16 de noviembre de 2016

Nueva revisión sobre el lenguaje




Antes de nada, debo confesar que padezco el molesto hábito de revisar continuamente todas mis ideas —y las de otros— a la luz de la razón y la evidencia. Sé que esto resulta escandaloso e incomprensible para muchos. Pero yo no puedo aceptar creencias de cualquier tipo sin someterlas a un escrutinio permanente de acuerdo a la lógica y a los hechos. Esto implica la posibilidad de modificarlas o suspenderlas o anularlas si no pasan el examen racional. Por supuesto que esto no me salva a mí, ni a nadie que hiciera lo mismo, de creer en cosas erróneas. Debido a que todos estamos siempre sujetos a la posibilidad de error es por lo que me parece imperativo que analicemos todas nuestras creencias sin excepción para comprobar su validez.

Es necesario que señale ese punto porque en este artículo pretendo corregirme a mí mismo en parte.

He dedicado varias entradas al tema del lenguaje. La reflexión sobre el lenguaje es una tema recurrente en filosofía, ya que el lenguaje es la única manera de expresar los conceptos que maneja la filosofía. En el siglo XX, la reflexión sobre el lenguaje ocupó un puesto predominante gracias a la corriente analítica y al trabajo de pensadores como Ludwig Wittgenstein.

En mi artículo «Lenguaje y Especismo», que escribí hace ahora siete de años, analicé la influencia del especismo en el lenguaje. En ese artículo concluyo, entre otras cosas, que decir animales para referinos a los animales no humanos es una forma errónea de expresión, porque esa división tiene un origen especista y contradice la ciencia, la cual establece que los humanos son un tipo de animales y son no una categoría separada de los animales. Bien, ya no estoy acuerdo con esta tesis. He revisado el razonamiento y he llegado la conclusión de que mi juicio no era del todo correcto. Ahora explicaré por qué he cambiado de parecer.

Los presupuestos de los que partía aquel razonamiento me siguen pareciendo correctos: [1] aquella división lingüística tiene un origen especista y [2] no concuerda con la ciencia. Esto sigue siendo acertado. Ahora bien, a partir de estas dos premisas no se puede derivar lógicamente un rechazo al uso del término animales como sinónimo de animales no humanos. 

A partir de la primera premisa, estaba cometiendo una falacia genética, que consiste en valorar un elemento atendiendo a su pasado originario, antes de que el elemento existiera como tal, en lugar de valorar el elemento como entidad singular que existe en el presente y tiene su propia historia. El hecho de que la expresión "animales", como sinónimo de no-humanos, naciera por causa de un pensamiento especista no equivale necesariamente a que la expresión en sí misma sea especista. Hay que valorar la expresión en sí misma, por lo que significa, y no sólo por la causa anterior que la originara.

A partir de la segunda premisa, estaba cometiendo un error categorial al creer que el lenguaje coloquial debe ajustarse o coincidir necesariamente con el lenguaje científico. Esto no tiene por qué ser así. Son categorías diferentes. No existe en realidad tal cosa como "el lenguaje" sino que existen lenguajes que son diferentes y adaptados a cada ámbito de la vida. El uso coloquial del lenguaje no equivale al uso científico del lenguaje. Son dos contextos diferentes. Esto no significa que la coloquialidad justifique contradecir la ciencia. Sólo significa que el uso coloquial no sigue el mismo patrón de rigurosidad y exactitud que el lenguaje científico, y es un uso en el que prevalece la economía y la sencillez de expresión como prioridades.

Esta teoría sobre la diversidad de lenguajes obviamente no es mía sino que remonta por lo menos al trabajo de Ludwig Wittgenstein. Así lo explica James Robinson en su artículo «Wittgenstein, Sobre El Lenguaje»:
«Wittgenstein afirmó que su concepción del lenguaje en el Tractatus era demasiado general, demasiado estrecha y demasiado esencialista. El lenguaje opera de diferentes maneras; intentar reducir el lenguaje a esencias que obedecían sólo una clase de lógica era, finalmente, una idea errónea y distorsionante sobre cómo el lenguaje opera en la realidad.»
«En pocas palabras, Wittgenstein rechazó su anterior idea de que las palabras se entienden por lo que designan en la realidad, ya sea como referentes empíricos o representaciones pictóricas en la mente. Wittgenstein no cree ya que exista una estructura lógica del lenguaje (y del pensamiento), que corresponda a la estructura lógica del mundo de modo directo. Por el contrario, el uso del lenguaje implica el uso de numerosos tipos de estructuras, de modo que el significado de una palabra o enunciado depende del contexto en el cual es usada. Como sucintamente lo dice Wittgenstein “el significado de una palabra es su uso en el lenguaje”.»
Mi explicación se basa en reconocer una división contextual en el lenguaje basada en diferentes niveles, ya sea el nivel científico, filosófico, coloquial, u otros.

Cuando decimos "animales" específicamente para referirnos a los animales no humanos no estaríamos expresándonos de forma incorrecta ya que ese término es el que se usa en coloquialidad para referirnos a los animales no humanos. Se trata de una cuestión de economía del lenguaje, que es el principio que rige el lenguaje coloquial, pero que no rige igual en el lenguaje científico.

En la ciencia, la división tripartita de los elementos de la naturaleza entre minerales, vegetales y animales ya no está vigente. En la actualidad, los seres vivos se dividen en cinco reinos. Sin embargo, esto es irrelevante para el nivel coloquial. ¿Por qué? Porque el nivel de la realidad que manejamos en el lenguaje coloquial no necesita de esa nueva división.

En el lenguaje coloquial llamamos vegetal a cualquier ser vivo que no sea un animal. Y también llamamos animal a cualquier ser vivo que pueda sentir, aunque la clasificación científica de los animales no se base en la sintiencia. En filosofía tampoco usamos los términos del mismo modo que en la ciencia. Así, el error consiste en confundir el nivel científico con el nivel coloquial del lenguaje. La expresión coloquial no coincide con la científica, pero, en este caso, esto no afecta a la comprensión ni a la lógica del significado que se pretende expresar.

Es conocido el postulado de Guillermo de Ockham acerca de la simplicidad explicativa; el cual dice así:
«Pluralitas non est ponenda sine necessitate»  
«La pluralidad no se debe postular sin necesidad.»
Si estamos de acuerdo con este postulado, ¿por qué no se habría de aplicar también en el lenguaje? Si la ciencia necesita ampliar la división ontológica más allá de la división mineral/vegetal/animal es correcto que lo haga. Pero si nuestra vida cotidiana no lo necesita entonces no hay que razón que justifique obligar al abandono de la división tradicional si ésta resulta operativa. El uso coloquial no niega la ciencia; sólo funciona a otro nivel.

A nivel coloquial, el lenguaje funciona basado en el principio de economía, y es correcto que sea así aunque no coincida con la clasificación científica. Esto se aplica para la distinción entre humanos y animales; y para la distinción entre animales y vegetales. Es por esto que a nivel coloquial no sería erroneo ni especista decir "animales" para referirnos específicamente a los animales no humanos. Lo mismo se aplica a expresiones como "productos animales" o "productos de origen animal" y similares.

Debo aclarar, por si acaso, que no estoy apelando a la tradición como argumento. No estoy diciendo que el uso sea el correcto porque es el tradicional y porque es el tradicional debe ser el correcto. Nada más lejos de mi postura. Si menciono que determinado uso coloquial es tradicional, lo señalo sólo como característica descriptiva; no argumentativa. A nivel coloquial sería correcta la expresión tradicional que diferencia entre animales y humanos, pero no es correcta porque sea tradicional sino que es correcta porque resulta operativa a nivel coloquial. 

Es por todo esto por lo que he cambiado de forma de pensar sobre este punto. No creo estar haciendo ninguna concesión al especismo. Sólo estoy reconociendo que los mismos términos pueden significar de forma diferente según el uso contextual. Pienso que no existe en realidad un lenguaje especista sino más bien un uso especista del lenguaje.

Estoy de acuerdo con Igor Sanz en que debemos cuidar el lenguaje, porque el lenguaje conlleva ideas implícitas a los términos, pero yo no considero que el lenguaje establezca nuestra forma de pensar o nuestra forma de ver la realidad. El lenguaje es una mera herramienta del pensamiento; y el pensamiento existe y funciona de forma independiente a él. Cuando nos encontramos con nuevas realidades creamos nuevas palabras para describirlas.

No hay evidencia de que las palabras sean las que determinen nuestra forma de ver el mundo. No son las palabras las que modelan nuestra forma de pensar. En realidad son las categorías y los conceptos, a través de los cuales juzgamos los hechos materiales, los que vertebran nuestra mente. Las palabras se asocian a ideas y a experiencias, y surgen nuevas palabras para denominar a las nuevas realidades que conocemos.

Por ello considero que el lenguaje no es el asunto fundamental. El uso del lenguaje es sólo la consecuencia de una determinada forma de pensar, de una mentalidad. Tenemos tendencia a fijarnos más en las consecuencias que en las causas. Podríamos reformar completamente nuestro lenguaje pero aun así nuestra mentalidad quedaría intacta.

En un principio había pensado corregir aquel artículo que mencionaba al comienzo, pero me di cuenta de que eso no sería honesto, porque no se trataba de un mero error de escritura o de expresión, sino que era un cambio en mi pensamiento sobre este asunto. Así que decidí escribir esta nota al respecto. Además, siempre cabe la posibilidad de que me equivoque, y es mejor conservar diferentes perspectivas sobre una misma controversia para poder contrastarlas entre sí y seguir revisando las ideas.

Antes de cualquier debate debemos asegurarnos de que usamos los términos en el mismo sentido, o de lo contrario no podremos entendernos correctamente.

1 de noviembre de 2016

Entrevista a Donald Watson

Donald Watson leyendo una copia del primer boletín de la Vegan Society

Me parece que ésta fue la última entrevista que concedió Donald Watson. En realidad se trata de una versión abreviada de una entrevista mucho más larga que se puede leer aquí en inglés. La publiqué en Facebook en el año 2010 —no recuerdo por qué no la publiqué también en el blog— y había estado reposando en una página web de otra persona hasta que me la volví a encontrar de nuevo y pensé que debía compartirla aquí. Quizás para el año que viene traduzca la entrevista entera, que es bastante larga, aunque ya sabemos que el interés por la lectura de un texto suele ser inversamente proporcional al tamaño de su extensión.

Lo cierto es que esta misma entrevista ha sido traducida y publicada en otras páginas por Internet pero debo señalar que son traducciones un tanto dudosas y que se toman ciertas libertades fraudulentas de traducción. Un ejemplo: en alguna página traducen "meat eating" [comer carne] como "omnivorismo", lo cual es erróneo desde todo punto de vista. Ser omnívoro es una condición fisiológica y no un tipo de dieta; y no es la palabra que usa Donald Watson. Nos equivocamos si por traducir entendemos que esto significa reescribir lo que el autor dijo. 

He intentado que la traducción sea más fiel al texto original. Debemos respetar el testimonio de otras personas tal cual lo expresaron, independientemente de que nos guste o no. Existe una tendencia en todo traductor de reformar las palabras del autor que se traduce, pero es algo que deberíamos evitar.

Mi motivación al difundir esta entrevista no reside tanto en que yo estuviera de acuerdo con todo lo que se dice en ella sino en el valor histórico de su testimonio y en lo que podemos aprender de él.

Sin más préambulos, les dejo con las palabras de alguien que comenzó, junto con otros pioneros, un movimiento de justicia que ahora muchos intentamos continuar y difundir: el veganismo.

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Entrevista realizada el 15 de diciembre de 2002


¿Dónde y cuándo naciste?


Nací el 2 de septiembre de 1910 en Mexborough [South Yorkshire], en el seno de una familia que comía carne.

Cuéntame acerca de tu infancia.

Uno de mis más tempranos recuerdos son las vacaciones en la granja de mi tío George, donde estaba rodeado de animales interesantes. Todos ellos “daban” algo: el caballo de granja tiraba del arado, el caballo más ligero tiraba del cabriolé, las vacas “daban” leche, las gallinas “daban” huevos y el gallo era un útil “reloj despertador”. Por aquel tiempo no me daba cuenta de que él también tenía otra función. La oveja “daba” lana. Nunca pude entender qué “daban” los cerdos, pero ellos me parecían unas criaturas amigables, siempre se alegraban de verme. Entonces llegó el día en el que uno de los cerdos fue asesinado: todavía tengo vivos recuerdos del proceso entero, incluyendo los gritos, por supuesto.

Una cosa que me impactó fue que mi tío George, a quien apreciaba mucho, estuvo involucrado en ello. Decidí que las granjas, y los tíos, debían ser reevaluados: la idílica escena no era otra cosa que un proceso de muerte en cadena, donde los días de cada criatura eran numerados en el momento en el que dejaban de ser útiles para los seres humanos. Viví en casa durante 21 años, y durante todo aquel tiempo jamás oí una sola palabra de mis padres, mis abuelos, mis 22 tíos y tías, mis 16 primos, mis profesores o mi párroco sobre algo remotamente asociado con cualquier deber moral que nosotros pudiéramos tener hacia la “Creación de Dios”. Al dejar la escuela, fui con otro tío para ser aprendiz de carpintero. Cuando tenía 21 años, y debido al hecho de que éramos artesanos, nos encontramos con el bache económico de principios de los años 30, y descubrí que los artesanos podrían ser maestros de carpintería demostrando sus cualidades en la ciudad y los gremios. Con algunos problemas lo conseguí, y me gustó tanto el trabajo que nunca intenté obtener ninguna clase de ascenso.

Actualmente tienes 92 años y 104 días de edad. ¿A qué le atribuyes tu larga vida?

Me casé con una mujer de Gales, quien me enseñó un dicho galés: “Cuando todo el mundo corra, permanece tranquilo”, y parece que yo he estado haciendo esto desde entonces. Esa debe ser parte de la respuesta, porque mucha gente está corriendo hacia lo que yo veo como un suicidio, llevando a cabo hábitos que cualquiera sabe que son peligrosos. Siempre he aceptado que el mayor error del hombre es intentar volverse carnívoro, contrario a la ley natural.

Inevitablemente, supongo, en los próximos diez años una mañana no me levantaré. ¿Entonces qué? Habrá un funeral, habrá un pequeño grupo de gente en él y, como Shaw predijo para su propio funeral, también estarán los espíritus de todos los animales que nunca comí. En tal caso, !será un gran funeral!

¿Cuándo te hiciste vegetariano?

Fue en una resolución que tomé en el día de año nuevo de 1924, así que no he comido carne o pescado en 78 años.

Háblame sobre los primeros días de la Vegan Society

En los dos años previos a que formáramos un grupo democrático, fui yo quien literalmente se hizo cargo de todo. De la respuesta que obtuve —cientos de cartas—siento que si yo no hubiera formado la organización algún otro lo habría hecho, aunque habría tenido un nombre diferente. La palabra “vegan” fue inmediatamente aceptada y formó parte de nuestra lengua y ahora está en casi cada diccionario del mundo, supongo. No puedo evitar el comparar nuestra atractiva revista trimestral con mi humilde “Vegan News” la cual produje con mucho trabajo. Normalmente pasaba una noche entera reuniendo las distintas páginas y grapándolas juntas. Limité el número de suscriptores a quinientos, porque no podía hacer frente a un número mayor. Comparada con la democracia, la dictadura tiene ventajas evidentes. En los primeros días de la “Vegan News” pude hacerlo todo a mi manera. No creo que pudiera haber sobrevivido si hubiera tenido que escribir a la poca gente preocupada y preguntarles por su opinión. No tenía teléfono ni coche —sólo podía esperar que ellos entendieran mi propósito, hasta que le cedí el trabajo a un comité.

¿Tiene algo que ver tu veganismo con creencias religiosas que puedas tener?

Nunca tuve ninguna profunda. Nunca he sido lo bastante inteligente para ser ateo —pero sí un agnóstico. Algunos teólogos creen que Cristo fue un esenio. Si él lo fue entonces era vegano. Si estuviera vivo hoy, sería un propagandista vegano itinerante en lugar de ser el predicador itinerante de aquellos días, difundiendo el mensaje de compasión. Entiendo que ahora hay más veganos sentados en la comida de los domingos que anglicanos atendiendo el servicio matutino del domingo. Creo que los anglicanos deberían alegrarse por la buena noticia de que al menos alguien está practicando el elemento esencial de la religión cristiana: la compasión.

¿Qué encuentras más difícil en el hecho de ser vegano?

Bueno, supongo que es el aspecto social: excomulgándome a mí mismo de esa parte de la vida en la cual la gente se reúne para comer. La única forma en la que este problema puede suavizarse es que el veganismo sea cada vez más y más aceptable en pensiones, hoteles, dondequiera que uno vaya, mientras espera que algún día se convierta en la norma.

Y la otra cara de la moneda: ¿Qué te parece lo más fácil de ser vegano?

La gran ventaja de tener una conciencia limpia, y el creer que los científicos deben aceptar ahora la conciencia como parte de la ecuación científica.

¿Cómo de importante ha sido la jardinería en tu vida?

Cuando vivía en Leicester un amigo mío me dejó usar una parcela. Cuando los cultivos maduraban, tenía que llevarlos cuatro millas al otro lado de la ciudad. Cuando tuve la suerte de obtener un trabajo en Keswick, conseguí una casa con un acre de jardín, lo cual fue un sueño hecho realidad. Mis cubos de abono se llenan con todas las malas hierbas, césped segado, restos de vegetales del jardín, hojas muertas —ningún abono animal. Por cierto, todo lo que cavo lo hago con una horquilla —no una pala— para proteger a las lombrices.

¿Cuál es tu opinión sobre los organismos genéticamente modificados?

Como dice el viejo proverbio, si algo parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente es demasiado bueno para ser verdad, y estoy seguro de que esto es un clásico ejemplo, sin contar con la irreversible naturaleza genética de lo que es nuestro suministro de comida básico en el futuro.

¿Cuál es tu opinión acerca de los deportes sangrientos?

Es lo más bajo a lo que se puede llegar. Aunque pudiera ser necesario, estando ya metidos en este lío, el tener que matar a algunas criaturas por su propio bien, el matar criaturas por diversión debe ser la peor bajeza moral.

¿Cuál es tu opinión sobre los experimentos en animales?

Dije que los deportes crueles son lo más bajo a lo que se puede llegar, pero creo que los tendré que subir un poco hacia arriba y poner la vivisección en el fondo. Algo que siempre deberíamos preguntar cuando creemos que la crueldad está ampliamente delegada en gente que la lleva a cabo, es la sencilla cuestión ¿si esos matarifes y vivisectores no estuvieran allí, podríamos llevar a cabo las acciones que ellos están cometiendo? Si no podríamos, no tenemos derecho alguno a esperar de ellos que hagan esas cosas por nosotros. La mayoría de medicinas ortodoxas se testan en animales, y quizás sea ésta la mayor incoherencia en vegetarianos y veganos que toman medicinas ortodoxas; una incoherencia todavía mayor que la de vestir piel o lana, porque éstos son subproductos de una industria que se dedican principalmente a suministrar carne.

¿Qué opinas acerca de la acción directa?

Nunca me he involucrado en ello. Respeto enormemente a la gente que lo hace, creyendo que es la más directa y rápida manera de alcanzar sus fines. Si yo fuera un animal en una jaula de vivisección, agradecería a la persona que la rompiera y me liberara, pero, habiendo dicho esto, siempre debemos recordar: ¿Es posible que nuestro acto pudiera ser contraproducente? No diré ni “sí” ni “no”, puesto que no conozco la respuesta.

¿Qué consideras el mayor logro de tu vida?

Conseguir aquello que me propuse: sentir que fui un instrumento para comenzar un estupendo nuevo movimiento, el cual no sólo pudiera cambiar el curso de las cosas para la humanidad y el resto de la creación, sino además alterar las expectativas de supervivencia del hombre en este planeta.

¿Tienes algún mensaje para las muchas miles de personas que ahora son veganas?

Que adopten una perspectiva global de lo que el veganismo significa —algo más que encontrar una nueva alternativa a la tostada de huevos revueltos o una nueva receta para el pastel de Navidad. Que tomen consciencia de que están en algo realmente importante, algo que no se había intentado hasta hace 60 años, y algo que responde razonablemente a cada crítica que se le hace a cualquier nivel. Eso no implica semanas o meses estudiando tablas nutricionales o leyendo libros de los así llamados expertos —significa asimilar unos pocos hechos simples y aplicarlos.

¿Tienes algún mensaje para los vegetarianos?

Que acepten que el vegetarianismo es sólo un paso intermedio entre el consumo de carne y el veganismo. Habrá veganos que hicieron el cambio de una sola vez, pero estoy seguro de que para mucha gente el vegetarianismo es un punto de parada necesario. Todavía soy un miembro de la Vegetarian Society para seguir en contacto con el movimiento. Estuve encantado de saber que en la Conferencia Vegetariana Mundial en Edimburgo la dieta fue una dieta vegana y que los delegados no tuvieron otra opción. Esa pequeña semilla que planté hace 60 años está haciendo sentir su presencia.

¿Qué piensas sobre la manera en la que la Vegan Society se ha desarrollado desde que la estuviste dirigiendo?

Mejor de lo esperado, ciertamente. El genio está ahora fuera de la botella y nadie lo puede volver a meter en los ignorantes días anteriores a 1944, cuando esta semilla fue plantada por gente llena de esperanza. Ahora en cualquier lugar que el hombre viva, puede tener una dieta vegana. Todo el trabajo pionero fue hecho por voluntarios. En cierta manera, todos a quienes la organización ha pagado para hacer el trabajo de oficina han sido voluntarios. Incluso nuestro jefe ejecutivo tiene un salario por debajo de cualquier otro en el sector comercial. Porque no nos podemos permitir más. Así que la Vegan Society siempre ha sido apoyada por la labor voluntaria. Y estamos enormemente agradecidos a esa gente, porque sólo el cielo sabe qué pasaría si todos ellos se marcharan.

¿En qué dirección opinas que debería ir la Vegan Society en el futuro?

Declino proponer cualquier sugerencia a un movimiento que parece ir marchando tan bien y propagándose por todo el mundo. El edificio que ha sobrevivido a toda clase de ataques antes de que nosotros empezáramos nuestro trabajo se está ahora derrumbando debido a la propia debilidad inherente a su estructura. No sabemos qué progresos espirituales podría tener el veganismo a largo plazo —durante generaciones— sobre la Humanidad. En verdad esto daría lugar a una civilización diferente, y la primera en toda nuestra historia que verdaderamente mereciera el nombre de civilización.

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23 de octubre de 2016

Veganismo en la Antigüedad



En esta entrada me gustaría aportar algunas evidencias sobre la existencia de ideas similares o equivalentes a lo que hoy en día denominamos veganismo en un sentido ético. Aunque el veganismo existe de una manera más o menos formal sólo a partir del año 1944, podemos encontrar testimonios anteriores en el tiempo a esa fecha que coinciden con lo que el veganismo pretende expresar. En esta ocasión me limitaré al periodo que conocemos como la Antigüedad.

Debo aclarar que no trataré aquí sobre el vegetarianismo, porque el vegetarianismo es otra cosa muy distinta, así que obviaré testimonios sobre dietas que excluyen la carne animal. Tampoco me referiré en general a escritos sobre la moralidad en nuestra relación con otros animales, es decir, no pretendo recopilar lo que cualquier pensador dijera sobre el estatus moral de los animales no humanos en la Antigüedad. Por eso no hablaré sobre Aristóteles, quien trata de justificar una jerarquía moral entre los humanos y otros animales —así como una jerarquía moral entre seres humanos y expone una apología de la esclavitud.

Lo que me interesa descubrir aquí es si en dicha época hubo personas que comprendieron y defendieron que los demás animales no deben estar sometidos a la voluntad humana, ni ser usados como recursos para el beneficio humano, y que tienen un derecho moral a vivir su vida en libertad. Esta idea es a lo que se refiere el veganismo

Hasta ahora sólo he encontrado a un autor que defendiera una idea que sí se asemeja al veganismo: Porfirio. Dejando a un lado determinados textos, en los que parece que se cuestiona de manera puntual la dominación humana sobre otros animales, sólo en Porfirio aparece una argumentación razonada y sistemática a favor de respetar moralmente a los otros animales.

Si bien es cierto que existen precedentes en diversos autores anteriores que abogan de algún modo por considerar a los otros animales y defienden el vegetarianismo, sucede que sus ideas están insertas en doctrinas religiosas o místicas que no reconocen un valor inherente a los animales.

Antes de Porfirio, la primera vez que aparece una filosofía que defiende una consideración hacia los demás animales por sí mismos es en la obra de Plutarco, quien argumenta la consideración a favor de los animales por su propia naturaleza y no por razones extrínsecas a ellos, ya fueran la supuesta existencia de un alma o de un determinado orden cósmico. Según explica María Luisa Bacarlett Pérez en su artículo «Plutarco y los animales»:

«La naturaleza misma ha puesto en cada ser lo propio para “perseverar en su ser” y en éste la sensación resulta insuficiente. Si cada animal ha de perdurar en su ser, la sensación tendrá que ir siempre de la mano de la capacidad de discernir lo grato de lo doloroso, lo placentero de lo displicente, lo beneficioso de lo perjudicial. En suma, de acuerdo con Plutarco, no es posible en absoluto la sensación sin el concurso del pensamiento; los animales no sólo sienten, también recuerdan lo sentido, lo procuran si fue grato, lo evitan si fue desagradable, muestran expectativa o temor frente a los eventos, huyen si es necesario.»

Es cierto que Plutarco se centra en el consumo de carne, pero partiendo de sus argumentos se podría derivar lógicamente que también debemos rechazar cualquier daño innecesario sobre los animales. Entiendo que Plutarco se enfoca en el consumo de carne de la misma manera que cualquiera que piense que los humanos merecen respeto moral denunciaría en primer lugar el canibalismo por ser un ejemplo extremo de la falta de consideración por los seres humanos. Sin embargo, Plutarco acepta que los animales sean usados para beneficio humano dentro de unos límites que excluyeran sufrimiento y muerte sin necesidad. Es decir, Plutarco representaría el ideal moral que denominamos como principio de trato humanitario, el cual no rechaza en principio el uso de animales en sí mismo pero sí se opone a cualquier acción que implique imponer daño y sufrimiento sobre ellos que no se pueda justificar estrictamente apelando a la necesidad. Así resume Gabriel Laguna la postura de Plutarco:

«El De esu carnium se engloba en un subgrupo de tratados morales plutarquianos que reivindicaban la existencia de raciocinio en los animales, junto al De sollertia animaliumBruta animalia ratione uti. En estas tres obras Plutarco argumenta, en contra de los estoicos, que los animales también tienen raciocinio, además de sensibilidad y de capacidad de sufrimiento, lo que los hace, en definitiva, acreedores a la justicia, es decir, sujetos de derecho. Esta concepción redunda en el imperativo ético de que el hombre respete a los animales, no les cause sufrimientos innecesarios y, consiguientemente, se abstenga del consumo de su carne.»

Para acercarnos al ideal del veganismo tenemos que avanzar un poco en el tiempo y encontrarnos con los textos de Porfirio. Este filósofo expone sus ideas acerca de nuestra relación con los demás animales principalmente en la obra «Sobre la abstinencia», Este tratado es, junto con Sobre el consumo de carne de Plutarco, el más sólido texto filosófico de la Antigüedad grecolatina contra el consumo de carne animal y en defensa del vegetarianismo por motivos éticos. Porfirio sostiene que comer carne constituye un grave delito pues requiere dar muerte a seres inocentes dotados de vida, sensación, memoria e inteligencia como nosotros, y que están emparentados con nosotros. Los humanos han justificado el matar animales afirmando que pertenecen a especies inferiores carentes de racionalidad; Porfirio responde que el grado de racionalidad que se posea o el uso de diferentes formas de lenguaje no son características moralmente relevantes que justifiquen poder matar a los animales para comerlos.

Porfirio habla de abstinencia no en un sentido ascético sino en un sentido moral. Así podemos afirmar que debemos practicar la abstinencia de cometer asesinatos, violaciones o canibalismo. Porfirio señala que nuestra moralidad debería incluir a los demás animales y no sólo a los humanos, por una cuestión de justicia:

«Y una vez que esto se considera una injusticia, que no se haga uso de la leche, de la lana, de los huevos, ni de la miel. Porque del mismo modo que se delinque quitándole el vestido a una persona, otro tanto ocurre al esquilar una oveja, pues la lana es su vestido. Tampoco la leche va destinada a nosotros, sino a los retoños recién nacidos y la abeja recolecta la miel como alimento especifico suyo que se lo quitamos para deleite nuestro.» [Sobre la abstinencia - Libro I]

Porfirio aclara, entre otros puntos, que respetar a los animales no implica dejarse matar por ellos en caso de conflicto, de la misma manera que respetar a los humanos no implica dejarnos matar por ellos si nos atacan. Según concluye Pablo Sánchez de Mayo en su tesis doctoral:

«En definitiva, Porfirio, apoyándose en los argumentos que anteriormente habían dado otros autores, que demuestra conocer muy bien, realiza una extensa argumentación dedicada no sólo a defender la abstinencia de carne sino la racionalidad de los animales y, como consecuencia de esto, su consideración moral y la no legitimidad del hombre de utilizarlos para su provecho; sus argumentos se enmarcan así en el ambiente neoplatónico y en confrontación ideológica con los estoicos.»

Este ensayo no pretende ser exhaustivo sino meramente ilustrativo. Las ideas de Porfirio sobre esta cuestión merecen sin duda un estudio más detallado y específico, pero esto excedería el sentido divulgativo que tiene este blog. Por si acaso, este artículo en inglés que comenta detalladamente los pensamientos de Porfirio sobre nuestra relación moral con los animales, para quien tenga interés en consultarlo.

En definitiva, podemos comprobar que la ética del veganismo no es algo nuevo ni es una 'moda' sino que es el reflejo de un intuición moral innata que se manifestó en épocas anteriores y que es consecuencia de la empatía y el reconocimiento de los otros animales como individuos que poseen un valor inherente.

10 de octubre de 2016

Jesús Mosterín: Contra los animales y el respeto moral


Parece ser que Jesús Mosterín ha tenido a buenas obsequiarnos con otra entrevista, cuyo autor ha titulado: «Jesús Mosterín: Animales, respeto moral y compasión». Yo considero que habría sido más correcto titularlo de otra manera, como explicaré a continuación.

Las ideas de Mosterín acerca de nuestra relación moral con los demás animales ya las había comentado en un artículo anterior referido al tema de la tauromaquia, pero creo que es conveniente continuar analizando su posición, en tanto que refleja una forma de pensar muy extendida en nuestra sociedad.

Mosterín comienza la entrevista diciendo lo siguiente:

«El respeto moral, en general —no sólo hacia los animales, también hacia las mujeres o hacia los extranjeros— es reciente en el mundo occidental, cosa de los dos últimos siglos. Incluso la oposición a la esclavitud es reciente, empezó también hace unos dos siglos.»

La creencia de que debemos tratar a otros animales con respeto moral —esto es, que debemos respetar a los individuos animales y sus intereses como fines en sí mismos y no como medios para nuestros fines— no es reciente. Esta idea se puede remontar a los escritos de Plutarco y de Porfirio en la época de la Antigua Roma. En principio da la impresión de que no vamos a aprender mucho leyendo esta entrevista.

Lo que es reciente es que esta idea se difunda en la sociedad de forma masiva como está sucediendo ahora mismo. Esto ha ocurrido en gran parte gracias a la existencia de Internet, que ha permitido la libre difusión del veganismo y la filosofía de los Derechos Animales, saltando la censura impuesta por los círculos intelectuales, los medios informativos y, también, por los propios grupos animalistas que nunca tuvieron intención de que se cuestionara el especismo. Ahora la cuestión ya está en la calle y no puede ser ignorada por más tiempo.

Continuando con la entrevista, cuando le preguntan sobre la sintiencia en otros animales, Mosterín parece estar al tanto del dolor de los mamíferos, pero fuera de ahí afirma literalmente no saber nada:

«Respecto al posible dolor de las moscas, me parece que no sabemos nada; yo al menos no sé nada.»

Mosterín no se ha informado sobre la sintiencia en insectos, sobre la cual existen diversos estudios científicos. ¿No sería esto un caso de negligencia? Uno puede señalar razonablemente que no está seguro al respecto, o que no hay una total certeza sobre ello, pero decir que no sabemos nada o que no sabe nada indica que no se ha molestado siquiera en investigar sobre el asunto.

Más adelante, señala Mosterín que la idea de que sólo los humanos importan moralmente es una creencia cuestionable:

«Alguien podría pretender que un hombre, por el mero hecho de serlo, siempre es mejor y más valioso que un miembro de cualquier otra especie. Pero este especismo dogmático y arbitrario es una forma de grupismo tan inaceptable como el racismo, el sexismo o el nacionalismo. La ética racional es universal y tiene que valorar cada acto y cada individuo por sí mismo, en función de sus propias características; no en función del grupo al que pertenezca.»

Por supuesto, no deja de ser irónico que Mosterín denuncie una discriminación moral injusta —el especismo— y al mismo tiempo base su propio pensamiento en dicha discriminación, ya que considera aceptable que los humanos exploten a los demás animales:

«A mí no me escandaliza que la gente coma huevos o incluso carne de pollo, pero sólo a condición de que esos huevos y esa carne proceda de animales que vivan de un modo relativamente natural.»

Bueno, puede que a Mosterín no le moleste, pero ¿y a los animales? Parece que el criterio de Mosterín no se basa en lo que a los animales les importa sino que sólo tiene en cuenta lo que a él le importa. Si a él le molesta determinado abuso —por ejemplo, la tauromaquia— entonces esto está mal pero si otro abuso equivalente no le resulta molesta entonces no está mal. El hecho de que los otros animales deseen continuar existiendo, y no tengan ningún interés en sufrir y morir para ser comidos por nosotros, parece que a Mosterín le resulta irrelevante.

La ideología que aplica Mosterín a nuestra relación con los otros animales es lo que denomino como bienestarismo. Esta posición está basada en la filosofía del utilitarismo y determina que los animales no humanos no poseen un interés en vivir o en ser libres sino que sólo es relevante su bienestar, entendido como placer y dolor. En concreto, Mosterín defiende el bienestarismo en su versión clásica [expuesta por Jeremy Bentham] que afirma que sólo se deben prohibir determinadas crueldades consideradas extremas mientras que el resto de la explotación animal puede continuar, siendo reformada en sus condiciones:

«En España, la mayoría de los cerdos viven en condiciones deplorables, y esas explotaciones habría que cerrarlas. Sin embargo, el mejor jamón procede de los cerdos de Jabugo, que viven en semilibertad en las dehesas o grandes bosques de encinas, alimentándose de las bellotas que caen al suelo. Como se mueven mucho, están sanos y contentos y producen buen jamón.»

La industria de explotación animal seguramente agradece sus palabras y su apoyo a Mosterín. Ahora, si los animales estuvieran al tanto de la posición de Mosterín hay muy serias dudas de que estuvieran de acuerdo con él en la idea de ser usados y matados para comida y otros fines. Si nosotros no estamos de acuerdo en ser tratados de ese modo no hay razón que justifique pensar que los otros animales pudieran estarlo. Ellos desean proteger su vida y evitar el daño, al igual que nosotros. Mosterín sólo condena muy determinados abusos, como la tauromaquia, o la caza deportiva, pero no condena el resto de la explotación animal. Sin embargo, el uso de animales para comida, o vestimenta, representa un daño igual de gratuito que la caza deportiva o la tauromaquia.

Si bien todo lo dicho hasta ahora por Mosterín resulta profundamente problemático, todavía quedaba por ver la traca final que nos tenía reservada cuando le preguntan acerca de la postura abolicionista que rechaza las reformas de la explotación animal defendida por el profesor Gary Francione y que se opone al denominado »Bienestar Animal«. Esto es lo que dice Mosterín:

«Algunos veganos extremos, como Francione, hablan y actúan más como las sectas religiosas que como pensadores científicos y racionales. Cuando sostienen que cuanto peor les vaya a los animales de ganadería, tanto mejor para la causa del veganismo, su discurso recuerda demasiado al de los extremistas revolucionarios, que a veces decían que, cuanto peor les fuese a los trabajadores, tanto mejor para la revolución.»

Dejando a un lado lo poco elegante y honesto, por no decir otra cosa, que es acusar a Francione de pretender que los animales sufran, Mosterín demuestra un nulo conocimiento sobre el trabajo de la persona a la que atribuye intenciones indemostradas. Veamos por qué.

El 'Bienestar Animal' no es otra cosa que un sistema para hacer más eficiente la explotación de los animales no humanos para beneficio de los humanos. Éste es su único propósito. El bienestar de los animales es usado como un medio para favorecer la calidad del producto final y la rentabilidad económica de los explotadores. Es decir, el 'Bienestar Animal' es una herramienta para perpetuar la esclavitud animal a gran escala garantizando y mejorando su viabilidad comercial. Por ejemplo, en un artículo veterinario sobre 'Bienestar Animal' podemos leer lo siguiente:

«Durante el sacrificio, los animales están sometidos a una serie de actuaciones que pueden causarles sufrimiento, dolor y miedo. En primer lugar, son colgados por las extremidades posteriores para facilitar la salida de sangre de los vasos sanguíneos. Seguidamente son degollados, lo que provoca un extenso daño tisular en un área con gran cantidad de receptores del dolor. Por último, el rápido descenso de la presión sanguínea durante el desangrado se detecta rápidamente por el animal causándole miedo y ansiedad. Para evitar el dolor y reducir al mínimo el estrés y el sufrimiento es necesario aturdir a los animales para sumirlos en un estado de inconsciencia o insensibilidad antes de matarlos o de manera simultánea.

El sistema de aturdimiento más utilizado en aves es el eléctrico, por inmersión en baño de agua. En este sistema, los animales, aunque conscientes, se cuelgan por las dos patas en una cinta transportadora, con la ayuda de un gancho metálico. La bañera tiene un electrodo en el fondo de la misma longitud que el tanque de agua. Cuando la cabeza del animal, que debe estar completamente inmersa en el agua, entra en contacto con el agua electrificada de la bañera se genera una corriente eléctrica desde la cabeza del animal hasta los ganchos donde están las patas. Con este sistema se pueden aturdir varias aves a la vez.»

Esto es lo que apoya Jesús Mosterín. Esto es lo que rechaza Gary Francione. ¿Quién está en realidad apoyando el sufrimiento de los animales y quién lo está rechazando? Los humanos no necesitamos comer animales, ni tampoco usar animales para vestirnos y satisfacer nuestras demás necesidades vitales. Sin embargo, Mosterín consume animales,  por mero placer y costumbre, mientras que Gary Francione es vegano. Por tanto, ¿quién es el que está en realidad infligiendo un sufrimiento evitable a los animales?

Esa acusación contra los abolicionistas no es nueva. Los bienestaristas suelen alegarla cuando intentan atacar a la oposición abolicionista. El activista Dan Cudahy en su artículo «Diez Mitos del Neo-bienestarismo» respondía a dicha acusación de este modo:

«Los abolicionistas nos preocupamos por el sufrimiento de los no-humanos al menos en la misma medida, y probablemente más, que los neobienestaristas. Estamos de acuerdo en que menos sufrimiento es mejor que más sufrimiento. Nosotros simplemente negamos, desde un punto de vista racional y empírico, que el sufrimiento de los no-humanos pueda ser significativamente reducido mediante reformas y campañas bienestaristas en tanto sigan siendo considerados como propiedades legales y mercancías económicas.»

Calificar a los veganos como 'extremistas' por defender la misma postura moral básica que la mayoría de nosotros ya defendemos para los seres humanos —esto es, que nunca es moralmente aceptable tratarlos como objetos, meros recursos, o propiedad de otros humanos— no puede ser otra cosa que un caso claro de especismo: se discrimina moralmente entre humanos y otros animales sólo por ser catalogados en especies diferentes.

¿No resulta evidente que Mosterín asume el prejuicio especista que él mismo denunciaba? Mosterín discrimina a otros animales sólo por no ser humanos y no les reconoce el mismo respeto moral básico que a los humanos. Los demás animales son seres conscientes, son sujetos, y no tienen ningún interés en sufrir y morir para ser explotados por nosotros. Por tanto, no estaría justificado que la especie establezca ninguna diferencia relevante en lo que se refiere a la consideración moral.

Podemos comprobar que Mosterín no tiene reparos en calificar públicamente de asesinos a los toreros, y que tampoco los tiene en apoyar el especismo, la explotación animal, y en continuar violentando los animales sin una razón que lo justifique. Los aficionados a la tauromaquia quieren seguir explotando animales para entretenimiento porque les gusta, sin importar que esto significa un daño innecesario e injustificado a los animales. Mosterín quiere seguir explotando animales para usarlos de comida, vestimenta, y otros fines; ignorando que esto conlleva un daño innecesario e injustificado sobre los animales.

¿Qué diferencia relevante hay entre la postura de Mosterín y la de los taurinos que critica? Para los animales, ninguna. En ambos casos siguen siendo explotados, esclavizados y asesinados. Para la ética, ninguna tampoco. En ambos casos tratan a otros animales como objetos y recursos para beneficio humano; discriminándolos del respeto moral sólo por no ser humanos. Esto es especismo.

Por todo esto es por lo que considero que un título más correcto para su entrevista sería »Jesús Mosterín: Contra los animales y el respeto moral«. Por supuesto, mi crítica no es contra Mosterín como persona —debería estar de más tener que aclarar esto— sino sólo sobre sus ideas que he comentado.

Hay posturas que pueden ser consideradas como animalistas en tanto que proponen cierta consideración moral por otros animales pero que en realidad van en contra de los derechos de los animales. Para comprender mejor este problema, puedo sugerir la lectura del artículo «Tres movimientos» en este mismo blog.

3 de octubre de 2016

«En Busca del Veganismo [2]»



Este texto es la continuación de una primera parte: «En Busca del Veganismo [1]». Se pueden leer de forma independiente, pero quizás se entienda mejor habiendo leído la primera parte. Estamos ante un documento clave para conocer la génesis histórica del veganismo como movimiento organizado.

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«En Busca del Veganismo [2]»

Leslie J. Cross

Otoño 1949

!Dejad A Mis Criaturas Marchar!

Esto es un intento de descubrir el principio que se encuentra bajo la etiqueta de "veganismo", así como sugerir un conjunto de palabras que puedan servir como breve definición para describirlo. Debo aclarar que las opiniones expuestas pertenecen a su autor, y no comprometen a la Asociación Vegana ni a ninguno de sus miembros.

La carta publicada en el Vegetarian Messenger en julio de 1943, que comenzaría una correspondencia culminada con la fundación de la Asociación Vegana en noviembre de 1944, estaba referida acerca la oposición moral y compasiva al uso de productos lácteos por parte de los vegetarianos. A los veinticinco miembros de la Asociación Vegana se les escribió: "Hasta donde sabemos, cada miembro de nuestro grupo ha rechazado el uso de lácteos por razones éticas. [...] Nosotros no aceptamos que para obtener una nutrición adecuada sea necesario el transgredir nuestra conciencia." [0]

El pensamiento vegano se desarrolló rápidamente. Los productos elaborados de animales así como la comida derivada de animales se considera "no-vegana". Hubo una tendencia temprana a cuestionar las raíces de la relación entre el hombre y los animales, y a tratar con la causa en lugar de con sus incontables síntomas. No hay evidencia de que el veganismo hubiera sido enfocado a cualquier otra cosa que no fuera la relación entre la humanidad y los animales.

En el artículo anterior, las citas de los primeros números de The Vegan News indicaban que la naturaleza de esa relación era el asunto que concierne al veganismo. Otros textos refuerzan esta idea. "En Dirección Al Veganismo [Donald Watson, 1947] contiene frases como las siguientes: "...el enfoque correcto al problema de la emancipación animal"... "para ser verdaderos emancipadores de los animales"..." Un vegano rechaza la superstición de que la continuación de la existencia humana depende de la explotación de estas criaturas" y "Ha llegado el momento para nosotros de rechazar valientemente la idea de que tenemos derecho a explotar a los animales". Ideas similares se han materializado en el "Manifiesto" sobre el veganismo y en otros escritos. El común denominador en todos estos textos hasta ahora es la convicción de que por el bien de los humanos y sus criaturas semejantes, los animales deben ser liberados de nuestra explotación.

Si la idea vegana está razonada correctamente, el veganismo es por tanto un movimiento de reforma. Si aceptamos esto, sólo hay un paso de simple lógica para deducir que la Asociación Vegana tiene la obligación de definir el veganismo lo antes posible, y promover las reformas que deseamos conseguir. Igualmente tiene la obligación de focalizar sus energías en lograr dicha reforma. La posición en la que se encuentra la Asociación Vegana —sin ningún acuerdo constituyente sobre su propósito que sea vinculante para sus miembros— se explica debido a la naturaleza de su desarrollo hasta el día de hoy. En este sentido, la Asociación se encuentra en una fase de pre-nacimiento. Pero esto no es aceptable como estado permanente, porque una reforma indefinida es una contradicción en los términos.

Es posible deducir a partir de todo lo anterior una serie de observaciones que conducirían a una definición: [1] el veganismo es una reforma; [2] el elemento decisivo es la compasión por los animales surgida acerca del trato que les dan los hombres; [3] el asunto fundamental que le concierne es el punto de encuentro entre el mundo de la humanidad y el mundo de los animales; [4] su existencia presupone que hay un error en dicho punto; [5] su propósito debe ser corregir ese error; [6] el error está intrínsecamente conectado al uso de los animales por parte del hombre —más concretamente, con su hábito de actuar como parásito sobre criaturas vivas que no pueden defenderse de sus intenciones. Cualquier definición de veganismo debe contener estos seis puntos y no quebrantar ninguno de ellos.

Una conjunción de palabras que cumpliría con estos requerimientos es la de que el veganismo es el principio de la abolición de la explotación de los animales por parte del hombre. El aspecto positivo de este enfoque negativo [no-explotación] es el reconocimiento de la libertad —en una palabra, emancipación. Veganismo sería por tanto definido como: "el principio de la emancipación de los animales de la explotación del hombre." [1]

Si bien, aunque tal definición satisface las observaciones expuestas, resulta esencial descubrir si cumple con los requerimientos del sentido común así como de la lógica. De este modo debe ser evaluado respecto de un argumento filosófico general. La principal demanda del conocimiento sobre la humanidad es que debe liberarse a sí misma de las cadenas que la atan a sus deseos menos nobles y reprime su ascenso a estándares más elevados, una visión más amplia, y la consecución de la felicidad. Hay una serie de pruebas que los esfuerzos por la liberación deben superar, y una de las más rigurosas es la conducta de la humanidad sobre quienes dispone de poder. Esto se aprecia de forma aguda en el punto en el que se cruzan el mundo de la humanidad y el mundo de los animales, sobre los cuales ejerce una dominación.

Su conducta hasta ahora revela tendencias que son fuertemente auto-indulgentes a expensas de los animales. Hay un error generalizado de comprensión acerca de que los animales tienen relativamente iguales derechos a todo esto. Su explotación resulta en una innecesaria y generalizada restricción de la libertad natural y en un inevitable final en algún matadero. Esto es cierto para toda forma de explotación, ya sea para las gallinas, los terneros y las vacas. Aunque algunos caballos terminan sus días en "sitios de descanso", esto sólo sucede con muy pocos. La gran mayoría son matados para servir de productos, para piensos o para consumo humano. Asimismo, a las vacas que ya no dan leche no se les permite vivir pensionadas en pastos.

La firme oposición a la explotación —el comercio de carne, la caza, la viviseción, y todo lo demás— necesita ser fundamentada aquí. Sin embargo, debe ser afrontado el hecho de que aparte de reconocer a los animales el derecho —y las facilidades— para retornar a la naturaleza, no hay forma de negar la acusación que hemos expuesto.

Debido a que la emancipación lograría liberar a los animales de su sometimiento y al ser humano de la condición de parásito, y debido a que hacer esto efectivo libera a la humanidad de algunas de las cadenas que lo atan a sus deseos menos nobles, se satisface la demanda de sentido común y de la lógica. Hay al menos otras tres evidencias llamativas que así lo indican. Las dos primeras provienen de una visión amplia acerca de la tendencia general en la evolución humana. Un movimiento para emancipar a los animales debe ser visto como una continuación natural e histórica del movimiento por la emancipación de los esclavos. En segundo lugar, dista mucho de ser improbable que el "camino equivocado" tomado por la humanidad en su evolución fue la esclavización ["domesticación"] de los animales, una proposición ampliamente defendida por el escritor norteamericano Henry Bailey Stevens. [2] En tercer lugar, la emancipación se dirige directamente al corazón del problema que reside en la relación humano-animal, y eliminaría desde su raíz la causa principal de la que provienen todos los nefastos síntomas.

Un punto que debería quedar claro de una vez por todas es que la emancipación de los animales no significa su extinción. Al contrario, esto significa su retorno a la libertad en la naturaleza —un retorno al equilibrio, la salud y la naturalidad. Para algunos animales esto supondría vivir en compañía de humanos, ya que la humanidad es parte de la naturaleza. Para muchos otros esto supondría la eliminación gradual de las condiciones, funciones y dolencias anormales que la "domesticación" les impuso artificialmente al secuestrarlos de su medio natural. La ancestral dominación de los humanos llegaría a su final.

Todavía queda por ver si la Asociación Vegana reconoce la emancipación como nuestro propósito, y si, como es nuestro deber, vamos a introducir este descubrimiento en nuestra Constitución, lo cual no significa que dejemos de interesarnos por cuestiones científicas sobre nuestra dieta, el abono de la tierra, y otros asuntos relacionados. Pero sí significa que, al igual que el navío de Kipling, nos habremos encontrado 'a nosotros mismos'. Habremos descubierto nuestro destino. La cristalización mencionada en mi artículo anterior habrá tenido lugar, y la orientación de nuestros esfuerzos será guiada y enfocada en una dirección con sentido hacia la luminosa estrella, aunque todavía distante, de una destacada reforma mundial.

[0] "The Vegan News,"  Número 1, Noviembre, 1944. Descrito como "La publicación trimestral de los vegetarianos sin lácteos".

[1] Emancipación: la acción de liberar a alguien. Explotación: la acción de utilizar por motivos egoístas. Animales: criaturas sintientes además de los humanos.

[2] "The Recovery of Culture." Henry Bailey Stevens, con prólogo de Gerald Heard. Harper and Brothers, New York, 1949.

Texto original en inglés: «In Search of Veganism [2]»

20 de septiembre de 2016

«En Busca del Veganismo [1]»


Este texto fue publicado en el año 1949 por Leslie Cross, que era por aquel entonces vicepresidente de la Asociación Vegana [The Vegan Society], con la intención de clarificar lo que debía significar el veganismo, el cual todavía no contaba con una definición establecida.

Parece que todos los veganos de aquel entonces estaban de acuerdo en que ser vegano significaba al menos no comer nada que proceda de otros animales, así como evitar productos en general que provengan del uso de animales —algo similar a lo que sucede hoy en día. Sin embargo, no existía una definición establecida y existía la controversia sobre cuál debía ser el sentido específico del veganismo.

Los veganos de esa época coincidían en haber frecuentado previamente la Asociación Vegetariana y entiendo que algunos se dieron cuenta de lo útil que resultaba que el vegetarianismo tuviera una definición fija y establecida, evitando así que cada uno lo interpretara a su manera, por lo que algunos, encabezados por Leslie Cross, trataron de aplicar el mismo método al veganismo.

Leslie Cross nos aporta su relato acerca de esta cuestión y es una buena fuente de información sobre la historia del veganismo. Hacía años que quería traducir este texto. Me alegra que por fin haya surgido el momento de hacerlo. Deseo que su lectura os parezca tan interesante como a mí.
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 EN BUSCA DEL VEGANISMO [1]

Leslie J. Cross

Verano 1949

Despejando el terreno

La presente etapa en el desarrollo de la Asociación Vegana se caracteriza por centrar la atención sobre las implicaciones de la cuestión: "¿Qué es el veganismo?"

Hay más —mucho más— detrás de esta simple cuestión de lo que parece en un principio. Para empezar, debemos despejar nuestras mentes para poder comprender, por ejemplo, que cuando decimos: "El veganismo es esto o lo otro", lo que en realidad estamos diciendo es: "Mi idea del veganismo es esto o lo otro"; puesto que no hay nada en la constitución de la Asociación Vegana que establezca lo que es el veganismo.

El hecho de que la Asociación Vegana haya llegado al momento actual sin haber definido con precisión el objetivo que pretende conseguir es algo que debe incomodarnos. Han habido buenas y, quizás, inadvertidas razones acerca de por qué no se debe intentar establecer una definición mientras la Asociación no alcance cierto punto en su recorrido. Sin embargo, debe motivarnos a la reflexión el que exista una creciente sensación de que ese punto ya no está lejos y que el limitado periodo en el que prescindir de una definición podría ser útil y deseable está llegando a su fin.

El método por el cual nuestro movimiento puede ser provisto con una definición acordada es, obviamente, a través del consenso mayoritario en asamblea anual o especial, y con la inclusión de ese consenso —en forma de una definición concisa— como una norma de la Asociación Vegana, o como un preámbulo a las normas, o mediante alguna otra disposición constituyente. Aunque este procedimiento parece ser sencillo, la tarea de encontrar y reconocer una definición correcta es más complicada de lo que pudiera parecer. Debido a que la Asociación ha desarrollado un largo camino en poco tiempo, y si queremos proporcionarnos una idea adecuada de lo que está implicado, debemos echar al menos un breve vistazo al terreno que ya hemos recorrido.

En julio de 1943, se publicó una carta en el The Vegetarian Messenger acerca del uso de lácteos por parte de los vegetarianos. La correspondencia sobre el tema se mantuvo alrededor de doce meses, tras los cuales apareció un mensaje firmado por Donald Watson, de Leicester, pidiendo que le escribieran todos los vegetarianos interesados en vivir sin productos lácteos, que recibió unas 50 respuestas. Tras varios debates, la Asociación Vegetariana declinó aceptar la formación de una sección "sin lácteos" en su organización, y sugirió que ese grupo debería formarse fuera de la Asociación Vegetariana. Ese pequeño grupo de personas conectadas a través del señor Watson se convirtió en el embrión de lo que más tarde sería la Asociación Vegana.

En noviembre de 1944, apareció el primer número de "The Vegan News". La organización contaba con unas pocas docenas de miembros, y la palabra "vegano" había sido adoptada por el señor Watson como sugerencia para el nombre del nuevo grupo. Como curiosidad, otros nombres propuestos fueron: nolacto, alvegano, vitano, benevoriano, belleriano, y otros términos más complicados como el de Grupo Vegetariano Total. !Deberíamos sentirnos afortunados por la elección final!

La editorial del primer número de "The Vegan News" declaraba que: "Podemos ver claramente como nuestra civilización actual está basada en la explotación de animales de la misma manera que las civilizaciones del pasado estuvieron fundadas en la explotación de esclavos,..." Esto ya era una pista de que el vegetarianismo sin lácteos estaba destinado a ser sólo una parte de la filosofía general del nuevo movimiento. El tercer número [mayo de 1945] establece que el veganismo es la práctica de vivir consumiendo frutos, verduras, semillas y otros alimentos que íntegramente no contengan sustancias de origen animal. Habría que aclarar tal vez que esto no es el veganismo sino que en realidad el veganismo implica vivir con ese tipo de alimentos. El cuarto número [agosto de 1945] establecía que: "El objetivo de la Asociación Vegana es oponerse a la explotación de la vida sintiente, sin importar que sea beneficiosa o no." Esto ya supone una considerable expansión de la originaria motivación no-láctea.

La Asociación Vegana fue fundada de manera formal el 15 de marzo de 1947, cuando una asamblea general aprobó por primera vez una serie de normas. Sin embargo, no hubo todavía un intento de encontrar una definición consensuada de veganismo. La regla 2, la cual contemplaba al menos tres de algunos de los "puntos" de la Asociación, permanecía —y continúa permaneciendo— en total silencio acerca de los otros propósitos que igualmente deberían ser parte del hecho de ser vegano. Los puntos establecidos se referían solo a la dieta, el consumo de productos y la difusión de la educación vegana. No se mencionan otros puntos que igualmente deberían ser parte del hecho de ser vegano —tales como la oposición a la caza, a la vivisección, al uso de animales en espectáculos, a la castración y a la esclavización de animales para ser usados como transporte y otros fines. En todo caso, esos puntos no eran, ni pretendían ser, la definición de veganismo.

Por tanto, la Asociación Vegana es a día de hoy un grupo de personas que se ha unido en respuesta a un estímulo intuitivo que todavía no se ha cristalizado en palabras. Aunque la causa inmediata del surgimiento del veganismo fue el deseo de varias personas de conseguir un vegetarianismo lógico, el vegetarianismo sin lácteos sólo fue el desencadenante que trajo el veganismo al mundo cotidiano. La omisión de una definición lícita de veganismo hasta el día de hoy fue una necesidad histórica en tanto que necesitó tiempo para emerger con fuerza y entereza.

Sin embargo, es ahora cuando nos apartamos del pasado —pero sin olvidarlo— que estamos obligados a considerar si es o no es ya ese momento crítico en el que la noción de "veganismo" debe ser definida para terminar de emerger completamente. Si lo es, entonces la conclusión es que la definición es ahora necesaria e inevitable. Nuestra asociación está llegando a una encrucijada que toda organización revolucionaria debe enfrentar sobre sí misma cada cierto tiempo. Uno de los caminos nos deriva en un "veganismo" indefinido, en el que su significado depende de cada interpretación individual incontrolada e incontrolable para cualquier definición estándar acordada; y el otro camino desemboca en un "veganismo" definido, claro y preciso, que debe contar con el consentimiento y el apoyo de cada persona que se una a la Asociación.

La dispersión organizativa que ha caracterizado al movimiento vegano ha sido sin duda la forma correcta de organizarse en las épocas iniciales de un movimiento que busca expresar una idea tan nueva y tan vital que indudablemente yace detrás del término "vegano". Pero si estoy en lo cierto, la situación actual es que la dispersión organizativa y la ausencia de definición se están acercando a un momento en el que ya no resultan útiles ni esenciales, sino que representan un peligro de convertirse en agentes reactivos. Si es cierto que esto fue necesario, en las etapas iniciales para que los diferentes aspectos del veganismo fueran desarrollados, sería igualmente cierto que si el proceso está siguiendo su curso natural, la cristalización debe producirse en un periodo razonable. Por encima de todo, esto significa el surgimiento de una definición aceptada que debe dotarnos de identidad como asociación —una definición que será constituyente y por tanto vinculante para todo aquel que se una al movimiento.

La naturaleza del desarrollo de la Asociación Vegana sugiere que la forma en la que la definición debe ser alcanzada es en la forma de un principio, del cual se derivan lógicamente una serie de prácticas, y no en la forma de un conjunto de prácticas u objetivos. En su máxima expresión, el veganismo no puede ser a la vez una práctica y un principio, y convertirlo en una serie de prácticas supondría tener que listar indefinidamente cuales prácticas deben ser incluidas y cuáles omitadas, y fallaría en proporcionar un estándar de referencia que sirva para comprobar su idoneidad.

La búsqueda de tal principio no es una labor de invención sino un viaje de descubrimiento. El principio existe —es nuestro trabajo encontrarlo, y es quizás el trabajo más importante que tenemos entre manos. Si mi parecer está justificado, se trata de un principio que algún día tendrá un impacto en el mundo similar al que tuvo el movimiento para abolir la esclavitud humana. Espero, en un artículo continuación de éste, poder sugerir cómo podemos descubrirlo y —lo que es tal vez más importante— sugerir cómo puede ser considerado como la representación del destino del movimiento vegano. Pero sean cuales sean nuestras opiniones individuales, debemos dedicar reflexión a esta cuestión, para estar seguros de que lo que finalmente decidamos es lo que mejor de lo que somos, en conjunto, capaces.

Texto original en inglés: «In Search of Veganism» [1]

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La segunda parte puede leerse clicando aquí.