Mostrando entradas con la etiqueta humanitarismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta humanitarismo. Mostrar todas las entradas

17 de junio de 2021

¿Veganismo sin Derechos Animales?

«La Nueva Constitución»


El principio de trato humanitario a los animales

La idea de que los animales merecen consideración moral no es original de nuestra época sino que se remonta a la Antigüedad, y ha sido defendida por autores como Plutarco y Porfirio, y que más modernamente volvió a ser reivindicada por pensadores como Jean Meslier, Jean-Jacques Rousseau, Jeremy Bentham y Henry Salt, entre otros. El filósofo Rousseau lo expresaba de esta manera:

«Parece ser, en efecto, que si estoy obligado a no hacer ningún mal a mis semejantes, es menos por su condición de ser razonable que por su cualidad de ser sensible, cualidad que, siendo común al animal y al hombre, debe al menos darle a aquél el derecho de no ser maltratado inútilmente por éste.» Jean-Jacques Rousseau; Discursos sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres

Una forma concreta de entender la consideración moral de los animales se plasma en el principio de trato humanitario de los animales. Este principio moral, que podemos abreviar en este contexto como principio humanitario o simplemente como humanitarismo, postula que no deberíamos dañar a los animales si no hay una verdadera necesidad que lo justifique. Este principio es antiguo y así lo expresaba el filósofo y científico Maupertuis en el siglo XVIII:

«Si [los animales] poseen alma, no digo ya un alma muy razonable, capaz de un gran número de ideas, sino una capaz tan sólo del más mínimo sentimiento; causarles daño sin necesidad es un acto de crueldad y una injusticia.» 
Pierre Louis Moreau de Maupertuis; Carta VI

El humanitarismo sostiene pues que no debemos infligir un daño intencionado sobre los animales si no se puede justificar porque lo necesitamos realmente por motivos de supervivencia o de autodefensa.

El problema sucede cuando este principio humanitario se aplica después de haber aceptado que los animales sean tratados como recursos para beneficio humano. En este caso podemos utilizar a los animales siempre que intentemos utilizarlos sin causarles más daño del necesario para obtener un beneficio de este uso. Sin embargo, si no aceptamos la instrumentalización de los animales como punto de partida, y no deberíamos hacerlo si reconocemos que los animales poseen un valor moral, entonces resulta que bajo el enfoque humanitario deberíamos condenar la gran mayoría de los usos que hacemos actualmente de los animales, porque no pueden justificarse de acuerdo a una necesidad real y están motivados por la costumbre, la tradición, el placer, el lucro o la mera conveniencia.

Casi todos los usos que hacemos de los animales en nuestra vida cotidiana son demostrablemente innecesarios. Digo casi todos y no todos porque pudiera haber tal vez alguna excepción en la investigación biomédica o en sociedades humanas que apenas hubieran evolucionado tecnológicamente desde el paleolítico. No afirmo que haya algún uso de animales que sea necesario; sólo señalo que podría haber algún uso concreto en determinado contexto que fuera necesario, como en el hipotético caso de la isla desierta.

Todos los usos que hacemos de los animales son dañinos, tanto en un sentido amplio del término —dañan su libertad, su salud, su bienestar, su vida— así como en un sentido más concreto, en tanto que al utilizarlos les infligimos heridas, mutilaciones, golpes y cautiverio. Los usos que hacemos de los animales violentan a los animales manipulando y destruyendo sus cuerpos. Así pues el uso de animales debe clasificarse como un daño sobre los animales, dado que es contrario a su voluntad y perjudica sus intereses básicos.

No confundir el humanitarismo con el veganismo

En el contexto de la vida cotidiana apenas habría diferencia entre aplicar el veganismo y aplicar el humanitarismo de forma coherente, puesto que casi todos los usos de animales son innecesarios y fácilmente prescindibles para satisfacer nuestras necesidades. Bajo este perspectiva, el profesor Gary Francione, ha argumentado en algunos de sus textos que es posible asumir el veganismo sin tener que asumir al mismo tiempo la filosofía de los Derechos Animales.

Aquí estoy parcialmente en desacuerdo con la expresión del profesor Francione en este punto porque, aunque sí estoy de acuerdo en que es posible razonar que debemos rechazar moralmente el uso de animales sin tener apelar a que los animales poseen un derecho moral de no ser utilizados, no estoy de acuerdo en que esa deducción se identifique con el veganismo, sino que es propia del humanitarismo anteriormente citado.

Quienes estén familiarizados con la filosofía moral kantiana enseguida podrán identificar esta distinción entre humanitarismo y veganismo siguiendo la distinción entre el imperativo hipotético y el imperativo categórico. Un imperativo hipotético nos diría que si no necesitamos utilizar a los animales entonces no debemos utilizarlos. Un imperativo categórico nos dice que nunca debemos tratar a los animales como medios para nuestros fines; sin importar si lo necesitamos o no. Luego es imposible deducir el veganismo del principio humanitario, ya que el principio humanitario acepta una hipotética posibilidad de que utilizar a los animales sea aceptable, mientras que el veganismo lo rechaza categóricamente.

Creo que de ese modo se puede ver con mayor claridad que no sólo el humanitarismo y el veganismo son diferentes sino que el veganismo es éticamente mucho más exigente que el humanitarismo. El humanitarismo puede aceptar el uso de los animales en determinadas situaciones de supervivencia; el veganismo no.

La relación semántica del profesor Francione con el veganismo ha sido variable. En su libro «Lluvia Sin Truenos» definía el veganismo como «una dieta que elimina el consumo de productos de origen animal» mientras que años más tarde hablaba de veganismo como el rechazo a utilizar a los animales en cualquier forma o modo; más acorde a su definición original. En Estados Unidos es muy habitual encontrarse a gente hablando del veganismo como dieta. Puede ser por esto que el Francione distingue entre veganismo y abolicionismo, porque sigue interpretando el veganismo principalmente como una práctica personal:

«Si un grupo promueve el veganismo, pero continúa promoviendo reformas y campañas de un solo tema, ese grupo sigue siendo neobienestarista aunque promueva el veganismo [...] Promover el veganismo no es necesariamente equivalente a promover la abolición [...]» Gary Francione; Acerca de Johnny Weir, campañas de un solo tema, tratamiento y veganismo abolicionista.

No obstante, definir el veganismo como dieta no es menos erróneo que definirlo como una práctica general. El veganismo es una obligación moral y no una práctica. Es una obligación moral que conlleva en consecuencia una práctica pero no es una práctica en sí misma. El veganismo se define como el principio abolicionista sobre la explotación de los animales. Por esto, no sería correcto disociar el veganismo del abolicionismo. Veganismo y abolicionismo son pues sinónimos en el contexto animalista.

Dentro del ámbito animalista, el abolicionismo es la posición que propugna que deber ser abolido el uso de animales y cualquier forma de instrumentalización de animales. Fuera del contexto animalista, hablamos de veganismo para distinguir el animalismo abolicionista de otras posiciones abolicionistas, como el abolicionismo de la esclavitud humana. No obstante, nos encontraremos con animalistas que se denominan veganos sin ser abolicionistas, en tanto que apoyan la reforma bienestarista.

Así pues, en el ensayo que comento aquí, el profesor Francione interpreta el veganismo como la práctica de no usar animales, más concretamente con la práctica de no consumir productos de origen animal, y es por esto que él afirma que podemos asumir el veganismo sin aceptar al mismo tiempo la filosofía de los Derechos Animales, y que sólo tenemos que ser consecuentes con el principio de trato humanitario de los animales, porque está entendiendo el veganismo como una práctica, aunque en otros ensayos afirme que el veganismo es un imperativo moral. Como señalé anteriormente, Francione no siempre ha usado el término veganismo con el mismo significado claro.

A mi modo de ver, el veganismo no puede asumirse si no estamos situado dentro del contexto filosófico de los Derechos Animales, que defiende la existencia de derechos morales para todos los individuos. siempre que respetemos la definición original del veganismo como el principio ético de que los humanos debemos vivir sin explotar a los animales. Como ya expliqué anteriormente, el humanitarismo no obliga radicalmente a rechazar el uso de animales.

Considero que el veganismo forma parte de la filosofía de los Derechos Animales. Esta filosofía moral considera que hay determinadas acciones que nunca debemos cometer sobre los individuos: explotar, esclavizar, torturar, violar, asesinar. Todo acto que implica atentar contra la dignidad de la persona es siempre inaceptable bajo cualquier pretexto. Expresado de otro modo: ningún individuo debe ser tratado nunca como un simple medio para lograr alguna finalidad. Bajo esta perspectiva, la dignidad coincide con el valor moral inherente del individuo.

En conclusión, no podemos comprender ni asumir el veganismo sin al mismo tiempo comprender y asumir la ética de los Derechos Animales, si nos atenemos a la definición original de veganismo, puesto que el veganismo representa el derecho fundamental de los animales a no ser tratados como recursos o propiedades de los humanos, lo que conlleva consecuentemente que sean reconocidos como sujetos de derechos, es decir, como personas.

Acerca de promover el humanitarismo

Por otra parte, pienso que aclarar que el humanitarismo y el veganismo son conceptos diferentes no implicaría rechazar tajantemente el principio humanitario en nuestro activismo. Estoy en desacuerdo con el hecho de hablar de veganismo como una práctica pero no con el hecho de acercar a la gente al veganismo.

Creo que en el contexto actual difícilmente podremos difundir el veganismo en la sociedad si primero la gente no se toma en serio el principio humanitario. Creer que quienes ni siquiera se toman serio el principio de que no debemos dañar a los animales innecesariamente van a tomarse en serio el veganismo me resulta un pensamiento fantasioso —aunque pudiera ser que me equivoque. Yo defiendo plantear el humanitarismo como un puente para conectar la conciencia moral de la gente con la cuestión animalista y con el veganismo, pero definitivamente no deseo promover la confusión entre ambos.

Plantear un enfoque humanitario en el activismo no equivale a declarar que el humanitarismo es la posición correcta en nuestra relación con los animales sino que sólo significa explicar a la gente que ser coherente con el principio humanitario implica dejar de utilizar a los animales. Una persona que se tome en serio el humanitarismo estará es una posición muy favorable hacia el veganismo, puesto que dar el paso hacia el veganismo ya ni siquiera le supondría un cambio de hábitos y apenas una transformación de mentalidad.

Transicionar del humanitarismo al veganismo —transicionar de la idea de que no debemos dañar a los animales innecesariamente a la idea de que nunca debemos tratar a los animales como medios para fines humanos— resulta mucho más natural que llevarlo a cabo desde cualquier otra posición.

De hecho, pensar que, dentro de un contexto profundamente especista, existe alguna posibilidad de que un individuo que rechaza el humanitarismo pueda transicionar al veganismo me parece un planteamiento quimérico. Esto mismo se puede aplicar a la sociedad en general.

20 de mayo de 2017

El enfoque humanitario


A menudo se alega que necesitamos un puente entre el veganismo y la gente, porque el veganismo resulta demasiado radical para la mayoría.

Para establecer este puente se apela a diversas entidades: el vegetarianismo, el bienestarismo, la salud personal, la preocupación por el medio ambiente, el reducetarianismo, las campañas monotemáticas.

Pero ocurre que esos enfoques padecen de graves defectos morales y prácticos.

El hecho de que necesitáramos un puente para conectar a la gente con el veganismo no equivale a que cualquier cosa valga de puente. Si no cumple con un criterio moral mínimo entonces no resulta válido. Además, si no conduce a poner en práctica el veganismo tampoco vale.

Esto significa que ninguna de las entidades mencionadas anteriormente puede valer, porque ninguna de ellas respeta un criterio moral por sí misma ni conduce a la práctica del veganismo. 


En el blog he tratado sobre los errores implícitos en esos enfoques y para quien desee una explicación más extensa al respecto pondré unos enlaces al final de este artículo, pero antes permítanme que continúe con mi argumentación.

¿Habría alguna opción viable para crear un puente? Sí, la hay. Ese puente es el enfoque humanitario. Este enfoque fue propuesto por el profesor Gary L. Francione, en obras como «Introducción a los Derechos Animales» y «Come Con Conciencia».

Hay un principio humanitario —el principio de trato humanitario sobre los animales— que dice no debemos infligir daño, sufrimiento o muerte a los animales cuando no hubiera una necesidad suficiente que lo justificara. Este principio forma parte de la moral convencional en nuestra sociedad que la gente comprende de forma intuitiva.

Ocurre que si aplicamos ese principio de forma coherente nos conduce a la práctica del veganismo, puesto que todos los usos de animales son dañinos para ellos y porque actualmente casi todos los usos de animales son demostrablemente innecesarios. Esto es, podemos sustituirlos  o eliminarlos sin que perjudique a nuestra supervivencia y calidad de vida. 

He añadido casi porque podría haber alguna excepción, por ejemplo, en la investigación médica. Pero incluso en este ámbito se puede alegar que ya existen métodos sustitutivos que sólo necesitan de más financiación y desarrollo para estar plenamente operativos. Así que se trata de una supuesta necesidad muy cuestionable. 

Si bien el enfoque humanitario resultaría insuficiente como criterio ético porque la noción de necesidad puede variar según la circunstancia y un principio ético racional no puede depender de circunstancias empíricas a diferencia de los otros enfoques, el enfoque humanitario no contradice la ética básica. El enfoque humanitario no discrimina entre especies, no discrimina entre usos de animales y no postula que el daño injustificado se puede 'reducir' en lugar de eliminarlo. El enfoque humanitario se basa en tener consideración por los animales por ellos mismos; por su valor intrínseco como individuos. De este modo carece de los defectos de los otros enfoques mencionados.

Sin embargo, el enfoque humanitario no llega a ser un principio ético porque aceptaría el uso de animales en determinadas circunstancias extremas de supervivencia. Por tanto, sería más bien un principio protomoral. El enfoque humanitario nos deja pues en la entrada de la ética; por eso es un puente. Pero sólo llegamos a la ética cuando entendemos que explotar a seres sintientes no se justifica en ninguna circunstancia y lo asumimos en nuestra conducta.

¿Si alguien no aceptara siquiera el enfoque humanitario entonces cómo podría aceptar un requisito moral más estricto? No es posible. Si alguien considera que está bien dañar a los animales sólo por placer, o por costumbre, entonces no es posible que asuma que los animales poseen un valor moral inherente que implica que está mal instrumentalizarlos en cualquier modo y para cualquier propósito.

Tengo la impresión que muchos accedimos al veganismo a través de esta intuición moral humanitaria. Más aún, en cuestiones prácticas tenemos a veces que seguir ateniéndonos a este enfoque porque en tanto que vivimos en esta sociedad especista resulta imposible no involucrarnos en algún grado de participación en la explotación animal, aunque fuera de una manera accidental o indirecta, sin poner en grave riesgo nuestra propia vida.

Otra ventaja del enfoque humanitario es que resulta intuitivamente comprensible para todo el mundo. No es necesario comprender nuevas ideas como el principio de igualdad o la noción de valor inherente o el concepto de derechos subjetivos. Estas ideas son ajenas a la mayoría de la gente, porque no se enseñan en la educación pública y se mantienen exclusivas al contexto académico superior.

Por supuesto que es lícito difundir el veganismo directamente —explicando que los animales tienen un valor moral inherente que exige que bajo ninguna circunstancia los tratemos bajo un criterio instrumental— pero si el contexto social resulta reacio a este enfoque entonces tenemos la opción de apelar al principio de trato humanitario.

Como ya señalé anteriormente, el enfoque humanitario no está exento de defectos, porque el concepto positivo de necesidad puede estar sujeto a la circunstancia, pero si aceptamos que la costumbre, la tradición, el placer, la diversión, o la comodidad, no entran dentro de la categoría de necesidad, entonces el enfoque humanitario nos conduciría necesariamente a dejar de utilizar animales en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Entiendo que una vez que nos tomamos en serio este principio humanitario, y lo ponemos en páctica de forma coherente, estaríamos ya preparados para transicionar al veganismo. Por eso he usado la figura del puente. Mi recomendación a los activistas es que apelen a este enfoque para tender un puente entre el veganismo y la conciencia moral de la gente. También pediría que abandonen el apoyo a los otros enfoques, por ser inmorales e ineficaces para conducirnos al veganismo.

Sé que algunos activistas que comparten conmigo el principio del veganismo no están convencidos del enfoque humanitario, pues no coincide con el veganismo. Comprendo su recelo. Por supuesto que no defiendo que usar este enfoque sea obligatorio. Soy consciente de que este enfoque no coincide con el veganismo. Ahora bien, aplicar el enfoque humanitario de manera coherente equivale en la práctica a aplicar el enfoque vegano en el contexto actual. Hay que tener en cuenta que es imposible aplicar el enfoque vegano de manera absolutamente coherente en una sociedad basada en la explotación animal. Además, ¿si una persona no vegana no está predispuesta al enfoque humanitario —que coincide con sus intuiciones morales— cómo se supone que estaría más predispuesta al veganismo —que contradice de base sus creencias asumidas? No tiene sentido.


Para una exposición del enfoque humanitario por parte del profesor Gary Francione se puede consultar el artículo «Veganismo Sin Derechos Animales» y también mi propia exposición al respecto en el artículo «Contradicción».

El enfoque humanitario ha sido desarrollado argumentalmente en algunos artículos por el profesor Mylan Engel Jr., aunque Engel no lo denomina de esa manera, sino que utiliza términos como «sentido común», pero viene a ser esencialmente el mismo concepto que refiere el principio de trato humanitario del profesor Gary Francione.


Para comprender el problema con el enfoque vegetariano se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2] y [3]

Para comprender el problema con el enfoque bienestarista se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2]

Para comprender el problema con el enfoque basado en la salud personal se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2]

Para comprender el problema con el enfoque medioambiental se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2]

Para comprender el problema con el enfoque reducetariano se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2]

Para comprender el problema con las campañas monotemáticas se puede consultar los siguientes enlaces: [1] y [2] y [3]


POSDATA

El principio de trato humanitario establece que no demos infligir daño a los animales si no hay una necesidad que lo justifique. Dicho así parece un principio razonable. El problema que tiene este principio es que opera dentro de un contexto social y cultural que considera que los animales son propiedades de los humanos.

Bajo ese contexto, cualquier acción que favorezca el aprovechamiento de los animales para beneficio humano puede ser considerada como necesaria, es decir, instrumentalmente necesaria, en tanto beneficie a los intereses humanos. Por esto se considera justificado el daño que implica utilizar a los animales como recursos.

Si no reconocemos que los animales poseen un valor moral inherente, entonces nuestro raciocinio sólo puede operar instrumentalmente, es decir, sólo puede pensar en los animales como medios para satisfacer los deseos humanos.

Mientras no se erradique la creencia de que los animales son medios para los fines humanos no será posible que nuestra conducta sea moralmente razonable.

Si reconocemos que los animales poseen un valor moral entonces utilizar a los animales como medios para nuestros fines ya no puede ser considerado razonable.

11 de febrero de 2014

Contradicción


"Lo que tengo que pensar en todo momento es si con mis acciones no contribuyo al daño que condeno. Y si son parte de ese daño, ¿qué haremos? Thoreau nos dice: rompe la inercia; haz que tu vida ayude a parar la máquina." ~ Vanina Escales

Nuestra sociedad está inmersa en una permanente y extrema contradicción.

Por un lado, consideramos y tratamos a los demás animales como objetos. Por otro lado, sabemos que ellos no son objetos. Los demás animales sienten y tienen intereses. Después nos lamentamos de las efectos terribles que conlleva considerar a los animales como objetos, como simples medios para satisfacer nuestros fines.

¿Acaso no sucede lo mismo cuando consideramos como objetos a los humanos? Si ignoramos la individualidad y los intereses de otros humanos con los que nos relacionamos entonces es inevitable que les inflijamos daño, sufrimiento y muerte. ¿Cómo no va a suceder lo mismo cuando se trata de otros animales?

Sabemos que los demás animales son seres conscientes —son individuos con su propia voluntad e intereses— pero los tratamos como objetos. No queremos que los demás animales sufran innecesariamente por nuestra culpa pero al mismo tiempo les causamos todo tipo de perjuicios constantemente y de forma innecesaria. 

Parece que sólo nos damos cuenta de la inmoralidad de esa cosificación cuando vemos a alguien practicando la violencia directa contra otro animales —por ejemplo, en la caza o en la tauromaquia— pero no nos paramos a pensar en que nosotros estamos haciendo lo mismo cuando cuando consumimos productos de origen animal: carne, lácteos, huevos, miel, lana,... Todos estos productos implican privación de libertad y agresión a la integridad física de los animales sometidos a explotación.

Decimos que está mal dañar o matar a otros animales innecesariamente —por mero placer o diversión— pero no necesitamos utilizar a otros animales para comida, vestimenta o entretenimiento; y sin embargo los utilizamos.

El profesor Gary Francione analiza esta confusión de la siguiente manera:

1. Casi todos nosotros estamos de acuerdo en que está mal hacer daño a otros animales innecesariamente, por simple diversión o placer.

2. Pero resulta que que el 99% de los usos que hacemos de otros animales son innecesarios, y todos ellos implican dañar, hacer sufrir y matar a los demás animales.

3. Por tanto, si de verdad estamos en contra de matar o hacer sufrir innecesariamente a los demás animales, entonces, por simple coherencia, deberíamos dejar usarlos como comida, vestimenta o entretenimiento. Todos estos usos son innecesarios y causan daño, sufrimiento y/o muerte a los demás animales.


Además, Francione también argumenta en sus escritos que es imposible proteger los intereses básicos de los animales mientras sigamos considerándolos como nuestra propiedad, porque la propiedad no puede tener derechos y los intereses de estos animales siempre estarán supeditados a los de sus propietarios.

Siempre que eso beneficie los humanos, los intereses de los animales no humanos —su interés en vivir y su interés en evitar el daño— serán vulnerados en beneficio humano. Por esto, no tiene sentido decir que queremos respetar a los animales al mismo tiempo que los tratamos como objetos: como recursos para nuestro beneficio.

La única forma de salir de esta absurda contradicción es ser coherentes con el hecho de que los demás animales no son objetos y, por tanto, dejemos de tratarlos como si lo fueran. De lo contrario estaremos incurriendo en hipocresía y convirtiendo en víctimas inocentes a otros animales por simple diversión o por inercia de nuestros hábitos.

La cuestión moral del asesinato no reside en primer lugar en cómo se lleva a cabo sino en el hecho mismo de cometerlo. Los demás animales desean vivir y que no les hagan daño. ¿Por qué razón habría que respetar ese interés sólo en los humanos pero no también en los los otros animales si es el mismo interés? Esto se aplica igualmente al resto de intereses básicos que compartimos con ellos. Ninguna razón justifica discriminarlos sólo por no ser humanos. Esta discriminación es arbitraria.

No necesitamos utilizar a otros animales para poder vivir. Por ejemplo, los humanos podemos vivir perfectamente con una dieta 100% vegetal. Así que no comemos por necesidad sino por el placer que obtenemos al comer sus cadáveres o ingerir las secreciones de sus cuerpos. Lo hacemos por seguir la inercia de lo que aprendimos de niños. Heredamos una tradición en la que hemos sido inculcados y que repetimos de forma inconsciente. Lo mismo que sucede con quienes practican la tauromaquia, la caza o cualquier otra práctica de explotación sobre los animales no humanos.

Tampoco tenemos necesidad de utilizar a otros animales para vestimenta, entretenimiento o cualquier otra finalidad. Casi todos los usos de animales son ya ahora mismo perfectamente prescindibles o intercambiables por opciones que no implican usarlos. No son necesarios en ningún sentido razonable del término.

No hay nada en nuestra naturaleza que nos obligue a explotar a otros animales. Podemos vivir sin utilizarlos como comida u otros fines; aparte de que la naturaleza no es ningún criterio ni referente moral. En la naturaleza hay agresiones, hay canibalismo y hay muchos otros comportamientos que no es correcto que imitemos. Señalar la naturaleza no es realizar ningún razonamiento moral, sino una simple descripción de algo que sucede.

Se puede vivir sin explotar a otros animales del mismo modo que podemos vivir sin explotar a otros humanos. No tiene nada de extraordinario ni de peculiar. Millones en todo el mundo vivimos sin utilizar a los demás animales, es decir, sin usarlos como comida, vestimenta, entretenimiento o cualquier otro fin que implica privarlos de libertad o matarlos. Esto no es una mera idea o propósito. Es un hecho.

En definitiva, resulta pues incoherente estar en contra de causar daño innecesario o injustificado a otros animales si al mismo tiempo participamos en su explotación, ya sea para comida o cualquier otro fin. Toda esa explotación es tan innecesaria como injustificada. Por tanto, si no cambiamos nuestra actitud estaríamos cayendo en la contradicción —o directamente en la hipocresía— de apoyar lo mismo que denunciamos y decimos estar en contra.

El veganismo no conlleva adoptar ninguna postura de 'superioridad' moral sino justo al contrario. Los humanos no estamos moralmente situados por encima de los otros animales. Todos los seres sintientes somos iguales en el hecho de sentir, y esta característica es el único requisito necesario y suficiente para ser considerado como sujeto de consideración moral. Nada más es necesario para ser considerado como miembro de la comunidad moral.

No debemos aceptar el enfoque bienestarista que se limita a posturar que debemos 'reducir el sufrimiento' porque, entre otras cosas, esto sirve para justificar la explotación con la excusa de que esta se intenta llevar a cabo con el menor sufrimiento. En cambio, el enfoque humanitario que exige no infligir ningún daño que no fuera necesario para la supervivencia nos conduce ineludiblemente al veganismo.

No necesitamos utilizar a los demás animales en ningún sentido razonable del concepto de necesidad. No necesitamos usarlos para comida ni para vestimenta ni para cualquier otro fin que sea necesario para vivir y gozar de una buena calidad de vida. Así que cualquier clase de daño que les causemos por este motivo no se puede excusar apelando a la necesidad y es moralmente injustificado.