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8 de mayo de 2018

El lenguaje como instrumento de represión



La organización española OCU [Organización de Consumidores y Usuarios] ha manifestado su apoyo público a una reciente medida legislativa aprobada en Francia para prohibir que productos comerciales elaborados a base de vegetales pueden denominarse con términos tradicionalmente reservados a productos elaborados con sustancias de origen animal, tales como "queso", "filete", "chorizo" o "salchicha".

La excusa alegada para esta prohibición es evitar "prácticas engañosas" o la "confusión" de los productos vegetales con los productos animales. Sin embargo, ese argumento es rematadamente absurdo. Ninguna empresa que vende salchichas vegetales pretende hacer creer a los consumidores que está vendiendo salchichas cárnicas. Ninguna empresa que vende leche de soja pretende hacer crer que vende leche de vaca. Al contrario, los productos etiquetados como aptos para veganos especifican de manera muy clara que son vegetales. Por desgracia, parece que los legisladores ni siquiera necesitan demostrar la veracidad de los argumentos que promueven sus iniciativas. Curiosamente, el diputado promotor de esa iniciativa es ganadero de profesión. ¿Casualidad?

No hay lugar a confusión cuando el etiquetado señala explícitamente que son productos vegetales, como así sucede habitualmente. La tesis de la supuesta confusión no se sostiene de ninguna manera. En mi opinión, la motivación de esta medida es puramente represiva. Es sólo una absurda prohibición para intentar dificultar la expansión del veganismo. Como no pueden impedir que la gente se haga vegana entonces intentan dificultar en todo lo posible la difusión del veganismo con medidas represivas y absurdas. Parece que determinados sectores de la sociedad están irritados con el veganismo. Además de que no se les permite explotar a seres humanos, ahora resulta que existe la posibilidad de que en el futuro tampoco les permitan que exploten a los animales. !Habrase visto!

Ni siquiera el argumento de que determinados términos están reservados exclusivamente para productos de origen animal tiene sentido. Si consultamos el diccionario de la RAE comprobaremos que señala que el término «carne» en su cuarta acepción lo define como "parte de un fruto o de un tubérculo, generalmente blanda, que está bajo la cáscara o la piel." Así, sería perfectamente lícito con la tradición lingüística hablar de carne vegetal y, de este modo, todos los productos elaborados con carne  animal [salchichas, chorizo, filetes,...] pueden ser elaborados en una versión con carne vegetal.

De la misma manera, el término «leche» en su tercera acepción lo expresa como "jugo blanco obtenido de algunas plantas, frutos o semillas. Leche de coco, de almendras.". Por tanto, no contradice el lenguaje tradicional hablar de «queso vegetal» puesto que, según registra la RAE, un queso es un "producto obtenido por maduración de la cuajada de la leche con características propias para cada uno de los tipos según su origen o método de fabricación." Esto significa que, dentro de los propios parámetros del lenguaje actual, resulta correcto usar esos términos para referirnos a productos elaborados con vegetales.

En cualquier caso, las definiciones no tienen por qué ser monolíticas y pueden cambiar, y cambian de hecho, según el uso de los hablantes a lo largo de la historia.

¿Por qué llamamos filetes, salchichas y hamburguesas a productos que no llevan carne animal? Bien, eso es como preguntar que por qué llamamos zapatos a un calzado que está hecho con material vegetal o sintético en lugar de estar hecho con piel. Los zapatos siguen siendo zapatos aunque no contengan piel. Las salchichas y los filetes y las hamburguesas siguen siendo salchichas y filetes y hamburguesas aunque estén hechos con carne vegetal.

Imaginemos que hubiéramos vivido en una sociedad que aceptara el canibalismo pero que reconociéramos que no está bien utilizar a seres humanos de comida. Si las salchichas, o las mortadelas, o los chorizos, o las morcillas, se hubieran estado elaborando con carne humana entonces habría que sustituir esa carne por otra cosa, pero seguirían siendo igualmente salchichas, mortadelas, chorizos, o morcillas. Del mismo modo, podemos seguir disfrutando de todos esos productos sustituyendo las sustancias de origen animal por otras de origen vegetal.

Si decidimos rechazar la explotación de los animales no tenemos por qué rechazar determinados sabores o determinadas texturas o determinada forma de presentar una comida. Lo único a lo que renuncia el veganismo es a la explotación animal. Siendo veganos no tenemos que renunciar a alimentarnos ni a disfrutar de la comida. Todas nuestras necesidades vitales pueden ser satisfechas sin utilizar a los animales.

16 de noviembre de 2016

Nueva revisión sobre el lenguaje




Antes de nada, debo confesar que padezco el molesto hábito de revisar continuamente todas mis ideas —y las de otros— a la luz de la razón y la evidencia. Sé que esto resulta escandaloso e incomprensible para muchos. Pero yo no puedo aceptar creencias de cualquier tipo sin someterlas a un escrutinio permanente de acuerdo a la lógica y a los hechos. Esto implica la posibilidad de modificarlas o suspenderlas o anularlas si no pasan el examen racional. Por supuesto que esto no me salva a mí, ni a nadie que hiciera lo mismo, de creer en cosas erróneas. Debido a que todos estamos siempre sujetos a la posibilidad de error es por lo que me parece imperativo que analicemos todas nuestras creencias sin excepción para comprobar su validez.

Es necesario que señale ese punto porque en este artículo pretendo corregirme a mí mismo en parte.

He dedicado varias entradas al tema del lenguaje. La reflexión sobre el lenguaje es una tema recurrente en filosofía, ya que el lenguaje es la única manera de expresar los conceptos que maneja la filosofía. En el siglo XX, la reflexión sobre el lenguaje ocupó un puesto predominante gracias a la corriente analítica y al trabajo de pensadores como Ludwig Wittgenstein.

En mi artículo «Lenguaje y Especismo», que escribí hace ahora siete de años, analicé la influencia del especismo en el lenguaje. En ese artículo concluyo, entre otras cosas, que decir animales para referinos a los animales no humanos es una forma errónea de expresión, porque esa división tiene un origen especista y contradice la ciencia, la cual establece que los humanos son un tipo de animales y son no una categoría separada de los animales. Bien, ya no estoy acuerdo con esta tesis. He revisado el razonamiento y he llegado la conclusión de que mi juicio no era del todo correcto. Ahora explicaré por qué he cambiado de parecer.

Los presupuestos de los que partía aquel razonamiento me siguen pareciendo correctos: [1] aquella división lingüística tiene un origen especista y [2] no concuerda con la ciencia. Esto sigue siendo acertado. Ahora bien, a partir de estas dos premisas no se puede derivar lógicamente un rechazo al uso del término animales como sinónimo de animales no humanos. 

A partir de la primera premisa, estaba cometiendo una falacia genética, que consiste en valorar un elemento atendiendo a su pasado originario, antes de que el elemento existiera como tal, en lugar de valorar el elemento como entidad singular que existe en el presente y tiene su propia historia. El hecho de que la expresión "animales", como sinónimo de no-humanos, naciera por causa de un pensamiento especista no equivale necesariamente a que la expresión en sí misma sea especista. Hay que valorar la expresión en sí misma, por lo que significa, y no sólo por la causa anterior que la originara.

A partir de la segunda premisa, estaba cometiendo un error categorial al creer que el lenguaje coloquial debe ajustarse o coincidir necesariamente con el lenguaje científico. Esto no tiene por qué ser así. Son categorías diferentes. No existe en realidad tal cosa como "el lenguaje" sino que existen lenguajes que son diferentes y adaptados a cada ámbito de la vida. El uso coloquial del lenguaje no equivale al uso científico del lenguaje. Son dos contextos diferentes. Esto no significa que la coloquialidad justifique contradecir la ciencia. Sólo significa que el uso coloquial no sigue el mismo patrón de rigurosidad y exactitud que el lenguaje científico, y es un uso en el que prevalece la economía y la sencillez de expresión como prioridades.

Esta teoría sobre la diversidad de lenguajes obviamente no es mía sino que remonta por lo menos al trabajo de Ludwig Wittgenstein. Así lo explica James Robinson en su artículo «Wittgenstein, Sobre El Lenguaje»:
«Wittgenstein afirmó que su concepción del lenguaje en el Tractatus era demasiado general, demasiado estrecha y demasiado esencialista. El lenguaje opera de diferentes maneras; intentar reducir el lenguaje a esencias que obedecían sólo una clase de lógica era, finalmente, una idea errónea y distorsionante sobre cómo el lenguaje opera en la realidad.»
«En pocas palabras, Wittgenstein rechazó su anterior idea de que las palabras se entienden por lo que designan en la realidad, ya sea como referentes empíricos o representaciones pictóricas en la mente. Wittgenstein no cree ya que exista una estructura lógica del lenguaje (y del pensamiento), que corresponda a la estructura lógica del mundo de modo directo. Por el contrario, el uso del lenguaje implica el uso de numerosos tipos de estructuras, de modo que el significado de una palabra o enunciado depende del contexto en el cual es usada. Como sucintamente lo dice Wittgenstein “el significado de una palabra es su uso en el lenguaje”.»
Mi explicación se basa en reconocer una división contextual en el lenguaje basada en diferentes niveles, ya sea el nivel científico, filosófico, coloquial, u otros.

Cuando decimos "animales" específicamente para referirnos a los animales no humanos no estaríamos expresándonos de forma incorrecta ya que ese término es el que se usa en coloquialidad para referirnos a los animales no humanos. Se trata de una cuestión de economía del lenguaje, que es el principio que rige el lenguaje coloquial, pero que no rige igual en el lenguaje científico.

En la ciencia, la división tripartita de los elementos de la naturaleza entre minerales, vegetales y animales ya no está vigente. En la actualidad, los seres vivos se dividen en cinco reinos. Sin embargo, esto es irrelevante para el nivel coloquial. ¿Por qué? Porque el nivel de la realidad que manejamos en el lenguaje coloquial no necesita de esa nueva división.

En el lenguaje coloquial llamamos vegetal a cualquier ser vivo que no sea un animal. Y también llamamos animal a cualquier ser vivo que pueda sentir, aunque la clasificación científica de los animales no se base en la sintiencia. En filosofía tampoco usamos los términos del mismo modo que en la ciencia. Así, el error consiste en confundir el nivel científico con el nivel coloquial del lenguaje. La expresión coloquial no coincide con la científica, pero, en este caso, esto no afecta a la comprensión ni a la lógica del significado que se pretende expresar.

Es conocido el postulado de Guillermo de Ockham acerca de la simplicidad explicativa; el cual dice así:
«Pluralitas non est ponenda sine necessitate»  
«La pluralidad no se debe postular sin necesidad.»
Si estamos de acuerdo con este postulado, ¿por qué no se habría de aplicar también en el lenguaje? Si la ciencia necesita ampliar la división ontológica más allá de la división mineral/vegetal/animal es correcto que lo haga. Pero si nuestra vida cotidiana no lo necesita entonces no hay que razón que justifique obligar al abandono de la división tradicional si ésta resulta operativa. El uso coloquial no niega la ciencia; sólo funciona a otro nivel.

A nivel coloquial, el lenguaje funciona basado en el principio de economía, y es correcto que sea así aunque no coincida con la clasificación científica. Esto se aplica para la distinción entre humanos y animales; y para la distinción entre animales y vegetales. Es por esto que a nivel coloquial no sería erroneo ni especista decir "animales" para referirnos específicamente a los animales no humanos. Lo mismo se aplica a expresiones como "productos animales" o "productos de origen animal" y similares.

Debo aclarar, por si acaso, que no estoy apelando a la tradición como argumento. No estoy diciendo que el uso sea el correcto porque es el tradicional y porque es el tradicional debe ser el correcto. Nada más lejos de mi postura. Si menciono que determinado uso coloquial es tradicional, lo señalo sólo como característica descriptiva; no argumentativa. A nivel coloquial sería correcta la expresión tradicional que diferencia entre animales y humanos, pero no es correcta porque sea tradicional sino que es correcta porque resulta operativa a nivel coloquial. 

Es por todo esto por lo que he cambiado de forma de pensar sobre este punto. No creo estar haciendo ninguna concesión al especismo. Sólo estoy reconociendo que los mismos términos pueden significar de forma diferente según el uso contextual. Pienso que no existe en realidad un lenguaje especista sino más bien un uso especista del lenguaje.

Estoy de acuerdo con Igor Sanz en que debemos cuidar el lenguaje, porque el lenguaje conlleva ideas implícitas a los términos, pero yo no considero que el lenguaje establezca nuestra forma de pensar o nuestra forma de ver la realidad. El lenguaje es una mera herramienta del pensamiento; y el pensamiento existe y funciona de forma independiente a él. Cuando nos encontramos con nuevas realidades creamos nuevas palabras para describirlas.

No hay evidencia de que las palabras sean las que determinen nuestra forma de ver el mundo. No son las palabras las que modelan nuestra forma de pensar. En realidad son las categorías y los conceptos, a través de los cuales juzgamos los hechos materiales, los que vertebran nuestra mente. Las palabras se asocian a ideas y a experiencias, y surgen nuevas palabras para denominar a las nuevas realidades que conocemos.

Por ello considero que el lenguaje no es el asunto fundamental. El uso del lenguaje es sólo la consecuencia de una determinada forma de pensar, de una mentalidad. Tenemos tendencia a fijarnos más en las consecuencias que en las causas. Podríamos reformar completamente nuestro lenguaje pero aun así nuestra mentalidad quedaría intacta.

En un principio había pensado corregir aquel artículo que mencionaba al comienzo, pero me di cuenta de que eso no sería honesto, porque no se trataba de un mero error de escritura o de expresión, sino que era un cambio en mi pensamiento sobre este asunto. Así que decidí escribir esta nota al respecto. Además, siempre cabe la posibilidad de que me equivoque, y es mejor conservar diferentes perspectivas sobre una misma controversia para poder contrastarlas entre sí y seguir revisando las ideas.

Antes de cualquier debate debemos asegurarnos de que usamos los términos en el mismo sentido, o de lo contrario no podremos entendernos correctamente.

10 de diciembre de 2015

No Somos Su Voz


Me resulta problemática esa idea difundida por algunos grupos animalistas que afirma que nosotros somos, o debemos ser, «la voz» de los otros animales. Me parece una afirmación controvertida por varias razones.

Primero; porque ellos no son mudos ni inexpresivos. Ya tienen su propia voz. Poseen su propio lenguaje y forma de expresión, aunque nosotros no les podamos entender. 

Segundo; porque ellos no nos han elegido como sus representantes. Por tanto, no podemos ser sus portavoces legítimos. 

Tercero; porque lo que en realidad hacemos siempre es ser la voz de nuestros propios deseos o de nuestra interpretación de una teoría moral acerca de lo que debemos hacer, y de la diferencia entre el bien y el mal.

Es posible que ese lema de que «somos su voz» nos resulte muy evocador. Pero el solo hecho de que algo nos guste no conlleva que esté bien. A mucha gente le gusta comer animales y eso no significa que esté bien. Eso no es un criterio válido. No importa que la finalidad que se pretenda sea pretendidamente buena. No somos su voz y, por tanto, no deberíamos creer ni decir que lo somos.

No sería correcto confundir nuestra voluntad o nuestros deseos particulares con la voluntad o los deseos de los otros animales. El problema ocurre cuando algunos humanos sí lo confunden: creen que lo que ellos piensan y desean equivale exactamente a lo que otros animales piensan y desean en una circunstancia particular. Pero no es necesariamente así, puesto que no podemos conocer el contenido concreto de la voluntad y el pensamiento de los demás animales.

Gracias a la investigación científica sabemos con certeza que los  animales son seres sintientes; seres que pueden tener experiencias subjetivas: sensaciones, emociones, sentimientos, deseos, pensamientos. Sabemos que ellos son seres dotados de conciencia, o dicho de otros modo, sabemos que los animales que poseen sistema nervioso centralizados son individuos con una mente que poseen voluntad e intereses propios.

Sabemos que la lógica moral indica que su individualidad y sus intereses no deben estar supeditados a nuestros deseos y necesidades; porque ellos, en tanto seres conscientes, poseen un valor inherente que no debemos vulnerar por razones instrumentales.

Esto es todo lo que podemos saber a ciencia cierta. Se trata de datos objetivos que podemos comprobar y demostrar. Más allá de esto, creer que nosotros podemos saber qué es lo que piensan y desean otros animales sobre cada situación de su vida sería simple especulación o una suplantación.

No podemos saber los animales pensarían u opinarían sobre la relación que los humanos hemos establecido sobre ellos. No hablan ni nos comunican sus ideas en un lenguaje que podamos entender. Aunque no es fantasioso suponer que no simpatizarían con la esclavitud que padecen; al igual que sucedía con los humanos esclavizados.

Por tanto, no somos «la voz» ni los representantes de la voluntad de otros animales. Lo único que podemos representar es nuestros propios deseos o, aparte, nuestra idea de que lo es moralmente correcto y debemos hacer.

Si queremos mostrarnos prudentes, no deberíamos decir que somos «la voz» o los representantes de la voluntad de otros animales. No actuamos en nombre de otros animales ni somos sus portavoces. Sólo actuamos en nuestro propio nombre o, si bien, en el de lo que consideramos que está bien y que estamos moralmente obligados a hacer.

«No sólo los animales son incapaces de defender sus derechos, sino que son igualmente incapaces de defenderse de quienes profesan defenderlos. A diferencia de nosotros, no pueden desconocer o rechazar las declaraciones que hacen en su nombre.» Tom ReganEn Defensa de los Derechos Animales, 1983

3 de septiembre de 2014

Tres conceptos: compasión, empatía y simpatía


Hay tres términos que aparecen de forma más o menos frecuente dentro del contexto moral: empatía, compasión y solidaridad. En esta nota pretendo exponer una breve aclaración al respecto.

En primer lugar, la compasión haría referencia simplemente al hecho de sentir pena o tristeza a causa de lo que a otros les ocurre cuando padecen algún sufrimiento. Es una emoción. Nos sentimos mal al ver que otros padecen ciertos males, pero lo que nos importa es lo que nosotros sentimos. Nosotros queremos que alguien deje de sufrir porque esa escena nos hace sufrir a nosotros.

En efecto, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la compasión de la siguiente manera: «Sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias.»

Por otra parte, la empatía se trata de un fenómeno distinto. La empatía significa colocarnos imaginariamente en el lugar de otros individuos y sentir como si fuéramos ellos. Y no abarca sólo el sufrimiento sino todos los aspectos sensitivos del individuo.

Así define el diccionario de la Real Academia el concepto de empatía«Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.» La empatía es en realidad un razonamiento. No es un sentimiento. Se basa en la lógica y la inteligencia interpersonal. La empatía es una manifestación innata de nuestra capacidad moral junto con el sentido de justicia.

Empatizar es colocarse imaginadamente en el lugar de los otros individuos que no son yo. Pensar o imaginar es un producto del razonamiento, no de la emoción. Un razonamiento básico que se ha comprobado que está presente no sólo en humanos sino también en los demás mamíferos —sin excluir por ello a otros animales que no sean mamíferos. La empatía no excluye las emociones ni los sentimientos, pero no se basa en ellas, a diferencia de la compasión que es una expresión puramente emotiva.Por eso señala Steven Pinker que: 
«La causa de los derechos animales está basada en la razón pura, en la pura empatía.»

Compasión no es empatía porque la compasión significa que yo sufro por algo que percibo exteriormente y que me provoca reaccionar emocionalmente, pero sin razonamiento. Es decir, si yo veo como asesinan a una vaca y eso me hace sufrir a mí, esto no implica necesariamente que yo deduzco que ella sufra. Simplemente me provoca sufrimiento a mí, porque es algo desagradable. Por eso, se puede sentir compasión por seres no-sintientes. Y por eso mucha gente se siente mal al ver vídeos de mataderos pero no se imagina en el lugar de las víctimas. Si lo hicieran tendrían que verse abocados a querer dejar de participar en la explotación animal.

En cambio, la empatía no implica que yo sufra al ver a una vaca en el matadero, sino que implica que yo comprendo que ella sufre, que ella no quiere morir, que quiere escapar de la muerte y el encierro a la que la han sometido. Y esa comprensión me pone imaginariamente en su lugar superando así la individuación que nos separa y singulariza a los seres sintientes. Trasciendo nuestra singularidad mediante el pensamiento para darme cuenta de que todos somos iguales en el hecho mismo de sentir. Esto es la empatía, sin la cual no podría haber ética. Por eso, los psicópatas —los incapacitados para la empatía— no pueden comportarse moralmente aunque son capaces de comprender la ética y actuar de acuerdo a ella por inercia educativa o por presión social de otros, pero nunca por sí mismos, porque realmente deseen hacerlo.

A mi modo de ver, la compasión no requiere de razonar, pues simplemente requiere que percibir algo te desagrade hasta el punto de provocarte tristeza o angustia. No habría ningún razonamiento ahí. Por ejemplo, alguien puede sentir compasión por un árbol porque le desagrada ver como lo talan y destruyen. Es decir, padeces con la situación de algo que percibes —com-pasión: "sentir con". Ese padecer está ligado con una circunstancia o acción concreta. Es diferente del hecho de sentir por algo que nos sucede a nosotros: una herida o un infortunio. 


Compadecernos a nosotros mismos sería, pues, sufrir por el hecho de que sufrimos. Para ello es no es necesario pensar ni razonar al respecto. Es un fenómento puramente emotivo. Otra cosa distinta es que determinados pensamientos provoquen a su vez compasión. Pero la compasión en sí misma no es un razonamiento sino un proceso emocional.

En cambio, empatizar es ponerse en el lugar de otros: em-patizar ["sentir en"]. Si bien, se trata de algo imaginado, y no quiere decir que seamos capaces efectivamente de estar en realidad en el lugar de otros. Esto es imposible. Cada conciencia individual es singular y no se pueden fundir o sustituir. La empatía tampoco es "telepatía", dado que la telepatía no existe. Empatizar es imaginar. Pero no imaginar fantasías, sino deducir con nuestro pensamiento 
lo que se supone que otro individuo realmente siente, a partir de nuestra propia experiencia y de las evidencias con que contamos. Esto lo deducimos a partir de su conducta, su lenguaje y lo que sabemos sobre su personalidad. Así lo resume el escritor Ramin Jahanbegloo:

«La empatía, al contrario que la simpatía o la compasión, exige que el individuo comparta, indirectamente, los pensamientos y los sentimientos de los otros y que se convierta temporalmente en el otro.»

Sabemos que los otros animales sienten y tienen intereses, por tanto, para respetarlos tenemos que empatizar y, de ese modo, comprender que no quieren que los sometamos, matemos o dañemos. Sin la empatía no sería posible. El mero hecho de saber algo no nos conduce a actuar aunque sepamos que es lo correcto. Sin una identificación con los otros individuos no podemos actuar éticamente. Por eso mucha gente no se hace vegana a pesar de saber que es lo correcto y razonable. Por falta o carencia de empatía. Los biólogos y etólogos saben bien de las vidas subjetivas de otros animales pero eso no les lleva necesariamente a ser veganos porque no han aplicado la empatía.

No sabemos realmente como ven el mundo los otros animales aunque la ciencia ha alcanzado progresos importantes sobre este asunto. No sabemos exactamente cómo se siente al ser un pez, una salamandra, un cangrejo o una abeja. Pero sabemos que sienten, y a partir de esa noción básica empatizamos con ellos, sin necesidad de tener que saberlo todo acerca de su experiencia consciente.

Debo añadir que aunque la compasión y la empatía, a mi modo de ver, serían radicalmente diferentes, podemos pasar de una a otra de forma ambivalente. No nos quedamos en una u otra de forma permanente y excluyente. Y tal vez por eso nos cueste distinguirlas.


Por tanto, de acuerdo a este análisis, resulta que la compasión es solipsista y nunca altruista. Los compasivos pretenden a menudo creer que hacen cosas "por los demás" pero en verdad sólo lo hacen por sí mismos. Para aliviarse ellos, para no sufrir ellos. La compasión es lo que motiva la caridad.

Un criminal puede sentir compasión por sus víctimas, pero nunca empatía. La empatía le pondría en el mismo lugar que sus víctimas —y esto le obligaría a abandonar su crimen. He ahí la diferencia radical. La compasión es a menudo aliada de la injusticia. 

La empatía implica igualdad, pues se basa en una identificación entre ambos individuos, mientras que la compasión acepta la jerarquía. Por eso pienso que debemos reivindicar la empatía —junto a la igualdad— pero no la compasión, pues esta última se atiene exclusivamente a las emociones y no cuestiona la injusticia subyacente al contexto.

El compasivo quiere reducir su propio sufrimiento que le genera determinada situación en la que otros supuestamente sufren. Es análoga a la simpatía, aunque ésta se refiere a la alegría y el placer. En ambos casos, no hay igualdad entre los individuos dado que al compasivo lo que le importa es reducir su propio sufrimiento personal, sin que eso implique necesariamente hacer nada por aliviar el sufrimiento de los demás. Un ejemplo de esto son las etiquetas de explotación "humanitaria" y "compasiva" que la industria de explotación animal ha creado para aliviar la conciencia de sus consumidores. Por eso, la compasión es compatible con toda clase de crímenes.

En cambio, la práctica de la empatía se refiere no sólo al sufrimiento sino a todo lo que implica la conciencia sensitiva del individuo, a sus intereses y su individualidad. Además, la empatía se produce por definición en un plano de igualdad entre los individuos. La empatía implica poner nuestros intereses al mismo nivel que los de los otros, ni por encima ni por debajo. No hay subordinación, como ocurre en el caso de la compasión. Claro que la empatía tiene que ser corregida por el principio de igualdad para no caer en discriminaciones injustas. Por ejemplo, si alguien siente empatía sólo por los humanos está vulnerando el principio de igualdad.

La empatía y la compasión no sólo son diferentes fenómenos sino que apenas se parecen si uno reflexiona sobre ello.
 

Ahora bien, aunque la empatía es una forma de pensamiento mediante la que comprendemos la moral; pero no equivale a ésta. De la misma manera que la inteligencia nos permite ser morales; pero la inteligencia no equivale necesariamente a moralidad. Son dos cosas distintas. A mi modo de ver, el problema no es la apelación a la empatía sino que se confunda la empatía como sinónimo de ética.

La ética es ese ámbito peculiar en el que actuamos en favor de los demás igual que si fuéramos nosotros mismos, pero no por beneficio, porque nos beneficie a nosotros, sino porque es lo justo, lo correcto, de acuerdo a la misma razón, a la lógica que es inherente a nuestro intelecto. Esto es la facultad moral o sentido moral. Porque, de acuerdo a la razón, todos somos iguales en tanto que todos somos sujetos, somos un yo. Sólo hay ética cuando comprendemos e interiorizamos este conocimiento. Podría decirse aquello de "todos somos uno" pero esto ya sería mística y no ética, y se perdería de vista el hecho de que aunque todos seamos igualmente un yo, seguimos siendo empíricamente individuos singulares y diferentes.

La ética es adecuar nuestra conducta a la razón como fin en sí misma y no como un medio para conseguir un otro fin: razón instrumental. Ahora bien, si efectivamente tenemos una facultad inherente para comportarnos moralmente, entonces no tenemos que disponer de una noción abstracta de ética para actuar por motivos éticos. Aunque, sin duda, la reflexión puede ayudarnos a comprender e interiorizar las nociones de índole moral.

Por último, hay otro concepto distinto al que podríamos denominar como simpatía. Aunque no me refiero al uso coloquial del término simpatía para expresar que alguien nos resulta agradable o "simpático". Esa simpatía es la que fundamenta la actitud de solidaridad.

Si acudimos de nuevo al diccionario de la Real Academia nos encontraremos con que simpatía significa etimológicamente comunidad de sentimientos, y también podremos comprobar que la solidaridad es la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros. Así, la simpatía es un fenómeno diferente al de la empatía.

Es decir, la solidaridad consiste en actuar favorablemente para el beneficio de los intereses de los individuos. Mientras que la justicia motivada por la empatía y la igualdad se refiere a respetar a los individuos y sus intereses legítimos —y a actuar para proteger ese respeto debido— lo que la solidaridad pretende no se basa en el respeto sino en la asistencia para la satisfacción de los deseos de otros individuos. 


A menudo se confunde el principio de igualdad con el de solidaridad. Por ejemplo: la redistribución social de la riqueza es solidaridad; no igualdad. Precisamente por lo que no hay igualdad de riqueza es por lo que se considera necesario o pertinente repartirla. La solidaridad pretende fomentar una sociedad en donde haya igualdad de condiciones, pero no es una igualdad originaria. El principio de igualdad se basa en reconocer una igualdad que es auto-existente y no creada por nosotros.

Si bien es cierto que a menudo la solidaridad está motivada por un sentimiento moral del altruismo [empatía] no es sin embargo un principio de obligación moral. Puede ser una obligación derivada a partir de la responsabilidad de nuestras acciones pero no un deber moral en sí mismo. 

En resumen:

[1] La compasión es una expresión de naturaleza emocional que además presupone jerarquía o desigualdad entre el compasivo y el compadecido. La compasión conduce a la caridad

[2] La empatía es un razonamiento de identificación con otros individuos que nos conduce a comprender el principio ético de igualdad.

[3] La simpatía se basa en una inclinación de querer beneficiar las necesidades y deseos de otros individuos.

Por supuesto, estos conceptos requieren un desarrollo muchísimo más extenso y detallado. Aquí expongo sólo un conciso esbozo para intentar evitar la confusión entre ellos.

Estas aclaraciones no son una mera disquisición lingüística o semántica sino que son delimitaciones conceptuales necesarias para analizar la realidad y establecer juicios morales.

El lenguaje debería tener siempre un referente objetivo, y no estar sujeto al capricho de los arbitrarios gustos personales de cada uno. De otro modo, ¿cómo podríamos entendernos entre nosotros? ¿Cómo podríamos comunicar nuestras ideas y sentimientos? ¿Cómo podríamos llegar a acuerdos comunes y de beneficio mutuo? Sin un lenguaje objetivo, estamos condenados a la incomprensión.

5 de mayo de 2014

Radical


Un nuevo artículo de Igor Sanz, aclarando una cuestión conceptual de especial importancia, pues no se trata sólo de términos y significados, sino de ideas y comportamientos. Espero que el texto os resulte de provecho tanto como a mí.

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Uno de los adjetivos con el que más suele emparejarse al veganismo, y a los veganos, es con el de radical. El uso de tal apelativo suele hacerse con dos propósitos fundamentales: por un lado, atacar al veganismo, y por otro, agarrarse a una excusa —otra más— para no adoptarlo.

En cualquier caso, el uso de la palabra radical se hace con claras connotaciones negativas, algo habitual incluso más allá del ámbito del veganismo. De esta forma, la ecuación/estrategia es muy sencilla: puesto que comúnmente se considera lo radical como algo malo, al decir que el veganismo es algo radical estaremos induciendo a creer que es algo igualmente malo.

Ocurre, empero, que tal concepción del radicalismo es completamente errónea. La palabra radical deriva del latín radix, que significa raíz. Lo radical, por tanto, es aquello que va a la raíz de algo, a su base, a su fundamento. No estoy con esto en realidad diciendo nada nuevo. Me limito a echar mano directamente del diccionario, que tiene por la primera acepción —la original— de radical como «perteneciente o relativo a la raíz», siendo sus sinónimos fundamental, sustancial, esencial o básico, mientras que sus antónimos serían relativo o secundario.

Insisto en que este es su significado original. El diccionario contiene muchas palabras —entre ellas la que estoy tratando— con diversos y variados significados, pero esas nuevas acepciones son recogidas a medida que se van aceptando coloquial y masivamente, apareciendo en el diccionario ordenadas numéricamente en la forma en que han sido incorporadas. En el caso de radical, a medida que descendemos por esas otras acepciones que han sido paulatinamente introducidas, nos percatamos de cómo se ha ido degenerando hasta el significado que más comúnmente se le atribuye hoy en día.

Pero ¿denota intrínsecamente algo negativo el término radical al menos en esas otras definiciones? Pues tampoco. Porque incluso aceptando lo radical como algo extremista o tajante, estaremos describiéndolo como algo que sencillamente no acepta términos medios.

No resulta difícil suponer de dónde proviene la manipulación que se ha venido haciendo del radicalismo. Son radicales todos aquellos que han defendido reformas y cambios profundos y fundamentales en las leyes y la sociedad, uno postura opuesta y poco conveniente para quienes ostentan el poder y les interesa mantener el statu quo. De tal forma, se demoniza a lo radical en favor de lo 'moderado'. Ya la propia Sociedad Abolicionista Española de mediados del siglo XIX llevaba por lema: “Abolición radical e inmediata de la esclavitud”, viéndose sus miembros por tal postura sometidos a las mismas críticas a las que se enfrenta hoy el veganismo. La tergiversación, por tanto, viene de lejos.

Es la eterna falacia del término medio, tan altisonante como carente de fundamento. ¿Acaso se puede ser moderado en el respeto? ¿Se puede ser éticamente moderado? ¿Pueden aceptarse términos medios en cuestiones como el asesinato, las violaciones, la esclavitud, los abusos o la verdad misma? Es evidente que no. La justicia a medias no existe. La justicia a medias es injusticia.

No quiere esto decir que lo moderado no sea aceptable en ningún aspecto de la vida, como tampoco que lo radical sea siempre algo positivo. Lo es, sin embargo, en cuanto al respeto, y de eso trata el veganismo. Un principio radical, sí, pero radical en el respeto.

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Como bien ha aclarado Igor, un radical es alguien que va a la raíz de la cuestión. Radical es alguien cuyas raíces morales, sus fundamentos éticos, son firmes y fuertes. Radical es también alguien que se centra en la causa y el origen de un problema, más bien que en las consecuencias. Lo contrario de radical no es moderado sino superficial.

Además, el rechazo al radicalismo incurre en una contradicción lógica, porque ese rechazo ya es una postura radical en sí misma y, por tanto, estaría asumiendo aquello mismo que dice condenar.

Sería legítimo preguntarse si es inocente el uso erróneo de términos como radical o extremista, en sentido despectivo —para convertirlos en sinónimos de violento o dañino— o es quizás un intento deliberado del statu quo para desacreditar a cualquiera que no se limite a intentar cambios superficiales y cosméticos en la sociedad. Ni ser radical, ni ser extremista, es en absoluto sinónimo de ser irracional, violento, dañino o destructivo. Su significado, como bien ha expuesto Igor Sanz, es otro muy diferente.

A quienes no desean que determinados problemas e injusticias se solucionen, lo que prefieren es que no seamos radicales sino que nos comportemos superficialmente, es decir, sin efecto. 

Por tanto, debemos ser más radicales, y no menos, y necesitamos que haya más radicales como nosotros, si queremos de verdad lograr un cambio real en nuestra relación moral con los demás animales.

16 de agosto de 2013

Lenguaje no humano


»Los animales tienen sus propios sistemas de comunicación con sonidos, pero nosotros tampoco somos capaces de entenderlos. Si así fuera, el canto de ciertos pájaros debería hacernos huir, por tratarse de un himno territorial; o incluso las mujeres deberían ser atraídas cuando los sapos se ponen a cantar, porque son ritos de cortejo.«  ~ Robert Zatorre


En varias ocasiones he visto mencionado al filósofo Ludwig Wittgenstein como ejemplo de intelectual que afirma que no se pueden atribuir significativamente estados de consciencia a seres sin lenguaje. Sin embargo, esta suposición es doblemente incorrecta.

No tengo constancia de que Wittgenstein sostuviera que los animales nohumanos carecen de conciencia. Al menos en nada que yo haya leído o estudiado sobre su obra. Esa pretensión de que los animales carecen por completo de conciencia, al carecer supuestamente de lenguaje o pensamiento conceptual, creo que pertenece más bien a otros pensadores como es el caso de René Descartes, Peter Carruthers, y Daniel Dennet.

En su obra »Investigaciones Filosóficas«, el filosofo Ludwig Wittgenstein escribe lo siguiente:

«25. Se dice a veces: los animales no hablan porque les falta la capacidad mental. Y esto quiere decir: «no piensan y por eso no hablan». Pero: simplemente no hablan. O mejor: no emplean el lenguaje — si prescindimos de las formas más primitivas de lenguaje.— Ordenar, preguntar, relatar, charlar pertenecen a nuestra historia natural tanto como andar, comer, beber, jugar.»

Lo que yo interpreto coherentemente a partir de estas concisas reflexiones es que Wittgenstein no comparte la idea de que los demás animales no posean la capacidad de pensar, sino que simplemente considera que ellos no tienen capacidad para el lenguaje, en el sentido de que lo tenemos los humanos, y por eso no podemos comunicarnos con ellos, del mismo modo que lo hacemos entre nosotros. Pero no veo nada en sus escritos que sugiera que él niegue conciencia a los otros animales.

Entiendo que lo que Wittgenstein sugiere en el fondo es que sin lenguaje no puede haber pensamiento conceptual. El pensamiento conceptual es un tipo específico de conciencia intelectiva que se llama 'meta-cognición' y que implica la capacidad de comprender y manejar símbolos como forma de pensar y comunicar nuestras experiencias o conocimiento sobre la realidad. 

Si así es, creo que Wittgenstein se equivoca en ese punto. Se equivoca al negar conciencia intelectiva a los otros animales. La capacidad de hacer abstracciones mentales no es exclusiva en los seres humanos.

Sabemos que los demás animales también piensan y razonan. Lo hacen de acuerdo a sus facultades y sus necesidades propias. Pero tenemos claras evidencias de que los animales no humanos  poseen memoria, capacidad de deducción y realizan proyectos de futuro.

Por otra parte, es evidente que asume un significado de lenguaje bastante exclusivo que se refiere a un tipo muy específico —el lenguaje simbólico— expresado por medio de frases sintácticas, escritas o habladas. No obstante, sabemos que existen otras formas de lenguaje, como es el caso del lenguaje gutural [gritos, chillidos, gruñidos, silbidos] o del lenguaje corporal [gestos, posturas, señales] que son igualmente válidas y expresivas.

Los demás animales tienen su propio lenguaje. Ellos expresan sus emociones y deseos. Otra cosa distinta es que nosotros podamos entenderles o que prefiramos ignorarlos. 

La razón por la que otros animales no hablan como nosotros se debe a la forma de sus cuerdas vocales. No tiene que ver con su inteligencia. Por ejemplo, si los perros o los cerdos o las vacas, tuvieran cuerdas vocales como las nuestras podrían hablar con nosotros igual que habla un niño humano de cuatro o cinco años. De hecho, son capaces de entender y memorizar varios cientos de palabras distintas.

El problema de fondo quizás estriba en determinar a qué nos referimos cuando hablamos de conciencia. Porque está claro que hay una habitual confusión entre los diferentes tipos de conciencia: la sensitiva [sentir], la intelectiva [pensar/razonar], y la moral [comprender y asumir la ética]. La primera de ellas no necesita de las otras. Es relativamente fácil comprender que en efecto no es necesario tener la capacidad de pensar sobre el dolor —conciencia intelectiva— para poder sentir dolor –conciencia sensitiva. Y toda sensación implica, al menos, un grado básico de conciencia.

La diferencia entre sentir y pensar o razonar —entre conciencia sensitiva y conciencia intelectiva— es absolutamente fundamental para comprender cabalmente esta cuestión. Porque para experimentar sensaciones o tener intereses no hace falta al mismo tiempo generar ideas sobre esas sensaciones. Es importante no confundir las experiencias sensitivas con las ideas que podemos generar a partir de dichas sensaciones. Para sentir miedo no hace falta ponerse a pensar sobre esa sensación de miedo ni para desear proteger la propia vida hace falta poder comprender el concepto de vida. 

Así lo explica el neurofisiólogo António Damasio, de una manera más técnica, en su obra »El error de Descartes« [capítulo 10]:

«Así, pues el dispositivo neuronal mínimo capaz de producir subjetividad requiere cortezas sensoriales iniciales (incluidas las somatosensoriales), regiones de asociacion corticales sensoriales y motrices, y núcleos subcorticales (especialmente el tálamo y los ganglios basales) con propiedades de convergencia capaces de actuar como conjuntos de terceros. Este dispositivo neuronal básico no requiere de lenguaje. La construcción del meta-yo que imagino es estrictamente no verbal, una visión esquemática de los principales protagonistas desde una perspectiva externa a ambos. En efecto, la visión de esta tercera entidad constituye, momento a momento, un documento narrativo no verbal de lo que les está ocurriendo a estos protagonistas. La narración puede conseguirse sin lenguaje, empleando las herramientas representacionales elementales de los sistemas sensorial y motor en el espacio y el tiempo. No veo ninguna razón por la que los animales sin lenguaje no puedan efectuar dichas narraciones.»    
                                                               
En conclusión, podemos darnos cuenta de que hay características —como el lenguaje— que no son humanas, en el sentido de exclusivamente humanas, sino que son comunes a la mayoría de los otros animales. Lo cual nos ayuda a conocer y comprender mejor la personalidad de los demás animales. La ciencia ayuda a demostrar que los argumentos especistas que tratan de establecer un abismo entre nosotros y el resto de animales— y que intentan negar el reconocimiento de la personalidad de los animales no humanos— incurren en una discriminación injustificada.

La ciencia parte de fundamentos basados en la observación objetiva y la deducción lógica, por lo tanto sus conclusiones son más fiables que los de cualquier otro método, y además constantemente se someten a revisión.

Por supuesto, el hecho de que otros animales piensen, o tengan lenguaje, no es relevante en lo que se refiere a la consideración moral. Lo único que importa a este respecto es que ellos sienten

Nada de lo que aquí he expuesto afecta o se refiere a la pertenencia de los no-humanos en la comunidad moral. Pero entiendo que sí es relevante mostrar y difundir que estamos llenos de prejuicios contra los demás animales y que las evidencias nos demuestran la irracionalidad del especismo.

7 de mayo de 2013

¿Es especista referirnos a otros animales como los nohumanos?




Este texto es una respuesta a determinadas críticas que he visto realizar últimamente en contra de utilizar el término nohumano o no-humano para referirnos a los otros animales que no son humanos. Críticas motivadas, según parece, por una errónea comprensión de lo que es el especismo.

Hay personas que consideran que realizar cualquier distinción entre humanos y otros animales es especista. Sin embargo, el especismo solamente existe en el terreno moral. Si el sentido de nuestro lenguaje es puramente descriptivo o científico entonces no puede haber especismo. No es especista diferenciar taxonómicamente entre humanos y delfines, o entre peces y mariposas, de acuerdo con sus semejanzas genéticas. 

Es importante aclarar que la condición de ser humano es puramente biológica. Por lo tanto, decir que otros individuos no son humanos es una mera referencia biológica. No implica excluirlos ni discriminarlos de la consideración moral. La discriminación moral sucede, por ejemplo cuando pensamos que solamente los seres que son humanos merecen ser respetados como personas. En ese caso estaremos evidenciando un prejuicio especista.

El especismo sólo se produce cuando hacemos una discriminación moral motivada por la diferencia de especie. Pero esto no ocurre cuando diferenciamos biológicamente entre humanos y no-humanos. Porque no se trata de una diferenciación moral. Exactamente lo mismo que cuando diferenciamos entre hombres y mujeres, o entre niños y adultos, o entre blancos y negros. Nos basamos en diferencias biológicas. Pero tal diferenciación no implica ni postula una discriminación excluyente en lo que se refiere a la consideración moral básica. Aunque puede ser que nosotros sí hagamos dicha discriminación moral entre distintos tipos biológicos, pero entonces estaremos en otra categoría diferente. Estaremos en el contexto moral

De acuerdo con el prejuicio especista, los demás animales son moralmente discriminados por no ser humanos. Recalcar el hecho de que no son humanos apela al motivo por el que son discriminados. Hablar de los nohumanos, y pedir igual respeto para todos ellos, no solamente no es especista sino que, justamente al contrario, se trata de un desafío al especismo predominante.

Al pedir respeto por los nohumanos se hace hincapié en que el hecho de no formar parte de la especie humana no es motivo razonable para discriminar injustamente a nadie. Por eso, a mi modo de ver, hablar de los demás animales como los nohumanos más bien ayuda a combatir y erradicar el especismo.

Lo que sí resultaría especista es calificar a los no-humanos como "animales", excluyendo de esa categoría a los humanos; como si nosotros no fuéramos también animales. No sólo es incorrecto científicamente sino que es un uso lingüístico que refleja esa mentalidad antropocentrista que pretende colocar a los humanos en un categoría radicalmente distinta y separada ("superior") del resto de animales. [Nota: He rectificado este argumento en otro ensayo]

Calificar a los otros animales como animales no humanos, o no-humanos, no sería especista porque ese tipo de expresión no les excluye ni les discrimina de ninguna categoría o consideración moral. 

El especismo es una discriminación moral en base a la especie. Pero señalar que otros animales no son humanos —y que precisamente por no ser humanos se les discrimina injustamente— no implica ni constituye ningún tipo de exclusión moral.

Ciertamente la partícula "no" implica una negación. Pero una negación no implica exclusión ni discriminación. Negar que los seres sintientes sean esclavizados es, en efecto, una negación. Pero no implica excluir ni discriminar a nadie. La negación tiene la función de delimitar ámbitos. Por ejemplo, cuando decimos que no debemos explotar a los seres sintientes, la negación no conlleva excluir ni discriminar injustamente.

Cuando hablamos de varones y mujeres, o de blancos y negros, estamos usando términos que delimitan a los individuos, pero eso no implica que tenga necesariamente un sentido identitario, sino que tienen una función puramente descriptiva

El hecho de que los humanos seamos humanos es un rasgo circunstancial. Aunque está claro que esa afinidad genética nos permite comunicarnos entre nosotros y constituir libremente una sociedad. Algo que con otros animales no podemos hacer. 

Sin embargo, la comunidad social no es equivalente a la comunidad moral

La comunidad social abarca a todos aquellos individuos que formamos parte de una misma sociedad y nos relacionamos entre nosotros. La comunidad moral se extiende a todos los seres dotados de sensación, independientemente de su especie.


Es importante no confundir ambas categorías, y no caer el prejuicio de
l contractualismo: la creencia de que sólo aquellos individuos que pueden formar voluntariamente una comunidad o asociación con nosotros merecen consideración moral por sí mismos.

Podemos ver que el término noviolencia hace referencia a un concepto que se ha constituido como un término positivo a pesar de surgir a partir de la negación y rechazo de la violencia como forma legítima de solucionar conflictos. Lo mismo podría ocurrir con el término noespecismo si lo utilizamos para referirnos al rechazo del especismo y a favor de una postura igualitaria de consideración hacia todos los seres sintientes.

Del mismo modo, el término nohumano o no-humano es una forma positiva y abreviada para referirnos a todos aquellos seres sintientes que no son humanos, y no pueden ser participantes voluntarios de nuestra sociedad.

Los no-humanos merecen el mismo respeto básico que los humanos, pero el prejuicio especista los relega a la categoría de seres inferiores, de recursos de los humanos. Concienciar acerca de esta injusticia es la tarea básica del movimiento de Derechos Animales. Esto tiene que reflejarse también en nuestra forma de expresarnos.

Cuando explicamos que hay personas que no son humanas, y que estos nohumanos merecen estar libres de nuestra dominación estamos ayudando a erradicar el especismo de nuestra mentalidad.

12 de septiembre de 2011

Hazte vegano





Existe la idea de que es ofensivo o injustamente discriminatorio si sólo se nombra al género gramatical masculino para referirse a personas de ambos sexos; principalmente porque consideran que usar sólo el género gramatical masculino para referirse a hombres y mujeres es sexista.

Considero que esa opinión es equivocada. Aunque el sexismo es un mal que debemos denunciar y corregir, se trata de un mal que no radica ni se encuentra en este caso en el lenguaje, sino en nuestra mentalidad

Creo que hay importante una confusión sobre ese punto. El género gramatical masculino no equivale al género sexual masculino, ni el género gramatical femenino equivale al género sexual femenino. Una cosa es el género gramatical y otra cosa distinta es el sexo biológico.

Por ejemplo, a un varón [género sexual masculino] se pueden referir con el término "persona", que es un término de género gramatical femenino. Del mismo modo, a una mujer [género sexual femenino] se puede referir con el término "individuo", que es de género gramatical masculino. Y no hay ningún problema en esto. Si decir "todos" —que es de género gramatical masculino— para referirnos a ambos sexos por igual sería supuestamente "sexista" entonces decir "personas" —que es de género gramatical femenino— para referirnos a ambos sexos por igual también debería ser sexista. Deberíamos crear el término masculino "persono". Pero esto sería un sinsentido innecesario.

En español, el género gramatical denominado masculino cumple la función de referirse a los dos sexos por igual, salvo que se especifique lo contrario.

Así, cuando decimos "hazte vegano" no nos estamos refiriendo sólo a los varones, sino a todos aquellos individuos que puedan serlo —que pueda ser veganos— independientemente de su género sexual.

Por tanto, el uso de "@", de "x" y de "o/a" para evitar el género gramatical masculino no combate el sexismo, sólo combate la correcta ortografía, gramática, y comunicación. 

En todo caso, lo más importante ante todo en esta y otras cuestiones es ser receptivo a los argumentos. Es bueno poder dialogar cordialmente, y en base a razones, sin tener que estar necesariamente de acuerdo en un primer momento. Al fin y al cabo, es cada uno quien realmente se convence a sí mismo.

Para terminar, me gustaría apartar por un momento la cuestión propiamente lingüística-formal y terminar con una reflexión sobre el contenido de la expresión que nos ocupa.

La expresión "hazte vegano" puede dar la impresión de que adherirse al veganismo implica hacerse de alguna especie de comunidad doctrinaria. Pero no es así. Hacerse vegano no significa entrar a formar parte de ningún grupo. Significa simplemente hacerse decente con los demás animales. Pues no hay nada decente en comer a otros animales y explotarlos para nuestro beneficio. Sólo tienes que recurrir a tu propio sentido moral para comprenderlo por ti mismo.


Textos relacionados:

- Sexismo en el lenguaje

- Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer

- Género y arrobas

29 de marzo de 2009

Lenguaje y especismo





El especismo no sólo ha corrompido nuestra empatía y razonamiento moral sino que también, al igual que prejuicios como el racismo y sexismo, ha corrompido nuestro lenguaje.


Nuestro lenguaje está plagado de especismo. Vivimos dentro de una cultura y una mentalidad especista que refleja dicho prejuicio no solamente en sus actitudes y comportamientos sino también en su lenguaje. Usamos el lenguaje especista a menudo sin ni siquiera ser conscientes de ello. Y además de ser despreciativo para los animales nohumanos recae en numerosos errores y confusiones objetivas.


Veamos algunos casos representativos.


El propio término animal es el mejor ejemplo de cómo el especismo distorsiona nuestra forma de expresarnos. Los humanos somos animales pero llamamos animales sólo a los otros animales que no son humanos. Quizás como un modo de separarnos de ellos, de establecernos como una categoría separada o superior. Por si fuera poco, usamos el término también como insulto para despreciar a un ser humano queriendo decir que es tonto o torpe.


Si los humanos somos en efecto animales, entonces por lógica es erróneo decir "animales" para referirnos específicamente a los que no son humanos; aunque casi todo el mundo se exprese de esa manera. Lo correcto serían calificativos como "animales nohumanos" o "los no-humanos" si nos referimos específicamente a ellos.

Decir "animales" en oposición a seres humanos sería tan erróneo como decir "humanos" para referirnos sólo a los humanos que son varones en oposición a los humanos que son mujeres. No tiene sentido lógico.


[He corregido mi postura acerca de esta cuestión. Ver artículo: «Nueva Revisión sobre el Lenguaje»]


De hecho, el término hombre significa originariamente ser humano aunque se asocie sólo con los humanos varones. La causa de esta forma de hablar tiene relación con el ancestral desprecio y discriminación patriarcal hacia las mujeres. La cultura machista ha considerado que el ideal de ser humano es ser varón.


Del mismo modo, el origen de que digamos animales para referirnos sólo a los no-humanos puede tener su causa en en el antropocentrismo y la idea de que los humanos somos seres especiales y aparte del resto de animales. Cuando en realidad somos animales con características específicas, igual que los demás animales tienen sus propias características. No hay ninguna cualidad que sea exclusiva o intrínseca a los humanos. Las diferencias siempre son de grado; no de cualidad.


Hay un caso específico que creo que que ilustra bien nuestra mentalidad cosificadora sobre los demás animales.


¿Ha pensado alguien por qué a las extremidades inferiores del cuerpo humano las denominamos piernas mientras que a las de otros animales las llamamos patas a pesar de que ambas articulaciones son totalmente análogas y realizan exactamente la misma función?


No hay ninguna diferencia biológica relevante entre las extremidades de los humanos y los de otros animales. Todas ellas tienen esencialmente la misma forma y la misma función. No hay razón objetiva para diferenciarlas.


No tiene sentido ninguno usar un término para designar el ojo de los humanos y otro distinto para designar el mismo órgano en los no-humanos. Del mismo modo no tiene sentido usar un término para las piernas de los humanos pero usar otro distinto para las piernas de los no-humanos solamente porque ellos no sean humanos.


No es casualidad que hablemos de patas cuando nos refiramos a los soportes de objetos inanimados, como las mesas o las sillas. Pues que tratamos a los demás animales como si fueran objetos es razonable suponer que esa cosificación se ha reflejado en nuestro lenguaje.


Esa discriminación no sólo es injustificada, y atenta contra el principio de simplicidad, sino que además denota claramente una actitud cosificadora. Las extremidades de los objetos se denominan patas y seguramente de forma inconsciente esa mentalidad ha motivado el denominar patas a las piernas de los no-humanos. Es la única hipótesis que explica la diferencia en el uso lingüístico.


Un término que solemos utilizar habitualmente es el de carne para referirnos al cadáver de un animal. No decimos lo mismo para hablar de un cadáver humano porque no comemos humanos. Ese término es especista en el sentido de que cosifica el resultado de la muerte de un individuo y lo convierte en algo aceptable como alimento. Carne connota alimento y prescinde de todo el trasfondo de explotación y sufrimiento que hay detrás. Carne es un eufemismo para denominar el cadáver de nuestras víctimas.


Fijémonos como el lenguaje especista siempre trata de distorsionar la realidad cambiando el sentido de los términos. 


Por ejemplo, resulta que los animales utilizados en experimentos no se les reconoce como víctimas ni como esclavos sino que se les califica de "héroes". 


Tampoco se reconoce que los animales sean esclavizados ni forzados sino que se dice que ellos "colaboran" para ser explotados. De la misma manera que se dice que los animales sometidos en las granjas son "felices" y los podemos explotar de forma "humanitaria".


A las víctimas de la explotación especista también se las denomina "mártires" en favor del progreso humano. Imaginemos que los nazis hubieran llamado a sus víctimas "mártires en favor de un mundo más ario". Sabemos que eso es un eufemismo. Un mártir sería alguien que se inmola voluntariamente en favor de una causa. Pero los animales no humanos no se presentan voluntarios ni dan su consentimiento para ser utilizados, torturados y asesinados para beneficio del ser humano.

Determinadas ideologías no usan el lenguaje para describir objetivamente la realidad sino para adecuarla y forzarla para que coincida con sus prejuicios.


Pensemos un momento acerca de esto: ¿por qué usamos el término persona como sinónimo equivalente de ser humano? ¿Acaso los demás animales no tienen personalidad? ¿No tienen acaso una mente propia y una experiencia subjetiva de la vida?


No sería correcto que discriminemos al resto de animales en lo concerniente a la condición de personalidad. Ellos también son personas en tanto que son individuos singulares con capacidad de sentir y de razonar; conscientes de sí mismos y con intereses propios. Es por esto que consideramos que los animales no humanos también son personas.


Si consideramos que los demás animales son personas, entonces debemos reflejar esa noción en nuestra conducta y nuestra forma de expresarnos, oponiéndonos a toda forma de opresión sobre ellos.


En todo caso, no se defiende aquí que usar términos distintos para humanos y no-humanos sea intrínsecamente malo. Lo que está mal es hacer discriminaciones sin una justificación razonable. Y en estos casos concretos que he señalado creo que no habría tal justificación.