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5 de abril de 2013

«Liberación Animal» de Peter Singer: Contra la liberación animal



A pesar de su título podemos preguntarnos: ¿defiende este libro realmente la liberación animal? Una lectura atenta del texto nos indicará que hay motivos sólidos para ponerlo muy en duda.

A pesar de lo que su título pudiera hacer pensar, en realidad este texto no es representativo de la filosofía ni del movimiento de Derechos Animales. Es un libro que tiene su base en otro tipo de filosofía: el utilitarismo. Ésta es la ideología que defiende su autor: Peter Singer.

No pretendo alegar que no se trate de un texto importante o influyente dentro del ámbito animalista. Lo que pretendo señalar es que este texto no representa ni forma parte de la filosofía y el movimiento de Derechos Animales. El utilitarismo y la ética de derechos son dos posturas radicalmente distintas.

Al ser un libro publicado originalmente en el año 1975, se puede pensar que su contenido ya no está de actualidad, pero nada más lejos de la realidad. Ha sido revisado y reeditado en varias ocasiones; la última de ellas en el año 2009. Y sigue siendo un libro que ha ejercido una gran influencia dentro del ámbito animalista y es un texto de referencia en el mundo académico cuando se trata la cuestión de la ética animal.

Aunque el análisis que Singer realiza sobre algunos aspecto del especismo serían en principio acertados —al estar basado en el principio de gualdad— también sucede que otros aspectos ideológicos del texto no coinciden con las ideas que sostienen la filosofía de Derechos Animales, sino que son afines o forman parte de la doctrina del utilitarismo. El utilitarismo ha predominado como filosofía dentro del ámbito animalista, pero claramente no es lo mismo que la filosofía de derechos animales.

El término animalista posee un sentido muy general referido a cualquiera que muestre tener una preocupación y dedicación por los intereses de otros animales además de los humanos. No tiene un contenido más específico. Al igual que el término humanista se refiere a una mera preocupación moral por los seres humanos, sin mayor contenido. Decir que algo o alguien es animalista no es más que una mera señal para constatar que se refiere a los animales —a los demás animales que no son humanos. El animalismo es por tanto un ámbito generalista en el que coexisten diferentes posturas, a veces incompatibles entre sí. 

Es por esto que podemos decir que no hay un solo movimiento animalista. Al contrario de que el reciente subtítulo que le han añadido al libro de Peter Singer. El utilitarismo y los Derechos Animales son posturas incompatibles por definición, y no pueden converger en ningún movimiento coherente.

Parece que algunos pretenden hacer ver que hay un solo movimiento del que supuestamente todos los animalistas forman parte, cuando en realidad esto no es así. A menudo esta idea se utiliza para intentar acallar cualquier tipo de crítica, alegando que todos debemos estar 'unidos' y otra serie de consignas cuyo objetivo es seguir manteniendo el actual statu quo de dominación especista en el que el propio movimiento animalista —si atendemos a la mayoría de organizaciones y activistas— constituye parte activa.


Un movimiento que rechaza la crítica se convierte en una extensión de la ideología dominante. Por eso, el animalismo es, en su mayor parte, nada más que otra versión más del antropocentrismo, en tanto que no desafía la supremacía humana sobre los demás animales. El libro de Peter Singer, a pesar de su título, pertenece a esta tendencia.


Pienso que sería importante no confundir el valor de utilidad que pudiera tener un texto a la hora de explicar ciertas cuestiones —como son el especismo y el principio ético de igualdad— con los valores morales que defiende el mismo. Esto último es lo que yo estoy considerando aquí. Un texto que defienda el especismo puede sin embargo explicar correctamente lo que es el especismo y los argumentos que lo rebaten.


Lo que se defiende en el libro de Peter Singer es una preocupación utilitarista por el bienestar de los animales no humanos que esclavizamos; pero no en ningún caso se pretende su liberación de nuestro dominio —que es precisamente lo que defiende el ideal de la liberación animal:

«Puedo respetar a las personas concienzudas que se preocupan de comer sólo la carne que procede de tales animales.» [capítulo 6; página 263; editorial Taurus; año 2011]

«Basándonos en las razones aquí apuntadas, yo no me opongo en principio a la producción de huevos de corral.» [capítulo 4, página 205; edición Taurus; año 2011]

En cuanto al estilo de escritura, puedo señalar que Singer parece uno de los pocos filósofos actuales que escribe con un estilo deliberadamente claro, conciso y ordenado. Pocos autores conozco que tengan una escritura filosófica tan accesible. Sus ideas suelen estar bien argumentadas desde una perspectiva puramente formal. Otra cosa diferente es que las premisas de las que parte sean acertadas.

Si duda recomiendo a todo el mundo que lea este libro, sin excepción. E insisto en que tiene partes que son acertadas en su análisis del especismo. Pero esta sugerencia de lectura no pretende sugerir que este libro representa una posición ética legítima.

Peter Singer se posiciona a favor del uso de animales no humanos; a favor de su explotación. Esto postura no es aceptable con el hecho de reconocer que los animales tienen derechos morales. La objeción de Singer se refiere de manera exclusiva contra el sufrimiento o contra el hecho de infligir sufrimiento sin una debida justificación desde el punto de vista utilitarista.

Acerca de este libro señala Tom Regan:

«Liberación Animal es un libro importante, por supuesto. Pero ni el libro ni Singer defienden los Derechos Animales. De hecho, Singer ha negado explícitamente y en repetidas ocasiones que los animales tengan derechos. Lo mismo para nosotros, los humanos: no tenemos derechos morales. En mis obras, ya en los años setenta, he mantenido insistentemente que otros animales tienen derechos morales. ¿Pueden reconciliarse nuestras posiciones? No lo creo. Por ejemplo, Singer piensa que algunas investigaciones con primates están justificadas. Un defensor serio de los Derechos Animales no apoyaría esto.» [Andrés Lomeña, Alienación Animal, 2010]

A menudo se afirma que el libro es valioso porque ha concienciado muchas personas que ignoraban el problema del especismo y de la explotación animal. Pero, aun siendo cierto, ese hecho por sí mismo no puede implicar una defensa o justificación de su contenido sólo por el hecho de que tuviera algunas consecuencias positivas. Esto sería como intentar justificar la violencia sólo porque algunas personas se dieron cuenta de la injusticia que es la violencia a raíz de haber sido víctimas de ella.

En definitiva, gran parte del contenido del libro Liberación Animal resulta ser una defensa de la esclavitud y una herramienta para justificar la explotación animal. Y así es como ha sido utilizado en ocasiones, más allá de que a otras personas les haya servido para cuestionarse su propio especismo.


El especismo no es el único problema al que nos enfrentamos. El otro problema es el bienestarismo. El bienestarismo es una extensión del utilitarismo y comparte todos sus presupuestos básico. El bienestarismo acepta e incluso defiende la explotación de los animales no humanos.

El veganismo es un principio radicalmente contrario a cualquier utilización de animales no humanos. Es por ello que veganismo y bienestarismo no pueden ser compatibles. De hecho, son planteamientos claramente opuestos.

Si por liberación animal entendemos la liberación de los demás animales de nuestra opresión sobre ellos entonces esa idea sólo tiene sentido en el veganismo. 


Veganismo significa reconocer moralmente que los animales no humanos sintientes son personas y que debemos dejar de utilizarlos para nuestro beneficio y no someterlos más a nuestro dominación. Ellos, al igual que nosotros, merecen vivir y disfrutar de sus propias vidas en libertad: libres de nuestra explotación. Esto es la liberación animal.


En conclusión, propongo que el libro de Singer debería retitularse: Contra La Liberación Animal.


Un planteamiento moral basado en la ética de derechos, que se opone y refuta los postulados utilitaristas propuestos por Peter Singer, se puede leer en el libro
 «Introducción a los Derechos Animales», escrito por Gary Francione.

8 de julio de 2012

Vindicación del dolor

Fisiología del dolor

«El dolor nos avisa, ciertamente, para no forzar nuestros músculos hasta romperlos. ¿Qué clase de conocimientos serían necesarios para comprender esto por medio de la razón? Georg Christoph Lichtenberg

En esta nota pretendo exponer algunas reflexiones filosóficas acerca de la controvertida cuestión del dolor, con el fin de clarificar su naturaleza y valoración moral.

El dolor en sentido instrumental: el dolor como herramienta

Todos los animales que poseemos un sistema nervioso centralizado podemos experimentar sensaciones, somos seres conscientes, y entre esas sensaciones se encuentra la sensación de dolor.

Así, no se puede separar radicalmente el dolor como tal de la capacidad de sentir dolor, porque si tal cosa se pudiera hacer significaría que el dolor puede existir de manera independiente de la capacidad de sentirlo. Esto es absurdo e imposible, por lo tanto no se pueden separar radicalmente.


El dolor es ciertamente una experiencia subjetiva, pero para que exista dicha experiencia es necesario que haya previamente —entre otros requisitos físicos—un tipo de célula nerviosa y una descarga eléctrica específica en el organismo. Cuando hable objetivamente del dolor me basaré en estos hechos físicos que permiten la experiencia subjetiva del dolor.

Por esto, considero que se puede hablar sobre el dolor de forma independiente a la consciencia de sentir dolor de la misma manera que se puede hablar de la luz como fenómeno físico aparte de la percepción de dicha luz. Aunque obviamente no se puede hablar de la existencia del dolor independientemente separado de la capacidad misma de sentir dolor.

La capacidad para sentir dolor sirve primariamente para percibir lo que perjudica a nuestro organismo. Si perdiéramos la capacidad de sentir dolor entonces ya no podríamos detectar lo que nos daña. De ese modo nos causaríamos graves lesiones y finalmente la muerte. Es imposible para el organismo animal sobrevivir sin la existencia del dolor.

Según explica el psiquiatra Pablo Malo:

«El dolor es más que una simple sensación en el sentido de que incluye la motivación para hacer que se detenga, para pararlo. La función básica del dolor es común en todos los vertebrados, y probablemente en todos los animales que se desplazan, y no es otra que hacer que el individuo deje de realizar actividades traumáticas o que intente escapar de situaciones que producen daño.»

Sin embargo, la sintiencia se trata de un mecanismo imperfecto y por eso puede ocurrir que haya situaciones en que el dolor no nos resulte útil, especialmente debido a su grado de intensidad. En todo caso, el problema no es el dolor, sino una manifestación innecesaria y excesiva de dicho dolor para el propio individuo.

Me parece pues un error creer que el dolor es algo malo o negativo en sí mismo. O creer que tenemos un interés en evitar el dolor. Si realmente tuviéramos un interés en evitar el dolor nuestro objetivo sería eliminar el dolor en sí; no la fuente que lo causa: enfermedad, lesión, agresión. Otra cosa distinta es que haya cierta intensidad de dolor que nos resulte desagradable. Aunque esta intensidad depende mucho de la tolerancia subjetiva de cada individuo.

Según explica el profesor Gary Francione, el dolor y el sufrimiento son experiencias subjetivas que ha surgido evolutivamente para adaptar al organismo consciente al mundo externo:

«Los seres dotados de sensación usan las sensaciones de dolor y de sufrimiento para huir de situaciones que amenazan sus vidas, y las sensaciones de placer para buscar situaciones que fomentan sus vidas. Lo mismo que los humanos soportan a menudo dolores irresistibles para permanecer vivos, los animales no sólo los soportan a menudo, sino que se infligen a sí mismos dolores insoportables con el objeto de vivir —como cuando se roen una garra que ha quedado atrapada en una trampa. La capacidad de sensación es lo que la evolución ha producido para asegurar la supervivencia de ciertos organismos complejos. Negar que un ser que ha evolucionado hasta el punto de desarrollar la sensación no tenga interés alguno en permanecer vivo es algo absurdo.»

A partir de aquí podemos deducir, en contra de lo que habitualmente se dice, que en realidad no tenemos un interés en evitar el dolor. Lo que sí tenemos en todo caso es un interés en evitar todo aquello que dañe a nuestra vida. Y efectivamente puede ocurrir que cierto nivel de dolor puede ser malo para nuestra vida porque nos impida desarrollarla de manera satisfactoria. Pero lo mismo ocurre con la comida. Cierto nivel de consumo de comida puede ser perjudicial para nuestra vida al hacer que desarrollemos obesidad u otras enfermedades o trastornos. Pero suponer por esto que la comida es "mala" resulta una afirmación absurda. Tan absurda como decir que el dolor es "malo".

Por tanto, podemos ver que en realidad no tenemos un interés en evitar el dolor. Lo que tenemos es un interés en evitar lo que dañe nuestra vida. Y evidentemente un cierto grado de dolor es algo que puede perjudicar nuestra vida, y por eso tratamos de evitar o eliminar la fuente que lo provoca. O, si eso no fuera posible, entonces procuramos suspender nuestra consciencia de dicho dolor.

En conclusión, al contrario de lo que opiniones y doctrinas irracionales afirman, no es cierto que el dolor sea un misterio o un supuesto castigo divino. Ni tampoco es un hecho intrínsecamente malo o negativo. El dolor es un mecanismo fisiológico de alarma, indispensable para la supervivencia de los organismos animales que son sintientes. Así lo explica el profesor Antonio Damasio en relación al sufrimiento:

«¿Para qué sirve tener esos mecanismos preorganizados? ¿Por qué existe ese estado adicional de molestia, cuando bastaría con la imagen de dolor? Es una buena pregunta, pero la razón puede relacionarse con que el sufrimiento nos pone sobre aviso. Sufrir ofrece la mejor protección para la supervivencia, ya que acrecienta la probabilidad de que los individuos escuchen las señales y actúen para evitar lo que las causa o para corregir sus efectos.» [Antonio Damasio, El error de Descartes, Post Scriptum]

Sin dolor no hay vida sintiente. El dolor es parte inherente de la sintiencia y es necesario para el desarrollo y conservación de nuestra vida. La capacidad de sentir dolor existe porque es indispensable para la supervivencia y conservación del organismo sintiente

Sin embargo, esto no quiere decir que esté bien imponer sufrimiento a otro individuo sin su consentimiento para nuestro beneficio; de la misma manera que no está bien imponer una interacción sexual sobre otro individuos sin su consentimiento para nuestro beneficio.


No es razonable creer que el dolor es objetivamente malo. Mas bien al contrario. Podemos juzgarlo como algo bueno. Es bueno para nosotros puesto que nos resulta indispensable para sobrevivir.

El dolor desde el punto de vista moral: el dolor no es un mal

Si la capacidad de sentir dolor es instrumentalmente buena [útil] porque es necesaria para poder vivir entonces por la misma razón el dolor debería ser calificado como beneficioso también porque es imprescindible para nuestra supervivencia. Entiendo que no son cosas esencialmente diferentes.

Ahora bien, lo que no sería correcto es que el dolor se utilizara para un fin que no fuera la conservación y continuidad de la propia vida, o para cualquier propósito que no fuera moralmente aceptable en tanto que utilizara a los individuos como simples medios paa un fin. Pero puede haber casos en que estuviera justificado infligir dolor ya fuera de manera deliberada —para impedir una violencia— o indirecta —para curar una herida.

También hay casos en que la sensación de dolor es algo moralmente bueno en sí mismo. El dolor que sentimos por el remordimiento de algo malo que hemos cometido es moralmente bueno. El dolor que sentimos al contemplar la realidad de la explotación animal también es algo bueno ya que nos ayuda a comprender en parte que nos encontramos ante una injusticia. El dolor sirve para ayudar a comprender lo que está moralmente mal a través de la experiencia personal y la empatía.

Aunque reconocer que el dolor es bueno en el sentido de que es indispensable para la continuidad de nuestra existencia no significa que esté justificado el causarlo sin una razón moralmente válida. Del mismo modo que reconocer que el alimento es bueno —porque es necesario para nuestra supervivencia— no significa que esté bien alimentar forzosamente a todo aquel que tenga la necesidad de comer, sin mediar su permiso o sin una razón justificadamente válida.

Por otro lado, es un hecho que violar o matar a alguien no implica necesariamente causarle dolor. Son actos que se pueden realizar sin causar dolor en el momento de hacerlo. Así que si decimos que lo que está mal es el hecho de causar dolor, o demasiado dolor, estaremos implícitamente aprobando todo tipo de crímenes, siempre que no impliquen causar dolor.

La subjetividad específica influye en la tolerancia al dolor. También influyen las circunstancias. Por eso, estimar el grado de dolor que siente alguien es difícil, cuando no imposible si se trata de la experiencia subjetiva. Más aún, resulta del todo inadecuado suponer que el dolor de los individuos se puede sumar entre sí como si fuera una cantidad. Así lo aclara C.S. Lewis:

«Suponga que tengo un dolor de muelas de intensidad X, y suponga que usted, que está sentado a mi lado, también comienza a tener un dolor de muelas intenso. Si quiere, usted puede decir que la cantidad total de dolor en el cuarto es, ahora, 2X. Pero debe recordar, que nadie está sufriendo 2X; busque todo el tiempo y todo el espacio, y nunca encontrará ese dolor compuesto, en la conciencia de alguien. No existe tal cosa como una suma de sufrimiento, ya que nadie lo sufre. Cuando alcanzamos el máximo que una sola persona puede sufrir, hemos alcanzado, sin lugar a dudas, algo muy horroroso, pero hemos alcanzado todo el sufrimiento que puede darse en el universo. Agregar un millón de personas que sufren, no añade más dolor.»

De todos modos, el supuesto grado de dolor es irrelevante cuando se trata de un dolor causado por una actividad inmoral como es, por ejemplo, la explotación animal. En este caso, cualquier dolor que conlleva la explotación de seres sintiente es igualmente indebido sin importar su intensidad porque no se puede justificar moralmente.

Por otra parte, existe la circunstancia de que hay personas —como es, por ejemplo, el caso de quienes padecen insensibilidad congénita al dolor o CIPA— que no tienen la capacidad de sentir la experiencia concreta del dolor aunque sí tengan la capacidad general de sentir. Esto, entre otras cosas, demuestra que el dolor es sólo una parte —un tipo de sensación entre otros muchos— de la capacidad de sentir. Luego se trata de un error creer que el hecho de sentir se reduce o limita a sentir dolor y placer, por muy supuestamente amplios que pretendan ser los significados de esos conceptos.

En todo caso, esas personas merecen el mismo respeto que las que podemos sentir dolor. Aparte del hecho de que no puedan sentir dolor, en tanto individuos que son, tienen los mismos derechos fundamentales que cualquier otra persona. Lo relevante no es el dolor. El requisito para ser reconocido como sujeto de consideración moral es la sintiencia.

En definitiva, no veo por qué el dolor tendría que ser descalificado como una experiencia negativa en sí misma. Existen diversas formas de experimentar el dolor. Dolor no es más que una palabra para designar sensaciones diversas. La sintiencia es un fenómeno muy complejo que no se ajusta a los esquemas maniqueos que algunos intentan aplicarle. Por esto no veo que el dolor sea necesariamente negativo o perjudicial en ningún aspecto, ya sea en sentido biológico o en sentido moral.

Si hablamos del dolor en forma de remordimiento, si lo que se pretende es simplemente eliminar el remordimiento entonces podemos recurrir a distracciones, a drogas, a racionalizaciones. Así actúa, por ejemplo, mucha gente para evitar la incomodidad de cuestionar su especismo. Pero se trata de un enfoque incorrecto. Lo que debemos eliminar es la causa del remordimiento, no el dolor que el remordimiento nos causa cuando hacemos algo moralmente malo. Así vemos de nuevo que el dolor puede ser una experiencia necesariamente desagradable pero que no es biológicamente perjudicial o moralmente mala.

La ideología que demoniza el dolor se basa en una idea errónea

A tenor de esto me gustaría señalar que las doctrinas como el utilitarismo que fundamentalmente buscan eliminar y erradicar el dolor y el sufrimiento, no sólo se basan en presupuestos injustificados, sino que también implican violar los derechos individuales y no suponen siquiera una verdadera eliminación en el sufrimiento que causamos injustamente.

El bienestarismo es una aplicación del utilitarismo a nuestra relación moral con los demás animales, basada en una perversión del concepto de bienestar, mediante la cual se considera que el único hecho moralmente relevante es el bienestar en el sentido de evitar el sufrimiento o de conseguir placer. 

Creer que lo único relevante es 'reducir o eliminar el dolor y sufrimiento' de las víctimas de la explotación animal —pero sin cuestionar en sí misma la explotación que padecen— sólo ha conseguido ayudar precisamente a perpetuar e incluso aumentar en número de víctimas la explotación de los animales, y con ella el sufrimiento indebido que provoca.

12 de abril de 2012

Peter Singer, el utilitarismo, y la explotación de los animales



Cuando aparece mencionada la cuestión moral de los animales, el autor filosófico que suele tomarse como referencia es Peter Singer. Sin embargo, las ideas de Singer no coinciden con la que quienes defendemos una postura moral basada en el veganismo y una ética de derechos. Para entender mejor esta diferencias podemos partir de un ejemplo representativo.

En una reciente entrevista, Peter Singer respondía lo siguiente ante la pregunta del entrevistador:

E: "¿Su objeción apunta simplemente a la manera en la que se trata a los animales o su objeción es hacia el hecho de que elegimos comer animales?" 

Peter Singer: "Al sufrimiento por el que los hacemos pasar, no tengo objeción alguna hacia el hecho de comer animales... si usted quiere comerlos."

La postura general de Singer supone no solamente un respaldo a la explotación de los animales nohumanos sino también el abandono de la ética racional. El utilitarismo es una posición irracional, a mi modo de ver, puesto que está basada en presupuestos falsos y es lógicamente incoherente.

Si no hacemos diferencias basadas en la especie, ese argumento que dice que lo único moralmente relevante es el sufrimiento valdría igual para el hecho de explotar y comer a seres humanos. Sólo importaría la manera en que lo hagamos. No habría problema moral en asesinar o violar, siempre que al hacerlo no causemos sufrimiento o mucho sufrimiento al menos. 

Ciertamente, Peter Singer no está a favor de los Derechos Animales. Su objetivo se limita a reducir o eliminar el sufrimiento en el mundo. En eso consiste esencialmente el utilitarismo. Rechaza la idea de que los animales tengamos derechos morales. Esto es: que merezcamos un respeto moral básico que nadie debería violar independientemente del beneficio que se pudiera obtener al hacerlo.

Cuando Singer habla de "derechos animales" se refiere con ello de forma retórica a cualquier protección legal de los animales. Singer aboga a favor de que algunos animales —los más parecidos a los humanos— tengan derechos legales, porque piensa que sería la mejor manera de evitar una gran 'cantidad de sufrimiento' —si bien, el sufrimiento no se puede cuantificar, pues sólo podemos cuantificar los individuos.

Es importante aclarar que cuando alguien utilice el término *derechos de los animales* no significa necesariamente que con esto que se defienda que los demás animales tengan propiamente derechos, tanto a nivel moral como legal, sino que se hace referencia simplemente a cualquier protección legal de ciertos abusos que se cometen contra ellos. Por ejemplo, prohibir la tauromaquia —o parte de ella más bien: las corridas sí, pero no los correbous

Obviamente esto es un uso incorrecto del término *derechos*, aunque esté muy extendido. En nuestra sociedad, en su gran mayoría, no se reconoce moralmente ningún derecho a otros animales; y legalmente tampoco poseen derechos puesto que se les clasifica dentro de la categoría de propiedades. Y las propiedades no pueden tener derechos legales, sólo las personas pueden tenerlos.

Peter Singer es tomado por la sociedad, el mundo académico, e incluso propio movimiento animalista en su mayoría, como la referencia ideológica principal en la defensa de la consideración moral de los animales. No obstante, sus postulados sirven para defender el hecho de que no hay ningún problema en que explotemos a los otros animales. Lo único que importa, según él, es que no les hagamos sufrir, o que procuremos no hacerles sufrir mucho, o al menos que lo intentemos. Cualquiera de estas opciones sería válida según el utilitarismo.

Mucha gente piensa que Peter Singer defiende ahora cosas que no defendía antes, pero lo cierto es que él no ha cambiado de postura fundamental. Lo que Singer ha defendido siempre es que el dolor, el sufrimiento, está mal y que debemos vivir procurando evitar, reducir o eliminar ese sufrimiento. En esto se resume básicamente la esencia de sus doctrina.

El hecho de que Singer en su libro Liberación Animal  abogue en algunos casos a favor de no utilizar a los animales se debe a que en aquel entonces le parecía la mejor manera de eliminar el sufrimiento. Lo que ha cambiado ahora es su tolerancia respecto del grado, y la distribución, de ese sufrimiento que le parece aceptable. 

Las diferencias que encontramos dentro del ámbito animalista tienen que ver con el grado de sufrimiento que cada activista acepta. Unos no aceptan ninguno, por eso abogan por la abolición total; mientras que otros aceptan algunos sufrimientos siempre que sirvan para evitar otros y por eso abogan sólo por ciertas prohibiciones y reformas. Ambas posturas pueden ser intercambiables. 

El utilitarismo está a favor de explotar o destruir a cualquier persona siempre que eso consiga supuestamente incrementar el bienestar o la felicidad general; o reducir el sufrimiento. Esto va del todo en contra de la ética de derechos. De hecho, para adoptar el utilitarismo no necesitamos a la ética en sí misma. Con el utilitarismo podemos hacer prácticamente cualquier cosa con la excusa de que eso va a beneficiar a muchos otros o reducir su sufrimiento.

El utilitarismo no tiene una justificación diferente de la que puede tener el especismo o el racismo. Esto es, favorecer a un grupo a costa de explotar o destruir a ciertos individuos injustamente discriminados. 

Los análisis morales que realizan los defensores de la experimentación especista son siempre utilitaristas: hacen un balance entre el sufrimiento que causan [a los individuos no humanos] y el sufrimiento que evitan o remedian [a los humanos]. El utilitarismo es una filosofía que sirve en realidad para justificar cualquier crimen. Como advierte el profesor Tom Regan, ¿acaso hay que valorar si un violador experimenta un placer mayor que el sufrimiento que causa a su víctima para determinar que la violación es inmoral?

El utilitarismo está basado en presupuestos falsos —como el hecho de que podamos cuantificar experiencias puramente subjetivas como la felicidad o el sufrimiento— y además también está basada en especulaciones gratuitas, puesto que es imposible saber qué consecuencias futuras pueden causar nuestros actos sobre todos aquellos que se puedan ver afectados. Éste es uno de los graves problemas y defectos de que adolece esta forma de pensar conocida como consecuencialismo.

Incluso aunque se pudiera medir el sufrimiento o predecir todas las consecuencias de nuestros actos en cualquier plazo, seguiría estando igualmente mal utilizar a una persona exclusivamente como un recurso o violar su integridad física con el fin de beneficiar a otros. Cada persona merece un respeto básico que implica necesariamente no tratarlo como una cosa, ni dañarlo o destruirlo para nuestro beneficio.

Por otra parte, una ética racional no se puede basar en falsedades y especulaciones sino que tiene que basarse en hechos probados, en evidencias, en la lógica. Hechos probados como que los únicos entes reales son los individuos, no las especies [mero concepto inventado] ni la sociedad [conjunto de individuos]. Evidencias como la sintiencia y la lógica. El principio de identidad el cual nos dice que debemos tratar de manera igual casos que sean iguales: y en el hecho mismo de sentir somos iguales. Somos iguales en el hecho de tener intereses básicos, como el deseo de vivir y de evitar el daño.

Aparte de esto, resulta que la maldad no se puede cuantificar. Cuantificar es sinónimo de contar, de medir. ¿Cómo se mide la maldad? ¿Con qué instrumento? No tiene sentido. Sólo se pueden contar los individuos. En el caso de una agresión pudiera haber un listado de lesiones. Pero propiamente hablando ni la maldad ni el sufrimiento se pueden medir en modo alguno. No son cantidades sino cualidades. Aunque puede haber diferencias en la intensidad del daño que causen o en la intensidad del dolor que experimentemos; pero esto no altera su naturaleza de cualidad.

Hay una mal moral fundamental que es la violencia. Todas las demás son manifestaciones, variantes de ésta. Cualquier maldad es alguna forma de violencia, y todas son igualmente malas.

En conclusión, sabemos que cualquier persona a la que le preguntemos responderá que está mal infligir sufrimiento a los animales y que hay que intentar evitar que sufran, pero que comerlos, y explotarlos en general, no es un problema moral. Así que ¿para qué necesitamos a Peter Singer? ¿Para dar un mayor respaldo filosófico al especismo? Su trabajo sirve precisamente para potenciar aquello a lo que se opone la filosofía de los Derechos Animales. 

Una de las grandes conquistas morales de nuestra civilización ha sido asumir que cada individuo posee un valor inherente y merece un respeto por sí misma, lo que significa reconocerle unos derechos inalienables que la protejan frente a cualquier abuso por parte del gobierno, de empresas o de otras personas. 

En cambio, el utilitarismo es una ideología reaccionaria que supone un retroceso en el progreso moral, al considerar al individuo como un mero número sin dignidad propia que se puede utilizar a conveniencia para poder alcanzar cierto objetivo con la excusa de que favorecerá a la sociedad en general. 

Entiendo que mientras no tomemos conciencia de que la forma de pensar utilitarista es éticamente equivocada, y nos liberemos de esa obsesión ciega con el sufrimiento, no va a haber nunca un movimiento que proteja los derechos de los animales sino iniciativas de reformas sobre la explotación de los animales que ayudan a hacerla más más eficiente, y más rentable económicamente, y que alivian la conciencia moral de la gente.

20 de abril de 2011

La miseria del utilitarismo


En esta ocasión me gustaría tratar acerca de una teoría llamada utilitarismo, la cual ha tenido una presencia determinante en el denominado movimiento animalista: aquel que busca el reconocimiento de los intereses de los animales no humanos y su reconocimiento como sujetos dentro de la comunidad moral y legal.

Pienso que merece tanta atención como la cuestión del especismo. Puesto que el modo de pensar utilitarista va en contra de las nociones morales básicas de la racionalidad. No solamente podremos apreciar que es un fraude a nivel teórico sino que a nivel práctico ha resultado ser también un fracaso. Tal y como espero mostrar en próximas notas.

El primer pensador contempóraneo que incluyó a los animales dentro del ámbito de consideración moral fue precisamente Jeremy Bentham, el padre filosófico del utilitarismo. Esto ha marcado decisivamente el peso de la teoría utilitarista dentro de la cuestión moral de los animales. Y no es casualidad que un pensador utilitarista seguidor de Bentham, Peter Singer, haya sido el más influyente en esa cuestión durante los últimos cuarenta años, desde la publicación en 1975 de su libro »Liberación Animal«.

Veamos lo que nos dicen algunos expertos acerca del utilitarismo.

Según Gary Francione, en »Introducción a los Derechos Animales«, el utilitarismo es una teoría "que sostiene que lo que está moralmente bien o mal en una situación particular lo determinan las consecuencias de las acciones y que hay que elegir la acción que logre los mejores resultados para el mayor número de aquellos a los que afecte."

Según Nigel Warburton, en »Filosofía Básica«, el utilitarismo es una teoría ética que parte del supuesto que de que el fin último de toda actividad humana es ,en un sentido u otro, la felicidad, doctrina que se conoce con el hombre de hedonismo:

Es decir, el partidario del utilitarismo considera que está bien todo aquello que fomenta la felicidad para el mayor número. A esto se le ha denominado Principio de Felicidad Máxima o Principio de Utilidad. Para el utilitarista, la bondad de un acto en una circunstancia determinada se puede calibrar examinando las consecuencias más probables de sus posibles desarrollos. Aquello que sea más capaz de aportar la felicidad máxima (o en su defecto de compensar el dolor con el placer) será un acto correcto en esas circunstancias.

En su obra »Introducción a los Principios de Moral y Legislación« [1789] Bentham escribió la famosa frase: »La pregunta no es, ¿pueden razonar? ni ¿pueden hablar?, sino, ¿pueden sufrir?« refiriéndose a los animales no humanos. Es decir que lo único que importa es el sufrimiento. No la capacidad de sentir ni los intereses de los animales. Bentham pretende legitimar que los seres humanos esclavicen a los animales siempre que se tenga en cuenta que debemos evitar o reducir el sufrimiento que se les pueda causar. Aunque en muchas casos ni siquiera objeta el sufrimiento en sí, sino solamente la tortura y por eso afirma que: »Debe estar permitido matar a los animales pero no atormentarlos«.

No es difícil entender por qué el utilitarismo ha tenido tanto éxito ya que es un sistema relativamente fácil de aplicar y que no requiere criterios rigurosos.

Por ejemplo, para determinar si una acción es moral uno debe simplemente calcular las consecuencias buenas y malas que resultarán de una acción concreta. Si aparentemente lo bueno supera a lo malo, entonces la acción es correcta.

No necesita apelar a reglas morales objetivas. Se basa simplemente en utilizar un cálculo subjetivo en vistas la obtención de mayor placer o de reducir el sufrimiento.

La mayoría de nosotros usamos una cierta forma de utilitarismo en nuestras decisiones cotidianas. Tomamos muchas decisiones no morales cada día basadas en las consecuencias. Por ejemplo, cuando vamos al supermercado para pagar en la caja buscamos la fila más corta para poder salir por la puerta más rápidamente. Tomamos la mayoría de nuestras decisiones financieras según un cálculo utilitario de costos y beneficios. Por lo que tomar decisiones morales usando el utilitarismo resulta una extensión natural de algunos de nuestros procedimientos de toma de decisión diarios.

Por tanto, aunque se podría decir en cierto modo que todos somos utilitaristas teniendo en cuenta que a veces hacemos cálculos —en sentido figurado— para poder elegir entre diferentes opciones. Pero el error moral ocurre cuando creemos que esa forma de pensar es la que debe establecer lo que está bien o lo que está mal.

Todos somos en cierto sentido utilitaristas igual que, por desgracia, somos en algún grado violentos o egocéntricos. Es un defecto censurable y evitable, pero en ningún caso, una virtud.

Lo cierto es que el utilitarismo presenta muchos y graves problemas. Expondré brevemente algunos de ellos:

Primero; el utilitarismo justifica una forma de pensar consecuencialista que defiende que el fin justifica los medios. Cualquier fin que se considere válido puede justificar los medios para alcanzarlo. De este modo, podríamos justificar la purificación de la especie humana a través de la eugenesia forzada. También podríamos justificar la matanza de millones de personas en aras de lograr alguna utopía. Así lo declara específicamente John Stuart Mill —el otro padre del utilitarismo junto con Bentham— en su obra clásica »El utilitarismo«: 

«La doctrina utilitaria afirma que la felicidad es deseable y lo único deseable como fin en sí, siendo todo lo demás únicamente deseable como medio para este fin.»

Segundo; el utilitarismo no puede, ni quiere, proteger los derechos de las personas, ya que su meta está en conseguir el mayor bien para el mayor número de individuos. Con esa lógica podríamos justificar la esclavitud con el argumento de que resulta ser una buena consecuencia a quienes se benefician de ella. Si la mayoría se beneficia de la mano de obra esclava entonces no importa que la minoría esclavizada sufra las consecuencias negativas. Si sólo se tiene en cuenta moralmente el placer y el dolor entonces utilizar a otros individuos como medios para nuestros fines puede estar justificado, siempre que no se causara demasiado sufrimiento a esos individuos, y siempre que el equilibrio entre placer y sufrimiento estuviera supuestamente compensado.

Tercero; un problema grave de que adolece el utilitarismo está en la predicción de las consecuencias. Si nuestra moral está basada en los resultados, entonces necesitamos ser omniscientes para poder predecir de manera precisa las consecuencias de cualquiera de nuestras acciones. Pero, en el mejor de los casos, sólo podemos especular acerca de lo que ocurrirá en el futuro, y a menudo estas estimaciones suelen resultar erróneas.

¿Cómo puedo yo saber las consecuencias futuras de mis actos? Puedo suponerlas o preverlas, pero siempre de modo muy limitado. ¿Fue bueno o malo que Julio César cruzara el Rubicón? Es imposible, aun transcurridos más de dos mil años, saberlo. Es impracticable la ética de Mill: no podemos actuar en base a las consecuencias, por la sencilla razón que no podemos conocer esas consecuencias antes —y aun ni siquiera después— de realizar el acto. Ese acto debe tener un valor en sí mismo, una referencia objetiva propia. No se trata de olvidar y no tomar en cuenta las eventuales consecuencias de las acciones que uno realice, pero es claro que no es posible fundar nuestro comportamiento a partir de ese tipo de consideraciones únicamente.

Cuarto; otro problema importante con el utilitarismo es que las consecuencias mismas deben ser valoradas de manera subjetiva. Cuando aparecen los resultados de nuestros actos, tenemos que juzgar si son resultados buenos o malos. Pero el utilitarismo no aporta ningún criterio objetivo y consistente para juzgar esos resultados, porque los resultados son el mecanismo usado para juzgar la acción misma. Con lo que nos encontramos atrapados ante un círculo vicioso que se justifica a sí mismo constantemente con la excusa de estar buscando los mejores resultados posibles.

Quinto; establecer como fundamento moral la capacidad de sufrir y disfrutar es un error, porque el sufrir y el disfrutar se derivan de la capacidad de sentir. Pero la capacidad de sentir es mucho más que sufrir y disfrutar. Entiendo que la capacidad de sentir significa principalmente dos cosas: [1] la capacidad de experimentar percepciones subjetivas y [2] el poseer una serie de intereses fundamentales, como el interés en vivir, el interés en ser libre [en no ser utilizado por otros en contra de nuestra voluntad] y el interés en evitar el dolor injustificado. Considero que la característica moralmente relevante es la capacidad de sentir. Eso quiere decir que considerar moralmente a un ser sintiente significa, al menos, respetar sus intereses fundamentales y, por tanto, no transgredirlos salvo que hubiera un motivo justificado.

Por todo ello, teniendo en cuenta que el utilitarismo no puede demostrar racionalmente los ideales que defiende, no lo considero una ética sino más bien un pensamiento de tipo dogmático es decir, un sistema de creencias indemostrables a las que se les otorga un estatus superior a la realidad y que sirven como forma de vida.

El utilitarismo es una teoría dogmática. Parte de dogmas; no de razones o principios lógicos. Y además es una postura reaccionaria. Es la consecuencia de fusionar el hedonismo con el maquiavelismo — »el fin justifica los medios«.

La tradición moral ilustrada está inserta en el racionalismo y la defensa de los derechos individuales que culmina en la filosofía moral de Kant. Pero la teoría utilitarista comenzada por Bentham es meramente una reformulación moderna de una arcaica idea colectivista de que los individuos sólo valen en tanto que son útiles para conseguir un objetivo o fomentar el bienestar general. Eso no es Ilustración sino un pensamiento reaccionario.

Además de ser irracional, el utilitarismo es terriblemente peligroso y en la práctica resulta en una ideología totalitaria que se dedica a sacrificar las vidas de unos para beneficiar a las de otros pasando por encima del respeto básico que todos los individuos merecen por sí mismos.

Para el utilitarismo, los seres sintientes no son individuos con un valor intrínseco sino que son meros receptáculos de placer y dolor. El utilitarismo no reconoce a los individuos como personas sino como simples medios para ser utilizados con el objetivo de maximizar la felicidad y reducir el sufrimiento.

Por tanto, es el utilitarismo —y no el capitalismo— el mejor ejemplo de como la moral se convierte en un mero cálculo económico en el que los individuos son tratados como números y cantidades en lugar de ser considerados como personas.

El fin no justifica los medios. Tanto el fin como los medios deben estar justificados por un mismo criterio que establezca si en sí mismos son correctos o no. Una acción concreta no puede ser juzgada como buena simplemente porque puede conducir a una buena consecuencia. Los medios deben ser juzgados por la misma norma objetiva y consistente que los fines.

Me gustaría citar también a Tom Regan, quien habla del utilitarismo como uno de los enemigos de la ética de los Derechos Animales:

«La última objeción se basa en que nadie tiene realmente derechos, ya sea humano u otro animal, sino que lo bueno y lo malo son cuestiones que se juzgan a partir de lo que produzca las mejores consecuencias, teniendo en cuenta los intereses de cada implicado y considerando de manera igual intereses iguales. Esa filosofía moral -utilitarismo-, que cuenta con una larga y venerable historia, y a muchos influyentes hombres y mujeres entre sus adeptos, es un fraude moral y ya no es una postura sostenible, si es que alguna vez lo fue.

¿Es verdaderamente serio tener en consideración el interés de un violador en violar a su víctima antes de declarar la violación como inmoral? ¿Debemos tener en cuenta lo que supone para un pederasta el frustrar sus intenciones antes de condenar moralmente sus actos?; Asombrosamente, un utilitarismo coherente exige que sí los tengamos en cuenta, y de ese modo es rechazado por nuestra exigencia de racionalidad.»

Por otra parte, alguien puede alegar que no es incompatible ser utilitarista con el hecho de querer que existan derechos reconocidos para los animales. Pero esto es absurdo puesto que la propia noción de derecho va en contra del utilitarismo.

No es posible ser utilitarista y al mismo tiempo considerar que la existencia de derechos reconocidos tiene consecuencias positivas de acuerdo al criterio de utilidad, porque los derechos no se establecen para cumplir el principio de utilidad sino por respeto al valor inherente de cada individuo singular frente a los beneficios que pudiera tener, para el bienestar general, el hecho utilizar o destruir a determinados individuos.

No es nada difícil encontrar una situación en la que instrumentalizar a individuos repercutiera en grandes beneficios para el resto de la sociedad, así que es imposible que ningún utilitarista defienda la noción de derechos sin refutar al mismo tiempo su propia ideología.

Un utilitarista a favor de los derechos estaría refutando en la práctica su propia ideología al poner de manifiesto que es inútil e inefectiva para proteger a los individuos.

Un utilitarista es, básicamente, alguien que pretende justificar cualquier cosa con la excusa de que eso sirve para reducir el sufrimiento o para aumentar la felicidad. El utilitarismo permite esto. No sólo considera que el fin justifica los medios sino que además puede aplazar indefinidamente las consecuencias a un hipotético futuro.

El utilitarista proclama: »Yo hago esto porque considero que reducirá el sufrimiento o aumentará la felicidad«. El mero hecho de que él lo crea así, independientemente de que sea cierto o no, le sirve como excusa para intentar justificar cualquier cosa que haga.

Si esto se considera 'ética' entonces el concepto de ética ni siquiera tendría sentido, puesto que en el fondo se reduce a hacer lo que nos apetece o nos agrada según nuestras preferencias personales. ¿Eso es ética? No se diferencia en nada de que cada uno actúe según le venga en gana sin atender a ningún criterio objetivo y racional.

En resumen:

Las bases de las que parte el utilitarismo —hedonismo y consecuencialismo— son intrínsecamente dogmáticas, arbitrarias y no se pueden justificar de acuerdo a la lógica

El utilitarismo no respeta los principios éticos más básicos: la igualdad y el valor intrínseco. Tampoco reconoce el concepto de derechos morales

Aplicar el utilitarismo conlleva diversas violaciones sobre los derechos de las personas

Por todo esto, podemos concluir que el utilitarismo no es un planteamiento razonable respecto de los problemas morales. Más bien al contrario: plantea y provoca muchos otros problemas añadidos.