Mostrando entradas con la etiqueta ecologismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ecologismo. Mostrar todas las entradas

17 de agosto de 2015

La confusión de Claudio Bertonatti



En esta ocasión me gustaría responder a un artículo titulado "La confusión del veganismo" publicado por un tal Claudio Bertonatti. Lo hago a petición expresa de varias personas que entendieron que el artículo merecía una respuesta. Espero que esta entrada les resulte de utilidad.

En mi respuesta pretendo exponer que la única confusión sobre este tema proviene exclusivamente por parte de su autor, el cual sí que estaría muy profundamente confundido en diversos puntos. Dividiré mi respuesta en dos secciones: una empírica y otra moral.

La confusión empírica

Bertonatti sostiene la idea de que los veganos están confundidos porque creen que al no consumir productos de la explotación animal ya no provocan la muerte de otros animales, cuando en realidad sí lo hacen en tanto que la agricultura también conlleva causar la muerte de animales. Así pues, no habría diferencia esencial entre comer animales y abstenernos de hacerlo de hacerlo. Esta tesis de Bertonatti evidencia una profunda confusión a varios niveles, como trataré de explicar a continuación.

En primer lugar hay que aclarar que el veganismo no se opone a la muerte de animales en sí misma, o al simple hecho de causar muerte, sino que el veganismo se opone a la explotación de los animales no humanos por parte de los humanos.

De acuerdo a su definición original, el veganismo se opone a la explotación de animales no humanos por parte del ser humano y propugna que los animales sean liberados de nuestra dominación. Esto es el veganismo y no otra cosa. El veganismo no tiene como finalidad eliminar la existencia de la muerte en el mundo sino eliminar la explotación sobre otros animales, por ser éticamente injusta.

A mi modo de ver, nadie debería opinar sobre veganismo sin informarse antes sobre lo que es el veganismo, en lugar de suponerlo  o juzgar meramente de oídas, porque entonces es probable que lo confunda con otra cosa distinta. El veganismo es un fenómeno relativamente reciente en nuestra cultura y su confusión con otras ideas diferentes con las que pudiera tener algún parecido es casi habitual.

Ésta es la primera confusión de Bertonatti. Es una confusión que he tratado varias veces en este blog, y por tanto me remito a esos textos.

Declara Bertonatti que pretende dirigirse a las personas que creen que sólo por no comer carne ya no estarían causando la muerte a otros animales.

Lo siento, pero no sé quienes son esas personas. No conozco a nadie que crea que por el solo hecho de no comer carne, o de no participar en la explotación animal, eso suponga que dejen de morir animales por su causa. Quien deja de comer animales lo que pretende es que otros animales dejen ser asesinados y explotados para que nosotros los usemos como comida o como recursos en general. De hecho, en cualquier página vegana se reconoce que asumiendo el veganismo no evitamos todo el daño que causamos, por supuesto, pero sí que evitamos ese daño en concreto.

Rechazando la práctica del canibalismo no evitamos todo el daño que causamos a otros humanos —ya sea directo o indirecto— pero sí que evitamos causar ese daño en concreto. Diría que es algo muy sencillo de comprender. No para Bertonatti, al parecer.

Por tanto, creo que Bertonatti recurre a la falacia del muñeco de paja. Es decir, se inventa una postura imaginaria para poder criticarla a su medida. No digo que no haya alguien por ahí que crea realmente lo que Bertonatti dice. Hay gente capaz de creer toda clase de cosas inverosímiles. Pero esa idea no corresponde en absoluto a lo que los veganos defienden.

Además, retomando mi crítica en el primer punto, es evidente que el autor confude sistemáticamente el veganismo con el vegetarianismo. Sobre vegetarianismo también he escrito en varias ocasiones en este blog y me remito a esos artículos para quien le interese leer un análisis específico al respecto.

Creo que es difícil comenzar de una forma peor la redacción de un artículo. El hecho de que Bertonatti no cite siquiera ningún texto que se supone que defienda la idea de que simplemente "por no comer carne ya dejamos de causar la muerte a otros animales" me hace suponer la intención de basar su artículo en esa falacia a propósito. Reitero que jamás he oído a nadie vegano asumir esa creencia que Bertonatti atribuye a los veganos o a los vegetarianos. Jamas he visto semejante declaración en los foros y grupos veganos.

Ésta es la segunda confusión grave de Bertonatti. Y no hemos hecho más que empezar. ¿Se suponía que este señor iba a aclararnos el asunto?

Dice Bertonatti que él fue vegetariano y luego se convirtió en "omnívoro". Debo señalar que este señor está usando mal las palabras, otra vez. Todos los humanos somos omnívoros. El omnivorismo es una condición fisiológica que nos permite digerir tanto sustancias de origen animal y como de origen vegetal. Esto no es algo que dependa de nuestra voluntad. Los veganos somos omnívoros dado que somos humanos. La cuestión es que los humanos no necesitamos comer animales para vivir y estar sanos. Ser omnívoro es una mera capacidad; no es una obligación para nuestra conducta ni nuestra salud. Puesto que el artículo no se extiende más en este punto, lo dejo aquí de momento.

Afirma Bertonatti que los veganos sólo se preocupan de los animales "domésticos" pero que guardan silencio sobre los animales "salvajes". Esto simplemente no es cierto. No es cierto que los veganos se preocupen más por unos animales que otros sino que el veganismo se refiere en particuar al problema de la explotación animal. No todos los conflictos y agresiones que involucran a los animales pertenecen al contexto de la explotación. La domesticación es una forma de explotación y es por eso que los veganos se refieren específicamente a ella. Pero los veganos también hablan a menudo en contra de la caza y en contra de explotar a los animales que viven libremente en la naturaleza. El veganismo se refiere a todos los animales no humanos, en tanto que todos ellos son víctimas de una misma opresión.

Insisto: Bertonatti no ha comprendido que los veganos se oponen a la explotación de animales no humanos por parte de los humanos. Si no hay explotación entonces no atañe al veganismo como tal. Hay muchos problemas morales en el mundo pero al veganismo sólo le corresponde el problema concreto de la explotación especista.

El feminismo es un movimiento que se opone específicamente a la opresión machista, que atenta contra las mujeres. Pero ¿acaso no hay también otros problemas morales en el mundo? Por supuesto, pero el feminismo se refiere a ese problema específico; un problema sobre el que se requiere tomar conciencia y responder de forma específica. Con el veganismo ocurre exactamente lo mismo.

Dado que Bertonatti no cita fuentes es imposible saber si se está refiriendo en verdad a los veganos o a los vegetarianos o a alguna clase de animalistas en particular. Teniendo en cuenta que confunde todas estas categorías de forma sistemática.

Además, el autor pretende hablar sobre el impacto ambiental de la agricultura y la ganadería pero sin citar datos ni fuentes ni evidencias objetivas. Habla simplemente en base a sus especulaciones y experiencias personales. Eso no da mucha credibilidad que digamos a la hora de debatir un asunto. Más bien indica poco rigor y poca seriedad.

Bertonatti llega a decir nada menos que "si la humanidad se hiciera vegana para la naturaleza sería una tragedia." Pero ¿hay algo de cierto en esta atrevida afirmación? Bueno, para refutar esa declaración no me basaré en meras especulaciones y experiencias personales, como hace Bertonatti, sino que consultaré los informes medioambientales de autoridades académicas. Veamos lo que nos dicen algunas de ellas.

En primer lugar, según una investigación de la Universidad de Oxford las dietas que incluyen carne animal son las que provocan una mayor contaminación con notable diferencia respecto del resto de dietas:

«El estudio también reveló que las dietas vegetarianas, por contraste, generan un equivalente de 8,4 libras de dióxido de carbono (3,7kg), menos de la mitad. Asimismo, las dietas veganas reducen aun más las emisiones, a 6,4 libras (2,8kg). Esto supone que la huella de carbono se reduce aproximadamente en un 60% con respecto a las dietas carnívoras.»



De acuerdo con el Institute of Social Ecology, la forma más eficaz de evitar la destrucción del medio ambiente es eliminar la explotación animal:

«Resulta que la agricultura de animales es la primera causa de deforestación, y destrucción de hábitats de animales en el mundo. De hecho el 50% de la tierra en nuestro planeta se usa para criar animales para el consumo humano. [... ] Los investigadores encontraron que se podría producir suficiente comida para toda la población mundial, hasta 2050, sin necesidad de convertir más bosques en campos de agricultura. Lo único que debemos hacer es dejar de comer carne y productos de origen animal. [...] La única forma de asegurarse de que haya suficiente comida para todos en las próximas tres décadas es si todos nos volvemos veganos, o sea, no comemos carne ni productos de origen animal como leche, huevos o miel de abejas. Si logramos hacer esa transición, no solo salvaríamos los bosques de nuestro planeta, sino que también podríamos llevar un estilo de vida más saludable.»

Esto coincide con lo que publica la Fundación Universia sobre los efectos que tendría el veganismo en sustitución de la explotación animal:

«Las explotaciones ganaderas de más de 1.300 millones de animales se desarrollan en el 24% del territorio mundial, destruyendo miles de hectáreas de bosque tropical en América para incrementar el número de pastizales. Este proceso está llevando a la extinción a numerosas especies de seres vivos. Asimismo, esta constante explotación destruye la fertilidad del suelo, evitando que estas tierras puedan utilizarse para plantar vegetales y cereales.»

Y en la misma línea se pronuncia una investigación de la Universidad de Tulane y la Universidad de Michigan publicado en Environmental Research Letters.

En conclusión, y de acuerdo a la revista Scientific American, una dieta basada en alimentos vegetales representa la opción más sostenible para el planeta y la salud pública:

«Los resultados sugieren que las dietas basadas en frutas, verduras y legumbres constituiría una opción más sostenible para el planeta. Si fueran adoptadas a escala global reducirían las emisiones de gases de efecto invernadero de origen agrícola, la deforestación y la extinción de especies que viven en estos entornos naturales. Además, ayudarían a prevenir todo tipo de enfermedades crónicas no contagiosas relacionadas con la dieta.»


Así, deducimos que el veganismo aplicado a la producción de alimentos conlleva [1] menos contaminación emitida, [2menos extensión de tierra cultivable, [3menos cantidad de agua utilizada, y [4menos gasto de recursos naturales en general, para poder producir una mayor cantidad de comida que los que necesita el sistema actual basado en la explotación animal para producir el mismo alimento en forma de calorías y nutrientes.

Además de esto, y de acuerdo a los cálculos publicados por la organización Animal Visuals, también ocurre que un mundo vegano —en el que no existiera la explotación animal— conllevaría una reducción notable en el número de animales que son directamente perjudicados por la industria agrícola durante los procesos de cultivo del suelo y recolección de las cosechas.



Aplicar el veganismo a gran escala conllevaría que muchos menos animales no humanos murieran o se vieran afectados por la agricultura humana.

Es decir, la implantación global del veganismo no sólo evitaría todas las víctimas de la explotación animal sino que además reduciría de forma muy considerable el número de víctimas que provoca indirectamente la agricultura.

En definitiva, podemos elegir basar nuestras creencias en datos y evidencias empíricas o podemos creernos ciegamente las historietas que nos cuenta Bertonatti. Si nuestra intención es defender a toda costa la explotación animal, a costa de la verdad y la ética, entonces sólo nos conviene la segunda opción.

Si la humanidad se hiciera vegana esto supondría una tragedia sólo para el prejuicio de quienes desean mantener, por mero placer o inercia, una tradición innecesaria y violenta que causa sufrimiento y muerte a miles de millones de animales: víctimas que podríamos fácilmente evitar seguir causando. Para el resto, la implantación del veganismo supondría un cambio beneficioso en todos los aspectos.

Yo he citado fuentes objetivas que no tienen relación alguna con la defensa del veganismo. Todas ellas, y cualquier otra similar que consultemos, coinciden en que eliminar la explotación animal es una medida positiva para el medio ambiente y que adoptar una alimentación vegana bien planificada no es sólo una opción viable sino incluso beneficiosa para nuestra salud personal.

Con todo esto sólo quería dejar constancia que las afirmaciones empíricas de Claudio Bertonatti en contra del veganismo son manifiestamente falsas y no tienen relación alguna con la realidad. Mi razón para rechazar sus argumentos no se debe sólo a que intente atacar el veganismo. Si alguien intentara defender el veganismo alegando falsedades o falacias no dudaría en denunciarlo y rechazarlo de igual modo. El conflicto en este asunto es incluso más profundo que la oposición entre veganismo y explotación animal. Se trata de un conflicto entre la verdad y la mentira.

Y así entramos a continuación en el contexto propiamente moral.

La confusión moral

Mi adhesión al veganismo no tiene relación alguna con el hecho de que su aplicación práctica sea beneficiosa para mí o para la humanidad en general. Soy vegano porque estoy en contra de que se trate a los sujetos como si fueran objetos. Estoy en contra de que se considere a las personas como si fueran cosas. Estoy en contra de que explotemos otros individuos y violemos sus intereses en nuestro beneficio, valiéndonos de que somos más inteligentes o más poderosos que ellos. Ésta es la base moral del veganismo y el único fundamento que hace que el veganismo sea consistente en su práctica.

Cuando se realizan estimaciones sobre cuáles opciones son más respetuosas con el medio ambiente —y por tanto con todos los animales que dependemos del medio ambiente para vivir— dentro de esas opciones no se incluye la esclavitud humana. Supongamos: ¿y si la opción más ecológica de todas fuera utilizar a seres humanos como esclavos en lugar de usar máquinas y trabajadores libres? ¿Haría esto que la esclavitud humana fuera aceptable?

La primera confusión moral de Claudio Bertonatti incurre en la creeencia de que los criterios medioambientales se imponen a los criterios morales.

Antes de ponernos a discutir sobre la valoración medioambiental de una actividad, primero deberíamos analizar si esa actividad es básicamente aceptable desde el punto de vista ético.

A la hora de evaluar su moralidad no nos ponemos a valorar el impacto medioambiental del asesinato, la tortura, la violación sexual, la esclavitud, el abuso infantil,.. y demás acciones que consideramos crímenes execrables. Estos actos violan los principios morales más elementales y por esto los condenamos independientemente de su impacto medioambiental. Entonces, ¿por qué deberíamos tratar de forma distinta esos actos cuando sus víctimas son otros animales? ¿Debemos tratarlos de forma diferente sólo porque esos animales no son humanos sin importar que sienten, sufren y son individuos que tienen los mismos intereses básicos que nosotros?

La segunda confusión moral de Claudio Bertonatti reside en creer que humanos y otros animales merecen una consideración moral distinta sólo por estar clasificados en especies diferentes. Esto es lo que conocemos por especismo.

Alega Bertonatti que la agricultura implica la muerte de animales no humanos. No sólo la muerte accidental sino también muertes provocadas intencionadamente por los agricultores para evitar que esos animales se coman los cultivos. Este hecho es objetivamente cierto. Lo que no es cierto es que este hecho suponga legitimarnos para explotar a otros animales.

El razonamiento de Bertonatti para justificar la ganadería es el siguiente: como no podemos evitar causar algún tipo de daño para poder vivir entonces no importa que causemos innecesariamente miles de millones de víctimas que sí podríamos evitar. Asombroso razonamiento.

Alegar que como no podemos evitar dañar o matar a otros animales para poder vivir entonces no hay problema moral en explotarlos resulta un argumento absurdo. Bajo ese mismo criterio, estaría justificado practicar el canibalismo. ¿Si al vivir no podemos evitar causar algún tipo de daño a otros humanos, aunque sea indirecto o accidental, qué importa usarlos para comida? Claro, el prejuicio especista de Bertonatti no le ha dejado ver esta obvia consecuencia que conlleva asumir su criterio.

Si el hecho de que no podamos evitar causar algún daño al vivir justificara que comamos animales entonces, por el mismo criterio, también justificaría que comiéramos seres humanos —que también están hechos de carne y sus hembras producen leche. La especie no hace ninguna diferencia. La especie no es una característica ni es una entidad; es un concepto que construimos intelectualmente en base a determinadas semejanzas genéticas entre individuos.

Como ya aclaré al comienzo de este ensayo, el veganismo no se opone a la muerte en sí misma ni al hecho de causar muerte. El veganismo se opone a la explotación de otros animales. Ahora bien, el asesinato es una forma de explotación. Causar la muerte a alguien para obtener un beneficio a su costa es explotarlo; es utilizar a alguien como un mero recurso para nuestro beneficio. Por esto el veganismo se opone a los mataderos.

No obstante, nada de esto tiene que ver con el hecho de que matemos animales para evitar que se coman nuestros cultivos. Si fueran seres humanos los que invadieran nuestras plantaciones agrícolas para comerse la comida de la que dependemos para vivir, estaría justificado que tomáramos medidas similares para evitar que lo hicieran. Se trata de un caso de autodefensa. Aquí hay un conflicto de intereses. Pero la explotación animal no es el resultado de un conflicto de intereses; es la opresión de un grupo sobre otro, motivada por el beneficio e incluso a menudo simplemente por la inercia de la tradición y las costumbres.

Sin embargo, no estoy sugiriendo que esa situación de conflicto siempre justifique automáticamente matar a otros animales de forma despreocupada —ya sean humanos o no humanos. Deberíamos intentar encontrar un medio de proteger los cultivos que no hiciera necesario tener que recurrir a métodos letales para evitar conflictos con otros animales. Pero, en cualquier caso, se trata de una situación categorialmente diferente al hecho de explotar animales para servirnos de alimento o de vestimenta o cualquier otra finalidad.

¿Si no pudiéramos vivir sin matar a otros humanos que nos atacaran, o que atacaran nuestros cultivos que necesitamos para sobrevivir, acaso esto justificaría que levantáramos granjas y mataderos para poder criar y comer a seres humanos?

Si uno reflexiona sobre el argumento de Bertonatti puede ver claramente que es una postura absurda y que está confundiendo categorías mediante una falacia de asociación, que pretende equiparar dos hechos o dos nociones basándose exclusivamente en que hay un elemento común entre ellas. El solo hecho de que en dos situaciones haya causación de muerte no las convierte en equivalentes. Causar la muerte de alguien de forma totalmente accidental no es lo mismo que matar a alguien con propósito intencionado. Causar la muerte de un agresor para defender nuestra vida no es lo mismo que matar a un inocente para obtener un beneficio de su muerte. No es lo mismo ni siquiera a nivel empírico, fáctico, ni menos aún en sentido moral.

El argumento de Bertonatti se basa en el criterio de asumir que si en una situación concreta yo no puedo evitar matar para defenderme entonces de esto se deriva que está bien que mate sistemáticamente a otros individuos para beneficiarme. Pero no hay ninguna conexión lógica entre la premisa y la conclusión, aparte de la presencia del hecho mismo de la muerte. Estamos ante lo que en teoría lógica se conoce como un non-sequitur

La explotación animal no se basa en la supervivencia ni en la autodefensa —en proteger nuestra vida ante un ataque— sino en el deseo de obtener un beneficio, y este beneficio se reduce habitualmente al placer que nos causa comer animales o vestir con trozos de animales. Ésta es la única excusa que tenemos para alegar: nos da gusto saborear cadáveres y secreciones orgánicas de otros animales y llevar puestos trozos y pelos arrancados de sus cuerpos. Como acertadamente declara el profesor Gary Francione, respondiendo a esta misma polémica suscitada en el ámbito anglosajón:

«La mejor excusa que tenemos para infligir sufrimiento y muerte a 56 mil millones de animales es que saben bien. Decimos que está mal causar sufrimiento innecesario a los animales, pero al mismo tiempo lo estamos causando sistemáticamente.»

En conclusión, el artículo de Claudio Bertonatti debería retitularse: "Promover la confusión sobre el veganismo" o algo parecido. Para lo único que sirve su artículo es para evidenciar que su autor vive en la absoluta confusión y promueve la confusión a los demás.

Si su intención era difamar el veganismo, como así parece, creo que el efecto que ha conseguido, de acuerdo a lo que he estado leyendo los foros, ha resultado ser justo el contrario, puesto que ha permitido generar un debate que nos ha dado la oportunidad de replicar a prejuicios y confusiones sobre el veganismo.

27 de octubre de 2013

¿Debemos adoptar un enfoque ambientalista?


Este ensayo pretende argumentar que un enfoque ambientalista sobre el problema de la explotación animal no es compatible con una perspectiva vegana. Dispongo de varias razones que apoyan esta postura.

Primero; el enfoque ambientalista se centra en las actividades más contaminantes y perjudiciales para el medio ambiente. Una de estas actividades es la ganadería. Ahora bien, la explotación animal no se reduce a la ganadería y hay muchos usos de animales a los que no se puede objetar un impacto ambiental significativo. ¿Qué perjuicios ambientales tienen, por ejemplo, la tauromaquia, el pastoreo tradicional o la tracción a sangre o la apicultura? El enfoque ambientalista ni siquiera puede abarcar el uso de animales en general, que es el foco del veganismo.

Segundo; aparte de no abarcar todo uso de animales, el enfoque ambientalista ni siquiera dirige sus críticas a la ganadería en general sino específicamente a la ganadería intensiva. La ganadería extensiva que se practicaba en el siglo XIX no dañaba el medio ambiente. Así, hay grupos ambientalistas que proponen reformar la ganadería para disminuir su impacto ecológico. Los ecologistas, y personas preocupadas por el medio ambiente en general, seguirán consumiendo animales mientras sigan considerando a los animales como recursos para los humanos. Mientran mantengan ese prejuicio, su conducta sólo puede dirigirse hacia promover la reforma de la explotación animal para reducir su impacto ambiental.

Tercero; un enfoque ambientalista no cuestiona el prejuicio del especismo y la dominación humana sobre los animales. Así pues, al no tocar siquiera la raíz del problema moral en nuestra relación con los demás animales, ni cuestionar la causa que provoca la explotación de los animales, el enfoque ambientalista sólo sirve para promover la eficiencia ecológica de la explotación animal y sustituir un tipo de uso de animales por otro tipo de uso de animales. Esto está en el extremo opuesto a lo que pretende el veganismo.

Cuarto; una cosa es informar a la gente sobre los efectos medioambientales de aplicar el veganismo a nivel global —aportando datos que aclaren las dudas y respondan a las objeciones que se presenten al respecto cuando difundimos el veganismo. Pero otra cosa muy distinta es pretender promover el veganismo poniendo el foco en el medio ambiente. Son dos perspectivas diferentes. La prímera es lícita, en tanto que forme parte de un contexto en el que explicamos que es éticamente injusto utilizar a los animales. Pero la segunda no lo es porque no fomenta que la gente se cuestione el especismo ni comprenda que la explotación animal es una injusticia en sí misma, y además tiene efectos contraproducentes, como el de promover la reforma ecológica de la explotación animal.

Quinto; veganismo es oponerse el uso de animales por considerarlo una injusticia. Veganismo no es dejar de consumir productos de animales porque contaminan mucho. El argumento del impacto ambiental está centrado en la ganadería industrial y no sirve para rechazar la mayoría de usos de animales y además ignora el valor moral de los animales. Es como proponer que rechacemos los campos de exterminio porque contaminaban mucho, como si los humanos estuvieran en la misma categoría moral que la madera o el carbón, en lugar de explicar que no deberíamos asesinar a seres humanos, independientemente de la contaminación.

Por estas razones podemos juzgar que el enfoque ambientalista es moralmente erróneo, no respeta ni beneficia los intereses de los animales y, por tanto, no deberíamos apoyarlo. Si reconocemos a los animales como seres que poseen un valor moral inherente y como sujetos de derechos entonces el problema medioambiental debe ser afrontado desde una perspectiva ética basada en el principio del veganismo y la filosofía de los Derechos Animales, en la línea de lo que ya propusiera el profesor Tom Regan hace décadas.

30 de abril de 2012

Una respuesta vegana al ecologismo especista



                                 
A raíz de las continuas propuestas que se hacen para motivar al exterminio de animales con la excusa de que no son autóctonos o de que perjudican el ecosistema, aquí expongo mi respuesta revisada que publiqué como comentario en un blog de ambientología frente a estas iniciativas que pretenden condenar a muerte a individuos inocentes  por errores que hemos cometido nosotros. No me opongo al ecologismo como tal —entendido básicamente como la conservación del medio ambiente— sino que a lo que me opongo es al especismo y la violencia en general incluyendo la explotación de los animales nohumanos.


------------------------------------------------------------------------------------

Antes de nada debo decir que estoy en contra de que se liberen a visones de manera irresponsable, o a cualquier otro animal bajo nuestro dominio, a su libre albedrío. En este caso porque son animales depredadores y carnívoros que atacarán y matarán a otros animales que no tienen culpa de nada. Ésa no es la forma correcta de actuar. En caso de liberarlos, lo correcto sería responsabilizarse de ellos y cuidarlos, evitando que hagan daño a otros, igual que se hace con otros animales liberados de la esclavitud. Aunque obviamente lo primero que deberíamos cuestionarnos es qué supuesta legitimidad moral tenemos para usar a otros animales como nuestros esclavos: criándolos, encerrándolos y matándolos para nuestro beneficio. Es decir, haciéndoles algo que en ningún caso consideramos legítimos que otros nos hicieran a nosotros.


Por otra parte, me gustaría señalar quienes critican estas liberaciones basándose en argumentos de tipo ecologista incurren en una discriminación terriblemente injusta. Porque valoran las acciones de otros animales con un criterio radicalmente diferente al que aplican a los animales humanos. Llegando a proponer incluso que se "eliminen" sistemáticamente a los visones americanos, con la excusa de que dañan el medio ambiente y a otros animales. Algo que nunca propondrían, ¿o sí?, cuando se trata de seres humanos que dañan gravemente al medio ambiente y a otros animales que viven en él.

Si hablamos de "especie invasora y dañina" para designar a individuos no humanos que no son autóctonos de un territorio pero no hacemos lo mismo para referirnos igualmente a la especie humana entonces incurrimos en una discriminación injusta. Dado que el ser humano ha invadido todo tipo de ecosistemas a lo largo del planeta, dañando así muy gravemente el medio ambiente y a todos los habitantes no humanos que viven en ellos. Sin embargo, quienes denuncian a los animales no humanos que ellos califican como "especies invasoras" no hacen lo mismo cuando se trata de seres humanos. A pesar de que los humanos son actualmente sin ninguna duda los animales más invasores y dañinos del planeta. ¿A qué obedece este trato tan radicalmente diferente?

La especie que más daño causa, tanto al medio ambiente como a los individuos animales que viven en él, es la especie humana.  ¿Cuántos daños causan diariamente la actividad humana en número de millones de víctimas? Es una cifra abrumadora e incontable. Sin embargo, nadie  razonable propone que se extermine sistemáticamente a los individuos humanos. ¿Entonces por qué propone como medida aceptable el asesinar a los animales nohumanos que supuestamente dañan el medio ambiente? La respuesta es el especismo. El prejuicio especista de considerar que los individuos humanos, por el simple hecho de ser humanos, merecen una consideración moral diferente a la de otros animales, como se puede ver en este caso concreto.

Por supuesto, no estoy sugiriendo que exterminemos a los seres humanos. Al contrario. Lo que trata de señalar es que deberíamos respetar a los demás animales de igual modo que deseamos que se nos respete a nosotros mismos. Puesto que discriminarlos, por el simple hecho de no ser humanos, es irracional e injusto. Ellos son individuos con capacidad de sentir y que tienen intereses propios: vivir, evitar el daño, disfrutar de su vida,... No tener en consideración esos intereses es una discriminación injusta, similar al racismo y al sexismo. No importa a qué sexo o raza pertenece un individuo. Lo que importa es que él es alguien, una persona, que tiene intereses propios. Del mismo modo, tampoco importa la especie a la que pertenece alguien para que le consideremos y respetemos.

Por otra lado, si alegamos que los visones de origen americano no tienen derecho a estar en Europa, o donde sea, por el hecho de que provienen originariamente de América, alguien podría alegar el mismo criterio en el contexto humano, alegando, por ejemplo, que los seres humanos que son de origen africano no tienen derecho a estar en Europa. Así es como razonan los defensores del racismo y la xenofobia. Y para justificar su razonamiento dicen que la presencia de humanos que no son autóctonos implica un perjuicio para los que sí son supuestamente autóctonos de ese territorio, porque les quitan espacio, trabajo,... También alegan que la mezcla de razas conlleva la adulteración y pérdida de la pureza de la raza autóctona. Esto recuerda mucho a los argumentos que se suelen usar para proponer la "erradicación" de ciertos individuos no humanos.

Por cierto, me gustaría señalar que conceptos como el de "equilibrio y armonía de la naturaleza" son mitos completamente falsos y anti-científicos. No existe ningún tipo de equilibrio estable ni de armonía en la vida natural. Lo que encontramos en la naturaleza son individuos que tratan, entre otras cosas, de sobrevivir y de reproducirse.  No existe ninguna armonía entre ellos más que la derivada por la lucha por la supervivencia y la adaptación al medio. Por otra parte, la extinción, y surgimiento, de especies es algo que lleva ocurriendo desde hace muchos millones de años y es algo que sucede de manera natural. No hay ningún equilibrio ni armonía. Hablar de "conservación de las especies" como si fuera un ideal al que aspira la naturaleza es sencillamente un error. Esto no es más que un mito.

En la naturaleza no existe ninguna estabilidad ni equilibrio. Esto es un invento forjado en la mente del hombre. Según explica la teoría de la evolución por selección natural, lo que ocurre en la naturaleza es un constante cambio y dinamismo, tanto a nivel individual como global. De todos modos, teniendo en cuenta que los humanos estamos constantemente afectando, a menudo de manera muy perjudicial, al medio ambiente y a los animales que viven en él ¿por qué no proponemos por ese mismo motivo exterminar a los humanos igual que proponemos exterminar a los no-humanos

Si estamos a favor de exterminar a otros animales cuando supuestamente supongan un peligro para el medio ambiente entonces por, coherencia, deberíamos estar de acuerdo en efectuar la misma medida contra seres humanos que suponen un evidente y manifiesto peligro contra el medio ambiente. ¿Por qué habría que aplicar un criterio diferente para los humanos? Aunque yo no estoy de acuerdo con exterminar a nadie. Hay otras soluciones que son compatibles con respetar las vidas de otros individuos que, al igual que nosotros, desean vivir y que no les hagan daño.

Es posible controlar poblaciones de individuos no humanos en la naturaleza, sólo cuando sea lícito hacerlo, sin tener que recurrir a matarlos. Por ejemplo, se les puede acoger y cuidar mientras vivan —igual que en el contexto humano existen los campos de acogida de refugiados. También existe la posibilidad de esterilizarlos y luego devolverlos a su hábitat —esto es algo que ya se está haciendo. Así que imposible sin recurrir a matarlos no es. Pero para ello antes tendríamos primero que verlos como individuos que merecen respeto por sí mismos y no despersonalizarlos mediante conceptos como "fauna", que nos impiden empatizar y reconocer que ellos no son objetos, sino que son alguien, no algo.


En definitiva, no cabe duda de que quienes liberan de manera irresponsable a los visones, o a otros animales, deberían reflexionar profundamente sobre la moralidad de sus actos y las consecuencias que provocan. Pero quienes, por otra parte, proponen asesinar a estos animales deberían reflexionar igualmente sobre lo erróneo de esa forma de ver a los demás animales como si fueran meros objetos o recursos para nuestro propio beneficio y disfrute. Como si fueran meros ejemplares de una especie, que no merecen consideración y respeto por sí mismos como individuos. Así es como muchos partidarios de ideologías racistas han visto a los seres humanos, con los resultados que ya todos sabemos. De igual manera, esa visión aplicada a los demás animales está provocando las mismas terribles consecuencias. Nuestra actual relación con los demás animales está basada en la dominación especista y la explotación sobre ellos. Y esto sencillamente no tiene ninguna justificación moral.

Como ya señalé al comienzo, no estoy a favor de liberar de la esclavitud a ningún animal para luego simplemente abandonarlo a su libre albedrío permitiendo que dañe o mate a otros individuos inocentes. Estoy a favor de liberarlos sólo en el caso de que quienes lo hagan se responsabilicen de estos individuos y eviten que hagan daño a otros. De todos modos, las liberaciones no van a conseguir acabar con la explotación animal. Esto sólo va a terminar cuando dejemos de ver a los demás animales como seres inferiores que no merecen respeto por sí mismos y que existen para ser utilizados por nosotros.

Lo peor de todo es que los propios animales liberados no tienen ninguna culpa de esta situación. De hecho, son los únicos que no la tienen en ningún grado. Pero son ellos a quienes se pretende hacer pagar con sus vidas un error que hemos causado nosotros. Esto es una completa injusticia. Sería como proponer que matáramos a seres humanos por el simple hecho de haber nacido como fruto de una violación sexual. Cuando ellos no tienen culpa del origen que ha causado su vida. No es moralmente aceptable arrebatar la vida a seres inocentes que no tienen responsabilidad de una situación que ellos no han provocado, y que ni siquiera son moralmente responsables de sus actos. Por tanto, debemos ver el problema desde una perspectiva radicalmente diferente y proponer soluciones que respeten las vidas y los intereses de todos los implicados.  Además, tal y como señala acertadamente el biólogo Pedro Méndez:
"Si no se paran primero los desmanes que causamos nosotros, la persecución de las mal llamadas especies invasoras no es más que la búsqueda de un chivo expiatorio. Así no se va a solucionar nada, más bien al contrario se van a empeorar las cosas mientras no reconozcamos que la especie exótica invasora más dañina es Homo sapiens. Primero controlémonos a nosotros mismos y luego veamos tranquilamente lo siguiente a solucionar.
Si creemos en la razón y la ética como guía de nuestra vida —y no en la mera imposición del poder, la fuerza y la violencia— es urgente que nos replanteemos y cambiemos esa injusta visión que tenemos sobre los demás animales.

12 de agosto de 2011

Sobre el ecologismo



En este artículo quisiera exponer algunas reflexiones sobre el tema del ecologismo desde la perspectiva del veganismo y los Derechos Animales.

Los humanos no son el problema; el problema es la cultura


Fenómenos como la contaminación, la alteración de la biodiversidad, el cambio climático son hechos que perjudican a muchos animales pero que también pueden beneficiar a otros. Si atendemos sólo a criterios biológicos entonces nada de eso sería intrínsecamente malo. El beneficio o el perjuicio depende del punto de vista que adoptemos para valorarlo. Dentro de los procesos naturales [terremotos, erupciones, tempestades] también se producen muertes, contaminación, alteraciones de la biodiversidad y cambio climático; y no por eso lo condenamos como algo inmoral.

Para juzgar el problema del daño medioambiental debemos enfocarlo desde un punto de vista moral.

La contaminación producida por el ser humano ha aparecido sólo en los últimos siglos a la par que la revolución industrial. La contaminación medioambiental no es algo inherente a la humanidad, sino que es producto de una determinada evolución tecnológico.

Creo que incluso los más radicales antropocentristas podrían estar de acuerdo en que los humanos somos tremendamente dañinos para el medio ambiente, pero les resultaría irrelevante en tanto que sólo les importa el futuro de la humanidad.

Hay que tener en cuenta que ni biológicamente ni culturamente los humanos estaban preparados para afrontar el problema de la contaminación medioambiental. La contaminación no es el efecto de alguna clase de maldad.

La gran mayoría de los humanos estarían de acuerdo en que debemos respetar el medio ambiente, aunque fuera por una simple cuestión de interés propio. Si bien ocurre que nuestra naturaleza y nuestros patrones culturales no estaban preparados para esta grave situación tan peculiar que ha causado la industrialización como consecuencia indirecta.

Después de la explotación animal, el mayor daño que causamos a los demás animales con nuestras acciones se produce mediante la contaminación.


Gran parte de esta contaminación se podría evitar mediante el uso de energías renovables y el reciclaje y otras medidas que aminoran nuestro impacto sobre el medio ambiente.

Sin embargo, la raíz del problema está en la falta de consideración moral por los animales no humanos. No puede haber solución, ni ser eficaz, si no es atendiendo a la causa del problema.


Asumir o promover algún tipo de misantropía no es más que el reverso de la misma moneda. Ni el antropocentrismo ni la misantropía van a solucionar ese problema.

El ecologismo no es un error; el error es el especismo


A menudo, el movimiento ecologista actual lejos de respetar los derechos de los animales lo que hace es promover la esclavitud y exterminios de animales inocentes. Ahora bien, estos sucesos no considero que estén motivado por el propio ecologismo en sí.

Esas prácticas entran dentro del tipo de ecologismo actualmente predominante, del mismo modo que cocinar cadáveres de animales entra socialmente dentro de la gastronomía. No sucede porque la gastronomía en sí implique necesariamente cocinar cadáveres de animales sino porque vivimos en una sociedad especista que entiende esa práctica como algo aceptable.


Si por ecologismo entendemos tratar de respetar el medio ambiente debido a que es el necesario sustento de la vida de los animales, entonces la violencia que promueve no tiene que ver en sí con el ecologismo. La causa está en el especismo; más concretamente en la idea de que la humanidad es el centro del universo y los demás animales existen para servir a sus necesidades.


En sí mismo el concepto de ecologismo no tiene por qué ser especista, aunque el movimiento ecologista actual sea predominantemente especista, este rasgo no considero que tenga que ser intrínseco al ecologismo en sí como concepto sino que está motivado por el paradigma moral que domina en nuestra sociedad, es decir, el antropocentrismo.

La postura ecologista no implica necesariamente discriminar ni matar a otros animales. De la misma manera que no implica discriminar ni matar seres humanos. El problema del ecologismo es el prejuicio especista que ha asumido. El error está en el antropocentrismo; no el ecologismo.


Los ataques de algunos bienestaristas contra el ecologismo están motivados por el odio de los bienestaristas hacia la propia existencia del sufrimiento. Si el principio del ecologismo implica aceptar que los animales no humanos vivan libres en hábitats naturales entonces esto supone aceptar que esos animales puedan sufrir por circunstancias de su vida.


Veganismo y ecologismo son dos cuestiones diferentes

Muchos estaremos de acuerdo en que debemos preocuparnos por la contaminación, y el daño contra el medio ambiente en general, debido a que perjudica indirectamente a otros animales —humanos y no humanos. Es un problema, y tenemos que tenerlo en cuenta a la hora de vivir. No obstante, se trata de una cuestión aparte del veganismo.

No deberíamos confundir el veganismo con otras cuestiones, por muy importantes que sean éstas. Es decir, alguien que use vehículos de motor, o consuma productos industriales, no está violando el principio del feminismo aunque esa contaminación perjudicara indirectamente a las mujeres y a otros seres humanos. Lo mismo sucede con el veganismo.

Quizás pueda ser más ecológico el hecho de pescar —asesinar animales acuáticos—  que comprar en un supermercado, pero lo primero es una violencia que no se puede justificar éticamente.

Del mismo modo, puede ser más ecológico esclavizar a seres humanos que utilizar máquinas que contaminan; pero que sea más ecológico simplemente no lo hace permisible.

Deberíamos intentar proteger el medio ambiente porque es el medio directo del que dependen los animales, incluyendo a los humanos, pero sin olvidar los principios éticos más básicos.

Por otra parte, algunos animalistas pretenden denunciar uso de animales no humanos enfocándolo desde una perspectiva diferente a la moral. Ellos creen que si se centra el problema desde un aspecto económico o medioambiental, resaltando las consecuencias negativas o insostenibles de ciertos prácticas industriales, se conseguirán resultados más eficaces para terminar con el uso de animales por el hombre. Ese enfoque me parece profundamente controvertido debido a que margina la cuestión ética.

Si los seres humanos explotan a los animales se debe no sólo al hecho mismo de querer satisfacer ciertas necesidades sino especialmente debido a que consideran en su pensamiento que utilizar a otros animales es algo legítimo.

La mentalidad especista no tienen conciencia de estar haciendo daño a otros animales o consideran que ese daño está justificado porque sus intereses están por encima de los de sus víctimas. La mentalidad especista considera a los demás animales como cosas y no como individuos. Nuestra mentalidad especista coloca siempre los intereses de los humanos por delante de los de otros animales.

Esa forma de pensar es lo que ha constituido en normales y habituales conductas como el consumo de animales y es lo que provoca que la mayoría de la gente, por ejemplo, compre cadáveres de animales asesinados para luego comérselos y lo vea como algo perfectamente normal.

Una de las razones por las que los argumentos económicos o medioambientales fallan a la hora de abordar el problema de los animales no humanos se debe a que hay situaciones en las que los argumentos de ese tipo no tienen validez.

Para el caso de los animales que son libres los que viven en estado natural salvaje—  y están siendo progresivamente cercados y eliminados por la acción expansiva del ser humano en todo el planeta, —o que son secuestrados o criados para realizar con ellos experimentos científicos— resulta obvio que los argumentos que pretenden atacar la explotación animal —que es una de las varias consecuencias del especismo— no valen para su situación.

Lo mismo se podría decir del movimiento animalista, que también es en su mayor parte especista y cómplice la explotación animal, pero no por esto deberíamos rechazar de plano el animalismo, si por tal término entendemos la defensa de que los demás animales merecen consideración moral o, mejor aún, que es el hecho de ser animal —entendido como ser sintiente— la característica relevante para ser incluido en la comunidad moral.

Este análisis valdría igualmente para otros movimientos de cierta afinidad como son el feminismo y los Derechos Humanos. No deberíamos rechazar el concepto de Derechos Humanos ni el feminismo, pero sí su enfoque especista, precisamente porque al menos parte del contenido de su ética es válido salvo por el hecho de que excluyen la consideración moral hacia otros animales.

Un enfrentamiento con el ecologismo no parece el enfoque más correcto, sino que considero que sería más apropiado y efectivo intentar concienciar y educar a la gente de postura o simpatía ecologista acerca de la cuestión moral de los animales.

Es posible un ecologismo respetuoso con los demás animales

Los bienestaristas están difundiendo la idea de que el ecologismo nada tiene que ver con el movimiento animalista. Pero lo cierto es que el ecologismo sí tiene que ver, y mucho, con respetar a los demás animales, ya que el medio ambiente es el lugar en que ellos tienen sus hogares y de donde obtienen sus recursos.

Debemos respetar el medio ambiente no porque el agua, el aire o la tierra tengan un valor intrínseco, o merezcan respeto por sí mismos, sino solamente porque son esenciales para los intereses de los seres sintientes de este planeta, incluyendo obviamente a los seres humanos. Es evidente que el ecologismo y la defensa de los Derechos Animales no son lo mismo; de igual modo que el ecologismo no es lo mismo que el movimiento de Derechos Humanos. Pero el ecologismo sí es compatible con los Derechos Animales. El problema del ecologismo está en el sesgo especista que adopta.

Si nos preocupamos por los demás animales también deberíamos preocuparnos por no envenenar el aire, el agua y la tierra que son necesarias e imprescindibles para sus vidas.

Es importante plantear una visión distinta de lo que podría ser el ecologismo: un ecologismo basado en la ética de Derechos Animales, y no en el antropocentrismo.

Un ecologismo no especista no se opone intrínsecamente a alterar el medio ambiente sino que más bien se opone a dañarlo de tal modo que no permita la vida de quienes lo habitan. Lo que yo entiendo por un ecologismo compatible con la posición de los Derechos Animales se basa en dos puntos:

[1] No interferir en la naturaleza si eso implicara violar los derechos de los animales.


[2] Respetar los ecosistemas del planeta en tanto que es necesario para respetar los intereses de todos los animales.

La única manera de que nosotros respetemos las vidas de otros animales es que aprendamos a tener en cuenta los intereses de los demás animales.

Hablar de eficiencias económicas o de gases contaminantes no sólo margina completamente la cuestión moral sino que, desde el punto de vista puramente práctico, resulta además ineficaz para muchos casos.


Mientras los seres humanos sigan siendo especistas, mientras sigan siendo adoctrinados en el especismo, la utilización de otros animales para satisfacer las necesidades y deseos de los humanos nunca terminará.


Mientras la humanidad continúe siendo especista siempre buscarán la forma de continuar las prácticas especistas en las que han vivido siempre, por inercia, y adaptarán sus prácticas especistas a las contingencias del momento.

Hemos esclavizado a todos los animales no humanos del planeta, puesto que todos ellos son legalmente considerados propiedades de los humanos. Además, explotamos diariamente a miles de millones de ellos. Y, por si eso fuera poco, destruimos sus hogares, sus vidas y sus familias, con prácticas irresponsables y desconsideradas hacia sus intereses.

Si defendemos la liberación animal esto sólo puede significar, en coherencia, que nos liberamos de nuestro prejuicio especista y liberamos a los demás animales de nuestra dominación sobre ellos. En otras palabras: emancipar a los animales nohumanos del estatus de propiedad, para ser reconocidos como personas con derechos. 

Atacar las ramas pero no a las raíces, sólo provocará que el problema se siga perpetuando. Cuando determinadas ramas sean podadas —determinadas maneras de explotación animal— otras saldrán en su lugar porque la raíz, el antropocentrismo, permanecerá intacta. Pero si socavamos la raíz del problema entonces todas sus ramificaciones se vendrán abajo.

7 de julio de 2009

Efectos contraproducentes: haciendo la explotación más eficiente y más aceptable

GRANJAS DE ESCLAVOS


A menudo se suele hablar sobre las perjudiciales consecuencias que la industria de explotación animal tiene para el medio ambiente, debido en parte a su emisión de gases contaminantes y de residuos. Así, se utiliza el argumento ecológico como una motivación para que la gente preocupada por el impacto medioambiental reduzca o elimine su consumo de productos de origen animal. Sin embargo, este enfoque conlleva importantes problemas y objeciones.

En primer lugar, quienes adoptan este enfoque medioambiental están dejando el principal problema moral apartado a un lado: el problema moral que es el uso de los animales como medios para fines humanos y la vulneración sistemática de su individualidad y sus intereses básicos que esto implica. ¿Acaso alguien se posicionaba en contra de los campos de exterminio por la contaminación que provocaban? No veremos una denuncia sobre la esclavitud y matanza de seres humanos que se enfocara en el impacto medioambiental que causaba. Dicho enfoque parte de ignorar que esa actividad en sí misma se trataba de una injusticia fundamental, aparte de los efectos que tuviera sobre el medio ambiente.

Lo equivocado de esta manera de enfocar el problema empieza ya a mostrar sus consecuencias. Periódicamente aparecen en la prensa este tipo de noticias:


Si denunciamos la explotación animal como un problema por las consecuencias negativas que tiene para los humanos —en lugar de denunciarla por la injusticia que cometemos sobre los animales— entonces lo que conseguimos es motivar una intención de reducir o eliminar esas consecuencias negativas pero sin eliminar la utilización de los animales no humanos.

Parece claro que los argumentos medioambientales —así como los otros argumentos antropocéntricos basados en cuestiones económicas o sobre la salud— no harán nada por reducir y eliminar el especismo en la mentalidad de la gente. De este modo no se desafía la creencia de que los animales existen para servir como recursos para los humanos, que está precisamente en la causa de la explotación sobre los animales.

Un enfoque centrado en el daño de la explotación animal al medio ambiente lo que consigue es que los explotadores busquen nuevas y mejoradas formas de seguir explotando a los animales pero de una forma medioambientalmente más sostenible.

Denunciar la contaminación de la ganadería industrial no es un dato que motive a que la gente rechace el consumo de animales sino que motiva la búsqueda y desarrollo de técnicas para reducir esta contaminación y para potenciar la ganadería tradicional. Así, en lugar de concienciar sobre el supremacismo humano, y promover el veganismo,  ayudamos a perpetuar la creencia de que los animales son recursos para los humanos y a motivar una reforma ecológica de la explotación animal.

Hay una gran diferencia entre tener preocupación medioambiental desde el veganismo y otra muy diferente es intentar fundamentar el veganismo con argumentos medioambientales. Una cosa es informar sobre los posibles efectos medioambientales de aplicar el veganismo a escala global, pero otra muy distinta es intentar promover el veganismo centrando el enfoque en el medio ambiente. Son dos perspectivas diferentes. La prímera sería lícita. Pero la segunda no lo sería porque consigue que la gente no se cuestione la explotación animal como una injusticia en sí misma, y además tiene los efectos contraproducentes que ya hemos visto.

El enfoque medioambiental no sirve para justificar el veganismo como un imperativo al que estamos obligados moralmente, ni tampoco sirve para condenar la explotación animal en sí misma. Hay muchos usos de animales que no dañan el medio ambiente y los que sí lo hacen pueden ser reformados para reducir ese daño. Sólo el argumento moral, fundamentado en principios éticos universales, puede sostener el veganismo como una obligación ética.

Los estudios muestran que la aplicación global del veganismo sería ambientalmente sostenible, pero el veganismo se fundamenta en el respeto moral hacia los seres sintientes. Es necesario lograr un profundo cambio de mentalidad en los humanos. Para expandir el veganismo en la sociedad necesitamos la concienciación ética fomentar la empatía y la consideración hacia los demás animales.

26 de febrero de 2009

Los *invasores*

Según una noticia recientemente aparecida en los medios informativos:

«Un total de 11.000 especies invasoras de microorganismos, plantas y animales habitan Europa en la actualidad. En concreto, España cuenta con 1.400 de estas especies no autóctonas. Estos son los datos revelados por el primer registro de especies invasoras de Europa, elaborado por un equipo internacional en el que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dentro del proyecto europeo DAISIE (Delivering Alien Invasive Species Inventories for Europe, cuya traducción es Inventario europeo de especies exóticas invasivas en expansión). Más del 10% de las especies invasoras resultan dañinas para los ecosistemas y/o la economía europea.»

Aunque la mayoría de las especies que aparecen en ese estudio son especies vegetales, hablar de 'especies invasoras' en el caso de los animales no humanos es igual de discriminatorio y chovinista que hablar de 'razas invasoras' en el caso de los humanos. Ambas actitudes suponen que los considerados como autóctonos nativos tienen legitimidad para exterminar a los emigrantes que llegan a su territorio.

Especismo y nacionalismo, dos mentalidades afines que provocan xenofobia y que promueven el rechazo al diferente —al igual que otros tipos de discriminación que no tienen en cuenta moralmente al individuo real sino que sólo atienden a sus propias categorías discriminatorias, cosificando así a otros individuos.

Se habla del impacto dañino que dichas especies causan. Sin embargo, lo curioso es que objetivamente la especie humana es con mucha diferencia la más dañina de este planeta: la especie que sistemáticamente contamina, deforesta, desertiza y envenena tierra, aire y agua. El hecho que comenta esta noticia es otro ejemplo más de como la intervención irresponsable del ser humano altera los ecosistemas naturales con consecuencias
catastróficas.

El desastre medioambiental que ha causado la humanidad en el planeta está claramente relacionado con la industrialización, pero no es una conducta que se pueda comprender sin atender a la cultura y la mentalidad predominantes que están regidas por el paradigma del antropocentrismo. La humanidad se considera dueña del planeta y de todos sus habitantes animales.

Deberíamos dejar de ver la realidad con filtros discriminatorios como la raza, el sexo, la nación o la especie. Todos los animales somos seres sintientes —somos individuos con voluntad e intereses que igualmente aspiramos a nuestra supervivencia y el bienestar. Todos merecemos igual respeto básico. Aquellos a los que muchos humanos llaman 'invasores' también.