
Existe una interpretación sobre el problema en nuestra relación con los demás animales basada en la idea de que existe una relación de causalidad entre el capitalismo y la explotación de los animales —que afirma que la causa de que explotemos a otros animales radicaría principalmente en el hecho de que vivamos bajo un sistema económico de tipo capitalista. De este modo se concluye que no podremos solucionar la injusticia que es la explotación animal sin al mismo tiempo acabar con el capitalismo. En esta nota quisiera analizar concisamente dicha tesis.
Entendamos por capitalismo aquí, a grandes rasgos, un sistema económico basado en la propiedad privada de los recursos y su gestión a través del libre mercado. En oposición a sistemas como el socialismo, entendido como la propiedad de los recursos en manos de la colectividad mediante una autoridad pública —el Estado— y su gestión mediante planificación funcionarial.
Pienso que la idea de que no podemos solucionar el problema de la explotación animal sin incluir el rechazo del capitalismo incurre en un interpretación errónea porque, en primer lugar, pasa por alto el hecho de que no sólo dentro del capitalismo hemos explotado a los animales. Este dato evidente ya parece indicarnos con claridad que la causa de que explotemos a los demás animales no puede ser el capitalismo: la explotación sobre los animales existía igualmente antes y fuera del ámbito del capitalismo.
Si en sociedades que no han vivido bajo un sistema capitalista ha existido la explotación animal, entonces esto quiere decir que el remedio a dicha explotación no puede venir de la abolición del capitalismo. Si imponemos el socialismo, o cualquier otro sistema económico no capitalista, esto no conllevaría en modo alguno que la explotación animal desaparezca.
Los animales no humanos han sido utilizados por los humanos desde hace miles de años —antes de que nada parecido al capitalismo existiera todavía— por lo que parece relativamente fácil de advertir que la causa de que explotemos a los demás animales no puede encontrarse en el capitalismo como tal.
A mi modo de ver, la causa de la explotación animal radica en el hecho de que no reconocemos moralmente a los demás animales su condición de personas. Los clasificamos dentro de la categoría de objetos/recursos/mercancías. Es decir, consideramos que los otros animales son simples medios para satisfacer nuestros fines —que ellos sólo tienen un valor instrumental— y negamos que sean fines en sí mismos —les negamos su estatus de individuos que poseen un valor inherente.
Se trata pues de un problema moral. Este fallo moral es lo que ocasiona que los animales no humanos sean considerados como propiedades de los humanos. Pero no sólo los consideramos propiedad en el sistema capitalista sino que los animales no humanos también son considerados como propiedad de los humanos en otras formas distintas de organización económica. Aquí residiría la causa real de que no respetemos sus intereses básicos.
Si la causa de la explotación animal es moral entonces la solución sólo puede venir de un cambio en nuestra visión moral de los animales. La solución sería pues la abolición de su estatus de propiedad y, previamente, de la mentalidad especista que lo fundamenta.
En tanto que los animales no humanos sigan siendo vistos como propiedad humana no podrán tener derechos reconocidos por nuestro sistema legal. Sólo cuando reconozcamos que todo ser sintiente es una persona con derechos estaremos en vías de solucionar el grave problema que es la explotación sobre los animales —el uso de los animales no humanos como recursos para beneficio de los humanos.
Cuando dejemos de considerar a los otros animales como nuestra propiedad, y sólo entonces, podrá abolirse la explotación animal. Rechazar la noción de propiedad aplicada a los animales conlleva asimismo reconocer que todos los seres sintientes poseen un derecho moral no ser tratados como propiedad.
Un derecho es un concepto moral que implica que un interés debe ser respetado y que no puede ser vulnerado por una razón distinta a la propia protección de ese mismo derecho. Esto significa que no podemos violar un interés protegido por un derecho aunque de ello obtuviéramos algún beneficio —ya fuera placer, diversión, o ganancia económica. En principio, los derechos subjetivos serían compatibles con la aplicación del capitalismo. Algunos autores defienden que el capitalismo sólo puede darse como consecuencia del respeto por los derechos individuales.
Si nuestra forma de pensar fuera determinada puramente por la estructura económica entonces ni siquiera se podría explicar cómo es posible que suceda que algunos humanos juzguemos injusta la explotación animal cuando ocurre que todos nos beneficiamos de ella y hemos sido insertados desde la infancia en su dinámica como explotadores. Si una teoría no puede explicar este suceso, tan notorio y relevante, esa teoría ha de albergar algún fallo de base.
¿Acaso para reconocer algo como injusto no debe primero pasar por el filtro de nuestro criterio moral y no es esto en gran parte consecuencia de la educación recibida y la cultura en la que crecemos? Por no hablar de la más que probable existencia de un sentido moral innato.
El planteamiento que achaca el problema sólo al sistema económico y niega el valor causal de la educación, la cultura, y la mentalidad moral, estaría incurriendo en un error de lógica: confundes causas y consecuencias. Este error ha sido señalado incluso por intelectuales marxistas, contrarios al capitalismo, como es el propio Antonio Gramsci, que entienden que la cultura no es un mero producto del sistema económico —aunque la economía influya decisivamente en él— sino que el pensamiento tiene su propia dinámica y ocupa una categoría singular de causalidad en la forma en que actuamos, y en la forma en que organizamos nuestro sistema económico. Por lo tanto consideran que no podrá haber revolución social si no hay antes una revolución interior de nuestro pensamiento:
«Esto quiere decir que toda revolución ha sido precedida de un intenso trabajo de crítica, de penetración cultural, de difusión de ideas a través de agregados de seres humanos, primero refractarios y preocupados sólo en resolver día a día, hora a hora, el propio problema económico y político por sí mismos, sin lazos de solidaridad con los demás que se encontraban en las mismas condiciones.» Socialismo y cultura; Antonio Gramsci [1916]
Por todo esto, el enfoque anticapitalista sobre la explotación de los animales estaría errado en su análisis, y la explotación animal no sería causa del capitalismo.
Además el enfoque anticapitalista fomenta que los animalistas ignoren la importancia del activismo educacional. Si la explotación animal sucede supuestamente por culpa del sistema capitalista entonces no sirve de nada intentar cambiar la mentalidad y las conciencias, dado que la causa del problema sería exclusivamente estructural —sería un problema originado por la organización económica. Esta perspectiva fue defendida en su momento por autores como Martin Balluch, entre otros, y rebatida por el profesor Gary Francione. Equivocarnos en el análisis de la causa de la explotación animal conllevaría que también nos equivoquemos en el análisis de las soluciones a esta injusticia.
Este ensayo no pretende enjuiciar el capitalismo como tal, ya sea favor o en contra, sino que sólo pretende señalar que el problema en nuestra relación con los demás animales no tiene su raíz en un determinado sistema económico sino en algo más precedente y profundo: en nuestra visión moral del mundo —una visión dominada por la idea de que el ser humano es un ser especial y diferente al resto de animales y que tiene legitimidad para utilizarlos en su beneficio. Esto es: la idea de la «superioridad humana»
Si en verdad nos tomamos en serio a los animales entonces los reconoceremos como personas. El primer derecho más importante y fundamental que debemos respetar en una persona es su derecho a no ser considerada como nuestra propiedad —que no la tratemos como mero recurso o un simple medio para nuestros fines. Es decir, que no la sometamos a explotación.
Eso es, en esencia, lo que significa veganismo: el rechazo radical a la explotación de los humanos sobre los animales no humanos.