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24 de febrero de 2014

El error de Pitágoras y la cuestión del especismo

En una cita atribuida al famoso, y quizás legendario, matemático y filósofo Pitágoras, éste expresa que la violencia entre humanos se encuentra directamente relacionada con la violencia que practicamos de forma sistemática hacia los demás animales.

Ésta es la cita:


No obstante, hay razones para plantear que esto que afirma Pitágoras, y que muchos animalistas comparten, no sería cierto.

Los datos muestran que hay países, que siendo en efecto especistas,  que explotan a los animales pero que se caracterizan al mismo tiempo por una fuerte cohesión social y que registran un nivel muy bajo de violencia entre humanos, con cifras casi anecdóticas si se comparan con las de los otros países más violentos.

Además, no hay evidencia que demuestre que aquellos que se dedican directamente a explotar y agredir a otros animales —los matarifes, los toreros, los ganaderos, los cazadores— tengan un mayor índice de criminalidad que el que tienen otros individuos que no trabajan en la industria de explotación animal.


Así que las pruebas nos indicarían más bien que el especismo no es causa necesaria de la violencia entre humanos. Se puede ser especista, explotar a los individuos no humanos, y al mismo tiempo ser muy respetuoso con los seres humanos. Ahí radica la peculiaridad de los prejuicios que discriminan entre individuos de acuerdo a alguna característica concreta: raza, sexo, especie, orientación sexual.

Los prejuicios permiten que tratemos a personas de forma radicalmente diferente por el mero hecho de diferenciarse en su aspecto, tamaño o inteligencia. Esos prejuicios residen en nuestra mente, y para ser cuestionados y erradicados necesitamos confrontarlos mediante la reflexión racional.

Aparte del error empírico de enlazar la violencia entre humanos como causalmente relacionada con nuestra violencia hacia los otros animales, este tipo de manifestaciones incurren también en un error moral porque, ya sea de forma explícita o implícita, dan a entender que lo que está mal en el hecho de agredir a otros animales no sería el daño que les causamos, y la injusticia que cometemos ahí, sino que el problema moral estaría en que ese daño afecta, o puede afectar, a los seres humanos. Este enfoque refuerza aún más el antropocentrismo moral, en lugar de cuestionarlo.


El veganismo pretende denunciar que existe una injusticia específica en nuestra relación con los otros animales —una injusticia basada en creer que los animales son medios para satisfacer los deseos humanos— , así como defender que los animales merecen un respeto moral básico, por encima de cualquier otro criterio. El enfoque vegano defiende que los animales merecen respeto por sí mismos porque poseen un valor inherente. Cualquier otra perspectiva diferente que asocie la importancia moral de la violencia sobre los animales con el perjuicio hacia los humanos no está saliendo del antropocentrismo sino asumiéndolo sin más; como bien explica el profesor Gary Francione:

«Esto no es un paso adelante en la consideración acerca de la ética animal; sería un significativo paso hacia atrás. Este enfoque se aleja aún más de la noción del valor inherente de los animales y se aproxima a la noción de que los animales tienen solo un valor extrínseco que depende principalmente de cómo su uso y tratamiento afecta a los humanos

«Conectar el abuso sobre los animales con la violencia hacia los humanos implica una muy estrecha definición de lo que constituye abuso. Tendemos a concentrarnos en los actos extremos de un número pequeño de individuos y a no reconocer que nuestro uso de los animales en los aceptados contextos institucionalizados también representa abuso.»

Mientras no cuestionemos y desafiemos —tanto en nosotros mismos y en los demás— la creencia de que los demás animales son medios para fines humanos, entonces las consecuencias de esa creencia se seguirán produciendo sin cesar.