemorizados, coaccionados y agredidos. Siguen acabando en el matadero para ser degollados. ¿Qué miseria se supone que los bienestaristas les han ahorrado a los animales con esta medida? Incluso aceptando que la vida de un animal esclavizado se pudiera hacer un poco menos mala esto no equivale a que esa vida pueda ser calificada de buena.

¿A nadie le parece curioso que Anima Naturalis no muestre la consecuencia de las regulaciones que promueven? ¿No será que el efecto real que tienen las propuestas bienestaristas no es aliviar sino perpetuar la miseria que padecen estos animales? Los bienestaristas nunca aportan un solo dato empírico que explique cómo se supone que su trabajo está favoreciendo el bienestar de los animales esclavizados, y parece que ni siquiera son muy entusiastas de mostrar el tipo de explotación que están apoyando. No vaya a ser que alguien se dé cuenta de que sólo cambian una situación miserable por otra igualmente miserable.

La posición bienestarista llama «bienestar» a una situación que aplicada a los humanos sería considerada sin duda como como esclavitud y tortura. Es importante tener en cuenta que al oponernos a la posición denominada de 'Bienestar Animal' no nos oponemos al bienestar real de los animales sino que denunciamos una ideología que considera a los animales como recursos y trata su bienestar sólo como un medio para favorecer a los consumidores de explotación animal; no a los animales.

A pesar de todo, Padilla pretende argumentar que oponerse a las medidas bienestaristas significa alinearse con el inmovilismo:

«En ocasiones, incluso, deberíamos valorar si oponernos a medidas de mejora no nos sitúa más cerca de quienes prefieren que las cosas permanezcan tal como están. Al respecto, los criadores de conejos han afirmado que implementar las medidas del informe podría conducirlos al cierre de entre el 70 y el 90% de las explotaciones, al menos en España. Obviamente, buena parte de su negocio radica en mantenerlos en jaulas, sometidos a dinámicas de reproducción y crecimiento acelerados. Es decir que la regulación de esta explotación, mediante estándares de bienestar, haría el negocio insostenible.»

Padilla no está mostrando hechos sino meras predicciones. Ahora bien, aceptemos que las peores predicciones para los explotadores de conejos se hicieran realidad. Según informa el servicio de prensa del parlamento europeo casi toda la carne de conejo consumida en Europa proviene de China, que es ajena a las regulaciones aprobadas:

«Although 340 million rabbits are slaughtered for meat in the EU every year, this represents less than 1% of the EU’s final livestock production. [...] The EU is the world’s leading rabbit producer, ahead of China, which is its leading rabbit meat exporter. Around 99% of the EU’s rabbit meat imports originate in China.»

-----------------------------------------

«Aunque 340 millones de conejos son matados para carne cada año en la Unión Europea [UE], esto representa menos del 1% de la producción ganadera de la UE. [...] La UE es el principal productor mundial de conejos, despues de China, que es el principal exportador de su carne. Cerca del 99% de la carne de conejo proviene de China»

Esto significa que aunque parte de los productores europeos tuvieran que cerrar, el precio no tiene por qué encarecerse, ni la demanda tiene por qué disminuir, ya que China sigue exportando conejos masivamente. Si los productores europeos no pudieran afrontar el coste de la nueva normativa, entonces lo más probable es que esta demanda sería absorbida por los productores chinos. Con lo cual ni un solo conejo ha sido salvado de la esclavitud. Asimismo los demandantes de explotación animal también pueden elegir consumir otro tipo de animal. Con lo cual los bienestaristas no han ayudado a salvar a ningún animal. Esto es, la propuesta apoyada por Padilla es en verdad la que favorece que las cosas permanezcan tal como están.

Creo importante dejar claro que yo no soy partidario de la denominada «acción directa» como forma de activismo. Por diversas razones, considero que esta estrategia conlleva importantes defectos morales y prácticos. Soy partidario de la educación vegana como el medio ético y efectivo de abolir la utilización de animales. Sin embargo, aparte de esta cuestión, considero que sólo aquellos que sacan a los animales de sus centros de explotación, y que los adoptan responsablemente, pueden afirmar con verdad que han hecho que las vidas de estos individuos sean menos miserables y que ahora gozan de cierto bienestar real. Pero los bienestaristas no pueden decir esto sin faltar a la verdad.

Si aceptamos que los animales tienen un derecho fundamental a no ser propiedad entonces no podemos apoyar ninguna iniciativa que los trate como propiedades, y esto incluye las regulaciones de su esclavitud. No obstante, incluso si obviamos ese derecho básico, los argumentos que se pretenden presentar para justificar el apoyo a esas regulaciones no están avalados por la lógica ni por las evidencias empíricas.

Ninguno de los puntos que argumentan los bienestaristas se sostiene. La regulación de la explotación animal no mejora significativamente el bienestar de los animales, no reduce el número de animales explotados y su sufrimiento, y, lo más importante si cabe, no favorece ni conduce a liberar a los animales de nuestra opresión sobre ellos. El enfoque bienestarista es parte de la injusticia que padecen los animales y no su solución.

Resulta cuanto menos que curioso que cuando se trata de actividades como la tauromaquia estos grupos adopten una postura que ellos proclaman «abolicionista» pero que en otras actividades equivalente adopten una posición regulacionista que ellos mismos no aceptan cuando se trata de otros usos de animales que sí rechazan de plano.

Padilla finaliza su artículo concluyendo que:

«La posición inicial de los eurodiputados frente al informe era de abstención o rechazo. Sin embargo, la presión de sus votantes los llevó a apoyarlo. Esto también debe decirnos algo.»

Sí. Esto nos dice que las medidas bienestaristas no amenazan la existencia de la explotación animal y que los consumidores de esta explotación han comprendido que mediante el bienestarismo pueden alegar que se preocupan por el bienestar de los animales y al mismo tiempo continuar consumiendo animales con la conciencia tranquila porque, según les dice Andrea Padilla, han hecho «lo correcto».

Pienso que si pueden creer sinceramente que actuar de esa forma es «hacer lo correcto» esto evidencia hasta qué extremo los bienestaristas —que tienen condicionada su forma de pensar por el utilitarismo— tienen trastocadas las nociones del bien y del mal. No pretendo cuestionar ahora que ellos de alguna manera crean que lo que están haciendo es correcto, pero sí digo que lo que ellos denominan «correcto» moalmente no lo es.

27 de febrero de 2017

«La Supuesta Verdad Es Más Extraña Que La Ficción»



En este artículo del activista James LaVeck se expone cómo las organizaciones animalistas se han convertido en cómplices y aliados de la industria de explotación animal.

Esta afirmación no es una acusación ni una interpretación sino que es la referencia a una evidencia. Con la excusa de "reducir el sufrimiento" los grupos animalistas promueven el consumo de productos de origen animal etiquetados como "humanitarios" o "compasivos".

Lo que LaVeck exponía hace diez años acerca de este problema en el ámbito anglosajón se está extendiendo ahora en el ámbito hispano y también el resto del mundo occidental.


*****************

«La Supuesta Verdad Es Más Extraña Que La Ficción: El coste oculto de vender huevos de "gallinas libres"»

James LaVeck


Febrero 2007

"Verdad aparente: algo que si es dicho como si fuese verdad, que uno quiere que otros crean que es verdad, que dicho suficientes veces con suficientes voces orquestadas detrás de ello, puede incluso sonar como verdad, pero no es verdad." - Ken Dryden, parlamentario canadiense.

Muchos líderes del actual movimiento animalista están apoyando e incluso ayudando a desarrollar sellos y etiquetas de productos animales y estándares de ganadería "compasivos con los animales". Algunos están incluso promocionando productos animales tales como huevos que llevan una etiqueta "campera". Esta tendencia que crece rápidamente está siendo celebrada por algunos como "un nuevo nivel de compromiso" con la industria, y criticado por otros como nada menos que la apropiación al por mayor de la causa de los animales por parte de la industria.

Los activistas implicados han descartado la sugerencia de que tienen un conflicto de intereses. "La afirmación de que estamos en la misma cama con la industria", dijo un empleado senior de una gran organización bienestarista "ignora el hecho de que todos los grandes grupos de la industria nos identifican como una enorme amenaza."

¿Pero hay algo más en esta historia?

Acerca de este mismo empleado se informó que era participante en un encuentro el 28 de abril de 2005 entre su organización y los productores de huevos "camperos" industrializados. Como se informa en el blog del asesor de la industria Joel Salatin, este encuentro "inaugural e histórico" se centró en la "lluvia de ideas" de una campaña nacional contra los huevos de batería que promocionaría los huevos "camperos" como la alternativa. Salatin observó cómo "el entrar en los Wal-Marts del mundo consumió el tiempo de discusión" y cómo "todos los productores estaban salivando por más mercado: uno admitió que se estaba sentando sobre 700 cajas —eso son 21.000 docenas— por semana ahora mismo para las que no tenía mercado". Salatin añadió que el productor más grande del encuentro, a quien se refirió como el "jefe", aseguró a los animalistas que todos los "jugadores" adecuados de la industria estaban allí. La intención del "jefe", de acuerdo con Salatin, era que la "campaña promocionaría sólo a aquellos que estaban en la mesa. Se espera un tiempo de bonanza para el negocio".



¿Reforma o Refuerzo?

En 2001, Bill Moyer, un activista con 40 años de experiencia en los movimientos de derechos civiles, contra la guerra y anti-nuclear, publicó «Doing Democracy». Este libro que marcó un hito, y que muestra cómo los altibajos de los movimientos sociales generalmente siguen un patrón predecible, proporciona a los activistas un modelo para aumentar drásticamente su efectividad.

Moyer señala que los movimientos exitosos requieren activistas que cumplan cuatro funciones diferentes. Una de estas funciones es la de los "reformistas", individuos y grandes organizaciones que se centran en que las metas del movimiento, los valores y las alternativas sean adoptadas en leyes, políticas institucionales y prácticas de la industria. Los reformistas se dice que son especialmente útiles en las últimas etapas del proceso del cambio social.

Pero Moyer señala que puede haber un lado oscuro de las organizaciones centradas en las reformas que se muestra, trágicamente, justo cuando un movimiento está aumentando su impacto. La oposición al movimiento —en este caso, la industria de explotación animal— al percibir una mayor simpatía pública por la causa, intenta "dividir o socavar el movimiento ofreciendo reformas menores" y "los reformistas inefectivos empiezan a hacer acuerdos en el nombre de 'políticas realistas' generalmente por encima de las objeciones de los grupos de base".

¿Por qué? Moyer sugiere que colaborar con la oposición puede ofrecer beneficios sustanciales económicos y de relaciones públicas a los miembros de las organizaciones, a pesar de que el movimiento como totalidad puede sufrir graves daños.

Los integrantes de las grandes organizaciones pueden a veces olvidar su papel como administradores del poder de base de un movimiento, señala Moyer, y en vez de fomentar la democracia en sus organizaciones, y en el movimiento como conjunto, empiezan a actuar como autodenominados líderes. Ellos "se comportan como si representaran al movimiento, decidiendo sobre estrategias y programas para todo el movimiento y enviando entonces directivas a los niveles locales". Moyer deja claro cómo este "comportamiento jerárquico, opresivo, combinado con políticas conservadoras" divide al movimiento, separando a las grandes organizaciones de los activistas de base. Este es un serio problema, enfatiza, porque "el poder de los movimientos sociales está basado en las raíces".

En el escenario de Moyer en el que los reformistas cometen este error, los profesionales que dirgien las grandes organizaciones pueden incluso llegar a identificarse más con sus contrapartidas en la oposición que con la gente de base cuyas donaciones pagan sus salarios, y cuyo duro trabajo hace que sus programas lleguen a estar vivos. Como resultado, un movimiento puede perder su rumbo, "ya sea a través de la colisión o el compromiso por activistas reformistas que socaven la consecución de las metas críticas del movimiento."

Esto nos devuelve a la proliferación de los sistemas de etiquetas de productos animales aprobados por activistas, y el resultante robo de identidad que padece el movimiento vegano y de derechos animales. En un artículo reciente del New York Times titulado "Meat Labels Hope to Lure the Sensitive Carnivore" ["Los Sellos de la Carne Esperan Atraer a los Carnívoros Sensibles"], John Mackey, fundador y gerente de Whole Foods, uno de los vendedores de carne más grandes de Estados Unidos, es descrito como "un vegano que se vuelve cada vez más elocuente sobre cuestiones de derechos animales". En el mismo artículo, la American Humane Association y la Humane Farm Animal Care, ambas con un claro interés en las reformas de confinamiento de los animales, y no en el boicot a los productos animales ni en la abolición de la explotación animal, son consideradas como "organizaciones de derechos animales".

Pero cuál es el daño, dicen los proponentes, sólo son palabras, ¿no es verdad? Como se dice en el mismo artículo del New York Times, una cadena de alimentación aumentó el 25 por ciento sus ventas de carne desde que añadieron el logo "Certified Humane" [Certificado Humanitario], incluso aunque estos productos cuestan, de media, entre un 30 y un 40% más.

Parece que la industria tiene más que unas pocas razones para estar salivando por su nueva colaboración con el movimiento de defensa animal.



Un Momento de Verdad Aparente

¿Pero cómo podrían los activistas líderes inteligentes y experimentados caer en una trampa de la industria tan predecible? Puede que hayan fallado en entender que los valores que dirigen un movimiento de justicia social son inherentemente incompatibles con los de un negocio basado en explotar a los mismos seres a los que el movimiento se ha comprometido proteger.

Cuando el marco moral de una causa de justicia social está siendo deliberadamente mezclada con la lógica utilitarista de maximizar los beneficios de una industria explotadora, lo que una vez fue una relación natural de adversarios se convierte en un matrimonio disfuncional de conveniencia. Para conseguir que tal alianza antinatural funcione, el pensamiento crítico, el mismo catalizador de la conciencia, debe ser neutralizado a través de las manipulaciones de relaciones públicas.

Como una estrategia para terminar con el uso de jaulas de batería, por ejemplo, varias organizaciones animalistas están animando a sus miembros y simpatizantes a persuadir a individuos e instituciones para cambiar a huevos etiquetados "camperos". Uno de los arquitectos de esta campaña ha afirmado que el término "campero" no es confuso del todo, dado que aunque las gallinas están confinadas en entornos interiores artificiales, técnicamente hablando, ellas no están dentro de jaulas.

Pero ser objetivo técnicamente y decir la verdad no son necesariamente lo mismo. Simplemente pregunte a miembros de la sociedad en general que se imaginen las vidas de las gallinas que producen huevos "camperos". La mayoría probablemente visionará algo parecido a la mítico cuento infantial "La Granja del Viejo MacDonald", con animales contentos deambulando libremente por un corral bucólico.

¿La realidad? Millones de jóvenes gallinas permaneciendo hombro con hombro en grandes naves encerradas, forzadas a anidar día y noche sobre sus propios excrementos, respirando un aire tan fétido que los trabajadores llevan máscaras de gas para prevenir daños permanentes en sus pulmones. Así como sus hermanas en las jaulas de batería, a las gallinas "camperas" les cortan brutalmente el pico, les provocan una muda forzada —sin comer durante días para reiniciar el ciclo de de puesta de huevos— y, por supuesto, matadas cuando ya no son de utilidad. O, como un investigador descubrió, si no se puede encontrar a ningún comprador para sus cuerpos destrozados, pueden ser metidas en urnas de acero y gaseadas, y las pilas de sus restos ya sin vida enviadas a rellenar campos o para ser utilizados como abono. Por no mencionar los millones de pollitos macho que, incapaces de poner huevos, son asfixiados sin ceremonia en bolsas de plástico o triturados vivos para hacer fertilizantes o alimento, sus vidas se apagan antes de que siquiera llegaran a empezar.



¿Abuso "nuevo y mejorado"?

Si buscamos justicia colaborando con la industria, ayudando a desarrollar y promover lo que nos decimos a nosotros mismos que es una forma de explotación un poco menos horrible, ¿no estamos intentando reemplazar una forma de abuso por otra?

Mientras que es cuestionable si tal estrategia podría eventualmente llevar al fin de la explotación, una cosa es cierta: cuando los animalistas animan a la sociedad a aceptar "nuevas y mejoradas" formas de abuso, estamos reforzando poderosamente el estatus de los animales no humanos como propiedades —para ser adquiridos, utilizados y dispuestos a voluntad. Estamos también reforzando significativamente la credibilidad y la imagen pública positiva de una industria con una larga historia de traicionar la confianza de la sociedad.

Incluso aún más problemático, nosotros, los defensores de los animales, no podemos tener éxito al seguir esa estrategia, sin que nosotros mismos tomemos parte directamente en confundir a la sociedad. Considera, por ejemplo, lo que requiere vender con éxito la idea de que comprar y consumir huevos etiquetados como camperos es socialmente responsable, e incluso compasivo. Si toda la realidad de la producción de huevos "camperos" —o cualquier otro sistema sistematizado de expltoación de animales— llega a ser revelado, ¿no sería imposible convencer a grandes cantidades de gente a que lo apoyaran?

Por tanto, para promover los huevos "camperos", tenemos que atravesar la línea invisible, pero crítica, que separa un activista de un apologista.



De "Sin Jaula" a "Libre de Crueldad": Cómo La Verdad Aparente Se Convierte en Ficción

Vamos a examinar algunas de las afirmaciones que han aparecido en los medios locales donde la campaña de huevos "sin jaula" ha tenido lugar. Fíjate como la presión por cerrar la venta lleva a la inevitable confusión entre hecho y ficción:

Un estudiante de un grupo de derechos animales caracteriza su campaña de "sin jaula" como un intento por conseguir que el servicio de comidas de su colegio no compre más huevos de "grandes granjas industriales con condiciones crueles". El líder del grupo afirma que: "las granjas industriales y las gallinas enjauladas son dañinas para el medio ambiente" y que "los huevos ´sin jaula´ son buenos para los animales y los granjeros locales".

En otro instituto, los animalistas afirman que si la universidad cambiara a huevos etiquetados "sin jaula", "podríamos estar orgullosos de nosotros mismos de saber que estas aves tuvieron una vida decente" y que ya no estarían apoyando "prácticas medioambientalmente insostenibles que explotan la tierra, los trabajadores y los animales".

La verdad es que la mayoría de huevos "no provenientes de jaulas" son producidos en granjas industrializadas, y que hay poca evidencia para sugerir que las técnicas de producción "sin jaula" sean menos dañinas para el medio ambiente. Ciertamente no son "buenas para los animales".

Dijo un candidato a doctor: "si las naciones enteras a lo largo de Europa pueden prohibir las jaulas de batería y volverse libres de crueldad, !entonces soy optimista de que nuestra universidad también podrá!"

¿Pero una industria que mutila y mata a los animales jóvenes a los que explota puede ser realmente llamada "libre de crueldad"?

En otro instituto, un estudiante promotor de una exitosa campaña "sin jaulas" dice: "es bueno que esta universidad pueda mostrar que somos compasivos hacia los derechos animales". ¿Así que cambiar a huevos etiquetados como "sin jaula" es ahora una expresión de derechos animales, una filosofía que rechaza toda la explotación y boicotea el consumo de productos animales?

"Estamos felices de hacerlo" dice el gerente alimenticio de una compañía de las 500 de Fortune. "Hay un efecto en onda que creo que sucederá. Otras compañías también quieren asegurar el trato humanitario de los animales".

Como un astuto activista señaló, los términos que pueden ser utilizados en un sentido relativo cuando te comunicas con activistas animalistas, son ahora aplicados en un sentido absoluto en lo que se refiere a vender a los consumidores estas "nuevos y mejorados" productos animales. Así que mientras uno pueda elegir afirmar que algunas formas de explotación y matanza son menos inhumanas, o menos crueles que otras, un activista informado no puede honestamente caracterizar cualquier forma de explotación y matanza como compasiva o libre de crueldad. Eso es justamente lo que se hace creer el público.

Imagina lo que significa hacer todo el trabajo necesario para tirar abajo el velo que cubre la horrible injusticia de la producción de huevos en batería, y entonces, darte la vuelta y metódicamente cubrirlo de nuevo con una fachada nueva y mejorada: huevos "camperos", la alternativa libre de crueldad, socialmente responsable y medioambientalmente sostenible. Bueno para los animales, bueno para los ganaderos, bueno para los trabajadores, bueno para ti.

Todo esto sucede en un momento en el que más y más gente alrededor del mundo está adictos a una dieta centrada en las proteínas de origen animal, la causa probada de más enfermedades crónicas. En un momento en que nos encontramos con una epidemia de obesidad, y amenazas sobre la gripe aviar como la próxima pandemia. En un momento en que los investigadores de las Naciones Unidas han determinado que la ganadería produce mayor impacto de calentamiento global que todos los automóviles, camiones, autobuses, aviones, trenes y barcos del mundo juntos.



Y No Lo Olvidemos, Ellos También Son Más Sabrosos

Un tema repetido en las noticias sobre las campañas de huevos "camperos", de hecho muy común en la mayoría de la cobertura de los sistemas de etiquetas aprobados por los activistas, es cuán deliciosos son estos productos animales "nuevos y mejorados".

Un servicio de menús de un campus realizó una prueba de sabor y fueron incapaces de encontrar ni un sólo estudiante que no pensara que los huevos "camperos" sabían mejor. Otro gerente de comedor fue citado haciendo cumplidos por su frescura. Ella habló de cómo uno de sus chefs "hizo pan de plátano con los huevos y dijo que hace que el pan sea más ligero y esponjoso" y cómo "los estudiantes parecían interesados en probar los huevos", concluyendo que "la gente parece estar comiendo más huevos por probarlos". 

¿Hay alguna duda de que nuestra causa esté siendo apropiada?

¿Pero cómo puede alguien echar la culpa a activistas bien-intencionados por contribuir a la creciente abundancia de desinformación y tergiversación? Después de todo, ellos han sido convencidos por gente a la que admiran, de modo que si dicen la verdad, ellos no reducirán tanto el sufrimiento como ofreciendo estas falsas noticias tranquilizadoras de verdad aparente. Han sido convencidos de que reemplazar una forma forma de abuso por otra es un camino viable para terminar con la explotación.

Mientras que los valores y principios básicos del movimiento están siendo perversamente puestos al servicio de vender los mismos productos de sufrimiento y explotación que querían abolir, la integridad y buena voluntad de la gente se han vuelto cada vez más desorientada. Pierden su capacidad para reconocer que están siendo llevados a un destructivo conflicto de intereses, confundiéndolo con "pragmatismo" y "sentido común".




Una Media Verdad es una Completa Mentira

¿Es el momento de mirarnos al espejo? ¿En verdad queremos convencer a los jóvenes e idealistas que la manipulación es un camino seguro para un mundo mejor? ¿Las relaciones públicas, y no la educación, es la respuesta? ¿Queremos perpetuar la destructiva fantasía de que un movimiento social de justicia puede ser organizado como una corporación multinacional?

La ignorancia, la negación y la deshonestidad están en la propia raíz, no sólo de la explotación en sí misma, sino también de las fuerzas sociales y psicológicas que permiten su tolerancia. Cuando estamos dispuestos a sacrificar la verdad, para diluir su poder de modo que aumentemos las ganancias a corto plazo, independientemente de cuán noble pueda parecer, rompemos nuestros amarres éticos y empezamos a ir a la deriva y sin rumbo, inevitablemente siendo llevados por la misma corriente que lleva a quienes están atrapados en la explotación.

En el fondo de nuestro corazón, sabemos que hay un camino mejor. Si nos tomamos tiempo para escuchar, nuestra consciencia nos mostrará el camino.




Artículo original: «Truthiness is Stranger than Fiction»

******************

Para que el veganismo no salga adelante como movimiento es necesario seguir la estrategia que ya ha funcionado en los países anglosajones durante dos siglos: que los animalistas se alíen con los políticos y los explotadores institucionales para conseguir que la esclavitud de los animales no humanos se perpetúe adaptándola a la evolución social mediante regulaciones legales que hagan pensar a la gente que tratamos 'humanitariamente' a los animales y que el 'maltrato' se castiga. De ese modo, el mensaje abolicionista se hace quedar como 'extremista' frente a la 'moderación' de los bienestaristas. Mientras los animales siguen siendo esclavizados, siguen siendo dañados y matados para beneficio humano, y nada cambia realmente para ellos.