1 de octubre de 2019

Animalismo y veganismo


Hace un tiempo, se publicaron en un medio informativo las declaraciones de un torero declarándose animalista: «El diestro, que se declara 'animalista' porque le 'encantan los animales.  Más tarde, apareció otro reportaje en el que un ganadero se autodenominaba también animalista alegando que «si va del bienestar animal entonces soy animalista».

Si estamos familiarizados con lo que ha sucedido en el ámbito animalista tal vez no deberían sorprendernos estas declaraciones. No sorprenden de la misma manera que hasta hoy no sorprende escuchar a alguien que consume animales autodenominarse animalista.

Si es legítimo que personas que consumen animales por costumbre se considere animalistas entonces también sería legítimo que quien mata animales por diversión se autodenomine animalista.

No obstante, podemos cuestionar si es razonable aceptar que el animalismo considere legítima la explotación de los animales —el uso de animales como medios para fines humanos. A día de hoy, el animalismo no cuestiona que los animales sean utilizados para satisfacer los fines humanos sino que en todo caso sólo cuestiona las formas en que los utilizamos. Ser animalista, según el contexto en se usa este término actualmente, significa estar a favor de la explotación de los animales; aunque se postule una explotación regulada y limitada en ciertos aspectos.

Vivimos en un contexto social en el que podemos consumir productos de origen animal con un sello de aprobación animalista que dice avalar el bienestar de los animales explotados. Existe la explotación animal animalista —la explotación animal avalada por organizaciones animalistas. Podemos comprobar que una gran parte del movimiento animalista no sólo no se opone al trato instrumental de los animales sino que lo apoya activamente.

Es cierto que el término animalismo nunca tuvo un significado concreto y definido. Es sólo una palabra que ha surgido espontáneamente para denominar la idea de que debemos tener algún tipo de consideración moral por los animales o que debemos ampliar nuestra consideración moral hacia los otros animales que no son humanos. Ahora bien, ¿el concepto de consideración moral, o de ética, es lógicamente compatible con la cosificación e instrumentalización de los individuos por los que decimos tener consideración?

Se supone que alguien que se autodenomine humanista no puede aceptar que los humanos sean tratados como recursos y meros fines para satisfacer los deseos de otros individuos. Precisamente el humanismo defiende que cada individuo humano merece un respeto básico que no puede ser vulnerado sólo porque otros obtengan un beneficio de ello. La noción de comunidad moral se basa en un concepto delimitado sin el cual la propio noción de moralidad carecería de sentido lógico. Los miembros de la comunidad moral poseen un valor inherente que sobrepasa el valor instrumental que puedan tener para otros. Sin este requisito no tendría sentido hablar de moralidad. Si vamos a actuar teniendo en cuenta nada más que nuestros beneficios, gustos, inclinaciones o costumbres, entonces aquí la propia idea de moral adolece por completo de sentido. Podemos prescindir de ella y nada cambia.

Así pues, si el animalismo pretende ampliar la consideración ética hacia los animales, y reconocerlos como miembros de la comunidad moral, este propósito sólo puede tener sentido si asumimos que los animales no deben ser tratados como seres que sólo poseen un valor instrumental. Si los animales poseen un valor moral inherente entonces manipularlos, agredirlos o destruirlos porque obtenemos algún beneficio de ello sería lo opuesto a la ética.

Podemos asumir que nadie aceptaría que alguien se considerara humanista si practica la esclavitud y el canibalismo. Siguiendo el mismo criterio, no puede ser lógicamente aceptable que alguien se considere animalista y se dedique a infligir daño a los animales sin otra excusa que la costumbre o el placer; que es sin duda lo que estamos haciendo al participar en la explotación animal mediante el consumo de sus productos.

Lo más parecido a la moralidad que existe en nuestra cultura  respecto de los animales está expresado por el principio de trato humanitario; el cual exige que no debemos infligir daño a los animales sin una necesidad que lo justifique. Por desgracia, este principio es interpretado bajo la perspectiva instrumentalista sobre los animales, con lo que al final se suele aplicar como un medio para reformar el modo en que explotamos a los animales; proponiendo que debemos utilizarlos de forma compasiva, de forma que eliminemos el maltrato.

Utilizar y matar animales para que nos divirtamos comiendo sus cuerpos significa infligir daño a los animales por mero placer. ¿Esto es tratar bien a los animales? ¿Sería éticamente aceptable tratar así a los humanos? Mucha gente está convencida de que la consideración moral por los animales se refiere a no causarles demasiado daño o demasiado sufrimiento, pero esto es, a lo sumo, mera compasión que no llega a ser moralidad. Podríamos matar a alguien sólo porque nos desagradan sus ideas y matarlo compasivamente, de forma indolora, pero esto no tiene nada que ver con la moralidad sino que es la negación del criterio moral.

Explotar a los animales compasivamente no forma parte de la consideración moral sino que es una indulgencia respecto de nuestra propia inmoralidad. Si esclavizáramos humanos compasivamente esto no dejaría de ser esclavitud y no dejaría de ser una injusticia.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, el animalismo sólo puede tener sentido moral desde una perspectiva vegana. El veganismo se define como la oposición al trato instrumental de los animales. El veganismo aboga por dejar de considerar a los animales no humanos como medios para los fines humanos y emanciparlos del sometimiento que ejercemos sobre ellos. Así pues, el veganismo debería ser la base moral del movimiento animalista. Sólo rechazando la cosificación de los animales puede resultar razonable que comencemos a hablar de consideración moral en nuestra relación con ellos.

Creer que uno no tiene que ser vegano para ser animalista me parece similar a afirmar que uno no tiene que rechazar el canibalismo ni la esclavitud para ser humanista. No parece que esto sea congruente en modo alguno. Si el humanismo acepta el canibalismo y la esclavitud entonces el humanismo no significa nada. Lo mismo sucede con el animalismo. Por eso un torero se acaba autodenominando animalista; alguien que se dedica a matar animales por diversión se declara 'animalista'. Al final, cualquiera puede ser animalista y ya no significa nada, porque puede significar cualquier cosa.

Por ello, si el animalismo se define como una posición moral entonces un animalismo no vegano sería un oxímoron; un concepto que se contradice a sí mismo. Las contradicciones no pueden existir en la realidad sino sólo como pensamientos o construcciones gramaticales. Si estoy en lo correcto, entonces el movimiento animalista en su mayoría no se está basando en una posición moral sino una posición fundada en sentimientos personales o en intereses egoístas. Aunque estuvieran convencidos de que están actuando éticamente no lo están haciendo.

Cualquier persona que intuya que hay un error de moralidad en nuestra relación con los animales debería reflexionar si ese error no reside principalmente en la creencia de que los animales no humanos existen como medios para satisfacer los deseos humanos. Al menos, si en verdad nos importan los animales, deberíamos reflexionar seriamente sobre ello.

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