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21 de agosto de 2017

Acerca del uso de medicamentos


En ocasiones me preguntan acerca de si ser éticamente coherente con el veganismo significa no poder usar medicamentos porque estos medicamentos fueron experimentados en animales durante su obtención. ¿Es acertada esta suposición? Pienso que no lo sería, por varias razones que expondré a continuación.

Sin embargo, antes de nada, debo aclarar que en este texto no argumentaré sobre la moralidad del uso de animales porque esto ya fue discutido en un ensayo anterior. Aquí parto de la conclusión de que utilizar animales para propósitos científicos es inmoral —así como para cualquier otra finalidad. De igual modo, tampoco discutiré acerca de si este uso es "necesario", útil o beneficioso. Este último punto no es relevante siquiera para la cuestión que aquí planteo. Parto de la base de que este uso puede ser necesario, útil o beneficioso; de acuerdo a la opinión actualmente predominante en la comunidad científica. Si bien, esto no significa que dicho uso sea imprescindible o irremplazable para el progreso científico.

Mi tesis consiste en defender la idea de que el hecho de que los animales hayan sido explotados para investigación médica no significa que no sea moralmente correcto consumir medicamentos que tuvieron alguna relación con dicha investigación. Defender lo contrario sería análogo a, por ejemplo, proclamar que no debemos beneficiarnos de los avances culturales de la Antigüedad porque en esos avances estuvo directamente involucrada la esclavitud humana. Creo que esta objeción no tiene sentido. Aprovecharnos de ese beneficio en el contexto actual no significa apoyar la explotación de seres humanos que estuvo implicada en su obtención o promover de algún modo la explotación de seres humanos.

Asimismo, el consumo de medicamentos no demanda la explotación de los animales. El uso de animales en la ciencia es una decisión de los científicos; no de los consumidores. Se trata de un contexto diferente al consumo de productos de origen animal como carne, lácteos, huevos, miel, lana,..., que son productos comercializados debido a su demanda por parte de los consumidores. Si consumimos estos productos sí que estaríamos apoyando, financiando y promoviendo la explotación de los animales.

Para analizar este asunto con más claridad podemos llevarlo al contexto humano.

Antes de que prevaleciera la doctrina de los Derechos Humanos, se utilizaban de forma rutinaria a seres humanos en investigaciones médicas sin su consentimiento. Uno de los motivos por los que el uso de animales no humanos en investigación comenzó a crecer tanto a partir del siglo XIX fue debido en parte a que se abolió la esclavitud humana y se prohibió legalmente utilizar a seres humanos como sujetos forzados en experimentos. No obstante, empresas y gobiernos siguieron efectuando veladamente experimentos en humanos sin su consentimiento hasta épocas muy recientes, tal y como atestigua el caso  de Tuskegee y los experimentos secretos de la CIA, entre otros.

Desde el punto de vista estrictamente científico no habría nada incorrecto en aquella práctica. Era una actividad que beneficiaba el progreso del conocimiento médico sobre la fisiología humana; lo cual beneficiaría a muchos humanos. Esas prácticas sólo serían condenables desde el punto de vista moral. No hay diferencia esencial con lo que sigue sucediendo actualmente respecto de los animales no humanos utilizados en el ámbito de la ciencia. La única diferencia sería la especie. Pero la especie no es más relevante que la raza o el sexo como criterio de discriminación moral.

Considero que si alguien defiende seriamente que no debemos beneficiarnos del resultado de la investigación médica por haber estado involucrado en ella el uso de animales, entonces, por coherencia, debería rechazar cualquier beneficio obtenido por la investigación médica dado que la medicina que tenemos en la actualidad sería parcialmente el resultado del uso de seres humanos como sujetos forzados en experimentación. Por no hablar de otras prácticas abusivas en las que los investigadores han estado implicados.

Curiosamente parece que no ha habido ninguna controversia moral acerca del uso de resultados de los muchos experimentos médicos en los que estuvo implicado el uso forzado de seres humanos. Sólo en el caso de experimentos realizados por los nazis a mediados del siglo XX se forjó una polémica acerca de si sería ético usar los datos obtenidos por los investigadores que habían utilizado a seres humanos sin su consentimiento y para experimentos nocivos. La polémica ha continuado hasta la actualidad y, aunque algunos defendieron que no era ético usar dichos datos, la mayoría de autores argumentan a favor de permitir el uso de esos resultados dentro de ciertos límites [1 , 2], que es coincidente con la tesis que yo defiendo aquí respecto del uso de los resultados en investigación científica que hubiera utilizado animales.

¿Si se hubiera encontrado la cura del cáncer utilizando a seres humanos de manera forzada esto significaría que estamos moralmente obligados a rechazar el beneficiarnos de dicha cura? Ciertamente no. El hecho de negarnos a recibir esa cura no repara el daño ni previene que se cometa el mismo crimen. Beneficiarnos de esa cura no apoya la explotación de seres humanos. Lo mismo se aplica cuando se trata de medicamentos que fueron experimentados en animales no humanos.

Cuestionar que un vegano consuma medicamentos sólo por el hecho de que los científicos utilizaran animales durante su investigación es equivalente a cuestionar que un comunista compre automóviles en un sistema capitalista o a que un liberal acuda a la seguridad social. Un comunista no se opone al consumo ni a la propiedad privada de bienes de consumo sino que se sólo opone a que los medios de producción de estos bienes estén en manos de propietarios privados. Un liberal no se opone a la existencia de servicios públicos sino que sólo se opone que estos servicios sean obligatoriamente estatalizados de forma exclusiva. De igual modo, un vegano no se opone a la ciencia ni a la investigación médica ni  a los medicamentos; sólo se opone a que los animales sean utilizados para fines humanos —según la definición original de veganismo.

Al consumir un medicamento no estamos demandando explotación animal por el solo hecho de que ese medicamento hubiera sido experimentado en animales. Si entendemos que consumir agua no demanda explotación animal —aunque el agua fue testada en animales al igual que todas las sustancias comercializadas para consumo humano lo han sido— entonces consumir medicamentos tampoco la demanda. Hay aspectos concretos de la explotación animal que son estructurales y que dependen de la decisión de los políticos y de los expertos; no de los consumidores.

En el contexto actual, pienso que lo que deberíamos hacer para oponernos a la experimentación con animales y conseguir terminar con ella es:

* Explicar y difundir por qué el uso de animales es moralmente condenable: [1] , [2] , [3]

* Promover técnicas de investigación que no impliquen utilizar animales: [1] , [2]

* No consumir en lo posible productos de empresas que financien la experimentación en animales y que utilicen sustancias de origen animal en dichos productos. Me refiero también a productos de limpieza y aseo: [1] , [2]

La gran mayoría de medicamentos no proviene de animales ni contiene sustancias de origen animal, salvo algunas excepciones. En el caso de que fuera así, deberíamos tratar de evitarlos en lo posible, porque este caso  estaría habiendo una demanda de explotación animal. Si un producto no contiene sustancias de origen animal entonces es apto para veganos y no demanda en el uso de animales.

En última instancia, los abolicionistas queremos eliminar el uso de animales en la ciencia, y cualquier otro ámbito, pero conseguir este objetivo a nivel social y legal es inviable si antes no logramos que la mayoría de la población comprenda y apoye dicho objetivo y se comprometa con él. Y esto sólo se consigue de manera ética y efectiva mediante la educación vegana.

De todos modos, incluso si beneficiarnos del resultado científico de la experimentación animal fuera moralmente objetable, el argumento de la necesidad que podría excusar el consumo de medicamentos —en tanto que fuera necesario para preservar nuestra salud— no se puede aplicar al hecho de consumir productos de origen animal en otros ámbitos como la alimentación y la vestimenta. No tenemos necesidad alguna de comer animales o de vestirnos con trozos de sus cuerpos para poder vivir y gozar de salud y calidad de vida.

Podríamos excusar el consumo de medicamentos alegando que es necesario para curar un trastorno o enfermedad y tener buena salud; pero el consumo de productos de origen animal en forma de carne, lácteos, huevos, miel, lana, cuero, piel —y todo aquello que proviene de animales— no se puede excusar apelando a la necesidad en ningún sentido razonable. No necesitamos utilizar a los animales para alimentarnos ni para vestirnos. El uso de animales para alimento, vestimenta y entretenimiento sólo se explica apelando a la costumbre y el placer; no a la necesidad. El uso de animales en la ciencia es el único uso que se podría defender de alguna forma razonable desde una perspectiva de la necesidad —aunque esto no lo justifique moralmente.

Por último, entiendo que quien pretenda cuestionar la coherencia de los veganos respecto del uso de medicamentos para preservar su salud debería antes de nada dejar de hacer daño a los animales por placer y por costumbre. Si los animales poseen un valor moral entonces no debemos vulnerar sus intereses por motivo de placer o tradición o comodidad. Si alguien no reconociera este valor moral entonces deberíamos discutir primero este punto antes de entrar a discutir la ética del consumo de medicamentos. Y quien tenga alguna preocupación moral por los animales debería comenzar por dejar de utilizarlos para comida, vestimenta y entretenimiento, para ser coherente con esa preocupación moral. De lo contrario, las objeciones al respecto resultarían meramente en un simple ejercicio dialéctico que carece de interés para quienes nos preocupamos y deseamos detener la injusticia contra los animales.

En cualquier caso, si alguien piensa que hubiera algún error en esta argumentación, puede exponer sus observaciones en la sección de comentarios; siempre de forma razonada, está de más decirlo.

13 de junio de 2017

La dieta vegana: qué es y qué no es


¿Qué es una dieta vegana? Una dieta vegana es aquella forma de alimentación que, como su propio nombre ya nos indica, sigue el principio del veganismo, es decir, el principio moral de que no debemos utilizar a los animales como medios para los fines humanos. Esto es la dieta vegana y no es ninguna otra cosa más.

Puede suceder que una persona adopte una dieta completamente vegetal por motivos de salud o de preferencia personal, pero esto no equivale a que esté llevando una dieta vegana. La dieta vegana es circunstancialmente vegetal en su contenido, pero no es este contenido lo que la hace vegana. 

La dieta vegana se refiere a la alimentación que llevan los veganos, es decir, aquellos individuos que rechazan moralmente la explotación de los animales. Lo que la hace vegana en realidad es el hecho de seguir este principio moral y no el hecho de que sea completamente vegetal en su contenido. Si se diera el caso de que pudiéramos alimentarnos de alguna manera saludable excluyendo el uso de animales y al mismo tiempo sin necesidad de consumir vegetales entonces estaríamos llevando una dieta vegana.

Por tanto, si comemos sólo vegetales porque nos oponemos a la utilización de animales como una cuestión de principio moral entonces estamos llevando una dieta vegana. Pero si comemos sólo vegetales porque creemos que es mejor para nuestra salud, o por una simple cuestión de preferencia personal, entonces no estamos llevando una dieta vegana.

Siguiendo el mismo criterio podemos hablar de ropa vegana, de cosmética vegana o de filosofía vegana. El veganismo es un principio ético que se aplica a todos los ámbitos de la vida. El veganismo se opone a que los animales sean tratados como medios para fines humanos y promueve que sean liberados de la esclavitud a la que tradicionalmente los hemos sometido.

En conclusión, si alguien adoptara una dieta completamente vegetal esto no equivale a que haya adoptado el veganismo. El veganismo se aplica en todos los ámbitos de la vida, y no sólo en la alimentación, y el veganismo no significa una práctica concreta —no consiste en hacer tal o cual cosa— sino que significa rechazar la dominación de los humanos sobre los demás animales; así como el feminismo significa rechazar la dominación de los varones sobre las mujeres.

Así pues, para llevar una dieta vegana es necesario ser vegano, es decir, considerar que la utilización de los animales es una injusticia fundamental.

Además de esto, llevar una dieta vegana saludable es fácil pero hay que informarse y planificarla bien. Llevar una dieta vegana es una obligación moral —dentro de la obligación moral de no explotar a los animales— pero también lo es que sea saludable. Debemos ayudar a los animales a liberarse de la dominación humana pero sólo podemos hacerlo estando sanos.

22 de diciembre de 2012

No, el veganismo no es caro



Una de las excusas habituales que se suelen alegar contra el veganismo es el hecho de cuestionar o negar que sea viable llevarlo a la práctica. Incluso se llega a afirmar que se trata de algo caro o costoso. Algunas personas afirman que es poco menos que un 'lujo' y que la mayoría de la gente no puede permitirse el hecho de ser vegano. Todo esto aparte de si el veganismo está racionalmente justificado como principio moral. Por tanto, vamos a analizar brevemente si esta crítica tiene algún sentido.

En primer lugar ¿por qué todavía hay tan pocos veganos en proporción con el resto de la población humana?. A veces se alega que esto ocurre precisamente porque el veganismo es caro y sólo un pequeño porcentaje de la gente se lo puede permitirPero la realidad resulta más bien en lo contrario. Practicar el veganismo no es más caro. De hecho, algunos estudios indican que eliminar los productos de origen animal resulta económicamente más barato, siempre que los sustituyamos por vegetales de cultivo eficiente. Si bien, como intentaré argumentar un poco más adelante, no son las motivaciones económicas las que están detrás de la existencia de la explotación animal.

Como cualquier persona un poco versada en economía sabría, los productos de origen animal no reflejan en su precio el coste real. Todos esos productos, en mayor o menor medida, están fuertemente subvencionados por el Estado, para que sean asequibles al poder adquisitivo de los consumidores medios, dado que existe una gran demanda social de productos de origen animal.

Esta demanda se explica por varios motivos. En particular, se debe a que la mayoría de gente cree erróneamente que es necesario consumirlos para vivir. También en parte es una consecuencia de la mentalidad especista. Si pensamos que los demás animales existen para estar a nuestro servicio entonces así será como nos relacionemos con ellos.


Centrándonos específicamente del ámbito de la alimentación, ¿es más caro un kilo de garbanzos que un kilo de huevos? ¿Es más caro un kilo de nueces que un kilo de carne animal? ¿Es más caro un litro de leche animal que un litro de leche vegetal? Pues no. Prácticamente en cualquier lugar, los vegetales suelen ser por lo general más baratos que los productos de origen animal.



En las poblaciones humanas menos desarrollas tecnológicamente, en las que está presente la misma mentalidad especista que en cualquier otra, esclavizar animales para obtener un beneficio económico de ellos es realmente un lujo. Solamente un pequeño porcentaje de humanos pueden llevarlo a cabo, por lo general resulta mucho más barato cultivar la tierra y consumir vegetales directamente que dar de comer a los animales para luego utilizarlos de comida.


Los animales que son esclavizados deben ser alimentos con productos de la agricultura o necesitan a su disposición un extenso suelo fértil del que poder comer un suelo que podría ser utilizado para cultivar vegetales. Por una simple regla de tres, resulta menos costoso consumir directamente los productos de la tierra.

Es verdad que si uno echa un vistazo a los productos específicos de tiendas veganas, muchos tienen un relativo precio alto, pero esto ocurre debido en parte a que son productos de importación, a que en su mayoría provienen de agricultura ecológica, y a que existe muy poca oferta todavía en comparación con el resto del mercadoNo obstante, un vegano puede hacer su compra alimentaria en cualquier mercado normal en el que haya diversos cereales, semillas, legumbres, frutos y verduras. En todo caso, cuantos más veganos haya demandado productos aptos para veganos, mayor oferta de esos productos se creará en el mercado.

Si dejamos a un lado la ética, y únicamente nos preocupamos por nuestros intereses particulares, seguramente nos resultaría más barato matar a un ser humano y trocearlo para consumir su cuerpo que comprar cadáveres y secreciones de otros animales en el mercado. Pero ¿acaso aquello que nos resulte más
 barato económicamente significa por ello que es correcto éticamente? Podemos razonar que no. No es justo tratar a los demás en una forma en la que nosotros nunca desearíamos ser tratados. No hay ningún precio que pueda pagar el hecho de esclavizar o asesinar a alguien; sin importar la manera o las condiciones en que se lleve a cabo.

Muchos se preguntarán entonces, ¿por qué seguimos utilizando a los animales si no tenemos ninguna necesidad de ello y nos resulta más barato consumir vegetales? Los humanos no necesitamos utilizar a los animales para poder vivir. Si los utilizamos no es por necesidad vital, sino por prejuicio


Si somos especistas sentiremos la tendencia de poner en práctica nuestros prejuicios y querremos seguir utilizando a los demás animales aunque no lo necesitemos; por prejuicio. Nuestra forma de pensar precede a nuestra forma de actuar. Si pensamos que los animales no humanos están en el mundo para satisfacer nuestras necesidades entonces pondremos en práctica esa creencia.


La razón por la que el porcentaje de veganos es todavía tan pequeño se debe principalmente a que vivimos en una sociedad especista que ya en nuestra infancia nos
 adoctrina en la idea de que los humanos somos 'superiores' a los demás animales y estamos legitimados en utilizarlos para nuestros fines. 


Una vez que nos han inculcado estos prejuicios, resulta mucho más difícil cuestionar el supremacismo humano y la explotación que ejercemos sobre los individuos no humanos. 
Aunque también es cierto que influye, por un lado, la inercia de continuar haciendo el mismo hábito que se ha hecho siempre. La inercia es una tendencia común a todos nosotros. 


Asimismo, a veces sucede que ciertos productos de origen animal pueden resultar más baratos que los de origen vegetal en ciertos casos, por ejemplo: el sebo puede resultar más barato que el aceite de coco a la hora de producir jabones. En 
esto influyen factores locales, económicos y políticos, que no necesariamente tienen que ver con el coste real de cada producto. Por lo general, el cultivo de vegetales es económicamente más eficiente que la explotación de animales. Además de que los estudios señalan que una aplicación global del veganismo conllevaría un menor impacto ambiental que la explotación animal.

Éstos son básicamente los motivos por las que se sigue utilizando a los otros animales aunque no tengamos ninguna necesidad de ello: inercia, prejuicio, comodidad. Por tanto, si primero no cambia nuestra mentalidad, y ayudamos a los demás a cambiar la suya, entonces nada cambiará realmente.


En definitiva, llevar el veganismo a la práctica no es caro. A nadie se le aplica un impuesto o una recarga económica por ser vegano. Con un poco de planificación puede resultar incluso más barato para nuestro bolsillo, sin perder calidad por ello. Aunque es importante recordar que el principio del veganismo no se aplica sólo en la alimentación sino en todos los ámbitos de la vida: trabajo, vestimenta, transporte, higiene, ocio,...

Si no eres vegano todavía, puedes elegir el veganismo. Toma la decisión. Es fácil si tienes la motivación de respetar a los animales y el veganismo es la decisión correcta que debemos tomar si los animales poseen un valor moral. Si no somos veganos entonces estamos apoyando la explotación animal y los animales lo están pagando con lo único que tienen: su propia vida.

11 de diciembre de 2012

Coherencia en la práctica del veganismo


«Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento.»Karl Marx 

La existencia de la industria de explotación animal depende principalmente de nuestro consumo. Por tanto, si queremos acabar con la violencia hacia los animales debemos comenzar por nosotros mismos, por lo que consumimos cada día.

No deberíamos olvidar —si tenemos consideración por todos los animales, independientemente de su raza, sexo o especie— que un producto con sustancias de origen animal siempre supondrá la explotación de otros individuos; aunque esta explotación no se produzca dentro de un laboratorio y sí en una granja.

Sucede que si compramos productos que no han sido "testados en animales "pero que sí llevan ingredientes de origen animal entonces no estamos haciendo ninguna diferencia, y estaríamos participando igualmente en la explotación animal.

Un sello que indique que un determinado producto es "no-testado" no advierte si el producto lleva sustancias de origen animal ni tampoco implica que esté libre de ellos. Puede que no haya sido testado en animales nohumanos pero sus ingredientes pueden provenir del matadero.

Esto demuestra el fallo de las campañas monotemáticas que, en este caso, se centran sólo en la experimentación pero se olvidan de los ingredientes. Es decir, ignoran el veganismo. La organización AnimaNaturalis es un desgraciado ejemplo de ello. Esta organización bienestarista ha animado a la gente a consumir marcas que "no testan" pero que usan ingredientes de origen animal

Esa información está mal enfocada. No sólo es importante saber si una empresa experimenta en animales sino que es igual de importante saber si incluyen sustancias de origen animal en sus productos. Comprar un producto de una empresa que supuestamente no experimente pero que incluya ingredientes de origen animal es apoyar la explotación animal.

No vale como excusa decir que hay gente que no quiere ser vegana pero así por lo menos compran productos no-testados porque ese tipo de consumo no está evitando la explotación animal y, además, la gente puede cambiar de opinión. Las personas no son inmutables. Lo que está claro es que si nosotros no les motivamos y ayudamos a que cambien hacia el veganismo entonces probablemente nunca lo harán.

Al motivarles a que compren productos 'no testados' sólo les estamos apartando del veganismo. De esa forma les hacemos creer que ya están haciendo algo bueno, cuando no es así. Esos productos pueden llevar sustancias de origen animal —y es seguro que algunas las contengan— por lo que están financiando la explotación animal. 

¿Acaso no miramos los ingredientes de la comida o de la ropa? Cualquier producto de higiene, limpieza o cosmética podría contener sustancias de origen animal.

Esas sustancias no son un regalo a las empresas sino que forman parte del negocio de la explotación animal. Consumir estas sustancias es dar dinero para que sigan explotando a los demás animales. Pero podemos evitar esto consumiendo otros productos que no las contengan y, de ese modo, presionar para que aumente la demanda de productos sin ingredientes de origen animal.

Hay quienes dicen que es más difícil encontrar en el mercado ese tipo de productos que sean aptos para veganos, pero tal vez esto ocurre en parte porque parece que casi nadie se está preocupando de que existan. Si nosotros mismos no los buscamos y los demandamos entonces nunca existirán ni se desarrollarán.

No hay más sustancias de origen animal en los productos de limpieza y aseo que las que hay en productos alimentarios. No son tantas en realidad. Las más habituales apenas son una docena. No estamos familiarizados con ellas porque la mayoría de organizaciones animalistas ignoran el veganismo y sólo promueven productos "no testados" con los que fomentan la errónea creencia de que comprando esos productos respetamos a los animales cuando en realidad lo que estamos haciendo es demandar y financiar su explotación a través de nuestro consumo.

Si queremos respetar a los animales y no apoyar la violencia contra ellos, revisemos los ingredientes de los productos de limpieza, de aseo e higiene personal, —y todos los productos en general que usamos cada día— y consumamos solamente aquellos productos que sean «aptos para veganos», esto es, sin sustancia de origen animal y de empresas que no utilicen animales para elaborar y probar esos productos.

20 de octubre de 2011

Veganismo en 1947



VEGANISMO

11º Congreso de la Unión Vegetariana Internacional (Año 1947)

(Texto proveniente de un panfleto de la Vegan Society)


El señor Donald Watson ha manifestado que los veganos defienden la idea de que si queremos ser verdaderos libertadores de los animales entonces debemos renunciar absolutamente a nuestra tradicional y egoísta actitud de creer que tenemos derecho a utilizarlos para nuestras necesidades. Debemos satisfacer nuestras necesidades mediante formas que no impliquen usar a otros animales.

A través de la historia, cualquier hombre que se haya levantado contra la crueldad y la explotación se ha beneficiado a sí mismo tanto como aquellos a los que ha liberado. Así ha sido el devenir del progreso. Por tanto, el mismo tipo de avances ocurrirán si nos enfrentamos seriamente a todas las injusticias sobre las que ha sido construida esta civilización.

Si el ideal vegano de no-explotación fuera adoptado masivamente entonces se produciría la mayor revolución pacífica jamás conocida en la historia, aboliendo las actividades injustas y sustituyéndolas por unas nuevas y mejores tanto para los intereses de los seres humanos como para los de los animales.

Según el señor Watson, resulta razonable proclamar lo siguiente:

1.- Veganismo es establecer por primera vez en la historia una relación correcta entre el ser humano y los animales.

2.- Se produciría una gran mejora en nuestra salud si adoptamos una alimentación basada en los frutos de la tierra, evitando todos aquellos riesgos que provienen de las sustancias de origen animal.

3.- El veganismo podría hacer desaparecer la malnutrición y el hambre en el mundo.

4.- El veganismo podría restablecer la fertilidad del suelo cultivable.

Si estas afirmaciones son correctas entonces podemos ver claramente que nuestros mayores problemas tienen su raíz en la explotación de los animales.

La actual relación entre el ser humano y los animales es reprobable. Los hombres se han atribuido a sí mismos el papel de dueños y señores de que todo lo que respira, y han traído al mundo a millones de animales con el propósito de explotarlos para su beneficio y matarlos cuando ya no les resulte útil mantenerlos con vida.

En relación al aspecto psicológico del veganismo, el señor Watson declaró que que no resulta fácil comprender por que los nutricionistas tradicionales han tardado tanto en desechar la superstición acerca de la inexistente necesidad de comer animales y lo que proviene de ellos.

Los veganos disponen fácilmente de azúcares, vitaminas, grasas, minerales y fibra provenientes de los vegetales ricos en estos nutrientes. El mayor error se encuentra focalizado en la cuestión de las proteínas. Es significativo que la leche humana (la cual sirve para nutrir al ser humano en su época de mayor crecimiento) apenas contiene más de un dos por ciento de proteínas. Esto sugiere que nuestra alimentación no debe exceder en porcentaje proteico, el cual puede ser perfectamente cubierto por el consumo de vegetales. Por tanto, se puede ver claramente que los veganos tienen el mismo riesgo que quienes comen animales de obtener demasiadas proteínas.

Sólo algunos pocos nutricionistas que no son veganos han intentado vivir sin comer animales, o han tratado de afrontar el problema científicamente, como debe hacerse. Sin el conocimiento que nos aporta la investigación científica esto es como intentar mantenerse a flote en un mar de errores.

Es altamente improbable que el planeta en el que vivimos pueda producir lo necesario para alimentar a dos mil millones de habitantes humanos de acuerdo a los preceptos defendidos por los nutricionistas tradicionales. Por otro lado, siendo cierto que Gran Bretaña está más densamente poblada que la India —y que es uno de los países más densamente poblados del mundo— aun así, en pocos años podría convertirse en un país exportador de comida, siguiendo los métodos veganos de agricultura.

Cualquier tipo de alimentación o agricultura que conlleve el deterioro del suelo está condenado al fracaso, pero el veganismo está exento de ese defecto. Y bajo el actual sistema, las cosas no están yendo bien.

Nuestra actual situación se encuentra en riesgo de que sin un cambio hacia una agricultura vegana el terreno cultivable pronto quedará estéril.

Todos estos problemas ocurren debido a que no hemos seguido la norma de la reciprocidad. No hay razón aparente por la que los desechos de una comunidad vegana saludable no puedan ser utilizados de nuevo, y si todos los desechos de las plantas fueran devueltos a la tierra se podría establecer una agricultura equilibrada y sana sin explotación animal, sin utilizar animales.

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APUNTE:

Cuando Donald Watson señalaba que era improbable que en la práctica se pudiera alimentar a miles de millones de humanos mediante la ganadería no se equivocaba en sus cálculos. Lo que sucede es que al realizar esa declaración, en 1947, todavía no se había extendido la industrialización de las granjas. Fue la industrialización lo que permitió extender el consumo habitual de productos animales a precios asequibles en un mercado de demanda formado por muchos millones de consumidores. Sin la industrialización eso no habría sido posible. Watson no contaba por entonces con esta innovación dado que fue a partir de la década de los 50 cuando se produjo la industrialización de la ganadería en general. Por tanto, su análisis era muy lúcido dentro del contexto en el que se situaba.

26 de junio de 2011

¿Cuánto de vegano es ser vegano?


En este artículo quisiera exponer mi postura acerca de una cuestión que muchos consideran importante y que me han preguntado en varias ocasiones: "¿Cuánto de vegano es ser vegano?" O dicho de otro modo: ¿Hasta dónde deberíamos aplicar el principio del veganismo en nuestra vida?

Aplicar el veganismo en la práctica: una propuesta razonable

Antes de nada, me gustaría aclarar que el veganismo no es una dieta o un estilo de vida. El veganismo es un principio ético que ve a los demás animales como personas y rechaza que sean considerados como objetos o medios para nuestros fines. El veganismo postula que debemos vivir sin explotar animales. Ahora bien, ¿cómo aplicamos este principio en la práctica de nuestra vida cotidiana? Creo que esta cuestión no sería evidente de suyo y requiere ser razonada.

Sucede que la explotación animal rodea nuestras vidas. Por ese motivo algunas personas creen que intentar practicar un veganismo coherente es imposible o que en sí mismo no tiene sentido o que cada uno puede establecer caprichosamente cómo quiere aplicarlo. Pero estas conclusiones son consecuencia, a mi modo de ver, de un enfoque equivocado de la cuestión.

Los límites de la aplicación del veganismo no considero que sean una 'decisión personal,' si esto significa que deben quedar bajo el arbitrio privado. Pienso que el criterio de aplicación del veganismo debe ser establecidos siguiendo un criterio de coherencia mínima y de responsabilidad moral.

En el contexto actual, pienso que ese límite debe establecerse en el consumo de vegetales —o en el no consumo de sustancias de origen animal— en tanto que este consumo no demanda el uso de animales. Cuando digo límite no me refiero a que la aplicación del veganismo termine ahí sino, al contrario, que es al menos hasta ahí donde se debe aplicar el veganismo. A partir de aquí se puede ampliar en lo que podamos, pero no como exigencia imperativa. Cuando digo "límite" me refiero al mínimo exigible de coherencia; no al máximo.

Si creemos que la explotación de los animales es moralmente injustificada, entonces no deberíamos nunca consumir, llevar o utilizar cualquier producto que implique utilizar a los animales no humanos. Esto significa, por ejemplo, que debemos mirar las etiquetas de los productos —debido a la extendida presencia de productos animales— y que si vamos a un sitio de comida no-vegano debemos preguntar acerca de los ingredientes de la comida.

La práctica del veganismo en el contexto actual sería coherente siempre que lo que nosotros hagamos o consumamos no implique utilizar a otros animales. Por tanto, eso se refiere a lo que comemos, vestimos y hacemos en cada ámbito de nuestra vida. ¿Usas a otros animales en tu trabajo? ¿Llevas sustancias de origen animal en tu ropa o vestimenta? ¿Asistes a actividades de ocio que implican utilizar a otros animales? Si la respuesta es no, entonces eres básicamente coherente con el veganismo.

Eso es el mínimo exigible de coherencia práctica con el principio del veganismo. Y si todos hiciéramos esto, aunque sólo fuera esto, mañana mismo la explotación animal se vendría abajo en su totalidad.

La imposibilidad de una coherencia absoluta no conlleva que desaparezca la exigencia de coherencia. Hay que poner en el límite en algún punto donde la ética y la práctica puedan ser compatibles, y yo creo que ese punto está en la demanda, es decir, en si aquello que demandamos implica utilizar a los animales; y esto sólo se puede aplicar a las sustancias de origen animal. Por tanto, pienso que sólo deberíamos establecer como imperativo el hecho de no consumir sustancias de origen animal. Todo lo demás que se pueda evitar puede ser sin duda recomendable o estimable, pero no imperativo o exigible. Esto excluye a la cuestión de las trazas, puesto que no son ingredientes.

En esta publicación no trato sobre lo más que podemos hacer para evitar participar en la explotación animal sino acerca de lo mínimo que debemos hacer para ser coherentes con el veganismo. De esto trata. Sin duda, es bueno y estimable evitar en todo lo posible nuestra participación en la explotación animal, aunque sea indirecta, pero ése no es el punto que pretendo tratar aquí, sino que intento esclarecer cuál es lo mínimo exigible para ser coherentes con el veganismo, es decir, cuál es el criterio razonable para señalar que tal producto o actividad es apto o no apto para veganos.

Si elegimos un criterio de máximos esto implicaría que no podríamos consumir nada, porque en todos los productos hubo algún proceso de explotación animal involucrado en la existencia de dicho productos. En todos elllos. Incluso en los productos totalmente vegetales vendidos por empresas veganas. Por ejemplo; las empresas veganas pagan impuestos —que son parcialmente utilizados para subvencionar la explotación animal— y negocian con profesionales que no son veganos para sacar sus productos. Así que un criterio de máximos nos obligaría a ser ermitaños en el bosque salvaje y vivir sólo de frutos que recojamos. Aunque es posible que ese bosque esté protegido o intervenido desde fuera por personas que no son veganas, con lo que ya estaríamos involucrados otra vez en la explotación animal.

El veganismo postura claramente que los humanos debemos vivir sin explotar a los animales, por lo que excluirnos de la sociedad humana contradice el propio sentido del veganismo. Así que un criterio de máximos que nos obligue a rechazar todo consumo y nos conduce a salirnos de la sociedad es lo opuesto a lo que el veganismo pretende.

Si el producto no contiene sustancias de origen animal entonces es apto para veganos. Ése es el único criterio exigible para nuestro consumo, es decir, el no demandar productos de origen animal. Ahora, si sucede, por ejemplo, que algunos veganos no quieren consumir un vino porque fue clarificado con sustancias de origen animal, y quieren promover que las compañías no usen sustancias de origen animal al elaborar bebidas, eso es estimable pero no es imperativo.

Lo que sí sería imperativo es promover que la gente se haga vegana. Si la gente se hace vegana dejará de usar sustancias de origen animal, de la misma manera que los veganos que elaboran bebidas no usan sustancias de origen animal. Creo que se está perdiendo la perspectiva de lo que es el veganismo si sólo nos preocupamos de evitar en lo posible participar en la explotación animal y no nos preocupamos por hacer activismo para difundir el veganismo y lograr que cada vez haya más veganos para lograr abolir la explotación animal.

El veganismo no es una cuestión personal sino moral, por lo tanto no consiste sólo en ser coherentes con el principio del veganismo en nuestra vida personal sino también en educar a los demás en el veganismo para que lo asuman igualmente como su paradigma moral, y de este modo conseguir lograr progresivamente una sociedad libre de explotación animal.

Evitando la confusión: ni perfeccionismo ni bienestarismo

Por otro lado, muchas personas alegan a menudo que dado que es imposible vivir sin provocar la muerte de algunos animales —por ejemplo, algunos mueren debido al cultivo de la tierra— entonces no importa si intencionadamente consumimos animales, es decir, si comemos, llevamos o usamos productos no-veganos, por lo que ser un vegano consecuente no importa porque no podemos vivir siendo "perfectos". Este punto de vista incurre al menos en dos graves errores.

El primer error está en creer que el veganismo significa "no matar animales" o "no dañar animales". No es así. El veganismo signfica no explotar animales. Al veganismo sólo concierne el uso de animales. ¿Hay otros problemas morales además de la explotación animal de los que debemos preocuparnos? Por supuesto, pero el veganismo como tal se refiere a un solo problema concreto. El veganismo surgió para denunciar y erradicar la explotación de los animales por parte del hombre. Por tanto, el veganismo se refiere sólo a un daño concreto y específico —la explotación animal— aunque nuestra consideración moral debe incluir también la evitación de causar otras clases de daños, aunque no conlleve explotación.

El segundo error consiste en confundir el daño deliberado con el daño accidental. Decir que no vale la pena ser vegano porque eso no evita todo el daño que causamos a los animales es exactamente lo mismo que decir que si al construir una carretera somos conscientes de que cierto número de gente morirá usando esta carretera entonces está bien matar a gente porque toda la actividad humana en general provoca indirectamente la muerte de cierto número de personas. El daño no es intencionado, deliberado ni directo. Muchos miles de seres humanos mueren cada año indirectamente por causa de la contaminación que provocamos todos nosotros. Pero eso no justifica que además comamos a seres humanos o los utilicemos como simples recursos, ¿verdad?

Decir que como no evitamos, o no podemos evitar, cualquier clase de daño o perjuicio a otros animales —sin diferenciar siquiera si es intencional o directo— entonces no habría obligación en ser veganos, es exactamente lo mismo que decir que como no evitamos, o no podemos evitar, cualquier clase de daño o perjuicio a otros humanos entonces no hay problema moral en practicar el canibalismo o la violación sexual.

Ese tipo de razonamiento es incorrecto en un contexto humano. Nadie razonable puede estar de acuerdo con ese razonamiento porque es evidentemente absurdo. No hay ninguna intención o propósito por nuestra parte de causar la muerte a otros humanos. Del mismo modo que no la hay al consumir productos cuya elaboración accidentalmente causara la muerte a otros animales. Por lo tanto no incurramos en especismo y apliquémoslo igualmente en el contexto de nuestra relación con los demás animales.

Del mismo modo, aunque indirectamente dañemos a otros animales, eso no justifica que sigamos causando sufrimiento y muerte, de forma directa y deliberada, cuando podemos perfectamente evitarlo. Y todos los usos que hacemos de otros animales son evitables.

Además, podemos debatir, por ejemplo, sobre si los pesticidas que matan animales en la agricultura son, o no, necesarios, pero lo que no es necesario es comer animales, ni vestirnos con trozos de sus cuerpos ni divertirnos a costa de causarles sufrimiento y muerte.

No podemos vivir de manera moralmente perfecta. Incluso si compramos comercio justo, consumimos lo menos posible y reciclamos. Cualquier modo de vida siempre causará daño indirectamente a muchos animales. Ahora bien, el hecho de que no podamos vivir de manera perfecta no implica que estemos legitimados en causar un daño deliberado cuando lo podemos evitar. El hecho de que no podamos de vivir de manera perfecta —sin causa ninguna clase de daño— no justifica que inflijamos un daño que es éticamente injustificable. El veganismo no es un perfeccionismo sino una posición ética básica de mínimos. El veganismo sólo pretende que el rechazo moral a acciones que son inmorales porque implican la explotación de individuos —como la esclavitud y el canibalismo— se extienda también a nuestra relación con los animales. 

Los bienestaristas, en cambio, tienen una visión muy diferente sobre este asunto aunque algunos digan ser veganos. Los bienestaristas se autodenominan veganos porque supuestamente no consumen productos de origen animal, pero no reconocen el veganismo como un principio ético. Ellos afirman que el veganismo es nada más que un modo de 'reducir el sufrimiento' y que, por tanto, no sería algo esencialmente diferente de elegir comer huevos de corral o pollos camperos porque esto último, según ellos, también supone reducir el sufrimiento de los animales. Para los bienestaristas todo se centra en reducir el sufrimiento y dicen que mantener el veganismo como principio sería 'fanático'. La perspectiva bienestarista juzga todo de acuerdo al grado en que supuestamente aumenta o reduce el sufrimiento. Pero ¿es ésta una visión éticamente correcta? A mi modo de ver no lo sería.

Imaginemos que alguien dijera:

«Yo soy partidario de los derechos de las mujeres el 95% del tiempo. Sólo agredo y violo a una mujer al mes como mucho. Pero no os fijéis en lo que hago mal sino en la parte positiva del 95%»

En ese caso ¿tendríamos que felicitarle por lo que hace y decirle que está evitando el sufrimiento de muchas mujeres?

El veganismo no es una cuestión de grado ni porcentajes

Ser vegano no es una cuestión de cantidad sino de categoría. O lo eres o no lo eres. O estás de acuerdo en que los demás animales merecen ser respetados como personas o no estás de acuerdo con esto. Si alguien viola a alguna mujer de vez en cuando —una vez al mes o una vez al año— entonces no respeta a las mujeres y punto. No es "un feminista al 50%". No hay porcentajes ni términos medios cuando se trata de principios éticos.

Dar nuestro apoyo a quienes quieren hacerse veganos se puede hacer de muchas maneras, pero sin necesidad de decirles que no-ser-veganos es algo que está bien. Si el 95% del tiempo alguien no explota a los demás animales pero sí los explota el otro 5% entonces sigue cometiendo un mal. Está en camino, quizás, pero no ha llegado a la base mínima de respeto que merecen los animales no humanos.

Por supuesto, es bueno que alguien esté en camino hacia el veganismo; pero aun así no sería correcto decir que es vegano o que es "95% vegano". No lo es. Pero deseo que lo sea muy pronto y cuenta con mi apoyo, y el de otros muchos veganos, para conseguirlo.